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miércoles, 22 de junio de 2022

FRANCISCO HABLA CLARO SOBRE UCRANIA Y TEMAS CANDENTES

col spadaro

 

Redacción de Atrio

Ya otros medios han dado titulares y fragmentos. Yo, aún exponiéndome a una tarjeta amarilla, publico íntegro lo que el director de Civiltà Cattolica acaba de publicar sobre esta importante conversación. AD.

Conversación del Papa Francisco con los directores de las revistas culturales europeas de los jesuitas

Antonio Spadaro

19 de mayo de 2022. «¡Bienvenidos! ¿Lo ven? Estoy en mi nueva silla gestatoria», bromea el Papa, aludiendo al hecho de que está en una silla de ruedas debido a un dolor en la rodilla. Francisco saluda personalmente, uno por uno, a los directores de las revistas culturales europeas de la Compañía de Jesús, reunidos en audiencia en la biblioteca privada del Palacio Apostólico.

En total son diez: p. Stefan Kiechle de «Stimmen der Zeit» (Alemania), Lucienne Bittar de «Choisir» (Suiza), p. Ulf Jonsson de «Signum» (Suecia), p. Jaime Tatay de «Razón y fe» (España), p. José Frazão Correia de «Brotéria» (Portugal), p. Paweł Kosiński de «Deon» (Polonia), p. Arpad Hovarth de «A Szív» (Hungría), Robert Mesaros de «Viera a život» (Eslovaquia), Frances Murphy de «Thinking Faith» (Reino Unido) y p. Antonio Spadaro de «La Civiltà Cattolica» (Italia). Tres directores son laicos, dos son mujeres (las de la revista suiza y la inglesa). El resto son jesuitas.

La reunión con el Pontífice tiene lugar al inicio de su encuentro anual de tres días [1]. A la audiencia asiste también el Prepósito General de la Compañía de Jesús, el Padre Arturo Sosa. «No he preparado un discurso – comenzó el Papa -, así que, si quieren, hagan preguntas. Si dialogamos, nuestro encuentro será más rico».

Santo Padre, gracias por este encuentro. ¿Cuál es el significado y la misión de las revistas de la Compañía de Jesús? ¿Tiene una misión que encomendarnos?

No es fácil dar una respuesta clara y precisa. En general, por supuesto, creo que la misión de una revista cultural es comunicar. Sin embargo, yo añadiría comunicar de la manera más encarnada posible, personalmente, sin perder la relación con la realidad y las personas, el «cara a cara». Con esto quiero decir que no basta con comunicar ideas. Hay que comunicar ideas que provienen de la experiencia. Esto para mí es muy importante.

Tomemos el ejemplo de las herejías, ya sean teológicas o humanas, porque también hay herejías humanas. En mi opinión, la herejía surge cuando la idea se desconecta de la realidad humana. De ahí que alguien dijera – Chesterton, si no recuerdo mal – que «la herejía es una idea que se ha vuelto loca». Ha enloquecido porque ha perdido su raíz humana.

La Compañía de Jesús no debería estar interesada en comunicar ideas abstractas. Se interesa, en cambio, por comunicar la experiencia humana a través de las ideas y el razonamiento: la experiencia, por tanto. Se discuten las ideas. El debate está bien, pero para mí no es suficiente. Es la realidad humana la que se discierne. El discernimiento es lo que realmente cuenta. La misión de una publicación jesuita no puede ser sólo discutir, sino que debe ser sobre todo ayudar al discernimiento que lleva a la acción.

Y a veces, para discernir, ¡hay que tirar una piedra! Pero si en lugar de lanzar una piedra, se lanza… una ecuación matemática, un teorema, entonces no habrá movimiento, y por tanto no habrá discernimiento.

Observen que este fenómeno de las ideas abstractas en el hombre es antiguo. Caracterizó, por ejemplo, la escolástica decadente, una teología de puras ideas, totalmente alejada de la realidad de la salvación, que es el encuentro con Jesucristo. Por eso, una revista cultural debe trabajar sobre la realidad, que siempre es superior a la idea. Y si la realidad es escandalosa, mejor todavía.

Por ejemplo, hace poco conocí al «Grupo Santa Marta», que trabaja sobre la escandalosa realidad de la trata de personas. Y esto nos conmueve, nos toca y nos hace seguir adelante. En cambio, las ideas abstractas sobre la esclavitud de las personas no conmueven a nadie. Hay que partir de la experiencia y de su narración.

Este es el principio que quería transmitirles y recomendarles: que la realidad es superior a la idea, y por tanto hay que dar ideas y reflexiones que surjan de la realidad.

Cuando entras sólo en el mundo de las ideas y te alejas de la realidad, acabas en el ridículo. Se discuten las ideas, se discierne la realidad. El discernimiento es el carisma de la Compañía. En mi opinión, es el primer carisma de la Compañía y es en lo que la Compañía debe seguir centrándose, también en la tarea de llevar adelante las revistas culturales. Deben ser revistas que ayuden y promuevan el discernimiento.

La Compañía está presente en Ucrania, parte de mi provincia. Estamos viviendo una guerra de agresión. Escribimos sobre ello en nuestras revistas. ¿Cuál es su consejo para comunicar la situación que estamos viviendo? ¿Cómo podemos contribuir a un futuro pacífico?

Para responder a esta pregunta tenemos que alejarnos del patrón normal de «La Caperucita Roja»: la Caperucita Roja era la buena y el lobo era el malo. Aquí no hay buenos y malos metafísicos, de forma abstracta. Está surgiendo algo global, con elementos muy entrelazados. Un par de meses antes de que empezara la guerra, conocí a un jefe de Estado, un hombre sabio, que habla muy poco, muy sabio. Y después de hablar de las cosas que quería hablar, me dijo que estaba muy preocupado por la forma en que se movía la OTAN. Le pregunté por qué, y me respondió: «Están ladrando a las puertas de Rusia. Y no entienden que los rusos son imperiales y no permiten que ninguna potencia extranjera se acerque a ellos». Concluyó: «La situación podría llevar a la guerra». Esa era su opinión. El 24 de febrero comenzó la guerra. Ese jefe de Estado supo leer las señales de lo que estaba ocurriendo.

Lo que estamos viendo es la brutalidad y la ferocidad con la que esta guerra está siendo librada por las tropas, generalmente mercenarias, utilizadas por los rusos. Y los rusos prefieren enviar chechenos, sirios, mercenarios. Pero el peligro es que veamos sólo esto, que es monstruoso, y no veamos todo el drama que se está desarrollando detrás de esta guerra, que quizás fue de alguna manera provocada o no evitada. Noten el interés en el testeo y venta de armas. Es muy triste, pero al final es lo que está en juego.

Alguien podría decirme en este punto: ¡pero usted está a favor de Putin! No, no lo estoy. Sería simplista y erróneo decir tal cosa. Simplemente estoy en contra de reducir la complejidad a la distinción entre buenos y malos, sin razonar sobre las raíces e intereses, que son muy complejos. Mientras vemos la ferocidad, la crueldad de las tropas rusas, no debemos olvidar los problemas para tratar de resolverlos.

También es cierto que los rusos pensaron que todo acabaría en una semana. Pero calcularon mal. Encontraron un pueblo valiente, un pueblo que lucha por sobrevivir y que tiene una historia de lucha.

Además, debo añadir que lo que está ocurriendo ahora en Ucrania lo vemos así porque está más cerca de nosotros y toca más nuestra sensibilidad. Pero hay otros países lejanos – piensen en algunas partes de África, el norte de Nigeria, el norte del Congo – donde la guerra sigue y a nadie le importa. Piensen en Ruanda hace 25 años. Piensen en Myanmar y en los rohingya. El mundo está en guerra. Hace unos años se me ocurrió decir que estamos viviendo la tercera guerra mundial a pedazos. Para mí hoy se ha declarado la tercera guerra mundial. Esto es algo que debería hacernos reflexionar. ¿Qué le pasa a la humanidad que ha tenido tres guerras mundiales en un siglo? Yo vivo la primera guerra en la memoria de mi abuelo en el Piave. Luego la segunda y ahora la tercera. Y esto es malo para la humanidad, una calamidad. Hay que pensar que en un siglo ha habido tres guerras mundiales, ¡con todo el comercio de armas detrás!

Unos pocos años atrás, se conmemoró el desembarco de Normandía. Y muchos jefes de Estado y de gobierno celebraron la victoria. Nadie se acordó de las decenas de miles de jóvenes que murieron en la playa en aquella ocasión. Cuando fui a Redipuglia en 2014 para el centenario de la Guerra Mundial – les haré una confidencia personal -, lloré cuando vi la edad de los soldados caídos. Cuando, unos pocos año después, el 2 de noviembre – cada 2 de noviembre visito un cementerio – fui a Anzio, también lloré ahí cuando vi la edad de estos soldados caídos. El año pasado fui al cementerio francés, y las tumbas de los chicos – cristianos o musulmanes, porque los franceses enviaron para luchar incluso a los del norte de África – eran también de hombres jóvenes de 20, 22, 24 años.

¿Por qué les cuento estas cosas? Porque me gustaría que sus revistas afrontaran el lado humano de la guerra. Me gustaría que sus revistas hicieran comprender el drama humano de la guerra. Está muy bien hacer un cálculo geopolítico, estudiar las cosas en profundidad. Deben hacerlo, porque es su trabajo. Pero también intenten transmitir el drama humano de la guerra. El drama humano de esos cementerios, el drama humano de las playas de Normandía o de Anzio, el drama humano de una mujer a cuya puerta llama el cartero y que recibe una carta de agradecimiento por haber dado un hijo a la patria, que es un héroe de la patria… Y así se queda sola. Reflexionar sobre esto ayudaría mucho a la humanidad y a la Iglesia. Hagan sus reflexiones sociopolíticas, pero no descuiden la reflexión humana sobre la guerra.

Volvamos a Ucrania. Todo el mundo abre su corazón a los refugiados, a los exiliados ucranianos, que suelen ser mujeres y niños. Los hombres se quedaron combatiendo. En la audiencia de la semana pasada, dos esposas de soldados ucranianos que estaban en la acería de Azovstal vinieron a pedirme que intercediera para que se salvaran. Todos somos muy sensibles a estas situaciones dramáticas. Son mujeres con hijos, cuyos maridos se quedaron luchando ahí. Mujeres jóvenes y hermosas. Pero me pregunto: ¿qué pasará cuando se pase el entusiasmo por ayudar? Ahora que las cosas se están enfriando, ¿quién se ocupará de estas mujeres? Tenemos que mirar más allá de la acción concreta del momento, y ver cómo las apoyamos para que no caigan en el tráfico, para que no sean utilizadas, porque los buitres ya están dando vueltas.

Ucrania conoce la esclavitud y la guerra. Es un país rico que siempre ha sido dividido, desgarrado por la voluntad de quienes querían explotarlo. Es como si la historia hubiera predispuesto a Ucrania a ser un país heroico. Ver este heroísmo nos toca el corazón. ¡Un heroísmo que va de la mano de la ternura! De hecho, cuando los primeros jóvenes soldados rusos llegaron – luego enviaron mercenarios -, enviados a una «operación militar», como dijeron, sin saber que iban a la guerra, fueron las propias mujeres ucranianas las que se hicieron cargo de ellos cuando se rindieron. Gran humanidad, gran ternura. Mujeres valientes. Gente valiente. Un pueblo que no tiene miedo de luchar. Un pueblo trabajador y al mismo tiempo orgullosos de su tierra. Tengamos en cuenta la identidad ucraniana en este momento. Esto es lo que nos conmueve: ver ese heroísmo. Me gustaría destacar este punto: el heroísmo del pueblo ucraniano. Lo que tenemos ante nuestros ojos es una situación de guerra de intereses globales, venta de armas y apropiación geopolítica, que está martirizando a un pueblo heroico.

Me gustaría añadir un elemento más. Tuve una conversación de 40 minutos con el Patriarca Kirill. En la primera parte me leyó una declaración en la que daba razones para justificar la guerra. Cuando terminó, intervine y le dije: «Hermano, no somos clérigos de Estado, somos pastores del pueblo». Se suponía que nos reuniríamos el 14 de junio en Jerusalén, para hablar de nuestros asuntos. Pero con la guerra, de mutuo acuerdo, decidimos aplazar la reunión a una fecha posterior, para que nuestro diálogo no fuera malinterpretado. Espero encontrarme con él en una asamblea general en Kazajistán en septiembre. Espero poder saludarlo y hablar un poco con él como pastor.

¿Qué signos de renovación espiritual ve en la Iglesia? ¿Ve alguno? ¿Hay signos de vida nueva, de frescura?

Es muy difícil ver una renovación espiritual usando esquemas muy anticuados. Tenemos que renovar nuestra forma de ver la realidad, de evaluarla. En la Iglesia europea veo más renovación en las cosas espontáneas que están surgiendo: movimientos, grupos, nuevos obispos que recuerdan que hay un Concilio detrás, porque el Concilio que más recuerdan algunos pastores es el de Trento. Y no lo digo en broma.

El restauracionismo ha llegado a amordazar al Concilio. El número de grupos de «restauradores» – hay muchos en Estados Unidos, por ejemplo – es asombroso. Un obispo argentino me dijo que le habían pedido que administrara una diócesis que había caído en manos de estos «restauradores». Nunca habían aceptado el Concilio. Hay ideas, comportamientos que provienen de un restauracionismo que no aceptó el Concilio después de todo. El problema es precisamente éste: que en algunos contextos el Concilio aún no ha sido aceptado. También es cierto que un Concilio tarda un siglo en echar raíces. Por tanto, ¡todavía nos quedan cuarenta años para que arraigue!

Hay signos de renovación también en los grupos que dan un nuevo rostro a la Iglesia a través de la asistencia social o pastoral. Los franceses son muy creativos en esto.

Ustedes aún no habían nacido, pero yo fui testigo en 1974 del calvario del Prepósito General p. Pedro Arrupe en la Congregación General XXXII. En ese momento hubo una reacción conservadora para bloquear la voz profética de Arrupe. Hoy para nosotros ese General es un santo, pero tuvo que soportar muchos ataques. Fue valiente porque se atrevió a dar el paso. Arrupe era un hombre de gran obediencia al Papa. Una gran obediencia. Y Pablo VI lo entendió. El mejor discurso jamás escrito por un Papa a la Compañía de Jesús es el que pronunció Pablo VI el 3 de diciembre de 1974. Y lo escribió a mano. Ahí están los originales. El profeta Pablo VI tuvo la libertad de escribirlo. Por otro lado, personas vinculadas a la Curia alimentaban de alguna manera a un grupo de jesuitas españoles que se consideraban los verdaderos «ortodoxos» y se oponían a Arrupe. Pablo VI nunca entró en ese juego. Arrupe tenía la capacidad de ver la voluntad de Dios, unida a una sencillez infantil a la hora de adherirse al Papa. Recuerdo que un día, mientras tomábamos un café con un pequeño grupo, pasó y dijo: «¡Vamos, vamos! El Papa está a punto de pasar, ¡vamos a saludarlo!». ¡Era como un niño! ¡Con ese amor espontáneo!

Un jesuita de la Provincia de Loyola se había ensañado especialmente con el p. Arrupe, recordémoslo. Lo enviaron a varios lugares, incluso a Argentina, y siempre dio problemas. Una vez me dijo: «Tú eres uno de los que no entiende nada. Pero los verdaderos culpables son el padre Arrupe y el padre Calvez. El día más feliz de mi vida será cuando los vea colgados de la horca en la Plaza de San Pedro». ¿Por qué les cuento esta historia? Para que entiendan lo que fue el periodo post-conciliar. Y esto está sucediendo de nuevo, especialmente con los tradicionalistas. Por eso es importante salvar a estas figuras que defendieron el Concilio y la lealtad al Papa. Hay que volver a Arrupe: es una luz de ese momento que nos ilumina a todos. Y fue él quien redescubrió los Ejercicios Espirituales como fuente, liberándose de las rígidas formulaciones del Epitome Instituti[2], expresión de un pensamiento cerrado y rígido, más instructivo-ascético que místico.

En nuestra Europa, como en mi propia Suecia, no se puede decir que haya una fuerte tradición religiosa. ¿Cómo evangelizar en una cultura que no tiene tradición religiosa?

No me resulta fácil responder a esta pregunta. Me reuní con la Academia Sueca, que es el comité organizador del Premio Nobel de Literatura. Me trajeron un cuadro de San Ignacio que habían comprado en una tienda de antigüedades. Es un cuadro de San Ignacio del siglo XVIII. Pensé: «Un grupo de suecos me trae a San Ignacio. Él les ayudará». No sé cómo responder a esa pregunta, en realidad. Porque sólo los que viven allí, en ese contexto, pueden entender y descubrir los caminos correctos. Me gustaría señalar, sin embargo, a un hombre que es un modelo de orientación: el cardenal Anders Arborelius. No tiene miedo de nada, habla con todo el mundo y no va en contra de nadie. Siempre apunta a lo positivo. Creo que una persona como él puede señalar el camino correcto.

En Alemania tenemos un camino sinodal que algunos piensan que es herético, pero que en realidad es muy cercano a la vida real. Muchos dejan la Iglesia porque ya no confían en ella. Un caso particular es el de la diócesis de Colonia. ¿Qué le parece?

Al presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, monseñor Bätzing, le dije: «Hay una muy buena Iglesia evangélica en Alemania. No necesitamos dos. El problema surge cuando la vía sinodal proviene de las élites intelectuales y teológicas, y está muy influenciada por las presiones externas. Hay algunas diócesis en las que el Camino Sinodal se está haciendo con los fieles, con el pueblo, lentamente.

He querido escribir una carta sobre su Camino Sinodal. La escribí solo, y me llevó un mes escribirla. No quería involucrar a la Curia. Lo hice por mi cuenta. La original está en español, y la que está en alemán es una traducción. Allí escribí lo que pienso.

Luego la cuestión de la diócesis de Colonia. Cuando la situación estaba muy turbulenta, pedí al arzobispo que se marchara durante seis meses, para que las cosas se calmaran y yo pudiera ver con claridad. Porque cuando las aguas están agitadas, no puedes ver con claridad. Cuando volvió, le pedí que escribiera una carta de dimisión. Lo hizo y me lo dio. Y escribió una carta de disculpas a la diócesis. Lo dejé en su puesto para ver qué pasaba, pero tengo su dimisión en la mano.

Lo que pasa es que hay muchos grupos de presión, y bajo presión no se puede discernir. Luego hay un problema económico por el que estoy pensando en enviar una auditoría financiera. Estoy esperando que no haya presión para discernir. El hecho de que haya diferentes puntos de vista está bien. El problema es cuando hay presión. Eso no ayuda. Sin embargo, no creo que Colonia sea la única diócesis del mundo donde hay conflictos. Y la trato como a cualquier otra diócesis del mundo que tenga conflictos. Me viene a la mente una que aún no ha terminado su conflicto: Arecibo, en Puerto Rico. Es así desde hace años. Hay muchas diócesis así.

Santo Padre, somos una revista digital y también nos dirigimos a los jóvenes que están al margen de la Iglesia. Los jóvenes quieren opiniones e información rápidas e inmediatas. ¿Cómo podemos introducirlos en el proceso de discernimiento?

No debemos quedarnos quietos. Al trabajar con los jóvenes, es necesario dar una perspectiva en movimiento, no de modo estático. Debemos pedir al Señor la gracia y la sabiduría para ayudarnos a dar los pasos correctos. En mis tiempos, los trabajos con los jóvenes estaban constituidos por reuniones de estudio. Ahora no funciona así. Tenemos que hacerlos avanzar con ideales concretos, obras, caminos. Los jóvenes encuentran su razón de ser en el camino, nunca de forma estática. Algunos pueden dudar porque ven a los jóvenes sin fe, dicen que no están en gracia de Dios. ¡Dejen que Dios se ocupe de eso! Su tarea es ponerlos en camino. Creo que es lo mejor que podemos hacer.

* * *

En fin, perdonen si me he extendido demasiado, pero quería hacer hincapié en los temas del postconcilio y de Arrupe, porque el problema actual de la Iglesia es precisamente la no aceptación del Concilio.

La reunión terminó con una foto de grupo. El Papa se despidió de los participantes uno por uno, entregándoles a cada uno un rosario y algunos libros en sus respectivas lenguas.

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Reproducción reservada

NOTAS.

También asistió al encuentro el p. François Euvé, director de Études (Francia), que no pudo estar en Roma a tiempo para la audiencia. No asistieron este año por motivos de fuerza mayor Dermot Roantree, director de la revista irlandesa Studies y Ειρήνη Κουτελάκη, director de la revista griega ΑνοιχτοίΟρίζοντες. ↑

Aquí el Papa se refiere a una especie de resumen práctico en uso en la Compañía y formulado en el siglo XX, que fue considerado como un sustituto de las Constituciones. La formación de los jesuitas de la Compañía durante un tiempo estuvo marcada por este texto hasta el punto de que algunos nunca leyeron las Constituciones, que son el texto fundacional. Para el Papa, durante este periodo en la Compañía, las reglas corrían el riesgo de ahogar el espíritu. ↑

AMOR FRENTE A JURISDICCIÓN

col zapatero

 FE ADULTA

Además de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en el mes de junio se celebra también la festividad de dos santos muy importantes: san Juan Bautista y san Pedro.

Por lo que al segundo se refiere, la historia del arte en general, concretamente la escultura, y, de manera especial la pintura, nos presentan un señor serio, generalmente con barba, que tiene dos llaves en la mano; son las llaves de la Iglesia, la única puerta a través de la cual se puede entrar al Reino de los cielos, si tenemos en cuenta la expresión acuñada por san Cipriano, en el siglo III “Extra Ecclesiam nulla salus” (fuera de la Iglesia no hay salvación); las llaves, pues, como un signo jurídico “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia… Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo” (Mt 16,13-20).

Si nos remitimos al evangelio de Juan, allí nos encontramos con el Resucitado que pregunta a Pedro por tres veces seguidas “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos?”.

Han tenido que pasar muchos siglos para que lo “jurídico” haya dejado de ser patrimonio del sexo masculino, para pasar a formar parte también del mundo femenino, aunque no en la medida y en la extensión, a nivel de territorio, que debiera y, que por lo mismo, fuera de desear.

En cambio, la capacidad de amar siempre se ha considerado como una cualidad propia de ambos; aunque, para ser justos, tendríamos que decir que ha sido a la mujer a quien se le ha atribuido, casi siempre, de manera más patente. Incluso me atrevería a decir que, en ciertos momentos, no quedaba bien presentar el amor como cualidad masculina, por dar la impresión de que ello suponía rebajar al varón de la autoridad que le pertenecía, pasando a ser considerado como un blandengue y un flojo.

Así nos ha ido muchas veces y así nos sigue yendo en muchas ocasiones, también ahora, tanto a nivel social como eclesial en este caso; quizás por aquello de que lo jurídico ofrece seguridad, pues venga, a dar preminencia a lo jurídico, para que así todos los cabos queden atados y bien atados. Es en lo que la Iglesia se ha venido fundamentando desde los primeros tiempos, sin olvidar la caridad, todo hay que decirlo, pero haciendo de lo primero, en todo caso, el fundamento sobre el que apoyar lo segundo. No sé si los dogmas, en general, han servido para mucho, me temo que no e incluso para lo contrario; pero, sea como fuere, la pregunta de Jesús a Pedro “Me amas más que estos”, el evangelista Juan la sitúa después de la resurrección, precisamente porque es a partir de ese momento en que las ataduras ya no sirven (“Noli me tangere, no me toques” que el resucitado dice a María), porque la vida y las cosas pueden ser cambiadas por las leyes, pero a las personas solamente las transforma el amor. Es el amor profundo que lleva a las mujeres al sepulcro a embalsamar y cuidar el cuerpo de “su señor”, desafiando el poder y la fuerza de la ley, mientras “ellos”, incluido Pedro, continúan encerrados “por miedo a los judíos”. Y es que, cuando el amor se erige en la única ley, es capaz de desafiar al poder más fuerte, asumiendo, si fuera necesario, las consecuencias más graves. Y resulta que es a aquellas mujeres que se lanzan, transgrediendo la ley, impulsadas por el amor, en vez de a los hombres que se mantienen inmóviles, obedeciendo la ley, atenazados por el miedo, es a aquellas mujeres a quien el propio resucitado les anuncia que Él está vivo, encargándoles, a la vez, que vayan a decírselo a los “suyos”, que no hacía mucho que hasta uno de ellos había perjurado con fuerza que estaba dispuesto a morir si fuera necesario”. Es a estas mujeres, trastocadas por el amor, que les dice, y ellas se lo creen a pie juntillas, que ya no será en Jerusalén, centro neurálgico de la ley religiosa, donde le encontrarán, sino en Galilea, donde la vida de las personas es la verdadera protagonista.

Por tanto, si solo el amor es capaz de realizar, no cambios, sino transformaciones tan profundas en las personas, ¿por qué continuar haciendo de la ley, “Todo lo que ates y desates”, el fundamento y la base, en vez de fundamentarlo en el amor? ¿“Me amas más que estos”?

Creo que los dogmas, amparados siempre por la ley, no son buenos instrumentos ni buenos pedagogos de cara a ayudar a entender la mejor de las “Noticias”, como es, en este caso, que Jesús no es historia, sino vida y, además, en abundancia. Por tanto, si la Iglesia se presenta como la portadora del mensaje de Jesús, que es y consiste en el amor hasta la saciedad, ¿por qué, entonces, tiene que continuar prevaleciendo “Lo que ates y desates”, en vez “Del amor más grande que me tienes”? ¿No será, quizás, a que si se opta por lo segundo, la preminencia del varón se viene abajo? ¿Qué pasaría, si esto sucede? Pues, quizás, lo mejor; es decir, que, por una parte, el amor pasaría por delante de la jurisdicción, mientras por otra, mujer y varón quedarían situados ya para siempre al mismo nivel, que es realmente el único verdadero.

RAMANUJA, IDENTIDAD Y DIFERENCIA ENTRE EL SER HUMANO Y DIOS

col haya

 

Actualidad del tema

La acentuación de la identidad o de la diferencia entre el ser de Dios (lo esencial, su identidad) y el ser humano es frecuente tema de debate en las actuales revistas teológicas.

Un Dios personal acentúa la diferencia con los seres humanos y el universo; un Dios impersonal facilita la identificación. La religión favorece la diferencia; la espiritualidad y la mística acentúan la identificación. Solemos caracterizar el pensamiento oriental con la creencia en un Dios impersonal, y el pensamiento occidental con la creencia en un Dios personal (lamentablemente sobrecargado de antropomorfismo); en consecuencia, la espiritualidad oriental nos parece menos comprometida, y la religión occidental más comprometida y profética.

Actualmente los dos sistemas teológicos más controvertidos que tratan este tema son el No-theísmo y la No-dualidad. Ambos diluyen la diferencia, y realzan la identificación; tienden a un monismo, aunque de signo contrario.

El No-theísmo revaloriza la autonomía y libertad humana, partiendo  del “como si Dios no existiera” de Bonhöffer, (prescindiendo de lo que antecede “Ante Dios y con Dios…); de manera que, al no contar con Dios, en el mejor de los casos queda reducido a su inmanencia, absorbido por el hombre y el universo. Algunos niegan explícitamente la preexistencia de Dios respecto al mundo y establecen una necesidad recíproca entre Dios y el universo: Dios necesitaría al universo tanto como el universo necesita a Dios. Tiende a un monismo naturalista.

La teología de la No-dualidad ve en el hombre la misma identidad de Dios: no hay dualidad. Lo trascendente es la única verdadera realidad, y todo el acontecer terreno sería mera apariencia. El hombre y el universo quedan prácticamente absorbidos por Dios; no habría diferencia real. Tiende a un monismo supranatural.

Personalmente he mostrado mi preferencia por el Panenteísmo, que mantiene mejor el equilibrio entre trascendencia e inmanencia: Dios sería el gran conjunto que contiene y sobrepasa los diversos conjuntos; el hombre participa de la identidad de Dios pero se diferencia de él porque sólo es un subconjunto en esa identidad; “como el feto en el seno de la madre” según algún autor.

Hoy día en la cultura occidental, por influencia de la cultura oriental, se está introduciendo una tendencia hacia un Dios impersonal. Sin embargo tenemos el testimonio de Ramanuja (siglo XI) que encontró en las Upanishads (s. VIII-IV a C) un Dios personal, creador del universo, más semejante a la teología occidental.

La teología de Ramanuja

Agradezco a Antonio Ruiz Jiménez, colaborador de Fe Adulta, el envío de un artículo sobre Ramanuja, publicado por Gaspar Rul-Lán Buades en Fronteras CTR el 25 de abril de 2018, cuya lectura recomiendo a los que estén más interesados en este tema https://blogs.comillas.edu/FronterasCTR/?p=2972

Rul-Lán presenta a Ramanuja como hinduísta de la rama sankara (la menos conocida en Occidente) en la línea del bhakti-mārga, el camino de la unión amorosa de la criatura y el Creador. En sus comentarios a las Escrituras hindúes, estudió la naturaleza de Dios y su relación con los hombres. Este estudio mostró un equilibrio entre la trascendencia de Dios y su inmanencia en el ser humano y en todo el universo.

Contra la imagen popular de una India de innumerables dioses y diosas con sus, para los occidentales, incomprensibles ritos y ceremonias, templos e ídolos, hay que decir que siempre ha habido en aquel país, desde hace más de dos mil años, un constante movimiento popular monoteísta y anti-ritualista, fundamentado en una relación personal del hombre con el Absoluto, Brahman.

Es lo que se conoce con el nombre de bhakti-mārga, el camino de la unión amorosa de la criatura y el Creador.

Rul-Lan Buades presenta la teología de Ramanuja en cuatro temas, de los que tomaré algunos textos de Ramanuja que reflejan su pensamiento y transmiten su unión amorosa con el Creador.

1. ¿Quién es Brahman en sí mismo?

«Sabemos por las Escrituras que hay una Persona suprema cuya naturaleza es infinita felicidad y bondad; que es totalmente antagónico al mal; que es la causa del origen, el sustento y la disolución del universo; que difiere sustancialmente de las otras criaturas; que es infinitamente sabio… cuyo nombre es el Supremo: Brahman».

«Al igual que del fuego se alzan chispas diminutas, asimismo de este Ātman surgen… todos los mundos, todos los dioses, todos los seres. Su vínculo secreto es la «realidad (relativa) de lo Real (absoluto)». Todas las criaturas son reales y el Ātman (Brahman) es su Realidad».

2. Brahman diferente de las criaturas, pero alma de todas ellas

«Así como un trozo de sal arrojado en el agua se disuelve en ella y ya no se le puede encontrar, y dondequiera que se tome el agua, ella está salada, así también ocurre con este gran Ser infinito, (Ᾱtman) ilimitado, masa compacta de conciencia, presente en las criaturas».

«Esta Persona Suprema (Paramātman) es diferente de las encadenadas y liberadas almas es decir las almas individuales y finitas, perecederas y no perecederas. Él pertenece a una categoría completamente distinta. Al definir a esta Persona Suprema como el Ser Supremo todas las Escrituras lo distinguen claramente de los seres creados…  Él penetra estos tres mundos como su Alma (Ātman) y los sostiene”. “El alma individual tiene a Brahman como su Alma. Brahman es el Alma dentro de alma, sin ser idéntica a ésta».

3. Relaciones Creador-creatura

Rul-Lán deja claro que Rāmānuja levantó su extraordinario edificio intelectual para refutar no solo el dualismo de la filosofía Shamkhya, sino, principalmente el aparente monismo de la escuela advaita. Contra este último, la postura de Rāmānuja es radical: rechaza la no-dualidad, según la cual la única realidad es el Absoluto, Brahman, y que sólo la ignorancia (avidya) es causa de un pluralismo ilusorio (māyā). Rāmānuja, por el contrario afirma que el pluralismo de los seres es real, pero con una realidad relativa, ya que proceden, viven y vuelven al Ser absoluto que es Brahman.

La relación del Creador y la creatura es como la del todo y la parte; la sustancia y el modo (“todas la entidades existen solamente como mis modos”; “mi existencia no depende para nada de ellas”); principal y auxiliar; controlador y controlado (en esta relación se plantea el tema de la libertad humana).

4. Liberación final

Rul-Lán comenta que, según Ramanuja, la salvación final (moksha) no es otra cosa que la unión amorosa del alma con Dios. Y a esta salvación están llamados todos, incluidos los de las clases inferiores y los pecadores.

“Todos estos seres son fruto, en realidad, de la felicidad que es Brahman; una vez nacidos viven de la felicidad; y al morir se reintegran a la felicidad”. “El que me adora de esta manera no perecerá nunca, aunque haya cometido en el pasado alguna mala obra. Habiendo alcanzado este estado eterno de libertad, alcanza para siempre el perfecto estado del Amor».

“El medio para alcanzar a Brahman es una clase superior de amor (bhakti)... y este amor, es una forma muy especial de conocimiento». «Es aquel conocimiento que se ha elevado a una forma superior de amor, el único camino para alcanzar al Señor».

“Convencido de que dependes de Mí totalmente y actuando con ese convencimiento te liberarás de todos los resultados de esta vida terrena (karmita) que se interponen entre tú y Yo. Y libre de todos estos impedimentos me alcanzarás». 

«Al final de la vida, el hombre que ha alcanzado el conocimiento supremo encuentra su refugio en Mí, dándose cuenta de que Vāsudeva (Brahman) es el TODO”.

CONCLUSIÓN

¿Identificación o diferencia entre el ser humano y Dios? Si acentuamos la identidad difícilmente evitaremos un monismo, ya sea naturalista o sobrenaturalista; si acentuamos la diferencia nos aproximamos a un deísmo, que corta nuestra relación con Dios.

Ramanuja reconoce una identificación por amor, que culminará cuando el hombre se desprenda de lo temporal, pero mantiene una diferencia entre la realidad relativa del ser humano y la realidad absoluta de Brahman (quizás otra manera de expresar la analogía entre el ser de Dios y el ser humano).

El misterio de Dios resulta paradógico para nuestra inteligencia racional porque  es “concordantia oppositorum” (síntesis de los contrarios)y tiene que superarlo con sutilezas conceptuales. Lo que la lógica racional no logra unir, lo une con sencillez la “lógica del corazón”.

DON GABINO, HERMANO Y AMIGO DE LOS MÁS EMPOBRECIDOS

col faustino

 RELIGIÓN DIGITAL

Don Gabino Díaz Merchán fue arzobispo de Oviedo durante 33 años, desde 1969 a 2002. Esta semana pasada se marchó a celebrar en el Reino de los Cielos la Fiesta de la Eucaristía, que hoy celebramos aquí en la Tierra.

Muy querido hermano y amigo Don Gabino: Infinitas gracias por haber sido especialmente sensible a los sectores más empobrecidos y necesitados de la sociedad. Se pueden decir de usted mil cosas muy positivas en este sentido, pero quiero hacerlo con dos hechos que conocí personalmente y dan testimonio evidente de esa su exquisita sensibilidad:

1º.-El año 1976 celebramos en la parroquia de san Miguel de Trevías, Asturias, una Asamblea Parroquial. En las reuniones de la Comisión de Pastoral que resultó elegida en ella, se planteaba reiteradamente la gran necesidad de actualizar y potenciar una antigua Cooperativa, cuyas instalaciones (que no eran suyas) resultaban muy limitadas e insuficientes, para poder ampliar y mejorar los servicios a los agricultores y ganaderos de la parroquia que constituían más del 90 % de la misma, y eran el sector más pobre de la sociedad de entonces y aun de la de hoy (el sector primario siempre fue y aún sigue siendo el último en todo) y a los que la entrada en la CEE (Comunidad Económica Europea), hoy UE, planteaba grandes retos profesionales y la necesidad de disponer de buenos y completos servicios para la agricultura y la ganadería.

Después de numerosas reuniones con los ganaderos y agricultores de la parroquia, sobre las exigencias que les planteaba la entrada en la CEE, surgía siempre el mismo problema: las actuales instalaciones no sirven, son muy insuficientes, se necesitan otras mucho más amplias, pero ¿dónde construirlas? Era necesario un solar amplio, difícil de encontrar adecuadamente situado y sin disponer de dinero para comprarlo.

La Comisión Pastoral de la Parroquia ofreció una finca de unos 2000 metros cuadrados, pero cuya cesión debería aprobar la Diócesis.

Se formó un equipo con miembros de la Comisión de Pastoral y algunos miembros del Consejo Rector de la Cooperativa para entrevistarse con Don Gabino, que los recibió enseguida. Planteado el problema a Don Gabino, aceptó inmediatamente la cesión gratuita de la finca con destino a la construcción de las instalaciones de la Cooperativa.

Con aportaciones de los socios y mano de obra voluntaria, se construyó un almacén, luego unos silos, una fábrica modular de piensos compuestos de máxima calidad (los del mercado eran muy deficientes y caros), otro almacén más y una instalación para elaborar Raciones Completas Mezcladas a la Carta para ganaderías de leche de alta producción o carne. A la vez se pusieron en marcha otros muchos servicios: recogida de la leche a los ganaderos, elaboración de quesos, servicio veterinario gratuito, ingeniería agrícola, farmacia, abonos, seguro ganadero, maquinaria para la recolección de forrajes, combustibles, ferretería, cursos de formación ganadera, becas con los fondos sociales de la Cooperativa, colaboración con el club deportivo de Trevías, etc.

Pues bien, cada vez que nos encontrábamos con Don Gabino, siempre se interesaba muy vivamente por la marcha y el desarrollo de la Cooperativa, y se fijaba en un aspecto social importante: “las Cooperativas, ayudan a fijar la gente en el campo y que no tenga que marcharse a ocupar los últimos puestos en otros sectores”. Parece que ya presentía lo de la España vaciada. Sobre esto habría que hacerle unas cuantas preguntas a la CEE, hoy UE. Gracias a Don Gabino fue posible el desarrollo de ese amplio proyecto.

2º.-Desde hace unos 20 años, un grupo de voluntarios venimos apoyando proyectos de cooperación en Centroamérica, pero sobre todo en África, (el continente más pobre del planeta) principalmente de las Misioneras Dominicas de la Anunciata, de las Misioneras de Vida y Paz y de las Misioneras de los Sagrados Corazones.

En 2019, las Dominicas nos pasaron un Proyecto para Benín, donde bastantes años antes había estado Don Gabino, que viendo la extrema pobreza que allí encontró, se puso en contacto con las Dominicas para que hiciesen algo por aquellas gentes. Respondiendo a la llamada de Don Gabino, en 2016 las dominicas, las hermanas Cristina LENSCAK, Benedicta N’CHO y Martine LEVRY, se establecieron en Kpakpamè, diócesis de Abomey.

Viendo las condiciones sanitarias tan precarias lo primero que hicieron fue construir un dispensario con maternidad y laboratorio, pues los nacimientos se daban en condiciones muy malas, muy a menudo en casa cuando una mujer no podía ir caminando al hospital debido a la distancia. Se daban muchos casos de infecciones, de mortalidad de recién nacidos y otras enfermedades relacionadas con esa precariedad. Todavía hoy solo hay 0,8 médicos por cada 10.000 habitantes. Era además una realidad sangrante la existencia de todo tipo de tráfico infantil, sobre todo de niñas, que a los 8, 9 ó 10 años los padres vendían por unos 69 euros a un desconocido extranjero, sin saber qué iba a ser de ellas ni a dónde irían a parar.

Además era frecuente el secuestro de niños cuando iban o venían de la escuela, muy alejada de sus poblados.

En el proyecto la hermana Cristina nos solicitaba colaboración para construir una lavandería para el hospital, pues estaban lavando la ropa de las camas y de los enfermos a mano, derramando en el suelo las aguas sucias, un foco constante de infección, solicitando también colaboración para un Programa de Educación y Animación Popular, sumamente interesante, así como financiación para una sala polivalente para reuniones de los grupos del programa. Este proyecto llegó a conocimiento de Don Gabino, que se puso en contacto con nosotros comunicando literalmente: “yo quiero colaborar con este proyecto”. En efecto, así lo hizo.

Hoy celebramos la Fiesta de la presencia de Jesús en la Eucaristía. Eucaristía etimológicamente significa Acción de Gracias. Pues bien, en la Celebración de hoy, le vamos a dar gracias a Jesucristo por haberse quedado con nosotros en la Eucaristía y también por usted, Don Gabino, por su fe, por su testimonio y su compromiso con otra Presencia también muy Real e Importante de Jesús en los más empobrecidos y necesitados de este mundo: “tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve enfermo y me atendisteis… Cuando lo hicisteis con ellos a Mi Me lo hicisteis”. Ambas presencias se complementan y se exigen mutuamente: así las vivió usted, hermano y amigo Don Gabino. Infinitas gracias.

Un abrazo muy cordial a tod@s.

EL LENGUAJE TEOLÓGICO DEBE SER SIEMPRE VIVO, DINÁMICO, EVOLUTIVO Y COMPRENSIBLE

vatican news

 

La tarea a la que está llamada hoy una escuela de teología fue la premisa a partir de la cual desarrolló su discurso el Papa Francisco al recibir a los formadores del Seminario Arzobispal de Milán en el 150 aniversario de la revista La Scuola Cattolica. El discurso fue entregado por el Santo Padre a los participantes, que decidió hablar con ellos espontáneamente. Tres los puntos considerados: la teología como servicio a la fe, como formadora en humanidad y proximidad y la teología al servicio de la evangelización.

La teología es un servicio a la fe viva de la Iglesia

Para el Santo Padre, la comunidad “necesita el trabajo de quienes intentan interpretar la fe” de quienes saben hacerla “comprensible” y “exponerla con nuevas palabras”: se trata de un trabajo que hay que hacer "una y otra vez, en cada generación", motivo por el cual el lenguaje teológico “debe ser siempre vivo, dinámico, no puede dejar de evolucionar y debe procurar hacerse entender”.

Constando que “a veces los sermones o catequesis que escuchamos están hechos en gran parte de moralismos”, no suficientemente “teológicos”, vale decir, que son “poco capaces de hablarnos de Dios y de responder a las preguntas de sentido que acompañan la vida de las personas”, Francisco invitó a los teólogos a cuestionarse siempre “cómo es posible comunicar hoy las verdades de la fe, teniendo en cuenta los cambios lingüísticos, sociales y culturales”, y a utilizar de manera “competente” los medios de comunicación, “sin diluir, debilitar o ‘virtualizar’ nunca el contenido a transmitir”. Cuando hablemos o escribamos, –fue la indicación del Papa– tengamos siempre presente el vínculo entre la fe y la vida, y estemos atentos a no caer en la autorreferencialidad.

"Expertos en humanidad y proximidad"

¿Por qué esta afirmación? Porque para Francisco “la renovación y el futuro de las vocaciones sólo es posible si hay sacerdotes, diáconos, consagrados y laicos bien formados”. Afirmando que las manos del Señor, que moldean estos "vasijas de barro", actúan a través del cuidado paciente de formadores y acompañantes, el Papa instó a los formadores a tener una actitud abierta que permita al educador “encontrarse” con “toda” la personalidad del llamado. Por eso “la sexualidad, la afectividad y la relacionalidad son dimensiones de la persona que deben ser consideradas y comprendidas, tanto por la Iglesia como por la ciencia, también en relación con los desafíos y los cambios socioculturales”.

Cuando se discierne si una persona puede o no emprender un camino vocacional, –explicó– es necesario escrutarla y evaluarla de manera integral: considerar su manera de vivir sus afectos, relaciones, espacios, roles, responsabilidades, así como sus fragilidades, miedos y desequilibrios. “Todo el camino –indicó– debe activar procesos dirigidos a formar sacerdotes y consagrados maduros, expertos en humanidad y proximidad, y no funcionarios de lo sagrado”.

La teología al servicio de la evangelización

En el último punto el Santo Padre reitera que la evangelización “nunca es proselitismo, sino atracción por Cristo”, y que “todos los hombres tienen derecho a recibir el Evangelio y los cristianos tienen el deber de anunciarlo sin excluir a nadie”. En este camino, por lo tanto, no se puede evitar, tal como dice el Obispo de Roma, "el diálogo con el mundo, con las culturas y las religiones”.

Por eso "el hábito" del teólogo –aseguró Francisco– es el del hombre espiritual, humilde de corazón, abierto a la infinita novedad del Espíritu y cercano a las heridas de la humanidad pobre, descartada y sufriente. La plenitud de la verdad, a la que conduce el Espíritu, –recordó– no es tal si no está encarnada.

"Ni la Iglesia ni el mundo necesitan una teología de ‘escritorio’"

El Papa Francisco concluyó el discurso afirmando que “ni la Iglesia ni el mundo necesitan una teología de ‘escritorio’, sino una reflexión capaz de acompañar los procesos culturales y sociales, especialmente las transiciones difíciles, haciéndose cargo también de los conflictos”. Y advirtiendo que debemos cuidarnos "de una teología que se agota en la disputa académica o que mira a la humanidad desde un castillo de vidrio”.

"El hábito" del teólogo –aseguró Francisco– es el del hombre espiritual, humilde de corazón, abierto a la infinita novedad del Espíritu y cercano a las heridas de la humanidad pobre, descartada y sufriente".

¿SON NUESTRAS MISAS UNA CONTINUACIÓN DE LAS MESAS-MISAS DE JESÚS?

col lynch

RELIGIÓN DIGITAL

Estamos celebrando la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. El Concilio Vaticano II lo dijo claramente: “Es la fuente y el culmen de toda la vida cristiana” (LG 11). La segunda lectura (Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 11, 23-26) nos lleva a la Última Cena previa a los hechos que llevaron a Jesús a la cruz. Fue una cena especial, sentida, preparada con antelación, una cena íntima y revelatoria. Jesús deseaba compartir esta comida con sus discípulos y amigos: “He deseado con ansias comer esta Pascua con ustedes” (Lucas 22,15) Una mesa preparada, palabras profundas, gestos conmovedores (lavatorio de los pies), intimidad, comunión y un mandamiento de vivir como pan partido y repartido: “Hagan esto en memoria mía”. (Lucas 22:19)

Para comprender bien esta última comida de Jesús no podemos separarla de las comidas anteriores e históricas del Señor. La última Cena es la culminación de una intensa e intencional actividad de Jesús en su ministerio público: algo tan sencillo como el gesto de sentarse a la mesa y compartir una comida con otros. Jesús era judío y para los judíos, en su mentalidad semítica, la comensalidad era extremadamente importante.

"Es la fuente y el culmen de toda la vida cristiana"

Todos sabemos que compartir alimentos y sentarse a la mesa juntos ayuda a construir relaciones entre unos y otros, favorece las interacciones grupales, acerca posiciones, genera fraternidad. No estamos ante un mensaje neutral e ingenuo de Jesús. Para los judíos sentarse a comer con alguien era signo de comunión de vida, por eso los judíos de aquella época no comían con cualquiera. Sentarse a la mesa con alguien era decirle que estaba en comunión de vida con ese alguien.

Podríamos decirle a Jesús un refrán: “muéstrame con quién comes y te diré quién eres”. En este gesto sencillo y cotidiano de sentarse a comer hay una profunda revelación de Dios. En la persona de Jesús se manifiesta la plena comunicación del misterio de Dios. En sus palabras y obras revela el Reino y al Padre. La comida es instrumento de revelación. La pregunta es: ¿Con quién se sentaba Jesús a comer?

Existe un acuerdo común entre los eruditos bíblicos en que las comidas de Jesús generaron un profundo escándalo y provocaron enemistad con los líderes religiosos judíos. Decían de él: “He aquí un comilón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores” (Mateo 11:19). Jesús lo tenía claro: vino a servir a los pobres: esta era su misión (cf. Lucas 4,18) Jesús comía asiduamente con los que estaban excluidos de las mesas de los demás, con los “nadie” de la época, con los marginados por el sistema religioso y político. Podríamos decir que la mesa de Jesús era una mesa de marginales.

La observancia en la ley de pureza era intransigente para los religiosos judíos y esto generó conflicto con el Señor. Jesús fue visto como amigo de los pecadores y publicanos, esos que eran marginados y rechazados.

Imaginemos por unos minutos la emoción y alegría que habría en esas mesas. Los que siempre fueron excluidos eran invitados a sentarse a comer con Él. Experimentaban su amor y calidez acogedora. Todos salían transformados. Su misión era preclara: Jesús vino a darnos vida (cf. Juan 10,10), a hacer de la humanidad una comunidad de hermanos y hermanas, con el sueño y horizonte de una mesa fraterna donde todos tengan un lugar para sentarse.

¿Son nuestras mesas-misas inclusivas, acogedoras, transformadoras, hospitalarias?

No es una utopía sino camino a seguir para quienes nos profesamos cristianos. Nos podríamos preguntar: ¿Cómo son nuestras mesas-misas? ¿Quiénes son los excluidos de nuestras mesas-misas? ¿Son nuestras misas una continuación de las mesas-misas de Jesús? ¿Son nuestras mesas-misas inclusivas, acogedoras, transformadoras, hospitalarias?

Muchos tienen la pretensión de decidir quién se sienta a la mesa del altar y quién no. Muchos no han entendido el mensaje de Jesús de no juzgar (cf. Mateo 7,1), que Dios no hace acepción de personas (Hechos 10, 34; Romanos 2,11; Gálatas 2,6; Efesios 6,9), que “no necesitan médico los sanos, sino los enfermos”, que no “ha venido a llamar a justos, sino a pecadores" (cf. Marcos 2,17) y que, como dice el Papa Francisco, retomando una expresión sobre la Eucaristía atribuida a San Ambrosio, “no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles.” (EG 47)

En las mesas de Jesús las relaciones humanas pasaban de la lógica de la dominación, la exclusión y el privilegio a la lógica de la fraternidad, la igualdad y la inclusión. Todos estaban invitados a las mesas de Jesús. Por eso Jesús habla del Reino de Dios consumado como un banquete. (cf. Mateo 22, 1-14). Allí hay fiesta, reconciliación, plenitud de fraternidad.

La Iglesia desde el principio ha entendido que la Eucaristía es el banquete de la comunidad cristiana, en el que todos los miembros de la familia de Dios están alrededor de la mesa alimentados de la Palabra de Dios y del Cuerpo y la Sangre del Señor.

La invitación es clara: Nutrirnos de Dios y convertirnos en lo que comulgamos. Hacemos comunión con la Persona de Jesús que entrega su vida por todos. Celebrar la Eucaristía es recordar su actitud, como decía al principio: la vocación a ser pan partido y repartido. Queremos reafirmar nuestra opción de vivir siguiendo sus huellas.

"La invitación es clara: Nutrirnos de Dios y convertirnos en lo que comulgamos"

Si comulgamos, queremos convertirnos en lo que comemos. Nuestras vidas están invitadas a ser entregadas a los demás como la de Jesús. No puede ser que la Eucaristía sea solo para anestesiar conciencias, cumplimentar con ritos, vaciarse de compromisos. La Eucaristía tiene sentido cuando nuestras vidas se transforman en eucarísticas. ¿Salgo transformado de la Misa? ¿Mi corazón se expande con más lugar para otros cada vez que comulgo? ¿Se genera un proceso de cristificación en mi vida?

Reconocer la persona de Jesús en los signos sacramentales es una invitación a reconocer la presencia del mismo Jesús en la vida de todos, especialmente de los más pequeños (cf. Mateo 25, 40) Y fíjense que interesante. El reconocerlo en los pequeños y marginados tiene repercusión en la eternidad, pero no si reconocemos o no su presencia en la Eucaristía. ¿De qué sirve reconocer su presencia en la hostia consagrada si menosprecio su presencia real en los pequeños y marginados? Es una tragedia e incomprensión profunda del Evangelio. Santa Teresa de Calcuta decía al respecto: "Que fácil es reconocer a Jesús Sacramentado cuando lo hemos encontrado en el rostro del pobre a quien hemos servido". ¿Es así en nosotros?

"Miren cómo se aman" decían de los primeros cristianos. ¿Qué dirán de nuestras misas? ¿Seremos acaso expertos en excluir?"

Estamos llamados a ser fieles a las comidas históricas de Jesús. Nuestras Misas deben ser de Jesús, no son nuestras, pero sí tenemos la responsabilidad de no pervertirlas, de no convertirlas en mesas de club de golf, de grupos ideologizados excluyentes de la diversidad, de mentalidad dual, rigorista y discriminadora. Mesas universales, sí, católicas en su sentido más literal. Me pregunto: ¿Cómo ven nuestras misas la sociedad en general? Sería interesante consultar y escuchar. ¿Qué reflejamos? "Miren cómo se aman" decían de los primeros cristianos. ¿Qué dirán de nuestras misas? ¿Seremos acaso expertos en excluir?

No es cristiano reconocer la presencia real de Jesús en la Hostia y no reconocer su presencia real en los pobres y marginados. Que la mesa de nuestra Eucaristía sea un espacio de participación, celebración y verdadera fraternidad. Todos estamos invitados a comer, no hay privilegios ni puestos de honor. No hay Eucaristías VIP. No es un premio para los “perfectos” y puros sino una medicina para los pecadores.

Dios tiene un sueño: una humanidad reconciliada, sentada a la misma mesa, celebrando la fiesta del amor fraterno. Jesús lo llamó el Reino. Oremos para que nuestras celebraciones sean una presencia real del sueño de Dios.

 

¿CATACLISMO O AVANZAR CON DECISIÓN? Lucas 9,51-62

FE ADULTA

col depalma

 Siempre me ha resultado extraña la propuesta que Santiago y Juan, dos seguidores muy cercanos a Jesús y aquellos que conocen de cerca al maestro: “¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?” ¿Cómo se les ocurre querer enviar fuego para destruir al pueblo de Samaría? ¿No conocen a Jesús? ¿Qué esperan de él? ¿Cómo se ven a sí mismos?

Sin embargo, pensándolo bien, generalmente, ante los conflictos o situaciones de violencia, lo evidente es querer de que todo eso desaparezca, que el mal se disuelva de inmediato y que quede solo lo bueno, lo conocido, lo absolutamente verdadero. Si pudiéramos enviar fuego y destruir situaciones y personas que parecen contradecir nuestros caminos hacia Dios y hacia nuestra plenitud, seguramente lo intentaríamos.

Sin embargo, el camino decidido de Jesús señala otra forma de vivir el “reino”.  Es un reino de radicalidad y de fuerza, sí, pero no de destrucción y de muerte. Es un reino que se caracteriza, en este relato de Lucas 9,51-62, de varias maneras.

· La primera: “El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.
El reino es un lugar donde afrontar, juntos, situaciones de crisis, de vulnerabilidad. No son espacios seguros, fáciles. Pero es posible habitar la vulnerabilidad mientras se va de camino y Jesús se mantiene firme y decidido.

· La segunda: “Vete a proclamar el Reino de Dios”.
No es un reino que se quede entre los conocidos, sino que se abre a lo nuevo, a lo extraño, con palabra, comunicándose. El desafío está en anunciar, proclamar, hablar, comunicar. 

· La tercera: “Deja que los muertos entierren a sus muertos”.
El reino ocupa el primer lugar, y nada se interpone a su avance. Ni siquiera acciones factiblemente santas y buenas. Aquí es muy importante el discernimiento personal y sobre todo el comunitario. No es ni fácil ni evidente saber qué es lo que orienta al reino y lo que aleja.

Estas indicaciones que Jesús da a sus seguidores acontecen en un momento importante de su vida. Será él mismo quien deba probar en su propia carne esta dinámica del reino y sus implicancias. El relato comienza diciendo que Jesús toma la decisión de ir a Jerusalén, sospechando que le espera un desenlace dramático y terrible. ¿Por qué y para qué van a Jerusalén? Las procesiones a Jerusalén son parte de la piedad de todo buen judío. Esta peregrinación se realiza especialmente para la celebración anual de la Pascua. Lo que está claro es que Jesús y sus discípulos van en peregrinación y por ello los reconocen como judíos practicantes. Y los samaritanos los rechazan. Y los discípulos de Jesús no aceptan bien este rechazo. De hecho, quieren responder con la destrucción de estos pueblos al modo de un Dios vengativo, que hace “justicia” de modo radical: “¿quieres que digamos que baje del cielo fuego que acabe con ellos?”. La respuesta de Jesús hará que su modelo mesiánico previo entre en crisis.

Jesús los prepara, de esta manera, para habitar este reino de vulnerabilidad, de camino decidido pero también dramático, de palabra y anuncio y de respeto, incluso hacia quienes no parecen corresponderles. Así se presenta y describe el reino de Dios. No está lejos, sino entre nosotros. Aquí y ahora. En el camino.

13 Tiempo ordinario – C (Lucas 9,51-62) UN CRISTIANISMO DE SEGUIMIENTO


 JOSÉ ANTONIO PAGOLA

En tiempos de crisis es grande la tentación de buscar seguridad, volver a posiciones fáciles y llamar de nuevo a las puertas de una religión que nos «proteja» de tanto problema y conflicto.

Hemos de revisar nuestro cristianismo para ver si en la Iglesia actual vivimos motivados por la pasión de seguir a Jesús o andamos buscando «seguridad religiosa». Según el conocido teólogo alemán Johann Baptist Metz, este es el desafío más grave al que nos enfrentamos los cristianos en Europa: decidirnos entre una «religión burguesa» o un «cristianismo de seguimiento».

Seguir a Jesús no significa huir hacia un pasado ya muerto, sino tratar de vivir hoy con el espíritu que le animó a él. Como ha dicho alguien con ingenio, se trata de vivir hoy «con el aire de Jesús» y no «al viento que más sopla».

Este seguimiento no consiste en buscar novedades ni en promover grupos de selectos, sino en hacer de Jesús el eje único de nuestras comunidades, poniéndonos decididamente al servicio de lo que él llamaba reino de Dios.

Por eso, seguir a Jesús implica casi siempre caminar «a contracorriente», en actitud de rebeldía frente a costumbres, modas o corrientes de opinión que no concuerdan con el espíritu del Evangelio.

Y esto exige no solo no dejarnos domesticar por una sociedad superficial y consumista, sino incluso contradecir a los propios amigos y familiares cuando nos invitan a seguir caminos contrarios al Evangelio.

Por eso, seguir a Jesús exige estar dispuestos a la conflictividad y a la cruz. Estar dispuestos a compartir su suerte. Aceptar el riesgo de una vida crucificada como la suya, sabiendo que nos espera resurrección. ¿No seremos capaces de escuchar hoy la llamada siempre viva de Jesús a seguirlo?

 En temps de crise, la tentation est grande de rechercher la sécurité, de revenir à des positions faciles et de frapper à nouveau aux portes d'une religion qui nous «protège» de tant de problèmes et de conflits.

Nous devons revoir notre christianisme pour voir si, dans l'Église d'aujourd'hui, nous sommes motivés par la passion de suivre Jésus ou si nous recherchons une «sécurité religieuse». Selon le célèbre théologien allemand Johann Baptist Metz, c'est le défi le plus sérieux auquel sont confrontés les chrétiens: décider entre une «religion bourgeoise» et un «christianisme comme suite du Christ».

Suivre Jésus ne signifie pas fuir vers un passé déjà bien mort, mais essayer de vivre aujourd'hui dans l'esprit qui l'animait. Comme quelqu'un l'a dit avec humour, il s'agit de vivre aujourd'hui «avec l'air de Jésus» et non «selon le vent qui souffle le plus fort».

Cette suite ne consiste pas à rechercher des nouveautés ou à promouvoir des groupes de personnes choisies, mais à faire de Jésus l'axe unique de nos communautés, en nous mettant résolument au service de ce qu'il appelait le royaume de Dieu.

C'est pourquoi suivre Jésus implique presque toujours de marcher «à contre-courant», dans une attitude de rébellion contre les coutumes, les modes ou les courants d'opinion qui ne sont pas conformes à l'esprit de l'Évangile.

Et cela exige non seulement de ne pas se laisser domestiquer par une société superficielle et consumériste, mais même de contredire nos propres amis et notre famille lorsqu'ils nous invitent à suivre des chemins contraires à l'Évangile.

C'est pourquoi suivre Jésus exige une volonté d'être exposé au conflit et disposé à la croix; être prêt à partager son destin. Accepter le risque d'une vie crucifiée comme la sienne, en sachant que la résurrection nous attend. Ne sommes-nous pas capables d'écouter aujourd'hui l'appel toujours vivant de Jésus à le suivre?

MARGINAR, EXCLUIR O ELIMINAR AL OTRO NUNCA SERÁ CRISTIANO DOMINGO 13 (C) Lc 9,51-62

col fraymarcos

 

FE ADULTA

Todos los evangelios proponen la subida de Jesús a Jerusalén como un marco teológico, pero Lucas le da un énfasis especial. Comienza con las frases programáticas que hemos leído hoy y termina con la expulsión de los vendedores del templo. En la trayectoria geográfica se esconde la trayectoria espiritual: Subida al Padre a través de la muerte. “Cuando iba llegando el tiempo de que se lo llevaran a lo alto, también él resolvió ponerse en camino para encararse con Jerusalén”. La frase es un resumen de la vida de Jesús. Deja claro lo que va a pasar. Por desagradable que pueda parecer, es aceptado por Jesús.

Los samaritanos eran considerados herejes por los judíos, que no perdían la ocasión de humillarlos y despreciarlos. No es de extrañar que ellos a su vez, tomaran la revancha cuando podían. Si los enviados hubieran propuesto bien el mensaje de Jesús y hubieran comunicado las verdaderas intenciones de Jesús al subir a Jerusalén, les hubieran aceptado con los brazos abiertos. Nada más de acuerdo con sus intereses podían esperar los samaritanos. Alguien que fuera capaz de criticar tan duramente lo que se cocía en el templo, tenía que tener toda su aprobación. Pero seguramente les hicieron pensar en una subida “para hacerse cargo del reino”, que era lo que los discípulos esperaban.

Los Zebedeos piensan en un nuevo Elías, que había mandado bajar fuego del cielo que consumió a los emisarios del rey. Pretenden que Jesús haga honor a su condición de profeta poderoso. Otra tentación constante del hombre, poner a Dios de su parte contra todo aquel que le lleve la contraria. Jesús les “increpó” (el mismo verbo que emplea para expulsar demonios). A través de la historia, nos hemos comportado como Santiago y Juan. Siempre que ha tenido el poder suficiente, la Iglesia ha respondido con violencia contra todo el que no aceptara sus normas. Ni siquiera ha aceptado la libertad religiosa, que es un derecho básico de todo ser humano, hasta que ha perdido la capacidad de imponer su absolutismo.

Ni la Iglesia como institución ni cada uno de nosotros como individuos hemos hecho puñetero caso de la propuesta de Jesús. Primero contra los judíos, a quienes hemos machacado todo lo que hemos podido durante veinte siglos. Luego a los herejes que hemos seguido quemando vivos hasta hace cuatro días. Más tarde contra los musulmanes a quienes hemos hecho la guerra de todas las maneras posibles. La quema de brujas que ha masacrado a infinidad de personas inocentes. Y por fin la persecución de todo aquél que discrepara de la doctrina oficial que sigue todavía causando numerosas víctimas.

Se trata de responder a la pregunta: ¿Quién es Jesús? Si de verdad aceptásemos el espíritu de Jesús, la primera consecuencia sería la tolerancia. Jesús no impone nada, simplemente propone la buena noticia del Reino y deja en libertad para aceptarla o rechazarla. Su mensaje solo puede interesar a los que sienten que están oprimidos por realidades que no les dejan ser ellos mismos. Toda falta de identificación con el otro, supone una falta de identificación con el Dios de Jesús. Lo que nos separa de los demás, nos separa de Dios.

¿Dónde ha quedado la propuesta de Jesús de amar a los enemigos? No solo no hemos amado a los enemigos sino que hemos odiado y perseguido a los amigos, solo por no pensar o actuar como exigían las directrices oficiales. Aún hoy vivimos la oposición y el rechazo más radical entre los que creen que nada debe cambiar y los que piensan que el evangelio está sin estrenar y debemos hacer un esfuerzo por descubrir su esencia y vivirlo. Es verdad que si hoy seguimos hablando de Jesús es gracias a muchas personas que, a pesar de todas las contradicciones eclesiales, se han atrevido a vivir el espíritu de Jesús.

Esa exigencia no es un capricho de Dios, sino que la pide la misma naturaleza de la oferta de salvación que nos hace Jesús. Nuestra condi­ción de criaturas, y por lo tanto limitados, es la que nos obliga, una vez tomado un camino, a tener que abandonar todos los demás. La renuncia a aquello que me gusta, dejará de ser renuncia si lo hago con conocimiento y libertad, para convertirse en elección de lo mejor. No siempre, lo que me causa más placer, lo que menos me cuesta, lo que más me agrada, lo que me pide el ADN, es lo mejor para alcanzar la plenitud del ser humano. La vida es por naturaleza lucha y superación. Si desaparece la tensión interna es que ha llegado la muerte.

En las frases siguientes, Lucas presenta el seguimiento de Jesús como una renuncia. La utilización de este concepto es la mejor señal de que no hemos entendido nada. No se trata de renunciar, sino de elegir lo que de verdad es bueno para mi auténtico ser. Dios quiere nuestra plenitud. Tenemos que superar la idea de un Dios, que para ser Él más, tiene que humillar al hombre. No, la causa de Dios es la causa del hombre. Dios está identificado con su criatura; por lo tanto la mayor gloria de Dios es que la criatura llegue a su plenitud. No tenemos que amar a Dios sobre todas las cosas; tenemos que amar a Dios en todas las cosas. Pero si las cosas ocupan el lugar de Dios, me estoy apartando de mi verdadera meta.

La 1ª máxima: “Las zorras tienen madrigueras, los pájaros nido, pero el Hijo de Hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. En el ambiente de itinerancia en el que se desarrolla esta parte del evangelio, no se hace hincapié en la pobreza, sino en la disponibilidad. El que quiera seguir a Jesús tiene que estar completamente libre de trabas. Ni siquiera la seguridad de un hogar debe impedirle estar dispuesto siempre para la marcha. No son las posesiones o las relaciones sociales lo que impiden el seguimiento sino el estar apegado a cualquier cosa que te impida ser realmente tú mismo.

La 2ª: “Deja que los muertos entierren a sus propios muertos”. Es también radical, pero no debemos entenderla en sentido literal. Lo que le pide Jesús al aspirante no es no enterrar a su padre, que había muerto, sino que le dejara cumplir con el precepto de atender a su padre anciano hasta que muriera. Jesús antepone las exigencias del Reino a la obligación prescrita por la Ley de atender a los padres en su ancianidad. La Ley debe ser superada por una total disponibilidad hacia todos, no solo hacia los seres queridos. La enigmática respuesta de Jesús da a entender que él había pasado a la vida, pero que los que se quedaban en casa de su familia, permanecían en la muerte espiritual.

La 3ª: “El que echa mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios”. Despedirse de su familia no debemos entenderlo como “decirles adiós”. En aquella sociedad despedirse significaba dedicar días o semanas a celebrar la separación. El significado es muy parecido al de la anterior, pero aquí se quiere resaltar la apertura integral a todos los seres humanos. Ya no hay particularismos, ni siquiera existe “mi familia”. Ahora toda la humanidad es mi familia. El círculo familiar suele ser la excusa donde camuflo un egoísmo amplificado que me impide darme a todos. El mal uso que se ha hecho de esta frase, sobre todo en ambientes de vocación, nos obliga a repensarla profundamente.

 

RECHAZO Y SEGUIMIENTO Domingo 13 Tiempo Ordinario. CICLO C

 col sicre art


FE ADULTA

Después de las últimas fiestas volvemos al tiempo ordinario, con un tema de enorme importancia y actualidad: la vocación a seguir a Jesús.

La vocación de Eliseo (1ª lectura)

Todo empieza con una orden de Dios a Elías: ungir como profeta a Eliseo. La unción, que se hacía derramando aceite sobre la cabeza, era típica de los reyes, y este es el único caso que recuerdo de la unción de un profeta. En la mentalidad mediterránea antigua, el aceite no solo era bueno para la comida; también se le atribuían cualidades curativas (por eso se ungía a los enfermos) y religiosas (la unción simboliza una relación especial con Dios).

Elías cumple la orden, pero sin cumplirla. Va en busca de Eliseo, que debía de ser hijo de un multimillonario porque está arando con doce yuntas de bueyes. En vez de ungirlo, le echa su manto por encima. Es la única vez que menciona la Biblia este gesto, pero debía ser conocido, porque Eliseo, después de un momento de desconcierto (que no se cuenta, pero se supone), sale corriendo detrás de Elías y se muestra dispuesto a seguirle. Sólo pone una condición: despedirse de sus padres.

A Eliseo le parece una petición lógica, y se la concede. Pero la despedida no consiste en dar un beso a los padres. Es algo más solemne e incluye a toda la familia: mata la yunta de bueyes y organiza un asado para toda su gente. Sin prisas, porque unos bueyes no se matan en cinco minutos, ni la carne se prepara en un cuarto de hora, ni se come todo en un rato. Cuando termina la despedida, que pudo durar uno o varios días, Eliseo marcha con Elías y se pone a su servicio.

Rechazo y seguimiento (evangelio)

El fragmento elegido para este domingo consta de cuatro escenas muy breves. Las tres últimas están relacionadas por el tema del seguimiento de Jesús; la primera habla de lo contrario: el rechazo.

Escena 1: el rechazo de los samaritanos

Samaritanos y judíos se odiaban desde el siglo X a.C., cuando el norte se separó del sur después de la muerte de Salomón. Pero el dinero es el dinero. Y los samaritanos actuaban del modo siguiente: a los galileos que atravesaban su territorio camino de Jerusalén no les vendían nada; pero en el viaje de vuelta a Galilea ya no había problema en venderles lo que necesitaran, pagándolo adecuadamente (es lo que ocurre en el evangelio de Juan, cuando los discípulos van a comprar pan al pueblo mientras Jesús habla con la samaritana).

Como Jesús y los discípulos se dirigen a Jerusalén, es normal que no los reciban. Santiago y Juan, que debían pasarse el día tronando (Jesús les puso de mote “los hijos del trueno”), le proponen vengarse haciendo que caiga un rayo del cielo y los consuma. Esta reacción, que nos resulta tan desproporcionada y extraña, se comprende recordando una tradición del profeta Elías. Una vez, el rey de Israel mandó un capitán con cincuenta soldados para que le dijese: “Profeta, el rey te manda que vayas a verlo”. Elías respondió: “Si soy profeta, que caiga un rayo y te mate a ti con tus hombres”. Y así ocurrió. El rey repite la orden con otro capitán y otros cincuenta soldados, que quedan tan chamuscados como los primeros. En el tercer intento, el capitán no ordena nada; se arrodilla ante el profeta y le suplica que perdone su vida y la de sus acompañantes. Elías accede y va a visitar al rey. La moraleja de este relato es que el profeta merece el máximo respeto; y quien no lo respete merece que lo mate un rayo caído del cielo. Así piensan Santiago y Juan. Jesús, el gran profeta, merece todo respeto; si los samaritanos no lo reciben, que caiga un rayo y los parta.

Jesús, que supera a Elías en poder, lo supera también en bondad y ve las cosas de manera muy distinta. Lucas termina diciendo: Él se volvió y les regañó. ¿Cómo les regañó? ¿Qué les dijo? Algunos textos posteriores ponen en boca de Jesús estas palabras: “No sabéis a qué espíritu pertenecéis”, es decir, “no tenéis ni idea de cuál es mi forma de pensar y de sentir”. Y se marcharon a otra aldea.

Es una pena que este texto, exclusivo de Lucas (no se encuentra en Marcos ni Mateo), no lo tuvieran en cuenta los que instituyeron la Inquisición, que es una forma de defender a Jesús mediante el fuego.

Escena 2ª: uno se ofrece a seguir a Jesús

La iniciativa parte del individuo, no de Jesús. Éste parece desanimar, subra­yando su pobreza y vida dura. No imagine que el segui­miento será fácil y coronado por el éxito humano.

Escena 3ª: Jesús invita a otro a seguirlo

En este caso la iniciativa parte de Jesús. Se trata de una orden escueta y tajante, más de que una invitación: “Sígueme”. El otro pide permiso, como Eliseo, no para despedirse de sus padres, sino para enterrar a su padre.

La respuesta de Jesús parece inhumana: “deja que los muertos entierren a sus muertos”. La costumbre judía era enterrar al difunto inmediatamente después de muerto (Hechos de los Apóstoles 5,6.7; 8,2). Por consiguiente, no se trata de que el protagonista de la escena esté velando a su padre y Jesús le ordene abandonar al difunto para seguirlo. Lo que pide es que le permita seguir viviendo con su padre hasta que muera; luego lo seguirá.

Incluso así, las palabras de Jesús siguen siendo terriblemente exigentes. El que quiera seguirlo tiene que cortar radicalmente con la familia, como si todos hubieran muerto, para ir a anunciar el reino de Dios.

Es posible que los evangelios estén reflejando en esta escena lo que le ocurrió al mismo Jesús. Su familia pensaba que estaba loco (Marcos 3,21), y una vez fueron todos a Cafarnaúm con intención de llevárselo a Nazaret a descansar. El evangelio de Juan (7,5) dice expresamente que “sus hermanos no creían en él” (aunque sabemos por el libro de los Hechos y las cartas de Pablo que, más tarde, sí lo aceptaron). En Jesús se cumplió plenamente la necesidad de considerar muerta a la familia para dedicarse a anunciar el evangelio.

Escena 4ª: otro se ofrece con condiciones

Este es el episodio que empalma mejor con la vocación de Eliseo. Las cosas importantes de la vida diaria, como despedirse de los padres, son compatibles con el seguimiento de Elías. No hay prisa de ningún tipo. Pero aquí está en juego algo mucho más importante y urgente.

A veces se comenta que estas personas no siguieron a Jesús. Lucas no dice nada. Por otra parte, esa cuestión es secundaria. Lo importante de los relatos de vocación y de segui­miento es que son relatos de “revelación” de Jesús, nos ayudan a conocerlo mejor. Algo queda claro: la dureza de su vida, desprovisto incluso de casa y familia.

Volviendo a la primera escena, el rechazo de los samaritanos, podemos encontrar cierta relación con las tres siguiente. Jesús, que renuncia a todo por predicar el Reino de Dios, no recibe a cambio el agradecimiento y la aceptación de todos. Hay gente que lo rechaza. Pero eso no es motivo para desear su castigo.

Reflexión final

Aparte del Padrenuestro, Jesús no insistió mucho a sus discípulos en qué debían pedir. Pero el evangelio de Juan pone en su boca una petición muy importante: “La mies es mucha, los obreros pocos. Pedid al Señor de la mies que mande operarios a su mies”. Este domingo es muy adecuado para recordar la necesidad de pedir por las vocaciones y ponerla en práctica.

«LOS NUESTROS» Domingo XIII del T.O. 26 de junio Lc 9, 51-62

col lozano art

 

FE ADULTA

Uno de los rasgos característicos del nivel de consciencia mítico -en el que la especie humana vivió durante milenios y algunos de cuyos reflejos siguen presentes entre nosotros- es la convicción de que la verdad pertenece al propio grupo, por lo que se descarta como falsa cualquier otra opinión. Y ello no debido a una “mala voluntad”, sino sencillamente como consecuencia de lo que ese nivel de consciencia permite ver.

La consciencia mítica bloquea la capacidad de asumir otra perspectiva. Con ello, hace radicalmente imposible cualquier intento de diálogo. Para quien se halla en el nivel etnocéntrico (mítico), solo hay una verdad, que es la del propio grupo (o del propio ego). En consecuencia, “los otros” no solo no pueden ser comprendidos, sino que es necesario obligarlos a cambiar (o “acabar con ellos”, como se lee en el texto que comento). Cualquier propuesta de comprensión de los otros será tachada, como mínimo, de “buenismo” condescendiente y radicalmente equivocado. Trataré de clarificarlo con un hecho reciente: cuando en uno de sus viajes, un periodista le preguntó por la actitud de la Iglesia hacia las personas homosexuales, el papa Francisco contestó: “¿Quién soy para juzgar?”. Ante esas palabras, grupos católicos fundamentalistas reaccionaron de inmediato: “No solo hay que juzgarlos, sino condenarlos porque están en el error. Y el error no tiene derechos”. Pues bien, esta reacción únicamente puede nacer de una consciencia mítica.  

La consciencia mítica -aunque no solo ella- es una consciencia de separatividad, marcada por la vivencia de un dualismo extremo entre “los nuestros” y “los otros”. No es difícil constatar los resultados que tal consciencia ha producido a lo largo de la historia humana: separación, enfrentamiento, guerras, aniquilación de los otros…

Dado que el origen de la trampa no reside tanto en la voluntad, sino en el nivel de consciencia, parece obvio que únicamente la apertura a un nivel de consciencia más amplio -integral, pluralista, aperspectivista, mundicéntrico…- hará posible un nuevo modo de relación entre los humanos. La transformación radical es siempre hija de la comprensión. Solo una consciencia de unidad, que se corresponde a la realidad y supera las estrechas y reductoras lecturas mentales, permite dejar de hablar de “los nuestros” y “los demás”, para reconocernos todos en nuestra unidad básica, más allá de las diferencias en que nos experimentamos.

¿Qué tipo de consciencia predomina en mí?

INVITADOS A MÁS Lc 9, 51-62

col munarriz

comentario editorial fa7

 

FE ADULTA

«El que echa mano del arado y sigue mirando atrás no sirve para el Reino»

Si pensamos que Jesús está formulando unas exigencias desmedidas para su seguimiento, acabaremos desmoralizados porque nos veremos incapaces de cumplirlas. Si pensamos que nos está invitando a apostar por él de forma radical porque es una apuesta segura, es posible que lo estemos entendiendo mejor.

La radicalidad es una constante a lo largo del evangelio, y buen ejemplo de ello es la parábola del tesoro escondido en el campo, que quien lo encuentra lo vende todo para comprarlo.

Pero la interpretación de este texto encierra un riesgo importante, y es ignorar que la clave de la parábola está en el «lleno de alegría»; está en comprender que quien lo encuentra lo vende todo, pero lo hace lleno de alegría porque lo demás deja de tener interés para él. Es un error frecuente entender el Reino como renuncia, como sacrificio para ganar un premio mayor. El Reino es abundancia, es plenitud, y si lo entendemos como carga es posible que nos estemos equivocando.

Encontramos esa misma radicalidad en el episodio del “joven rico”, cuyo diálogo con Jesús no tiene desperdicio. Dice el rico: “Guardo los mandamientos, pero ¿hay más?” … Y le contesta Jesús: “¿Qué si hay más? Claro que hay más; mucho más. Deshazte de todo cuanto tienes, vente con nosotros y verás lo que es bueno”.

El rico se marchó apenado, y no es extraño, porque la radicalidad del Reino suele producir vértigo. Para hacerla más llevadera, nosotros acostumbramos a distinguir entre tiempos sagrados (dedicados a Dios) y tiempos profanos (dedicados a nuestras cosas), entre lugares sagrados (como el templo) y lugares profanos (el mundo), pero Jesús nos está diciendo que todo es sagrado; que lo del César también es de Dios… Nos está invitando a cambiar el sentido global de la existencia; el enfoque general de la vida entera.

Cuando Jesús nos invita a dejarlo todo, nos está invitando a dejar de servir a las cosas y empezar a servirnos de ellas para construir el Reino. Como decía Ruiz de Galarreta: «Ni poseer, ni casarse, ni trabajar, ni descansar, ni disfrutar, ni esforzarse, ni dimensión humana alguna, está fuera de la categoría esencial; medios para el Reino». Y es que el evangelio no es un ligero barniz que se añade a lo humano, sino tomar a la persona desde lo más profundo, tal como es, y hacer posible que se oriente a Dios.

Una última reflexión. El fin último del ser humano es la felicidad, y Jesús nos invita a ser felices a su estilo. Si repasamos el evangelio con este enfoque caeremos en la cuenta de que todo en él nos está hablando de felicidad; de una felicidad que comienza en este mundo y es para siempre: «El ciento por uno en esta vida, y además la vida eterna», le dijo a Pedro.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí