FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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miércoles, 19 de junio de 2013

Los jesuitas denuncian la situación en la que viven millones de desplazados en todo el mundo

Religión Digital
Este jueves se conmemora el Día Mundial del Refugiado
Proyección simultánea en Líbano, Nueva York y Roma del trabajo del Servicio Jesuita a Refugiados
El Servicio Jesuíta a Refugiados ha organizado una proyección simultánea en Líbano, Nueva York y Roma sobre la lucha diaria de refugiados y solicitantes de asilo para conmemorar el Día Mundial del Refugiado, que se celebra este jueves, 20 de junio.
De este modo, a partir de este martes 18 de junio y hasta el viernes 21 de junio, entre las 21.00 y las 02.00 horas, se proyectará el vídeo en Roma sobre la fachada de la Iglesia de Gesù, templo principal de la Compañía de Jesús y donde se encuentra la tumba de San Ignacio de Loyola. Mientras, en Nueva York y Líbano la proyección tendrá lugar este jueves. El vídeo, que dura doce minutos, muestra a través de 200 fotos, la vida y la lucha de los refugiados y solicitantes de asilo, obligados a huir de la guerra, persecución y otras violaciones de los derechos humanos.
Esta iniciativa ha sido galardonada por el presidente de la República Italiana, Giorgio Napolitano, con la ‘Medaglia di Rappresentanza’ por su objetivo de “sensibilizar a la opinión pública a fin de que presione a los políticos para que defiendan los derechos humanos fundamentales de los refugiados y solicitantes de asilo, particularmente en las áreas de recepción, seguridad alimentaria y educación”.
Además, este martes también se inaugura la exposición fotográfica ‘Refugio y Atención’, en el interior de la iglesia del ‘Gesù’, que hasta el próximo 30 de junio muestra la hospitalidad con los refugiados a través de fotografías del personal del JRS en la República Democrática del Congo, Líbano y Siria.
El presidente del Senado italiano, Pietro Grasso, recuerda en un mensaje enviado al director internacional del JRS el jesuita Peter Balleis que “los refugiados son personas como el resto que, por razones ajenas a su voluntad, se han visto obligados a abandonar sus hogares, países, empleos y, a menudo, sus familias para empezar de nuevo en países de acogida”. En esta línea, destaca el valor del “trabajo de concienciación realizado por las asociaciones, instituciones, voluntarios y ciudadanos en Italia para dar esperanza a aquellos que buscan ayuda para reconstruir sus vidas”.
El Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) es una organización católica internacional cuya misión es acompañar, servir y defender los intereses de los refugiados y otras personas desplazadas por la fuerza. Lleva a cabo programas en cincuenta países asistiendo a refugiados en campamentos y ciudades, a personas desplazadas dentro de sus propios países, a solicitantes de asilo en áreas urbanas, y a los que están recluidos en centros de detención. Sus principales áreas de trabajo son: educación, asistencia de emergencia, atención médica, actividades de subsistencia y servicios sociales.
En concreto, el JRS ofrece mensualmente ayuda alimentaria a más de 100.000 personas en Oriente Próximo y África del Norte, principalmente en Siria, y también en Jordania y el Líbano. Este apoyo se proporciona mediante la elaboración diaria de más de 20.000 comidas calientes en las cocinas de campaña del JRS para aquellas familias que carecen de equipos de cocina, por ejemplo, en Alepo y Damasco. Estas comidas se distribuyen en mezquitas, escuelas convertidas en refugio, edificios públicos, parques, entre otros.
(Rd/Ep)

Una civilizacion en decadencia Jaime Richart

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Oswald Spengler pronosticaba en 1921 una dictadura universal hacia 2020. Spengler lo razona a partir del concepto de “épocas correspondientes”. Hoy ya no parece descabellado el vaticinio.
Una sociedad que, como la europea y la americana en su conjunto se edifican sobre “el consumo”, y en la española en particular gran parte de los políticos están incursos en procesos penales o bajo sospecha, y en las que el máximo interés que aportan los medios consiste básicamente en resaltar contradicciones, imposturas y descubrir el latrocinio de los políticos y los gobernantes, es una sociedad caduca, decadente…
Las circunvalaciones que hacen los administradores europeos, por otro lado, que dirigen las operaciones económicas y sus derivadas de la política son consecuencia de que intuyen que el mundo y cada país por separado no pueden gravitar en torno al concepto “consumo”, ni siquiera sostenido; que el planeta no puede seguir así. Y si digo que lo intuyen, no que son conscientes, es porque los contemporáneos de cualquier lugar, por más que haya progresado mucho la visión global del pasado como del futuro, no se percatan exactamente del alcance ni la extensión de los fenómenos sociológicos que viven…
Si todos los políticos del mundo, conservadores y socialdemócratas, se reunieran en una tertulia de Café, seguro que todos en este trance llegarían a la conclusión de que el capitalismo, el mercado libre, el sistema en suma, llevan camino de ser causa de la extinción de las próximas generaciones, aunque las presentes sobrevivan e incluso vivan relativamente bien con inmensas islas de sufrimiento y suicidios. Pero la verdad, la realidad, el lenguaje y la psicología colectiva del ámbito público se retuerce hasta el bloqueo de la inteligencia del grupo situándose al nivel, siempre y por defecto, de los menos inteligentes, de los menos solventes y de los que tienen menos escrúpulos. Si el Club Bilderberg publicase todo lo que sabe y trama, el mundo entero se alzaría en armas contra todos los poderes…
En cuanto a España, que no confíe en superar esta clase de crisis, tal como la sufre y según los referentes sobre bienestar que se tienen hasta ahora. En cualquier caso, la única manera de superarla pasa por modificar los registros mentales sobre los conceptos felicidad y bienestar, relegando el concepto “consumo” y Deuda a términos mostrencos con elevadísima carga destructiva. Porque “consumiendo”, gastando, despilfarrando, depredando, viviendo hacia fuera y nada hacia el interior, el individuo se enajena y no sólo no habrá espacio para el bienestar colectivo, es que ni todo el petróleo del mundo, ni toda la producción del mundo, ni las compraventas de “la Deuda” serán resortes suficientes para mantener un régimen económico, político y social de paraíso perdido que no volverá .
En definitiva, y al modo de Bertrand Russell que decía en su ensayo “Elogio de la ociosidad” “Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daños, y que lo que hay que predicar en los países industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado”, yo opino que es urgente buscar otro modelo de sociedad que vuelva la vista a la Naturaleza, al Arte, a la conciliación permanente, reemplazado el consumo por la expansión y la Deuda nuevamente por el ahorro. Sólo renunciando al valor artificial y evanescente que encierran el consumo y la deuda, nos haremos libres y fuertes ante esa dictadura, primero doméstica y luego universal que se avecina…

Los nuncios apostólicos Mario Mullo Sandoval- Quito (Ecuador)

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Comparto esta reflexion
En el año de 1967, la jerarquía del Ecuador, se reunió en la ciudad de Cuenca, proclamo un documento importante llamado Declaración Programática, para la Iglesia en el Ecuador, cuyas resoluciones principales decían: “ La Iglesia quiere ser fiel a lo que Cristo le pide en el Concilio para nuestro tiempo. En esta declaración expone el plan pastoral para aplicar las conclusiones del Concilio Vaticano II. El espíritu de la caridad se basa en la renovación de las funciones de los organismos e instituciones que tiene la Iglesia; los obispos, los presbíteros, los religiosos, los laicos. La Iglesia en el Ecuador mantiene una viva conciencia de dar testimonio de auténtica pobreza, a imitación de Cristo pobre, testimonio que es garantía de la eficacia de su mensaje”.
En esos mismos años los Cristianos de Chile, señalaban que la autarquía financiera de los Obispos, esto es, la independencia económica de un estado, se vio cuestionada por los principios de la pobreza que tuvo un sitial importante en el Concilio. El principio de la pobreza sufrió muchos embates, hubo serias críticas a la vida de muchos obispos, clérigos, nuncios de vida rica, capitalista, en medio de un pueblo que sufre hambre y miseria.( Un Cristiano después del Concilio, Santiago de Chile 1970)
Ante estas realidades, las fuerzas vivas de la Iglesia, los movimientos apostólicos, la juventud estudiantil católica, los universitarios, en todo el mundo católico, en América Latina, exigían que se cambie de vida, que se tomen posturas radicales frente a la opulencia y el despilfarro y se dé testimonio de pobreza.
En Quito, en Diciembre del año de 1968, los sacerdotes de la parroquia de San Roque, señalaron que la nunciatura es un anti testimonio, porque es un palacio de arquitectura feudal, que ocupaba una manzana de propiedad territorial, y el Nuncio estaba servido por una comunidad de religiosas.
Los estudiantes de la Universidad Católica, los grupos juveniles de la Arquidiócesis, hicieron una huelga de hambre frente a la nunciatura, exigiendo al Nuncio que se cambie de residencia y practique el evangelio enseñado por Jesús, porque la nunciatura era un escándalo para los pobres. En estas manifestaciones participo el sacerdote Comboniano Camaratta, de nacionalidad Italiana, la jerarquía eclesiástica, la Nunciatura, y la cancillería, lo expulso del país
En Agosto del año de 1976, el Nuncio, el Obispo Franciscano Echeverría, Presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, pidieron al ministro de Gobierno, la expulsión de los Obispos que participaron en una reunión Latinoamericana que se desarrollaba en la ciudad de Riobamba, junto al Obispo Leonidas Proaño.
El 30 de Octubre del año 2010, el Vaticano, a través del Nuncio notifico al Obispo de Sucumbios, Gonzalo López Marañón, que debe abandonar la diócesis y dejar a los heraldos del Evangelio, motivo por el cual se creó la división en la provincia, por lo cual en Mayo de 2011 el Obispo López Marañón tuvo que hacer una huelga de hambre, para que la paz y la unidad vuelvan a la provincia.
Estos son los hechos de la vida real, juzguen hermanos, as
Pregunto, quien es el nuncio? Respondo, es el representante diplomático del Vaticano, y es acreditado ante un gobierno. Su papel es secular, político
La nunciatura es la casa donde vive el Nuncio y tiene sus oficinas para atender las cuestione s administrativas competentes a sus funciones.
Entonces porque sobrepasa la autoridad de los Obispos en las diócesis. Desconozco que existen leyes que vienen desde el Vaticano. Porque muchas veces resulta ser más papista que el papa.
Creo y creemos, que el Papa Francisco debe tomar en cuenta este tema. Que debe cambiar la concepción y misión de los nuncios, aunque el problema es complejo, mientras el Vaticano sea un estado. y las nunciaturas de la Iglesia Católica, sean pequeños territorios enclavados en las naciones. Pensamos que lo que debe primar es la presencia del representante de Pedro, que anuncia el evangelio con la palabra y el ejemplo.
Quito 12 de junio 2013

Técnicos de Hacienda: “Es muy extraño que trece notarios se confundan con un DNI”

El portavoz del sindicato de Técnicos de Hacienda (Gestha), José María Mollinedo, ha asegurado, en declaraciones a Europa Press, que siempre se pueden cometer errores, pero 13 y con notarios y registradores distintos es una cosa “muy extraña” y “algo inaudito”. Mollinedo se pronunciaba así en referencia al informe remitido por la Agencia Tributaria al juez Castro, en el que atribuye a la Infanta Cristina la venta de 13 inmuebles por 1,4 millones de euros.
“Errores siempre se pueden cometer, pero trece veces es muy fuerte y que trece notarios distintos se confundan con un DNI y, además, con el mismo DNI, es muy extraño”, exclamó.
En este sentido, quiso dejar claro que “eso no ocurre con los ciudadanos de a pie”, ya que, dijo, “puede haber una equivocación, pero no trece”. En su opinión, lo ocurrido con el informe de la Infanta “es algo inaudito” y además, alega, todos los errores son “del mismo estilo, con ventas de inmuebles”.
“ALGO INAUDITO”
El portavoz de los Técnicos de Hacienda, asegura que “lo más llamativo es que si esos datos figuraban en la información fiscal de 2005 y 2006 de la Infanta, la Agencia no le enviaran los datos fiscales de los ejercicios correspondientes, le reclamara las cantidades tributarias que debería haber pagado por esas ventas y Doña Cristina hubiera podido aclarar la situación y dejar claro que esas fincas no eran suyas”.
“Lo normal es que la Agencia le hubiera requerido por el incremento patrimonial sin declarar”, recalcó y considera que la Agencia Tributaria tiene que dar una explicación de “por qué no lo hizo”.
“Es un error, que parece que lo comete el notario, el registrador, el catastro, Hacienda y al final, tiene que ser un procedimiento como éste el que lo destape”, señaló al tiempo que insistía en que sigue habiendo “muchos interrogantes que no están solucionados para saber quién está cometiendo el fallo”. “Mientras que esa información no esté aclarada todo está en el terreno de la conjetura”, concluyó.

El papa dice que un cristiano si no es revolucionario, no es cristiano

El papa Francisco dijo hoy que “un cristiano si no es revolucionario en los tiempos actuales no es cristiano” y subrayó que si bien en la historia ha habido muchos revolucionarios, “ninguno ha tenido la fuerza de la revolución de Jesús”, que transformó la historia y cambió el corazón del hombre.
El pontífice se dirigió así a los fieles que acudieron al Aula Pablo VI con motivo de la apertura del simposio eclesiástico de la diócesis de Roma y pidió a los presentes “ser portadores de la palabra de Jesús”.
“No entiendo las comunidades cristianas que se encierran en la parroquia”, aseveró el pontífice que instó a no tener miedo al diálogo con otras comunidades e invitó a ofrecer “esperanza cristiana con el propio testimonio, con la propia libertad y con la propia alegría”.
Así Francisco, que llegó al Aula Pablo VI a pie acompañado del cardenal vicario Agostino Vallini saludando a los muchos fieles que quisieron acompañarle, quiso explicar qué significa vivir bajo la gracia de Dios.
“Debemos pedir el don de la generosidad de la gracia, el valor y la paciencia de salir y anunciar el Evangelio”, señaló el pontífice, quien explicó que “valor y paciencia” son las dos virtudes necesarias para “salir de uno mismo” e ir allí donde los “hombres y las mujeres viven, trabajan y sufren y anunciarles la misericordia del Padre que se hizo conocer en los hombres en Jesús”.
El papa indicó que “las revoluciones de la historia han cambiado sistemas políticos y económicos, pero ninguna de ellas ha cambiado verdaderamente el corazón del hombre: la verdadera revolución la cumplió Jesús a través de su resurrección”.
Francisco pidió a los presentes a no mostrarse indiferentes ante los problemas de una ciudad como Roma y se refirió además a los jóvenes y a los que entre éstos “desean experimentar cosas y no encuentran sentido a la vida hallando en el suicidio una solución”.
“¿Sabéis cuántos suicidios tienen lugar hoy en día en el mundo? La cifra es alta, porque no tienen esperanza, han probado muchas cosas y la sociedad, que es cruel, no siempre puede dar esperanza”, dijo el pontífice.
Al cierre del acto, el pontífice decidió evitar seguir el protocolo y salir por la puerta lateral y volvió a atravesar el Aula Pablo VI para tener la oportunidad de saludar a los varios miles de fieles que allí se encontraban.
EFE

lunes, 17 de junio de 2013

Ser radicalmente pobre para ser plenamente hermano Leonardo Boff, teólogo



Una de las primeras cosas que dijo el Papa Francisco fue “cómo me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”. Este objetivo está en consonancia con el espíritu de San Francisco, llamado el Poverello, el Pobrecito de Asís. Él no pretendió gestar una Iglesia pobre para los pobres, pues no era realizable bajo el régimen de cristiandad donde la Iglesia tenía todo el poder, pero creó en torno suyo un movimiento y una comunidad de pobres con los pobres y como los pobres.


En cuanto a la extracción de clase, Francisco pertenecía a la próspera burguesía local. Su padre era un rico comerciante de telas. De joven lideraba un grupo de amigos bohemios ̶ jeunesse dorée ̶ que vivía de fiesta en fiesta y cantaba a los juglares del sur de Francia. De adulto sufrió una fuerte crisis existencial. Desde dentro de esa crisis surgió en él una inexplicable misericordia y amor a los pobres, especialmente a los leprosos, incomunicados, en las afueras de la ciudad. Abandonó la familia y los negocios, asumió la pobreza evangélica radical y se fue a vivir con los leprosos. Jesús pobre y crucificado y los pobres reales fueron los móviles de su cambio de vida. Pasó dos años en oración y penitencia, hasta que interiormente escuchó una llamada del Crucificado: “Francisco, vete y repara mi Iglesia que está en ruinas”.


Le costó entender que no se trataba de algo material, sino de una misión espiritual. Se fue por los caminos predicando en los burgos el evangelio en lengua popular. Y lo hacía con tanta alegría, “grazie” y fuerza de convicción que fascinó a algunos de sus antiguos compañeros. En 1209 consiguió que el Papa Inocencio III aprobase su “locura” evangélica. Comenzaba el movimiento franciscano que en menos de veinte años tendría más de cinco mil seguidores.

 Cuatro ejes estructuran el movimiento: el amor apasionado a Cristo crucificado, el amor tierno y fraterno a los pobres, la “señora dama pobreza”, sencillez genuina y gran humildad.


Dejando a un lado los otros ejes, intentemos entender cómo Francisco vio y vivió con los pobres. No hizo nada para los pobres (algún lazareto u obra asistencial), pero hizo mucho por los pobres, pues los incluía en la predicación del evangelio y cuando podía estaba con ellos, pero hizo más: vivió como los pobres. Asumió su vida, sus costumbres, los besaba, limpiaba sus heridas y comía con ellos. Se hizo un pobre entre los pobres. Y si encontraba a alguien más pobre que él, le daba parte de su ropa para ser realmente el más pobres de los pobres.


La pobreza no consiste en no tener, sino en la capacidad de dar y volver a dar hasta expropiarse de todo. No es un camino ascético, sino la mediación para una excelencia incomparable: la identificación con Cristo pobre y con los pobres con los cuales estableció una relación de fraternidad.


Francisco había intuido que las posesiones se interponen entre las personas, impidiendo que se miren a los ojos y que el corazón hable al corazón. Los intereses son lo que se encuentra entre (inter-esse) las personas y lo que crea obstáculos a la fraternidad. La pobreza es el esfuerzo continuo para eliminar las posesiones e intereses de cualquier tipo para que de ahí resulte la fraternidad verdadera. Ser radicalmente pobre para ser plenamente hermano, este es el proyecto de Francisco, de ahí la importancia de la pobreza radical.


Cierto es que la pobreza así de extrema era pesada y dura. Nadie vive solo de mística. La existencia en el cuerpo y el mundo plantea demandas que no pueden ser falsificadas. ¿Cómo humanizar la deshumanización real que comporta este tipo de pobreza? Las fuentes de la época dan testimonio de que los hermanos parecían “homines silvestres (salvajes) que comen muy poco, van descalzos y visten con los peores vestidos”. Pero, para sorpresa de todos, dicen que nunca pierden la alegría y el buen humor.


En este contexto de pobreza extrema Francisco da valor a la fraternidad. La pobreza de cada uno es un reto para el otro, para cuidar de él y proporcionarle, mediante la limosna o el trabajo, lo mínimo necesario, darle cobijo y seguridad. Con esto el tener es sustituido en su pretensión de dar seguridad y humanización. Francisco quiere que cada fraile cumpla con la misión de madre para con otro, ya que las madres saben cómo cuidar, especialmente a los enfermos. Sólo el cuidado recíproco humaniza la existencia como lo mostró M. Heidegger en su Ser y Tiempo. Para quienes vivían totalmente desprotegidos, la fraternidad significaba efectivamente todo. El biógrafo Tomás de Celano describe la alegría y el gozo en medio de su pobreza severa. Escribía: “llenos de saudades trataban de encontrarse y estaban felices cuando podían estar juntos, el alejamiento era doloroso, la partida amarga, la separación triste”. El despojamiento total les abría al disfrute de las bellezas del mundo, pues no las querían tener, solo saborear. 


Muchas lecciones podrían extraerse de esta aventura espiritual. Quedémonos con una: para Francisco las relaciones humanas deben construirse siempre a partir de los que no son y no tienen la visión de los poderosos. Deben ser abrazados como hermanos. Sólo una fraternidad que viene desde abajo y desde ahí engloba a todos los demás, es verdaderamente humana y tiene sostenibilidad. La Iglesia, tal como la tenemos hoy, nunca será como los pobres. Pero puede ser para y con los pobres, como la sueña el Papa Francisco.

La censura mediática silencia que 3158 españoles se suicidan por la crisis, 119 de ellos por desahucios

España es un país que está resistiendo bien la crisis porque a pesar de la dureza y crueldad con que sus dirigentes tratan a los ciudadanos, la “paz social” es un hecho incuestionable, dice el economista hindú Raghuram Rajan, autor del libro Grietas del Sistema.
Y no le falta razón, solo que las causas de esta “paz social” no están en la eficacia de los sindicatos y de los partidos de la oposición para vehicular todo el odio e indignación que suscita el saqueo permanente de esta “casta” o “partitocracia” que arrasa nuestra economía, sino que directamente se han unido a ella en detrimento de los propios españoles. Por eso la “paz social” en España, construida a costa de desarticular la sociedad civil para sustituirla por partidos y sindicatos subvencionados, se basa en un hecho oculto que provoca la ausencia de salidas y alternativas: 3.158 españoles se han suicidado, 119 de ellos por desahucios.
Esta semana ha ocurrido en Málaga, uno más. Leandro C.M.G., de 36 años de edad, se ha quemado a lo bonzo frente a la Junta de Andalucía, que le había negado una ayuda para atender a su madre, que falleció por ello. El político responsable, delegado territorial de Salud y Bienestar Social en Málaga, el socialista Daniel Pérez, se lavó las manos: “su expediente no se resolvió favorablemente porque no se presentó la documentación solicitada”.Hasta el presidente andaluz, José Antonio Griñán, se mostró inflexible: “no consta ninguna solicitud en la Junta de Andalucía”.
Su caso apenas suscitó unas líneas en la prensa ni generó interés en el resto de la sociedad, cuando este mismo hecho en Túnez, cuando el joven universitario y vendedor ambulante, Mohamed Bouazizi, se prendió fuego y produjo desde 2010 una oleada de revoluciones y derrocamientos de partidos en el mundo árabe: Túnez, Egipto, Libia, Siria y ahora Turquía, donde la sociedad civil también ha hecho retroceder al “sultán” Erdogán manifestándose masivamente en la calle sin perder su capacidad de intimidar a los políticos.
La crueldad e insensibilidad de los políticos en torno al drama de la pobreza y el paro ha convertido a España en la vergüenza del mundo, sin que los poderes públicos se aperciban de la gravedad de la catástrofe para quienes la sufren. Este cataclismo ha obligado al movimiento 15-M a abrir una página en wikipedia para intentar cuantificar el número de suicidios en España relacionados con la crisis, cifra que va a aumentando cada mes. No están incluidas las tentativas como la del joven Leandro en Málaga, lo que incrementaría notablemente la cifra.
La situación parece evidenciar que en España, ante la falta de alternativas políticas, los ciudadanos optan por quitarse la vida antes que rebelarse contra el régimen o ayudar a su derrocamiento o sustitución. Algunos movimientos sociales están barajando la idea de dar a conocer los nombres de los políticos con cargo y sueldo vigente que desempeñan su labor en la provincia en la que se produce el suicidio de un ciudadano por las crisis, para poder hacerlos algún día responsables del mismo. El propio Leandro, con quemaduras en un 50% de su cuerpo que le han destrozado la vida, culpó a Rubalcaba y a la Junta de Andalucía por su desesperación. Los ciudadanos saben bien donde apunta el origen del drama.
Aunque la prensa y las administraciones públicas lo silencian, ya es oficial que el suicidio es la primera causa de muerte violenta en España, pues en 2011 aumentó a 3.158 casos debido a la pobreza, al paro y a los desahucios, según el Instituto Nacional de Estadística. La enumeración se hace muy difícil en estos casos, que solo transcienden muy pocas veces a la prensa y cuya relación se publica en cualquier caso con mucho retraso. Uno de los escasos datos que se conocen fue divulgado por Tercera Información y Mundo Obrero, dos diarios que han investigado el drama y han estimado en 119 el número de personas que se quitaron la vida entre enero y noviembre de 2012 al ser desahuciados por no poder pagar la hipoteca bancaria.
El desastre se agrava porque los periodistas del régimen son obligados a silenciar estos sucesos, ya que los medios de comunicación son víctimas de una creencia política, alimentada por la “casta”, que presupone que la publicación de la noticia de un suicidio provoca un sentimiento de imitación en quien, padeciendo las mismas circunstancias que el afectado, la lee o escucha. Esto lleva al silencio y a la censura, en unos momentos en que es fundamental conocer cual es la realidad del verdadero impacto de la crisis económica en las clases medias y trabajadoras de España.

España y la selección “under 21″ Jaime Richart

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Aunque siempre son necesarias reservas sobre el particular, pues toda sociedad es un conglomerado de rasgos caracteriológicos (y con mayor razón las sociedades complejas por sus diferentes climas, orografía e historia), en el ámbito de las disciplinas sociales: geografía humana, sociología, antropología o psicología social es posible afirmar que el pecado capital por antonomasia del español es la envidia. Fernando Díaz-Plaja lo vio con lucidez hace años en su ensayo “El español y los siete pecados capitales”.
Esto tiene muchas y graves consecuencias para la colectividad. Porque en España, en la empresa como en la política, en la res publica como en las comunidades de vecinos, ordinariamente la jefatura siempre está en manos del envidioso que además suele ser ambicioso al acecho de su oportunidad, que además es vanidoso, fatuo y tramposo. Siempre el envidioso, el mediocre o el peor posible; siempre el incompetente y el listillo sin escrúpulos en el timón de mando, con las excepciones de rigor…
La ausencia de los mejores es la triste realidad social. Y eso lo pagan muy caro grandes sectores de la población. Los mejores no están, por razones claras. Si se deciden en un momento de debilidad a servir a los demás, duran sólo horas al percatarse de que les va a ser imposible hacer su trabajo y ser íntegros al mismo tiempo; aunque sólo sea por tener que consentir lo que su conciencia no les permite consentir. Los mejores no están, porque los mediocres tienen todas las de ganar. Los mediocres, a falta de verdadera inteligencia y honestidad, poseen las habilidades que se han extirpado de su ánimo los mejores. El truco, la trampa, la mentira, la cuenta b, el engaño y la picaresca tan arraigada en el carácter hispano, son los rasgos dominantes.
Todo esto viene a cuento de la selección de fútbol “Under 21″ que juega ahora el campeonato europeo, cuyo partido entre Alemania y España veía yo ayer por televisión. Como no podía ser de otro modo, acabó ganando España… Con trampa.
Como el portero de la selección es un muchacho que venía sonándome desde hacía tiempo y me extrañaba que tuviese menos de veintiún años, hice la comprobación, tan fácil hoy por estar al alcance de cualquiera. Y vi que tiene 23 años. Seguí consultando y de los que iba cotejando ninguno, salvo dos, tenía menos de los 21 preceptivos que se supone es la regla y condiciones del campeonato. No seguí mirando más…
Me preguntaba mi esposa que cómo es posible que no hiciesen esa comprobación la Uefa o los alemanes. Yo le respondí que no se puede pasar la vida ni la sociedad ni Europa desconfiando hasta la neurastenia en todos los negocios que las personas y los países se traen entre manos. Quienes están al frente de la selección Under 21 presentaron los datos de la edad de los jugadores mintiendo, y los organizadores de la Uefa, como el equipo alemán, los dieron por buenos, y en paz…
Esto me llevó a la siguiente conclusión: España, con lo comentado acerca de la idiosincrasia del español, es campeona de muchas cosas. Pero, para conseguir lo que no consigue en otros ámbitos, entre otras cosas respeto internacional ¿cuántas trampas hacen los organizadores y jerifaltes deportivos? ¿a cuántos chanchullos se someten sumisamente los deportistas profesionales para lograr lo que sin trampas -ventajas, al final, sobre sus competidores- no conseguirían? ¿No es esto prueba fehaciente en otros órdenes de la política, de la economía, de la banca… de que España como marca y como miembro en el concierto de las naciones europeas es un bluff, una colosal mentira? ¿No es España una gran nación de naciones en manos, siempre, ahora e históricamente, de los peores posibles?
Así nos va. Ahora que vamos fatal, pero también cuando nos decían que íbamos bien pero era con engaños, baladronadas y placebos cuyos efectos rebote nos han traído a la situación catastrófica para millones de personas. Siempre la envidia, los fulleros, los truhanes y la picaresca: el marchamo de este hermosísimo y puñetero país…

Trinando con la Troika Pedro Serrano Martínez

Enviado a la página web de Redes Cristianas
La Troika financiera es un dios uno y trino que nos hace trinar. No pretendo ser irreverente, pero a la Troika (Comisión Europea, BCE y FMI) le encuentro cierto parecido con el misterio de la Santísima Trinidad, pues, como este último, tampoco se puede entender y explicar y consta de tres instituciones distintas y un solo poder verdadero.
La Troika es un ente todopoderoso y antidemocrático al que hay que rendir pleitesía y acatar sin rechistar sus dogmas económicos y políticos; un dios inmisericorde e insaciable al que cada día hay que ofrecer nuevos sacrificios humanos en forma de políticas de ajuste. La Troika, con la ayuda de gobiernos secuaces, está causando en Europa una crisis democrática sin precedentes en las últimas décadas y condenando a millones de personas a la precariedad por una deuda ilegítima e impagable, en su mayor parte de bancos, grandes empresas y entidades financieras.
Cuando la Troika nos ayuda o rescata, en realidad nos está ahogando. Con la coartada de la crisis de la deuda nos está imponiendo el desmantelamiento de los servicios públicos para entregarlos al sector privado, despojándonos así de los derechos sociales y laborales conquistados. Pero, mientras todo esto ocurre, se consiente de forma vergonzosa e impune la evasión fiscal y el crecimiento ilimitado de la economía financiera y especulativa. Y nada se hace por la cohesión social, por salvar a las personas y ofrecer un futuro a las próximas generaciones.

Los sacerdotes casados, signo de los tiempos(I) Rufo González

¿Qué dice el Espíritu a esta oración de un sacerdote casado: “aquí estamos, Señor, envíanos”
El comportamiento con los curas casados, ejemplo claro de desamor despótico
Animo a leer el libro: “Curas casados. Historias de fe y ternura” (Ramón Alario y Tere Cortés, coordinadores. Moceop. Albacete 2010). Encontraréis, como dice el subtítulo, unas magníficas “historias de fe y ternura”, y un comportamiento de la Iglesia “oficial” egoísta, no evangélico. Una muestra breve del año 2006.
“Sí, transmitir el evangelio, ayudar a vivirlo en mí y en quienes me rodeaban me encantaba pero vivir célibe me dejaba vacío, cada día un poco más … Esto no se pasaba, ya no eran crisis, era una constante. Mi corazón me estaba hablando otra cosa desde hacía mucho tiempo y no estaba haciendo caso. Dios mismo me hacía darme cuenta de que no podía seguir engañándome y engañándole a él y a todos; por muchos grupos, catequesis y homilías que pronunciase; aunque la gente me quisiese y alabase mis palabras o mis acciones; aunque Dios me diese muestras de su amor y fuese a veces instrumento suyo y testigo de su bondad con las personas…
Gracias a este encuentro (se refiere al contactar con el Movimiento pro Celibato Opcional), he comprobado que el camino que Dios me ha mostrado no es una locura mía. Mi vocación había sido siempre ser cura casado; y yo no me había dado cuenta. Por eso esa lucha interior, por eso esa vivencia ambivalente. Sí, ya sé que eso no existe hoy en la Iglesia Católica Romana, pero en su momento tampoco existieron los monjes, los eremitas o los laicos consagrados. Es la vocación que Dios quiere de mí. Y para eso me ha dado a conocer no sólo a MOCEOP sino, sobre todo, a una persona con la que compartir esta misión, esta ilusión y estilo de vida… A día de hoy, nos sentimos con la manos vacías, alzadas, puestas a disposición de lo que Él quiera. Estamos a la escucha, a la espera de conocer cómo y dónde quiere que hagamos realidad su sueño, su Reino. “Aquí estamos, Señor, envíanos”. (o.c. pág. 76).
Ante esta confesión de fe en la llamada divina, la respuesta oficial de la Iglesia en el año 2006 era esta: “Esos meses últimos en la parroquia, en los que tuve que vivir esta doble vida, porque me obligaban a llevarlo en silencio (“para no causar escándalo”), fueron una pesadilla. Mi conciencia se rebelaba contra mí, de modo especial, cuando celebraba la Eucaristía. De hecho me negué a hacerla. Las personas que asistían a ella ¿acaso no tenían derecho a saberlo? ¿Acaso no les estaba engañando? Si esto me hacia feliz, ¿por qué debía ocultarlo como si fuese un crimen? Tenía la impresión de que Dios mismo se avergonzaba de mi proceder hipócrita. y de hecho, días antes de volver a casa, me sinceré con los jóvenes de la parroquia. Y su repuesta fue, como rezaba un mural que me hicieron con sus dedicatorias: “siempre hemos estado ahí. .. y seguiremos estando” (o.c. pág. 72)…
“Si quería que me la concediesen (la dispensa del celibato), tenía que mentir. Decir que no sabía lo que hacía cuando me ordenaba, que era inmaduro, amén de plasmar mis miserias más íntimas…” (pág. 75 de o.c.).
Los curas casados, ejemplo de libertad y coraje cristiano
La Iglesia “oficial” lleva siglos maltratando a estos sacerdotes. Los considera desertores, rebeldes, resentidos, incluso traidores para un sector más fanático. No se han acercado a su vida con respeto, en sintonía con Jesús y con el espíritu del Vaticano II: “el Evangelio anuncia y proclama la libertad de los hijos de Dios, rechaza todas las esclavitudes, respeta santamente la dignidad de la conciencia y su libre decisión…, encomienda a todos a la caridad de todos…” (GS 41).
Este respeto santo a la conciencia brilla en el epílogo de J. M. Castillo: “Siento profunda admiración hacia quienes un día tomaron la decisión de reorientar sus vidas aun a costa de abandonar el ejercicio del ministerio sacerdotal… Estos hombres han tenido la libertad y el coraje de tomar la propia vida en sus propias manos, para conducir esas vidas como ellos veían que era lo que más y mejor cuadraba con su propia humanidad… La tarea fundamental, lo mismo de los ministros de la iglesia que de los laicos, es encontrar cada cual según sus posibilidades y sus condicionamientos, el camino más pleno de su plena humanización. Solamente así, y por este camino, podemos encontrar a Dios, al Dios trascendente y divino que se nos da y sale a nuestro encuentro en lo inmanente y humano” (Epílogo de “Curas casados. Historias de fe y ternura”. Pág. 339-355).
Antes, otro valiente cristiano había expresado la misma libertad sobre la “descabellada institución del celibato obligatorio de los obispos y presbíteros. La llamo descabellada, porque la ex­periencia histórica demuestra que es una cabezonería humana en que el Espíritu Santo no ha entrado, y que, por eso, siempre funcionó a trompicones… Bastantes curas, que actúan rectamente en conciencia, no se sienten ligados delante de Dios por una disciplina que vulnera derechos fundamentales del hombre. Manteniendo íntegra su fe, desde ella optan por secularizarse de hecho (renunciando a ejercitar el ministerio) y contraen matrimonio civil…
Estoy persuadido de que no hay el menor error moral en su decisión, porque Dios no avala disposiciones legales que atenten al bien del hombre, a los derechos fundamentales del mismo y al verdadero bien de la comunidad eclesial… Hacen muy bien estos hermanos y hermanas en apelar a su conciencia. Con su sinceridad y libertad están ayudando a la Iglesia…. De modo que los sacerdotes auto-secularizados que, con buena conciencia, contraen matrimonio civil, ni pecan ni incurren en excomunión. Y hacen muy bien las comunidades cristianas parroquiales o extraparroquiales, muy numerosas ya, que los mantienen sin discriminación alguna en su seno y participan con ellos en la comunión y en todas sus actividades eclesiales. Hacen lo que deben hacer y lo que Dios quiere” (José María Díez-Alegría: “Rebajas teológicas de otoño”. Editorial Desclee de Brouwer, S.A. Bilbao 1980. páginas 144-147).
“¡Hay que responder a los impulsos –llamadas- del Espíritu!” (GS 11)
Somos muchos en la Iglesia los que esperamos –a veces contra toda esperanza- que los dirigentes eclesiales se conviertan a los impulsos del Espíritu. El hecho mismo de la “secularización” de miles de sacerdotes es un signo llamativo de los tiempos. ¿Qué nos quiere decir el Espíritu de Dios en ese hecho?. “Es de todo el Pueblo de Dios, sobre todo de pastores y teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las variadas voces (lit.: “loquelas”: hablas, respuestas plurales…) y valorarlas a la luz de la palabra divina…” (GS 44). Resulta dolorosa la marginación que los pastores eclesiales hacen de este luminoso texto del Concilio. No tienen pudor alguno en creerse únicos poseedores del Espíritu, y ni escuchan al pueblo, ni a teólogos, ni al clero, ni a la libertad de los hijos de Dios. Su Ley está por encima de las comunidades cristianas, del mandato del Señor de “haced esto en memoria mía”, del sacramento del Orden…
Ya se encargan de callar voces, de hacer obispos obedientes a la Ley, de cercenar como sea la libertad. Hablaremos más delante de los “amarres” de la ley celibataria contrarios al Evangelio. Todo este disparatado dispositivo está haciendo mucho daño al Evangelio de la verdad y del amor. Así no podemos ser “germen y principio del reino de Dios” (LG 5), del reino del Amor: “paciente y bondadoso; que no tiene envidia, ni orgullo, ni se da importancia. Que no es grosero, ni egoísta; no se irrita ni lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que encuentra su alegría en la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. El amor verdadero no pasa nunca” (1Cor 13,4-8).

El día que acabó la crisis Juan José Millás

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Un buen día del año 2014 nos despertaremos y nos anunciarán que la crisis ha terminado. Correrán ríos de tinta escritos con nuestros dolores, celebrarán el fin de la pesadilla, nos harán creer que ha pasado el peligro aunque nos advertirán de que todavía hay síntomas de debilidad y que hay que ser muy prudentes para evitar recaídas.
Conseguirán que respiremos aliviados, que celebremos el acontecimiento, que depongamos la actitud crítica contra los poderes y nos prometerán que, poco a poco, volverá la tranquilidad a nuestras vidas.
Un buen día del año 2014, la crisis habrá terminado oficialmente y se nos quedará cara de bobos agradecidos, nos reprocharán nuestra desconfianza, darán por buenas las políticas de ajuste y volverán a dar cuerda al carrusel de la economía. Por supuesto, la crisis ecológica, la crisis del reparto desigual, la crisis de la
imposibilidad de crecimiento infinito permanecerá intacta pero esa amenaza nunca ha sido publicada ni difundida y los que de verdad dominan el mundo habrán puesto punto final a esta crisis estafa —mitad realidad, mitad ficción—, cuyo origen es difícil de descifrar pero cuyos objetivos han sido claros y contundentes: hacernos retroceder 30 años en derechos y en salarios.
Un buen día del año 2014, cuando los salarios se hayan abaratado hasta límites tercermundistas; cuando el trabajo sea tan barato que deje de ser el factor determinante del producto; cuando hayan arrodillado a todas las profesiones para que sus saberes quepan en una nómina escuálida; cuando hayan amaestrado a la juventud en el arte de trabajar casi gratis; cuando dispongan de una reserva de millones de
personas paradas dispuestas a ser polivalentes, desplazables y amoldables con tal de huir del infierno de la desesperación, entonces la crisis habrá terminado.
Un buen día del año 2014, cuando los alumnos se hacinen en las aulas y se haya conseguido expulsar del sistema educativo a un 30% de los estudiantes sin dejar rastro visible de la hazaña; cuando la salud se compre y no se ofrezca; cuando nuestro estado de salud se parezca al de nuestra cuenta bancaria; cuando nos cobren por cada servicio, por cada derecho, por cada prestación; cuando las pensiones sean tardías y rácanas, cuando nos convenzan de que necesitamos seguros privados para
garantizar nuestras vidas, entonces se habrá acabado la crisis.
Un buen día del año 2014, cuando hayan conseguido una nivelación a la baja de toda la estructura social y todos —excepto la cúpula puesta cuidadosamente a salvo en cada sector—, pisemos los charcos de la escasez o sintamos el aliento del miedo en nuestra espalda; cuando nos hayamos cansado de confrontarnos unos con otros y se hayan roto todos los puentes de la solidaridad, entonces nos anunciarán que la crisis
ha terminado.
Nunca en tan poco tiempo se habrá conseguido tanto. Tan solo cinco años le han bastado para reducir a cenizas derechos que tardaron siglos en conquistarse y extenderse. Una devastación tan brutal del paisaje social solo se había conseguido en Europa a través de la guerra. Aunque, bien pensado, también en este caso ha sido el enemigo el que ha dictado las normas, la duración de los combates, la estrategia a seguir y las condiciones del armisticio.
Por eso, no solo me preocupa cuándo saldremos de la crisis, sino cómo saldremos de ella. Su gran triunfo será no sólo hacernos más pobres y desiguales, sino también más cobardes y resignados ya que sin estos últimos ingredientes el terreno que tan fácilmente han ganado entraría nuevamente en disputa.
De momento han dado marcha atrás al reloj de la historia y le han ganado 30 años a sus intereses. Ahora quedan los últimos retoques al nuevo marco social: un poco más de privatizaciones por aquí, un poco menos de gasto público por allá y voilà: su obra estará concluida.
Cuando el calendario marque cualquier día del año 2014, pero nuestras vidas hayan retrocedido hasta finales de los años setenta, decretarán el fin de la crisis y escucharemos por la radio las últimas condiciones de nuestra rendición.

domingo, 16 de junio de 2013

El problema de la autoridad en la Iglesia José M. Castillo, teólogo

Enviado a la página web de Redes Cristianas
¿Una potestad ilimitada? Tal como está redactado y promulgado (1983) el vigente Código de Derecho Canónico, en él se da pie para hacerse esta pregunta: ¿se atribuye la Iglesia católica a sí misma un poder sin límites en este mundo?
Es evidente que en la Iglesia a nadie se le ocurre semejante cosa. Porque, entre otras razones, los católicos sabemos que la Iglesia no tiene poder para matar, odiar o hacer lo que prohíbe el Evangelio. El problema está en que, como sabemos por la historia, la Iglesia ha gestionado las cosas de manera que, con frecuencia, ha hecho (y sigue haciendo) no pocas cosas que contradicen literalmente lo que manda el Evangelio. De ahí, la pregunta.
Una pregunta que tiene su razón de ser en el texto literal del Derecho Canónico. En él se afirma que el Romano Pontífice tiene una potestad, “que es suprema, plena, inmediata y universal” (c. 331). Una potestad, además, “contra la que no cabe apelación ni recurso” alguno (c. 333, 3). Es más, el Pontífice (la “Primera Sede”, c. 361) “no puede ser juzgado por nadie” (c. 1404). Es decir, el papa no tiene que dar cuenta a nadie de sus decisiones. Y, lo que es más sorprendente, “es derecho exclusivo del papa ser juez” de toda decisión que se tome en asuntos espirituales o relacionados con ellos (c. 1401). O sea, en todo. Ya que cualquier decisión humana puede tener relación con asuntos que afecten al espíritu.
Pues bien, lo más llamativo es que el papa tiene un poder tal, en un campo tan ilimitado, que él es quien tiene el “derecho exclusivo” (“dumtaxat ius”) de actuar como juez de quienes quebrantan el citado canon 1401, empezando por “quienes ejercen la autoridad suprema de un Estado” (“qui supremum tenent civitastis magistratum”) (c. 1405, 1º). Con lo que el Derecho oficial de la Iglesia católica se apropia el poder de juzgar (y presuntamente condenar) a cualquier jefe de Estado, sea del país que sea y tenga la religión que tenga. Más aún, el papa “es juez supremo para todo el orbe católico, y dicta sentencia o personalmente… o por jueces en los cuales delega” (c. 1442).
Y para que no quede posible resquicio de escapatoria para limitar el poder papal, el c. 1372 establece que “quien recurre al Concilio Ecuménico o al Colegio de los Obispos contra un acto del Romano Pontífice, debe ser castigado con una censura”, que puede ser la “excomunión” (c. 1331), el “entredicho” (c. 1332) o la “suspensión a divinis” (c. 1333). Con lo que se intenta resolver “jurídicamente” un problema decisivo en eclesiología. El problema que consiste en saber quién es el sujeto de suprema potestad en la Iglesia. Um asunto que “teológicamente” no está en modo alguno resuelto. Esto quedó patente en el concilio Vaticano II (LG 22) donde se afirma que el papa es “sujeto de suprema y plana potestad sobre la Iglesia universal”. Pero es importante saber que ese poder no lo tiene sólo el papa.
También lo tiene el colegio episcopal, como se dice igualmente en LG 22. Pero, entonces, ¿cómo se armonizan ambos poderes en uno? El Vaticano II lo dejó sin resolver. La Nota Explicativa Previa, que al final impuso Pablo VI (que ni él mismo la firmó), despachó el asunto recurriendo a la “potestad de jurisdicción”, que, según el c. 129, existe en la Iglesia “por institución divina”, cuando en realidad se sabe que la iurisdictio tiene su origen en el pensamiento medieval y quedó fijada por el jurista Bartolo de Sassoferrato, profesor en Bolonia a partir de 1328 .
Pero hay más. Porque el papa, además de sucesor de Pedro, es jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano. Y, según el art. 1 de la Ley Fundamental de dicho Estado, “el Sumo Pontífice… tiene la plenitud de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial”. El Vaticano es, por tanto, la última monarquía absoluta que queda en Europa. En un Estado así, no cabe la distinción de poderes, que es la base del Estado de Derecho.
Hay.pues, motivos para hacerse la pregunta: ¿se atribuye el papado una autoridad ilimitada? Aunque quizá a nadie se le ocurre semejante cosa, el lenguaje jurídico, que utiliza el Derecho eclesiástico, da pie para sospechar que, en cuanto se refiere al tema de la autoridad en la Iglesia católica, la teología admite tranquilamente una forma de expresarse que produce la impresión de manejar una mentalidad auténticamente paranoica. ¿A quién se le ocurre, a estas alturas, afirmar en documentos públicos y oficiales que él – y solamente él – tiene una potestad que es suprema, plena, inmediata, universal, que no puede ser juzgada por nadie, que además es un poder de juzgar y condenar incluso a los jefes de Estado del mundo entero, un poder además que no admite apelación o recurso alguno, y que si alguien recurre a un Concilio o a los obispos del mundo por las decisiones que toma ese poder, quien haga semejante cosa debe ser castigado?
Una persona, que esté en su sano juicio, ¿no diría que es un despropósito considerarse tan importante y verse tan superior al resto de los mortales? Es evidente que detrás de este lenguaje jurídico existe una mentalidad teológica, que es la que sustenta una forma de entender una “autoridad” y un “poder” que jurídicamente y teológicamente son un esperpento y un fantasma. Porque ni existe tal autoridad. Ni existe tal poder. A no ser que no hablemos de la Iglesia, sino de Dios. Y en ese caso, en realidad no sabemos de qué estamos hablando. Porque a Dios, nadie lo ha visto jamás (Jn 1, 18).
Pero, sobre todo, lo más fuerte es que un sistema de gobierno así, equivale a un “poder absoluto”, en el que, entre otra cosas, la aceptación y la puesta en práctica de los Derechos Humanos se hace imposible. Es justamente lo que ocurre en la Iglesia católica. El papa concentra todos los derechos hasta tal extremo, que todos los demás católicos carecemos de derechos, si es que hablamos de “derechos” en sentido estricto.
Jesús y el poder La palabra “poder” indica siempre una relación de dependencia. Cuando es relación entre personas, se expresa mediante el sustantivo exousía, que se puede entender también como “autoridad” . En todo caso, el poder o la autoridad ponen de manifiesto una “desigualdad”. El que ejerce el poder está por encima del que se somete a ese poder. De ahí la utilización, en la vida y lenguaje de Jesús, del verbo “obedecer” (hypakoúô). En los evangelios, la obediencia se aplica únicamente a los demonios (Mc 1, 27), al viento y a las olas del mar (Mc 4, 41 par), y a una planta vegetal (una morera) (Lc 17, 6) . Jamás ni se insinúa en los evangelios que Jesús se relacionase con ningún ser humano desde la superioridad del que manda y al que el inferior obedece. La relación de Jesús con los discípulos y con la gente se expresa siempre, en los evangelios, mediante la experiencia del “seguimiento”, que nace de la “ejemplaridad”, nunca de la “sumisión”, que es la respuesta del débil al fuerte, del pequeño al grande.
Jesús les dio “autoridad” (“exousía”) a los Doce discípulos (Mt 10, 1). Pero el evangelio puntualiza que se trata de una autoridad “para expulsar demonios y curar enfermos”. No es un poder doctrinal y, menos aún, judicial. Es un poder terapéutico, para aliviar sufrimientos y hacer feliz a la gente en sus relaciones con los demás y en su relación con Dios.
El problema, que repetidas veces aparece en los evangelios, es la resistencia que los discípulos presentaron para aceptar esta propuesta de Jesús. Desde las discusiones entre ellos sobre quién era el más importante (Mc 9, 33-37 par) hasta la ambición de los hijos de Zebedeo por los primeros puestos en el Reino (Mc 10, 35-41 par), con las severas advertencias que les hizo Jesús contra toda pretensión de parecerse a los “jefes de las naciones y a los grandes que imponen su autoridad” (Mc 10, 42-45 par). Y es sabido que, en estas resistencias al proyecto de Jesús contra la mentalidad del poder en los planes de Dios, destacó Pedro. Desde el momento en que Jesús le llamó “¡Satanás!” (Mt 16, 23 par), pasando por la resistencia a que Jesús hiciera el oficio de esclavo al lavarle los pies (Jn 13, 6-9), hasta las negaciones del mismo Pedro en la pasión. Lo que allí se planteó no fue la actitud de un cobarde, sino la reacción de un decepcionado ante el mesianismo de la ejemplaridad en el fracaso, cosa que ni a Pedro ni a los otros apóstoles les entraba en su cabeza.
El movimiento original de Jesús fue “un fenómeno de comportamiento social desviado” . Un movimiento que encontró en la comunidad que él reunió el sustitutivo del Templo con sus dignidades y poderes. Hasta llegar a aceptar la función más baja que una sociedad puede adjudicar: la de delincuente ejecutado . De forma que, a partir de semejante comportamiento, fue como Jesús entendió, vivió y ejerció una forma de autoridad que se impondría pronto sobre todos los demás poderes. Porque es una forma que no se basa en la imposición dominante de las conciencias, sino en la ejemplaridad de quien señala la conducta a seguir desde la debilidad y la pequeñez del esclavo y el subversivo, que atrae y arrastra por su bondad.
La primeras “iglesias” Esta idea y esta forma de ejercer la autoridad ha llegado hasta nosotros (y la hemos podido conocer) gracias a los evangelios, que nos relatan cómo pensaba y cómo actuaba el Jesús terreno. Pero ocurre que, entre el Jesús terreno y el texto de los evangelios, que nosotros hoy leemos, están las cartas de Pablo. Y esto conlleva varios hechos de suma importancia. 1) Las cartas de Pablo se escribieron entre los años 50 al 55/56 , mientras que los evangelios se redactaron cerca de 30 años después, a partir del año 70. 2) Pablo fue el que organizó las “asambleas del pueblo” cristiano denominándolas “iglesias” (“ekklesíai”) . 3) Por tanto, las comunidades cristianas se organizaron como “iglesias” sin conocer – al menos en muchas de ellas – los evangelios, ya que Pablo no conoció al Jesús terreno, sino al “Resucitado” (Gal 1, 11-16; 1 Cor 9, 1; 15, 8; 2 Cor 4, 6; cf. Hech 9, 1-19; 22, 3-21; 26, 9-18). Incluso llegó a decir que el Cristo “según la carne” no le interesó nunca (2 Cor 5, 16). 4)
La consecuencia lógica, que esto entraña, es que la Iglesia se organizó y gestionó sus estructuras básicas sin conocer a Jesús, ya que, como bien se ha dicho, “el alcance del conocimiento pasivo de la tradición de Jesús que poseyera Pablo es, en el fondo, irrelevante para la comprensión de la teología paulina” . Por eso las ideas sobre la comunidad cristiana, y sobre el modo de entender y ejercer el poder en las asambleas cristianas, son cuestiones que poco o nada pudieron influir en la Iglesia naciente, por más que este asunto fuera capital para Jesús en su vida terrena. Pablo no pudo sino elaborar sus ideas sobre el poder y su praxis del mismo, no desde el Jesús que anduvo por el mundo, sino desde Hijo de Dios resucitado y glorificado, Mesías y Señor nuestro (Rom 1, 4).

Pablo, Apóstol de Jesucristo
Desde su experiencia del Resucitado, en el camino de Damasco, Pablo tuvo una obsesión. Su vida y su tarea habían adquirido una orientación nueva, que no era solamente “la fe en Jesucristo”, sino que además de eso, él había sido constituido, directamente por Dios, “apóstol de Jesucristo”. Él sabía que hubo antes de él apóstoles en Jerusalén (1 Cor 15, 8-11; Gal 1, 17-19). Cono había quienes reclamaban para sí el título de “apóstol” (Fil 2, 25; 2 Cor 11, 5. 13; 12, 11 etc) . Pero su apostolado dependía directa y únicamente de Dios. No era obra y gracia de los hombres (Gal 1, 1; cf. 1, 11). Su juez era únicamente el Señor (1 Cor 4, 3-5). Como es lógico, en tales condiciones, Pablo tenía que imponerse. Y además imponer su autoridad en las asambleas, es decir, en la Iglesia.
Y lo hizo. Pablo no sabía que Jesús había procedido de otra forma. Para Pablo el apostolado implica un mandato recibido del Señor resucitado (1 Cor 15, 8-9); su misión como apóstol de los gentiles quedó autorizada por una revelación (Gal 1, 15 s). Puesto aparte por Dios (Gal 1, 15; Rom 1, 1), Pablo se veía investido de una autoridad especial respecto a los gentiles (Rom 1, 5. 11-15; 11, 13; 15, 14-24). Lo que representaba, para Pablo, que cuando él predicaba , es como si Dios mismo hablara (1 Tes 2, 2-4. 13; 4, 15; 1 Cor 14, 37; 2 Cor 5,18-20). Hasta el extremo de quien niega el evangelio de Pablo rechaza a Dios (1 Tes 4, 8; Gal 1, 8) . En definitiva, Pablo no tenía más remedio que subrayar su autoridad apostólica para legitimar su doctrina radical, en la que, como sabemos, llega a expresiones muy fuertes .
Así, quedaron asentadas las bases de una concepción enteramente peculiar de la autoridad en la Iglesia. Una autoridad que Dios concede directamente a los que escoge como apóstoles. Una autoridad que se identifica con la autoridad de Dios mismo. Y una autoridad que se ve como enteramente necesaria e irrenunciable para legitimar y mantener una enseñanza, la enseñanza que imparte la Iglesia. A partir de estas bases, se entiende perfectamente la evolución que no tardó en producirse. Por supuesto, en esta forma de entender y practicar la autoridad, se encuentran una serie de componentes básicos que poco o nada tienen que ver con lo que vivió y enseñó Jesús. Es más, algunos de esos componentes se ven como difícilmente conciliables con las enseñanzas del Evangelio. Pero, como ya se ha explicado, el Evangelio llegó tarde. Cuando las comunidades o “iglesias” conocieron los evangelios, las asambleas cristianas se venían gestionando, desde hacía bastantes años, por criterios diferentes a las enseñanzas de Jesús. Pero criterios perfectamente admitidos y ya asimilados como “lo que Dios quería y había dispuesto”.
En estas condiciones, los cambios que se produjeron (probablemente) durante el siglo segundo fueron decisivos.

El fondo de un proceso de perversión
No se trata aquí de estudiar la historia del proceso que, durante el s. II, hizo que el gobierno de la Iglesia se fuera concentrando en el obispo de Roma. Los datos seguros que, sobre este asunto, se conocen hasta este momento no dan para mucho . Ni el Fragmento Muratoti, ni la conocida afirmación de Ireneo, obispo de Lyón, según la cual todos deben estar de acuerdo con la Iglesia de Roma, que es la que tiene “la principalidad más potente”, no ofrecen una argumentación suficiente para deducir de ahí una primacía ni jurídica, ni apostólica de la Iglesia romana. Tampoco en ella se alude a Pedro para justificar sus privilegios sobre las demás “iglesias” del mundo .
El mejor especialista que seguramente ha tenido, hasta ahora, la teología católica en cuanto se refiere a la historia de la eclesiología, Yves Congar, nos dejó un resumen condensado que ofrece mucha luz en este orden de cosas. Lamentándose de los abusos, que se cometían durante el papado de Pío XII, Congar escribió en su diario: “Veo cada vez con más claridad que el fondo de todo es una cuestión de eclesiología, y me doy cuenta de cuáles son las posiciones eclesiológicas que están en causa. Mi estudio de la historia de las doctrinas eclesiológicas me ayuda a ver las cosas con toda claridad. Todo parte de esto: en Mt 16, 19 los Padres han visto la institución del sacerdocio o del episcopado. Para ellos, lo que se funda en Pedro es la ecclesía, la primacía canónica del obispo de Roma. Sin embargo, la propia Roma, y esto a partir, tal vez, del siglo II, monta las cosas de otra forma. Ella ve en Mt 16, 19 su propia institución. Para ella, los poderes no pasan de Pedro a la ecclesía, sino de Pedro a la sede romana. De suerte que la ecclesía no se forma a partir de Cristo, vía Pedro, sino a partir del papa. Para la Iglesia, estar construida sobre Pedro significa, a los ojos de los papas, recibir consistencia y vida del papa, en el cual, como en la cabeza, reside la plenitudo potestatis [potestad plena]” .
Es claro que el mismo Congar, años después, habría matizado mejor este juicio de síntesis. En lo que respecta al valor del texto de Mt 16, 19 . Y en cuanto afecta a la inexplicable concentración de todo el poder de la Iglesia en un solo hombre, el papa, limitando – o incluso anulando en no pocas cosas – el poder de los laicos, de los sacerdotes y sobre todo del colegio episcopal, sirviéndose de argumentos teológicamente inexistentes, como se hizo en el Vaticano II, cosa que ya he quedado explicado en este artículo. En todo caso, Congar acierta plenamente en su juicio cuando afirma que la teología (de la Curia Romana) defiende que los poderes que el papado se atribuye, y de facto, ejerce en todo cuanto le conviene, provienen directamente de Dios, como es el caso de la llamada “potestad de jurisdicción” a la que el c. 129 le concede “origen divino”. Es uno de tantos casos en los que “lo jurídico” se ve elevado a la categoría de “lo teológico”. Sin otro argumento plausible que (sin decirlo) eso es lo que interesa al sistema romano.
Una institución – como es el caso de la Iglesia – que es débil en su capacidad de presionar por la fuerza de los jueces y la policía, suele echar mano de la fuerza de las amenazas divinas, elevando la impresión de los castigos a la dignidad social de la persona, y a la paz de la conciencia en la intimidad del sujeto, al que se le hace sentir como “pecado” lo que en realidad es el natural “sentimiento de culpa” que nace con cada bebé como mecanismo de defensa, según explican los psicólogos.

Una historia de falsedades
Entre las más importantes, y las que más han condicionado el creciente proceso de concentración del poder de la Iglesia en el poder papal, cabe enumerar, sin duda, la suplantación de la “auctoritas” por la “potestas” . El papa Gelasio (492-496) asignaba la “autoridad” al papa, mientras que lo propio del emperador era la “potestad”. La “autoridad” evoca una fuente carismática de legitimidad, en tanto que la “potestad” indica un poder sustancialmente ejecutivo. Tal era la idea de ambos conceptos en la Alta Edad Media . Con el paso de los tiempos, la potestas, que además se ha calificado como sacra, se ha concentrado en el papa, de modo que, sólo en el c. III de LG, se aplica al “poder jerárquico” 15 veces. Es evidente el desplazamiento del poder religioso a formas de poder político. Y no parece que sea un mero uso semántico. Es decir, la teología católica ha permitido y legitimado exactamente lo que Jesús había prohibido severamente en el Evangelio (Mc 10, 42-45 par).
Otro dato decisivo a tener en cuenta es el hecho de las Falsas Decretales, que se suelen datar hacia el año 850, y se supone que tienen su origen en Isidoro Mercator. Se trata de 313 documentos falsos en los que se atribuye a la autoridad de los papas del tiempo de los mártires el origen de las estructuras eclesiásticas del s. IX. Así, no sólo se arruinó el conocimiento histórico del ejercicio de la autoridad en la Iglesia. Además de eso, se acreditó la idea de que todas las determinaciones de la vida de la Iglesia habían brotado del papado como de su fuente. Y por si fuera poco, se impuso una concepción del papado meramente jurídica . De esta manera, en la Iglesia se instaló el criterio teológico de que toda su vida depende de la cabeza que es la Iglesia romana . Así se preparó el camino para que el papa Juan VIII (872-882) fomentase la convicción según la cual la cristiandad tenía que vivir sometida, no sólo al gobierno papal, sino además al de los príncipes cristianos . El terreno teológico estaba perfectamente preparado para que Gregorio VII pusiera en marcha (. S. XI) la reforma decisiva que concentró todo el poder de la Iglesia en el papa. Y así se pervirtió, hasta el día de hoy, la teología y la práctica de la autoridad en la Iglesia.
Conclusiones
1. Jesús no pensó en esta Iglesia que tenemos. Ni tenemos trazas de que pretendiera organizar una institución estructurada sobre la base de la sumisión a un hombre, el papa.
2. Jesús vio como la peor tentación, para el movimiento de seguidores que él puso en marcha, la pretensión de que alguno de sus seguidores quisiera situarse el primero, justificando semejante conducta en que así se mantendría la unidad.
3. Es una ley del comportamiento social que un colectivo, que quiere perpetuarse en la historia, necesita alguna forma de institucionalización. Esto supone la existencia de una autoridad central que coordine al conjunto. Desde este punto de vista, es razonable la existencia del papado.
4. Ningún papa tiene poder para actuar en contra del Evangelio.
5. La autoridad en la Iglesia no es de naturaleza jurídica o política. Urge en la Iglesia acabar con este desplazamiento de estructuras mundanas que han adulterado el significado y la importancia del “seguimiento” de Jesús como principio determinante de la vida cristiana.
6. Jesús no escogió, para el apostolado, sólo a Pedro. Jesús escogió a Doce, que la Iglesia no ha visto nunca la necesidad de perpetuarlos. Se buscó un sustituto para Judas, pero después, cuando fueron muriendo los demás, nadie pensó en elegir sucesores. En todo caso, la “sucesión episcopal”, como puesta en práctica de la “sucesión apostólica”, pertenece a la fe de la Iglesia. Y es al Colegio Episcopal en su conjunto al que corresponde coordinar la diversidad de ministerios y tareas que realiza la Iglesia. La “cabeza”, que coordina al Colegio Episcopal, desde el s. III, es el obispo de Roma.
7. Es urgente que la Iglesia modifique su teología, de forma que en ella pueda encajar y ponerse en práctica la totalidad de los Derechos Humanos.
Publicado en ÉXODO, nº 118, Abril 2013