FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

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lunes, 11 de marzo de 2013

Encuentro formativo en torno a la vocación

Como todos los años, los Salesianos Cooperadores se daban cita en Loiola, entre el 8 y el 10 de marzo,  para celebrar su encuentro anual. Intenso fin de semana entre la formación y la organización, la organización y la celebración.
Marian Serrano
Salesiana Cooperadora de Pamplona

La crónica completa y las fotos, que también hablan por sí solas, se pueden leer y observar en la página provincial de los Salesianos Cooperadores. 
La vocación estuvo presente en todos los corazones, Don Bosco se hizo presente en varios momentos, ¡siempre alegre y hablando al oído, en otras ocasiones! Además se trabajó en torno a otras vocaciones: la de San Ignacio de Loiola, la de Juan Pablo II, y la Madre Teresa de Calcuta. Se rezó, se celebró.
En torno a 100 participantes, familias completas, llenaron las estancias de la casa de espiritualidad. ¡Ojalá también hayan llenado sus “vasos” de espiritualidad!

Cuatro símbolos pueden resumir el encuentro: La roca, la luz, la cruz y el “Sí”.

El Cónclave arranca el martes Jesús Bastante

Los cardenales se retirarán el lunes por la noche a la Casa Santa Marta
La Misa Pro Eligendo Pontífice tendrá lugar el 12 de marzo por la mañana
Habemus Conclave. El 12 de marzo por la mañana, Misa Pro Eligendo Pontífice y, tras el almuerzo, comenzarán las votaciones en la Sixtina. El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, así lo ha apuntado en un mensaje a los medios, mientras que el portavoz para lengua española, José María Gil Tamayo, lo confirmaba en conversación telefónica con Religión Digital.
Según la información recabada, los cardenales menonres de 80 años se trasladarán el lunes por la noche a la Casa Santa Marta, y el martes por la mañana participarán, junto a los no electores, en la Misa Pro Eligendo Pontifice, tras la cual almorzarán en la Casa de Santa Marta. Después de la comida, se dirigirán a la Capilla Sixtina para comenzar con las votaciones para elegir al sucesor de Benedicto XVI. Probablemente sólo una en la tarde del martes, cuando alrededor de las cinco de la tarde pordía haber fumata blanca, y consiguientemente nuevo Papa.
“Se va a seguir el procedimiento establecido en la constitución apostólica”, apuntó a RD José María Gil Tamayo. Las reformas en la misma, apuntaladas por el propio Benedicto XVI, permitían el adelanto del Cónclave. Finalmente, sólo se ha adelantado tres días a la fecha prevista, en contra del criterio inicial de los cardenales italianos y curiales, que pretendían un inicio de elección rápido.
Al parecer, habría vencido la postura planteada por los cardenales norteamericanos y alemanes, que pedían un precónclave largo, a fin de que se conocieran lo más posible virtudes y defectos de los candidatos, así como se pudiera establecer un perfil lo más ajustado posible del próximo Papa y los retos que han de afrontar. Un precónclave largo a cambio de un Cónclave rápido. ¿Será así?
En este punto, según han apuntado fuentes vaticanas a RD, esta opción ha contado con el apoyo mayoritario de los cardenales no electores, que sí tenían capacidad de voto en las congregaciones generales.
Hasta hoy por la mañana no se encontraban en Roma los 115 cardenales con derecho a voto. Ha sido entonces cuando el decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano, ha propuesto a los cardenales hacer una primera votación, que se pospuso hasta esta tarde.
A lo largo de esta semana, los purpurados han podido establecer las reglas del juego y, a su vez, comprobar las diferencias de criterio ente unos y otros. El caso “Vatileaks” y la imposición del silencio informativo han marcado el debate, donde también se ha hablado de temas de fondo: desde la colegialidad en el Gobierno de la Iglesia al diálogo interreligioso, la nueva evangelización, la necesidad de llevar un mensaje más optimista a la sociedad y, en el último momento, pero dentro de la discusión, el papel de la mujer en la institución.
Será tras 12 días de Sede Vacante y 29 días después de que Benedicto XVI anunciara su renuncia. Desde el pasado jueves los 115 cardenales electores están presentes en Roma y han decidido la fecha en la que se encerrarán para elegir al nuevo Papa.

Disyuntivas de Benedicto y Cónclave entre dos aguas Juan Masiá, teólogo

¿Logró, con su decisión, desacralizar el papado?
Hasta poco antes de su despedida final nos dejaba perplejos
Aunque Joseph Ratzinger fue durante 24 años mano derecha y segundo de a bordo de Juan Pablo II, se notaba su sintonía con Pablo VI, sobre todo a la hora de dudar y elegir.
Al diplomático Papa Pablo se le calificó de Hamlet por sus incertidumbres a la hora de tomar decisiones como la Humanae vitae que dejaban insatisfechos a revisionistas y tradicionales.
También el Papa teólogo registra en su trayectoria una serie de perplejidades ante la disyuntiva entre acelerar o dar marcha atrás.
Cuando Ratzinger escribía Momentos brillantes del Concilio (1966), no se recataba afirmar que “catolicidad no significa latinidad”. Alababa el teólogo bávaro la “visión de futuro” del documento conciliar sobre liturgia por la participación comunitaria y el uso de la lengua vernácula. Pero, ya de Papa, Benedicto XVI publica, en 2007, la disposición sobre la misa en latín, intentando sin éxito ganarse a la oposición lefebvriana.
Escindido entre la clarividencia del renovador y la nostalgia del restauracionista, sufriría a menudo por no salir de la disyuntiva.
Cuando la asamblea conciliar rechazaba en 1962 las propuestas de las comisiones preparatorias, la voz de Ratzinger asesorando a obispos sonaba al unísono con las de Rahner, Schillebeecks, Küng y otros revisionistas para pedir el cambio. Los documentos redactados por la burocracia de la Curia romana “se apoyan, decía por aquel entonces el joven Ratzinger, en una teología en latín del último siglo, en continua lucha contra la modernidad y tienen una visión estrecha, incompatible con la catolicidad”.
Pero un cuarto de siglo más tarde, ya como Presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger apadrina con la publicación del Informe sobre la fe (1984) la corriente involucionista de restauración y condiciona el Sínodo extraordinario de conmemoración de los veinticinco años del Concilio (1985) para alentar la marcha atrás de su implementación. En los años siguientes, coordina el Catecismo (1992), donde predomina la teología romana que había sido tan criticada en los días del Concilio. ¿Se había ido al otro lado del péndulo o no salía de la disyuntiva?
En uno de sus primeros discursos como Papa ante la Curia, cuestiona Benedicto XVI la interpretación del Concilio. Insiste, por una parte, para dolor de reaccionarios, en que no hay marcha atrás; reivindica la libertad religiosa, la apertura al ecumenismo, el encuentro interreligioso y el diálogo con el mundo de hoy.
Pero recalca, por otra parte, con pesar para la teología avanzada, que el Concilio no significó la más mínima ruptura con la tradición y culpa a los medios de comunicación por escenificar con deformación exagerada las luchas en el interior de la iglesia. Renovación, pero sin reforma. O reforma, pero sin ruptura.
Ni satisface a integristas, ni convence a revisionistas. Persiste la disyuntiva entre nostalgia del pasado o lucidez ante el futuro.
¿Consiguió el hoy Papa emérito, romper al fin la disyuntiva con su renuncia? ¿Logró, con su decisión, desacralizar el papado? No sabemos. La casa pontificia apoyó su retiro dentro del mismo Vaticano, como Papa emérito, y planeó su último adiós con lo que se ha llamado una “necrológica en vida”.
En sus últimos días de pontificado parecían acentuarse las disyuntivas entre hacer caso a la voz de la inteligencia o la del cuerpo, entre la necesidad de adoptar decisiones reformadoras y la de pasar el testigo al sucesor.
Insistió repetidamente en su debilidad física y mental para acometer la tarea de reforma pendiente en la iglesia. Pero sorprendió su energía corporal y lucidez mental durante la larga exhortación al clero romano; no fue un simple adiós, sino una reflexión amplia sobre el Concilio Vaticano II, improvisada sin papeles. Hasta poco antes de su despedida final nos dejaba perplejos, diciendo en su discurso que no renuncia al compromiso adquirido al aceptar el papado y, al mismo tiempo, que se retira de la vida pública. Si él no resolvía la disyuntiva, tampoco su entorno curial que, a la vez que anula su anillo y reconoce que ya no es Papa, sigue tratándolo como Papa emérito y no se atreve siquiera a llamarle reverendo don José.
¿Seguirán estando tales disyuntivas como telón de fondo en el Cónclave, acentuando el temor de los electores, tanto ante reformas como ante frenos, obligándoles a medias tintas de compromiso diplomático? ¿Optarán los cardinales electores por un candidato gris que prolongue la inveterada costumbre de la diplomacia vaticana: sí, pero no; no, pero sí? ¿Se apuntarán con pretexto de conciliación, a apostar por una de esas vías medias que acaban en inmovilidad de ultraderechas disfrazadas de centro? ¿Caerán en la tentación de naúfragos aferrándose a lo que parece seguro? ¿O tendrán la audacia de prestar atención a la vox populi, que en este caso parece estar más cerca que nunca de ser vox Dei?

Resolución favorable sobre el “Jesús” de Pagola José Antonio Pagola

“A quienes han leído mi libro o han seguido de cerca las polémicas suscitadas a lo largo de estos seis años”
He recibido con satisfacción la resolución definitiva de la Congregación Romana para la Doctrina de la Fe sobre mi libro, Jesús. Aproximación histórica. Con este motivo quiero dirigirme a quienes han leído mi libro o han seguido de cerca las polémicas suscitadas a lo largo de estos seis años.
1. Antes que nada, quiero decir que recibo las decisiones que se han tomado sobre mi libro como un estímulo que me reafirma en lo que, en estos momentos, es el único objetivo de mi vida: contribuir a que los hombres y mujeres de hoy podamos conocer mejor la personalidad apasionante de Jesús, acoger con más entusiasmo su proyecto de construir un mundo más humano, y acercarnos con más fe al misterio de esperanza que se encierra en su persona.
2. A quienes habéis leído mi libro os puede interesar conocer, aunque sea de manera concisa, las principales decisiones tomadas por Roma. En lo referente a cuestiones doctrinales, la Congregación reconoce que mi libro no contiene ninguna proposición contraria a la fe, por lo cual no me ha pedido corregir ningún error doctrinal o afirmación herética. En lo referente a cuestiones metodológicas, la Congregación hace diversas consideraciones sobre el objetivo y la naturaleza de mi libro, y sobre la relación entre fe e investigación histórica. Sin embargo, no ha considerado necesario pedirme una revisión del enfoque de mi obra ni tampoco corrección alguna sobre la metodología que empleo en mi trabajo.
3. Lo que se me ha pedido es que, “para evitar equívocos y malentendidos” introduzca en futuras ediciones “las modificaciones” sugeridas por mí mismo, en torno a cinco puntos concretos. No he dudado en ningún momento en colaborar con esta disposición, pues lo único que he buscado siempre ha sido que mi libro siga sembrando la Buena Noticia de Jesús. La nueva edición saldrá próximamente.
4. En estos momentos quiero agradeceros vivamente a los que, a lo largo de estos años, me habéis manifestado de diversas maneras vuestra cercanía y apoyo incondicional. He podido leer conmovido la experiencia que habéis vivido muchos de vosotros al leer mi libro. Me decís que Jesús ha cambiado radicalmente vuestra vida, que en él os habéis encontrado por fin con un Dios Amigo, que os habéis reafirmado en vuestra fe, que os habéis comprometido a vivir de manera evangélica… Gracias a todos. Me habéis hecho experimentar que Jesús sigue vivo en medio de nosotros.
5. Ahora solo miro al futuro. Quiero vivir mis últimos años colaborando en lo que considero la tarea más urgente en la Iglesia actual: volver a Jesucristo como la única verdad de la que nos está permitido vivir y la única fuerza que nos puede hacer caminar hacia una Iglesia más evangélica al servicio de un mundo más humano. Ya no sabría vivir de otra manera.
lagogalilea@hotmail.com
SAN SEBASTIÁN (GUIPUZCOA).
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

domingo, 10 de marzo de 2013

El colapso de su teología: ¿razón principal de la renuncia de Benedicto XVI?

BoffSiempre es arriesgado nombrar a un teólogo para la función de papa. Él puede hacer de su teología particular la teología universal de la Iglesia e imponerla a todo el mundo. Sospecho que este ha sido el caso de Benedicto XVI, primero como cardenal, nombrado Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex-Inquisición) y después como Papa. Tal hecho no goza de legitimidad y se transforma en fuente de condenaciones injustas. Efectivamente condenó a más de cien teólogos y teólogas por no encuadrarse en su lectura teológica de la Iglesia y del mundo.
Razones de salud y sentimiento de impotencia frente a la gravedad de la crisis en la Iglesia lo llevaron a renunciar. Pero no solo eso. El texto de su renuncia  habla de la “disminución de vigor del cuerpo y del espíritu” y de “su incapacidad” para enfrentar las cuestiones que dificultaban el ejercicio de su misión. Detrás de estas palabras, estimo que se oculta la razón más profunda de su renuncia: la percepción del colapso de su teología y del fracaso del modelo de Iglesia que quiso implementar. Una monarquía absolutista no es tan absoluta hasta el punto de vencer la inercia de envejecidas  estructuras curiales.
Las tesis centrales de su teología siempre fueron problemáticas para la comunidad teológica. Tres de ellas acabaron siendo refutadas por los hechos: el concepto de Iglesia como un «pequeño mundo reconciliado»; que la Ciudad de los Hombres sólo adquiere valor delante de Dios pasando por la mediación de la Ciudad de Dios, y el famoso «subsistit» que significa: sólo en la Iglesia católica subsiste la verdadera Iglesia de Cristo, todas las otras Iglesias no se pueden llamar Iglesias. Esta concepción estrecha de una inteligencia aguda pero rehén de sí misma, no tenía la suficiente fuerza intrínseca ni la adhesión necesaria para ser implementada. ¿Benedicto habría reconocido el colapso y coherentemente renunciado? Hay razones para esta hipótesis.
El Papa emérito tuvo en san Agustín a su maestro e inspirador, de hecho fue objeto de algunas conversaciones personales con él. De Agustín asumió la perspectiva de base, comenzando por su esdrújula teoría del pecado original (se transmite por el acto sexual de la procreación). Esto hace que toda la humanidad sea una «masa condenada». Pero dentro de ella, Dios por Cristo instauró una célula salvadora, representada por la Iglesia. Ella es «un pequeño mundo reconciliado» que tiene la representación (Vertretung) del resto de la humanidad perdida. No es necesario que tenga muchos miembros. Bastan pocos, siempre que sean puros y santos. Ratzinger incorporó esta visión. La completó con la siguiente reflexión: la Iglesia está constituida por Cristo y los doce apóstoles. Por eso es apostólica. Es solo este pequeño grupo. Excluye a los discípulos, a las mujeres y las masas que seguían a Jesús. Para él no cuentan. Son alcanzadas por la representación (Vertretung) que «el pequeño mundo reconciliado» asume. Este modelo eclesiológico no tiene en cuenta el vasto mundo globalizado. Quiso entonces hacer de Europa «el mundo reconciliado» para reconquistar la humanidad. Fracasó porque el proyecto no fue asumido por nadie y hasta fue puesto en ridículo.
La segunda tesis está tomada también de san Agustín y de su lectura de la historia: la confrontación entre la Ciudad de Dios y la Ciudad de los Hombres. En la Ciudad de Dios está la gracia y la salvación: ella es el único camino que conduce a la salvación. La Ciudad de los Hombres se construye por el esfuerzo humano. Pero, como ya está contaminado todo su humanismo y sus otros valores, no consiguen salvarse porque no han pasado por la mediación de la Ciudad de Dios (Iglesia). Por eso ella está plagada de relativismos. Consecuentemente el cardenal Ratzinger condena duramente la teología de la liberación, porque ésta buscaba la liberación por los mismos pobres, hechos sujetos autónomos de su historia. Pero como no se articula con la Ciudad de Dios y su célula, la Iglesia, es insuficiente y vana.
La tercera es una interpretación muy personal suya que da del Concilio Vaticano II cuando habla de la Iglesia de Cristo. La primera redacción conciliar decía que la Iglesia católica es la Iglesia de Cristo. Las discusiones buscando el ecumenismo, substituyeron es por subsiste para dar lugar a que otras Iglesias cristianas, a su modo, realizasen también la Iglesia de Cristo. Esta interpretación sustentada en mi tesis doctoral mereció una explícita condena del cardenal Ratzinger en su famoso documento Dominus Jesus (2000), donde afirma quesubsiste viene de «subsistencia» que sólo puede ser una y se da en la Iglesia católica. Las demás «iglesias» poseen «solamente» elementos eclesiales. Este «solamente» es un añadido arbitrario que hace al texto oficial del Concilio. Tanto algunos notables teólogos como yo mismo mostramos que este sentido esencialista no existe en latín. El sentido es siempre concreto: «conseguir cuerpo», «realizarse objetivamente». Este era el «sensus Patrum» el sentido de los Padres conciliares.
Estas tres tesis centrales han sido refutadas por los hechos: dentro del «pequeño mundo reconciliado» hay demasiados pedófilos hasta entre los cardenales, y ladrones de dineros del Banco Vaticano. La segunda, que la Ciudad de los Hombres no tiene densidad salvadora delante de Dios, se construye sobre un error al restringir la acción de la Ciudad de Dios solamente al campo de la Iglesia. Dentro de la Ciudad de los Hombres se encuentra también la Ciudad de Dios, no bajo forma de conciencia religiosa sino bajo forma de ética y de valores humanitarios. El Concilio Vaticano II garantizó la autonomía de las realidades terrestres (otro nombre para secularización) que tiene valor independientemente de la Iglesia. Cuentan para Dios. La Ciudad de Dios (Iglesia) se realiza por la fe explícita, por la celebración y por los sacramentos. La Ciudad de los Hombres, por la ética y por la política.
La tercera, que solamente la Iglesia Católica es la única y exclusiva Iglesia de Cristo y, todavía más, que fuera de ella no hay salvación, tesis medieval resucitada por el cardenal Ratzinger, fue simplemente ignorada como ofensiva a las demás Iglesias. En vez de «fuera de la Iglesia no hay salvación», se introdujo en el discurso de los papas y de los teólogos «la oferta universal de salvación a todos los seres humanos y al mundo».
Alimento la seria sospecha de que tal fracaso y colapso de su edificio teológico, le quitó “el necesario vigor del cuerpo y del espíritu” hasta el punto de, como confiesa, de “sentirse incapaz de ejercer su ministerio”. Cautivo de su propia teología, no le quedó otra alternativa sino honestamente renunciar.
Traducción de Mª José Gavito Milano

Modernidad y premodernidad en el Vaticano Juan José Tamayo, Director de la Cátedra de Teología de la Universidad Carlos III de Madrid

Enviado a la página web de Redes Cristianas
En el Vaticano conviven hoy dos tendencias no fácilmente armonizables: la espectacular representación de la dimisión y despedida del Papa, y el funcionamiento premoderno de la institución eclesiástica. Es lo que llamaría el filósofo de la esperanza Ernst Bloch la “no-contemporaneidad”. Lo estamos viendo y viviendo estos días, y lo seguiremos comprobando hasta que se produzca la elección del nuevo Papa.
La dimisión, contra todo pronóstico, y la despedida, producida con gran celeridad, han contado con un estética impecable, diseñada por el propio papa hasta los mínimos detalles: el nombre a dar al dimisionario, el tratamiento a recibir, la ropa a vestir, los zapatos a calzar, el servicio femenino por el que va a ser atendido, el juego de luz de la despedida del atardecer del 28 de febrero con el helicóptero sobrevolando la cúpula del Vaticano, las decenas de miles de personas despidiendo al papa en la plaza de san Pedro, las miles de personas para recibirlo en Castelgandolfo a su llegada.
Era lo más parecido a la despedida en vida de una estrella. Todo un espectáculo transmitido en directo donde nada desentonaba. El diseño fue perfecto con los medios técnicos más modernos, sin reparar en costes económicos. Pareciera que la crisis que azota a la sociedad italiana se hubiera detenido en el Vaticano y no le afectara. A todo esto cabe añadir la impresión de la gente más crédula que decía ver en el helicóptero sobrevolando el cielo romano el revoloteo del Espíritu Santo por la cúpula del Vaticano asistiendo a la Iglesia en sede vacante. ¡La tercera persona de la Santísima Trinidad, no en forma de paloma sino a modo de helicóptero: el extremo de la posmodernidad!
Esta representación contrasta con la premodernidad del Vaticano -cuyo reloj pareciera haberse detenido en el Medioevo-, que se manifiesta en la organización, la doctrina y la moral de la Iglesia católica, que es la monarquía más longeva de la historia. Ella conserva intactas las estructuras del Antiguo Régimen con un dirigente que detenta el poder absoluto, tiene el título de Vice-Cristo y está investido de un atributo que ningún otro poderoso ha osado reclamar: la infalibilidad. Tiene carácter estamental: clérigos-laicos, jerarquía-pueblo cristiano, Iglesia docente-Iglesia discente. Posee una estructura patriarcal: las mujeres no son consideradas sujetos morales ni eclesiales; a ellas no se les reconoce capacidad para ejercer funciones sacerdotes y directivas, alegando para ello que esa fue la voluntad de Cristo al “fundar la Iglesia”.
La mejor representación de la premodernidad de la Iglesia católica es la institución del cónclave: 115 príncipes de la Iglesia, nombrados por los dos papas anteriores, elegirán al “Vicario de Cristo”. No creo que, con esa forma de elección, el nuevo papa se considere representante de los cerca de 1200 millones de católicos de mundo. Si quiere serlo deberá cambiar las normas de elección e iniciar un proceso de democratización de la Iglesia desde abajo. De lo contrario sólo representará a los 115 que lo han elegido. Y esa me parece una representación muy exigua para lo numerosa que es la Iglesia.
(EL PERIODICO DE CATALUNYA, 9 de marzo de 2013)

Una nueva nota “vergonzosa” de Camino José Manuel Vidal

No es la primera vez y no será la última, aunque ya le queda menos en el cargo. Cada vez que no le gusta un resolución (aunque sea vaticana), el portavoz de la CEE, monseñor Martínez Camino, tira de “Nota de la Oficina de prensa de la CEE”. ¡Y el pobre Isidro Catela que no tiene más remedio que dejarse utilizar! Pero todo el mundo sabe que la nota la redacta, la firma y manda publicarla el secretario-portavoz. Con el único objetivo (en éste como en otros muchos casos a lo largo de su estancia en la Casa de la Iglesia) de mezclar las cartas, de justificar sus decisiones contrariadas y dar munición (o intentarlo) a los tira-piedras e incendia-hogueras. Indignante humanamente y repelente cristianamente.
Concedo que la nota que mandó ayer José Antonio Pagola puede ser una interpretación. Aunque me sorprendería que un teólogo de su talla se columpiase de esa forma y tratase de vender como blanco lo que, según Camino, es negro. De todas formas, ante la carta de Pagola no cabe una nota de la CEE. O dicho de otra forma, la única nota de la CEE que cabe es la publicación del informe íntegro (en latín y traducido) de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No una nota propia, amañanda, tergiversada…y tantas otras cosas.
Y ya que no fue eso lo que hizo la CEE, el que tiene que salir ahora a la palestra es el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla. Primero para defender a su cura ante las insidias y medias verdades de Camino. Y segundo, para publicar enterita la nota de la CDF, que obra en su poder. Ya no puede seguir escondiéndose.
En cuanto a la nota de Camino, ¿a quién pidió permiso para publicarla? ¿Á quién consultó? ¿Con quién pactó la nota? ¿Avisó, al menos, al presidente de la CEE, cardenal Rouco Varela?
Porque, ahora, el que queda en entredicho es el presidente del episcopado. O reconoce que Camino actúa (lleva años actuando) por su cuenta y riesgo o, por fin y de una vez por todas, le para los pies. Y le dice, públicamente, que ésa nota no es compatencia de la CEE ni de ninguno de sus órganos colegiados. Y que, por lo tanto, si la ha publicado que asuma su autoría y que explique a la gente que no es la voz de la CEE, sino la de Camino.
Un Camino que, como siempre, se niega a dar su brazo a torcer. Y, por querer quedar como el aceite, es capaz de ensañarse con un teólogo que ya ha sufrido tanto y tan injustamente…Por eso, la actitud y la decisión del secretario de la CEE clama al cielo. Es una injusticia de libro. Es una ruindad, que no debería estar permitida entre clérigos. Aunque, al final, deje en evidencia y retrate al que la escriba. Pero también engaña a los sencillos y siembra la confusión. Y eso no deberá consentirlo, usted.
Ya está bien. Señor cardenal, haga algo o digal algo. Antes de encerrarse en el cónclave. Le quedan todavía tres días. Más que suficiente para no hacese cómplice de la jugada (sin duda pecaminosa) de su secretario general y obispo auxiliar. En honor a la transparencia que están pidiendo todos los cardenales en el precónclave. Transparencia en la Curia y transparencia en la CEE.

Reunión del Consejo Regional de Antiguos Alumnos


El sábado 9 de marzo fue el día elegido para realizar la reunión anual de la Regional de Antiguos Alumnos. Con el encendido de la vela de la Federación Internacional de Exalumnos que representa la unión entre todas las Asociaciones, daba comienzo la reunión.
Txemari Zuza
Sebastian Muñoz, como vicario de la inspectoria de Bilbao y en nombre del Sr. Inspector, Félix Urra, dio la bienvenida y animó a trabajar con la misma ilusión y ganas como hasta ahora.
Se leía y aprobaba el acta de la reunión anterior por unanimidad y se daba la palabra a Luis Fernando Álvarez, el nuevo delegado para los Antiguos Alumnos quien saludó y manifestó lo que los salesianos sienten por los antiguos alumnos, como lo hizo D. Bosco el 24 de junio cuando le felicitó D. Castini con corazón de plata para que D. Bosco supiera lo que lo querían los Antiguos Alumnos. Su segundo mensaje animó a crecer en número de asociados jóvenes, es urgente, y también en la creación de más asociaciones locales. Hizó una invitación al consejo nacional de Montilla que se celebrará el 1 y 2 de junio de este año, donde entre otras cosas se elegirá al sucesor del presidente nacional, Francisco Salazar.
En esta reunión se ha elegido a Ismael Arnaiz como tesorero regional al fallecer Tomas Grijalba (DEP).También se aprobó el estado económico.
Se pasó al punto más largo en el que las distintas asociaciones locales pasan a comentar sus actividades, donde se ve una rica variedad de cosas que se realizan en las casas, se puede destacar alguna de las celebraciones como la que están preparando los antiguos alumnos de Deusto con motivo de su 75 aniversario, donde se está llamando de forma masiva a todos los antiguos alumnos que han pasado por el colegio y realizar una fiesta popular, también se quiere conectar con los primeros antiguos alumnos y tener un encuentro con ellos.
Los antiguos alumnos de Barakaldo hicieron entrega de un libro donde se recogen los escritos del concurso literario que realizan, que según  explica Txema Martín es un concurso que ya es de ámbito nacional ya que le llegan escritos desde otros puntos de España.
En la parte de ruegos y preguntas, se le anima al presidente regional a que se junte con los demás presidentes regionales  y se estudie la nueva realidad de la Asociación al juntarse las tres inspectorias salesianas, ver qué proceso o camino a seguir.
Con una foto de hermandad en la estatua de Don Bosco y una buena comida se da por concluida esta reunión.
Ánimos y a seguir trabajando por nuestra Asociación.

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viernes, 8 de marzo de 2013

Reunión de la Inspectoría Centronoroeste, Conferencia Ibérica y Región Europa Oeste

Del 3 al 6 de marzo se han reunido, en Santiago de Compostela, la Inspectoría Centronoroeste, la Conferencia Ibérica y la Región Europa Oeste.
Sebastián Muñoz
El día 3, Inspectores y Vicarios inspectoriales de las tres Inspectorías que componen la nueva Inspectoría Centronoroeste dedicaron la tarde para retomar el documento orientativo en orden a la reorganización de la nueva Inspectoría.
El día 4, con la presencia del Consejero Regional, fue dedicado a la Conferencia Ibérica, teniendo en primer lugar una reflexión sobre la “Formación Permanente” de “El Campello”, presentada por el actual encargado de la misma, D. Antonio Gil. A continuación fue el Consejero Regional quien se reúne con los Inspectores de la Conferencia Ibérica.
Por la tarde, los responsables de la Editorial y de la Librería CCS, presentan la gestión y el balance económico de las mismas. Se completó la jornada con asuntos varios presentados por el Consejero Regional.
El día 5,  fue dedicado a temas de la Región Europa Oeste: Carta que el Rector Mayor está preparando para la Formación Salesiana, presentada por D. Juan José Bartolomé y la situación de la Congregación según los datos estadísticos correspondientes al 31 de diciembre de 2012 presentados por el Sr. Regional.
Por la tarde, el Sr. Ecónomo General de la Congregación, Jean Paul Müller, informaba sobre los nuevos modelos de financiación que se están estudiando en orden al Gobierno y Gestión de la Dirección General de la Congregación. El resto de la tarde fue dedicada a hacer una visita cultural guiada a la Catedral de Santiago: conjunto, museo y las excavaciones que se han llevado a cabo años atrás.
El día 6, de nuevo D. Juan José Bartolomé nos presentó una reflexión sobre el Aguinaldo del Rector Mayor: “El evangelio de la alegría y la pedagogía de la bondad”. Tras un breve descanso, también el Sr. Ecónomo General presentó a la asamblea la situación en la que se encuentra el caso “Gerini”.
Con la urgencia de la salida de algunos hermanos y la comida se han cerrado estos tres días de trabajo y reflexión de estos tres organismos: Inspectoría Centronoroeste, Conferencia Ibérica y Región Europa Oeste.
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Contra el olvido del Espíritu Santo Leonardo Boff

Enviado a la página web de Redes Cristianas
En el artículo anterior nos esforzábamos por rescatar la dimensión del “espíritu” muy ahogado en la cultura materialista y consumista de la modernidad. Ahora queremos rescatar la figura del Espíritu Santo, siempre al margen u olvidada en la Iglesia latina. Como es una Iglesia de poder, convive mal con el carisma, propio del Espíritu Santo. Él es la fantasía de Dios y el motor del cambio, todo lo que la vieja institución jerárquica no desea. Pero Él está volviendo.
El Concilio Vaticano II afirma enfáticamente: «El Espíritu de Dios dirige el curso de la historia con admirable providencia, renueva la faz de la Tierra y está presente en la evolución» (Gaudium et Spes, 26/281). El Espíritu está siempre en acción. Pero aparece con mayor intensidad cuando se producen rupturas instauradoras de lo nuevo. Cuatro rupturas, cercanas a nosotros, merecen ser mencionadas: la realización del Concilio Ecuménico Vaticano II (1962-1965), la Conferencia Episcopal de obispos latinoamericanos en Medellín (1969), el surgimiento de la Iglesia de la Liberación, y la Renovación Carismática Católica.
Por el Vaticano II (1962-1965), la Iglesia acompasó su paso con el del mundo moderno y sus libertades. Especialmente estableció un diálogo con la tecnociencia, con el mundo del trabajo, con la secularización, con el ecumenismo, con otras religiones y con los derechos humanos fundamentales. El Espíritu rejuveneció con aire nuevo el crepuscular edificio de la Iglesia.
En Medellín (1968) se puso a caminar con el submundo de la pobreza y de la miseria que caracterizaba y sigue caracterizando al continente latinoamericano. En la fuerza del Espíritu Santo, los pastores latinoamericanos hicieron una opción por los pobres y contra la pobreza y decidieron llevar a cabo una práctica pastoral que fuese de liberación integral: liberación no sólo de nuestros pecados personales y colectivos, sino liberación del pecado de opresión, del empobrecimiento de las masas, de la discriminación de los pueblos indígenas, del desprecio por los afrodescendientes y del pecado de la dominación patriarcal de los hombres sobre las mujeres desde el Neolítico.
De esta práctica nació la Iglesia de la liberación. Ella muestra su cara en la apropiación de la lectura de la Biblia por el pueblo, en la nueva forma de ser Iglesia de las comunidades eclesiales de base, en las diferentes pastorales sociales (de los indígenas, los afrodescendientes, de la tierra, la salud, los niños y otras) y en su reflexión correspondiente que es la Teología de la Liberación.
Esta Iglesia de la liberación creó cristianos comprometidos políticamente del lado de los oprimidos y en contra de las dictaduras militares, que sufrieron persecuciones, encarcelamientos, torturas y asesinatos. Es posiblemente una de las pocas Iglesias que puede contar con tantos mártires, como la hermana Dorothy Stang e incluso obispos como Angelleli en Argentina y Oscar Arnulfo Romero en El Salvador.
La cuarta irrupción fue el surgimiento de la Renovación Carismática Católica en Estados Unidos desde 1967 y en América Latina desde los años 70 del siglo XX. Ella trajo de vuelta la centralidad de la oración, la espiritualidad, la vivencia de los carismas del Espíritu. Se crearon comunidades de oración, de cultivo de los dones del Espíritu Santo y de asistencia a los pobres y enfermos. Esta renovación ayudó a superar la rigidez de la organización eclesial, la frialdad de las doctrinas y rompió el monopolio de la Palabra, en poder del clero, abriendo espacio a la libre expresión de los creyentes.
Estos cuatro eventos sólo se evalúan bien teológicamente cuando se ponen bajo la óptica del Espíritu Santo. Él irrumpe siempre en la historia y de forma innovadora en la Iglesia, que entonces se hace generadora de esperanza y de alegría de vivir la fe.
Hoy en día vivimos en la, tal vez, mayor crisis de la historia humana. Es su mayor crisis, porque puede ser terminal. En efecto, nos hemos dado los instrumentos de auto-destrucción. Hemos construido una máquina de muerte que puede matarnos a todos y liquidar toda nuestra civilización tan costosamente construida a lo largo de miles y miles de años de trabajo creativo. Y con nosotros podrá morir gran parte de la biodiversidad. Si esta tragedia ocurre, la Tierra continuará su camino, cubierta de cadáveres, devastada y empobrecida, pero sin nosotros.
Por esta razón, decimos que nuestra tecnología de muerte ha abierto una nueva era geológica: el Antropoceno. Es decir, el ser humano se está mostrando como el gran meteorito rasante amenazador de la vida. Él puede preferir autodestruirse a sí mismo y dañar perversamente a la Tierra viva, Gaia, a cambiar su estilo de vida y su relación con la naturaleza y con la Madre Tierra. Como una vez en Palestina los judíos prefirieron Barrabás a Jesús, los enemigos actuales de la vida pueden preferir Herodes a los niños inocentes. Se mostrará en realidad como el Satanás de la Tierra en lugar de ser el ángel guardián de la creación.
En ese momento invocamos, suplicamos y gritamos la oración litúrgica de la fiesta de Pentecostés: Veni, Sancte Spiritus et emite coelitus, Lucis tuae radio: «Ven Espíritu Santo y envía del cielo un rayo de tu luz».
Sin la vuelta del Espíritu, corremos el riesgo de que la crisis deje de ser una oportunidad de acrisolamiento y degenere en una tragedia sin retorno. En las comunidades eclesiales se canta: «Ven Espíritu Santo y renueva la faz de la Tierra».
* Leonardo Boff es teólogo, filósofo y escritor.
Traducción de Mª José Gavito Milano

La Iglesia necesita un buen Papa José María Castillo, teólogo

Benedicto XVI, sobre todo con su renuncia al papado, ha dejado patente que es un hombre bueno. Y que ha sufrido, en el ejercicio de este cargo, más de lo que seguramente sospechamos. En cualquier caso, le decisión de su renuncia representa un precedente que puede ser decisivo para el futuro del papado. No sólo por el ejemplo que nos deja J. Ratzinger, sino además porque ya no es impensable que, en un futuro no lejano, el papado deje de ser un cargo a perpetuidad. Si todos los obispos del mundo, a cierta edad, tienen que presentar su renuncia, ¿por qué no el obispo de Roma?
Pero lo que importa, en estos días de preparación al inminente Conclave, es pensar y proponer cuestiones que van derechamente al fondo del problema que hoy tiene que afrontar la Iglesia. Y ese problema no es otro que el enorme retraso que lleva esta Iglesia para dar la respuesta, que tendría que dar una institución religiosa de ámbito mundial, a los problemas acuciantes que tanto nos apremian. Con frecuencia me pregunto cómo se explica que, cuando se ha destapado la corrupción más masiva y peligrosa de los últimos tiempos, precisamente ahora los responsables del gobierno de la Iglesia no dicen ni palabra (excepto alguna que otra alusión genérica a lo mal que están las cosas) sobre una situación en la que callarse es hacerse cómplice de lo que está pasando. Esto es lo que, sin duda, ha pensado mucha gente. Hasta que se ha sabido una de las claves de este extraño silencio eclesiástico.
Si la corrupción se ha metido de lleno hasta dentro de la misma casa del papa, ¿cómo nos extrañamos de que el anciano Pontífice se sienta ya sin fuerzas para seguir aguantando? Y sobre todo, ¿de qué nos quejamos cuando vemos que todos los que saben algo del asunto se callan como muertos? Habría que estar ciegos para no darse cuenta de que el fondo del asunto está en que la institución eclesiástica es parte del problema. Porque con su ausencia y su silencio está “legitimando” el sistema de corrupción y de injusticias que nos ahoga.
El Vaticano no es una isla en Europa. Ni lo es en el mundo. Por eso, cuando tanta gente de buena voluntad dice que la Iglesia necesita un buen papa, no se refiere a que el nuevo Pontífice sea conservador o progresista, de derechas o de izquierdas. Lo que importa es que el nuevo papa sea un hombre libre y decidido, que limpie el Vaticano de todos cuantos, de la manera que sea, están buscando el triunfo de su propio grupo o de su propia secta, para ser ellos los que piensan mandar en la Curia. Un buen papa será el que sea capaz de hacer esto lo primero. Aunque para ello sea necesario echar de Roma a individuos que se consideran intocables. Cuando una herida está infestada, la herida no se cura untando pomadas. Lo primero es limpiar. Y después sanará el enfermo.
Esto supuesto, el mejor papa que necesita la Iglesia tiene que ser un hombre con lucidez y capacidad para darse cuenta de que, en asuntos de la máxima importancia, las religiones – entre ellas, la Iglesia católica – siguen todavía estancadas y atascadas en los miedos, tradiciones y retrasos previos a la Ilustración. O sea, que, mientras la sociedad y la cultura avanzan a una velocidad de vértigo, las instituciones que pueden ayudarnos a ponernos en contacto con Dios llevan ya más de doscientos años de retraso. Y en esto, me refiero a un problema concreto y de asombrosa actualidad: la puesta en práctica de los Derechos Humanos.
No digo el elogio de los Derechos Humanos. Hablo de su práctica dentro de la misma Iglesia. Mientras esto no se acometa en serio, la Iglesia será una institución trasnochada y carente de actualidad y de interés. Lo que pasa es que acometer esto es duro y difícil. Muy difícil. Porque, si esquela Iglesia quiere ponerse a practicar, en ella misma, los Derechos Humanos, lo primero que tendría que hacer es modificar, en cosas importantes, su ordenamiento jurídico, es decir, el Derecho Canónico. Lo que exigiría modificar bastantes cosas en la organización de la Iglesia. Por ejemplo, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. Y, por tanto, el derecho de las mujeres a ser ordenadas de sacerdotes o a ocupar cargos de gobierno en la Iglesia. Y otro tanto habría que decir sobre el debatido problema de la ordenación sacerdotal de personas casadas.
Por lo demás, al indicar estas cuestiones, no estoy tocando para nada ningún asunto de fe. Lo saben muy bien los teólogos. Y tendrían que perder el miedo a decirlo con claridad. En la Iglesia, por mantener tradiciones que no pertenecen a la fe cristiana, se están violando derechos básicos de los fieles en la atención sacramental y en la debida instrucción religiosa y sobre todo bíblica.
Y para terminar. El papado, fiel a lo que fue la tradición de la Iglesia durante más de mil años, tendría que poner a la Curia en su sitio y al Episcopado en el suyo. Jesús no fundó la Curia. Eligió Doce Apóstoles, cuyos sucesores (según la fe de la Iglesia) son los obispos. Pero hoy nos encontramos con la extraña contradicción de que es la Curia, y no el Colegio Episcopal el que toma las decisiones, el que gobierna y el que decide lo que se hace o se deja de hacer. Es absurdo que, en asuntos de extrema gravedad, sea la Curia la que manda incluso en el papa.
La Iglesia necesita un buen papa. Necesita un hombre tan apasionado por el Evangelio, que desconcierte a todos cuantos en el papado buscan un hombre de poder y mando. El papa debe resultar desconcertante. Como Jesús desconcertó a sus propios seguidores. Porque habló y vivió de forma que los profesionales de la religión se le enfrentaron, al tiempo que los pobres y los excluidos de este mundo le buscaban y encontraban en él la acogida que necesitaban. El día que el Vaticano sea el “punto de encuentro” de todos los que sufren, ese día la Iglesia habrá encontrado el buen papa que necesita.

¿Dejarán entrar al Espíritu en la Sixtina? Juan Masiá Clavel, teólogo

Hoy el Espíritu Santo lo tiene difícil como paloma. Tendrá que cambiar de vehículo para entrar en la Sixtina. El teólogo Joseph Ratzinger comentaba, en su libro Momentos estelares del Vaticano II (Theological Highlights of Vatican II), en 1966, la importancia de la colegialidad en la iglesia.
Más que la fría noción jurídica romana de “collegium”, incluye “cuerpo” , “fraternidad”, “sororidad”, “estrecha unión”, “comunión”, no sólo entre el obispo de Roma y los demás obispos, sino entre todo el conjunto de cada iglesia local reunida en comunión con su obispo.
Insistía Ratzinger en que las comunidades locales se llamaban “adelphotes”, es decir confraternidades de hermanos y hermanas. Lamentaba Ratzinger el cambio a partir del siglo tercero, que hace difícil dirigirse al clero y, sobre todo, a los obispos, como hermanos y hermanas, y fomenta el llamarles “papa”. Luego los obispos se tratan entre sí como “colegas”, dice, y se hace habitual hablar del “colegio episcopal”. Pero lo que el Concilio redescubre al hablar de colegialidad es elretorno a lo más evangélico, que es una colegialidad en términos de corporalidad y confraternidad, que es colegialidad no solo de obispos, sino de toda la comunidad eclesial.
No se trataba meramente de compensar la exageración del Vaticano I, por un lado, ni de convertir a cada obispo, por otro lado, en un Papa en pequeño, sino de potenciar la hermandad colegial de la iglesia entera, pueblo de Dios. También hay que evitar que por haber puesto bien a los obispos en su sitio, en confraternidad colegial con el obispo de Roma” no hagamos apearse a un escalón más abajo a todo el pueblo incluidos los sacerdotes. (“Obispo de Roma y sucesor de Pedro” es el nombre con que Benedicto se designa a sí mismo al renunciar, en vez de llamarse “vicario de Cristo”, título teológicamente inexacto, usado desde el siglo XII, que tiene el peligro de olvidar que no es el obispo de Roma el único vicario de Cristo).
Más aún, insistía Ratzinger en que la comunidad local contiene en sí la totalidad real de la iglesia; que no son las iglesias locales meras ramas o sucursales de una empresa multinacional con la central en Roma, sino células vivientes de un cuerpo que contienen en sí, como cada célula del cuerpo humano, toda la identidad del mismo. Estoy convencido, decía Ratzinger, de que esta idea de la iglesia local reunida por el Espíritu es de lo más rico que hay en la doctrina sobre la colegialidad.
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Hasta aquí nada más que una “perla”, de las muchas que se aprendían en clase con el profesor Ratzinger en los años sesenta. Pero, ¿cómo se casa esa visión de la iglesia con lo anacrónica del Cónclave como método para elegir un obispo de Roma que, en vez de ser un monara absoluto o un Director de empresa multinacional, sea un primus inter pares, que cuide de fortalecer en la fe, confirmar en la esperanza y unir en la caridad a todos sus hermanos y hermanas, como aspiraban a conseguir las tres encíclicas de Benedicto XVI? Habrá que hacer algún cambio, ¿verdad?
¿Lo conseguirá impulsar el Espíritu? Quizás, pero a condición de cambiar de vehículo. Ya no le valdrá la paloma. Necesitará alquilar de Obama un avión “drone” para atravesar con un misil las paredes de la capilla Sixtina. Perdón por lo bélico de la metáfora, poco apropiada para el Espíritu de Paz, pero es que esas paredes no caen tan fácilmente como el muro de Berlín…