FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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ATALAYA ENERO 2025

jueves, 29 de mayo de 2025

¿CÓMO SERÁ EL PONTIFICADO DEL PAPA LEÓN XIV?

 

Robert Francis Prevost, el nuevo papa de la Iglesia Católica, es estadounidense de nacimiento y ciudadano peruano por naturalización. Buena parte de su vida misionera la ha realizado en Perú. El papa Francisco le confió la presidencia de la Pontificia Comisión para América Latina, en 2023. En ese cargo, habría mantenido contacto regular con la jerarquía católica en la parte del mundo que cuenta con el mayor número de católicos. Por estos antecedentes es considerado el segundo papa de América Latina.

Recordemos que dirigiéndose a la multitud reunida en la plaza San Pedro, saludó de forma explícita y en español, a la población de la Diócesis de Chiclayo, en el Perú. De ellos dijo que son “un pueblo fiel que ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo". Hay aquí gestos y palabras muy propias de un obispo misionero desde las periferias del mundo y con olor a Evangelio.

Ahora bien, considerando el gran legado del papa Francisco y la propia experiencia pastoral y misionera del papa Prevost, conviene preguntarnos cómo será su pontificado. Ya hay algunas señales que perfilan su modo de ser Pastor. Veamos.

En su mensaje ante el Colegio Cardenalicio, planteó lo que podríamos llamar algunas líneas programáticas de acción pastoral. En efecto, ha pedido a los cardenales una plena adhesión al camino trazado por el Concilio Vaticano II que, según León XIV, fue actualizado magistralmente por el papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelli gaudium. De ese documento destaca algunas notas fundamentales que deben tipificar y orientar a la Iglesia y a su ministerio petrino: el regreso al primado de Cristo en el anuncio (n.11); la conversión misionera de toda la comunidad cristiana (n. 9); el crecimiento en la colegialidad y en sinodalidad (n.33); la atención al sensus fidei (nn.119-120), especialmente en sus formas mas propias e inclusivas, como la piedad popular (n.123); el cuidado amoroso de los débiles y descartados (n.53); el diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y realidades (n. 84, Const. Past. Gaudium et spes, 1-2).

Esa ruta trazada por Francisco es asumida por el nuevo Papa como horizonte teórico práctico de su pontificado. En definitiva, según León XIV, se trata de los principios del Evangelio que animan e inspiran, desde siempre, la vida y obra de la Iglesia.

Por otra parte, en el discurso pronunciado en su primera aparición en la plaza San Pedro, señaló algunas prioridades pastorales. En primer lugar, indicó la urgencia y necesidad de la paz. “Una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”. Esa paz propuesta implica el compromiso de construir puentes con el diálogo y con el encuentro. Hay aquí un aire de familia y una continuidad con lo que el papa Francisco denominó “cultura del encuentro”.

En segundo lugar, habló de una Iglesia unida, buscando siempre la paz y la justicia. En este marco recordó unas palabras emblemáticas de San Agustín: “con vosotros soy cristiano y para vosotros obispo”. La cita completa de esta frase es: "Si lo que soy para Ustedes me espanta, lo que soy con Ustedes me conforta. Para Ustedes soy Obispo, con Ustedes soy cristiano. Obispo es el nombre de una carga que se asume; cristiano es el nombre de una gracia que se recibe”. Aquí nos encontramos con una alusión explícita en torno a uno de los temas en los que tanto insistió el papa Francisco: la sinodalidad.

En tercer lugar, habló de cómo ser una Iglesia misionera que construye puentes y que está abierta a acoger a todos los que necesiten de su amor. “Una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, que busa siempre la caridad, que busca siempre estar cerca especialmente de quienes sufren”. De nuevo estamos ante otra exhortación reiterada por Francisco: todos estamos invitados a salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio.

 Otra señal indicativa de lo que será su ministerio la encontramos en la selección del nombre: León XIV. Según el nuevo Pontífice escogió ese nombre “porque el papa León XIII, con la histórica Encíclica Rerum novarum (1891), afrontó la cuestión social en el contexto de la primera gran revolución industrial” y hoy, explica, “la Iglesia ofrece a todos, su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”.

La enseñanza de la Iglesia sobre cuestiones sociales fue también acentuada por Francisco. La consideraba un pensamiento positivo y propositivo, orientado a una acción transformadora. Y, en ese sentido, un signo de esperanza.

Tenemos aquí, pues, algunos ejes teológicos pastorales que ponen de manifiesto la continuidad con el legado de Francisco al modo de León XIV. Los gestos y palabras pueden variar, pero no las opciones fundamentales: una Iglesia que proclama la centralidad del reinado de Dios; una Iglesia del buen pastor que acompaña, comprende y anima; una Iglesia movida a misericordia por el sufrimiento del otro; una Iglesia que valora los carismas y ministerios; una Iglesia que propicia la participación activa de laicos y laicas en la misión.

 

Carlos Ayala Ramírez

Profesor del Instituto Hispano de la Escuela Jesuita de Teología (Santa Clara University); profesor de la Escuela de Liderazgo Hispano “San Carlos Borromeo” Arquidiócesis de San Francisco CA.

LEÓN XIV, EL COMIENZO DE UNA NUEVA ESPERANZA

 

La entronización de un nuevo pontífice, este domingo 18 de mayo, es una buena y gran noticia para una humanidad golpeada por una densidad abrumadora de crisis, donde confluyen “guerras, cambios climáticos, desigualdades crecientes, migraciones forzadas, pobreza estigmatizada, innovaciones tecnológicas disruptivas y precariedad laboral”. Es lo que el papa Francisco denominó “policrisis” y que recién León XIV evoca por el dramatismo de un presente urgido de esperanza.

En la perspectiva del tiempo y en el devenir de la historia, no es exagerado imaginar que esa conjunción de adversidades sea única e insospechada, precisamente porque en su carácter global y como fruto de una postmodernidad desbocada, en la actualidad se configura la potencialidad destructiva del planeta, que Leonardo Boff ha descrito como la era geológica antropogénica, para graficar que en el origen de este fenómeno está la actuación humana.

Ante un panorama que ciertamente parece desolador, la misma memoria histórica y muchas experiencias personales enseñan que la humanidad no está sola ni a la deriva. En efecto, aquella realización de la promesa de un Emannuel, tan efusivamente celebrada en cada Navidad, enseña que “Dios está y sigue con nosotros” y que no abandona a la obra predilecta de su creación, la humanidad.

Con esa certeza, la irrupción de León XIV como nuevo Papa, portador de condiciones personales y pastorales excepcionales, abre un nuevo ciclo a la esperanza global, bajo la forma de una invitación universal a colaborar en esa magna tarea de reconstruir un mundo, donde cada quien tiene una cuota de responsabilidad para regenerar la Casa de Todos.

No solo hay que celebrar el advenimiento de un nuevo Pontífice, que está llamado a tender puentes de paz, fraternidad y esperanza, en medio de las realidades contrastantes de nuestro tiempo, sino, y sobre todo, hay que colaborar con la tarea titánica que la historia ha puesto bajo la responsabilidad de León XIV, con mayor razón de quienes, por las implicancias del bautismo, tenemos la obligación moral de ser corresponsables en la misión de la Iglesia de cara al mundo.

En una época marcada por una realidad policrítica, recibimos el regalo divino de las capacidades y carismas poliédricos del papa León XIV, como una inmensa esperanza para la humanidad.

 

Marco Antonio Velásquez Uribe

Religión Digital

TESTIGOS DE ESTOLc 24,46-53

col labrador

 Las lecturas de la Liturgia de la Palabra están siempre relacionadas, pero hoy, especialmente, nos damos cuenta de que, en la primera, de Hechos de los Apóstoles, y en el evangelio, se narra la misma experiencia, aunque presente matices diversos. Es el mismo autor, Lucas, quien lo hace para mostrar que este acontecimiento es nexo clave entre sus dos libros: de este modo termina el evangelio (Lc 24,46-53) y comienza el libro de los Hechos (Hch 1,1-11), es decir, finaliza la narración sobre la vida, muerte y resurrección de Jesús y comienza la de sus seguidores, la de la Iglesia.

Es ésta la experiencia que impulsa a la Iglesia a seguir adelante: la certeza de que Jesús, después de padecer y morir, fue resucitado y permanece con nosotros de un modo nuevo. En ambos textos encontramos las mismas afirmaciones: por un lado, el recuerdo de la pasión, muerte y Resurrección de Jesús y, por otro, el cumplimiento de la promesa de Dios de que nunca nos dejará solos, sino que nos acompañará a través de su Espíritu, de su Ruah Santa.

Es la experiencia de la Resurrección de Jesús la que posibilita a los discípulos seguir adelante. La certeza de que, al ser resucitado, Él no se aleja, no abandona, sino que ya ha cumplido su misión: bajó a nosotros, se abajó hasta las profundidades de la tierra para que pudiéramos recibir la vida, y para siempre. Y en esa experiencia, como un modo de glorificarle y exaltarle, se comprende la narración de la Ascensión. Ésta no es algo diferente a la Resurrección, sino que es una dimensión más de esa experiencia de vida nueva de quien se había entregado por amor y ahora se encuentra de otro modo entre nosotros.

Comienza, en este momento, un tiempo nuevo para la Iglesia, nuestro tiempo, en el que Jesús Resucitado nos hace testigos y nos bendice. Muchas veces lo había hecho a lo largo de su vida, como signo de amor y de cuidado, de conexión íntima con la persona. Ahora es el tiempo de ser testigos de esto, es decir, de vivir “a su modo”, de dar testimonio personal de Cristo, de su persona, su vida, muerte y resurrección por amor al Padre y a la humanidad. Toca ser evangelios vivos.

Tarea nada fácil en medio de este mundo en el que parece que la injusticia, el egoísmo y la codicia están teniendo la última palabra. Estamos siendo testigos del tremendo sufrimiento y dolor que esto está causando a tantos miles de hermanos y hermanas en guerras prolongadas, en fronteras cerradas, en pobreza y desolación. Es aquí, en medio de nuestra realidad cotidiana, en la que somos llamados a dar un testimonio de Esperanza y de Amor sin medida. Fortalezcámonos en la alegría y la valentía pascuales que durante todo este tiempo la Palabra nos ofreció, sostengámonos en esos encuentros con el Resucitado que se nos han regalado. Él no nos deja solos.

Hace poco más de un año, en un día como el de hoy, el Papa Francisco entregaba y leía la bula de convocatoria del Jubileo de la Esperanza. Que no quede en el olvido su invitación: “Hermanos y hermanas, que el Señor resucitado y ascendido al cielo nos dé la gracia de redescubrir la esperanza −redescubrir la esperanza, repetía Francisco−, de anunciar la esperanza y de construir la esperanza”.

 

QUEDAOS EN LA CIUDAD

fe adulta

A veces es preciso intentar hacer lecturas “inhabituales” para que el texto pueda adquirir luz y, desde ahí, iluminar nuestra vida cristiana.

En la escena que hemos leído se dice a los discípulos después de la resurrección de una forma tajante: QUEDAOS EN LA CIUDAD. Alude a la ciudad de Jerusalén. Parece que, tras la muerte de Jesús, el discipulado quiera marcharse a su tierra, a Galilea. Volver a lo de siempre, olvidar el fracaso de Jesús, creer que lo de Jesús ha sido un mal sueño.

Por eso se les conmina a quedarse en la ciudad hasta que el Espíritu, las situaciones de la vida, marquen las pautas a seguir. Quedarse en la ciudad, ejercer la ciudadanía en la forma nueva de una vida creyente en Jesús. Fe y ciudadanía han de ir unidas. El Espíritu toma a la ciudadanía como mediación necesaria. No se puede ser creyente fuera de la ciudadanía.

¿Cómo podemos ser nosotros hoy ciudadanos creyentes?

· Cumpliendo nuestras obligaciones ciudadanas: fiscales, legales, judiciales. Un cristiano que no cumple con sus obligaciones ciudadanas contradice su fe, la desvirtúa y su antitestimonio es una siembra de sal.

· Cuidando la ciudad: sintiéndola como cosa y como casa propia, teniendo por ella el mismo cuidado que el que tenemos por nuestra propia vivienda. Y esto, hasta en los detalles.

· Siendo buenos vecinos: cosa nada despreciable porque se trata de ser bueno (como Dios es bueno) y ser vecino (cercano como Dios en su encarnación). No nos parezca exagerado: nuestro comportamiento vecinal es el lenguaje de un estilo de fe u otro.

Hace unos días decía el Papa León: "La falta de fe lleva a menudo consigo a dramas como la pérdida del sentido de la vida, el olvido de la misericordia, la violación de la dignidad humana en sus formas más dramáticas, la crisis de la familia y tantas heridas más que acarrean no poco sufrimiento en nuestra sociedad". Es posible que todo esto sea cierto. Pero la causa de estas negativas consecuencias también es la carencia de sentido ciudadano.

Tal vez hemos llegado a creer que una fe espiritual era la que no tocaba ni se manchaba con las realidades terrenas. Es una equivocación: justamente en lo terreno, en la historia humana, ha de cobrar rostro nuestra fe, singularmente en la historia de sus sufrimientos. El de Gaza es ahora prioritario: “Gritemos alto y claro contra el drama humanitario que ocurre en Gaza por la acción del Gobierno de Israel. No cabe el silencio usando el argumento de que el Gobierno de España lo utiliza como escudo para ocultar otros problemas” (presidente de la Conferencia Episcopal Española). Cuestión de humanidad y de ciudadanía.

 

BENDECIR José Antonio Pagola


Según el sugestivo relato de Lucas, Jesús vuelve a su Padre «bendiciendo» a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús deja tras de sí su bendición. Los discípulos responden al gesto de Jesús marchando al templo llenos de alegría. Y estaban allí «bendiciendo» a Dios.

La bendición es una práctica arraigada en casi todas las culturas como el mejor deseo que podemos despertar hacia otros. El judaísmo, el islam y el cristianismo le han dado siempre gran importancia. Y, aunque en nuestros días ha quedado reducida a un ritual casi en desuso, no son pocos los que subrayan su hondo contenido y la necesidad de recuperarla.

Bendecir es, antes que nada, desear el bien a las personas que vamos encontrando en nuestro camino. Querer el bien de manera incondicional y sin reservas. Querer la salud, el bienestar, la alegría... todo lo que puede ayudarles a vivir con dignidad. Cuanto más deseamos el bien para todos, más posible es su manifestación.

Bendecir es aprender a vivir desde una actitud básica de amor a la vida y a las personas. El que bendice vacía su corazón de otras actitudes poco sanas como la agresividad, el miedo, la hostilidad o la indiferencia. No es posible bendecir y al mismo tiempo vivir condenando, rechazando, odiando.

Bendecir es desearle a alguien el bien desde lo más hondo de nuestro ser, aunque no somos nosotros la fuente de la bendición, sino solo sus testigos y portadores. El que bendice no hace sino evocar, desear y pedir la presencia bondadosa del Creador, fuente de todo bien. Por eso solo se puede bendecir en actitud agradecida a Dios.

La bendición hace bien al que la recibe y al que la practica. Quien bendice a otros se bendice a sí mismo. La bendición queda resonando en su interior como plegaria silenciosa que va transformando su corazón, haciéndolo más bueno y noble. Nadie puede sentirse bien consigo mismo mientras siga maldiciendo a otro en el fondo de su ser. Los seguidores de Jesús somos portadores y testigos de la bendición de Jesús al mundo

CELEBRAMOS UN RELATO SIMBÓLICO, NO UN ACONTECIMIENTO HISTÓRICOASCENSIÓN (C) Lc 24,46-53

 Hemos llegado al final del tiempo pascual. La Ascensión es una fiesta que resume todo lo celebrado desde la muerte de Jesús el Viernes Santo. Lucas, que es el único que relata la ascensión, nos da dos versiones muy distintas sin inmutarse: una al final del evangelio y otra al comienzo del los Hechos. Para comprenderlo, es necesario ponernos en su lugar.

El mundo dividido en tres estadios: el superior, habitado por la divinidad. El del medio era la realidad terrena y humanos. El tercer estadio es el inframundo donde mora el maligno. La encarnación era una bajada del Verbo, desde la altura a la tierra. Su misión era la salvarnos, por eso tuvo que bajar a los infiernos (inferos) para que la salvación fuera total.

No tiene sentido seguir hablando de bajada y subida. Si no intentamos cambiar la mente, estaremos transmitiendo conceptos que hoy no podemos comprender. Una cosa fue la predicación de Jesús y otra la vivencia de la comunidad, después de la experiencia pascual. El telón de fondo es el mismo, el Reino de Dios, vivido y predicado, pero a los primeros cristianos les llevó tiempo encontrar la manera de trasmitir lo que había experimentado.

Resurrección, ascensión, sentarse a la derecha de Dios, envío del Espíritu apuntan a una misma realidad, pero no material sino vivencial, pascual: El final de Jesús no fue la muerte sino la Vida. El misterio pascual es tan rico que no podemos abarcarlo con una sola imagen. Lo desdoblamos artificialmente para ir analizándolo por partes y poder digerirlo.

Una vez muerto, Jesús pasa a otro plano donde no existe tiempo ni espacio. Sin tiempo y sin espacio no puede haber sucesos. En los discípulos sí sucedió algo. Su experiencia de resurrección sí fue constatable y la vivieron con una gran intensidad. Sin esa experiencia que fue un proceso que duró muchos años, no hubiera sido posible la religión cristiana.

Los tres días para la resurrección, los cuarenta días para la ascensión, los cincuenta días para la venida del Espíritu, son tiempos teológicos, Kairós. Lucas, en su evangelio, pone todas las apariciones y la ascensión en el mismo día. En cambio, en los Hechos habla de cuarenta días de permanencia de Jesús con sus discípulos y a continuación la ascensión.

Solo Lucas al final de su evangelio y al comienzo de los “Hechos”, narra la ascensión. Si los dos relatos constituyeron al principio un solo libro, se duplicó el relato para dejar uno como final y otro como comienzo. Para él, el evangelio es el relato de todo lo que hizo y enseñó Jesús; los Hechos es el relato de todo lo que hicieron los primeros seguidores.

Esa constatación de la presencia de Dios como Espíritu, primero en Jesús y luego en los discípulos, es la clave de todo el misterio pascual y la clave para entender la fiesta que estamos celebrando. Para visualizar esa presencia nos narra la venida del Espíritu.

La Ascensión no es más que un aspecto del misterio pascual. Jesús participa de la misma Vida de Dios y por lo tanto, está en lo más alto del “cielo”. Las palabras son apuntes para que nosotros podamos entendernos, siempre que no las entendamos al pie de la letra.

Nuestra meta, como la de Jesús, es ascender hasta lo más alto, el Padre. No se trata de movimiento alguno, sino de toma de conciencia. Como Jesús, la única manera de alcanzar la meta es descendiendo hasta lo más hondo de mí y poniendo todo al servicio de todos.

ASCENSIÓN Y ENTRONIZACIÓN DE JESÚS Un peligro que conviene evitar

fe adulta

De las tres lecturas de esta fiesta, dos son fáciles de entender: los dos relatos de la Ascensión escritos por Lucas al final del evangelio y al comienzo del libro de los Hechos; en cambio, la carta a los Efesios puede resultar un galimatías casi ininteligible. Corremos el peligro de pasarla por alto, aunque es la que da el sentido de la fiesta. Ascensión y entronización son las dos caras de la misma moneda.

Una sola cadena de televisión con dos visiones muy distintas

Los dos textos de Lucas (Hechos de los Apóstoles y evangelio) se prestan a una interpretación muy simplista, como si el monte de los Olivos fuese una especie de Cabo Cañaveral desde el que Jesús sube al cielo como un cohete. Cualquier cadena de televisión que hubiera filmado el acontecimiento habría ofrecido la misma noticia, aunque hubiera variado el encuadre de las cámaras.

En este caso solo hay presente una cadena de televisión: la de Lucas. Los otros evangelistas no cuentan la noticia. Pero Lucas ha elaborado dos programas sobre la Ascensión, y cuenta lo ocurrido de manera muy distinta, con notables diferencias. Eso demuestra que, para él, lo importante no es el hecho histórico sino el mensaje que desea transmitir. Tanto el evangelio como Hechos podemos dividirlos en dos partes: las palabras de despedida de Jesús y la ascensión. Para no alargarme, omito la introducción al libro de los Hechos.

Palabras de despedida de Jesús

En el evangelio, Jesús dice a los discípulos que su pasión, muerte y resurrección estaban anunciadas en las Escrituras. Lo ocurrido no debe escandalizarlos ni hacerles perder la fe. Todo lo contrario: deben predicar la penitencia y el perdón a todos los pueblos. Para llevar a cabo esa misión necesitan la fuerza del Espíritu Santo, que deben esperar en Jerusalén.

En el libro de los Hechos se repite lo esencial: esperar al Espíritu Santo; pero se añaden dos temas: la preocupación política de los discípulos y la idea de ser testigos de Jesús en todo el mundo (cosa que en el evangelio sólo se insinuaba).

La ascensión: dos relatos de Lucas muy distintos

· En el Evangelio, Jesús bendice antes de subir al cielo (en Hch, no).

· En Hechos una nube oculta a Jesús (en el evangelio no se menciona la nube).

· En el evangelio, los discípulos se postran (en Hch se quedan mirando al cielo).

· En el evangelio vuelven a Jerusalén; en Hch se les aparecen dos personajes vestidos de blanco.

¿Cuál es el mensaje?

Dadas estas diferencias, ¿cuál es el mensaje que pretende transmitir Lucas?

La explicación hay que buscarla en la línea de la cultura clásica greco-romana, en la que se mueve Lucas y la comunidad para la que él escribe. También en ella hay casos de personajes que, después de su muerte, son glorificados de forma parecida a la de Jesús. Los ejemplos que suelen citarse son los de Hércules, Augusto, Drusila, Claudio, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Estos ejemplos confirman que los relatos tan escuetos de Lucas no debemos interpretarlos al pie de la letra, como han hecho tantos pintores, sino como una forma de expresar la glorificación de Jesús. El final largo del evangelio de Marcos subraya este aspecto al añadir que, después de la ascensión, Jesús “se sentó a la derecha de Dios”. Y esto es lo que afirma también la Carta a los efesios.

No Ascensión, sino entronización (2ª lectura)

La carta a los efesios no habla de la ascensión. Pasa directamente de la resurrección de Jesús al momento en que se sienta a la derecha de Dios y todo queda sometido bajo sus pies. Por desgracia, la parte final, que es la más relacionada con la fiesta, y la más clara, está precedida de una oración tan recargada que resulta confusa. La idea de fondo es clara: Dios nos ha concedido tantos favores y tan grandes (vocación, herencia prometida en el cielo, resurrección) que resulta difícil entenderlos y valorarlos. Igual que nos sentimos abrumados por la inmensidad del universo, no logramos comprender lo mucho que Dios ha hecho y hace con nosotros. Por eso pide “espíritu de sabiduría”, “conocimiento profundo”, que Dios “ilumine los ojos de vuestro corazón”. Y para aclarar la grandeza del poder que actúa en nosotros, habla del poder con que resucitó a Cristo y lo sentó a su derecha, sometiendo todo bajo sus pies.

Resumen

Ante la ascensión no debemos tener sentimientos de tristeza, abandono o soledad, al estilo de la Oda de fray Luis de León (“Y dejas, pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro, con soledad y llanto…”). Como dice el evangelio, la marcha de Jesús debe provocar una gran alegría y el deseo de bendecir a Dios. Porque lo que celebramos es su triunfo, como demuestran los textos de la cultura greco-romana en los que se inspira Lucas y subraya la carta a los Efesios. Viene a la mente la imagen del acto de fin de carrera, cuando el estudiante recibe su diploma y la familia y amigos lo acompañan llenos de alegría.

Al mismo tiempo, las palabras de despedida de Jesús nos recuerdan dos temas capitales: el don del Espíritu Santo, que celebraremos de modo especial el próximo domingo, y la misión “hasta el fin del mundo”. Aunque estas palabras se refieren ante todo a la misión de los apóstoles y misioneros, todos nosotros debemos ser testigos de Jesús en cualquier parte del mundo. Para eso necesitamos la fuerza del Espíritu, y eso es lo que tenemos que pedir.

Apéndice: textos de la cultura grecolatina relacionados con la ascensión.

A propósito de Hércules escribe Apolodoro en su Biblioteca Mitológica: “Hércules... se fue al monte Eta, que pertenece a los traquinios, y allí, luego de hacer una pira, subió y ordenó que la encendiesen (...) Mientras se consumía la pira cuenta que una nube se puso debajo, y tronando lo llevó al cielo. Desde entonces alcanzó la inmortalidad...” (II, 159-160).

Suetonio cuenta sobre Augusto: “No faltó tampoco en esta ocasión un ex-pretor que declaró bajo juramento que había visto que la sombra de Augusto, después de la incineración, subía a los cielos” (Vida de los Doce Césares, Augusto, 100).

Drusila, hermana de Calígula, pero tomada por éste como esposa, murió hacia el año 40. Entonces Calígula consagró a su memoria una estatua de oro en el Foro; mandó que la adorasen con el nombre de Pantea y le tributasen los mismos honores que a Venus. El senador Livio Geminio, que afirmó haber presenciado la subida de Drusila al cielo, recibió en premio un millón de sestercios.

De Alejandro Magno escribe el Pseudo Calístenes: “Mientras decía estas y otras muchas cosas Alejandro, se extendió por el aire la tiniebla y apareció una gran estrella descendente del cielo hasta el mar, acompañada por un águila, y la estatua de Babilonia, que llaman de Zeus, se movió. La estrella ascendió de nuevo al cielo y la acompañó el águila. Y al ocultarse la estrella en el cielo, en ese momento se durmió Alejandro en un sueño eterno" (Libro III, 33).

Con respecto a Apolonio de Tiana, cuenta Filóstrato que, según una tradición, fue encadenado en un templo por los guardianes. “Pero él, a medianoche se desató y, tras llamar a quienes lo habían atado, para que no quedara sin testigos su acción, echó a correr hacia las puertas del templo y éstas se abrieron y, al entrar él, las puertas volvieron a su sitio, como si las hubiesen cerrado, y que se oyó un griterío de muchachas que cantaban, y su canto era: Marcha de la tierra, marcha al cielo, marcha” (Vida de Apolonio de Tiana VIII, 30).

Sobre la nube véase también Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma I,77,2: “Y después de decirle esto, [el dios] se envolvió en una nube y, elevándose de la tierra, fue transportado hacia arriba por el aire”.

 

¿TESTIGOS DE LA VERDAD… O DE LA PROPIA CREENCIA? Fiesta de la Ascensión 1 de junio Lc 24, 46-53

fe adulta

Pareciera como si, por defecto, el ser humano tendiera a ser proselitista. Detrás de esa tendencia, parecen apreciarse dos hechos significativos: una necesidad básica de seguridad y un anhelo noble de hacer el bien. Lo que sucede es que, con frecuencia, el modo como ambos se han articulado ha producido efectos muy perjudiciales.

La necesidad de seguridad lleva a identificar la propia creencia con la verdad. Lo que solo era un mapa mental se confunde con el territorio definitivo. Al instante, la persona cree estar en posesión de la verdad, a la vez que crece en ella la sensación de seguridad. No cabe duda de que esa creencia parece otorgarle algo que desea constantemente: llevar el control.

Pero hay también un anhelo noble: ayudar a los otros a vivir, ofreciéndoles aquello que a uno mismo le ha hecho bien. Esto explica que muchas veces el propio sujeto haya visto y vivido su proselitismo como un acto de amor y de servicio.

Y, sin embargo, el proselitismo siempre encierra una trampa, por lo que, antes o después, termina pasando factura. La trampa consiste en pensar que la verdad puede encerrarse en una fórmula, un concepto o una creencia, que más tarde podría “exportar” a otros. Lo cierto, sin embargo, es que la mente solo puede tener creencias o mapas, nunca la verdad.

La verdad no es “algo” que se tenga y pueda expresarse verbalmente. La verdad no puede tenerla nadie, únicamente la podemos ser. Pero, en cuanto reconoces eso, sabes que toca acallar la mente y permanecer en silencio, porque comprendes que todo otro es también verdad. Y cuando comprendes que el otro, por más que tenga una mente confusa, es verdad, como tú, habrás modificado de manera radical tu modo de verlo. No lo verás más como alguien a quien “convertir” a tu verdad, sino como la misma verdad que se está desplegando en esa persona mientras busca reconocerla.

 

PROFESIÓN DE FELc 24, 46-53 «Y mientras los bendecía, se separó de ellos»

 


La lógica nos dice que la muerte es el final del camino; que todo muere en este mundo y que el ser humano no tiene por qué ser la excepción a la regla. Heidegger, por ejemplo, afirma que «venimos de la “nada de antes” y vamos a la “nada de después”, y debemos ser capaces de aceptar esta realidad y asumir la angustia de caminar hacia la nada». Y ésta es una forma muy “lógica” de ver las cosas, pero el evangelio nos ofrece una alternativa más esperanzadora en el texto que hoy leemos … Pero es preciso leerlo bien.

Esto significa que no debemos verlo como una narración de hechos sucedidos, sino como una hermosa profesión de fe: “Jesús, tras su muerte, es exaltado al lugar que le corresponde; a la diestra del Padre”. Pero no sólo es una profesión de fe en Jesús, sino también en nosotros los seres humanos, pues con los ojos de la fe podemos ver que nuestro destino no es la muerte, sino la liberación definitiva del poder del mal que aquí nos somete; que nuestro destino es Dios; que es tal nuestra grandeza que estamos destinados a alcanzar la divinidad.

Y esto lo vemos en Jesús. Por eso Jesús es fundamentalmente para nosotros el que da sentido tanto a nuestra vida como a nuestra muerte. A nuestra vida, porque no sólo nos invita a trabajar por un mundo mejor –el Reino–, sino que nos da una excelente razón para ello: que la humanidad es el proyecto de Dios, el sueño de Dios, y que estamos invitados a participar en este proyecto como protagonistas. También da sentido a nuestra muerte, porque nos dice que no somos unos animalillos condenados a morir y desaparecer, sino que somos Hijos queridos que, tras la tarea, regresan a la casa del Padre. Es tan buena la Noticia que nos ofrece el evangelio que dudamos de que pueda ser cierta… Pero es la que en él se proclama.

Un último apunte referido al sentido de la vida.

Hay personas que buscan el sentido de la vida en Dios y fracasan, y las hay que lo buscan fuera de Dios y también fracasan. Y este hecho nos lleva a formular una consideración final. Si convenimos que la esencia de lo humano es la “humanidad”, es decir, la facultad de amar, de sentir cariño por la gente, de compadecer a quienes lo pasan mal, de solidarizarse con ellos y no permanecer indiferentes e inactivos ante la desgracia ajena, la única forma de dar sentido a la vida será a través de su práctica. Y esto puede ser independiente de las creencias o increencias de cada uno, pues cualquier actitud vital que genere humanidad es portadora de sentido, y cualquiera otra que no lo haga provocará un vacío imposible de llenar con actividades mundanas o con prácticas religiosas.

Entonces ¿cuál es la diferencia?... Pues la diferencia está en que la capacidad que ha demostrado la religión para motivar a comportamientos humanitarios es muy superior a cualquier otra. De hecho, la praxis del cristianismo se asienta en el amor fraterno; en la humanidad.

miércoles, 21 de mayo de 2025

Evangelio sin disfraces: o pastores con alma o funcionarios disfrazados -- José Carlos Enríquez Díaz

 


ataquealpoder

Hay algo más incómodo que un cura sin sotana: un cura sin coraje. Un cura que se esconde detrás de ornamentos, fórmulas y horarios de oficina mientras el mundo grita por consuelo. Mientras la gente se aleja. Mientras las heridas sangran.
Porque hoy, lo verdaderamente escandaloso no es que un sacerdote vista vaqueros. Lo escandaloso es que haya quienes aún piensen que la santidad se viste, que la autoridad se borda en la tela, que el Evangelio necesita uniforme para ser creíble. Ver noticia 

Pepa Torres: “Si una mujer tiene vocación sacerdotal no se le puede negar por cuestión de género” -- Jesús Bastante

 


Religión Digital

La religiosa ve “absolutamente anacrónico” que solo algunos hombres voten al Papa
“Soy muy consciente de las dificultades que tenemos las mujeres en la Iglesia”, subrayó Torres, quien admitió haber vivido el cónclave “con una indignación terrible”
“Me parece absolutamente anacrónico que en la elección de un Pontífice solo haya varones” Ver noticia

La ONU alerta de que 14.000 bebés podrían morir en Gaza en las próximas 48 horas ante el bloqueo de Israel a la ayuda humanitaria

 


Público

Naciones Unidas denuncia la situación de los gazatíes y critica los escasos cinco camiones con ayuda que ha permitido hasta ahora el Gobierno de Netanyahu: «Es una gota en el océano».
A pesar del anuncio de Israel sobre la autorización para la entrada de camiones con ayuda humanitaria, la comunidad internacional denuncia que los suministros siguen siendo absolutamente insuficientes ante la magnitud de la emergencia en la Franja de Gaza. Ver noticia

CRISTIANO CON NOSOTROS Y OBISPO PARA NOSOTROS


col martell

 

Laura Loomer es despiadada. Durante la campaña electoral para las últimas elecciones presidenciales en Estados Unidos de América, fue ella quien difundió la noticia falsa de que los inmigrantes haitianos en Ohio habían hecho desaparecer perros y gatos para comérselos. El presidente Donald Trump la considera una asesora de confianza. Algunos definen su relación con el término «musa inspiradora». La influencer estadounidense se expresó así sobre la elección del nuevo Papa: «A total marxist like pope Francis» -Un marxista total como el papa Francisco- y «Just another marxist puppet in the Vatican» -Solo otro títere marxista en el Vaticano-. 

Algunos consideraron estas declaraciones como comentarios delirantes. Otros las valoraron como fruto del miedo: el primer pontífice procedente de Estados Unidos de América no parece alineado con el pensamiento nacionalista expresado por el presidente del Maga. Una autoridad moral que llama a los hombres a tender puentes en disonancia con el supremacismo de los poderosos del mundo en diversas formas de barreras y muros.

Los días después de la fumata blanca están repletos de comentarios, consideraciones, análisis, reconstrucciones y teorías conspirativas. Todo el mundo parece tener que posicionarse. Y a mí también me ha pasado que, en pocas horas, me han hecho varias veces la misma pregunta: «¿Qué opinas del nuevo Papa?».

Detengámonos un instante. Preguntémonos por qué sentimos la necesidad de responder a esta pregunta. Solo han pasado unas horas desde el anuncio de que el cardenal Robert Francis Prevost ha sido elegido pontífice. ¿Por qué tenemos que tener una respuesta preparada o inmediata ante una historia que aún está por escribir? En realidad, hay razones. Son varias y merecen ser profundizadas. Intentemos identificar algunas. 

En primer lugar, no debemos pasar por alto el papel que ha desempeñado el papado en las últimas décadas de la historia de la Iglesia y la transformación que ha experimentado con respecto al pasado. El mundo se ha vuelto cada vez más global e interconectado, las figuras de referencia han disminuido en número, pero pocos líderes han asumido la responsabilidad de ser un referente para todos, para bien o para mal.

Este proceso se ha acelerado considerablemente gracias a los medios de comunicación. La Iglesia no ha sido ajena a este proceso cultural y mediático: el papado ha aumentado su relevancia pública y su poder comunicativo y, al mismo tiempo, ha disminuido la relevancia de los organismos intermedios y las comunidades locales.

En algunos casos, los pontífices han sabido interpretar con inteligencia su papel en este escenario que los ve a diario sobreexpuestos en la escena mundial: tanto Juan Pablo II como Francisco han sido comunicadores muy hábiles y se han erigido como interlocutores del mundo entero. Viajes, encuentros internacionales y gestos llamativos han acompañado su ministerio. 

La mentalidad que se ha impuesto globalmente en los últimos años como clave para interpretar cualquier acontecimiento —desde la masacre de las Torres Gemelas en adelante— es la de la competencia y el conflicto. Las formas de pensar, las culturas e incluso las religiones, al igual que los poderes económicos y políticos, se enfrentan entre sí en una lucha por la hegemonía. Cuando se forjan alianzas, se hace en nombre de la lucha contra un enemigo común, no en aras de la amistad, fraternidad, solidaridad…

La costumbre de interpretar todos los acontecimientos en términos de enfrentamiento lleva a catalogar también al Papa como filoprogresista y antiprogresista. Así, las categorías de la política parecen poder aplicarse forzosamente a la controversia eclesial: se habla de progresistas y conservadores, avanzados y tradicionalistas, moderados y radicales. Pero estas etiquetas, y las inevitables simplificaciones a las que conducen, no siempre son adecuadas para representar la realidad ni respetan la complejidad de un pensamiento. La prisa por catalogar una personalidad para situarla en un bando no parece la mejor manera de promover el camino de una realidad tan articulada, compleja, poliédrica como es la Iglesia.

El papa Francisco ha roto muchos esquemas, suspendido algunas tradiciones y cambiado el vocabulario consolidado de la Iglesia. Los zapatos negros y gastados, el utilitario para desplazarse por la ciudad, la cuenta pagada en persona en la óptica y, últimamente, el ‘poncho’ que lleva para estar con los peregrinos en la basílica de San Pedro son solo el signo exterior y más evidente de una personalidad que ha sabido imponerse con posturas y frases que a veces han tenido el tono típico de la profecía.

El Papa que vino casi del fin del mundo deja un legado incómodo y exigente. Francisco fue él mismo hasta el final: interpretó su papel de una manera poco institucional y enriqueció cada encuentro con su personalidad. También fue Francisco, en el sentido del pobre de Asís: un mensaje vivo que, tanto en la Iglesia como en la sociedad, invitó a ser auténticos y a estar arraigados en los valores fundamentales. Tener la misma fuerza no es algo al alcance de cualquiera. Y quizá no todos desean un líder tan alternativo, independiente, …, sorpresivo.

El nuevo Papa aceptó el cargo tras la votación del cónclave a su favor. Se vistió con el hábito blanco en la sala de las lágrimas. Se asomó al balcón de la fachada de San Pedro y saludó a la multitud. Su discurso fue preciso y consciente.

Se presentó como misionero: hombre enviado al mundo para hacer resonar el anuncio de la paz en nombre del «Buen Pastor, que dio su vida por el rebaño de Dios». Como todo misionero, se siente guiado por una conciencia: «el mal no prevalecerá». Como todo misionero, dirige inmediatamente su mirada a la humanidad a la que dirige el anuncio evangélico: «las familias, todas las personas, dondequiera que estén, todos los pueblos, toda la tierra». Como todo misionero, se siente parte de una Iglesia que, para ser creíble en su misión de «constructora de puentes», debe ser «un solo pueblo siempre en paz». 

En las palabras con las que el nuevo pontífice se presentó al mundo hay sin duda mucho más. Pero sobre todo hay la aceptación de un papel libre porque es evangélico. La prioridad indicada por el Concilio Vaticano II —el retorno a las raíces de la fe— parece una perspectiva acogida por León XIV en sintonía con su predecesor Francisco. Todo lo demás está por escribir. Y a la pregunta «¿Qué opinas del nuevo Papa?», quizá podamos responder con «es un cristiano con nosotros y un obispo para nosotros».

 

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Religión Digital

EL SODALICIO LIDERÓ UNA VENGANZA PARA DESACREDITAR A PREVOST Y EVITAR QUE FUERA PAPA


col martell

 

(El Diario).- Francisco disolvió definitivamente el Sodalicio de la Vida Cristiana el 14 de abril, una semana antes de morir. Con un decreto papal ponía fin a décadas de corrupción, pederastia y todo tipo de abusos. La poderosa secta católica, fundada en Perú por Luis Fernando Figari, caía tras una larga investigación periodística y un proceso vaticano en el que estuvo involucrado el nuevo Papa, Robert Prevost. Pero la vinculación del grupo con la élite judicial, económica y mediática no ha desaparecido. Por eso cuando el nombre del cardenal estadounidense empezó a sonar para suceder a Bergoglio, el Sodalicio preparó su venganza.

Parolin, Prevost y el 'efecto Miguel Ángel'

En pleno precónclave resucitaron unas acusaciones de encubrimiento de abusos lanzadas por el entorno de la secta cuando el estadounidense era obispo en Chiclayo y que ya se habían demostrado falsas. De hecho, Bergoglio encargó analizar el caso y descartó cualquier responsabilidad de Prevost antes de nombrarlo Prefecto de Obispos en la Curia. Pero con la ayuda de medios ultracatólicos –alguno de ellos españoles, como Infovaticana– aquel bulo traspasó las fronteras de Perú y se instaló en Roma en el momento en el que cardenales llegados de todas partes y que apenas se conocían entre sí se preparaban para un encierro en el que les tocaría elegir un nuevo líder para la Iglesia católica.

“Claro que es una operación que sale del Sodalicio”, confirma en un café cerca del Palacio Apostólico Pedro Salinas, el periodista peruano que junto a Paula Ugaz destapó los horrores de la secta.

“Este tema surgió hace tiempo en un portal ultraconservador que se llama La Abeja, y después un pódcast con gente vinculada al Sodalicio. Y apareció precisamente cuando Prevost había quitado a José Antonio Eguren, que era el arzobispo de Piura y Tumbes, el amo y señor de la Iglesia en un territorio manejado por el Opus Dei y el Sodalicio”, detalla Salinas.

“El modus operandi siempre es el mismo: tomas algo de verdad y la retuerces hasta el punto que la deformas y la conviertes en otra cosa. Y de ahí va saltando de un medio a otro hasta que llega a uno más respetable. No hay pruebas, pero se deja caer la sospecha”, explica Salinas. “Hubo tres víctimas, sí, pero el ocultamiento no existió. Uno sabe cuándo alguien encubre o no, sobre todo después de 15 años de investigar”, reflexiona el periodista, que explica que Prevost les llevó a él y a Ugaz al Vaticano en diciembre pasado para que le contaran de primera mano al papa Francisco los resultados de sus indagaciones sobre Figari y el Sodalicio.

 Un poder que permanece

Puede que en los papeles el Sodalicio ya no exista, pero sigue siendo un poder muy real. Se le calcula un patrimonio de millones de euros, que ahora el Vaticano debe ver cómo se incauta para, entre otras cosas, indemnizar a las víctimas. “Tienen empresas agroindustriales, mineras, agencias de viaje, tienen acciones en la línea aérea Latam, empresas en paraísos fiscales...”, enumera Salinas. “Pero mucho de esto está a nombre de testaferros. Va a ser un problema con el que tendrá que lidiar la Iglesia a la hora de la de la liquidación. No tengo ni idea de cómo lo van a hacer”, reconoce.

Quienes conocen la realidad de la iglesia católica en Perú apuntan a una fructífera convivencia entre Sodalicio y Opus, que de alguna manera se refuerzan entre sí para ejercer su poder. No hay que olvidar que el defenestrado Luis Cipriani, el primer cardenal del Opus Dei, era arzobispo de Lima hasta que Francisco lo castigó tras ser denunciado de abusos sexuales. Cipriani ha estado desafiando la voluntad del papa fallecido durante todo el precónclave, participando en las reuniones y en las ceremonias con sus ropas cardenalicias, aunque Bergoglio se lo había prohibido expresamente.

“Es una secta de manual. Hay una captación, un sistema de reclutamiento, en este caso a través de retiros a adolescentes de 14 o 15 años. Tienen colegios y también universidades. Figari quiso hacer un Opus sudamericano: era absolutamente su modelo”, explica Salinas.

Figari, el depredador sexual

Junto a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, el peruano Luis Fernando Figari es uno de los mayores depredadores sexuales en la historia de la Iglesia. Como el mexicano, también fundó una congregación religiosa, el Sodalicio para la Vida Cristiana (SVC), que durante décadas llenó los seminarios (y las arcas) de la Iglesia católica con un más que dudoso carisma y acusaciones constantes de abusos sexuales, de poder y blanqueo de capitales.

Al menos medio centenar, comenzaron a denunciar en 2001, sin que nadie les hiciera caso. Paola Ugaz y Pedro Salinas casi entran en la cárcel tras su investigación, Mitad monjes, mitad soldados, en la que desentrañaban la trama sexual y económica del fundador y sus secuaces. Y décadas después siguen teniendo causas judiciales pendientes promovidas por el entorno del Sodalicio.

Después llegaron las indagaciones del propio vaticano, que Francisco encargó a sus colaboradores Charles J. Scicluna y el español Jordi Bertomeu. Los resultados de esa investigación supusieron la expulsión de Figari y los máximos líderes del Sodalicio, primero, y finalmente su disolución. Bertomeu también se enfrenta actualmente a un proceso judicial en Perú por supuesta “revelación de secretos”.

La operación de descrédito de Prevost, que consiguió cierto eco entre la prensa internacional en vísperas del cónclave, no logró sin embargo su objetivo. El cardenal norteamericano (y peruano) fue elegido Papa con un apoyo mayoritario. Ahora resta saber cómo resolverá la compleja situación que se le presenta para acabar con el Sodalicio no solo en los papeles, sino también liquidar el dinero del complejo entramado societario para indemnizar a sus víctimas y neutralizar su influencia.

“Si ganaba Parolin esto podía quedar en nada”, arriesga Salinas. La elección de León XIV, en cambio, le da esperanzas. “Yo ya hice mi parte, y en ella me dejé años de mi vida y muchas cosas que no podré recuperar. Ahora es tiempo de que aquí –y señala hacia la catedral de San Pedro– se haga algo”.

 

Natalia Chientaroli / El Diario

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LEÓN XIV: UN PONTIFICADO DISTINTO


col koldo

 

Desde que se eligió a León XIV no dejo de escuchar que será continuador de Francisco y se “inventan” inclusive, expresiones que León XIV no ha dicho, para probarlo. Por dar algunos ejemplos, periodistas de noticieros colombianos decían que el León XIV había dicho que quería una “Iglesia en salida”. Puede que me equivoque, pero hasta el día de hoy no le escuché esa expresión. Por supuesto dijo, “Iglesia misionera” y podríamos entender que es el mismo sentido, pero son expresiones distintas. Luego dijeron que el nombre era por León el amigo de Francisco de Asís. El mismo Papa León XIV ya confirmó que fue por León XIII. Y más reciente dijo, citando a Francisco, que debían “ser pastores según el corazón del Padre”. Recordemos que Francisco desde el inicio dijo “pastores con olor a oveja”. La palabra “pobres” no la ha pronunciado, pero por supuesto se ha referido a los que pasan necesidad y sufren por muchas carencias. Y qué decir, del usar todos los ornamentos papales e ir a habitar en los palacios pontificios; esto marca una diferencia fundamental con Francisco.

Con todo esto no estoy diciendo que este pontificado no pueda ser muy bueno y, quien dirá, si mejor que el de Francisco, pero creo que ya podemos dejar de comparar y buscar comprender qué marcará este nuevo Papa y cuáles son sus opciones fundamentales

Esta claro que su mensaje se referirá a lo social. En casi todas sus intervenciones ha hablado de la paz, de la necesidad de rechazar toda guerra, de desarmarnos. Explícitamente se refirió a la guerra de Ucrania-Rusia, la situación inhumana de Gaza, los conflictos entre India y Pakistán. En su primer encuentro con los comunicadores sociales habló mucho de los comunicadores encarcelados por decir la verdad y llamó a una comunicación que construya la paz. Sabemos también que en Estados Unidos no todos están contentos porque saben que su postura no es afín al presidente Trump y en Perú también tuvo una postura clara frente a Fujimori. Seguiremos escuchando, muy posiblemente, este tipo de mensajes sociales que necesitamos y esperamos de cualquier pontificado. Todo esto es para celebrar.

Ahora bien, en la realidad intraeclesial, mucha gente dice que es muy cercano, sencillo, respetuoso, que escucha mucho y cuando habla lo hace con asertividad. Además, parece que es muy eficiente y tiene toda la experiencia pastoral que le debió dejar su ser obispo en la diócesis peruana de Chiclayo. Todo esto también para celebrar. Pero empiezo a ver post de aquellos que añoran la iglesia tridentina diciendo que este Papa si se expresa con el lenguaje propio de la Iglesia -el latín- y, en verdad, ha rezado casi siempre en latín (tal vez lo había también Francisco, pero no me acuerdo) y será firme en la doctrina y la proclamará con claridad (no como el Papa Francisco que para estos tradicionalistas fue ambiguo y no entendieron nada de aquello de actualizar la doctrina a los desafíos actuales).

En fin, lo que quiero expresar es que estoy extrañando a Francisco y para mi León XIV es muy distintoLo que no significa que no camine por la misma senda del Vaticano II, como ya lo dijo, y, posiblemente, impulse la iglesia sinodal. Pero, definitivamente, extraño la sencillez, de hecho, de Francisco, su hablar espontáneo y tan cercano a lo que la gente entiende. Extraño el poder ponerlo de ejemplo para intentar construir una iglesia pobre y para los pobres y el repetir tantas expresiones tan ricas, que utilizó desde el primer día de su pontificado, llenas de misericordia, inclusión, apertura, novedad, etc. Extrañaré el poder decirle al clero que se puede dejar de lado la pompa imperial para intentar acabar con tanto clericalismo porque el Papa así lo testimoniaba. Por supuesto, a Francisco le quedaron pendientes muchas cosas, incluyendo, su postura frente a los ministerios para las mujeres y una reforma de la curia romana a fondo, y es posible que León XIV llegue a concretarlo. Pero, definitivamente, León XIV es distinto a Francisco y me parece mejor, dejar de buscar coincidencias que, creo, son más ilusión que realidad.

GRUTA DE ESPERANZA

col kowalski 

Son remansos de paz y espiritualidad que cada vez hay que buscar más lejos. Una estimulante primavera provenzal, un muy antiguo establecimiento religioso a los pies de una montaña sagrada, un inmenso verde de bosque y blanco de piedra gastada, una belleza original y pura, al igual que cuando ella hace dos mil años la habitaba. El tiempo no debiera pasar en balde ni siquiera allí, fuera del mundo. ¿El abundante granito circundante habrá acabado penetrando las estancias conventuales, las moradas de las almas residentes? ¿La gran pared cristalizada del macizo habrá frenado el imprescindible aire fresco y renovado?

He permanecido cuatro días junto a los dominicos en la hospedería de Sainte Baume, al pie de la gruta de María Magdalena, en el sur de Francia. He estado los mismos días pegado al móvil, explorando todo lo registrado con respecto al nuevo Papa. He respirado con gran alivio entre los robles de la santa, al saber de quien venía a presidir la Iglesia tras la fumata blanca. Tuve la suerte de comunicar con alegría el nombramiento de León XIV a la comunidad que regenta el lugar.

En los paseos solitarios bajo la gruta de la "bien amada" dos palabras, dos valores han vibrado con insistencia en el interior: esperanza y paciencia. La cristiandad avanza, más lento de lo que muchos quisiéramos, pero progresa renqueante y hemos de ser pacientes. Huelga pedir a la Iglesia lo que al día de hoy no puede ofrecer. He observado atento las fotos del nuevo pontífice "peruano". Por supuesto he sonreído cuando le he visto a caballo, me he alegrado al ver las botas de goma hasta la rodilla, me he congratulado cuando comparte humilde rancho con los últimos... He visto todas las galerías de imágenes y suspirado esperanzado.

Algo en nuestro interior apela a la paciencia cuando contemplamos ahora a Robert Francis Prevost rodeado de tanta pompa y boato, al verle delante de tantas almas anhelantes de besarle la mano. Nadie negará cierta solemnidad que ha de rodear al sucesor de Pedro, pero esa devoción a otro hermano, por mayor que represente, semejara excesiva. Los detalles de sencillez y de falta de ostentación de Francisco ahora han brillado por su ausencia. La vuelta al Palacio papal, los desplazamientos en el potente SUV, el retomar alarde de vestiduras, son detalles menores, pero noticias que no terminamos de leer con agrado. De cualquier forma, el duro y gastado granito no ha retomado el Vaticano.

Paciencia también es la palabra que asalta al leer los carteles de los dominicos en la sagrada gruta prohibiendo todo acto y ceremonia que no se ajuste a la estricta ortodoxia católica. Percibo miedo a la pérdida de monopolio y una Iglesia no puede progresar y expandirse con tanta carga de temores. La figura de María Magdalena es reivindicada por la nueva espiritualidad femenina y la ancha comunión cristiana no debiera recelar por ello, más bien congratularse. Siento como si trataran de frenar de alguna manera lo incontenible que ya nos alcanza. Paciencia igualmente cuando observo una lectura poco comprometida con el "Laudato si" de Francisco, cuando he de abrir con dolor la colección de tarrinas de plástico para untar con un poco de mermelada el pan blanco del desayuno.

Paciencia cuando, por más que busco, no logro hallar la plena alegría divina, el gozo de la vida comunitaria al bajar a los oficios religiosos. Las paredes de la capilla gozan de murales llenos de luz y de color, pero miro a los frailes y trato de encontrar con dificultad en los rostros igualmente esa chispa contagiosa, ese color vivificante de una vida orante.

No desatamos baterías reivindicativas, tan solo compartimos reflexión tras los pasos por el bosque, "cosecha" después de tanto deambuleo meditativo por el singular paraje. Sólo hemos venido a recoger las flores y plantas que eventualmente se le cayeron del cesto a la santa que allí moraba, a intentar dar con la receta de sus populares ungüentos, a escrutar la orientación de su larga mirada desde la altura.

Volveremos hasta estos bosques cargados de antiguos perfumes, impregnados aún del espíritu de la Santa de Magdala, quién como nadie supo aunar en sí ternura y firmeza. Lo haremos silentes, humildes, por supuesto rendidos a todas las pautas establecidas, incluso dispuestos a reabrir una tras otra las poco ecológicas tarrinas de plástico. En nuestro interior pujará empero por latir el espíritu en permanente evolución del Eterno, de la "bien amada" ahora resucitada, por supuesto de la esperanza, pese a todo, siempre renovada.

 

EL ALIVIO LE DURÓ POCO AL OPUS DEI: LEÓN XIV EXIGE LA REFORMA DE SUS ESTATUTOS Y SE REACTIVA LA CAUSA EN ARGENTINA


col kowalski

 Una de las primeras audiencias oficiales de León XIV ha sido para atender uno de los temas más candentes de este papado que comienza, y que también está relacionado con la herencia recibida de Francisco: la situación del Opus Dei.

El pasado miércoles, Prevost citó al “moderador” del Opus, el español Fernando Ocáriz, y su segundo, el argentino Mariano Fazio, para dar un mensaje muy claro: la reforma que había ordenado Bergoglio en 2022 tras degradar al grupo ultracatólico –y que suspendieron tras la muerte del argentino– deberá concretarse cuanto antes.

La premura del encuentro señala que es un asunto al que el nuevo Papa dará prioridad, y aunque resta saber qué tan exigente será con la reforma de los estatutos, la expectativa es grande. Fuentes del Vaticano aseguran que no va a decepcionar a quienes esperan la reforma, que no solo son ex miembros y denunciantes de la organización, sino también muchas de sus filas actuales que desde hace años piden que haya un aggiornamento, una adaptación a los nuevos tiempos.

Resistencias en la cúpula 

Sin embargo, desde la cúpula hay resistencia. Por un lado, la demora evidente en los plazos de reforma de los estatutos, una tarea jurídica principalmente, enorme pero técnica. El Opus Dei presentó dos borradores, ambos rechazados por el Papa argentino y estaba a punto de presentar la tercera y definitiva versión precisamente en la misma semana de la muerte de Francisco.

La segunda señal de resistencia quedó en evidencia en cómo el Opus Dei informó sobre la reunión: llamaron “prelado” a Ocáriz, aún cuando Francisco había indicado desde su motu proprio de 2022 que desde entonces, por la desjerarquización, Ocáriz pasaba a ser un “moderador”. De hecho, así lo citó en la agenda vaticana del 14 de mayo, pero el Opus Dei no lo respetó en su web.

En un artículo muy breve el Opus Dei mencionó la presencia de Ocáriz y su número dos, el argentino Mariano Fazio, señalado en la causa en la que la Justicia de ese país acusa a la Obra de trata de personas y explotación laboral por mantener a mujeres prácticamente esclavizadas durante años. “Fue un encuentro breve, en el que el Papa manifestó su cercanía y su cariño”, dice el texto difundido por el Opus Dei. La portavoz consultada ni otras fuentes de la organización no han querido hablar de los plazos posibles para la presentación de los nuevos estatutos.

La sala de prensa vaticana no ha ofrecido ninguna información sobre la audiencia ni sobre lo que se ha tratado en ella.

Cambios en suspenso por “luto y oración”

Apenas unas horas después del anuncio de la muerte de Francisco, el 21 de abril, llegaba otro comunicado del Opus. Uno en el que se notaba que respiraba aliviado tras meses de presiones: el Congreso que debía comenzar 48 horas después y que ya tenía reunidos a los máximos líderes de todo el mundo en Roma, se reduciría a su mínima actividad para guardar luto y oración. La organización ultraconservadora católica evitaba así el ultimátum que le había dado el Papa argentino.

“En estos días de dolor por el fallecimiento del papa Francisco, estamos enfocados en la oración y en el duelo, como toda la Iglesia”, explicaba entonces Josefina Madariaga, responsable de la Oficina de Comunicación del Opus Dei en Argentina, ante la consulta por los próximos pasos de la organización tras la muerte de Jorge Bergoglio. Confirmaba la reducción al “mínimo imprescindible” del Congreso y pateaba las decisiones para más adelante: “Los temas que iban a tratarse se revisarán más adelante, ya que ahora es el tiempo del luto, de oración y de unidad de la Iglesia”.

“Esto es una gran decepción para muchos de los que formamos parte de la Obra, que desde hace tiempo pedimos cambios y vivir más de acuerdo con esta época”, admite una numeraria española con varias décadas dentro. “El Opus Dei debe cambiar y esperemos que lo haga. Hay muchas cosas que ya no pueden seguir funcionando como hasta ahora”. Según la mujer, solo las jerarquías conocen la letra de los nuevos estatutos que ahora no se sabe si verán la luz, mientras que la mayoría de los miembros no fueron consultados. “Menos aún la rama femenina”, dice la mujer, que revela que les habían advertido de que los cambios que se venían eran “dramáticos, traumáticos, históricos y revolucionarios”.

“Es muy sencillo: el Opus Dei no va a presentar nuevos estatutos si no hay quien se los exija, porque nunca han querido cambiarlos por su cuenta. Entonces es lógico que con el nuevo Papa quieran ganar tiempo”, explica un exnumerario español aún cercano a la organización.

La causa en Argentina se reactiva

En septiembre de 2024 dos fiscalías de la Argentina acusaron, tras dos años de investigación confidencial, a las máximas autoridades del Opus Dei en el país por trata y explotación de 43 mujeres para servidumbre de los miembros de élite de la organización. Entonces, se solicitó la citación a indagatoria de tres exvicarios regionales y el director de la rama femenina en ese tiempo, los cuatro sacerdotes. Sin embargo, el paso que parecía inminente se dilató hasta hoy y generó todo tipo de rumores de posibles presiones y temores de que la causa más grave que enfrenta el Opus Dei en su historia quede en nada.

El juez federal Daniel Rafecas, quien reasumió la investigación luego de la acusación de la PROTEX y el fiscal Jorge Taiano, volvió a tomarle declaración en cámara Gesell a la principal testimoniante, M.I.E., quien aportó muchísimos más detalles de sus 31 años como “mucama” sin salario y bajo celibato, pobreza y obediencia.

“La declaración de M.I.E., la víctima principal de la causa, tenía fecha fijada antes, pero la defensa pidió postergación y tomar vista de las actuaciones”, explicaron fuentes del juzgado a cargo de Rafecas respecto de la dilación. Lo que queda ahora es que se concrete la citación a indagatoria de los exvicarios regionales Carlos Nannei (1991-2000), Patricio Olmos (2000-2010), Víctor Urrestarazu (2014-2022), y el sacerdote numerario que dirigió durante casi todas estas décadas la rama femenina de la organización, Gabriel Dondo.

Las dudas siguen alrededor de la figura de Mariano Fazio, máximo responsable de la institución entre 2010 y 2014 y que desde entonces forma parte del gobierno mundial del Opus Dei en Roma con el cargo de vicario auxiliar, es decir el segundo del Prelado y posible sucesor. Fazio, que acaba de ser confirmado en esa jerarquía durante el Congreso en el que se nombraron nuevas autoridades, apareció como protagonista en la declaración de M.I.E.: la mujer confirmó que le tocó servirlo y limpiarle la habitación en la sede principal del Opus Dei de Buenos Aires cuando era vicario.

La causa por trata en la Argentina, que en 2021 se formalizó como denuncia ante el Tribunal para la Doctrina de la Fe del Vaticano, fue el origen de la decisión de una serie de medidas con las que el papa Francisco castigó al Opus Dei con una desjerarquización y la orden de reformar sus estatutos, intocables desde que los redactó el fundador, José María Escrivá de Balaguer y que se formalizaron ante el Vaticano cuando Juan Pablo II les otorgó el privilegio de la Prelatura Personal, figura jurídica única en la Iglesia Católica.

Desde la orden del Papa de modificar los estatutos pasó más de un año entre idas y vueltas. Esta iba a ser la tercera vez y definitiva para adecuarlos a su nueva realidad fuera de la jerarquía de la Iglesia católica. Aun cuando Francisco minimizaba las reformas al Opus Dei y las explicaba dentro de una serie de cambios de su pontificado, le preocupaba la posible multiplicación de las denuncias por trata y explotación contra la organización en otros países.

Antes de morir, Francisco llegó a enterarse de las denuncias contra el Opus Dei en México, que confirman que el sistema de captación y explotación de mujeres pobres como sirvientas se replicó allí también.

 

Paula Bistagnino

Religión Digital / elDiario.es