FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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miércoles, 14 de septiembre de 2022

LA TEOLOGÍA POPULAR EN LOS REFRANES (II)

fe adulta

col haya

 

II. La Religión

En el Diccionario de 2.500 refranes de Luis de Uceda encuentro 90 sobre la religión en general, la mayoría más bien de crítica.

I. Me extraña que no haya refranes sobre la práctica de la religión.

Solamente vagas referencia a las vírgenes y a los santos como costumbres populares o fechas del calendario.

En cambio abundan temas éticos o espirituales, pero están tratados desde la sabiduría humana, con pocas alusiones a la interpretación o a la práctica específicamente religiosa.

Algunos ejemplos:

La muerte

Suele decirse que el origen de la religión es el miedo a la muerte; sin embargo entre los casi cien refranes que recoge Luis Junceda sobre la muerte, no he encontrado ninguno que ofrezca un consuelo religioso. Solamente alguna referencia a Dios en la que, como ya dijimos, reconoce con sencillez nuestra dependencia: “Matrimonio y mortaja, del cielo bajan”; “Nadie se muere hasta que Dios quiere”.

Algunas vagas alusiones, difíciles de interpretar, sobre los espíritus o el alma en otra vida: “No venga al alma cuando el cuerpo pasa”; “Yo pongo, Dios preste; si muere, fino estése”, que Junceda interpreta como crítica a los falsos curanderos.

En general son reflexiones muy sensatas, “Genio y figura, hasta la sepultura”; “Como se vive, se muere”; “Veinte con sesenta, o sepultura o cornamenta”; especialmente sobre la certidumbre de la muerte, “A todo hay remedio, sino a la muerte”, “

Muestra cierto resentimiento o ironía por la presunción de los más ricos: “Por grande que sea el barco, se lo tragó el charco”; De cenas y magdalenas están las sepulturas llenas”; “Más mató la cena, que sanó Avicena”; o con una cierta envidia por esas cenas: “Muera Marta, muera harta”; o la aceptación de las contrariedades de la vida: “Muerto el perro, se acabó la rabia”; “Mala hierba nunca muere”; o con resignado realismo, “Dolor de mujer muerta dura hasta la puerta”; El muerto, al hoyo, y el vivo, al bollo”.

Amor

Encuentro 65 refranes de sabiduría y picardía humana: “Obras son amores, que no buenas razones”; “Galán atrevido, de las damas preferido”; “El amor y el vino, sacan al hombre de tino”. Alguna alusión bíblica: “Más fuerte era Sansón, y le venció el amor”; pero sólo encuentro un refrán que penetra en lo humano más profundo, y excede la norma habitual humana: “Ama a quien no te ama, y responde a quien no te llama”, que puede estar inspirado por el evangelio.

Riqueza y pobreza

Es un tema clave en los evangelios pero apenas se refleja en los refranes, porque la religión cristiana no ha sabido transmitirlo; se transmite con el ejemplo, pero la Iglesia no ha vivido el mensaje evangélico sobre riqueza y pobreza; solamente lo han vivido algunos santos, o algunas Órdenes religiosas en sus comienzos.

Reflejo del evangelio pueden ser “Caridad con trompeta, no me peta”; “Dar limosna nunca mengua la bolsa”; “Cuando pobre, franco; cuando rico, avaro”.

La sabiduría popular va al fondo al reconocer que “El dinero, de unos es señor, y de otros, siervo”; “La pobreza no es vileza, mas deslustra la nobleza”.

Con más frecuencia se deja arrastrar con realismo por el aprecio al dinero, “Entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero”, pero “Entre salud y dinero, salud quiero”.

La mayoría de estos refranes se aferran a lo poco que el pueblo tiene: “Para pasar el agua y dar dinero, nunca seas el primero”; “Si te dan dinero, tómalo al punto; si te lo piden, cambia de asunto”; “Hoy no se fía aquí, mañana sí”.

En otros temas como familia, hijos, honor, matrimonio, prudencia, sabiduría, vejez, vicios, virtudes, apenas hay alusiones a prácticas religiosas.

II. De estos refranes, saco la impresión de que:

El pueblo vive una religión natural

“Bien predica quien bien vive”;“Bien predica fray ejemplo, sin alborotar el templo”; “Cuando el abad está contento, lo está todo el convento”; “Lo que han de comer los gusanos, que lo disfruten los cristianos”; “La campana no va a misa, pero avisa”; “Con tanto decir amén, no sale la misa bien”.

Reconoce la igualdad de todos y las debilidades humanas

“De pobres pañales, obispos y cardenales”; “Caga el rey, caga el Papa; sin cagar, nadie se escapa”.

Y aprecia la ayuda de una religión

“La fe Fe, sin ojos ve”; “Al médico, confesor y letrado, hablarles claro”; “Cuando caen los altares, se alzan los muladares”; “Los truenos y el mar, enseñan a rezar”.

A pesar de que relativiza las creencias y los excesos

“Hágase el milagro, y hágalo el diablo”; “A santo que no me agrada, ni padre nuestro ni nada”; “Cuando el corsario promete misas y cera, mal anda la galera”; “Del agua bendita, poquita”; “Largos sermones, más mueven culos que corazones”; “La monja y el fraile, recen y callen”. Como dice un “refrán” romano: “Ne quid nimis”, Nada en demasía.

Y ha experimentado las incongruencias del clero

“El hábito no hace al monje”; “Al fraile y al cochino, no les enseñes el camino”; “Comunicación con Dios, dijo el fraile, y la puerta cerró”; “A la Virgen salves, a Cristo credos; pero los cuartos quedos”; “Reniego del sermón que acaba en daca”; “Tres cosas hacen al hombre medrar: Iglesia, mar y casa real”.

Así como la hipocresía de muchas prácticas religiosas de los feligreses

“Detrás de la cruz está el diablo”; “Fe sin obras, comida de agua sola”; “El Infierno está lleno de buenos deseos; y el cielo, de buenas obras”.

II. Conclusiones

Creo que los refranes del pueblo coinciden inconscientemente con el consejo de Bonhäffer: “Ante Dios y con Dios… como si Dios no existiera”.

Dios se comunica mejor con nosotros a través de la conciencia que a través de una religión organizada, aunque ésta ha despertado muchas conciencias dormidas.

En la parábola del buen samaritano, la voz de Dios quedó distorsionada por la tradición religiosa del sacerdote, pero llegó limpia a la conciencia del samaritano.

Los primeros cristianos dieron testimonio en todo el mundo conocido, y Esteban afrontó el martirio, movidos por su adhesión a Jesús y a su proyecto, no por unas ideas sobre la Iglesia o la cristología, que apenas comenzaban a elaborarse.

Como reconoce el Papa Francisco, existe una tensión bipolar entre la idea y la realidad, pero “la realidad es más importante que la idea” (Evangelii gaudium nº 231-33).

La realidad de la conciencia, la realidad de la experiencia ética, mejor o peor expresada en los refranes, es más importante que las formulaciones teóricas de las religiones, aunque ambas son complementarias y deben depurarse mutuamente.

HONRAR, SIEMPRE HONRAR

fe adulta

col koldo

 

También meteremos monedas en el bolsillo de su postrero barquero, también desearemos el mejor de los tránsitos a Isabel II. Supremo respeto a tan popular figura. Toda persona es sagrada, digna de honra, máxime si concita tanto encomio y admiración, si a lo largo de toda la geografía mundial se redactan apresurados infinidad de elogios, se la extraña ya tanto. Supremo respeto desde el momento en que crecen imparables las montañas de flores en su memoria y los peluches escalan a la carrera las rejas de su Palacio. Suprema honra por más que tantas cuestiones, en particular tanta opulencia, no terminemos de comprender. Trajo larga estabilidad y prosperidad a su nación, por más que su balanza, al igual que la nuestra y de todo congénere, tiene su ineludible contrapeso.

Feliz estancia al otro lado de la orilla a la reina de Inglaterra. Grato tránsito a la monarca recién fallecida, buen viaje a todo hijo o hija de Dios que, tras intenso pulso evolutivo, abandona su vestidura terrestre para retornar al hogar verdadero. Al otro lado del velo, por supuesto también para ella tiernos brazos, seres celestiales y trompetas de otros vientos, lujo y brillos que no caducan, palacios de genuino cristal.

Honrar, siempre honrar, por más que no comprendiéramos el Brexit, ni lo de las Malvinas, ni el bombardeo del Belgrano, ni el vasto imperio, ni la riqueza desmesurada… Honrar siempre honrar por más que huelgue ya el cuello de armiño y el cetro del medioevo, por más que creamos que hemos de progresar hacia estructuras e instituciones más horizontales, democráticas y compartidas; honrar siempre honrar porque nosotros también erramos e igualmente querremos ser recibidos con los brazos abiertos al culminar nuestra, tantas veces fallida, experiencia en la carne.


col zapatero

 fe adulta

No se trata de un tema de sillas sin más, sino del significado que, en algunos casos, puede llegar a tener la forma de las mismas y la manera de utilizarlas.

Todos sabemos que su finalidad en general no es otra que la de servir de asiento y favorecer el descanso. Ahora bien, el transcurrir de la historia nos enseña que no siempre la silla ha tenido semejante finalidad ni mucho menos; y, por tanto, no era ni es precisamente el descanso lo que se buscaba ni se busca muchas veces cuando alguien se sentaba y se sienta en ella; y si no que se lo pregunten a emperadores, reyes, príncipes y soberanos en el mundo secular, y también a papas, cardenales, arzobispos, obispos y abades en el ámbito eclesial.

En ambos casos, muchas veces o la mayoría de ellas, la silla junto a la posición de la misma, para ser más precisos, denotaba siempre, lo digo en pretérito porque lo hacía de manera más incisiva entonces, una situación de privilegio, pero también desde una capacidad de poder y de influencia. Para ello la silla del mandatario solía estar en posición más elevada que la de la persona "vulgar", en el caso que esta la tuviere, claro, porque lo propio es que estuviera de pie o de rodillas ante el "señor" o ante la "dignidad eclesiástica" de turno.

Pues bien, dejando de lado lo relativo al "mundo" en este tema, quiero plasmar en estas líneas algunos de mis sentimientos sobre la evolución, y de qué manera, experimentada en algunos casos, que no en todos por desgracia, por parte de la silla en la Iglesia. Claro que, todo hay que decirlo, para justificar ciertas actitudes de predominio, poder o influencia sobre los fieles se ha dotado a la silla de un sentido de sacralidad de donde emana la verdadera doctrina que proviene de lo "alto"; aplicándola, para ello, el concepto de "cátedra".

Sólo cuarenta y cuatro años separan a dos sillas en la Iglesia, que son como dos paradigmas totalmente diferentes en cuanto a la manera de ver y de entender la propia Iglesia. Digo "sólo" porque, si tenemos en cuenta la duración de la misma hasta hoy, en cuanto al tiempo, tendríamos que retrotraernos al siglo primero de nuestra era para datar el origen, a pesar de que fuera en el siglo cuarto cuando quedó verdaderamente institucionalizada, supone ciertamente una nimiedad, temporalmente hablando.

En primer lugar, he vuelto a visionar, repasando hemerotecas del pasado, imágenes muy llamativas de un Papa de por sí ya hierático y majestuoso, en su actuar y en su porte exterior, como fue Pío XII. Si no he leído mal, algunas de dichas imágenes hacen referencia a un momento muy importante, a nivel de Iglesia, del año mil novecientos cincuenta, concretamente al uno de noviembre, cuando definió el dogma de la Asunción. Como bien sabemos, hablar de dogmas es hablar de palabras mayores, pues significa dar por zanjado de manera definitiva cualquier tipo de duda, discusión y menos aún negación, respecto a lo definido por el Papa. No puedo por menos de pensar que, cuando el contenido es de una enjundia tal, el boato y la apariencia exterior que acostumbran a acompañar al Papa ayudan mucho a que todo lo anterior quede zanjado de raíz y para siempre. ¿Cómo se le puede discutir a un Papa cuando dice hablar en nombre de Dios y representar de manera directa a Jesucristo en la tierra? Más aún, ¿cómo discutirlo cuando el boato con que aparece le sitúa en un estatus inmensamente superior al que pudiera poseer la más alta dignidad humana? Un boato representado principalmente en la tiara como signo de poder, pero sobre todo en la silla gestatoria como signo de dignidad que, a su vez, es portada por hombres que consideran estar realizando la tarea más excelsa que puede llegar a hacer cualquier ser humano en la tierra.

Si bien es cierto que otrora su poder temporal fue inmenso, no lo es menos el hecho que, a nivel moral y de dominio de las conciencias en los años del pontificado al que me refiero, permanecía casi intacto. Eran tiempos anteriores al concilio que convocaría su sucesor, Juan XXIII; una iglesia de cristiandad, donde lo jurídico prevalecía sobre lo pastoral, siendo a su vez la jerarquía la única poseedora de la verdad revelada; era una Iglesia, en definitiva, en la que al pueblo y a los laicos solo les quedaba escuchar y obedecer; una Iglesia cuyo cabeza visible era identificada más con un jefe de estado que con el pastor de un rebaño. La silla gestatoria no solo estaba más que justificada en un contexto semejante, sino que incluso se veía como algo propio y, si se me permite, casi necesario de tal dignidad.

En el viaje que el Papa Francisco hizo a Canadá en el mes de julio de este año (peregrinación penitencial, como él mismo calificó), pudimos ver a un hombre, a pesar de llevar en sus espaldas la condición de jefe de estado (seguro que, maldita la gracia! según él) humilde interiormente y en actitud de pedir perdón; a nivel exterior las imágenes eran elocuentes: un anciano dolido, con los achaques propios de la edad y necesitado de que alguien empujase la silla de ruedas en la que iba sentado para poder trasladarse de un lugar a otro; vaya con las mismas carencias físicas que muchas otras personas de su edad.

Francisco no iba como poseedor de la verdad única, pues la misión principal del viaje residía en el hecho de pedir perdón a los indígenas por todo el mal que la Iglesia, entre otros, les había causado. Francisco no fue a imponer una manera de vivir como la única y verdadera; fue a decirles que los abusos padecidos por sus antepasados constituyeron una grandísima ofensa contra el Dios que ama la vida.

Y todo ello desde su debilidad física y su necesidad interior de escuchar a otros hermanos con maneras diferentes de vivir, pero, no por ello, menos cercanas a la manera que Jesús enseñó y testimonió.

Se trata de otra manera de hacer Iglesia que busca ofrecer en vez de imponer, que busca dialogar en vez de dictar sentencia, que se sabe necesitada en vez de considerarse autosuficiente y poderosa; una Iglesia, en definitiva, que se esfuerza por estar más cerca del Evangelio y más alejada del Derecho Canónico.

Es la Iglesia de un Papa en una silla de ruedas que necesita, por ello, a otra persona para que lo lleve hasta donde se encuentran los últimos, los preferidos de Dios, sabiendo que solamente de esa manera puede llegar hasta ellos.

 

HACIA UNA IGLESIA SAMARITANA Y CUIDADORA DE LA NATURALEZA


col boff

 

Antes de abordar el tema -Hacia una Iglesia samaritana y cuidadora de la Naturaleza– pretendo hacer dos observaciones:

- La primera: ¿qué mensaje la Madre Tierra nos quiere comunicar con la intrusión del Coronavirus?

- La segunda: la confrontación de dos paradigmas civilizatorios: del dominus y del frater: ¿cuál es su significado para la actual crisis generalizada?

Vamos a la primera observación: más allá de las vacunas y de todas las precauciones contra la diseminación del virus, hay que preguntarse: ¿de dónde viene el virus? Todo parece indicar que el virus es un contra-ataque de la Madre Tierra a raíz de la secular agresión que los poderosos le hicieran devastando enteros ecosistemas en función de la acumulación de bienes materiales. En otras palabras, es una respuesta al antropoceno y al necroceno. Tocamos los limites ecológicos de la Tierra al punto de que necesitamos más de un planeta y medio para atender al consumo y especialmente al consumismo suntuoso de una pequeña porción de la humanidad.

La Madre Tierra nos quiere decir: paren este tipo de relación violenta contra mí que les doy cotidianamente todo lo que necesitan para vivir. En caso contrario, vendrán otros virus más dañinos y eventualmente el Gran Virus (The Next Big One) contra el cual las vacunas serán ineficaces y gran parte de la biosfera podrá verse peligrosamente afectada. O vendrán otros eventos extremos como grandes catástrofes ecológico-sociales.

Todo está indicando que tal mensaje no está siendo oído por los jefes de Estado, los directores de las grandes corporaciones multinacionales y por la población en general. Si lo escucharan, tendrían que cambiar su modo de producción, las ganancias absurdas y perder sus privilegios.

Hay que reconocer que la Covid-19 cayó como un meteoro rasante sobre el capitalismo neoliberal desmantelando sus mantras: el lucro,  la acumulación privada, la competencia, el individualismo, el consumismo, el Estado reducido al mínimo y la privatización de la cosa pública y de los bienes comunes.

Mientras, planteo inequívocamente la disyuntiva: ¿vale más el lucro o la vida? ¿Debemos salvar la economía o salvar vidas humanas? Si hubiéramos seguido tales mantras todos estaríamos en peligro.

Lo que nos ha salvado fue lo que le falta al capitalismo: la solidaridad, la cooperación, la interdependencia entre todos, la generosidad y el cuidado mutuo de la vida de unos y otros y de la naturaleza.

Segunda observación: El presente caos sanitario, ecológico, social, político y espiritual es la consecuencia derivada del paradigma que ha dominado  en los últimos tres siglos de nuestra historia, ahora globalizada. Los padres fundadores de la Modernidad del siglo XVII entendían el ser humano como el dominus, el maître et possesseur de la naturaleza y no como parte de ella. Para ellos la Tierra carece de propósito y la naturaleza no tiene valor en sí misma, sino que está solo ordenada al ser humano que puede disponer de ella a su antojo. Este paradigma ha modificado la faz de la Tierra, trajo innegables beneficios, pero en su afán de dominar todo, ha creado el principio de autodestrucción de sí mismos y de la naturaleza con armas químicas, biológicas y nucleares.

El fin del mundo ya no es cosa de Dios, sino del proprio ser humano que se ha enseñoreado de la propia muerte. Llegamos a tal punto que el Secretario General de la ONU, António Guterrez dijo recientemente en un encuentro en Berlín sobre el calentamiento global que crece de forma no prevista: “Solo tenemos esta elección: la acción colectiva o el suicidio colectivo”.

De cara al paradigma del dominus el Papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti propone otro paradigma: el del frater el hermano y la hermana, él de la fraternidad universal y de la amistad social (n.6; 128). Desplaza el centro: de una civilización técnico-industrial, antropocéntrica e individualista a una civilización de la solidaridad, de la preservación y del cuidado de toda la vida.

Sabemos, por datos de la ciencia, que todos los seres vivos tienen en común el mismo código genético de base, los 20 aminoácidos y las mismas cuatro bases nitrogenadas, desde la célula más primitiva de 3,8 mil millones de años, pasando por los dinosaurios, los caballos y legándonos a nosotros. Por eso somos de hecho, y no retórica o místicamente, hermanos y hermanas. Esto lo reafirma la Carta de la Tierra así  como las dos encíclicas ecológicas del Papa Francisco.

Estos dos paradigmas están hoy altamente confrontados. Si seguimos el paradigma del señor y dueño que usa el poder como dominación de todo, hasta de las últimas dimensiones de la materia y de la vida, vamos seguramente al encuentro de un armagedón ecológico, con el riesgo de exterminar la vida en la Tierra. Sería el justo castigo por las ofensas y heridas que hemos infligido a la Madre Tierra por siglos y siglos. Ella seguirá su curso alrededor del sol pero sin nosotros.

Con el viraje hacia el paradigma del frater, del hermano y de la hermana, se abre una ventana de salvación. Superaremos la visión apocalíptica de la amenaza del fin de la especie humana, por una visión de esperanza, de que podemos y debemos cambiar de rumbo y de ser de hecho hermanos y hermanas dentro de la misma Casa Común, la naturaleza incluida. Sería el bien vivir y convivir del ideal andino, en armonía entre los humanos y con toda la naturaleza.

Este es el contexto dentro del cual se debe situar la acción de la Iglesia que se propone ser samaritana y cuidadora de todo lo que existe y vive.

El Papa Francisco de Roma, inspirado por el otro Francisco, él de Asís, se dio cuenta de la gravedad de la situación dramática del sistema-Tierra y del sistema-vida, y formuló una respuesta. En la Laudato Sì: cómo cuidar de la Casa Común invitó a todos a “una conversión ecológica global” (n. 5), además, “una pasión por el cuidado del mundo”...”una mística que nos anima, impele, fomenta y da sentido a la acción personal y comunitaria” (n. 216). En la Fratelli tutti fue todavía más radical: “estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o nadie se salvará” (n.32)

Creo que los elementos de las dos encíclicas ecológicas del Papa Francisco pueden servirnos de inspiración para realizar la misión de ser samaritanos y cuidadores de toda vida.

Pero lo primero es por dónde empezar. Aquí el Papa revela su actitud básica, repetida a menudo a los encuentros con los movimientos sociales sea en Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, sea en  Roma:

 «No esperéis nada de arriba porque siempre viene más de lo mismo o todavía peor; empiecen por ustedes mismos», “desde abajo, desde cada uno de vosotros, a luchar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria y del mundo» (Fratelli n. 78). El Papa sugiere lo que hoy es la punta de la discusión ecológica mundial: trabajar la región, el biorregionalismo que permite la verdadera sostenibilidad, con una agroecología, una democracia popular y participativa que humaniza las comunidades y articula lo local con lo universal (Fratelli n. 147).

Dios es un "buen samaritano"

De la mano de la parábola del Buen Samaritano, hace un análisis riguroso de los diversos personajes que entran en escena y los aplica a la economía política, culminando con la pregunta: “¿con quién te identificas (con el herido del camino, con el sacerdote, con el levita o con el extranjero, el samaritano, despreciado por los judíos)? Esta pregunta es cruda, directa y decisiva. ¿A cuál de ellos te pareces?” (Fratelli n.64). El Buen Samaritano se convierte en modelo del amor social y político (n. 66).

Eso me hace recordar lo que decía siempre el gran obispo de los indígenas de Chiapas en México, tan mal comprendido por Roma, Monseñor Samuel Ruiz: “Esta es la pregunta que el Juez Supremo hará a cada uno en el término de su vida: ¿de qué lado estuviste? ¿A quién has defendido? ¿Qué personas has elegido?” En la contestación a estas preguntas se decide el destino humano.

Como nunca antes en la historia la Iglesia, sea local, sea universal, debe mostrarse samaritana porque son millones y millones caídos en los caminos, muriendo de hambre o de las enfermedades del hambre. Es cruel constatar que 1% de la humanidad tiene más riqueza que 4,6 mil millones de personas. Son inhumanos y sin piedad. En este campo, en todos los países las Iglesias se han mostrado samaritanas, especialmente, con los más vulnerables. Una ola inmensa de solidaridad se ha mostrado en los movimientos cristianos que han ofertado centenares de toneladas de productos agroecológicos y millones de platos de comida a los marginados en las periferias de las ciudades.

Curiosamente el Papa Francisco, en el arco del nuevo paradigma de la fraternidad universal y del amor social, confiere una significación política a dimensiones que siempre fueron tratadas en el campo de la subjetividad, como la ternura, el cuidado y la amabilidad. Afirma que “en la política hay lugar para el amor con ternura: a los más pequeños, a los más débiles, a los más pobres; ellos deben enternecernos y tienen el 'derecho' de llenar nuestra alma y nuestro corazón; sí, son nuestros hermanos y hermanas y como tales debemos amarlos y tratarlos de esta manera” (Fratelli n. 194).

Papa y ternura

Se pregunta qué es la ternura y responde: “es el amor que se hace cercano y concreto; es un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos” (n.196).

Igualmente define la amabilidad en su aspecto político que significa “un estado de ánimo que no es áspero, duro, rudo, sino afable, gentil, que sostiene y conforta. La persona que posee esta cualidad ayuda a los demás a hacer más llevadera su existencia» (Fratelli n. 223). Este es un desafío para los políticos, hecho también a los obispos y sacerdotes: hacer la revolución de la ternura. De la misma forma ve en la solidaridad una forma “de cuidar de la fragilidad humana” (Fratelli n.115).

La esencia de la Iglesia, cuyas raíces se encuentran en la comunión de las tres divinas Personas, reside en la communio y no en la sacra potestas es decir en su estructura jerárquica y piramidal. El Papa Francisco, especialmente en la Laudato Sì lo traduce en términos de la moderna ecología y física cuántica: un hilo conductor recorre todo el texto, sosteniendo “que todo está relacionado y no existe nada fuera de la relación (LS nn. 117 y120). Aquí reside el primado de la communio como valor ecológico y principalmente eclesiológico.

La misión de la Iglesia es construir puentes, puentes afectivos entre todos y con la naturaleza. Es rehacer las relaciones rotas por el individualismo de la cultura del capital. De hecho, la bioantropología y la psicología evolutiva han dejado claro que la esencia específica del ser humano es cooperar y relacionarse con todos. No hay ningún gen egoísta, formulado por Dawkins a finales de los 60 del siglo pasado sin ninguna base empírica. Todos los genes están interrelacionados entre sí y dentro de las células. En este sentido, el individualismo, valor supremo de la cultura del capital, es antinatural y no tiene ninguna sustentación biológica.

El Movimiento Laudato Si’ abre la inscripción para el programa Animadores

Otro punto fundamental en la misión samaritana de la Iglesia es el cuidado por todo lo creado. El cuidado esencial pertenece a todos los seres vivos y, según la antigua fabula del cuidado, del esclavo Higinio, profundizada por Martin Heidegger en su Ser y Tiempo, el cuidado es la esencia de lo humano sin el cual nadie  subsistiría. No necesito narrar la fábula porque la trabajé en profundidad en mi libro que está en español: Saber cuidar: ética de lo humano y compasión por la Tierra.

El cuidado es, además, una constante cosmológica: las cuatro fuerzas que sostienen el universo (la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear débil y la nuclear fuerte) actúan sinérgicamente con extremo cuidado sin el cual no estaríamos aquí reflexionando sobre estas cosas.

El cuidado supone una relación amiga de la vida, protectora de todos los seres porque los ve como un valor en sí mismo, independiente del uso humano. Fue la falta de cuidado de la naturaleza, devastándola, lo que hizo que los virus perdieran su hábitat, conservado durante miles de años y pasaran  al ser humano. Todo lo que cuidamos, lo amamos y todo lo que amamos, lo cuidamos.

El ecofeminismo ha aportado una contribución significativa a la preservación de la vida y de la naturaleza con la ética del cuidado, porque el cuidado adquiere una especial densidad en las mujeres.

Otro punto fundamental en la misión de la Iglesia es la solidaridad. Está en el corazón de nuestra humanidad y de suyo es un valor eclesiológico como se pude constatar en las comunidades de la Iglesia primitiva y yo añadiría en las comunidades eclesiales de base que están por todas las partes de la Iglesia.

Los bioantropólogos nos han revelado que cuando nuestros antepasados antropoides buscaban sus alimentos, no los comían aisladamente. Los llevaban al grupo y servían a todos empezando por los más jóvenes, después a los mayores y luego a todos los demás. De esto surgió la comensalidad y el sentido de cooperación y solidaridad. Fue la solidaridad la que nos permitió dar el salto de la animalidad a la humanidad. Lo que fue válido ayer también vale para hoy.

Esta solidaridad no existe sólo entre los humanos. Es otra constante cosmológica: todos los seres conviven, están involucrados en redes de relaciones de reciprocidad y solidaridad de forma que todos puedan ayudarse mutuamente a vivir y co-evolucionar. Incluso el más débil, con la colaboración de otros subsiste, tiene su lugar en el conjunto de los seres y coevoluciona.

El sistema del capital no conoce la solidaridad, solo la competición que produce tensiones, rivalidades y verdaderas destrucciones de otros competidores en función de una mayor acumulación. Tiene una tendencia suicida.

Hoy día el mayor problema de la humanidad no es ni el económico, ni el político, ni el cultural, ni el religioso, sino la falta de solidaridad con otros seres humanos que están a nuestro lado. El capitalismo no ama la persona, solo su capacidad de producción y de consumo.

Como cristianos y cristianas en el seguimiento de Jesús, debemos hacer del hecho de la solidaridad esencial, un proyecto, vale decir, una opción consciente: solidarios a partir de los últimos e invisibles, de aquellos que no cuentan para el sistema imperante y son considerados como ceros económicos y prescindibles. Aquí reside la base espiritual y teologal de la Teologia de la Liberación, cuyo eje central es la opción por los pobres, contra su pobreza y a favor de su liberación.

¿Cuál es el proyecto de sociedad soñado por el Papa Francisco, fundado en la fraternidad universal y en el amor social? Lo que resulta de sus textos y pronunciamientos es una sociedad biocentrada. La vida con toda su diversidad detiene la centralidad. La economía y la política están a su servicio para que esta vida se mantenga en la Tierra, Tierra esta entendida como viva, la Magna Mater de los antiguos, la Pachamama de los andinos y la Gaia de los modernos.

Todo esto no puede ser apenas un proyecto formulado intelectualmente utilizando todos los recursos técnicos y científicos a nuestra disposición. Tenemos que incorporar algo fundamental: la razón cordial o sensible. En este tipo de inteligencia reside el mundo de las excelencias, que nos mueve y nos propicia una ética, una espiritualidad y el cuidado de tal forma que construimos un lazo afectivo con nuestra Madre Tierra.

La razón intelectual, importante para dar cuenta de la complejidad de nuestras sociedades, tiene solo unos 7-8 millones de años. La razón cordial o sensible tiene como doscientos y veinte millones de años e irrumpió cuando surgieron los mamíferos en el proceso de la evolución. La madre al dar a luz a su cría, la ama, la cuida y la defiende. Nosotros, los humanos, somos mamíferos racionales, penetrados de afecto, de cuidado y de cariño con nuestros hijos y hijas.

Hoy esta dimensión afectiva está prácticamente ausente en los procesos técnico-científicos, típicos de nuestro paradigma moderno. Importa enriquecer la razón intelectual con la razón sensible y cordial para movernos a amar y cuidar de la Tierra y de la naturaleza. En su encíclica Laudato Sí el Papa Francisco muestra varias veces poéticamente esta razón cordial y sensible. Ve en San Francisco “el ejemplo  por excelencia del cuidado.... tenía un corazón universal” (LS n.10). En otro lugar dice con profunda sensibilidad cordial: “Todo está relacionado y todos nosotros, seres humanos, caminamos juntos como hermanos y hermanas en una peregrinación maravillosa....que nos une también con tierna afección al hermano Sol, a la hermana Luna, al hermano rio y a la Madre Tierra” (LS nn. 92 y 86).

Sin el rescate de los derechos del corazón no vamos a comprometernos en la salvación de los “commons”, ni vamos establecer una alianza afectiva con el hermano bosque, con la hermana agua, en fin, con todos los seres de la naturaleza de cual somos parte.

Unidos, corazón y mente, podemos dar sostenibilidad al proyecto de una civilización biocentrada. El próximo paso de la humanidad es empezar a dar cuerpo a este tipo de civilización, que podrá garantizar un futuro bienaventurado a la Casa Común, la naturaleza incluida.

Termino con una frase del libro de la Sabiduría, citado por el Papa en la enciclica Laudato Sì (n. 89):”Señor, tu amas todo cuanto existe, y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo hubieras creado... Tú eres indulgente con todas las cosas, porque todas son tuyas, oh Señor, amante de la vida (Sab 11,24-26).

Un Dios que es apasionado amante de la vida no va a permitir que sus hijos e hijas perezcan así miserablemente. Tenemos esperanza de que habrá cambios sustanciales en la conciencia de la humanidad, de cara a las amenazas que pueden exterminarla, que hará, en fin, “una conversión ecológica global” (LS n.5) y así seguiremos viviendo y resplandeciendo en este pequeño y radiante planeta Tierra, nuestra Gran Madre y Casa Común.

Dixi et salvavi animam meam.

 

Leonardo Boff


 

*Leonardo Boff, teólogo, filósofo y escritor. Escribió: Ecología: grito de la Tierra-grito de los pobres, Trotta 2000;  con el cosmólogo Mark Hathaway, El Tao de la liberación: explorando la ecología de transformación, Trotta 2011.

ANTE ESTA CRISIS EPOCAL, NECESITAMOS RESISTENCIA Y PROFETISMO


col codina

religión digital

La Asociación Teológica Juan XXIII dedica el 41 Congreso de Teología -que celebra en Madrid del 9 al 11 de septiembre- al tema de la pandemia, sus consecuencias, la postpandemia y las necesarias respuestas para virar el curso de la humanidad en dirección a un mundo más justo, solidario y superador de las brechas de la desigualdad

Agradezco esta invitación al Congreso y me pregunto si se puede todavía decir algo nuevo sobre la pandemia de la Covid 19. Si me atrevo a hablar hoy sobre la pandemia no es por mi competencia teológica, sino por haber sido víctima de la Covid, haber estado al borde de la muerte, casi a punto de ver las barbas de San Pedro…

Pero a la Covid se ha añadido ahora la cruel guerra de Ucrania, el riesgo de un conflicto mundial y atómico, la crisis económica mundial, los desastres del cambio climático con sequías, incendios e inundaciones, la perspectiva de la falta de agua, de gas y de energía, etc. Estamos ante una auténtica pandemia mundial, de la cual la Covid es solo la punta del iceberg.

Sensación de shock apocalíptico

Tenemos la sensación de sufrir un shock apocalíptico, una crisis colectiva, colapso mundial, caos, ganas de devolver el billete de la vida, como Iván Karamazov, el deseo de volver cuanto antes a la normalidad, sin mascarillas, ni confinamientos, ni restricciones.

Junto a esta visión apocalíptica, real y sensacionalista, fomentada por las redes sociales, hemos de reconocer que la Covid 19 también ha revelado una serie de aspectos positivos de nuestro mundo: científicos han descubierto nuevas vacunas, médicos, enfermeras y personal sanitario han cuidado a los enfermos aun a costa de su salud, gran solidaridad de vecinos y voluntarios, comunicaciones vía zoom, celebraciones litúrgicas telemáticas, nuevas formas de vivir la fe al margen del templo y del clero, etc.

Hemos vivido experiencias humanas nuevas: la experiencia de la vulnerabilidad del ser humano y la necesidad emergente del cuidado, el sentirnos comunidad, ya que todos estamos en la misma barca.

Nuevas preguntas existenciales

También se han suscitado nuevas preguntas existenciales: ¿la pandemia es un castigo de Dios, como afirmaba el jesuita P. Penéloux en La Peste, de Camus? ¿dónde está Dios?, ¿qué es el mal?, ¿qué es la muerte?, ¿tiene sentido de la vida?, ¿ hay algo más allá de la muerte? Los cristianos también nos preguntamos si los templos cerrados no serían una crítica profética al clericalismo eclesial.

Por otra parte, la pandemia ha ido generando un pensamiento humanístico que percibe la interconectividad entre todo lo que ha sucedido. La pandemia no es casual, es consecuencia de un paradigma tecnocrático que ha destruido la naturaleza, es fruto de un sistema capitalista neoliberal que discrimina socialmente y mata, de una mentalidad nor-occidental, colonial, machista y patriarcal que descarta a ancianos, mujeres, indígenas y poblaciones del Sur global, edifica una sociedad basada en el armamentismo.

Alumbrar una nueva era

Estamos ante una crisis epocal, ante un modelo de humanidad y de sociedad que ha ya explotado, hay que ir más allá del antropoceno. Es ingenuidad pensar que hemos llegado al final de la historia, lo que necesitamos es resistencia, profetismo, porque otro mundo es posible y necesario, hemos de alumbrar una nueva era.

Surgen hoy nuevas preguntas teológicas que este Congreso deberá abordar: ¿no estaremos ante un signo de los tiempos, ante un lugar teológico y apocalíptico nuevo, en su sentido revelatorio, que nos anuncia que el proyecto de Dios es diverso del sistema social, ecológico, cultural y religioso de hoy? ¿No será que el Espíritu del Señor nos manifiesta hoy, a través del clamor de las víctimas y de los dolores de parto de una tierra esclavizada, que hemos de cambiar y convertirnos Señor? ¿No será que este caos global que sufrimos, encierra un kairós bíblico, donde el Espíritu del Génesis, la ruah femenina, aletea y engendra desde abajo una vida nueva, porque el Espíritu siempre actúa desde abajo para engendrar nueva vida?

No se trata de volver a la vieja normalidad de antes, sino de generar una resistencia activa, dar una respuesta liberadora, construir un mundo diferente, justo y solidario, cercano a los pobres, al Reino de Dios y a las bienaventuranzas de Jesús de Nazaret, sensible a la vida y esperanza Pascual de Jesús Resucitado.

El humorista de El País, El Roto, al comienzo de la pandemia dibujó a un profeta, vestido como Juan Bautista, que decía: “He encontrado la vacuna”. “¿Cuál es?”, le preguntaron. “Otra forma de vivir”, les contestó. Pero le tomaron por loco.

Humanizar a Dios, divinizar la humanidad

En formulación teológica, Ximo García Roca, también víctima de la Covid, afirma que se trata hoy de humanizar a Dios y divinizar la humanidad, es decir acercar a Dios a nuestro mundo, inhumano y cruel, y hacer que la humanidad se abra al Misterio de un más allá trascendente al que los cristianos llamamos Padre-Madre nuestro.

Las distintas ponencias del Congreso sin duda ayudarán a responder estas y otras preguntas en torno a la Covid 19, ayudarán a levantarnos y ponernos a caminar de nuevo con esperanza. Buen trabajo.


GENEROSOS/AS O GRATUITOS/AS EN LA COMUNIDAD DEL REINO

fe adulta

col Carme Soto

La parábola del administrador infiel sorprende e incluso desconcierta porque de entrada parece que Jesús no solo no cuestiona el modo de actuar del administrador astuto, sino que parece alabar su conducta. La cuestión sin embargo no está en el contenido concreto de la historia sino en lo que Jesús espera de quien ha decidido seguirlo.

Las parábolas presentan hechos cotidianos fácilmente reconocibles por l@s oyentes para invitarl@s a imaginar realidades diferentes. A quienes las escuchan no se les pide que analicen pormenorizadamente los contenidos, los interpreten y saquen conclusiones, se les pide que se dejen interpelar, que conecten con la experiencia que subyace al relato y se abran a valorarla de una forma nueva. En definitiva, el mensaje de una parábola no está tanto en lo que cuenta sino en lo que puede evocar en nosotr@s eso que se cuenta.

Desde este modo de entender el uso de las parábolas vamos a intentar acercarnos a la invitación que Jesús estaba haciendo a quienes lo escuchaban y también a nosotr@s hoy con la parábola que recuerda Lucas.

El contexto socio-económico de la parábola

En tiempos de Jesús era frecuente que los propietarios ricos contrataran a un administrador que les gestionase sus propiedades. Estas personas tenían poder para arrendar tierras, hacer prestamos o liquidar deudas en nombre del dueño. Con estas operaciones cobraban comisiones y por tanto era normal que buscasen hacerlas sacando el máximo beneficio. Por otro lado, si la transacción salía mal y eran considerados responsables de las pérdidas que pudiesen acarrear al dueño, podían llegar incluso a ser encarcelados si no podía pagar. Si su actuación, además, dañaba la reputación de su amo y era denunciado podía ser castigado públicamente.

En el Israel antiguo quien arrendaba una tierra podía pagar con un tanto por ciento de la cosecha, con una suma fija por el producto o con dinero a través de un contrato de alquiler. Era frecuente que los campesinos se endeudasen por los excesos de impuestos o por malas cosechas lo que los llevaba a perder las tierras y convertirse en siervos o incluso en esclavos. Esto ponía cada vez más tierra en manos de un numero pequeño de los terratenientes y agrandaba la brecha entre una minoría rica y una mayoría cada vez más pobre.

El administrador de la parábola y su modo de actuar se entiende en este contexto y sería fácilmente reconocible por quienes escuchaban a Jesús.

Un relato provocador

El protagonista de la parábola había usado los bienes que administraba en su propio beneficio. Al ser denunciado y despedido busca una salida que le permita tener apoyos cuando se haga pública su situación y así no acabar en la miseria. Lo que el administrador buscaba era ganarse amigos entre los deudores del propietario para tener quien le ayudase al perder su puesto. Su estrategia fue rebajar lo que aquellas personas debían renunciando a la comisión que le correspondería tras el cobro de la deuda.

Llama la atención la rapidez y astucia de su maniobra para asegurarse el futuro, pero también sorprende la generosidad del propietario estafado que lo despide, pero no le exige devolver lo robado ni lo denuncia. Incluso, cuando conoce lo que ha hecho tras ser despedido lo felicita por su sagacidad para asegurarse un futuro.

En una sociedad en la que la mayoría de la gente vive en el límite de la pobreza y están, a menudo, a merced de la generosidad o compasión de quienes poseen riqueza para poder sobrevivir, este relato resultaría provocador en boca de Jesús. L@s oyentes podrían hacerse muchas preguntas ante la parábola. Podrían evocar situaciones vividas, podrían indignarse ante la falta de ética del administrador o considerar insuficiente la respuesta del propietario. Pero Jesús los está invitando, sobre todo, a dar un paso más: a valorar su modo de situarse ante los bienes materiales y el valor que les otorgan.

Un nuevo espacio de lectura

La parábola, sin duda, resulta un tanto enigmática y es necesario entenderla en el marco de la reflexión que Lucas hace, a lo largo de su evangelio, en relación con el uso de los bienes. Lucas se dirige a una comunidad que vive la posesión y el reparto de lo que se posee con cierta conflictividad y por eso para él es importante iluminar con frecuencia esta situación y dar claves para afrontarla.

La audiencia de Lucas es heterogénea social y económicamente y esas diferencias no eran fáciles de articular en el marco de las exigencias que planteaba la aceptación del mensaje del Reino de Dios. Ricos y pobres deben ahora compartir honor y bienes (Hch 2, 42-46) y en esta redistribución la generosidad de los ricos/as juega un papel fundamental. Ellos y ellas están llamados a compartir sin esperar nada a cambio, resocializando sus valores desde el lugar social de los/las que tienen menos.

En este contexto, escuchar la parábola del administrador injusto les recuerda que si alguien así es capaz de ser “generoso” para poder sobrevivir después de perder el empleo, cuanto más quienes pertenecen a la comunidad de Jesús. Estos no solo han de ser generosos/as sino gratuitos/as en su modo de compartir y de administrar los bienes recibidos.

Cuando alguien rico había decidido seguir a Jesús tenía no solo que compartir con los pobres sino vincular su vida con ellos/as pues solo así podían de verdad formar parte de la comunidad inclusiva del Reino (cf. 12,21.33) y crear espacios donde la justicia fuera el horizonte del compartir (Lc 16, 9).

Esta actitud, sin embargo, no debía ser algo puntual o fruto de un acto heroico sino un modo de vida. Para ello, era necesario mantenerse fiel cada día en lo cotidiano y en lo pequeño (Lc 16, 10-12), compartiendo no solo los bienes sino el compromiso de luchar contra cualquier injusticia producida por el egoísmo e insensibilidad de muchos/as ricos/as.

Todo ello dejaba en evidencia la dificultad de vivir coherentemente la fe en el Dios que Jesús había anunciado si se permanencia apegado/a a las riquezas (Lc 16, 13) creyendo que poseerlas era un signo de honorabilidad. Jesús había dicho que “no había venido a ser servido sino a servir” y por tanto la honorabilidad en la comunidad de creyentes en él, nacida del servicio que igualaba desde abajo a tod@s los miembros, se adquiría poniendo los bienes al servicio de todos y todas.

Dentro de las dificultades de comprensión que entraña esta parábola lo importante en ella no es juzgar las conductas de los protagonistas del relato sino plantearnos el recto uso de los bienes, en el ámbito personal y comunitario, desde los criterios que brotan del servicio y la gratuidad como Lucas les proponía a la comunidad a la que dirigió su evangelio.

 

25 Tiempo ordinario – C (Lucas 16,1-13) COMPROMISO IMPOSIBLE IMPOSSIBLE COMPROMIS

col pagola

 



El mensaje de Jesús obliga a un replanteamiento total de la vida; quien escucha el Evangelio intuye que se le invita a comprender, de manera radicalmente nueva, el sentido último de todo y la orientación decisiva de su conducta.

Es difícil permanecer indiferente ante la palabra de Jesús, al menos si uno sigue creyendo en la posibilidad de ser más humano cada día. Es difícil no sentir inquietud y hasta cierto malestar al escuchar palabras como las que hoy nos recuerda el texto evangélico: «No podéis servir a Dios y al Dinero».

Es imposible ser fiel a un Dios que es Padre de todos y vivir al mismo tiempo esclavo del dinero y del propio interés. Solo hay una manera de vivir como «hijo» de Dios, y es vivir como «hermano» de los demás. El que vive solo al servicio de sus dineros e intereses no puede ocuparse de sus hermanos, y no puede, por tanto, ser hijo fiel de Dios.

El que toma en serio a Jesús sabe que no puede organizar su vida desde el proyecto egoísta de poseer siempre más y más. A quien vive dominado por el interés económico, aunque viva una vida piadosa y recta, le falta algo esencial para ser cristiano: romper la servidumbre del «poseer» que le quita libertad para escuchar y responder mejor a las necesidades de los pobres.

No tiene otra alternativa. Y no puede engañarse, creyéndose «pobre de espíritu» en lo íntimo de su corazón, pues quien tiene alma de pobre no sigue disfrutando tranquilamente de sus bienes mientras junto a él hay necesitados hasta de lo más elemental.

Tampoco podemos engañarnos pensando que «los ricos» siempre son los otros. La crisis económica, que está dejando en paro a tantos hombres y mujeres, nos obliga a revisar nuestros presupuestos, para ver si no hemos de reducirlos para ayudar a quienes han quedado sin trabajo. Sería un buen test para descubrir si servimos a Dios o a nuestro dinero.


Le message de Jésus nous oblige à reconsidérer complètement notre vie; celui qui écoute l'Évangile sent qu'il est invité à comprendre, de manière radicalement nouvelle, le sens ultime de toute chose et l'orientation décisive de sa conduite.

Il est difficile de rester indifférent à la parole de Jésus, du moins si l'on continue de croire à la possibilité de devenir chaque jour plus humain. Il est difficile de ne pas ressentir un malaise et même une certaine gêne lorsque nous entendons des paroles telles que celles que l'Évangile nous rappelle aujourd'hui: «Vous ne pouvez pas servir Dieu et l'argent».

Il est impossible d'être fidèle à un Dieu qui est le Père de tous en vivant en même temps en esclave de l'argent et de ses propres intérêts. Il n'y a qu'une seule façon de vivre en tant que «fils» de Dieu, et c'est de vivre en tant que «frère» des autres. Celui qui ne vit qu'au service de son argent et de ses intérêts ne peut pas se soucier de ses frères et soeurs, et ne peut donc pas être un fidèle fils de Dieu.

Celui qui prend Jésus au sérieux sait qu'il ne peut pas organiser sa vie sur la base du projet égoïste de posséder toujours plus. Celui qui vit sous la domination des intérêts financiers, même s'il mène une vie pieuse et droite, manque d'une chose essentielle pour être chrétien: briser l'esclavage de la «possession» qui lui enlève la liberté d'écouter et de mieux répondre aux besoins des pauvres.

Il n'a pas d'alternative. Et il ne peut pas se faire d'illusions en se croyant «pauvre en esprit» dans son for intérieur, car celui qui a une âme de pauvre ne continue pas à jouir de ses biens alors qu'il y a des personnes qui ont besoin des choses les plus élémentaires.

Nous ne pouvons pas non plus nous tromper en pensant que les «riches» sont toujours les autres. La crise économique, qui laisse tant d'hommes et de femmes au chômage, nous oblige à revoir nos budgets, à voir si nous ne devrions pas les réduire pour aider ceux qui ont perdu leur travail. Ce serait un bon test pour savoir si nous servons Dieu ou notre argent.

CREER QUE PODEMOS SERVIR A DIOS ES IDOLATRÍA DOMINGO 25 (C) Lc 16,1-13


col fraymarcos

 fe adulta


Comienza indicando que la parábola va dirigida a los discípulos; pero al final dice: “estaban oyendo esto los fariseos que son amates del dinero”. Esta frase nos indica la falta de precisión a la hora de determinar los destinatarios de esta parábola y la del rico Epulón que leeremos el domingo que viene. Debemos tener en cuenta que a las primeras comunidades cristianas solo pertenecieron pobres. Solamente a principios del s. II se empezaron a incorporar personas importantes de la sociedad. Si los evangelios se hubieran escrito en esa época se hubiera matizado más.

Jesús hablaba para que le entendiera la gente sencilla. Hay explicaciones demasiado rebuscadas. Por ejemplo: Que el administrador, cambiando los recibos, no defrauda al amo, sino que renuncia a su propia comisión. No parece verosímil que el administrador se embolsara el 50% de los recibos de su señor. Otra explicación demasiado alambicada es que el administrador hizo lo que tenía que hacer, es decir, ceder sus bienes a los que no pueden pagar su deuda. Por eso es alabado el administrador. En este caso perderían sentido las últimas palabras del relato.

Seguramente Lucas ya modifica el relato original, añadiendo el adjetivo de “injusto”, tanto para el administrador como para el dinero. Este añadido dificulta la interpretación de la parábola. En primer lugar porque no se entiende que se alabe al administrador injusto. En segundo lugar porque podemos devaluar el mensaje al pensar que se trata de desautorizar solo la riqueza conseguida injustamente. La riqueza injusta se descalifica por sí misma; no es el tema de la parábola. En el relato se trata de la riqueza que, aunque sea “justa”, puede convertirse en dios.

Debemos evitar toda demagogia. Pero no podemos ignorar el mensaje evangélico. En este tema, ni siquiera la teoría está muy clara. Hoy menos que nunca, podemos responder con recetas a las exigencias del evangelio. Cada uno tiene que encontrar la manera de actuar con sagacidad para conseguir el mayor beneficio, no para su falso yo sino para su verdadero ser. Si somos sinceros, descubriremos que en nuestra vida confiamos demasiado en las cosas externas y demasiado poco en lo que realmente somos. Con frecuencia, servimos al dinero y nos servimos de Dios.

“Los hijos de este mundo son más sagaces con su gente que los hijos de la luz”. Esta frase explica el sentido de la parábola. No nos invita a imitar la injusticia que el administrador está cometiendo, sino a utilizar la astucia y prontitud con que actúa. Él fue sagaz porque supo aprovecharse materialmente de la situación. A nosotros se nos pide ser sabios para aprovecharnos en el orden espiritual. Hoy la diferencia no está entre los hijos del mundo y los hijos de la luz sino en la manera que todos los cristianos tenemos de tratar los asuntos mundanos y los asuntos espirituales.

No podéis servir a Dios y al dinero. No está bien traducido. El texto griego dice mamwna.  Mammón era un dios cananeo, el dios dinero. No se trata, pues, de la oposición entre Dios y un objeto material, sino de la incompatibilidad entre dos dioses. Servir al dinero significaría que toda mi existencia está orientada a los bienes materiales. Sería tener como objetivo buscar por encima de todo el placer sensorial y las seguridades que proporcionan las riquezas. Significaría que he puesto en el centro de mi vida el falso yo y buscar la potenciación y seguridades de ese yo.

Podemos dar un paso más. A Dios no le servimos para nada. Si algo dejó claro Jesús fue que Dios no quiere siervos sino personas libres. No se trata de doblegarse con sumisión externa a lo que mande desde fuera un señor poderoso. Se trata de ser fiel al creador, respondiendo a las exigencias de mi ser. Servir a un dios externo, que puede premiarme o castigarme, es idolatría y, en el fondo, egoísmo. Hoy podemos decir que no debemos servir a ningún “dios”. Al verdadero Dios solo se le puede servir sirviendo al hombre. Aquí está la originalidad del mensaje cristiano.

Es curioso que ni siquiera cuestionemos que lo que es legal puede no ser justo. El dinero es injusto, no solo por la manera de conseguirlo, sino por la manera de gastarlo. Las leyes que rigen la economía están hechas por los ricos para defender sus intereses. No pueden ser consideradas justas por parte de aquellos que están excluidos de los beneficios del progreso. Unas leyes económicas que potencian la acumulación de las riquezas por parte de unos pocos, mientras grandes sectores de la población viven en la miseria, no podemos considerarlas justas.

Lo que nos dice el evangelio es una cosa obvia. Nuestra vida no puede tener dos fines últimos, solo podemos tener un “fin último”. Todos los demás objetivos tienen que ser penúltimos, es decir, orientados al último (haceos amigos con el dinero injusto). No se trata de rechazar esos fines intermedios, sino de orientarlos todos a la última meta. La meta debe ser “Dios”. Entre comillas por lo que decíamos más arriba. La meta es la plenitud, que para el ser humano solo puede estar en lo trascendente, en lo divino que hay en él, no en lo biológico.

“Ganaos amigos con el dinero injusto”. Es una invitación a poner todo lo que tenemos al servicio de lo que vale de veras. Utilizamos con sabiduría el dinero injusto cuando compartimos con el que pasa necesidad. Lo empleamos sagazmente, pero en contra nuestra, cuando acumulamos riquezas a costa de los demás. Nunca podremos actuar como dueños absolutos de lo que poseemos. Somos simples administradores. Hace poco tiempo oí a De Lapierre decir: Lo único que se conserva es lo que se da. Lo que se guarda, se pierde.

El tema de las riquezas, planteado desde la pura renuncia, no tiene solución. La programación lleva siempre a posturas artificiales que no puede cambiar mi actitud fundamental. Si de verdad quieres ser rico no te afanes en aumentar tus bienes sino en disminuir tus necesidades. Con demasiada frecuencia compramos el dinero demasiado caro. Esto quiere decir que no seguimos el consejo del evangelio que nos invita a ser sagaces. Descubre que lo que forma parte de ti es tu mayor riqueza.

Lo que tenemos debemos subordinarlo siempre a lo que somos. Somos plenitud, somos totalidad. De lo esencial no nos falta nada. Si echamos algo en falta podemos estar seguros de que pertenece a lo accidental. Bebemos los vientos buscando lo que nos falta y no somos capaces de vivir lo que ya tenemos. No necesito más de lo que tengo sino menos. La invitación del evangelio es a vivir con menos necesidades materiales y buscando crecer en el orden espiritual.

ELOGIO DEL ADMINISTRADOR LADRÓN Y TRAMPOSO Domingo 25 Ciclo C

 col sicre art

fe adulta

Que en una empresa, un banco, o un partido político, haya un administrador ladrón, que incluso hace trampas para disimular sus robos, no tiene nada de extraño. Que algunos de sus amigos o partidarios lo aprueben y defiendan, también puede ocurrir. Pero que Jesús ponga de modelo a un sinvergüenza, a un administrador ladrón y tramposo, es algo que desconcierta y escandaliza a mucha gente. Por eso, la traducción litúrgica no pone la alabanza en boca de Jesús, sino en la del “amo”; una opción bastante discutible. De hecho, Juliano el Apóstata (s. IV) usaba la parábola para demostrar la inferioridad de la fe cristiana y de Jesús, su fundador. El cardenal Cayetano (s. XVI) y Rudolph Bultmann (s. XX) la consideraban ininteligible; otros muchos piensan que es la más difícil de entender. [Quien desee conocer los diversos problemas puede consultar mi comentario El evangelio de Lucas. Una imagen distinta de Jesús (Verbo Divino, 2021), 355-360].

La ironía de la parábola (Lucas 16,1-9)

La principal dificultad para entender la parábola radica en que Jesús se basa en unos presupuestos contrarios a los nuestros:

1. Nosotros no somos propietarios sino administradores. Todo lo que poseemos, por herencia o por el fruto de nuestro trabajo, no es propiedad personal sino algo que Dios nos entrega para que lo usemos rectamente.

2. Esos bienes materiales, por grandes y maravillosos que parezcan, son nada en comparación con el bien supremo de “ser recibido en las moradas eternas”.

3. Para conseguir ese bien supremo, lo mejor no es aumentar el capital recibido sino dilapidarlo en beneficio de los necesitados.

La ironía de la parábola radica en decirnos: cuando das dinero al que lo necesita, tú crees que estás desprendiéndote de algo que es tuyo. En realidad, le estás robando a Dios su dinero para ganarte un amigo que interceda por ti en el momento decisivo. Jesús alaba a ese buen ladrón y lo pone de modelo.

La idolatría del dinero (Lucas 16,10-13)

En la versión larga, el evangelio de este domingo termina con unas palabras muy famosas: No podéis servir a dos amos, no podéis servir a Dios y al dinero.

Jesús no parte de la experiencia del pluriempleo, donde a una persona le puede ir bien en dos empresas distintas, sino de la experiencia del que sirve a dos amos con pretensiones y actitudes radicalmente opuestas. Es imposible encontrarse a gusto con los dos. Y eso es lo que ocurre entre Dios y el dinero.

Estas palabras de Jesús se insertan en la línea de la lucha contra la idolatría y defensa del primer mandamiento ("no tendrás otros dioses frente a mí"). Para Jesús, la riqueza puede convertirse en un dios al que damos culto y nos hace caer en la idolatría. Naturalmente, ninguno de nosotros acude a un banco o una caja de ahorros a rezarle al dios del dinero, ni hace novenas a los banqueros. Pero, en el fondo, podemos estar cayendo en la idola­tría del dinero. Según el Antiguo y el Nuevo Testamentos, al dinero se le da culto de tres formas:

1) mediante la injusticia directa (robo, fraude, asesinato, para tener más). El dinero se convierte en el bien absoluto, por encima de Dios, del prójimo, y de uno mismo. Este tema lo encontramos en la primera lectura, tomada del profeta Amós.

2) mediante la injusticia indirecta, el egoísmo, que no hace daño directo al prójimo, pero hace que nos despreocupemos de sus necesidades. El ejemplo clásico es la parábola del rico y Lázaro, que leeremos el próximo domingo.

3) mediante el agobio por los bienes de este mundo, que nos hacen perder la fe en la Providencia.

Unos casos de injusticia directa: Amós 8, 4-7

Amós, profeta judío del siglo VIII a.C. criticó duramente las injusticias sociales de su época. Aquí condena a los comerciantes que explotan a la gente más humilde. Les acusa de tres cosas:

1) Aborrecen las fiestas religiosas (el sábado, equivalente a nuestro domingo, y la luna nueva, cada 28 días) porque les impiden abrir sus tiendas y comerciar. Es un ejemplo claro de que “no se puede servir a Dios y al dinero”.

2) Recurren a trampas para enriquecerse: disminuyen la medida (el kilo de 800 gr), aumentan el precio (la guerra de Ucrania es un ejemplo que pasará a la historia) y falsean la balanza.

3) El comercio humano, reflejado en la compra de esclavos, que se pueden conseguir a un precio ridículo, “por un par de sandalias”. Hoy se siguen dando casos de auténtica esclavitud (como los chinos traídos para trabajar a escondidas en las fábricas de sus compatriotas) y casos de esclavitud encubierta (invernaderos; salarios de miseria aprovechando la coyuntura económica, etc.).

Reflexión final

Puede resultar irónico, incluso indignante, hablar del buen uso del dinero y de los demás bienes materiales cuando la preocupación de la mayoría de la gente es ver cómo afronta la crisis económica que se avecina. Sin embargo, Jesús nunca ofreció un camino cómodo a sus seguidores. Tanto la parábola como la enseñanza siguiente y el texto de Amós nos obligan a reflexionar y enfocar nuestra vida al servicio de los más necesitados.

ASTUCIA PARA VIVIR CON ACIERTO Domingo XXV del T.O. 18 de septiembre Lc 16, 1-13

col lozano art

 

fe adulta

La parábola no reclama una lectura literal, justificando, en este caso, un comportamiento manifiestamente deshonesto o incluso corrupto. Leída en clave simbólica, constituye, más bien, una invitación a desarrollar la agudeza para “acertar” en la vida, acierto que no consiste en tener dinero -calificado como “injusto”-, sino en “ganar amigos que reciban en las moradas eternas”.  

En esa misma clave, la expresión “moradas eternas” se refiere a aquello en nosotros que es permanente (eterno). Descubrirlo, reconocerlo y vivirlo es acertar; ignorarlo significa vivirnos desconectados de nuestra verdad profunda.         

Lo permanente solo puede ser lo no nacido, ya que todo lo que nace está llamado a morir. ¿Y qué es lo no nacido o lo permanentemente estable, sino la consciencia misma (la vida)?          

El mundo de los objetos o de las formas -todo aquello que puede ser observado- se halla sometido a la ley de la impermanencia: en cambio constante hasta finalmente desaparecer. Absolutizar los objetos y absolutizar el yo como si constituyera nuestra verdadera identidad, es caer en la ignorancia, con sus secuelas de confusión y de sufrimiento.         

Vivir con acierto -con sabiduría-, por el contrario, significa trascender la identificación con las formas, particularmente con el yo, y anclarnos en Eso que es consciente, lo que observa y no puede ser observado, lo único realmente real (“eterno”, en lenguaje religioso).

A ello se han referido las tradiciones sapienciales con términos como “desapego”, desapropiación, desasimiento o, más recientemente, desidentificación, con una invitación nítida: no te identifiques con -ni te reduzcas a- nada que sea impermanente.

¿Cómo entiendo y vivo la desidentificación?

LAS PARÁBOLAS


col munarriz

comentario editorial fa7

 fe adulta


Lc 16, 1-13

«Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz».

Es ésta una parábola desconcertante y controvertida sobre la que los especialistas no terminan de ponerse de acuerdo. Es posible que Jesús quiera decirnos que nos irían mejor las cosas si la astucia que mostramos para las cosas del mundo la aplicásemos a la construcción del Reino… pero no lo sabemos.

Lo que sí sabemos es que el género parabólico es un género característico de Jesús, hasta tal punto, que tanto Mateo como Marcos llegan a decir que sólo hablaba a la gente en parábolas.

Es frecuente confundir las parábolas con alegorías, lo que puede dificultar su correcta interpretación. Una parábola tiene un solo mensaje global, y los detalles son solo elementos narrativos sin significado. Hay parábolas —como la del hijo pródigo— que presentan dos cumbres, pero esto no cambia el concepto general de “parábola” que aquí estamos exponiendo. Las alegorías son relatos en los que cada detalle tiene un carácter simbólico y representa algo. Lo vemos en la parábola del sembrador, cuyo perfil alegórico es la excepción a la regla general.

Jesús se dirige a la gente en parábolas para que todos le entiendan. De hecho, toma sus parábolas de la vida cotidiana y, en muchos casos, de los sucesos de actualidad que a la sazón la gente está comentando en la calle. Eso sí, en un momento dado del relato, le imprime un giro paradójico, sorprendente, al objeto de captar la atención de quienes le escuchan y grabar mejor el mensaje central en su mente.

Hay quien sostiene que hablaba en parábolas para hacer más difícil su comprensión, y citan a Mateo (13, 10) para afirmarse en su tesis: «A vosotros se os comunica el secreto del reinado de Dios: a los de fuera se les propone en parábolas, de modo que por más que miren, no vean». Pero nada más lejos del estilo de Jesús, lo que revela el riesgo de sacar conclusiones de un texto suelto sin tener en cuenta las líneas de fuerza que se desprenden de la lectura del conjunto del evangelio.

Durante muchos siglos se ha minusvalorado la importancia de las parábolas a la hora de interpretar el mensaje evangélico, pero hoy en día se admite de forma generalizada que si prescindimos de las parábolas nos quedamos sin mensaje. Las parábolas nos dicen lo más profundo que se puede decir de Dios y del ser humano, y lo hacen a través de imágenes porque su contenido no podría expresarse a través del lenguaje conceptual propio de nuestra cultura. Algunos pensamos que Jesús ha hecho la mejor teología de la historia a través de estos relatos sencillos al alcance de todos.

Pero quizá lo más importante para nosotros los cristianos sea su capacidad de interpelar; de hacer que nos sintamos aludidos y comprometidos. Como decía Ruiz de Galarreta: «Más que dar un mensaje, las parábolas provocan la necesidad de dar una respuesta».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí