FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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viernes, 12 de agosto de 2022

20 Tiempo ordinario – C (Lucas 12,49-53) EL FUEGO TRAÍDO POR JESÚS LE FEU APPORTÉ PAR JÉSUS

col pagola

 

 Por los caminos de Galilea Jesús se esforzaba por contagiar el «fuego» que ardía en su corazón. En la tradición cristiana han quedado huellas diversas de su deseo. Lucas lo recoge así: «He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!». Un evangelio apócrifo más tardío recuerda otro dicho que puede provenir de Jesús: «El que está cerca de mí está cerca del fuego. El que está lejos de mí está lejos del reino».

Jesús desea que el fuego que lleva dentro prenda de verdad, que no lo apague nadie, que se extienda por toda la Tierra y que el mundo entero se abrase. Quien se aproxima a Jesús con los ojos abiertos y el corazón despierto va descubriendo que el «fuego» que arde en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Esto es lo que le mueve y le hace vivir buscando el reino de Dios y su justicia hasta la muerte.

La pasión por Dios y por los pobres viene de Jesús, y solo se enciende en sus seguidores al contacto de su Evangelio y de su espíritu renovador. Va más allá de lo convencional. Poco tiene que ver con la rutina del buen orden y la frialdad de lo normativo. Sin este fuego, la vida cristiana termina extinguiéndose.

El gran pecado de los cristianos será siempre dejar que este fuego de Jesús se vaya apagando. ¿Para qué sirve una Iglesia de cristianos instalados cómodamente en la vida, sin pasión alguna por Dios y sin compasión por los que sufren? ¿Para qué se necesitan en el mundo cristianos incapaces de atraer, dar luz u ofrecer calor?

Las palabras de Jesús nos invitan a dejarnos encender por su Espíritu sin perdernos en cuestiones secundarias o marginales. Quien no se ha dejado quemar por Jesús no conoce todavía el poder transformador que quiso introducir él en la Tierra. Puede practicar correctamente la religión cristiana, pero no ha descubierto todavía lo más apasionante del Evangelio.

Sur les routes de Galilée, Jésus s'est efforcé de répandre le «feu» qui brûlait dans son coeur. La tradition chrétienne a conservé plusieurs traces de son désir. Luc le rapporte ainsi: «Je suis venu apporter un feu sur la terre, et comme je voudrais qu'il brûle déjà!». Un évangile apocryphe postérieur rappelle une autre parole qui pourrait provenir de Jésus: «Celui qui est près de moi est près du feu. Celui qui est loin de moi est loin du royaume».

Jésus désire que le feu qui brûle en lui soit vraiment allumé, que personne ne l'éteigne, qu'il se répande sur toute la terre et que le monde entier en soit enflammé.

Celui qui s'approche de Jésus les yeux ouverts et le coeur éveillé découvre que le «feu» qui brûle en lui est sa passion pour Dieu et sa compassion pour ceux qui souffrent. C'est ce qui l'anime et le fait vivre en cherchant le royaume de Dieu et sa justice jusqu'à la mort.

La passion pour Dieu et pour les pauvres vient de Jésus, et ne s'enflamme dans ses disciples qu'au contact de son Évangile et de son esprit rénovateur. Il va au-delà du conventionnel. Elle n'a pas grand-chose à voir avec la routine de l'ordre établi ou avec la froideur des normes. Sans ce feu, la vie chrétienne finit par s'éteindre.

Le grand péché des chrétiens sera toujours de laisser s'éteindre ce feu de Jésus. À quoi sert une Église de chrétiens confortablement installés dans la vie, sans aucune passion pour Dieu et sans compassion pour ceux qui souffrent? Quelle est l'utilité dans notre monde de chrétiens qui sont incapables d'attirer, d'éclairer ou de réchauffer les coeurs?

Les paroles de Jésus nous invitent à nous laisser enflammer par son Esprit sans nous perdre dans des questions secondaires ou marginales. Celui qui ne s'est pas laissé enflammer par Jésus ne connait pas encore la puissance transformatrice qu'il a voulu apporter sur terre. Il peut pratiquer correctement la religion chrétienne, mais il n'a pas encore découvert ce qu'il y a de plus passionnant dans l'Évangile.

DOMINGO 20 (C) Lc 12,49-53 SIN LUCHA LA VIDA ES IMPOSIBLE

fe adulta

col fraymarcos

 


Como colofón a la larga instrucción sobre la confianza y la vigilancia, Jesús habla brevemente de sí mismo de una manera enigmática. ¿Qué clase de fuego trae al mundo? ¿Qué significa ese bautismo? ¿De qué paz está hablando? Son frases que no es fácil colocar en un contexto que las hagan significativas para nosotros. Debemos estar muy atentos para no llegar a conclusiones descabelladas.

No se trata de un fuego destructor, como el que provocó Elías o como el que anunciaba el Bautista. Se trata del fuego que purifica y da Vida. Jesús viene a traer fuego, pero nosotros nos defendemos con uñas y dientes contra todo lo que pueda consumir nuestro yo. El bautismo era signo de pruebas terribles, las aguas caudalosas del AT que destruyen todo lo que encuentran a su paso. Está haciendo clara alusión a su muerte, la gran prueba que demostrará la autenticidad de su ser.

¿Cómo podremos armonizar estas palabras: “no he venido ha traer paz, sino división”, con aquellas otras: "La paz os doy, mi paz os dejo?" La primera lectura nos habla de la guerra que le hicieron a Jeremías por ser auténtico. Pablo nos habla de la guerra que debemos hacernos a nosotros mismos. Todo lo que hay de terreno y caduco en nosotros debe ser demolido para que surja lo eterno. Solo de esa manera podemos alcanzar la verdadera consumación a la que estamos llamados.

1.- Tenemos en primer lugar la paz romana, que se consigue con violencia. Los romanos, cuando conquistaban un país, ponían allí sus tropas, y nadie se movía. Es una paz que nace de la injusticia, nunca puede ser auténtica ni duradera. Es una paz injusta. Es una paz que se sigue dando también hoy, a escala internacional y a escala doméstica. Por ejemplo la paz que existe en muchos matrimonios, porque uno de los miembros está anulado y ya no tiene posibilidad de rechistar.

2.- Existe otra clase de paz que podíamos llamar la paz justa: Es la que se da entre personas o países que dialogan, que defienden posturas distintas, pero que saben atender y respetar los derechos de los demás. Sería un equilibrio de intereses que puede impedir la guerra. Solo por eso sería una paz positiva, aunque no se trata de la verdadera paz, porque no es suficiente evitar los conflictos para alcanzar la paz.

3.- La paz que equivaldría a la ausencia de problemas. ¡Que me dejen en paz! ¡Mucho cuidado! Es una trampa. Es la paz de los cementerios. Es una paz que anula la vida, porque la vida es, por naturaleza, lucha, superación de obstáculos. Si llegáramos a conseguir esa paz y en la medida que la consigamos, dejamos de vivir, estamos ya muertos. Incluso la vida biológica es constante lucha. Mucho más la Vida trascendente exige de nosotros una actitud de constante superación.

4.- La paz que Jesús propone es el equilibrio que un ser humano alcanza cuando es lo que tiene que ser sin dejarse arrastrar por las fuerzas que tienden a deteriorar su humanidad. Esta es la autentica paz. Esta es la paz (Shalom) que los judíos se deseaban al saludarse y al despedirse. Esta es la base de la paz verdadera. Esa armonía con uno mismo lleva a estar en armonía con los demás y con Dios. Esta paz es la consecuencia de un descubrimiento de lo trascendente en nuestro ser.

Tenemos paralelamente cuatro clases de guerra que debemos analizar:

1.- La guerra que se hace para someter al otro, para subyugarlos y utilizarlo, para ponerlo a nuestro servicio y anularlo como persona libre. Es la ley de la selva. Es el fruto del egoísmo más feroz. Surge siempre que utilizamos la superioridad biológica, mental o psicológica para machacar al otro. Es la guerra más frecuente y dañina.

2.- La guerra que hace el que está sometido, para salir de su situación. A primera vista, parece lo más natural del mundo, pero hay que tener mucho cuidado de no caer en la misma violencia contra la que se lucha. La Iglesia ha bendecido a través de la historia cañones y bombardas. Y sin embargo todo el evangelio es un canto a la no-violencia, que supera la opresión sin entrar en su misma dinámica. Esta actitud es la clave del mensaje de Jesús: ni oprimir a nadie ni dejarse oprimir.

3.- La guerra que hace el egoísta a otro solo por ser auténtico. Esta guerra no debemos provocarla, pero tampoco debemos temerla. Esto no es fácil, porque, la mayoría de las veces, actuamos pensando más en nuestro falso yo que en nuestro verdadero ser. Con frecuencia, lo que determina que obremos de una o de otra manera, es la respuesta que vamos a obtener de los demás. Si tratamos de no molestar a los demás, antes o después dejaremos de ser auténticos.

4.- La guerra de la que habla Pablo, la que debemos hacernos a nosotros mismos. Dentro del ser humanos existen fuerzas que le mantienen en tensión. Tenemos que pelear contra aquellas partes de nosotros mismos que nos impiden alcanzar mayor humanidad. Con frecuencia caemos en la trampa de creer que los instintos son malos. Para nada. Solo el ser humano es capaz de tergiversar los instintos y hacerlos malos poniéndolos al servicio del falso yo y deteriorándose como humano.

Con todos estos datos, cada uno podrá descubrir, qué paz hay que buscar y qué paz hay que evitar, qué guerra debemos evitar a toda costa, y qué “guerra” debemos aceptar como la cosa más natural del mundo. Pero debemos estar muy atentos, porque la diferencia es a veces muy sutil. El falso yo que creemos ser puede hacernos creer que estamos luchando por nuestro bien y solo estamos potenciando ese falso ser. Si no tomamos conciencia de la diferencia, la guerra está perdida.

Jesús se presenta como la misma causa del conflicto. La actitud de Jesús no es la causa de la división. Jesús no viene a garantizar una paz exterior como esperaban lo judíos de su Mesías. La paz o la guerra exterior no afectarán para nada a la interioridad de los que le sigan. Mi paz os doy, pero yo no la doy como la da el mundo, dijo Jesús con toda claridad. La paz de Jesús consistiría en alcanzar una armonía interna, más allá de las luchas que toda vida proporciona.

En resumen podíamos decir que en estos versículos se presenta la figura de Jesús como el modelo de ser humano. Debemos afrontar toda nuestra vida como un bautismo, como una inmersión en aguas abismales que en la tradición judía son el signo de lucha y sufrimiento. Pero ese fuego y ese bautismo son positivos porque de ellos surgirá la verdadera paz. Las tensiones e incluso rupturas violentas no las origina Jesús, sino los que deciden rechazarle.


PAZ Y DIVISIÓN Domingo XX del T.O. 14 de agosto Lc 12, 49-53

col lozano art

 fe adulta


Parece que el texto que antecede no solo no habría salido de los labios de Jesús, sino que se trataría de un vaticinio ex eventu. Es decir, habría sido escrito después de que aquellas primeras comunidades hubieran experimentado la división en sus propias familias, como consecuencia de la adhesión al nuevo movimiento religioso. Para cuando se escriben esas frases, lo descrito en ellas en forma de profecía para el futuro, ya había sucedido: de la misma manera que los seguidores de Jesús empezaron a ser excomulgados de la sinagoga, sintieron igualmente el rechazo por parte de aquellos miembros de la propia familia que se situaban en una posición contraria.

Ambas reacciones son frecuentes en la historia de los grupos humanos: quienes adoptan un camino nuevo suelen alejarse de los demás, en una actitud con ciertos tintes sectarios; por el otro lado, quienes se oponen a las innovaciones tienden a juzgar, descalificar y condenar a los primeros.

Más allá de la anécdota, es inevitable que en todo grupo humano existan tensiones, consecuencia de ser diferentes. La tensión estimula y enriquece cuando es bien vivida. Por el contrario, cuando no se asume ni gestiona de manera adecuada, se convierte en conflicto y enfrentamiento.

Mientras, en el primer caso, la diferencia es vivida como factor de enriquecimiento, en el segundo se absolutiza en ella misma, olvidando cualquier otra referencia.

Todo ello invita, desde mi perspectiva, a cuestionarnos en qué tipo de consciencia nos vivimos. Si nos movemos en una consciencia de separatividad, las diferencias se absolutizan y desembocan en conflicto tan irremediable como doloroso y estéril. Si estamos anclados en la consciencia de unidad, comprendemos que, aun siendo diferentes, somos lo mismo. Y es esta comprensión la que nos permite reconocer, permitir, aceptar y gestionar las tensiones sin fomentar la división o separación excluyente.

¿Cómo vivo las inevitables tensiones? ¿Desde qué tipo de consciencia?

UN EVANGELIO CLIMÁTICAMENTE INCORRECTO Domingo 20 ciclo C

 col sicre art


En el contexto de tres olas de calor extremo y de numerosos incendios forestales, parece de mal gusto que Jesús se presente como un gran pirómano ansioso de pegar fuego al mundo. Y no para ahí la cosa. Los europeos concebimos el mes de agosto como un momento de vacaciones, de descanso, al menos para muchos. Y las lecturas de este domingo no ayudan a descansar. Comienzan hablando del profeta Jeremías, arrojado a un aljibe para que muera (1ª lectura). Sigue la carta a los Hebreos hablando de Jesús, que soportó la cruz, y nos recuerda que todavía no hemos derramado sangre en nuestra lucha con el pecado (2ª lectura). Y el evangelio, al deseo de Jesús de pegar fuego al mundo, añade que no ha venido a traer paz, sino división, incluso en el ámbito más íntimo de la familia.

No sé qué se atreverán a decir muchos sacerdotes en la homilía. Algunos quizá opten por el sabio consejo: “En tiempo de sandías, no hay homilía”. Pero ofrezco algunas ideas a cualquiera que desee conocer mejor los textos.

Después de las enseñanzas de los domingos anteriores sobre la oración, la riqueza, la vigilancia, centradas en lo que nosotros debemos hacer, en el evangelio de este domingo Jesús nos sorprende hablando de sí mismo: de su misión y su destino. Lo hace con un lenguaje tan enigmático que los comentaristas discuten desde los primeros siglos el sentido de estas palabras.

Presupuesto necesario para entenderlo es conocer la mentalidad apocalíptica, de la que Jesús participa en cierto modo. Según ella, el mundo malo presente tiene que desaparecer para dar paso al mundo bueno futuro, el Reinado de Dios.

Lucas va a introducir algunos cambios importantes en esta mentalidad, reuniendo tres frases pronunciadas por Jesús en diversos momentos: la primera y la tercera hablan de la misión de Jesús (prender fuego y traer división); la segunda, de su destino (pasar por un bautismo). Esta forma de organizar el material (misión – destino – misión) es muy típica de los autores bíblicos.

La misión: prender fuego

 He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!

Lo primero que viene a la mente es un campo ardiendo, o el fenómeno frecuente en la guerra del incendio de campos, frutales, casas, ciudades… Esta idea encaja bien en la mentalidad apocalíptica: hay que poner fin al mundo presente para que surja el Reino de Dios. Esta interpretación me parece más correcta que relacionar el fuego con el Espíritu Santo.

El destino: la muerte

Tengo que pasar por un bautismo.

También esta imagen es enigmática, porque “bautizar” significa normalmente “lavar”; por ejemplo, los platos se “bautizan”, es decir, se lavan. Esa idea la aplica Juan Bautista al pecado: cuando la persona se sumerge en el río Jordán, se lavan sus pecados; al mismo tiempo, simbólicamente, la persona que entra en el agua muere ahogada y sale una persona nueva. El bautismo equivale entonces a la muerte y el paso a una nueva vida. Así lo usa Jesús en un texto del evangelio de Marcos, cuando dice a Juan y Santiago: ¿Sois capaces de beber la copa que yo he de beber o bautizaros con el bautismo que yo voy a recibir? (Mc 10,38). Jesús ve que su destino es la muerte para resucitar a una nueva vida.

La misión: dividir

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

Estas palabras se podrían interpretar como simple consecuencia de la actividad de Jesús: su persona, su enseñanza y sus obras provocan división entre la gente, como ya había anunciado Simeón a María: este niño “será una bandera discutida”.

Pero Jesús habla de una división muy concreta, dentro de la familia, y eso favorece otra interpretación: Jesús viene a crear un caos tan tremendo (simbolizado por el caos familiar), que Dios tendrá que venir a destruir este mundo y dar paso al mundo nuevo. Parece una interpretación absurda, pero conviene recordar lo que dice el final del libro de Malaquías: “Yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día del Señor, grande y terrible: reconciliará a padres con hijos, a hijos con padres, y así no vendré yo a exterminar la tierra” (Mal 3,23-24). De acuerdo con estas palabras, Dios ha pensado exterminar la tierra en un día grande y terrible. Sin embargo, para no tener que hacerlo, decide enviar al profeta Elías, que restablecerá las buenas relaciones en la familia (padres con hijos, hijos con padres), como símbolo de las buenas relaciones en la sociedad: la situación mejora y Dios no se ve obligado a exterminar la tierra.

Jesús dice todo lo contrario: hace falta acabar con este mundo, y por ello él ha venido a traer división en el seno de la familia.

La unión de las tres frases

¿Qué quiere decirnos Lucas uniendo estas tres frases? Que Jesús anhela y provoca la desaparición de este mundo presente para dar paso al Reinado de Dios, pero que ese cambio está estrechamente relacionado con su muerte.

¿Tiene sentido todo esto para nosotros?

Este mensaje apocalíptico resulta lejano al hombre de hoy. De hecho, Lucas lo matiza y modifica en el libro de los Hechos de los Apóstoles: los cristianos no debemos estar esperando el fin del mundo, aunque pidamos todos los días que “venga a nosotros tu reino”; nuestra misión ahora es extender el evangelio por todo el mundo, como hicieron los apóstoles. Y la idea de la segunda venida de Jesús cede el puesto a una distinta: el triunfo de Jesús, glorificado a la derecha de Dios.

* * *

Por una feliz casualidad, la segunda lectura ofrece cierta relación con el evangelio: el destino de Jesús sirve de ejemplo a los cristianos. La imagen de partida es fácil de entender para los antiguos cristianos, conocedores de las Olimpiadas griegas: un estadio lleno de espectadores que contemplan el espectáculo.

Jesús, como cualquier atleta, se entrena duramente, en medio de grandes renuncias y sacrificios; sabe, además, que competirá en un ambiente adverso, hostigado y abucheado por los espectadores. Pero no se arredra: renuncia a pasarlo bien, aguanta, soporta, y termina triunfando.

Ahora nos toca a nosotros coger el relevo. Hay que despojarse de todo lo que estorba, correr la carrera sin cansarse ni perder el ánimo. Incluso en una época de descanso y vacaciones, es bueno recordar el ejemplo de Jesús, su entrega plena.

 

NO HE VENIDO A TRAER LA PAZ

 

col munarriz

comentario editorial fa7

 

Lc 12, 49-53

«He venido a prender fuego a la Tierra, y ¡cuánto deseo que ya esté ardiendo!»

Jesús crece en el seno de una sociedad de desiguales; de gente aceptada por Dios y gente rechazada por Él. Escucha en la sinagoga que Dios derrama bendiciones sobre los puros y envía calamidades a esa gran mayoría del pueblo que se ve condenada a una vida de miseria y exclusión por causa de sus pecados. A él se le revuelven las entrañas ante la tragedia de aquella pobre gente rechazada y desalentada, y se siente cada vez más incómodo dentro de esa fe que los condena de por vida…

Y se acaba rebelando.

Sale de su casa y se echa a los caminos de Galilea a proclamar que Dios no es el juez que nos castiga por nuestros pecados, sino el padre que nos ama incondicionalmente como aman las madres. Sabe que esta concepción de Dios choca de bruces con la de los letrados y los fariseos, pero no se arredra ni duda en alimentar un permanente enfrentamiento con ellos que a la postre le iba a costar la vida. Los tres primeros capítulos de Marcos muestran el grado de confrontación que desde el principio provoca con su actitud.

A aquella «chusma maldita que no conoce la Ley» —según expresión de los fariseos— les dice que no son unos pobres desgraciados como todos aseguran, sino que poseen la dignidad de hijos de Dios y son herederos de su Reino; que son los más importantes a Sus ojos, por delante de los sacerdotes, los doctores y los fariseos.

Y no solo les habla, sino que cura sus enfermedades, les enseña y se ocupa de ellos como nadie lo había hecho jamás... Para aquellos míseros, malditos, desarrapados, excluidos, marginados, empecatados, abandonados, ignorados, a veces cojos o ciegos, casi siempre impuros, aquello es el reino de Dios en la tierra. Ya no hay que esperar más; está allí, junto a ellos.

Y quieren hacerle Rey.

Las autoridades se sienten violentamente agredidas por ese impostor que arrastra tras de sí a la gente, porque si lo suyo prevalece, todo su poder y su influencia acabarán por desaparecer. Cuando sube a Jerusalén y ven el entusiasmo que suscitan sus palabras, temen que su fuego se transmita a la gente y haga arder la sociedad entera.

Y se conjuran para matarlo.

En definitiva, Jesús declara la guerra a la opresión, a la injusticia, a las leyes injustas, y tienen que matarlo para que su fuego no calcine las estructuras de Israel y a sus dirigentes con ellas. Nosotros en cambio somos gente de paz que convivimos en muy buena armonía con la sociedad de consumo y la injusticia atroz que ésta provoca; porque una cosa es tener fe en Jesús, y otra, muy distinta, que esa fe altere demasiado nuestro modo de vida o perturbe nuestro estatus…

Y es que, como decía Ruiz de Galarreta: «Ni la Palabra nos quema por dentro, ni nosotros hacemos arder a la sociedad»

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

sábado, 6 de agosto de 2022

J. I. González Faus: «La justicia no es solo un imperativo o un moralismo de los profetas, sino también una enseñanza y un consejo de los sabios»

 


Cristianisme i Justícia

Jesuita. Miembro del Área Teológica de Cristianisme i Justícia. Entre sus obras, cabe mencionar La Humanidad nueva. Ensayo de cristología (1975), Acceso a Jesús (1979), Proyecto de hermano. Visión creyente del hombre (1989) o Vicarios de Cristo: los pobres en la teología y espiritualidad cristianas (2004). Sus últimos libros son El rostro humano de DiosOtro mundo es posible… desde Jesús y El amor en tiempos de cólera… económica. Escribe habitualmente en el diario La Vanguardia. Autor de numerosos cuadernos de Cristianisme i Justícia. … ver noticia…

Muchas condenas inútiles y cero acción: La UE condena la violencia de los colonos israelíes en Cisjordania ocupada

 


palestinalibre

Palestina

La hipocresía de la Unión Europea es infinita. Es cuestión de ver la reacción frente a la situación de Ucrania y la nula acción sobre la ocupación de Palestina y el horror que la población vive. Para blanquear la complicidad, se conforman con emitir condenas absolutamente inútiles, mientras tanto, suministras armas y ayudas financieras a la potencia ocupante…
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Racismo disfrazado de humanitarismo: EEUU decide retomar la construcción del muro fronterizo con México

 

Kaosenlared

Los nuevos tramos del muro son de los más concurridos en el tránsito fronterizo, con más de 160.000 detenciones registradas entre enero y junio de 2022. Solo la superan en número de detenciones las zonas Del Rio y Rio Grande Valley, en Texas. Para justificar bajo un manto humanitario la reanudación del proyecto xenófobo, el Departamento de Seguridad de Estados Unidos anunció que el proyecto «protegerá mejor a los migrantes que pueden herirse resbalando o ahogarse atravesando secciones bajas del río Colorado».
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El TEDH estudia la demanda de CEAR por la “devolución ilegal” de Abdou

 


CEAR

CEAR

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El joven senegalés se convirtió en símbolo de la emergencia humanitaria que se vivió en Ceuta en mayo de 2021, tras su abrazo a una voluntaria de Cruz Roja. Las imágenes, de las que se hicieron eco muchos medios, han servido de prueba a la ONG para llevar al Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) el caso de Abdou, ya que muestran cómo fue devuelto sin que se le diera la posibilidad de acceder al procedimiento de protección internacional.
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¿De verdad es inteligente el ser humano?

 

Jaime Richart

Redes Cristianas

Con el título “El planeta en llamas” publica Axomalli Villanueva en “Rebelion” un
artículo sumamente ilustrativo del estado de cosas en el planeta…
“La NASA publicó un mapa en el que se muestran las altas temperaturas del aire en
gran parte del hemisferio oriental del 13 de julio. La ola de calor está afectando
gravemente diversas partes del mundo, principalmente a Europa, el norte de África, el
Medio Oriente y Asia; en donde las temperaturas han pasado los 40 grados Celsius en
varios lugares”.

“En el mapa hay un patrón evidente de una “onda atmosférica” con valores alternos
cálidos (más rojos) y fríos (más azules) en diferentes lugares, esta gran área de calor extremo es otro indicador claro de que las emisiones de gases de efecto invernadero, son las causantes de la crisis climática ocasionada por la actividad industrial capitalista”.

“Mientras los gobiernos culpan al clima, siguen aprobando medidas que aceleran el
calentamiento global. El retorno a combustibles fósiles contaminantes para alimentar la industria energética es una muestra de cómo en estas decisiones lo que prima no son las vidas de millones de trabajadores y sus familias, sino los intereses de las empresas y políticas de ajuste al gasto público que, por ejemplo, desfinancian programas de protección del medio ambiente o mitigación de siniestros”.

La pregunta que me hago en el título de este artículo no es de ahora. Hace muchos
años que me la vengo formulando. Por eso tengo tan poco aprecio por el progreso tal
como se entiende. No sólo no tengo aprecio por el progreso, es que la ausencia de ritmo, la nula capacidad del ser humano para su dosificación, y si se dosifica es
exclusivamente para convertirlo en más fuente de ganancias sin límite para personas
jurídicas sin cuento, me lleva a despreciarlo. A fin de cuentas el progreso atiende sólo a dos aspectos de la vida. Uno es el acortamiento de las distancias. Como si en la vida no fuese el tiempo lo que más le sobra al ser humano. Otro es contribuir a su máxima comodidad, y de ella a la holganza… Aún así, todo estaría muy bien si la producción de bienes y servicios no afectase al hábitat, a las fuentes de riqueza natural, a las condiciones medioambientales.

Pero como no es así, las decisiones políticas vinculadas a las decisiones de todo lo que significa “producción” y las decisiones empresariales de los gigantescos intereses de la producción misma son la causa de la causa de lo que se
nos viene encima.

El ser humano, en tanto que homo faber, concepto éste de hombre que se hace a sí
mismo, capaz de transformar la realidad circundante y de lograr, mediante su dominio
efectivo de dicha realidad, una cierta autosuficiencia, y el homo habilis el hombre hábil son el exponente de su inteligencia que le diferencia de las demás especies vivientes.

Pero está claro que ser capaz de cierta autosuficiencia, ser hábil, fabricar una serie inagotable de cachivaches que nos van a aplastar, o ir a la luna (si es que eso es así) no significa ser propiamente inteligente. Pues no podemos considerarlo así si al mismo tiempo no es capaz de conservar su hábitat ni de preservar su propia vida como especie.

¿Podemos considerar inteligente a quien se rodea de todo cuanto uno pueda imaginar
pero sitúa su hacienda en la ladera de una montaña sin tener en cuenta que llegará un
momento en que un corrimiento de tierras se llevará todo por delante? ¿Es inteligente
quien la ceguera de su ambición sin límites le conduce a caer por el abismo? ¿Lo es
quien, cargado de lingotes de oro atraviesa una ciénaga y en lugar de desprenderse de
los lingotes que le arrastran al fondo prefiere hundirse con ellos en la ciénaga? La
cantidad de acciones destructivas llevadas a cabo por los grandes emporios industriales, fabriles, químicos, tecnológicos, mineros, madereros, etc es imposible de contar yenumerar.

Sólo a medida que van saliendo a relucir en revistas especializadas y en la
prensa. Otras atrocidades se conocen pasado mucho tiempo. Pues bien, este es el
comportamiento del homo faber, del homo habilis, del homo fatal que representa a
quienes, después de la angustia que venimos sufriendo quienes nos venimos percatando
de ello hace mucho tiempo, están arrastrando ahora ya sin género de duda con ellos a la humanidad, a las inminentes tribulaciones bíblicas…

Me resulta imposible creer que los extraterrestres que, al parecer, merodean por nuestro planeta sean tan necios como los humanos que visitan…

Francisco: “La visión de la doctrina de la Iglesia como un monolito que hay que defender sin matices es errónea”

 


Religión Digital

‘La Civiltà Cattolica’ publica el encuentro del Papa con los jesuitas canadienses
“Uno de los peores enemigos contra la unidad de la Iglesia y de los episcopados es la ideología”, señaló el papa Francisco durante el encuentro que mantuvo con los jesuitas de Canadá en el último día del reciente viaje apostólico a Canada … ver noticia…

Francisco: “Tenemos que dar la cara ante nuestros dolores y nuestros pecados. También en Canadá”

 


Vatican News

Papa51

El Papa recuerda su viaje y vuelve a denunciar “las ideologías que amenazan a los pueblos intentando borrar su historia y sus tradiciones”
“La motivación principal era la de encontrar a las poblaciones originarias para expresarles mi cercanía y mi dolor y pedir perdón por el daño que les hicieron aquellos cristianos, incluidos muchos católicos, que en el pasado colaboraron en las políticas de asimilación forzada y liberación de los gobiernos de la época”
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Camila Bustamante: “El abuso de mujeres contra mujeres en la Iglesia no existe, tampoco la víctima, la justicia o la reparación”

 


Religión Digital

La periodista publica ‘Siervas’, una exhaustiva investigación sobre las mujeres víctimas del Sodalicio
En esta rigurosa investigación periodística la autora denuncia, a través de su propio testimonio y el de otras sobrevivientes, el funcionamiento de un círculo de abusos activo hasta nuestros días
Mujeres ligadas a la comunidad de religiosas Siervas del Plan de Dios se atreven a relatar en esta publicación el maltrato físico, psicológico y sexual del que fueron víctimas al interior de la rama femenina del Sodalicio
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Los cortes de luz en los barrios periféricos de Sevilla vulneran derechos básicos

 


Kaosenlared

La electricidad es un servicio vital imprescindible para la vida digna y los cortes suponen una vulneración constante y sistemática de los derechos humanos. Los vecinos y las vecinas de Padre Pío se plantan ante los continuos cortes de luz en el barrio, lo que está provocando graves consecuencias acentuadas por la ola calor
La medida de abrir para “vulnerables” dos tardes tres Centros Cívicos de la ciudad no permite la calidad de vida mínima que demandan las familias sin luz en sus viviendas.
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Rapiña de las eléctricas y pobreza energética

 


Rafael Lara

Andalucía Información

Modestas reflexiones con aquel articulo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
La ola de calor que sufrimos no es nada casual. Por el contrario, excepto para los negacionistas de la derecha, es resultado del cambio climático ante el que nada o poco se actúa. Y la cosa puede ir a peor.
Y ese es el problema. Llegamos a una situación de pobreza energética en nuestras ciudades por la falta de ingresos o ingresos suficientes de una familia
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¿Democracia en la Iglesia?

 


Carlos Saracini

Obsur

Si buscamos en el diccionario la palabra “democracia” dice: “Sistema político que defiende la soberanía del pueblo y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes”.
En esa definición hay dos sujetos: “el pueblo” y “los gobernantes” que son elegidos como representantes para conducir los destinos de un país, con una multitud de instituciones que fueron construidas y se siguen construyendo desde hace más de dos siglos. Sus tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
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Algunas respuestas al comentario sobre “la fiesta del cielo” de Gijón y otras incongruencias existenciales inconcebibles

Faustino Vilabrille

 Redes Cristianas

1) SOBRE LA “FIESTA DEL CIELO”: El domingo pasado hemos enviado un comentario sobre el desfile aéreo-militar de Gijón, “la fiesta del Cielo”. Nos han llegado varias respuestas al mismo, entre las que figuran las siguientes:
a)“Este festival es una muestra de falta de conciencia, de responsabilidad, un despilfarro, una carencia total de sensibilidad, que nos desnuda y avergüenza como colectivo de ciudadanos y esto que llamamos sociedad.

Ayer, una vez más primó el pan y circo a cualquier precio…Gastos indecentes en este momento de máxima necesidad de alimento en el mundo y nosotros derrochando en estas
atrocidades…y aún quedan los miles y miles de euros que el erario
público gastará en fuegos artificiales…como si el espectáculo aterrador de los incendios y fuegos que están aniquilando bosques y especies vegetales y animales y arruinando a pueblos enteros, no fuese suficiente para calmar el ansia de "fuegos".

Las menciones a Lópe de Vega y de Ortega y Gasset, son completamente certeras: un auténtico retrato de lo que estamos siendo como "masa social"… ¡Qué vergüenza!”
b)“Estas reflexiones son las que necesita la humanidad entera”.
c)“Yo creo que soy una rara, pues a mi no me gusta absolutamente nada el dichoso festival, porque me parece un despilfarro y mucha contaminación”.

d)“Como explicamos a tanta gente refugiada y huyendo de tanta barbarie… que aquí festejamos los cazas… Solo trae turismo.
Todo lo llevamos al terreno económico y no humano… Como siempre el hombre no aprende. En fin, es mi pensamiento”.

e)“Es vergonzoso el gasto militar, que podía paliar muchas carencias que hay en este país. Por si fuera poco, la propaganda gratis que se le hace”.
También es importante destacar que la CODOPA (Coordinadora de ONGs del Principado de Asturias, el Conseyu de la Mocedá y la organización Acción en Red), hayan manifestado lo siguiente:

“Reivindicamos que no haya un festival militar aéreo en nuestra ciudad. Nos encantaría un festival aéreo pero ecologista, más sostenible. En una ciudad además abierta, comprometida con los derechos humanos y la cooperación internacional nos parece muy contradictorio que al mismo tiempo tenga esta actividad que no
deja de ser una publicidad del ejército. Es disfrazar de evento lúdico lo que no deja de ser una apología del militarismo y los aviones de guerra”.

2)SOBRE LA CAZA: Un amigo que sabe algo del mundo de la caza, me comentaba escandalizado la propaganda que le llega sobre trajes para los perros, dotados incluso de calefacción por medio de baterías, con un precio de hasta 159 euros. Y seguía: “a lo mejor son los mismos que llevan a un anciano a una residencia
para no atenderlo o incluso lo atan a la pata de una mesa para que no moleste, y por supuesto jamás se acuerdan de la gente que pasa hambre. Yo tengo perros, decía, y los cuido bien, pero los perros en su sitio y las personas en el suyo, y no al revés”.

3)PASOS MUY IMPORTANTES DEL PAPA FRANCISCO:
La Iglesia Católica es sumamente lenta en tomar decisiones y por eso mismo casi siempre llega tarde, llega mal, o no llega. Los dos papas anteriores a Francisco, Juan Pablo II y Benedicto XVI fueron una rémora fatal para la Iglesia y sobre todo para la causa del Evangelio, que es lo más grave, pues ignoraron de plano al
Concilio Vaticano II y cometieron errores muy graves como ignorar e incluso tapar la pederastia, o lo abusos cometidos por instituciones de la Iglesia contra los pueblos originarios de América, por lo cuales el papa actual pidió reiteradamente perdón
estos días en Canadá.

Y no digamos la marginación absoluta de la mujer en toda la estructura oficial de la Iglesia.
Francisco está intentando romper con esa ancestral lentitud y va dando algunos pasos, bastante tímidos, nombrado a algunas mujeres para órganos importantes de la Iglesia, como nombrando a Raffaella Petrini como número dos del gobierno del Vaticano, y por primera vez en dos milenios, Bergoglio nombraba a tres mujeres como miembros de la todopoderosa Congregación de los Obispos, el órgano vaticano que se encarga de seleccionar a los candidatos a dirigir diócesis en todo el mundo.

Se trata de dos religiosas: la hermana Raffaella Petrini, actual vicegobernadora de la Ciudad del Vaticano, y la monja francesa Yvonne Reungoat, exsuperiora
general de las Hijas de María Auxiliadora; a las que se une María Lia Zervino, enfermera y presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas.

Este Papa, merece y necesita todo nuestro apoyo, no solo porque en importantes sectores de la Iglesia Oficial y no pocos laicos, unos y otros ultraconservadores, reaccionarios, integristas, que se dicen católicos, pero no son cristianos, encuentra una oposición indecente y torpe, sino porque está luchando por abrir y adaptar la
Iglesia a la realidad del mundo actual para que sea un fiel vector del Mensaje del Evangelio para realidad de nuestro tiempo, que tanto está necesitando de un Mensaje de Vida, de Ilusión y Esperanza, sobre todo en los más de mil millones de personas que carecen de lo más elemental para poder vivir en África, Hispanoamérica, la India o Bangladés, y no digamos esta hermana Tierra, madre nuestra, que cada día es un pobre más entre los empobrecidos del mundo.

España no es un supermercado

 


Luis García Montero

Infolibre

El sentido de pertenencia es un valor decisivo a la hora de vivir y convivir. No sentirse aislado, formar parte de una comunidad, nos salva del egoísmo absoluto y nos compromete con la tierra que pisamos, los edificios que habitamos, los colegios a los que van nuestros hijos y los hospitales que nos reciben cuando estamos enfermos. Sin sentido de pertenencia no hay sentido común de la responsabilidad.
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EL MOTU PROPRIO DE FRANCISCO SOBRE EL OPUS DEI (I)

religión digital

col aznarez

 

En la Letra Apostólica denominada Ad Charisma tuendum (14 de julio de 2022), en su tercer párrafo, se relaciona dicho documento pontificio con las enseñanzas de la Eclesiología conciliar acerca de las Prelaturas personales. Resulta extraño que eso tan importante, lo de las prelaturas personales, no aparezca en las importantes Constituciones conciliares, aunque sólo haya una, la de Opus Dei. Se ha escrito mucho de la teórica y posible variedad de las estatutarias prelaturas personales. El caso es, lo repito, que en la práctica sólo hay una. Prelaturas personales, a veces muy rechazadas, y a las que ni siquiera mencionan importantes expertos en la Teología de la Iglesia.  

No están las prelaturas personales en la Constitución dogmática Sobre la Iglesia; están en un Decreto, el Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbíteros, que fue aprobado el 7 de diciembre de 1965, en el cuarto y último período del Concilio, habiendo dado el placet al mismo 2.243 padres conciliares, el non placet 11 y siendo 3 los votos nulos, lo cual no debería ocultar los espinosos debates para su aprobación.

Pudieran ser verdad lo que en su día se denunció: que así como el Concilio Vaticano I fue el del Papa, el II fue el de los Obispos, haría falta otro sobre los presbíteros. En él se debería debatir, entre otros asuntos, sobre las prelaturas personales, pues en ellas incide esa cuestión tan importante y confusa de la doble dependencia: al obispo territorial y al prelado personal. Lo cierto es que Presbyterium ordinis, que reafirmó las razones del celibato sacerdotal, decepciona y mucho.

En el número 10 del Capítulo III de P.O, que trata de la distribución de los presbíteros, se refiere a la revisión de las normas de incardinación y excardinación de los presbíteros, y ello para mejor responder a las necesidades pastorales actuales. Para ello, se escribe:

“Puede ser útil establecer algunos seminarios internacionales, diócesis peculiares o prelaturas personales y otras organizaciones parecidas a las que puedan destinarse o incardinarse los presbíteros para del bien común de toda la Iglesia”. A eso tan esquelético, al menos en apariencia, es a lo que el Papa Francisco con mucha pompa denomina “las enseñanzas de la eclesiología conciliar sobre las prelaturas personales”. 

Del Papa San Juan Pablo II, que aprobó el 28 de noviembre de 1982 la (Ut sit validum efficax instrumentumt), redactada en latín, de erección de la Prelatura, Opus Dei (breviato autem nomine), también son los cánones 294 al 297 referidos a las Prelaturas personales. Esos cánones están situados sistemáticamente entre los clérigos y las asociaciones de fieles. En el artículo 294 se escribe que se “puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular” para promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo obras pastorales o misionales.  

Con motivo del Congreso organizado por la Prelatura del Opus Dei sobre la “Novo millennio Ineunte”, pronunciado el 17 de marzo de 2001, el Papa dijo: “Estáis aquí en representación de los diversos componentes con los que la Prelatura está orgánicamente estructurada, es decir, de los sacerdotes y los fieles laicos, hombres y mujeres, encabezados por su prelado. Esta naturaleza jerárquica del Opus Dei, establecida en la constitución apostólica con la que erigí la Prelatura”. Y de los sacerdotes de la Obra dijo: “Que desempeñan una función primordial insustituible: la de ayudar a las almas, una a una, por medio de los sacramentos, la predicación y la dirección espiritual, a abrirse al don de la gracia”.

Hito importante fue entonces la Praedicate Evangelium, de 19 de marzo de 2022, que, en su artículo 117, estableció que el Dicasterio para el Clero tendrá competencia sobre las Prelaturas personales, y ello frente a lo que disponía el artículo 80 de la anterior Pastor Bonus, que residenciada la competencia de la Santa Sede respecto de las prelaturas personales en la Congregación de los Obispos. (Entre paréntesis, resulta lamentable que en el minuto 40, de la Misa celebrada en el Vaticano el 29 de junio de este año, Fiesta de San Pedro y San Pablo, con imposición de “palios” a los nuevos arzobispos, en el minuto 40  de la celebración, durante la homilía papal, el Prefecto de la Congregación de los Obispos, Marc Ouellet, situado entre los cardenales Sandri y Filloni, duerma y cabecee, al parecer con placidez).

El Motu Proprio de 14 de julio de 2022 sobre el Opus Dei, no sólo es una adaptación obligada por Praedicate Evangelium, sino que es mucho más, pues trastoca y revoluciona el “status” jurídico canónico de la Prelatura del Opus Dei, buscando tutelar el carisma (Ad Charisma tuendum) de la Obra. Es verdad que se da confirmación a la Prelatura personal, pero en el “ámbito auténticamente carismático”. Y un carisma con el que empieza el Motu Proprio, un carisma que está en el medio del texto y un carisma a su final, antes del artículado o las normas (6).

Y un carisma que está repetidamente en el importante artículo 4, que manda a la Prelatura del Opus Dei tener una forma carismática de gobierno a base de un prelado no obispo y no una forma de autoridad jerárquica. Acaso la trascendencia del cambio producido no resulta a una primera vista, hay que encontrarla, como bien les consta a los directivos de la Obra, aunque lo disimulan.  

Unas normas, las competenciales, que obligarán en el momento de la inmediata entrada en vigor (4 de agosto) y otras de futuro, caso de la importantísima y compleja redacción de unos nuevos estatutos que han de aprobarse por la Sede Apostólica, estatutos a los que, por supuesto, se refiere el Código de Derecho Canónico. El Papa Francisco necesitará, a buen seguro de la ayuda de esa especie de “Abogados del Estado” en el Vaticano que son los jesuitas, más jesuíticos que nunca con el Papa jesuita, para aclarar aquella doble dependencia, la incardinación, de que escribimos al principio. ¡Qué raro resulta que un jesuita llegue a Papa “blanco”! Francisco es el primero.

Que al dolor por el importante cambio no sigan quejas y lamentos por miembros de la Prelatura tiene un importante precedente. Los fastidios de puertas adentro y generalmente callados de los jesuitas, allá por octubre de 1981, que tuvieron lugar con ocasión de la intervención papal, nombrando San Juan Pablo II al Padre Paolo Dezza, de ochenta años, su representante personal en la Compañía. Se anuló de facto el nombramiento de O´Keefe, para dirigir la Compañía, designado por el muy enfermo Padre Arrupe. Entre aquellos jesuitas estuvo el jesuita, hoy Papa, siendo Provincial en tierras de la Pampa argentina. Hay que añadir que el actual Prelado del Opus Dei, por ser muy de sonrisas, seguirá sonriendo. Es graciosa la moda de sonreir y no por lo de estar en Gracia de Dios.  

El caso es que unos callan por disciplina y otros por miedo, pues el Opus a muchos causa miedo. He de confesar que esto último no lo entiendo ni lo entendí, pues en mis años de paso por la élite de las Fuerzas Armadas, el Notariado y la Magistratura, me encontré a numerarios y supernumerarios del Opus Dei, magníficos profesionales, hoy amigos, a los que nunca pillé en maniobras viles o arteras, de aprovechamiento grupal y/o social, o de criminalidad organizada. Es muy interesante, acaso también milagroso, el proceso que se inició con un grupo de curas y laicos, presididos por un Prelado no obispo, llegando a ser una estructura política o cuasi/política de gran poder e influencia. ¿Qué pasó para tal alumbramiento? Eso explica muchas, incluso ahora.  

Es evidente que un monseñor con fajín, incluso con título de honor, de Protonotario Apostólico, aunque sea de mucha fe, pues ha de acumular la fe de notario y la de eclesiástico, tiene que saber a poco; es como volver a lo de antes, que ya San José María Escrivá, también lector como San Ignacio de Loyola de Libros de Caballerías, fue Monseñor y sin haber sido obispo. Dejar de ser Obispo, sin anillo con amatista y sin pectoral, es una pérdida importante. En cualquier caso, poner y quitar obispos es cosa muy jesuítica: es sabido que, siendo jesuita, es muy difícil, salvo en casos excepcionales, llegar a obispo, y el que llega a disgusto de los jesuitas superiores lo tiene muy complicado, caso de un belicoso auxiliar español, aunque dice estar en camino, y nada que ver con el Camino de la Obra.

¿CUESTIÓN DE CELIBATO Y DE MUJERES?

religión  digital

col ramon hdez

 

1

No tengo la más mínima duda de que la apertura, en el seno de la Iglesia católica institucional, al ministerio sacerdotal de las mujeres y a que puedan ejercerlo también hombres casados sería un gran paso adelante en las reformas que es preciso emprender con audacia para que el mensaje de salvación de Jesús no pierda ni fuerza ni frescura en nuestro tiempo. Lo están gritando, alto y claro, los signos de los tiempos. El celibato, mírese como se mire, no añade entidad al sacerdote ni aporta garantías especiales al buen ejercicio ministerial. Además, que el ministerio sacerdotal esté exclusivamente en manos de varones no lo reviste de ninguna virtualidad adicional.

2

En los lejanos tiempos de los años sesenta, cuando el estudio me procuró una cierta conciencia teológica sobre el cristianismo al que pretendía servir, me decanté claramente y de forma decidida por la necesidad de la apertura de la Iglesia católica en ambas direcciones. El celibato, referido en nuestro caso lo mismo a hombres que a mujeres, está muy bien como forma de vida, pero no como condición indispensable para el ejercicio del sacerdocio. Por lo demás, vivimos tiempos en que el machismo y el feminismo ya no tienen más amarre en nuestra sociedad que el que les procura la diferente constitución orgánica masculina y femenina. Lamentablemente, por mucho que haya llovido desde entonces, apenas se han dado algunos pasos, muy cortos, aunque no en la resolución del problema, sino en su mero planteamiento.

3

Sin la menor duda, cambiaría mucho de golpe la cosa eclesial si mañana mismo hombres casados y mujeres, casadas o no, pudieran presidir la celebración de la eucaristía. Sin embargo, hemos de ser conscientes de que sería vana nuestra ilusión de mejora si cifráramos en solo eso el cambio de proceder que deseamos, pues se trataría entonces de un simple maquillaje, de una mera reforma circunstancial y epidérmica. De llevarse a efecto dicho cambio, no hay duda de que podría celebrarse la eucaristía regularmente incluso en poblados muy pequeños y para agrupaciones reducidas de fieles y que, en contrapartida, desaparecerían de nuestras saturadas carreteras los muchos sacerdotes mayores que cada fin de semana se ven obligados a transitarlas, a pesar de sus evidentes achaques, yendo de la ceca a la meca para inyectar vida eucarística en iglesias, ermitas y capillas que, de otro modo, más bien parecerían mausoleos o cementerios.

4

Desde luego que sería hermoso y reconfortante ver que cada recinto sagrado recobra vida, aunque no porque en él se conserve un trozo de pan de la supuesta “última cena” anterior, sino por la afluencia de fieles, aunque sean pocos, para volver a celebrar allí otro ágape fraternal, convocados por la presencia de un “ministro del altar”, sea mujer u hombre, esté o no casado. Es obvio que lo que haría hermoso tal celebración sería la presencia de fieles, sabiendo que Jesús está vivo allí donde dos o más se congregan en su nombre, completamente al margen de que durante la celebración se produzca una supuesta presencia substancial suya en las especies consagradas. De ahondar mucho más en la comprensión de lo que realmente es el cristianismo para restaurar o recuperar en nuestro tiempo sus esencias, sabríamos que lo importante no es “oír misa”, sino celebrar el “memorial de la vida y muerte de Jesús” mediante una “cena real”, aunque sea ritual, en la que todos los presentes comparten amor, servicio y viandas.

5

Es obvio que se ha avanzado mucho en el campo de los derechos de la mujer y de su esencial igualdad con el hombre para el ejercicio de la inmensa mayoría de las tareas humanas y también en el discernimiento, serio y equilibrado, del juego que la sexualidad desempeña en el conjunto de la vida humana, de la que es fuente de vida y completud del hecho de ser humanos. Por eso precisamente uno no acierta a explicarse que todavía no se hayan dado ni siquiera tímidos pasos para empoderar a las mujeres en los desarrollos de la fe y de la cristiandad conforme a sus capacidades. Tampoco uno puede explicarse que no se haya eliminado la condición del celibato obligatorio para ejercer el ministerio sacerdotal en la Iglesia católica occidental. El memorial de Jesús, que cobra hondura sacramental en la última cena, se plasma no solo en el hecho de partir y compartir el pan (eucaristía), sino también en el de servir (lavatorio de los pies) y en el de amar (un mandato nuevo os doy).  Nada hay en toda esa forma de proceder, que es la correcta, salvo que hablemos de intereses clasistas y espurios, que haga referencia alguna a la condición masculina y a la situación célibe del celebrante.

6

Esperemos que la Iglesia católica occidental camine pronto en esa dirección, la de aprovechar para la proclamación del evangelio de Jesús el enorme potencial de las mujeres, que además son la inmensa mayoría de los fieles que pisan las iglesias y acuden a sus celebraciones, y también la fuerza de cuantos hombres estarían encantados de echar una mano, de forma directa y determinante, en ese mismo menester de no exigírseles como condición previa el celibato. Sin duda, todo ello tiene mucho que ver con una forma de sentir y vivir el cristianismo, una religión universal en la que hay muchos carismas, aunque nada absolutamente que tenga que ver con la exclusividad del desempeño de un ministerio pastoral a cargo de hombres célibes. Pero haríamos mal si pensáramos que con ello se acabarían los actuales problemas de la Iglesia católica, sobre todo los que nos parecen más graves y urgentes, derivados de la percepción obvia de que muchos de sus viejos fieles se están alejando de ella al darle la espalda. Me atrevo a pensar que el efecto más beneficioso de tales reformas estaría mucho más en el cambio de mentalidad que la incorporación de nuevos ejércitos de “ministros” requiere que en el ministerio ejercido por ellos, mujeres célibes o casadas y hombres casados.

7

Me estoy refiriendo a la necesidad de un cambio mucho más radical sobre la perspectiva evangélica. ¿Se encarnó Jesús para que nosotros reconociéramos su divinidad y lo adoráramos? Si vino para salvarnos dando su vida, no parece que esa sea la lectura que deba hacerse de su mensaje. Pero, ¿de qué nos salva mediante el don de su vida? ¿Del “lago ardiente” al que seremos arrojados tras la muerte si no hemos sido buenos o, al menos, no hemos perdido perdón por nuestras maldades? El miedo atroz a un más allá de padecimientos indecibles ha sido siempre el recurso barato y fácil de ideologías religiosas para deformar y someter las mentes humanas, achicando su libertad. Mi obligación de amar no se debe a que, de no hacerlo, me condenaré cuando muera, sino a que, amando, logro que mi vida sea mejor y, por ello precisamente, hago mejor el mundo en que vivo. La salvación ofrecida por Jesús no es para librarnos del infierno, sino de nosotros mismos, de la mierda de vida que llevamos al decantarnos por “contravalores” que nos achican y destruyen y que la convierten en un asco, en un sinsentido. De pensar de esta manera, no nos resultará difícil vislumbrar la espléndida figura de un Dios que es padre benevolente, que sale todos los días al camino para ver si, malheridos y hambrientos, nos hemos decidido a retornar a la casa paterna, a nuestro hogar.

8

¿Cómo sería la Iglesia católica occidental si introdujera en el corazón de su institución a cientos de miles de hombres y mujeres, casados o célibes, que se emplearan a fondo en predicar el amor y el servicio en que consiste la salvación evangélica ofrecida por Jesús? Los tiempos modernos no gritan que necesitemos más curas, aunque sean casados, ni mujeres que suban al altar para celebrar “misas”, sino que desarrollen un auténtico “ministerio del amor y del servicio” y que nos ayuden a optar por valores, cuya consecución hace que nos realicemos como seres humanos y que siempre esté abierta la puerta de la mejora de la forma de vida que llevamos. Hablamos de hombres y mujeres que, con su ejemplo y su discurso, animen la vida no solo familiar, sino también popular y social. Hombres y mujeres, en fin, cuyo impacto se haga sentir en la familia, en el municipio, en la calle, en las escuelas, en los templos, en las reuniones de asociaciones y ONG y en cualquier foro público y privado.

9

Después, llegado el momento, nunca mejor dicho lo de que “Dios dirá”, porque todo lo que entonces ocurra es competencia exclusivamente suya. Me refiero a la novedosa forma de vida en el más allá en que creemos, pues sabemos que, aunque no tengamos ni remota idea de su entidad y desarrollo, consumará la miserable vida que llevamos y será una vida plácida y feliz, alegre y sin lágrimas que derramar, una forma de vida, en fin, que colmará todas nuestras potencialidades. Son pura imaginación fantasiosa, aunque siempre al servicio de determinados intereses, las descripciones que se nos han hecho, en la teología y en la literatura, tanto del cielo como del infierno.

10

Digamos, como traca final, que decenas de miles de religiosas y de mujeres aspiran a participar mucho más en el desarrollo social de la vida de la Iglesia y que a muchos hombres casados les encantaría desempeñar un ministerio sacerdotal, hayan ejercido o no antes el sacerdocio como célibes. Demos tiempo al tiempo, pues, de una forma o de otra, todo ello ha de llegar forzosamente. Lo demandan un sentido común, que debe abrirse paso también en el seno de la institución eclesial, y la conciencia de una madurez humana que corresponde lo mismo a hombres que a mujeres. No obstante, deberíamos ser ya muy conscientes de que “participar más en la vida de la iglesia” no debería referirse a desempeñar cargos o ministerios en una institución cambiante, sino a ser testigos para nuestro tiempo de la vida y obra de Jesús de Nazaret, del reino de los cielos predicado por él y de su excelso mensaje de partirse y compartirse en el amor.