FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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sábado, 26 de diciembre de 2015

¿El sentido laicista del pueblo español? Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

La Conferencia Episcopal Española, CEE, ha dilucidado que el pueblo español tiene una tendencia al laicismo, y que, además, esta tendencia es “beligerante”. No hace falta recodar que “laos”, en griego, significa “pueblo”. Y como el Concilio Vaticano II definió a la Iglesia como “Pueblo de Dios”, tendremos que convenir que, en principio, y ayudado por el régimen democrático que vivimos, el pueblo español quiera destacar sus condición de Pueblo soberano, con tendencias, por lo tanto, laicistas. Pero lo que hay que dilucidar es si esta tendencia, legítima, y secular ya en otros pueblos, como el francés, el del Reino unido, o de Estados Unidos, o Alemania, , etc., es algo que se oponga inherentemente al Evangelio de Jesús. Porque a la Iglesia, tal como la tenemos organizada todavía, parece que sí.

Conviene recordar alguna circunstancia histórica para ponderar la conveniencia del documento de la CEE, en el que se recrimina el “laicismo”, encima, beligerante, de la sociedad española. Los fieles de la Iglesia primitiva, de los tres primeros siglos, fueron considerados ateos, tanto por los romanos, como por los judíos, por no ofrecer los signos visibles de la religiosidad, delos que caracteriza a las religiones clásicas, como son el espacio sagrado, el tiempo sagrado y el cuerpo clerical. Hoy los hubiéramos llamado, con certeza, laicistas, por no cargar, de manera visible, la pesada carga de lo que es, en verdad, no la esencia, sino la corteza y la piel de la experiencia de una fe Revelada. El propio culto, escondido a los ojos de los paganos, es especialmente significativo para los propios fieles, pero no para los que no conocen ni su sentido, ni su transcendencia.
De hecho, los primeros cristianos no se dieron a conocer con manifestaciones multitudinarias en las calles, sino por el ejemplo eximio de su propia vida, hasta conseguir que los paganos, impresionados, se dijeran, nos a otros, “Mirad cómo se aman”. Se equivocan los que acusan a los “laicistas” de querer que la actividad de la Iglesia sea privada, casi clandestina, y tan solo se ejerza en las sacristías, con una expresión que se suele usar. Yo dudo de que los que la usan sepan mu y bien qué es lo que están diciendo. Y este desconocimiento, o despiste, bien de una confusión grave, y especialmente perniciosa para el entendimiento de lo que es la verdadera Iglesia, y que ésta no consiste en el conjunto de cuadros jerárquicos de mando, sino, en palabras, y con la enseñanza del Vaticano II, el Pueblo de Dios. Éste no puede ser invisible, si ha oído bien las palabras del Maestro, y las quiere cumplir: “No se enciende la luz para colocarla debajo de la cama, ni en el celemín, sino para que alumbre a todos los que están en la casa”. No son las estructuras eclesiales las que han de ser , necesariamente, visibles y públicas, sino el comportamiento, y la vida normal, de los creyentes, en casa, en la calle, en el trabajo, en el ocio, en la escalera, en cualquier lugar y situación, los que serán vistos por los hombres, y quedarán admirados y evangelizados con la Buena Noticia del Amor, del Perdón, de la Fraternidad, y de todos los valores del Reino de Dios. Eso fue lo que sucedió en los primeros siglos, y nunca se les ocurrió a los jerarcas de ese tiempo acusar a los conciudadanos no creyentes de tendencias al laicismo, o de beligerancia contra la Iglesia. Y ojo, en esa época miles y miles de cristianos acabaron en el anfiteatro, en la cruz, o en la hoguera.
En la presentación del documento que comento, titulado “Iglesia en misión al servicio de nuestro Pueblo”, y que no es otra cosa que “El plan de pastoral de la CEE de 2016-2019″ se notan, nítidamente, dos modos muy diferentes, casi contrapuestos, de ver la sociedad española. Veamos dos textos. El primero es del obispo de Almería, González Montes: “estaríamos ciegos para no ver el subjetivismo y el relativismo, para no ver que el consenso se ha convertido, siendo instrumento positivo para lograr un marco de convivencia, en criterio de moralidad”. Siempre con el miedo al relativismo de los principios morales. Pero el nuevo arzobispo de Barcelona, monseñor Omella, trasmite mejor la alegría del Evangelio: “Esto es una oportunidad para mejorar. Eso es el plan pastoral: tenemos que corregirnos, pero con una gran esperanza. Una mirada compasiva, con ternura, a este mundo, que puede dar una respuesta mucho mejor, pero que tenemos que ayudarla. Todos tenemos que pasar por el hospital, también los obispos. Nosotros somos los primeros”.
Os invito a comparar los dos textos y sacar las consecuencias. Todavía hay prelados, parece, a los que no les gusta la desclericalización que buscó el Concilio Vaticano II, que estaba consiguiendo en los primeros momentos, y que dos pontificados, y los obispos que en ellos se promovieron, la paralizaron.

Las obsesiones del obispo de San Sebastián Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara


MunillaMunilla tiene obsesión con la “ideología de género”. No es buena ninguna obsesión, y hay muchas ideologías que sí son buenas. Lo malo es enfrentarse a ideologías que uno no puede, y ni siquiera es seguro que sea bueno, anular. Esta sí que se está convirtiendo en una ideología nociva, pero de acción urgente, en muchos obispos: la ideología del poder absoluto. Quiero decir, que actúan como si todas las personas, en todos los ambientes, en todos los temas, en todas las circunstancias, se viesen obligadas a tener en cuenta los criterios episcopales. Ésta puede llamarse “ideología del poder magisterial”, basada en exégesis para nada serias, y mucho menos técnicamente rigurosas. Ni rigurosas, ni siquiera aproximadas, tipo “el que a vosotros escucha, a mí me escucha”, y otras así. O “lo que atéis vosotros en la tierra quedará atado en el cielo”, y otras frases y pensamientos parecidos. En el mismo número, de hoy mismo, de Religión Digital (RD), en el que he leído las declaraciones del obispo de San Sebastián sobre la Ideología de Género, se puede leer una magnífica entrevista a Javier Alegre, o.s.b., abad de Monserrat recién dimitido, al cumplir los 75 años, en que decía, textualmente, “Servicio y Poder no se mezclan bien.” Es decir, o una cosa, u otra. Las dos a la vez, señor Munilla, no.

Es difícil, muy difícil, convencer a los obispos, de que estas ideas que voy desgranando, no van, ni en contra de la Doctrina de la Iglesia, ni, menos todavía, son contrarias al Evangelio. El poder magisterial de un obispo sólo llega, cuando enseña a título individual, a sus fieles. Recuerdo cómo en un curso de Filosofía que estaba haciendo en una universidad eclesiástica de Brasil, un obispo de otra diócesis de la que estábamos, que era, exactamente, Sâo Joâo del Rey, (he aquí una curiosa reminiscencia de cuando Brasil perteneció a España, porque ese “del Rey”, que ha quedado así para siempre, en portugués sería “do Rei”), en una conferencia que estaba dando, comenzó a exponer sus ideas, discutibles, sobre algún tema, con un aire ¿cómo puedo llamarlo?, pues eso, magisterial. Entonces, un joven cura holandés, pidió la palabra, y le dijo, (lo más exacto sería decir “le espetó”): “Señor obispo, Vd. no está en su diócesis, ni nosotros somos sus diocesanos. Así que le pido que exponga su opinión, pero no con ese estilo magisterial, como si fuera de obligada aceptación”. (Sic). Tengo la impresión de que muchos de nuestros obispos se extrañarían de una intervención de ese estilo. Reconozco que tuve muchas ganas de pedir la palabra en una conferencia de un cardenal en el círculo “Siglo XXI”, y no me atreví. Pero merecía un corte, educado, pero contundente, en su dura y pretenciosa plática.
EL obispo Munilla suele intervenir con frecuencia en la radio “Ave María”. Pues hay que recordarle, a él y a otros clérigos que actúan en la radio, que pueden exponer su opinión, e intentar convencer, que eso siempre es bueno, y se supone que la gente adulta sabe defenderse de los intentos de adoctrinamiento. Pero ni el tono puede ser dogmático, ni las aseveraciones tan apodícticas, que den la impresión, como muchas veces le sucede al obispo donostiarra, que en la Iglesia haya pensamiento único.
Sobre la “ideología de género”, como en otros temas de moral, mi opinión, que ya he expuesto en este blog, es que el Magisterio de la Iglesia, directamente, no tiene habilitación para exponer su doctrina “urbi et orbi” como de obligado cumplimiento, ni, mucho menos, de imponerla. Lo primero que hay que afirmar de la discusión sobre la prevalencia de la Naturaleza sobre la cultura es que se trata de un polémica falsa, incompleta, y desviada. Porque parece suponer que la inteligencia humana, que es la causante del proceso cultural, también forma parte de la naturaleza creada por Dios. Esta es una premisa que los creyentes no podemos dejarnos arrebatar. Así que los productos culturales, si son auténticos, pueden serlo tanto como los “naturales”, a nos ser que digamos que un amontonamiento natural de piedras es, “ipso facto”, mejor y más bello que una catedral, o que la “Pasión según San Mateo de Bach”, o que viajar en avión es antinatural, porque según el principio de la gravitación universal de Newton, un objeto tan pesado debía, naturalmente, ser atraído por la tierra, y estrellarse contra el suelo. Que la “ideología de género” sea un producto “cultural” es una de las mejores cosas que podríamos afirmar de ella. El quid de la cuestión es si es cultural, realmente como producto auténtico, no sólo como contraposición a lo natural, o si podría tratarse de una excrecencia. Porque no todo lo cultural, por serlo. es auténtico. Como no lo es, por poner un ejemplo, la confusión entre hipocresía social, y buenos modos. (O, se me ocurre, como no dejan de ser unos adefesios, las mitras y otros capisayos, por el hecho de ser productos culturales).

Otras felicitaciones episcopales

 

cejudoRicardo Blazquez
Ni la bendición papal de las doce, con su exhibición  amistosa de las tropas del Vaticano y de Italia (¡Hace 145 años que se enfrentaron por última vez en Porta Pia!), ni los villancicos por doquier me han quitado este año el mal sabor que me dejaron dos noticias de obispos españoles que nos escandalizaron ayer. ¡Vaya oportunidad una felicitación navideña para arremeter contra ciencia tachándola de brujería: aquelarre químico según el obispo de Córdoba, es la fecundación in vitro! No encuentro nada más realista para un día de esperanza como hoy que la rápida reacción del amigo Juan a otras declaraciones de Blázquez. AD.
El presidente de la Conferencia episcopal se mete en política (de derechas, claro). Aconseja al PSOE que se abstenga para facilitar la investidura de Rajoy. Es decir, quiere influir para que sea Rajoy el presidente.
Me parece muy poco elegante, muy poco propio de un pastor, que además es presidente de la Conferencia episcopal, meterse en el fango de la política de esa manera tan descarada.
¿Cómo lo van a tomar aquellos partidos que de ninguna manera quieren que Rajoy sea el presidente?
¿Es ésa la postura que debe tener la Iglesia? Se echan de menos los tiempos del cardenal Tarancón, que mantuvo en tiempos difíciles la neutralidad de la Iglesia en temas políticos y partidarios.
¿No hubiera sido mejor no pronunciarse y dejar que sean los mismos partidos los que busquen la mejor solución para España?
Parece que la Iglesia mueve sus fichas para seguir queriendo mantener unos privilegios que con otros partidos en el gobierno se les acabarían. Temas como el concordato, la financiación de la Iglesia, las clases de religión y otras muchas podrían peligrar si el PP no gobierna. Por éso quieren que siga gobernando el P.P.
Por éso no le importa enfangarse en los temas partidarios y proponer la solución que a ellos más les interesa.
No me gusta para nada esa postura. Me suena mucho mejor aquella frase de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a  Dios lo que es de Dios”.
La Iglesia debe preocuparse de otros asuntos mucho más importantes: denunciar la corrupción, denunciar a los grandes capitales y al poder financiero que provoca un sistema injusto y desigual, donde aumentan las diferencias entre ricos y pobres, donde la lacra del paro no desaparece, ni la infravivienda ni los desahucios. Donde persisten los recortes en temas educacionales, sanitarios y en atención social…
De todo ésto sí que debería preocuparse nuestro presidente de los obispos y no de facilitar la investidura de un determinado partido político, aunque haya ganado las elecciones. Son los mismos partidos los que deben trabajar por encontrar una solución.
Pero no es ésa la tarea de la Iglesia que debe  ser neutral en política partidaria y sí acogedora y cercana con todos, sean del color político que sean.

•Domingo 27 de diciembre, Sagrada Familia – C (Lucas 2,41-52): ¿Qué familia? José Antonio Pagola

¿QUÉ FAMILIA?

Hoy es el Día de la familia cristiana. Una fiesta establecida recientemente para que los cristianos celebremos y ahondemos en lo que puede ser un proyecto familiar entendido y vivido desde el espíritu de Jesús.
No basta defender de manera abstracta el valor de la familia. Tampoco es suficiente imaginar la vida familiar según el modelo de la familia de Nazaret, idealizada desde nuestra concepción de la familia tradicional. Seguir a Jesús puede exigir a veces cuestionar y transformar esquemas y costumbres muy arraigados en nosotros.
La familia no es para Jesús algo absoluto e intocable. Más aún. Lo decisivo no es la familia de sangre, sino esa gran familia que hemos de ir construyendo los humanos escuchando el deseo del único Padre de todos. Incluso sus padres lo tendrán que aprender, no sin problemas y conflictos.
Según el relato de Lucas, los padres de Jesús lo buscan acongojados, al descubrir que los ha abandonado sin preocuparse de ellos. ¿Cómo puede actuar así? Su madre se lo reprocha en cuanto lo encuentra: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Jesús los sorprende con una respuesta inesperada: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?».
Sus padres «no le comprendieron». Solo ahondando en sus palabras y en su comportamiento de cara a su familia, descubrirán progresivamente que, para Jesús, lo primero es la familia humana: una sociedad más fraterna, justa y solidaria, tal como la quiere Dios.
No podemos celebrar responsablemente la fiesta de hoy sin escuchar el reto de nuestra fe.
  • ¿Cómo son nuestras familias? ¿Viven comprometidas en una sociedad mejor y más humana, o encerradas exclusivamente en sus propios intereses? ¿Educan para la solidaridad, la búsqueda de paz, la sensibilidad hacia los necesitados, la compasión, o enseñan a vivir para el bienestar insaciable, el máximo lucro y el olvido de los demás?
  • ¿Qué está sucediendo en nuestros hogares? ¿Se cuida la fe, se recuerda a Jesucristo, se aprende a rezar, o solo se transmite indiferencia, incredulidad y vacío de Dios? ¿Se educa para vivir desde una conciencia moral responsable, sana, coherente con la fe cristiana, o se favorece un estilo de vida superficial, sin metas ni ideales, sin criterios ni sentido último?

Domingo 27 de diciembre de 2015: Sagrada Familia

 


Sagrada Familia2Juan, apóstol y evangelista (s. I)
Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todos estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones. ··· Ver noticia ···

Navidad: cada vez que nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano Leonardo Boff



Navidad3Estamos en época de Navidad, pero el aura no es de Navidad, sino más bien de Viernes Santo. Tantas son las crisis, los ataques terroristas, las guerras que las potencias belicosas y militaristas (EE.UU., Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania) conducen juntas contra el estado islámico, destruyendo prácticamente Siria, con una muerte espantosa de civiles y niños, como la misma prensa ha mostrado, la atmósfera contaminada de rencores y espíritu de venganza en la política brasileña, por no hablar de los niveles astronómicos de corrupción: todo esto apaga las luces de Navidad y ensombrece los pinos que deberían crear el ambiente de alegría y de inocencia infantil que todavía existe en toda persona humana.

Quién pueda ver la película Niños Invisibles, en siete escenas diferentes, dirigidas por directores de renombre como Spike Lee, Katia Lund, John Woo, entre otros, puede darse cuenta de las vidas destruidas de los niños en muchas partes del mundo, condenados a vivir de la basura y en la basura; y sin embargo, hay escenas conmovedoras de camaradería, de pequeñas alegrías en los ojos tristes, y de solidaridad entre ellos.
Y pensar que son millones en el mundo de hoy y que el propio niño Jesús, según las Escrituras, nació en un pesebre para animales, porque no había lugar para María, cercana al parto, en ninguna posada en Belén. Él se mezcló con el destino de todos estos niños maltratados por nuestra falta de sensibilidad.
Más tarde, ese mismo Jesús ya adulto dirá: “quien recibe a estos hermanos míos más pequeños, a mí me recibe”. La Navidad tiene lugar cuando se da esta acogida, como la que el Padre Lancelotti organiza en São Paulo para cientos de niños de la calle bajo un viaducto, que contó durante años con la presencia del presidente Lula.
En medio de todas estas desgracias en el mundo y en Brasil, me viene a la mente una pieza de madera con una inscripción pirograbada que un interno de un hospital psiquiátrico de Minas me dio durante una visita que hice allí para animar al personal. En ella está escrito: «Cuando nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano».
¿Puede haber un acto de fe y esperanza mayor que este? En algunas culturas de África se dice que Dios está de manera especialmente presente en los que nosotros llamamos “locos”. Por eso son adoptados por todos y todos cuidan de ellos como si fueran un hermano o una hermana. Así se integran y viven en paz. Nuestra cultura los aísla y no los reconoce.
La Navidad de este año nos remite a esta humanidad ofendida y a todos los niños invisibles cuyos padecimientos son como los del niño Jesús, que ciertamente en el invierno de los campos de Belén temblaba en el pesebre. Según una antigua leyenda, se calentó con el aliento de dos caballos viejos que, en recompensa, adquirieron después completa vitalidad.
Vale la pena recordar el significado religioso de la Navidad: Dios no es un viejo barbudo con ojos penetrantes, ni un juez severo que juzga todas nuestras acciones. Es un niño. Y como niño no juzga a nadie. Sólo quiere vivir y ser querido. Del pesebre viene esta voz: «¡Oh, criatura humana, no temas a Dios! ¿No ves que su madre ha envuelto sus pequeños brazos? Él no amenaza a nadie. Más que ayuda, necesita ser ayudado y llevado en brazos».
Nadie mejor que Fernando Pessoa entendió el significado humano y la verdad del niño Jesús:
«Él es el Niño Eterno, el Dios que faltaba. Es tan humano que es natural. Es el Divino que sonríe y juega. Por eso sé con toda seguridad que él es el Niño Jesús verdadero. Es un niño tan humano que es divino. Nos llevamos tan bien los dos, en compañía de todo, que nunca pensamos el uno en el otro… Cuando me muera, Niño mío, déjame ser el niño, el más pequeño. Tómame en tus brazos y llévame a tu casa. Desnuda mi ser cansado y humano. Acuéstame en la cama. Cuéntame historias, si me despierto, para que me vuelva a dormir. Y dame tus sueños para que juegue, hasta que nazca cualquier día que tú sabes cuál es».
¿Se puede contener la emoción ante tanta belleza? Por esto, todavía, a pesar de los pesares, podemos celebrar discretamente la Navidad.
Termino con este otro mensaje que tiene significado y que me encanta: «Todo niño quiere ser hombre. Todo hombre quiere ser rey. Todo rey quiere ser “dios”. Sólo Dios quiso ser niño».
Abracémonos unos a otros como quien abraza al Divino Niño que se esconde en nosotros y que nunca nos abandonó. Y que la Navidad sea todavía una fiesta discretamente feliz.


*Leonardo Boff es teólogo y columnista del JB online.


Traducción de Mª José Gavito Milano

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martes, 22 de diciembre de 2015

Navidad… ¿qué Navidad? José Luis Remirez ( Bayona)


Belén2Qué recuerdos de niños, tan bonitos, comida mejorada con los abuelos, tíos y primos en un ambiente más caluroso que de costumbre y con regalos, modestos en aquel entonces, pero que tenían el gusto de lo poco corriente. Una de las fiestas más entrañables del año. Hoy día, aunque se ha perdido parte del sentido de aquel entonces, sigue siendo una de las fiestas más bonitas porque es el momento de reunirse con la familia, con los más allegados y compartir cosas buenas, en un momento de convivialidad gozosa.


Todo ello es bueno. Para los cristianos, Navidad es mucho más. Tiene un profundo significado: celebramos el nacimiento de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, del Emanuel. La Iglesia subraya la importancia de esta celebración haciéndola preceder del Adviento (la preparación interior a este advenimiento) e iniciando así el año litúrgico.
El nacimiento de Jesús muestra un elemento esencial del mensaje cristiano: Dios se ha encarnado, se ha hecho como uno de nosotros sin remilgos ni concesiones para darnos el extraordinario mensaje de liberación: Dios es Padre y nosotros sus hijos. Esto nos abre todas las perspectivas, todo es posible. Se ha encarnado y, por ello, es el Emanuel: DIOS CON NOSOTROS. Navidad no es una mera celebración, por muy entrañable e incluso espiritual que sea. Si Jesús se encarnó fue para que sigamos su ejemplo.

Entonces ¿Qué Emanuel, qué “Dios con nosotros” llevamos dentro, el cual no espera más que nuestra decisión para salir hacia los hombres? ¿Qué Emanuel, “qué Dios con el otro” somos cada uno de nosotros, qué utilidad nos habita, hacia la vida, hacia los hombres, hacia la tierra, y dará sentido a nuestra vida? Ese dar a luz no entraña ninguna hazaña, tiene lugar en la vida diaria, cada uno en su lugar y a su medida. Jesús se encarnó; ahora nos toca a nosotros. Esa es la Navidad, para los cristianos y para toda persona de buena voluntad.
Y ¿por qué no empezar ya, en estos días en que la vida nos lleva a estar en relación con muchos otros, empezando por los más desfavorecidos (exterior e interiormente)?

El Papa: “Las enfermedades de la curia han causado dolor y heridas” Pablo Ordaz

 

Papa Francisco7
Bergoglio dice que las reformas de la Iglesia seguirán y elabora un “catálogo de virtudes”
Hace justo un año, el papa Francisco aprovechó el tradicional encuentro navideño con la curia romana para advertir a los principales jerarcas de la Iglesia católica de las 15 enfermedades que golpean la salud del Vaticano, entre las que destacó “la mundanidad, el exhibicionismo y la vanagloria”. Una Navidad después, reunido de nuevo frente a la curia, Jorge Mario Bergoglio ha constatado: “Alguna de aquellas enfermedades se han manifestado, causando no poco dolor e hiriendo a tantas almas”. El Papa ha asegurado que, pese a todas las resistencias, “las reformas de la Iglesia irán adelante con determinación”. ··· Ver noticia ···

Algunos obispos confían en un “pacto de Estado” de PP y PSOE para asegurar la gobernabilidad Jesús Bastante

 

obispos


Los prelados, preocupados por los resultados tras las elecciones generales del 20-D
La CEE valora la alta participación, y constata cómo el “factor religioso” ha desaparecido de la contienda electoral
La Iglesia católica ha dejado de ser relevante en el debate electoral en España. Los resultados del 20-D dejan un escenario de difícil gobernabilidad en el país, lo que preocupa, y mucho, a los obispos españoles. Tanto es así que, aunque oficialmente el Episcopado evitará una valoración global de los comicios, algunos prelados, en privado, confían en un “pacto de Estado” entre PP y PSOE para evitar volver a las urnas en pocos meses. ··· Ver noticia ···

lunes, 21 de diciembre de 2015

Francisco en África subsahariana: tres mensajes clave y algunos silencios Óscar Mateos

 

El Papa Francisco ha finalizado hace escasos días su viaje por tres países de África Subsahariana: Kenya, Uganda y República Centroafricana. Francisco se ha convertido así en el cuarto pontífice que visita el continente, tras Pablo VI en 1969 con su visita a Uganda, Juan Pablo II tras pisar más de 40 países y Benedicto XVI. África Subsahariana es un escenario clave en el presente y futuro del catolicismo: el número de católicos en el continente ha crecido en un 238% desde 1980, mientras que en Europa dicho crecimiento es tan sólo del 6% en las últimas décadas. ··· Ver noticia ···

Jubileo de la Misericordia y ley del celibato (1) Rufo González


Papa y obispos: “miren con ojos sinceros al hermano” sacerdote que pide ser liberado del celibato, pero no del ministerio
Buena ocasión para revisar la discutida ley del celibato
La “Misericordiae Vultus”, Bula de convocación del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, debe tener también incidencia en los problemas que provoca la ley del celibato y en el trato que la Iglesia da a obispos y sacerdotes, que no han podido con esta ley. El inicio de la bula tiene la clave:
“Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre: con su palabra, con sus gestos y con toda su persona (Dei Verbum, 4) revela la misericordia de Dios” (n. 1).


Mirar a Jesús es más urgente que mirar la ley eclesiástica. Inspirarse en el respeto de Jesús sobre este delicado asunto, en su libertad para llamar y elegir apóstoles sin este requisito, en la valoración de lo humano como digno y querido por Dios… tendría que ser el criterio básico para revisar esta ley tan discutida históricamente. Sabemos que el control eclesiástico sobre la sexualidad es uno de los abusos más fuertes y agrios habidos en la Iglesia a través de su larga historia. El celibato clerical obligatorio para el ministerio ha contribuido a centrar la moral obsesivamente en el sexo. Gracias a Dios, nos vamos liberando progresivamente. Ya reconocemos parvedad de materia, y, por tanto, que no todo desorden sexual es pecado grave, ya decidimos responsablemente los hijos, se avanza en el respeto a la orientación sexual personal, la anticoncepción puede ser buena éticamente, etc…
¿Es misericordioso liberar del celibato y prohibir el ministerio?
No hay comunión eclesial entre pastores, teólogos y fieles sobre la conveniencia de tal ley. Ni sobre el poder de la autoridad eclesial para coartar un derecho fundamental humano. Pero la existencia de esta ley en la Iglesia católica occidental está vigente. Nadie puede negar el hecho de que miles de clérigos han pedido, tras un tiempo variable de observancia, ser liberados de la carga. La inmensa mayoría pide ser eximidos sólo del celibato. La Iglesia, junto con la liberación del celibato, les impone la prohibición de ejercer el ministerio para el que están consagrados por el Espíritu. ¿Es conforme con la misericordia divina, manifestada en Jesús, esa prohibición? ¿Así se “retiene todo lo bueno” (1Tes 5,22) que ellos tienen en su conciencia y avalan muchas comunidades cristianas?
Los casos concretos despiertan increpación y rebeldía
No ha sido la obediencia a la ley celibataria la que ha inspirado el “servicio” pastoral de dirección y presidencia de la comunidad a presbíteros y obispos. Se han visto obligados por la ley, no por la fe, a dejar su ministerio. De aquí ha surgido la rebeldía de muchos contra la ley. Ha sido el Espíritu de Dios quien les ha sostenido “la fe que se traduce en amor” (Gál 5, 6) a la comunidad. Ahí están los numerosos testimonios de sacerdotes ejemplares, infieles a la ley –por considerarla dañina a su humanidad-, pero fieles a la fe. Así lo formula Daniel Orozco:
“En esos dos años de ministerio lo tenía todo: una parroquia estupenda, veía frutos en mi labor, con mis compañeros de curso y demás sacerdotes había buena relación; pero seguía sintiendo el vacío de fondo, ese eco que me repetía desde lo hondo que no era del todo feliz, que renunciaba a una vida conyugal y familiar, esa desazón que nada ni nadie parecía llenar. Intensificaba la oración, cuidaba la fraternidad presbiteral, veía a los amigos … Nada… Sí, transmitir el evangelio, ayudar a vivirlo en mí y en quienes me rodeaban me encantaba pero vivir célibe me dejaba vacío, cada día un poco más … Esto no se pasaba, ya no eran crisis, era una constante. Mi corazón me estaba hablando otra cosa desde hacía mucho tiempo y no estaba haciendo caso. Dios mismo me hacía darme cuenta de que no podía seguir engañándome y engañándole a él y a todos; por muchos grupos, catequesis y homilías que pronunciase; aunque la gente me quisiese y alabase mis palabras o mis acciones; aunque Dios me diese muestras de su amor y fuese a veces instrumento suyo y testigo de su bondad con las personas…
Gracias a este encuentro (con el Movimiento pro Celibato Opcional), he comprobado que el camino que Dios me ha mostrado no es una locura mía. Mi vocación había sido siempre ser cura casado; y yo no me había dado cuenta. Por eso esa lucha interior, por eso esa vivencia ambivalente. Sí, ya sé que eso no existe hoy en la Iglesia Católica Romana, pero en su momento tampoco existieron los monjes, los eremitas o los laicos consagrados. Es la vocación que Dios quiere de mí. Y para eso me ha dado a conocer no sólo a MOCEOP sino, sobre todo, a una persona con la que compartir esta misión, esta ilusión y estilo de vida… A día de hoy, nos sentimos con la manos vacías, alzadas, puestas a disposición de lo que Él quiera. Estamos a la escucha, a la espera de conocer cómo y dónde quiere que hagamos realidad su sueño, su Reino. “Aquí estamos, Señor, envíanos” (“Curas casados. Historias de fe y ternura” Moceop. Albacete 2010, p. 70-71.76).
Así recuerda José María Lorenzo, presidente de la Asociación de sacerdotes casados españoles (ASCE), al secretario de su asociación:
“Hemos trabajado durante estos años para conseguir una reintegración en el ministerio por considerarlo de estricta justicia teologal. Nada hemos conseguido al respecto. Seguiremos adelante trabajando, convencidos que lo importante no es haber conseguido nuestro objetivo primero de la reintegración, sino haber colaborado eficazmente en el Reino de Dios. El 18 de junio de 1998 moría nuestro amigo Francisco Mantecón Ramírez, con 79 años de edad… Su paso de este mundo fue como lo que él era: como el de un hombre enamorado de Dios. Su esposa, Sole, nos dice que hasta el momento de su tránsito estuvo repitiendo jaculatorias con gran paz. Ha sido ejemplo en su vida y en su muerte. Vivió su sacerdocio todos los días de su existencia terrena. Rezaba el oficio divino, celebraba en ocasiones la Eucaristía de forma privada, practicaba a diario la lectura espiritual y la oración mental, era hospitalario, amable con todos, deseaba siempre hacer un favor a cualquiera. Era desde 1982 secretario de nuestra Asociación, y uno de lo socios fundadores en 1977”.
El Espíritu Santo nos sitúa en el amor y en la libertad
El Espíritu Santo actúa también en los “ministros” eclesiales casados, de rito oriental y occidental, católicos y anglicanos… El Espíritu nos sitúa en el “amor” y en la “libertad”: “donde hay Espíritu del Señor, hay libertad” (2 Cor 3,17). Jesús vivió el amor de Dios saltándose leyes humanas, cuando las creía dañinas para la vida física o social (curar, coger espigas en sábado, tocar enfermos, trato con mujeres…). A Jesús le juzgaron y condenaron “según la ley” (Jn 19,7). Con buena intención, la autoridad eclesial, apegada a la ley, sigue condenando a quien sigue la libertad de Jesús frente a la ley humana. No son capaces de volver a la libertad de uso matrimonial, anulada en el siglo IV, y de matrimonio en el s. XII. Clericalismo sin base evangélica birlando protagonismo a la comunidad: “todos sois hermanos… Entre vosotros nada de dominio, imposición, hacerse llamar bienhechores” (Mt 20, 25-28; Mc 10, 42-45; Lc 22, 24-27).
Los sacerdotes casados han necesitado mucha fortaleza del Espíritu para dejar el ministerio, para superar presiones personales y sociales. La Iglesia, sus dirigentes, se ha limitado a encajarles en la ley. Cuando se resisten, no reconocen al Espíritu Santo que actúa en ellos. Obedecen a la Ley, no al Espíritu. Cuando la ley se vuelve carga insoportable, desequilibra la personalidad, obliga a violentar sentimientos limpios y derechos claros como cuidar los hijos habidos o respetar a la mujer… entonces hay que acudir al Cristo de la Misericordia y preguntarle qué hacer. El Espíritu quiere y bendice la libertad. Y sin castigo añadido. Jesús no impide ejercer el don del Espíritu, otorgado en la sagrada ordenación sacerdotal, a quien no puede con el celibato.
Dirigentes de la Iglesia, ¡convertíos!
“Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida” (Misericordiae vultus” n. 2).
Pidamos al Espíritu Santo que el papa y los obispos “miren con ojos sinceros al hermano” sacerdote que pide ser liberado del celibato, pero no del ministerio, don de Dios a la Iglesia.

La engañosa propuesta de la COP 21 Leonardo Boff



Leonardo Boff2La COP21 que acaba de concluir sus trabajos el día 12 de diciembre en París con la autocomplacencia de todos, ha traído innegablemente puntos positivos. Laurent Fabius, presidente de la COP21, reafirmó que el «texto es diferenciado, justo, duradero, dinámico, equilibrado y jurídicamente vinculante”. Muy bien. Pero eso no nos exime de hacer algunas reflexiones críticas, dada la gravedad del tema que afecta al futuro de todos.

Primer punto positivo fue la cooperación entre los 195 países participantes. Su ausencia fue lamentada en la COP15 de Copenhague por Nicholas Stern, asesor de la reina Isabel en cuestiones ecológicas, con estas palabras: «Nuestra cultura no está habituada a la cooperación, excepto en caso de guerra; en el resto impera la competición entre las naciones. Mientras perdure este espíritu nunca llegaremos a ninguna convergencia». Ahora la convergencia se dio, facilitada por el reconocimiento de que no estamos yendo al encuentro del calentamiento, sino que nos encontramos ya dentro de él; además «el cambio climático representa una amenaza urgente y potencialmente irreversible para las sociedades humanas y para el planeta» (introducción).
El segundo punto positivo es la decisión de mantener el calentamiento por debajo del techo de 2ºC, orientándose hacia 1,5ºC hasta 2100, como en la era pre-industrial.
El tercer punto positivo es la convergencia en la necesidad de la adaptación y de la mitigación que deben ser asumidas por todos los países, de forma diferenciada según su participación en la emisión de CO2.
El cuarto punto positivo fue la decisión de los países ricos de pasar a partir de 2020100 mil millones de dólares al año a los países menos equipados. Cabe, por cierto, observar que dicha cuantía representa apenas el 0,16% del PIB de las 20 mayores economías mundiales.
El quinto punto positivo es la transferencia de conocimientos científicos y tecnológicos a los países con carencias en este área.
El sexto punto positivo es la promoción de la capacitación para los países más necesitados a fin de implementar la adaptación y la mitigación.
El séptimo punto positivo es el establecimiento de «contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional» por cada país para dejar clara la intención de detener voluntariamente el avance del calentamiento.
El octavo punto positivo es la creación de un organismo internacional dedicado a las «pérdidas y daños» para compensar a los países más afectados por los cambios climáticos.
No obstante estos puntos positivos, hay que hacer algunas reflexiones que no admiten espera. La primera de ellas es el horizonte en el que se elabora cómo enfrentarse al calentamiento global, revelado en el objetivo de la Conferencia: “transformando nuestro mundo: la agenda 2030 para el desarrollo sostenible”.
Como se puede ver, lo que está en cuestión aquí no es el destino y el futuro de la vida y de la Tierra amenazados por el caos climático, por lo tanto, la ecología. El centro de interés es la economía bajo el signo de un desarrollo sostenible. Esta opción encaja perfectamente en la corriente dominante actual en la cual la macroeconomía mundialmente integrada determina el rumbo de las políticas mundiales y nacionales.
Es importarte destacar que el mencionado desarrollo se trata en realidad de crecimiento económico material, medido por el PIB mundial y nacional. Ese desarrollo/crecimiento es claramente insostenible, como ha sido mostrado por economistas críticos y por renombrados ecologistas, pues, se funda en premisas falsas: lo infinito de los recursos naturales y lo infinito de desarrollo hacia el futuro. Estos dos infinitos son ilusorios: los recursos no son infinitos porque la Tierra es finita. Y el desarrollo tampoco puede ser infinito porque un planeta finito no soporta un proyecto infinito. Además no es universalizable para todos.
Pero lo que causa verdadera indignación es que el texto no mencione a la naturaleza y la Tierra (solo una vez al referirse en el nº140 a las culturas que llaman Madre a la Tierra). El problema no es el desarrollo y la naturaleza sino el ser humano y la naturaleza: relación de agresión o de sinergia. Este es el error imperdonable de la cosmología rudimentaria presente en el texto. Entendemos la reacción inmediata del mayor especialista en el calentamiento James Hansen: lo que la COP21 propone «es un fraude, una farsa» (The Guardian 14/12/2015). Me uno a él y en breve volveré sobre el tema.
*Leonardo Boff escribió Proteger la Tierra y cuidar de la vida, 2010, y es articulista del JB online.
Traducción de MJ Gavito Milano

El elemento extraño José M. Castillo, teólogo


Castillo1Fuente: Teología sin censura. El hecho religioso introduce un elemento extraño en la vida. Un elemento ajeno a la realidad constatable, demostrable, palpable. Es una realidad empíricamente ajena a lo real. Y prueba de ello es que no tenemos instrumentos comprobatorios, que demuestren de forma indiscutible e incuestionable, científicamente probatoria de que la religión es un componente esencial y propio de la vida. De la realidad de la vida. No existe ni semejante argumento, ni instrumento alguno que nos puede hacer patente la evidencia de lo que jamás ha sido evidente. Ni puede serlo.

Por eso, el hecho religioso no se basa en la evidencia, sino en la creencia. Y toda creencia es siempre un convencimiento o una convicción libremente asumida. De ahí que el factor libertad es decisivo en el ser y en la pervivencia del hecho religioso. Y esto es lo que explica por qué, a medida que la gente se siente más libre para pensar, para decir lo que piensa y para actuar en consecuencia, en esa misma medida el hecho religioso se debilita, se va quedado al margen de la vida y de la sociedad, de la convivencia. Y entonces, lo que pasa es que quedan manifestaciones del hecho religioso, pero la gente es cada día menos religiosa. La gente va a las iglesias, a las mezquitas, a las sinagogas o a las pagodas, pero la gente va a esos sitios, más por costumbre o por compromiso, que por convicción.
Entonces, ¿por qué sigue existiendo el hecho religioso? Porque la vida tiene unos límites y nos impone unas limitaciones, que no responden a nuestras aspiraciones. Por eso, como necesitamos comida, aire o cariño, también necesitamos religión. La que sea. Mucha gente se agarra a las religiones que ya existen. Y otros se las inventan, aunque los inventores no expliquen nunca en qué consiste su invento.
En cualquier caso, una advertencia capital: no confundamos la religión con Dios. La religión, sea la que sea, es un medio, un instrumento, para buscar y encontrar a Dios. Pero la religión no es Dios. En esa palabra, Dios, ponemos el logro de nuestras aspiraciones últimas y el sentido de nuestra vida. Si la religión nos sirve para sentirnos mejor y ser mejores, ¡bendita sea! Si lo que pasa es que la religión nos separa, nos divide, nos enfrenta, nos deshumaniza…, entonces, ¿para qué la queremos y por qué la costeamos?