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viernes, 12 de agosto de 2022

LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA SOBRE LA DIGNIDAD DE LA MUJER ME HIZO CAMBIAR DE OPINIÓN SOBRE LA PENALIZACIÓN DEL ABORTO


col decosse

 

Redacción de Atrio

Por David E. DeCosse, director de ética religiosa y católica en el Centro Markkula de Ética Aplicada de la Universidad de Santa Clara

[Traducción española publicada con permiso de NCR Publishing Company www.NCROnline.org]

Las posiciones sobre la prohibición o legalización del aborto se polarizan hasta el extremo. Pero desde la universidad Santa Clara de California, en la revista National Catholic Reporter, un veterano profesor de teología moral expresa su testimonio sobre cómo la reflexión de una conocida monja española le hizo discernir mejor los valores en juego y cambiar de postura. AD.

Era un argumento hermético que decía así: El aborto es una violación de la ley moral universal, sin excepciones, contra la eliminación directa de la vida inocente. Esta ley moral debe reflejarse en la medida de lo posible en la ley civil. Cualquier invocación del derecho a violar dicha ley moral y civil es absurda. El caso contra el aborto legal es definitivo para el significado de la fe católica.

Siguiendo esta lógica, en 1980 y 1984 voté a Ronald Reagan para presidente principalmente por su capacidad de nombrar jueces para el Tribunal Supremo de Estados Unidos que anularan el caso Roe contra Wade, la decisión de 1973 que estableció el derecho constitucional a elegir un aborto.

Cuarenta años después ya no pienso así. Cuando la decisión del caso Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization que eliminaba el derecho a elegir un aborto fue anunciada el 24 de junio la leí y me encontré más de acuerdo con el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts, que dijo “Tanto la opinión del Tribunal como el disenso muestran una implacable ausencia de dudas sobre la cuestión legal que no puedo compartir”.

Sin duda, los asuntos del corazón han influido en el cambio de mi forma de pensar: un matrimonio fracasado; escuchar largamente complejas historias de sexo y sufrimiento; semanas pasadas en el Catholic Worker de Los Ángeles trabajando con las vulnerabilidades imprevistas de los residentes de Skid Row. Estas experiencias movieron mi corazón desde las cómodas expectativas de mi educación suburbana hacia un mundo crudo incapaz de ocultar sus dramas de gracia y pecado. El cambio en mi forma de pensar sobre la ley y el aborto surgió de esas experiencias.

Un cambio superó a todos los demás: la inclusión de todas las implicaciones de la dignidad de la mujer en mis reflexiones morales al respecto. Nunca he dudado del derecho a la vida del feto. Pero dos implicaciones de la dignidad de la mujer han sido especialmente formativas a la hora de ampliar mi comprensión del abanico de valores que están en juego en cuestiones de derecho y aborto: la plena capacidad moral de la mujer y su derecho a la integridad corporal.

La agencia moral de las mujeres embarazadas

En su encíclica de 1995 Evangelium vitae el Papa Juan Pablo II dijo que nadie puede apelar a la autoridad de la conciencia para justificar el aborto, ya que nunca está permitido violar la ley moral universal y sin excepciones contra la eliminación directa de la vida inocente. Esa forma de plantear las cosas reflejaba perfectamente mi pensamiento a principios de los años ochenta. Pero empecé a encontrar el argumento incompleto e incluso involuntariamente ofuscado: Podía ver el papel del feto, pero ¿cuál era el papel de la mujer embarazada en el argumento?

O bien las mujeres parecían estar totalmente ausentes de tales argumentos, que se centraban en cambio por completo en el derecho a la vida del feto, o bien se consideraba a las mujeres como individuos presentes pero irreflexivos, cuyos cuerpos eran escenarios de lucha legal por parte de otras personas, o bien se consideraba a las mujeres embarazadas correctamente como objetos de compasión, pero no se las veía como agentes morales plenos capaces de decidir por sí mismos sobre un asunto tan íntimo.

Una declaración concisa y contundente de la Hna. Teresa Forcades, benedictina catalana, me convenció de lo incompleto de tales opiniones. En 2009, Forcades habló en una entrevista televisiva a favor del “derecho a decidir” de la madre en materia de derecho civil y aborto. En respuesta, el Vaticano exigió su afirmación pública de la doctrina moral de la Iglesia. A su vez, Forcades emitió una declaración pública en la que argumentaba que la cuestión de la ley y el aborto debía considerarse propiamente en el pensamiento católico como un choque de absolutos: el absoluto del derecho a la vida y el absoluto del derecho a la autodeterminación ante Dios de cualquier mujer embarazada.

“La autodeterminación”, argumentó, es un “derecho fundamental que protege la dignidad humana y prohíbe absolutamente y bajo cualquier circunstancia que una persona sea utilizada como un objeto… el derecho a la autodeterminación es el derecho a la vida espiritual”. Pero también argumentó: “Nadie, ni el Estado ni la Iglesia ni la madre, tiene derecho a violar el derecho a la vida del feto”.

El argumento de Forcades tiene el mérito de nombrar en términos católicos la dificultad real a la que nos enfrentamos con la ley y el aborto. No es el conflicto que imaginé hace 40 años entre los que dicen la verdad y los relativistas amantes de la libertad. Se trata más bien de un conflicto de bienes absolutos. Ver las cosas bajo esta luz ayuda a poner de manifiesto el derecho de la mujer a ejercer su agencia moral -o, en la terminología de Forcades, su autodeterminación-, especialmente cuando se enfrenta a un embarazo difícil. Hace cuarenta años, la ley moral en estas cuestiones me parecía universal y sin excepciones. Reflexionando ahora sobre la dignidad de la mujer embarazada manifestada en su agencia moral, creo que debe haber excepciones.

El derecho a la integridad corporal

Pocos eslóganes encendieron más mis energías provida del pasado que “mi cuerpo, mi elección”. En el eslogan leí la historia relativista de nuestro tiempo, que en nombre de una realidad material como el cuerpo, todo vale. También me sentí unida a la Iglesia católica de Estados Unidos al pensar que nuestra batalla sobre el aborto era precisamente con el absolutismo proabortista que el eslogan representaba.

Pero con el tiempo empecé a pensar de forma diferente sobre el eslogan. En primer lugar, se hizo evidente que la mayoría de las personas que estaban a favor del aborto no eran los absolutistas con eslogan de mis pasadas fantasías sobre la guerra cultural. Y, en segundo lugar, empecé a reflexionar sobre la importancia permanente del cuerpo en el pensamiento moral católico y, por tanto, a considerar si, incluso en aras del derecho a la vida, es una injusticia utilizar la fuerza coercitiva de la ley para obligar a las mujeres embarazadas a utilizar su cuerpo de una forma prescrita por otros.

Recientemente, la teóloga Kathleen Bonnette, en un artículo publicado en America, pedía que el pensamiento católico sobre la ley y el aborto prestara más atención al derecho a la integridad corporal de las mujeres embarazadas. Basándose en los escritos del Papa Juan XXIII, explicaba que el derecho significa “el reconocimiento de que nuestros cuerpos son propios, que importan, y que tenemos derecho a determinar qué o quién tiene acceso a ellos”.

Al igual que la afirmación de Forcades sobre el derecho a la autodeterminación, el perspicaz argumento de Bonnette sobre el derecho a la integridad corporal nombra un hecho moral que con demasiada frecuencia se omite en las consideraciones católicas sobre el aborto. Su argumento también invita a centrarse en las numerosas formas en que la integridad del cuerpo de las mujeres se ve amenazada por las agresiones sexuales y las violaciones, por el propio embarazo y, especialmente, por los embarazos que ponen en peligro la vida, y por la escandalosa y a menudo racializada falta de atención médica para las embarazadas y las puérperas pobres.

Mi absolutismo católico de los años 80 pretendía que la ley civil restringiera al máximo el aborto porque sólo importaba el derecho a la vida del feto. Pero eso es demasiado simple: Afirma sólo una injusticia en juego en estos asuntos. Sería mejor, dice Bonnette, reconocer también una dolorosa e inevitable paradoja: que por su naturaleza coercitiva las leyes que pretenden restringir la injusticia del aborto pueden también violar la integridad corporal de las mujeres. Bonnette afirma que el derecho civil puede seguir restringiendo el aborto. Pero también insiste en que, por respeto a la integridad corporal de la mujer, la Iglesia debería recurrir más a los métodos de persuasión. Bonnette tiene razón. El enfoque católico del aborto se ha basado demasiado en la ley.

En los años ochenta, mi caso católico contra el aborto era hermético. Lo único que faltaba eran las mujeres embarazadas implicadas en el asunto.

EL ÚNICO VALOR ABSOLUTO ES DIOS. TODO LO DEMÁS ES RELATIVO

fe adulta

col haya

 

Soy consciente de que la expresión que acabo de emplear tiene un valor relativo, como puede comprobar cada lector en las objeciones que le habrán brotado al leerla.

Esta expresión está elaborada con conceptos y palabras que son relativos. Relativos al lenguaje, que se formó con a las pequeñas vivencias experimentadas a lo largo de siglos y en determinados espacios geográficos. ¿Qué significa el término “Dios”? ¿Qué significan los términos absoluto y relativo?

Todo el lenguaje y el pensamiento humano son como un gran castillo, construido por niños con los naipes de las barajas de cartas. ¿Cómo se sostiene durante siglos ese castillo de naipes?

El castillo o, mejor esos castillos, son la expresión de unas experiencias. Unos castillos caen, otros se modifican o se va sustituyendo con piezas más estables. Lo que permanece son las experiencias que trataron de expresar esos naipes.

¿Son absolutas esas experiencias? Desde luego cualquier expresión de esas experiencias será relativa; pero las experiencias en sí creo que, de alguna manera, son absolutas. Quizás son experiencias humanas de Dios.

Veamos dos casos concretos. Todos (en términos muy relativos) hemos experimentado en algún momento el amor desinteresado, el darse para hacer feliz a otro. Creo que son contactos tangenciales con el Absoluto (Panikkar).

Mi conciencia siente que la explotación sexual de niños/as es un mal; y es ciertamente peor que la renuncia a un privilegio para satisfacer el hambre y el abandono de un desvalido.

Cuando oía decir que sin una experiencia de Dios no hay verdadero cristianismo, me preguntaba a mí mismo si alguna vez había tenido una experiencia de Dios. Pues sí, las experiencias éticas, estéticas, la admiración por la complejidad y la armonía del universo, la exactitud de las matemáticas… son contactos tangenciales con el Absoluto.

Los autores del antiguo Testamento expresan esta misma idea con símbolos. El libro del Éxodo nos cuenta que Dios dijo a Moisés “podrás ver mi espalda, pero no mi rostro” (Ex 33,18-23). El profeta Elías simbolizó a Dios en una suave brisa (1 Reyes 19,11-13). Ezequiel expresó su visión de Dios, de “la propia gloria de Dios”, con una barroca escenografía, que se inicia con un viento huracanado, seres de aspecto humano con cuatro rostros, ruidos estruendosos, un carro de fuego, un arco iris… “esto es lo que parecía el brillo que lo rodeaba: la propia gloria del Señor. Al verlo caí rostro en tierra y oí que alguien hablaba” (Ezequiel 1, 4-28).

En el Nuevo Testamento, Juan reconoce que “A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros; y el amor de Dios está consumado en nosotros” (1 Jn 4,12; Jn 1,18). Jesús dijo que Dios se revela a los sencillos (Lc 10,21); porque los sencillos aman sin enredarse en las explicaciones, que siempre son relativas. Y el amor, en mayor o menor grado, es una experiencia de Dios, que es lo único absoluto.


STA. TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ (EDIT STEIN. LA CARMELITA FILÓSOFA, COPATRONA DE EUROPA)

religión digital

col angel gutierrez

Ella es una mujer de nuestro tiempo que habló nuestro mismo lenguaje y estuvo sumida en nuestras mismas miserias intelectuales; con el tiempo supo encontrar la luz iluminadora que le permitió traspasar las barreras tenebrosas y opresoras, no se desentendió de los problemas de su tiempo, luchó por la igualdad de la mujer y fue víctima de muchos odios e incomprensiones.

Estamos ante una personalidad que despierta interés general en un mundo como el nuestro sembrado de dudas y recelos. Ella es una mujer de nuestro tiempo que habló nuestro mismo lenguaje y estuvo sumida en nuestras mismas miserias intelectuales; con el tiempo supo encontrar la luz iluminadora que le permitió traspasar las barreras tenebrosas y opresoras, no se desentendió de los problemas de su tiempo, luchó por la igualdad de la mujer y fue víctima de muchos odios e incomprensiones. El día de su elevación a los altares Juan Pablo II la saludaba con estas palabras: “Nos inclinamos profundamente ante el testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein, hija extraordinaria de Israel e hija al mismo tiempo del Carmelo, Sor Teresa Benedicta de la Cruz; una personalidad que reúne en su rica vida una síntesis dramática de nuestro siglo. La síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen doliendo aún hoy...; síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró descanso en Dios"

Nace Edith Stein en Breslau (Alemania) un 12 de octubre de 1891. Desde la perspectiva humana, bien podríamos decir que por su condición de judía y de mujer llegaba al mundo en el momento y en el lugar más inapropiado. Fue la última de 11 hermanos.  Su padre se llamaba Siegfried Stein y su madre Auguste Courant ambos judíos practicantes, dedicados al negocio de la madera con aserradora propia. Por la temprana muerte de Siegfried es la madre quien tiene que dedicarse por entero a la familia, lo que más adelante recordaría Edith con cariño diciendo: “En nuestra casa todo recibía vida y calor de nuestra madre”

La benjamina de la familia pronto comenzó a dar muestras de ser una niña inteligente, despierta y testaruda, de alguna manera se siente constreñida en el ambiente familiar y aborrece todo proteccionismo, vive empeñada en conseguir metas en aquel tiempo fuera del alcance de la mujer. Comienza realizando los estudios de bachillerato en su ciudad natal con notable éxito, pero súbitamente, a los 15 años sufre una crisis que le hace abandonar sus estudios y también le lleva a perder su fe, cayendo en el ateísmo.  Busca refugio en casa de su hermana casada que vivía en Hamburgo y aquí pasará una temporada ayudando en las tareas domésticas y en lo que fuera menester; pasados diez meses regresa a su ciudad natal y vuelve a sus estudios logrando ponerse al día sin grandes dificultades.

Ingresa en la Universidad de Breslau, dando muestras de su brillantez intelectual.  Durante el tiempo que permaneció en esta universidad puso en marcha una asociación de mujeres con el propósito de promover “la equiparación entre los sexos”, colaborando estrechamente con Kaethe Scholz, una profesora que impartía cursos de filosofía a las mujeres. Es una  joven  que se muestra inquieta y rebelde que se subleva contra la mentalidad de la época, según la cual las mujeres debían estar relegadas al ámbito familiar; con pasión  defiende que la mujer tiene el  mismo derecho  que el hombre a dar satisfacción a sus aspiraciones profesionales, lo cual, según nos dice, es saludable para  “ el desarrollo de la personalidad individual, que también se corresponden con las demandas sociales que requieren la integración de las fuerzas femeninas en la vida del pueblo y del Estado”. A través de su actuación y de sus escritos ella fue siempre defensora de los valores y derechos de la mujer moderna, al tiempo que supo salvaguardar su identidad y dignidad humana, pero al final acaba dándose cuenta de que esta universidad se le queda corta, por lo que se despide de su familia y traslada su expediente a la Universidad de Götinger.

Edith ha cumplido 21 años y comienza a destacar en este centro universitario.  Ella va a ser la primera mujer doctora en Filosofía de la universidad de Götinger. Alumna preferida de Husserl por encima de Heidegger, aunque éste se aprovechó de su condición de varón, ella iba a ser a pesar de todo, la colaboradora del maestro y su asistente de cátedra, su alumna preferida. Durante la guerra mundial la vemos trabajando de enfermera en un hospital militar y por fin va a tener lugar en su vida un hecho crucial.  En el verano de 1921 fue a pasar unas semanas junto a la Señora Hedwig, viuda del que había sido un gran amigo suyo, discípulo como ella de Husserl y estando allí, casualmente tropezó con la autobiografía de Teresa de Ávila. Cuando terminó de leer el libro lo cerró y se dijo: “Esta es la verdad “. La verdad que ella había estado buscando toda la vida y no acababa de encontrarla.

Lo que va a venir a continuación es una consecuencia de esta sacudida interior. Decide entrar en un convento de clausura de la orden que fundara la santa castellana y el 14 de octubre de 1922 ve cumplidos sus deseos. Aquí se entregaría a la contemplación de los misterios sagrados y a la santificación de su alma, aunque sin abandonar su actividad intelectual, siendo de esta época muchos de sus valiosos escritos. Juan de la Cruz la va enseñando a desprenderse de todo y a vivir solamente del amor, hasta que llegó el fatídico 2 de agosto en que la Gestapo entra en el convento para llevársela detenida. Sobre la mesa quedaban llorando unos folios en los que esta carmelita insigne estaba escribiendo “Ciencia de la Cruz”. Edith permaneció inalterable ante tan trágica situación, hacía tiempo que había puesto su vida en manos de Dios. El 9 de agosto de 1942 desde el campo de Concentración de Auschwitz, juntamente con su hermana Rosa, emprendía su último viaje hasta los brazos del Padre a la edad de 51 años.

Reflexión desde el contexto actual:

Edith Stein es una santa de nuestro días, que se nos presenta como modelo de mujer comprometida con la equiparación de sexos, que lucha por la defensa de la mujer hasta comprometer su propia situación personal, pues gracias a ella se abrieron puertas que hasta ahora estaban cerradas al sexo femenino, que maneja unos argumentos contundentes para defender la dignidad de la mujer, sin tener por ello  que renunciar para nada a su propia identidad femenina, porque no le hace falta, ya que tiene todo lo que hay que tener para sentirse a gusto con lo que es. Edith por muchas razones estaba llamada a ejercer el liderazgo del feminismo que la mujer de nuestro tiempo necesitaba. Fue también ejemplo de filósofa genuina en su búsqueda honesta de la verdad, santa contemplativa, digna hija de Sta. Teresa y discípula de S. Juan de la Cruz, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa, juntamente con San Benito. Lo que se dice un regalo de Dios para nuestro tiempo. 

 

MARÍA DECIDIDA Y CON PRISA

 fe adulta

col santos com

Hay tiempo para alzar la vista con mirada lánguida al horizonte y que se tope en los edificios de doce pisos de la ciudad. Hay tiempo para deleitarse lanzando la mirada hacia el horizonte de un mar en calma. Y hay tiempo para levantarse a destiempo como le pasó a María, que se puso en marcha deprisa hacia la montaña, con la alegría que le crecía notablemente en el vientre.

Cuando la palabra no tiene capacidad de expresarse, el silencio se explica en las huellas del camino de quien ha comprendido que es hora de compartir.

Encontré en el Diario del hno. Christophe de Tibhirine (1), dentro del texto que escribió el 8 de febrero de 1995, una cita de George Bernanos (2), que me produjo primero impresión y luego serenidad:  “La oración es la única rebelión que se mantiene en pie”.

Rebelión de los libres. Rebelión de los que no pierden la esperanza. Rebelión de los rebeldes con causas. La única rebelión que se mantiene erguida ante el poder y la injusticia… y es silenciosa.

María se puso en pie como mujer libre que dio su palabra y que alimentó su vida con esa única rebelión que se mantiene en pie, según Bernanos, en un mundo que no sabe detectar este tipo de rebeldía silenciosa de rebeldes con causas.

Muchas horas de oración silenciosa tuvo que vivir María desde el momento de la aceptación de la misión hasta que se levantó aquel día decidida y con risa y corrió hacia la montaña.

En el encuentro de aquellas dos mujeres, María e Isabel, sólo cabía proclamar, que es mucho más que concretar, hacer un discurso o expresar un momento grato. Es un manifiesto que quedó proclamado en el Magníficat, oración para todos los tiempos, también el que vivimos ahora.

 

“MAGNIFICAT” para el SIGLO XXI (3)

Proclama mi alma la grandeza del Señor

Se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador,

mi Padre, mi Todo.

porque ha mirado la humildad y obediencia

de su hija, su criatura.

Desde que acepté su palabra,

me felicitan todas las generaciones

- antiguas y venideras-

porque he dejado que Él, que todo lo puede,

haga obras grandes a través de mí;

su nombre es santo

y su misericordia llega a los que le son fieles

y, a través de ellos, a los que no le conocen,

así, día tras día,

de generación en generación,

su amor se expande de corazón en corazón.

El Señor es fuerte:

confunde y desconcierta a los engreídos,

deja caer a los que ostentan el poder,

sostiene y pone como ejemplo a los humildes,

a los que tienen hambre de pan y amor los sacia

y a los que acaparan y no comparten

los despide vacíos.

Auxilia al mundo, su hijo pródigo,

porque no olvida la promesa de misericordia

hecha a Abraham, a los Apóstoles 

y a las mujeres y hombres creyentes

de todos los tiempos.

María se quedó en casa de Isabel unos tres meses y volvió a su casa. Me gusta imaginar cómo lo pasarían las dos compartiendo vida y oración, alegres y expectantes y, quizás provocando muchas interrogaciones alrededor, pues hay veces que lo que se vive por dentro no tiene que ser necesariamente entendido por fuera.

 

Feadulta 15 agosto 2022

Mari Paz López Santos

 

(1) “El soplo del don – Diario del hno.Christophe de Tibhirine, Ed. Monte Carmelo, pág.172

(2) George Bernanos (París, 20 de febrero de 1888 - Neuilly-sur-Seine, 5 de julio de 1948) fue un novelista, ensayista y dramaturgo francés. (Fuente: Wikipedia)

(3) “¿Qué quiere Dios que yo quiera?”,  Mari Paz López Santos, pág. 55-56   

VIVIR DESDE EL FUEGO LIBERADOR Lc 12, 49-53 14 de agosto de 2022

 

col rosario ramos

fe adulta

Quizá el Evangelio de este domingo nos resulta muy sorprendente por las palabras que Lucas pone en boca de Jesús. Se trata de un texto complejo que, leído al pie de la letra, nos puede confundir, incluso generar cierto rechazo en los tiempos que corren; un texto que, sacado de contexto, resultaría casi ofensivo y decepcionante.

Sin embargo, son palabras que tienen una lógica aplastante como consecuencia de todo lo tratado en los versículos anteriores. Este breve texto, situado en la cuarta parte del Evangelio de Lucas, narra diferentes momentos del camino de Jesús hacia Jerusalén. En uno de esos momentos instruye a los discípulos para revelarles actitudes y valores imprescindibles que son esenciales en su movimiento: confianza, fidelidad, servicio, autenticidad, coherencia, pasión, radicalidad y libertad, entre otros.

Comienza con una afirmación decisiva, típica de un texto profético, algo apocalíptico, de moda en algunos grupos judíos de la época, pero con un lenguaje sagaz y denso, inesperado y desconcertante: “Vine a poner fuego sobre la tierra, ¡y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo”. Es esta la esencia de todo el mensaje más allá de la confusión que puedan provocar sus palabras. El fuego al que se refiere Jesús no es el que asola bosques sino el fuego interior que nace de la energía y pasión por vivir en libertad y en plenitud, una pasión transformadora que nada tiene que ver con una vida raquítica y centrada en la creencia dogmática o en una práctica ritual vacía de calor.

Es el mismo fuego de Pentecostés que movilizó a los creyentes para salir “sin vergüenza y sin miedo” a mostrar al mundo la presencia de Dios en lo profundo de cada vida humana. Sin duda, este fuego despierta, calienta, dinamiza y renueva. Jesús expresa su deseo de que ya arda este fuego, pero no parece ser una realidad en sus destinatarios. Es quizá una de las frustraciones que vivió porque sus contemporáneos no parecían muy dispuestos a comprometerse de fondo con la nueva imagen de Dios y del ser humano revelada por él: un Dios que forma parte de la humanidad y un ser humano pleno que forma parte de la divinidad como única manera de expresarse en nuestra historia.

Jesús es consciente de que su mensaje transformador no es neutral y que, tomado en serio, va a generar división porque es necesario tomar postura con audacia y libertad en esta nueva ruta que propone. Esta es la fuerza de Jesús y de su movimiento: ser totalmente parcial y no intentar dar a la razón a todos para generar una falsa paz que haga la vista gorda ante la injusticia, la opresión, el sometimiento; una ilusoria paz llena de inmovilismo y vacía del fuego de una vida auténtica.

Ante Jesús sólo vale posicionarse y activar la valentía, confianza, siempre en una clara conexión con Dios y con la energía que de Él brota. A veces preferimos el bienestar emocional, las aguas tranquilas, las cebollas de Egipto (como le ocurrió al Pueblo de Israel en tiempos de esclavitud) sacrificando la libertad personal y una vida llena de sentido. Por eso, Jesús avisa de esa posible división tras posicionarse en lo esencial del Evangelio. Y no es una mera práctica religiosa, sino que se trata de revindicar la dignidad personal, la libertad, la simetría en las relaciones, la igualdad de derechos, asuntos que pueden incomodar a quienes ejercen su soberanía en vidas de otros(as) porque pierden el control y el poderío. Dejo a los lectores (as) que lleven estas palabras a sus contextos personales, de pareja, familiares, laborales, religiosos, para tomar la temperatura de esta realidad hasta donde sea posible.

Resulta llamativo que los ejemplos que usa Jesús para ilustrar la división que podría provocar, se centra en vínculos generacionales y de género. Toda una simbología que apunta hacia una incomprensión y conflicto por elegir vivir desde la raíz de lo que nos hace ser. Nada llamativo en el contexto de este evangelio porque Lucas escribía a comunidades donde algunos miembros habían sido rechazados por sus familias al hacerse cristianos. En aquel tiempo, bautizarse y entrar en la comunidad era una decisión radical que transformaba la vida. Quizá, ahora, salir de la zona de confort personal, social, elegir salir de una religión acomodada y burguesa, no tiene nada que ver con un cambio de lugar, de entorno, sino con una nueva posición ante la vida, ante la Trascendencia y ante la realidad que vivimos y somos.

Pero no nos ocurre sólo a nivel personal. También comunidades, iglesias, instituciones, grupos humanos y religiosos han decidido vivir con el fuego escondido para hacerlo inofensivo, rendido ante las injusticias reales, en una apatía gigante ante las grandes desigualdades y marginaciones humanas por temor a perder el «status».  Jesús sabía que podría ser causa de división entre los muchos adeptos del inmovilismo. Por eso despertó la ira de los funcionarios del templo y de todos los que se consideraban amos de la verdad. El fuego que trae Jesús, ese que todos llevamos dentro en pequeñas ascuas, no es aceptado ni comprendido por quienes sirven y aman por obligación moral, por quienes están saturados de doctrinas y/o deseosos de poder.

Este texto tan duro puede ser un aviso para que nos planteemos la dirección de nuestras decisiones de cada día. No se trata de crear divisiones y disputa allá donde vayamos. Se trata más bien de vivir la vida y la fe como una opción arriesgada y aceptar pagar un alto precio, en numerosas ocasiones, por vivir en verdad y honestidad. Que cada uno (a) mire su saldo de fuerza para vivir este fuego de la autenticidad, coherencia, libertad y capacidad de transformación de nuestro mundo y de nuestros pequeños mundos.

¡No nos encerremos en un confinamiento personal, social, eclesial, para no dar los grandes o pequeños pasos a los que nos mueve este Fuego liberador!

 

20 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,49-53) EL FUEGO TRAÍDO POR JESÚS LE FEU APPORTÉ PAR JÉSUS

col pagola

 

 Por los caminos de Galilea Jesús se esforzaba por contagiar el «fuego» que ardía en su corazón. En la tradición cristiana han quedado huellas diversas de su deseo. Lucas lo recoge así: «He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!». Un evangelio apócrifo más tardío recuerda otro dicho que puede provenir de Jesús: «El que está cerca de mí está cerca del fuego. El que está lejos de mí está lejos del reino».

Jesús desea que el fuego que lleva dentro prenda de verdad, que no lo apague nadie, que se extienda por toda la Tierra y que el mundo entero se abrase. Quien se aproxima a Jesús con los ojos abiertos y el corazón despierto va descubriendo que el «fuego» que arde en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Esto es lo que le mueve y le hace vivir buscando el reino de Dios y su justicia hasta la muerte.

La pasión por Dios y por los pobres viene de Jesús, y solo se enciende en sus seguidores al contacto de su Evangelio y de su espíritu renovador. Va más allá de lo convencional. Poco tiene que ver con la rutina del buen orden y la frialdad de lo normativo. Sin este fuego, la vida cristiana termina extinguiéndose.

El gran pecado de los cristianos será siempre dejar que este fuego de Jesús se vaya apagando. ¿Para qué sirve una Iglesia de cristianos instalados cómodamente en la vida, sin pasión alguna por Dios y sin compasión por los que sufren? ¿Para qué se necesitan en el mundo cristianos incapaces de atraer, dar luz u ofrecer calor?

Las palabras de Jesús nos invitan a dejarnos encender por su Espíritu sin perdernos en cuestiones secundarias o marginales. Quien no se ha dejado quemar por Jesús no conoce todavía el poder transformador que quiso introducir él en la Tierra. Puede practicar correctamente la religión cristiana, pero no ha descubierto todavía lo más apasionante del Evangelio.

Sur les routes de Galilée, Jésus s'est efforcé de répandre le «feu» qui brûlait dans son coeur. La tradition chrétienne a conservé plusieurs traces de son désir. Luc le rapporte ainsi: «Je suis venu apporter un feu sur la terre, et comme je voudrais qu'il brûle déjà!». Un évangile apocryphe postérieur rappelle une autre parole qui pourrait provenir de Jésus: «Celui qui est près de moi est près du feu. Celui qui est loin de moi est loin du royaume».

Jésus désire que le feu qui brûle en lui soit vraiment allumé, que personne ne l'éteigne, qu'il se répande sur toute la terre et que le monde entier en soit enflammé.

Celui qui s'approche de Jésus les yeux ouverts et le coeur éveillé découvre que le «feu» qui brûle en lui est sa passion pour Dieu et sa compassion pour ceux qui souffrent. C'est ce qui l'anime et le fait vivre en cherchant le royaume de Dieu et sa justice jusqu'à la mort.

La passion pour Dieu et pour les pauvres vient de Jésus, et ne s'enflamme dans ses disciples qu'au contact de son Évangile et de son esprit rénovateur. Il va au-delà du conventionnel. Elle n'a pas grand-chose à voir avec la routine de l'ordre établi ou avec la froideur des normes. Sans ce feu, la vie chrétienne finit par s'éteindre.

Le grand péché des chrétiens sera toujours de laisser s'éteindre ce feu de Jésus. À quoi sert une Église de chrétiens confortablement installés dans la vie, sans aucune passion pour Dieu et sans compassion pour ceux qui souffrent? Quelle est l'utilité dans notre monde de chrétiens qui sont incapables d'attirer, d'éclairer ou de réchauffer les coeurs?

Les paroles de Jésus nous invitent à nous laisser enflammer par son Esprit sans nous perdre dans des questions secondaires ou marginales. Celui qui ne s'est pas laissé enflammer par Jésus ne connait pas encore la puissance transformatrice qu'il a voulu apporter sur terre. Il peut pratiquer correctement la religion chrétienne, mais il n'a pas encore découvert ce qu'il y a de plus passionnant dans l'Évangile.

DOMINGO 20 (C) Lc 12,49-53 SIN LUCHA LA VIDA ES IMPOSIBLE

fe adulta

col fraymarcos

 


Como colofón a la larga instrucción sobre la confianza y la vigilancia, Jesús habla brevemente de sí mismo de una manera enigmática. ¿Qué clase de fuego trae al mundo? ¿Qué significa ese bautismo? ¿De qué paz está hablando? Son frases que no es fácil colocar en un contexto que las hagan significativas para nosotros. Debemos estar muy atentos para no llegar a conclusiones descabelladas.

No se trata de un fuego destructor, como el que provocó Elías o como el que anunciaba el Bautista. Se trata del fuego que purifica y da Vida. Jesús viene a traer fuego, pero nosotros nos defendemos con uñas y dientes contra todo lo que pueda consumir nuestro yo. El bautismo era signo de pruebas terribles, las aguas caudalosas del AT que destruyen todo lo que encuentran a su paso. Está haciendo clara alusión a su muerte, la gran prueba que demostrará la autenticidad de su ser.

¿Cómo podremos armonizar estas palabras: “no he venido ha traer paz, sino división”, con aquellas otras: "La paz os doy, mi paz os dejo?" La primera lectura nos habla de la guerra que le hicieron a Jeremías por ser auténtico. Pablo nos habla de la guerra que debemos hacernos a nosotros mismos. Todo lo que hay de terreno y caduco en nosotros debe ser demolido para que surja lo eterno. Solo de esa manera podemos alcanzar la verdadera consumación a la que estamos llamados.

1.- Tenemos en primer lugar la paz romana, que se consigue con violencia. Los romanos, cuando conquistaban un país, ponían allí sus tropas, y nadie se movía. Es una paz que nace de la injusticia, nunca puede ser auténtica ni duradera. Es una paz injusta. Es una paz que se sigue dando también hoy, a escala internacional y a escala doméstica. Por ejemplo la paz que existe en muchos matrimonios, porque uno de los miembros está anulado y ya no tiene posibilidad de rechistar.

2.- Existe otra clase de paz que podíamos llamar la paz justa: Es la que se da entre personas o países que dialogan, que defienden posturas distintas, pero que saben atender y respetar los derechos de los demás. Sería un equilibrio de intereses que puede impedir la guerra. Solo por eso sería una paz positiva, aunque no se trata de la verdadera paz, porque no es suficiente evitar los conflictos para alcanzar la paz.

3.- La paz que equivaldría a la ausencia de problemas. ¡Que me dejen en paz! ¡Mucho cuidado! Es una trampa. Es la paz de los cementerios. Es una paz que anula la vida, porque la vida es, por naturaleza, lucha, superación de obstáculos. Si llegáramos a conseguir esa paz y en la medida que la consigamos, dejamos de vivir, estamos ya muertos. Incluso la vida biológica es constante lucha. Mucho más la Vida trascendente exige de nosotros una actitud de constante superación.

4.- La paz que Jesús propone es el equilibrio que un ser humano alcanza cuando es lo que tiene que ser sin dejarse arrastrar por las fuerzas que tienden a deteriorar su humanidad. Esta es la autentica paz. Esta es la paz (Shalom) que los judíos se deseaban al saludarse y al despedirse. Esta es la base de la paz verdadera. Esa armonía con uno mismo lleva a estar en armonía con los demás y con Dios. Esta paz es la consecuencia de un descubrimiento de lo trascendente en nuestro ser.

Tenemos paralelamente cuatro clases de guerra que debemos analizar:

1.- La guerra que se hace para someter al otro, para subyugarlos y utilizarlo, para ponerlo a nuestro servicio y anularlo como persona libre. Es la ley de la selva. Es el fruto del egoísmo más feroz. Surge siempre que utilizamos la superioridad biológica, mental o psicológica para machacar al otro. Es la guerra más frecuente y dañina.

2.- La guerra que hace el que está sometido, para salir de su situación. A primera vista, parece lo más natural del mundo, pero hay que tener mucho cuidado de no caer en la misma violencia contra la que se lucha. La Iglesia ha bendecido a través de la historia cañones y bombardas. Y sin embargo todo el evangelio es un canto a la no-violencia, que supera la opresión sin entrar en su misma dinámica. Esta actitud es la clave del mensaje de Jesús: ni oprimir a nadie ni dejarse oprimir.

3.- La guerra que hace el egoísta a otro solo por ser auténtico. Esta guerra no debemos provocarla, pero tampoco debemos temerla. Esto no es fácil, porque, la mayoría de las veces, actuamos pensando más en nuestro falso yo que en nuestro verdadero ser. Con frecuencia, lo que determina que obremos de una o de otra manera, es la respuesta que vamos a obtener de los demás. Si tratamos de no molestar a los demás, antes o después dejaremos de ser auténticos.

4.- La guerra de la que habla Pablo, la que debemos hacernos a nosotros mismos. Dentro del ser humanos existen fuerzas que le mantienen en tensión. Tenemos que pelear contra aquellas partes de nosotros mismos que nos impiden alcanzar mayor humanidad. Con frecuencia caemos en la trampa de creer que los instintos son malos. Para nada. Solo el ser humano es capaz de tergiversar los instintos y hacerlos malos poniéndolos al servicio del falso yo y deteriorándose como humano.

Con todos estos datos, cada uno podrá descubrir, qué paz hay que buscar y qué paz hay que evitar, qué guerra debemos evitar a toda costa, y qué “guerra” debemos aceptar como la cosa más natural del mundo. Pero debemos estar muy atentos, porque la diferencia es a veces muy sutil. El falso yo que creemos ser puede hacernos creer que estamos luchando por nuestro bien y solo estamos potenciando ese falso ser. Si no tomamos conciencia de la diferencia, la guerra está perdida.

Jesús se presenta como la misma causa del conflicto. La actitud de Jesús no es la causa de la división. Jesús no viene a garantizar una paz exterior como esperaban lo judíos de su Mesías. La paz o la guerra exterior no afectarán para nada a la interioridad de los que le sigan. Mi paz os doy, pero yo no la doy como la da el mundo, dijo Jesús con toda claridad. La paz de Jesús consistiría en alcanzar una armonía interna, más allá de las luchas que toda vida proporciona.

En resumen podíamos decir que en estos versículos se presenta la figura de Jesús como el modelo de ser humano. Debemos afrontar toda nuestra vida como un bautismo, como una inmersión en aguas abismales que en la tradición judía son el signo de lucha y sufrimiento. Pero ese fuego y ese bautismo son positivos porque de ellos surgirá la verdadera paz. Las tensiones e incluso rupturas violentas no las origina Jesús, sino los que deciden rechazarle.


PAZ Y DIVISIÓN Domingo XX del T.O. 14 de agosto Lc 12, 49-53

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 fe adulta


Parece que el texto que antecede no solo no habría salido de los labios de Jesús, sino que se trataría de un vaticinio ex eventu. Es decir, habría sido escrito después de que aquellas primeras comunidades hubieran experimentado la división en sus propias familias, como consecuencia de la adhesión al nuevo movimiento religioso. Para cuando se escriben esas frases, lo descrito en ellas en forma de profecía para el futuro, ya había sucedido: de la misma manera que los seguidores de Jesús empezaron a ser excomulgados de la sinagoga, sintieron igualmente el rechazo por parte de aquellos miembros de la propia familia que se situaban en una posición contraria.

Ambas reacciones son frecuentes en la historia de los grupos humanos: quienes adoptan un camino nuevo suelen alejarse de los demás, en una actitud con ciertos tintes sectarios; por el otro lado, quienes se oponen a las innovaciones tienden a juzgar, descalificar y condenar a los primeros.

Más allá de la anécdota, es inevitable que en todo grupo humano existan tensiones, consecuencia de ser diferentes. La tensión estimula y enriquece cuando es bien vivida. Por el contrario, cuando no se asume ni gestiona de manera adecuada, se convierte en conflicto y enfrentamiento.

Mientras, en el primer caso, la diferencia es vivida como factor de enriquecimiento, en el segundo se absolutiza en ella misma, olvidando cualquier otra referencia.

Todo ello invita, desde mi perspectiva, a cuestionarnos en qué tipo de consciencia nos vivimos. Si nos movemos en una consciencia de separatividad, las diferencias se absolutizan y desembocan en conflicto tan irremediable como doloroso y estéril. Si estamos anclados en la consciencia de unidad, comprendemos que, aun siendo diferentes, somos lo mismo. Y es esta comprensión la que nos permite reconocer, permitir, aceptar y gestionar las tensiones sin fomentar la división o separación excluyente.

¿Cómo vivo las inevitables tensiones? ¿Desde qué tipo de consciencia?

UN EVANGELIO CLIMÁTICAMENTE INCORRECTO Domingo 20 ciclo C

 col sicre art


En el contexto de tres olas de calor extremo y de numerosos incendios forestales, parece de mal gusto que Jesús se presente como un gran pirómano ansioso de pegar fuego al mundo. Y no para ahí la cosa. Los europeos concebimos el mes de agosto como un momento de vacaciones, de descanso, al menos para muchos. Y las lecturas de este domingo no ayudan a descansar. Comienzan hablando del profeta Jeremías, arrojado a un aljibe para que muera (1ª lectura). Sigue la carta a los Hebreos hablando de Jesús, que soportó la cruz, y nos recuerda que todavía no hemos derramado sangre en nuestra lucha con el pecado (2ª lectura). Y el evangelio, al deseo de Jesús de pegar fuego al mundo, añade que no ha venido a traer paz, sino división, incluso en el ámbito más íntimo de la familia.

No sé qué se atreverán a decir muchos sacerdotes en la homilía. Algunos quizá opten por el sabio consejo: “En tiempo de sandías, no hay homilía”. Pero ofrezco algunas ideas a cualquiera que desee conocer mejor los textos.

Después de las enseñanzas de los domingos anteriores sobre la oración, la riqueza, la vigilancia, centradas en lo que nosotros debemos hacer, en el evangelio de este domingo Jesús nos sorprende hablando de sí mismo: de su misión y su destino. Lo hace con un lenguaje tan enigmático que los comentaristas discuten desde los primeros siglos el sentido de estas palabras.

Presupuesto necesario para entenderlo es conocer la mentalidad apocalíptica, de la que Jesús participa en cierto modo. Según ella, el mundo malo presente tiene que desaparecer para dar paso al mundo bueno futuro, el Reinado de Dios.

Lucas va a introducir algunos cambios importantes en esta mentalidad, reuniendo tres frases pronunciadas por Jesús en diversos momentos: la primera y la tercera hablan de la misión de Jesús (prender fuego y traer división); la segunda, de su destino (pasar por un bautismo). Esta forma de organizar el material (misión – destino – misión) es muy típica de los autores bíblicos.

La misión: prender fuego

 He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!

Lo primero que viene a la mente es un campo ardiendo, o el fenómeno frecuente en la guerra del incendio de campos, frutales, casas, ciudades… Esta idea encaja bien en la mentalidad apocalíptica: hay que poner fin al mundo presente para que surja el Reino de Dios. Esta interpretación me parece más correcta que relacionar el fuego con el Espíritu Santo.

El destino: la muerte

Tengo que pasar por un bautismo.

También esta imagen es enigmática, porque “bautizar” significa normalmente “lavar”; por ejemplo, los platos se “bautizan”, es decir, se lavan. Esa idea la aplica Juan Bautista al pecado: cuando la persona se sumerge en el río Jordán, se lavan sus pecados; al mismo tiempo, simbólicamente, la persona que entra en el agua muere ahogada y sale una persona nueva. El bautismo equivale entonces a la muerte y el paso a una nueva vida. Así lo usa Jesús en un texto del evangelio de Marcos, cuando dice a Juan y Santiago: ¿Sois capaces de beber la copa que yo he de beber o bautizaros con el bautismo que yo voy a recibir? (Mc 10,38). Jesús ve que su destino es la muerte para resucitar a una nueva vida.

La misión: dividir

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

Estas palabras se podrían interpretar como simple consecuencia de la actividad de Jesús: su persona, su enseñanza y sus obras provocan división entre la gente, como ya había anunciado Simeón a María: este niño “será una bandera discutida”.

Pero Jesús habla de una división muy concreta, dentro de la familia, y eso favorece otra interpretación: Jesús viene a crear un caos tan tremendo (simbolizado por el caos familiar), que Dios tendrá que venir a destruir este mundo y dar paso al mundo nuevo. Parece una interpretación absurda, pero conviene recordar lo que dice el final del libro de Malaquías: “Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible: reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra” (Mal 3,23-24). De acuerdo con estas palabras, Dios ha pensado exterminar la tierra en un día grande y terrible. Sin embargo, para no tener que hacerlo, decide enviar al profeta Elías, que restablecerá las buenas relaciones en la familia (padres con hijos, hijos con padres), como símbolo de las buenas relaciones en la sociedad: la situación mejora y Dios no se ve obligado a exterminar la tierra.

Jesús dice todo lo contrario: hace falta acabar con este mundo, y por ello él ha venido a traer división en el seno de la familia.

La unión de las tres frases

¿Qué quiere decirnos Lucas uniendo estas tres frases? Que Jesús anhela y provoca la desaparición de este mundo presente para dar paso al Reinado de Dios, pero que ese cambio está estrechamente relacionado con su muerte.

¿Tiene sentido todo esto para nosotros?

Este mensaje apocalíptico resulta lejano al hombre de hoy. De hecho, Lucas lo matiza y modifica en el libro de los Hechos de los Apóstoles: los cristianos no debemos estar esperando el fin del mundo, aunque pidamos todos los días que “venga a nosotros tu reino”; nuestra misión ahora es extender el evangelio por todo el mundo, como hicieron los apóstoles. Y la idea de la segunda venida de Jesús cede el puesto a una distinta: el triunfo de Jesús, glorificado a la derecha de Dios.

* * *

Por una feliz casualidad, la segunda lectura ofrece cierta relación con el evangelio: el destino de Jesús sirve de ejemplo a los cristianos. La imagen de partida es fácil de entender para los antiguos cristianos, conocedores de las Olimpiadas griegas: un estadio lleno de espectadores que contemplan el espectáculo.

Jesús, como cualquier atleta, se entrena duramente, en medio de grandes renuncias y sacrificios; sabe, además, que competirá en un ambiente adverso, hostigado y abucheado por los espectadores. Pero no se arredra: renuncia a pasarlo bien, aguanta, soporta, y termina triunfando.

Ahora nos toca a nosotros coger el relevo. Hay que despojarse de todo lo que estorba, correr la carrera sin cansarse ni perder el ánimo. Incluso en una época de descanso y vacaciones, es bueno recordar el ejemplo de Jesús, su entrega plena.

 

NO HE VENIDO A TRAER LA PAZ

 

col munarriz

comentario editorial fa7

 

Lc 12, 49-53

«He venido a prender fuego a la Tierra, y ¡cuánto deseo que ya esté ardiendo!»

Jesús crece en el seno de una sociedad de desiguales; de gente aceptada por Dios y gente rechazada por Él. Escucha en la sinagoga que Dios derrama bendiciones sobre los puros y envía calamidades a esa gran mayoría del pueblo que se ve condenada a una vida de miseria y exclusión por causa de sus pecados. A él se le revuelven las entrañas ante la tragedia de aquella pobre gente rechazada y desalentada, y se siente cada vez más incómodo dentro de esa fe que los condena de por vida…

Y se acaba rebelando.

Sale de su casa y se echa a los caminos de Galilea a proclamar que Dios no es el juez que nos castiga por nuestros pecados, sino el padre que nos ama incondicionalmente como aman las madres. Sabe que esta concepción de Dios choca de bruces con la de los letrados y los fariseos, pero no se arredra ni duda en alimentar un permanente enfrentamiento con ellos que a la postre le iba a costar la vida. Los tres primeros capítulos de Marcos muestran el grado de confrontación que desde el principio provoca con su actitud.

A aquella «chusma maldita que no conoce la Ley» —según expresión de los fariseos— les dice que no son unos pobres desgraciados como todos aseguran, sino que poseen la dignidad de hijos de Dios y son herederos de su Reino; que son los más importantes a Sus ojos, por delante de los sacerdotes, los doctores y los fariseos.

Y no solo les habla, sino que cura sus enfermedades, les enseña y se ocupa de ellos como nadie lo había hecho jamás... Para aquellos míseros, malditos, desarrapados, excluidos, marginados, empecatados, abandonados, ignorados, a veces cojos o ciegos, casi siempre impuros, aquello es el reino de Dios en la tierra. Ya no hay que esperar más; está allí, junto a ellos.

Y quieren hacerle Rey.

Las autoridades se sienten violentamente agredidas por ese impostor que arrastra tras de sí a la gente, porque si lo suyo prevalece, todo su poder y su influencia acabarán por desaparecer. Cuando sube a Jerusalén y ven el entusiasmo que suscitan sus palabras, temen que su fuego se transmita a la gente y haga arder la sociedad entera.

Y se conjuran para matarlo.

En definitiva, Jesús declara la guerra a la opresión, a la injusticia, a las leyes injustas, y tienen que matarlo para que su fuego no calcine las estructuras de Israel y a sus dirigentes con ellas. Nosotros en cambio somos gente de paz que convivimos en muy buena armonía con la sociedad de consumo y la injusticia atroz que ésta provoca; porque una cosa es tener fe en Jesús, y otra, muy distinta, que esa fe altere demasiado nuestro modo de vida o perturbe nuestro estatus…

Y es que, como decía Ruiz de Galarreta: «Ni la Palabra nos quema por dentro, ni nosotros hacemos arder a la sociedad»

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

sábado, 6 de agosto de 2022

J. I. González Faus: «La justicia no es solo un imperativo o un moralismo de los profetas, sino también una enseñanza y un consejo de los sabios»

 


Cristianisme i Justícia

Jesuita. Miembro del Área Teológica de Cristianisme i Justícia. Entre sus obras, cabe mencionar La Humanidad nueva. Ensayo de cristología (1975), Acceso a Jesús (1979), Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre (1989) o Vicarios de Cristo: los pobres en la teología y espiritualidad cristianas (2004). Sus últimos libros son El rostro humano de DiosOtro mundo es posible… desde Jesús y El amor en tiempos de cólera… económica. Escribe habitualmente en el diario La Vanguardia. Autor de numerosos cuadernos de Cristianisme i Justícia. … ver noticia…

Muchas condenas inútiles y cero acción: La UE condena la violencia de los colonos israelíes en Cisjordania ocupada

 


palestinalibre

Palestina

La hipocresía de la Unión Europea es infinita. Es cuestión de ver la reacción frente a la situación de Ucrania y la nula acción sobre la ocupación de Palestina y el horror que la población vive. Para blanquear la complicidad, se conforman con emitir condenas absolutamente inútiles, mientras tanto, suministras armas y ayudas financieras a la potencia ocupante…
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Racismo disfrazado de humanitarismo: EEUU decide retomar la construcción del muro fronterizo con México

 

Kaosenlared

Los nuevos tramos del muro son de los más concurridos en el tránsito fronterizo, con más de 160.000 detenciones registradas entre enero y junio de 2022. Solo la superan en número de detenciones las zonas Del Rio y Rio Grande Valley, en Texas. Para justificar bajo un manto humanitario la reanudación del proyecto xenófobo, el Departamento de Seguridad de Estados Unidos anunció que el proyecto «protegerá mejor a los migrantes que pueden herirse resbalando o ahogarse atravesando secciones bajas del río Colorado».
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El TEDH estudia la demanda de CEAR por la “devolución ilegal” de Abdou

 


CEAR

CEAR

inmigrantes16

El joven senegalés se convirtió en símbolo de la emergencia humanitaria que se vivió en Ceuta en mayo de 2021, tras su abrazo a una voluntaria de Cruz Roja. Las imágenes, de las que se hicieron eco muchos medios, han servido de prueba a la ONG para llevar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) el caso de Abdou, ya que muestran cómo fue devuelto sin que se le diera la posibilidad de acceder al procedimiento de protección internacional.
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¿De verdad es inteligente el ser humano?

 

Jaime Richart

Redes Cristianas

Con el título “El planeta en llamas” publica Axomalli Villanueva en “Rebelion” un
artículo sumamente ilustrativo del estado de cosas en el planeta…
“La NASA publicó un mapa en el que se muestran las altas temperaturas del aire en
gran parte del hemisferio oriental del 13 de julio. La ola de calor está afectando
gravemente diversas partes del mundo, principalmente a Europa, el norte de África, el
Medio Oriente y Asia; en donde las temperaturas han pasado los 40 grados Celsius en
varios lugares”.

“En el mapa hay un patrón evidente de una “onda atmosférica” con valores alternos
cálidos (más rojos) y fríos (más azules) en diferentes lugares, esta gran área de calor extremo es otro indicador claro de que las emisiones de gases de efecto invernadero, son las causantes de la crisis climática ocasionada por la actividad industrial capitalista”.

“Mientras los gobiernos culpan al clima, siguen aprobando medidas que aceleran el
calentamiento global. El retorno a combustibles fósiles contaminantes para alimentar la industria energética es una muestra de cómo en estas decisiones lo que prima no son las vidas de millones de trabajadores y sus familias, sino los intereses de las empresas y políticas de ajuste al gasto público que, por ejemplo, desfinancian programas de protección del medio ambiente o mitigación de siniestros”.

La pregunta que me hago en el título de este artículo no es de ahora. Hace muchos
años que me la vengo formulando. Por eso tengo tan poco aprecio por el progreso tal
como se entiende. No sólo no tengo aprecio por el progreso, es que la ausencia de ritmo, la nula capacidad del ser humano para su dosificación, y si se dosifica es
exclusivamente para convertirlo en más fuente de ganancias sin límite para personas
jurídicas sin cuento, me lleva a despreciarlo. A fin de cuentas el progreso atiende sólo a dos aspectos de la vida. Uno es el acortamiento de las distancias. Como si en la vida no fuese el tiempo lo que más le sobra al ser humano. Otro es contribuir a su máxima comodidad, y de ella a la holganza… Aún así, todo estaría muy bien si la producción de bienes y servicios no afectase al hábitat, a las fuentes de riqueza natural, a las condiciones medioambientales.

Pero como no es así, las decisiones políticas vinculadas a las decisiones de todo lo que significa “producción” y las decisiones empresariales de los gigantescos intereses de la producción misma son la causa de la causa de lo que se
nos viene encima.

El ser humano, en tanto que homo faber, concepto éste de hombre que se hace a sí
mismo, capaz de transformar la realidad circundante y de lograr, mediante su dominio
efectivo de dicha realidad, una cierta autosuficiencia, y el homo habilis el hombre hábil son el exponente de su inteligencia que le diferencia de las demás especies vivientes.

Pero está claro que ser capaz de cierta autosuficiencia, ser hábil, fabricar una serie inagotable de cachivaches que nos van a aplastar, o ir a la luna (si es que eso es así) no significa ser propiamente inteligente. Pues no podemos considerarlo así si al mismo tiempo no es capaz de conservar su hábitat ni de preservar su propia vida como especie.

¿Podemos considerar inteligente a quien se rodea de todo cuanto uno pueda imaginar
pero sitúa su hacienda en la ladera de una montaña sin tener en cuenta que llegará un
momento en que un corrimiento de tierras se llevará todo por delante? ¿Es inteligente
quien la ceguera de su ambición sin límites le conduce a caer por el abismo? ¿Lo es
quien, cargado de lingotes de oro atraviesa una ciénaga y en lugar de desprenderse de
los lingotes que le arrastran al fondo prefiere hundirse con ellos en la ciénaga? La
cantidad de acciones destructivas llevadas a cabo por los grandes emporios industriales, fabriles, químicos, tecnológicos, mineros, madereros, etc es imposible de contar yenumerar.

Sólo a medida que van saliendo a relucir en revistas especializadas y en la
prensa. Otras atrocidades se conocen pasado mucho tiempo. Pues bien, este es el
comportamiento del homo faber, del homo habilis, del homo fatal que representa a
quienes, después de la angustia que venimos sufriendo quienes nos venimos percatando
de ello hace mucho tiempo, están arrastrando ahora ya sin género de duda con ellos a la humanidad, a las inminentes tribulaciones bíblicas…

Me resulta imposible creer que los extraterrestres que, al parecer, merodean por nuestro planeta sean tan necios como los humanos que visitan…