FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 12 de julio de 2023

SÍNODO DESDE ABAJO


col gerardo

 

Estoy leyendo cosas sobre el sínodo de la sinodalidad. Y ahí hablan de curas casados, mujeres diaconisas, LGBTQ+. Me parece bien y todo eso tendrá que estudiarse, pero se me queda demasiado arriba. Yo busco también una sinodalidad de la comunidad cristiana muy sencilla. Me interesa saber cómo se van a elegir los obispos en una diócesis, cómo se va a hacer el nombramiento de los cargos diocesanos y la distribución en las parroquias. Quiero saber cómo puede aterrizar la teología en las creencias sencillas y que renueven el Código de Derecho Canónico y los tratados del dogma. Que se use un lenguaje que podamos entender los cristianos sin cargos eclesiásticos ni estudios de teología.

Será necesario que la organización de una comunidad parroquial cuente con la participación de todos los cristianos. Que los diversos ministerios: catequesis, cáritas, economía, lectura de la Biblia… se hagan con la colaboración de todos los creyentes.

Lo primero es que nos sintamos afectados todos y que colaboremos como miembros activos de la comunidad parroquial. El Instrumentum Laboris veo que no quiere meterse en tocar la doctrina y tiene un lenguaje muy difícil para el pueblo sencillo. Necesitamos empezar desde abajo, desde la organización de los cristianos sencillos pasando por una revisión del mensaje para manifestar nuestra fe con un lenguaje distinto.

Hay un capítulo que siento muy necesario reformarlo con la intervención de los seglares: la celebración de la Cena del Señor. Podemos preguntar a los participantes en la celebración. Encontraremos bastantes partes que hay que modificar para que nos sintamos todos más implicados. Ya sea por el lenguaje, las palabras o el tono, no resulta fácil de leer y opinar por parte de los fieles. ¿No se puede hacer algo más sencillo?

Otro capítulo a reformar es el ropaje de los obispos y sacerdotes. Y puestos a tocar tierra, ¿podemos seguir celebrando la Cena del Señor, que lavó primero los pies, con vaso y copas de oro y con ropajes elegantes?

Y lo más necesario veo que pasemos a la catequesis ordinaria el Mensaje que nos están dando los buenos teólogos. Pasar los avances teológicos a un lenguaje distinto, sencillo, popular y nuevo. Renovar la doctrina de los teólogos que desde el Vaticano II nos están trasmitiendo. No podemos seguir con el P. Astete. Traduzcamos los contenidos de los teólogos a un lenguaje de fe nuevo. Aquí hay una necesidad inmensa de traducir las verdades del Credo a un lenguaje nuevo y trasladar los nuevos descubrimientos a un lenguaje popular. Los grandes y buenos teólogos nos transmiten, desde el concilio para acá, verdades que sustituyen a las posturas del concilio de Trento. Pongámoslo a nivel sencillo. Y profesemos las verdades que se están narrando con un estilo nuevo. Necesitamos un Sínodo de doctrina. "Abramos esos dos cajones de sastre que son el Derecho canónico (el del 83) o el Catecismo (del 94), para sacar fuera de ellos muchas cosas inservibles y hacer sitio para meter y añadir otras que hacen falta para asegurar la continuidad del camino sinodal".

“Al Nuevo Código del 83, y al Nuevo Catecismo (del 94), se les suele llamar “ratzingerianamente” nuevos, pero no son tan nuevos, porque en muchos puntos no concuerdan con Lumen Gentium ni con Gaudium et spes”. (Juan Masiá)

Se me quedan muy arriba las líneas del Sínodo. Ojalá podamos aún abajar a tierra.


LA JERARQUÍA ECLESIÁSTICA Y LAS LEYES CANÓNICAS NOS HAN ROBADO, POR SIGLOS Y MILENIOS, LO QUE NOS PERTENECE: EL SACERDOCIO


col segui

 fe adulta

Queridísima Mara: Te hago llegar las palabras que el Papa contestó a una de las chicas que estuvo participando en la entrevista con los jóvenes. A mi parecer, la entrevista es encantadora y el Papa estuvo sumamente abierto a todas las preguntas que le hicieron y mostró mucha comprensión y delicadeza en todo lo que se hablaba. Fue bonito y fluido. Vale la pena ver toda la entrevista.

Sin embargo, una de las chicas, tocó un punto clave cuando le preguntó sobre el sacerdocio femenino, y, la verdad, su contestación me resultó lamentable. Puso de manifiesto que, tanto el Papa, como todo el sistema eclesial, no ofrece ninguna esperanza sobre esta posibilidad. Es algo cerrado y dejó entender que, todo posible propuesta o disensión a lo que él piensa y el Derecho Canónico tiene normado, no es estar con Iglesia y no es la verdadera Iglesia. Me pareció fuerte esto, porque para mí no es creíble, ni por muchos creyentes.

Aquí te paso lo que le pregunta la chica y lo que dice el Papa, para que tú misma te hagas tu propio criterio.

-¿Qué opina, o se imagina usted, algún día, el puesto de ahí, que ocupa usted, de una mujer?, porque si bien nosotras participamos ¿no?, en la Iglesia y la sostenemos, pero ¿qué impide que haya una mujer en su puesto, si se imagina que alguna vez pueda haber una mujer?

-La mujer tiene su función en la Iglesia, porque la Iglesia es mujer, no es el Eglesia, es la Iglesia. La Iglesia es esposa, es la esposa de Cristo, no es el esposo, el esposo es Cristo. Y esta es nuestra fe.

Creo que a la mujer hay que promoverla. En el Vaticano la Vice gobernadora es una mujer; la comisión de lo económico, lo llevan las mujeres.  

-O sea ¿no sería posible entonces una mujer tampoco sacerdota?

-No, porque sería en la línea ministerial. Detrás de tu preocupación estás mostrando -no te enojes-, (Ella: No), una adhesión machista, porque te acompleja que la mujer no pueda ser sacerdote ¿te das cuenta?

-Sí, porque ya está, ya estamos ocupando todos los espacios, catequistas y demás; pero ¿qué impide?

-Te acompleja eso cuando no puede ser dogmáticamente y se priva a la mujer de la cosa más rica que tiene. 

-No, no, mi idea no es privar a la mujer, es sacarla de su espacio, sino que ocupe ambas igual que los hombres)

-Entonces le quita la originalidad. Es un punto dogmático serio esto, que no disminuye a la mujer, al contrario, la pone en primer lugar, pero donde tiene que estar. No es mejor ser sacerdote que no serlo. Yo respeto si alguno tiene otra idea, también es una idea, pero no es la idea verdadera, no es la fe de la Iglesia. Y ojo eso no hago disminución. Es muy importante ser mujer en la Iglesia.

Como te decía, este decir del Papa me ha parecido lamentable. Nadie debe creer que la verdadera Iglesia es solo lo que propone la ley del sistema eclesial, lo que dice el Papa, los obispos o los curas. Pues la Iglesia somos todos y todas. Lo determinante no es el Derecho Canónico, ni el catecismo, lo de decisivo y esencial es una persona: Jesús y su Evangelio. Vivir todo y pensar todo desde Jesús el Cristo. Lo que nos ha de mover y por quien hemos de ser activadas es por Jesús, desde nuestra relación personal con Él. El Espíritu Santo es quien nos inspira a todos y a todas, no solo a la jerarquía eclesiástica. La Iglesia la hemos de hacer y pensar todos y todas. El sacerdocio también es de todos y no propiedad privada y privilegio de solo curas. El Sacerdote es Cristo Jesús. Y lo que Él es, nos lo da a todos y todas sin discriminaciones.

Que a las mujeres no se nos permita ejercer el sacerdocio, no es voluntad de Dios. Digámoslo claro, es decisión de la mentalidad de los varones eclesiásticos que así lo han determinado, sometiendo a las mujeres al silencio y la exclusión. La jerarquía eclesiástica y las leyes canónicas nos han robado, por siglos y milenios, lo que nos pertenece: el sacerdocio de Cristo Jesús en nosotras. Y se lo han apropiado solo para ellos. Esto no nació así, se ha ido elaborando de manera excluyente a lo largo de la historia, relegando a las mujeres a callar, acatar y obedecer lo que ellos deciden.

Que el Papa diga que las mujeres no podemos ser sacerdotes, no es para ser creído, sino solo para ser penosamente soportado. Porque lo que es creer, creer, solo hay que creer en Dios, en Jesús, que “pasó haciendo el bien”, y comprometernos a vivir una vida para el Evangelio. Lo decisivo y fundante es que, el Resucitado nos vive dentro identificándonos con Él. Dios no nos discrimina por sexo. La discriminación a las mujeres en la Iglesia la hacen los varones eclesiásticos, no Dios. Dios hace todo con amplitud. Estrechar, restringir, prohibir, excluir, es cosa de la mezquina mentalidad humana que, al fin y al cabo, está llamada a abrirse y ser amplia y generosa como la de Dios. A imagen y semejanza nos hizo. Parezcámonos a Él.

Ninguna mujer tiene que vivir sometida a creer que tiene que ser así siempre. Es el tiempo de la mujer en la Iglesia y creo que a esto es a lo que tienen miedo. Es tiempo para hacer oír nuestras voces y comenzar a vivir esa realidad de Iglesia que está en nosotras y nunca hemos podido apalabrar. Las mujeres hemos vivido sumisas al sistema totalitario eclesial, que ha dominado sin crear diálogo ni confrontación, sino imponiendo y sometiendo. Ninguna mujer tiene que creer que las cosas han de seguir siendo solo lo que ellos dicen. Hay que tener seguridad de que, el Espíritu Santo, inspira a todo el pueblo de Dios para crear la novedad que requiere nuestro momento histórico hoy. Otra Iglesia es posible, pensada, orada, acordada por todos y todas. Y ya ha comenzado.

Papisa

Nosotras, mujeres creyentes y seguidoras de Jesús, tenemos que mirarle más a Él, escuchar más a Jesús desde dentro, para saber qué nos dice a cada una de nosotras. Jesús nos sigue interpelando con estas palabras: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Llamadas estamos a contestar a su interpelación, nadie conteste por nosotras, nadie decida por nosotras. La Iglesia debe ser novedad siempre, porque siempre debe dar respuesta a los nuevos retos y tareas que se nos presentan.

¿Dónde está en la Iglesia la voz de las mujeres a lo largo de la historia? No se trata de que seamos solo las hacedoras de cosas, no. Somos las que Jesús quiere a su lado para dialogar con nosotras, somos las que le siguen desde siempre. “Somos las amadas en el Amado transformadas”. Él nos hace sacerdotes y profetas, nos hace Eucaristía. Y nuestra identidad sacerdotal y eucarística nos ha de dar fuerza y coraje para ser celebradoras de nuestra realidad eucarística, porque no es solo cuestión de oficiales del templo, es fundamentalmente eso: identidad, ser pan de Dios que se parte y reparte, como lo hizo Jesús. El pan que yo soy crea la comunión con los demás.

La esperanza y la confianza nos hará capaces de creer que las cosas han de cambiar desde la base, haciéndolas nosotras de otra manera. Las mujeres hemos de decir quién es Jesús para nosotras, qué iglesia queremos promover y qué camino abrir. En dos mil años de cristianismo solo se ha oído la voz de los varones eclesiásticos. Es nuestro turno, nuestro tiempo. Adelante, sin miedos y decididamente ser sacerdotes y profetas con Jesús. A Él mirar, a Él escuchar, a Él seguir y con Él vivir las Bienaventuranzas del Reino.

Querida Mara, ya me dirás qué impresión te ha causado lo que dice el Papa. Sé cómo piensas y creo que te convulsionará su decir. Seguimos confiando que las cosas habrán de cambiar, esto es imparable, lo lleva el Espíritu. Siempre unidas en amor y comunión.

 

24.06.2023 | Nura (Anna Seguí Martí ocd)

Religión Digital

 

(El Papa: Hay un problema teológico, de constitución teológica. En la Iglesia están dos líneas constituyentes, como dos principios. En el ministerio están los hombres. En la maternalidad, mucho más importante todavía, están las mujeres. La promoción de la mujer va en la línea de su propia vocación de mujer, no en un machismo ministerial, porque si no disminuiríamos a la mujer.

SOY UN CONVENCIDO DE QUE LA IGLESIA O ES SINODAL O NO ES IGLESIA


col lmromero

Me siento afortunado y es una gracia de Dios, haber sido elegido para participar en la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos, “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”, que se celebrará los días 4 al 29 de octubre en el Vaticano.

Agradezco a la Conferencia Episcopal Española (CEE) que, en el mes de septiembre de 2021, confiaran en mí para formar parte del Equipo Sinodal de la CEE, en el que he venido desarrollando el servicio de secretario. La experiencia de este tiempo ha sido muy enriquecedora, porque, en contacto frecuente con los referentes diocesanos, con los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, he ido percibiendo cómo la sinodalidad ha ido calando en nuestra Iglesia que peregrina en España, pasando de ser un concepto meramente teórico a una realidad, que comienza a hacerse vida, aunque aún hay que seguir dando muchos pasos.

Durante este proceso, me han impactado las dos Asambleas Nacionales que hemos celebrado en Madrid y de un modo especial la participación en la Asamblea Europea en Praga, del 5 al 9 de febrero de 2023.

Y ahora, este nombramiento, como miembro de la próxima Asamblea del Sínodo, me llena de gran alegría y de acción de gracias a Dios y a la Iglesia, porque soy un convencido de que la Iglesia o es sinodal o no es Iglesia, porque esta característica no es algo accidental, sino sustancial, está en su ADN.

Desde mi punto de vista, el próximo Sínodo, nos guste más o menos, va a marcar un momento importante en la historia de la Iglesia, que quedará recogido en los diversos manuales de teología y otros documentos.

Un sínodo para desempolvar el Vaticano II

El papa Francisco habla de que, a nivel social, estamos en un cambio de época, y creo que este Sínodo sobre la sinodalidad puede llegar a ser el inicio también de un cambio de época a nivel eclesial, bajo la guía del Espíritu Santo. Será un Sínodo que busque desempolvar el Concilio Vaticano II, recordando la centralidad de la eclesiología de comunión, de Pueblo de Dios, fundamentada en el Misterio de Dios, Uno y Trino (Constitución Dogmática Lumen Gentium).

Por estos motivos, pienso que poder participar en este Sínodo, como sacerdote, junto al Santo Padre, los obispos, otros sacerdotes, vida consagrada y laicos, es una bendición divina, porque será una experiencia muy rica de eclesialidad, que seguramente me ayudará, desde Cristo, a avanzar en mi camino de conversión personal, a crecer en comunión, a aprender el arte del discernimiento y de la escucha, a ejercer la sinodalidad y a tener una mirada más universal.

 

Luis Manuel Romero Sánchez, Secretario de Equipo Sinodal de la CEE

Religión Digital

JOSÉ COBO: "TENDREMOS QUE CAMBIAR LENGUAJES Y AJUSTAR FÓRMULAS PASTORALES. NO VALE LO DE SIEMPRE"


col jose lorenzo

 

"Nos abrimos a un nuevo comienzo", dijo José Cobo en los arranques de su homilía de inicio de ministerio episcopal como nuevo arzobispo de Madrid, este 8 de julio, y casi de inmediato, en un solo párrafo, brindó ya un plan pastoral que, efectivamente, puede estar marcando un antes y un después si consigue llevarlo a la práctica el sustituto del cardenal Carlos Osoro. 

"Tendremos que cambiar lenguajes y ajustar fórmulas pastorales a este momento. Es verdad. No vale lo de siempre. El cambio de época lo reclama para anunciar la fascinación del Evangelio a una ciudad y a unos pueblos y unas gentes sedientas de él", señaló el nuevo pastor de la Iglesia en Madrid, pero indicando a la vez que este "nuevo comienzo se apoya en comienzos de otros que han sembrado antes".

Para quienes le han acusado de rupturista, trajo a colación una cita de alguien que fue acusado de los mismo, pero que añadió matices y perspectivas que no siempre son entendidas por quienes padecen el vértigo del cambio: "San Juan XXIII decía que 'no es el Evangelio el que cambia, sino nosotros quienes lo entendemos mejor en cada momento' -señaló Cobo-. Con el Evangelio orado y meditado en el corazón tendremos entonces el gran reto: señalar, como hacéis tantos de vosotros, lugares concretos por donde habita Dios en Madrid. Esa es la sed que necesita ser saciada a nuestro alrededor".

"No podemos ser parcelarios, sino integradores. Aprendiendo a empastar las diferencias", prosiguió el arzobispo, el más joven de España, con sus 57 años, quien convocó "no solo a 'ser' Iglesia sino a amar 'estar' en esta Iglesia.", porque "se trata de amarla, no por lo que queremos que sea, sino por lo que es".

En este sentido, hizo también un llamamiento a la unidad de una Iglesia que, efectivamente, en los últimos años ha aparecido parcelada y dividida bajo la perniciosa influencia de pastores que, sin estar, no habían acabado de irse. "Como a los apóstoles en Pentecostés, Madrid necesita escucharnos, cada uno en su propia lengua, pero unidos", indicó en una abarrotada catedral de la Almudena, en la que también estuvo acompañado por 60 obispos y las principales autoridades de la región, encabezadas por la presidenta Isabel Ayuso y el alcalde, José Luis Martínez-Almeida.

Llamada a la comunión

"Por eso -prosiguió- nos empeñaremos en dialogar y entendernos, no solo con los que pensamos de manera similar, sino también con los que ven las cosas de manera diferente. Solo así podremos discernir lo que 'el Espíritu dice a la Iglesia' de Madrid. Se trata, en suma, de escuchar primero y hablar después bajo el cantus firmus de la participación, la comunión y la misión".

Poniendo espíritu a la letra de lo que acababa de decir, Cobo trajo a la memoria de todos -algo que muchos agradecieron- la memoria de Juan de Dios Martín Velasco, "amigo y maestro", quien decía "que el futuro de la Iglesia en Madrid vendría dado, no por los grandes números, sino por el testimonio concreto y capilar de sus comunidades cristianas que fuesen realmente 'significativas' para sus vecinos". "Por eso tenemos el reto de impulsar comunidades, parroquias y realidades eclesiales de todo tipo alrededor de la misión. Comunidades abiertas, familiares y, sobre todo, que remitan a Dios", añadió

"Nuestra voz armónica como Iglesia no será la de tener la razón en todo, ni la de presumir del poder de los números, ni mucho menos de identificarnos con una u otra ideología política o cultural. Nuestra voz no aspira al monopolio del poder en nuestra sociedad. Tampoco queremos quedarnos añorando el pasado. Ni nos entretendremos en multiplicar condenas o lanzar reproches. Queremos no despistarnos demasiado por el camino. No pretendemos entretenernos con disputas estériles que distraen de lo principal. Queremos caminar siempre al ritmo ágil y libre de Jesús, el Cristo; siempre atentos a quienes quedan descartados al borde del camino".

La apuesta por los pobres

"Las migraciones, la desigualdad, la soledad, la violencia y el sinsentido son los rincones donde las personas desplazadas, los pobres, los cautivos, los ciegos y oprimidos esperan a los seguidores de Cristo unidos, para ser rescatados y reconocidos como hijos de Dios", destacó José Cobo, en una apuesta decidida en la que "no vais a encontrar a la Iglesia de Madrid en los vagones de cola", porque "el Evangelio es una potentísima locomotora capaz de ir en vanguardia aportando trascendencia, valores y una concepción del ser humano que nos ayuda a ser más felices, sabiendo que somos regalo de Dios con una doble nacionalidad: peregrinos en la tierra y convocados a ser ciudadanos del cielo".

SALIÓ EL SEMBRADOR A SEMBRAR Y SEMBRÓ AL VOLEO, A PUÑADOS, AL VIENTO DOMINGO XV TO Mt 13, 1-23

col cruz tome

fe adulta

La parábola del evangelio de hoy nos presenta la imagen de Dios como sembrador y como semilla (Palabra, Vida). Nos describe cómo es su sementera: abundante, arrojada al viento a puñados, con generosidad, con derroche y con alegría. Como todo sembrador, Dios espera una cosecha multiplicada (por cada grano una espiga) que corresponda a su esfuerzo y necesidad. La nueva cosecha la utilizará en las futuras siembras y como alimento de toda su familia.  

El evangelio de este domingo, XV del TO, pertenece al capítulo 13 de Mateo. Está ubicado en el apartado “El misterio del Reino de los Cielos. Discurso Parabólico”. En este discurso se narran diez parábolas que intentan facilitar la comprensión del Misterio del Reino. El texto de hoy es la primera. El estilo parabólico, a través de la comparación y semejanza con hechos de experiencia cotidiana, introduce información nueva y de difícil comprensión para la audiencia a la que se dirige. Es un buen recurso para hacer fácil lo difícil. Lo usa con frecuencia el buen docente para favorecer el salto de lo familiar a lo desconocido y del signo al significado. De lo conocido a lo ignorado. De lo visible a lo transcendente. El estilo parabólico tiene un riesgo: quedarse en lo superficial (anécdota, letra) y olvidar lo profundo (mensaje). Quedarse en el signo y despreciar el significado. Leída superficialmente una parábola se entiende equivocadamente. No se entiende.

A los discípulos que estaban ese día oyendo a Jesús les resultó extraño ese modo de enseñar del Maestro. La ocasión era solemne. Había tanta gente que se tuvo que embarcar para ser oído por todos. Les enseñó muchas cosas, pero en parábolas. Y al acabar el relato del sembrador añadió: “El que tenga oídos, que oiga” Los discípulos se quedaron sin entender aquello. La pregunta que hacen a Jesús “¿por qué les hablas en parábolas?” los delata. Pocos versículos después pedirán a Jesús que les explique la parábola de la cizaña. Prueba de que necesitan ayuda para entender ese modo de hablar. Como los discípulos, tampoco nosotros, con frecuencia, entendemos el modo de hablar de Jesús y también le preguntamos ¿por qué nos hablas en parábolas? Seguro que si nos ponemos en el papel de discípulo, como a ellos, la respuesta que les da Jesús a ellos sirve para nosotros. Y podremos decir: Bienvenida esa pregunta que ha merecido esta respuesta.  

La respuesta de Jesús: “A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos pero a ellos (a la gente que ha venido a oírle) no. Les hablo en parábolas porque mirando no ven y oyendo no entienden”. Y continúa con el texto de Isaías: Oír, oiréis, pero no entenderéis; mirar, miraréis, pero no veréis: Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan y yo los sane.

Mi reflexión sobre esta respuesta de Jesús. No basta oír o leer la Palabra, hay que entenderla con el corazón para hacerla vida. Esto exige un proceso con diferentes pasos: oír, escuchar, entender y poner en práctica. Si uno escucha la Palabra sin entenderla es inoperante. La Palabra entendida con el corazón, con la inteligencia espiritual, es la que da fruto al ponerla en acción. En este punto nos ayuda y completa la 1ª lectura de hoy: Is 55, 10-11 “Como baja la lluvia y la nieve sobre la tierra y no vuelve al cielo hasta empapar la tierra, fecundar y hacerla germinar, así será mi Palabra, no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo”.

La Palabra es la fuerza salvadora de Dios implantada en el corazón humano. Pero su poder salvador depende de la acogida y la respuesta que cada persona le da. Como la fertilidad de la semilla que siembra el sembrador depende del agua y la tierra, así la fecundidad de la Palabra depende de la interiorización y arraigo en la vida del ser humano. Para que la semilla sea fecunda tiene que transformarse debajo de la tierra y enraizar durante largo tiempo. Y tiene que caer en una tierra mullida, trabajada con anterioridad, dispuesta para acoger las semillas. No vale si cae en el camino, ni entre piedras ni zarzas. Así la Palabra producirá su fruto como Palabra viva, semilla fecunda, si cae en un corazón bien dispuesto.

Conclusión: No basta una lectura literal de la Escritura. Toda la Escritura es parabólica. Necesita ser comprendida, asimilada y actualizada para que produzca los frutos esperados, como luz y fuerza en el proceso de humanización y crecimiento de la persona.

 


APRENDER A SEMBRAR COMO JESÚS Domingo XV del Tiempo Ordinario 16 de julio Mt 13, 1-23

col pagola

  No fue fácil para Jesús llevar adelante su proyecto. Enseguida se encontró con la crítica y el rechazo. Su palabra no tenía la acogida que cabía esperar. Entre sus seguidores más cercanos empezaba a despertarse el desaliento y la desconfianza. ¿Merecía la pena seguir trabajando junto a Jesús? ¿No era todo aquello una utopía imposible?

Jesús les dijo lo que pensaba. Les contó la parábola de un sembrador para hacerles ver el realismo con que trabajaba y la fe inquebrantable que le animaba. Las dos cosas. Hay, ciertamente, un trabajo infructuoso que se puede echar a perder, pero el proyecto final de Dios no fracasará. No hay que ceder al desaliento. Hay que seguir sembrando. Al final habrá cosecha abundante.

Los que le escuchaban la parábola sabían que estaba hablando de sí mismo. Así era Jesús. Sembraba su palabra en cualquier parte donde veía alguna esperanza de que pudiera germinar. Sembraba gestos de bondad y misericordia hasta en los ambientes más insospechados: entre gentes muy alejadas de la religión.

Jesús sembraba con el realismo y la confianza de un labrador de Galilea. Todos sabían que la siembra se echaría a perder en más de un lugar en aquellas tierras tan desiguales. Pero eso no desalentaba a nadie: ningún labrador dejaba por ello de sembrar. Lo importante era la cosecha final. Algo semejante ocurre con el reino de Dios. No faltan obstáculos y resistencias, pero la fuerza de Dios dará su fruto. Sería absurdo dejar de sembrar.

En la Iglesia de Jesús no necesitamos cosechadores. Lo nuestro no es cosechar éxitos, conquistar la calle, dominar la sociedad, llenar las iglesias, imponer nuestra fe religiosa. Lo que nos hace falta son sembradores. Seguidores y seguidoras de Jesús que siembren por donde pasan palabras de esperanza y gestos de compasión.

Esta es la conversión que hemos de promover hoy entre nosotros: ir pasando de la obsesión por «cosechar» a la paciente labor de «sembrar». Jesús nos dejó en herencia la parábola del sembrador, no la del cosechador.


EN CADA UNO DE NOSOTROS HAY ZARZAS, PIEDRAS Y TIERRA DURA DOMINGO 15 (A) Mt 13,1-23


col fraymarcos

 fe adulta


Mateo agrupa siete parábolas en un solo capítulo. No es probable que Jesús haya dicho estas parábolas juntas. Marcos y Lucas las colocan en distintos sitios. La parábola es un género literario muy apropiado para hablar de la trascendencia. A partir de conceptos simples, tomados de la vida cotidiana y que todo el mundo conoce, nos proyecta hacia una realidad que va más allá de lo material. La parábola, por estar pegada a la vida, mantiene el frescor de lo genuino y auténtico a través del tiempo.

El relato en sí no es significativo; poco importa cómo nace y da fruto la semilla. Pero ese relato, en sí anodino, da que pensar, cuestiona mi manera de ser, me dice que otro mundo es posible y espera de mí una respuesta vital. Esta propuesta solo se puede hacer con metáforas. En toda parábola existe un punto de inflexión que rompe la lógica del relato. En esa quiebra se encuentra el verdadero mensaje. En esta parábola, la ruptura se produce al final. En la Palestina de entonces el diez por uno era una excelente cosecha. Tu tierra puede llegar a producir el ciento por uno.

El objetivo de las parábolas es sustituir una manera de ver el mundo miope, por otra abierta a una nueva realidad llena de sentido. Obliga a mirar a lo más profundo de sí mismo y descubrir posibilidades insospechadas. La parábola es un método de enseñanza que permite no decir nada al que no está dispuesto a cambiar, y decir más de lo que se puede decir con palabras al que está dispuesto a escuchar. Quien la oye debe hacer realidad la utopía del relato y vivir de acuerdo con lo sugerido.

La explicación, que los tres evangelistas ponen a continuación, no aporta nada al relato. Las parábolas ni necesitan ni admiten explicación. Jesús no pudo caer en la trampa de intentar explicarlas. La alegorización de la parábola es fruto de la primera comunidad, que intenta extraer consecuencias morales. Para descubrir el sentido hay que dejarse empapar por las imágenes. La parábola exige una respuesta personal, no retórica sino vital; obliga a tomar postura ante la alternativa de vida que propone. Si no se toma la decisión de cambiar, ya se ha definido la postura.

Los exégetas apuntan a que, en un principio, los protagonistas de la parábola fueron el sembrador y la semilla. El sembrador como ejemplo de generosidad y la semilla como ejemplo de potencial ilimitado. El objetivo habría sido animar a predicar sin calcular la respuesta de antemano. Hay que sembrar a voleo, sin preocuparse de donde cae. La semilla debe llegar a todos. Pretende que se descubra la fuerza de la semilla en sí, aunque necesite unas mínimas condiciones para desarrollarse.

No debemos dar importancia a la cantidad de respuestas. La intensidad de una sola respuesta puede dar sentido a toda la siembra. La sinuosa y larga trayectoria de la existencia humana queda justificada con la aparición de un solo Francisco de Asís o de una Teresa de Calcuta. Por eso Jesús pudo decir: El Reino ya está aquí, yo lo hago presente. Descubramos que el Reino puede estar creciendo, aunque el número de los cristianos está disminuyendo. Su plena manifestación depende de uno solo.

Más tarde se dio más importancia a las condiciones de la tierra (actitud de los oyentes). Esta alegorización no sería original de Jesús sino un intento de acomodarla a la nueva situación de los cristianos, cambiando el sentido original y haciéndola más moralizante. Aún en un sentido alegórico, no debemos pensar en unas personas como tierra buena y otras, mala. Más bien debemos descubrir en cada uno de nosotros la tierra dura, las zarzas, las piedras que impiden a la semilla fructificar.

No debemos identificar la “semilla” con la Escritura. Lo que llamamos “Palabra de Dios” es ya un fruto maduro, porque es la manifestación de una presencia que ha fructificado en experiencia personal. La verdadera “semilla” es lo que hay de Dios en nosotros. Lo importante no es la palabra, sino lo que la palabra expresa. Esa semilla lleva miles de años dando fruto, y seguirá cumpliendo su encargo. El Reino de Dios está ya aquí, pero su manera de actuar es lenta y paciente.

Juan dice: En el principio ya existía La Palabra; y la palabra era Dios. En la Palabra había Vida. La semilla es el mismo Dios-Vida germinando en cada uno. Dios está en sus criaturas y se manifiesta en todas ellas, constituyendo la semilla de todo lo que es. Los cristianos no somos privilegiados por recibir la semilla. Dios se derrama en todos y por todos de la misma manera (a voleo). Dios no se nos da como producto elaborado, sino como semilla que cada uno tiene que dejar fructificar.

Caemos en la trampa de creer que dar fruto es hacer obras grandes. La tarea fundamental del ser humano no es hacer cosas, sino hacerse. “Dar fruto” sería dar sentido a mi existencia de modo que al final de ella, la creación entera estuviera un poco más cerca de la meta. La meta de la creación es la UNIDAD. Yo no tengo que dar sentido a la creación sino impedir que por mi culpa pierda el sentido que ya tiene. Mi tarea sería no entorpecer la marcha de la creación entera hacia su objetivo.

Porque se trata de alcanzar la unidad en el Espíritu, esa plenitud de ser no la puedo encontrar encerrándome en mí mismo sino descubriendo al otro y potenciando esa relación con el otro como persona. Y digo como persona, porque generalmente nos relacionamos con los demás como cosas, de las que nos podemos aprovechar. Cuando hago esto me deshumanizo. Descubriendo al otro y volcándome en él, despliego mis posibilidades de ser. Hemos llegado a la esencia de lo humano.

“El que tenga oídos que oiga”. Esa advertencia vale para nosotros hoy. En aquel tiempo, era la doctrina oficial la que impedía comprender el mensaje de Jesús. Hoy siguen siendo los prejuicios religiosos los que nos mantienen atados a las falsas seguridades que nos sigue ofreciendo una religión muy alejada de los orígenes. Aferrarnos a esas seguridades sigue impidiendo una respuesta al mensaje. El evangelio es fácil de oír, más difícil de escuchar y cada vez más complicado de vivir.

Descubrir cuál sería el fruto al que se refiere la parábola sería la clave de su comprensión. El fruto no es el éxito externo, sino el cambio de mentalidad del que escucha. Debemos situarnos en la vida con un sentido nuevo de pertenencia, una vez superada la tentación del individualismo. El fruto sería una nueva manera de relacionarse con Dios, consigo, con los demás y con la naturaleza. No se puede crecer en humanidad sin relaciones. Toda meditación tiene como fin la unidad.

RESPUESTAS PARA UNA CRISIS DE LA IGLESIA DOMINGO 15 TO. CICLO A

 col sicre art


Una crisis con cinco interrogantes y siete parábolas (Mt 13)

Al llegar a este momento del evangelio de Mateo (capítulo 13), el horizonte ha comenzado a oscurecerse. Lo que comenzó tan bien, con el seguimiento de cuatro discípulos, el entusiasmo de la gente ante el Sermón del Monte, los diez milagros posteriores, ha cambiado poco a poco de signo. Es cierto que en torno a Jesús se ha formado un pequeño grupo de gente sencilla, agobiada por el peso de la ley, que busca descanso en la persona y el mensaje de Jesús y se convierten en “mis hermanos, mis hermanas y mi madre”. Pero esto no impide que surjan dudas sobre él, incluso por parte de Juan Bautista; que gran parte de la gente no muestre el menor interés, como los habitantes de Corozaín y Betsaida; y, sobre todo, que el grupo religioso de más prestigio, los fariseos, se oponga radicalmente a él y a su doctrina, hasta el punto de pensar en matarlo.

Mateo está reflejando en su evangelio las circunstancias de su época, hacia el año 80, cuando los seguidores de Jesús viven en un ambiente hostil. Los rechazan, parece que no tienen futuro, se sienten desconcertados ante sus oponentes, no comprenden por qué muchos judíos no aceptan el mensaje de Jesús, al que ellos reconocen como Mesías. Las cosas no son tan maravillosas como pensaban al principio. ¿Cómo actuar ante todo esto? ¿Qué pensar? Mateo, basándose en el discurso en parábolas de Marcos, pone en boca de Jesús, a través de siete parábolas, las respuestas a cinco preguntas que siguen siendo válidas para nosotros:

¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús? ― Parábola del sembrador.

¿Qué actitud debemos adoptar con los que rechazan ese mensa­je? ― El trigo y la cizaña.

¿Tiene algún futuro este mensaje aceptado por tan pocas personas? ― El grano de mostaza y la levadura.

¿Vale la pena comprometerse con él? ― El tesoro y la piedra preciosa.

¿Qué ocurrirá a los que aceptan el mensaje, pero no viven de acuerdo con los ideales del Reino? ― La pesca.

Este domingo se lee la primera; el 16, las tres siguientes; el 17, las otras tres.

¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús?

La primera parábola, la del sembrador, responde al problema de por qué la palabra de Jesús no produce fruto en algunas personas. Parte de una experiencia conocida por un público campesino. Para nosotros, basta recordar dos detalles elementa­les: Galilea es una región muy montañosa, y en tiempos de Jesús no había tractores. El sembrador se veía enfrentado a una difícil tarea, y sabía de antemano que toda la simiente no daría fruto.

El ideal sería contar o leer esta parábola a personas que no la hayan escuchado nunca. Al final se mirarían extrañados y dirían: ¿y qué? A lo sumo, las últimas palabras de Jesús "¡Quien tenga oídos, que oiga!", les indicarían que la historieta tiene un sentido más profundo, pero no saben cuál. Estamos ante un caso de parábola enigmática, que pretende provocar la curiosidad del lector.

Por eso, inmediatamente después, surge la pregunta de los discí­pu­los: ¿Por qué les hablas en parábolas? Y esto sirve para introdu­cir el pasaje más difícil de todo el capítulo. La liturgia permite suprimir la lectura de esta parte y aconsejo seguir su sugerencia, pasando directamente a la explicación de la parábola. En cambio, considero importante leer la explicación de la parábola. ¿Por qué la palabra de Jesús no da fruto en todos sus oyentes?

Cuatro posibilidades

1) En unos, porque esa palabra no les dice nada, no va de acuerdo con sus necesi­dades o sus deseos. Para ellos no significa nada la formación de una comunidad de hombres libres, iguales, hermanos, hijos de un mismo Padre.

2) Otros lo aceptan con alegría, pero les falta coraje y capacidad de aguante para sopor­tar las persecu­cio­nes.

3) Otros dan más importancia a las necesidades prima­rias (la comida, el vestido) que al objetivo a largo plazo (el Reino de Dios). Dos situaciones extremas y opuestas, el agobio de la vida y la seducción de la riqueza, producen el mismo efecto, ahogar la palabra de Dios.

4) Finalmente, en otros la semilla da fruto. La parábola es optimista y realista. Opti­mis­ta, porque gran parte de la semilla se supone que cae en campo bueno. Realista, porque admite diversos grados de producción y de respuesta en la tierra buena: 100, 60, 30. En esto, como en tantas cosas, Jesús es mucho más comprensivo que nosotros, que sólo admitimos como válida la tierra que da el ciento por uno. Incluso el que da treinta es tierra buena (idea que podría aplicarse a todos los niveles: morales, dogmáticos, de compromiso cristiano...).

Toque de atención y acción de gracias

La parábola podría leerse también como una llamada a la respon­sabilidad y a la vigilancia: incluso la tierra buena que está dando fruto debe recordar qué cosas dejan estéril la palabra de Dios: el pasotismo, la inconstancia cuando vienen las dificulta­des, el agobio de la vida, la seducción de la riqueza.

Pero es más importante dar gracias porque el Señor ha sembrado en nosotros su palabra, la hemos acogido y, aunque solo sea un treinta por ciento, ha dado su fruto.

Llamada a la fe y al optimismo: Isaías 55,10-11 y Salmo 64

La crisis ante la situación actual puede venir en muchos casos de que centramos todo en la acción humana. Cuando nosotros fallamos, especialmente cuando fallan los demás, creemos que todo va mal. Sólo advertimos aspectos negativos. En cambio, la primera lectura de hoy, que usa también la metáfora de la semilla y el sembrador, nos anima a tener fe en la acción misteriosa de la palabra de Dios, fecunda como la lluvia, que no dejará de producir fruto.

Este breve pasaje parece muy sencillo y teológico, casi al margen de la vida diaria. Sin embargo, es el punto final de los capítulos 40-55 del libro de Isaías, donde se anuncia la liberación de Babilonia y la vuelta a la patria. ¿Cómo será posible? A través de un rey humano, Ciro de Persia, y de la Palabra de Dios, que mueve la historia.

También nosotros debemos estar convencidos de que la semilla plantada no dejará de dar fruto. Será como la palabra del Señor, que «no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad».

La acción de Dios la subraya el salmo, usando también imágenes campesinas. El Señor no solo planta la semilla, también riega la tierra, iguala los terrones, envía la llovizna, bendice los brotes. Al final, «los valles se visten de mieses que aclaman y cantan». El futuro es más esperanzador de lo que a veces pensamos.

 

TODOS ESTAMOS SEMBRADOS Domingo XV del Tiempo Ordinario 16 de julio Mt 13, 1-23

fe adulta

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(«Estar sembrado»: expresión coloquial para indicar que una persona ha sido especialmente acertada, ocurrente, ingeniosa o graciosa con su forma de hablar o actuar).

La interpretación habitual de esta parábola -como la de tantas otras- se halla condicionada por un marcado dualismo: un dios separado hace llegar su palabra a los humanos, quienes serían responsables de hacerla o no fructificar. ¿Es posible leerla con otra clave, desde un marco no dualista? ¿Hacia dónde apuntaría, en ese caso, su contenido?

Cuando se comprende que nuestro “Fondo” es uno y el mismo que el Fondo de todo lo que es -que el Fondo de lo real solo es uno y compartido: aquello que las religiones han llamado “Dios” y lo han imaginado como un ser separado-, la lectura se modifica radicalmente. Y, por lo que se refiere a nosotros mismos, alcanzamos a percibir nuestra naturaleza paradójica, los dos niveles que nos constituyen: la personalidad (nivel psicológico) y la identidad (nivel profundo o espiritual).

En el plano de la personalidad, aparecemos como seres frágiles, vulnerables y, en último término, impermanentes: formas transitorias e incluso fugaces. La identidad -el “Fondo” al que he hecho referencia-, sin embargo, es consciencia pura, plenitud de presencia. Con lo cual, podría decirse que somos la consciencia una que se despliega en una forma (o persona) particular. Podemos así comprendernos -de nuevo la paradoja- como realidad plena que, a la vez, se despliega en un proceso histórico: plenitud que notamos, al mismo tiempo, como potencialidades que buscan materializarse; aspiraciones que anhelan tomar cuerpo. Por decirlo metafóricamente, como personas, nos descubrimos habitados por “semillas” que aspiran a fructificar.

En ese mismo sentido, podemos decir que el Fondo último se visualiza en nosotros como dinamismo fecundo, sabio y poderoso que, en condiciones adecuadas, florece en belleza, verdad y bondad. Para ello, todo el conjunto de condiciones requeridas ha de posibilitar que la persona pueda vivirse en una consciencia de unidad, en una actitud de aceptación profunda, de rendición a lo que es, de alineamiento y docilidad a la vida, de vivir diciendo sí, o más exactamente, dejando que la vida pueda vivirse en ella.

 

EL OCASO DE LA P ALABRAMt 13, 1-23


col munarriz

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fe adulta

«Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta»

Quiero empezar con las palabras de José Enrique Ruiz de Galarreta en el comentario que en su día hizo al texto de esta semana:

«Hoy —decía— se nos ofrece la oportunidad de hacer un íntimo acto de fe. Pensamos en el fragor del mundo, el vértigo de los negocios, el poder de las multinacionales, la corrupción de los gobiernos, la crueldad de tantos nacionalismos e integrismos, la sistemática explotación de las personas y la destrucción de la naturaleza… y sentimos terror ante el poder de “el mal”, destructivo y avasallador. Comparado con todo esto, ¿qué son los hombres y mujeres de buena voluntad? ¿qué fuerza tiene la honradez, la solidaridad y la compasión...?»

«Es necesario —añadía— reduplicar nuestra fe en la Palabra, en el poder de Dios. La levadura fermentará esta masa. La pequeña semilla se hará árbol que romperá los muros de piedra. Jesús, grano de trigo sembrado y triturado, no fracasó. Dios no fracasa. Hay que hacer un acto de fe —por encima de toda apariencia— en que la Humanidad llegará a ser dada a luz por la fuerza de la Palabra» …

Es reconfortante la fe de José Enrique en un final feliz, pero no podemos olvidar que para lograrlo no basta con el poder de la Palabra, sino que también se precisa nuestro trabajo. Dios quiso hacernos a nosotros, sus hijos, partícipes ineludibles de su obra, sembró su Palabra en Jesús, Jesús la sembró en nosotros, y nos invitó a sembrarla a nuestro alrededor para que el poder del mal vaya decayendo; para que la humanidad alcance su destino: «Como mi Padre me envió, así os envío yo a vosotros» 

Era tal la fe de Jesús en el poder transformador de la Palabra, que no dudó en dar la vida para que prevaleciese; para que diese el fruto abundante que sin duda ha dado hasta llegar a nosotros. Pero nosotros, gente lista e ilustrada, hemos destruido todos los cauces de trasmisión de la Palabra, y lo hemos hecho de manera tan eficaz, que nuestros hijos o nuestros nietos ya no la conocen. Y éste es un problema de tal magnitud, que todos los demás palidecen ante él hasta casi desaparecer.

Y es que, si no hay Palabra, no hay semilla, ni cosecha, ni fruto, y el empeño de Jesús habrá sido en vano. Y, una vez más, cabe recordar que nuestra seña de identidad como cristianos es el compromiso con la misión. Que ser cristiano no consiste en hacer metafísica, ni en sentirse ufano de nuestro profundo conocimiento del evangelio, ni en abrazar espiritualidades ajenas o criticar a la jerarquía propia, sino en perdonar, en compadecer y en servir; es decir, en sembrar, en trabajar por el Reino… Pero claro, esta actitud es fruto de la Palabra… y desaparecerá si ésta desaparece.

La cultura religiosa ha sido tradicionalmente la cultura del pueblo, y el conocimiento generalizado de la Palabra hacía que la gente se comportase mejor. En el mundo de nuestros abuelos había un empeño colectivo en trasmitir la Palabra de padres a hijos, de generación en generación, y eso mantenía viva la esperanza en un mundo mejor y un final feliz. Pero hoy ese empeño ha desaparecido… y, sin Palabra, mantener la esperanza de la que hablaba José Enrique nos resulta cada vez más difícil.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer otro comentario sobre este evangelio publicado en fe adulta, pinche aquí

miércoles, 5 de julio de 2023

La justa medida puede salvar la vida y el planeta Tierra

 Leonardo Boff

        La justa medida constituye un valor universal presente en todas las culturas y representa uno de los puntos más importantes de todos los caminos éticos. Estaba inscrita en los pórticos de los templos o en los edificios públicos de Egipto, de Grecia, del Imperio romano y de otras partes. La virtud de la justa medida significa el camino del medio, ni de más ni de menos, y en la dosis correcta. Se opone a todo exceso, a toda ambición exagerada (hybris en griego). Recomienda el autocontrol, la capacidad de desprendimiento y de renuncia.

        Estamos convencidos de que una de las causas principales del caos actual, con el desequilibrio del planeta Tierra, con la devastación de casi todos los ecosistemas, con el calentamiento global que ha introducido de forma irreversible un nuevo régimen climático más caliente, que se muestra por los eventos extremos a nivel mundial, con la aparición de nuevos virus, el peor de ellos hasta ahora, el coronavirus, que se ha llevado millones de vidas, con la explosión de guerras en 18 sitios diferentes de la Tierra, particularmente la letal Guerra entre Rusia y Ucrania (detrás de la cual están la OTAN y Estados Unidos) son consecuencia de la falta de la justa medida.

        Esta falta de la justa medida es intrínseca al paradigma de la modernidad, formulado en los siglos XVII/XVIII por los padres fundadores, como Galileo Galilei, Newton, Francis Bacon y otros. Para ellos, el eje estructurador del nuevo mundo a ser construido se basaba en la voluntad de potencia o de poder, como fue identificado por Nietzsche y por toda la Escuela de Frankfurt. Según este paradigma nuevo, el ser humano se entiende como maestro y dueño de la naturaleza, en la expresión de Descartes. No se siente parte del todo natural. Este no tiene sentido en sí, ni propósito, salvo en la medida en que se ordena al ser humano, que lo trata según su conveniencia.

        En nombre de este paradigma se rompió totalmente la justa medida. Los países europeos ejercieron la voluntad de poder dominando pueblos enteros en América Latina, África y en parte de Asia. Dominaron la naturaleza, extrayendo de ella de forma ilimitada sus bienes y servicios. Dominaron la materia hasta las últimas partículas. Dominaron el secreto de la vida, el código genético y los genes. Realizando todo con furor sin sentido alguno de la justa medida. Trajeron innumerables beneficios para la vida humana, pero al mismo tiempo, por haber mandado al limbo a la justa medida, crearon para sí el principio de autodestrucción con todo tipo de armas, que, si fueran usadas, no dejarían un alma viva para contar la historia.

        Para no quedarnos sólo en conceptos, demos un ejemplo concreto: la irrupción del Covid-19, que afectó solo a la humanidad y no a los demás seres vivos, es la consecuencia directa de la voluntad de poder, de la agresión sistemática de nuestro modo de habitar el planeta Tierra destruyendo los hábitats de los virus. Sin sus nichos vitales, avanzaron sobre los seres humanos provocando la muerte de millones de personas. Por lo tanto, nos faltó la justa medida entre la intervención necesaria en la naturaleza para garantizar nuestros medios de vida y la ambición exagerada de superexplotar los bienes y servicios naturales más de lo que necesitamos, para la acumulación y el enriquecimiento,

        De esta forma, la Tierra viva perdió su equilibrio dinámico y nos envió a través del coronavirus un llamamiento a la justa medida, un mensaje de cuidado, de autocontrol y de superación de todo exceso. Ese fue el sentido del confinamiento social, del uso de mascarillas y de la urgencia de usar las debidas vacunas. Todo parece indicar que no aprendimos la lección, pues la gran mayoría ha vuelto a la antigua normalidad.

        Bien decía el pensador italiano Antonio Gramsci: “la historia es maestra pero prácticamente no tiene alumnos”. De todas formas, nos queda la lección de que debemos incluir en todo la justa medida, alimentar una relación amistosa y justa con todas las cosas si queremos garantizar un futuro para la vida humana y para nuestra civilización.

        Yendo directamente a la cuestión fundamental: la causa más inmediata y visible de la ruptura de la justa medida reside en el capitalismo como modo de producción y en el neoliberalismo como su expresión política. Los mantras de ambos son conocidos: el lucro por encima de todo, la competencia como su motor, la explotación ilimitada de los recursos naturales, el individualismo, la flexibilización de las leyes para poder realizar sin impedimento su intento de dominación/enriquecimiento.

        Si hubiéramos seguido tales mantras, gran parte de la humanidad habría sido gravemente afectada o habría desaparecido. Lo que nos salvó fue dar centralidad a la vida, la interdependencia entre todos, la solidaridad de unos con otros, el cuidado de la naturaleza y las leyes y normas que limitan los oligopolios, generadores de pobreza de gran parte de la humanidad.

        Preocupado con esta cuestión máxima, de vida y de muerte, este autor ha escrito dos libros, fruto de una amplia investigación mundial, redactados en el lenguaje más accesible posible para que todos puedan darse cuenta de la gravedad que significa la ausencia de la justa medida para la vida personal, para las comunidades, para la economía, para la cultura y para nuestra relación con la naturaleza, en último término para con la Tierra.

        El primero, publicado en 2022, El Pescador ambicioso y el pez encantado: la búsqueda de la justa medida. En él se ha preferido el género narrativo con uso de cuentos y de mitos ligados a la justa medida. El segundo, una continuación del primero, En busca de la justa medida: cómo equilibrar el planeta Tierraprocura ir de forma más reflexiva a las causas que nos llevan a perder la justa medida o lo óptimo relativo. Ambos libros plantean la pregunta angustiante: ¿es posible vivir la justa medida dentro de este sistema capitalista y neoliberal hoy globalizado?

        Respondemos, con cierta esperanza, que es posible, a condición de pasar de la cultura del exceso a una cultura de la justa medida, desarrollando un nuevo modo de habitar la Tierra, sintiéndonos parte de ella y hermanos y hermanas de todos los demás seres.

        Dicho en el lenguaje del papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti, haciendo la travesía del dominus (dueño) de la naturaleza al frater (hermano y hermana) entre nosotros y entre todos los seres de la naturaleza. Para eso es importante una ética de la justa medida a nivel personal y comunitario, en la política y en la economía, en la educación y en la espiritualidad.

        O bien organizamos nuestras sociedades dentro de los límites del planeta Tierra, viviendo en todo la justa medida o estaremos poniendo en peligro el futuro de nuestra vida y de toda la vida sobre la Tierra.

        *Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor con varios textos sobre la ecología integral y los peligros que pesan sobre la humanidad.

        Traducción de María José Gavito Milano

Atrapados en una crisis Global

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Reflexión y Liberación

José Antonio Pagola

La historia de la humanidad se encuentra en estos momentos atrapada por un sistema económico-financiero generado básicamente por el capitalismo neoliberal. Este sistema ha logrado imponer su dictadura prácticamente en todo el mundo, condicionando decisivamente el futuro de la comunidad humana. LEER NOTICIA


Antivacunas, ultracatólicos y Hazte Oír: de aquí salen los dirigentes de Vox

Público

"Yo a veces me pregunto de dónde salen. ¿De dónde salen?", le decía Pedro Sánchez este martes al presentador de El Hormiguero, Pablo Motos, que nada le rebatió al presidente del Gobierno sobre el perfil de los representantes públicos que Vox está colocando en las instituciones de la mano del Partido Popular LEER NOTICIA 

Por qué la decisión del Papa de nombrar a "Tucho" Fernández es la jugada más osada de Francisco y un mensaje dentro del Vaticano

 

BAF
El Papa Francisco designó al arzobispo de La Plata en el ministerio más importante del Vaticano.

A más de diez años de haber sido elegido Papa, Jorge Bergoglio acaba de hacer la jugada más osada de su pontificado en cuanto a designaciones. Puso al frente del ministerio del Vaticano más importante para el quehacer interno de la Iglesia a un fiel intérprete de la revolución cultural que progresivamente lleva adelante basada en mostrar un catolicismo más abierto y menos condenatorio. Una revolución cultural que tuvo en la apertura a los católicos divorciados en nueva unión y a los gays las mayores expresiones, no las únicas. LEER NOTICIA

Palestina. Infancias desplazadas bajo las bombas israelíes en Yenín: ¿Dónde está la comunidad internacional de occidente?

 

Resumen 







Medio Oriente

Sube a 11 el número de palestinos asesinados por ataques y bombardeos de fuerzas de ocupación israelíes en el campo de refugiados de Jenin, en la Cisjordania ocupada.

Centenares de infantes palestinos abandonaron sus hogares este lunes en Yenín bajo la agresión de las fuerzas de ocupación sionistas.

Una niña palestina mostró ante las cámaras su doloroso desconcierto tras ser evacuada de su hogar en el campamento de Yenín, en Cisjordania, región marcada desde este lunes por una operación de limpieza étnica desplegada por el ejército de “Israel”. LEER NOTICIA

Por qué el colapso de ecosistemas puede producirse mucho antes de lo previsto

 

Fuentes:

En todo el mundo las selvas tropicales se convierten en sabanas o tierras de cultivo, las sabanas se secan y se convierten en desiertos, la tundra helada se deshiela. En efecto, estudios científicos han registrado ahora cambios de régimen como estos en más de 20 tipos distintos de ecosistemas en los que se han sobrepasado los puntos de inflexión. En todo el mundo, más del 20 % de los ecosistemas se hallan en peligro de cambiar o colapsar en otra cosa diferente.  LEER NOTICIA

"Lo que me pide Francisco". Carta del arzobispo Víctor Manuel Fernández, nuevo Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, publicada hoy en sus redes sociales

 BAF

El arzobispo de La Plata Víctor Manuel "Tucho" Fernández, designado este sábado por el Papa Francisco como prefecto del Vaticano, publicó una carta en sus redes sociales:

Fuente:   Il sismografo 


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