FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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miércoles, 15 de mayo de 2019

INTERPELACIÓN DE UNA HORMIGA A UN ELEFANTE


col ramonhnz
Que una hormiga interpele a un elefante sobre su propia tarea es empresa alocada y harto peligrosa. Tamaña osadía proviene únicamente de la gran diferencia que hay entre la impresionante corpulencia del paquidermo y la menudencia del insecto. La cosa perdería toda gracia si se compararan sus inteligencias, pues mientras la hormiga se organiza en una sociedad que ronda la perfección de un engranaje mecánico, del elefante se ha dicho que llega a tener hasta conciencia de su propia muerte.
Los animales tienen capacidades y habilidades que les permiten adaptarse perfectamente a los nichos ecológicos en que viven. Los elefantes tienen una capacidad de socialización asombrosa: pueden expresar emociones como el dolor, la felicidad, la compasión, el luto y el altruismo; tienen, además, conciencia de sí mismos y poseen una memoria que bien podría compararse incluso con la humana. La hormiga, por su parte, moviéndose en grupo, es capaz de resolver problemas tan complejos como construir ciudades subterráneas, servir a la reina y elegir los mejores caminos para buscar alimento.
Insignificante hormiga
La simple alusión a la entidad y al comportamiento de ambos animales nos abre perspectivas hermosas para emitir juicios críticos constructivos, aunque, desafortunadamente, tardarán en ser tenidos en cuenta, en caso, claro está, de llegar a serlo alguna vez. Aun siendo el poderoso elefante de esta fábula muy receptivo, la hormiga fustigadora se desvanece ante él en su propia nihilidad. Su grito, su protesta y su crítica quedan recogidas, no obstante, en el subtítulo de este escrito: “papa Francisco, esta Iglesia, no, todavía no”, como desahogo de una presión interior explosiva.
Subrayemos, de paso, que la distancia entre la hormiga y el elefante, aun siendo enorme, es salvable si la comparamos con la que, en nuestro caso, media entre las ocurrencias de un oscuro plumilla y el magisterio seductor de un papa que sabe el terreno que pisa. Quede todo, pues, en el grito sordo de desahogo de un aprendiz de escribidor atrevido.
Caracol
Metidos de lleno en el mundo animal, enmarquemos el doloroso alarido de tan osada hormiga en el nicho vital de otros dos significativos animalitos, tan prominentes en la cultura humana como el caracol y la mariposa, para que ilustren con su sola presencia nuestro propósito.
Interpelar al papa, diciéndole lo dicho, se debe a que la Iglesia que llega hasta nosotros semeja un caracol que se desplaza pesadamente, debido seguramente a llevar a cuestas una pesada estructura dogmática y moral, repleta de excrementos. Por dura que parezca tan desconsiderada aseveración, tal me parece la Iglesia católica que tengo frente a mí o dentro de mí, incluso después de los retoques que nuestro bendito elefante blanco le está haciendo para embellecer su ser y agilizar el cumplimiento de su misión.
Hay en ella una sobrecarga intelectual de dogmas y verdades considerados sagrados, pero que en realidad no son más que una pretendida “definición” (= empobrecimiento) de conceptos filosóficos de la cultura griega, que ponen en solfa la comprensión humana, y un andamiaje de ordenanzas romanas, capaces de desanimar hasta al mismo Espíritu Santo a la hora de realizar su imprescindible labor de musa poética y guía turístico. A mi modesto entender, la Iglesia católica debe ser, en cuanto fiel continuadora del mensaje evangélico, mucho más o tal vez otra cosa que la que se afirma en esos dogmas o que lo que reflejan sus ordenanzas. Insisto una vez más en que del cristianismo se han hecho muchas lecturas a lo largo de su historia, desde sus mismos orígenes, y que la que llega hasta nosotros no parece que sea válida para los hombres de nuestro tiempo, a la mayoría de los cuales les parece un mensaje mortecino, desvirtuado y caduco, un mensaje apagado y pobre.
Mariposa
A mi criterio, la nueva relectura necesaria, audaz y exigente, postula que el pesado gusano que tenemos delante se metamorfosee en mariposa. Escribo esto el 19-04-19, día de Viernes Santo, y para no buscar más apoyos, digamos, de una vez por todas, que necesitamos que la Semana Santa permanente en que vivimos se transforme de una vez por todas en Domingo de Resurrección. Como cristiano convencido, no me gusta ni me identifico en absoluto con el sentido penitencial que impregna durante estos días y todo el año la vida de tantos creyentes. El dolor, mírese como se mire, es siempre un contravalor, vitando en todas sus manifestaciones. El cristianismo no puede ser una escuela en la que se lo estudie como valor sacrificial o se lo conciba como fuente de íntima comunión con el terrible martirio que padeció Jesús de Nazaret en la cruz.
Esplendorosa mariposa
No creo andar descaminado al presumir que los hombres de nuestro tiempo necesitan que la piedad de los cristianos vuele alto y desenvuelta, como una grácil y bella mariposa, capaz de extraer de cada creyente lo mejor de sí mismo. Hay razones fundadas para certificar tal necesidad, pues el cristianismo consiste en algo tan simple como llamar Abba a Dios, sencilla apelación que despliega la fuerza incontenible de una fraternidad universal. Ello nos lleva, por un lado, a pronunciar conmovidos la única oración que nos enseñó Jesús de Nazaret, el “Padrenuestro”, y, por otro, a vivir a fondo las exigencias de su único precepto: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”. De ahí que dondequiera que haya un hombre que, de verdad, llame padre a Dios y ame efectivamente a sus semejantes, allí habrá un cristiano, a resguardo de cualquiera otra exigencia institucional. Eso solo es lo determinante para que la fe cristiana irradie en todo tiempo y lugar la buena nueva evangélica.
Razones de un “no” expectante
Cuando en 1966 visité por primera vez el Vaticano, llevaba el alma en un puño y la mente predispuesta a la intensa emoción de encontrarme en el corazón de la Iglesia, de libar complacido sus esencias y de salir revestido con el atuendo necesario para llegar a ser un auténtico “pescador de hombres”. ¡Qué gran fiasco! Salí de allí tan alicaído que más parecía que me hubiera pasado por encima un tsunami. Esa amarga decepción de hace más de cincuenta años, tan en contraste con la sensibilidad de quienes salen de allí llorando de emoción, sigue todavía anclada a mis neuronas.
El Vaticano
Me escandaliza que el vicario de un proscrito crucificado tenga trato y mando de jefe de Estado y que esté rodeado de una nutrida tropa de cortesanos, pavos reales que nadan en el boato como peces en el agua y se comportan como orondos amantes de la buena vida. ¡Qué escándalos y cabreos padecí entonces viendo a muchos comerciar con sus ideales y sus escasos haberes pecuniarios para abrirse hueco en el Vaticano o ganarse escalafón en el Vaticano II!
¿Eran aquellos eclesiásticos los humildes operarios de la viña del Señor, trabajadores infatigables sin pensar siquiera en un salario? Decepción la mía, seguramente, de un joven soñador, entregado de lleno a un ideal. Pero, ¿por qué perdura sin alivio posible tan amarga decepción tanto tiempo después? Seguramente, porque sigo topándome con los mismos infranqueables muros, las mismas trincheras de corazones. ¿No incurren en flagrante contradicción quienes, acoplados al Vaticano como anillo al dedo, no tienen empacho en confesar, como decía el mismo Jesús, que “su reino no es de este mundo”? Reventaría si no dijera que, a mi parecer, el Dios Abba ni vive ni puede vivir en el Vaticano.
Sin duda, el gran elefante blanco al que grita su decepción una oscura hormiga ha recorrido ya un largo trecho para acercar la Iglesia al Evangelio en temas tan lustrosos como la sencillez de la oración dirigida al Abba y el sentido común de los comportamientos humanos.  Eso está muy bien y es muy importante, pero es preciso ahondar más y llegar más lejos. El caracol debe despojarse de su carcasa y de sus propios excrementos para convertirse en larva que eclosione en mariposa. Queda todavía mucha tela por cortar en la sastrería de alta confección de la Iglesia para confeccionar hoy el traje a medida que necesitamos todos los humanos, incluidos los ateos. Sigue habiendo demasiado poder endogámico y depredador en la Iglesia, al amparo de unas murallas que nunca debieron construirse entre ella y un mundo que debe ser iluminado y sazonado en todo tiempo por ella. No es el poder el que evangeliza como no son los hábitos los que hacen al monje; son los comportamientos fraternos los que hacen ambas cosas. La verdadera dignidad, inherente a nuestra condición, no se nutre ni de cargos ni de ornatos, sino de conducta fraternal.
¡Qué miedo! ¿Satanás?
Lo del “coco” era solo una mentira piadosa y divertida para torcer los caprichos cansinos de los niños. Extrapolar ese recurso a otros ámbitos de la conducta hace que la mentira lo sea en serio y embadurne de porquería todo el tejido humano. Teniendo al Dios Abba en la pantalla del Evangelio y en la retina de los ojos, ¿por qué, admirado elefante de la fe, nos sigues asustando con la presencia traicionera de un perverso y sagaz “Satanás”, ese siniestro personaje que, según dices, se nos cuela por las rendijas de nuestra conducta? Mi fe-confianza en el Dios Abba solo me permite ver ese bicho, por mucho que la Biblia recurra a él, como un personajillo de ficción, un muñeco de cartón piedra, del que abusan descaradamente los amantes del poder para infundir miedo a sus secuaces a fin tenerlos bien amarrados. Es solo una treta infantil, aunque sumamente eficaz para imponer pesados ordenamientos y encauzar caprichosamente las conductas.
Puestos analizar los porqués de tanta maldad como vemos y palpamos en todas partes, frente a ti, querido papa Francisco, solo tienes a hombres que claudican fácilmente ante el brillo del oropel y que se dejan seducir por el atractivo placentero de comportamientos depredadores inmundos. Hay gran diferencia entre proponerle a un hombre que no haga algo porque es una artimaña de Satán para arrastrarlo al infierno y hacerle ver que, de hacerlo, ensucia y deteriora la hermosura que Dios le regala. Por ejemplo, la recurrente pederastia de nuestros días, tan nauseabunda, no es más que la búsqueda compulsiva de un placer ponzoñoso que entenebrece la vida del depredador furtivo y destroza para siempre la vida de un inocente. ¿Qué pinta en un escenario tan mórbido un supuesto agente exterior de perversión que inocula el veneno de un placer putrefacto en el pederasta? Dejemos en paz y tranquilo, confinado para siempre en su propia nihilidad, el “coco” de nuestra infancia y tratemos de comportarnos con la dignidad que Dios nos ha dado para ser realmente los “niños buenos” que siempre debemos ser.
Sacerdocio y servicio
A estas alturas de nuestra historia y habida cuenta de la situación social en la que se impone, casi a la fuerza, la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ni siquiera se entiende que se mantengan leyes tan discriminatorias y obsoletas como la del celibato sacerdotal o costumbres tan arcaicas como negar el pan y la sal a las mujeres en una Iglesia tan necesitada de guías y pastores. De mirar menos a un supuesto Dios de las Alturas, entronizado en el Olimpo de los cielos, y más a los hombres, como hacía Jesús, su vicario o representante primero en la tierra tendría que enviarles de inmediato pastores que los confirmen en la fe y alimenten sus vidas. De habilitar jurídicamente a hombres casados y a mujeres predispuestas para su acción misional, consagradas o casadas, la Iglesia podría contar mañana mismo con muchos miles de mensajeros cualificados para realizar la inmensa obra de evangelización que la humanidad necesita.
El papa Francisco
Que nadie se ría de la presuntuosa hormiga que trata de infundir valor al elefante al decirle que no debe tener ningún miedo a la hora de dar los pasos necesarios para llevar a efecto su pesada misión de guía de todo el rebaño humano. Es lo que este atrevido plumilla se ha esforzado por hacer en este y en todos los artículos que lo preceden. Ante todo, y por encima de todo, están los seres humanos, ovejas sin pastor en el erial de mundo en que hoy vivimos. ¡Ojalá que el grito desgarrador de tan osada hormiga provoque algún eco!

MIRIAM DE MAGDALA: TESTIGO Y DISCÍPULA...


col bernabe


¿Cómo se ha conservado la memoria de María Magdalena?
-Los cuatro evangelios canónicos son muy parcos en datos. Son textos que no narran todo lo sucedido, sino lo que se considera necesario para la fe de las comunidades. Recogen tradiciones recibidas y las aplican a los nuevos momentos en que se escriben. Los escritos están redactados desde el punto de vista de los varones y, así, las mujeres resultan invisibles o solo aparecen en situaciones muy significativas e importantes. Por eso, lo que los evangelios cuentan sobre María la de Magdala es poco, pero muy importante.
¿Dónde hablan los evangelios de Magdalena?
-Magdalena aparece en los capítulos finales de los cuatro evangelios, en los relatos de la pasión, que son muy antiguos, y los de la resurrección. Aparte de eso solo se le cita en el capítulo 8, 3 del evangelio de Lucas, donde aparece, con los doce y otras mujeres, acompañando a Jesús que va caminando de pueblo en pueblo y anunciando la buena noticia.
¿Qué se dice de ella?
-Varias cosas fundamentales: que fue discípula ya desde el comienzo de la misión de Jesús en Galilea. Que fue testigo de su muerte y sepultura. Que fue receptora de una aparición del Resucitado y enviada a anunciar su nueva forma de vivir. Y que fue preeminente entre las mujeres discípulas.
Todo eso, ¿qué significados encierra?
-Las cosas que se dicen de los discípulos le afectan a ella. Hay dos verbos que resumen la actitud del discípulo: seguir a Jesús, y servir. Compartió con Jesús y los demás discípulos su carisma y todos los estigmas, los sambenitos que se atribuían al grupo contracultural de Jesús, entre ellos, ser borrachines y comer mucho. Por ser discípula desde el comienzo, vuelve los ojos hacia el principio de la pretensión de Jesús, revisa todo lo que escuchó y aprendió de él. Las mujeres, en aquella sociedad y tiempo, no podían testificar ante los tribunales, pero Magdalena fue testigo ante la comunidad de la muerte de Jesús y de la suerte que corrió su cuerpo bajado de la cruz. Ser receptora de una aparición del Resucitado le otorgaba autoridad. Así, María Magdalena tiene relevancia comunitaria y preeminencia en el grupo de mujeres, y aparece encabezando casi todas las listas en que se menciona a mujeres. Magdalena fue apóstol, enviada a anunciar que Jesús había vencido a la muerte y que había que continuar con su causa. Rábano Mauro, obispo del siglo IX llamó a Magdalena “apóstol de los apóstoles” porque ella recibió la primera aparición del Resucitado y fue enviada a anunciar la noticia a Pedro y los discípulos.
¿Dónde fue enterrado Jesús? ¿Por qué aparecen tanto Magdalena y las otras mujeres cerca de su tumba?
-Hay discusión entre varios exégetas sobre lo que pasó con el cadáver de Jesús. Crossan asegura que no fue enterrado; su cuerpo, de persona ajusticiada fuera de la ciudad, fue comido por los perros y sus huesos arrojados a una fosa común. Hay quien afirma, basándose en las referencias a Nicodemo y José de Arimatea, que el Sanedrín disponía de un sepulcro donde depositar cadáveres de ajusticiados para evitar la contaminación legal. Pero hay en los cuatro evangelios una tradición unánime, la de la visita temprana de las mujeres al lugar donde pusieron a Jesús. Es un relato que quiere plasmar de forma plástica la fe de las comunidades. La forma de ese relato deriva de la costumbre, antigua y actual, de hacer duelos y de que, sobre todos las mujeres, hablen con sus seres queridos difuntos. El Evangelio apócrifo de Pedro, del siglo II, comenta que “iban a hacer lo que las mujeres hacen”, es decir, llorar, recordar, hacer duelo y consolarse. El tema del duelo llegó a ser peligroso en la antigüedad y había leyes que lo regulaban. En ese clima del relato los ángeles convencen a las mujeres de que no hay que hacer duelo por Jesús. Ellas, en su actividad de duelo, hacen la experiencia de que Jesús no está muerto. Y asumen un papel fundamental: van a contarlo. Así se expresa la fe de la comunidad, la experiencia de que Jesús no estaba preso de la muerte.
¿Qué sucedió con la memoria sobre Magdalena después del Siglo II?
-Los evangelios apócrifos y otros escritos posteriores no dicen mucho acerca de personajes históricos. Más bien reflejan las actitudes y búsquedas de los distintos grupos que formaron el cristianismo primitivo. Suceden procesos de simbolización. Y, conforme avanza la presencia pública y la institucionalización de las comunidades, dentro de ellas se alude, y hasta se enfrenta, a la autoridad de Pedro y Magdalena en rivalidad, para resolver conflictos, a favor de hombres y mujeres.
¿Hay algunos textos más expresivos de todo eso?
-Pronto se discute la autoridad de la mujer para predicar y decir su palabra en las asambleas, usando términos de la filosofía, estoica, neoplatónica o gnóstica. En el temprano Evangelio de Felipe aparece, de modo simbólico, Jesús dando un beso en la boca a Magdalena, no con motivación erótica, sino como forma de comunicarle su espíritu y, con ello, autoridad para hablar y enseñar. En el siglo II, el llamado Evangelio de María recoge diálogos de discípulos, entre ellos Magdalena, con el Resucitado; María les transmite las palabras del Señor, pero Pedro pregunta: “¿Cómo ha podido decir el Señor a las mujeres lo que no nos ha dicho a nosotros?” y Magdalena llora, mientras Leví defiende su autoridad. Y en el mismo siglo II, en los Hechos de Pablo y Tecla, Tecla, fundada en la autoridad que ha recibido de Pablo, se bautiza y se enseña a sí misma. En el libro Pistis Sofía del siglo III, se hacen a Jesús unas 70 preguntas, la mayor parte de las veces por mujeres; hasta que un hombre dice: “Señor, diles a las mujeres que se callen, para que podamos hablar nosotros”, y Jesús defiende el derecho de la mujer a interpelar y enseñar. En el fondo de todos estos textos se puede ver la definición de los papeles de género en aquellos momentos formativos del cristianismo.
¿Cuándo empieza la sustitución de la figura de Magdalena por otras?
-Fue algo progresivo, a partir del siglo IV. Primero se sustituyó la figura de Magdalena por la de María de Nazaret. Y pronto se mezcló a todas las figuras femeninas del Nuevo Testamento, en un plural indiscriminado: todas se llamaban María. La poca creatividad respecto a los nombres femeninos no sucedió solo en el ámbito judío, donde María o Miriam era el nombre más común, sino también entre los romanos, que no discurrían mucho para poner nombres distintos de mujer, sino más bien apodos para distinguirlas.
¿Con que otras mujeres se ha confundido a María la de Magdala?
-Se identificó a María Magdalena con María de Betania, y luego a ésta con la mujer que ungió a Jesús con un perfume y de la que Lucas dice que era una pecadora. En el siglo VII, Gregorio Magno identificó Magdalena con la pecadora arrepentida de Lucas. La Leyenda Aurea de Jacobo de Vorágine, en el siglo XIII presenta a Magdalena llegando a Francia y poniéndose a predicar, pero muy pronto la sitúa retirada en una cueva para hacer penitencia. Eso dio mucho de sí en la predicación, y en las artes plásticas, durante siglos. Luego, mucha de la literatura reciente, sin ninguna base, ha hecho que la Magdalena pase de prostituta a ser la “Señora de”. No creo que sea un gran problema el que Jesús hubiera estado casado; hay argumentos a favor y en contra. Pero a los evangelios no les importa esa faceta, ni dicen nada de ello. Solo de pasada sabemos que Pedro estuvo casado.
¿Qué efectos tuvo la confusión de personajes?
-Se pervirtió y domesticó su memoria y con ello la legitimación que suponía para la igualdad y autoridad de la mujer en la iglesia. Pero hay que decir que las Iglesias Orientales jamás cambiaron la imagen original de Miriam de Magdala. En Occidente hubo que esperar al Concilio Vaticano II. En la fiesta de la Magdalena, que se celebra el 22 de julio, los textos bíblicos, antífonas y oraciones de la liturgia nos han devuelto esa imagen de discípula y testigo de Jesús, una mujer con autoridad en la iglesia.
El evangelio de Lucas dice que “acompañaban a Jesús mujeres curadas de malos espíritus y enfermedades”, entre ellas “María la llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios”. ¿Pudo el Maestro haber sanado o curado a Magdalena?
-Las que seguían a Jesús no fueron mujeres al uso. Lo que es seguro es que encontrarle a él transformó su vida, más si el origen de esa relación se debió a situaciones de dificultad. Pero la Antropología Cultural permite hoy explicar eso de “los demonios”. Estar poseída pudo ser una forma inconsciente de protestar contra situaciones de ahogo, injusticia o falta de libertad. Aquellas mujeres expresaban con gestos su sufrimiento, hasta tal punto que Celso, el historiador romano, les llama “histéricas”. Jesús y su movimiento les ofrecen otro horizonte de autocomprensión.
¿Dónde estaba y cómo era la ciudad de Magdala?
-Magdala era una ciudad a orillas del lago Genesaret, el mar de Galilea. Se han hecho en ella importantes hallazgos arqueológicos de época, asmonea y herodiana. Siempre se ha creído que Flavio Josefo exageró al decir que tenía 40.000 habitantes, pero hoy se piensa que no lo hacía. Fue una ciudad grande, un cruce de rutas comerciales y de cultura. Se han excavado calles y plazas, el puerto lacustre, baños y letrinas públicas y una sinagoga. En parte de ese lugar los Legionarios de Cristo ha construido una iglesia dedicada a la memoria de María Magdalena. Han levantado ocho columnas que llevan el nombre de mujeres del evangelio y una, sin nombre, está dedicada a todas las mujeres “que lo son de sus familias y que trasmiten la fe”. Pero estas columnas están en el atrio, fuera de la Iglesia. Dentro de ella, las columnas llevan el nombre de los doce apóstoles. La memoria de Magdalena que se recupera es la de la mujer cuidadora, sufridora, liberada de los demonios representados como la serpiente del Génesis, y se propone como modelo para la “joven mujer católica”, vista como sostén de su familia. Ha desaparecido la memoria de la discípula, testigo, receptora de una aparición del Resucitado y apóstol.
¿Hay que tener cuidado, pues, con la memoria histórica?
-Desde luego, recuperar la memoria no es algo inocente. ¿Qué memoria? ¿Con qué finalidad? La memoria de Magdalena se ha utilizado tanto para reivindicar la igualdad de la mujer en la Iglesia como para procurar su sometimiento. Yo conozco algo muy distinto en Cali, Colombia. El grupo María Magdalena de la Casa Cultural Tejiendo sororidades, un colectivo de mujeres que ayuda a otras mujeres a empoderarse y ganar autoridad. Hay que ver cómo manejan la Biblia.
¿Va a cambiar el papel de la mujer en la Iglesia?
-Si Francisco consigue cambiar algunas cosas, algo ayudará. Pero su antropología no me parece muy distinta de la de los papas anteriores. Me preocupa que siga hablando de “la complementariedad”. Lo que hace falta es que se nos permita ser adultas y participar en la toma de decisiones, porque ahora las mujeres no estamos representadas en la Iglesia. Karl Rahner, el reconocido teólogo, dijo: “No encuentro en las Escrituras ningún reparo para la ordenación de mujeres”. Eso es cultural y coyuntural. Pero, en la ordenación, el poder de consagrar conlleva el poder de gobernar y de decidir sobre la vida de las comunidades. Hay que ir más allá: la reforma de estructuras administrativas requiere también la reforma del ministerio presbiteral.

Carmen Bernabé Ubieta
(Entrevista de Javier Pagola / DEIA – BILBAO)

¿QUÉ IMAGEN NOS IDENTIFICA COMO CRISTIANOS?


col labrador
Juan (13,31-33a.34-35)
Vivimos en la época de la imagen. Nos preocupa e interesa la imagen que damos, la que tienen de nosotros y la que vemos en los demás. Hacemos fotos que difundimos por internet; se hacen virales ciertas imágenes en muy poco tiempo y ellas configuran las conversaciones, las ideas, los gustos y… ¡cuántas veces las opciones de muchos de nosotros!
Muchas veces, la señal de pertenencia a un grupo o el modo de participar en un evento es llevar la “misma” camiseta, pañuelo, distintivo… ¡Qué cómodos nos sentimos unidos de este modo a un grupo grande, amparados y arropados por otros, fácilmente reconocibles como “de los nuestros”!
En este contexto, y partiendo del evangelio de este domingo, podemos preguntarnos, ¿cuál es la imagen que damos los cristianos? ¿Qué imagen nos identifica? ¿Qué imagen difundimos?...
Los primeros cristianos tenían muy claro, en una época en que lo virtual no existía, que había una señal por la que se les reconocía. Su vida, desde que eran seguidores de Jesús, era tan distinta que no pasaba desapercibida. El evangelio de Juan pone en boca de Jesús: “La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros”
Jesús no está en esta cultura de la imagen, de lo externo, de lo que brilla superficialmente… Y nos habla del amor. Pero del amor con estilo propio: “Como yo os he amado”.
La señal de “los suyos” no es algo que se “pone encima”, no consiste en teñir todo de un determinado color, repetir unas determinadas fórmulas o practicar unas mismas costumbres incluso piadosas…
La señal de los cristianos es algo que sale de lo profundo de la persona y compromete toda la vida. Es, a la vez, un regalo y un mandato: lo hemos recibido como don, porque no podemos amar como Jesús, si el Espíritu no cambia nuestro corazón, y a la vez tenemos que vivirlo cada día como ardua tarea.
El signo distintivo de los cristianos no es cualquier amor, es amar como Jesús nos ama a cada uno de nosotros. Y para descubrir más plenamente cómo nos ama, rebobinamos y recordamos su vida y su muerte.
Leemos las primeras frases de este evangelio a la luz del amor que Jesús tiene a sus discípulos. Y las leemos en el contexto que nos marca el evangelio de hoy: en la última cena, cuando Jesús siente que son los últimos momentos que pasará con ellos, cuando Judas sale del cenáculo.
Juan afirma que Judas salió, y esta salida pone en marcha toda la trama de la traición. Judas ha estado mucho tiempo con Jesús, le ha escuchado, pero ahora se “escapa” se autoexcluye del grupo, de la comunidad de Jesús.
Es una decisión que, en un momento o en otro, todos tenemos que tomar. Porque cada uno de nosotros tenemos la posibilidad de “salir” del cenáculo o de quedarnos con Jesús y con la comunidad. ¿Nos animamos a poner nombres y a confesarnos a nosotros mismos las veces que “hemos salido” dejando a Jesús con los otros discípulos?
Pero si nos quedamos, si apostamos por permanecer en la comunidad de sus seguidores, tantas veces defectuosos y hasta difíciles, escucharemos y podremos comprender y compartir el camino del seguimiento.
Escucharemos a Jesús que, en los últimos momentos de su vida, nos dice lo realmente importante, como hacemos todos cuando vemos que la vida y el tiempo se nos acaban. Y nos lo dice en tono cariñoso, de confidencia, llamándonos “hijos míos”:
- Llega el momento del triunfo de Dios, aunque me veáis en la cruz, despreciado, abandonado, traicionado... Tenéis que ver a través de ello la gloria del Padre, la que yo comparto con Él.
- Y solo una encomienda, un deseo, un mandato: amaos y hacedlo de forma que este amor os defina, os distinga y caracterice. Amaos como yo os he amado.
Con la luz del Espíritu y la fuerza de la comunidad podremos celebrar el triunfo del resucitado, que pasa por la muerte en cruz; podremos empeñarnos en amar sin condiciones, a los que nos aman y a los que nos traicionan o abandonan, a los que son de los nuestros y a los que se consideran de otros grupos…
Si estamos dispuestos, si nos dejamos conquistar por este amor, lo intentaremos una y otra vez. Si confiamos en que la fuerza de este amor que se nos regala nos irá cambiando… ¡permanecemos con Jesús en el cenáculo! En ese espacio donde se come y bebe, se comparte la vida en profundidad y se escucha al amigo en comunidad. Y esto, nos identifica y llena nuestra vida.

Mª Guadalupe Labrador, fmmdp

La ocupación israelí es un sistema destinado a continuar el despojo de los palestinos


Amira Hass

Palestina4
Haaretz
Traducido del inglés para Rebelión por J. M.
Un recordatorio de que si bien hay diferentes actores que implementan la ocupación, su estrategia es una.
En esta columna pido a mis lectores, así como a mis editores, que recuerden que las acciones del ejército de Israel y sus armas civiles, la Administración Civil y las milicias de colonos, que se informan por separado y están aparentemente desconectadas, son parte de una continuidad sistemática.
Muy brevemente mencionaré las cuestiones sobre los que he informado recientemente y a las que volver
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Una lección de humanidad

Gabriel Mª Otalora
El Espíritu sopla donde quiere. Y muchas personas de las consideradas “no cristianas” suelen comportarse como verdaderos referentes para nosotros, los seguidores oficiales de Jesús de Nazaret. Y de ellos debemos aprender también a vivir el evangelio desde lo esencial. Me refiero, en esta ocasión, al bertsolari Jon Maia a propósito de su manifiesto A favor del futuro, a favor de Errenteria, que puede leerse en las redes sociales. Esta persona realiza un ejercicio de humanidad lleno de credibilidad y honestidad, digna del mejor aplauso y agradecimiento ante tantas dificultades para la convivencia.
No es fácil encontrarse con un texto así, directo y humilde en el sentido más noble e inteligente de la palabra. Mi objetivo es avivar esta reflexión para que sea leída completa ya que poco puedo añadir yo a un texto que además está muy bien escrito, como corresponde a uno de los más importantes representantes de la cultura vasca. Él se refiere a unos hechos concretos de su pueblo Errentería y de Altsasu pero esto es solo el telón de fondo de un manifiesto más personal con un hondo contenido humano en torno a la convivencia entre diferentes, algo que apela directamente al mensaje cristiano.
Desde el comienzo nos alerta del peligro de romper la frágil convencía alcanzada. Y se desnuda contando que en el campeonato de bertsolaris jóvenes de 1989 -años de plomo- rechazó a sus padres siendo hijo de extremeño y zamorana ante “la vergüenza que me daba hablar con mi aita y con mi ama en castellano ante el resto de compañeros habiendo ganado aquel campeonato en su pueblo, Errenteria. “Era tal el complejo que tenía de falta de pedigrí, que aquel día preferí renegar de ellos y rechazarles el saludo”. Y añade: “Eran tiempos en blanco y negro. Español malo, vasco bueno. Estereotipos y clichés. Tú ahí y yo aquí. No sabía gestionarlo. Es así como yo, en vez de sentirme orgulloso de ellos, yo, fruto de su esfuerzo de integración, llego a rechazar en Errenteria a mis padres” en aquél contexto.
Pone de manifiesto la enorme dificultad de los miles de personas que vinieron de tantos sitios -Andalucía, Extremadura, Castilla, Galicia- en muy poco tiempo y sin estrategia integradora alguna. Y lo plasma señalando la reacción desproporcionada de muchos de los aquí nacidos que rechazaban y se burlaban de aquellos que hablan mal el castellano mientras, añado yo, las autoridades perseguían el euskera de manera humillante y violenta. Y en ese contexto, Maia recuerda que no nos aceptamos los unos a los otros porque todos llegamos heridos, deformados, llenos de clichés y estereotipos.
Pero nuestro bertsolari no se queda ahí, sino que destaca con gran sensibilidad el apoyo que tuvo a sus charlas sobre la trayectoria de su familia, dentro de una línea de trabajo en diversos foros de convivencia con el aval de todos: “Los allí reunidos no eran solo grupos políticos, también movimientos sociales y asociaciones culturales; acudían al evento, desde el movimiento por la amnistía hasta asociaciones andaluzas y extremeñas. No sabía cómo valorar aquello. Había salido del armario. Pero nunca había tenido una audiencia así. Aún tengo amistades que inicié aquel día”.
Y precisamente en Errenteria pudo inaugurar la Feria de Abril como bertsolari invitado por la comunidad andaluza, o actuar con el Coro Rociero: “Ni yo ni ellos, nadie hemos tenido que renunciar a nuestras identidad para establecer estas relaciones, antaño imposibles. De hecho, Jon Maia ensalza expresamente la aportación de personas y cargos del PSE, PP, PNV, Podemos y la alcaldía de Bildu porque “Son sus gentes, más allá de las siglas, las grandes protagonistas de todo esto. Yo mismo, y no estoy exagerando ni un ápice, me considero mejor persona gracias a mis experiencias vividas en Errenteria. Y sí, hay que ser valiente, muy valiente -afirma Jon Maia- para ofrecer tu mano a aquel que está en el otro bando cuando tú mismo estás jodido y apenas antes ni le mirabas a la cara”.
Tenemos la oportunidad de leer esta experiencia inclusiva desde el desarraigo humano y cultural que produce la amalgama de tensiones que Maia recuerda sin ambages, para concebir nuestras relaciones de otra manera. Él lo define como un delicado andamiaje de sensibilidad, confianza, superación, inclusividad, integración, valores humanos, convivencia y visión de futuro, donde otros quisieran ver solo odio y fragmentación social.

Es posible un diálogo verdadero mucho más auténtico si no se disimulan las heridas. Gracias, Jon Maia, por compartir tu experiencia integradora de convivencia que recuerda una clave importante de la madurez: aceptar es sinónimo de afrontar y contrario de evitar. Tomemos nota para eliminar prejuicios y centrarnos en lo esencial.

El nivel de CO2 en la atmósfera es el más alto en tres millones de años

Redes Cristianas
contaminacion
Los resultados muestran además la fuerte sensibilidad del sistema terrestre a las variaciones relativamente pequeñas en el dióxido de carbono atmosférico
Otro dato impactante para los ya enciclopédicos registros sobre el cambio climático. Un estudio de simulación por computadora demostró que los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera, uno de los principales gases de efecto invernadero, se encuentran en un límite casi sin precedentes. De hecho, el registro actual, superior a 400 partes por millón, se alcanzó por última vez durante el período Plioceno.

“Nuestros resultados muestran que el nivel de CO2 no estuvo tan alto como lo está hoy durante, por lo menos, los últimos tres millones de años”, resumió el científico Matteo Willeit, del Potsdam Institute for Climate Impact Research alemán, uno de los coautores del documento que vuelve a poner al calentamiento global en las primeras planas.
“El estudio en sí nos llevó un par de años. Pero la fase de desarrollo del modelo para hacer posibles estas simulaciones insumió casi dos décadas de trabajo”, detalló.
El modelo se basó en datos astronómicos y geológicos sobre la física y química de la Tierra, tuvo en cuenta los ciclos orbitales y estableció diferentes escenarios sobre la evolución del clima en nuestro planeta, a partir de los datos de los sedimentos del fondo oceánico.
El especialista explicó que “una serie de estudios previos intentaron reconstruir las concentraciones de CO2 en la atmósfera usando diferentes métodos. Durante los últimos 800 mil años, el nivel de dióxido de carbono es bien conocido por las mediciones del núcleo de hielo en la Antártida. Pero para el período previo, las reconstrucciones eran de una calidad relativamente baja”.

http://noticiasambientales.com.ar/es/medio-ambiente/el-nivel-de-co2-en-la-atmosfera-es-el-mas-alto-en-tres-millones-de-anos

Ante las elecciones

Redes Cristianas
Fernando Bermúdez, miembro de las Comunidades Cristianas de Base de la Región de Murcia
Elecciones
El Papa Francisco llama a tener el oído puesto en Dios y los ojos puestos en el corazón del pueblo. En estos momentos en que se acercan las elecciones municipales, autonómicas y europeas es necesario retomar esta orientación de Francisco. Que cada quien se sitúe ante sí mismo con toda sinceridad frente a la realidad que nos rodea en nuestra Región, en España y en Europa.
Se trata de conocer, en primer lugar, el proyecto sociopolítico de cada partido y la trayectoria ética de los candidatos y no tanto centrarse en sus discursos “demagógicos”. Por lo tanto, habrá que votar por partidos y candidatos que tengan una trayectoria de transparencia, de defensa de los derechos humanos, de servicio al pueblo y de lucha contra la corrupción.

Ofrezco modestamente algunas orientaciones:
Que se analice el programa de gobierno de los partidos, sobre todo su proyecto socioeconómico en materia de salud pública, educación, vivienda, trabajo, salarios, pensiones de jubilados más pobres, dependencia, discapacitados…
Que priorice el bien común por encima de intereses macroeconómicos y de las grandes empresas privadas, tal como señala la Doctrina Social de la Iglesia.
Que manifieste una opción por lo más pobres y excluidos de manera que se superen las grandes desigualdades sociales existentes.
Que implemente una reforma fiscal seria y justa, de manera que paguen más los que más tienen y no carguen el peso de los impuestos sobre el pueblo llano.
Que busque equilibrio y armonía entre libertad y justicia social, no una por encima de la otra.
Que la defensa y promoción de los Derechos Humanos sea eje transversal en la acción de gobierno.
Que tenga presente el cuidado del medio ambiente y propuestas concretas de lucha contra el cambio climático a todos los niveles.
Que promueva la igualdad de género y mantenga una actitud de respeto y tolerancia hacia la diversidad.
Que favorezca la interculturalidad como un valor que nos enriquece a todos.
Que desarrolle la solidaridad con los pueblos del mundo que sufren hambre o son víctimas de las guerras. Y que se abra a la acogida humanitaria de inmigrantes y refugiados.
Que combata el racismo y la xenofobia y todo tipo de discriminación, que son hoy una fiebre maligna que destruye los valores éticos y morales en la sociedad. El odio no se vence con más odio, ni la violencia con más violencia. Sólo las manos que se entrelazan con otras manos, sólo los hombros que se ofrecen a los debilitados, sólo el amor incondicional nos permitirá construir la paz.
Que se relativice todo nacionalismo y que la dignidad u orgullo de ser de este país no opaque la conciencia de que antes somos ciudadanos del mundo, hermanos de todos los seres humanos, más allá de toda nacionalidad, lengua, cultura, religión…
Que mantenga una firme oposición a la carrera armamentista, porque no son las bocas de los fusiles y cañones las que hay que alimentar sino las bocas de los hambrientos. Y consecuentemente, que mantenga una inclaudicable oposición a las intervenciones militares y a la guerra.
Que opte por el diálogo como medio de resolución de conflictos locales, nacionales e internacionales, nunca la represión y la violencia.
Que mantenga fidelidad y coherencia con la Declaración Universal de Derechos Humanos y con la Constitución Española.

Este es el secreto que haría de nuestro país, de la Unión Europea y de nuestro mundo un espacio de convivencia y podría ayudar a adquirir un rostro humano, jovial, alegre, hospitalario, tolerante, tierno y fraterno.

El cardenal, limosnero del Papa, bajó a las alcantarillas para restablecer la electricidad en un edificio romano


Jesús Bastante /Agencias

Salvini, al limosnero: “Pague los 300.000 euros”. La respuesta de Krajewski: “Me hago responsable”
Al anochecer, el purpurado accedió a la sala de contadores, precintados por las autoridades, y reactivó la corriente eléctrica, asumiendo la responsabilidad ante la Policía y la compañía distribuidora, ACEA
En el edificio viven 450 personas, entre ellos un centenar de niños
“He cometido un gesto desesperado, pero la gente estaba sin luz, agua, nevera: 450 hermanos en una situación tan difícil, entre ellos, un centenar de niños. Yo asumo la responsabilidad, en nombre de la Santa Sede”. El limosnero del Papa, el cardenal Konrad Krajewski, explicaba así su decisión de volver a dar la luz en un edificio público ocupado de Roma, al que la empresa había quitado la electricidad por no pagar las facturas.
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martes, 14 de mayo de 2019

VIDA, AMOR, UNIDAD FORMAN UNA SOLA REALIDAD


col fraymarcos
Jn 13,31-35
El evangelio de hoy también está sacado de un discurso de Jesús en el evangelio de Jn; el último y más largo, después del lavatorio de los pies. Es un discurso que abarca cinco capítulos, y es una verdadera catequesis a la comunidad, que trata de resumir las más originales enseñanzas de Jesús. No se trata de un discurso de Jesús, sino de una cristología elaborada por aquella comunidad a través de muchos años de experiencia y convivencia cristianas. En el momento de la cena, los discípulos no hubieran entendido nada del discurso.
El mandamiento del amor sigue siendo tan nuevo que está aun sin estrenar. No se trata solo de algo muy importante; se trata de lo esencial. Sin amor, no hay cristiano. Nietzsche llegó a decir: "solo hubo un cristiano, y ese murió en la cruz"; precisamente porque nadie ha sido capaz de amar como él amó. Como decíamos el domingo pasado, solo el que hace suya la Vida de Dios será capaz de desplegarla en sus relaciones con los demás. La manifestación de esa Vida es el amor efectivo a todos los seres humanos.
La pregunta que debo hacerme hoy es: ¿Amo de verdad a los demás? ¿Es el amor mi distintivo como cristiano? No se trata de un amor teórico, sino del servicio concreto a todo aquel que me necesita. La última frase de la lectura de hoy se acerca más a la realidad si la formulamos al revés: La señal, por la que reconocerán que no sois discípulos míos, será que no os amáis los unos a los otros. Hemos insistido demasiado en lo accidental: en el cumplimiento de normas, en la creencia de verdades y en la celebración de unos ritos.
Seguimos presentando el amor como un precepto. Así enfocado, no puede funcionar. Amar es un acto de la voluntad, a quien solo mueve el bien. Esto es muy importante, porque si no descubro la razón de bien, la voluntad no puede ser motivada. Si me limito a cumplir un mandamiento, no tengo necesidad de descubrir la razón de bien en lo mandado, sino solo obedecer al que lo mandó. Aquí está el error. El que una cosa esté mandada, me tiene que llevar a descubrir por qué está mandada; me tiene que llevar a ver en ella la razón de bien. Si no doy este paso, será para mí una programación sin consecuencias.
Ahora es glorificado el Hijo de hombre y Dios es Glorificado en él. Jesús ha lavado los pies a los discípulos y su muerte está decidida. ¿Dónde está la gloria? Allí donde se manifiesta el amor. Ese amor manifestado, es a la vez, la gloria de Dios y la gloria de Jesús. En el griego profano, “doxa” significaba simplemente opinión, fama. El “kabod” hebreo que traducen por doxa los LXX, significaba, por una parte, la trascendencia y la santidad de Dios que el hombre debe reconocer. Juan mantiene el sentido de “gloria” de Dios, que también atribuye al Hijo. Jesús en todas sus obras, manifiesta la “doxa” de Dios.
Lo original de Juan es que esa gloria no se manifiesta en los actos espectaculares de poder, sino en los actos que expresan el Amor-Dios. La gloria de Dios es el Amor manifestado. No se trata de fama y honor. Tampoco se trata de majestad, esplendor o poder. La gloria de la que habla Jn no es algo externo; está en la misma esencia de la persona. Morir por los demás es la mayor gloria, porque es la mayor manifestación posible de amor. La gloria de Jesús no es consecuencia de su muerte, es la misma muerte por amor. Ni Dios ni Jesús después de morir, pueden recibir otra clase de gloria que amar como ellos aman.
Les llama “Hijitos” (teknia) diminutivo de (tekna). En castellano el cariño se expresa mejor con el posesivo “hijitos míos”. Esta expresión está justificada porque se trata de un momento íntimo y emocionante. Les anuncia su próxima muerte, por eso lo que sigue tiene carácter de testamento. Lo que Jesús pide a los suyos es un amor incondicional y a todos sin excepción. Todas las normas, todas las leyes tienen que orientarse a ese fin.
Igual que yo os he amado. El “igual que yo” no es solo comparativo, sino originante. Debéis amaros porque yo os he amado, y tanto como yo os he amado. El Amor-Dios no se puede ver, pero se manifiesta en las obras. Es la señal de identidad del cristiano. Es el mandamiento nuevo, opuesto al antiguo, la Ley. Queda establecida la diferencia entre las dos Alianzas. La antigua basada en una relación jurídica de toma y da acá. En la nueva, lo único que importa es la actitud de servicio a los demás. No se trata de una ley, sino de una respuesta personal a lo que Dios es en nosotros. “Un amor que responde a su amor”.
Jesús no propone como primer mandamiento el amar a Dios, ni el amor a él mismo. Dios es don total y no pide nada a cambio. Ni él necesita nada de nosotros, ni nosotros le podemos dar nada. Dios es puro don. Se trata de descubrir en nosotros ese don incondicional de Dios, que a través nuestro debe llegar a todos. El amor a Dios sin entrega a los demás es pura farsa. El amor a los demás por Dios y no por ellos mismos, es una trampa que manifiesta egoísmo. El amar para que Dios me lo pague no es más que una programación calculada. La exigencia de Jesús no es con relación a Dios, sino al hombre.
Jesús se presenta como “el Hijo de Hombre” (modelo de ser humano). Es la cumbre de las posibilidades humanas. Amar es la única manera de ser plenamente hombre. Él ha desarrollado hasta el límite la capacidad de amar, hasta amar como Dios ama. Jesús no propone un principio teórico, y después dice que vamos a cumplirlo todos. Jesús comienza por vivir el amor y después dice: ¡imitadme! El que le dé su adhesión quedará capacitado para ser hijo, para actuar como el Padre, para amar como Dios ama.
En esto conocerán que sois discípulos míos. El amor que pide Jesús tiene que manifestarse en todos y cada uno de los aspectos de la existencia. La nueva comunidad no se caracterizará por doctrinas, ritos, o normas. El distintivo será el amor manifestado. La base y fundamento de la nueva comunidad será la vivencia, no la programación. Jesús no funda un club cuyos miembros tienen que ajustarse a unos estatutos, sino una comunidad que experimenta a Dios como Padre y cada miembro lo imita, haciéndose hijo y hermano.
Que os améis unos a otros”, se ha entendido a veces como un amor a los nuestros. Algunas formulaciones del NT, pueden dar pie a esta interpretación. No, desde cada comunidad cristiana, el amor tiene que llegar a todos. No se trata de amar a los que son amables (dignos de ser amados), sino de estar al servicio de todos como si fueran yo mismo. Si dejo de amar a una sola persona, mi amor evangélico es cero. No se trata de un amor humano más. Se trata de entrar en la dinámica del amor-Dios. Esto es imposible si primero no experimentamos ese AMOR. ¡Ojo! esta verdad es demoledora.
Después de todo lo comentado en esta pascua, podemos hacer un resumen. La Vida, que se manifestó en Jesús, es el mismo Dios-Vida que se le había entregado absolutamente. Ese Dios-Vida, que también se da a cada uno de nosotros, nos lleva a la unidad con Él, con Jesús y con todos los hombres. Esa identificación absoluta, que se puede vivir, pero que no se puede ver, se manifiesta en la entrega y la preocupación por los demás, es decir, en el amor. El amor evangélico, no es más que la manifestación de la unidad vivida.

Meditación
Amor es la única respuesta posible al Amor, que es Dios.
Como ser humano, Jesús experimentó ese AMOR.
Toda su vida es consecuencia y manifestación de esta vivencia personal.
También para nosotros es ese el único camino.
Sin esa experiencia de que Dios es AMOR en mí,
el mensaje evangélico se quedará fuera de mi propio ser.


JESÚS Y DIOS. JESÚS, NOSOTROS Y LOS OTROS


col sicre
Domingo 5º de Pascua. Ciclo C
El domingo pasado leímos que las ovejas seguían al pastor. Hoy el pastor abandona temporalmente a su rebaño, dejándole un encargo de última hora. Las dos primeras lecturas hablan de las persecuciones presentes y de la gloria futura.
Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 31-33a. 34-35
El evangelio de hoy, tomado del discurso de Jesús durante la última cena, aborda brevemente dos temas: Jesús y Dios; Jesús, nosotros y los otros. En realidad, el texto del cuarto evangelio incluye entre estos dos temas un tercero: Jesús y los discípulos. Los responsables de la selección no desaprovecharon la ocasión de suprimirlo, a pesar de su importancia.
Jesús y Dios. (Puede extrañar que no escriba “Jesús y el Padre”, pero en esta primera parte Jesús usa tres veces la palabra “Dios” y ninguna “Padre”.) Estamos en la noche del Jueves Santo. Judas acaba de salir del cenáculo para traicionar a Jesús y este pronuncia unas palabras desconcertantes. “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.”
¿Qué quiere decir Jesús? La primera dificultad está en que usa cinco veces el verbo “glorificar”, que nosotros no usamos nunca, aunque sepamos lo que significa. Nadie le dice a otro: “yo te glorifico”, o “Pedro glorificó a su mujer”. Sólo en la misa recitamos el Gloria, y ahí el verbo va unido a otros más usados: “te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos”. Pero, en el fondo, después de leer la frase diez o doce veces, queda más o menos claro lo que Jesús quiere decir: ha ocurrido algo que ha redundado en su gloria y, consiguientemente, en gloria de Dios; y Dios, en recompensa, glorificará también a Jesús.
¿Qué es eso que ha ocurrido ahora y que redunda en gloria de Jesús? Que Judas ha salido del cenáculo para ir a traicionarlo. Parece absurdo decir esto. Pero recuerda lo que dice la primera lectura: “hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios”. A través de la pasión y la muerte es como Jesús dará gloria a Dios, y Dios a su vez lo glorificará.
San Ignacio de Loyola, en los Ejercicios Espirituales, anima al ejercitante, en momentos como este, a pedir la gracia de “alegrarse y gozarse de tanta alegría y gozo de Cristo nuestro Señor”. Algo fundamental, pero que podemos pasar por alto.
Jesús, nosotros y los otros. Esta parte es muy conocida, fácil de entender y muy difícil de practicar. El amor al prójimo como a uno mismo es algo que está ya mandado en el libro del Levítico. La novedad consiste en amar “como yo os he amado”. La idea de que Jesús amaba solo a uno de los discípulos (“el discípulo amado”) no es exacta. Amaba a todos, y si a ellos les hubieran preguntado en aquel momento cómo les había amado Jesús dirían que eligiéndolos y soportándolos. Es mucho, pero hay una forma más grande de demostrar el amor: dando la vida por la persona a la que se quiere, como el buen pastor que da la vida por sus ovejas.
Cabe el peligro de concluir: “Si Jesús nos ha amado tanto, también nosotros debemos amarlo a él”. Sin embargo, el mandamiento nuevo no habla de amar a Jesús, sino de amarnos unos a otros. Esto supone un cambio importante con respecto al libro del Deuteronomio, donde el mandamiento principal es “amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Jesús, de forma casi polémica, omite la referencia a Dios y habla del amor al prójimo. Y lo mismo que a los israelitas se los reconocía por creer en un solo Dios dentro de un ambiente politeísta, a los cristianos se nos debe reconocer por amarnos unos a otros.
Sin embargo, cuando se conoce la historia de la Iglesia, queda claro que los cristianos nos distinguimos, más que por el amor mutuo, por la capacidad de pelearnos, no solo entre diversas confesiones, sino dentro de la misma. Curiosamente, la situación ha mejorado mucho entre las distintas confesiones, mientras los conflictos abundan dentro de la misma iglesia. Lo cual es comprensible. Es más fácil pelearse con el hermano que vive contigo que con el que ha formado su propia familia y está más lejos.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 21b-27
Contiene el final del primer viaje apostólico de Pablo y Bernabé, indicando la conducta que siguieron los apóstoles. En todas las comunidades hacen lo mismo durante la vuelta:
1) Confortar y exhortar a perseverar en la fe. “Confortar” es un verbo exclusivo del libro de los Hechos (14,22; 15,41; 18,23) y siempre tiene por objeto a los discípulos o a las comunidades (no a individuos). ¿Cómo se conforta y exhorta? Advirtiéndoles de la realidad: “hay que pasar mucho para entrar en el Reino de Dios”. Igual que Pablo y Bernabé han tenido que sufrir para anunciar el evangelio; igual que Esteban fue apedreado hasta la muerte (11,19). Las persecuciones y tribulaciones forman parte esencial de la vida cristiana.
2) Designar responsables. La palabra presbíteros etimológicamente designa al “anciano”; en la práctica se aplica a los responsables de la comunidad y terminará adquiriendo un matiz muy concreto: sacerdote. Pero no es eso lo que designan los apóstoles, sino simples encargados de dirigir la comunidad, las asambleas litúrgicas, etc.
3) Celebrar liturgias de oración y ayuno, en las que encomiendan a la comunidad al Señor.
Finalmente, cuando llegan a Antioquía de Siria, pueden dar la gran noticia: Dios ha abierto a los paganos la puerta de la fe. Ha comenzado una etapa nueva en la historia de la iglesia y de la humanidad.
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a
Si la primera lectura se fija sobre todo en las tribulaciones por las que hay que pasar para entrar en el reino de Dios, la del Apocalipsis habla de ese reino de Dios, del mundo futuro maravilloso. No es literatura de ficción, aunque lo parezca. Los cristianos del siglo I estaban sufriendo numerosas persecuciones, y la certeza de un mundo distinto era el mayor consuelo que podían recibir.
Aunque el lenguaje es muy distinto, la idea de fondo es la misma en Apocalipsis y Hechos: ahora la comunidad padece grandes tribulaciones (Hch), hay lágrimas, muerte, luto, llanto, dolor (Ap); pero todo esto llevará al reino de Dios (Hch) y a un mundo maravilloso (Ap).

DON Y REVELACIÓN


comentario editorial
Los árboles son santuarios. El que sabe hablarles, el que sabe escucharles, descubrirá la verdad  (Hermann Hesse)
19 de mayo. DOMINGO V DE PASCUA
Jn 13, 31-33ª 34-35
En eso conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros (v35)
Mark Twain, escritor y orador estadounidense escribió obras tan interesantes como El príncipe y el mendigo y Diarios de Adán y Eva. En este último he leído la esta frase de Adán mientras, paseando por el Paraíso Terrenal, contemplaba con admiración las cataratas del Niágara: “Entonces tuve de pronto una brillante idea, a la que di rienda suelta diciendo: “Pero cuánto más maravilloso sería verla precipitarse hacia arriba”.
Personalmente, estas palabras tan imaginativas han despertado en mi mente la quizás igualmente descabellada idea de que este mandamiento nuevo de Jesús a sus discípulos, el amor de donación, debería llevarnos a poner también patas arriba el pensamiento rutinario de la visión vulgar de unas cataratas cayendo ritualmente hacia abajo.  
Ya San Pablo señalaba tales dificultades cuando decía en 1 Corintios 12:“Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu…, a los demás, discernimiento de espíritus...”.
Todas estas formas de actuar nos llevarían un tejido social de notas y personas perfectamente polifónico, que aquellas ideas doloridas se transformaran en motores ayudaran a despegar en un velo ascendente hasta que el sol de la evidencia nos ayudara en el discernimiento paulino
Como nos gustaría también que todas estas cosas sucedieran cuanto antes o si necesario fuera que los cristianos asistieran a tal alumbramiento, y estuvieran ausentes, solicitaríamos el milagro que pidió Ana Comnena, esposa de emperador Alejo I, puesto que su marido estaba lejos en el campo de batalla y deseaba que asistiera al parto. Cuando su madre Irene Ducas estaba a punto de traerla al mundo, y para dar tiempo a que llegara el padre, hizo la señal de la cruz sobre su vientre, pidiéndole su hija que esperase a nacer hasta que Alejo regresara. Se presentó a los dos días del ruego de la madre.
Yo haré también mi ritual signum crucis, y espero se repita pronto otra vez dicho misterioso milagro.
Hermann Hesse dice que Los árboles son santuarios. El que sabe hablarles, el que sabe escucharles, descubrirá la verdad. ¿Sabremos nosotros interpretar correctamente sus cuitas interminables cuando nos paseamos perezosamente por los bosques de nuestra interioridad humana?
suenos tierra
Soñar nuestras ideas es siempre sorprendente y la Naturaleza nos lo ofrece perennemente gratis, como apunta Aristóteles. 
“La Naturaleza es un espectáculo que se desarrolla ante el hombre”, decía el filósofo ateniense.

LOS SUEÑOS DE LA TIERRA
Los sueños de la Tierra son dorados 
circunvalando al sol en rotar
inmenso, Inmenso y repetido caminar
siguiendo los senderos señalados.

No importan si de tierra o asfaltados,
pues tus alas te llevan al altar
de los cielos en perenne rodar,
sobre ligeros vientos ya soñados.

Misterioso soñar y loco anhelo 
de una optimista realidad
que vuela sin cesar y sin recelo.

Y más allá de ti, tu libertad
Recorre sin parar picos y celos
hasta lograr tu más bella bondad.