FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




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miércoles, 6 de julio de 2022

SI NO TE APROXIMAS AL QUE TE NECESITA, TE ALEJAS DEL VERDADERO DIOS DOMINGO 15 (C) Lc 10,25-37

col fraymarcos

 

FE ADULTA

Hoy la primera lectura nos da la clave para entender el evangelio. La voluntad de Dios no viene de fuera, sino que es una exigencia de nuestro ser. Dios no crea al ser humano y luego le impone unas obligaciones. Dios no tiene “voluntad”, porque no tiene partes ni cualidades ni potencias. Es un “ser” simplicísimo. Lo que Dios espera es que despleguemos esas posibilidades (exigencias) que nacen de nuestro ser más profundo. ¡Cuánto fundamentalismo se evitaría si tuviéramos en cuenta esta simple verdad!

El jurista sabía la respuesta, luego no pregunta para aprender, sino para examinar. Jesús se lo hace ver, haciendo que él mismo responda. Lo que no estaba tan claro era quién era Dios y quién era el prójimo. Aquí sí que había, y sigue habiendo, mucho que aclarar. Jesús habla de superar la Ley como venida de un Dios que desde fuera y desde arriba nos exige normas de conducta que van en contra de nuestros intereses. Como la primera lectura de hoy, Jesús habla de una ley no escrita que llevamos todos dentro y que hay que descubrir.

Solo Lucas narra esta parábola del “buen samaritano”. Como todas, no necesita explicación. Lo único que exige es implicación. El oyente tiene que tomar partido después de oírla. Si no lo hace, la narración carece de sentido. Se nos invita a descubrir una manera nueva de ser religioso, siendo más humanos. No basta tener muy buenas relaciones con el Dios del templo, aunque sea sacerdote o levita, hay que hacerse prójimo. La parábola nos propone dejar de considerarse a sí mismo el ombligo del mundo y poner en el centro al otro.

Cuando pregunto, ¿Quién es mi prójimo?, presupongo que puede haber alguien que no lo es y tendría que amar solo al que lo es. En algunos casos, en el AT, el prójimo tenía este sentido. La religión judía nació como un medio de aglutinar un pueblo en torno a un Dios, con unas obligaciones que le permitían asegurar una cohesión interna capaz de superar el egoísmo destructor. Para nada pensaban en un amor universal, sino en un amor a los pertenecientes al pueblo, con la finalidad de defenderse de los que no pertenecían a él.

La pregunta presupone que el ser o no ser prójimo depende de las circunstancias. Este es el fundamento de la mentalidad legalista que excluye toda aproximación. La ayuda al miserable desde el estricto cumplimiento de la Ley no excluye el sentimiento de superioridad. Cumplo lo mandado pero no me involucro en la situación del otro. Lo hago “por amor a dios”. Esta es la trampa donde hemos caído. Lo que hizo el Samaritano está a años luz de esta actitud. Se aproxima, lo cura, lo venda, lo lleva a la posada…

El relato es típico de la literatura oriental, pero los personajes implicados en él lo convierten en provocador. Los oficiales de la religión están demasiado preocupados por la legalidad y la pureza para preocuparse del otro. Para el sacerdote y el levita, lo primero era la Ley. Para el samaritano, lo primero era el hombre. El hereje, el idólatra, el impuro, odiado precisamente por no ser religioso, no está sujeto a normas externas, lleva la ley en el corazón. La palabra empleada en griego para indicar que se conmueve, nos indica que el Samaritano se dejó llevar por su verdadero ser desde el interior y acabó imitando a Dios.

La parábola, no deja lugar a dudas sobre lo que Jesús entendía por próximo. Prójimo es todo aquel con quien me encuentro en mi camino. Prójimo es aquel que me necesita. Estamos equivocados al pensar que el prójimo lo puedo determinar yo. Jesús nos dice que el prójimo se me impone, aunque yo puedo tomar la decisión de escamotear esa presencia e ignorarlo. Cuando me niego a verlo, estoy fallando, buscando excusas para escapar a esa imposición que me saca de mi programación, de mis planes, a veces tan religiosos ellos.

Estamos equivocados cuando pensamos que si me acerco a otra persona para ayudarla, estoy haciendo una cosa buena, pero que si no la ayudo, no pasa nada, porque yo soy libre de ayudarla o de no ayudarla. No vemos como una necesidad el ayudarla, sino como una posibilidad que se me ofrece y que yo puedo aprovechar. No, debemos sentir esa ayuda, como una urgencia. Soy capaz de programar un prójimo para una hora determinada, pero rechazo instinti­vamente al que se me impone sin mi consentimiento.

Tanto en el AT como en el evangelio, se entiende a Dios como cosa, es decir como alguien que existe al margen de la creación. Hoy sabemos que Dios está en las cosas, no al margen de ellas, ni por encima de ellas. Si pudiéramos ver la creación desde Dios veríamos que no se diferencia en nada de ella. La creación es la manifestación de Dios. Vista desde la criatura, sí hay diferencia, pero no por lo que la creación es, sino por lo que no es; por sus limitaciones. Dios es infinito, la criatura no, ni por separado ni en conjunto. Si en todas las cosas está Dios, es claro que en cualquier ser humano se está manifestando su presencia.

Aclaremos esta idea con el ejemplo de la luz. La luz no se puede ver. Los espacios intersiderales son inmensos vacíos en absoluta oscuridad, aunque los fotones los traviesan. Solo cuando los fotones tropiezan con la materia, puedo descubrir los reflejos de la luz en ese objeto. Esto pasa con Dios, no se le puede ver más que reflejado. Para cada uno de nosotros no hay más Dios que el que podemos ver en la creación. La conclusión es clara: No puedo pensar en un Dios al margen de la creación, porque sería un ídolo. Por lo tanto, no puede haber dos mandamientos. Amo a Dios solo en la medida que amo a sus criaturas.       

Hay una frase que empleamos siempre para justificar nuestro egoísmo, pero que es verdadera: "el amor bien entendido empieza por uno mismo". Efectivamente, descubriendo la luz que se refleja en mi propio ser, estaré capacitado para verla en los demás. El Dios que descubro en mí, es el mismo que debo descubrir en los demás. Si me doy cuenta de lo que soy en el Todo, veré al otro insertado en el Todo. Si creo que soy una mónada aislada, veré al otro algo distinto de mí, que me estorba, y no encontraré motivos para amarlo.

Cuando tenga claro esto, solucionaré el problema de mi egoísmo. Es falsa la creencia de que yo soy una individualidad aislada, que tengo existencia y consistencia propia. Yo, separado del creador y de las demás criaturas, no soy nada. Lo que constituye mi ser, y lo que constituye el ser de los demás, es la misma Realidad, Dios, que está fundamentando mi propio ser y el de los demás. Por tanto, no puedo ir en contra de los demás sin ir en contra mía. El día que descubra lo que no soy, habré dado un paso hacia el verdadero amor.

El prójimo está siempre ahí, a tu vera. Descubrirlo depende solo de ti. Siempre que te aproximas a otro para ayudarle, lo estás convirtiendo en próximo. Cada vez que haces a uno prójimo, te estás acercando a ti mismo y a Dios. Cada vez que superas tu egoísmo y pones al otro en el centro, te acercas a la plenitud de humanidad. Siempre que das un rodeo para pasar de largo ante el dolor ajeno, te estás alejando de ti mismo y de Dios. La religión que me permite vivir sin preocuparme de los demás será siempre falsa.

UCRANIA, MELILLA Y EL BUEN SAMARITANO Domingo 15º. Tiempo ordinario. Ciclo C

 col sicre art

FE ADULTA

El domingo pasado, el envío de los setenta y dos discípulos nos hacía pensar en los miles de personas anónimas que difunden el evangelio en todas partes del mundo. Este domingo, la parábola del buen samaritano nos recuerda a tantísima gente que ha puesto en práctica su enseñanza. Cuando comenzó la guerra de Ucrania, hubo conductores que recorrieron miles de kilómetros para salvar a mujeres y niños y ponerlos a salvo entre nosotros. En todos los países de la Unión Europea se ofreció casa, comida, vestidos, cariño. Esto no debe hacernos olvidar lo difícil, casi imposible, que resulta a veces comportarse como el buen samaritano. Pero el contexto actual ayuda a comprender mejor la parábola y la gran dosis de mala idea.

Una receta rápida para salvarse (Deuteronomio 30,10-14)

¿Existe esa receta? ¿Es fácilmente asequible? La respuesta del Deuteronomio es clara: no hay que subir al Himalaya ni atravesar el Atlántico para saber lo que Dios quiere de nosotros. Está escrito “en el código de esta ley”, que se limita a los capítulos 12-26 del Deuteronomio. No se trata de estudiar mucho sino de convertirse con todo el corazón y toda el alma, y de poner en práctica lo que allí se dice.

Pero el Deuteronomio planteó un problema. Aunque el texto era intocable, y nadie estaba autorizado a quitar ni añadir nada, la interpretación de sus normas fue creciendo de forma incontrolada. En tiempos de Jesús, el judaísmo contaba 613 mandamientos (365 prohibiciones y 248 preceptos) capaces de volver loco a cualquier persona.

Ante este cúmulo de mandamientos, surgió el deseo de sintetizar o de saber qué era lo más importante. El rabino Hillel, poco anterior a Jesús, enseñaba: “Lo que no te guste, no se lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la Ley, lo demás es interpreta­ción”. También del Rabí Aquiba (+ hacia 135 d.C.) se recuerda un esfuer­zo parecido de sintetizar toda la Ley en una sola frase: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo; este es un gran princi­pio general en la Torá”.

En los evangelios hay diversos intentos de simplificar la cuestión con una respuesta breve y drástica. El más famoso es la Regla de oro, con la que cierra el evangelio de Mateo el Sermón del Monte: “Tratad a los demás como queréis que os traten a vosotros. En esto consiste la ley y los profetas” (Mt 7,12). El tema reaparece en el episodio de hoy, cuando le preguntan a Jesús cuál es el mandamiento principal. El relato de Lucas introduce cambios muy significativos en el de Marcos.

El escriba bueno de Marcos

Los escribas, equivalentes a los doctores de teología actuales, pero con mucho más poder, autoridad y prestigio, no quedan bien en los evangelios. Generalmente aparecen junto a los fariseos, como adversarios de Jesús. Menos en este caso de Marcos, donde un escriba pregunta a Jesús cuál es el mandamiento principal, y él le responde: amar a Dios y amar al prójimo. La reacción del escriba es alabar a Jesús, que le devuelve la alabanza.

El escriba malintencionado de Lucas

El protagonista del relato de Lucas no viene con buena intención, pretende poner en un aprieto a Jesús; y no plantea una cuestión teórica (“¿cuál es el mandamiento principal?”) sino muy personal: “¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”.

Jesús no cae en la trampa. En vez de responder, pregunta: “¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?” Y el legista se ve obligado a reconocer que sabe perfectamente lo que debe hacer: amar a Dios y al prójimo. Jesús, con cierta ironía, le indica que su problema no consiste en saber lo que tiene que hacer, sino en hacerlo.

Aquí podría haber terminado todo. Pero el legista, que tiene la sensación de haber quedado en ridículo, para justificarse plantea una cuestión filosófico-teológica: “¿Y quién es mi prójimo?”. Afortunadamente, Jesús no es un profesor universitario. No le da una conferencia de Antropología ni le escribe un Manual de quinientas páginas intentando aclarar esa intrincada cuestión. Se limita a contar una parábola que ofrece dos modelos de conducta: 1) la del sacerdote y el levita, que ante el pobre hombre asaltado y malherido por los bandidos dan un rodeo y pasan de largo; 2) la del samaritano que siente lástima, se acerca, echa aceite y vino en las heridas, las venda, lo monta en su cabalgadura, lo lleva a una posada, lo cuida y paga su estancia. Son siete acciones, basadas todas ellas en el sentimiento inicial de lástima.

Al legista podría resultarle ofensivo que le cuenten un cuento. Pero Jesús no le da tiempo a protestar, pasa directamente al ataque, obligándole a reconocer que lo importante es comportarse como prójimo. Para terminar diciéndole: “Anda, haz tú lo mismo”. Lo importante no es discutir sino actuar.

La mala idea de la parábola

A muchos les gustaría limitar la parábola al ejemplo del samaritano y dejarnos con buen sabor de boca. Pero Lucas, del que siempre alabamos su bondad, resulta en este caso muy hiriente. No le basta un protagonista, necesita tres. Y los elige con toda la intención: un sacerdote, un levita, un samaritano.

El sacerdote y el levita, los personajes especialmente consagrados a Dios, hacen exactamente lo mismo: dan un rodeo y siguen su camino. ¿Por qué actúan de este modo? ¿Porque son malos y egoístas? No. Porque si el herido no está herido, sino muerto, basta tocarlo para quedar impuro.

La ley es tajante: “El sacerdote no se contaminará con el cadáver de un pariente, a no ser de pariente próximo: madre, padre, hijo, hija, hermano o de su propia hermana soltera, no dada en matrimonio. Queda profanado” (Levítico 21,2-4). Si no pueden contaminarse con un pariente, mucho menos con un desconocido al borde de la carretera.

Y lo que se deduce es trágico: es la ley de Dios la que impide practicar la misericordia y comportarse como prójimo del herido.

Lucas podría haber buscado como tercer protagonista a un cura progre o a un diácono permanente sin obsesión por la ley. Elige al menos indicado: un samaritano. El personaje más odioso y despreciable para un judío, miembro de un pueblo que, según el libro de los Reyes, “no veneran al Señor ni proceden según sus mandatos y preceptos”. Irónicamente, un representante de este pueblo que no venera al Señor ni procede según sus mandatos y preceptos es quien actúa con misericordia y se comporta como prójimo.

Reflexión actual

Sin caer en la crítica injusta a obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, la parábola nos hace pensar en tantos samaritanos agnósticos, ateos, homosexuales, lesbianas, etc., que se entregan plenamente a personas necesitadas. Pero la realidad actual podría proporcionar una final muy distinto a la parábola.

«Al cabo del tiempo, el legista se presentó a Jesús y le dijo:

- Maestro, he intentado poner en práctica lo que me dijiste. Vi multitud de personas hambrientas, enfermas, desesperadas, intentando huir de la guerra y del hambre. Quise acercarme a ayudarlas, pero tropecé con vallas y muros custodiados por la policía y el ejército.

Jesús miró al cielo, suspiró y le dijo:

- Llegará un día en el que no habrá vallas ni muros. Mientras, busca en otras partes. Siempre encontrarás gente a la que ayudar.

PROVOCACIÓN, SUBVERSIÓN, COMPASIÓN Domingo XV del T.O. 10 de julio Lc 10, 25-33

col lozano art

 FE ADULTA


La conocida como “parábola del buen samaritano” constituye una joya universal y atemporal de humanidad, aunando en sí misma provocación, subversión y compasión.

Es un texto provocativo (literalmente, pro-vocar significa “llamar hacia adelante”) que busca desinstalar de creencias y seguridades rutinarias. Trasciende la formulación de la Ley y sus preguntas –“¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?”-, llevando al interlocutor del mundo de las creencias a la realidad de la persona necesitada.

Es un texto subversivo, que coloca como prototipo de bondad a alguien (“un samaritano”) que era considerado “hereje” y “pecador” -alguien a quien la religión despreciaba-, al tiempo que muestra al sacerdote y al levita -los hombres del Templo- como errados en su comportamiento legalista.

Es un texto que sitúa la compasión como criterio definitivo de verdad y de acierto. ¿Cómo hacer para acertar en la vida? Brindando ayuda a la persona en necesidad. En ese principio se centra toda la práctica propuesta por Jesús: “Haz tú lo mismo”.

¿Qué lugar ocupa la compasión en mi vida?

 

CONOCIMIENTO… O COMPASIÓN Lc 10, 25-37 «Anda y haz tú lo mismo»

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col munarriz

 

 FE ADULTA


Es tan rematadamente sencilla la interpretación de esta parábola que apenas deja resquicio para añadir un comentario. Dos personas sagradas encuentran en el camino a un hombre malherido, se desentienden y siguen adelante. Un hereje samaritano, que también pasaba por allí, lo ve, se conmueve, se acerca, le atiende… Y ya está.

«Haz esto y tendrás la vida», le dice Jesús al letrado pedante que le había hecho una pregunta rebuscada para no quedar desairado delante de los suyos.

La genialidad de Jesús es que con esta historieta tan simple, tan comprensible por todos, nos sitúa ante el núcleo más íntimo de su mensaje; la compasión, pero aquí vamos a resaltar un aspecto concreto que consideramos básico para su seguimiento: el contraste entre la sabiduría estéril del letrado y la compasión activa del samaritano; entre su pregunta artificiosa y la sencillez extrema de la respuesta de Jesús.

«El evangelio es la sabiduría de los sencillos» —decía Ruiz de Galarreta, y la verdad es que el evangelio resulta muy difícil de entender desde el intelecto, porque lo de Jesús tiene poco que ver con el conocimiento, y mucho con el corazón…

Por Jesús sabemos que todo el conocimiento que no lleva al servicio es infecundo; que lo importante no es la teoría sino el comportamiento; que no es el entendimiento ni la razón lo que justifica nuestra vida, sino la compasión; el amor… Y es evidente que amar no tiene nada que ver con filosofar, con entender, sino con sentir, con conmoverse, con acercarse, con implicarse, con servir…

Así lo debieron entender sus primeros seguidores, y nos consta por “Hechos” que fueron consecuentes con su mensaje. Pero llegaron los sabios, quisieron hacer del cristianismo algo más culto, más acorde con las tendencias de la época, olvidaron su estilo, desnaturalizaron su mensaje y se equivocaron. Y nosotros nos volveremos a equivocar si tratamos de convertir su propuesta en algo para eruditos imbuidos de metafísicas doctas, o para iniciados en posesión de un conocimiento que el resto de mortales al parecer no tenemos.

Si algo es de Jesús debe ser comprensible por todos sin excepción alguna, y si no es así, no es de Jesús. Podrá ser algo valioso (o podrá no serlo), pero no de Jesús. Lo de Jesús es tan sencillo que podríamos arriesgarnos a resumirlo en una sola frase: “Dios me quiere y me invita a responder a su amor con amor a los demás” … y asumido esto, el resto de consideraciones que nosotros podamos hacer no dejan de ser simples notas a pie de página…

El letrado de la parábola conocía maravillosamente la ley, pero se quedaba en el conocimiento. El samaritano, un hereje inculto y despreciado, es puesto de ejemplo por Jesús porque lleva la Ley en el corazón, aunque no la conozca, o la conozca mal.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

miércoles, 29 de junio de 2022

La Fiscalía investigará las muertes en la frontera de Melilla

 


Público

El Ministerio Público cree que han podido verse afectados los derechos humanos y derechos fundamentales de las personas y destaca la “singularidad y complejidad” de la investigación.
La fiscal general del Estado, Dolores Delgado, ha encargado una investigación para esclarecer los hechos registrados en la valla fronteriza de Melilla el pasado 25 de junio, donde murieron al menos 23 personas en territorio marroquí.
Según ha informado la Fiscalía en un comunicado, Delgado ha firmado este martes un decreto para encomendar a la fiscal de sala Coordinadora de Extranjería, Beatriz Sánchez, la investigación de lo ocurrido, ante su “trascendencia y gravedad”.
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Romper el monopolio de la derecha reaccionaria

 

15M Serranía de Ronda

 Redes Cristianas

Vivimos en un mundo en el que las personas somos vigiladas por la tecnología, gestionadas por tecnócratas, alimentadas con un sinfín de productos y convertidas en dóciles trabajadoras. Vivimos en una Andalucía que se sigue votando a ladrones que nos están robando la sanidad, las pensiones, la educación, la tierra… Y tenemos un referente en Albania, ha surgido un movimiento que critica el aumento de precios y se enfrenta al orden político existente.

Se puede romper el monopolio de la derecha reaccionaria impulsando la resistencia.

Durante los últimos treinta años, Albania ha sido objeto de experimentos de mercado brutales que han destrozado las instituciones públicas. Pocos días después de la
ofensiva rusa en Ucrania, se propagó la idea de que la crisis afectaría drásticamente al poder adquisitivo de las categorías más vulnerables de la sociedad; pero no se
han quedado con los brazos cruzados, están organizando los grupos más marginalizados, creando consciencia política entre ellos y movilizando para crear un país libre
de la corrupción generalizada que actualmente contamina la política, la sociedad y el medio ambiente.

Los recientes aumentos de precios afectan gravemente a gran parte de la población de Albania, sobre todo porque las condiciones de vida de la mayoría de la gente ya eran
difíciles. Por otro lado, unas pocas personas ricas han acumulado una enorme riqueza. Luchando contra esta embestida neoliberal, en abril de este año surgió un
movimiento, Organización Política, un grupo de izquierda formado por estudiantes, docentes y gente de clase trabajadora que critica el aumento de precios y se
enfrenta al orden político existente.

El miércoles 9 de marzo, a raíz de un llamamiento a través de las redes sociales, hubo una concentración ante la sede del primer ministro en Tirana, la capital de Albania,
para protestar por el aumento inaceptable de los precios.
Al día siguiente se produjeron nuevas manifestaciones en Tirana y otras ciudades de Albania, con más gente en las plazas y más detenciones. En una semana se contabiliza-
ron 300 personas jóvenes detenidas en varias ciudades del país. La movilización culminó en los días siguientes, con más de 20.000 manifestantes en las calles. Ahora ya es costumbre organizar una gran manifestación con regularidad para seguir exigiendo medidas frente a la crisis.

Esta ola de protestas recientes es un ladrillo más en la pared de la resistencia social. Tratan de exponer en lo posible la incapacidad del gobierno para intervenir en el mercado y fomentar la movilización social con el fin de asegurar unas condiciones de vida dignas a la población.

Una de las consignas más llamativas es “¡Que paguen los oligarcas, no el pueblo!”, que refleja que la gente es consciente de la contradicción social entre ricos y pobres.
Otra consigna es “Saldremos a la calle por cientos, por miles, si no caen los precios, caerá el gobierno”

Un informe del Banco Mundial sobre Albania decía que 900.000 albanesas y albaneses viven con menos de cinco dólares al día. En un país de unos 2,8 millones de
habitantes vemos que más del 40 % de la población vive por debajo del umbral de pobreza oficial (6 dólares al día). El salario mínimo es de 30.000 leks (unos 247 euros) y el salario medio ronda los 50.000 leks (unos 411 euros).

Un cálculo reciente de los gastos básicos muestra que ninguno de esos importes basta para vivir con dignidad, la mayoría de la población albanesa se halla a un paso de
una catástrofe sanitaria, económica y social.
Pensamos que este gobierno no tiene la voluntad ni la capacidad para quitar dinero a los ricos e iniciar un proceso de redistribución de la riqueza, aligerando la
carga económica que pesa sobre las espaldas de la clase trabajadora. Pensamos que la asociación con los oligarcas, establecida por este gobierno, es señal de que
necesitamos una nueva alternativa sociopolítica, no solo para hacer frente a la crisis, sino para construir finalmente un Estado más democrático y social, basado en los derechos y las demandas de la gente trabajadora, las y los estudiantes y los sectores más oprimidos.

Sólo a través de una solidaridad mundial efectiva podemos redactar un nuevo contrato social transnacional que haga realidad los Derechos Humanos básicos como la
atención sanitaria y la educación universal, que haga realidad la justicia fiscal internacional, que allane el camino para un ingreso básico universal.
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EN POCAS PALABRAS

¡SÍ SE PUEDE!

15-M RONDA JUNIO 2022 No 47

Sinodalidad a la pata coja

 


Gabriel Mª Otalora

Eclesalia

Soy consciente de que el título de esta reflexión no es muy espiritual, cuando la sinodalidad es un signo da salvación en forma de “proceso espiritual que parte del vaciado de uno mismo” (Papa Francisco) que debe huir de encastillarse cada persona en su verdad si queremos realizar juntos el Camino en escucha fraterna.
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Dolor del Papa por las masacres de migrantes en Melilla y Texas

 


Vatican News

papa47

El reciente tuit del Santo Padre expresa sus condolencias por las dos recientes tragedias de migrantes en Melilla y Estados Unidos, y asegura su oración por las víctimas.
En los últimos días, las noticias ponen de relieve la realidad de la inmigración en el centro de dos acontecimientos dramáticos que exigen respuestas de la comunidad internacional. En su tuit de esta mañana, el Papa Francisco escribe:
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“Dios, el gran silencio del universo” Juan José Tamayo, teólogo

 


El Blog de Juan José Tamayo

Tamayo4

“Mis encuentros con José Saramago”
“Estamos celebrando el centenario del nacimiento del escritor portugués José Saramago, ateo convencido. Efectivamente, la vida y la obra de Saramago fueron una permanente lucha titánica con-contra Dios”
“Muchas son las definiciones de Dios con las que me he topado. Pero, sin duda una de las más bellas definiciones de Dios es la de Saramago: ‘Dios es el gran silencio del universo, y el ser humano el grito que da sentido a ese silencio'”
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Asesinos. ( 26-6-22) (Ante la masacre en Melilla 24-6-22: más de 30 muertes y cientos de heridos)

 


Deme Orte

Enviado a la página web de Redes Cristianas

Melilla

No son muertes. Son asesinatos.
Son personas humanas expoliadas de sus derechos,
y muchas, demasiadas, del derecho a la vida.
Africanos subsaharianos, hermanos
de países ricos explotados de sus riquezas.
Riquezas robadas que producen pobres.
Los países del sur no fabrican armamento pero lo sufren.
Sufren la pobreza, el hambre, las guerras que producen los ricos del norte.

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¿Puede sanar la Iglesia de Mallorca?

Guillem Ramis y Moneny

 Redes Cristianas

Hoy la Iglesia vive malos momentos: se han demostrado muchos abusos de sacerdotes a menores, obispos se han apoderado de bienes del pueblo, el Vaticano ha hecho escandalosas especulaciones financieras, doquier faltan curas, muchos templos permanecen vacíos o cerrados, generaciones jóvenes pasan por completo de la religión… Simultáneamente ha surgido un papa quien, viendo el desastre y siguiendo un proyecto iniciado en Alemania, convoca a todos los obispos —más de cinco mil— para que el próximo año le expliquen lo que piden a la Iglesia millones de personas del mundo. Así, pues, el pasado octubre empezó universalmente un sínodo o proceso de revisión y reforma del mundo católico.

En Mallorca 3.143 personas (apenas un 1% de los fieles) se han pronunciado para remediar la grave situación que hoy vive la Iglesia. Quiero remarcar el escrito que el grupo “Gent Cristiana Aporta“ —grupo de 21 miembros al cual yo pertenezco— ha presentado; son DIECISEIS PROPUESTAS para mejorar la Iglesia de Mallorca; hoy —si ella quiere— pueden ser puestas en práctica sin tener que esperar el final del Sínodo en octubre de 2023. Concretamente pedimos: Sensibilidad democrática (ahora en la Iglesia todo es decidido por el obispo o los curas) // Consejos parroquiales deliberativos (donde los hay, sólo son consultivos) // Mejor atención y acompañamiento de adolescentes y jóvenes (sin ellos no hay futuro) // Más recursos al servicio de personas vulnerables (pobres, inmigrantes, marginados, excluidos, LGTBI) // No retener bienes que son del pueblo (templos cerrados, rectorías vacías, locales no utilizados, joyas, donaciones, herencias) // Fomentar la desclericalización (ya se pidió en el Sínodo Diocesano de 1999) // Protagonismo de las mujeres en igualdad de condiciones que los hombres // Muchos cristianos han huido (porque la Iglesia no ha sabido asumir compromisos que salen del Evangelio) // Celebrar la Eucaristía (no debe ser la única acción de los fieles practicantes, que son entre el 2% y el 6% de los creyentes) // Misas (muchas son rutinarias y su lenguaje corresponde a otro tiempo y cultura) // La Biblia (a menudo mal interpretada, sólo literalmente).

En mi opinión, existen tres aspectos fundamentales para reformar la Iglesia y están totalmente interrelacionados:

a) Entender y aplicar la Biblia de forma genuina según las actuales investigaciones; de ello se puede nutrir adecuadamente la teología y la doctrina de la Iglesia.

b) Utilizar lenguaje y signos comprensibles en la cultura actual. La Iglesia católica todavía se encuentra demasiado anclada en el platonismo y en el antiguo mundo greco-latino; el mundo actual no lo entiende.

c) Mostrar con obras la vivencia de la fe; la fórmula es sencilla y difícil a la vez: simplemente se trata de aplicar el Evangelio. Esto vale para las altas jerarquías, así como para cualquier persona o comunidad que desee seguir el mensaje de Jesús. “Mirad cómo aman” debe seguir siendo actual el antiguo distintivo de las comunidades cristianas.

Me hago eco de lo que escribe sobre la Iglesia el teólogo José Arregi: “Un cambio real y profundo es urgente e indispensable. Si la Iglesia quiere anunciar hoy lo que Jesús anunció, debe hablar en otro paradigma. Se trata de situarse en el mundo de otra forma: mirar y vivir y relacionarse con todos los seres con un corazón y una mente diferente. Urge aplicar los principios democráticos a todos los niveles de la Iglesia y a todas sus instituciones. Es necesario asumir la complejidad y la incertidumbre de nuestra cultura, siempre con pluralismo y diálogo.” (https://ctmymas.blogspot.com 19.06.2022)

Ante los sucesos acaecidos en la Valla de Melilla Comisión General de Justicia y Paz

 

Justicia y Paz

Justicia y Paz denuncia la cultura de la muerte que hay detrás de la política migratoria europea y española que cada año se cobra miles de vidas.
Los gravísimos sucesos acontecidos durante el día de ayer en el puesto fronterizo de la valla de Melilla en el que los muertos ya se cuentan por decenas y los heridos por centenares no deben calificarse como un episodio más en la gestión de flujos migratorios en el que se asume como normal la represión con extrema dureza por parte de fuerzas policiales, en el que se practican devoluciones en caliente y en el que se intenta desviar la atención de la opinión pública poniendo el énfasis en actuaciones de tipo violento que puedan haberse producido por parte de algunos migrantes sin entrar en las causas profundas que provocan la desesperación de millones de personas que no ven otra solución que entrar a Europa para poder tener un futuro digno.
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¿Espiritualidad Ignaciana? Dos mártires responden

 


Jorge A. Ochoa

Cristianismo y Justicia

Hace apenas una semana, en el simposio sobre ejercicios espirituales que tuvo lugar en Manresa me debatía entre varias concepciones de la espiritualidad ignaciana y lo esencial en ella. Tuvo que llegar el martirio de dos jesuitas en la sierra Tarahumara, México, para ayudarme a reconocer lo imperdible en el asunto del espíritu.
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Centenares de personas se manifiestan en Madrid contra las políticas migratorias tras las muertes de Melilla

 

El diario

“No venimos a España porque nos guste morir, arriesgamos nuestras vidas porque los recursos en nuestros países son saqueados por Occidente”, dice Samb, un joven senegalés que llegó a España después de intentar cruzar el Estrecho en varias ocasiones
— Devoluciones en caliente y agresiones de la policía marroquí: lo que no se ha visto del salto de Melilla en el que han muerto 37 personas
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SI ESTAMOS AQUÍ POR ACCIDENTE Y NO POR DESIGNIO DIVINO, ¿QUÉ SE SUPONE QUE TENEMOS QUE HACER?

 

col leandro sequeiros

 religión digital

Los lectores de Religión Digital no pueden dejar de lado los planteamientos interdisciplinares sobre la explicación del mundo. Cada vez es más necesario formarse para comprender y dialogar con una realidad cultural emergente dentro de la Iglesia Sinodal.

No se pueden dejar de lado preguntas como esta: El Universo, la vida, el ser humano ¿son producto de un diseño divino o del puro azar? Esta cuestión parecía arrinconada por los filósofos y los teólogos. Muchos de nosotros, en nuestra juventud, discutimos las ideas de Jacques Monod. Medio siglo más tarde parece que regresan desde otras categorías filosóficas y científicas, y, por supuesto, teológicas.

El bioquímico francés Jacques Monod fue uno de los que mejor abordó esta cuestión en el siglo XX. Luego de quedar impresionado por la naturaleza aleatoria de las mutaciones genéticas dentro de los organismos vivos, este héroe de la Resistencia francesa y ganador del Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1965 escribió: “El puro azar, absolutamente libre pero ciego, se encuentra en la misma raíz del extraordinario edificio de la evolución (...). El ser humano fue el producto de un número incalculable de sucesos fortuitos”.

Publicado en octubre de 1970, su libro 'El azar y la necesidad' -título inspirado en la frase atribuida a Demócrito: “Todo lo que existe en el universo es fruto del azar y la necesidad”- provocó un terremoto intelectual en Francia. Sus consecuentes réplicas le sucedieron en el resto del mundo poco después de ser traducido.

En 1970, el bioquímico Jacques Monod desató la polémica con el libro en el que planteaba que nuestra existencia está dominada por el azar.

Monod planteaba que toda la existencia se debía al azar y que el inevitable reconocimiento de este hecho por parte de la humanidad requeriría un completa revolución en el pensamiento humano. Sorpresivamente, las ideas del por entonces director del Instituto Pasteur de París desataron una indignación generalizada entre filósofos, políticos y teólogos, quienes la concibieron como “uno de los ataques al teísmo más intensos e influyentes del siglo”.

El regreso de las propuestas sobre azar creador

Un nuevo ensayo, recién editado, hace regresar la hipótesis del azar creador. El biólogo Sean B. Carroll ha publicado 'Una serie de eventos afortunados', editado por Debate. / Crédito: Stuart Conway (Debate, 2022).

El autor, Sean B. Carroll (nacido el 17 de septiembre de 1960) es un biólogo del desarrollo evolutivo estadounidense. Es el Profesor de Biología Molecular y Genética en la Universidad de Wisconsin–Madison. Sus estudios se centran en la evolución de los elementos reguladores en cis en la regulación de la expresión génica en el contexto del desarrollo biológico, utilizando Drosophila como sistema modelo. Es miembro de la National Academy of Sciences, de la American Philosophical Society (2007), de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia. Es investigador del Instituto Médico Howard Hughes.

En el ensayo que comentamos ha escrito: Todo lo que los libros nos enseñan sobre el azar, la fuerza invisible que domina nuestras vidas y “deja a Dios desempleado”

El azar regresa a la cultura del siglo XXI

El actor y director Ricky Gervais, muy conocido por su serie Supernature en Netflix, pone el dedo en la llaga de la cultura de la cancelación; promueve, como un necesario militante ateo, una visión racionalista y desangelada de la naturaleza y también, con su acostumbrada risa burlona, le expone a su audiencia una verdad incómoda que muchas veces olvidamos o no queremos ver: esto es, cuán afortunados somos. “Las probabilidades de estar aquí, de que existan en este momento, de su concepción, son de 400 billones a uno”, dispara el cómico.

En su inteligente comentario, el creador de la serie The Office, en realidad, sin nombrarla alude a una fuerza invisible que domina nuestra vida y la del universo: el azar. Por lo general, pensamos que se esconde en sitios específicos como los hoteles exageradamente fastuosos de Las Vegas; en las ruletas de los casinos del mundo; en los partidos de cartas con los que muchos eligen pasar una tarde en la playa o en los intestinos oscuros de las máquinas tragamonedas. Pero en verdad, el azar está en todas partes. Ya lo había dicho Séneca en el siglo I: “Vivimos como por azar y es el azar quien nos gobierna”.

Los descubrimientos genéticos que alimentaban el concepto mismo del azar aniquilaban la comodidad del antropocentrismo, es decir, la visión predominante durante siglos sobre la vida que indicaba que toda su intrincada complejidad y belleza habían sido diseñadas por completo por Dios en su forma actual y que eras inmutables. El pastor R. C. Sproul llegó a decir en su libro Not By Chance: “La mera existencia del azar basta para expulsar a Dios de su trono cósmico. El azar no necesita reinar; no precisa ser soberano. Si existe como mero e impotente siervo, no solo deja a Dios anticuado, sino desempleado”.

Tras la muerte de Monod en 1976, su nombre e ideas se disiparon en el olvido. Y con ellas, también se disolvió la polémica. Hasta que poco a poco, físicos, biólogos y estadistas la reflotaron en los últimos 20 años y la amplificaron.

Así lo hizo el matemático y financiero Nassim Nicholas Taleb en su influyente best-seller El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable; el físico Leonard Mlodinow en El andar del borracho: cómo el azar gobierna nuestras vidas; el estadista Nate Silver en La señal y el ruido: Cómo navegar por la maraña de datos que nos inunda, localizar los que son relevantes y utilizarlos para elaborar predicciones infalibles.

El camino del azar en Sean B. Carroll

El más reciente en emprender el mismo camino es Sean B. Carroll, quien aborda nuestra relación compleja y conflictiva con el azar. En su revelador y divertido libro Una serie de eventos afortunados: el azar, el mundo, la vida y tú (editorial Debate), este biólogo estadounidense de la Universidad de Wisconsin-Madison -que no debe confundirse con su homónimo Sean M. Carroll, físico y también reconocido divulgador- recuerda cómo el curso de la vida se ha visto sacudido por una variedad de accidentes cosmológicos y geológicos sin los cuales no estaríamos aquí: pandemias, guerras, sequías, eternas crisis económicas y otros episodios que han alterado el mundo han sido activados por sucesos aleatorios y singulares de la naturaleza, que fácilmente podrían no haber tenido lugar.

En los últimos años, matemáticos, físicos y estadistas han vuelto a explorar las ramificaciones filosóficas y prácticas del concepto del azar.

“Es razonable pensar que, sin del choque del asteroide, los dinosaurios, que habían reinado durante más de cien millones de años, probablemente seguirían aquí -sugiere el autor, conocido ya por su libro Las leyes del Serengeti: cómo funciona la vida y por qué es importante saberlo-, y por tanto no estarían los primates (ni nosotros)”.

Carrol es un escritor elegante. En lugar de bombardear al lector con conceptos y definiciones, envuelve sus ideas y argumentaciones en historias. Es cierto que en ciertos momentos parece irse por las ramas. Hasta que pone el freno y explica, por ejemplo, de qué manera la maquinaria del azar opera en el interior de cada célula de cada criatura, incluidos nosotros mismos o cómo nuestro cerebro está adaptado para funcionar a diario reconociendo patrones y conectando eventos en realidad aleatorios (de ahí que, cuando perdemos, lo aceptamos como “mala suerte” pero, cuando ganamos, pensamos que todo sucede por una razón).

Si bien en algunos pasajes la historia universal del azar que relata Carroll puede empujar al lector al abismo del nihilismo -al fin y al cabo, indica que todo ser viviente en el fondo es un accidente único que habita en un planeta mucho más inestable de lo que podemos percibir en nuestras breves vidas-, la desesperación pronto transmuta en revelación: “La dosis de azar en nuestros nacimientos es tan grande que todos deberíamos sentirnos afortunados”, concluye. “Al toparse con estas afirmaciones, uno de los posibles recursos es simplemente negar el azar.

No obstante, si tenemos el valor de aceptar el ubicuo papel del azar, surgirán determinadas cuestiones acerca del significado y el propósito de nuestras vidas: si estamos aquí por accidente y no por designio divino, ¿qué se supone que tenemos que hacer? ¿Cómo vamos a vivir a la luz de estos conocimientos?”.

TIEMPO DE DESCANSO… Y DE CONFIAR


col otalora

 

El verano está asociado a la estación propicia para el descanso. Quien más, quien menos, todos procuramos cambiar el chip durante un tiempo para eliminar tensiones y agobios y, por qué no, ilusionarnos con nuevos planes y actividades que el resto del año no encuentran la posibilidad de encaje. El problema es que son demasiadas las personas que llega el verano y no pueden desconectar por mil agobios, mala salud, dificultades económicas o quizá todo a la vez. Para ellas es un tiempo especialmente frustrante y desalentador, desde el convencimiento de que “todo el mundo puede disfrutar del verano menos yo”. La realidad es muy diferente…

Descansar en verano significa quitarse la fatiga con unas vacaciones de por medio que rompan con la aburrida rutina o el estrés. El descanso estival es el momento mejor para adueñarse del tiempo sin las interferencias del trabajo o de las obligaciones de cada momento y así poder acomodarnos al ritmo de vida tal y como deseamos en cada momento. En esto, los cristianos no somos diferentes al resto del mundo. Pero lo cierto es que muchas personas no podrán coger vacaciones, así entendidas…

Lo diferente y peculiar nuestro es que seguimos siendo cristianos también en verano, algo de lo que no debemos descansar nunca y tampoco contradice lo anterior. Conocemos bien aquellos disgustos que nos ha martilleado interiormente durante el año y que nos han dejado marca junto a nuestras propias incoherencias personales, el sentimiento de decepción que nos causa nuestra institución eclesial, no ver ni recoger frutos, nuestras propias confusiones interiores… Pero también existen realidades no tan cercanas que nos lastran, y mucho, como es el caso de la realidad mundial, la economía, el ecosistema, etc.

La diferencia de los cristianos ante un verano incierto es que tenemos que centrarnos en descubrir aquello que nos deja concentrarnos en el descanso veraniego. Es decir, alentar nuestra confianza en Dios y descansar… en Él.

Los cristianos, con el Evangelio en la mano, debemos ser especialistas en la sabiduría de reposar, de saber disfrutar del tiempo de verano que tengamos, como lo que puede ser: tiempo de calma, de sosiego, de alivio, de nuevas experiencias, puestos los ojos del corazón en la confianza en Dios. Muchas, demasiadas veces, el verano se nos va sin disfrutar del presente que Dios nos regala, como si en este tiempo también Dios se tomara sus días de descanso. Es justo en ese tiempo cuando la fe puede serenarse de los ajetreos de la vida y surge la posibilidad para sentarnos con el Señor a repasar nuestros momentos sin prisas, sin reloj, sin las preocupaciones de llegar tarde. Vivir el verano en cristiano significa creer que Dios quiere nuestro descanso, que va a la playa o al campo con nosotros, que se ríe y divierte con nosotros, que disfruta de nuestros momentos de ocio, conociendo nuevos lugares o compartiendo más tiempo con quienes menos vemos durante el año.

Dios, que nos ama y desea nuestro bien, quiere que aprovechemos las oportunidades de descansar y coger fuerzas, de cambiar el chip y gozarnos de la existencia en el sentido más pleno de la palabra. Si no es posible por las circunstancias, al menos llenarnos de todo el bien que nos rodea que no nos fijamos durante el resto del año. Démonos una oportunidad, confiemos. Y para comenzar con la mejor actitud, hagamos una oración del siguiente poema:

Tiempo de verano 

Amigo, amiga:
La naturaleza te espera
para aliviarte de tu trabajo.
Si caminas, escucha tus pasos,
observa tu sombra que se alarga
y gustarás el acompañamiento
más íntimo y consciente.
Agradece la brisa, el viento suave,
el agua refrescante, el azul del cielo.
No avances los días sin mirada
a lo que permanece y te espera:
No pierdas la ocasión de escuchar
el gemido interno, la moción de paz,
la soledad sonora y anchurosa.
Atrévete a rezar aunque sea un poco.
Lee, descansa, déjate querer.
Oye el murmullo de las olas,
y quizá el bramido del mar.
Contempla, calla, admira,
Observa, cada instante encierra
el posible beso invisible del Amor más grande.

Ángel Moreno, Buenafuente del Sistal


LA REVOLUCIÓN DE LO PEQUEÑO


col koldo

fe adulta 

- ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda? ¿Te puedo echar una mano? ¡Con estos calores...!

- Estoy bien, muchas gracias. Tengo el coche ahí mismo, pero da gusto encontrarse con gente así, como tú. 

Ella arrancó satisfecha, pues ya había cumplido. Se había detenido al verme parado junto a la enorme maleta tomando aire. Me había interpelado sólo por altruismo y ya no tenía sentido seguir hablando. La respuesta me salió del alma. Nada más lejos de mí echar flores huecas, sin genuino perfume, ni sentido.

No deberíamos perder tan fácilmente la fe en la humanidad, ni en su juventud. Las preguntas de la joven mujer se sucedieron con decisión y sin tregua. Venían para mi asombro desde un viejo coche que se detuvo a la par de mí. Yo remontaba el día pasado a pie, con un gran trasto sobre ruedas y evidente esfuerzo, la pequeña rampa desde la estación de tren de Altsasu al pueblo.

Es muy mala la costumbre de salir de casa con todas las letras, con todos los documentos, correos y archivos digitales a cuestas. Hay que saber viajar como sentenció el poeta, "ligeros" y sin pesados “gigas” a cuestas. No se puede ir por el mundo pegado a un enorme ordenador que impide remontar con agilidad las cuestas. Podría arramblar con el ordenador pequeñito, pero los ojos están muy hechos a la pantalla grande, muy mal acostumbrados a tener siempre toda la información a mano. 

Es muy mal hábito adherirte de por vida a una máquina, porque después resoplarás en los días de calor tórrido y llamarás la atención de conductores y viandantes. De cualquier forma, me alegro de haber resoplado. Sí, yo estaba bien. Tan sólo un poco acalorado. En realidad, me sentía reconfortado en lo interno, cada vez más convencido de la revolución de las pequeñas cosas, de que son los cotidianos gestos de humanidad los que en realidad contribuyen a cambiar para bien nuestro mundo. Yo me sentía bien, feliz de constatar que hay una juventud que no tiene prisa para llegar a ningún lugar, que se detiene en su camino las veces que haga falta para asistir a quien lo pueda necesitar, al cabezón, por ejemplo, que se lleva a todas partes su entera vida a cuestas. 

Ella arrancó desconocedora de que en realidad ya me había quitado el mayor peso, el de pensar que el humano a la salida de su estación, de su largo letargo egocentrista no tenía remedio, ni futuro. Estos días están cambiando los mapas políticos. Colombia, Francia y Andalucía acaparan la atención de los medios. Nos alegramos cuando nuestros colores ganan apoyo y ascienden. 

“El  Gobierno de los nadies y para las nadies” se instalará felizmente en Bogotá. El país hermano camina a paso firme del miedo a la reconciliación, de la violencia a la paz. Nos complacemos cuando nos enteramos de que Gustavo Petro entra decidido a poner coto a una historia de abismales diferencias sociales, cuando las fuerzas de progreso en Francia toman más asientos en el Parlamento, cuando la moderación y el equilibrio ganan adeptos en las filas de los populares…, pero a la postre sabemos que todo ello carga con importante ficción. Queremos que desde lejanos despachos transformen un día a día que en realidad nos corresponde mayormente a nosotros y nosotras transformar. 

Más que nuestra opción política prospere, más que el color del sobre que introduzcamos en la urna de cristal salga triunfante, es nuestra actitud de vida en medio del inmenso escenario planetario, son los gestos de ayuda y cooperación sencillos y diarios, los llamados a ir transformando poco a poco la realidad. A la postre es nuestra actitud solidaria para con el prójimo la que inaugurará un escenario local y global más halagüeño. 

El “¿Estás bien…?, la preocupación y vigilancia del otro, el sentimiento de que el otro es con nosotros y nosotras, de que nos interesa, representa la antítesis de ese tentador “¡Sálvese quien pueda!” que igualmente cosecha sus adeptos en nuestra sociedad con fuerte impronta materialista. “¿Estás bien…?” ya sea por el calor intenso de estos días, la enfermedad, las llamas cercanas, las guerras más alejadas… El sencillo y elemental “¿Estás bien…?”, ante cualquier azar de la vida, ya inmediato, ya en apariencia distante, nos vacuna ante el virus más peligroso y despiadado que jamás hayamos podido llegar a conocer: el individualismo.

¿CLERICALIZAR LA FELIGRESÍA?

 

col ramon hdez

 

Por mucho que se avance por el camino de la “sinodalidad”, tendencia que pretende animar la Iglesia institucional en nuestros días, mucho me temo que la esperanza suscitada no se acople a los signos de los tiempos, es decir, a las actuales pulsiones del Espíritu en su seno. En otras palabras, que no sea más que un parche para curar heridas, no la inyección de adrenalina evangélica que la vida cristiana necesita. Audacia a medio gas, recorrido que mucho me temo que ni siquiera alcance la fácil meta pretendida. Ciertamente, el proyecto es de por sí un gran avance, sobre todo comparado con lo que ha venido primando durante siglos, pues trata de meter en el ring eclesial a laicos, incluso femeninos, para que ocupen algunos de los estamentos de poder de una complejísima organización institucional. Pero no parece que el intento tenga fuerza suficiente para resolver los problemas de fondo que hoy plantea una fe débil y acomplejada y, sobre todo, que postula una forma de vida muy comprometida, como debería ser siempre la cristiana.

Desde luego, aplaudiré fervorosamente cualquier avance sinodal que se produzca, pero mis aplausos no podrán ser desgraciadamente ni fuertes ni prolongados. No es cuestión de plantearse a estas alturas en el seno de lo eclesial, tan férreamente dominado por el clericalismo, algo que en la política es tan casino y repelente como lo de “quítate tú para ponerme yo”, sino de que tú y yo y cuantos se confiesen cristianos reequilibremos nuestras vidas y las ahormemos en el amor que nos hace tales, el amor fraternal promovido y prescrito por Jesús. Por tanto, la solución de la desidia y el desprecio que nos envuelven depende, más bien, de cómo nos comportemos tú y yo, de que nos convirtamos de verdad y en serio y de que equilibremos nuestras vidas para dar testimonio de Jesús a quienes viven en nuestro derredor. Si fuéramos capaces de hacerlo, seguro que quienes así se comportan, en vez de silenciarnos o ningunearnos, terminarían envidiándonos por ser la nuestra una forma de vida, la cristiana, mucho mejor y preferible a la que ellos llevan.

Creo que no entenderemos a fondo el cristianismo hasta que rompamos definitivamente las cadenas que sobre él ejerce lo sagrado y facilitemos que en su seno se acomode todo lo creado. Hemos tenido la religión por algo tan sagrado que apenas nos hemos atrevido a levantar la cabeza. En mis tiempos de niño, años cuarenta, el cura del pueblo era una especie de hombre de otro mundo, un chamán, un gurú, un brujo o hechicero que, cual sacristán de san Pedro, abría o cerraba las puertas del Cielo y sacaba del Purgatorio a nuestros seres queridos. Pues bien, un buen día, al recogerse un poco la sotana para encaramarse a la grupa de un borrico para ir a decir misa a un pueblo próximo, los niños descubrimos con picarona curiosidad que debajo de ella llevaba pantalones. Tan inocente descubrimiento nos lo devolvió a la realidad cruda de la higiene íntima, de las necesidades orgánicas y de la instrumentación del sexo. ¡También él era un hombre!

A nada conduce, por ejemplo, que nos fabriquemos un Jesús de pan para postrarnos ante él, adorarlo y consolarlo por la anómala orfandad o soledad en que lo enclaustra nuestro mundo, el religioso y el profano, un mundo en el que muchos dicen que Dios ha sido retirado de la circulación u olvidado por completo. ¿Puede nuestro mundo vivir de espaldas a Dios? Afortunadamente, no tenemos poder más que para calentarnos la cabeza con semejantes elucubraciones y fallidas pretensiones. Mil veces he repetido que el cristianismo no es cuestión de papas eminentes ni de obispos tipo señores feudales, de catedrales esbeltas ni de sagrarios llenos o vacíos. Sabemos que los papas gustan recordar que son “servus servorum” en atención a un título descriptivo rimbombante, pero que muchas veces no encaja en su quehacer de tales; que los obispos deberían oler a oveja y entrar de lleno en los apriscos, sin miedo a mancharse de excrementos; que los templos son vacías y desencarnadas expresiones de espiritualidad que, aun siendo valiosas obras de arte, no dejan de ser tan frágiles y efímeras construcciones como lo son los materiales con que se construyen; que los sagrarios, esos preciados joyeros católicos, ni siquiera están refrigerados para preservar el pan que se guarda en ellos, pan de hornadas atrasadas que se endurece antes de ser comido.

Jesús, el nuestro, el que fundamenta y alimenta nuestra fe, sí que podía sentir y sufrir las agresiones y las soledades cuando fue de carne y hueso, pero hoy ya no está sometido a tales avatares. Pero ello no impide que también hoy perdone en toda situación y circunstancia; que ore fervorosamente en cualquier lugar y que se apiade de todo el que sufre por enfermedad, hambre o abandono. Nada cambia que hoy no haga todo eso por sí mismo, sino por sus discípulos y por quienes nos honramos como seguidores suyos. Viniendo a lo que hemos dado en llamar “amor de los amores”, la eucaristía, digamos que se ha hecho “pan de vida” para ser comido, para dar vida eterna y para que nosotros, socorriéndonos y amándonos unos a otros (partiendo y compartiendo el pan que somos), nos convirtamos en un gigantesco cuerpo místico, su cuerpo glorificado.

De ahí que deberíamos entender a fondo que hay tanta eucaristía en el lavatorio de los pies (servir) como en el mandato del amor (amar) y en el ágape de la última cena (compartir). Con ello queremos subrayar que hay tanta “memoria viva” de Jesús en dichos lavatorio y precepto del amor como en el hecho de partir y compartir el pan. Es tiempo de dejar atrás, en pro de una forma de vida mejor para los hombres, el vano intento no solo de ablandar el duro rostro divino, concebido supuestamente como un pedernal, con la invocación de “¡señor, señor!”, sino también de embargar nuestro propio ánimo para ahormar nuestro pensamiento errático y revolucionar un corazón mortecino. En otras palabras, es tiempo de bajar de las nubes y ponerse a trabajar en serio. De nada sirve semejante invocación si no va acompañada de servicio, de amor y de entrega, acciones básicas que ponen cuerpo a la fe cristiana.

No hay otro camino para que el hombre retorne a Dios, e incluso para que la creación entera permanezca conscientemente en él, que el camino del hombre, el camino que es Jesús mismo. Por eso, quien de verdad quiera ver a Dios tendrá que llamar a la puerta de su vecino o abrir sus brazos para acoger a su cónyuge, a sus hijos y a cuantos se relacionan con él. Hay vida e imán en un Dios que no lo es de muertos. Para contemplar su auténtico rostro, el único en que los cristianos decimos creer, no es necesario viajar al opaco y hasta siniestro Vaticano de tantas intrigas, ni adentrarse en la penumbra de una catedral que cobija un sagrario alumbrado por una lamparilla. Basta salir a la calle y mirar la cara doliente de cualquier transeúnte, ese libro abierto que refleja con gruesos trazos las preocupaciones y los problemas humanos.

Resumido en una palabra, y más en un día como este, digamos que Jesús vino a este mundo para que tengamos vida y la tengamos abundante. Las asociaciones pro-vida españolas están recorriendo, justo cuando publico esto, las calles de Madrid en “defensa de la vida”, propósito al que se suma la “defensa de la verdad”, sin reparar posiblemente en que, a fin de cuentas, la verdad es la vida. Se trata de una defensa numantina que adquiere colorido político al proponerse, sobre todo, abolir la ley del aborto imperante. De entendérseme bien, me atrevería a asegurar, resaltando ese colorido y ahondando en el contenido de la reflexión que hoy hacemos sobre el clericalismo, que dicha manifestación es un intento más de “clericalizar” no solo los motivos del masivo evento social, sino también a quienes lo promueven.

Los seguidores de este blog saben muy bien que soy defensor acérrimo de la vida, de cabo a rabo, y que busco afanosamente la verdad de nuestra forma de vida cristiana para mejorarla. Cuando menos, espero que ninguno de ellos dude de la sana intención que guía estas reflexiones. Pero, ¿se puede salir en procesión así contra el aborto, de frente y a pecho descubierto? Partiendo de que todo aborto es un penoso drama humano y de que, hagamos lo que hagamos, esa quiebra nos acompañará a lo largo de toda nuestra historia, lo procedente para no hacer brindis al sol sería luchar a brazo partido para que se reduzca su número. Cien abortos serían mucho mejor que mil, pongamos por caso. Mejor aún, diez que cien, y muchísimo mejor uno que diez. ¡Cuantos menos, mejor, menos dramas! Evitar un aborto equivale a ganar una vida. No he dicho que lo óptimo sería cero abortos mejor que uno solo por la sencilla razón de que también la naturaleza es abortiva. Dados los muchos abortos espontáneos o “naturales” que se producen y que la mente humana, que es la que, en última instancia, decide continuar un embarazo o interrumpirlo, es tan naturaleza como el vientre gestante que repudia su fruto o el sistema respiratorio que ahoga el feto, no puede condenarse todo aborto. Tengo muy claro que quien no esté a favor de la vida se pone del lado de la muerte y, por ello, se convierte automáticamente en asesino, pero ello no me impide reconocer que, por paradójico que resulte, a veces un aborto resulta vital.