FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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lunes, 12 de diciembre de 2011

No le hagamos más daño a la Iglesia


José M. Castillo, teólogo

San Pablo tenía una obsesión: vivir de tal manera que su conducta no fuera para nadie motivo de alejarse del Evangelio. Era ésta una obsesión que tenía un fundamento muy serio: Pablo sabía que todo lo que aleja del Evangelio, por eso mismo aleja también de la Iglesia. Y esto era, sin duda alguna, lo que más le dolía al apóstol Pablo.
Este razonamiento, tan sencillo y tan claro, es el argumento que Pablo utilizó siempre para justificar por qué, teniendo tanto que hacer, no renunció nunca a su trabajo, el oficio duro de fabricar tiendas de campaña, con el que se ganaba la vida. Pablo sabía que la predicación del Evangelio y la organización de las comunidades (”iglesias”) le daba derecho a vivir de esa tarea en favor de los demás. Pero Pablo repite, una y otra vez, que él renunció libremente a ese derecho “para no crear obstáculo alguno al Evangelio” (1 Cor 9, 12; 1 Tes 2, 9; 2, 6-12; 4, 10 ss; 1 Cor 4, 12; 9, 4-18; 2 Cor 11, 7-12; 12, 13-18; Hech 20, 33-35; cf. Hech 18, 1-4). Por tanto, Pablo sabía que, a veces, vivir de la religión, le crea problemas a la religión. Por eso Pablo cortó por lo sano. Y, en consecuencia, vivió de su trabajo, como todo hijo de vecino.
La consecuencia, que se deduce de lo dicho, es clara: lo mejor que puede hacer la Iglesia, para tener credibilidad ante la gente, es renunciar a beneficios y privilegios económicos, a los que en otros tiempos tuvo derecho, para recuperar el crédito que ha perdido. Y, sobre todo, porque ahora mismo hay gente que pasa hambre y sufre necesidades apremiantes.
Es necesario - precisamente por amor a la Iglesia - recordar estas cosas en este momento. Los medios de comunicación acaban de difundir la decisión que ha tomado el Gobierno de Mario Monti en Italia. Se trata de la decisión según la cual la Iglesia queda exenta de pagar el Impuesto de Bienes Inmuebles (ICI). Y es importante saber que ese impuesto, en Italia, supone mucho dinero, cantidades asombrosas de dinero. Porque los bienes inmuebles de la Iglesia, en Italia, son muchos miles de edificios de todo tipo. Sería estremecedor saber la cantidad total de posesiones que la Iglesia tiene en la atormentada Europa.
Y sería más estremecedor aún poder precisar la cantidad de dinero que la Iglesia deja de pagar por los privilegios económicos y beneficios fiscales de los que disfruta en este continente en bancarrota. ¿Sabe mucha gente que la Iglesia española ha alcanzado con Zapatero más privilegios fiscales que tenía con Franco? Esto es tan cierto que, sobre este punto, se ha escrito - que yo sepa, por lo menos - una tesis doctoral bien documentada.
Así las cosas, la pregunta que tenemos que hacernos todos los que nos interesamos por el bien y la ejemplaridad de la Iglesia, quienes afirmamos que nos interesa y deseamos que haga el mayor bien que esté a su alcance, es una pregunta tan sencilla como fuerte: lo más ejemplar que la Iglesia podría hacer en Europa, en este momento, ¿no sería dar un decreto obligando a todas las diócesis e instituciones religiosas a renunciar a todos los privilegios económicos de los que gozan y de los que se aprovechan abundantemente?
Quiero decir: ¿no sería lo mejor, que la religión podría hacer en esta situación de crisis, ofrecer a los parados, a los sin techo, a los “nadies”, todo el dinero del que ella se beneficia a base de privilegios económicos que nadie más que la Iglesia tiene? Es verdad que la Iglesia, mediante CÁRITAS y tantas otras obras benéficas ayuda a miles de gentes necesitadas. Pero, ¿no es cierto que ayudaría indeciblemente más renunciando a todo el dinero que percibe por tantos otros capítulos que nada tienen que ver con la beneficencia?

Perdón


Josemaría Sarrionandia, 12-Diciembre-2011  Atrio

Se perdonan las deudas y las ofensas. Ahora bien, ¿qué sucede cuando el deudor o el ofensor no sabe lo que hace? La deuda impagada es una ofensa y la ofensa no reconocida es una deuda. Al pagar la deuda ésta desaparece y, al reconocer la ofensa como ofensa, la misma desaparece.
Condicionar el perdón a la justicia es desconocer el perdón. De hecho, perdonar es justicia ya que el perdonar reconoce el desconocimiento de lo que se está haciendo. Es curioso: si perdonamos, no perdonamos la ofensa que no existe por desconocimiento de la misma. Claro que si el perdonado desconoce la ofensa igualmente desconocerá el perdón y, entonces, no hay ni perdón ni ofensa. Pero si el perdonador conoce la ofensa se incapacita para perdonar, en cuyo caso, si hay ofensa y no hay perdón.
Esta confusión se aclara por la etimología de la palabra «perdonar». (Espero que Oscar esté de acuerdo). El prefijo “per” de per-donar indica continuidad, continuidad en el don. Si el pecado rompe el don, la gracia vuelve a reinstalar el don. El perdón demuestra que es imposible vivir en pecado, porque nadie puede “querer el mal como tal” y necesita disfrazarlo como bien de cualquier manera. Lo cual muestra que cuando pecamos no sabemos lo que hacemos y, por lo mismo, somos acreedores de per-don.
***                                ***                                ***
Se me ocurre, y pido perdón por ello, que Munilla podría perdonar la resilencia de ETA y que podría perdonar las denuncias de Arregi, como Arregi le perdona a él el destierro al que lo enviaba.
Si están en desacuerdo con lo que digo protesten, pero perdonen.

Teléfono de la Esperanza


Joxe Arregi, teólogo

Domingo, 11 de Diciembre de 2011 -
hace unos días, la Diputación de Gipuzkoa concedió el Premio al Voluntario 2011 al Teléfono de la Esperanza. Os lo merecéis, amigas y amigos anónimos. No lo hacéis para ganar ningún premio ni en este mundo ni en el otro. Nunca aparecéis en los telediarios, y nunca se habla de vosotros en los periódicos. Pero ¿qué sería de nuestro mundo sin gente como vosotras/os? ¡Gracias!
(Honremos, de paso, al inventor del teléfono, Antonio Meucci que, hace algo más de 150 años, construyó un artefacto para conectar su oficina con su dormitorio, dos pisos más arriba, donde yacía su esposa sufriente. Por nada hubiese podido imaginar que, en muchos lugares del mundo, pronto habría más teléfonos que personas, y menos aun podría entender que a pesar de todo estamos más solos que nunca). El Teléfono de la Esperanza sigue fiel al propósito de quien lo inventó. Es el teléfono puesto al servicio de la escucha del que desespera, de la atención al que sufre, de la compañía al que se siente solo, terriblemente solo, aunque tal vez esté rodeado de gente y conectado con todo el mundo.
“Aquí el Teléfono de la Esperanza, ¿en qué puedo ayudarle?”. Así empieza todo, aunque la historia empieza antes, al otro lado, todavía mudo. “Aquí el Teléfono de la Esperanza”. ¡Benditas palabras! ¡Benditas las manos que, con temerosa determinación, descuelgan el teléfono y lo acercan al oído! ¡Benditos los labios que, inseguros, tal vez temblorosos, se resuelven a pronunciar esas palabras: “¿En qué puedo ayudarle?”. Es como un ancla salvadora lanzada al otro lado, sin ni siquiera saber todavía a dónde.
¿Quién está al otro lado oscuro? Alguien al borde del abismo. Pero es como si, de repente, un ángel le rozara, como si un ángel le tendiera la mano, como si un ángel le dijera con infinita dulzura: “¡Oh! ¿Qué te pasa, amiga, amigo mío? ¿Qué te duele?”. Y con esas palabras puede empezar otra historia. La esperanza se abre camino a través de todo un equipo de psicólogos, abogados, psiquiatras, educadores y familiares. Todos voluntarios. Es como una gran posada en el mundo, donde tantos desalentados recuperan el aliento. Es como aquella pequeña posada del buen samaritano cerca de Jericó. Alguien, malherido al borde del camino, siente que no está solo, que nunca lo estará, aun cuando ya no pueda más y se precipite sin remedio al fondo del abismo. También allí, alguien se inclina y le dice al oído y al corazón: “No tengas miedo, estoy contigo”.
El milagro sucede cada día, 24 horas al día, 365 días al año, aunque nadie lo sepa, aunque no lo certifique ninguna comisión vaticana ni conste en ningún proceso de beatificación, que no sé qué tienen que ver con los auténticos milagros, los de la vida a cada hora. Es un milagro que un náufrago de la vida, en medio de su angustia, con el pequeño resto de fe que aún le queda, marque un número llamado de la Esperanza porque sabe que en alguna parte queda todavía compasión y escucha. Ha sucedido más de 4 millones de veces, durante 40 años, desde que Serafín Madrid, un hermano de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, fundara el Teléfono de la Esperanza en Sevilla en 1971. Era un hombre libre, era un buen samaritano, que nunca dio un rodeo para evitar al herido.
Era un discípulo de Jesús que decía: “Yo solo me arrodillo ante Dios y ante el sufrimiento de los más débiles”. Cada vez que se arrodillaba ante Dios era para atender a un herido. Cada vez que se arrodillaba ante un herido, se arrodillaba ante Dios. Eso es el Evangelio. Y no hay otro milagro. En realidad, todo es milagro cuando es para bien, y el bien está en todo, a pesar de todo.
El oído, por ejemplo, es un milagro tan maravilloso como la más extraordinaria curación de Lourdes (la única diferencia es que se repite más veces): que las ondas sonoras sean recogidas en nuestras orejas y transmitidas al tímpano y que el tímpano vibre y que las vibraciones se comuniquen, mediante una cadena de huesecillos llamados martillo, yunque y estribo, hasta la trompa de Eustaquio, y que, al pasar por los líquidos del caracol o cóclea que es un sistema de tubos enrollados, activen las células pilosas y que éstas transformen las ondas sonoras en impulsos eléctricos y los transmitan al nervio auditivo, y que éste lleve la información al cerebro y que el cerebro lo interprete como rumor de la lluvia o silbido del viento, como cello de Bach o tu nombre propio…, ¿no es eso maravilloso?
Pues todo eso no es todavía más que el oído. La escucha es todavía más maravillosa. Escuchar viene del latín auscultare, que significa inclinar la oreja. Y ese es el arte del Teléfono de la Esperanza. El que escucha no pregunta, no inquiere, no juzga. No ofrece soluciones, ni siquiera da consejos, o no tiene por qué. Simplemente, se inclina y acoge al que habla, como un ángel de la guarda. Y ahí se produce el mayor milagro. Las ondas sonoras que eran gemidos de soledad y angustia vuelven convertidas en Espíritu de consuelo y esperanza.
Así es el misterio de Dios. “Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy humilde y pobre” (Sal 85,1). Es una forma de hablar, pues Dios no se hace rogar como un señor. Dios es la más pura condescendencia que se inclina y escucha. Necesitamos ser escuchados. E. Schillebeeckx, uno de los mayores teólogos del siglo XX, escribió que toda nuestra vida, la historia entera desde un comienzo desconocido hasta el fin que ignoramos, es como un largo relato que Dios escucha estremecido sin atreverse a interrumpir. Dios es esa escucha estremecida que sostiene. Y decir “silencio de Dios” es una forma de decir el infinito respeto, la infinita acogida. Y sí, creemos que esa escucha infinita hecha de respeto y acogida es capaz de transformar nuestras historias y toda la historia.
Mira el icono de la Trinidad de Rublev, de 1425. Representa la escena de aquella misteriosa visita que recibió Abrahán en el encinar de Mambré y que nos cuenta el capítulo 18 del Génesis. ¿Es Ella o es Él? ¿Es uno o son tres? No se sabe. Abrahán corre a saludarlo(s), o a saludarla(s). Aparentemente, Rublev ha eliminado de su icono a Abrahán y a Sara, y solo representa a tres ángeles, a Dios en forma de tres: el uno es soledad, el dos es separación, el tres es comunión en la diferencia y el respeto.
Mira con qué infinita tristeza habla el ángel del centro (”Dios Padre-Madre”) al ángel de la izquierda, con qué reverente atención escucha el ángel de la izquierda (”el Hijo”) y con qué dulzura maternal consuela a ambos el de la derecha (”el Espíritu Santo”). Dios es escucha infinita, pero también infinita necesidad de escucha. Pero ¿dónde están Abrahán y Sara en ese icono? Hablan, se escuchan, se aman dentro de la tienda. Y luego nació Isaac, el “hijo de la risa”, y siguió la historia.

sábado, 10 de diciembre de 2011

¿Quiere volver Rouco al Dios, patria y rey?


Antonio María Rouco Varela

religiondigital

Está claro que el cardenal de Madrid,Antonio María Rouco Varela, no da puntada sin hilo. No se le ha podido escapar eso de que "la ley de Dios" vuelva a guiar las decisiones públicas. Primero, porque lo controla todo y no se le escapa nada. Segundo, porque mima y cuida especialmente los textos de sus homilías de los días que sabe que van a tener repercusión mediática. Y uno de esos días es el de la Inmaculada, que fue cuando proclamó su tesis neoconfesional. ¿Se trata realmente de la petición explícita de un Estado confesional? ¿Volvemos al 'Dios, patria y rey'? ¿Otra vez la Iglesia convertida en sociedad perfecta?. Eso parece.
Porque la homilía del cardenal madrileño no deja lugar a dudas. En ella, Rouco señaló claramente que, en estos momentos "muy difíciles de la historia actual, "sería bueno" que, de nuevo, la Ley de Dios "vuelva a ser un elemento y un órgano decisivo en el comportamiento no sólo personal y privado, sino en el comportamiento, en la acción y en las actividades públicas que afectan a todos".
Asimismo, relacionó las dificultades actuales con la "renuncia a vivir de acuerdo con la gracia y el amor de Dios" y afirmó que "nadie, si deja hablar sinceramente a su corazón y a su conciencia", puede negar esto. "Los momentos de la historia actual son muy difíciles, lo sabemos todos. ¿Tienen que ver con la renuncia nuestra a vivir de acuerdo con la gracia y el amor de Dios? ¿Se atreve alguien a decir que no es verdad esto? Yo creo que nadie, si deja hablar sinceramente a su corazón y a su conciencia".
Ésa es la propuesta de Rouco. Una propuesta que nos retrotrae a aquellas épocas (algunas claras, pero otras muchas muy oscuras) en que la Iglesia dictaba e imponía sus leyes, su moral y su doctrina a toda la sociedad. Directamente, unas veces: Por medio de reyes interpuestos, otras. Y con pésimos resultados, en muchas ocasiones.
Rouco parece saberlo y, quizás por eso, se pone la venda antes de la herida. Consciente de que la Historia no camina hacia atrás, advierte a los suyos de que "es muy difícil que las grandes corrientes de opinión, los grupos, movimientos y corrientes de pensamiento y de poder en el mundo lo reconozcan", aunque ha insistido en que "sería bueno" que lo hicieran yque los creyentes tratasen de "influir para que lo reconociesen". "Para que de nuevo la conciencia guiada por la Ley de Dios, iluminada por el evangelio de Cristo, animada por su gracia y por su amor, volviese a ser un elemento y un órgano decisivo en el comportamiento no sólo personal y privado nuestro, sino en el comportamiento, en la acción y en las actividades públicas que nos afectan a todos", añadió.
¿Qué tipo de influencia está pidiendo Rouco a los católicos, para que contribuyan a que los poderes del mundo adopten, de nuevo, en sus decisiones, incluso legislativas, la "ley de Dios"?
¿Que pretende el cardenal de Madrid con este órdago, ahora que llega al Gobierno de la nación la derecha católica? ¿Marcar el programa de Gobierno de Rajoy? ¿Plantearle de entrada lo máximo, para conseguir lo razonable y lo que interesa: derogación de las leyes antifamilia y antivida, alternativa a la clase de Religión (que también pidió explícitamente ya) y que no toque a la situación tributaria y financiera de la Iglesia?
Porque éstos son sus objetivos reales. Y, si los consigue, habrá que reconocer que el cardenal de Madrid es un genio de la estrategia política y de la lucha por una Iglesia que muchos creemos tiene muy poco que ver con la Iglesia abierta, dialogante, plural, humilde y samaritana del Vaticano II.
José Manuel Vidal


El siguiente blanco del gobierno de Calderón


PUBLICADO EN ATRIO

En los pocos días que llevamos de Diciembre, han sido asesinados tres activistas de la caravana delMovimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Al menos otros dos han sido secuestrados y se encuentran desaparecidos. Una compañera más fue baleada, y han aparecido mantas amenazando de muerte al personal médico que la atiende.

El siguiente en la mira es Alejandro Solalinde (de quien Atrio ya publicó una nota  (http://www.atrio.org/2011/07/tres-clerigos-profetas-en-mexico )
Con preocupación, en el 63º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, informo que el Gobierno de México ha iniciado acciones legales en contra del Padre Solalinde. La acusación es tan rídicula, que no parece que vayan siquiera a presenarla ante un juez. Pero son los primeros pasos, de acciones posteriores,
Aquí cuatro notas sobre el caso
Favor de difundir.
Rodrigo

Rouco pide que la ley de Dios vuelva a ser un órgano decisivo en las actividades públicas


L.G.A. en R.C.

El arzobispo de Madrid relaciona la crisis actual con “la renuncia a vivir de acuerdo con la gracia divina”
El presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, quiere que “la ley de Dios vuelva a ser un elemento y un órgano decisivo en el comportamiento no solo personal y privado, sino en el comportamiento, en la acción y en las actividades públicas que afectan a todos”. Esto, a menos de dos semanas de que su portavoz, Juan Antonio Martínez Camino, asegurara que la jerarquía de la Iglesia “no dará ninguna directiva al nuevo Gobierno, porque nunca lo ha hecho”.
El arzobispo de Madrid relaciona la crisis actual con “la renuncia a vivir de acuerdo con la gracia divina”Sin embargo, Rouco hoy se ha permitido reclamar que la la ley de Dios, o sea, la Iglesia, tenga un mayor peso en la sociedad. El arzobispo ha relacionado las dificultades actuales con la “renuncia a vivir de acuerdo con la gracia y el amor de Dios”, durante la celebración de la festividad de la Inmaculada Concepción, según Público.
“Nadie, si deja hablar sinceramente a su corazón y a su conciencia”, lo puede negar, según ha advertido el cardenal, que ha reclamado a sus fieles que “influyan” para que los “movimientos y corrientes de pensamiento y de poder en el mundo lo reconozcan”.
¿La Iglesia no da directivas a los Gobiernos?
El 25 de noviembre, el portavoz de la Conferencia Episcopal, Juan Antonio Martínez Camino, aseguró que la Iglesia española no daría “ninguna directiva al nuevo Gobierno”, porque “nunca” se ha hecho. Claro que lo dijo antes de calificar algunas leyes del Ejecutivo socialista de “injustas”, porque, según afirmó, “lesionan derechos fundamentales”, como la ley del aborto.
Las leyes “injustas” de los socialistas
Martínez Camino también incluyó en esas leyes “injustas” la del matrimonio homosexual, por el hecho de “borrar del lenguaje jurídico las palabras padre, madre, esposo y esposa”, lo que consideró “una innovación gravísimamente injusta con trascendencia educativa y social de gran relevancia”.
Camino negó que la Iglesia haya “convocado o animado a ir a ninguna manifestación” contra las leyes del Gobierno, aprobadas en el Congreso de los Diputados, y alegó que si algunos obispos han acudido a las marchas contra las citadas leyes ha sido a título personal.
Rouco brindó colaboración a Rajoy
El arzobispo de Madrid manifestó hoy su deseo de que la Iglesia tenga un mayor peso en la sociedad. El día siguiente de la victoria de Mariano Rajoy en las elecciones generales, Rouco se apresuró a dar la enhorabuena al futuro presidente, al que ofreció su “humilde colaboración” y el “apoyo espiritual” de todos los católicos.

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¿Es posible alimentar a siete mil millones de personas?


Leonardo Boff, teólogo

Ya somos 7 mil millones de personas. ¿Habrá alimentos suficientes para todos? Hay varias respuestas. Escogemos una del grupo Agrimonde (véase Développement et civilisations, septiembre 2011) con base en Francia, que estudió la situación alimentaria de seis regiones críticas del planeta. El grupo de científicos es optimista, incluso para cuando seamos 9 mil millones de habitantes. Propone dos caminos: profundizar la conocida revolución verde de los años 60 del siglo pasado y la llamada doble revolución verde.
La revolución verde tuvo el mérito de refutar la tesis de Malthus, según la cual ocurriría un desequilibrio entre el crecimiento poblacional de proporciones geométricas y el crecimiento de alimenos en proporciones aritméticas, produciendo un colapso de la humanidad. Comprobó que con las nuevas tecnologías, una mayor utilización de las áreas agrícolas cultivables y una masiva aplicación de tóxicos, antes destinados a la guerra y ahora a la agricultura, se podía producir mucho más de lo que la población demandaba.
Tal previsión demostró ser acertada, pues hubo un salto significativo en la oferta de alimentos, aunque por causa de la falta de equidad del sistema neoliberal y capitalista, millones y millones de personas siguen teniendo una situación de hambre crónica y de miseria. Bien es verdad que ese crecimiento alimentario ha tenido un costo ecológico extremadamente alto: se envenenaron los suelos, se contaminaron las aguas, se empobreció la biodiversidad además de provocar erosión y desertificación en muchas regiones del mundo, especialmente en África.
Todo se agravó cuando los alimentos se volvieron una mercancía como cualquier otra en vez de ser considerados como medios de vida que, por su naturaleza, jamás deberían estar sujetos a la especulación de los mercados. La mesa está puesta con suficiente comida para todos pero los pobres no tienen acceso a ella por falta de recursos monetarios. Continúan hambrientos, y su número crece. El sistema neoliberal imperante apuesta todavía por este modelo, pues no necesita cambiar de lógica, tolerando convivir cínicamente con millones de personas hambrientas, consideradas irrelevantes para la acumulación sin límites.
Esta solución no sólo es miope, sino falsa, además de ser cruel y sin piedad. Los que todavía la defienden no toman en serio que la Tierra está innegablemente a la deriva y que el calentamiento global produce gran erosión de suelos, destrucción de cosechas y millones de emigrados climáticos. Para ellos la Tierra no pasa de ser un mero medio de producción, no la Casa Común, Gaia, que deber ser cuidada.
A decir verdad, quienes entienden de alimentos son los agricultores. Producen el 70% de todo lo que la humanidad consume. Por eso, deben ser oídos e incluidos en cualquier solución que sea tomada por el poder público, por las empresas, y por la sociedad, pues se trata de la supervivencia de todos.
Dada la superpoblación humana, cada pedazo de suelo debe ser aprovechado pero dentro del alcance y de los límites de su ecosistema; se deben utilizar o reciclar lo más posible todos los residuos orgánicos, economizar al máximo la energía, desarrollando las energías alternativas, favorecer la agricultura familiar, las cooperativas medianas y pequeñas. Y finalmente, ir hacia una democracia alimentaria en la cual productores y consumidores tomarán conciencia de las respectivas responsabilidades, con conocimiento e información acerca de la situación real de sostenibilidad del planeta, consumiendo de forma diferente, solidaria, frugal y sin desperdicios.
Tomando en cuenta tales datos, Agrimonde propone una doble revolución verde en el siguiente sentido: acepta prolongar la primera revolución verde con sus contradicciones ecológicas, pero simultáneamente propone una segunda revolución verde. Ésta implica que los consumidores incorporen hábitos cotidianos diferentes de los actuales, más conscientes de los impactos ambientales y abiertos a la solidaridad internacional para que el alimento sea de hecho un derecho accesible a todos.
Siendo optimistas, podemos decir que esta última propuesta es razonablemente sostenible. Se está organizando, de manera embrionaria en todas las partes del mundo, a través de la agricultura orgánica familiar, de pequeñas y medianas empresas, de la agricultura ecológica, de las ecovillas y otras formas más respetuosas con la naturaleza. Es viable y tal vez tenga que ser el camino obligatorio para la humanidad futura.

viernes, 9 de diciembre de 2011

El planeta está muriendo


Avaaz

Queridos amigos y amigas,
Nuestro planeta está muriendo, pero los grandes intereses petroleros siguen teniendo a gobiernos clave en sus bolsillos, bloqueando cualquier posibilidad de un acuerdo climático. Quedan tres días antes de que finalicen las negociaciones de la ONU en Durban — ¡hagamos un llamamiento a Europa, Brasil y China para que nos lideren hacia un acuerdo que salve el planeta! Haz clic abajo para firmar esta petición urgente:
Nuestros océanos están muriendo, nuestro aire está contaminándose, y nuestros bosques y campos se están convirtiendo en desiertos. A un ritmo veloz, estamos destruyendo el planeta que nos sustenta: su flora, su fauna y también la vida de millones de seres humanos. La mayor causa detrás de esta destrucción del mundo natural es el cambio climático, y en los próximos tres días tenemos la oportunidad de comenzar a detenerlo.
El tratado de la ONU sobre cambio climático representa nuestra mejor esperanza de acción inmediata, pero expira el próximo año. Ahora, liderada por EE.UU., una codiciosa coalición de países dominados por los intereses petrolíferos está intentando deshacerse del tratado para siempre. Resulta difícil de creer, pero siguen empeñados en obtener ganancias a corto plazo a expensas de la supervivencia de nuestro medio ambiente.
Los gobiernos de la Unión Europea, Brasil y China se están mostrando indecisos. Ciertamente no son tan esclavos de las empresas petroleras como lo es EE.UU., pero solo un enorme llamamiento a la acción por parte de los ciudadanos puede llevarles a adoptar una posición de liderazgo político y financiero para salvar el tratado de la ONU. Los gobiernos de todo el mundo están reunidos en la Cumbre del Clima de Durban, y durante los próximos tres días se pueden alcanzar decisiones importantes. Enviemos a nuestros dirigentes un llamamiento masivo para que resistan al gran lobby del petróleo y salven el planeta — un equipo de Avaaz entregará nuestra petición directamente durante la reunión:
Las cosas están alcanzando niveles de desesperación. En todo el planeta, las condiciones climáticas extremas están batiendo récords, dejando a millones de personas sin techo, sin alimentos, y sin agua. Estamos acercándonos rápidamente a un punto de no retorno en la lucha por frenar el cambio climático, y tendríamos que comenzar a reducir de manera drástica nuestras emisiones de carbono antes del año 2015.
Estamos ante una urgencia real, pero el mundo aún no ha logrado movilizarse contra el enorme poder del sector de los combustibles fósiles que domina la política de EE.UU.. No contentos con haber arruinado la Cumbre de Copenhague y el Protocolo de Kyoto, ahora están formando una coalición de enemigos de cualquier acuerdo climático para darle el golpe de gracia a las negociaciones internacionales que tienen lugar esta semana en África.
Nuestra única esperanza de cambio reside en Europa, Brasil y China. Ellos pueden lograr que se llegue a un acuerdo, pero necesitan hacerlo juntos, y es allí donde nosotros entramos a participar. Los negociadores de la UE están agotados, tras haber batallado largas y duras peleas por el clima, y ahora necesita un empujón de apoyo ciudadano. China ya ha aceptado la posibilidad de compromisos vinculantes, está preocupada por su reputación internacional, y podría liderar aún más si le damos un impulso de aliento. Por último, Brasil, país anfitrión de la Cumbre de la Tierra del próximo año (Río+20), está bajo presión para contribuir a que se logre un éxito en el ámbito climático. Lancemos un llamamiento global gigantesco para reunir a los campeones del clima y formar un “dream team” verde. Firma la petición ahora y reenvía este correo:
No podemos tolerar la delirante fiebre de lucro a corto plazo que motiva a los países a suspender y bloquear cualquier acción para combatir la crisis climática — y que literalmente está amenazando nuestra supervivencia. Afortunadamente, nuestro movimiento ciudadano tiene el poder de intervenir en este proceso y exigir un cambio. Mantengámonos unidos, e inspiremos a otros a que se nos unan por un mundo más seguro y más humano.
Con esperanza y determinación,
Luis, Emma, Ricken, Iain, Antonia, Morgan, Dalia, Pascal y el resto del equipo de Avaaz
Más Información:
Europa, frustrada por la lentitud de la negociación del clima (El Pais):
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Europa/frustrada/lentitud/negociacion/clima/elpepu/20111205elpepusoc_2/Tes
La Cumbre del Clima de Durban, ante su semana decisiva (El Mundo):
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/04/natura/1323024575.html
“El futuro del planeta en juego”, dice Ban Ki-moon a negociadores del clima (Univisión):
http://feeds.univision.com/feeds/article/2011-12-06/el-futuro-del-planeta-en-1
Brasil advierte de un “gran desastre”, si no se renueva el Protocolo de Kioto (EPA):
http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5hDgIvIL5IoD6eM-KD5zz-Kf9YM_A?docId=1666464
Canadá asegura que “no habrá sorpresas desagradables” en Durban (EFE):
http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5hnGJb4ZPxHFtQkiFq6HOOuAcnUrw?docId=1669789
El planeta se divide en dos respecto al cambio climático (BBC Mundo):
http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/11/111127_durban_comienzo_sudafrica_cumbre_clima_fp.shtml
La crisis de la eurozona provoca un recorte drástico de las inversiones en sostenibilidad (El Mundo):
http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/01/economia/1322742618.html
¿Quieres contribuir a construir la comunidad de Avaaz?
Somos una organización enteramente sostenida por pequeñas donaciones individuales y no aceptamos dinero de gobiernos o corporaciones. Nuestro dedicado equipo de campañas se asegura de que todas las contribuciones, incluso las más pequeñas, den un alto rendimiento:
Avaaz es una red de campañas global de 10 millones de personas, que trabaja para conseguir que las opiniones y valores de la gente en todo el mundo modelen los procesos de toma de decisión. El vocablo “Avaaz” significa “voz” o “canción” en muchos idiomas. Los miembros de Avaaz pertenecen a todas las naciones del mundo; nuestro equipo está ubicado en 13 países a lo largo de 4 continentes y opera en 14 idiomas. Para conocer más sobre las campañas más importantes de Avaaz, haz clic aquí, o síguenos en Facebook o Twitter.
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José Miguel Barandiarán


José Arregi, teólogo

Sería raro que este nombre evocara algo a los lectores fuera de nuestro pequeño País Vasco. Pero ahí está el nombre, y él decía, en una de sus muchas sentencias lapidarias, que “todo lo que tiene nombre existe”. ¿Será verdad? ¿Existen, pues, Mari, la diosa suprema de los primitivos vascos, y su consorte Sugaar? ¿Existe Urtzi, el Júpiter vasco? ¿Existen las sirenas, ninfas o hadas llamadas aquí lamiak? ¿Existen los fornidos gigantes llamados jentilak o mairuak, constructores de numerosos dólmenes y cromlechs en nuestras pequeños montes? ¿Y todos los seres que pueblan los mitos de todos los pueblos?
Si son nombrados, es que existen de alguna manera, aunque fuera solamente en la imaginación de quien habla. Ningún nombre está vacío en la intención del que lo pronuncia. Primero es la realidad, luego el nombre. Primero es algo, y luego la conciencia, o la palabra que pretende decir algo sobre algo, aunque nunca llega a decirlo del todo.
¿Por qué dice, pues, el evangelio de Juan que “en el principio existía la palabra”? Juan no habla del principio del tiempo, sino del principio y fundamento del ser, que es a la vez realidad y palabra, existencia y relación, invocación y gracia: “DIOS”. La palabra primera es la palabra hecha carne desde siempre, palabra y a la vez: materia, matriz y carne del mundo. Pero nosotros nos sentimos escindidos entre la palabra y la carne, lo que decimos y lo que somos. Somos humildes nombres en busca del ser, humilde carne en busca de la palabra.
Perdóneme el lector este enredado arranque, si ha tenido el ánimo de seguirlo hasta aquí. Venía a propósito de una sentencia llamativa de un hombre discreto que nunca quiso llamar la atención y que sigue siendo desconocido de la gran mayoría: José Miguel de Barandiarán. Un hombre poco común, nacido en un humilde caserío de Ataun, que vivió ciento dos años (de 1889 a 1991) y aún sigue vivo entre nosotros al igual que su nombre. Con ocasión del vigésimo aniversario de su muerte, acaba de celebrarse un ciclo de conferencias en torno a su figura, y quiero sumarme a su memoria y homenaje.
Fue un hombre sabio y, como todos los sabios, humilde, muy humilde. Nunca olvidó lo que una tarde de otoño, ante un manzano con las ramas inclinadas por el peso, le dijo su madre (de ella le vendría el arte de las sentencias): “Cuanto más fruto, más bajo”. Ella murió dos meses después. Él era muy austero, pero feliz, porque, como le he oído estos días a Jesús Altuna –sabio y humilde también él, y el discípulo más aventajado de José Miguel Barandiarán–, “es feliz no el que tiene mucho, sino el que se conforma con lo que tiene, y él se conformaba del todo”.
Fue un investigador eminente de la cultura vasca antigua, paleolítica y neolítica. Recorrió a pie toda la geografía vasca, al norte y al sur de los Pirineos, excavando dólmenes y túmulos, explorando cuevas con maravillosos bisontes y caballos pintados, recogiendo mitos y dichos, indagando costumbres, examinando con rigor científico y veneración espiritual cráneos y huesos de gentes que vivieron en esta tierra hace miles de años.
Debió su primer hallazgo a la labor previa de un topo, incomparable excavador, aunque anónimo. Un día, caminando por la sierra de Aralar al paraje donde, según le había asegurado un casero de Ataun, se hallaban enterrados “los últimos paganos” vascos, se sentó a descansar sobre unas piedras y, mientras comía el bocadillo, con su bastón removió un montículo de tierra de una topera, y de pronto vio un molar humano, y fue como una revelación: adivinó que se encontraba sentado sobre un dolmen neolítico que guardaba vivos a sus muertos. Así era, y así empezó. Dice Jesús Altuna que su maestro y amigo Barandiarán “robó muchas cosas a la muerte”: no en vano, más del 90% de lo que sabemos acerca de los antiguos vascos –muertos, pero vivos– se lo debemos a él. ¿No consiste en eso la vida: en robar vida a la muerte del olvido, de la indiferencia, de la inmisericordia?
Esa fue su vocación. Amó la tierra, su tierra, la Madre Tierra de todos. Pasó su larga vida palpando con sus manos desnudas la tierra desnuda, rastreando en la tierra las huellas de la vida, caminando a pie en montes y bosques, pues –como dijo también– “hay que discurrir primero con los pies y después con la cabeza”. ¡Cuánto razón tenía el gran sabio que nunca dejó de ser un casero de Ataun! ¡Cómo lo hemos olvidado en nuestras ciudades, en nuestras universidades y también en nuestros templos! Cada fósil, cada piedra, cada puñado de tierra contiene entera la memoria de todos los seres vivos en este u otros planetas, y la ciencia primera debiera consistir en saber tocar y mirar con inmensa admiración, y que el pensamiento se inspire en los pies, las manos, los ojos, la tierra.
José Miguel de Barandiarán fue sacerdote católico, un sacerdote que hizo de la investigación científica vocación sagrada, como el agustino Gregor Mendel (precursor de la genética), el jesuita Angelo Secchi (fundador de la astrofísica), el sacerdote Georges Lamaître (inspirador de la teoría del Big Bang) o el jesuita Teilhard de Chardin (paleoantropólogo visionario de una nueva teología en clave evolutiva, hoy todavía pendiente), a quien llegó a saludar en París en 1936.
Sacerdote católico: eso es lo que él se sentía ante todo y por encima de todo. Y, sin embargo, de sacerdotes católicos (y de su propio obispo Zacarías Martínez) le llegaron sus mayores sinsabores. Por amar a su tierra y su cultura, o por investigarla, fue acusado de ser nacionalista, e incluso judeo-masón, él que nunca quiso saber nada de política, hasta el punto de no haber votado nunca a ningún partido, según dicen. El rector del Seminario de Vitoria tachó de “mamarrachadas” los anuarios etnográficos que iba componiendo y que llegaron a constituir una grandiosa obra reconocida por los grandes especialistas del mundo. Nunca se le permitió ubicar su museo etnográfico dentro del Seminario. Y en 1936, de noche y por mar, tuvo que huir al exilio, hasta el año 1953.
Digamos también que fue un sacerdote de teología preconciliar, incluso después del concilio. Conservó casi intactas las ideas teológicas que le enseñaron en el Seminario entre 1910 y 1915, época de cerrado antimodernismo católico. Nos hubiera gustado que también su teología hubiera evolucionado como evolucionan la vida y la ciencia. Pero es que a él no le importaba la teología, sino la vida misma, y la ciencia de la vida, la memoria viva de la tierra y de su pueblo.
Muy al final de su vida, una vez declaró: “Yo desearía que me recordaran como una persona que ha amado. El amor entre las personas es lo más importante”. El amor que es Dios y en el que es el prójimo. El amor primero en el que somos. Pues primero, antes de hablar, hemos sido creados y amados. De boca de un casero oyó una vez Don José Miguel una frase que tantas veces repetía luego y que no tiene fácil traducción: “Ez gara geure baitan”. Algo así como “no somos creadores y dueños de nosotros mismos”. Eso es.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA TERCERO ADVIENTO



Es curioso cómo presenta el cuarto evangelio la figura de Juan el Bautista. Es un «hombre», sin más calificativos ni precisiones. Nada se nos dice de su origen o condición social. Él mismo sabe que no es importante. No es el Mesías, no es Elías, ni siquiera es el Profeta que todos están esperando.
Sólo se ve a sí mismo como «la voz que grita en el desierto: allanad el camino al Señor». Sin embargo se nos dice que Dios lo envía como «testigo de la luz» capaz de despertar la fe de todos. Una persona que puede contagiar luz y vida. ¿Qué es ser testigo de la luz?
El testigo es como Juan. No se da importancia. No busca ser original ni llamar la atención. No trata de impactar a nadie. Sencillamente vive su vida de manera convencida. Se le ve que Dios ilumina su vida. Lo irradia en su manera de vivir y de creer.
El testigo de la luz no habla mucho, pero es una voz. Vive algo inconfundible. Comunica lo que a él le hace vivir. No dice cosas sobre Dios, pero contagia «algo». No enseña doctrina religiosa, pero invita a creer.
La vida del testigo atrae y despierta interés. No culpabiliza a nadie. No condena. Contagia confianza en Dios, libera de miedos. Abre siempre caminos. Es como el Bautista, «allana el camino al Señor».
El testigo se siente débil y limitado. Muchas veces comprueba que su fe no encuentra apoyo ni eco social. Incluso se ve rodeado de indiferencia o rechazo. El testigo de Dios no juzga a nadie. No ve a los demás como adversarios que hay que combatir o convencer. Dios sabe cómo encontrarse con cada uno de sus hijos e hijas.
Se dice que el mundo actual se va convirtiendo en un «desierto», pero el testigo nos revela que algo sabe de Dios y del amor, algo sabe de la «fuente» y de cómo se calma la sed de felicidad que hay en el ser humano.
La vida está llena de pequeños testigos. Son creyentes sencillos, humildes, conocidos sólo en su entorno. Personas entrañablemente buenas. Viven desde la verdad y el amor. Ellos nos «allanan el camino» hacia Dios.
 

La figura de Juan el Bautista, "testigo de la luz", nos recuerda una vez más que todo creyente, si lo es de verdad, está llamado a dar testimonio de su fe.
"A nuestra Iglesia le sobran papeles y le faltan testigos". Tal vez, con estas expresivas palabras se apuntaba uno de los problemas más cruciales del cristianismo actual.(LEER EL EVANGELIO)
Durante muchos años han seguido funcionando entre nosotros los mecanismos que tradicionalmente servían para "transmitir" la fe. Los padres hablaban a los hijos, los profesores de religión a sus alumnos, los catequistas a los catequizandos, los sacerdotes a los seglares.
No han faltado palabras. Pero, tal vez, ha faltado testimonio, comunicación de experiencia, contagio de algo vivido de manera honda y entrañable.
Durante estos años muchos se han preocupado del posible quebranto de la ortodoxia y del depósito de la fe. Y necesitamos, sin duda, cuidar con fidelidad el mensaje del Señor. Pero nuestro mayor problema no es probablemente el depósito de la fe sino la vivencia de esa fe depositada en nosotros.
Otros se han preocupado más bien de denunciar toda clase de opresiones e injusticias. Por un momento parecía que por todas partes surgían nuevos "profetas". Y cuánta necesidad seguimos teniendo de hombres de fuego que proclamen la justicia de Dios entre los hombres. Pero, con frecuencia, junto a las palabras, han faltado testigos cuya vida arrastrara a las gentes.
Tal vez, lo primero que nos falta para que surjan testigos vivos es "experiencia de Dios". Karl Rahner pedía hace unos años que "hemos de reconocer de una vez la pobreza de espiritualidad" en la Iglesia actual.
Nos sobran palabras y nos falta la Palabra. Nos desborda el activismo y no percibimos la acción del Espíritu entre nosotros.
Hablamos y escribimos de Dios pero no sabemos experimentar su poder liberador y su gracia viva en nosotros.
Pocas veces vivimos la acogida de Dios desde el fondo de nosotros mismos y, por tanto, pocas veces llegamos con nuestra palabra creyente al fondo de los demás.
Creyentes mudos que no confiesan su fe. Testigos cansados, desgastados por la rutina o quemados por la dureza de los tiempos actuales.
Comunidades que se reúnen, cantan y salen de las iglesias "sin conocer al que está en medio de ellos".
Sólo la acogida interior al Espíritu puede reanimar nuestras vidas y generar entre nosotros "testigos del Dios vivo". 



miércoles, 7 de diciembre de 2011

¿Celibato o sexualidad errática?


ATRIO

Honorio Cadarso, 05-Diciembre-2011

A pesar de todo lo que se ha destapado sobre los abusos sexuales a menores y de las dobles vidas de “santos” fundadores, el papa sigue exhortando a los sacerdotes a redescubrir el celibato “en toda su fuerza y belleza”. Aun sabiendo que hay personas –¿en qué porcentaje?– que han hecho de su vida célibe un admirable ejemplo de entrega y amor, gran parte de la triste basura y falsedad que acumulan muchas vidas clericales y religiosas –¿en qué porcentaje?– queda oculta. Y hay víctimas que, al no haberlos sufrido de menores los abusos de autoridad  y engaños de sacerdotes y religiosos, no pueden denunciarlos a las autoridades civiles. Con este escrito de Honorio Cadarso invitamos a una sincera y respetuosa aportación de datos y reflexiones. Más que nunca pedimos a todos rigor, veracidad y respeto al tratar el tema. Y ofrecemos la seguridad de que quien quiera conservar el anonimato, serán conservados en el más absoluto secreto los datos de identificación que le requerirá el moderador, ya que en ATRIO no queremos publicar irresponsables anónimos.
No se prodigan entre los seguidores de la Iglesia Católica estudios desapasionados y objetivos sobre la vida sexual de sacerdotes, religiosos y religiosas. Casi todos nos los sirven bajo el formato de curas casados, del sacerdocio desligado del celibato. Pero muy pocas veces se toma el toro por los cuernos y se afronta el problema de la vida sexual de sacerdotes y personas consagradas a Dios por el celibato tal cual, tal como se da en la realidad. Es como si fuese un tema tabú, deliberada, expresa y terminantemente prohibido.
Pero haberlos haylos. En 2007, dos religiosas estadounidenses destaparon un “affaire” de violaciones, embarazos, abortos y otras tropelías de los que habían sido víctimas religiosas en 23 países africanos y autores algunos sacerdotes. Aunque el Vaticano era sabedor de estas historias hacía seis años, seguían siendo un tema tabú y ocultado.
En 2001, Miret Magdalena se hizo eco en El País de un informe sobre la vida sexual del clero de Estados Unidos según el cual solo el 2% de los sacerdotes norteamericanos cumple con el celibato.
Se ha hablado de casos relativamente frecuentes de religiosas violadas por sacerdotes en la India. Aquí mismo, en España, existe una figura chulesca denominada el “gañán”  o el “semental” de monjas, para designar a sacerdotes que al parecer se han especializado en seducir a religiosas.
En nuestro país, un libro titulado La vida sexual del clero, del que se han vendido hasta hoy 80.000 ejemplares, a pesar de que los poderes fácticos hicieron todo lo posible e imposible por impedir su difusión, hizo públicos en 1995 los resultados de un estudio realizado sobre una muestra de 400 sacerdotes que accedieron a sincerarse sobre su vida sexual. Su autor es Pepe Rodríguez, doctor por la Facultad de Psicología de la  Universidad de Barcelona y profesor universitario (Véase otro artículo posterior del autor: Abusos sexuales de curas y misioneros donde resumen los datos del libro).
Según ese estudio, puede calcularse que el 95% de los sacerdotes  practica la masturbación; el 60% tienen relaciones sexuales,  el 26% tiene relaciones sexuales con menores, el 20% tienen prácticas homosexuales, de ellos el 12% son homosexuales al cien por cien. El 7% abusan de menores de edad, el 53% lo hacen con mujeres adultas, el 21% con hombres adultos, el 14% con varones menores de edad, el 12% con mujeres menores de edad. Desde otra perspectiva: mientras el 74%  tienen relaciones sexuales con adultas o adultos, el 26% las tienen con menores de sexo femenino o masculino; el 65% son heterosexuales en sus prácticas, el 35% son homosexuales.
El 36% iniciaron sus relaciones sexuales antes de los 40 años de edad, el 64% después…
En no pocos casos, los que confiesan estas prácticas las rubrican con nombres y apellidos, o bien han sido extraídas de procesos judiciales públicos. Ninguno de ellos, al parecer, ha desmentido estos datos cuando han sido hechos públicos en el mencionado libro.
Lo cierto es que existe una consigna de ocultación de los hechos propiciada por la Jerarquía, en la que a veces parece que participan los mismos tribunales civiles. Se cuenta que algunos aconsejan a sus sacerdotes más recalcitrantes “que se acuesten preferentemente con mujeres casadas, que será menos escándalo”; y que cuando los hechos trascienden al público se procede al traslado del sacerdote a un lugar donde no lo conozcan y los feligreses no sean proclives a denunciarlo, o directamente a América del Sur u otros lugares donde no habrá denuncias…
No faltan quienes se resisten o se niegan a dar crédito a los resultados de este estudio de la realidad. Prescindamos por un momento de este estudio, y remitámonos a nuestra propia percepción del problema. Porque hay momentos en que las personas, en el plano de la sexualidad, se transparentan, y los corazones de los seres humanos se ven como si estuviesen en una cámara de cristal. Y no faltarán quienes estén convencidos de que este estudio no está muy lejos de la realidad cruda y dura…
Evidentemente hay sacerdotes y personas que llamaremos “consagradas” que viven el celibato con  toda seriedad. Pero tal vez no sabríamos decir en qué porcentaje. Eso sí, que no son muchos…
Porque imponer el celibato como una obligación sine qua non para acceder al sacerdocio predispone para aceptar ese compromiso a la fuerza y sin las debidas condiciones de preparación y de aptitud de la persona.
Tal vez un experto en siquatría nos diría que son muy pocos los que son capaces de adaptarse sin estridencias y encajar en su sicosis con normalidad el compromiso del celibato.
En todo caso, para alcanzar ese objetivo, el joven debe aprender mediante una disciplina exigente a sublimar sus pulsiones sexuales, que no a reprimirlas mediante mecanismos neuróticos cargados de angustias y lesivos y destructores de la personalidad humana.
Que es lo que cabría decir que ha ocurrido en toda la pedagogía de los seminarios donde se han formado los sacerdotes, y posiblemente sigue ocurriendo. Porque el hecho de que el celibato siga siendo obligatorio para ser sacerdote, y la urgencia de la iglesia por conseguir un número de sacerdotes suficiente para el mantenimiento y crecimiento de la iglesia, empujan seguramente a acortar los plazos y prescindir de requisitos demasiado rigurosos y restrictivos para alcanzar el sacerdocio.
Sea de ello lo que sea, la Iglesia católica latina se enfrenta a un problema de estructuras que parece como muy grave. Está siendo gobernada por personas sexualmente desequilibradas, sometidas a un calvario de ocultaciones, disimulos y mentiras establecidas que  desacreditan toda su estructura piramidal.
Al problema institucional  se suma el problema personal de los que sufren en sus carnes ese calvario y ese cúmulo de contradicciones entre lo que dicen ser y lo que son en realidad.
Y hay otras víctimas, las más inocentes y las que más claman al cielo: las mujeres, los menores, los hombres que tienen que satisfacer los instintos de esos sacerdotes.
Se cuenta del obispo Guerra Campos que una mujer denunció las violaciones de que era víctima una persona subnormal en un centro asistencia. Guerra Campos le contestó que eso era imposible: “porque los curas no tienen sexo”.