FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 20 de agosto de 2025

VENDRÁN DE ORIENTE Y DE OCCIDENTE

VENDRÁN DE Aunque el evangelio emplee, según el gusto de la época, una pedagogía negativa que a nosotros no nos suena bien, siempre podremos enriquecer nuestra vida cristiana si lo leemos reflexivamente.

Dice el texto de este domingo que VENDRÁN DE ORIENTE Y DE OCCIDENTE a sentarse a la mesa del reino de Dios. Los judíos de aquella época lo tenían muy claro: a la mesa del reino de Dios se sentarán los israelitas y nadie más (como decía la viñeta de Mingote: “Al cielo iremos los de siempre”). Pero Jesús propone una comensalía abierta, una mesa para todos, un festín multicultural. Pasan los años, los siglos, y seguimos lidiando contra la mentalidad excluyente. ¡Cuánto le cuesta al evangelio entrar en nuestra vida real!

¿Cómo andar los caminos de la comensalía abierta que propone el evangelio?

· Sentemos a todos en la mesa de una economía igualitaria: aquella que hace partícipe a todos los ciudadanos de los beneficios sociales donde nadie queda excluido por ser pobre o extranjero, sino que todos reciben amparo y protección social.

· Sentemos a todos en la mesa de una ciudadanía compartida: porque toda persona que vive, trabaja, ama y muere en lugar, es de ese lugar, aunque haya nacido en otra parte. La ciudadanía no puede ser un derecho de algunos sobre la exclusión de otros.

· Sentemos a todos en la mesa de una Iglesia acogedora: donde podamos convivir las diversas maneras de entender y vivir la experiencia cristiana. Donde no haya unos que manden y otros que obedezcan, unos que sirvan y otros que sean servidos.

¿Podremos lograr esto o es una utopía inalcanzable? Podemos, aunque estos no sean tiempos propicios para la acogida. Ahora en verano ocurre que tal o cual pueblo celebra sus fiestas. Todo el mundo puede acercarse, disfrutar con la música, tomar un zurracapote o un pincho. No se exige ningún carné. Vienes y eres bienvenido. Si somos capaces de estos gestos de comensalía abierta, también podemos pensar en una mesa igualitaria, compartida y acogedora, la nueva sociedad, que Jesús soñó. ¿Por qué no extender esto a todos los inesperados hermanos que vienen a nosotros? ¿Quién quiere que la acogida a menas se presente como una amenaza y no una posibilidad? Sí, se puede si se quiere.

  Y DE OCCIDENTE

¿QUÉ TOLERANCIA? José Antonio Pagola


La tolerancia ocupa hoy un lugar eminente entre las virtudes más apreciadas en Occidente. Así lo confirman todas las encuestas. Ser tolerante es hoy un valor social cada vez más generalizado. Las jóvenes generaciones no soportan ya la intolerancia o la falta de respeto al otro.

Hemos de celebrar este nuevo clima social después de siglos de intolerancia y de violencia, perpetrada muchas veces en nombre de la religión o del dogma. Cómo se estremece hoy nuestra conciencia al leer obras como la excelente novela El hereje, de Miguel Delibes, y qué gozo experimenta nuestro corazón ante su canto apasionado a la tolerancia y a la libertad de pensamiento.

Todo ello no impide que seamos críticos con un tipo de «tolerancia» que más que virtud o ideal humano es desafección hacia los valores e indiferencia ante el sentido de cualquier proyecto humano: cada cual puede pensar lo que quiera y hacer lo que le dé la gana, pues poco importa lo que la persona haga con su vida. Esta «tolerancia» nace cuando faltan principios claros para distinguir el bien del mal o cuando las exigencias morales quedan diluidas o se mantienen bajo mínimos.

La verdadera tolerancia no es «nihilismo moral» ni cinismo o indiferencia ante la erosión actual de valores. Es respeto a la conciencia del otro, apertura a todo valor humano, interés por lo que hace al ser humano más digno de este nombre. La tolerancia es un gran valor no porque no haya verdad objetiva ni moral alguna, sino porque el mejor modo de acercarnos a ellas es el diálogo y la apertura mutua.

Cuando no es así, pronto queda desenmascarada. Se presume de tolerancia, pero se reproducen nuevas exclusiones y discriminaciones, se afirma el respeto a todos, pero se descalifica y ridiculiza a quien molesta. ¿Cómo explicar que, en una sociedad que se proclama tolerante, brote de nuevo la xenofobia o se alimente la burla de lo religioso?

En la dinámica de la verdadera tolerancia hay un deseo de buscar siempre lo mejor para el ser humano. Ser tolerante es dialogar, buscar juntos, construir un futuro mejor sin despreciar ni excluir a nadie, pero no es irresponsabilidad, abandono de valores, olvido de las exigencias morales. La llamada de Jesús a entrar por la «puerta estrecha» no tiene nada que ver con un rigorismo crispado y estéril. Es una llamada a vivir sin olvidar las exigencias, a veces apremiantes, de toda vida digna del ser humano.

 

MI EGO INFLADO SE ATASCARÁ EN LA PUERTADOMINGO 21 (C) Lc 13,22-30

 


La salvación es el tema central de todas las religiones y no me duelen prendas al decir que todas lo han planteado mal. La salvación que nos ofrecen está orientada al falso yo. Los únicos salvados fueron los místicos y todos lo hicieron a pesar de sus propias religiones.

Jesús no responde a la pregunta, porque está mal planteada. La salvación no es una línea que hay que cruzar, sino un proceso de descentración del yo. Nos han convencido de que tenemos que ser salvados. ¿De qué? ¿Del dolor, de la enfermedad, del pecado, de la muerte? Esas limitaciones son esenciales al hombre. Sin ellas dejaríamos de ser humanos.

Infinidad de preguntas sobre la salvación: ¿Para cuándo? ¿Aquí o más allá? ¿Material o espiritual? ¿Nos salva Dios, Jesús o nosotros? ¿Salvan las obras o la fe? ¿Salva la religión, los sacramentos, la oración, la limosna, el ayuno? ¿Nos salva la Escritura? ¿Individual o comunitaria? ¿Es la misma para todos? ¿Podemos saber si estamos salvados?

Las preguntas están mal planteadas. Todas dan por supuesto que hay un yo que está perdido y debe ser salvado. La salvación no consiste en alcanzar la seguridad para mi yo individual, sino en superar toda idea de individualidad. La religión ha fallado al proponer la salvación de nuestro falso yo, que es el anhelo más hondo de todo ser humano.

Todos se salvan de alguna manera, porque todo ser humano despliega algo de esa humanidad por muy mínimo que sea. Y nadie alcanza la plenitud de salvación porque las posibilidades de ser más humano no tienen límite. Todos estamos salvados y necesitados de salvación. Esta idea nos desconcierta, porque no satisface los deseos del yo.

Lo de la puerta estrecha lo hemos entendido mal y nos ha metido por un callejón sin salida. El esfuerzo no debe ir encaminado a potenciar un yo para asegurar su permanencia incluso en el más allá. No tiene mucho sentido que esperemos una salvación para cuando dejemos de ser auténticos seres humanos, es decir para después de morir.

La salvación no consiste en la liberación de las limitaciones. La salvación consiste en alcanzar una plenitud sin pretender dejar de ser criatura y limitada. La verdadera salvación es posible a pesar de mis carencias porque se tiene que dar en otro plano. Ni la enfermedad ni la muerte ni el pecado restan un ápice a mi condición de ser humano.

Debemos desechar la idea de un umbral que debemos superar. No debemos hacer hincapié en la puerta sino en el que debe atravesarla. No es que la puerta sea estrecha, es que se cierra automáticamente en cuanto ‘alguien’ (un yo) pretende atravesarla. Solo cuando tomemos conciencia de que somos ‘nadie’, se abrirá de par en par.

No sé quiénes sois. Esta advertencia es más seria de lo que parece. Pero no tenemos que esperar a un más allá para descubrir si hemos acertado o hemos fallado. Nuestro grado de salvación se manifestará en la calidad humana de nuestras relaciones con los demás.

No se trata de prácticas ni de creencias sino de humanidad manifestada en el servicio a todos los hombres. Lo que creas hacer directamente por Dios no tiene ninguna importancia. Lo que haces cada día por los demás es lo que determina tu grado de plenitud humana, que es la verdadera y efectiva salvación para el hombre.

 

CUÁNTOS, CÓMO Y QUIÉNES SE SALVAN Domingo 21 Ciclo C

fe adulta

Durante siglos, a los israelitas no les preocupó el tema de la salvación o condena en la otra vida. Después de la muerte, todos, buenos y malos, ricos y pobres, opresores y oprimidos, descendían al mundo subterráneo, el Sheol, donde sobrevivían sin pena ni gloria, como sombras. Quienes se planteaban el problema de la justicia divina, del premio de los buenos y castigo de los malvados, respondían que eso tenía lugar en este mundo. Sin embargo, la experiencia demostraba lo contrario, y así lo denuncia el autor del libro de Job: en este mundo, los ladrones y asesinos suelen vivir felizmente, mientras los pobres mueren en la miseria.

Con el tiempo, para salvar la justicia divina, algunos grupos religiosos, como los fariseos y los esenios, trasladan el premio y el castigo a la otra vida. Dentro de los evangelios, la parábola del rico y Lázaro refleja muy bien esta idea: el rico lo pasa muy bien en este mundo, pero su comportamiento injusto y egoísta con Lázaro lo condena a ser torturado en la otra vida; en cambio, Lázaro, que nada tuvo en la tierra, participa de la felicidad eterna.

Entre los judíos que creen en la resurrección cabe otra postura, importante para comprender el comienzo del evangelio de hoy: sólo los buenos resucitan para una vida feliz; los malvados no consiguen ese premio, pero tampoco son condenados.

Una pregunta absurda: “Señor, serán pocos los que se salven?

Bastantes cristianos actuales habrían formulado la pregunta de manera distinta: “¿Serán muchos los que se condenen?” Sin embargo, el personaje del que habla Lucas parece formar parte de ese grupo que sólo cree en la salvación. Jesús podría haber respondido con otra pregunta: ¿Qué entiendes por “pocos”? ¿Cuatro mil? ¿Veinte millones? ¿Ciento cuarenta y cuatro mil, como afirman los Testigos de Jehová? La pregunta sobre pocos o muchos es absurda, aunque hay gente que sigue afirmando con absoluta certeza que se condena la mayoría o que se salvan todos.

Una enseñanza: “entrar por la puerta estrecha”

Jesús no entra en el juego. Ni siquiera responde al que pregunta, sino que aprovecha la ocasión para ofrecer una enseñanza general. «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.»

La imagen, tal como la presenta Lucas, no resulta muy feliz. Quienes no pueden entrar por una puerta estrecha son las personas muy gordas, y eso no es lo que está en juego. El evangelio de Mateo ofrece una versión más completa y clara: “Entrad por la puerta estrecha; porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué estrecha es la puerta, qué angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que dan con ella!” (Mateo 7,13-14).

En cualquier caso, la exhortación de Jesús resulta tremendamente vaga: ¿en qué consiste entrar por la puerta estrecha? En otros momentos lo deja más claro.

Al joven rico, angustiado por cómo conseguir la vida eterna, le responde: “No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, honrarás a tu padre y a tu madre, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En el evangelio de Mateo, la parábola del Juicio Final indica los criterios que tendrá en cuenta Jesús a la hora de salvar y condenar: “Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era emigrante y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, estaba enfermo y me visitasteis, estaba encarcelado y acudisteis”.

La experiencia demuestra que vivir esto equivale a pasar por una puerta estrecha, pero al alcance de todos.

Un final sorprendente y polémico: quiénes

La pregunta sobre el número de los que se salvan ha provocado una respuesta sobre cómo salvarse; pero Jesús añade algo más, sobre quiénes se salvarán.

El libro de Isaías contiene estas palabras dirigidas por Dios a los israelitas: “En tu pueblo todos serán justos y poseerán por siempre la tierra” (Is 60,21). Basándose en esta promesa, algunos rabinos defendían que todo Israel participaría en el mundo futuro; es decir, que todos se salvarían (Tratado Sanedrín 10,1). ¿Y los paganos? También ellos podían obtener la salvación si aceptaban la fe judía.

Sin embargo, la parábola que cuenta Lucas afirma algo muy distinto. El amo de la casa es Jesús, y quienes llaman a la puerta son los judíos contemporáneos suyos, que han comido y bebido con él, y en cuyas plazas ha enseñado. No podrán participar del banquete del reino junto con los verdaderos israelitas, representados por los tres patriarcas y los profetas. En cambio, muchos extranjeros, procedentes de los cuatro puntos cardinales, se sentarán a la mesa.

La conversión de los paganos ya había sido anunciada por algunos profetas, como demuestra la primera lectura (Is 66,18-21). Pero el evangelio es hiriente y polémico: no se trata de que los paganos se unen a los judíos, sino de que los paganos sustituyen a los judíos en el banquete del Reino de Dios. Estas palabras recuerdan el gran misterio que supuso para la iglesia primitiva ver cómo gran parte del pueblo judío no aceptaba a Jesús como Mesías, mientras que muchos paganos lo acogían favorablemente.

Moraleja y matización

Lucas termina con una de esas frases breves y enigmáticas que tanto le gustaban a Jesús: «Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos». En la interpretación de Lucas, los últimos son los paganos, los primeros los judíos. El orden se invierte. Pero los primeros, los judíos como totalidad, no quedan fuera del banquete, también son invitados. El mismo Lucas, cuando escribe el libro de los Hechos de los Apóstoles, presenta a Pablo dirigiéndose en primer lugar a los judíos, aunque generalmente sin mucho éxito.

Primera lectura: Isaías 66, 18-21

El primer párrafo es el que está en relación con el evangelio: habla de la conversión de los paganos desde Tarsis (a menudo localizada en la zona de Cádiz-Huelva) hasta Turquía (Masac y Tubal), y con dos importantes regiones de África (Libia y Etiopía). El punto de vista es distinto al del evangelio: aquí sólo se habla de conversión, no de salvación en la otra vida (tema que queda fuera de la perspectiva del profeta).

Segunda lectura: cuando Dios nos mete por la puerta estrecha (Heb 12,5-7.11-13)

Este breve fragmento de la Carta a los Hebreos no tiene nada que ver con el evangelio. Pero es una hermosa exhortación que lo complementa. En el evangelio se nos anima a «entrar por la puerta estrecha». Muchas veces es la vida la que se estrecha en torno a nosotros, como si Dios nos pusiera a prueba. El autor de la carta enfoca esos momentos difíciles como una reprensión o corrección del Señor. Pero es la corrección de un Padre que desea lo mejor para su hijo, idea que debe consolarnos y fortalecernos.

 

SI COMPRENDIÉRAMOS Domingo XXI del TO 24 de agosto Lc 13, 22-30

fe adulta

El yo, con su tendencia a apropiarse de todo lo que puede alimentarlo, llega al extremo de pretender garantizarse y atrapar la “salvación”. Sin embargo -advierte Jesús-, la puerta que conduce a la vida es estrecha: ningún ego apropiador cabe en ella.

Basta un poco de atención para advertir que no se trata de ninguna exigencia arbitraria: a la vida únicamente puede entrar la vida. Todo lo que no sea vida -todo lo que no sea amor- supone una carga o lastre que actúa como bloqueo que impide el paso a la vida.

La palabra sabia de Jesús invita de manera inmediata a una pregunta elemental: ¿vivo en la consciencia de ser vida, más allá de la forma (persona) en la que me estoy experimentando?, ¿hay en mí algo que no sea vida, a lo que permanezco aferrado o de lo que me quiero apropiar?

En la práctica, la consciencia de ser vida se plasma en la actitud de vivirse como cauce o canal de la misma, que permite que la vida sea y fluya a través de esta persona. Lo cual, en la práctica, se traduce en amor.

Por tanto, decir que a la vida únicamente puede entrar la vida, significa que por su puerta solo cabe el amor. Todo lo que no sea amor no cabe por esa “puerta estrecha”. 

Reconocerse como vida es sabiduría o comprensión. Lo contrario -pensar que estamos separados de la vida- es ignorancia o -como decíamos hace algunas semanas- “necedad”. Es necio -del latín nescio: “no sé”- quien ignora lo que somos en profundidad.

Esa ignorancia radical nos desconecta de nosotros mismos, de los otros y de la vida. Vivimos, en consecuencia, desconectados y egocentrados, girando, de manera narcisista, en torno a los intereses y los miedos del propio ego, y provocando sufrimiento a nuestro alrededor.

¿Qué pasaría si Netanyahu se enterara de que es hermano de los gazatíes o si Trump cayese en la cuenta de que es hermano de los inmigrantes? ¿Qué pasaría si el arzobispo de Oviedo supiera –¡qué raro que un arzobispo no sepa esto y prefiera seguir rigiéndose por la ley del Talión, que Jesús quiso derogar!- que aquellos a quienes llama “moritos” son todos hermanos suyos? ¿Qué pasaría si yo mismo viviera sabiendo, de manera consciente en todo momento, que soy hermano de todos los seres? Dejaríamos de ser “necios”, la comprensión nos transformaría… y se abriría ante nosotros la puerta de la vida.

Algo parece claro: lo que nos transforma, nos hace mejores personas y construye un mundo mejor no es el moralismo, ni el voluntarismo, ni las creencias religiosas, ni la exigencia ética, ni -siendo imprescindible- el compromiso sociopolítico. Solo la comprensión -experiencial, profunda y sentida-, que posibilita el cambio en nuestro nivel de consciencia -el paso de una consciencia egoica a la consciencia transpersonal- hará posible la transformación de nuestra realidad, personal y colectiva.

 

LIGEROS DE EQUIPAJELc 13, 22-30

 


«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha»

En los diálogos que Platón dedica a la República, Sócrates, su protagonista, analiza el proceso de formación de un Estado partiendo de su origen, es decir, de la impotencia de cada individuo para atender por sí mismo todas sus necesidades.

Sócrates –en realidad, Platón– considera que las necesidades básicas del hombre son el alimento, la habitación y el vestido, y partiendo de esta premisa, afirma que en principio bastarían tres hombres para formar un Estado: un agricultor, un constructor y un sastre. Cuando avanza más en su reflexión, advierte también otras necesidades, pero el fondo del razonamiento sigue invariable.

Llegado a este punto, contempla la vida apacible y feliz que llevan sus habitantes, y concluye: «De esta manera, llenos de gozo y salud, llegarán a una avanzada vejez, y dejarán a sus hijos herederos de una vida semejante».

Su contertulio, Glaucón, muestra su desacuerdo con la vida austera que propone Sócrates, a lo que éste contesta: «Muy bien, ya te entiendo. No es solamente el origen de un Estado lo que buscamos, sino el de un Estado que rebose placeres. Quizás no obremos mal planteándolo, porque de esta forma podremos saber por dónde se ha introducido la injusticia en la sociedad. Sea como sea, el verdadero Estado, el Estado sano, es el que acabamos de describir. Si ahora quieres que echemos una mirada al Estado enfermo y lleno de pústulas, nada hay que nos lo impida» ...

En definitiva, el diálogo continúa mostrando que la abundancia provoca avaricia, y que la avaricia acarrea guerras, corrompe a los ciudadanos, complica sobremanera la estructura del Estado y es la primera causa de opresión e injusticia…

Si aplicamos este diálogo a nuestros días, resulta que para garantizar hoy una existencia digna bastaría atender el alimento, el vestido, la vivienda, la educación y la salud, y siguiendo un razonamiento similar al de Platón, llegaríamos a definir una sociedad austera cuyos ciudadanos se habrían sacudido el yugo del consumo, basarían su existencia en unos valores que les liberan (y no en unos afanes que les someten), no tendrían el corazón endurecido por la avaricia y serían más libres y por tanto más humanos.

Y esto puede parecer una utopía, pero quizá sea la única vía para librarnos del desastre al que estamos abocando a este mundoNo es casual que la práctica totalidad de los tratados de sabiduría de la historia propugnen el mismo principio: «Huid del estado que rebosa placeres», «Viajad por la vida ligeros de equipaje», «No acumuléis tesoros en la Tierra»«Entrad por la puerta estrecha»

Hoy, ante la evidencia irreversible del cambio climático, este principio cobra especial relevancia, y así lo refleja Jon Sobrino, sacerdote jesuita, en una de las frases más lúcidas de nuestro tiempo y que no nos cansaremos de repetir: «Debemos caminar hacia la civilización de la austeridad compartida».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Alaska no, por favor -- Alberto J. Revuelta Lucerga


te-migao

El marqués de Custine, que fue un noble francés que vivió la Revolución de su pais y viajó por Europa, pasando meses en Rusia donde, sus dotes de observación, contactos con aristócratas y viajes por el territorio del zar Nicolás I, en el siglo XIX recogió materiales para publicar La Russie en 1839 (1843), que tuvo gran acogida. Ver noticia

Me preguntan ¿porqué es delito odiar? -- Francisco González Álvarez


fgonzalez

Quienes me hacen esta pregunta son personas mayores, de cultura superior y formadas en la moral tradicional. Son ateos, no practicantes, nacional-católicos, de ideología de derecha o de extrema derecha. Algunos Justifican las manifestaciones de odio y otros se muestran indiferentes ante las numerosas expresiones incendiarias contra el diferente o personas de ideologías opuestas, principalmente activadas por individuos de las ideologías citadas anteriormente; aunque, en menor medida, estos ataques y amenazas verbales se dan también en algunos sectores minoritarios de la izquierda, principalmente en foros de las Redes sociales. Ver noticia

Carta abierta a D. Jesús Sanz, Arzobispo de Oviedo -- Miguel Gambín Gallego, Sacerdote Salesiano, misionero en Malí entre 1981 y 2004

 


“Extraña polémica con musulmanes sobre celebraciones en polideportivos: "dónde está la reciprocidad negada de los moritos con los cristianos que asesinan en nuestras iglesias dentro de su territorio".” (declaraciones de D. Jesús Sanz, Obispo de Oviedo en una red social)


Sr Arzobispo:

Le confieso que me da mucha pereza escribir esto, por no añadir polémicas a las que pululan en nuestro día a día, pero precisamente el carácter de sus declaraciones tan tristes me obligan a discrepar públicamente de usted. No es buena cosa la división dentro de la Iglesia, pero más triste aún es pasar por encima de algo tan fundamental como la acogida al extranjero. Y como sé que mucha gente dentro de la Iglesia no está de acuerdo, pero se calla, dando la impresión de una falsa unanimidad, quiero expresar públicamente mi total discrepancia con sus extrañas declaraciones sobre la inmigración, para dar voz a la inmensa corriente eclesial que acoge, integra, promueve a los inmigrantes a través de una constelación de fundaciones, ONG, asociaciones, presentes en todo el territorio nacional.

Una de las cosas que me mueve a contestarle, es mi experiencia de veintitrés años en un país de mayoría musulmana como es la República de Malí. Allí hay musulmanes, pero no “moritos”, como usted les llama despectivamente. Yo he vivido en perfecta paz y armonía en una sociedad acogedora, plural, y donde las distintas religiones no fueron un motivo de conflicto.

Es más. Algunas fiestas cristianas, como la Asunción y la Navidad eran fiestas oficiales del país. Y eso tanto en Malí, como en Burkina y Senegal, cuyo primer presidente, dicho de pasada, fue cristiano, Léopold S. Senghor.

La sociedad maliense era profundamente integradora. Todos celebrábamos las fiestas de la otra religión, como fiestas de todos. Ése era el mundo en el que viví.

Pedir cuentas a esta gente que llega a nuestro país a ganarse la vida, huyendo de conflictos que han sido cocinados por nuestros gobiernos, o por décadas de neocolonialismo y corrupción sostenida desde occidente, me parece fruto de una tremenda ignorancia.

Si hay que pedir cuentas del terrorismo internacional, amplíe la mirada. Pregunte quién armó a los talibanes en Afganistán en los años 70; quién desestabilizó Libia; quién promovió la guerra de Irak basada en una colección de mentiras; quién ha arruinado el Líbano, quién ha colocado actualmente en Siria a alguien que era considerado un terrorista de los más buscados. En definitiva, quién ha llenado de cadáveres parte del mundo pretendiendo proteger la civilización occidental. Y, finalmente, quién está permitiendo un genocidio transmitido en directo desde Gaza, con el apoyo cómplice de nuestros gobiernos. Mirando desde el otro lado, podíamos ponernos a pedir cuentas a nuestros responsables políticos; si hablamos de terrorismo, ¿cómo califican los musulmanes de esos países los millones de muertos totalizados por todas esas guerras globales?. Como ve, Monseñor, en todas partes cuecen habas.

Pero volvamos a nuestro tema: El artículo 16 de la constitución garantiza la libertad de culto, sin más limitaciones que las de orden público. Que un colectivo solicite la utilización de un espacio público, como se venía haciendo desde hacía un tiempo, no debe de extrañar a nadie, pues se trata de ciudadanos. Sí. Ciudadanos con derechos. Porque sus amigos de la ultraderecha no ven personas. Solo ven “moritos” y “negros”, a los que difícilmente les atribuyen los mismos derechos.

Jesús pone el acento en la universalidad. No se la voy a repetir, pues convencido estoy de que la ha leído muchas veces. Por eso me extraña tanto las conclusiones que saca.

El papa Francisco ha insistido mucho en sus encíclicas en la acogida al inmigrante. ¿Le sueña? Y él puso el acento en una Europa de la acogida, de la integración, de la promoción de personas de otras culturas y religiones.

Porque una de las verdades fundamentales del evangelio es que Jesús se identifica con los más débiles, y que el criterio establecido en el juicio final, no es la pertenencia a una religión, sino el haber tratado bien a los hermanos más débiles, sin haberles pedido los papeles, sino tal como hizo el buen samaritano, por el simple hecho de encontrarse tirados al lado del camino.

Su eminencia es franciscano, y tampoco será necesario recordarle el papel de su querido fundador, cuando se entrevistó en 1219 con el sultán de Egipto, en plena cruzada, sin más armas que la paz y el bien”. San Francisco de Asís propició el diálogo con el Islam, con iniciativas rompedoras y profundamente evangélicas, y sigue siendo un gigante inspirador en estos tiempos turbulentos.

Miguel Gambín Gallego,
Salesiano. Misionero en Malí entre 1981 y 2004

Medio millón de personas en Gaza al borde de la muerte de la hambruna -- Diario Al-Quds Libération


kaosenlared

El Programa Mundial de Alimentos dijo que medio millón de personas en la Franja de Gaza están al borde de la muerte de la hambruna.
El programa añadió: «Estamos haciendo esfuerzos para entregar ayuda a Gaza, pero aún está muy lejos de lo que se necesita».
Subrayó que un alto el fuego es la única manera de ampliar la ayuda.Ver noticia

«Incluso los sacerdotes podrán casarse…» -- Anita Prati


BAF

Fuente: SetimanaNews
Al margen de una entrevista con el cardenal Pellegrino
Sin temor a ser parcial, creo que puedo decir que uno de los méritos de SettimanaNews es que ofrece a los lectores espacios importantes para compartir contribuciones de pensamiento de calidad, en forma de comentarios sobre los artículos publicados. Ver noticia

Los incendios y la falacia del estado mínimo


Los incendios forestales se han convertido en una trágica y constante pesadilla de los veranos europeos. La situación en 2025 ha alcanzado niveles alarmantes, con cerca de una veintena de focos activos y más de 60.000 hectáreas calcinadas sólo en España. El patrón se repite cada año: fuego, evacuaciones, miedo, destrucción. Vidas humanas truncadas, patrimonio natural irremplazable reducido a cenizas y comunidades enteras forzadas a ver cómo su entorno desaparece sin remedio.

Aunque hay causas naturales, como el calentamiento global, en la gestación de esta catástrofe, ésta también es el resultado directo de una política deliberada, de un modelo económico y social que desmantela lo público en nombre de una supuesta eficiencia privada. El neoliberalismo, una doctrina defendida con fervor por los partidos de derecha, ha convertido la gestión del territorio, como tantos otros ámbitos, en una víctima más de la austeridad presupuestaria y del dogma del Estado mínimo. La presión política por rebajar impuestos, con las nefastas consecuencias que ello comporta, procede de una oposición de derechas en la que aumenta la pujanza de la extrema derecha, una fuerza que amplifica y radicaliza las exigencias de un modelo económico que privilegia a una minoría adinerada a costa del bienestar colectivo.

A esta presión interna se suma una nueva y peligrosa dimensión externa. Desde Estados Unidos, la Administración de Donald Trump insiste en que los países europeos, entre ellos España, aumenten considerablemente el gasto militar. Esta exigencia no sólo desvía recursos cruciales que podrían ser destinados a servicios esenciales y a la lucha contra el cambio climático, sino que también refuerza la agenda de la derecha neoliberal y de la extrema derecha. El aumento del gasto en defensa es otro factor importante que postula aún más recortes en sanidad, educación y, por supuesto, en la prevención y extinción de incendios.

 

Mientras, la realidad es tozuda. El cambio climático intensifica las olas de calor y seca la vegetación, creando un terreno fértil para el fuego. Y décadas de abandono del mundo rural han eliminado los cortafuegos naturales que antes ofrecían los cultivos, los pastos y la actividad humana sostenida. El éxodo de la población hacia las ciudades ha transformado campos abiertos en bosques densos y descontrolados, auténticos barriles de pólvora vegetales. Y no por casualidad, las zonas más devastadas por los incendios coinciden con las regiones más despobladas, como el noroeste peninsular.

Frente a esta situación, la respuesta debería ser clara: más medios, más inversión, más presencia pública. Pero los partidos que abrazan el neoliberalismo no están interesados en reforzar lo público. Al contrario, su obsesión por reducir impuestos a los más ricos y sus discursos manidos sobre la «libertad individual» tienden a debilitar sistemáticamente la capacidad del Estado para prevenir, gestionar y responder a catástrofes como esta. Esta política no es sólo irresponsable: es criminal. Cada recorte presupuestario a los servicios públicos tiene consecuencias concretas y devastadoras. La falta de personal y equipamiento en los equipos de extinción, la ausencia de planes integrales de prevención, la escasa formación de brigadas forestales, todo esto es el resultado de decisiones políticas conscientes. No es una cuestión técnica, sino ideológica.

Los defensores del neoliberalismo presentan el desmantelamiento del Estado como una modernización necesaria. Nos dicen que rebajar impuestos a los millonarios generará inversión y prosperidad. Pero la realidad es que esa riqueza prometida nunca llega a la mayoría. Lo que sí llega son hospitales colapsados, con largas listas de espera para intervenciones necesarias, escuelas infra-financiadas, alquileres imposibles de pagar, y bosques ardiendo sin control mientras los servicios de emergencia hacen lo que pueden con medios precarios.

Los incendios forestales son, en este contexto, sólo una cara más de una tragedia mayor: la del empobrecimiento deliberado de lo público en favor de intereses privados, una tragedia que la extrema derecha busca acelerar. La misma lógica que recorta en medios contra incendios es la que privatiza hospitales, convierte la educación en un negocio y trata la vivienda como un activo financiero en vez de como un derecho básico. El coste de un Estado ausente no es una abstracción ideológica. Es humo que asfixia, es tierra quemada, son familias que lo pierden todo. Es el precio de una política que privilegia a una minoría adinerada a costa del bienestar colectivo, con el empuje de la derecha y la extrema derecha.

Lo que necesitamos es justo lo contrario: un Estado fuerte, bien financiado y presente en todo el territorio. Un Estado capaz de planificar, intervenir, cuidar y proteger. Un Estado que no se someta a los dictados del mercado, sino que garantice la dignidad de sus ciudadanos y la sostenibilidad de sus territorios. Porque, sin lo público, todo arde.

Faustino Castaño, miembro de los grupos de Redes Cristianas en Asturias

¿Debería el Papa viajar a Gaza para detener la matanza de inocentes? Un gesto profético necesario en un mundo roto -- José Manuel Vidal


Religión Digital

¿Qué espera León XIV para lanzar un gesto profético urgente y necesario?
¿Podría el Papa, como jefe de Estado, autoridad moral reconocida y líder espiritual de millones de católicos en todo el mundo, cruzar las fronteras de Gaza y detener la matanza?
La sola idea de un Papa exigiendo entrar en una zona de guerra controlada por Israel, un país con estrictas políticas de seguridad, es un gesto de alto voltaje simbólico. Pero, ¿sería factible? Y, más importante todavía, ¿sería efectivo? Ver noticia

miércoles, 13 de agosto de 2025

León XIV invita oficialmente a ‘Somos Iglesia’ al Vaticano -- Jesús Bastante


Religión Digital

El movimiento reformista se encontrará en octubre con el Papa
Somos Iglesia valora la «gran continuidad» entre el pontificado de León XIV y el de Francisco, ya que ambos se posicionan «de forma muy comprometida y clara sobre las cuestiones candentes de la guerra y la paz, la protección del medio ambiente y el ecumenismo, al tiempo que continúa con los procesos de reforma dentro de la Iglesia» Ver noticia 

Arzobispo de Madrid José Cobo: «Una procesión católica o una fiesta del cordero no pueden constituir una amenaza a nada ni a nadie» -- Jesús Bastante


Religión Digital

El cardenal de Madrid, contra «el fundamentalismo religioso, los populismos políticos, los reduccionismos y la política del miedo»
«Una procesión católica arraigada o una fiesta del cordero en una población con presencia musulmana no pueden constituir una amenaza a nada ni a nadie»
«Necesitamos un pacto nacional de migraciones entre todos los partidos, evitando discursos ideologizados y oportunistas, conjugando la dignidad de toda persona, el bien común, la seguridad y la asunción de las responsabilidades de los estados» Ver noticia

Francisco Berrocal, miembro del Movimiento pro Celibato Opcional en la Iglesia: «En el mundo de hoy el celibato no es un valor” -- Alfonso Vázquez


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Este maestro malagueño de 58 años tuvo que dejar el sacerdocio al casarse. Hoy es miembro del movimiento que en España lucha porque el celibato en la Iglesia sea opcional, al no nacer de los Evangelios sino de un concilio ‘andaluz’
-¿Qué es MOCEOP?
-Es el Movimiento pro Celibato Opcional, una asociación que surge sobre el año 77 en Madrid y en ella nos hemos reunido curas de toda España que, sin dejar de ser creyentes, tomamos la opción de compartir nuestra vida con una mujer y formar una familia. Ver noticia

El arzobispo de Tarragona Planellas, a Abascal: «Un xenófobo no puede ser verdaderamente cristiano»


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Las declaraciones del líder de VOX «son totalmente contrarias» a la doctrina de la Iglesia
En declaraciones a El matí de Catalunya Ràdio, recogidas por Flama, Planellas denunció que «vincular catolicismo y xenofobia está absolutamente fuera de lugar»
«Los necesitamos, pero no los queremos. Esto es muy grave y no somos conscientes de ello», incidió, recordando que «los catalanes somos fruto de una inmigración brutal que tuvo lugar en el siglo IX (…). Todos los pueblos son hijos de la inmigración» Ver noticia

VEINTE AÑOS SIN SIN O EL SOLSTICIO DE LA VOZ PROFÉTICA: LA TRANSICIÓN DEL ESTABLISHMENT ECLESIAL DESDE LAS TRINCHERAS

col martell

 

El 21.06.2005, hace 20 años, fallecía el cardenal Jaime Sin, arzobispo emérito de Manila en San Juan, Filipinas. Coincidía su muerte con el solsticio de verano, lo cual es significativo pues representaba una transición estacional en lo que al estilo pastoral se refiere. Se celebró una misa aquel día, por la mañana, en la Catedral presidida por el actual arzobispo, el cardenal José F. Advíncula. La homilía estuvo a cargo de uno de los delfines entonces de Sin, el ahora obispo de Balanga, Mons. Rufino Sescón. El sucesor inmediato en Manila de Manila, el cardenal Gaudencio Rosales, epicentro tanto de lo civil como de lo religioso en Filipinas, tenía durante su mandato otro talante. 

Lo mismo se puede afirmar de los dos otros cardenales que eventualmente han llegado a ocupar la cátedra manileña. En los años más oscuros de la Ley Marcial del primer Marcos (1972-1986), Sin sin duda era un faro, una voz profética caracterizada por la denuncia. En este sentido, Sin ha seguido la estela del primer obispo de Manila, Mons. Domingo de Salazar O.P., quien, tras la estela de Mons. Bartolomé de las Casas, O.P., por su ministerio en el siglo XVI estableció que el titular de este sede ha de ser un ‘problem solver’ para sus fieles cuando se enfrentó a los poderes reinante entonces.

Sin: La voz profética de la denuncia que se hizo partidista, personalista e infalible

Desde el inicio de la colonización española de Filipinas en 1565, siempre ha habido un maridaje entre lo civil y lo religioso. La iglesia se estableció como el establishment en convivencia hasta el punto de connivencia. Cuando inició Sin su mandato como el primado ‘de facto’ de la iglesia filipina la iglesia ya convivía con el Estado pero desde la trinchera si bien esta siempre ha sido privilegiada. En 1986, una revolución expulsó la dictadura y se encumbró la iglesia católica con Sin a la cabeza, por ser su rostro y voz más visible y audible debido a su amor mediático, hasta el punto de que este era considerado el cabeza de la iglesia católica filipina. 

Tras el triunfo de aquella revolución, el establishment eclesial salió de las trincheras para ser el otro palacio, frente al de Malacañang, la residencia oficial del presidente de Filipinas. Podía decirse que gracias a Sin la Villa San Miguel (la antigua residencia oficial del arzobispo de Manila) era el otro eje de poder en el país. Evolucionó la voz profética de Sin, encumbrada en una época reminiscente de la época constantiniana. Desde el principio era una denuncia profética de actos y personas mas tras la revolución que encumbró al cardenal se desarrolló desde un estado de comodidad, una perspectiva de acomodamiento encumbrado por lo que se hizo voz más potente, una postura más contundente a la que todo católico filipino tenía que adherirse.

Dicho en otros términos, evolucionó a un partidismo especial, en que, bajo la luz cada vez más imponente de la infalibilidad clerical (en este caso cardenalicia), se seleccionaban a los que eran dignos de ser apoyados por la iglesia junto con ciertas posturas acerca de temas que en realidad son abiertos (como la legalización del juego, la evaluación de ciertas obras de arte o del cinema, la extensión de los mandatos de los mandatorios políticos, etc.). Y este partidismo infalible, que convirtió a Sin en una torre intocable, creció como un personalismo en que la figura de Sin se colocó en el centro, con la Eucaristía (las misas multitudinarias que le encantaban) y otras actividades religiosas se convirtieron en meros escenarios o fondos para su actuación pública. Sin, que en los años de la Ley Marcial era un conversacionista famoso, se volvió en un dicharachero incapaz del diálogo y de aceptar la crítica.

Rosales: Desde la limpieza a un activismo social al lado de las víctimas

Pero por dentro, la iglesia de Sin sufría de corrupción lo cual hizo necesario el nombramiento a la sede manileña de Gaudencio Rosales quien más de una ocasión confesó que tuvo que hacer limpieza en Manila. Asimismo confesó este que al entonces nuncio (Antonio Franco) no le agradaba cómo su antecesor protegía a sus delfines que utilizaba la sotana como tapadera para sus actividades no del todo honradas. También la iglesia de Sin se identificó, como ya queda dicho, con regímenes oligárquicos muy devotos que no han podido llevar a cabo las necesarias reformas socioeconómicas.

De ahí en la segunda mitad de su mandato largo al frente de Manila (es decir, tras la revolución filipina de 1986 cuando Sin llegó a la cima de su influencia) la iglesia como establishment en connivencia y convivencia con el estado ya empezaba a perder credibilidad a los ojos de muchos, empezando con los más pequeños de la sociedad. Y esta segunda mitad coincidió con la última enfermedad de Sin que perduró y que era como una noche larga para Manila. La Santa Sede optó por no nombrar un administrador apostólico durante ese tiempo largo de espera en que los delfines gobernaban Manila conforme a sus ideas hasta el nombramiento providencial de Rosales, entonces arzobispo de Lipa en la provincia de Batangas.

El prelado batangueño, quien gobernó la archidiócesis manileña de 2003 a 2011, era muy conocido por su voz profética en el sur. En Manila, Rosales, conforme a su estilo más cercano que se predecesor a las masas (y también a los curas) que se caracterizaba por un talante dialogal y abierto a la crítica sin pretensiones a la infalibilidad cardenalicia, evitó cualquier forma de partidismo eclesial y cualquier personalismo demostrada por su antecesor quien organizaba celebraciones eucarísticas masivas y las usaba como arma con la finalidad de convocar a las masas devotas para que estas secundaran determinadas posturas políticas. En la iglesia manileña de Sin parecía a veces que había una falta de sacralidad con respecto a las celebraciones litúrgicas en las plazas y en las calles, pues las mismas en muchas ocasiones tenían sabor partidista como aquella que exigía la dimisión o la expulsión del presidente Joseph Estrada en 2001, cerca de las dependencias del Senado filipino. 

Al parecer, el Cardenal Rosales siguió las directivas tanto de Juan Pablo II como de Benedicto XVI quienes no favorecían una eclesiología muy vinculada al partidismo político. Don Gaudencio es un pastor consciente de los cambios y de las estratificaciones por haber venido de una diócesis pobre del sur sacudida por las fuerzas marciales de la dictadura marcosiana. Es un hombre que huye de los espectáculos no como su antecesor inmediato pero dejó oír una voz profética formidable en la capital filipina por medio de un acto en lugar de homilías inflamantes. 

Rosales, un gran caminante en todos los sentidos de la palabra, prefirió los puentes y rechazó las torres; optó por ponerse de lado de los más pequeños, de los más pobres, de los perseguidos en vez de enfrentarse con los poderosos. Don Gaudencio escrutaba el horizonte desde las trincheras, mas sin partidismos ni personalismos y sin salir del contexto del establishment y su acomodamiento. En otras palabras, ha preferido ir a las cuestiones sociopolíticas, cual un activista social desde la fe cristiana, y no a las personalidades ni los hechos producidos por estas mismas mediante la denuncia. Esto lo ha salvado, a mi modo de ver, de cualquier pretensión a la infalibilidad cardenalicia.

Cautela. Prudencia. Siguen los retos después de Rosales

Está claro que desde Rosales se ha cambiado el estilo profético del arzobispo de Manila, del primado ‘de facto’ de Filipinas. Muchos añoran el estilo agresivo de Sin. Pero sus excesos, es decir, amén de las aparentes indicaciones desde arriba (desde tiempos de Juan Pablo II a quien no le agradó la actuación de Sin y de los obispos filipinos en la revolución de 1986 por su partidismo patente), hizo que los sucesores de Sin tomaran otra opción. Quizá no tan ‘socialista’ o ‘activista’, por así decirlo, como el estilo de Rosales quien prefirió ponerse al lado de los más pequeños con su Pondo ng Pinoy (Fondo de los filipinos) que con su ‘teología de las migajas’ aboga compartir incluso lo poco que tenga uno, pues esto es una migaja que cae de la mesa y que podría o debería compartirse (Mt 15, 26).

Se nota la cautela de los sucesores de Rosales. Por ejemplo, del más renombrado papábile en el cónclave de 2025, Cardenal Luis Antonio Tagle (quien gobernó Manila de 2011 a 2019), ahora pro-prefecto del Dicasterio de Evangelización, quien fue nombrado por el papa Francisco a la dirección de Caritas Internacional, cargo que duró hasta que el mismo papa Francisco lo destituyó en una reforma necesaria. Tagle sí escribió y publicó pastorales que se conocen o recuerdan por su lenguaje prudente. Pero al menos una vez (Domingo de Ramos, 2018), sin mencionar a Rodrigo Duterte (que fue presidente de 2016 a 2022), denunció a los que se creen reyes en la tierra, con su actuación violenta, contrastándolos con el Rey de Reyes que es Jesucristo.

Lo mismo puede afirmarse acerca del actual arzobispo de Manila, el ya mencionado Cardenal Advíncula (arzobispo desde 2021), que, por ejemplo el pasado 27 de noviembre, a la luz del comienzo de lo que promete ser la peor crisis política en la historia del país (un enfrentamiento entre los Marcos y los Duterte hasta la iniciación del proceso de destitución contra esta última y a la luz del encarcelamiento en La Haya del patriarca de este último clan), publicó una pastoral que era una llamada cuidadosamente redactada a la unidad y oración en medio de las calamidades y las tensiones políticas.

Cautela. Prudencia. ¿Cosa de estilo pastoral? ¿Continuidad del estilo de Rosales conforme a las directrices de Juan Pablo II y Benedicto XVI? El estilo de Sin ciertamente tenía sus excesos llameantes. Y al de Rosales, tal vez, le faltaba fuego. Parece como que a partir de Rosales los pastores de Manila hubieran preferido no agitar, no echarle leña al fuego; ya no querían provocar demostraciones, marchas usando y manipulando la Eucaristía.

También parece que por el momento se ha disminuido el ritmo del Pondong Pinoy de Rosales, pues dados los cambios vertiginosos que han afectado la economía, a la gente le cuesta dar lo sobrante, las migajas, como pide el Evangelio. Y para más inri, mucho dinero se ha perdido, no solo por el azote de la pandemia, sino por la corrupción institucional incesante en gobierno. Todo esto ha desatado, junto con otros factores entre ellos los intereses dinásticos, la crisis actual filipina que promete ser un espectáculo, lamentablemente, muy pero muy sangriento. La historia sigue y los retos son imparables. Mas queda patente que la iglesia tiene que ser un establishment caminante y dialogante; extendido como un puente y no aislado como una torre infalible por la que se corre el riesgo de reducirse a un bastión del clericalismo. Se necesita el estilo profético adecuado cuyos rasgos generales hemos intentado definir. Y no va a ser fácil el maridaje estilístico deseable que ha de hacerse en múltiples niveles.

Sigue la búsqueda por la ‘combinación deseable’: Sal y luz de la tierra

Es comprensible la cautela y la prudencia de nuestros pastores. Mas se desea la busca incesante del estilo profético adecuado para estos tiempos más turbulentos que nunca. Tanto Sin como Rosales han enfatizado las perspectivas que juzgo principales. Aquel la de los culpables y hechos a los hay que denunciar. Este la de las víctimas de los hechos merecedores de las denuncias.

No necesitamos más personalismos, más partidismos de nuestros pastores, con su raíz en un clericalismo presuntuoso y elitista. Desde luego son preferibles los comunicados y documentos emitidos con cautela y prudencia, incluso con ‘el olor a las ovejas’ (que Rosales había ideado especialmente con su Pondo incluso antes del pontificado del papa gaucho). Pero puede que estos últimos resulten insípidos y lo que se necesita es la sal de la tierra que a la vez es luz para este pueblo que atraviesa otro túnel oscuro en su historia. Hay que evitar que se eche demasiada sal que fastidia el plato, por así decirlo. Es preciso, a tenor de ello, evitar tanto los excesos como los déficits.

Veinte años sin Sin, que son también veinte años sin Juan Pablo II, seguimos como iglesia peregrina buscando la ‘combinación deseable’ para la tarea inacabable e inabarcable del ‘problem solving’. Este período de ahora en adelante debería convertirse en la inversión de muchos años de sal y luz en las medidas pastorales deseables, con la finalidad de superar la dureza larga de los solsticios de espera y de transiciones, pues los problemas son incesantes e inacabables.

Denuncia, activismo social (con cautela y prudencia): La voz profética tiene muchas voces. El cóctel pastoral adecuado ha de incorporar muchos ingredientes y muchos pasos. Habrá que seguir buscando (y buceando por) el acorde más armonioso, es decir, el plan pastoral más factible, para aportar la mejor aportación a la solución de los incontables problemas con su constante contrapunto de valores que se vive en una nación en constante estado de ebullición y que se precipita al abismo desgarrador a causa del dominio de dinastías políticas opresoras. Estas últimas son, sin duda, los homólogos de los clericalismos en la otra ribera, en el otro eje de la misma esfera.

 

Macario Ofilada Mina

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