FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

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domingo, 5 de mayo de 2013

Día de fiesta y alegría

grupoEl 4 de mayo toda la Comunidad Inspectorial tenía un triple motivo de alegría: la profesión perpetua de Germán Rivas, las celebraciones jubilares de 18 salesianos de la Inspectoría y la celebración de la presencia Salesiana en diferentes lugares de la Inspectoría, comenzando por Deusto, anfitriones de la fiesta por sus 75 años de vida en Deusto, seguido por Floreaga en Azkoitia, Los Boscos en la Rioja y Salesianos Padre Aramburu en Burgos. Y así lo cantamos al inicio de la Eucaristía: “ven a la Fiesta”.
Texto: Marian Serrano
Fotos: Paco Martín
Como decía el Sr. Inspector: “ Celebramos que Dios nos ha llamado para la misión”, tanto en la persona de Germán, como en el resto de hermanos que celebran sus años de salesianos, de sacerdotes, como en la vida de las obras que tienen algún motivo de celebración en este año.
A lo largo de la homilía, Félix Urra puso delante de la vista de todos qué significa que Dios te llama, para qué te llama y valoró, desde el amor, el camino iniciado por Germán poniendo como ejemplos a aquellos hermanos que celebraban años de vida salesiana: 60, 50 y 25 años.
Una frase: “Os he elegido para que os améis los unos a los otros”.
La respuesta de cada Salesiano: comprometiéndome a entregar todas mis energías a quienes me envíes, especialmente a los jóvenes más pobres, a vivir en la Sociedad salesiana en comunión fraterna de espíritu y de acción, y a participar, de ese modo, en la vida y en la misión de tu Iglesia.
Como siempre el día de la fiesta inspectorial es el momento del año de dar GRACIAS en mayúsculas y así lo hizo Isaac Diez, director de Salesianos Deusto al finalizar la Eucaristía:
“Gracias por la vida de Germán y la vida sembrada en Salesianos Deusto” por todas y cada una de las personas que forman parte de la obra.
La fiesta continuó con una velada: reconocimiento a la vida como salesianos y/o como sacerdotes de 18 miembros de la Comunidad Inspectorial. El elemento artístico lo pusieron alumnos y alumnas y antiguos alumnos de Salesianos Deusto, artistas de la música, actuaciones de lujo… el broche final vino de la mano del Sr. Inspector y Ángel Astorgano, sdb y representante de la OIEC (Oficina Internacional de la Educación Católica) quien entregó a Salesianos Deusto la “MENCIÓN DE HONOR” de la “Oficina Internacional de la Educación Católica” bajo la siguiente leyenda:
El Consejo de la Oficina Internacional de la Educación Católica (OIEC) concede la MENCIÓN DE HONOR a SALESIANOS DEUSTO, con ocasión de su 75 aniversario y en razón de su inestimable aportación a la educación humana, cristiana y profesional de los jóvenes y trabajadores de Bilbao y País Vasco. 
Bruselas, 26 de abril de 2013
Otro motivo más para seguir dando GRACIAS. El mes de mayo en la inspectoría ha comenzado de la mejor de las maneras…Agradeciendo la vida y poniendo la vista en el futuro. Como decía alguien de camino a la comida fraterna: “Os parece que tiene mérito y no lo tiene, esto es dejarse llevar…pues eso: ¡Dejémonos llevar por Dios!
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viernes, 3 de mayo de 2013

Para otras madres


ecleSALia 3 de mayo de 2013
"PREMIO ALANDAR 2011"


PARA (OTRAS) MADRES

GRAÇA ALVES, escritora y poeta, gracaleonor@hotmail.com (traducido por Arantza Uriarte, misionera Verbum Dei)

MADEIRA (PORTUGAL).



ECLESALIA, 03/05/13.- Con el corazón puesto en la mía, me atrevo a pensar en las otras madres, en las que viven en el silencio del abandono, en las que oscurecen - por falta de luz - despacio, al ritmo imparable de la vejez, en las que no tendrán hoy, un beso, una flor, una sonrisa, el consuelo de un regazo.
No, hoy no voy a hablar de amor, ni de la casa, ni de la voz. No voy a hablar de la comida en el restaurante, ni del regalo que se compra porque es día de dar regalos.

Hoy, es de las otras madres que hablo: de las que esperan la visita, de las que miran para el teléfono esperando que el deseo (apenas la fuerza del deseo) le haga sonar, las que callan los gritos dentro de la soledad, las que anochecen solas.

Es de ella que quiero hablar. De las madres, besos de Dios, que los hombres olvidaron en la prisa de vivir otras cosas. De esas noches de luna que las nubes esconden, porque pesan demasiado en la noche de los días.

Es por ellas que pido. Y por las otras, que ya no ponen la mesa para cenar, las que nos preparan la ropa de los hijos, porque ya no esperan a nadie.

Pido hoy, por los hijos que ya no tienen madres esperándoles, o por los que les esperan en otros lugares. Y por las madres que ya no tienen a quien proteger:

-¡Ten cuidado!, ¡no vuelvas tarde !

Pido por las (otras) madres. Con el corazón puesto en la mía. Pido a la Virgen-Madre, en este mes de mayo, que mire por ellas. Por la mía también.

Pido por ti. Hoy, por lo menos hoy, no te olvides de la tuya. Aunque…

Acuérdate que es por ella que Dios te explica el Amor. Por la tuya. Dale un beso. Aunque…

Acuérdate de que las madres no mueren, y que siempre nos esperan cuando bajamos de la cruz. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


“Homo mentiens” José Ignacio González Faus, teólogo

¿No estaremos entrando en una nueva fase de la evolución de las especies?. Los antropólogos hablan del “homo erectus”, “homo habilis”, “homo sapiens”… Y parece que ahora hemos llegado al “homo mentiens”: al hombre embustero. Todo nuestro entorno social está edificado con ladrillos de mentira compactada, sobre todo en los tres campos de mayor influjo: publicidad, política y medios de comunicación. Veamos:
1.- “Navidad es tiempo de compartir” nos decía el anuncio. Piensa uno que habrá que compartir cariño e ilusión; pero no: se trataba de compartir “productos lácteos”. Un plan de pensiones “perfecto” resulta ser ¡el de Bankia! (menuda cara). “Tú piensa en tu bienestar que nosotros pensamos en el bienestar de todos” (cuando sólo piensan en el suyo propio). Y “a tú vecino se le va a caer la baba porque tienes un Mitsubishi”… El balance suele ser: los grandes valores humanos son negados en la publicidad o, peor aún, son pervertidos en favor de la codicia que es el mayor contravalor.
2.- Tras cualquier huelga o manifestación hay diferencias astronómicas entre las cifras declaradas por los organizadores y por los afectados (los políticos generalmente). Esas diferencias no obedecen a comprensibles errores de cálculo sino a intereses conscientes que barren a favor propio: ¡qué casualidad que nunca son los organizadores los que dan cifras más bajas y los interpelados quienes las dan más altas!… “No pienso subir el IVA ni bajar las pensiones porque eso dañaría al consumo”, decía Rajoy a poco de ser elegido, fiel a esa política de su partido de que una mentira repetida acaba por convertirse en verdad. Y este diario comentaba al pasado 30 de noviembre (p. 12) que Alemania esconde sus desastres sociales, para poder imponer a Europa unas políticas desastrosas y porque, si no, hay peligro para “la cohesión social”: el viejo “Heil Hitler” convertido ahora en un “Heil Lüge!” (viva la mentira).
Altos dignatarios europeos pretenden halagarnos con que “España está haciendo los deberes y realizando sacrificios ejemplares”. ¡Mentira!. España no ha cumplido ningún deber ni hecho sacrificios: sólo ha maltratado injusta y cruelmente a algunas personas que tenían poca culpa de la crisis, mientras dejaba impunes a todos los grandes banqueros, españoles y extranjeros, que nos metieron en el infierno de la crisis.
Y la guerra de Irak (según denuncia Le Monde Diplomatique, tras los últimos papeles desclasificados) no obedeció a un mero error de estimación (que hoy nos sobran medios para evitar esos errores), sino a una mentira cruel cuyos autores y cómplices todavía no han rendido cuentas. El símbolo de cómo funciona la política son las fotos de campañas electorales, siempre maquilladas y retocadas cuidadosamente, que luego nos harán decir: “éste no es mi Mas que me lo han cambiao”.
3.- Si la publicidad pervierte valores, y la política censura o desfigura, la mentira de los medios de comunicación suele estar en las medias verdades y en la selección de temas: aplicar tijeras tanto a un programa de Informe Semanal como a una “necesaria reducción de personal”, cuya imperiosidad brota de razones no económicas sino ideológicas. Pregúntenlo si no a Iñaki Gabilondo, o a Juan Ramón Lucas y los que buscaron una radio verdaderamente pública. Y recuerden el sabio consejo nacido en la patria de la prensa: “no permitas que la verdad te estropee un buen titular”. Porque los medios no se deben a la verdad sino a su público, y han de decir lo que sus oyentes o lectores (y sus anunciantes) quieren oír, no lo que necesitan saber. Su santo patrón no debería ser san Francisco de Sales sino aquel Pilato que preguntó “¿qué es la verdad?”, y se marchó sin esperar respuesta.
La simple elección de temas constituye una fábrica descomunal de medias verdades, y puede ampararse en mil razones aparentes que esconden la verdadera. Sin olvidar que ya una primera filtración les viene dada a los medios por las agencias de información, todas en manos de grandes intereses privados. Y recordando también que, como dice el refrán, suele ser más dañina una media verdad que una mentira completa.
Estos tres universos de mentira tienen una raíz común en la economía. El mejor ejemplo son los Bancos con sus promesas y sus locas inversiones golosas. Todo muy comprensible: porque como dijo Upton Sinclair (premio Pulitzer): “¡qué difícil es conseguir que un hombre comprenda algo, cuando su salario depende de que no lo comprenda!”…
El interés crematístico deforma publicidad, política y medios de comunicación. El resultado es que la mentira poluciona todo el aire que respiramos y enfanga toda el agua que bebemos. Alguien dijo hace siglos que “la verdad os hará libres”; hoy preferimos pensar que el engaño nos hace felices. Pues, como dijeran Sartre y Dostoievski, si el precio de la libertad es la verdad, resulta un precio demasiado alto para una época como ésta.
Vengan pues publicistas, políticos y medios de comunicación y sigan mintiéndonos sin rebozo. Lo necesitamos. Y además así abrimos camino a una nueva etapa de la evolución. Bienvenido sea el homo mentiens.

La insensibilidad moral de la Iglesia católica Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

No existe plena conciencia en España del enorme conservadurismo de las máximas autoridades eclesiásticas de la Iglesia Católica en nuestro país, resultado de su histórica alianza con las fuerzas ultraconservadoras que han dominado al Estado español en los últimos setenta y cinco años. Y quisiera aclarar que cuando hablo de la jerarquía española, incluyo también a la catalana y a la vasca que, aún siendo más sensibles hacia el carácter plurinacional del Estado español, continúan siendo insensibles hacia el bienestar social de las clases populares, limitando su acción a la labor asistencial de carácter caritativo, la cual, sin desmerecer su valor para sectores muy vulnerables de la población, no afecta al bienestar general de la mayoría de la población, seriamente afectada por las políticas públicas de austeridad del gasto público del Estado español (tanto el central como las CCAA). Los recortes de gasto público social que caracterizan a estas políticas públicas de austeridad contribuyen en gran medida al deterioro de la calidad de vida de la población.SEGUIR LEYENDO EN Público

Enviado a la página web de Redes Cristianas
La libertad es más que una facultad del ser humano, la de poder elegir o libre albedrío. La libertad pertenece a la esencia del ser humano. Un esclavo, incluso sin ser capaz de elegir, no deja de ser en esencia un ser libre. Puede resistir, negar e incluso rebelarse y aceptar que le maten. Esta libertad nadie se la puede quitar.
Entre muchas definiciones, creo que ésta es para mí la más correcta: La libertad es la capacidad de auto-determinación.
Todos nacemos dentro de un conjunto de determinaciones: etnia, clase social, en un mundo ya construido y siempre por construir. Es nuestra determinación. Nadie está libre de alguna dependencia. Puede ser una opresión como el trabajo esclavo o el bajo salario. Al luchar contra esto, ejerce un tipo de libertad: libertad de, de esta situación. Es la lucha por su in-dependencia y autonomía. Él se auto-determina: asume la determinación, pero para superarla y ser libre de, libre de ella.
Pero hay todavía otro sentido de libertad como auto-determinación: es esa fuerza interior y propia (auto) que le permite ser libre para, para construir su propia vida, para ayudar a transformar las condiciones de trabajo y para crear otro tipo de empresa donde sea menos difícil ser libre de y para. Aquí se muestra la singularidad del ser humano, constructor de sí mismo, más allá de las determinaciones que le rodean. La libertad es una liber-ación, es decir, una acción autónoma que crea la libertad que estaba cautiva o ausente.
Estos dos tipos de libertad adquieren una expresión personal, social y global.
A nivel personal la libertad es el don más precioso que tenemos después de la vida: ser capaz de expresarse, de ir y venir, de construir nuestra visión de las cosas, de organizar la vida a nuestro gusto, el trabajo y la familia y elegir a nuestros representantes políticos. La mayor opresión es estar privado de esta libertad.
A nivel social muestra bien sus dos caras: libertad como independencia y como autonomía. Los países de América Latina y el Caribe fueron independientes de los colonizadores, pero eso todavía no significó autonomía y liberación. Quedaron dependientes de las elites nacionales que mantenían las relaciones de dominación. Con la resistencia, protesta y organización de los oprimidos, se gestó un proceso de liberación que, victorioso, dio autonomía a las clases populares, una libertad para organizar otro tipo de política que beneficiase a los que siempre fueron excluidos. Esto ocurrió en América Latina a partir del fin de las dictaduras militares que representaban los intereses de las élites nacionales articuladas con las internacionales. Está en curso un proceso de liberación para, que aún no se ha completado, pero que hace avanzar la democracia nacida desde abajo, republicana y de cuño popular.
Hoy necesitamos también una doble liberación: de la globalización económico-financiera, que explota la naturaleza y los países periféricos en todo el mundo, y está dominada por un grupo de grandes compañías, más fuertes que la mayoría de los estados. Y una liberación para la gobernanza mundial de esta globalización que se enfrente a problemas globales como el cambio climático, la escasez de agua y el hambre de millones y millones de personas. O hay una gobernanza global colegiada o se corre el riesgo de una bifurcación de la humanidad entre los que comen y los que no comen o padecen grandes necesidades.
Por último, ahora se requiere con urgencia un tipo especial de libertad de y de libertad para. Vivimos en la era geológica del antropoceno. Esto quiere decir que el gran riesgo para todos no es un meteoro rasante, sino la actividad irresponsable y ecoasesina de los seres humanos (anthropos). El sistema de producción capitalista que prevalece, está causando estragos en la Tierra y ha creado las condiciones para destruir nuestra civilización. O cambiamos o vamos al encuentro de un abismo. Necesitamos ser libres de este sistema biocida y ecocida que amenaza todo para acumular y consumir más y más.
También necesitamos una libertad para: para ensayar alternativas que garanticen la producción de lo necesario y digno para nosotros y para toda la comunidad de vida. Esto está siendo buscado y probado por el bien vivir de las culturas andinas, por la ecoagricultura, por la agricultura familiar ecológica, por el índice de felicidad de la sociedad y por otras formas que respetan los ciclos de la vida. Queremos una biocivilización.
Como cristianos también debemos liberar la fe de visiones fundamentalistas, de estructuras eclesiásticas autoritarias y machistas para conseguir una libertad para que las mujeres sean sacerdotes, para que los laicos puedan decidir junto con el clero los destinos de su comunidad, para los que tienen otra opción sexual. Necesitamos una Iglesia que, junto con otros caminos espirituales, ayude a educar a la humanidad para el respeto a los límites de la Tierra y la veneración a la Madre Tierra, que nos da todo. Esperemos que el Papa Francisco honre el legado de San Francisco de Asís que vivió una gran libertad de las tradiciones y para nuevas formas de relación con la naturaleza y con los pobres.
La lucha por la libertad no termina nunca, porque nunca es dada sino conquistada por un proceso de liber-ación sin fin.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA 05 MAYO 2013


HOMBRES EMPOBRECIDOS 
Toda persona vive condicionada por la realidad sociológica e histórica en la que se encuentra inserta. Sin que podamos evitarlo, somos parte integrante de un mundo complejo que incide poderosamente en nuestra manera de ser, actuar y vivir.
El marco sociocultural y psico-social en el que vivimos marca decisivamente nuestra conducta, nuestra actitud existencial y nuestro ser entero.
Por eso deberíamos estar más atentos a aquellos fenómenos sociológicos que están modelando el ser de la persona contemporánea. Fenómenos tales como el cambio cultural, la tecnología, el consumo, la movilidad, el anonimato social, la incomunicación, el pluralismo...
(LEER EVANGELIO)
No son pocos los observadores que, al estudiar las posibilidades y los riesgos de la sociedad contemporánea, señalan con tono alarmante el empobrecimiento interior y el vacío que parece amenazar al hombre contemporáneo.
Un ser humano que ha avanzado técnicamente de manera insospechada, pero que vive en dependencia cada vez mayor de aquello que él mismo produce y fabrica.
Un ser humano que, en la mayoría de los casos, se ve obligado a vivir encadenado para siempre a un oficio especializado, sin poder desarrollar adecuadamente más que una parte mínima de su ser.
Un ser humano que vive de manera acelerada, sometido a un ritmo de vida agotador, sin posibilidad de detenerse serenamente ante su propia vida.
Un ser humano abrumado por una información múltiple y variada de noticias y datos, pero sin medios para discernir, reflexionar y formarse su propio juicio con responsabilidad y lucidez.
Un ser humano seducido por los mil engañosos atractivos de la sociedad de consumo, pero «infra-alimentado» espiritualmente.
Un ser humano alienado por diversos eslóganes y distraído por innumerables modas o consignas, pero sin capacidad para enfrentarse a su propia verdad.
Los creyentes entendemos que la fe puede ser la gran fuerza interior que nos ayude a liberarnos de la alienación, la superficialidad, la desintegración y el vacío interior.
Para vivir de una manera más humana y liberada necesitamos una energía interior capaz de animar y dinamizar toda nuestra existencia. Por eso escuchamos hoy con gozo las palabras de Jesús: «El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él».
  

PARA NO OLVIDAR A JESÚS

La verdad es que los humanos somos bastante complejos. Cada individuo es un mundo de deseos y frustraciones, ambiciones y miedos, dudas e interrogantes. Con frecuencia no sabemos quiénes somos ni qué queremos. Desconocemos hacia dónde se está moviendo nuestra vida. ¿Quién nos puede enseñar a vivir de manera acertada?
Aquí no sirven los planteamientos abstractos ni las teorías. No basta aclarar las cosas de manera racional. Es insuficiente tener ante nuestros ojos normas y directrices correctas. Lo decisivo es el arte de actuar día a día de manera positiva, sana y creadora.
Para un cristiano, Jesús es siempre su gran maestro de vida, pero ya no le tenemos a nuestro lado. Por eso, cobran tanta importancia estas palabras del evangelio: «El Espíritu Santo que os enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».
Necesitamos que alguien nos recuerde a Jesús. Si lo olvidamos, no sabremos quiénes somos ni qué estamos llamados a ser. Nos desviaremos del evangelio una y otra vez. Defenderemos en su nombre causas e intereses que tienen poco que ver con él. Nos creeremos en posesión de la verdad al mismo tiempo que la desfiguramos.
Necesitamos que el Espíritu Santo active en nosotros la memoria de Jesús, su presencia viva, su imaginación creadora. No se trata de despertar un recuerdo del pasado: sublime, conmovedor, entrañable, pero recuerdo. Lo que el Espíritu del resucitado hace con nosotros es abrir nuestro corazón al encuentro personal con Jesús como alguien vivo. Sólo esta relación afectiva y cordial con Jesucristo es capaz de transformarnos y generar en nosotros una manera nueva de ser y de vivir.
Al Espíritu se le llama en el cuarto evangelio «defensor» o «paráclito» porque nos defiende de lo que nos puede destruir. Hay muchas cosas en la vida de las que no sabemos defendernos por nosotros mismos. Necesitamos luz, fortaleza, aliento sostenido. Por eso, invocamos al Espíritu. Es la mejor manera de ponernos en contacto con Jesús y vivir defendidos de cuanto nos puede desviar de él.
 

jueves, 2 de mayo de 2013

Iglesia denuncia que no se indaga matanza en la selva Óscar Reyes

El manifiesto final de la Iglesia Católica que trabaja en la Amazonía es contundente: “Queremos respeto por la vida de los pueblos amazónicos, contactados o no contactados”.
El documento tiene dos páginas y siete artículos, en donde se resume el pensamiento social de la Iglesia del Ecuador. Este fue un trabajo desarrollado por tres días durante el Encuentro de la Red Eclesial Amazónica, que entre el lunes y ayer reunió a 146 católicos de 12 países en Puyo, Pastaza.
La reunión se caracterizó por la fraternidad, la reflexión y la intención de fortalecer la red eclesial en defensa de la Amazonía. Ayer, en el Centro Pastoral Intipungo, el obispo de Riobamba y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social (Cáritas Ecuador), monseñor Julio Parrilla, indicó que la voracidad de grupos, transnacionales y gobiernos inescrupulosos amenazan la naturaleza. Esto en el marco del encuentro de misioneros que se realiza desde el lunes en la capital de Pastaza. En la conversación con los medios de comunicación, el prelado enfatizó que “muchos todavía piensan que existe una cantidad ilimitada de energía y de recursos utilizables, que su regeneración inmediata es posible y que los efectos negativos de una manipulación salvaje de la naturaleza pueden ser fácilmente absorbidos”, pero que eso es totalmente falso.
Agregó que estos planteamientos “no tienen su origen en la ciencia o en la tecnología, sino en una ideología tecnócrata al servicio de los intereses del mercado”. Sobre los sucesos de ataque contra pueblos no contactados, monseñor Jesús Sádaba, obispo del Vicariato de Aguarico, manifestó su preocupación de que las autoridades no hagan nada por aclarar los hechos producidos en la comunidad de Yarentaro, donde fueron masacrados más de 20 taromenane. Este hecho ocurrió el 29 de marzo. “Cómo es posible que recién la Fiscalía abra un expediente sobre este caso que ocurrió hace más de un mes y donde están raptadas dos niñas”, dijo. En cambio, el padre capuchino José Miguel Goldaraz, señaló su indignación de que las investigaciones por parte de la Fiscalía no den resultados.
“Si es verdad que les están lanzando comida (a los pueblos no contactados) desde aviones, eso es un genocidio”. En el comunicado final del encuentro eclesial en Puyo, la Iglesia en la Amazonía dijo: “Pedimos que se detenga este desangre en la selva, ocasionado por presiones de todo tipo y por poderosos intereses para los cuales los pueblos desprotegidos son meros obstáculos para el mal llamado desarrollo”. Agregó que el papa Francisco pidió a proteger la creación. Para Mauricio López, miembro de la Pastoral Cáritas Ecuador, el impulso que viene de Roma es importante para solucionar los problemas de la Amazonía. “Acogemos la invitación del papa Francisco “a ser custodios de la naturaleza y de sus criaturas”, y hacemos un llamado urgente a buscar caminos de convivencia pacífica entre todos los pueblos y habitantes de la Amazonía. (…) Los pueblos desprotegidos son meros obstáculos para el mal llamado desarrollo”.
Zona extensa y frágil La Amazonía ecuatoriana es el 2% del total del continente. Allí vive un total de nueve nacionalidades indígenas. El 10 de mayo del 2006  la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares a favor de los pueblos indígenas Tagaeri y Taromenane que habitan en la selva amazónica ecuatoriana situada en la zona fronteriza con el Perú, y se encuentran en una situación de aislamiento voluntario u “ocultos”.
Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/pais/Huaorani-taromenane-Iglesia-denuncia-indaga-matanza-selva_0_907709317.html. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. ElComercio.com

Una sociedad enferma Jaime Richart

Enviado a la página web de Redes Cristianas
El número de ciudadanos y ciudadanas sin trabajo en España al día de hoy es de 6.202.700.
Los tribunales españoles investigan actualmente un total de 1.661 casos de corrupción política y financiera. A los que se suman miles de políticos afanadores del dinero público que no son investigados por falta de valentía o de pruebas.
Tres millones de viviendas vacías, el mismo número de los que viven ya en la pobreza o dependiendo de sus mayores, completan un dramatismo estúpido si no fuera por tanta y tan trágica consecuencia.
Un tropel de banqueros, directivos y empresarios sin escrúpulos, amén de parientes del monarca y el propio monarca, cierran el círculo donde se ubica una sociedad que parece agonizar.
Y al frente de todo, un gobierno cuyas aptitudes más resonantes son mentir, hacer sin vergüenza y por norma lo contrario de lo que dijo y dice que va a hacer, tratar de invalidar los procesos penales en curso contra los miembros del partido y culpar a los demás de su propia incompetencia y sus rapiñas.
Todo causa y efecto de una sociedad enferma (sus políticos y economistas). Una sociedad que basa su desenvolvimiento y bienestar en el consumo, en la deuda, en el despojo y en el abuso continuado del fuerte sobre el débil en lugar de obsesionarse (sus políticos y economistas) por satisfacer los derechos fundamentales individuales y sociales, es una sociedad enferma.
Y todo esto sucede donde, tras una década de embriaguez social propiciada por los dueños del país después de cuarenta años sombríos de opresión política y religiosa, se están haciendo las tinieblas…
Y una sociedad enferma de semejante enfermedad, lo que precisa no es políticos. Lo que necesita son filósofos, sociólogos, psiquiatras y economistas que no piensen en clave de capitalismo industrial o de casino; ejecutivos que lo despejen todo y lo corrijan todo desde planteamientos marxistas.
Porque sólo los países de socialismo real que, según los necios y los aprovechados antisociales sólo reparten pobreza, y los filósofos que vivimos en una sociedad enferma como la española sabemos cuánta artimaña hay en los asuntos de la Deuda y el consumo causantes de tanto desempleo, tanta gente sin techo y tanta desgracia; cuánto engaño hay en los derechos y las libertades formales, y qué es verdadero bienestar. Por encima de todo: que el dinero no se come….
Hay que agotar todos los esfuerzos antes de quejarse. Pero en otro caso, si una sociedad enferma como la española no está dispuesta a cambiar al otro sistema político, económico y social existente o inventarse uno nuevo, debe saber que su enfermedad sólo puede remediarse ya con estoicismo. Pues consumo, Deuda y enriquecimiento como objetivos (aparte saqueo institucional como método), en estos tiempos de agotamiento de los recursos naturales son montañas infranqueables que impiden esperar un bienestar colectivo duradero. Sólo queda sitio para la gangrena del depredador: políticos, banqueros y financieros…

De Marx a Marx José Ignacio González Faus, teólogo

Entre los ocho cardenales nombrados por el obispo de Roma para la reforma de la curia, hay un tal Marx… Si quieres saber algo de él aquí va. Ironías de la historia: en Trier nació hace dos siglos el ateo K. Marx, autor de El Capital. Y de Trier salió dos siglos después, un obispo católico llamado también R. Marx, que se había manifestado públicamente contra la guerra de Irak y que ahora es cardenal en Munich. Este nuevo Marx acaba de publicar otro “El Capital”, con un expresivo subtítulo: “Un alegato a favor de la humanidad”.
El obispo no manifiesta demasiada simpatía hacia su presunto tatarabuelo ateo. Pero tiene suficiente sentido del humor como para abrir el libro con una carta a su antepasado nominal, donde reconoce que, tras haber renegado de él, se pregunta ahora “si no fue algo prematuro darle por definitivamente liquidado a Ud. y a sus teorías económicas cuando el Occidente capitalista la ganó la batalla al Oriente comunista” (p. 18); y si no tendría Ud. razón “cuando predijo hace ciento cincuenta años que estábamos abocados a que todos los pueblos quedaran entrelazados en la red del mercado mundial” del que se beneficia casi exclusivamente el capital (22).
Y cuando proclamó otra serie de cosas, las cuales me parece que confluyen en dos puntos: a) también en economía, mi libertad termina donde comienza la libertad del otro. Y b) hoy nos dominan dos imperativos al margen de toda moral y de toda humanidad: el imperativo tecnológico (aquello que se puede hacer hay que hacerlo), y el imperativo económico: “cuando algo produce beneficios hay que hacerlo”.
Un ejemplo de este último: Zambia debía a Rumania 3 millones de dólares para una compra de maquinaria agrícola. Un “buitre” norteamericano (Michael Sheehan) compró los derechos de esa deuda veinte años después, al irrisorio precio de 3 millones. Como Zambia se demoraba en el pago, acudió a los tribunales y el juez condenó a todo el país africano a pagarle 17 millones. “Cuando un reportero de la BBC le preguntó si no sentía remordimientos por hace negocio con la miseria de los más pobres, Sheehan contestó sin inmutarse: ‘no es culpa mía. Yo lo único que he hecho ha sido una inversión’” (139).
El libro se alinea con Amartia Sen, con O. Nell-Breuning, la ”economía social de mercado”, y la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) que el obispo Marx sintetiza así: “la solidaridad y la subsidiariedad son principios fundamentales de configuración de la sociedad” (p. 180). No llega a plantearse si esa DSI es inaplicable en nuestro sistema y, por tanto: o hay que cambiar el sistema o la DSI no vale para nada. Pero está cerca de reconocerlo cuando afirma que considerar al trabajo como una mercancía más, “sometida a las leyes supuestamente inquebrantables del mercado”, es incompatible con la DSI (p. 123). Y nuestro sistema no sería el mismo sin esa concepción del trabajo como mercancía sometida a las leyes del mercado.
Un rasgo positivo para el lector europeo es que estructura toda la lucha por la justicia en torno a la idea de libertad, mucho más audible en nuestro mundo que la de justicia. Pero leamos lo que significa libertad: “no conozco ningún ejemplo histórico en que una economía libre de mercado, sin una cierta intervención y regulación por parte del Estado, haya sido beneficiosa en algún lugar del mundo para los pobres” (83). O: “cuando el estado interviene… para asistir a la parte más débil, lejos de menoscabar la libertad lo que hace es abrir más espacios a la libertad” (82). Y esas intervenciones incluyen, como mínimo, ”redistribución de la renta, crecimiento económico sostenido, lucha contra el desempleo y protección del medio ambiente” (95).
Aleccionador es el capítulo 6 que narra toda la crisis del 29, dejando al lector boquiabierto al ver cómo se repite la historia y qué poco aprendemos los hombres. Aquella crisis comenzó con una burbuja (no de vivienda sino de acciones), negada como tal por los gurus económicos de la época. Se comenzaron a aplicar las mismas políticas que hoy, con resultados igual de calamitosos: en el inglés norteamericano apareció la palabra “hoovervilles” que aludía al presidente Hoover (como si hoy dijéramos Rajoyburbios), para designar los barrios creados por el aluvión de miseria. Hasta que Roosevelt propuso el famoso “New Deal”, ganó con él las elecciones en 1932 y, aun con errores, comenzaron a arreglarse las cosas…
Hoy necesitamos otro “new deal” a escala mundial; oigámosle: los políticos que “optan por dar prioridad a los intereses nacionales por muy ‘comprensibles’ que sean, parten de una base artificial y falsa” (264). Porque la crisis actual puede no ser tan grave como la del 29, pero “la cuestión social” es hoy más grave que nunca: pues ya no se trata de diferencias (unos están arriba y otros abajo), sino de exclusión: unos están dentro y otros están fuera (111).
El obispo Marx fustiga al FMI por no conocer, ni antes ni ahora, más políticas que las que agravan los problemas sociales (269). Denuncia a “muchas facultades de ciencias económicas donde los estudiantes sólo aprenden a realizar complicados cálculos econométricos”, sin aprender conocimientos fundamentales (292). Y concluye: “el fantasma de Karl Marx saldrá de la tumba para perseguirnos” (299), si no somos capaces de responder al desafío del momento, que reclama -como mínimo- acabar tanto con el desempleo de la UE, como con el empleo indigno de USA (193).
Personalmente, me siento un poquito más a la izquierda que este nuevo Marx, porque mi visión del hombre no prima el aspecto individual sobre el social, sino que equipara a ambos en la línea de Francisco de Vitoria (para quien “el hombres es más de la república que sí mismo”) y de E. Mounier (para quien persona y comunidad no crecen en orden inverso, sino directo: a más personalismo más comunidad). Pero si la Iglesia tuviera hoy una larga serie de prelados como éste, en lugar de esa especie de “tea party episcopal” que parece buscar la curia romana, daría al mundo un rostro mucho más creíble del Evangelio. Así que esperemos una buena reforma, que alcance también al IOR.

Pan y vino en memoria de Jesús José Arregi, teólogo

Déjame que te hable de la misa. No, déjame que te hable de algo más simple, de la simple comida. Y déjame decirte que cada vez que comes y bebes, comulgas con el otro, con la Tierra, con todo el Universo. Y que cada bocado que masticas y cada gota que sorbes es un gesto sagrado: comulgas con el Todo o el Ser o la Vida. Comulgas con la gran Comunión o el Misterio de Dios. Vivir es convivir. Ser es interser.
Eso es cada comida, y la misa no es otra cosa. La misa no es nada más, porque no puede haber nada más grande que una simple comida. Lo simple es lo pleno. Lo ordinario y natural es lo más sagrado. Cada vez que comes, hazlo con profunda gratitud y veneración a lo que comes, y compasión por los que no pueden comer.
Así comía Jesús de Nazaret. Su religión es la religión de la comida, aunque la verdad es que él no fundó ninguna religión, e incluso rompió con su propia religión en todo aquello que impedía comer a todos con todos, que imponía ayunos, declaraba impuros algunos alimentos y prohibía compartir la mesa con los llamados pecadores, que casi siempre eran los pobres. Alguien ha escrito no sin razón que a Jesús le mataron por su modo de comer; es que al comer anulaba las fronteras entre los santos y los pecadores, lo puro y lo impuro, lo sagrado y lo profano. Algo intolerable. Los dirigentes religiosos y la gente de bien le llamó “comilón y borracho, amigo de pecadores”.
Jesús soñaba y anunciaba otro mundo necesario y posible, y lo llamaba “reino de Dios”. Y, para explicar cómo iba a ser ese otro mundo en este mundo, no se le ocurrió cosa mejor que organizar una alegre comida en el campo: cada uno llevó y compartió lo poco que tenía y todos se saciaron y aun sobró mucho.
Él pensaba que el “reino de Dios” o el mundo nuevo en este mundo –una gran mesa con abundante pan y sin ningún excluido– era algo inminente. Pero las autoridades religiosas y políticas no estaban por la labor, y el proyecto de Jesús fracasó. Pero Jesús no dejó de esperar contra toda esperanza. Y al presentir lo peor, siguió soñando en lo mejor y organizó con sus amigas y amigos más cercanos una cena de despedida y esperanza, y al partir el pan y pasarles el vino les dijo: “Recordadme en el pan y el vino. Y cada vez que comáis y bebáis juntos, reavivad la esperanza del mundo nuevo, y construid el mundo que esperáis. Cada vez que lo hagáis, yo resucitaré, vosotros os transfiguraréis y el mundo se transformará en Comunión”.
Así hicieron sus seguidores después de que el maestro fuera crucificado como un malhechor. El primer día de la semana, que luego se llamó domingo o “día del Señor”, se reunían en las casas, oraban juntos, recordaban el mensaje de Jesús, comían pan, bebían vino, resucitaba la Vida. Y a eso llamaban “cena del Señor” o “fracción del pan”. Todo era muy simple, y no hacía falta sacerdote ni consagración.
Siglos después, todo se fue complicando. La casa se convirtió en templo, la comida en “sacrificio”, la mesa en altar, la gracia en obligación. E instituyeron sacerdotes para presidir y hacer la consagración del pan y del vino, como si éstos no fueran sagrados de por sí. Y lo llamaron “misa”, pero esto no estuvo mal, pues “misa” significa misión. “Ite missa est”, se decía al final: “Id en paz. Es la hora de la misión”.
Es hora de que volvamos a lo más sencillo y pleno, más allá de cánones y rúbricas y presidencias sacerdotales que nada tienen que ver con Jesús. Basta que nos reunamos dos o más en una casa cualquiera o en cualquier ermita libre, para recordar a Jesús, compartir la palabra, tomar pan y vino, resucitar la esperanza, mientras los pájaros cantan. Si te sientes triste, Jesús te consuela. Si te sientes alegre, Jesús es tu alegre comensal. Y no importa que el pan sea de trigo, de maíz o de centeno, ni si el vino es de uva, de cebada o de arroz. Lo que importa es que sea fruto de la tierra y del trabajo, sacramento de la vida y del mundo nuevo. Ésa es la misa verdadera, la verdadera misión.

lunes, 29 de abril de 2013

La estadounidense Rosemarie Smead ha sido ordenada sacerdote, uniéndose de esa manera a las 150 mujeres de todo el mundo que han hecho lo propio enfrentándose al Vaticano.

Smead, una católica devota de 70 años, ha sido ordenada este sábado por la Asociación disidente de Mujeres sacerdotes católicas romanos en Louisville, Kentucky, en un santuario protestante.
“Es un palo de intimidación medieval que los obispos usan para mantener el control sobre las personas y para mantener las voces de las mujeres en silencio. Yo estoy mucho más allá de dejar que los hombres octogenarios nos digan cómo vivir nuestras vidas,” citó a Smead la agencia Reuters.
Por su parte, el obispo de Louisville calificó la ceremonia de “ordenación simulada” que entra en contradicción con la doctrina católica.
La ordenación de mujeres como sacerdotes, junto con los problemas de los sacerdotes casados y el control de la natalidad, es motivo de una de las grandes divisiones entre los católicos EE.UU. y el Vaticano. El 60 por ciento de los católicos de EE.UU. cree que las mujeres deben tener derecho a ser ordenadas sacerdotes, según los sondeos de ‘The New York Times’.
Texto completo en: http://actualidad.rt.com/sociedad/view/93018-mujer-sacerdote-vaticano-eeuu