FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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ATALAYA ENERO 2025

viernes, 27 de junio de 2025

CHRISTINA MOREIRA: "LOS QUE SE DEDICAN A HACER DE POLICÍAS DE DIOS Y CONDENAR A OTRAS/OS MOVIDOS POR EL 'CELO POR SU CASA' HARÍAN BIEN EN COMENZAR POR ORDENAR LA SUYA"


col kowalski

 

Desde que anunció en Religión Digital que iba a ser ordenada obispa de la Iglesia católica (con sucesión apostólica) el próximo día 24 de junio en algún lugar "cerca de Compostela", los rigoristas han puesto el grito en el cielo y han llamado de todo a Christina Moreira (París, 1964). Desde sacrílega a hereje y farsante. (Y de paso, como suele ser habitual, han metido en el mismo saco y han intentado 'matar al mensajero': RD). 

Convencida de que su misión es obra del Espíritu, no tiene miedo a los exaltados que quieren quemarla en la hoguera de "los policías de Dios" y les recuerda que ""Dios no comete errores de contratación, sus capataces deberían saberlo".

Consciente de que no se ordenará obispa para tener un palacio o gozar de privilegios, sino para servir a su comunidad, Christina no llevará mitra ("no tiene ninguna relación con el Evangelio"), pero sí báculo (un cayado) y un anillo, "signo visible de fidelidad y compromiso de amor hasta dar la vida si fuera preciso".

A Moreira le preocupa "que se convierta en sacrilegio celebrar misa, bautizar, perdonar, confortar a la gente que sufre, bendecir uniones, acompañar desde la fe meramente por el hecho de ser mujer", pero tiende la mano al arzobispo de Compostela, monseñor Prieto: "Sería un honor y gran gozo poder acercarnos como hermanos en Cristo por el mismo bautismo, y quién sabe, en algo colaborar para avanzar juntos hacia la Iglesia sinodal que quiso Francisco". Más aún, dice que "Una visita pastoral nos haría muy felices".

Y concluye la entrevista con una reivindicación clara y contundente: "Impedir hoy que las mujeres accedan al presbiterado y el episcopado es una norma injusta de la Iglesia que se debe abolir cuanto antes".

¿Qué siente a menos de un mes de su ordenación episcopal?

Ordenación es una palabra familiar, aunque no debería habituarme y por ello todavía me sorprendo cuando recuerdo que ya he recibido dos veces el sacramento del orden. Esta es la tercera en esa escala que nuestra tradición  católica estableció hace ya largo tiempo (diaconado, presbiterado, episcopado). Dicen que es la plenitud del sacerdocio. Para mis compañeras de la ARCWP no existe otro sacerdocio que el de Cristo que se da a sí mismo y los y las demás, en seguimiento y servicio, nos dedicamos a cuidar de su memoria, memoria de vida, palabras, gestos sembrados en este mundo para traer su paz.

De modo que soy presbítera y no sacerdote, designada por las comunidades que me llamaron a su servicio. Siento inmensa responsabilidad y el peso de un envío que sería insoportable si no recordara que el Señor está con nosotros y nosotras hasta el final de los tiempos. Siento espera amorosa por esa celebración que es encuentro, con Él y con su gracia, con las comunidades que van a estar presentes, con mis compañeras y las valientes mujeres que fundaron nuestro movimiento y me precedieron, de quien recibiré la tradición, el linaje que conecta directamente con el Maestro y sus enviadas y enviados (eso significa apóstol) para poder transmitirlo a otras personas que estén llamadas a recibirla.

¿Se lo propuso su comunidad? ¿Por qué se decidió a dar el sí?

Así como el orden diaconal y el presbiterado fueron avaladas por mi comunidad do Home Novo en A Coruña, que decidió acoger mi vocación con apertura y cariño y valoró lo que podría aportarle mi ministerio, así como por la comunidad de presbíteras católicas romanas de la ARCWP https://arcwp.org/moreira-christina/ , esta nueva misión surge más de esta gran comunidad internacional y diversa, mayormente de las compañeras europeas, que debió pensar que yo serviría para ordenar a otras mujeres y acompañarlas en el camino, algo necesario que realizan los obispos aunque no con las vocaciones de mujeres.

Tras mucha conversación y diálogo entre nosotras, resulté elegida por las integrantes de la ARCWP y no sin reticencias acepté la encomienda que no lleva acoplada ninguna prebenda como territorio diocesano, bienes inmuebles incluyendo un palacio episcopal o poder de gobernación y mando. El hecho de no recibir ningún privilegio sino trabajo y tareas que van a requerir tiempo y energía me ayudó a dar el sí. Estar al servicio de la misma gracia que yo recibí y poder compartirla es el argumento decisivo ya que es respuesta a mi primera vocación de forma más plena.

¿Qué piensa de los que dicen que con su ordenación va a cometer un sacrilegio?

De la gente no pienso nada, no conozco a la inmensa mayoría de la que opina, así que no tengo elementos para pensar nada. Pero sí me preocupa que se convierta en sacrilegio celebrar misa, bautizar, perdonar, confortar a la gente que sufre, bendecir uniones, acompañar desde la fe meramente por el hecho de ser mujer. Eso es muy preocupante y dice mucho de una institución que convierte en pecado algo sagrado únicamente por la clase de genitales que tenga la persona o su estado de vida.

Me preocupa que la temática de sexo y género esté ocupando un lugar clave en el discernimiento a la hora de identificar al discipulado de hoy. Que ese sea el argumento para apartarnos del seguimiento radical de Cristo es preocupante. Que las palabras de Pablo “ya no hay varón y mujer, libres y esclavos…” hayan caducado es preocupante. Que se mantenga a comunidades sin número sin atención sacramental, sin oración en asamblea, sin vida comunitaria digna sin una palabra desde Dios y desde la Iglesia únicamente porque somos mujeres, o casadas y casados, o no heteronormadas es muy preocupante. Se han desplazado las prioridades de Jesús y de las primeras comunidades hacia consideraciones que no hacen sentido.

Para la Iglesia estructura piramidal patriarcal y de funcionamiento feudal, donde uno solo toma en sus manos todo el poder temporal y espiritual y lo reparte como Dios o quien sea le da a entender, mi ordenación no será lícita y probablemente tampoco válida. La historia y el Espíritu Santo se encargarán de decir de qué parte estaba el error. 

Yo también tengo algo que opinar sobre los sacrilegios inmundos cometidos contra hijos e hijas de Dios, la gente pequeña que Jesús amaba en especial, “ay de quién los escandalice decía él”. Ahí está la abominación, aunque a continuación se pase a revestir seda pura y encaje para celebrar con las mismas manos los misterios de Dios y bendecir o para pintar escenas muy edificantes en las paredes. 

Para la Iglesia que se manifiesta a diario en mil mensajes de apoyo que recibo por todos los medios y reciben mis compañeras desde que aquellas siete primeras dieran el primer paso sobre el Danubio, para esa iglesia de las minúsculas y los minúsculos, que piden que los casemos, bauticemos, celebremos la Eucaristía y la vida, para quienes nos quieren a su lado y no dejan de preguntar ¿cuándo habrá más como vosotras en Bélgica, en Suiza, en Italia, en Portugal, …? Y no dejan de repetir que con mujeres en las parroquias se habrían ahorrado muchas vidas rotas por los abusos de todo tipo. ¡Cuántas mujeres, y también varones, prefieren que yo escuche su confesión porque se sienten seguras! Esa iglesia que hace fila para comulgar cuando presido, que me da las gracias porque recibió consuelo o algo de parte de Dios en una misa, sí me considera válidamente ordenada.

¿Va a disponer de mitra, báculo, lema y escudo, como cualquier otro obispo?

Las mujeres presbíteras y sus comunidades están enraizadas en la tradición, por eso realizamos sacramentos y en especial ordenaciones, pero también nos queremos enraizar en nuestros tiempos y espacios. Revisamos los símbolos, sus significados, y tenemos formación teológica suficiente para comprender lo que hacemos y por ello actuar con significado.

La mitra no tiene ninguna relación con el evangelio y me imagino a Jesús partiéndose de la risa viendo los desfiles coloridos que han llenado la plaza de san Pedro. Se reirá hasta el propio Simón Pedro con sus ropajes austeros de pescador, sus sandalias gastadas. No tendré báculo sino el bastón que Jesús encomendó llevar para el camino a sus discípulos y discípulas cuando las envió a anunciar el Reino, a sanar a los enfermos y enfermas, a expulsar el mal. Solo un cayado y eso es todo, y es mucho.

El lema se revelará el día de la ordenación porque tocará explicarlo y no hay espacio aquí. Sí llevaré un anillo, junto con mi alianza matrimonial, signo visible de fidelidad y compromiso de amor hasta dar la vida si fuera preciso.

¿Cuáles serán las ideas principales de su primera homilía como obispa?

Mi primera homilía versará sobre Jesús de Nazaret, que sostuvo y sostiene la dignidad de todo ser humano, también los femeninos, que nos quiere vivas y en pie, caminando tras sus huellas, y su herramienta predilecta es el amor fraterno-sororal. Esta también, con la ayuda de Dios, será la mía.

¿Teme alguna represalia social, legal o eclesiástica?

Probablemente se sigan desatando las iras y los odios ya habituales en mi camino, de quienes no lo entienden, se creen con derecho a juzgar y casi siempre ni me conocen. Entiendo que a las ideas nuevas (no tanto por cierto) les cueste abrirse camino, que se tarde en abrir mentes y corazones. Los que se dedican a hacer de policías de Dios y condenar a otros movidos por el  “celo por su casa” harían bien comenzando por ordenar la suya. Si no me necesitan o no les gusto, que miren para otro lado. Escucho siempre todo lo que me quieran decir desde el respeto y el buen trato. Vayan en paz y meditando en sus corazones que por el amor que nos tenemos nos reconocerá el mundo. 

Temor, ninguno. Pasaron ya 12 años desde la ordenación diaconal en A Coruña, donde solo tenía miedo a no estar a la altura y fallar a mi comunidad y a Dios. Si Él va conmigo nada temo y sí me mantiene abiertas las puertas de la esperanza.

¿Ha mantenido alguna relación con el arzobispo de Compostela?

Respecto del arzobispo de Compostela, de quien me han dicho que es un buen hombre y un creyente ejemplar, solo me cabe decir que estoy a su disposición para escucharlo, dialogar y compartir nuestras magníficas experiencias como comunidad que ya lleva más de 50 años orando y celebrando en A Coruña y en el presbiterado, tanto mi esposo como yo. Sería un honor y gran gozo poder acercarnos como hermanos en Cristo por el mismo bautismo, y quién sabe, en algo colaborar para avanzar juntos hacia la Iglesia sinodal que quiso Francisco, y hacia una plena integración de todas las que, después de tanta oración por las vocaciones, han recibido la suya y no pueden realizarla sin incurrir en desobediencia a los hombres, que no a Dios.

Decirle que nos encantaría estar al servicio de la diócesis el día que el canon 1024 que consagra la exclusión de media iglesia del número de sus servidores, sea abolido, esperando que sea pronto. Que sepa que en nuestro lugar de oración tenemos el retrato del papa junto al de san Oscar Romero y el de nuestro fundador querido, don Manuel Espiña. Una visita pastoral nos haría muy felices. 

Si tuviese ocasión de reunirse con el Papa león XIV, ¿qué le diría?

Todo esto es también válido para el papa León XIV. Francisco nos pidió “hacer lío”, vamos a ello. La historia no se hace sola, la hacemos, la paz no viene si no hay justicia por la que también hay que trabajar. Toca liberar a las cautivas y oprimidas. Toca, y es ahora, dejar de desperdiciar tanto don, carisma y vocaciones tan hermosas y urgentemente necesarias únicamente porque son de mujeres. Dios no comete errores de contratación, sus capataces deberían saberlo.

¿Qué le dice su marido, Victorino Pérez Prieto, que es sacerdote y teólogo?

Victorino, mi esposo, también presbítero y teólogo, me dice que me apoya, porque estoy haciendo real ya la igualdad de varones y mujeres llamadas a servir por igual en la Iglesia. Como teólogo afirma que no hay ningún impedimento bíblico ni teológico para que esto sea válido y efectivo ya, e incluso ha estado presente en la primera Iglesia. Impedir hoy que las mujeres accedan al presbiterado y el episcopado es una norma injusta de la Iglesia que se debe abolir cuanto antes.

 

José Manuel Vidal

Religión Digital

TU PRIMERA COMUNIÓN


col kowalski

 

Querido Nico:

Fue una alegre sorpresa saber que vas a hacer la primera comunión. Que has decidido comulgar con Jesús, mirar el mundo con sus ojos y dejarte inspirar por su aliento vital. Es una magnífica opción. ¡Enhorabuena de todo corazón!

La vida, toda vida digna de este nombre, es comulgar, ser en relación creadora con todos los seres. Y hay muchas formas de comprometerse por ello y de vivirlo, muchas formas de expresarlo y de ritualizarlo, según la diversidad de lugares, tiempos y culturas. Comulgar con Jesús es una manera, ni mejor ni peor que otras, de vivir en comunión agradecida, comprometida, solidaria, con todos los vivientes. Es la manera cristiana, la de quienes después de 2000 años seguimos dejándonos inspirar por su memoria, su sabiduría vital, su figura viviente. Una manera ciertamente diversa, y fraterna en la diversidad. Nos alegramos mucho de que también tú, en tu primera comunión, te sumes a nuestra mesa común. ¡Bienvenido, Nico! Herzlich wilkommen! Sois le bienvenu!

La llamamos tu primera comunión, pero, en realidad, toda tu historia, desde antes del tiempo, es una historia de comunión. Cuando aún ni siquiera existías, aquel feliz encuentro de los Andes peruanos de tu madre y de la Cantabria española de tu padre en la capital castellana de Valladolid ya fue de alguna forma tu primera comunión. Y aquella primera célula diminuta, que aún no era tú, ya comulgaba cada día con todo su entorno, con lo más próximo y con lo más lejano, y de aquella primera célula en permanente relación, en incesante evolución, vienes tú, maravilloso fruto de innumerables primeras comuniones creadoras. Desde que naciste ha sido cada día tu primera comunión. También aquel día en que tus padres contigo tuvieron el valor de dejar Castilla, de salir camino de Suiza, aquel éxodo en busca de pan y de trabajo, con su dureza y su gracia, al encuentro de nuevas tierras, gentes y lenguas.

Cada día comulgas la luz del sol siempre nueva y el aire siempre nuevo que respiras, la energía vital siempre nueva que nos llega del universo infinito y de la tierra madre común que nos sostiene y nos nutre. Cada vez que escuchas o hablas, que ríes o lloras, que estudias y te informas sobre lo que de verdad sucede en el mundo, cada vez que te indignas por la política y la economía que rigen el planeta, cada vez que dejas brotar en ti la admiración, la ternura y la compasión, cada vez que te dices “Soy Nico. Aquí estoy. ¿Qué puedo hacer?”, estrenas la vida y es tu primera comunión.

¿Por qué, entonces, el sábado próximo, 14 de junio, a tus 14 años llenos de energía y de promesas, vas a celebrar la primera comunión en Bülach, junto con tu amiga Sofía? No es porque no hayas comulgado hasta ahora, sino porque quieres seguir comulgando cada día. Y quieres celebrarla en comunión con Jesús, sentado a su mesa, comulgando con su vida, compartiendo su pan y su vino, reavivando su memoria, encarnándola en la vida con la comensalía abierta.

Una práctica muy habitual y característica de Jesús fue justamente esa: la comensalía abierta. En una sociedad religiosa en la que estaba rigurosamente ordenado cuándo se podía comer y cuándo no, con quién se podía comer y con quién no, qué se podía comer y qué no, Jesús practicó la comensalía abierta. Soñó el futuro como una gran mesa abierta, de la que nadie debía quedar excluido. Enseñó que nadie en la tierra padecería hambre ni miseria si los que más tienen compartieran sus bienes. Así de sencillo. Y soñó que es posible, y ese sueño le costó la vida. Pero antes de ser crucificado, celebró una cena festiva y esperanzada, y tomando un trozo de pan y una copa de vino dijo a sus seguidoras y seguidores: “Comed y bebed en mi memoria, y hacedme presente. Reavivad la esperanza, y anticipad cada día el futuro nuevo que soñamos”.

En tu primera comunión del sábado y de cada día, Nico, haces tuyo este sueño. En estos tiempos de incertidumbre global, brindamos contigo, brindas con nosotros por la nueva Tierra que Jesús vislumbró a lo lejos y anticipó en su vida: una inmensa Comunión de mesa festiva, multicolor y feliz.

 

José Arregi, Aizarna, 12 de junio de 2025

www.josearregi.com

LAS COORDENADAS DE LEÓN XIV PARA LOS SEMINARISTAS: "EVITAR LA SUPERFICIALIDAD" Y "CORAZÓN PROFÉTICO"


 

"En un mundo donde a menudo reina la ingratitud y el afán de poder, donde a veces parece prevalecer la lógica del derroche, están llamados a ser testigos de la gratitud y la generosidad de Cristo, del júbilo y la alegría, de la ternura y la misericordia de su Corazón. A practicar el estilo de acogida y cercanía, del servicio generoso y desinteresado, permitiendo que el Espíritu Santo «unja» su humanidad incluso antes de la ordenación".

Alrededor de 4.000 seminaristas llegados de todos los rincones del planeta escucharon esta mañana, en la basílica de San Pedro, con motivo de su Jubileo, los 'deberes' que les ponía, siempre con acento amoroso pero no exento de exigencia, el papa León XIV a los futuros sacerdotes, en donde les exhortó también a "evitar la superficialidad". "Hay que ser valientes, no tengan miedo", improvisó al dar las gracias a los jóvenes que respondieron afirmativamente a su llamada a la vocación al sacerdocio.

¿Cuál es vuestra tarea?, les preguntó. "Es nunca ir a lo seguro, nunca conformarse, nunca ser meros receptores pasivos, sino apasionarse por la vida sacerdotal, viviendo el presente y mirando al futuro con un corazón profético", les respondió acto seguido Robert Prevost.

"El seminario, sea cual sea su concepción, debe ser una escuela de afectos. Hoy, de manera particular, en un contexto social y cultural marcado por el conflicto y el narcisismo, necesitamos aprender a amar y a hacerlo como Jesús", pidió también León XIV a los jóvenes seminaristas, en una meditación que estuvo trufada de citas al difunto papa Francisco y a la ratio sacerdotalis adoptada por expreso deseo suyo durante su pontificado.

En este sentido, León XIV subrayó la necesidad de que, "desde el Seminario, centrarse mucho en la maduración humana, rechazando todo disfraz e hipocresía. Con la mirada puesta en Jesús, debemos aprender a dar nombre y voz también a la tristeza, el miedo, la angustia, la indignación, trayendo todo a la relación con Dios. Las crisis, las limitaciones y las fragilidades no deben ocultarse; son, más bien, ocasiones de gracia y de experiencia pascual".

Y para conocerse, el papa Prevost les invitó a aprender "a conocer su corazón" con lo que "serán cada vez más auténticos y no necesitarán ponerse máscaras", para lo cual les recomendó un "camino privilegiado" que "es la oración", dado que "en una época en la que estamos hiperconectados, se hace cada vez más difícil experimentar el silencio y la soledad".

seminaristas saludan
Los seminaristas saludan al papa León XIV RD/Captura

Igualmente, el Papa agustino los invitó a "invocar con frecuencia al Espíritu Santo", así como buscar la presencia de Dios "también escuchando las voces de la naturaleza y el arte, la poesía, la literatura y la música, así como las ciencias humanas". 

También les pidió "escuchar con mente y corazón abiertos las voces de la cultura, como los recientes desafíos de la inteligencia artificial y los de las redes sociales" y, "sobre todo, como Jesús, sepan escuchar el grito, a menudo silencioso, de los pequeños, los pobres y los oprimidos, y de muchos, especialmente los jóvenes, que buscan un sentido a sus vidas. Si cuidan su corazón, con momentos diarios de silencio, meditación y oración, podrán aprender el arte del discernimiento".

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El obispo de Getafe, Ginés García, y su auxiliar, José María Avendaño RD/Captura

Meditación del Santo Padre

Queridos todos:

Me alegra mucho encontrarme con ustedes y les agradezco a todos, seminaristas y formadores, su cálida presencia. Gracias, ante todo, por su alegría y entusiasmo. ¡Gracias porque con su energía alimentan la llama de la esperanza en la vida de la Iglesia!

Hoy no solo son peregrinos, sino también testigos de esperanza: la testimonian ante mí y ante todos, porque se han dejado llevar por la fascinante aventura de la vocación sacerdotal en un momento difícil. Han aceptado la llamada a ser anunciadores mansos y fuertes de la Palabra que salva, servidores de una Iglesia abierta, misionera y en salida.

A Cristo que los llama, le dicen «sí», con humildad y valentía. Y este «aquí estoy», que le dirigen, brota en la vida de la Iglesia y se deja acompañar por el necesario camino de discernimiento y formación.

Jesús, como saben, los llama, en primer lugar, a vivir una experiencia de amistad con Él y con sus compañeros de cuerda (cf. Mc 3,13); una experiencia destinada a crecer permanentemente incluso después de la Ordenación y que abarca todos los aspectos de la vida. De hecho, no hay nada en ustedes que deba descartarse, sino que todo debe asumirse y transfigurarse en la lógica del grano de trigo, para convertirse en personas y sacerdotes felices, «puentes» y no obstáculos para el encuentro con Cristo para todos los que se acercan a ustedes. Sí, Él debe crecer y nosotros debemos menguar, para que podamos ser pastores según su Corazón [1].

En cuanto al Corazón de Jesucristo, ¿cómo no recordar la encíclica «Dilexit nos» que nos dio el amado Papa Francisco? [2] Precisamente en este tiempo que viven, es decir, el tiempo de formación y discernimiento, es importante centrar la atención en el centro, en el motor de todo su camino: ¡el corazón! El seminario, sea cual sea su concepción, debe ser una escuela de afectos. Hoy, de manera particular, en un contexto social y cultural marcado por el conflicto y el narcisismo, necesitamos aprender a amar y a hacerlo como Jesús[3].

Como Cristo amó con corazón de hombre[4], ¡están llamados a amar con el Corazón de Cristo! Pero para aprender este arte, necesitan trabajar en su interioridad, donde Dios hace oír su voz y donde comienzan las decisiones más profundas; pero que también es un lugar de tensión y lucha (cf. Mc 7,14-23), para convertirse de modo que toda su humanidad huela a Evangelio. Por lo tanto, el primer trabajo debe hacerse en la interioridad. Recuerden bien la invitación de san Agustín a volver al corazón, porque allí encontramos las huellas de Dios. Adentrarse en el corazón a veces puede asustarnos, porque también contiene heridas. No tengan miedo de cuidarlas, déjense ayudar, porque precisamente de esas heridas nacerá la capacidad de estar cerca de quienes sufren. Sin la vida interior, ni siquiera la vida espiritual es posible, porque Dios nos habla allí mismo, en el corazón.

Parte de este trabajo interior también consiste en aprender a reconocer los impulsos del corazón: no solo las emociones rápidas e inmediatas que caracterizan el alma de los jóvenes, sino sobre todo los sentimientos, que les ayudan a descubrir el rumbo de su vida. Si aprenden a conocer su corazón, serán cada vez más auténticos y no necesitarán ponerse máscaras. Y el camino privilegiado que nos lleva a la interioridad es la oración: en una época en la que estamos hiperconectados, se hace cada vez más difícil experimentar el silencio y la soledad. Sin el encuentro con Él, ni siquiera podemos conocernos verdaderamente a nosotros mismos. Los invito a invocar con frecuencia al Espíritu Santo, para que moldee en ustedes un corazón dócil, capaz de captar la presencia de Dios, también escuchando las voces de la naturaleza y el arte, la poesía, la literatura[5] y la música, así como las ciencias humanas[6]. En el riguroso compromiso del estudio teológico, sepan también escuchar con mente y corazón abiertos las voces de la cultura, como los recientes desafíos de la inteligencia artificial y los de las redes sociales[7]. Sobre todo, como Jesús, sepan escuchar el grito, a menudo silencioso, de los pequeños, los pobres y los oprimidos, y de muchos, especialmente los jóvenes, que buscan un sentido a sus vidas. Si cuidan su corazón, con momentos diarios de silencio, meditación y oración, podrán aprender el arte del discernimiento. Esta también es una tarea importante: aprender a discernir. Cuando somos jóvenes, llevamos dentro muchos deseos, sueños y ambiciones. El corazón a menudo está abarrotado y a veces nos sentimos confundidos. En cambio, siguiendo el modelo de la Virgen María, nuestra interioridad debe ser capaz de custodiar y meditar. Capaces de synballein, como escribe el evangelista Lucas (2,19.51): recogiendo los fragmentos[8]. Eviten la superficialidad y reúnan los fragmentos de la vida en oración y meditación, preguntándose: ¿Qué me enseña lo que estoy viviendo? ¿Qué le dice a mi camino? ¿Adónde me lleva el Señor?

Queridos, tengan un corazón manso y humilde como el de Jesús (cf. Mt 11,29). Siguiendo el ejemplo del apóstol Pablo (cf. Flp 2,5ss), asuman los sentimientos de Cristo para progresar en la madurez humana, especialmente afectiva y relacional. Es importante, de hecho necesario, desde el Seminario, centrarse mucho en la maduración humana, rechazando todo disfraz e hipocresía. Con la mirada puesta en Jesús, debemos aprender a dar nombre y voz también a la tristeza, el miedo, la angustia, la indignación, trayendo todo a la relación con Dios. Las crisis, las limitaciones y las fragilidades no deben ocultarse; son, más bien, ocasiones de gracia y de experiencia pascual.

En un mundo donde a menudo reina la ingratitud y el afán de poder, donde a veces parece prevalecer la lógica del derroche, están llamados a ser testigos de la gratitud y la generosidad de Cristo, del júbilo y la alegría, de la ternura y la misericordia de su Corazón. A practicar el estilo de acogida y cercanía, del servicio generoso y desinteresado, permitiendo que el Espíritu Santo «unja» su humanidad incluso antes de la ordenación.

El Corazón de Cristo está animado por una inmensa compasión: él es el Buen Samaritano de la humanidad y nos dice: «Ve y haz tú lo mismo» (Lc 10,37). Esta compasión lo impulsa a partir el pan de la Palabra y a compartirlo con las multitudes (cf. Mc 6,30-44), permitiéndonos vislumbrar el gesto del Cenáculo y de la Cruz, cuando se habría dado a comer, y nos dice: «Dadles vosotros de comer» (Mc 6,37), es decir, haced de vuestra vida un don de amor.

Queridos seminaristas, la sabiduría de la Madre Iglesia, asistida por el Espíritu Santo, busca siempre, con el tiempo, los métodos más adecuados para la formación de los ministros ordenados, según las necesidades de cada lugar. En este compromiso, ¿cuál es vuestra tarea? Es no dejarse llevar por los más bajos, no conformarse nunca, no ser meros receptores pasivos, sino apasionarse por la vida sacerdotal, viviendo el presente y mirando al futuro con un corazón profético. Espero que este encuentro les ayude a cada uno a profundizar su diálogo personal con el Señor, pidiéndole que asimile cada vez más los sentimientos de su Corazón. Ese Corazón que late de amor por ustedes y por la humanidad.

¡Buen viaje! Los acompaño con mi bendición.

 

José Lorenzo

Religión Digital

 

[1] Cf. San Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis (25 de marzo de 1992), 43.

[2] Carta Encíclica Dilexit nos, sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo (24 de octubre de 2024).

[3] Cf. ibíd., 17.

[4] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 22.

[5] Cf. Francisco, Carta sobre el papel de la literatura en la formación, 17 de julio de 2024. 2016), 97.

[8] Cf. Francisco, Carta Encíclica Dilexit nos, sobre el amor humano y divino del Corazón de Jesucristo (24 de octubre de 2024), 19.

[6] Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 62.

[7] Congregación para el Clero, Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, El don de la vocación sacerdotal (8 de diciembre)

LEÓN XIV: "HOY MÁS QUE NUNCA LA HUMANIDAD GRITA E INVOCA LA PAZ"


col arregi

 

¿Qué dirá el Papa americano-peruano en el ángelus del ataque lanzado por Trump contra Irán?, se preguntaban algunos observadores. Aquí está su respuesta contundente: El papa León XIV lamentó este domingo las "noticias alarmantes" en Oriente Medio, tras el bombardeo de EE.UU sobre Irán, y llamó a la comunidad internacional a frenar la guerra "antes de que se convierta en una vorágine irreparable".

"Cada miembro de la comunidad internacional tiene una responsabilidad moral: detener la tragedia de la guerra antes de que se convierta en una vorágine irreparable", dijo el pontífice estadounidense tras el rezo del Ángelus.

El papa lamentó desde la ventana del Palacio Apostólico, ante miles de fieles que le escuchaban en la plaza de San Pedro, las "noticias alarmantes" llegadas desde Oriente Medio, sobre todo desde Irán, bombardeada la pasada noche por Estados Unidos.

"Este escenario dramático que incluye a Israel y Palestina amenaza con dejar en el olvido el sufrimiento cotidiano de la población, especialmente en Gaza y otros territorios donde la urgencia de un adecuado apoyo humanitario se hace cada vez más urgente", dijo.

El pontífice aseguró que "hoy más que nunca la humanidad grita e invoca la paz".

"Un grito que reclama responsabilidad y razón y que no debe ser sofocado por el fragor de las armas ni por palabras retóricas que incitan al conflicto", reivindicó, recordando la mencionada "responsabilidad moral" a los gobernantes del mundo.

León XIV recordó que "no existen conflictos lejanos cuando la dignidad humana está en juego" y avisó de que "la guerra no resuelve los problemas sino que los amplifica".

El conflicto, subrayó, "produce heridas profundas en la historia de los pueblos que tardan generaciones en cicatrizar".

"Ninguna victoria armada podrá compensar el dolor de las madres, el miedo de los niños, el futuro robado. Que la diplomacia haga callar las armas, que las naciones tracen su futuro con obras de paz, no con la violencia o conflictos sangrientos", imploró el pontífice.

¿QUIÉN ES JESÚS PARA MÍ? Mateo 16, 13-19

fe adulta

col labrador

 


¿Somos conscientes de que la respuesta debe ser tan viva que casi a diario sea nueva? ¿Nos aferramos a respuestas, o vivimos el dinamismo de la búsqueda, personal y comunitaria?

El evangelio de hoy puede dejarnos tres invitaciones:

La primera a seguir caminando conscientes de Quien camina con nosotros

Imaginarnos a Jesús caminando con sus discípulos es algo fácil porque se repite más de una vez en los evangelios. Jesús que se queda atrás, que les adelanta, que habla o va callado, pero que se interesa por lo que van hablando “por el camino” “¿De qué discutíais por el camino?” A los que iban peleándose por ser los primeros… (Mc 9, 33) o “¿De qué venís hablando?” A los desilusionados y atemorizados discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35). Hoy, llegando a una región considerada extranjera, Jesús se vuelve a interesar, no solo por lo que hablan por el camino sino por lo que “escuchan” mientras van de camino. Y en este caso les hace una pregunta concreta, ¿qué escucháis y que decís de mí? Abriendo con ellos un dialogo serio y vital.

Y es que muchas veces, no hay que buscar espacios o tiempos especiales, distintos, solitarios… es en la vida ordinaria, en lo que vivimos y en nuestras relaciones con los demás donde nuestras palabras, nuestras conversaciones y certezas adquieren peso y hondura.

El texto nos invita a seguir caminando, a hacernos conscientes de lo que hablamos, como espejo de lo que vivimos, por el camino de la vida. Conscientes de que mientras vamos caminando, Jesús camina con nosotros. Podemos no reconocerle como los de Emaús, durante algún trecho del camino, pero si ponemos atención terminaremos por reconocerle en multitud de signos, personas y situaciones.

La segunda invitación, a tomarnos en serio la pregunta que nos hace Jesús

Una vez conscientes de su presencia a nuestro lado, sentimos que nos invita a escuchar y tomarnos en serio sus preguntas. Quizá de entrada nos descoloquen, no nos pregunta de qué hablamos o que nos pasa, como a los de Emaús, sino por Él mismo.

¿Qué hemos oído que se dice de Él? Y esta pregunta es relativamente fácil, basta con repetir lo que hemos oído, incluso lo que nos imaginamos viendo a la gente. Hoy se oyen quizá demasiadas afirmaciones gratuitas sobre lo que dice la gente de Jesús. ¿Cuál serían las nuestras?

Pero Jesús no nos deja tranquilos tras esta lista de opiniones de otros. Y formula la pregunta definitiva, y tú, y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Intuimos que la fuerza de la pregunta ha cambiado. Ahora nos está pidiendo mirarnos por dentro, ¿qué hay en mí con respecto a Jesús? ¿Cuál es mi experiencia de caminar con Él a lo largo de mi vida? Tomarnos su pregunta en serio no es repetir una respuesta de catecismo, aquello que aprendimos, que es dogmáticamente correcto… Vislumbramos que Jesús va por otro sitio. Eso entienden sus discípulos, que sienten que la pregunta es personal, para cada uno, incluso para cada etapa de la propia vida. Que hay cosas en la vida que no se consensuan en grupo, que cada uno las descubre según su propia experiencia en la relación con Jesús. Por eso Pedro se lanza a hablar, a poner en palabras lo que él piensa de Jesús, su identidad profunda, su importancia… «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Hoy se nos invita a mirar a Jesús que camina a nuestro lado y a mirarnos por dentro, ¿cómo es mi experiencia de Jesús? En tantos años que camino con Él, ¿qué supone su vida, su presencia a mi lado, en mi vida? ¿Cómo contestaríamos a eso hoy? ¿Seremos capaces de mojarnos o seguiremos intentando escapar repitiendo lo que “otros dicen” por muy teólogos o profesores que sean, lo que dice mi grupo cristiano…? ¿Nos animamos a verbalizar lo que hoy es Jesús para nosotros?

Porque no nos sirve de nada repetir formulas hechas, si no tenemos sucesivas experiencias de encuentro personal con Jesús que transformen nuestra vida. ¿De qué sirve aprender de memoria quien es Jesús, si lo conocemos de oídas? ¿En qué espacios y tiempos gestamos la respuesta a esa pregunta? ¿Somos conscientes de que la respuesta debe ser tan viva que casi a diario sea nueva? ¿Nos aferramos a respuestas, o vivimos el dinamismo de la búsqueda, personal y comunitaria?

La tercera, a escuchar la reacción de Jesús, y abrirnos a la acción del Espíritu que cambia nuestra vida

La respuesta de Pedro, para un judío de su tiempo, es algo novedoso, una imagen distinta de Mesías a la que enseñaban en la sinagoga, a la que esperaba el pueblo, el mesías triunfante, poderoso… Una imagen nueva de Dios que cambia no solo sus ideas, sino su forma de vivir. Pedro se juega su vida, la pone en manos de Jesús en su respuesta. La reacción de Jesús puede sorprendernos. No le dice que bien piensas Pedro, cuánto sabes, que bien te expresas. No, le llama feliz, bienaventurado, porque su respuesta no es suya, es del Espíritu. Eso no es fruto de tu trabajo, te lo ha revelado mi Padre. Y por eso te daré un nombre nuevo y una misión nueva.

Las primeras comunidades han visto siempre en este texto la acción directa de Jesús que cambia a Pedro de nombre y le da una misión en su naciente Iglesia, la de guiar y sostener la fe de sus hermanos, la de perdonar y unir… la de las “llaves”. Y al mismo tiempo le asegura que “el poder del maligno”, pongámosle también otros nombres hoy, no le derrotará. Pero no olvidemos la sombra de la cruz que tanto rechazo le ha producido a Pedro al tener que entrelazarla con Jesús, mesías, Hijo de Dios. (Mt 16, 23-28, Mc 8, 33) Y es que todo es acción del Espíritu. Este cambio en Pedro y en nosotros.

¿Nos hemos abierto a esta acción del Espíritu? Sin ella no podremos conocer ni nombrar a Jesús, pero tampoco podemos reconocernos o sentirnos nombrarnos a nosotros mismos. No podremos descubrirnos como hijos y hermanos, como personas amadas y enviadas a construir el reino, a abrir y cerrar puertas a los demás… la pregunta y la contestación no es solo para Pedro. Hoy todos de alguna forma somos reconocidos, nombrados y enviados si nos abrimos a la acción del Espíritu y nos dejamos cambiar el nombre viejo, ese aprendido y defendido, por un nombre nuevo, desconocido, realizado por el Espíritu mientras vamos caminando con Jesús.

Que este domingo tengamos el coraje de abrirnos al Espíritu, abandonar la seguridad de respuestas “hechas” y expresar de verdad lo que pensamos y sentimos, lo que nos hace felices o desgraciados… y eso nos llevará, como a Pedro, a recibir un nombre y una misión nueva, a renovar y cambiar nuestra vida. Que puede empezar a ser más complicada o a tener más cercana la sombra de la cruz, pero que sin duda será más plena y feliz, como toda vida en el Espíritu. Y esto, no lo olvidemos, es un don de Dios.

SEGUIR A JESÚS José Antonio Pagola


 «Seguir» a Jesús es una metáfora que los discípulos aprendieron por los caminos de Galilea. Para ellos significa en concreto: no perder de vista a Jesús; no quedarse parados lejos de él; caminar, moverse y dar pasos tras él. «Seguir» a Jesús exige una dinámica de movimiento. Por eso el inmovilismo dentro de la Iglesia es una enfermedad mortal: mata la pasión por seguir a Jesús compartiendo su vida, su causa y su destino.

Las primeras generaciones cristianas nunca olvidan que ser cristiano es «seguir» a Jesús y vivir como él. Esto es lo fundamental. Por eso Lucas le da tanta importancia a tres dichos de Jesús.

Primer dicho. A uno que se le acerca decidido a seguirle Jesús le advierte así: «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza». El instinto por sobrevivir en medio de la sociedad moderna nos está llevando hoy a los cristianos a buscar seguridad. La jerarquía se afana por recuperar un apoyo social que va decreciendo. Las comunidades cristianas pierden peso y fuerza para influir en el ambiente. No sabemos «dónde reclinar la cabeza». Es el momento de aprender a seguir a Jesús de manera más humilde y vulnerable, pero también más auténtica y real.

Segundo dicho. A uno que le pide ir antes a enterrar a su padre Jesús le dice: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios». En la Iglesia vivimos con frecuencia distraídos por costumbres y obligaciones que provienen del pasado, pero no ayudan a generar hoy vida evangélica. Hay pastores que se sienten como «muertos que se dedican a enterrar muertos». Es el momento de volver a Jesús y buscar primero el reino de Dios. Solo así nos colocaremos en la verdadera perspectiva para entender y vivir la fe como quería él.

Tercer dicho. A otro le dice: «El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios». Mirando solo para atrás no es posible anunciar el reino de Dios. Cuando se ahoga la creatividad o se mata la imaginación evangélica, cuando se controla toda novedad como peligrosa y se promueve una religión estática, estamos impidiendo el seguimiento vivo a Jesús. Es el momento de buscar, una vez más, «vino nuevo en odres nuevos». Lo pedía Jesús.

 

SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA

 fe adulta


Aunque es casi imposible, para leer la Palabra con una cierta novedad hay que escapar de las interpretaciones que hemos oído desde siempre porque, con frecuencia, se ajustan poco al evangelio. Una de ellas es la que dice que estamos asentados sobre la roca de Pedro y que la Iglesia siempre estará ahí. Discutible.

Lo que dice el texto que hemos leído es algo de esto: el llamado Simón, es su nombre, recibe el sobrenombre de Pedro (Petros): piedra arrojadiza, un canto del camino, un guijarro (roca, por su parte se dice lithos). Aunque adherido a Jesús, Pedro es  terco y cerril para entender los mecanismos del reino: así es Pedro. Y Jesús dice que SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA.

Es decir, la Iglesia de Jesús se asienta sobre la debilidad de Pedro (y la nuestra). Y si no se hunde es porque Jesús la sostiene porque si no fuera así, hace ya tiempo que esto se hubiera acabado. Es un milagro que la Iglesia perdure cuando está basada sobre el frágil cimiento que somos nosotros. La fuerza de Jesús es la que sostiene a la comunidad cristiana. Sostenidos por él.

Esto tiene unas consecuencias decisivas para nuestra manera de entender la fe:

· Humildad: es preciso aceptar la debilidad de la Iglesia con humildad. El papa León ha pedido a los cristianos que seamos más humildes. Que, a estas alturas, andemos gloriándonos de que somos tantos y tales indica que nos cuesta entender lo básico del evangelio.

· Confianza: nuestra evidente debilidad remite a la confianza en Jesús que ha de traducirse en confianza en los hermanos. Sin esa doble confianza no puede persistir la fe de la Iglesia. Una fe asentada en la desconfianza es camino sin salida.

· Futuro: mirar hacia atrás es la manera de poner en peligro la pervivencia de la Iglesia. Y eso por la sencilla razón de que el evangelio mira al futuro, no al pasado. Una fe anclada en el pasado es un peligro para la Iglesia.

No creamos que una vivencia de la fe asentada en estas certezas se vuelve irrelevante. Todo lo contrario: la actividad social y de mediación del Papa León en estos primeros pasos de su pontificado nos hace ver que la Iglesia, si se apoya en los valores del evangelio, puede hacer una gran contribución a la mejora de la sociedad. El evangelio, no lo dudemos, es terapéutico.

Hace ya años que el teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer profetizó: «Nuestra Iglesia, que durante estos años sólo ha luchado por su propia subsistencia, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la Palabra que ha de reconciliar y redimir a los hombres y al mundo. Por esta razón las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer, y nuestra existencia de cristianos sólo tendrá, en la actualidad, dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres». Pues bien, oremos y trabajemos por la justicia. Por esas sendas la comunidad cristiana se hace fuerte y tiene un horizonte ante ella.

 

COLUMNAS QUE SIENDO TAN DIFERENTES SOSTIENE EL MISMO TEMPLO SAN PEDRO Y SAN PABLO Mt 16,13-19

fe adulta

 Hay constancia de que, ya en el s IV, se celebraba una fiesta en honor de S. Pedro y S. Pablo. No es fácil descubrir las razones que llevaron a aquellos primeros cristianos a unir en una misma celebración litúrgica, dos figuras tan distintas. Está muy clara la complementariedad de las dos personalidades.

Pedro es la figura más destacada de las personalidades el NT. Su nombre aparece 182 veces. Aun así, sabemos poco de su vida. Muchas referencias de los evangelios son acomodaciones hechas después de que se le consideró cabeza.

Pablo es la persona mejor documentada. Es el único apóstol del que podemos hacer una biografía casi completa. Los Hechos nos cuentan las peripecias del apóstol con precisiones minuciosas. Aunque se presenta como hecho fundamental de su vida la misteriosa caída del caballo, la realidad fue mucho más prosaica.

Después de estar varios años “dando coces contra el aguijón”, un buen día cayó del burro (el caballo no se menciona). Su conversión no supuso ningún cambio de actitud; pasó de ser un fanático fariseo a ser un fanático cristiano. Predicó un Jesús idealizado, poco que ver con el Jesús que Pedro conocía muy bien.

Pedro no pierde ocasión de manifestar su oposición a lo que decía Jesús. Se niega a aceptar un Jesús que tiene que ir a la muerte. En la Cena se opone a que su “jefe” le lave los pies. Un poco más tarde, en el momento más difícil para Jesús, le niega tres veces, que quiere decir que le niega absolutamente, sin paliativos.

Pablo fue un fanático de su religión, aunque desde la perspectiva de la diáspora greco-romana, que tenía su peculiaridad. Por defender el judaísmo se convirtió en perseguidor de todos aquellos que seguían a Cristo, la mayor herejía surgida del judaísmo. También su formación personal fue completamente diferente.

Pedro era simplemente un pescador, sin ninguna preparación, pero testarudo y sincero. Pablo era un intelectual. Había pasado por la universidad, que entonces era el estudio de la Ley. Uno, con su sencillez y espontaneidad judía y el otro, con su agudeza intelectual gentil, construyen la misma y única Iglesia.

Esa dificultad que tuvieron Pedro y Pablo para seguir a Jesús, puede ser de mucha ayuda para nosotros hoy. Pedro, antes de la experiencia pascual, siguió a un Jesús acomodándolo a sus ideales e intereses de buen judío. Pablo, antes de la caída del caballo servía al Dios del AT que estaba a años luz del Dios de Jesús.

La dificultad que los dos experimentaron para aceptar la figura de Jesús, hace más creíble la sincera adhesión a su persona. No sirve de nada seguir a Jesús sin haberse identificado con él. Solo después de haber superado nuestros prejuicios, estaremos preparados para aceptar el verdadero mensaje de Jesús.

FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO Una pareja extraña para una fiesta peculiar

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Cuando Pablo tuvo un serio altercado con Pedro en Antioquía de Siria, acusándolo casi de estar traicionando a Jesús, no podía imaginar que la Iglesia terminaría celebrando su recuerdo el mismo día. (Para los interesados, el conflicto lo cuenta el mismo Pablo en la carta a los Gálatas 2,11-21). Pero estoy convencido de que le gustaría la idea: lo que pretende la Iglesia al unirlos en una celebración común no es cantar la gloria de ninguno de los dos sino celebrar la obra común que Dios llevó a cabo a través de ellos.

Pedro, el cabecilla

Entre los discípulos de Jesús, Pedro fue sin duda el más lanzado, con el peligro que eso conlleva. Era el cabecilla del grupo, el primero en hablar en cualquier circunstancia, sin miedo a reprender a Jesús cuando anuncia su pasión, sin miedo a llevarle la contraria cuando quiere lavarle los pies o cuando anuncia que todos lo traicionarán. El ser tan lanzado lo sitúa también en el lugar más peligroso, y termina negando a Jesús. Pero, como él mismo termina confesando después de la resurrección: «A pesar de todo, tú sabes que te amo». No es raro que Jesús lo viese como el cabecilla natural del grupo después de su muerte.

Pablo, el hombre universal

Pero la expansión de la Iglesia primitiva es humanamente inconcebible sin la figura de Pablo. Todos hemos leído su conversión. Lo que muchos no conocen es la revelación que Dios le hizo y en la que él tanto insiste en sus cartas: que la buena noticia de Jesús no era sólo para los judíos sino también para todo el mundo; para judíos y paganos. Es cierto que a mediados del siglo I ya hay cristianos en Roma (a ellos les dirige Pablo su famosa carta), pero si el evangelio se extiende por lo que actualmente es Turquía, Grecia, quizá España, es gracias a la labor de Pablo, que recorrió miles de kilómetros y se expuso a toda clase de peligros por llevar la fe en Jesús «hasta los confines de la tierra».

El enfoque de las lecturas

La liturgia concede especial importancia a Pedro, dedicándole las lecturas primera y tercera (evangelio). A Pablo dedica la segunda. En ambos casos se destacan los aspectos de protección divina y misión.

PEDRO: PROTECCIÓN Y MISIÓN

1ª lectura: protección divina

Se expresa a través de un sorprendente milagro: Pedro, a pesar de estar liberado por cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno, es liberado durante la noche por un ángel. Resulta imposible no pensar en la liberación de los israelitas de Egipto, cuando el ángel marcha delante de ellos también durante la noche. Por otra parte, esta es la tercera vez que meten a Pedro en la cárcel, y la segunda que lo saca un ángel. Algo que llama la atención, porque otros cristianos no gozan del mismo grado de protección divina: a Esteban lo apedrean, a Santiago lo degüellan, a Pablo lo persiguen a muerte y tienen que descolgarlo en una espuerta… Por otra parte, el mismo Pedro terminará crucificado según la tradición.

Esta primera lectura, que puede provocar una sonrisa escéptica en muchos cristianos actuales, tiene gran valor simbólico. Basta pensar en los últimos Papas, atados con todo tipo de cadenas y vigilados por numerosos cardenales (más atentos que las cuatro cohortes romanas de Pedro). Buen momento para pedirle a Dios que envíe un ángel a liberar a León.

Evangelio: misión

La misión se cuenta con el famoso episodio de la confesión de Cesarea de Felipe, que parte de la gran pregunta: ¿quién es Jesús? El pasaje se divide en tres partes: 1) lo que piensa la gente; 2) lo que afirma Pedro; 3) la promesa de Jesús a Pedro. Esta tercera parte es exclusiva de Mateo y es la fundamental para la fiesta de hoy. Para no alargarme, me limito a comentar esta parte final y dejo las otras dos para un apéndice.   

En los evangelios de Marcos y Lucas, el pasaje de la confesión de Pedro en Cesarea de Felipe termina con las palabras: "Prohibió terminantemente a los discípulos decirle a nadie que él era el Mesías". Sin embargo, Mateo introduce aquí unas palabras de Jesús a Pedro.

Comienzan con una bendición, que subraya la importancia del título de Mesías que Pedro acaba de conceder a Jesús. Humanamente hablando, Pedro es un hereje o un loco. Para Jesús, sus palabras son fruto de una revelación del Padre. Nos vienen a la memoria lo dicho en 11,25-30: "Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y aquel a quien el Padre se lo quiere revelar".

Basándose en esta revelación, no en los méritos de Pedro, Jesús le comunica unas promesas: 1) sobre él edificará su Iglesia; 2) le dará las llaves del Reino de Dios; 3) como consecuencia de lo anterior, lo que él decida en la tierra será refrendado en el cielo.

Las afirmaciones más sorprendentes son la primera y la tercera. En el AT, la "roca" es Dios. En el NT, la imagen se aplica a Jesús. Que el mismo Jesús diga que la roca es Pedro supone algo inimaginable, que difícilmente podrían haber inventado los cristianos posteriores. (La escapatoria de quienes afirman que Jesús, al pronunciar las palabras "y sobre esta piedra edificaré mi iglesia" se refiere a él mismo, no a Pedro, es poco seria).

La segunda afirmación ("te daré las llaves del Reino de Dios") se entiende recordando la promesa de Is 22,22 al mayordomo de palacio Eliaquín: "Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: lo que él abra nadie lo cerrará, lo que él cierre nadie lo abrirá". Se concede al personaje una autoridad absoluta en su campo de actividad. Curiosamente, el texto de Mateo cambia de imagen, y no habla luego de abrir y cerrar sino de atar y desatar. Pero la idea de fondo es la misma.

El texto contiene otra afirmación importantísima: la intención de Jesús de formar una nueva comunidad, que se mantendrá eternamente. Todo lo que se dice a Pedro está en función de esta idea.

¿Por qué pone de relieve Mateo este papel de Pedro? ¿Le guía una intención eclesiológica, para indicar cómo concibe Jesús a su comunidad? ¿O tienen una finalidad mucho más práctica? Ambas ideas no se excluyen, y la teología católica ha insistido básicamente en la primera: Jesús, consciente de que su comunidad necesita un responsable último, encomienda esta misión a Pedro y a sus sucesores.

Es posible que haya también de fondo una idea más práctica, relacionada con el papel de Pedro en la iglesia primitiva. Uno de los mayores conflictos que se plantearon desde el primer momento fue el de la aceptación o rechazo de los paganos en la comunidad, y las condiciones requeridas para ello. Los Hechos de los Apóstoles dan testimonio de estos problemas. En su solución desempeñó un papel capital Pedro, enfrentándose a la postura de otros grupos cristianos conservadores (Hechos 10-11; 15). En aquella época, en la que Pedro no era "el Papa", ni gozaba de la "infalibilidad pontificia", las palabras de Mateo suponen un espaldarazo a su postura en favor de los paganos. "Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo". Es Pedro el que ha recibido la máxima autoridad y el que tiene la decisión última.

PABLO: PROTECCIÓN Y MISIÓN

De Pablo se podrían haber elegido infinidad de textos, dada la abundancia de sus cartas y lo mucho que cuenta de él el libro de los Hechos. La liturgia ha elegido un breve pasaje, muy autobiográfico, de la segunda carta a Timoteo. A punto de morir, Pablo recuerda su intensa actividad apostólica y espera el premio prometido. Al mismo tiempo, es consciente de que siempre contó con la ayuda y la fuerza del Señor. Igual que a Pedro lo liberó milagrosamente, a él lo ha librado también de la boca del león, no milagrosamente, sino después de naufragios, azotes, apedreamientos, hambre y sed.

APÉNDICE: las dos primeras partes del evangelio

Lo que piensa la gente

Jesús plantea una encuesta: quién dice la gente que es él. Un lector moderno con cierta cultura bíblica pensará que el resultado no puede ser más descorazonador. Para la gente, Jesús no es un personaje real, sino un muerto que ha vuelto a la vida, se trate de Juan Bautista, Elías, Jeremías o de otro profeta. De estas opiniones, la más "teológica" y con mayor fundamento sería la de Elías, ya que se esperaba su vuelta, de acuerdo con Malaquías 3,23: "Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible; reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra".

Al lector moderno le puede resultar interesante que el pueblo vea a Jesús en la línea de los antiguos profetas, en lo que pueden influir muchos aspectos: su poder (como en los casos de Moisés, Elías y Eliseo), su actuación pública, muy crítica con la institución oficial, su lenguaje claro y directo, su lugar de actuación, no limitado al estrecho espacio del culto...

Sin embargo, cuando se conoce la época de Jesús, la visión anterior resulta inadecuada. En la mentalidad popular, el título de "profeta" tiene fuertes connotaciones políticas; significa que la gente ve a Jesús como un libertador. Flavio Josefo nos ha dejado testimonio de varios "profetas" surgidos por entonces. Su visión es muy negativa, pero interesante:

"Hombre engañadores e impostores, que bajo apariencia de inspiración divina realizaban innovaciones y cambios, induciendo a la multitud a actos de fanatismo religioso y la llevaban al desierto, como si allí Dios les hubiese mostrado los signos de la libertad inminente. Félix envió caballería e infantes contra estos, matando a gran cantidad. Mayor desgracia fue la que trajo sobre los judíos el falso profeta egipcio. Efectivamente, llegó al país un hombre charlatán, que, habiéndose ganado reputación de profeta, reunió a casi treinta mil de los seducidos por él; desde el desierto los llevó al monte de los Olivos, desde donde, según decía, podía penetrar a la fuerza en Jerusalén, vencer a la guarnición romana e imponerse como tirano sobre el pueblo" (Guerra de los Judíos II, 258-263).

Esta mentalidad popular del profeta como libertador político es la que comparten los discípulos de Emaús; para ellos, Jesús era "un profeta poderoso en obras y en palabras... nosotros esperábamos que él fuera el libertador de Israel" (Lc 24,19-21).

Lo que afirma Pedro

Jesús quiere saber si sus discípulos comparten esta mentalidad o tienen una idea distinta: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?" Es una pena que Pedro se lance inmediatamente a dar la respuesta, porque habría sido interesantísimo conocer las opiniones de los demás.

Según Mc 8,29, la respuesta de Pedro se limita a las palabras "Tú eres el Mesías". Mt añade "el Hijo de Dios vivo". ¿Aporta algo especial este añadido? Según algunos, Pedro confesaría no sólo la misión salvadora de Jesús (Mesías), sino también su filiación divina (Hijo de Dios). Sin embargo, esta teoría no es tan clara como parece. El rey de Israel -y por tanto el Mesías- era presentado desde antiguo como "Hijo de Dios" o "Hijo del Altísimo". En el fondo, parece que Mateo no añade nada nuevo. En cualquier caso, hay un dato indiscutible: confesar a Jesús como "Hijo de Dios" ya lo habían hecho los discípulos después de verlo caminar sobre las aguas (14,33). Por consiguiente, la novedad no reside aquí, sino en el título de Mesías. En su origen, el Mesías era el rey de Israel, al que se ungía derramando aceite sobre la cabeza. Con el paso del tiempo, especialmente en los siglos II y I a.C., la imagen del Mesías fue adquiriendo rasgos cada vez más sorprendentes, como se advierte en los Salmos 17 y 18 de Salomón (de origen fariseo, no forman parte de la Biblia). De él se esperaba la liberación política de Israel y la instauración de una sociedad de justicia, paz en entrega al Señor.

Por consiguiente, la confesión de Pedro reviste una importancia y novedad enormes. Además, es importante advertir que se sitúa inmediatamente después del episodio de fariseos y saduceos, representantes del judaísmo oficial, que no aceptan a Jesús. Pedro, contra la opinión oficial, ve en Jesús al salvador del pueblo elegido por Dios

LO QUE SE HALLA EN JUEGODomingo XIII del TO 29 de junio Lc 9, 51-62

 


El carácter hiperbólico -tan del gusto oriental- de las respuestas que el evangelista pone en boca de Jesús tiene una finalidad manifiesta: subrayar la prioridad absoluta de lo que se halla en juego. Carece, por tanto, de sentido una lectura literalista que se apresura a sacar conclusiones que poco o nada tienen que ver con el sentido del texto.

¿Y qué es exactamente lo que se halla en juego, aquello que hace relegar a un segundo plano valores tan importantes como enterrar a los muertos o ser amoroso con la propia familia?

El propio Jesús parece que se refería a ello con una expresión polisémica, absolutamente nuclear y característica del evangelio: el “Reino de Dios”. Con tal expresión se alude, tanto a la urgencia de construir un “mundo nuevo”, caracterizado por la vivencia de la fraternidad -uno de los ejes de todo el mensaje de Jesús-, como a la comprensión de lo que realmente somos -el “tesoro escondido” del que habla en sus parábolas-.

Una (inapropiada) lectura literalista se enreda al entrar en comparaciones entre los valores que aparecen en el relato. Pero el mensaje no va por ahí. Lo prioritario -viene a decir- es que llegues a comprender lo que realmente eres… y todo lo demás “se te dará por añadidura”.

Ahora bien, esa tarea prioritaria requiere motivación firme y dedicación constante, consciente además de que se te podrán caer todos los apoyos: no te quedará ni “una piedra donde poder reclinar la cabeza”. El camino que conduce a la comprensión de lo que somos nos irá desnudando de todo aquello que habíamos ido colocando en un primer plano. Y es justamente esa experiencia de desnudez la que nos hará anclarnos en lo realmente, aquello que somos en profundidad, lo que nunca nació y nunca morirá. Esto es lo que se halle en juego, ya que, como dijera el mismo Jesús en otra ocasión, “¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida” (Mt 16,26).

 


LA EUCARISTÍA Lc 9, 51-62 «El que echa mano del arado y sigue mirando atrás no sirve para el Reino»

fe adulta

 

Hoy, octava de la fiesta del Corpus Christy celebrada el domingo pasado, me van a permitir unas consideraciones sencillas respecto a la eucaristía.

Cuando Jesús dijo a sus discípulos: «Haced esto en memoria mía»… sabía muy bien lo que hacía, porque esa invitación iba a ser el motor que impulsase su obra una vez que a su muerte pasase a nuestras manos. Los primeros cristianos así lo entendieron, y dieron la máxima importancia a la “Fracción de Pan” o “Cena del señor”, que les hacía sentirse comunidad, escuchar a los Testigos, practicar la caridad, atender la misión y soportar las persecuciones. Sin ellas hubiese sido imposible lograr esa unión y esa motivación que les hizo sobrevivir y acometer la misión a la que se sentían llamados.

Pero el gran crecimiento del número de miembros de las comunidades cristianas hizo imposible mantener esta tradición, y desde la época apostólica la Cena del Señor fue sustituida por la eucaristía. Y ese cambio fue a peor; a mucho peor. La eucaristía perdió su carácter de asamblea de fieles y tomó un marcado sentido de sacrificio. Los fieles pasaron a la categoría de oyentes y aquella celebración se convirtió en un rito obligatorio so pena del infierno… Aquello parecía su fin, pero a pesar de ello, a pesar de que se celebraba en latín con el oficiante de espaldas al pueblo, a pesar de que en ella se introdujeron elementos míticos fruto de la insensatez de los teólogos, la eucaristía ha pervivido y ha sido la correa de trasmisión de la Palabra que ha hecho el milagro de hacerla llegar hasta nosotros.

Gracias a ella, hoy Jesús forma parte de nuestras vidas, y por eso nos atrevemos a afirmar que si unos la arrinconan porque ya no es obligatoria y han perdido el miedo al infierno, y otros porque no ven más allá del rito que la envuelve, los cristianos corremos el riesgo de convertirnos en grupos marginales en extinción que nada representen en la marcha del mundo.

En la eucaristía se reúnen los fieles, se confortan y se motivan mutuamente con su simple presencia, se sienten necesitados de Dios y lo manifiestan, escuchan la Palabra (posiblemente, el único sitio donde la escuchan), recuerdan el entrañable momento en que Jesús se sintió alimento del mundo poco antes de morir, rezan conjuntamente la oración que nos enseñó, comulgan con él y salen al mundo bien alimentados y bien motivados para proclamar el Reino; para ejercer de cristianos. José Enrique Ruiz de Galarreta al final de las eucaristías que él presidía solía decir: «Ya nos hemos alimentado, ahora a trabajar»… José Enrique trascendía el rito y la consideraba el corazón de las comunidades cristianas.

Sería estupendo que los cristianos nos sintiésemos necesitados de la eucaristía como nos sentimos necesitados del alimento; que al levantarnos el domingo por la mañana pensásemos “¡Que bien, hoy es domingo; hoy tengo eucaristía; voy a estar con el resto de mi comunidad, voy a escuchar la Palabra, voy a comulgar con Jesús; voy a coger fuerzas para afrontar la semana!... Y esto no es una utopía irrealizable, sino la consecuencia en una eucaristía bien celebrada que trasmita la buena Noticia y nos comprometa con ella. Como decía Lope de Vega: «Quien lo probó, lo sabe»…

Por tanto la respuesta al estado catatónico de la eucaristía no es su paulatino abandono, sino el empeño de todos en trabajar para que resulte cada vez más valorada por los cristianos. Más imprescindible. Y hay muchas cosas que mejorar para que este deseo tome visos de realidad, empezando por la trasmisión fidedigna de la Palabra. Un buen predicador llena su iglesia cada domingo… pero hay muy pocos. Es lamentable ver la poca cultura evangélica que muestran muchos de quienes tienen la misión de trasmitirla, y si la jerarquía no cuenta entre sus clérigos con el suficiente números de ellos capaces de enganchar a los fieles con una interpretación fidedigna del evangelio, que eche mano de las laicas o los laicos que son capaces de hacerlo; que hay muchos. Y quizá sea éste el camino: la participación y el compromiso.

Termino. Mirando la historia, da pánico pensar que la eucaristía pueda acabar por desaparecer, porque su papel en la vertebración de la Iglesia y la trasmisión de la Palabra ha sido decisivo. Evitarlo es tarea de todos, y por eso se me ocurre pensar que hoy que está tan de moda la sinodalidad, se podría organizar un sínodo con este objetivo específico, pero con el mismo espíritu con el que se reúne el estado mayor de un ejército para plantear una batalla decisiva.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí