FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA
SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA
ESTAMOS EN LARREA,4 - 48901 BARAKALDO

BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




ATALAYA

ATALAYA
ATALAYA ENERO 2025

jueves, 14 de noviembre de 2024

EGODICEA


col koldo

 

Tema nuevo, pero, al mismo tiempo antiguo con lenguajes diferentes. Así y todo, importante en el mundo occidental por la pluralidad de significados del ego. El ego es valorado y desvalorado, defendido y atacado según el ángulo desde donde se contemple, se viva y se explique.  Por eso, me atrevo y arriesgo a hablar de él así como enseñarlo, de ahí la palabra “dicea”. Por tanto “egodicea”.

Para comprender mejor mi intención, el punto de partida debiera ser para la persona lectora su propia experiencia, no las creencias o enseñanzas. Además, sabiendo las diferentes explicaciones sobre qué es el ser humano desde la biología, la psicología, la filosofía, la teología, las diferentes religiones y  últimamente las neurociencias. ¿No ha encontrado la persona lectura ante muchos sustantivos el prefijo “neuro”?

El último que he encontrado ha sido en la revista “Muy interesante”: El neuropecado. Y en otro lugar, “Iberdrola”: Los neuroderechos. Tenemos un buen campo de investigación. Pero es preciso simplificar.

Pues bien, ante este magno panorama, no hay otro camino que sentir y explicarse el ser humano a sí mismo: ¿Qué entiende por ego? Ciertamente, hay que leer para informarse y formarse. Los mapas ayudan y más si están bien hechos y nos inspiran confianza, pero es preciso partir de nuestro territorio, de nuestra interioridad para formular nuestro propio mapa que puede coincidir con otros autores: El mapa no es el territorio.

De ahí, mi riesgo y atrevimiento de presentar un mapa o un intento de “egodicea”. Y para ello debo indicar qué autores me han inspirado. El primer autor, de inicio, es Sigmund Freud (1856-1939). Recalco de inicio. Pone las bases con la metáfora del caballo: El jinete (ego, que conecta con la realidad), el caballo (ello, el mundo pasional sin límites) y las riendas (superego o las normas ancestrales, tribales, familiares junto con el ideal o ideales, que debe clarificarse). 

Y sin olvidar nunca, la gran aportación freudiana: el inconsciente individual.

Luego, ampliado por Carl G. Jung (1875-1961) con su inconsciente colectivo, dinamizado con los arquetipos, que mueven lo individual como colectivo. 

Y pone en juego diversos personajes: El héroe, el triunfador, etc.

Posteriormente, completado con una cartografía más amplia, que abarca lo perinatal, toda la movida del embarazo, realizada por Stan Grof (1930-…). Y la visión de la psicología transpersonal con Michael Washburn (1943- …). Sintetizando: El ego psicoanalítico.

Todos ellos vienen del psicoanálisis o de la psicología profunda. Y se entiende por “profunda” porque se busca y analiza los entresijos escondidos en nuestro interior. Y el ego tiene una tendencia a negarlos porque molestan, pero al mismo tiempo por ser dinámicos pueden ayudar o fastidiar. Y conocer esta sombra es de un gran beneficio para el sujeto como para la colectividad.

Ya he indicado antes, la metáfora del jinete que monta a caballo con sus propias riendas. El jinete o el ego cuanto mejor conozca su caballo, el mundo pasional, que son las pulsiones, más que instintos, que es el ello, mejor los podrá gestionar con un criterio sano, razonable, madurativo, es decir, pensar por sí mismo y construir su propio criterio para saber adaptarse a la realidad, no conformarse a ella. 

Ciertamente que debe tener en cuenta las normas, los ideales, la sociedad y, a pesar de todo esto, el jinete o el ego tendrá que hacer su propio criterio. Le será preciso dialogar con su superego, que son los valores de la sociedad actual como las anteriores. Y qué ideal le exige. Si es “un ego ideal”, es un narcisismo. 

Y el narcisismo es un término que rige a partir de Freud y que su nomenclatura clásica es orgullo o soberbia. O si es “un ideal para el ego”, entonces es un trabajo propio para elaborar su propia escala de valores, su axiología. Voy a dar un paso más. Intuyo que todo eso es nuevo para la persona lectora. La herencia cultural, aún vigente, es que somos cuerpo/alma o materia/espíritu o memoria/entendimiento/voluntad reprimiendo o suprimiendo el mundo pasional. Pero este mundo emocional hoy queda más manifiesto con el libro “la inteligencia emocional”, que publicó en el 1995 Daniel Goleman (1946…). 

Se habló muchísimo y aún se habla mucho hoy en día. Pero, Freud ya marcó el cambio: Lo pasional hay que integrarlo, no reprimirlo ni suprimirlo. Y así ha sido y es. Sabemos que con la inteligencia emocional se tiene en cuenta, pero a costa de negar el auténtico inconsciente tanto freudiano como junguiano.

Para este aspecto, hay la metáfora de la imagen del “iceberg” o la montaña de hielo. La parte que el ego conoce es solo lo que hay en la superficie y con algo de esfuerzo lo que alcanza la vista desde la cima, pero no así todo el resto. Y quien mueve el iceberg no es el que está en la punta de la superficie, sino lo que está escondido o profundo; como el caballo, que es el mundo de los deseos, el que guía.  De ahí, el gran esfuerzo en conocer el fondo del iceberg o el caballo a través de la reflexión, del silencio, de la lectura y también de una ayuda, no precisamente siempre clínica, de un acompañante

Por tanto, podemos considerar la estructura anímica como un teatro. Sus estancias o lugares: el consciente (el escenario y las butacas), el preconsciente (lo que se esconde detrás de las bambalinas y fácil de saberlo), el inconsciente (lo debajo del teatro y las buhardillas). A más en este teatro actúan personajes:  Ello, ego y superego.

Y estos personajes o instancias que forman parte de esta estructura anímica, que no mental. El “ello” tiene un origen biogenético, la fuerza pasional de todos los presentes. El “ego” su origen es psicogenético que es conformado en base a lo pulsional, el actor. Y el superego es también psicogenético pero adquirido en base a las costumbres, normas sociales junto con el apuntador y público.Y para ir concluyendo, el ego debe ir pasando por etapas diferentes como infancia, adolescencia, juventud, madurez, ancianidad y a la par niveles de consciencia diferentes: el arcaico, el mágico, el mítico, el racional y el integral.

Todo ello para una nueva materia: la “egodicea”. Y nos explica EL PROCESO MADURATIVO INTEGRAL a través de pre-ego, ego y trans-ego como nos indica la psicología transpersonal.  Muy importante el “trans”, que es ir más allá de sí mismo o despertarse en un nivel más profundo de totalidad u “holístico”.

Por tanto, ni cuerpo ni alma; ni materia ni espíritu, ni solo un manojo de nervios o neuronas, sino UN PROCESO MADURATIVO INTEGRAL gracias a que el ego es un ser hablante. Todo cuanto he intentado narrar hay que verificarlo cada uno personalmente: EXPERIMENTAR.

 

Jaume Patuel

Atrio

PENSAR LA VIDA, CANTAR LA FE


col kowalski

 

Hace tiempo que, en vez de los salmos del Breviario, me siento en silencio de Zen ante el Cristo de Velázquez y saboreo, como Kôan del Espíritu, instantáneas del poema de Unamuno.  Degustemos una muestra.

No me verá dentro de poco el mundo,
mas sí, vosotros me veréis, pues vivo
y viviréis...
te prenden
los ojos de la fe en lo más recóndito del alma.
CV I (1)

Gran acierto del poeta al comenzar el poema con un texto evangélico cardinal (Jn 14, 19). “Dentro de poco el mundo no me verá”. Anticipo de oscuridad mortal, pero "seguido de doble promesa: me veréis, porque estoy vivo, y me veréis porque mi Espíritu os dará los ojos de la fe para verme".

Me veréis porque soy El Que Vive, y esa es la razón de que vosotros no podáis morir, viviréis al morir, muriendo viviréis, viviré en vosotros y vosotros en mí. Es promesa de vivir para siempre.

Me veréis cuando aparezca resucitado en medio de vosotros, porque el Espíritu os dará los ojos de la fe para ver que estoy vivo y lo lleno todo, os envuelvo desde el horizonte infinito de la Vida verdadera y moro en el centro íntimo de vuestro ser profundo.

Los niños y niñas de siete años que escuchaban la homilía entendieron las apariciones del resucitado mejor que algunas personas mayores propensas a literalismos, fisicalismos y fundamentalismos. La sensibilidad infantil está más preparada para  escuchar el lenguaje poético de la Biblia. Les preguntó el predicador:

-Si Pedro o Juan tuvieran como vosotros un teléfono móvil, querrían hacerse un selfie con el Resucitado, ¿verdad? Pero... ¿qué creéis que ocurriría? ¿Saldría bien la foto?

Dos niñas y un niño, en un grupo de once, atinaron respondiendo: -No, el Resucitado no sale en la foto. Al Resucitado no se le puede ver con los ojos de la cara, solo se le ve con los ojos del corazón, con los ojos de fe.

Mi situación ante el Cristo de Velázquez  no es distinta de la de los discípulos ante la presencia de El Que Vive. (Es un error pensar que ellos tuvieron más suerte que yo porque comieron con el resucitado. No, ellos necesitaron lo mismo que nosotros que el Espíritu les diera ojos iluminados del corazón para poder verle). Ellos pasaron por dos momentos de tinieblas y luz.  El primero, la oscuridad de la noche: “Si no lo veo con mis ojos y toco con mis manos no pruebo que está vivo”. El segundo, cuando amanece el alba: El Que Vive les hace ver desde dentro y comprender que Él está vivo, ellos viven porque Su Vida les vive. Y dicen: “Señor mío, Dios mío”.

En mi caso, ante el Cristo de Velázquez, sentado a practicar una hora en silencio de Zazen, se reproducen los mismos dos momentos de Juan o de Tomás. En ese cuadro  el fondo negro brilla a veces como mármol y otras veces el cuerpo  blanco del muerto vivo palidece hasta confundirse con el fondo negro por efecto de la melena del nazareno que parece querer extenderse hasta los pies y confundirse con el fondo oscuro del cuadro. 

He mirado demasiado con los ojos de la cara y se ha producido un efecto óptico de tinieblas, que duró varios minutos. Hubo unos escasos segundos en que miré desde dentro y me pareció sentir que el cuerpo blanco de luna del Hombre muerto que vive proyectaba tal resplandor al resto del cuadro que desaparecía la noche oscura del fondo negro. Podemos decir con Tomás: Señor mío y Dios mío...

Para el pensador poético la fe es querer creer. Para el creyente poético, creer es ser hecho creer por el Espíritu de El Que Vive. En mi sintonía con el poeta, tras esas primeras líneas del poema con la frase clave joannea: “viviréis porque vivo”,  presiento el enigma filosófico del sentido de la vida y el misterio de fe: la Vida de la vida que me vive

Con razón el poeta agradece al pintor que con su pincel hiciera que “veamos hoy en carne esa vida que hace nueva la nuestra”... y agradecemos a Unamuno la ayuda de su pensamiento poético para pensar la vida y vivir la fe.

 

Juan Masiá

Religión Digital

POBREZAS, PRECARIEDADES Y MUJERES. UNA MIRADA TEOLÓGICA


col kowalski

 

La pobreza tiene rostro de mujer, pero no todas las pobrezas tienen un rostro reconocible, ni todas las mujeres somos pobres de la misma forma o por las mismas razones. La intersección de ambas categorías, pobreza y mujer, nos interpela más allá de la búsqueda legítima de justicia o equidad. En este sistema caníbal, como nos recordaba Montse Escribano parafraseando a Nancy Fraser cuando nos dio la bienvenida a las jornadas, devorador de nuestro tiempo, de nuestros espacios y recursos naturales, de nuestra salud, nuestros derechos, etc. podemos descubrir también el rostro de Dios.

María Moscardó nos ayudó a entender la pobreza más allá de la carencia material, mostrándonos de qué modo la concatenación de crisis sociales y económicas de los últimos años ha conducido a su “cronificación”, y cuáles son sus efectos colaterales: exclusión social, violencia, pérdida de capacidad de respuesta a situaciones de riesgo o estresores (desempleo, desastres naturales, enfermedades), etc. María nos mostró que la precariedad de las condiciones de vida se agudiza en los espacios mayoritariamente ocupados por mujeres, como la maternidad o los cuidados, y por ello ni la acción social ni las políticas públicas pueden prescindir de un enfoque de género.

Las raíces de la pobreza que toma nombre y cuerpo de mujer son antiguas. Ana Unzurrunzaga nos adentró, mediante una reflexión profunda y sistemática, en el contexto de las mujeres bíblicas, denunciando las condiciones que, en el transcurso de la historia, las fueron desposeyendo no sólo de bienes materiales, de voz y de libertad, sino también, y sobre todo, de identidad y pertenencia. A pesar de todo ello, una y otra vez Dios las reconoce y se identifica con ellas, descubriéndonoslas así como sujetos de esperanza.

Como demuestran los relatos bíblicos, las representaciones de la realidad conforman la propia realidad, y así nos lo hacía ver Sonia Herrera poniendo el foco en la cultura y en los medios de comunicación. A través de ejemplos concretos, Sonia nos invitaba a pensar sobre cómo las mujeres somos representadas y de qué manera esto influye en la construcción social de significados, en el imaginario colectivo, en la memoria y también en la agenda política. Asimismo, nos dio algunas claves de transformación: no perder de vista la interseccionalidad, buscar representatividad en las debilidades pero también en las fortalezas, autocrítica y deconstrucción permanentes.

Precisamente desde la autocrítica, desde ese ejercicio de descalzarse cuando nos acercamos a lo sagrado, Tusta Aguilar nos proponía despojarnos de nuestros propios prejuicios para poder mirar lo que no se ve, para hacer “sociología de las ausencias”, para reconocernos como iguales. Citaba a Santa Teresa para explicarnos que “ser espiritual es ser esclavo del amor”, que la espiritualidad no es otra cosa que la oportunidad de dar y de recibir la alegría y la plenitud del Espíritu. Del Espíritu nacen la hondura, la proximidad, los vínculos, el agradecimiento y la ternura. Del Espíritu son también la indignación, la rebeldía y la creatividad.

“Esto es lo que hay, pero aquí está Dios” nos decía Tusta. Nada que añadir.

 

ATE (Asociación de Teólogas españolas)

Religión Digital 

LA REALIDAD POLÍTICA ACTUAL Y EL LIBRO DEL APOCALIPSIS


col kowalski

 

El libro del Apocalipsis es uno de los relatos bíblicos donde los marginados y empobrecidos de la tierra narran la historia desde su perspectiva. Para ellos, los grandes gobiernos imperialistas representan auténticos leviatanes, monstruos gigantescos y bestias inalcanzables (Ap 13,1-2), como serpientes poderosas, pero con "pies de barro", expresión tomada del libro de Daniel para recordar que incluso los imperios más imponentes tienen puntos débiles: toda estructura de poder económico o político que parece impenetrable tiene su "talón de Aquiles" que, tarde o temprano, lo hará derrumbarse (cf. Dn 2,31-34).

Este preámbulo da paso a un análisis de la situación política actual, inspirado en las Sagradas Escrituras. Estas nos sirven de brújula profética para comprender los avatares del mundo, que, hoy como ayer, siguen reflejando los mismos conflictos y tensiones que dieron contexto a las escenas bíblicas del Antiguo y Nuevo Testamento. En el libro del Apocalipsis, el imperialismo romano es representado como una nueva Babilonia o un nuevo Egipto (Ap 17,5; Ap 11,8), símbolos de dominación despiadada que trajeron muerte, ruina y desesperación a los pueblos.

La reciente elección de Donald Trump como presidente en Estados Unidos es el reflejo de una generación en crisis, que carece de líderes políticos y no encuentra en las nuevas generaciones paladines de la justicia y la democracia. Esta ausencia de liderazgos auténticos impide la entrada de modelos políticos, sociales y económicos que enfrenten el ecocidio devastador que hoy amenaza a la tierra. El libro del Apocalipsis nos advierte sobre el peligro de una destrucción sin precedentes, causada por los intereses mezquinos de las élites económicas, que se amparan en el consumismo materialista para dominar y controlar los "bolsillos" de la humanidad (Ap 18,11-13).

Sin duda, esta crisis de liderazgo que afrontan muchas naciones se debe, en parte, a la falta de oxígeno ideológico en los nuevos movimientos políticos que emergen en los continentes. Las masas han dejado de centrar sus miradas en las entidades estatales, observándolas con sospecha, y prefieren voltear hacia el espectáculo y el entretenimiento. Hoy en día, los "líderes" son actores, cantantes y deportistas, mientras que la abstención de las personas en procesos electorales va en aumento. En muchos países, el electorado no elige al mejor candidato, sino simplemente al "menos malo".

Es difícil entender cómo en una nación de 345 millones de habitantes, como Estados Unidos, haya solo dos opciones para la presidencia, ambas envueltas en controversias. Por un lado, Donald Trump, aunque octogenario, representa la élite económica y el nacionalismo exacerbado, así como el desprecio por el medioambiente. Su retorno al poder evoca el pasaje del Apocalipsis que describe a la bestia que sobrevive a una herida mortal (Ap 13,3). Estos "viejos lobos" de la política resurgen constantemente, y son aclamados como ídolos por multitudes que, a veces, se dejan engañar por discursos mesiánicos en los que se invoca a Dios como dispensador de poderes al líder de turno, convirtiéndolo en un "mesías" político que promete la salvación.

Las recientes elecciones en Estados Unidos han puesto en evidencia un fenómeno presente en todo el continente americano: la profunda división entre las ideologías políticas y los sectores sociales. Solo cinco millones de votos separaron a Trump, quien obtuvo 73,077,419 votos (50.8%), de Harris, con 68,633,741 votos (47.7%). Este margen refleja una clara polarización en el electorado. Este patrón se repite en diversos países del continente, donde los adversarios políticos logran victorias con diferencias mínimas, lo que indica una fragmentación social que parece incrementarse.

Un caso atípico en este contexto es El Salvador, donde Nayib Bukele ganó con una mayoría abrumadora del 85%. Su popularidad se ha basado en una política de seguridad que, aunque ha logrado una disminución notable en la violencia, ha sido criticada por la falta de transparencia y el uso de medidas drásticas. Bukele utiliza en sus discursos referencias religiosas, especialmente al arzobispo Óscar Romero, como una estrategia de conexión con la población, aunque la visión de Romero parece incompatible con las políticas del actual presidente. Si bien Bukele ha reducido la violencia, El Salvador sigue siendo uno de los países más desiguales de la región, con una pobreza que alcanzaba el 30.3% y la pobreza extrema el 10% en 2023 (Banco Mundial). Con una población de aproximadamente seis millones, similar a la de ciudades como Medellín en Colombia, el país enfrenta grandes retos en cuanto a desigualdad y bienestar social.

En cuanto al panorama político del continente, pueden distinguirse tres grupos principales de líderes:

Centro o extrema derecha: Este grupo se caracteriza por defender políticas neoliberales y priorizar intereses empresariales e industriales, beneficiando generalmente a sectores económicos internacionales y grandes corporaciones que se extienden en los países en desarrollo. Los líderes de esta tendencia suelen provenir de clases altas o aristocráticas, y frecuentemente son figuras destacadas en el mundo de los negocios. Trump (empresario), Bukele (de ascendencia árabe), Mulino (hijo de político), Noboa (aristócrata, nacido en Miami, presidente de Ecuador), Milei (empresario), Peña y Chaves (banqueros) y Lacalle (hijo de un ex presidente). Este grupo parece representar una élite económica que gobierna para un sector específico, y no para una clase empobrecida a la que desconocen o a la cual desprecian (cf. Ap 6,6).

Centro izquierda: Este grupo se presenta con discursos populistas, orientados a políticas ambientalistas y sociales. Sus líderes suelen tener una trayectoria de vida más cercana a la clase obrera o popular y han emergido de movimientos alternativos. Ejemplos de este grupo incluyen a Petro (ex militante del M19), Lopez y hoy Sheinbaum (partidos obreros), Arce (familia clase media), Lula (obrero), Boric (partidos alternativos), Boluarte (asume por sucesión constitucional), Castro y Arévalo (son los casos atípicos de esta lista por venir de familias políticas pero ser de izquierda) Estos dirigentes, si bien apelan a una retórica de cambio y a veces se identifican con la causa de los pobres, han enfrentado desafíos en la implementación de sus programas sociales, y sus políticas a menudo se enfrentan a los poderes establecidos.

Gobiernos autoritarios: Este grupo incluye el trío diabólico del continente Nicaragua, Cuba y Venezuela, cuyas estructuras políticas se han afianzado en el poder a través de métodos como el uso de la fuerza, el fraude electoral y violaciones a los derechos humanos. En su origen, estos gobiernos surgieron de movimientos populares que prometían una transformación social, llegaron al poder luego de revoluciones sociales que buscaron acabar con poderes aristócratas o autoritarios, se aprovecharon de sus “caudillos” y resultaron siendo peor que la enfermedad. Sus liderazgos recuerdan a las advertencias del Apocalipsis sobre los "falsos profetas" que manipulan a las masas para servir a sus propios intereses, en vez de buscar el bien común.

Es un panorama confuso para el continente: no hay claridad, políticas efectivas, ni un sistema alternativo al capitalismo que logre humanizar a la inmensa mayoría de los empobrecidos, los marginados, los migrantes y las innumerables víctimas de la violencia. En muchos de estos países, aún no se ha superado la transición de ser colonias a convertirse en repúblicas consolidadas. Esta crisis ha estado empañada por miles de muertos y guerras civiles entre partidarios de modelos políticos enfrentados. En el caso de Colombia, una guerra interna ha cobrado miles de vidas y forzado desplazamientos, proyectándose en un conflicto entre las guerrillas marxistas y los gobiernos, en su mayoría castas políticas aliadas con el poder.

Estados Unidos ha sido el principal beneficiado de toda la crisis política del continente, desde las absurdas deudas que se contraen con los bancos que no más a ellos le benefician, con el dólar, que resulta siendo "el sello por el cual no se puede comprar ni vender" (Ap 13,17), una economía basada en el extractivismo, en la destrucción de las pequeñas empresas y en el absurdo intercambio de bienes, donde ellos se llevan lo que importa por precios irrisoriamente bajos y nos traen a cambio lo que nos enferma por precios exorbitantemente altos…

Al final de un libro de Dominic CrossanLa última semana de Jesús, el autor, siendo norteamericano, concluyó que la nueva Babilonia, la nueva Roma, es Estados Unidos de Norteamérica; bien se implementan muchas de sus características narradas en el libro del Apocalipsis, destinado para motivar a los cristianos a permanecer firmes ante el asedio del Imperio, pero que puede atribuirse fácilmente a cualquier otro imperio que asuma las mismas características de los imperios extintos que han dominado con sórdida codicia y destruyendo todo a su paso (Ap 17,3-6).

Estados Unidos, además, ha generado la desestabilización y la guerra a lo largo y ancho del mundo, desde la creación del extinto estado de Israel en 1948, hasta la usurpación militar en los países del Oriente próximo, pero los tentáculos de la bestia han llegado hasta los países más recónditos de Asia, cuando instaló las ciudades capitalistas en China durante el gobierno de Nixon, y ahora cuando ha trasladado sus principales fábricas a la India, propagando así el mal por todo el mundo, un imperio realmente diabólico y destructivo (Ap 13,3-4).

Y, por si fuera poco, desde los informes de Rockefeller de 1969, donde se optó por inundar a América de las sectas pseudo protestantes o evangélicas para frenar el liderazgo del catolicismo en el continente y propagar así a través de la religión las ideas capitalistas, desviando el Evangelio de los Pobres al falso evangelio que favorece a los dueños del capital y maldice a los que no tienen tierra ni dinero, aplica bien lo que el libro del Apocalipsis describe como la bestia que ha seducido al mundo y ha llevado a la adoración de falsos dioses.

Trump llega nuevamente a asumir las riendas del imperio reinante, en medio de muchas incertidumbres, en medio de un mundo colapsado por las guerras y sin un rumbo definido, con muchas especulaciones y con una sociedad cada vez menos instruida, profundamente comunicada entre sí, pero carente de contenido o fácilmente manipulable para fríos intereses. Un mundo donde estamos ensordecidos por los anuncios, la publicidad y el mercadeo, donde se han ido perdiendo los valores humanistas, donde la crisis de identidad permea incluso al individuo carente de ideales y perdido en el abrumador sin sentido de esta sociedad líquida. Es más líquida porque nos estamos convirtiendo en una masa sin forma.

Pero en esta sociedad cada vez más intolerante, que no acepta ver el mundo desde las ópticas impuestas, solo nos queda confiarnos en la esperanza, la buena, la verdadera esperanza que viene de Dios. Bien ha escogido el Papa el 2025, que promete ser un año de rupturas y cambios, como un año jubilar movido por el soplo del Espíritu Santo que transforma toda realidad de muerte por espacios de resurrección; pues bien, el único que tiene la potestad de dirigir los hilos de la historia y de romper los sellos, es el Cordero degollado, que ha derramado su sangre para profetizar sobre el mundo que los malvados no tienen la última palabra (Ap 5,6-10; Ap 22,12).

 

Andrés Felipe Rojas Saavedra, CM

Religión Digital

EL PADRE ROMANELLI, DESDE GAZA: "NO QUEREMOS ABANDONAR NUESTRA PARROQUIA"


col anso

 

"No hay descanso, ni de día ni de noche, del ruido de los helicópteros y de las bombas", dice a L'Osservatore Romano el padre Gabriele Romanelli, párroco de la Iglesia de la Sagrada Familia en Gaza. "Los ruidos provienen de la zona noroeste de nuestro sitio, hacia Jabalia y Shita, en esta última aún vivían algunas familias cristianas. Pero ahora ha habido una estricta orden de evacuación allí. Hasta ahora los pocos cristianos que quedan se han refugiado en las dos parroquias, la nuestra y la ortodoxa".

«La sede de Cáritas y nuestro centro de formación de Santo Tomás de Aquino, que se encuentran a cuatro kilómetros al norte de nuestro recinto, recibieron la orden de evacuar hacia el sur. Afortunadamente, ambos edificios están prácticamente vacíos ya que se están realizando trabajos de reparación. Cuatro kilómetros es una distancia corta – añade – y esperamos que pronto lleguen tropas israelíes cerca de nuestras casas. Por eso en estos momentos hay una gran tensión en nuestra comunidad. Aunque todavía no hemos recibido ninguna orden de evacuación".

Sin embargo, concluye, «hace unas semanas recibimos un mensaje de las FDI que define la nuestra como "zona roja" y nos indica dos corredores para ir hacia el sur.Pero nuestras familias no quieren irse, no sé qué pasará. ¿Por qué deberíamos irnos? Ninguno de nosotros está involucrado en el conflicto. ¿Qué harían nuestros cristianos en el Sur? Se concentran junto con otros dos millones de palestinos desplazados que no tienen nada y viven en tiendas de campaña. Espero que nuestra peligrosa situación sea conocida también en Occidente. Y confío como siempre en la capacidad de intervención de nuestro patriarca (cardenal Pierbattista Pizzaballa, ndr)".

Las próximas horas serán decisivas para comprender la evolución, también en la comunidad cristiana, de la aplicación del llamado "plan de los generales".

 

Roberto Cetera

Religión Digital / Vatican News 

LA NUEVA ENCÍCLICA DEL PAPA


col arregi

 

"Nos amó". Así comienza la cuarta Encíclica del Papa Francisco, dedicada al amor en general y al amor de Dios a cada ser humano del que nada ni nadie "podrá separarnos" (Rm 8,39). Dios nos espera sin condiciones, sin exigir ningún requisito. De lo contrario, un amor no gratuito o forzado no sería amor. Por eso se le representa en forma de Corazón de Jesús para recordarnos la importancia esencial que tiene la relación en todo amor genuino, cordial, y cuanto más en el caso de Dios Amor.

La llamada de atención del Papa me parece importante en este momento eclesial tan centrado en el compromiso social y asistencial, como debe ser, pero que ha olvidado las relaciones humanas del afecto, la comprensión, la sonrisa del corazón con los “diferentes”, nuestro ser cristiano desde la ternura, la alegría de la entrega al servicio de corazón a corazón. Resulta evidente nuestra involucración solidaria, con un altísimo número de voluntarios y voluntarias en organizaciones sociales presentes en buena parte de las necesidades que aprietan a tanta gente vulnerable. A pesar de todo, resulta igual de evidente la pérdida incesante de la relevancia social cristiana porque no nos ven como Buena Noticia en la manera de hacer las cosas.

¿Cómo es posible semejante contradicción? No me cansaré de repetir que el Cómo hacemos las cosas es más determinante que lo que hacemos.

Francisco propone una nueva profundización en el amor de Cristo invitándonos a renovar nuestra auténtica devoción desde las actitudes de Jesús en el Evangelio, que es donde “nos reconocemos y aprendemos a amar”: cercanía, compasión, ternura”, también entre nosotros.

Lo cierto es que no estamos centrados en la paciencia con quien nos enerva, en atemperar la ira y el orgullo, en acercarnos con verdadera bondad a mis prójimos. Parece que ahora lo importante es hacer, no ser. Ya lo advirtió el Papa cuando cesó a la cúpula de Cáritas Internacional por actuar con mentalidad de ong, éticamente exigible, pero descuidando el carisma ofertable, el plus del Evangelio centrado en la actitud de cómo hacer las cosas. Y parece que tenía razón porque no enganchamos a buena parte de las nuevas generaciones ni retemos a los muchos que viven el Evangelio al margen de nuestras comunidades. ¿Por qué será? Seguramente porque nos falta humildad para reconocer ciertas cosas, y de ahí vienen casi todo lo demás.

En sus encíclicas anteriores llenas de sensibilidad con los últimos, nadie puede acusar al Papa de ser un pontífice espiritualista despegado de la vida y de los pobres de cualquier condición. De hecho, le acusan de rojeras y hereje. La suya, ahora, es una llamada para centrar a los católicos en los aspectos “del amor del Señor que pueden iluminar el camino de la renovación eclesial; pero también que pueden decir algo significativo a un mundo que parece haber perdido el corazón”. Nos está llamando a ser más cercanos a las obras de misericordia con el talente de las virtudes clásicas cristianas: actitud humilde y comprensiva, delicadeza, perdón, misericordia ante las flaquezas de los demás…  

Para el Papa es importante volver al corazón en un mundo en el que estamos tentados de “convertirnos en consumistas insaciables y esclavos de los engranajes de un mercado”. La actual devaluación del corazón en forma de individualismo y clericalismo, tiene consecuencias personales y sociales, porque el mundo cambia “a partir del corazón”. Pero el mundo parece haber perdido su corazón, nos dice.

Nos fijamos en los nichos de exclusión cuando a nuestro alrededor tenemos mucha necesidad de amar y que nos quieran. En la comunidad parroquial, en la unidad pastoral, en los grupos de liturgia, en nuestra familia y amistades, en el trabajo, en los contratiempos… ahí es donde debe volver la expresión admirada de “¡Mirad como se aman!” que pronunciara Tertuliano en el siglo II. Quizá la característica principal de la vida de los primeros cristianos es que sabían quererse entre sí. Esta, y no otra, fue la señal por la que eran reconocidos por los paganos. En el amor de los unos con los otros (Jn 13:35).

Al final, Francisco pide también “que nadie se burle de las expresiones de fervor creyente del pueblo en la devoción al Sagrado Corazón como una manera piadosa de consolarnos y consolar a los que se encuentran en toda clase de aflicciones. No pocos grandes santos y santas (entre ellos Ignacio de Loyola y Santa Teresita de Lisieux) se tomaron muy enserio esta devoción como transformación interior para amar mejor a Dios y a los hermanos.

Hacer sí, pero a la manera servicial y amorosa, que es lo que marca la diferencia. Creo que el Papa tiene razón; como decía al principio de esta reflexión, ahí tenemos nuestras obras sociales potentes y numerosas, pero el espíritu cristiano no engancha, no somos Buena Noticia de fe, esperanza y amor. ¿Tendrá que ver también nuestra actitud de oración? Porque “sin mí, no podéis hacer nada” (Juan).

REUNIRÁ A SUS ELEGIDOS DE LOS CUATRO VIENTOS Mc 13, 24-32 DOMINGO 33º T.O. (B)


col labrador

 


La sensación de crisis que padece la humanidad a causa del desmoronamiento de antiguas estructuras económicas feudales, injustas, de ideologías envejecidas, caducas, de formas de gobierno dictatoriales y de anquilosados esquemas normativos, es profunda y general. El subdesarrollo, entendido como retraso económico, social y político de los países del Tercer Mundo, las bolsas de pobreza y marginación del Cuarto Mundo en relación con el progreso de los países opulentos, es un problema global que afecta a toda la humanidad, ya que es consecuencia del despilfarro, la corrupción y la malversación de las sociedades pudientes, ricas.

La miseria, la incultura de los países y zonas subdesarrolladas, empobrecidas, no se corrige con la ayuda de los países capitalistas o autocráticos, sino con la creación de nuevas formas de producción y de convivencia en el mundo desarrollado que acaben con la dependencia y generen auténtica liberación. Hay demasiada dependencia a base de mecanismos de dominación y explotación no sólo de recursos sino también de personas. Esta dependencia no se rompe con reformismos y desarrollismos de poca monta de cara a la galería. Es preciso ir más allá de conveniencias e intereses fraudulentos y afrontar con valentía el restablecimiento de la igualdad y la dignidad de todos los seres humanos.

Esa vivencia empieza en casa, en la escuela, creando espacios de entendimiento, intercambio de recursos creativos, solidarios, que nos hagan crecer y avanzar en humanidad, compartir la alegría, la bondad, el cuidado entre nosotros, la gratuidad, la gratitud, el respeto, la ayuda a quien más lo necesita. Poner límites a la excesiva dependencia de móviles, tabletas, consolas y redes sociales alienantes que están causando un gran problema a nuestros propios hijos/as, a los profesionales de la educación, pero también a nosotros/as, a los mismos padres que hacen un uso desmedido de esos mismos medios. Ya lo están advirtiendo educadores, médicos, psicólogos. Por desgracia, parece confirmarse que El Homo Sapiens es capaz de acabar con la civilización y la cultura que tanto le costó consolidar. Podríamos preguntarnos, ¿de verdad estamos evolucionando hacia adelante?, “¿es posible soñar con la promesa de una humanidad futura que sea mejor que la actual viviendo en un planeta maravilloso junto con el resto de especies con las que hemos co-evolucionado?” (J.L. Arsuaga).

La Iglesia también se encuentra en situación de profundos cambios. Junto a la crisis religiosa generalizada, consecuencia de la propia incoherencia de la estructura eclesial, el clericalismo, la discriminación de las mujeres y el escándalo de los abusos, entre otros, se vislumbran con timidez, esperanzas de conversión a través de signos y de señales manifiestos. Son los signos de la esperanza, de una Iglesia sinodal en salida, como dice el Papa Francisco, en la que caben tod@s, tod@s, tod@s. ¡Ojalá que no sea sólo un espejismo! y se aborden los cambios necesarios que están en la base del mismo evangelio.

Para los/as cristianos/as el horizonte de la auténtica esperanza se basa en el cumplimiento de las promesas de Dios, fin y meta de la historia. Más que del fin del mundo, los evangelios nos hablan hoy del fin de un mundo. Se indica el fin de lo viejo, lo caduco y la aparición de lo nuevo, de la novedad que persistentemente sigue abriéndose paso, aunque todavía no en su plenitud. La evangelización liberadora exige que se formule el mensaje en conexión con las aspiraciones de liberación o de justicia. La liberación no es exterior a la evangelización. Tiene una implicación personal y comunitaria ineludible. Acontece en nuestra interioridad, en el corazón de nuestras entrañas, en mi yo original que se va haciendo vida, camino, testimonio, compromiso, verdad. Y al mismo tiempo, va dejando caer las hojas muertas del ego, la opresión, la injusticia, la mentira, la ambición, en definitiva, el desamor…

Para el creyente cristiano todo lo que hay de catastrófico en el mundo tiene un sentido purificador y esperanzador: el alumbramiento de un mundo nuevo y de una nueva creación. Y se viven en el presente. Sin la cruz de Cristo es imposible soportar las adversidades de la vida ni vislumbrar dentro de las tinieblas la salvación del pueblo, de la humanidad. Pero la cruz cristiana no se reduce a un fracaso: es victoria sobre la tumba, el sinsentido, la muerte, el pecado.

Esto es lo esencial: la llegada triunfal de Jesús, la nueva historia, un nuevo comienzo: vivir todos/as eternamente con/en Dios. Cada día, en toda circunstancia. Así lo proclamó el gran profeta Isaías: “No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que voy a hacer algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Is 43,18)

¡Adelante a todos los damnificados por la Dana! ¡No estáis solos!

¡Shalom!

 

MIS PALABRAS NO PASARÁN

col Fidel Aizpurua

 


Esta clase de textos, denominados “apocalípticos”, quieren incitar a la vigilancia, a la fe y a la vida cristiana por la senda del temor. Hace tiempo que hemos ido abandonando ese camino de la pedagogía negativa, aunque todavía queden vestigios. Nosotros no tememos al Dios de amor y nos hemos alejado de la religión del temor. Vaya esto por delante.

Posiblemente el mismo Jesús tuvo una mentalidad similar a la que aquí se refiere, propia de la época que, con los años, heredaron sus seguidores: creían que el reino de Dios venía en cuatro días. Estaba la certeza de que el mundo tenía pronta fecha de conclusión. No disponían de las informaciones científicas que tenemos hoy que nos hablan de un ciclo de millones de años para la tierra.

Pero hay algo que puede ser de nuestro interés. El evangelista pone en boca de Jesús este aserto: MIS PALABRAS NO PASARÁN. ¿Qué palabras son esas que no van a pasar y por qué no van a hacerlo?

· No pasarán los sueños liberadores de Jesús: la certeza de la dicha para todos, el fin del sufrimiento de los pobres, la pervivencia de la justicia, las hambres saciadas, el mal derrotado. Todo eso no pasará y sigue vigente en la vida de quienes lo hacen posible.

· No pasarán porque hay mucha gente, como Jesús, tocada por la fuerza humanizadora del amor. Y no hay dique ni obstáculo que frene a quien ama. Y por ello, las grandes palabras de las que con frecuencia nos desdecimos, no pasarán, siempre habrá personas que luchen por ellas.

No habríamos de esbozar un gesto de incredulidad cuando se nos digan estas cosas. Porque si nosotros no damos acogida a las utopías del evangelio, ¿quién las creerá? ¿Y para qué sirve nuestra fe si no creemos en los sueños de Jesús? Tengamos por cierto: creer en los sueños de Jesús es más importante que creer en los dogmas.

Por eso, habríamos de colaborar a que las palabras de Jesús no pasen:

· Que no pase la justicia: aunque demos pasos atrás (como lo son las guerras y quienes les apoyan).

· Que no pasen los sufrimientos de los pobres: trabajando por mitigarlos (como muchos voluntarios en la DANA)

· Que no pase el anhelo de dicha: sobre todo para quien lo tiene peor (como los inesperados hermanos que vienen de la pobreza).

· Que no pasen las hambres no saciadas: hambres físicas, sociales y espirituales.

· Que no pase el tiempo de los sueños y de las utopías: de lo contrario, estamos muertos.

No es lo mismo sueños que ensoñaciones: estas no mueven un dedo para que las cosas cambien. Los sueños son verdaderos porque implican a quien dice tenerlos y lo mueven a actuar, aunque fuere un poco. Si mueren los sueños y las palabras pasan, nuestro planeta muere también.

Y si la eucaristía nos reconforta, si alimenta nuestros sueños, si da fuerza a las mejores utopías, sirve para algo. Si fuera por cumplir, porque siempre lo he hecho, si no me levanta el ánimo, la eucaristía está difunta. Necesitamos pensarlo.

 

PLANTEARNOS LAS GRANDES CUESTIONES José Antonio Pagola

col pagola art

 


Al hombre contemporáneo no le atemorizan ya los discursos apocalípticos sobre «el fin del mundo». Tampoco se detiene a escuchar el mensaje esperanzador de Jesús, que, empleando ese mismo lenguaje, anuncia sin embargo el alumbramiento de un mundo nuevo. Lo que le preocupa es la «crisis ecológica». No se trata solo de una crisis del entorno natural del hombre. Es una crisis del hombre mismo. Una crisis global de la vida en este planeta. Crisis mortal no solo para el ser humano, sino para los demás seres animados que la vienen padeciendo desde hace tiempo.

Poco a poco comenzamos a darnos cuenta de que nos hemos metido en un callejón sin salida, poniendo en crisis todo el sistema de la vida en el mundo. Hoy, «progreso» no es una palabra de esperanza como lo fue el siglo pasado, pues se teme cada vez más que el progreso termine sirviendo no ya a la vida, sino a la muerte. La humanidad comienza a tener el presentimiento de que no puede ser acertado un camino que conduce a una crisis global, desde la extinción de los bosques hasta la propagación de las neurosis, desde la polución de las aguas hasta el «vacío existencial» de tantos habitantes de las ciudades masificadas.

Para detener el «desastre» es urgente cambiar de rumbo. No basta sustituir las tecnologías «sucias» por otras más «limpias» o la industrialización «salvaje» por otra más «civilizada». Son necesarios cambios profundos en los intereses que hoy dirigen el desarrollo y el progreso de las tecnologías. Aquí comienza el drama del hombre moderno. Las sociedades no se muestran capaces de introducir cambios decisivos en su sistema de valores y de sentido. Los intereses económicos inmediatos son más fuertes que cualquier otro planteamiento. Es mejor desdramatizar la crisis, descalificar a «los cuatro ecologistas exaltados» y favorecer la indiferencia.

¿No ha llegado el momento de plantearnos las grandes cuestiones que nos permitan recuperar el «sentido global» de la existencia humana sobre la Tierra, y de aprender a vivir una relación más pacífica entre los hombres y con la creación entera?

¿Qué es el mundo? ¿Un «bien sin dueño» que los hombres podemos explotar de manera despiadada y sin miramiento alguno o la casa que el Creador nos regala para hacerla cada día más habitable? ¿Qué es el cosmos? ¿Un material bruto que podemos manipular a nuestro antojo o la creación de un Dios que mediante su Espíritu lo vivifica todo y conduce «los cielos y la tierra» hacia su consumación definitiva?

¿Qué es el hombre? ¿Un ser perdido en el cosmos, luchando desesperadamente contra la naturaleza, pero destinado a extinguirse sin remedio, o un ser llamado por Dios a vivir en paz con la creación, colaborando en la orientación inteligente de la vida hacia su plenitud en el Creador?

 

DIOS NO TIENE FUTURO, ES UN ETERNO PRESENTE EN EL AQUÍ Y AHORA DOMINGO 33º (B) Mc 13,24-32


 


Estamos en el c. 13 de Marcos, dedicado todo él al discurso escatológico. Este capítulo hace de puente entre los relatos de la vida de Jesús y la Pasión. Los tres sinópticos proponen un discurso muy parecido, lo cual hace suponer que algo tiene que ver con el Jesús histórico. Pero las diferencias entre ellos son tan grandes, que presupone una elaboración de las primeras comunidades. Es imposible saber hasta qué punto Jesús hizo suyas esas ideas. Tampoco debe sorprendernos que admitiera el común sentir.

Estamos ante una manera de hablar que no nos dice nada hoy. No se trata solo del lenguaje, como en otras ocasiones. Aquí son las ideas las que están trasnochadas y no admiten ninguna traducción a un lenguaje actual. Tanto en el AT como en el NT, el pueblo de Dios está volcado sobre el porvenir. Israel se encuentra siempre en tensión hacia la salvación que ha de venir… y nunca llega. Desde Abrahán, a quien Dios dice: "sal de tu tierra", pasando por el éxodo hacia la tierra prometida; y terminando por el Mesías definitivo, Israel vivió siempre esperando de Dios la salvación que le faltaba.

La apocalíptica fue una actitud vital y un género literario. La palabra significa “desvelar”. Escudriñaba el futuro partiendo de la palabra de Dios. Nació en los ambientes sapienciales y desciende del profetismo. Desarrolla una visión pesimista del mundo, que no tiene arreglo; por eso, tiene que ser destruido y sustituido por otro de nueva creación. Invita, no a cambiar el mundo, sino a evitarlo. El futuro no tendrá ninguna relación con el presente. El objetivo era que la gente aguantara el chaparrón en tiempo de crisis.

Escatología, procede de la palabra griega "esjatón", que significa “lo último”. Su origen es también la palabra de Dios, y su objetivo, descubrir lo que va a suceder al final de los tiempos, pero no por curiosidad, sino para acrecentar la confianza. El futuro está en manos de Dios y llegará como progresión del presente, que también está en manos de Dios, y es positivo a pesar de todo. Este mundo no será consumido sino consumado. Dios salvará un día definitiva­mente, pero esa salvación ya ha comenzado aquí y ahora.

En tiempo de Jesús se creía que esa intervención definitiva, iba a ser inminente. En este ambiente se desarrolla la predica­ción de Juan Bautista y de Jesús. También en la primera comunidad cristiana se vivió esta espera de la llegada inmediata de la parusía. Solamente en los últimos escritos del NT, es ya patente un cambio de actitud. Al no llegar el fin, se empieza a vivir la tensión entre la espera del fin y la necesidad de preocuparse de la vida presente. Se sigue esperando el fin, pero la comunidad se prepara para la permanen­cia.

Hasta aquí hemos afrontado la salvación desde una visión mítica que ha durado miles y miles de años. Ahora vamos a situarnos en el nuevo paradigma en el que nos movemos hoy. Al superar la idea del dios intervencionista, se nos plantea un dilema. Por una parte, sabemos que Dios no tiene pasado ni futuro, sino que está en la eternidad. Por otro lado, el hombre no puede entender nada que no esté en el tiempo y el espacio. Meter a Dios en el tiempo es un disparate. Sacar al hombre del tiempo y el espacio, es tarea inútil.

Los novísimos (muerte, juicio, infierno y gloria) son viejísimos conceptos mitológicos que hoy no nos sirven para nada. Sabemos con absoluta certeza que no puede haber conciencia individual sin la base de un cerebro sano y activado. ¿Cómo podemos seguir aceptando una salvación para cuando no quede ni una sola neurona operativa? Piensa por tu cuenta, no sigas tragando el pienso que otros han preparado para ti, no sin antes haberte puesto orejeras para que la realidad no te espante. La realidad supera toda posible expectativa humana. Dios se ha dado todo, a cada uno, desde siempre.

Hoy sabemos que el tiempo y el espacio son productos de la mente. ¿Qué sentido puede tener el hablar de tiempo y espacio cuando ya no haya mente? Hablar de un cielo o infierno más allá de este mundo no tiene ningún sentido. Hablar de un “día del juicio”, cuando no haya tiempo ni espacio, es un contrasentido. Hablar de lo que Dios ha hecho en el pasado o de lo que va hacer en el futuro, es proyectar sobre él nuestros anhelos. Dios es un eterno presente. En el aquí y ahora debemos descubrir lo que está siendo para nosotros siempre. En el aquí y ahora debemos hacer nuestra su salvación.

No esperes más a salir de una mitología que nos ha mantenido pasmados durante tanto tiempo. Salta de la pecera donde has estado confinado y descubre el océano. Ni Dios tiene que cambiar nada ni Jesús tiene que volver al final de los tiempos a rematar su obra. Esperar que el bien triunfe sobre el mal, supone, no solo que existe el mal y el bien (maniqueísmo), sino que sabemos perfectamente lo que es bueno y lo que es malo y pretendemos, como en el caso de Adán y Eva, ser nosotros los que decidamos.

Todos los seres humanos que han vivido una experiencia cumbre, han experimentado la verdadera salvación que consiste en una conciencia clara de lo que son. Para alcanzar esa plenitud no se necesita ningún añadido a lo que ya es el hombre ni quitarle nada de lo que tiene. Desde esta perspectiva no necesitaríamos un Ser supremo que nos quite lo que no nos gusta y nos dé todo aquello que creemos necesitar y no tenemos. Tú lo eres todo. Estás en la plenitud de ser y puedes vivir lo absoluto que hay en ti aquí y ahora.

No tienes que esperar ninguna salvación que te venga de fuera, porque ahora mismo estás absolutamente salvado. La plenitud está ya en ti. Solo tienes que tomar conciencia de lo que eres y vivirlo. Todo está en ti en el momento presente. Nadie te puede añadir nada ni quitar nada de lo que te es esencial. En ningún momento futuro tendrás más posibilidades de ser tú mismo que en este precioso instante. Eres ya uno con todo en el instante presente y no hay ningún otro instante mejor que este.

Todo miedo y ansiedad debe desaparecer de tu vida, porque todas tus expectativas están ya cumplidas sin limitación posible. Si echas en falta algo es que aún estás en tu falso ser y pesa más lo accidental que lo esencial. Ningún tiempo pasado fue mejor y ningún tiempo futuro puede ser mejor que el ahora. Lo que te ha pasado, lo que te pasa y lo que te pasará es lo mejor que te puede pasar. Deja de dar valor a las circunstancias positivas y deja de temer las adversas. Descubre lo que eres y vívelo.

Todo el que te prometa una salvación para mañana o para después de tu muerte te está engañando. Si alguien te convence de que eres una mierda y tiene que venir alguien a sacarte de tus miserias, te está engañando. Aquí y ahora puedes descubrir en ti una absoluta plenitud y alcanzar la felicidad sin límites. No esperes a mañana porque mañanas estarás en las mismas condiciones que hoy. Muchos seres humanos, a través de la historia lo han conseguido, ¿por qué no lo vas a conseguir tú?

 

UCRANIA, GAZA, LÍBANO, VALENCIA… ¿EL FIN DEL MUNDO? Domingo 33. Ciclo B

 


En el siglo I, sobre todo en las décadas en las que se escribieron los evangelios, ocurrieron cosas parecidas. Un terremoto en Asia Menor que destruyó doce ciudades en una sola noche (año 61). Otro terremoto en Pompeya y Herculano (año 63). Incendio de Roma (año 64). Rebelión de los judíos contra Roma, guerra que durará hasta el año 70 y terminará con el incendio de Jerusalén y de su templo. Nuevo terremoto en Roma (año 68). Guerra civil, con tres emperadores en un solo año: Otón, Vitelio y Vespasiano (año 69). Erupción del Vesubio (año 79).

Estos fenómenos provocaron en muchos sectores cristianos la certeza del fin del mundo. Y los tres evangelistas sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) consideraron fundamental incluir un largo discurso de Jesús a propósito de este tema. Su idea fundamental es tranquilizar los ánimos, y consolar anunciando la vuelta de Jesús. Este convencimiento de que la vuelta de Jesús era inminente recorre todo el Nuevo Testamento, desde su primer escrito, la carta de Pablo a los Tesalonicenses, hasta el último, el Apocalipsis, que termina con las palabras: «Ven, Señor Jesús».

El fragmento de Marcos seleccionado para este domingo se centra en las señales que precederán al fin del mundo y el momento en el que tendrá lugar, insistiendo en que lo fundamental es la vuelta de Jesús. Aquí radica el punto débil de las lecturas de hoy. En el siglo I, algunos cristianos podían estar convencidos de que el fin del mundo y la vuelta de Jesús eran inminentes. Hoy día, salvo los Testigos de Jehová (y ellos mismos han tenido que actualizar sus cálculos), nadie lo cree.

Por consiguiente, cabe el peligro de convertir la homilía en una conferencia sobre la mentalidad cristiana del siglo I a propósito de las grandes desgracias. Sin embargo, en medio de ese lenguaje anticuado, las lecturas encierran gran dosis de esperanza y consuelo, muy necesarias hoy día.

Tres años terribles (169-167 a.C.): el origen del movimiento apocalíptico.

Los años 169-167 a.C. fueron especialmente duros para los judíos. El 169, Antíoco Epífanes, rey de Siria, invadió Jerusalén, entró en el templo y robó todos los objetos de valor, después de verter mucha sangre. El 167, un oficial del fisco enviado por el rey mata a muchos israelitas, saquea la ciudad, derriba sus casas y la muralla, se lleva cautivos a las mujeres y los niños, y se apodera del ganado. Al mismo tiempo, Antíoco, obsesionado por imponer la cultura griega en todos sus territorios, prohíbe a los judíos ofrecer sacrificios en el templo, guardar los sábados y las fiestas, y circuncidar a los niños [como si a nosotros nos prohibieran celebrar la eucaristía y bautizar a los niños]; y manda contaminar el templo construyendo altares y capillas idolátricas, y sacrificando en él cerdos y animales inmundos.

Estos acontecimientos provocaron dos reacciones muy distintas: una militar, la rebelión de los Macabeos; otra teológica, la esperanza apocalíptica, que encontramos reflejada en la 1ª lectura de hoy.

Apocalipsis significa “revelación”, “desvelamiento de algo oculto”. La literatura apocalíptica pretende revelar un secreto escondido, que se refiere al fin del mundo: momento en que sucederá, señales que lo precederán, instauración definitiva del Reino de Dios. Es una literatura de tiempos de opresión, de lucha a muerte por la supervivencia, de búsqueda de consuelo y de unas ideas que den sentido a su vida. La única solución consiste en que Dios intervenga personalmente, ponga fin a este mundo malo presente y dé paso al mundo bueno futuro, el de su reinado.

La respuesta del libro de Daniel

El pequeño fragmento del libro de Daniel recoge algunas de estas ideas. Se anuncia al profeta que habrá un tiempo de angustia como no lo ha habido nunca; pero, al final, se salvará su pueblo, mientras que los malvados serán castigados. Todo esto no puede ocurrir en este mundo, el autor está convencido de que este mundo no tiene remedio. Ocurrirá en el mundo futuro, cuando unos resuciten para ser recompensados y otros para ser castigados. Entre los buenos el autor destaca a los doctos, a los que enseñaron a la multitud la justicia, que brillarán como las estrellas, por toda la eternidad. Con ello deja clara su opción política y religiosa: la solución no está en las armas, como piensan los Macabeos.

Una década fatal (60-70 d.C.)

Además de los datos que hemos indicado al comienzo, la comunidad cristiana sufre toda clase de problemas. Unos son de orden externo, provocados por las persecuciones de judíos y paganos: se les acusa de rebeldes contra Roma, de infanticidio y de orgías durante sus celebraciones litúrgicas; se representa a Jesús como un crucificado con cabeza de asno. Otros problemas son de orden interno, provocados por la aparición de individuos y grupos que se apartan de las verdades aceptadas. La primera carta de Juan reconoce que “han venido muchos anticristos”, no uno solo (1 Jn 2,18), y que “salieron de entre nosotros”.

La respuesta del evangelio de Marcos

En este ambiente tan difícil, el evangelio de Marcos también ofrece esperanza y consuelo mediante un largo discurso (capítulo 13). La lectura de este domingo ha seleccionado algunas frases del final del discurso, a propósito de los interrogantes principales de la apocalíptica: las señales del fin del mundo el momento en el que ocurrirá. En medio, la gran novedad: la venida gloriosa del Señor.

Las señales del fin y la venida del Señor

Las señales no acontecen en la tierra, sino en el cielo: el sol se oscurece, la luna no ilumina, las estrellas caen del cielo. Pero lo que ocurre no provoca el pánico de la humanidad. Porque la desaparición del universo antiguo da lugar a la venida gloriosa del Señor y a la salvación de los elegidos. Indico algunos detalles de interés en estos versículos.

1) A Dios no se lo menciona nunca. Todo se centra, como momento culminante, en la aparición gloriosa de Jesús.

2) De acuerdo con algunos textos apocalípticos judíos, se pone de relieve la salvación de los elegidos. Esto demuestra el carácter opti­mista del discurso, que no pretende asustar, sino consolar y fomentar la esperanza, aunque no encubre los difíciles momentos por los que atravesará la Iglesia.

3) A diferencia de otros textos apocalípticos, que conceden gran importancia a la descripción del mundo futuro, aquí no se hace la menor referencia a ese tema, como si pudiera descentrar la atención de la figura de Jesús.

El momento del fin

La parte final contiene tres afirmaciones distintas: 1) vosotros podéis saber cuándo se acerca el fin (parábola de la higuera); 2) el fin tendrá lugar en vuestra misma generación; 3) el día y la hora no lo sabe más que Dios Padre.

La segunda es la más problemática. Si se refiere a la caída de Jerusalén no plantea problema, porque tuvo lugar el año 70. Pero, si se refiere al fin del mundo, no se realizó. A pesar de todo, es posible que así la interpretasen muchos cristianos, conven­cidos de que el fin del mundo era inmi­nente. Así pensó Pablo en los primeros años de su actividad apostólica.

Pero al lector debe quedarle claro lo que se dice al final: nadie sabe el día ni la hora.

Una omisión incomprensible

El discurso no termina ahí. Añade una exhortación capital: «¡Atención, estad despiertos!». Lo importante no es discutir o calcular, sino mantener una actitud vigilante, esperando contra toda esperanza. Los miles de personas que están ayudando de forma muy sacrificada a las víctimas de Ucrania, Gaza, Líbano, Valencia… nos enseñan cómo debemos responder a las múltiples tragedias de nuestro mundo.

 

LO ÚNICO QUE PERMANECE XXXIII Domingo del TO 17 de noviembre Mc 13, 24-32

 


Con un lenguaje que hoy nos resulta extraño, el género apocalíptico trata de revelar o des-velar (el término “apocalipsis” significa quitar el velo, revelación o des-cubrimiento) lo realmente real, aquello que permanece cuando todo lo demás cambia.

Sabemos que todas las formas u objetos son impermanentes y que, en ese mundo, lo único constante es el cambio. Y sabemos también que la impermanencia es fuente de dolor y, con frecuencia, de intenso sufrimiento, cuando nuestro apego a las formas es fuerte.

Forma u objeto es todo aquello que puede ser observado. En cuanto tales, todos ellos son contenidos de consciencia, ocupan un “espacio” delimitado de lo real y, como acabo de indicar, no escapan a la llamada ley de la impermanencia.

En conclusión: todo aquello que podemos observar, por más importante que nos parezca y por más querido que nos resulte, un día desaparecerá. Lo cual es lo mismo que decir que todo lo que nace, morirá.

¿Hay algo que se salve de la impermanencia? Justamente aquello que no es objeto, lo sin-forma, la consciencia que sostiene todos los contenidos, la “espaciosidad” que contiene todas las formas.

Lo único que permanece es lo no-nacido: aquello -el único “sujeto”- que observa todos los objetos, pero que no puede ser observado; la consciencia que sostiene, contiene y, a la vez, constituye el “núcleo” de todos los contenidos; la “espaciosidad” o presencia consciente en la que aparecen y donde se mueven todas las formas. En definitiva, lo realmente real es aquello que no tiene forma ni nombre, dado que, al no ser objeto, no puede nombrarse adecuadamente. Tal como lo expresó bellamente José Saramago, “en todos nosotros hay algo que no tiene nombre; eso es lo que somos”.

El texto evangélico proyecta esa realidad -lo único permanente, lo realmente real- en Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán”. Pero quien sabe leer descubre que va más allá de la persona del Maestro de Galilea. Lo único que “no pasará” es la consciencia, el ser, la vida… -hacia ello es adonde apunta la palabra de Jesús-, y eso es lo que realmente somos.

JESÚS, NORMA DEFINITIVA DE VIDA Mc 13, 24-32


 


«Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria»

El mensaje que encierra el texto de Marcos es muy difícil de interpretar, pues está escrito en un lenguaje escatológico que no va con nuestro estilo y confunde a los especialistas. No obstante, vamos a tratar de extraer alguna conclusión en la línea en la que parece moverse al menos una parte de la exégesis actual, y que, además, no se quede en la mera erudición, sino que nos ayude a vivir con sentido.

La imagen de hecatombe universal que nos describe Marcos en el texto de hoy no nos interesa nada, pues nadie cuenta con vivir esa experiencia. Lo que nos interesa, porque nos atañe como ninguna otra cosa en el mundo, es que cada uno de nosotros camina hacia el final de su propio tiempo; que nuestra vida es camino; que por él nos dirigimos paso a paso hacia la muerte y que nada en la vida de un cristiano tiene sentido si no es mirando al final que le espera.

Somos caminantes que caminan hacia su destino, y el libro del Éxodo es una preciosa metáfora de nuestra vida: “Desde la cómoda esclavitud de nuestras pasiones, por el desierto de la vida, hacia la Patria; hacia la casa del Padre”.

Mientras dura el camino estamos sujetos a error; tenemos propensión a equivocarnos; a confundir lo que es mera apariencia con la verdad, y ese error nos mueve a elegir mal y echar a perder nuestra vida.

Y sobre esta base, lo que parece decirnos Marcos en el evangelio de hoy es que, al final de su vida, Jesús se proclama a sí mismo camino de Verdad”; nos alerta de que la Palabra está ahí para mostrarnos el camino; para no perdernos por otros caminos que mueren cuando acaba nuestra vida; para salvar nuestra vida de la banalidad y el desastre… Jesús nos urge con fuerza a optar por él; a optar por sus criterios; por su propuesta de vida.

«Yo soy el camino, la verdad y la vida», nos dice Juan en su evangelio. Pero Marcos no se expresa de una forma tan sencilla, sino que se vale de unas imágenes soberbias para presentarnos a Jesús como el juez supremo del bien y el mal; del acierto y el desacierto: «Y entonces verán al Hijo del Hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; y enviará a los ángeles...».

Nos cuesta mucho trabajo entender este lenguaje, nos resulta extraño, pero quizá pueda ayudarnos el recordar que el evangelio asocia siempre el final con un juicio, y lo hace usando una escenografía colosal que no debe confundirnos. Lo que significa ese juicio es que al final resplandecerá la Verdad; que al final, los seres humanos nos encontraremos con la revelación definitiva; y esa revelación es Jesús como norma definitiva de vida; que no aceptarlo así es equivocarse.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí