FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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lunes, 3 de septiembre de 2012

Martini: la Iglesia con 200 años de retraso

Redacción de Atrio

La última entrevista: “La iglesia ha retrocedido 200 años. ¿Por qué no espabila? ¿Tenemos miedo”?
Entrevista a Carlo Maria Martini por Georg Sporschill y Federica Radice Fossati Confalonieri
Corriere della Sera de 1 septiembre 2012
El Padre Georg Sporschill, el jesuita que lo entrevistó en Coloquios nocturnos en Jerusalén [Véase artículo sobre este libro de 2008 en ATRIO y la ficha en San Pablo ] y Federica Radice se reunieron con Martini el 8 agosto de 2012. De allí salió una especie de testamento espiritual. El cardenal Martini leyó y aprobó el texto.
¿Cómo ve la situación de la Iglesia?
«La Iglesia está cansada, en la Europa del bienestar y en América. Nuestra cultura está envejecida, nuestras Iglesias son grandes, nuestras casas religiosas están vacías y el equipo burocrático de la Iglesia se hincha, nuestros ritos y nuestras vestimentas tienen mucha pompa. ¿Expresan estas cosas sin embargo lo que somos hoy? (…) El bienestar pesa. Nos encontramos como el joven rico que se alejó triste cuando Jesús lo llamó para se hiciera discípulo suyo. Sé bien que nosotros no podemos dejar todo con facilidad. Por lo menos podríamos buscar a hombres que sean libres y estén más cerca del próximo. Cómo fueron el obispo Romero y los martirios Jesuitas de El Salvador. ¿Dónde están entre nosotros los héroes a quien inspirarnos? Por ninguna razón los debemos limitar con los lazos de la institución».
¿Quién puede ayudar la Iglesia hoy?
«Karl Rahner utilizó de la imagen de las brasas ocultas bajo la ceniza. Veo en la Iglesia de hoy tanta ceniza encima de las brasas que a menudo me asalta un sentimiento de debilidad. ¿Cómo liberar las brazas de la ceniza de forma que se reavive la llama del amor? En primer lugar debemos buscar estas brasas. ¿Dónde están las personas llenas de generosidad como el buen Samaritano? Las que tienen fe como el centurión romano. Que son apasionados como Juan Bautista. Que se atreven a innovar como Paolo. Que son fieles como María de Magdala. Aconsejo al Papa y a los obispos a buscar a doce personas fuera de lo establecido para los puestos de gobierno. Hombres y mujeres que estén cerca de los más pobres y que estén rodeados por jóvenes y que experimente cosas nuevas. Necesitamos confrontarnos con hombres y mujeres que ardan de forma que el espíritu puede difundirse por todas parte».
¿Qué instrumentos aconseja Usted contra la fatiga de la Iglesia?
«Aconsejo para ello tres muy eficaces. El primero es la conversión: la Iglesia debe reconocer los propios errores y debe recorrer un camino radical de cambio, empezando por el Papa y por los obispos. Los escándalos de la pedofilia nos empujan a emprender el camino de la conversión. Las preguntas sobre la sexualidad y sobre todos los temas que implican el cuerpo son un ejemplo de ello. Son temas importantes para todos y a veces son quizás también demasiado importantes. Tenemos que preguntarnos si las personas aún escuchan los consejos de la Iglesia acerca de lo sexual. ¿Es la Iglesia todavía en este campo una autoridad de referencia o sólo una caricatura en los medios?
El segundo instrumento es la Palabra de Dios. El Concilio Vaticano II devolvió la Biblia a los católicos. (… ) Sólo quien percibe en su corazón esta Palabra puede formar parte de los que ayudarán al resurgimiento de la Iglesia y sabrán contestar a las preguntas personales con una elección correcta. La Palabra de Dios es sencilla y la busca como compañero un corazón que escuche. (…) Ni el clero ni el Derecho eclesiástico puede reemplazar a la interioridad del hombre. Todas las reglas externas, las leyes, los dogmas nos son dados para aclarar la voz interior y para el discernimiento de los espíritus.
¿Para quién son los sacramentos? Estos son el tercer instrumento de recuperación. Los sacramentos no son una herramienta para la disciplina, sino una ayuda para los hombres en los momentos del caminar y en las debilidades de la vida. ¿Llevamos los sacramentos a los hombres que necesitan una nueva fuerza? Pienso en todas las personas divorciadas y unidas en nuevas parejas, en las familias extendidas. Estas tienen necesidad de una protección especial. La Iglesia apoya la indisolubilidad del matrimonio. Esto es una gracia cuando un matrimonio y una familia lo consiguen (…).
La actitud que tengamos hacia las familias extendidas determinará el acercamiento a la Iglesia de una generación de los hijos. Una mujer fue abandonada por el marido y encontró a un nuevo compañero que se cuida de ella y de sus tres hijos. El segundo amor tiene éxito. Si esta familia es discriminada, se expulsa de la Iglesia no sólo la madre sino también a sus hijos. Si los padres se sienten fuera de la Iglesia o no sienten su apoyo, la Iglesia perderá la futura generación. Antes que la Comunidad nosotros decimos: “Señor que yo no soy digno…”. Nosotros sabemos que no somos dignos (…). El amor es gracia. El amor es un don. La pregunta sobre si los divorciados pueden comulgar debería formularse justo al revés. ¿Cómo puede la Iglesia aportar la fuerza de los sacramentos a quienes están en situaciones familiares complejas?».
¿Qué hace Usted personalmente?
«La Iglesia ha retrocedido 200 años. ¿Por qué no espabila? ¿Tenemos miedo? ¿Temor en vez de coraje? Y, sin embargo, la fe es el fundamento de la Iglesia. La fe, la confianza, el coraje. Soy viejo y estoy enfermo y dependo de la ayuda de los otros. Las personas buenas que me rodean hacen me hacen sentir amor. Este amor es más fuerte que el sentimiento de desconfianza que alguna que otra vez yo percibo hacia la Iglesia en Europa. Solo el amor vence a la fatiga. Dios es Amor. Tengo todavía una pregunta para ti: ¿qué puedes hacer tú por la Iglesia?».
[Traducción de ATRIO]

La Iglesia paraguaya pide perdón por haber incitado a la destitución de Lugo

Jesús Bastante 
Creyeron que podría haber un derramamiento de sangre

“Asumimos nuestra responsabilidad en el caso de qeu no hayamos dado testimonio de comunión”
En una carta, los obispos del Paraguay pidieron perdón por haber tomado injerencia en asuntos políticos en ocasión del juicio político al expresidente Fernando Lugo. Si cometieron este “error”, fue porque recibieron noticias de que habría un derramamiento de sangre, aseguran.
Si se ha juzgado que se han cometido errores, pedimos la comprensión y el perdón; y junto con las observaciones correspondientes también pedimos prevalecer por encima del juicio la misericordia”, señala parte de la carta de los religiosos.
Apunta que la actuación de algunos Obispos del Consejo Episcopal Permanente de la CEP la noche del 21 de junio se debió a la noticia recibida de un inminente derramamiento de sangre. Se quiso evitar que hubiera otro hecho delictuoso entre hermanos .
“Los obispos, sabiendo que nuestra misión primordial es crear un ambiente de paz y de comunión, asumimos nuestra responsabilidad en el caso que no hayamos dado testimonio de comunión. También nosotros perdonamos aquellas expresiones que fueron más allá de la caridad y el respeto que nos debemos mutuamente”, señala además la carta.
Los religiosos reconocen “sus limitaciones y errores como Iglesia, por no estar atentos a la conducción de Dios en esta nuestra historia de salvación”. Y alegan que quizá han puesto “el acento más en lo humano que en lo divino”.
La noche previa a la destitución de Lugo de la Presidencia de la República (21 de junio), un grupo de obispos (Claudio Giménez, Edmundo Valenzuela y el nuncio Eliseo Arioti) llegó hasta Mburuvicha Róga para solicitar al exmandatario presentar su renuncia a la Presidencia, para evitar hechos de violencia.
La carta de los obispos fue aprobada por la 195 Asamblea Plenaria Extraordinaria de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP), que se realizó los días 27 y 28 de agosto pasado en Asunción para tratar sobre los acontecimientos de junio pasado, cuando el expresidente Fernando Lugo, también exobispo, fue destituido del cargo en un juicio político parlamentario exprés. El mensaje fue hecho oficialmente público este viernes.
(Rd/Agencias)

¿Por que no salimos a la calle a clamar contra los explotadores?

QUERID@S AMIG@S COLABORADORES Y COOPERANTES
¿POR QUE NO SALIMOS A LA CALLE A CLAMAR CONTRA LOS EXPLOTADORES?
Marcos 7,1-8. 14-15. 21-23
“Se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos letrados de Jerusalén y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos (los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrán­dose a la tradición de sus mayores, y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). Según esto, los fariseos y los letrados preguntaron a Jesús: “¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen tus dis­cípulos la tradición de los mayores?”
Él les contestó: “Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos. Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres”. En otra ocasión llamó Jesús a la gente y les dijo: “Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impu­ro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque de dentro del corazón del hombre salen los malos propósitos, las fornica­ciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, des­enfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas estas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.
1.-El cumplimiento de los ritos no justifica:
Cuántas veces confundimos la forma con el fondo, y pensamos que cumpliendo con la forma ya está resuelto el fondo. Pensamos que el cumplimiento de los ritos ya nos justifica, pero estos pueden incluso ser una gran ofensa a Dios porque lo son a los hermanos, por estar vacíos de compromiso y contenido.
Jesús cita al profeta Isaías y seguro que cuando les dijo a los letrados, que presumían de ser buenos conocedores de la misma, y los fariseos que honraban a Dios solo con los labios pero que su corazón estaba lejos de El, estaba pensando en estas palabras del gran profeta: “No sigáis trayendo oblación vana: el humo del incienso me resulta detestable. Novilunio y sábado, convocar reunión…, no tolero ayuno ni asamblea festiva. Vuestros novilunios y solemnidades aborrece mi alma; me han resultado un gravamen que me cuesta llevar. Y al extender vosotros vuestras palmas, me tapo los ojos para no veros. Aunque menudeéis la plegaria yo no oigo. Porque vuestras manos están de sangre llenas: lavaos, limpiaos, quitad vuestras fechorías de delante de mi vista, desistid de hacer el mal, aprended a hacer el bien, buscad lo que es justo, dad sus derechos al oprimido, haced justicia al huérfano, abogad por la viuda… Tus jefes se han aliado con bandidos. Cada cual ama el soborno y va tras los regalos. Al huérfano no hacen justicia, y el pleito de la viuda no llega hasta ellos”.
Celebramos cientos de miles de misas cada domingo a las que asistimos millones de personas. ¿para qué sirven?
Hacemos de vez en cuando solemnidades con grandes músicas, con muchas flores y ceremonias rituales en Catedrales, Basílicas, Iglesias lujosas, incluido el Vaticano, etc. y salimos diciendo: qué bien estuvo, qué bonito, que bien cantaron, que adornado estaba todo, cuánta gente comulgó… Pero realmente en ellas, ¿hemos hecho algo por la justicia, hemos dado sus derechos al oprimido, hemos denunciado a los opresores, hemos hecho justicia a los huérfanos desahuciados, a los que están muriendo muertos de mierda en los basureros del T. Mundo, a los habitantes de los slums de la India, a los muertos de hambre y sed abrasados por la sequía del cinturón de 1000 km. de ancho del Sahel, a los niños abandonados echados de casa a la calle en Honduras, a los discapacitados atados a una estaca y subalimentados para que se mueren pronto, a los echados de sus tierras por las multinacionales deforestadoras, las mineras o hidroeléctricas en Guatemala, en Ruanda, en Colombia, en el Congo…, y las farmacéuticas que no quieren curar nuestras enfermedades sino cronificarlas para que compremos sus medicamentos de por vida y su negocio siga imparable?
¿Por qué ni el Papa, ni los Cardenales, ni los Obispos, ni los curas y los practicantes de las misas de cada domingo y de otras confesiones religiosas no salimos a la calle a clamar y a pleitear contra los explotadores, los banqueros, los desahuciadores, los burócratas de Bruselas, la ambiciosa Merkel, nueva Káiser de Alemania, los traficantes de droga que llenan nuestras cárceles de jóvenes y destruyen familias y vidas para siempre, contra el BM, el FMI, la OMC, el BCE, que son instrumentos de tortura explotadora de los pobres a favor de los ricos?
2.-Ritos vacíos:
Jesús detesta los ritos vacíos y por tanto no quiere corazones llenos de “malos propósitos, de fornicaciones, de robos, de homicidios, de adulterios, de codicias, de injusticias, de fraudes, de desenfreno, de envidias, de difamación, de orgullo, de frivolidad”.
3.-Pacto de las Catacumbas:
Una amable lectora nos acaba de enviar un interesante documento, titulado PACTO DE LAS CATACUMBAS, firmado a raíz del Concilio Vaticano II, por unos 40 Obispos reunidos en la catacumba de Santa Domitila, y de ahí su nombre. ¿DONDE ESTAN HOY OBISPOS COMO ELLOS? Encaja muy bien con el Comentario de hoy y por eso lo incluimos aquí:
El Pacto de las Catacumbas:
1. Procuraremos vivir según el modo ordinario de nuestra población en lo que toca a casa, comida, medios de locomoción, y a todo lo que de ahí se desprende. Mt 5, 3; 6, 33s; 8-20.
2. Renunciamos para siempre a la apariencia y la realidad de la riqueza, especialmente en el vestir (ricas vestimentas, colores llamativos) y en símbolos de metales preciosos (esos signos deben ser, ciertamente, evangélicos). Mc 6, 9; Mt 10, 9s; Hech 3, 6. Ni oro ni plata.
3. No poseeremos bienes muebles ni inmuebles, ni tendremos cuentas en el banco, etc, a nombre propio; y, si es necesario poseer algo, pondremos todo a nombre de la diócesis, o de las obras sociales o caritativas. Mt 6, 19-21; Lc 12, 33s.
4. En cuanto sea posible confiaremos la gestión financiera y material de nuestra diócesis a una comisión de laicos competentes y conscientes de su papel apostólico, para ser menos administradores y más pastores y apóstoles. Mt 10, 8; Hech 6, 1-7.
5. Rechazamos que verbalmente o por escrito nos llamen con nombres y títulos que expresen grandeza y poder (Eminencia, Excelencia, Monseñor…). Preferimos que nos llamen con el nombre evangélico de Padre. Mt 20, 25-28; 23, 6-11; Jn 13, 12-15.
6. En nuestro comportamiento y relaciones sociales evitaremos todo lo que pueda parecer concesión de privilegios, primacía o incluso preferencia a los ricos y a los poderosos (por ejemplo en banquetes ofrecidos o aceptados, en servicios religiosos). Lc 13, 12-14; 1 Cor 9, 14-19.
7. Igualmente evitaremos propiciar o adular la vanidad de quien quiera que sea, al recompensar o solicitar ayudas, o por cualquier otra razón. Invitaremos a nuestros fieles a que consideren sus dádivas como una participación normal en el culto, en el apostolado y en la acción social. Mt 6, 2-4; Lc 15, 9-13; 2 Cor 12, 4.
8. Daremos todo lo que sea necesario de nuestro tiempo, reflexión, corazón, medios, etc. al servicio apostólico y pastoral de las personas y de los grupos trabajadores y económicamente débiles y subdesarrollados, sin que eso perjudique a otras personas y grupos de la diócesis.
Apoyaremos a los laicos, religiosos, diáconos o sacerdotes que el Señor llama a evangelizar a los pobres y trabajadores, compartiendo su vida y el trabajo. Lc 4, 18s; Mc 6, 4; Mt 11, 4s; Hech 18, 3s; 20, 33-35; 1 Cor 4, 12 y 9, 1-27.
9. Conscientes de las exigencias de la justicia y de la caridad, y de sus mutuas relaciones, procuraremos transformar las obras de beneficencia en obras sociales basadas en la caridad y en la justicia, que tengan en cuenta a todos y a todas, como un humilde servicio a los organismos públicos competentes. Mt 25, 31-46; Lc 13, 12-14 y 33s.
10. Haremos todo lo posible para que los responsables de nuestro gobierno y de nuestros servicios públicos decidan y pongan en práctica las leyes, estructuras e instituciones sociales que son necesarias para la justicia, la igualdad y el desarrollo armónico y total de todo el hombre y de todos los hombres, y, así, para el advenimiento de un orden social, nuevo, digno de hijos de hombres y de hijos de Dios. Cfr. Hech 2, 44s; 4, 32-35; 5, 4; 2 Cor 8 y 9; 1 Tim 5, 16.
11. Porque la colegialidad de los obispos encuentra su más plena realización evangélica en el servicio en común a las mayorías en miseria física, cultural y moral -dos tercios de la humanidad- nos comprometemos:
* a compartir, según nuestras posibilidades, en los proyectos urgentes de los episcopados de las naciones pobres;
* a pedir juntos, al nivel de organismos internacionales, dando siempre testimonio del evangelio, como lo hizo el papa Pablo VI en las Naciones Unidas, la adopción de estructuras económicas y culturales que no fabriquen naciones pobres en un mundo cada vez más rico, sino que permitan que las mayorías pobres salgan de su miseria.
12. Nos comprometemos a compartir nuestra vida, en caridad pastoral, con nuestros hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos, para que nuestro ministerio constituya un verdadero servicio. Así,
* nos esforzaremos para “revisar nuestra vida” con ellos;
* buscaremos colaboradores para poder ser más animadores según el Espíritu que jefes según el mundo;
* procuraremos hacernos lo más humanamente posible presentes, ser acogedores;
* nos mostraremos abiertos a todos, sea cual fuere su religión. Mc 8, 34s; Hech 6, 1-7; 1 Tim 3, 8-10.
13. Cuando regresemos a nuestras diócesis daremos a conocer estas resoluciones a nuestros diocesanos, pidiéndoles que nos ayuden con su comprensión, su colaboración y sus oraciones.
Que Dios nos ayude a ser fieles
Un abrazo muy cordial a tod@s.-Faustino

domingo, 2 de septiembre de 2012

¿Por qué la Iglesia española no hace hoy denuncia social?

José Ignacio Calleja

La “dirección” está sobrepasada
El río de la injusticia social es demasiado ancho para pasarlo sin mojarse
A propósito de la retirada de “la tarjeta sanitaria” a un millón de inmigrantes, y sobre todo, a los 150.000 sin papeles, o inmigrantes “irregulares”, que quedan fuera del sistema sanitario común, – salvo en situaciones de urgencia y otros extremos -, me preguntan desde la SER por qué la Iglesia Católica no se pronuncia sobre esto: ¿Es que el cristianismo, – me dicen -, no tiene una palabra moral para estos casos?
Y, ¿qué diré? Vamos a olvidarnos de ir contra el mensajero (¡la SER!) y vamos a evitarnos el recurso a la complejidad de la relación entre los valores evangélicos y los problemas sociales. Y vayamos a la respuesta de lo imprescindible:
- La iglesia católica sí denuncia y actúa en muchos de sus partícipes intermedios, pero es cierto que su representación institucional, la Conferencia Episcopal Española, en su Presidencia y Ejecutiva, está desparecida ante la dimensión social de la crisis española. En lo relativo a la denuncia de la injusticia social y de las estructuras sociales de injusticia, está desaparecida.
- ¿Las razones? Una, que esa “dirección” de la Iglesia es tan cercana en ideas sociales y en afectos personales al grupo político gobernante, que, si algo le tiene que decir, es poco y en privado.
- Segunda, la “presidencia ejecutiva” de la Iglesia española está sobrepasada por la dimensión social de la crisis. Ocupados en recomponer el lugar de la Iglesia en las sociedades laicas en términos neoconservadores, y entusiasmados por las oportunidades de lo espiritual en situaciones de desorientación cultural, la crisis social y económica los ha sobrepasado, convirtiéndolos en dirigentes anacrónicos.
- Tercera, toman el atajo de lo espiritual, pero el río de la injusticia social es demasiado ancho para pasarlo sin mojarse. Socialmente hablando, en clave de estructuras de injusticia social en España, y en Europa, la presidencia de la iglesia española, está desbordada por la realidad histórica y fuera de su tiempo.
- Cuarta, es posible que la presidencia escasamente amplia y colegiada de la iglesia española, sí sepa lo que habría que decir socialmente en este tiempo, en términos de justicia social, pero no vea forma de decirlo con ganas, porque honestamente, no es su estilo de iglesia y cristianismo, y tendrían que dejarlo.
Podríamos seguir, pero la radio y tres minutos no dan más de sí.

“La Iglesia debe reconocer los errores propios”

Última entrevista con Carlo Maria Martini, el cardenal del diálogo
Sintiendo la muerte cerca, tal vez deseándola —su último mensaje discordante con la Iglesia fue rechazar el tratamiento terapéutico—, el cardenal Carlo Maria Martini, de 85 años, concedió una última entrevista. El párkinson que lo venía martirizando desde hacía años apenas lo dejaba hablar, pero “el cardenal del diálogo”, como lo llaman los medios italianos, se las arreglaba para hacerse entender con la ayuda de don Damiano, su asistente.
El pasado 8 de agosto, el excardenal de Milán —lo fue desde 1979 a 2002— recibió al también jesuita Georg Sporschill y le concedió una charla, “una suerte de testamento espiritual” que el Corriere della Sera ha publicado. Martini no se anda con rodeos: “La Iglesia debe reconocer los errores propios y debe seguir un cambio radical, empezando por el Papa y los obispos”.
Hasta 6.000 italianos desfilaron cada hora por la capilla ardiente del exobispo de Milán
El cardenal no elude ninguna pregunta. Ve a la Iglesia cansada, sin vocaciones, atrapada por la burocracia, enganchada al bienestar: “Nuestros rituales y nuestros vestidos son pomposos”. Llega a comparar la situación de la Iglesia con la de aquel joven rico que se marcha triste cuando Jesús lo llama para que se convierta en su discípulo. “Sé que no podemos desprendernos de todo con facilidad, pero al menos podríamos buscar hombres que sean libres y más cercanos al prójimo. Como lo fueron el obispo Romero y los mártires jesuitas de El Salvador. ¿Dónde están entre nosotros los héroes en los que inspirarnos…?”.
Unas semanas antes de morir, Martini reconoce que la Iglesia está anticuada. “En la Europa del bienestar y en América, la Iglesia está cansada”. Y le receta tres instrumentos para salir del agotamiento. “El primero es la conversión. Debe reconocer los propios errores. Los escándalos de pederastia nos empujan a emprender un camino de conversión. Las preguntas sobre la sexualidad y sobre todos los asuntos que competen al cuerpo son un ejemplo. Debemos preguntarnos si la gente escucha todavía los consejos de la Iglesia en materia sexual. ¿La Iglesia es todavía una autoridad de referencia o solo una caricatura en los medios?”. El segundo y el tercer consejo es recuperar la palabra de Dios y los sacramentos como una ayuda y no como un castigo. “¿Llevamos los sacramentos a los hombres que necesitan una nueva fuerza?”. El cardenal querido por los italianos —6.000 por hora desfilaron por la capilla ardiente instalada en la catedral de Milán— pone en duda el papel de la Iglesia católica frente a los nuevos modelos de familia.

La teología de la liberación, ¿anacrónica?

Carlos Ayala Ramírez, Director de Radio Ysuca

El término “anacrónico” es un adjetivo de origen griego que significa literalmente “contra tiempo” y, conceptualmente, que algo está fuera de un determinado momento, período o lapso histórico. Por lo general, la palabra es utilizada con un sentido negativo, para designar que algo no está ubicado de manera apropiada en el tiempo que le corresponde. Este es el sentido que con frecuencia se aplica a la teología de la liberación. Se dice, por ejemplo, que es una cosa del pasado, que ya no tiene sentido hablar de ella porque está muerta y enterrada, y que, además, las realidades han cambiado.
Algunos sostienen que con la entronización de los dos papas de línea conservadora (Juan Pablo II y Benedicto XVI), se ha producido un acorralamiento, aunque no derrota, de esta teología. En muchos círculos de la Iglesia católica, la teología de la liberación, más que anacrónica, es inexistente. En los seminarios o centros de formación teológica vinculados a la institución eclesiástica, no parece haber existido ni existir. Pero la intención consciente o inconsciente de someterla al olvido no ha tenido éxito; más bien, se ha quedado en un deseo frustrado de sus adversarios. En este contexto, ¿por qué podemos afirmar que la teología de la liberación sigue siendo necesaria y útil, a pesar de los múltiples ataques sufridos desde su nacimiento hace cuarenta años? Respondamos al menos desde dos argumentos básicos.
Digamos, en primer lugar, que, para sorpresa de muchos cristianos mal informados, “liberación” es una palabra central en la revelación y en la proclamación evangélica. Junto con “salvación”, es uno de los términos fundamentales para expresar la acción divina y, en el Nuevo Testamento, para caracterizar la acción y mensaje de Jesús de Nazaret. En el libro del Éxodo, se manifiestan de manera admirable las características esenciales del Dios de Israel: actúa por amor compasivo hacia los que llama su pueblo; conoce bien los sufrimientos de los suyos, oye sus clamores y no permanece indiferente, porque el sufrimiento y el clamor de los desvalidos conmueve su corazón, y, en consecuencia, reacciona liberando.
Por otra parte, el Evangelio de Lucas nos presenta uno de los pocos resúmenes que tenemos de la misión de Jesús, donde se concreta y actualiza lo anunciado por el profeta Isaías: “Me ha enviado [el Espíritu del Señor] a anunciar a los pobres la buena noticia [Evangelio], a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor” (Lc 4, 18-19). Según Lucas, Jesús se siente enviado a cuatro grupos de personas: los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos; son los que más dentro lleva en su corazón, los que más le preocupan.
La liberación, pues, no es un tema teológico entre muchos, menos una moda, sino algo central de la revelación (del modo de ser de Dios) que ha sido efectivamente recuperado por la teología que surgió en América Latina. Para el teólogo Jon Sobrino, “lo específico de la teología de la liberación consiste en un modo concreto de ejercitar la inteligencia, guiado por el principio liberación”. Es decir, no es solo un tema, sino un principio (fundamento) que pone en marcha un proceso intelectual y le ofrece permanentemente un sentido y una luz determinada. A tal grado es esto así, que se llega a afirmar que toda teología o es liberadora o no es teología.
En segundo lugar, la teología de la liberación sigue siendo necesaria y útil por el lugar específico desde el que se hace. Hay un acuerdo común entre los teólogos de la liberación respecto a la razón por la cual fue en América Latina donde se recuperó la liberación como algo central de la fe cristiana: es un continente empobrecido; pobreza que hoy se extiende a otros continentes (África es un ejemplo dramático de esa realidad en el mundo de la globalización). De nuevo, Sobrino sostiene que “en el origen de la teología de la liberación no está la curiosidad intelectual, ni la admiración aristotélica, ni el deseo de explicar mejor el dogma o defender la ortodoxia, ni dar sentido a la subjetividad angustiada, sino la esperanza de liberación para un mundo oprimido. Hay que liberar al pobre, hay que bajar de la cruz al pueblo crucificado. Y por esa razón —y no por otras— hay que liberar a la teología”.
La situación dramática de empobrecimiento y miseria, que desarrolló el ejercicio de una inteligencia guiada por el “principio liberación”, ha cobrado nuevas formas y se ha extendido en el mundo llamado “en desarrollo”. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en el planeta hay más de mil millones de seres humanos que viven con menos de un dólar al día; el 20% de la población mundial concentra el 90% de las riquezas; un niño de cada cinco no tiene acceso a la educación primaria; las mujeres ganan 25% menos que los hombres de similares competencias; 876 millones de adultos son analfabetos, de los cuales más del 60% son mujeres; 42 millones de personas viven con el virus del sida, de las cuales 39 millones viven en países en desarrollo; el VIH/sida es la principal causa de fallecimiento en África subsahariana; al horizonte de 2020, algunos países africanos podrían perder más de una cuarta parte de su población activa por causa del sida; 2,800 millones de personas viven con menos de dos dólares al día. Dejarse afectar por esta opresión real del mundo globalizado, y reaccionar con una praxis liberadora, siguen siendo rasgos propios de la teología de la liberación hoy.
El nuevo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Müller, se ha planteado este desafío al mejor estilo de las preguntas genuinas de la teología de la liberación: “¿Cómo podemos hablar del amor y de la misericordia de Dios ante el sufrimiento de tantas personas que no tienen comida, agua, asistencia sanitaria, que no pueden ofrecer un futuro a sus hijos, que viven en lugares donde falta la dignidad humana, donde los derechos humanos son ignorados por los poderosos?”. En esta pregunta del Prefecto está la preocupación honda por el tipo de teología que hay que hacer para saber responder a los problemas de los pobres y excluidos.
El teólogo Leonardo Boff plantea que las dos grandes utopías que hay que cultivar desde la teología son la salvaguarda de la tierra y la unidad de la familia humana en respuesta al doble grito: el del planeta y el de los seres humanos empobrecidos. Afirma que tierra y humanidad forman una unidad; tienen un mismo destino. La función de la teología, por tanto, será hoy y en el futuro salvar esta unidad entre la tierra y la humanidad. Qué duda cabe, entonces, de que la teología de la liberación sigue siendo necesaria. No es anacrónica, sino actual. Y, sobre todo, sigue siendo una teología viva, anclada en el mundo real, donde cultiva —a modo de fermento— la profecía (identificando y denunciando los grandes males históricos) y la utopía (de la vida justa y digna para los pobres).

sábado, 1 de septiembre de 2012

Somalo acoge la jornada inicial del curso

Somalo acoge la jornada inicial del curso

Como cada año Somalo acoge este inicio de curso. Las comunidades salesianas de toda la Inspectoría están invitadas a participar del día, a conocer el Proyecto de Vida de Acción para el curso, a comenzar de nuevo la actividad del curso en el lugar donde durante el verano han pasado un importante número de chicos y chicas para vivir su experiencia de “Somalo”.
Texto: Marian Serrano
Fotos: Paco Martín

Se continúa con la actividad, se cambia a “modo invierno”… se renuevan las intenciones y se proponen las prioridades que van a marcar el camino en este curso que comienza.
Este año se ha celebrado un momento especial, los 25 años del primer campamento en la casa. D. Santos Sastre ha presentado estos años, ha realizado una memoria que seguro merece la pena leer y ha presidido una eucaristía que ha puesto el broche perfecto a una buena mañana.
Además de la presentación, por parte de los delegados, de los diferentes objetivos y acciones se han presentado otras acciones: los calendarios para 2013, la memoria de los 25 años de Somalo y la página que Koldo Vergara ha realizado y ha puesto a disposición de todos aquellos que quieran utilizarla para realizar ejercicios que ayuden a conocer el euskera, una interesante iniciativa. Se puede acceder desde aquí.
En este curso tendrá lugar también el Capítulo Inspectorial, cuyo regulador es Txema Mártínez, quien presentó los trabajos y acciones previas a las jornadas capitulares que tendrán lugar entre el 26 y 28 de diciembre. Tal y como ha presentado el propio Txema: “No es un trabajo más, El Capítulo Inspectorial ayudará a dar luz al trabajo que durante el año se va a realizar”. En las casas ya se conocen las fechas, las acciones y los tiempos del Capítulo Inspectorial.
Todo se ha presentado bajo el marco de las prioridades para 2012-2013, marcadas por el Aguinaldo del próximo año: “Como Don Bosco educador, ofrezcamos a los jóvenes el Evangelio de la alegría, mediante la pedagogía de la Bondad”. A partir de ahí, el Sr. Inspector ha hecho la propuesta de tres prioridades:
  • Sed siempre buscadores y testigos apasionados de Dios.
  • La vida fraterna la buscan los jóvenes cuando se acercan a vuestra vida.
  • Id pues, y con fidelidad creativa haced vuestro el reto de la nueva evangelización. Renovad vuestra presencia en los aerópagos de hoy, como hizo San Pablo…
Tres prioridades presentes en toda la programación Inspectorial. Que se hará realidad en cada ambiente. Prioridades que se amplían y se hacen realidad a través del Sistema Preventivo: Razón, Religión y Amabilidad.
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