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miércoles, 6 de julio de 2022

SI LA IGLESIA CATÓLICA ACEPTA LA HOMOSEXUALIDAD, TAMBIÉN HA DE ACEPTAR LOS ACTOS HOMOSEXUALES

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 RELIGIÓN DIGITAL

Jesús Donaire Domínguez (Ciudad Real, 1976), es sacerdote, licenciado y doctor en Teología Espiritual y colaborador de esta casa. En febrero de 2020 manifestó abiertamente su orientación homosexual al arzobispo de Sevilla y fue apartado del ejercicio del ministerio sacerdotal y de las diferentes responsabilidades que desempeñaba. Desde ese momento, tomó la decisión irrevocable de no volver jamás a ocultar su homosexualidad. Ha compartido con nosotros lo que significa para un sacerdote católico salir del armario. "Una decisión compleja, difícil, dolorosa y muy estigmatizadora y estigmatizante. Te enfrentas a un rechazo institucional y social muy grande, y te encontrarás sin trabajo".

En la actualidad, acompaña a "un considerable número de sacerdotes y religiosos de todo el mundo que se están planteando dar este paso" y asegura que "hoy, tanto la vocación como la homosexualidad, son dos realidades que con el tiempo se han ido afianzando en mi vida, y de las que estoy firmemente convencido y orgulloso". De hecho "salir del armario es una liberación que transforma por completo la vida de un sacerdote, le permite amar con todo su ser y le hace más humano, espiritual y evangélico".

Jesús Donaire

"El discurso que la iglesia católica tiene sobre la sexualidad humana, es un discurso obsoleto, irracional y represivo". Para muchos sacerdotes, de toda orientación sexual, satisfacer su necesidad sexual cuando no puede sobrellevar el celibato, de manera reprimida y oculta, termina pasándoles factura, desajustando su mundo emocional y creándoles conflictos interiores difíciles de gestionar.

Está convencido de que un número muy elevado de ministros ordenados de la iglesia católica es gay. "Yo diría que más de la mitad".

"¿Algún obispo será capaz de explicarme, con argumentos bíblicos convincentes y una reflexión teológica comprensible, por qué la homosexualidad no está 'recogida' en la ley natural?", pregunta, y advierte del absurdo: "Si la iglesia católica acepta la homosexualidad, también ha de aceptar los actos homosexuales".

-Después del pionero Mantero, ¿eres el primer cura que sale del armario? ¿Es fácil salir del armario para un sacerdote?

-No, que va. Entre la salida del armario del sacerdote onubense José Mantero en 2002, y la mía recientemente, ha habido muchas otras salidas del armario de sacerdotes católicos en todo el mundo. Por ejemplo, la del sacerdote polaco y miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Krzysztof Charamsa, que hizo pública su homosexualidad en octubre de 2015. O el numeroso grupo de sacerdotes y laicos de diferentes diócesis alemanas, un total de 125 entre trabajadores seglares, profesores y sacerdotes, que manifestaron pública y abiertamente su orientación sexual diversa en enero de este año. Una interesante noticia que se publicó en Religión Digital y que supuso un importante paso con el que dar visibilidad al colectivo LGBTIQ+ en la iglesia católica.

Algunas salidas del armario de sacerdotes son conocidas, como por ejemplo la mía, porque decidimos comunicarlas a través de las redes sociales, con la finalidad de denunciar la triste situación que vivimos los curas gais en la iglesia católica, y tender así nuestra mano a otros compañeros que no se atreven a dar el paso y que se encuentran sufriendo las consecuencias de la fuerte homofobia institucional. Pero la inmensa mayoría de las salidas del armario de los sacerdotes son desconocidas, porque estos compañeros prefieren distanciarse de su vida ministerial de forma anónima y reservada.

La decisión de salir del armario para un sacerdote es muy complicada. Por un lado, te enfrentas a un rechazo institucional y social muy grande, difícil de gestionar anímica y emocionalmente. De experimentar reconocimiento y sentirte acogido por la comunidad cristiana, te enfrentas a un rechazo institucional y social muy grande, en el que tu decisión es interpretada como una infidelidad a Dios y a tu vocación.

Por otro lado, te encontrarás sin trabajo, en la calle, sin ingresos económicos y sin apoyo institucional. E incluso, comprobarás la influencia social que tiene el obispo de tu diócesis en muchas instituciones y asociaciones seculares, en las que intentará vetarte para que no puedas acceder en ellas a un puesto de trabajo. Y, por supuesto, no faltará en tu vida la voz de quienes te aseguren que te has equivocado, que el demonio te ha tentado, que has sido infiel a Cristo y que tu decisión puede conducir al infierno a muchas almas. Algunos compañeros presbíteros y fieles laicos tradicionalistas intentarán convencerte de que no lo hagas, y si al final lo haces, te harán ver que los has defraudado y hasta engañado. Esta ha sido mi experiencia y la de muchos compañeros que han dejado el sacerdocio por diversos motivos, no sólo por la orientación sexual.

Con este panorama, ¿qué sacerdote católico va a salir del armario? Para ello, se necesita mucho valor, convencimiento, confianza en Dios y contar con la ayuda de tu familia y de las personas que realmente te quieren y respetan. Como puedes ver es una decisión compleja, difícil, dolorosa y muy estigmatizadora y estigmatizante.

"¡Vale la pena ser uno mismo y vivir libre y felizmente, conforme Dios nos ha creado!"

Por eso, estoy convencido de que la decisión de este grupo de sacerdotes católicos alemanes, la de Krzysztof Charamsa, la de un servidor y la de infinidad de colegas más que han salido y seguirán saliendo del armario, y lo hacemos público a través de las redes sociales, sirven de modelo a otros compañeros gais de todo el mundo que necesitan de nuestro testimonio y valentía. Soy consciente de que esto es una realidad, y de que el paso que ya hemos dado muchos sacerdotes está sirviendo de ejemplo y estímulo a otros.

Son abundantes los compañeros presbíteros de diversas diócesis y congregaciones religiosas del mundo, los que se ponen en contacto conmigo para hablar de sus situaciones y necesidades. Se sienten plenamente identificados con mi proceso personal y decisión, y me piden que les acompañe en este proceso suyo de salida del armario y consiguiente separación del ejercicio del ministerio sacerdotal. En la actualidad, acompaño a un considerable número de sacerdotes y religiosos de todo el mundo que se están planteando dar este paso y vivir libremente su orientación sexual diversa al margen del ministerio sacerdotal.

Salir del armario es una liberación que transforma por completo la vida de un sacerdote, le permite amar con todo su ser y le hace más humano, espiritual y evangélico. Esta es mi experiencia personal. Y aunque parezca una curiosa contrariedad, realmente es así. Por eso, me gustaría animar a los sacerdotes, religiosos y obispos que se lo están pensando, para que sean valientes, decididos y den el paso. Es más, desde aquí les animo a que se pongan en contacto conmigo a través del formulario que hay en mi web (jesusdonaire.me), para ofrecerles mi ayuda, consejo, apoyo, cariño y todo lo que necesiten. ¡Vale la pena ser uno mismo y vivir libre y felizmente, conforme Dios nos ha creado!

-¿Cuándo te ordenaste sabías que eras gay? ¿Lo sabían tus superiores o lo mantuviste oculto?

-Ni lo sabía yo, ni lo sabían mis superiores. Cuando di el paso para ser ordenado sacerdote yo no era consciente de que era gay, no me identificaba como homosexual. Por entonces, creía que la atracción que sentía hacia personas de mi mismo sexo, era una especie de sentimiento pasajero adquirido o una inclinación afectiva desordenada. Pensaba que se trataba de una tendencia que podía ser curada. Que era algo que había adquirido durante mi infancia y juventud, y que con dedicación y esfuerzo, vida espiritual y ascesis, terminaría corrigiendo. Esto era lo que se pensaba socialmente cuando yo era joven y lo que me enseñaron en el seminario. De ahí, que en ningún momento llegase a identificarme como gay, ni fuera consciente de que esa era mi orientación sexual.

Porque, una cosa es que sientas atracción hacia las personas de tu mismo sexo, y otra distinta, que llegues a identificarte como persona homosexual. Es decir, que te reconozcas y aceptes como tal. Para esto segundo, se necesita haber recorrido un proceso de identificación, aceptación y asimilación de tu realidad sexual diversa, que conlleva la superación de la homofobia interiorizada y social, y de los conflictos interiores que solemos acumular. Proceso que yo he atravesado después de muchos años de ministerio sacerdotal, gracias a la ayuda de las personas que me aman y de los profesionales de la salud mental que me han atendido.

Particularmente, quisiera mencionar a mi psiquiatra, Gabriela Parano, una gran y muy recomendable profesional y excelente persona, a la que le estoy muy agradecido por la labor que ha hecho y continúa haciendo conmigo. ¡Qué sería de las personas LGBTIQ+ sin la ayuda de los profesionales de la medicina, particularmente, de los psiquiatras, psicólogos, sexólogos y terapeutas! Desde aquí, mi más sincero y cariñoso agradecimiento a todos ellos.

Por una parte, reconozco que, desde que tengo uso de razón, siempre he sentido atracción hacia las personas de mi mismo sexo. Sin embargo, por otra, no me había identificado como persona homosexual, porque no me había permitido recorrer mi proceso personal de autoaceptación y salida del armario. Durante muchos años he estado convencido de que se trataba de una tendencia desordenada que superaría con el tiempo. En el seminario terminé auto-convenciéndome de que mi orientación era la de heterosexual, mejor dicho, de que sólo existía esta orientación sexual. Por eso seguí adelante en mi proceso de preparación al sacerdocio, y posteriormente, continué en el armario siendo sacerdote muchos años, porque pensaba que esto desaparecería de mi vida. Sin embargo, no ha sido así. Es más, tanto la vocación como la homosexualidad, son dos realidades que con el tiempo se han ido afianzando en mi vida, y de las que estoy firmemente convencido y orgulloso.

La verdad es que el auto-convencimiento al que personalmente me sometí durante mi proceso formativo en el seminario, y durante la primera década de sacerdote, estaba motivado por la educación que recibí en el seminario y los valores sociales en los que me eduqué. La iglesia educó mi conciencia y formó mi pensamiento para que creyera que la homosexualidad es una tendencia desordenada que había adquirido y contra la que debía trabajar. Me enseñó a mortificar la atracción que sentía hacia las personas de mi mismo sexo, con el único objetivo de curar mi homosexualidad. Me convenció de que Dios no me había creado con esa orientación sexual, sino que era fruto de mi limitación, miseria o pecado. Este trabajo ascético y espiritual terminó convirtiéndose para mí en un verdadero Calvario, hasta el punto de conducirme a varios intentos de suicidio, en la última etapa del ejercicio del ministerio sacerdotal.

-¿Qué hacías para sublimar tu afectividad y para reprimir tu sexualidad en los años de seminario y primera década de sacerdote?

-He hecho de todo: mucha oración personal, rezar abundantes rosarios y vía-crucis, infinidad de oraciones devocionales, retiros, ejercicios espirituales, peregrinaciones, dedicar largas horas al estudio de la teología bíblica, dogmática y moral, meditar pasajes de la biblia, utilizar instrumentos de penitencia como los cilicios y las disciplinas, hacer uso de horarios espirituales, practicar la mortificación, el sacrificio y la austeridad, conocer asociaciones sacerdotales para comprobar si vinculándome a ellas mi afectividad se transformaba, discernir si tenía vocación a la vida monástica, someterme a la obediencia de los directores espirituales, autoconvencerme de que el magisterio de la iglesia católica lleva razón cuando condena y rechaza la homosexualidad, etc. También estuve a punto de participar en una terapia de conversión, en una diócesis del norte de España, con un sacerdote que supuestamente curaba gais.

Respecto a este último tema, el de las famosas y terribles terapias de conversión, animo a mis lectores a leer el libro que recientemente ha publicado mi amigo, el abogado Saúl Castro, titulado Ni enfermos ni pecadores. La violencia silenciada de las “terapias de conversión” en España. En él detalla, de manera pormenorizada, con infinidad de casos y gran cantidad de información, la forma de proceder de diferentes grupos y asociaciones vinculadas a la iglesia católica, así como a ciertos sectores conservadores de la misma. Unas terapias que, utilizando el nombre de Dios, están haciendo un daño irreversible a muchas personas gais que, con buena intención, se ponen en manos de fundamentalistas católicos para los que la homosexualidad continúa siendo una enfermedad, trastorno, vicio o pecado.

Pero, volvamos a tu presunta. Podría enumerar una lista interminable de medios y acciones con las que intenté sublimar mi afectividad y reorientar mi orientación sexual diversa durante mis años de seminarista y la primera década de ejercicio ministerial. He buscado infinidad de formas y maneras para dejar de ser homosexual, siguiendo las enseñanzas e indicaciones que me daban en la iglesia. Todo ello, para nada. Mejor dicho, para darme cuenta de que no es posible dominar mi sexualidad ni cambiar mi orientación sexual. Para descubrir que el discurso que la iglesia católica tiene sobre la sexualidad humana, es un discurso obsoleto, irracional y represivo. Para convencerme con el tiempo, y después de mucho sufrimiento, de que debía tomar la decisión de vivir libremente mi sexualidad.

-¿Algunos compañeros curas sabían (o sospechaban) de tu homosexualidad? ¿Hay sacerdotes homosexuales?

-Sí, algunos sabían de mi homosexualidad y otros sospechaban de ella. De hecho, he tenido relaciones íntimas con algunos hermanos sacerdotes. Estos compañeros y colegas, y no hablo sólo de los hermanos de la diócesis de Sevilla, sino también de otras diócesis de España, son también víctimas del sistema represivo eclesial. Estoy convencido de que si pudieran seguir siendo sacerdotes, desempeñando sus tareas pastorales y sosteniéndose económicamente de su vida sacerdotal, manifestarían abiertamente su homosexualidad sin ningún reparo. Ya que son personas maravillosas, sacerdotes muy entregados en sus parroquias y con un corazón muy grande. Pero no van a hacerlo por las consecuencias que dicha decisión les acarrearía, y de las que he hablado en la respuesta a la primera pregunta que me has hecho. En este sentido, quiero dirigirme a todos los sacerdotes del mundo que tengan la oportunidad de leer este artículo y decirles de corazón, que cuentan con mi apoyo y cariño. Que me tienen para lo que me necesiten y que, mejor que yo, pocas personas pueden entenderles, ayudarles y mostrarles amor.

Cada día que pasa, y basándome en mi experiencia y conocimiento, estoy más convencido de que un porcentaje muy alto de clérigos, tanto sacerdotes como obispos, son homosexuales. Hay presencia de ministros ordenados gais en todas las diócesis y congregaciones religiosas del mundo. En las más conservadoras y tradicionalistas, y en las más progresistas y liberales. En las parroquias, consejos diocesanos, órdenes religiosas, curia romana, etc.

Unos viven su vida de forma célibe y, por tanto, conforme a la norma disciplinar que la iglesia católica de rito latino impone a los sacerdotes. Y otros, que no han recibido la gracia del celibato, ni pueden sobrellevar esta carga de forma casta, buscan cauces, a través de los cuales, satisfacen su propia necesidad fisiológica sexual. Algo muy natural y necesario. Aunque, al hacerlo de manera reprimida y oculta, esta praxis termina pasándoles factura, desajustando su mundo emocional y creándoles conflictos interiores difíciles de gestionar. Lo cual, les lleva a refugiarse en la pornografía, en otras personas con las que compartir la vida afectiva, en el poder, buscando ansiadamente puestos de reconocimiento y privilegio en la iglesia, o en el dinero, llevando una vida muy acomodada y sin carecer de nada. También los hay que viven muy acomplejados y, consecuentemente, tienen un comportamiento muy autoritario y dictatorial en sus parroquias. Hay muchas maneras conflictivas de vivir el celibato impuesto. Esto vale tanto para los ministros ordenados homosexuales como para los heterosexuales. Y no hablo por boca de ganso, esta ha sido mi propia experiencia.

Y, respecto a la pregunta que me haces, sobre ¿si hay sacerdotes gais? Imagino que conocerás el interesante y documentado libro de Frédéric Martel, titulado Sodoma. Poder y escándalo en el Vaticano, publicado en 2019, y en el que afirma que un 80% de los sacerdotes que trabajan en el Vaticano son gais. Personalmente, no sé si ese es el porcentaje acertado, lo que sí sé, es que un número muy elevado de ministros ordenados de la iglesia católica somos gais. Yo diría que más de la mitad.

-¿Hay lobbies gais en las curias diocesanas y en los presbiterios?

-Cuando se habla de lobbies, estamos refiriéndonos a grupos de presión. Esto es lo que significa este concepto. En todas las instituciones, con mayor o menor intensidad y número de miembros, encontramos grupos de presión. Es muy habitual encontrar lobbies en las empresas, sindicatos, partidos políticos, en las administraciones públicas, en los centros de formación, institutos, universidades, grupos cristianos, hermandades, etc. Diría que la presencia de grupos de presión en todos los colectivos humanos es connatural. De hecho, el ser humano es un ser social, y como tal, la rivalidad y la competitividad forman parte de toda institución social.

También en la iglesia católica hay grupos de presión que ejercen el poder de muchas maneras. Y los hay que utilizan la sexualidad para ejercer el poder. En su Historia de la sexualidad, Michel Foucault aborda esta realidad para poner en evidencia la relación que existe entre la sexualidad y las estructuras de poder, leyes, normativas, etc. O como dice José Antonio Marina en El Rompecabezas de la sexualidad, sexualidad y poder siempre han estado relacionados.

Parafraseando al escritor y filósofo español, a través de la sexualidad se ha ejercido sin piedad el poder. Se ha descrito la relación sexual en términos de poseer a una persona. Las culturas misóginas y patriarcales poseen y dominan a la mujer, devaluando su papel y sometiendo su dignidad. Las culturas heteronormativas y homófobas desprecian, manipulan y persiguen a las personas LGBTIQ+, ocultando su visibilidad y despreciando su labor. La iglesia católica es misógina, patriarcal, heteronormativa y homófoba, y como tal, desprecia a las mujeres y a las personas LGBTIQ+.

Lo que hace la iglesia católica es una manera de ejercer el poder a través de la sexualidad. Lo que yo me pregunto es: ¿qué haría la iglesia católica sin las mujeres y sin las personas con diversidad sexual y de género? ¿Sería la iglesia que conocemos?

Por lo tanto, respondiendo a tu pregunta: claro que existen lobbies gais en la iglesia católica. Sencillamente, porque existen sacerdotes gais en las curias diocesanas y presbiterios, y porque estos sacerdotes gais ejercen presión en sus diócesis, con la intención de imponer su criterio y voluntad, aunque sea a costa del sufrimiento de los demás.

Hay obispos y sacerdotes que, al no vivir su propia sexualidad de manera integrada, sana y equilibrada (asumiéndola como algo estable y natural, que forma parte de su propia personalidad), sino que la viven de forma represiva, enfermiza y oculta, orientan su lívido, afectos, sentimientos, emociones, comportamientos y decisiones hacía el ejercicio déspota y violento del poder que ostentan. Hacen uso del poder eclesial y de la autoridad espiritual que poseen de manera impositiva, autócrata, dictatorial y dañina.

Encontramos grupos de sacerdotes con autoridad y poder que se forman en las diócesis al amparo de los obispos o, en ocasiones, a sus espaldas, y que intentan influir en sus decisiones e imponer sus criterios. Hay obispos a los que les gusta rodearse de curas gays, aunque entre ellos no tengan relaciones afectivas ni sexuales. Todo esto forma parte de esos lobbies gais de los que me preguntas.

-¿Te consta que haya obispos españoles homosexuales?

-De primera mano no lo sé. Es decir, personalmente nunca lo he comprobado, ya que ninguno me lo ha comunicado, ni he tenido relaciones sexuales con ellos. Si supiera de primera mano que hay obispos homosexuales lo diría sin ningún tapujo. Obviamente, sin identificarlo, ni sacarle del armario. En eso, soy muy respetuoso. Nadie es quién para sacar del armario a otra persona. Por mucha confianza, cercanía o amistad que se tenga con ella. Este es un paso que debe dar la propia persona si lo estima necesario y cuando ella misma lo crea oportuno. Además, estoy convencido de que muchos obispos son víctimas del sistema homófobo eclesial, que ellos mismos sostienen y del que prefieren no hablar. Un sistema enfermizo y dañino, que cambiaría si hubiese obispos valientes y sensatos, más evangélicos y cristianos, y menos pendientes de los intereses mundanos.

Jesús Donaire

Jesús Donaire

Ahora bien, aunque personalmente no sé si hay obispos españoles gays, sí sé que hay otras maneras de conocer la existencia de obispos homosexuales. Y, teniendo en cuenta tales recursos y fuentes, que son de diversa índole y procedencia, me atrevería a decir que sí hay obispos homosexuales en España. En España y en todos los países del mundo. También en el Vaticano y entre los diplomáticos de la Santa Sede. Las estadísticas demuestran que en el ámbito diplomático el porcentaje de personas homosexuales es más elevado que en otros contextos sociales. Lo cual me parece extraordinario, ya que es una forma de visibilizar internacionalmente una realidad presente en todas las naciones del mundo. ¿Por qué tener miedo a reconocerlo? Lo ideal sería aceptarlo, como lo que realmente es, una orientación sexual natural y legítima.

A mi modo de ver, la manera de actuar, iracunda e impulsiva, de algunos obispos y su posicionamiento claro, explícito y violento contra las personas LGBTIQ+, ponen en evidencia lo que vengo diciendo. Con esa forma de actuar, enmascaran sus conflictos interiores. En la mayoría de estos casos, los comportamientos homófobos de estos obispos, suelen proceder de la homofobia interiorizada que albergan y que no son capaces de gestionar de manera inteligente y sana. Algunos obispos son conscientes de ello y, consecuentemente, se callan y no arremeten contra las personas LGBTIQ+. Pero otros, o no son conscientes de que son gais, o no se aceptan y viven en un conflicto interior tan violento y desagradable, que sólo expresando su odio y aversión hacia quienes compartimos su misma condición homosexual, creen estar luchando contra esa supuesta inclinación desordenada que poseen y ser fieles a su vocación. Esta misma idea se puede aplicar en el caso de los sacerdotes gays que viven reprimidamente su homosexualidad.

A mi modo de ver, cuando algunos obispos defienden la teoría magisterial de que la iglesia católica no condena la homosexualidad, sino que condena los actos homosexuales, lo que realmente están haciendo (sea conscientemente o no), es protegerse a sí mismos y tranquilizar sus conciencias. Saben que son homosexuales, pero al no aceptarse como tales, defienden que los principios antropológicos del “ser” y del “hacer”, en el caso de la homosexualidad, no van unidos y que el actuar no es consecuencia del ser. Algo que, teológica y moralmente, no se sostiene por ningún lado, ya que el orden del ser configura el orden del actuar. Este es un principio filosófico proveniente de la antigüedad.

Concretamente de Aristóteles y que santo Tomás de Aquino hace suyo e introduce en la reflexión teológica cristiana. Con esto quiero decir que todo ser humano actúa conforme a lo que es, a su propia configuración natural. Y, por tanto, si la iglesia católica acepta la homosexualidad, también ha de aceptar los actos homosexuales, ya que las personas gais actuamos conforme a lo que somos, a nuestra propia constitución natural. Y esa forma de actuar de las personas homosexuales no puede ser mala o desordenada, porque procede de la propia constitución natural y ontológica. Al contrario, sencillamente, las personas gais actuamos conforme a lo que somos, en orden a nuestra propia naturaleza humana.

"La iglesia católica es misógina, patriarcal, heteronormativa y homófoba, y como tal, desprecia a las mujeres y a las personas LGBTIQ+. Pero, ¿qué haría la iglesia católica sin las mujeres y sin las personas con diversidad sexual y de género?

Estos obispos gais, al no aceptarse a sí mismos, tal y como Dios los ha creado, se han inventado la disyuntiva por la que condenan los actos homosexuales, pero no la constitución natural homosexual. Esto es un galimatías doctrinal que no se sostiene ni bíblica ni teológicamente, porque como ya he dicho, el orden del ser configura el orden del actuar, y es natural que uno actué en conformidad a su propia naturaleza humana.

En fin, que cada cual actúe como crea oportuno y considere apropiado, eso sí, respetando siempre la manera de proceder de los demás. Algo que la iglesia católica no hace con los creyentes LGBTIQ+, al afirmar que cuando tenemos relaciones sexuales, incurrimos en depravaciones graves que atentan contra la ley natural. Me pregunto: ¿algún obispo será capaz de explicarme, con argumentos bíblicos convincentes y una reflexión teológica comprensible, por qué la homosexualidad no está “recogida” en la ley natural? ¿Por qué son antinaturales los actos homosexuales? ¿Todavía, en pleno siglo XXI, la iglesia católica puede seguir pensando y defendiendo, que la sexualidad sólo tiene como finalidad la procreación humana? Es decir, ¿de que el sexo sólo lo ha creado Dios para reproducirnos y perpetuar la especie? Sería muy interesante un debate público y abierto al respecto. Eso sí, un debate entre personas sensatas, formadas, educadas, respetuosas y cuya identidad sea pública. Como hacemos quienes escribimos en Religión Digital, cuya identidad es conocida, educación no nos falta, formación está probada y nos caracteriza, lo que tan difícilmente encontramos en muchos católicos y en ciertos sectores fundamentalistas cristianos, la sensatez humana.

ADIÓS A LA CONTRARREFORMA LITÚRGICA

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RELIGIÓN DIGITAL

En la Carta Apostólica “Desiderio desideravi” -un documento que recoge y reelabora de forma original las Proposiciones resultantes de la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (12-15 de febrero de 2019) sobre el mismo tema- se puede apreciar, con bastante claridad, la mano del Papa Francisco en unos cuantos pasajes que entiendo capitales porque facilitan, al menos, dos importantes claves de lectura de la misma que no, por ello, ocultan lo que entiendo que es su mayor limitación.

La reforma litúrgica de Pablo VI

La primera, referida a reivindicar la validez de la reforma litúrgica aprobada en el Concilio y puesta en marcha por Pablo VI: “no podemos volver a esa forma ritual que los padres conciliares, 'cum Petro et sub Petro', (con y bajo Pedro) sintieron la necesidad de reformar, aprobando, bajo la guía del Espíritu Santo y siguiendo su conciencia como pastores, los principios de los que nació la reforma” (nº 61).

Es una reivindicación que Francisco ha adelantado unos números antes cuando reitera que “pretendo ver restablecida (la unidad litúrgica) en toda la iglesia del rito romano” o cuando denuncia la incoherencia -detectable en muchos lugares de la Iglesia, incluidos los nuestros- de proclamar la importancia y validez del Concilio y, al mismo tiempo, no aceptar la reforma litúrgica allí nacida y aprobada (Cf. nº 31). Tal ha sido, prosigue, el fin primordial del Motu Proprio “Traditionis custodes”: continuar “en la búsqueda constante de la comunión eclesial en torno a la expresión única de la “lex orandi” del Rito Romano que se expresa en los libros de la reforma litúrgica deseada por el Concilio Vaticano II”.

He aquí la primera clave de lectura de esta Carta Apostólica; la que sale al paso de la errática -y contrarreformista- recepción de la reforma litúrgica aprobada en el Vaticano II.

Eucaristía y espiritualidad “auténticas”

La segunda clave de lectura la encuentro en su recordatorio de que “una celebración que no evangeliza no es auténtica, como no lo es un anuncio que no conduce al encuentro con el Resucitado en la celebración: ambos, pues, sin el testimonio de la caridad, son como bronce que resuena o como címbalo que clama (cf. 1 Cor 13, 1)”. (nº 37). Y no es auténtica porque descuida -algo, por desgracia, muy frecuente- la articulación entre el encuentro con el Crucificado Resucitado en la celebración eucarística y en la autopista de la vida (con los crucificados de cada día), así como en la creación, donde también se manifiesta o transparenta -por pura gratuidad- la belleza y verdad del amor de Dios.

En el núcleo de esta segunda clave de lectura se encuentra, obviamente, el reconocimiento de la pluralidad que se funda en las acentuaciones legítimas de cada uno de los pilares fundamentales de la fe que se ponen en juego. Y, a la vez, el desmarque, contundente, de las extrapolaciones, que tan en boga siguen estando todavía entre nosotros (y no solo entre los lefebvrianos), cuando, por ejemplo, se absolutiza la adoración y se desprecia el encuentro con Dios tanto en su comida y bebida como en el mundo y en la historia y, concretamente, en los crucificados y en tantos chispazos o murmullos de eternidad y plenitud que también se transparentan en el cosmos y en la existencia de cada día; además de en la eucaristía.

He aquí la segunda clave de lectura de la Carta Apostólica, la que sale al paso de estas y otras extrapolaciones, además del gnosticismo o espiritualismo subjetivista y “sin carne” o del neopelagianismo sin gratuidad, es decir, de la presunción de estar ganándose la salvación o la Vida en plenitud apoyado solo en las propias fuerzas (Cf. nº 17. 19. 20. 28. 48. 49).

La urgencia de una reforma litúrgica a fondo

Pero he dicho que, además de algunos de los aciertos que, gracias a la mano de Francisco, presenta esta Carta Apostólica en las dos claves de lectura que acabo de indicar, conviene no perder de vista lo que entiendo que es la mayor limitación que presenta la liturgia actual en el rito latino: su creciente y, al parecer, imparable, insignificatividad.

Está bien llamar la atención sobre la importancia de iniciarse en el asombro de la verdad y belleza eucarísticas o sobre la necesidad de una formación litúrgica seria y vital, además, por supuesto, de salir al paso de la contrarreforma y de reivindicar la articulación de experiencia, compromiso y discurso o cabeza, corazón, pies y manos, pero no podemos ignorar la grave crisis espiritual y eucarística en la que están sumidas la gran mayoría de nuestras comunidades, incluso las que vienen aplicando la actual reforma litúrgica, en sintonía, por supuesto, con Francisco.

No veo que se pueda salir de ella, si no se apuesta por una nueva reforma a fondo. Vista la actual correlación de fuerzas eclesiales y las urgencias en las que estamos sumidos, es muy probable que ésta, como otras, sea una tarea para el próximo sucesor de Pedro. Y, de nuevo, es posible que cuando, por fin, se realice, sea ya mucha, demasiada, la gente que se haya quedado en la cuneta.

En síntesis, el lector tiene en sus manos un documento papal que, oportunamente contextualizado en la contrarreforma litúrgica padecida estos últimos años, puede ayudarle a percibir su relevancia eclesial. Pero ha de ser consciente de que, leyéndolo, no encontrará la necesaria e ineludible reforma litúrgica que está pidiendo a gritos, desde hace tiempo, el pueblo de Dios, aunque sí se topará con muchas y sesudas aportaciones de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, así como con las reivindicaciones reformistas de Francisco que, sospecho, le van a parecer necesarias y, a la vez, desmedidamente modestas y, por ello, alicortas.

SIN RODEOS ANTE EL PRÓJIMO Lc 10, 25-37

col rosario ramos

 

FE ADULTA

El Evangelio de este domingo nos presenta la parábola del Buen Samaritano como eje central del mensaje. Es una parábola muy conocida y usada en cuestiones de moral social para enseñarnos cómo situarnos ante las personas que están en situación de necesidad. Muchos creyentes sentimos mucho respeto hacia esta parábola no solo por el compromiso con los que sufren, sino por su contenido provocador en cómo vivir coherentemente nuestra fe.

La parábola del Buen Samaritano está situada entre los pasajes que aluden al viaje de Jesús de Cafarnaún a Jerusalén. Es narrada a partir de un encuentro entre Jesús y un maestro de la ley. Este grupo de judíos eran eruditos en el conocimiento de la ley, pero la practicaban poco. El gesto de levantarse este maestro ya indica su posición de poder desde el status que la estructura religiosa judía le había concedido. El maestro de la ley pretende poner a prueba a Jesús. Su manera de acercarse a Jesús ya está condicionada por su objetivo de encontrar argumentos para denunciarle. Claramente se ve en ese diálogo que a Jesús no le interesa entrar en discusión. El maestro de la ley le pregunta qué hacer para alcanzar la vida eterna y Jesús responde remitiéndole a sus conocimientos, a su mundo judío, a encontrar respuesta en sus tradiciones y su universo religioso. El maestro no parece estar satisfecho con la contestación de Jesús porque nada ha dicho que pueda hacer sospechar. Por eso el maestro insiste: ¿Y quién es mi prójimo? Probablemente una respuesta teórica de Jesús hubiera sido motivo claro de enfrentamiento, sin embargo, prefiere una respuesta abierta y susceptible de interpretación. Su inteligente estrategia consiste en responder narrando una parábola. Sobre la cuestión del prójimo no se teoriza, es mucho más que un discurso explicativo, con el prójimo se actúa y no para alcanzar la vida eterna, sino para recuperar su dignidad. Jesús usaba con frecuencia el género literario de la parábola, una composición didáctica que impactaba en el oyente para posicionarse ante diferentes realidades necesitadas de liberación.

En esta parábola aparecen personajes o grupos de personas con sus respectivas actitudes que Jesús pone delante para cuestionarnos en lo que necesitamos mover para vivir más auténticamente nuestra fe.

Por un lado, el hombre herido que es asaltado por unos bandidos. La ruta que hacía este hombre era muy insegura, un camino desértico, solitario y buen refugio para salteadores. Solía haber muchos asaltantes en los bordes de estos caminos, muchos de ellos desesperados ante el empobrecimiento que estaba generando la carga de impuestos que debían pagar al Imperio. Incluso eran grupos organizados y manejados por otros.

El hombre malherido queda medio muerto y es visto por tres personajes que, sin duda, representan tres posiciones que podemos vivir ante la necesidad del prójimo. Estos personajes pasan por donde estaba este hombre y le ven, pero sólo uno reacciona implicándose en la situación. El sacerdote da un rodeo y pasa de largo. Los sacerdotes judíos lo eran por nacer en una familia sacerdotal y no por vocación. Debían vivir en un alto estado de pureza y no tocar a enfermos, sangrados o tener contacto con muertos, muy rigurosos y escrupulosos con estos ritos. Si hubiera tocado a este herido quedaría impuro y no podría celebrar la liturgia. Lo mismo ocurre con el levita. Un levita sería semejante a la figura de un sacristán: para organizar cantos, celebraciones litúrgicas, asistir a los sacerdotes y también lo eran por pertenecer a los descendientes de la tribu de Leví. También ve la situación, igualmente da un rodeo y pasa de largo.

La narración de la parábola se rompe cuando entra en escena un samaritano cuya actitud contrasta y pone en evidencia a los servidores del Templo. Jesús no inventa este personaje de manera casual, hay una clara intención de desmontar los elementos inútiles, perjudiciales y deshumanizadores de la ley. Los samaritanos eran muy mal vistos por los judíos porque creían en otros dioses o en ninguno y no pertenecían al Pueblo elegido. El samaritano no tiene ataduras a la ley, no se centra en su cumplimiento estricto, trasciende las normas paralizantes y es libre de lo más dogmático y cerrado. Su proceso de reacción es una clara referencia a lo que Jesús quiere que vivamos con respecto al prójimo. Primero siente com-pasión, es decir, padecer (sentir) con… Sus emociones se despiertan de una manera empática, se pone en el lugar del malherido y se hace hermano de su sufrimiento. Pero no es suficiente este primer paso. Con frecuencia nos quedamos en este universo emocional, que no está mal, pero raquítico para resolver lo que padecen nuestros hermanos y hermanas sufrientes. Esta com-pasión moviliza al samaritano para actuar. Dice el texto que con miseri-cordia, es decir, poniendo corazón en la miseria y necesidad, actuando de manera concreta y dando de sí mismo mucho más que un sentimiento. Esta es la ruta que Jesús vivió y que somos llamados a vivir todos sus seguidores y seguidoras. Sólo desde esa liberación del ritualismo, del deber hacer de una manera automática, de vivir sometidos a estrechas normas, se puede despertar nuestra capacidad de compromiso auténtico.

No olvidemos que el origen de esta situación parte de un maestro de la ley que busca respuestas para alcanzar la vida eterna, para salvarse. Jesús es radical en su propuesta a través de esta parábola. La salvación o plenitud humana pasa por reconocer mi dignidad y la dignidad de quien tengo al lado, no porque hacer el bien me vaya a “salvar” sino porque es mi hermano, mi hermana, y vamos a “salvarnos” juntos. Mirar al prójimo desde los aspectos más periféricos, sus roles, culturas, ideologías, nos va a conducir a una vida individualista, insolidaria, enfrentada y egocéntrica.

¿Cuáles son esos rodeos que damos en la vida para no hacernos cargo de nuestro prójimo? ¿Qué nos ata de tal manera que nos conformamos con tener la conciencia tranquila porque “sentimos” el dolor del otro? ¿Por qué no terminamos de asentarnos en una fe madura, adulta, comprometida y transformadora? Quizá este domingo sea una oportunidad para intentar liberarnos de aquello que nos paraliza y nos sigue manteniendo en nuestra zona de confort religiosa. Y claro que podemos conseguirlo si conectamos con lo esencial que somos y con quien nos hace SER permanentemente.

FELIZ DOMINGO

DOMINGO 15 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,25-37) LES BLESSÉS DES FOSSÉS


JOSÉ ANTONIO PAGOLA

 La parábola del «buen samaritano» le salió a Jesús del corazón, pues caminaba por Galilea muy atento a los mendigos y enfermos que veía en las cunetas de los caminos. Quería enseñar a todos a caminar por la vida con «compasión», pero pensaba sobre todo en los dirigentes religiosos.

En la cuneta de un camino peligroso un hombre asaltado y robado ha sido abandonado «medio muerto». Afortunadamente, por el camino llega un sacerdote y luego un levita. Ambos pertenecen al mundo oficial del templo. Son personas religiosas. Sin duda se apiadarán de él.

No es así. Al ver al herido, los dos cierran sus ojos y su corazón. Para ellos es como si aquel hombre no existiera: «Dan un rodeo y pasan de largo», sin detenerse. Ocupados en su piedad y su culto a Dios, siguen su camino. Su preocupación no son los que sufren.

En el horizonte aparece un tercer viajero. No es sacerdote ni levita. No viene del templo ni pertenece siquiera al pueblo elegido. Es un despreciable «samaritano». Se puede esperar de él lo peor.

Sin embargo, al ver al herido «se le conmueven las entrañas». No pasa de largo. Se acerca a él y hace todo lo que puede: desinfecta sus heridas, las cura y las venda. Luego lo lleva en su cabalgadura hasta una posada. Allí lo cuida personalmente y procura que lo sigan atendiendo.

Es difícil imaginar una llamada más provocativa de Jesús a sus seguidores, y de manera directa a los dirigentes religiosos. No basta que en la Iglesia haya instituciones, organismos y personas que están junto a los que sufren. Es toda la Iglesia la que ha de aparecer públicamente como la institución más sensible y comprometida con los que sufren física y moralmente.

Si a la Iglesia no se le conmueven las entrañas ante los heridos de las cunetas, lo que haga y lo que diga será bastante irrelevante. Solo la compasión puede hacer hoy a la Iglesia de Jesús más humana y creíble.


La parabole du «bon Samaritain» est jaillie du coeur de Jésus, car il marchait à travers la Galilée, très attentif aux mendiants et aux malades qu'il voyait dans les fossés du bord des routes. Il voulait nous apprendre à marcher dans la vie avec «compassion», mais il pensait surtout aux chefs religieux.

Sur le bord d'un chemin dangereux, un homme qui avait été agressé et volé est abandonné «à moitié mort». Heureusement, sur la route arrive un prêtre, puis un lévite. Tous deux appartiennent au monde officiel du temple. Ce sont des personnes religieuses. Nul doute qu'ils auront pitié de lui.

Ils ne le font pas. En voyant l'homme blessé, ils ferment tous deux les yeux et le coeur. Pour eux, c'est comme si cet homme n'existait pas: «Ils font un détour et passent de l'autre côté», sans s'arrêter. Occupés par leur piété et leur culte de Dieu, ils poursuivent leur chemin. Leur préoccupation n'est pas celle de ceux qui souffrent.

Un troisième voyageur apparaît à l'horizon. Il n'est ni prêtre ni lévite. Il ne vient pas du temple ni ne fait partie du peuple élu. C'est un «Samaritain», un homme méprisable. On peut s'attendre au pire de sa part.

Cependant, lorsqu'il voit l'homme blessé, «il est ému jusqu'aux entrailles». Il ne passe pas à côté. Il se rapproche de lui et fait tout ce qu'il peut: il désinfecte ses blessures, les soigne et les panse. Puis il l'emmène sur son cheval jusqu'à une auberge. Là, il s'occupe personnellement de lui et veille à ce qu'il continue à être soigné.

Il est difficile d'imaginer un appel plus provocateur lancé par Jésus à ses disciples, et de manière plus directe aux chefs religieux. Il ne suffit pas que dans l'Église, il y ait des institutions, des organisations et des individus qui se tiennent aux côtés de ceux qui souffrent. C'est toute l'Église qui doit apparaître publiquement comme l'institution la plus sensible et la plus engagée envers ceux qui souffrent physiquement et moralement.

Si l'Église n'est pas touchée jusqu'aux entrailles par les blessés tombés dans les fossés, elle aura beau faire et dire, rien n'y fera. Seule la compassion peut rendre aujourd'hui l'Église de Jésus plus humaine et crédible.


The parable of the «Good Samaritan» came from Jesus' heart, since he was walking through Galilee very attentive to the beggars and sick that he saw along the side of the road. He wanted to teach everyone to walk through life with «compassion», but he thought above all about the religious leaders.

Along the side of a dangerous road a victim of assault and robbery has been left «half dead». Fortunately along the road comes a priest and later a Levite. Both belong to the official world of the Temple. They are religious people. Without doubt they will take pity on him.

Not so. When they see the wounded man, they close both their eyes and their heart. For them it's as if that man doesn't exist: «They passed by on the other side», without stopping. Busy in their piety and rituals for God, they keep to their path. Their concern isn't for those who suffer.

On the horizon appears a third traveler. He's not a priest or Levite. He doesn't come from the Temple and doesn't belong to any kind of public position. He's a despicable «Samaritan». You can count on him for the worst.

However, when he sees the wounded man «he's moved with compassion». He doesn't pass by on the other side. He draws close to him and does everything he can: disinfects his wounds, heals him, binds his wounds. Then he takes him on his own beast of burden to an inn. There he personally takes care of him and ensures that they'll continue taking care of him.

It's difficult to imagine a more provocative call that Jesus makes to his disciples, and directly to the religious leaders. It's not enough that there are institutions, organisms and people in the Church who are next to those who suffer. It's the whole Church that should publicly appear as the institution most sensitive and committed to those who suffer physically and morally.

If the Church doesn't get moved with compassion in the face of the wounded along the side of the road, whatever she does or says will end up mostly irrelevant. Only compassion can make the Church of Jesus more human and credible today.

SI NO TE APROXIMAS AL QUE TE NECESITA, TE ALEJAS DEL VERDADERO DIOS DOMINGO 15 (C) Lc 10,25-37

col fraymarcos

 

FE ADULTA

Hoy la primera lectura nos da la clave para entender el evangelio. La voluntad de Dios no viene de fuera, sino que es una exigencia de nuestro ser. Dios no crea al ser humano y luego le impone unas obligaciones. Dios no tiene “voluntad”, porque no tiene partes ni cualidades ni potencias. Es un “ser” simplicísimo. Lo que Dios espera es que despleguemos esas posibilidades (exigencias) que nacen de nuestro ser más profundo. ¡Cuánto fundamentalismo se evitaría si tuviéramos en cuenta esta simple verdad!

El jurista sabía la respuesta, luego no pregunta para aprender, sino para examinar. Jesús se lo hace ver, haciendo que él mismo responda. Lo que no estaba tan claro era quién era Dios y quién era el prójimo. Aquí sí que había, y sigue habiendo, mucho que aclarar. Jesús habla de superar la Ley como venida de un Dios que desde fuera y desde arriba nos exige normas de conducta que van en contra de nuestros intereses. Como la primera lectura de hoy, Jesús habla de una ley no escrita que llevamos todos dentro y que hay que descubrir.

Solo Lucas narra esta parábola del “buen samaritano”. Como todas, no necesita explicación. Lo único que exige es implicación. El oyente tiene que tomar partido después de oírla. Si no lo hace, la narración carece de sentido. Se nos invita a descubrir una manera nueva de ser religioso, siendo más humanos. No basta tener muy buenas relaciones con el Dios del templo, aunque sea sacerdote o levita, hay que hacerse prójimo. La parábola nos propone dejar de considerarse a sí mismo el ombligo del mundo y poner en el centro al otro.

Cuando pregunto, ¿Quién es mi prójimo?, presupongo que puede haber alguien que no lo es y tendría que amar solo al que lo es. En algunos casos, en el AT, el prójimo tenía este sentido. La religión judía nació como un medio de aglutinar un pueblo en torno a un Dios, con unas obligaciones que le permitían asegurar una cohesión interna capaz de superar el egoísmo destructor. Para nada pensaban en un amor universal, sino en un amor a los pertenecientes al pueblo, con la finalidad de defenderse de los que no pertenecían a él.

La pregunta presupone que el ser o no ser prójimo depende de las circunstancias. Este es el fundamento de la mentalidad legalista que excluye toda aproximación. La ayuda al miserable desde el estricto cumplimiento de la Ley no excluye el sentimiento de superioridad. Cumplo lo mandado pero no me involucro en la situación del otro. Lo hago “por amor a dios”. Esta es la trampa donde hemos caído. Lo que hizo el Samaritano está a años luz de esta actitud. Se aproxima, lo cura, lo venda, lo lleva a la posada…

El relato es típico de la literatura oriental, pero los personajes implicados en él lo convierten en provocador. Los oficiales de la religión están demasiado preocupados por la legalidad y la pureza para preocuparse del otro. Para el sacerdote y el levita, lo primero era la Ley. Para el samaritano, lo primero era el hombre. El hereje, el idólatra, el impuro, odiado precisamente por no ser religioso, no está sujeto a normas externas, lleva la ley en el corazón. La palabra empleada en griego para indicar que se conmueve, nos indica que el Samaritano se dejó llevar por su verdadero ser desde el interior y acabó imitando a Dios.

La parábola, no deja lugar a dudas sobre lo que Jesús entendía por próximo. Prójimo es todo aquel con quien me encuentro en mi camino. Prójimo es aquel que me necesita. Estamos equivocados al pensar que el prójimo lo puedo determinar yo. Jesús nos dice que el prójimo se me impone, aunque yo puedo tomar la decisión de escamotear esa presencia e ignorarlo. Cuando me niego a verlo, estoy fallando, buscando excusas para escapar a esa imposición que me saca de mi programación, de mis planes, a veces tan religiosos ellos.

Estamos equivocados cuando pensamos que si me acerco a otra persona para ayudarla, estoy haciendo una cosa buena, pero que si no la ayudo, no pasa nada, porque yo soy libre de ayudarla o de no ayudarla. No vemos como una necesidad el ayudarla, sino como una posibilidad que se me ofrece y que yo puedo aprovechar. No, debemos sentir esa ayuda, como una urgencia. Soy capaz de programar un prójimo para una hora determinada, pero rechazo instinti­vamente al que se me impone sin mi consentimiento.

Tanto en el AT como en el evangelio, se entiende a Dios como cosa, es decir como alguien que existe al margen de la creación. Hoy sabemos que Dios está en las cosas, no al margen de ellas, ni por encima de ellas. Si pudiéramos ver la creación desde Dios veríamos que no se diferencia en nada de ella. La creación es la manifestación de Dios. Vista desde la criatura, sí hay diferencia, pero no por lo que la creación es, sino por lo que no es; por sus limitaciones. Dios es infinito, la criatura no, ni por separado ni en conjunto. Si en todas las cosas está Dios, es claro que en cualquier ser humano se está manifestando su presencia.

Aclaremos esta idea con el ejemplo de la luz. La luz no se puede ver. Los espacios intersiderales son inmensos vacíos en absoluta oscuridad, aunque los fotones los traviesan. Solo cuando los fotones tropiezan con la materia, puedo descubrir los reflejos de la luz en ese objeto. Esto pasa con Dios, no se le puede ver más que reflejado. Para cada uno de nosotros no hay más Dios que el que podemos ver en la creación. La conclusión es clara: No puedo pensar en un Dios al margen de la creación, porque sería un ídolo. Por lo tanto, no puede haber dos mandamientos. Amo a Dios solo en la medida que amo a sus criaturas.       

Hay una frase que empleamos siempre para justificar nuestro egoísmo, pero que es verdadera: "el amor bien entendido empieza por uno mismo". Efectivamente, descubriendo la luz que se refleja en mi propio ser, estaré capacitado para verla en los demás. El Dios que descubro en mí, es el mismo que debo descubrir en los demás. Si me doy cuenta de lo que soy en el Todo, veré al otro insertado en el Todo. Si creo que soy una mónada aislada, veré al otro algo distinto de mí, que me estorba, y no encontraré motivos para amarlo.

Cuando tenga claro esto, solucionaré el problema de mi egoísmo. Es falsa la creencia de que yo soy una individualidad aislada, que tengo existencia y consistencia propia. Yo, separado del creador y de las demás criaturas, no soy nada. Lo que constituye mi ser, y lo que constituye el ser de los demás, es la misma Realidad, Dios, que está fundamentando mi propio ser y el de los demás. Por tanto, no puedo ir en contra de los demás sin ir en contra mía. El día que descubra lo que no soy, habré dado un paso hacia el verdadero amor.

El prójimo está siempre ahí, a tu vera. Descubrirlo depende solo de ti. Siempre que te aproximas a otro para ayudarle, lo estás convirtiendo en próximo. Cada vez que haces a uno prójimo, te estás acercando a ti mismo y a Dios. Cada vez que superas tu egoísmo y pones al otro en el centro, te acercas a la plenitud de humanidad. Siempre que das un rodeo para pasar de largo ante el dolor ajeno, te estás alejando de ti mismo y de Dios. La religión que me permite vivir sin preocuparme de los demás será siempre falsa.

UCRANIA, MELILLA Y EL BUEN SAMARITANO Domingo 15º. Tiempo ordinario. Ciclo C

 col sicre art

FE ADULTA

El domingo pasado, el envío de los setenta y dos discípulos nos hacía pensar en los miles de personas anónimas que difunden el evangelio en todas partes del mundo. Este domingo, la parábola del buen samaritano nos recuerda a tantísima gente que ha puesto en práctica su enseñanza. Cuando comenzó la guerra de Ucrania, hubo conductores que recorrieron miles de kilómetros para salvar a mujeres y niños y ponerlos a salvo entre nosotros. En todos los países de la Unión Europea se ofreció casa, comida, vestidos, cariño. Esto no debe hacernos olvidar lo difícil, casi imposible, que resulta a veces comportarse como el buen samaritano. Pero el contexto actual ayuda a comprender mejor la parábola y la gran dosis de mala idea.

Una receta rápida para salvarse (Deuteronomio 30,10-14)

¿Existe esa receta? ¿Es fácilmente asequible? La respuesta del Deuteronomio es clara: no hay que subir al Himalaya ni atravesar el Atlántico para saber lo que Dios quiere de nosotros. Está escrito “en el código de esta ley”, que se limita a los capítulos 12-26 del Deuteronomio. No se trata de estudiar mucho sino de convertirse con todo el corazón y toda el alma, y de poner en práctica lo que allí se dice.

Pero el Deuteronomio planteó un problema. Aunque el texto era intocable, y nadie estaba autorizado a quitar ni añadir nada, la interpretación de sus normas fue creciendo de forma incontrolada. En tiempos de Jesús, el judaísmo contaba 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 preceptos) capaces de volver loco a cualquier persona.

Ante este cúmulo de mandamientos, surgió el deseo de sintetizar o de saber qué era lo más importante. El rabino Hillel, poco anterior a Jesús, enseñaba: “Lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpreta­ción”. También del Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) se recuerda un esfuer­zo parecido de sintetizar toda la Ley en una sola frase: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo; este es un gran princi­pio general en la Torá”.

En los evangelios hay diversos intentos de simplificar la cuestión con una respuesta breve y drástica. El más famoso es la Regla de oro, con la que cierra el evangelio de Mateo el Sermón del Monte: “Tratad a los demás como queréis que os traten a vosotros. En esto consiste la ley y los profetas” (Mt 7,12). El tema reaparece en el episodio de hoy, cuando le preguntan a Jesús cuál es el mandamiento principal. El relato de Lucas introduce cambios muy significativos en el de Marcos.

El escriba bueno de Marcos

Los escribas, equivalentes a los doctores de teología actuales, pero con mucho más poder, autoridad y prestigio, no quedan bien en los evangelios. Generalmente aparecen junto a los fariseos, como adversarios de Jesús. Menos en este caso de Marcos, donde un escriba pregunta a Jesús cuál es el mandamiento principal, y él le responde: amar a Dios y amar al prójimo. La reacción del escriba es alabar a Jesús, que le devuelve la alabanza.

El escriba malintencionado de Lucas

El protagonista del relato de Lucas no viene con buena intención, pretende poner en un aprieto a Jesús; y no plantea una cuestión teórica (“¿cuál es el mandamiento principal?”) sino muy personal: “¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”.

Jesús no cae en la trampa. En vez de responder, pregunta: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?” Y el legista se ve obligado a reconocer que sabe perfectamente lo que debe hacer: amar a Dios y al prójimo. Jesús, con cierta ironía, le indica que su problema no consiste en saber lo que tiene que hacer, sino en hacerlo.

Aquí podría haber terminado todo. Pero el legista, que tiene la sensación de haber quedado en ridículo, para justificarse plantea una cuestión filosófico-teológica: “¿Y quién es mi prójimo?”. Afortunadamente, Jesús no es un profesor universitario. No le da una conferencia de Antropología ni le escribe un Manual de quinientas páginas intentando aclarar esa intrincada cuestión. Se limita a contar una parábola que ofrece dos modelos de conducta: 1) la del sacerdote y el levita, que ante el pobre hombre asaltado y malherido por los bandidos dan un rodeo y pasan de largo; 2) la del samaritano que siente lástima, se acerca, echa aceite y vino en las heridas, las venda, lo monta en su cabalgadura, lo lleva a una posada, lo cuida y paga su estancia. Son siete acciones, basadas todas ellas en el sentimiento inicial de lástima.

Al legista podría resultarle ofensivo que le cuenten un cuento. Pero Jesús no le da tiempo a protestar, pasa directamente al ataque, obligándole a reconocer que lo importante es comportarse como prójimo. Para terminar diciéndole: “Anda, haz tú lo mismo”. Lo importante no es discutir sino actuar.

La mala idea de la parábola

A muchos les gustaría limitar la parábola al ejemplo del samaritano y dejarnos con buen sabor de boca. Pero Lucas, del que siempre alabamos su bondad, resulta en este caso muy hiriente. No le basta un protagonista, necesita tres. Y los elige con toda la intención: un sacerdote, un levita, un samaritano.

El sacerdote y el levita, los personajes especialmente consagrados a Dios, hacen exactamente lo mismo: dan un rodeo y siguen su camino. ¿Por qué actúan de este modo? ¿Porque son malos y egoístas? No. Porque si el herido no está herido, sino muerto, basta tocarlo para quedar impuro.

La ley es tajante: “El sacerdote no se contaminará con el cadáver de un pariente, a no ser de pariente próximo: madre, padre, hijo, hija, hermano o de su propia hermana soltera, no dada en matrimonio. Queda profanado” (Levítico 21,2-4). Si no pueden contaminarse con un pariente, mucho menos con un desconocido al borde de la carretera.

Y lo que se deduce es trágico: es la ley de Dios la que impide practicar la misericordia y comportarse como prójimo del herido.

Lucas podría haber buscado como tercer protagonista a un cura progre o a un diácono permanente sin obsesión por la ley. Elige al menos indicado: un samaritano. El personaje más odioso y despreciable para un judío, miembro de un pueblo que, según el libro de los Reyes, “no veneran al Señor ni proceden según sus mandatos y preceptos”. Irónicamente, un representante de este pueblo que no venera al Señor ni procede según sus mandatos y preceptos es quien actúa con misericordia y se comporta como prójimo.

Reflexión actual

Sin caer en la crítica injusta a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, la parábola nos hace pensar en tantos samaritanos agnósticos, ateos, homosexuales, lesbianas, etc., que se entregan plenamente a personas necesitadas. Pero la realidad actual podría proporcionar una final muy distinto a la parábola.

«Al cabo del tiempo, el legista se presentó a Jesús y le dijo:

- Maestro, he intentado poner en práctica lo que me dijiste. Vi multitud de personas hambrientas, enfermas, desesperadas, intentando huir de la guerra y del hambre. Quise acercarme a ayudarlas, pero tropecé con vallas y muros custodiados por la policía y el ejército.

Jesús miró al cielo, suspiró y le dijo:

- Llegará un día en el que no habrá vallas ni muros. Mientras, busca en otras partes. Siempre encontrarás gente a la que ayudar.

PROVOCACIÓN, SUBVERSIÓN, COMPASIÓN Domingo XV del T.O. 10 de julio Lc 10, 25-33

col lozano art

 FE ADULTA


La conocida como “parábola del buen samaritano” constituye una joya universal y atemporal de humanidad, aunando en sí misma provocación, subversión y compasión.

Es un texto provocativo (literalmente, pro-vocar significa “llamar hacia adelante”) que busca desinstalar de creencias y seguridades rutinarias. Trasciende la formulación de la Ley y sus preguntas –“¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”-, llevando al interlocutor del mundo de las creencias a la realidad de la persona necesitada.

Es un texto subversivo, que coloca como prototipo de bondad a alguien (“un samaritano”) que era considerado “hereje” y “pecador” -alguien a quien la religión despreciaba-, al tiempo que muestra al sacerdote y al levita -los hombres del Templo- como errados en su comportamiento legalista.

Es un texto que sitúa la compasión como criterio definitivo de verdad y de acierto. ¿Cómo hacer para acertar en la vida? Brindando ayuda a la persona en necesidad. En ese principio se centra toda la práctica propuesta por Jesús: “Haz tú lo mismo”.

¿Qué lugar ocupa la compasión en mi vida?

 

CONOCIMIENTO… O COMPASIÓN Lc 10, 25-37 «Anda y haz tú lo mismo»

comentario editorial fa7

col munarriz

 

 FE ADULTA


Es tan rematadamente sencilla la interpretación de esta parábola que apenas deja resquicio para añadir un comentario. Dos personas sagradas encuentran en el camino a un hombre malherido, se desentienden y siguen adelante. Un hereje samaritano, que también pasaba por allí, lo ve, se conmueve, se acerca, le atiende… Y ya está.

«Haz esto y tendrás la vida», le dice Jesús al letrado pedante que le había hecho una pregunta rebuscada para no quedar desairado delante de los suyos.

La genialidad de Jesús es que con esta historieta tan simple, tan comprensible por todos, nos sitúa ante el núcleo más íntimo de su mensaje; la compasión, pero aquí vamos a resaltar un aspecto concreto que consideramos básico para su seguimiento: el contraste entre la sabiduría estéril del letrado y la compasión activa del samaritano; entre su pregunta artificiosa y la sencillez extrema de la respuesta de Jesús.

«El evangelio es la sabiduría de los sencillos» —decía Ruiz de Galarreta, y la verdad es que el evangelio resulta muy difícil de entender desde el intelecto, porque lo de Jesús tiene poco que ver con el conocimiento, y mucho con el corazón…

Por Jesús sabemos que todo el conocimiento que no lleva al servicio es infecundo; que lo importante no es la teoría sino el comportamiento; que no es el entendimiento ni la razón lo que justifica nuestra vida, sino la compasión; el amor… Y es evidente que amar no tiene nada que ver con filosofar, con entender, sino con sentir, con conmoverse, con acercarse, con implicarse, con servir…

Así lo debieron entender sus primeros seguidores, y nos consta por “Hechos” que fueron consecuentes con su mensaje. Pero llegaron los sabios, quisieron hacer del cristianismo algo más culto, más acorde con las tendencias de la época, olvidaron su estilo, desnaturalizaron su mensaje y se equivocaron. Y nosotros nos volveremos a equivocar si tratamos de convertir su propuesta en algo para eruditos imbuidos de metafísicas doctas, o para iniciados en posesión de un conocimiento que el resto de mortales al parecer no tenemos.

Si algo es de Jesús debe ser comprensible por todos sin excepción alguna, y si no es así, no es de Jesús. Podrá ser algo valioso (o podrá no serlo), pero no de Jesús. Lo de Jesús es tan sencillo que podríamos arriesgarnos a resumirlo en una sola frase: “Dios me quiere y me invita a responder a su amor con amor a los demás” … y asumido esto, el resto de consideraciones que nosotros podamos hacer no dejan de ser simples notas a pie de página…

El letrado de la parábola conocía maravillosamente la ley, pero se quedaba en el conocimiento. El samaritano, un hereje inculto y despreciado, es puesto de ejemplo por Jesús porque lleva la Ley en el corazón, aunque no la conozca, o la conozca mal.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

miércoles, 29 de junio de 2022

La Fiscalía investigará las muertes en la frontera de Melilla

 


Público

El Ministerio Público cree que han podido verse afectados los derechos humanos y derechos fundamentales de las personas y destaca la “singularidad y complejidad” de la investigación.
La fiscal general del Estado, Dolores Delgado, ha encargado una investigación para esclarecer los hechos registrados en la valla fronteriza de Melilla el pasado 25 de junio, donde murieron al menos 23 personas en territorio marroquí.
Según ha informado la Fiscalía en un comunicado, Delgado ha firmado este martes un decreto para encomendar a la fiscal de sala Coordinadora de Extranjería, Beatriz Sánchez, la investigación de lo ocurrido, ante su “trascendencia y gravedad”.
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Romper el monopolio de la derecha reaccionaria

 

15M Serranía de Ronda

 Redes Cristianas

Vivimos en un mundo en el que las personas somos vigiladas por la tecnología, gestionadas por tecnócratas, alimentadas con un sinfín de productos y convertidas en dóciles trabajadoras. Vivimos en una Andalucía que se sigue votando a ladrones que nos están robando la sanidad, las pensiones, la educación, la tierra… Y tenemos un referente en Albania, ha surgido un movimiento que critica el aumento de precios y se enfrenta al orden político existente.

Se puede romper el monopolio de la derecha reaccionaria impulsando la resistencia.

Durante los últimos treinta años, Albania ha sido objeto de experimentos de mercado brutales que han destrozado las instituciones públicas. Pocos días después de la
ofensiva rusa en Ucrania, se propagó la idea de que la crisis afectaría drásticamente al poder adquisitivo de las categorías más vulnerables de la sociedad; pero no se
han quedado con los brazos cruzados, están organizando los grupos más marginalizados, creando consciencia política entre ellos y movilizando para crear un país libre
de la corrupción generalizada que actualmente contamina la política, la sociedad y el medio ambiente.

Los recientes aumentos de precios afectan gravemente a gran parte de la población de Albania, sobre todo porque las condiciones de vida de la mayoría de la gente ya eran
difíciles. Por otro lado, unas pocas personas ricas han acumulado una enorme riqueza. Luchando contra esta embestida neoliberal, en abril de este año surgió un
movimiento, Organización Política, un grupo de izquierda formado por estudiantes, docentes y gente de clase trabajadora que critica el aumento de precios y se
enfrenta al orden político existente.

El miércoles 9 de marzo, a raíz de un llamamiento a través de las redes sociales, hubo una concentración ante la sede del primer ministro en Tirana, la capital de Albania,
para protestar por el aumento inaceptable de los precios.
Al día siguiente se produjeron nuevas manifestaciones en Tirana y otras ciudades de Albania, con más gente en las plazas y más detenciones. En una semana se contabiliza-
ron 300 personas jóvenes detenidas en varias ciudades del país. La movilización culminó en los días siguientes, con más de 20.000 manifestantes en las calles. Ahora ya es costumbre organizar una gran manifestación con regularidad para seguir exigiendo medidas frente a la crisis.

Esta ola de protestas recientes es un ladrillo más en la pared de la resistencia social. Tratan de exponer en lo posible la incapacidad del gobierno para intervenir en el mercado y fomentar la movilización social con el fin de asegurar unas condiciones de vida dignas a la población.

Una de las consignas más llamativas es “¡Que paguen los oligarcas, no el pueblo!”, que refleja que la gente es consciente de la contradicción social entre ricos y pobres.
Otra consigna es “Saldremos a la calle por cientos, por miles, si no caen los precios, caerá el gobierno”

Un informe del Banco Mundial sobre Albania decía que 900.000 albanesas y albaneses viven con menos de cinco dólares al día. En un país de unos 2,8 millones de
habitantes vemos que más del 40 % de la población vive por debajo del umbral de pobreza oficial (6 dólares al día). El salario mínimo es de 30.000 leks (unos 247 euros) y el salario medio ronda los 50.000 leks (unos 411 euros).

Un cálculo reciente de los gastos básicos muestra que ninguno de esos importes basta para vivir con dignidad, la mayoría de la población albanesa se halla a un paso de
una catástrofe sanitaria, económica y social.
Pensamos que este gobierno no tiene la voluntad ni la capacidad para quitar dinero a los ricos e iniciar un proceso de redistribución de la riqueza, aligerando la
carga económica que pesa sobre las espaldas de la clase trabajadora. Pensamos que la asociación con los oligarcas, establecida por este gobierno, es señal de que
necesitamos una nueva alternativa sociopolítica, no solo para hacer frente a la crisis, sino para construir finalmente un Estado más democrático y social, basado en los derechos y las demandas de la gente trabajadora, las y los estudiantes y los sectores más oprimidos.

Sólo a través de una solidaridad mundial efectiva podemos redactar un nuevo contrato social transnacional que haga realidad los Derechos Humanos básicos como la
atención sanitaria y la educación universal, que haga realidad la justicia fiscal internacional, que allane el camino para un ingreso básico universal.
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EN POCAS PALABRAS

¡SÍ SE PUEDE!

15-M RONDA JUNIO 2022 No 47

Sinodalidad a la pata coja

 


Gabriel Mª Otalora

Eclesalia

Soy consciente de que el título de esta reflexión no es muy espiritual, cuando la sinodalidad es un signo da salvación en forma de “proceso espiritual que parte del vaciado de uno mismo” (Papa Francisco) que debe huir de encastillarse cada persona en su verdad si queremos realizar juntos el Camino en escucha fraterna.
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