FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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miércoles, 28 de junio de 2023

MIS HIJOS Y MI MUJER ESTÁN MUY ORGULLOSOS DE QUE YO SEA SACERDOTE


col bastante

 

"Históricamente, sabemos que el celibato nunca ha sido un éxito y tenemos que reconocerlo. Hemos de tener la humildad de reconocer que nos equivocamos y de que no podemos vivir en la hipocresía". Sebastián Cózar, presidente de la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados, ha lanzado una campaña para pedir al Sínodo que permita participar a una delegación de curas casados.

El celibato opcional, una de las cuestiones que se debatirán en la Asamblea, es uno de los puntos de mayor fricción (tal vez porque, por primera vez, parece posible) entre algunos sectores.

-Estamos con Sebastián Cózar. Bienvenido. ¿Español residente en Chile, o chileno nacido en España?

-Ya llevo 47 años en Chile. Soy español, nacido en provincia de Málaga y tengo 78 años. Estoy casado, tengo tres hijos, tres nietos, y vivo en San Carlos de Chile.

-En San Carlos de Chile y es padre, abuelo… y sacerdote. Porque es presidente de la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados.

-Efectivamente.

-¿Qué es la Federación de Sacerdotes Casados y qué relevancia tiene en América Latina este fenómeno?

-La Federación de Sacerdotes Casados fue fundada hace como 30 años con monseñor Jerónimo Podestá, un obispo argentino también secularizado, y la finalidad era aunarnos, compartir juntos y tratar de buscar soluciones a nuestra situación como sacerdotes casados dentro de la Iglesia. Y también, solicitar, conversar sobre la posibilidad en la Iglesia del celibato opcional.

-Una posibilidad que siempre ha estado cerrada, al menos en la Iglesia de rito latino, pero que ahora, con Francisco, parece que cualquier tema está abierto o puede ser posible. ¿Cómo observáis este hecho?

-Que es un tema muy complejo dentro de la Iglesia, pero no para toda la Iglesia. El pueblo de Dios, en general, acepta que el sacerdote viva en familia. Estoy hablando desde la perspectiva de América Latina. Lo que pasa es que el pueblo de Dios, que también son los obispos y cardenales, etcétera, tiene todavía un rechazo a abrir la posibilidad de que el celibato sea opcional.

Por una parte, vemos que si bien la mayoría del pueblo de Dios, los cristianos, las comunidades donde vivimos nos aceptan y nos acogen, la jerarquía, en general, muestra una falta de coraje y de valentía para enfrentar esta realidad. Porque sabe que es duro, que es dolor, y a veces da la imagen de que quiere estar en esa situación cómoda de no enfrentamiento y de dejar las cosas pasar. 

-Pero ¿por qué se toma esa postura? Porque no es que seáis precisamente unos exaltados. Ni que haya, por otro lado y aunque sea por utilidad, un exceso de sacerdotes en la Iglesia.

-Yo creo que tienen miedo a los cambios; a lo que tienen que enfrentarse. Porque apenas hay jerarquía que no quiere cambios, pero sí hay una gran mayoría, (hablo de Latinoamérica) que acepta que la Iglesia se tiene que renovar, y eso significa que tiene que aceptar a los sacerdotes casados. Como me decía el secretario general del Celam, es necesario que participen más obispos, que haya más fuerza para que haya un cambio.

-El pueblo de Dios es mayoría, pero las decisiones se siguen tomando en la jerarquía. ¿Qué pedís a Iglesia?

-Lo que pedimos, en estos momentos, es que se tenga en consideración la función de los sacerdotes casados dentro de la Iglesia. Nosotros, los sacerdotes casados, hemos sido llamados por el Señor. Como dijo Él: "Vosotros no me elegisteis, yo os elegí a vosotros". Y más aún; como dice San Pablo, está la misión de evangelizar, de participar en la evangelización de la Iglesia.

Lo que pedimos, realmente, es que la Iglesia nos acepte para servir 'dentro' de la Iglesia en la evangelización. Y, también, que el celibato sea opcional; un enriquecimiento, no cabe duda, para la Iglesia.

Históricamente, sabemos que el celibato nunca ha sido un éxito y tenemos que reconocerlo. Hemos de tener la humildad de reconocer que nos equivocamos y de que no podemos vivir en la hipocresía.

-El celibato, históricamente también, ha sido más un instrumento de poder que un instrumento del propio Jesús. De hecho, yo creo que bastantes, si no todos los discípulos de Jesús, estaban casados. Al menos, de Pedro sabemos que tenía una suegra. Además, la unión con el Imperio Romano fomentó que la institución quisiera que sus responsables no estuvieran casados y no tuvieran hijos para no tener que repartir las herencias.

-Pero yo creo que hoy, todos sabemos que la celebración de misas, y toda esa cuestión, se creó como un medio para que el sacerdote tuviera unos recursos económicos. Creo que los sacerdotes, como dice San Pablo, tenemos que trabajar y ganarnos la vida como cualquier vecino y que cualquiera puede ser elegido, dentro de la comunidad, como sacerdote. Que puede ser agricultor, carpintero, ingeniero…, lo que sea.

Pero lo que sí es cierto es que no tenemos que dudar de que el sacerdote casado es algo positivo y enriquecedor para la Iglesia. Nosotros estamos llamados a servir a la comunidad. El evangelio es lo que nos preocupa.

Me decía un obispo, allá en Chile: "no vayáis a pedir que queréis celebrar misa". Y yo le dije: "mire, eso es lo que menos nos importa. Porque lo que nos interesa, lo que queremos, es evangelizar.

-En octubre arranca la fase mundial del Sínodo. Este sínodo que está dando tantas esperanzas y también tantos miedos. Ustedes han planteado al CELAM que quieren participar en esta fase como Federación de Curas Casados. ¿Qué respuestas hay, qué perspectivas?

-Lo importante es que ya, por lo menos en América del Sur, tuvimos una participación en el Sínodo Continental. Hace poco que estuve allá como sacerdote casado. Me recibieron y me acogió la Conferencia Episcopal Latinoamericana. La presencialidad, como decían algunos, ya es importante. Que hayan recibido a un sacerdote casado que es abuelo. Esa acogida es un comienzo; muy poco, pero se va abriendo el abanico y puedo decir que al final de los encuentro se habló mucho la necesidad de los sacerdotes casados en la Iglesia. También de las mujeres, que se planteó muy bien y es lo que queremos.

El hecho de participar en el Sínodo Continental de Brasilia es importante. Había como 200 personas y fui muy bien acogido y escuchado. Hablamos de los sacerdotes casados, su problemática y su situación. Y viendo la experiencia del Sínodo Continental de Brasilia, también nos gustaría participar del Sínodo de octubre que vamos a tener en Roma, si Dios quiere. De hecho, escribí al cardenal Mario Grech, secretario general del Sínodo. Me contestaron que eso lo deciden las conferencias episcopales de cada país, y ahí vimos que era complicado. Monseñor Lozano, que es el secretario general del Celam, decía que es una decisión bastante compleja porque de Latinoamérica solamente pueden ir 20 representantes, que hay mucho deseo de participar, y todo eso… Entonces, estamos ahí.

-Supongo que el Papa puede elegir, también, a un número determinado de asistentes.

-Sí. De hecho, le hemos escrito como una opción, porque vemos difícil que nos acepten. Porque nosotros también somos muchos.

El celibato y la Iglesia

-¿Cuántos son?

-En América Latina, más de 30.000

-Un número nada despreciable.

-Sí. Fíjate que solo Brasil tiene como 6.000 sacerdotes casados. Nosotros somos una realidad silenciosa dentro de la Iglesia. Una realidad que debe de solucionarse, y necesitamos que nos escuchen porque es un camino muy bueno para la Iglesia que seamos evangelizadores. Y eso requiere que nos escuchen, que haya un diálogo con caridad, con fraternidad, con generosidad y con ternura, diría yo. Sin tapar nada.

La historia nos ha mostrado que hemos cometido muchos errores y eso lo tenemos que superar. Y para superarlo tenemos que hablar y buscar caminos de solución. Caminos que son posibles, pero falta voluntad. Y lo que queremos es voluntad de cambios; porque en un sínodo se pueden decir muchas cosas, se pueden escribir…, pero si no las ponemos en la práctica, no nos sirve para nada. Tenemos que ir hacia lo que realmente necesita la Iglesia para este momento, y el papel de los sacerdotes casados es fundamental.

-Pues por mucha suerte en ese desafío, Sebastián. Tengo una última pregunta, además, de índole personal. Usted tiene una mujer, tres hijos y tres nietos. ¿Qué piensan ellos de todo esto? Los nietos, probablemente nada, pero ¿qué piensan sus hijos?

-Mis hijos están muy orgullosos; contentos de que yo haya sido sacerdote. Nos queremos muchísimo. Nos llamamos permanentemente. Es como como una vez, en un encuentro en Brasil, donde recuerdo que se hablaba de qué pensaban los hijos, de lo que tú dices. Y una niña dijo: "mi papá, como es sacerdote siempre nos comprende más" (ríe) Y eso es verdad. En el mundo en el que yo trabajaba, del comercio, los vendedores,  mucha gente, siempre me han respetado y hasta me han pedido consejo, porque todo el mundo sabe cuál es mi vida. Yo comprendo que como religiosos somos queridos, somos respetados; nos consideran muy bien.

Sebastián Cózar, presidente de la Federación de Curas Casados de Latinoamérica

-¿Y a su mujer le hace gracia?

-Sí, muy bien. Con mucha paciencia, porque ella dice que no estamos preparados para vivir la realidad. Que el nuestro es otro mundo, y es verdad. Cuando somos sacerdotes, vivimos otro mundo, otra realidad. Y cuando tenemos que compartir la vida con otra persona, tenemos que adaptarnos porque no estamos formados para eso. Yo doy gracias a mi mujer porque ha tenido ese cariño, esa paciencia de ayudarnos a compartir la realidad de la vida.

-Sebastián Cózar, presidente de la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados, muchas gracias, mucha suerte, y esperamos que puedas ir y que nos lo cuentes. ¿Vale?

-Si es así, seguro que estaré por aquí.

-Y si no, también nos lo contarás. Muchísimas gracias

 

Jesús Bastante

Religión Digital

LA PRIMERA LEALTAD PARA JESÚS

fe adulta

col notario com

 

¿A qué o a quién has sido leal los últimos 25 años? ¿Qué ha caracterizado esa lealtad? ¿Ha sido muy duro? ¿En qué estaba basada?

¡Vaya! pensé cuando leí el evangelio para este domingo, pues ¡qué poca gracia tener que explicar algo que produce rechazo desde el primer momento! “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. (Mt 10: 37-38).

Es increíble cómo después de más de veinte siglos de cristianismo y de haber escuchado y leído tantos comentarios a este evangelio seguimos diciendo que este tipo de exigencia es inhumana y que no podemos llevar adelante este “requisito” de Jesús.

Pero ¿qué nos está pidiendo? ¿Cuál es su verdadera invitación o mejor dicho la de la comunidad cristiana detrás de este mensaje?

Al principio del capítulo 10 de este evangelio nos relatan la llamada de Jesús a sus doce discípulos dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y curar todo achaque y enfermedad. El envío con toda una serie de instrucciones es un mensaje transformador, primero para ellos cambiándoles sus valores, sus preferencias, sus preocupaciones y dotándoles de un amor universal que con el tiempo será capaz de traspasar todo tipo de fronteras, razas, religión, etc…Un mensaje liberador que solo puede proclamar quien antes ha sido liberado.

Por tanto, la lealtad a Jesús, a su mensaje, a su proyecto, es lo primero para quienes dicen seguirle. Eso no exige la renuncia al amor a nuestros seres queridos, a los más cercanos, todo lo contrario, pero sí se nos invita a amarles bien a no dejarnos atrapar por sus “chantajes emocionales” dándoles lo que nos piden, sino lo que sabemos que es mejor para ellos.

Amar a Jesús no descarta amar al prójimo, nada más lejos de su mensaje, sino discernir de qué manera podemos expresar nuestro amor de una forma práctica y real.

En el pasado, muchas personas religiosas, consideradas llamadas por Dios de una manera especial, renunciaban al amor de sus padres, alejándose de ellos hasta el punto de no estar presentes en sus últimos momentos o en tiempos de enfermedad, bajo capa de una mayor fidelidad a su compromiso con Jesús.

Hoy, entendemos que la fidelidad al mensaje de Jesús es para todos, no para unos cuantos “escogidos” de manera especial. Entendemos que ser fiel a Jesús es estar ahí donde se nos necesita y tanto puede ser en nuestra propia familia como en países lejanos. (A veces es más difícil estar con la propia familia que en tierras lejanas donde se aplaude nuestro trabajo).

No es más misionero quien vive en un país de Tercer Mundo ayudando al desarrollo de un pueblo, que quien permanece en el suyo haciendo una labor poco valorada; porque la misión es vivir y comunicar los valores de Jesús y eso suscita una gran oposición sobre todo en las sociedades capitalistas.

La lealtad a Jesús significa, en segundo lugar, no sólo división y rechazo dentro de la familia, sino también en el seno de la sociedad: y quien no toma la cruz y me sigue no es digno de mí.

¿Hasta dónde hay que llegar? Hasta dar la vida como él: ese es el distintivo del discípulo, de la discípula. Con pasión, con gozo, con fidelidad, no sin momentos de desaliento y de dificultad.

Es escoger un camino de marginación porque supone identificarse con quienes se oponen al “control imperial” como Jesús; y eso nunca resulta fácil: ni entonces ni ahora.

En tercer lugar, esa fidelidad nos habla de perder la vida por Jesús para encontrarla. Por el contrario, se entiende “encontrar la vida”  por nuestra propia cuenta como optar por lo seguro, por el propio interés, es dejarse llevar por la amenaza de la élite de crucificar a quienes ofrezcan resistencia. Sin embargo, la muerte no es el final.

¿Y quién y cómo escucha y recibe este mensaje? No está en nosotros medir los resultados, no vamos en nombre propio y el camino ya se encarga de proveernos con momentos de un gozo indescriptible cuando vemos que lo que nos ha sanado, cambiado la vida, liberado, también lo hace con muchos otros.

Quien recibe a Jesús recibe a quien le ha enviado. Profeta, justo, pobrecillo representan las actitudes de aquellos que ya han asumido el reino en sus vidas. Acogerles a ellos es acoger a Jesús y su mensaje y cualquier gesto, por pequeño que sea, incluso dar de beber un vaso de agua fresca, no quedará sin recompensa.

Sólo si conectamos con aquello que realmente nos llena la vida de pasión y de entusiasmo entenderemos la llamada de este evangelio; nada más lejos del deber moral o el sacrificio. Conecta con aquello o aquellos a quienes ofreces lealtad y verás como ya estás o puedes volver en cualquier momento al camino.

 

Carmen Notario Ajuria, SFCC

espiritualidadcym@gmail.com

13 Tiempo ordinario – A (Mateo 10,37-42)

 

Grupos de Jesús

José Antonio Pagola

Uno de los mayores riesgos del cristianismo actual es ir pasando poco a poco de la «religión de la cruz» a una «religión del bienestar Hace unos años tomé nota de unas palabras de Reinhold Niebuhr, que me hicieron pensar mucho. Hablaba el teólogo norteamericano del peligro de una «religión sin aguijón» que terminara predicando «un Dios sin cólera que conduce a unos hombres sin pecado hacia un reino sin juicio por medio de un Cristo sin cruz». El peligro es real y hemos de evitarlo.

Insistir en el amor incondicional de un Dios Amigo no ha de significar nunca fabricarnos un Dios a nuestra conveniencia, el Dios permisivo que legitime una «religión burguesa» (Johann Baptist Metz). Ser cristiano no es buscar el Dios que me conviene y me dice «sí» a todo, sino encontrarme con el Dios que, precisamente por ser Amigo, despierta mi responsabilidad y, por eso mismo, más de una vez me hace sufrir, gritar y callar.

Descubrir el evangelio como fuente de vida y estímulo de crecimiento sano no significa vivir «inmunizado» frente al sufrimiento. El evangelio no es un tranquilizante para una vida organizada al servicio de nuestros fantasmas de placer y bienestar. Cristo hace gozar y hace sufrir, consuela e inquieta, apoya y contradice. Solo así es camino, verdad y vida.

Creer en un Dios Salvador que, ya desde ahora y sin esperar al más allá, busca liberarnos de lo que nos hace daño no ha de llevarnos a entender la fe cristiana como una religión de uso privado al servicio exclusivo de nuestros problemas y sufrimientos. El Dios de Jesucristo nos pone siempre mirando al que sufre. El evangelio no centra a la persona en su propio sufrimiento, sino en el de los otros. Solo así se vive la fe como experiencia de salvación.

En la fe como en el amor todo suele andar muy mezclado: la entrega confiada y el deseo de posesión, la generosidad y el egoísmo. Por eso no hemos de borrar del evangelio esas palabras de Jesús que, por duras que parezcan, nos ponen ante la verdad de nuestra fe: «El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará».

 


EL AMOR A DIOS Y AL PADRE NO SE PUEDEN COMPARAR PORQUE SON DE NATURALEZA DISTINTA DOMINGO 13 (A) Mt 10,37-42

fe adulta

col fraymarcos

 

 


La manera de hablar semita, por contrastes excluyentes, nos puede jugar una mala pasada si entendemos las frases literalmente. Lo que es bueno para el cuerpo, es bueno también para el espíritu. La lucha maniquea que nos han inculcado no tiene nada que ver con la experiencia de Jesús. El evangelio de hoy propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen mucho más alcance del que podemos sospechar a primera vista.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El problema del amor al padre y a Jesús no se puede comprar porque son realidades de distinta naturaleza ni se pueden comparar ni se puede decir que uno es “más” que otro. El amor a Dios no puede entrar nunca en conflicto con el amor a las criaturas, mucho menos con el amor a una madre. Jesús nunca pudo decir esas palabras con el significado que tienen para nosotros hoy. Solo un falso Dios puede plantear sus propias exigencias frente a otras instancias que requieren las suyas.

Ese Dios es un ídolo, y todos los ídolos llevan al hombre a la esclavitud, no a la libertad de ser él mismo. Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Jesús. En el evangelio de Juan está muy claro: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros”. Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Solo puedo amar a Dios amando a los demás, como Dios manda. Jesús no pudo decir: tienes que amarme a mí más que a tu Hijo. Recordad: porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve ser y me disteis de beber...

El evangelio nos habla siempre del amor al “próximo”. Lo cual quiere decir que el amor en abstracto es otra quimera. No existe más amor que el que llega a un ser concreto. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. La advertencia del evangelio está encaminada a hacernos ver que, desplegar a tope esos impulsos instintivos no garantiza el más mínimo grado de calidad humana. Pero sería un error aún mayor el creer que pueden estar en contra de mi humanidad. Se ha tergiversado el evangelio, haciéndole decir lo que no dice.

El evangelio no quiere decir que el amor a los hijos o a los padres sea malo y que debemos olvidarlo para amar a Jesús o a Dios. Pero nos advierte de que ese amor puede ser un egoísmo camuflado que busca la seguridad mayor para el ego, sin tener en cuenta a los demás. El “amor” familiar se convierte entonces en un obstáculo para un crecimiento verdaderamente humano. Ese “amor” no es verdadero amor, sino egoísmo amplificado. No es bueno para el que ama, pero tampoco es bueno para el que es amado, de esa manera. El verdadero amor solo puede surgir de nuestra categoría humana, es decir, de lo más hondo del ser.

Lo instintivo va contra la persona cuando el hombre utiliza su mente para potenciar su ser biológico a costa de lo humano. El hombre puede poner como objetivo de su existencia el despliegue exclusivo de su animalidad, cercenando así sus posibilidades humanas. Esto es degradarse en su ser especifico humano. Cuando estamos en esa dinámica y metemos a los demás en ella, estamos “amando” mal, y ese amor se convierte en veneno. Esto es lo que quiere evitar el evangelio. Nada que no sea humano puede ser evangélico. No amar a los hijos o a los padres no sería humano.

Un verdadero amor nunca puede oponerse a otro amor auténtico. Cuando un marido se encuentra atrapado entre el amor a su madre y el amor a su esposa, algo no está funcionando bien. Habrá que analizar bien la situación, porque uno de esos amores (o los dos) está viciado. Si el amor a Dios está en contradicción con el amor al padre o a la madre, o no tiene idea de lo que es amar a Dios o no tiene idea de lo que es amar al hombre. Sería la hora de ir a psiquiatra. ¡Nos han metido en la esquizofrenia, haciéndonos creer que, lo que Dios pedía era odiar a nuestros padres!

El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará. En griego hay tres palabras para decir vida: “Zoe”, “bios” y “psiques”. El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata de la vida biológica, sino de la vida psicológica, es decir, de la capacidad de relaciones interpersonales. No se trataría de dejarse matar, sino de poner tu humanidad al servicio de los demás. Esto no sería perder sino ganar. Quien pretenda reservar para sí mismo su ego malogrará su existencia, porque pasará por ella sin desplegar su verdadera humanidad.

El que dé a beber un vaso de agua fresca… El ofrecer un vaso de agua a un desconocido puede ser la manifestación de una profunda humanidad. El dar, sin esperar nada a cambio, es el fundamento de una relación verdaderamente humana. En nuestra sociedad de consumo nos estamos alejando cada vez más de esta postura. No hay absolutamente nada que no tenga un precio, todo se compra y se vende. Nuestra sociedad está montada sobre el ‘toma y da acá’, que dejaría de funcionar si la sacáramos de esa dinámica y nos decidiésemos a vivir el evangelio.

La misma institución religiosa está montada como un gran negocio económico, en contra de lo que dice el evangelio: “Gratis habéis recibido, dad gratis”. Hoy todos estamos de acuerdo con Lutero, en su protesta contra toda compraventa de bienes espirituales (bulas, indulgencias etc.). Pero seguimos cobrando un precio por decir una misa de difuntos. Es verdad que debemos insistir en la colaboración de todos para la buena marcha de la comunidad, pero no podemos convertir las celebraciones litúrgicas en instrumentos de recaudación de impuestos con apariencia de caridad. 

El objetivo instintivo de todo ser vivo, es mantenerse en el ser. Casi cuatro mil millones de años de evolución han sido posibles gracias a esta norma absoluta. Pero la misma evolución ha permitido al ser humano ir más allá de los instintos y alcanzar conscientemente una meta más alta que no está en contradicción con la biología. Todo lo que le acerca a ese objetivo último le puede causar más felicidad que satisfacer sus instintos. La raíz última de todo acto bueno está en la misma biología, no es contrario a ella. Nada más falso que una lucha entre lo biológico y lo espiritual.

La trampa que quiere evitarnos el evangelio es quedarnos en el placer inmediato que nos proporciona nuestra biología y perder de vista el bien total del ser humano. Ahí está la causa de tanto desajuste en la conducta humana. Debemos tomar conciencia de que lo que es malo para nuestro verdadero ser, no puede ser bueno bajo ningún aspecto del ser humano. Todo egoísmo personal o amplificado que busca el bien material del individuo o la familia, nos lleva a la deshumanización.


EXIGENCIAS Y RECOMPENSA Domingo 13 TO. Ciclo A

 col sicre art


fe adulta

El largo discurso dirigido a los apóstoles (resumido en los domingos 11-13) termina con una serie de frases de Jesús que son, al mismo tiempo, severas y consoladoras. Las severas se dirigen a los apóstoles; las consoladoras, a quienes los acogen.

¿Quién no es digno de Jesús?

La sección comienza con tres frases que terminan de la misma manera: “no es digno de mí”. Las dos primeras están muy relacionadas: no es digno de Jesús el que ama a su padre o a su madre más que a él, o el que ama a sus hijos o a su hija más que a él. Estas frases recuerdan lo que se dice en Deuteronomio 33,9 a propósito de los levitas. En un caso de grave conflicto entre los vínculos familiares y la fidelidad a Dios, optaron por lo segundo. Leví, representación de todos los levitas, «dijo a sus padres: ‘No os hago caso’; a sus hermanos: ‘No os reconozco’; a sus hijos: ‘No os conozco’. Cumplieron tus mandatos y guardaron tu alianza.»

Una opción en tiempos de conflicto

Para comprender estas palabras tan exigentes de Jesús hay que tener en cuenta lo que dice inmediatamente antes (suprimido por la liturgia). El aviso de que pueden perder la vida (tema del domingo pasado) puede provocar en los discípulos el desconcierto. ¿A qué ha venido Jesús? A esto responde que no ha venido a traer paz sino espada. Que su persona y su mensaje crearán problemas incluso entre los miembros de la familia. Llegarán momentos en que los apóstoles, y todos los cristianos, tendrán que optar.

La opción por Dios de los levitas

En el libro del Éxodo se cuenta que, mientras Moisés estaba en el monte Sinaí recibiendo del Señor las tablas de la Ley, los diez mandamientos, el pueblo, cansado de esperar, decidió fabricar un becerro de oro y adorarlo. Cuando Moisés baja del monte y contempla el espectáculo, rompe las tablas, se planta a la puerta del campamento y grita: «¡A mí los del Señor! Y se le juntaron todos los levitas.» Moisés les ordena: «Ciña cada uno la espada; pasad y repasad el campamento de puerta en puerta, matando, aunque sea al hermano, al compañero, al pariente». Los levitas cumplieron las órdenes de Moisés y este, al final, les dice: «¡Hoy os habéis consagrado al Señor a costa del hijo o del hermano, ganándoos hoy su bendición» (Éxodo 32,25-29).

El historiador moderno duda que los levitas tuvieran espadas en el desierto y que llevaran a cabo esta matanza. Pero los antiguos no eran tan críticos. Aceptaban las cosas que se contaban, e incluso alaban a los levitas, ya que en un caso de grave conflicto entre los vínculos familiares y la fidelidad a Dios, optaron por lo segundo: «Dijeron a sus padres: ‘No os hago caso’; a sus hermanos: ‘No os reconozco’; a sus hijos: ‘No os conozco’. Cumplieron tus mandatos y guardaron tu alianza» (Deuteronomio 33,9).

La opción por Jesús de los discípulos

Se podría decir que Jesús exige a sus discípulos la misma actitud de los levitas. Pero hay dos diferencias importantísimas: 1) Jesús no ordena matar a los padres o a los hermanos en caso de conflicto. 2) Los levitas se comportaron así por fidelidad a los mandatos de Dios y a su alianza; los discípulos deben hacerlo por amor a Jesús. Al exigir este amor superior al de los seres más queridos, Jesús se está poniendo al nivel de Dios, al que hay que amar sobre todas las cosas.

Los primeros cristianos, en momentos de persecución, se vieron a veces en la necesidad de optar entre el amor y la fidelidad a Jesús y el amor a la familia. La elección era dura, pero muchos la hicieron, convencidos de que recuperarían a sus padres e hijos en la vida futura.

La frase siguiente («el que no coge su cruz…») también se entiende mejor a la luz del texto del Deuteronomio. En él se dice que los levitas, por haber mostrado esa fidelidad a Dios, recibieron un gran premio y dignidad: «Enseñarán tus preceptos a Jacob y tu ley a Israel; ofrecerán incienso en tu presencia y holocaustos en tu altar.» Jesús no promete nada de esto a sus discípulos, solo exige.

Amar a Jesús más que a la familia ya lo hicieron Pedro y Andrés, Santiago y Juan. Lo que ahora exige Jesús es infinitamente más duro: cargar con la cruz. ¿Hay que interpretarlo al pie de la letra o simbólicamente? Simbólicamente, pero con posibles repercusiones prácticas: hay que estar dispuestos a cargar con ella y marchar camino de la muerte. No una muerte cualquiera, sino la más infamante, típica de rebeldes contra Roma y esclavos. Cuando Jesús exige cargar con la cruz está pidiendo algo terrible desde el punto de vista físico, moral y social. Además, la exigencia no carece de macabra ironía cuando la comparamos con los vv.9-10: los que deben predicar el reino sin llevar nada, ahora tienen que seguir a Jesús cargando con la cruz.

Conviene advertir que el amor a la familia y el amor a Jesús no se excluyen ni se oponen. Son compatibles, con tal de mantener el orden adecuado. Los hijos de Zebedeo abandonan a su padre, pero la madre los acompaña e incluso le pide a Jesús un favor especial para ellos. María, al menos según la versión del cuarto evangelio, está al pie de la cruz. Pablo recuerda que «los demás apóstoles, los hermanos del Señor y Cefas» se hacen acompañar de su esposa cristiana (avdelfh.n gunai/ka 1 Cor 9,5).

Acogida y recompensa

La última parte se dirige a las personas que acojan a los discípulos. Dos cosas les dice:

1) Recibirlos a ellos equivale a recibir a Jesús y recibir al Padre. Lo que hacen es mucho más de lo que pueden imaginar. No es solo un acto de caridad, sino un inmenso honor, mucho mayor que el de la persona que pudiese acoger en su casa a un artista, un deportista o un personaje mundialmente famoso.

2) Esa acogida tendrá su recompensa, igual que ocurrió en el Antiguo Testamento con quienes acogieron a profetas y justos. La primera lectura cuenta como un matrimonio de Sunám decidió acoger en su casa al profeta Eliseo cuando pasaba por el pueblo; le construyeron una habitación en el piso de arriba y le proporcionaron una cama, una silla, una mesa y un candil. Una gran inversión para aquel tiempo. Pero recibieron su recompensa con el nacimiento de un hijo.

En comparación con Eliseo, los discípulos pueden parecer unos pobrecillos sin importancia. A nadie se le ocurrirá darles alojamiento permanente. Pero basta un vaso de agua fresca (algo muy de agradecer cuando no existen bares ni agua corriente en las casas) para que esas personas reciban su recompensa.

Resumen

Si en la primera parte entreveíamos los grandes conflictos familiares provocados por las persecuciones, en este final intuimos lo que experimentaron muchas veces los misioneros cristianos: la acogida amable y sencilla de personas que no los conocían. De estos últimos versículos, solo uno tiene paralelo en el evangelio de Marcos. El resto es original de Mateo, que ha querido dejarnos al final de este duro discurso un buen sabor de boca.

¿QUIÉN ES EL «MÍ», DEL QUE HABLA JESÚS? Domingo XIII del Tiempo Ordinario 2 de julio Mt 10, 37-42

col lozano art

 

fe adulta

Entendidas en su literalidad, las expresiones que aparecen en el texto, con matices comparativos (“más que a mí”) y carga autorreferencial (“por mí”) chirrían con razón a la conciencia moderna, testigo de tantos gurús que han demandado a sus fieles una incondicionalidad incuestionable.

¿Qué sentido tiene que un maestro pida ser amado más que los propios padres o los propios hijos? ¿Quién es el maestro que exige perder la vida por él? Todo ello suena más a una catequesis elaborada por la comunidad primitiva que a dichos auténticos de Jesús. Una comunidad que ya ha “divinizado” a Jesús y que lo presenta como referente absoluto, a cuya luz todo lo demás palidece en un segundo plano. Hoy conocemos también que se trata de un movimiento típicamente sectario, que enaltece hasta el infinito al propio líder.

Sin embargo, aun dejando de lado la cuestión de la autoría de esos dichos, cabe otra lectura de los mismos, no literal, sino espiritual o simbólica. ¿Quién o qué es ese “mí” del que se habla en términos absolutos, como lo único realmente real y lo único por lo que merece postergar todo lo demás?

Cuando se sale de la creencia dogmática y se vive un proceso experiencial de autoindagación, la respuesta se abre paso de manera luminosa: ese “mí” no es la persona del Maestro de Nazaret, ni tampoco otro yo particular. Ese “mí” alude a una realidad transpersonal -más allá de todos los yoes o personas-, a Aquello que constituye el Fondo de todo lo real, la identidad última, única y compartida, que somos.    

Ese es el “tesoro escondido” -del que hablará el propio Jesús-, Aquello que somos en profundidad. Por tanto, en cuanto realidad transpersonal, no cabe la apropiación y carece de sentido la comparación. No se pide que ames a uno más que a otros, ni que mueras por alguien en particular, sino que vivas anclado en la verdad de lo que eres. Esta es la clave, válida para toda persona, cualquiera que sea su creencia. Cuando se vive así -dice Jesús en otro lugar-, “todo lo demás se os dará por añadidura”.

EL PRINCIPIO ANTRÓPICO Mt 10, 37-43 «El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí»

fe adulta

col munarriz

comentario editorial fa7

 


La génesis del “principio antrópico” no es filosófica, sino puramente científica. Es el fruto del estudio minucioso del cosmos y de su proceso de evolución, y básicamente establece que “cualquier teoría válida sobre el universo tiene que ser consistente con la existencia de seres conscientes capaces de formularse estas preguntas”. Como afirma John Barrow, prestigioso matemático y cosmólogo británico: «La increíble serie de coincidencias que permiten nuestra presencia en el universo, parecen haber sido cuidadosamente preparadas para garantizar nuestra existencia».

El principio antrópico débil, aceptado mayoritariamente por la comunidad científica, afirma que «el mundo podría haber sido de muchas otras formas, pero en ninguna de ellas habríamos estado nosotros». Según esta formulación cabría el recurso al azar para explicar la aparición del hombre sobre la Tierra, pero el principio antrópico fuerte, más cuestionado, va más allá, rechaza el azar, y sostiene que todo el proceso ha estado diseñado con un único fin; propiciar nuestra existencia: «Nuestra existencia es la que ha determinado la estructura del universo», dice el principio antrópico fuerte. Muy parecido al argumento teleológico formulado desde la filosofía.

Esta última formulación requiere que alguien (Dios creador) haya diseñado el proceso de evolución con el propósito de que culminase en nosotros, pero no parece razonable que su objetivo final fuese la mera presencia del ser humano sobre la faz de la Tierra, sino del ser humano en plenitud; tanto a nivel individual como colectivo.

Hasta llegar a nosotros, han sido las leyes naturales las que han marcado la pauta de la evolución, pero la última etapa —la plenitud— es tarea nuestra. Y es aquí donde entroncamos con el evangelio, porque es Jesús, el hombre lleno del espíritu de Dios, quien nos marca la meta y señala el camino. Como decía Ruiz de Galarreta: «El sueño de Dios no es la raquítica salvación de media docena de perfectos. Toda la creación, realizada y perfecta, es su sueño, su proyecto, el Reino» 

El evangelio, todo el evangelio, es una contundente invitación a ser colaboradores de Dios en la ejecución de su proyecto, y de aquí se desprende una buena definición de cristiano: cristiano es quien se compromete con la tarea de hacer de la humanidad una comunidad de Hijos que se aman como hermanos. Como dijo el propio Jesús: «En eso conocerán que sois mis discípulos».

Y desde esta perspectiva podemos entender mejor el texto de hoy, porque tamaño proyecto requiere de todo nuestro compromiso y de todo nuestro esfuerzo. Jesús nos está pidiendo ayuda para hacer realidad este ideal por el que él fue capaz de dar la propia vida, y lo hace a su estilo; un estilo paradójico, radical, casi desafiante, para recalcar la importancia excepcional de lo que nos está pidiendo:

«Como mi Padre me envió, así os envío yo a vosotros».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer otro comentario sobre este evangelio publicado en fe adulta, pinche aquí

miércoles, 21 de junio de 2023

SED DE ALTURAS

fe adulta

col koldo

 

Hay abreviaturas que esconden inmensidades. En su jerga siempre hablaban del “Piri”. La expresión era breve, pero su universo debía ser necesariamente grande. Ya casi de noche, muchos viernes los vi partir hacia esas dos escuetas sílabas coronadas de blanco. No podía llegar a creer que aquello fuera sólo un mero deporte. Las aficiones van y vienen, pero aquélla persistía y arraigaba. El “Piri”, aún con todas sus inmensidades, se hizo pequeño y hubieron de plantarse ante las más imponentes montañas del planeta. La “amoña” metió más lana en los calcetines que les hizo a mano, los mapas eran ya en inglés y, a la vuelta del Himalaya, las espesas barbas tenían casi un mes. 

¿Qué empuja cuesta arriba a quien sortea los altares de abajo? ¿Era el cuerpo que quería engrasarse o el alma que quería expandirse? ¿Era la altura un desafío para las piernas o una urgencia del alma de llegarse más cerca del Misterio Intangible? Desplazarnos al centro de la Naturaleza, quizás equivalía a presentarnos en el centro de nuestro ser eventualmente también soleado y arboreado. Cada paso respetuoso puede esconder una sincera y muda rendición. La sed de alturas podía ser en realidad una necesidad íntima, a todas luces inconfesable.

La cuestión era seguramente volver, no importa cómo, ni por dónde, una y otra vez a la Altura más ancha y panorámica, a la Atalaya más soleada que nos habita. Quizás se trataba de ensayar vivir instalados en lo más elevado y noble que en realidad representamos. No importa el Sendero, menos aún su nombre en el mapa. En la era digital, de la autonomía que brinda el GPS, es posible prescindir de las gastadas cartografías.

“Todo aquello que nos conmueve nos está llamando de regreso a nosotros mismos”, sugiere el artista y escritor argentino, Juan Lucangioli. La conmoción que he constatado en cercanos ateos vale seguramente por muchas de nuestras genuflexiones, por buena parte del humo de nuestros inciensos reunidos. Mochila al hombro, no será preciso les enseñes "mantrams", ni melodías trascendentales.

"Conmoverse" era también escalada por vía rápida, discreta pared vertical, modalidad acelerada de remontar en Altura. Hemos de cuidarnos de levantar nuevas fronteras entre los “conmovidos”. No sólo derribar fronteras entre los credos, igualmente entre los credos y los no credos. La mirada también ora en la contemplación, por más que se resista en bajar a los labios. Cada quien se “organiza” como puede, vuelve a sí mismo, a la divina presencia que le habita por su camino más florido, sencillo y familiar. Hay quienes optan por verdes alturas sin enhiestas cruces, ni sonoros campanarios. Conozco convencidos "ateos" que no pisan la iglesia, pero que nunca deshacen la mochila con la que se encaminan una y otra vez a las soberbias praderas, a las cimas pirenaicas.

La llamada de la Naturaleza no era sólo una invitación al ejercicio, una búsqueda de la belleza primigenia, era también una urgencia básica de retorno al Hogar. Conviene preguntarnos qué es lo que nos anima a aldabonar una y otra vez las puertas de esa Naturaleza y sus desafiantes montañas. Hay esenciales nostalgias que no se esquivan con facilidad.

Quizás lo importante era reunirnos en la Cumbre, echar la foto de la comunión, agitar la bandera de turno y agradecer en lo más íntimo. Nadie ose catalogar, encuadrar, menos aún adoctrinar ese profundo, sincero y silente agradecimiento.

 

BUENOS ALTAVOCES

fe adulta

col gerardo

 

Oigo muchas homilías. Y reconozco que me cuesta mucho oírlas. Como yo, pienso que las personas mayores andamos un tanto torpes de oído. Tampoco los altavoces funcionan demasiado bien y eso nos hace más difícil el captar la predicación. Los predicadores necesitamos un cursillo para aprender a pronunciar, despacio, a transmitir bien el Mensaje del Evangelio. Y para ello, primero que hayamos captado, vivido y sentido su contenido. Estamos para transmitir lo que la Palabra ha provocado en nosotros.

Es preciso haber acogido, asumido, asimilado lo que Dios nos dice a nosotros para poder transmitirlo a los oyentes. Calculo que cada predicación requiere en mí unas cinco horas de estudio, reflexión, oración de lo que Dios nos quiere decir.

Comprendo que es más fácil transmitir el Mensaje con algún signo, gesto, objeto concreto... Centra mucho más la atención. Y que todo gire en torno a una realidad. Que sea breve. Y fijarme en los fieles para ver cómo reaccionan. Según el gesto que pongan, iré comprendiendo mejor el efecto que surte en ellos esa predicación. Cuando miren muchas veces al reloj o se muevan, es señal de que están en otra onda, de que no están captando el contenido, o que no les resulta interesante.

Por supuesto que será interesante y necesario que parta de sus vidas y que ayude a leer su día a día según Jesús. En las parábolas de Jesús tenemos un ejemplo a imitar: breves, con imágenes y basadas en la vida cotidiana.

La Palabra ha de ser –según nos lo dice la carta a los Hebreos– “más cortante que una espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo de nuestro ser”. Que no sea como la lluvia que cae sobre piedra y resbala, sino sobre tierra; y va calando y produce frutos de conversión a la Alegría.

El ideal será que todos los oyentes, participemos y compartamos nuestros sentimientos y nuestras experiencias. Es evidente que esta participación requiere una mayor preparación y celebraciones más extensas. Pero el Espíritu nos habla a todos y se nos manifiesta. No estamos solo para oír, sino para escuchar, captar, acoger, vivir y compartirlo.

Claro que, con este planteamiento, se requiere mucho más tiempo y una actitud más profunda.

Me viene a la memoria lo que un compañero mío decía: “me pongo a predicar, veo que son seis personas y pienso que son media docena, me da miedo y no predico”.

No pasa nada. Es obra del Espíritu que sopla. Simplemente se trata de escuchar y ser altavoz.

DISCURSOS DE ODIO Y PRÁCTICAS VIOLENTAS: ANÁLISIS Y RESPUESTAS

col tamayo

 

Uno de los temas sobre los que la ciudadanía debe reflexionar de cara a las elecciones del 23 de julio es el del racismo, su presencia en la sociedad española y el tratamiento en los programas electorales. Ofrezco a continuación algunas claves por si sirvieran de ayuda para dicha reflexión.

El racismo, un fenómeno estructural

Es frecuente escuchar afirmaciones como “en los campos de futbol no hay racismo”, “yo no soy racista”, “los españoles no somos racistas”. Sin embargo, los hechos desmienten tan contundentes y autocomplacientes aseveraciones.  Veámoslo.

No son infrecuentes los insultos racistas en los campos de futbol españoles. Vinicius Jr. viene siendo objeto de ellos de manera reiterada. La última vez fue en el partido del Real Madrid con el Valencia en el campo de Mestalla. En un principio el foco se puso en los insultos en el terreno de juego y se quiso reducirlos a dos personas “mal educadas” para quitar importancia a las agresiones verbales contra el jugador brasileño. Es una interpretación que he oído o leído estos días. Peor aún, hay quienes hacen responsable al jugador por encararse con quienes le insultan en vez de callarse y aguantar los insultos. ¡Error inmenso error y grave desenfoque del problema!

El ambiente racista se vive a diario en los campos de futbol de nuestro país. En este caso comenzó con la llegada al Mestalla de los futbolistas del Real Madrid, recibidos con una agresividad verbal infundada e inesperada. Cientos de personas llamaron a Vinicius “puto mono”, le gritaron insultos racistas imitando los sonidos de los monos, llamaron hijos de putas a los jugadores madridistas y ¡les desearon la muerte! Es en ese contexto en el que hay que situar su gravedad dentro de los campo de futbol.

He utilizado al principio de este artículo la palabra “objeto” intencionadamente, porque las personas racistas reducen a meros objetos despreciables a quienes insultan negándoles su dignidad como personas. Es todo lo contrario al imperativo categórico kantiano: “Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre y al mismo tiempo como fin y nunca simplemente como medio”. Las personas agresoras tenían que haber sido conscientes de que eran ellas mismas quienes estaban perdiendo su dignidad en ese momento.

Este tipo de comportamientos no pueden ser considerados accidentes irrelevantes, hay que tomarlos en serio por su gravedad y persistencia y por la tendencia a normalizarlos no solo por parte de un sector de la ciudadanía, sino también de algunos dirigentes deportivos y políticos e incluso de jueces que dan carpetazo a las denuncias. Son muy pocas las denuncias contra los insultos racistas en los campos de futbol que prosperan. Y eso es más grave todavía.

No estamos ante un fenómeno individual, sino estructural que está instalado en el imaginario social de manera más extendida y profunda de lo que emerge externamente, y en los lugares de ocio, de trabajo, en los colegios, las universidades, los parques, las calles, la publicidad, los medios de transporte, el mundo laboral, el acceso al alquiler de una vivienda, etc. Son los microrracismos que suelen pasar desapercibidos en la vida cotidiana.

En 2019 los delitos de odio relacionados con el racismo y la xenofobia se incrementaron en un 20,9% en relación con los de año anterior. Según un estudio del Consejo para la Eliminación de la Discriminación Racial (CEDRE), dependiente de la Secretaría de Estado de Igualdad, más de la mitad de las personas de diferentes grupos étnicos encuestados en 2016 afirmaron que habían sufrido alguna situación de rechazo por el color de la piel u otros rasgos físicos.

Responsabilidad de la extrema derecha y de las organizaciones religiosas integristas 

Los discursos y delitos racistas no son fenómenos aislados que se produzcan solo en los estadios de futbol por un público enfurecido y fuera de sí. Conforman un continuum con los que se dirigen contra las minorías religiosas, étnicas, culturales, el movimiento feminista, los colectivos inmigrantes y refugiados, las personas LGTBIQ, los adversarios políticos, etc. Ese es el problema que hay que atajar desde la familia, la escuela, las asociaciones vecinales, los movimientos sociales, los sindicatos, los partidos políticos, las asociaciones de padres y madres de alumnos y alumnas, deportivas, estudiantiles, profesionales, religiosas, culturales y las ONG’s. El empeño en esta tarea educativa es prioritario y afecta a toda la sociedad.

Yo creo que la extrema derecha política, económica y social, en alianza con las organizaciones religiosas integristas y fundamentalistas, tiene una responsabilidad no pequeña en tales delitos y discursos de odio en la medida en que provocan, promueven y alimentan la islamofobia, la xenofobia, el racismo, el antisemitismo, el supremacismo blanco, la aporofobia, la consideración del feminismo como feminazismo, el negacionismo de la violencia de género, la condena de la teoría de género a la que llaman despectivamente “ideología de género” cuando se trata de una teoría fundada científica, filosófica y antropológicamente. Y lo hacen a través de la dialéctica amigo-enemigo, nosotros-ellos, personas nativas con todos los derechos-personas extranjeras carentes de los mismos.

… Y de la sociedad

Pero la sociedad -nosotros y nosotras- no está exenta de responsabilidad en la medida en que legitima con frecuencia los discursos y delitos de odio y las prácticas violentas con el silencio, la inacción, el cruzarse de brazos y el creer que no se puede hacer nada por evitarlos. Nosotros y nosotras también podemos ser generadores y transmisores de odio. Por eso tenemos que hacer un acto de introspección y revisar nuestras emociones e inclinaciones descontroladas a la ira, al asco, al odio y a las microfobias anidadas en nuestros rincones sentimentales y mentales.

En su libro La obsolescencia del odio (PRE-TEXTOS, Valencia, 2019), el intelectual pacifista alemán Günther Anders (1900-1992) considera que “el vulgar y casi universalmente aceptado ‘Yo odio, por tanto, yo soy’ u ‘Odio, por tanto, existo’” es hoy “más verdadero que el famoso cogito ergo sum de Descartes”. El odio es “la autoafirmación y la auto-constitución por medio de la negación y la aniquilación del otro".

Sucede, además, que la negación de las otras personas a través del odio suele producir placer. Por ejemplo, el torturador disfruta en el acto de torturar: “odio y placer acaban siendo una sola y misma cosa”, dice Anders. Cuanto más se extiende y más veces se repite el acto de odio más tiende a extenderse el placer del odio y el placer del ser sí mismo.

Si la filosofía africana Ubuntu afirma: “Yo soy solo si tú también eres”, los discursos de odio vienen a decir: “el otro no debe existir para que yo exista; él ya no existe, por tanto, yo existo como el único que queda”. Se llega así al placer del odio, que constituye su culminación y desemboca con frecuencia en actitudes y prácticas violentas. Los medios de comunicación nos informan a diario de ellas.

Respuesta a los discursos de odio y a las práctica violentas

¿Cómo responder a los discursos de odio, que tienden a desembocar en prácticas violentas? Ofrezco algunas propuestas: la primera, reconocer y respetar la igual dignidad y derechos de todos los seres humanos sin ningún tipo de discriminación; la segunda, construir comunidades integradoras del pluriverso étnico, cultural, religioso, político, afectivo-sexual, donde quepamos todas y todos, también la naturaleza, practicando la eco-fraternidad-sororidad, la ciudadanía global y la cuidadanía (de cuidados); la tercera, comprometernos con los movimientos sociales que luchan contra las diferentes formas de racismo y de exclusión; la cuarta, fomentar un cambio de lenguaje: del anti a inter, del nosotros-ellos a un nos-otros inclusivo, de la identidad singularista a la inter-identidad, de lo único a lo múltiple.

CRISTIANO ES SENTIR COMPASIÓN


col muro

 

Jesús mira al pueblo, a las gentes y las ve extenuadas y abandonadas: "como ovejas sin pastor". 

¿Cómo están –estamos- hoy nuestras gentes, las grandes masas de población? ¿Qué voces escuchamos? ¿Qué pastores conducen nuestros pasos, los planes de educación de los niños, adolescentes, qué criterios rigen la formación de nuestros jóvenes en la universidad? ¿Qué líderes, qué ideologías orientan nuestra sociedad? ¿Qué locutores, presentadores y "tertulianos" crean opinión, ética y movimientos de comportamientos a través de los medios de comunicación?

Tal vez hoy en día también vivimos extenuados y abandonados: "como ovejas sin pastor" o, lo que sería peor, guiados por falsos pastores, por asalariados, que cuando "las cosas vienen mal dadas", abandonan el rebaño, (Jn 10).

Por desgracia hoy las masas somos conducidas (“duce”) por la dictadura de los “tertulianos”, las “ideologías” y los “wasaps”.

Los políticos no sienten compasión del pueblo, quieren su voto.

La "tertulia" como "lugar teológico" o epistemológico habla y habla sin parar como exhibición de los que intervienen en ella.

La escuela y la universidad se han degradado hasta ser una mera transmisión de datos más o menos científicos.

En muchos momentos se apela a un supuesto personalismo individualista, que en el fondo no es sino una manipulación solapada de las gentes. "Yo pienso como quiero, yo hago lo que me parece, yo me visto como me da la gana", cuando en realidad, pienso, hago, me visto, compro y actúo como me dictan desde los medios de comunicación, desde la moda, desde la ideología a la que pertenezco.

Jesús siente lástima

Jesús no va de pueblo en pueblo con la pancarta y la megafonía “mitinera” puesta. Jesús no busca los votos y el poder del pueblo. Jesús siente lástima y compasión de las gentes, del pueblo. ¡Cuántas veces se ve a Jesús en los evangelios sintiendo compasión.

Cristo, en el evangelio de hoy y en otros momentos, se presenta como Buen Pastor, (Jn 10). Él ama a sus ovejas, él quiere y cuida de sus ovejas de modo que, aunque pasemos por valles oscuros en la vida, vamos tranquilos, su cayado nos sostiene (salmo 22). Finalmente él da su vida por sus ovejas: él no huye.

Una imagen de esto es el jesuita de la película "La misión": permaneció en aquella reserva de indios paraguayos hasta el final: murió al frente de su rebaño. Buen pastor fueron Maximilian Kolbe, con gran entrega dio su vida por los suyos. Buenos pastores son los misioneros que van muriendo en sus propias comunidades, buen pastor fue Mons Óscar Romero, Ignacio Ellacuría y sus compañeros, que han dado su vida en medio y por sus comunidades.

Curar enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. 

Jesús envía a los suyos a ser pastores de la comunidad y anunciar el evangelio del Reino.

Evangelizar es anunciar, sembrar el Reino de los Cielos. Evangelizar es curar enfermos, resucitar muertos por la droga y el odio, limpiar leprosos, arrojar mil demonios ínsitos en nuestra personalidad, luchar contra el tráfico de armas, etc.

Evangelizar es la mediación entre Rusia y Ucrania que en estos momentos está intentando llevar a cabo Matteo Zuppi.

Es curioso que en esta crisis de sacerdotes actual, los obispos –y muchos laicos- se preocupen de que haya misa aquí o allá, pero no nos interesa si nos preocupamos por los enfermos, por la paz y la pacificación, si damos limosna, limpiamos la lepra de la droga, etc.

A un obispo le interesa que el cura diga Misa y haga funerales y alguna que otra boda. Si ese cura siente compasión y visita a los enfermos de su parroquia, o a un encarcelado, o acoge a un emigrante, eso no cuenta, eso lo pueden hacer hasta los laicos.

Pero Jesús no les manda a los doce como vicarios episcopales para tal cargo o como párrocos de determinadas parroquias.

Jesús dice: Sentid compasión, curad, sanad.

Y además hagámoslo gratis. Lo que hemos recibido gratis, démoslo gratis: gracia: como don de Dios.

 

Tomás Muro

Religión Digital

FRATERNIDAD HUMANA EN TIEMPOS DE POLARIZACIÓN


col rodri guerra

 

El papa Francisco fue intervenido quirúrgicamente el miércoles pasado. Sin embargo, esto no fue obstáculo para que sus palabras resonaran en la conciencia y el corazón de las miles de personas reunidas en la Plaza de san Pedro el día 10 de junio: “cuando los hombres y las sociedades eligen la fraternidad también las políticas cambian”.

En un encuentro multitudinario sin precedentes, treinta premios nobel, artistas y líderes sociales y políticos de todo el mundo, cansados de la fácil tentación de la polarización y la violencia, se han reunido para mostrar su compromiso de ser constructores de una fraternidad sin fronteras. El Papa Francisco ha dicho: “En la Encíclica Fratelli tutti escribí que «la fraternidad tiene algo positivo que ofrecer a la libertad y a la igualdad», porque quien ve a un hermano ve en el otro un rostro, no un número: es siempre “alguien” que tiene una dignidad y merece respeto, no “algo” que se puede usar, explotar o descartar. En nuestro mundo, desgarrado por la violencia y por la guerra, no son suficientes los retoques y los ajustes: sólo una gran alianza espiritual y social que nazca de los corazones y gire alrededor de la fraternidad puede volver a poner en el centro de las relaciones la sacralidad y la inviolabilidad de la dignidad humana”.

Las grandes violencias que se presentan en las guerras y las grandes fracturas sociales que dividen a las naciones, suelen nacer cuando causas total o parcialmente legítimas se afirman a través de medios que siembran división. De manera sutil pero eficiente existen personas y grupos que reproponen que el “fin justifica los medios”, que las grandes causas exigen acciones de “rompe y rasga”, que es necesario abandonar la “cobardía” del diálogo, la búsqueda de grandes consensos y utilizar la fraternidad como método de acción política. En la teología católica, el ángel caído es atractivo y seductor. Ofrece como tentación cosas buenas a través de insidias y radicalizaciones malsanas. Por eso se denomina “diá-bolos”, el que divide a través de una mentira: el bien se puede lograr a través de la rabia y el encono compartidos.

Por su parte, el papa Francisco, el pasado sábado, nos dice a todos: “La fraternidad es un bien frágil y precioso. Los hermanos son un ancla de verdad en el mar tempestuoso de los conflictos que siembran la mentira. Evocarlos es recordarle a quien está combatiendo, y también a todos nosotros, que el sentimiento de fraternidad que nos une es más fuerte que el odio y la violencia.” Y el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, completa: “obrar con espíritu de fraternidad es una responsabilidad que no pueden eludir quienes están llamados a animar la cultura de las relaciones internacionales".

No puedo dejar de recordar cuando el joven Karol Wojtyla militaba en el grupo clandestino “UNIA”. La ocupación nazi, y luego la comunista, no eran un escenario fácil. En cierto momento, un sector de UNIA escogió la vía de la radicalización. Se burlaban de los “tibios” cómo Wojtyla que privilegiaban los medios pacíficos, la búsqueda de diálogo -incluso con los comunistas- y la construcción de una alternativa solidaria e incluyente. Sin embargo, con el tiempo, la verdad reapareció: sólo quienes siembran solidaridad, reconciliación y fraternidad aseguran la paz y trabajan auténticamente por el bien común.

 

Rodrigo Guerra López

Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina

Religión Digital

GÄNSWEIN COMO SÍNTOMA

fe adulta

col otalora

 

Me refiero al arzobispo George Gänswein, el que fuera prefecto de la Casa Pontificia y desempeñar después el papel de secretario privado del Papa emérito. Una persona que apunta un desmedido afán del “carrerismo” religioso, que no es otra cosa un afán de poder, en este caso eclesiástico, que tanto daño hace a la Iglesia a la que dice amar y representar.

El de Gänswein es un ejemplo entre muchísimos y por eso lo traigo a colación, precisamente porque él pudiera ser uno de los que menos ha disimulado, mitad por sentirse protegido por algunos de los enemigos de la línea profética de Francisco, mitad por su propia torpeza al gestionar sus apariciones en público, personales y escritas, evidenciando su pulso al Papa Francisco.

Leo que Francisco ha recibido a Gänswein hasta en tres ocasiones en las que le ofreció varios destinos como arzobispo tanto en Alemania como en Italia. Lejos de aceptar la oferta del Papa, porfió para quedarse en el Vaticano. Incluso se ha publicado que se postuló para algún cargo en la Curia vaticana. Ante semejante ultimátum, el Papa le envía a la diócesis de Friburgo en Alemania a partir del 1 de julio d este mismo año.

Mi impresión desde hace tiempo, es que el clericalismo es un abuso que ha tenido demasiada manga ancha en la Iglesia. El camino sinodal, el Sínodo por la que el cardenal Burke reza todos los días para que no llegue a buen puerto, es el camino contrario por el que todos los católicos debiéramos transitar. No existe una clara denuncia profética a quienes continúan maquinando para mantener a la institución eclesial como un poder paralelo al del Evangelio, a la manera de los dirigentes religiosos del tiempo de Jesús.

¿Por qué se permite que George Gänswein se haya instalado a la muerte de Benedicto XVI en un piso de 300 metros cuadrados muy cercano a la Casa Santa Marta donde el Papa vive en una habitación? Y digo más, permitirle criticar sibilinamente a Francisco por haber renunciado a vivir en el Palacio Apostólico.

Este arzobispo no ha aprendido nada de quien él mismo considera ha sido su maestro, Benedicto XVI, que recién nombrado Papa, ya se preguntaba en público “si la carrera y el poder son una tentación de la que no están exentos quienes tienen un papel de gobierno en la Iglesia”, es decir, los que ostentan cargos de responsabilidad. No parece haber seguido su consejo, ni su mal calculada sobre-exposición para auparse al cardenalato ha acabado con su carrera eclesiástica y ahora deberá desempolvar su vocación de servicio si no quiere que los alemanes tampoco le permitan los excesos de vanidad y de poder conspiratorio como los que ha exhibido hasta ahora.

La apuesta sinodal es la respuesta mejor al clericalismo: “Es imposible pensar en una conversión de nuestra actividad como Iglesia que no incluye la participación activa de todos los miembros del Pueblo de Dios”, advierte Francisco, que recalca siempre que puede la importancia esencial de la reforma de la actitud o la mentalidad (sic), algo que no se está transmitiendo desde muchos de los  obispados que prefieren ponerse de perfil ante tamaña encomienda de conversión personal y colectiva. Y lo remacha Francisco: “Las reformas estructurales y organizacionales son secundarias, es decir, vienen después”, dijo en 2013 en su primera gran entrevista.

Porque el clericalismo tiende a disminuir la importancia  de lo que supone la gracia bautismal en todos los bautizados. Y se mantiene en muchos clérigos y laicos la idea “teológica” de que el sacramento del orden sitúa en un estatus privilegiado a quien lo recibe, en lugar de verlo como un carisma. Quizá por ello haya tan pocos santos y santas entre el laicado de padres y madres, cuya radicalidad en su entrega amorosa ejemplar está ausente en el santoral reconocido. Aquí también vendría bien una mujer al frente del organismo que valora estas cosas...

La crisis de la Iglesia es una crisis de salud espiritual, de humildad y servicio donde el clericalismo sigue mandando en el día a día destrozando la imagen de la institución eclesial y del Evangelio cuando todo acaba torticeramente mezclado.