FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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lunes, 28 de diciembre de 2015

Jubileo de la Misericordia y ley del celibato (2) Rufo González



Curas casados2¿Dónde está el amor “visceral” de la misericordia?
¿Dónde está la “compasión de tu compañero”?
¿Dónde “su amor visible y tangible”?
Hermosa teoría de la misericordia
“La Iglesia sentía la responsabilidad de ser en el mundo signo vivo del amor del Padre” (Mv. 5).


“La misericordia de Dios no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Él revela su amor, que es como el de un padre o una madre que se conmueven en lo más profundo de sus entrañas por el propio hijo. Vale decir que se trata realmente de un amor “visceral”. Proviene desde lo más íntimo como un sentimiento profundo, natural, hecho de ternura y compasión, de indulgencia y de perdón” (Mv. 6) .
“¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?” (Mt 18,33). Y Jesús concluye: “Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos” (Mt 18,35). La misericordia en la Sagrada Escritura es la palabra clave para indicar el actuar de Dios.. Él no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible y tangible. El amor nunca podrá ser palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano. La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos. Es sobre esta misma amplitud de onda que se debe orientar el amor misericordioso de los cristianos. Como ama el Padre, así aman los hijos. Como Él es misericordioso, así estamos nosotros llamados a ser misericordiosos los unos con los otros” (Mv. 9).
Perversa práctica de la misericordia
Ante la imposibilidad práctica de muchos sacerdotes (obispos y presbíteros) para vivir el celibato, se les obliga a abandonar el jercicio pastoral. La autoridad eclesial sostiene que quien no es capaz de sujetar una tendencia creada, natural, no debe presidir la comunidad cristiana. Ley ésta que Jesús no exigió a sus aspótoles ni durante más de tres siglos fue práctica obligada para los sucesores de los apóstoles y sus inmediatos cooperadores. La historia dice que tuvo origen en conceptos erróneos del sexo y en teologías no cristianas. Se fue imponiendo por fuerza bruta, economía, interés… La bondad del celibato opcional se utiliza como excusa para impornelo. Las contraindicaciones no se valoran, sometiendo así la persona a la ley.
Se ha venido silenciando la historia de abandonos y los métodos para hacerles desistir. En la época de Juan Pablo II (santo a pesar de estos comportamientos: “Demasiados hablan de replantearse la ley del celibato eclesiástico. ¡Hay que hacerles callar!”, dijo a cardenales alemanes en una ocasión) se negó a algunos la dispensa, a otros se les retrasó varios años, algunas peticiones tuvieron el silencio como respuesta, incluso llegó a decirse que no tenían derecho a dicha dispensa, y, por tanto, el papa no tenía obligación alguna de concederla:
“Ante las numerosas peticiónes de dispensa del celibato, Juan Pablo II… está persuadido de la necesidad de ordenar una investigación sobre la situación de este asunto, causas y remedios…
Hay que procurar con esmero que cosa tan seria como es la dispensa del celibato no se interprete como un derecho que la Iglesia tendría que reconocer indiscriminadamente a todos sus sacerdotes; por el contrario, lo que hay que considerar como un verdadero derecho es la oblación de sí mismo que el sacerdote hace a Cristo y a todo el pueblo de Dios, quienes, por tanto, esperan de él la observancia de la fidelidad prometida… La dispensa del celibato no puede interpretarse como el resultado casi automático de un proceso administrativo sumario… Los bienes de suma calidad los que entran aquí en cuestión: – el bien del sacerdote que hace la petición…; – el bien general de la Iglesia, que no puede asistir impasible a la disolución del orden sacerdotal…; – el bien particular de las iglesias locales, es decir, de los obispos con su presbiterio… y del conjunto de los fieles que tienen al servicio del sacerdocio ministerial como un derecho y una necesidad” (Orientaciones y normas para la dispensa del celibato; 14 octubre 1980; Congregación para la Doctrina de la Fe a los Ordinarios de lugar y a los Superiores Generales de las Ordenes religiosas de clérigos).
NB.- Este último párrafo falta a la verdad. Por casarse no se produce ninguna “disolución del orden sacerdotal” (el celibato no se identifica con el sacerdocio) ni se priva a los fieles del “servicio del sacerdocio ministerial como un derecho y una necesidad”. Todo lo contrario. Es la ley la que obliga al no ejercicio ministerial y a privar a los fieles del derecho a la eucaristía y al pastor.
Práctica contra los derechos humanos
1. La Declaración universal de los Derechos Humanos (Asamblea General de Naciones Unidas, 10 diciembre de 1948) en su artículo 16. 1., reconoce que
“los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio”.
2. El concilio Vaticano II, en la Constitución “sobre la Iglesia en el mundo actual” (GS):
“Crece la conciencia de la eximia dignidad que compete a la persona humana, cómo ella está por encima de todas las cosas, y sus derechos y deberes son universales e inviolables. Es necesario, por tanto, que se facilite al hombre todo lo que necesita para llevar una vida verdaderamente humana, como son el alimento, el vestido, la vivienda, el derecho a elegir libremente un estado de vida y a fundar una familia, a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto, a la información correcta, a obrar según la recta norma de su conciencia, a la protección de la vida privada, a la justa libertad también materia religiosa” (GS 26).
Según estos textos “el derecho a elegir libremente un estado de vida y a fundar una familia” es un derecho “universal e inviolable”. Si una persona en una época vital quiere renunciar a su ejercicio, no por ello pierde dicho derecho. Puede recuperarlo mientras viva. El poder eclesial no sólo no ha colaborado con dicho derecho, sino que no lo ha respetado. Más aún, lo ha impedido con las trabas a su alcance. Si concede dispensa -negarla es difícil en las sociedades democráticas-, les castiga vetándoles el ministerio, utiliza artimañas para reducir su vida a la clandestinidad, obliga a exiliarse, carga sus conciencias, desacredita su proceder tildándolo de sacrílego, blasfemo, el peor de los crímenes, casi imperdonable. Les quita el trabajo en las instituciones eclesiales, les prohibe la función docente en centros dependientes de la Iglesia, o que requieran nombramiento eclesial… Rompen comunicación con ellos. Más silenciados que los ateos, increyentes, apóstatas… Con éstos se dialoga, se les invita a eventos culturales, incluso, si son política y económicamente influyentes, no se repara en confraternizar. Con los secularizados la misericordia brilla por su ausencia. Sus años de servicio pastoral no cuentan para nada. ¿Dónde está el amor “visceral” de la misericordia? ¿Dónde está la “compasión de tu compañero”? ¿Dónde “su amor visible y tangible”?
La ley celibataria carece de misericordia
“La misericordia de Dios es su responsabilidad por nosotros. Él se siente responsable, es decir, desea nuestro bien y quiere vernos felices, colmados de alegría y serenos”.
No se quiere reconocer esta verdad: esta ley es la culpable principal de la escasez de vocaciones al ministerio. Por ella, muchos jóvenes no se plantean esta vocación, y quienes lo intentan, abandonan pronto por lo mismo. Fuimos testigos de copiosos abandonos en los años de seminario por esta ley. Las comunidades cristianas pasan meses sin pastores y sin celebrar la eucaristía. Ellas son testigos mudos del abandono de buenos pastores. No se les pide parecer si quieren que sus curas se casen. No ha habido misericordia con ellas. Se ha preferido la ausencia antes que tenerlos casados. La ley por encima de las comunidades y de los sacerdotes. No se procura que unas y otros sean “felices, colmados de alegría y serenos”. Que sigan amores clandestinos, hijos sin padres legales, mujeres cosificadas e invisibles, marginación social y eclesial… Y sigamos predicando misericordia a los de fuera. “¡Ay de vosotros, guías ciegos y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de Dios! Vosotros no entráis, y a los que están entrando tampoco los dejáis” (Mt 23, 13).

La política, ¿ética o estética? José M. Castillo, teólogo



Castillo2Teología sin censura
El conocido especialista en la historia política de Europa Central, Tony Judt, ha dicho que “de la política pública se pasa de forma natural a la preocupación por la estética de la vida pública”. Y eso, ni más ni menos, es lo que está pasando. Los que se dedican, públicamente, a la política suelen desplazarse – seguramente sin darse cuenta de lo que les pasa a ellos – de “lo ético” a “lo estético”. O sea, suelen pasar del deber ético a la imagen pública. De ahí que cuando “quedan bien”, ante los oyentes o los periodistas, tienen la impresión de que “hacen bien” al país o a la sociedad. Así, y sin duda con buena voluntad, los políticos han arruinado la política. Y se han arruinado a sí mismos, como políticos.


Pero lo más grave de este asunto no es que esto les pase a los políticos. Si somos lúcidos y honestos, tendremos que reconocer que exactamente lo mismo que les ocurre a los políticos, eso es lo que nos pasa a todos. Y el que tenga las manos limpias, que tire la primera piedra. Por desgracia es demasiado frecuente que a todos (o casi todos) nos preocupe más “quedar bien” que “hacer el bien”. Por eso, cuando no hacemos lo que tendríamos que hacer, lo que en realidad hacemos es callar, ocultar, disimular, hacer lo posible (incluso lo imposible) “para que no se sepa”. Por la misma razón e idéntico motivo por el que nos gastamos más dinero en perfumes, joyas y marcas, que en sacar del barro y de la mierda a mendigos, refugiados o inmigrantes.
Y que nadie me venga diciendo que ahí está Cáritas, tal o cual ONG, el comedor de la parroquia o tantas y tantas obras de beneficencia. No. No me vengan con eso. Si a Vd le preguntan de qué vive, ¿le gustaría tener que responder que vive “de la caridad”? La caridad está bien para salir al paso de un desastre o escapar de una emergencia. La sociedad y el Estado se tienen que gestionar desde “el derecho a tener derechos”. Todo lo que no sea eso, en los tiempos que vivimos, es estar en la inopia. Por no decir, en la más miserable desvergüenza. 

Desde ciudad Juárez, carta abierta al papa Francisco Víctor M. Quintana S.

 

Padre Francisco: no sé si alguna vez llegue a sus manos esta carta. Es un intento desesperado para comunicarle lo que quieren decirle muchas personas y organizaciones que luchan por sus derechos en México y en Ciudad Juárez, pero que han sido obstaculizados por las burocracias, eclesiástica y gubernamental. ··· Ver noticia 

Navidad: Lo que sabemos de Jesús Xabier Pikaza, teólogo

 

Pikaza
Una reflexión sobre la realidad
“No fundó directamente la Iglesia, pero dejó preparados varios ‘focos de incendio'”
Con ocasión de este domingo de la Sagrada Familia (27.12.15) quiero ofrecer una una reflexión de base sobre la realidad de Jesús:
— Lo que sabemos de ella con seguridad,
— lo que puede cuestionarse en un plano de historia,
— lo que podemos decir en un plano de fe.
Salen estos días en la prensa noticias extrañas, y algunos afirman incluso que Jesús nació 5.000 años antes de su nacimiento, pues todo lo que de él se dice sería puro mito, sin fundamento histórico alguno. Otros afirman que no sabemos nada… ··· Ver noticia

Pesebres vivientes Victor Codina

 

Belén2
La liturgia navideña canta: “Hoy ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”, actualizando así el mensaje de los ángeles a los pastores de Belén (Lucas 2, 11). Pero ¿dónde ha nacido hoy el Salvador?
Ciertamente Jesús se hace presente en la celebración eucarística de la Iglesia, pero esto no agota toda la presencia del Señor. Como se nos advierte en el evangelio del juicio final (Mateo 25,31-46), Jesús se identifica con los pobres, ellos son los vicarios de Cristo, su presencia viva hoy. ··· Ver noticia ···

sábado, 26 de diciembre de 2015

Salesianos España: Feliz Navidad 2015


El Papa pide en la Misa del Gallo sobriedad y huir de los lujos María Salas Oraá

 


Papa Francisco4Francisco critica enfermedades como “la mundanidad, el exhibicionismo y la vanagloria” durante su homilía de Nochebuena
Solo tres días después de enumerar las virtudes necesarias en la curia y criticar enfermedades como “la mundanidad, el exhibicionismo y la vanagloria”, el papa Francisco ha pedido llevar “un comportamiento sobrio, sencillo, equilibrado y lineal” durante su homilía en la Misa del Gallo, celebrada en la Basílica de San Pedro la noche de Nochebuena. ··· Ver noticia 

¿El sentido laicista del pueblo español? Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

La Conferencia Episcopal Española, CEE, ha dilucidado que el pueblo español tiene una tendencia al laicismo, y que, además, esta tendencia es “beligerante”. No hace falta recodar que “laos”, en griego, significa “pueblo”. Y como el Concilio Vaticano II definió a la Iglesia como “Pueblo de Dios”, tendremos que convenir que, en principio, y ayudado por el régimen democrático que vivimos, el pueblo español quiera destacar sus condición de Pueblo soberano, con tendencias, por lo tanto, laicistas. Pero lo que hay que dilucidar es si esta tendencia, legítima, y secular ya en otros pueblos, como el francés, el del Reino unido, o de Estados Unidos, o Alemania, , etc., es algo que se oponga inherentemente al Evangelio de Jesús. Porque a la Iglesia, tal como la tenemos organizada todavía, parece que sí.

Conviene recordar alguna circunstancia histórica para ponderar la conveniencia del documento de la CEE, en el que se recrimina el “laicismo”, encima, beligerante, de la sociedad española. Los fieles de la Iglesia primitiva, de los tres primeros siglos, fueron considerados ateos, tanto por los romanos, como por los judíos, por no ofrecer los signos visibles de la religiosidad, delos que caracteriza a las religiones clásicas, como son el espacio sagrado, el tiempo sagrado y el cuerpo clerical. Hoy los hubiéramos llamado, con certeza, laicistas, por no cargar, de manera visible, la pesada carga de lo que es, en verdad, no la esencia, sino la corteza y la piel de la experiencia de una fe Revelada. El propio culto, escondido a los ojos de los paganos, es especialmente significativo para los propios fieles, pero no para los que no conocen ni su sentido, ni su transcendencia.
De hecho, los primeros cristianos no se dieron a conocer con manifestaciones multitudinarias en las calles, sino por el ejemplo eximio de su propia vida, hasta conseguir que los paganos, impresionados, se dijeran, nos a otros, “Mirad cómo se aman”. Se equivocan los que acusan a los “laicistas” de querer que la actividad de la Iglesia sea privada, casi clandestina, y tan solo se ejerza en las sacristías, con una expresión que se suele usar. Yo dudo de que los que la usan sepan mu y bien qué es lo que están diciendo. Y este desconocimiento, o despiste, bien de una confusión grave, y especialmente perniciosa para el entendimiento de lo que es la verdadera Iglesia, y que ésta no consiste en el conjunto de cuadros jerárquicos de mando, sino, en palabras, y con la enseñanza del Vaticano II, el Pueblo de Dios. Éste no puede ser invisible, si ha oído bien las palabras del Maestro, y las quiere cumplir: “No se enciende la luz para colocarla debajo de la cama, ni en el celemín, sino para que alumbre a todos los que están en la casa”. No son las estructuras eclesiales las que han de ser , necesariamente, visibles y públicas, sino el comportamiento, y la vida normal, de los creyentes, en casa, en la calle, en el trabajo, en el ocio, en la escalera, en cualquier lugar y situación, los que serán vistos por los hombres, y quedarán admirados y evangelizados con la Buena Noticia del Amor, del Perdón, de la Fraternidad, y de todos los valores del Reino de Dios. Eso fue lo que sucedió en los primeros siglos, y nunca se les ocurrió a los jerarcas de ese tiempo acusar a los conciudadanos no creyentes de tendencias al laicismo, o de beligerancia contra la Iglesia. Y ojo, en esa época miles y miles de cristianos acabaron en el anfiteatro, en la cruz, o en la hoguera.
En la presentación del documento que comento, titulado “Iglesia en misión al servicio de nuestro Pueblo”, y que no es otra cosa que “El plan de pastoral de la CEE de 2016-2019″ se notan, nítidamente, dos modos muy diferentes, casi contrapuestos, de ver la sociedad española. Veamos dos textos. El primero es del obispo de Almería, González Montes: “estaríamos ciegos para no ver el subjetivismo y el relativismo, para no ver que el consenso se ha convertido, siendo instrumento positivo para lograr un marco de convivencia, en criterio de moralidad”. Siempre con el miedo al relativismo de los principios morales. Pero el nuevo arzobispo de Barcelona, monseñor Omella, trasmite mejor la alegría del Evangelio: “Esto es una oportunidad para mejorar. Eso es el plan pastoral: tenemos que corregirnos, pero con una gran esperanza. Una mirada compasiva, con ternura, a este mundo, que puede dar una respuesta mucho mejor, pero que tenemos que ayudarla. Todos tenemos que pasar por el hospital, también los obispos. Nosotros somos los primeros”.
Os invito a comparar los dos textos y sacar las consecuencias. Todavía hay prelados, parece, a los que no les gusta la desclericalización que buscó el Concilio Vaticano II, que estaba consiguiendo en los primeros momentos, y que dos pontificados, y los obispos que en ellos se promovieron, la paralizaron.

Las obsesiones del obispo de San Sebastián Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara


MunillaMunilla tiene obsesión con la “ideología de género”. No es buena ninguna obsesión, y hay muchas ideologías que sí son buenas. Lo malo es enfrentarse a ideologías que uno no puede, y ni siquiera es seguro que sea bueno, anular. Esta sí que se está convirtiendo en una ideología nociva, pero de acción urgente, en muchos obispos: la ideología del poder absoluto. Quiero decir, que actúan como si todas las personas, en todos los ambientes, en todos los temas, en todas las circunstancias, se viesen obligadas a tener en cuenta los criterios episcopales. Ésta puede llamarse “ideología del poder magisterial”, basada en exégesis para nada serias, y mucho menos técnicamente rigurosas. Ni rigurosas, ni siquiera aproximadas, tipo “el que a vosotros escucha, a mí me escucha”, y otras así. O “lo que atéis vosotros en la tierra quedará atado en el cielo”, y otras frases y pensamientos parecidos. En el mismo número, de hoy mismo, de Religión Digital (RD), en el que he leído las declaraciones del obispo de San Sebastián sobre la Ideología de Género, se puede leer una magnífica entrevista a Javier Alegre, o.s.b., abad de Monserrat recién dimitido, al cumplir los 75 años, en que decía, textualmente, “Servicio y Poder no se mezclan bien.” Es decir, o una cosa, u otra. Las dos a la vez, señor Munilla, no.

Es difícil, muy difícil, convencer a los obispos, de que estas ideas que voy desgranando, no van, ni en contra de la Doctrina de la Iglesia, ni, menos todavía, son contrarias al Evangelio. El poder magisterial de un obispo sólo llega, cuando enseña a título individual, a sus fieles. Recuerdo cómo en un curso de Filosofía que estaba haciendo en una universidad eclesiástica de Brasil, un obispo de otra diócesis de la que estábamos, que era, exactamente, Sâo Joâo del Rey, (he aquí una curiosa reminiscencia de cuando Brasil perteneció a España, porque ese “del Rey”, que ha quedado así para siempre, en portugués sería “do Rei”), en una conferencia que estaba dando, comenzó a exponer sus ideas, discutibles, sobre algún tema, con un aire ¿cómo puedo llamarlo?, pues eso, magisterial. Entonces, un joven cura holandés, pidió la palabra, y le dijo, (lo más exacto sería decir “le espetó”): “Señor obispo, Vd. no está en su diócesis, ni nosotros somos sus diocesanos. Así que le pido que exponga su opinión, pero no con ese estilo magisterial, como si fuera de obligada aceptación”. (Sic). Tengo la impresión de que muchos de nuestros obispos se extrañarían de una intervención de ese estilo. Reconozco que tuve muchas ganas de pedir la palabra en una conferencia de un cardenal en el círculo “Siglo XXI”, y no me atreví. Pero merecía un corte, educado, pero contundente, en su dura y pretenciosa plática.
EL obispo Munilla suele intervenir con frecuencia en la radio “Ave María”. Pues hay que recordarle, a él y a otros clérigos que actúan en la radio, que pueden exponer su opinión, e intentar convencer, que eso siempre es bueno, y se supone que la gente adulta sabe defenderse de los intentos de adoctrinamiento. Pero ni el tono puede ser dogmático, ni las aseveraciones tan apodícticas, que den la impresión, como muchas veces le sucede al obispo donostiarra, que en la Iglesia haya pensamiento único.
Sobre la “ideología de género”, como en otros temas de moral, mi opinión, que ya he expuesto en este blog, es que el Magisterio de la Iglesia, directamente, no tiene habilitación para exponer su doctrina “urbi et orbi” como de obligado cumplimiento, ni, mucho menos, de imponerla. Lo primero que hay que afirmar de la discusión sobre la prevalencia de la Naturaleza sobre la cultura es que se trata de un polémica falsa, incompleta, y desviada. Porque parece suponer que la inteligencia humana, que es la causante del proceso cultural, también forma parte de la naturaleza creada por Dios. Esta es una premisa que los creyentes no podemos dejarnos arrebatar. Así que los productos culturales, si son auténticos, pueden serlo tanto como los “naturales”, a nos ser que digamos que un amontonamiento natural de piedras es, “ipso facto”, mejor y más bello que una catedral, o que la “Pasión según San Mateo de Bach”, o que viajar en avión es antinatural, porque según el principio de la gravitación universal de Newton, un objeto tan pesado debía, naturalmente, ser atraído por la tierra, y estrellarse contra el suelo. Que la “ideología de género” sea un producto “cultural” es una de las mejores cosas que podríamos afirmar de ella. El quid de la cuestión es si es cultural, realmente como producto auténtico, no sólo como contraposición a lo natural, o si podría tratarse de una excrecencia. Porque no todo lo cultural, por serlo. es auténtico. Como no lo es, por poner un ejemplo, la confusión entre hipocresía social, y buenos modos. (O, se me ocurre, como no dejan de ser unos adefesios, las mitras y otros capisayos, por el hecho de ser productos culturales).

Otras felicitaciones episcopales

 

cejudoRicardo Blazquez
Ni la bendición papal de las doce, con su exhibición  amistosa de las tropas del Vaticano y de Italia (¡Hace 145 años que se enfrentaron por última vez en Porta Pia!), ni los villancicos por doquier me han quitado este año el mal sabor que me dejaron dos noticias de obispos españoles que nos escandalizaron ayer. ¡Vaya oportunidad una felicitación navideña para arremeter contra ciencia tachándola de brujería: aquelarre químico según el obispo de Córdoba, es la fecundación in vitro! No encuentro nada más realista para un día de esperanza como hoy que la rápida reacción del amigo Juan a otras declaraciones de Blázquez. AD.
El presidente de la Conferencia episcopal se mete en política (de derechas, claro). Aconseja al PSOE que se abstenga para facilitar la investidura de Rajoy. Es decir, quiere influir para que sea Rajoy el presidente.
Me parece muy poco elegante, muy poco propio de un pastor, que además es presidente de la Conferencia episcopal, meterse en el fango de la política de esa manera tan descarada.
¿Cómo lo van a tomar aquellos partidos que de ninguna manera quieren que Rajoy sea el presidente?
¿Es ésa la postura que debe tener la Iglesia? Se echan de menos los tiempos del cardenal Tarancón, que mantuvo en tiempos difíciles la neutralidad de la Iglesia en temas políticos y partidarios.
¿No hubiera sido mejor no pronunciarse y dejar que sean los mismos partidos los que busquen la mejor solución para España?
Parece que la Iglesia mueve sus fichas para seguir queriendo mantener unos privilegios que con otros partidos en el gobierno se les acabarían. Temas como el concordato, la financiación de la Iglesia, las clases de religión y otras muchas podrían peligrar si el PP no gobierna. Por éso quieren que siga gobernando el P.P.
Por éso no le importa enfangarse en los temas partidarios y proponer la solución que a ellos más les interesa.
No me gusta para nada esa postura. Me suena mucho mejor aquella frase de Jesús: “Dad al César lo que es del César y a  Dios lo que es de Dios”.
La Iglesia debe preocuparse de otros asuntos mucho más importantes: denunciar la corrupción, denunciar a los grandes capitales y al poder financiero que provoca un sistema injusto y desigual, donde aumentan las diferencias entre ricos y pobres, donde la lacra del paro no desaparece, ni la infravivienda ni los desahucios. Donde persisten los recortes en temas educacionales, sanitarios y en atención social…
De todo ésto sí que debería preocuparse nuestro presidente de los obispos y no de facilitar la investidura de un determinado partido político, aunque haya ganado las elecciones. Son los mismos partidos los que deben trabajar por encontrar una solución.
Pero no es ésa la tarea de la Iglesia que debe  ser neutral en política partidaria y sí acogedora y cercana con todos, sean del color político que sean.

•Domingo 27 de diciembre, Sagrada Familia – C (Lucas 2,41-52): ¿Qué familia? José Antonio Pagola

¿QUÉ FAMILIA?

Hoy es el Día de la familia cristiana. Una fiesta establecida recientemente para que los cristianos celebremos y ahondemos en lo que puede ser un proyecto familiar entendido y vivido desde el espíritu de Jesús.
No basta defender de manera abstracta el valor de la familia. Tampoco es suficiente imaginar la vida familiar según el modelo de la familia de Nazaret, idealizada desde nuestra concepción de la familia tradicional. Seguir a Jesús puede exigir a veces cuestionar y transformar esquemas y costumbres muy arraigados en nosotros.
La familia no es para Jesús algo absoluto e intocable. Más aún. Lo decisivo no es la familia de sangre, sino esa gran familia que hemos de ir construyendo los humanos escuchando el deseo del único Padre de todos. Incluso sus padres lo tendrán que aprender, no sin problemas y conflictos.
Según el relato de Lucas, los padres de Jesús lo buscan acongojados, al descubrir que los ha abandonado sin preocuparse de ellos. ¿Cómo puede actuar así? Su madre se lo reprocha en cuanto lo encuentra: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Jesús los sorprende con una respuesta inesperada: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?».
Sus padres «no le comprendieron». Solo ahondando en sus palabras y en su comportamiento de cara a su familia, descubrirán progresivamente que, para Jesús, lo primero es la familia humana: una sociedad más fraterna, justa y solidaria, tal como la quiere Dios.
No podemos celebrar responsablemente la fiesta de hoy sin escuchar el reto de nuestra fe.
  • ¿Cómo son nuestras familias? ¿Viven comprometidas en una sociedad mejor y más humana, o encerradas exclusivamente en sus propios intereses? ¿Educan para la solidaridad, la búsqueda de paz, la sensibilidad hacia los necesitados, la compasión, o enseñan a vivir para el bienestar insaciable, el máximo lucro y el olvido de los demás?
  • ¿Qué está sucediendo en nuestros hogares? ¿Se cuida la fe, se recuerda a Jesucristo, se aprende a rezar, o solo se transmite indiferencia, incredulidad y vacío de Dios? ¿Se educa para vivir desde una conciencia moral responsable, sana, coherente con la fe cristiana, o se favorece un estilo de vida superficial, sin metas ni ideales, sin criterios ni sentido último?

Domingo 27 de diciembre de 2015: Sagrada Familia

 


Sagrada Familia2Juan, apóstol y evangelista (s. I)
Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todos estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones. ··· Ver noticia ···

Navidad: cada vez que nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano Leonardo Boff



Navidad3Estamos en época de Navidad, pero el aura no es de Navidad, sino más bien de Viernes Santo. Tantas son las crisis, los ataques terroristas, las guerras que las potencias belicosas y militaristas (EE.UU., Francia, Inglaterra, Rusia y Alemania) conducen juntas contra el estado islámico, destruyendo prácticamente Siria, con una muerte espantosa de civiles y niños, como la misma prensa ha mostrado, la atmósfera contaminada de rencores y espíritu de venganza en la política brasileña, por no hablar de los niveles astronómicos de corrupción: todo esto apaga las luces de Navidad y ensombrece los pinos que deberían crear el ambiente de alegría y de inocencia infantil que todavía existe en toda persona humana.

Quién pueda ver la película Niños Invisibles, en siete escenas diferentes, dirigidas por directores de renombre como Spike Lee, Katia Lund, John Woo, entre otros, puede darse cuenta de las vidas destruidas de los niños en muchas partes del mundo, condenados a vivir de la basura y en la basura; y sin embargo, hay escenas conmovedoras de camaradería, de pequeñas alegrías en los ojos tristes, y de solidaridad entre ellos.
Y pensar que son millones en el mundo de hoy y que el propio niño Jesús, según las Escrituras, nació en un pesebre para animales, porque no había lugar para María, cercana al parto, en ninguna posada en Belén. Él se mezcló con el destino de todos estos niños maltratados por nuestra falta de sensibilidad.
Más tarde, ese mismo Jesús ya adulto dirá: “quien recibe a estos hermanos míos más pequeños, a mí me recibe”. La Navidad tiene lugar cuando se da esta acogida, como la que el Padre Lancelotti organiza en São Paulo para cientos de niños de la calle bajo un viaducto, que contó durante años con la presencia del presidente Lula.
En medio de todas estas desgracias en el mundo y en Brasil, me viene a la mente una pieza de madera con una inscripción pirograbada que un interno de un hospital psiquiátrico de Minas me dio durante una visita que hice allí para animar al personal. En ella está escrito: «Cuando nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano».
¿Puede haber un acto de fe y esperanza mayor que este? En algunas culturas de África se dice que Dios está de manera especialmente presente en los que nosotros llamamos “locos”. Por eso son adoptados por todos y todos cuidan de ellos como si fueran un hermano o una hermana. Así se integran y viven en paz. Nuestra cultura los aísla y no los reconoce.
La Navidad de este año nos remite a esta humanidad ofendida y a todos los niños invisibles cuyos padecimientos son como los del niño Jesús, que ciertamente en el invierno de los campos de Belén temblaba en el pesebre. Según una antigua leyenda, se calentó con el aliento de dos caballos viejos que, en recompensa, adquirieron después completa vitalidad.
Vale la pena recordar el significado religioso de la Navidad: Dios no es un viejo barbudo con ojos penetrantes, ni un juez severo que juzga todas nuestras acciones. Es un niño. Y como niño no juzga a nadie. Sólo quiere vivir y ser querido. Del pesebre viene esta voz: «¡Oh, criatura humana, no temas a Dios! ¿No ves que su madre ha envuelto sus pequeños brazos? Él no amenaza a nadie. Más que ayuda, necesita ser ayudado y llevado en brazos».
Nadie mejor que Fernando Pessoa entendió el significado humano y la verdad del niño Jesús:
«Él es el Niño Eterno, el Dios que faltaba. Es tan humano que es natural. Es el Divino que sonríe y juega. Por eso sé con toda seguridad que él es el Niño Jesús verdadero. Es un niño tan humano que es divino. Nos llevamos tan bien los dos, en compañía de todo, que nunca pensamos el uno en el otro… Cuando me muera, Niño mío, déjame ser el niño, el más pequeño. Tómame en tus brazos y llévame a tu casa. Desnuda mi ser cansado y humano. Acuéstame en la cama. Cuéntame historias, si me despierto, para que me vuelva a dormir. Y dame tus sueños para que juegue, hasta que nazca cualquier día que tú sabes cuál es».
¿Se puede contener la emoción ante tanta belleza? Por esto, todavía, a pesar de los pesares, podemos celebrar discretamente la Navidad.
Termino con este otro mensaje que tiene significado y que me encanta: «Todo niño quiere ser hombre. Todo hombre quiere ser rey. Todo rey quiere ser “dios”. Sólo Dios quiso ser niño».
Abracémonos unos a otros como quien abraza al Divino Niño que se esconde en nosotros y que nunca nos abandonó. Y que la Navidad sea todavía una fiesta discretamente feliz.


*Leonardo Boff es teólogo y columnista del JB online.


Traducción de Mª José Gavito Milano

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Todos los lunes
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Todos los miércoles
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Días 11 y 25 (lunes)
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Día 14 (jueves)
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Crecimiento Personal.
Día 19 (martes)
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Taller para aprender  a gestionar
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Días 21 y 28 (jueves)
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martes, 22 de diciembre de 2015

Navidad… ¿qué Navidad? José Luis Remirez ( Bayona)


Belén2Qué recuerdos de niños, tan bonitos, comida mejorada con los abuelos, tíos y primos en un ambiente más caluroso que de costumbre y con regalos, modestos en aquel entonces, pero que tenían el gusto de lo poco corriente. Una de las fiestas más entrañables del año. Hoy día, aunque se ha perdido parte del sentido de aquel entonces, sigue siendo una de las fiestas más bonitas porque es el momento de reunirse con la familia, con los más allegados y compartir cosas buenas, en un momento de convivialidad gozosa.


Todo ello es bueno. Para los cristianos, Navidad es mucho más. Tiene un profundo significado: celebramos el nacimiento de Jesús de Nazaret, de Jesucristo, del Emanuel. La Iglesia subraya la importancia de esta celebración haciéndola preceder del Adviento (la preparación interior a este advenimiento) e iniciando así el año litúrgico.
El nacimiento de Jesús muestra un elemento esencial del mensaje cristiano: Dios se ha encarnado, se ha hecho como uno de nosotros sin remilgos ni concesiones para darnos el extraordinario mensaje de liberación: Dios es Padre y nosotros sus hijos. Esto nos abre todas las perspectivas, todo es posible. Se ha encarnado y, por ello, es el Emanuel: DIOS CON NOSOTROS. Navidad no es una mera celebración, por muy entrañable e incluso espiritual que sea. Si Jesús se encarnó fue para que sigamos su ejemplo.

Entonces ¿Qué Emanuel, qué “Dios con nosotros” llevamos dentro, el cual no espera más que nuestra decisión para salir hacia los hombres? ¿Qué Emanuel, “qué Dios con el otro” somos cada uno de nosotros, qué utilidad nos habita, hacia la vida, hacia los hombres, hacia la tierra, y dará sentido a nuestra vida? Ese dar a luz no entraña ninguna hazaña, tiene lugar en la vida diaria, cada uno en su lugar y a su medida. Jesús se encarnó; ahora nos toca a nosotros. Esa es la Navidad, para los cristianos y para toda persona de buena voluntad.
Y ¿por qué no empezar ya, en estos días en que la vida nos lleva a estar en relación con muchos otros, empezando por los más desfavorecidos (exterior e interiormente)?

El Papa: “Las enfermedades de la curia han causado dolor y heridas” Pablo Ordaz

 

Papa Francisco7
Bergoglio dice que las reformas de la Iglesia seguirán y elabora un “catálogo de virtudes”
Hace justo un año, el papa Francisco aprovechó el tradicional encuentro navideño con la curia romana para advertir a los principales jerarcas de la Iglesia católica de las 15 enfermedades que golpean la salud del Vaticano, entre las que destacó “la mundanidad, el exhibicionismo y la vanagloria”. Una Navidad después, reunido de nuevo frente a la curia, Jorge Mario Bergoglio ha constatado: “Alguna de aquellas enfermedades se han manifestado, causando no poco dolor e hiriendo a tantas almas”. El Papa ha asegurado que, pese a todas las resistencias, “las reformas de la Iglesia irán adelante con determinación”. ··· Ver noticia ···