FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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sábado, 4 de enero de 2014

La ley Galardón un anteproyecto injustificable


Lo primero que hay que decir del anteproyecto de ley del aborto es que parte de una visión de la mujer como un ser necesitado de tutela, ayuda y asesoramiento, como una persona voluble y vulnerable, incapaz de decidir sobre el desarrollo de su personalidad y sobre la maternidad.
Esta conclusión es fácil de alcanzar tras la primera lectura de un anteproyecto que, caso de aprobarse, nos devolverá a un régimen de interrupción voluntaria del embarazo anterior a la legislación de 1985.
El anteproyecto pretende derogar la ley de plazos instaurada en 2010 y volver a un sistema de indicaciones. Uno u otro sistema los hallamos en derecho comparado, pero lo importante no es tanto el sistema, como la medida en que se garantiza el derecho de la mujer a auto determinarse, a desarrollar su personalidad, su integridad física, intimidad, salud reproductiva y salud sexual y el modo en que se ponderan dichos derechos con la vida del no nacido como bien constitucionalmente protegido, aunque no titular del derecho a la vida, como dijera ya el TC en su STC 53/85.
La LO 2/2010 fijaba un sistema de plazos en que se partía de la tutela del bien jurídico de la vida del no nacido en el momento inicial de la gestación se articulaba a través de la voluntad de la mujer, y no contra ella, de forma que la decisión de interrumpir el embarazo era una decisión libre, sin interferencia de terceros en las 14 primeras semanas de gestación. (art.14 LO 2/10).
La LO 2/2010 recogía el espíritu de la doctrina constitucional norteamericana (Sentencia Roe v. Wade de 22 de enero de 1973), en la que se consideraba el derecho de las mujeres embarazadas a abortar como un derecho constitucional, (14ª Enmienda) aunque los poderes públicos pueden restringir este derecho. De esta forma, el TS de USA dividió el embarazo en tres períodos de tres meses cada uno. En los primeros tres meses la mujer tiene derecho a abortar libremente, tras obtener el visto bueno médico. En los segundos tres meses los Estados pueden reglar la cuestión, permitiendo abortar en caso de riesgo para la salud de la madre y sólo en el último trimestre, momento de viabilidad del feto, adquiere relevancia la potestad Estatal de protección de la vida humana potencial, prohibiéndose todo aborto, salvo riesgo vital para la gestante.
Las líneas maestras de la reforma parten de la vuelta a un sistema de indicaciones, lo cuál supone la supresión de la idea de que la interrupción voluntaria del embarazo es un derecho de la mujer a auto determinar su cuerpo y su futuro durante las primeras 14 semanas de gestación. Ahora la interrupción voluntaria del embarazo se concibe, en general, como un delito, y sólo en los casos indicados por la ley no se castiga.
Se ha dicho enfáticamente que el anteproyecto es el primero que suprime el castigo a la mujer por el aborto, sin embargo, como es evidente del redactado del texto que examinamos, le impone castigos aún peores que la pena.
En efecto, el anteproyecto, haciéndose eco de las demandas de los sectores más ultra católicos y radicales de la sociedad, suprime la indicación eugenésica, que se da cuando el feto presenta riesgo de graves anomalías o bien una enfermedad extremadamente grave e incurable en el momento del diagnóstico; lo cual supone obligar a la mujer y al otro progenitor/a a aceptar vivir en situación excepcional de permanente asistencia a un hijo/a con graves taras físicas o psíquicas, sin suficientes prestaciones sociales y con la angustia de la suerte que pueda aguardarle si les sobrevive. El legislador protege la vida del no nacido a costa de la vida de los padres y sin arbitrar medida económica alguna en la propia ley o mejorar el sistema de dependencia, en lo que podíamos definir como “caridad punitiva con la vida de los demás” e imposición de un modelo moral a costa de los derechos ajenos.
El tratamiento de la eugenesia por el anteproyecto es particularmente cínico, pues supone no sólo la supresión de la indicación, sino la penalización del aborto por motivos eugenésicos. Ello comporta una utilización desmesurada y desproporcionada del derecho penal, aunque sea sólo para castigar al médico que practica el aborto.
El anteproyecto regula un anacrónico sistema de indicaciones, es decir, de supuestos en que excepcionalmente el aborto no es un delito. Dentro de dichas indicaciones se mantiene la terapéutica, es decir cuando la vida o salud física o psíquica de la mujer corre peligro, pero incluso este supuesto se la limita en exceso, puesto que obliga a la mujer soportar los menoscabos no permanentes o poco duraderos en su salud, aunque sean intensos o graves, ya que los mismos no se consideran peligro para la salud física o psíquica suficientes para justificar el aborto, conforme define el propio anteproyecto el concepto de “riesgo grave para la salud”.
Por otro lado, destaca la ausencia de indicación social, es decir cuando exista una grave situación socioeconómica de la mujer. Los embarazos no deseados afectan especialmente a las mujeres con pocos recursos, en situación de exclusión social y con pocas perspectivas de futuro, por lo que en tales casos la maternidad viene a agravar la situación de penuria preexistente y truncan toda posibilidad de progreso social de la mujer. No poder decidir en las primeras semanas de gestación libremente sobre la interrupción de ese embarazo no deseado es tanto como convertir a esas mujeres en meros instrumentos de maternidad con el coste psíquico y físico que ello comporta y todo en aras de satisfacer las exigencias de una concepción religiosa o moral de la vida que no tiene por qué compartir ni la afectada ni el resto de la sociedad.
Son principalmente países de tradición católica los que ni contemplan sistema de plazos ni contemplan la indicación social, como Polonia, Irlanda o Vaticano; a los que ahora parece que España se unirá con el anteproyecto.
La regulación del consentimiento de la mujer menor de edad o incapaz para la realización del aborto es particularmente victimizador y estigmatizante por las siguientes razones:
1) somete a la menor con un problema grave como el embarazo no deseado a un proceso contencioso en el que ha de afrontar a sus padres, al fiscal, e incluso al padre del embarazo no deseado.
2) porque no existe una contienda entre partes, por lo que mejor sería, por su menor formalismo y mayor agilidad, someterlo a un procedimiento de jurisdicción voluntaria.
En definitiva, al trauma del embarazo no deseado el legislador añade el trauma del proceso, parece que con la velada intención de que baste la oposición de uno de los padres para que el sistema invite encarecidamente a la menor a que desista de interrumpir su embarazo y así “quede todo en familia”, de lo contrario se arriesga a un proceso contencioso donde habrá de revelar su problema a varias personas ajenas a su núcleo familiar: juez, fiscal, forense, secretario, abogados, padre del embarazo…
En el caso de las mujeres mayores de edad, la información y asesoramiento que la ley prevé que se les preste antes de la interrupción voluntaria del embarazo va claramente dirigida a su estigmatización, culpabilización e intento de hacerlas desistir de su decisión, como se evidencia cuando se obliga a informarles de que la vida es un bien jurídico, ofreciéndoles más formal que realmente, alternativas a la interrupción voluntaria, acogiéndose ayudas que no precisa ni cuantifica económicamente o acudiendo a la guarda administrativa, acogimiento o adopción.
Así mismo se contempla una retórica actuación directa de la administración con una “intervención especializada”, cuando las prestaciones no sean suficientes, por lo que se evidencia que el propio legislador confía poco en las ayudas sociales que la Administración vaya a proporcionar a estas mujeres.
En fin, la diversidad de centros y establecimientos que prestan la información y asesoramiento a la mujer respecto de los que practican la interrupción voluntaria supone un innecesario peregrinaje de la mujer, que si es menor de edad se verá dolorosamente agravado por el proceso judicial al que se la somete para verificar la validez de su consentimiento.
Todo ello, junto a la denegación de interrupción voluntaria por el sistema público de salud fuera de los casos restringidos previstos en las indicaciones, provocará un incremento de los abortos clandestinos y del turismo abortista, en un retroceso inasumible para las mujeres españolas.
En conclusión, lo mejor que puede hacerse con este anteproyecto es retirarlo, puesto que su aprobación supondrá para las mujeres la asunción de situaciones de riesgo, la denigración y deterioro de su dignidad y la obligación de sufrir la merma de sus derechos a consecuencia de concepciones morales ajenas, no compartidas e impuestas por un legislador que emplea las leyes para satisfacer al clero en contra de las mujeres.
Carlos Hugo Preciado Domènech es magistrado y profesor asociado de la URV

Revelaciones sobre el recate del Vaticano

Ni dios ni el diablo. Lo que impulsó al Papa a cambiar las cosas en el Banco del Vaticano (IOR) fue la irresistible presión del Deutsche Bank, actuando en yunta con los yanquis del JP Morgan. Ambos jugaron un rol clave para imponer una suerte de intervención sobre el mentado IOR, envuelto en los crímenes más diversos y no sólo financieros. El dato acaba de ser revelado por el diario más importante del capital financiero, el Financial Times.
El informe de marras, divulgado días antes de las fiestas, puso de relieve que los banqueros alemanes dejaron prácticamente fuera de juego al IOR en enero pasado, al suspender servicios de asistencia financiera que provocaron de hecho una interrupción de sus operaciones. Una medida sin precedentes, que provocó un “shock” en el Vaticano al punto de paralizar toda su operatoria económica, según puntualiza el medio inglés. Y algo más, si se tiene en cuenta la renuncia de Ratzinger y la operación de emergencia que llevó a Bergoglio a la jefatura de la Iglesia.
No había pasado un mes del flamante reinado de Francesco, cuando en abril fue eyectado de su puesto el presidente del “Banco de Dios” -Ettore Gotti Tedeschi-, en medio de un escándalo sobre las disputas por el manejo delictivo de la institución por parte de los clanes rivales del alto clero italiano. Se ve que la mano del Deutsche Bank se había movido con rapidez: al frente del IOR fue colocado un poderoso aristócrata y banquero… alemán, Ernest Von Freyberg.
La alusión del Financial Times al papel protagónico que tuvo en este tumultuoso proceso el JP Morgan tiene su interés, porque el episcopado norteamericano fue uno de los grandes electores de don Francisco. No sólo esto: para el llamado saneamiento de las finanzas vaticanas fueron convocadas poderosas consultoras financieras… norteamericanas: la auditoría Ernst and Young y el Promotory Financial Group. Ahora, sobre el final de diciembre, se anunció que se integra al pelotón de banqueros “controladores” otra de las mayores consultoras del planeta: la KPMG.
Lo que plantea todo esto es que la gran banca, capitaneada por el Deutsche Bank, se abocó a una verdadera operación de “bail out” (rescate, en inglés) del Vaticano, en línea con el panorama de crisis que recorre de conjunto al capitalismo mundial. Sin demasiadas vueltas, los banqueros teutones plantearon que, frente a las reestructuraciones bancarias que se vienen en la vieja Europa, la puesta en caja del IOR era impostergable. El Vaticano y sus negocios son parte de la bancarrota general.
Los hombres de la banca ya han cerrado centenares de cuentas del IOR, sospechosas por sus vínculos con el lavado de dinero, la mafia y el narcotráfico. Por supuesto, en todo esto se guarda el “secreto” profesional y se aseguran los negocios que corresponden. Banqueros y hombres de sotana saben que los trapos sucios se lavan en casa.
La operación de rescate del Vaticano operó sobre el filo de la navaja. La descomposición en la cúpula de la Iglesia había llegado a tal punto que, como recuerda un suplemento especial de La Nación de este 22 de diciembre, “la Iglesia se encaminaba al suicidio”, tornando imprescindible la novedad de un “reformador”. Bergoglio, el Deutsche Bank y el JP Morgan abordaron, entonces, un rescate impostergable. Al modo inglés, la revista Time, que designó a Bergoglio “el hombre del año”, sintetizó: “Sin cambiar la letra, logró cambiar la música”. Gatopardismo, dicen los italianos, como recordamos alguna nota en estas páginas.
Los “bail out” de la gran banca no han logrado sacar al capitalismo del marasmo. Tampoco el del Vaticano sacará a la Iglesia de su pantano histórico, que es, asimismo, el del capital. Días atrás, una de las órdenes más reaccionarias de la Iglesia, el Opus Dei, llamó a darle todo el apoyo a Francisco. Poco antes lo había hecho otra orden del mismo tenor, Comunidad y Liberación. Así estamos con el Papa “revolucionario”.
(especial para ARGENPRESS.info

El funesto imperio de las corporaciones multilaterales


Los buenos deseos de un año feliz son rituales. No pasan de ser simples deseos, pues no consiguen cambiar el curso del mundo donde los superpoderosos siguen su estrategia de dominación global. Sobre esto necesitamos pensar y hasta rezar, pues las consecuencias económicas, sociales, culturales, espirituales y para el futuro de la especie y de la naturaleza pueden ser nefastas.
Muchos como J. Stiglitz y P. Krugman esperaban que el legado de la crisis de 2008 sería un gran debate sobre qué tipo de sociedad queremos construir. Se equivocaron de medio a medio. La discusión no se dio. Al contrario, la lógica que provocó la crisis ha sido retomada con más furor. Richard Wilkinson, uno de los mayores especialistas sobre el tema desigualdad, estuvo más atento y dijo hace ya tiempo en una entrevista al periódico Die Zeit de Alemania: “la pregunta fundamental es ésta: ¿queremos o no queremos realmente vivir según el principio de que el más fuerte se apropia de casi todo y el más débil se queda atrás?
Los super-ricos y super-poderosos decidieron que quieren vivir según el principio darwinista del más fuerte, y que los mas débiles se aguanten. Pero comenta Wilkinson: «creo que todos tenemos necesidad de mayor cooperación y reciprocidad, pues la personas desean una mayor igualdad social». Este deseo es negado intencionadamente por esos epulones.
Por lo general, la lógica capitalista es feroz: una empresa se come a otra (eufemísticamente se dice que se fusionaron). Cuando se llega a un punto en que sólo quedan algunas grandes, cambian de lógica: en vez de guerrear, hacen entre sí una alianza de lobos y se comportan mutuamente como corderos. Así articuladas detentan más poder, acumulan con más seguridad para sí y para sus accionistas, sin tener en cuenta para nada el bien de la sociedad.
La influencia política y económica que ejercen sobre los gobiernos, la mayoría de ellos mucho más débiles que ellas, es extremadamente coercitiva, interfiriendo en el precio de las commodities, en la reducción de las inversiones sociales, en la salud, educación, transporte y seguridad. Los miles de personas que ocupan las calles en el mundo y en Brasil intuyeron esa dominación de un nuevo tipo de imperio, cuyo lema es: «la avaricia es buena» (greed is good) y «devoremos lo que podamos devorar».
Hay excelentes estudios sobre la dominación del mundo por parte de las grandes corporaciones multilaterales. Es conocido el de David Korten Cuando las corporaciones rigen el mundo (When the Corporations rule the World) . Pero hacía falta un estudio de síntesis, y éste ha sido realizado por la Escuela Politécnica Federal Suiza (ETH), en Zurich, en 2011, que se cuenta entre los más respetados centros de investigación, compitiendo con el MIT. El documento ha implicado a grandes nombres, es corto, no más de 10 páginas, y otras 26 sobre su metodología, para mostrar la total transparencia de los resultados. Ha sido resumido por el Prof. de economía de la PUC-SP Ladislau Dowbor en su página web (http://dowbor.org). Nos basamos en él.
De entre los 30 millones de corporaciones existentes, el ETH seleccionó 43 mil para estudiar mejor su lógica de funcionamiento. El esquema simplificado se articula así: hay un pequeño núcleo financiero central que tiene dos lados: de un lado están las corporaciones que componen el núcleo y del otro, aquellas que son controladas por él. Tal articulación crea una red de control corporativo global. Ese pequeño núcleo (core) constituye una super-entidad (super entity). De él emanan los controles en red, lo que facilita la reducción de los costos, la protección de los riesgos, el aumento de la confianza y, lo que es principal, la definición de las líneas de la economía global que deben ser fortalecidas y dónde.
Ese pequeño núcleo, fundamentalmente de grandes bancos, detenta la mayor parte de las participaciones en las otras corporaciones. La cúpula controla el 80% de toda la red de corporaciones. Son apenas 737 actores, presentes en 147 grandes empresas. Ahí están el Deutsche Bank, el J.P. Morgan Chase, el UBS, el Santander, el Goldman Sachs, el BNP Paribas (entre otros muchos). Al final menos del 1% de las empresas controla el 40% de toda red.
Este dato nos permite entender ahora la indignación de los Occupies y de otros que acusan al 1% de las empresas de hacer lo que quieren con los recursos procedentes del sudor del 99% de la población. Ellos no trabajan ni producen nada. Solamente hacen más dinero con el dinero lanzado en el mercado de la especulación.
Fue esta absurda voracidad de acumular ilimitadamente la que gestó la crisis sistémica de 2008. Esta lógica profundiza cada vez más la desigualdad y hace más difícil la salida de la crisis. ¿Cuánto de inhumanidad aguanta el estómago de los pueblos? Todo tiene su límite y la economía no lo es todo. Pero ahora nos es dado ver las entrañas del monstruo. Como dice Dowbor: «La verdad es que hemos ignorado al elefante que está en el centro de la sala». Está rompiendo todo, los cristales, la vajilla y pisoteando a las personas. ¿Pero hasta cuándo? El sentido ético mundial nos asegura que una sociedad no puede subsistir por mucho tiempo asentada sobre la sobreexplotación, la mentira y la antivida

viernes, 3 de enero de 2014

Papa: Las violencias y las injusticias no pueden dejarnos indiferentes e inmóviles

“Les deseo un año de paz en la gracia del Señor y con la protección materna de María”
Francisco clama que “ya es hora de detener” las guerras
Tras la misa solemne en la Basílica de San Pedro, el Papa salió a la ventana para rezar el ángelus. Ante una Plaza de San Pedro de nuevo a rebosar, Francisco clamó por la paz y dijo que estamos llamados a darnos cuenta de la violencia y de la injusticia presente en tantas partes del mundo, que no nos pueden “dejar indiferentes e inmóviles” porque “es necesario un compromiso de todos para construir una sociedad más justa y solidaria”.
El papa habló así antes del rezo del Ángelus a los participantes en la Marcha de la Paz, promovida por la comunidad católica de San Egidio, con motivo hoy de la 47 Jornada Mundial de la Paz, con el lema “Fraternidad, fundamento y camino para la paz”, basada en el mensaje papal publicado el pasado 12 de diciembre.
Un mensaje que, según dijo el pontífice asomado a la ventana del apartamento papal del Palacio Apostólico, tiene como base la convicción de que todos somos hijos del único Padre del cielo, “formamos parte de la misma familia y compartimos un destino común”.
Ante miles de peregrinos y fieles, que abarrotaban la Plaza de San pedro en un soleado primer día de 2014, el papa insistió en “la responsabilidad de obrar con el fin de que el mundo se convierta en un comunidad de hermanos que se respetan, se aceptan en su diversidad y se cuidan unos a los otros”.
Francisco relató que había recibido una carta de un señor que hablando sobre las guerras le preguntaba qué estaba sucediendo en el corazón del hombre, una pregunta que hacía suya y repitió dos veces: “Ya es hora de parar” (la guerra).
Agregó el papa argentino que de cada ángulo de la tierra hoy los creyentes elevan “una oración para pedir al Señor el don de la paz y la capacidad de llevarla a cada rincón”.
En este primer día del año, -añadió- el Señor “nos ayuda a encaminarnos todos con más decisión en el camino de la justicia y de la paz”.
Para el Obispo de Roma, la paz requiere la fuerza de la docilidad, la fuerza no violenta de la verdad y del amor.
En la Madre del Redentor -sostuvo el papa Francisco- confiamos “el grito de paz de la población oprimida por la guerra y por la violencia para que el coraje del diálogo y de la reconciliación prevalezca sobre la tentación de la venganza, de la prepotencia, de la corrupción”, asintió.
A ella le pedimos que el Evangelio de la fraternidad, anunciado y testimoniado por la Iglesia, “pueda hablar a cada conciencia y abatir los muros que impiden a los enemigos reconocerse como hermanos”, señaló el obispo de Roma.
Poco antes, el papa presidió la primera solemne misa de 2014 en la Basílica de San Pedro por Santa María Madre de Dios y al mismo tiempo con motivo de la 47 Jornada Mundial de la Paz.
El oficio litúrgico fue concelebrado por el papa Francisco, por cardenales, obispos y sacerdotes, entre ellos, su nuevo secretario de Estado, Pietro Parolin en la imponente Basílica, abarrotada de fieles y peregrinos, además de autoridades y religiosos.
Después del ángelus
Da las gracias al presidente de Italia y pide la bendición de Dios sobre el pueblo italiano, para que “pueda mirar al futuro con fonfianza y esperanza”
Saluda a las iniciativas de paz promovidas por la Comunidad de San Egidio.
“A todos les deseo un año de paz en la gracia del Señor y con la protección materna de María”
Digamos tres veces: “Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios, Santa Madre de Dios”
Y se despidió: “Buen domingo, buen comienzo del año, buen apetito y arrivederci”

Por favor no insulten a la clase trabajadora

ene032014

Este artículo denuncia la constante discriminación en contra de la clase trabajadora al definírsela como clase media-baja o clase baja.
El movimiento antirracista ha señalado y denunciado el continuo insulto que se reproduce en el lenguaje cotidiano utilizado por la población hacia ciertas razas y grupos étnicos minoritarios. El término “negritos” para definir a personas de raza negra es un ejemplo de ello. Bajo este término se intenta ridiculizar a un colectivo, presentándolo como inmaduro e infantil.
Un tanto semejante ocurre con los términos utilizados en nuestras sociedades, dominadas por los hombres, para referirse a las mujeres de forma estereotipada, tal como han documentado autoras de sensibilidad feminista. Las denuncias de las prácticas racistas y machistas que aparecen en el lenguaje han concienciado a la sociedad de la necesidad de que se eviten las palabras ofensivas a esos colectivos sociales, sujetos de abundante discriminación.
Ahora bien, hay una enorme discriminación –promovida por las élites políticas, mediáticas y culturales del país- contra un grupo social que es incluso mayoritario en nuestros países –la clase trabajadora–, que constantemente aparece definida en el lenguaje mediático como clase baja, lo que apenas ha despertado protesta.
Incluso una periodista tan sensible al lenguaje “políticamente correcto” (en cuanto a raza y género) como Soledad Gallego-Díaz, columnista de El País, continúa utilizando el término clase baja para definir lo que es clase trabajadora. En su artículo en la nueva revista económica, Alternativas Económicas, esta autora divide a los españoles en españoles de clase alta, de clase media y de clase baja (“Frenazo al ascensor social”, 12.12.13, nº 9). Su tesis es que el ciudadano medio español (que resulta ser –según ella- una mujer de unos 43 años) está descubriendo que está pasando “de la clase media a la clase baja”. Los datos que utiliza proceden en su mayoría de los estudios del analista, también de El País, José Juan Toharia, que ha presentado datos de la evolución de las clases sociales en España, dividiéndolas en clase alta, clase media-alta, clase media-baja y clase baja. Supongo que pronto van a añadir otra categoría, que van a llamar clase baja-baja o clase bajísima. Esta narrativa aparece también en círculos políticos e intelectuales de izquierdas. Uno de los intelectuales de izquierda más conocidos en España hacía referencia a las clases populares catalanas, compuestas de clases medias y bajas (le tengo demasiada estima para citar su nombre).
España (incluyendo Catalunya) no es un país de castas
Esta transformación de la estructura de clases, definiéndola de esta manera, transforma España en un país de castas, como ocurre en ciertos Estados de la India. Y así queda redefinida la clase trabajadora como clase media-baja, clase baja y, pronto, clase bajísima.
Yo no sé como usted, lector o lectora de este artículo, le respondería a un encuestador que le parara por la calle y le preguntara: ¿Es usted de clase baja? Yo tengo que admitirle que probablemente le miraría a la cara y le contestaría “Y su madre también”. No creo que a nadie le agrade ser definido como clase baja y, por lo tanto, se debería protestar porque dicho término se utilice constantemente. Cuando se utilizan tales términos, ¿no se dan cuenta de que están insultando a la clase trabajadora?
Pero es que, además de ofensiva, esta categorización no es científica y no permite analizar las causas del deterioro de las personas estudiadas (para expansión del tema de este artículo ver mi artículo “Ni Estados Unidos ni España son ‘países de clases medias’”). Analizar a las personas por el nivel de renta y/o estatus es dramáticamente insuficiente, cuando no erróneo. Tiene mucho más valor definir a María –la supuesta ciudadana promedio española– como una trabajadora de servicios, ayudante de enfermería en un hospital concertado, que está viendo cómo su salario y seguridad laboral se deterioran, que definirla como una persona de clase media yendo a la baja. Definir a la persona por su relación con el mercado de trabajo (por el trabajo que realiza) tiene mucho más valor explicativo analítico que definirla por su nivel de renta o estatus.
De ahí que, dentro de la cultura popular, depositaria de gran conocimiento y realismo, cuando una persona quiere conocer a otra, no le pregunta si pertenece a la clase alta, media o baja. Se le pregunta de qué trabaja, y cuando se lo dice, usted ya sabe mucho sobre aquella persona. Si le dicen que es una ayudante de enfermería, ya puede saber aproximadamente cuánto dinero gana, donde vive, en qué tipo de vivienda, qué coche utiliza, a qué escuela envía a sus hijos, y un largo etcétera. Si usted conoce lo que la persona hace, puede ya imaginarse lo que la persona tiene. Pero no al revés. El nivel de renta de una persona no dice nada o muy poco del origen de tal renta.
En definitiva, la clase trabajadora, que es la que construye este país diariamente, está constantemente discriminada, ofendiendo su dignidad, refiriéndose a ella como clase media, baja o pronto, bajísima. Por favor, ¡no la insulten! Una última observación. Ruego al lector que cuando lea algún artículo utilizando este término para definir a la clase trabajadora, haga algo. Le sugeriría que, al menos, envíe al autor o autora copia de este artículo, aconsejando que lo lea.
Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Dominio Público” en el diario PÚBLICO, 26 de diciembre de 2013, y en el diario digital EL PLURAL, 30 de diciembre de 2013

El Papa Francisco y la economía de la exclusión

ene032014

Quien escucha las distintas intervenciones del obispo de Roma y actual papa se siente en casa y en América Latina. El Papa no es eurocéntrico, ni romanocéntrico ni mucho menos vaticanocéntrico. Es un pastor “venido del fin del mundo”, de la periferia de la vieja cristiandad europea, decadente y agónica (sólo el 24% de los católicos son europeos); proviene de un cristianismo nuevo que se ha ido elaborando a lo largo de 500 años en América Latina con rostro propio y con su teología.
El Papa Francisco no ha conocido el capitalismo central y triunfante de Europa sino el capitalismo periférico, subalterno, agregado y socio menor del gran capitalismo mundial. El gran peligro nunca fue el marxismo sino el salvajismo del capitalismo no civilizado. Ese tipo de capitalismo ha generado en nuestro Continente latinoamericano una escandalosa acumulación de riqueza en unos pocos a costa de la exclusión y de la pobreza de las grandes mayorías del pueblo.
Su discurso es directo, explícito, sin metáforas encubridoras como suele ser el discurso oficial y equilibrista del Vaticano, que pone el acento más en la seguridad y en la equidistancia que en la verdad y en la claridad de la propia posición.
La posición del Papa Francisco a partir de los pobres excluidos es clarísima: «no deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten» esta opción ya «que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres» (Exhortación nº 48). De forma contundente denuncia: «el sistema social y económico es injusto en su raíz» (nº 59); «debemos decir no a una economía de exclusión y de desigualdad social; esta economía mata… el ser humano es considerado, en sí mismo, como un bien de consumo que se puede usar y después tirar; los excluidos no son “explotados” sino desechos, “sobrantes”» (nº 53).
Además no se puede negar que este tipo formulaciones del Papa Francisco recuerdan el magisterio de los obispos latinoamericanos en Medellín (1968), Puebla (1979) y Aparecida (2005) así como el pensamiento común de la teología de la liberación. Ésta tiene como eje central la opción por los pobres, contra su pobreza y en favor de la vida y de la justicia social.
Hay una afinidad perceptible con el economista hungaro-norteamericano Karl Polanyi, que fue el primero en denunciar la “Gran Transformación” (título del libro de 1944) al hacer de la economía de mercado una sociedad de mercado. En esta todo pasa a ser una mercancía, las cosas más sagradas y las más vitales. Todo es objeto de lucro. Tal sociedad se rige estrictamente por la competición, por la prevalencia del individualismo y por la ausencia de cualquier límite. Por eso no respeta nada y crea un caldo de violencia, intrínseca a la forma como ella se construye y funciona, duramente criticada por el Papa Francisco (nº 53). Ella ha tenido un efecto atroz. En palabras del Papa: «ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos» (nº 54). En una palabra, vivimos tiempos de gran inhumanidad, impiedad y crueldad. ¿Podemos considerarnos todavía civilizados, si por civilización entendemos la humanización del ser humano? En verdad, estamos regresando a formas primitivas de barbarie.
Conclusión final que el Pontífice deriva de esta inversión: «ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado» (nº 204). De este modo ataca el corazón ideológico y falso del sistema imperante.
¿Y dónde va a buscar alternativas? No va a beber de la esperada Doctrina Social de la Iglesia. La respeta pero observa: «no podemos evitar ser concretos para que los grandes principios sociales no se queden en meras generalidades que no interpelan a nadie» (nº 182). Va a buscar en la práctica humanitaria del Jesús histórico. No entiende su mensaje como una regla petrificada en el pasado sino como inspiración abierta para la historia siempre cambiante. Jesús es alguien que nos enseña a vivir y a convivir, a «reconocer al otro, a curar las heridas, a construir puentes, a estrechar lazos y a ayudarnos “mutuamente a llevar las cargas”» (nº 67). Personalizando su propósito dice: «a mi me interesa procurar que aquellos que están esclavizados por una mentalidad individualista, indiferente y egoísta, puedan liberarse de esas cadenas indignas y alcancen un estilo de vida y de pensamiento más humano, más noble, más fecundo, que dignifique su paso por esta tierra» (nº 208). Esta intención se asemeja a la de la Carta de la Tierra que apunta valores y principios para una nueva humanidad que habita con cuidado y con amor el planeta Tierra.
El sueño del Papa Francisco actualiza el sueño del Jesús histórico, el del Reino de justicia, de amor y de paz. No estaba en la intención de Jesús crear una nueva religión ya que habia muchas en su tiempo, sino personas que aman, se solidarizan, muestran misericordia, sienten a todos como hermanos y hermanas porque todos son hijos e hijas en el Hijo.
Este tipo de cristianismo no tiene nada de proselitismo pero conquista por la atracción de su belleza y profunda humanidad. Tales valores son los que puden dar un otro rumbo a la sociedad mundial.
Traducción de Mª José Gavito Milano

jueves, 2 de enero de 2014

El Dircom de Dios

El Papa ha sabido llevar hasta la última expresión la máxima “Todo comunica” y convertirse en un comunicador efectivo: cada gesto transmite un mensaje renovado que lo convirtió en uno de los hombres más influyentes del mundo.
Desde el primer día decidió comunicar de una manera diferente, única.“Recen por mi” fue la primera frase que dijo en el Vaticano, frase que quedará en la historia de su Papado pero que siempre lo acompañó, aún cuando era apenas Jorge.
Nueve meses después de haberse transformado en Su Santidad y Jefe de Estado del Vaticano, aún conserva la sencillez con la que recorría las villas porteñas. A pesar de las costumbres de la Gran Iglesia, eligió instalarse en la Capilla de Santa Marta, lejos de todo lujo, y prefirió la austeridad incluso en sus ropajes, con un gorro blanco, sus legendarios zapatos negros y su viejo maletín. Es para el mundo el Papa de los pobres y de los niños. Sin brillos, sencillo y sonriente. Es el primer Papa argentino, un Papa nacional y popular.
Elegido en medio de una profunda crisis de imagen de la Iglesia Católica, pareciera que Francisco fue enviado para recuperar la reputación de una institución con siglos de opulencia, misterios y conspiraciones, un DirCom contratado por Dios para enderezar la nave. Como si fuera un estratega de la comunicación, el Papa ha sabido llevar hasta la última expresión la máxima “Todo comunica” y convertirse en un comunicador efectivo: cada palabra, cada imagen, cada gesto transmiten un mensaje coherente y claro, un mensaje renovado y esperanzador que lo convirtió en el personaje del año y en uno de los hombres más influyentes del mundo.
Con su moderno estilo de resaltar las doctrinas más antiguas derribando barreras historicamente levantadas y un discurso inclusivo e integrador, Francisco ha logrado cautivar a católicos y no católicos. Con su tono conciliador, sus palabras clave –amor, pobreza, esperanza- y frases de alto impacto como “Si una persona es gay y busca a Dios con el corazón, quién soy yo para juzgarlo”, ha acercado posiciones con comunidades eternamente adversas a la Iglesia como la gay ó fomentado el diálogo con otras religiones.
Sus imágenes lavando pies a jóvenes detenidos, rezando tendido en el suelo en señal de penitencia, abrazando a un hombre desfigurado o recibiendo a personas sin hogar en el día de su cumpleaños, dieron la vuelta al mundo que rápidamente lo adoptó como un Papa distinto. Un hombre común dispuesto a generar un cambio a fuerza de popularidad, como si supiera que para hacer trascender el mensaje es necesario masificar la audiencia.
Tomó el guante de quienes criticaban a la iglesia por su comunicación obsoleta y su necesidad de adaptarse a los cambios sociales, tecnológicos y comunicacionales, y se puso al frente de la comunicación a través de las redes sociales, derribando el mito de que internet es un invento del diablo. Rápidamente, se convirtió en protagonista en Facebook y una twittstar con casi 4 millones y medio de seguidores en Twitter, logrando no sólo masividad sino además inmediatez.
Para evitar ruidos en la comunicación, prefiere no tener intermediarios y elige el contacto directo con la gente. Cuando quiere hablar con alguien se ocupa personalmente, al punto que el “Hola, soy el Papa Fancisco” se transformó en una marca registrada. Como buen cristiano, ha recibido a líderes y referentes de los más variopintos partidos políticos e instituciones, futbolistas y celebridades, a excepción de Sergio Massa, que según sus allegados “no habría recibido aún el perdón” por una antigua diferencia.
Incluso antes de ser Papa, Jorge Bergoglio supo caminar por la cornisa de la política generando disputas con sectores tan equidistantes como el Kirchnerismo y el Grupo Clarín. Sus homilías como Arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires serán siempre recordadas por su mirada crítica de la clase política, principalmente del ex-presidente Néstor Kirchner lo que motivó por años su ausencia en el tradicional Tedéum del 25 de mayo en la Catedral Porteña.
Como Papa también. Con menos de un año al frente de la Iglesia, ordenó la descentralizacion y el reordenamiento de las finanzas del Vaticano para afrontar maniobras de corrupción y la creación de una comisión para la protección de los niños contra la pedofilia; pidió conocer a través de una encuesta la opinión de los fieles respecto del matrimonio gay, el divorcio y la anticoncepción, temas que anteriomente eran considerados tabúes; y se pronunció públicamente a favor de una mayor presencia de la mujer en la Iglesia, lo que motivó que algunos analistas lo llamaran el “Papa Peronista” por implementar políticas populares o ser un genio de los mensajes demagógicos.
Peronista o no, todos quieren a Dios en su equipo, a punto tal que muchos asesores ya especulan con una visita papal a la Argentina antes de las próximas elecciones o una señal de apoyo del Sumo Pontífice para 2015. Pero él (Francisco), rápido de reflejos, les hará una vez más una gambeta para seguir jugando la personal con la seguridad de saber que es el dueño de la pelota

miércoles, 1 de enero de 2014

J.A. Pagola Domingo 5 enero


Enviado a la página web de Redes Cristianas
En el prólogo del evangelio de Juan se hacen dos afirmaciones básicas que nos obligan a revisar de manera radical nuestra manera de entender y de vivir la fe cristiana, después de veinte siglos de no pocas desviaciones, reduccionismos y enfoques poco fieles al Evangelio de Jesús.
La primera afirmación es ésta: “La Palabra de Dios se ha hecho carne”. Dios no ha permanecido callado, encerrado para siempre en su misterio. Nos ha hablado. Pero no se nos ha revelado por medio de conceptos y doctrinas sublimes. Su Palabra se ha encarnado en la vida entrañable de Jesús para que la puedan entender y acoger hasta los más sencillos.
La segunda afirmación dice así: “A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer”. Los teólogos hablamos mucho de Dios, pero ninguno de nosotros lo ha visto. Los dirigentes religiosos y los predicadores hablamos de él con seguridad, pero ninguno de nosotros ha visto su rostro. Solo Jesús, el Hijo único del Padre, nos ha contado cómo es Dios, cómo nos quiere y cómo busca construir un mundo más humano para todos.
Esta dos afirmaciones están en el trasfondo del programa renovador del Papa Francisco. Por eso busca una Iglesia enraizada en el Evangelio de Jesús, sin enredarnos en doctrinas o costumbres “no directamente ligadas al núcleo del Evangelio”. Si no lo hacemos así, “no será el Evangelio lo que se anuncie, sino algunos acentos doctrinales o morales que proceden de determinadas opciones ideológicas”.
La actitud del Papa es clara. Solo en Jesús se nos ha revelado la misericordia de Dios. Por eso, hemos de volver a la fuerza transformadora del primer anuncio evangélico, sin eclipsar la Buena Noticia de Jesús y “sin obsesionarnos por una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”.
El Papa piensa en una Iglesia en la que el Evangelio pueda recuperar su fuerza de atracción, sin quedar obscurecida por otras formas de entender y vivir hoy la fe cristiana. Por eso, nos invita a “recuperar la frescura original del Evangelio” como lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y, al mismo tiempo, lo más necesario”, sin encerrar a Jesús “en nuestros esquemas aburridos”.
No nos podemos permitir en estos momentos vivir la fe sin impulsar en nuestras comunidades cristianas la conversión a Jesucristo y a su Evangelio a la que nos llama el Papa. Él mismo nos pide a todos “que apliquemos con generosidad y valentía sus orientaciones sin prohibiciones ni miedos”

El Papa llama a comprometerse con los problemas humanos

El Pontífice hace un llamamiento a “no mirar la vida desde el balcón” y pregunta a los fieles cuánto tiempo “han reservado” a Dios y al prójimo
El Papa Francisco ha hecho un llamamiento a “no mirar la vida desde el balcón” y a comprometerse con los problemas humanos, durante la ceremonia de Solemnidad de Santa María Madre de Dios, de las Primeras Vísperas y Te Deum de acción de gracias, celebrada esta tarde en la Basílica Vaticana.
“La Roma del año nuevo será mejor si no hay personas que la miran desde lejos, personas que no ven la vida desde el balcón, sin comprometerse con los problemas humanos”, ha alertado el Pontífice en su homilía ya que, según ha recordado, las personas con dificultades “son nuestros hermanos”.
Precisamente, la ciudad de Roma ha protagonizado gran parte de esta última homilía del año, en la que el Pontífice también se ha preguntado por la calidad de vida que existe en esta urbe, así como por la calidad de vida de sus ciudadanos. En este sentido, ha preguntado a los asistentes de qué modo han contribuido a hacer “habitable” la ciudad, al tiempo que ha apelado a la responsabilidad de todos los ciudadanos, no sólo de las autoridades, ya que, a su juicio, la ciudad es como “un mosaico, cuyas baldosas son todos aquellos que viven allí”.
“Roma es una ciudad de una belleza única. Su patrimonio espiritual y cultural es impresionante. Aún así, incluso en Roma hay muchas personas marcadas por la miseria moral, pobres, infelices, que sufren, que interpelan la conciencia de todo ciudadano”, ha denunciado el Papa, que también ha asegurado que “Roma es una ciudad llena de turistas, pero también llena de refugiados”, entre los que ha mencionado a las personas que no encuentran trabajo o cuentan con empleos poco remunerados.
Así, ha asegurado que “todo el mundo tiene el derecho a ser tratado con la misma actitud y equidad, porque cada uno es un portador de la dignidad humana” y ha preguntado a los fieles cómo actuarán el próximo año “para hacer un poco mejor nuestra ciudad”. Por ello, ha hecho un llamamiento a colaborar “con espíritu constructivo, por el bien de todos” para que los ciudadanos de Roma estén atentos y sean generosos con los que tienen dificultades.
En este sentido, ha destacado que la iglesia de Roma también se siente comprometida a contribuir a la vida y la futuro de la ciudad. “Es su deber”, ha apostillado.
Por otro lado, el Pontífice ha preguntado a los fieles cuánto tiempo “han reservado” a Dios y al prójimo en este 2013 ya que, en este último día del año, es habitual reunirse con los seres queridos y “recoger como en una cesta cada día, semana y meses vividos para ofrecerlos al Señor”.
“¿Cómo utilizamos el tiempo que se nos ha dado? ¿Lo hemos usado para nosotros, para nuestros intereses, o hemos sido capaces de gastar para los otros? ¿Cuánto tiempo hemos reservado para estar con Dios, en el silencio, en la oración?” se ha cuestionado, al tiempo que ha hecho un llamamiento a la calidad del tiempo, en vez de a la cantidad.
Un año más, un paso hacia Dios
El Santo Padre ha destacado que existe “una visión bíblica y cristiana del tiempo”, en el que la historia no es lineal sino cíclica, es un camino que va hacia un cumplimiento. “Un año ha pasado, es un paso más hacia la meta que está ante nosotros: un destino de esperanza y felicidad, porque nos encontraremos con Dios, razón de nuestra esperanza y fuente de nuestra alegría”, ha asegurado.
También ha pedido concluir el año del Señor “agradeciendo y pidiendo perdón”. En este sentido, ha insistido en dar “muchas gracias por todos los beneficios que Dios ha concedido y especialmente por su paciencia y fidelidad” que, según ha recordado, existe desde el inicio de los tiempos. “Todo año, todo mes, todo día, está lleno de su eterno amor”, ha subrayado.
El Papa ha mencionado las palabras del apóstol Juan, quien afirmó que había llegado “la hora final” en alusión a la llegada de Cristo, que implicaba la salvación de los hombres, y ha subrayado que también ahora “estamos en la última hora”, ya que cada momento y todas las acciones que se realizan están “cargadas de eternidad” y la respuesta que se da a Dios y a Jesucristo “incide sobre el futuro”.
Al finalizar la homilía, el Papa ha besado la figura del niño Jesús y el pie de la imagen de San Pedro. A la salida de la Basílica también ha besado a un niño y posteriormente, se ha dirigido a la Plaza San Pedro para visitar el belén navideño

lunes, 30 de diciembre de 2013

Nuevos provinciales salesianos para España


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El Rector Mayor ha nombrado a Juan Carlos Pérez Godoy, superior de la Inspectoría Santiago el Mayor, con sede en Madrid y a Ángel Fernández Artime Provincial de la Inspectoría María Auxiliadora, con sede en Sevilla. 

Fuente: Prensa. Salesianos España
El Rector Mayor de los salesianos don Pascual Chávez ha nombrado, de acuerdo con su Consejo, a Ángel Fernández Artime Provincial de la Inspectoría María Auxiliadora, con sede en Sevilla, y a Juan Carlos Pérez Godoy, Provincial de la Inspectoría Santiago el Mayor, con sede en Madrid. Estas serán las dos Provincias salesianas que saldrán de la reunificación, a partir de mayo del 2014, de las seis que existen en la actualidad en nuestro país.
Ángel Fernández Artime será el Superior Provincial de la Inspectoría María Auxiliadora, con sede en Sevilla, que agrupará las obras salesianas de Andorra, Cataluña, Aragón, Islas Baleares, Valencia, Murcia, Extremadura, Andalucía e Islas Canarias.
Juan Carlos Pérez Godoy, será el Provincial de la Inspectoría Santiago el Mayor, con sede en Madrid, que abarca las presencias salesianas de Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja, Castilla León, Castilla La Mancha y Comunidad de Madrid.
Dirigiéndose a los salesianos españoles, el Rector Mayor les ha pedido acoger a los nuevos provinciales como “enviados a vosotros  para acercaros y representaros el rostro y el corazón del mismo Don Bosco”. Los nuevos Inspectores tendrán que “guiar el delicado itinerario, ya en acto, de la recolocación de la presencia salesiana” en España, e impulsar procesos “que tengan como meta la santidad personal del salesiano, la renovación religiosa de las comunidades, la calidad de la propuesta educativo pastoral y la puesta en marcha de nuevos proyectos misioneros, salesianamente significativos”, ha señalado don Pascual Chávez.
Las dos nuevas Inspectorías salesianas de España comenzarán su andadura en mayo de 2014. Será cuando se constituyan oficialmente y culmine así el proceso de reorganización que, desde hace varios años, están llevando a cabo las seis provincias en las que, ahora, se divide la presencia salesiana en España.
Breve reseña biográfica
Ángel Fernández Artime, de 53 años, nació el 21 de agosto de 1960 en Gozón-Luanco (Oviedo), emitió la primera profesión salesiana el 3 de septiembre de 1978 en Mohernando (Guadalajara), la profesión perpetua el 17 de junio de 1984 en Santiago de Compostela y fue ordenado sacerdote el 4 de julio de 1987 en León. Originario de la Inspectoría Salesiana de León, fue delegado de pastoral juvenil, director del colegio salesiano de Orense, miembro del consejo provincial de esta inspectoría, de la que fue Vicario Inspectorial y, del 2000 al 2006 fue Provincial. También fue miembro de la comisión técnica que preparó el Capítulo General 26, que se celebró en 2008. En 2009 fue nombrado provincial de la Inspectoría Argentina Sur, con sede en Buenos Aires, cargo que ocupa en este momento. Es licenciado Teología Pastoral, Filosofía y Pedagogía.
Juan Carlos Pérez Godoy, de 54 años, nació el 5 de noviembre de 1959 en Burguillos, Sevilla. Hizo su primera profesión religiosa el 8 de septiembre de 1978 en Sanlúcar la Mayor (Sevilla), la profesión perpetua el 15 de agosto de 1984 en Sevilla, y en la capital hispalense también recibió la ordenación sacerdotal  el 5 de junio de 1987. Ha sido director de la obra salesiana de Cádiz, y director de la casa inspectorial de Sevilla. De esta inspectoría fue consejero provincial, delgado de pastoral juvenil, vicario y, del 2000 al 2006 Superior Provincial. También fue miembro de la comisión técnica que preparó el Capítulo General 26, que se celebró en 2008. En la actualidad es Vicario Inspectorial y Delegado de Pastoral Juvenil de la Inspectoría de Sevilla, cargos que compagina con el de director de la casa salesiana de Cádiz.
Licenciado en Ciencias Eclesiásticas, es Diplomado en Magisterio, Catequética, y máster en Pastoral Juvenil.
¡Bienvenido, Juan Carlos!

El Papa desconcertante José M. Castillo, teólogo

El 7 de marzo de 2013, antes del cónclave que eligió al papa Francisco, escribí en mi blog (Religión Digital) un texto, que el jesuita Álvaro Restrepo ha recordado recientemente en el “Anuario de la Compañía de Jesús 2014″ (p. 7): “El Vaticano no es una isla. Por eso, cuando tanta gente de buena voluntad dice que la Iglesia necesita un buen Papa, no se refiere a que el nuevo Pontífice sea conservador o progresista, de derechas o de izquierdas. Lo que importa es que sea un hombre libre y decidido. Necesita un hombre tan apasionado por el Evangelio, que desconcierte a todos cuantos en el papado buscan un hombre de poder y mando. El Papa debe resultar desconcertante. El día que el Vaticano sea el ‘punto de encuentro’ de todos los que sufren, ese día la Iglesia habrá encontrado el buen Papa que necesita”.
No ha pasado un año, y la revista TIME (11.XII.2013) ha proclamado al papa Francisco hombre del año en el mundo. ¿Motivo? Según la citada revista, “lo que le hace tan importante es la rapidez con la que ha capturado la esperanza de los millones de personas que habían abandonado toda esperanza en la Iglesia”.
¿Qué ha hecho el papa Francisco para dar tanta esperanza a tantos millones de seres humanos en tan poco tiempo? Muy sencillo. Ha tomado en serio el Evangelio. Tan en serio que, en unos meses, ha desconcertado a casi todo el mudo. Por su humanidad, su cercanía a los que sufren, su bondad, y también por su firmeza ante los corruptos. Todo eso, con una sencillez humilde que huye de la ostentación que lleva consigo el poder, sobre todo el poder religioso. Francisco ha desplazado el centro de la Iglesia: del poder a la bondad. Consecuencia: un papa desconcertante.
Exactamente como fue Jesús. Lo sabemos por los evangelios. Jesús fue un hombre que vivió y habló de tal manera que resultó desconcertante para cuantos le conocieron y se acercaron a él. Aquello fue el desconcierto que produce la bondad. Jesús desconcertó a Juan Bautista que esperaba un mesías amenazante y castigador de los pecados y pecadores (Mt 3, 1-12; Lc 3, 1-18), pero se enteró de que Jesús se dedicaba a remediar el sufrimiento de los marginados y a hacerse amigo de publicanos y gente de mala vida (Mc 2, 14-17; Mt 9, 10-13; Lc 5, 29-32; 15, 1-2 ss), luchando contra el dolor humano. De ahí, la pregunta que Juan le envió a Jesús: “¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otro?” (Mt 11, 2-6; Lc 7, 18 ss).
Jesús desconcertó a su familia que lo tomó por loco (Mc 3, 21); o lo despreció y se negó a creer en él (Mc 6, 1-6; Jn 7, 5). Jesús desconcertó a sus discípulos que vieron en él a un fantasma (Mc 4, 35-41; Mt 8, 23-28; Lc 8, 22-25) y, aunque le “siguieron” (Mt 19, 27 par), la pura verdad es que nunca acabaron de creer en él (Mt 17, 17. 20: Lc 24, 11. 34; Lc 8, 25) porque su fe era tan escasa que prácticamente fue como nada (ni como un grano de mostaza) (Mt 8, 26; 14, 31; 16, 8; Lc 12, 28) o sea, nunca se fiaron plenamente de él. Jesús desconcertó sobre todo al apóstol Pedro, al que designó como “roca” fundamental de la Iglesia (Mt 16, 18) y, a renglón seguido, el mismo Jesús le echó en cara que era el “Satanás” que se tenía que “quitar de en medio” (Mt 16, 23). Jesús desconcertó a quienes lo acusaron de “blasfemo” (Mc 2, 7 par; Mt 26, 65 par; Jn 5, 18; 10, 33), de “Beelzebul” (jefe de los demonios) (Mt 10, 25; 12, 24 par) , de “escandaloso” (Mt 11, 6; 13, 57; 26, 31. 33 par). Jesús desconcertó a todo el mundo, hasta el final de su vida, que fue lo más desconcertante de todo.
Jesús hizo tanto bien porque fue mucho lo que desconcertó. En una sociedad corrupta y deformada, una persona que se ajusta a lo que se viene haciendo y, por tanto, no desconcierta a nadie, es una persona que pasa por la vida sin pena ni gloria, que se lo pasa bien, y lo deja todo como estaba.

El papa Francisco no ha hecho nada más que empezar. Todavía nos tiene que desconcertar mucho más. Una Iglesia, que ha llegado casi hasta el fondo de su descomposición, necesita mucho desconcierto para salir del pozo en el que se ha metido. Francisco tiene que desconcertar aún más a progresistas y conservadores, a los de izquierdas y a los de derechas. No le va a temblar el pulso. Este obispo de Roma tiene todavía que romper muchos esquemas, acabar con muchas normas, abrir nuevos caminos, que aún no imaginamos. Ésta es la hora en que todavía no nos desconcierta suficientemente el Evangelio. Por eso este papa nos ha sorprendido mucho. Pero no hemos llegado al fondo del desconcierto que produjo Jesús colgado en la cruz. Ni hemos seguido la forma de vida que llevó a Jesús a terminar así. Para poder secar tantas lágrimas en este mundo y devolver la esperanza a los que la han perdido. Pero eso se conseguirá a costa de mucho desconcierto.   

Francisco: Las fronteras de un sueño Pedro Miguel Lamet


No le temblaron las piernas en la capilla Sixtina. Jorge Bergloglio ha confesado que en ese momento decisivo del “sí” sintió una paz que no le ha abandonado desde entonces. Lo refleja su rostro distendido y sonriente, como si esa fuerza interior le acompañara siempre. Y el mundo, creyente o no, parece haberle aceptado con una excelente acogida, incluidos los medios de comunicación que lo proclaman “hombre del año”.
Pero cabe preguntarse si su revolución copernicana por la que intenta retirarse del vértice de la Iglesia, devolviendo la centralidad a la figura de Cristo y recuperar la importancia conciliar de la colegialidad y el protagonismo del Pueblo, así como lanzarla a la periferia, cuenta con todos los apoyos necesarios. ¿Podrá el Papa llevar a cabo su sueño? ¿Qué límites tiene dentro y fuera de la institución? ¿Hasta qué fronteras conseguirá ampliar la apertura eclesial?
Es evidente que no quiere protegerse con antibalas, ni con la mitificación secular de su cargo, ni desde luego tras el fulgor de oropeles. Sin embargo una sorda oposición se va desenmascarando en su entorno. Primero, desde una sociedad dominada por la dictadura del mercado, a la que fustiga sin miedo, acusándola incluso de “matar” a sus víctimas. No olvidemos la frase de Lyndon B. Johnson en 1969 después de leer el Informe Rockefeller: “Lo pobres son un enemigo que quiere lo que nosotros tenemos”. El “Papa de los pobres” ya ha recibido los envites del Tea Party acusándolo de marxista. Aunque afortunadamente Francisco es de los que contesta a pie de titular, dejando claro que dicha ideología está equivocada, pero no las personas, pues muchos marxistas son sus amigos. En este plano sociológico, como en otros, guarda una inteligente equidistancia entre la humanidad y la pureza de la doctrina, la ortodoxia y el diálogo. Su pensamiento es el de Doctrina Social de la Iglesia, pero su corazón no es el de un jefe, sino el de un hermano.
Nadie puede saber hasta qué punto los dueños del poder económico, incluidos sus sicarios mafiosos, llegarán a movilizarse contra él. Pero, como demostró el fundador del cristianismo, no hay mayor fuerza que la debilidad ni palanca más poderosa que el amor. Más de temer son los opositores de dentro. Entre estos han surgido los de menor fuste, los aristócratas del formalismo, los que han dejado de leer el Evangelio para apegarse al mito ritual, a los capisayos, y al alambicamiento del lenguaje eclesiástico. No soportan que un papa se despoje de oro y púrpura, prefiera una pensión a un palacio, y un utilitario a un Mercedes y que además se entienda. Le acusan de “cutre” exactamente como los fariseos a Jesús, un “predicador rural”, que se juntaba con publicanos, lisiados y prostitutas. Esto ha indignado incluso al secretario de su predecesor, que vio en estos gestos un feo a Benedicto XVI, quien por cierto mantiene su admirable silencio.
Más peligrosos son los sectores de la curia, que ha comenzado a reformar de sus escandalosos manejos revelados por los vatileaks. En esto, como en el tema de la pederastia no le tiembla la mano, y ha tenido la inteligencia de no actuar sólo, sino con un comité de ocho cardenales de la Iglesia universal, que le respalda.
Si bien el terreno más pantanoso por donde ha de caminar sigue siendo el de la doctrina. La Iglesia católica sostiene que no se fundamenta sólo en la Revelación, sino también en la Tradición, y esta, acumulada durante siglos, hace que se mueva con pasos paquidérmicos. Ahí tiene clavados miles de ojos avezados en el dogma, la moral, el Derecho Canónico y el “siempre se hizo así”. Sobre todo afilan sus estiletes los casuistas en moral sexual. En esta materia la habilidosa fusión del carisma del de Asís con el sentido práctico del universitario Loyola, junto a un gran conocimiento del mundo actual, le prestan la sabiduría de caminar sobre seguro. Nadie hasta ahora ha conseguido cazarle en un renuncio teológico. Paradigmática en este sentido es su respuesta sobre los homosexuales, comparable a la de Jesús a los que pretendían apedrear a la adúltera.
El próximo sínodo de la familia va a convertirse en la primera tormenta de ideas no meramente consultiva sino deliberativa de este organismo creado por el Concilio. Y la polémica admisión a la comunión de los divorciados, por ejemplo, si se consigue, irá más en la línea de flexibilizar las nulidades, como en la Iglesia Ortodoxa, que en modificar la indisolubilidad. Un misterio sin resolver es si cambiará o no la ley vigente del celibato que, al no ser de “derecho divino”, no pertenece al dogma y es modificable. No deja de ser sintomático que sobre esta cuestión no se haya aún pronunciado.
Me consta que hay un sector feminista de la Iglesia desilusionado por la forma de abordar el papel de la mujer.. No pocas piensan que su marginación en la Iglesia no cesará hasta conseguir su acceso al sacerdocio, puerta cerrada por Juan Pabl II de forma contundente, y que Francisco no abrirá. También ha clausurado la del cardenalato, que algunos veían como viable, puesto que bastaría para ello el diaconado, recurso apuntado hace años por algunos padres sinodales. El papa lo descarta como forma de “clericalismo”.
Pero, si esta frontera resulta infranqueable, el ecumenismo se presenta como un horizonte lleno de promesas. Un papa, gran amigo de judíos en Buenos Aires, que despierta la admiración sincera de líderes de otras Iglesias, y que afirma que las sangres de un protestante y un católico se mezclan en una al derramarse, dice más que al debatir diferencias teológicas.

La gran reforma de Francisco sin embargo es la de devolver al papado un rostro humano y por tanto más divino; la de bajar a la calle y encaminar un ministerio petrino absoluto a un corresponsable “primus inter pares”. El teólogo español Juan de Dios Martín Velasco lo ha expresado con acierto: Si la historia hasta ahora se ha encargado de “eclesializar al cristianismo, Francisco ha emprendido la tarea de recristianizar la Iglesia”. No es poco. Viene a ser tanto como aproximarse a aquellos inspirados versos de Rafael Alberti al San Pedro de bronce del Vaticano: “Haz un milagro, Señor. / Déjame bajar al río, / volver a ser pescador, / que es lo mío.” Un sueño que parece ser real y romper fronteras.
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