FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




ATALAYA

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ATALAYA ENERO 2025

viernes, 1 de enero de 2021

¿Cómo terminar con la pobreza?


Julio C. Gambina

Alainet

La pobreza se puede combatir asumiendo la transición del capitalismo a otro modelo de producción y de distribución con eje en la satisfacción de las necesidades de la población.
Confieso que siempre me llamó la atención el título del escrito fundante de la Economía Política: “Una investigación acerca de la riqueza de las naciones”, publicado por Adam Smith en 1776, año de la independencia de EEUU, el único país colonial que llegó a ser imperialista.
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Demos gracias a Dios

 


Gabriel María Otalora

Eclesalia

Los finales año así como los principios del siguiente son momentos propicios para dar gracias a Dios de una manera especial. Es verdad que 2020 ha sido un año especialmente negativo para casi toda la población, que hemos soportado una pandemia mucho más grave de lo que al principio se pensaba.
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DE VERDAD

FE ADULTA

col gerardo

 

Estos días suena, de todas las formas posibles “feliz navidad”, “feliz año nuevo”. Perdonad, pero encuentro que decir estas frases es muy sencillo, pero suenan a hueco. Mi pregunta es ¿qué voy a hacer yo para que la vida le sea más feliz a los demás, a quienes se lo deseo, a mí mismo?

Yo diría más bien “que hagas feliz a tal persona.” Me ha gustado la postura del obispo Cañizares. En otras ocasiones me ha disgustado verle con sus ropajes y su capa de cola larga como cardenal. Hoy me alegro y le felicito: porque en su felicitación a los feligreses anuncia que va a dedicar parte de los bienes del patrimonio de su diócesis a los pobres. Obras son amores. Y además invita a los religiosos y religiosas a hacer lo mismo.

Ya es hora de pasar de las palabras a los hechos. Si deseo la paz, la felicidad a otras personas, ¿qué menos puedo hacer que colaborar a ella?

En principio felicitar a una persona es invitarle a reconocer que ya es feliz y por lo tanto a vivirlo. En el fondo, nos ocurre igual que en nuestro saludo litúrgico “el Señor esté con vosotros” ¿Cuándo vamos a cambiar y reconocer que ya está?

Me suena hueco muchas veces el hablar de la navidad y los pobres. Podemos contentarnos con expresiones huecas. Una invitación al realismo… Me resuena aquella norma de “pagar diezmos y primicias”. Ante la Covid y las consecuencias tremendas que va a traer a los pobres, bueno será si retomamos esa vieja y sabia costumbre de entregar los diezmos a obras de justicia y caridad.

Partiendo de la clase media, creo que ese mensaje ya lo cumplimos en la realidad o lo podemos cumplir sin gran extorsión. Puede ser el diezmo de nuestro sueldo, de nuestras posesiones, de nuestros ingresos. Y fenomenal si esos ingresos ayudan a crear fuentes de trabajo.

Me encantaría que en lo sucesivo, la iglesia y los cristianos, cuando hablemos de los pobres sea siempre con hechos reales, no solamente con palabras.

Y por supuesto, podemos empezar por quitar aquello que es una muestra de poderío y que no sirve sino para otorgar honores a las personas: mitras, báculos, traje de cardenal capas elegantes, palios… Tenemos ahí un manantial enorme del que sacar fondos para resolver la miseria de los descartados.

Si nos convencemos y empezamos a realizar alguna de estas acciones, vamos a ser felices nosotros mismos con la bienaventuranza que nos anuncia Jesús: “cuánto más felices seríamos si nos contentáramos con poco”.

Comparto mi alegría, que siento estos días, porque alguno de mis “antiguos hijos que vivieron unas temporadas conmigo”, me felicitan y se acuerdan de llamarme y ofrecerme su ayuda.

Que hagamos feliz a alguien.

LA NAVIDAD DE JESÚS Y NUESTRA NAVIDAD BAJO LA COVID-19


col boff

 

La Navidad del año 2020 tal vez sea la más parecida al verdadero nacimiento de Jesús bajo el emperador romano César Augusto.

Este emperador había mandado hacer un censo de todo el imperio. La intención no era sólo, como entre nosotros, contabilizar cuantos habitantes había. Era esto, pero con el propósito de cobrar un impuesto a cada habitante, que sumado al de todas las provincias se destinaba a mantener encendida la pira de fuego permanentemente y a sustentar los sacrificios de animales al emperador, que se presentaba y así era venerado, como dios. Tal imposición a todos los habitantes del imperio provocó revueltas entre los judíos.

Este hecho fue usado más tarde por los fariseos para tender una trampa Jesús: ¿debía pagar o no el impuesto al César? No se trataba del impuesto común, sino de aquel que cada persona del imperio debía pagar para alimentar los sacrificios al emperador-dios.

Para los judíos esto significaba un escándalo pues adoraban a un único Dios, Yavé; ¿cómo iban a poder pagar un impuesto para venerar a un falso dios, el emperador de Roma? Jesús se dio cuenta de la celada. Si aceptaba pagar el impuesto sería cómplice de adoración a un dios humano y falso, el emperador. Si se negaba, se indispondría con las autoridades imperiales al negarse a pagar el tributo en homenaje al emperador-dios.

Jesús dio una respuesta sabia: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. En otras palabras, dad al César –un hombre mortal y un falso dios– lo que es de César: el impuesto para los sacrificios; y a Dios –el único verdadero– lo que es de Dios: la adoración. No se trata de la separación entre la Iglesia y el Estado, como comúnmente se interpreta. La cuestión es otra: ¿cuál es el Dios verdadero? Denle a él lo que le corresponde, la adoración. Y al Cesar, el falso dios, lo que es del César: la moneda del impuesto. No mezclen a dios con Dios.

Pero volvamos al tema: La Navidad de 2020 se asemeja a la navidad de Jesús, como nunca antes en la historia. La familia de José y María encinta, es hija de la pobreza como la mayoría de nuestro pueblo. Las hospederías estaban llenas, como aquí los hospitales están llenos de gente contaminada por el virus. Como pobres, José y María tal vez no eran capaces de pagar los gastos, así como entre nosotros quien no es atendido por el SUS (Sistema Único de Saúde) no tiene cómo pagar los costes de un hospital particular. María estaba a punto de dar a luz. A la pareja no le quedó otra solución que refugiarse en un establo de animales, como hacen hoy tantos pobres que no tienen dónde dormir y se acuestan bajo las marquesinas o en un rincón de cualquier ciudad. Jesús nació fuera de la comunidad humana, entre animales, como tantos de nuestros hermanos y hermanas menores nacen en las periferias de las ciudades, fuera de los hospitales, en sus pobres casas.

Después de su nacimiento, el Niño fue amenazado muy pronto de muerte. Un genocida, el rey Herodes, mandó matar a todos los niños menores de dos años. ¿Cuántos niños en nuestro contexto son muertos por los nuevos Herodes vestidos de policías que matan a niños sentados a la puerta de sus casas? El llanto de las madres es el eco del llanto de Raquel en uno de los textos más conmovedores de todas las Escrituras: “En la Baixada (en Ramá) se oyó una voz, mucho llanto y muchos gemidos: es la madre llora a sus hijos muertos y no quiere ser consolada porque los perdió para siempre” (cf.Mt 2,18).

Por temor a ser descubierto y muerto, José tomó a María y al niño, atravesaron el desierto y se refugiaron en Egipto. Cuántos hoy, bajo amenaza de muerte por las guerras y por el hambre, tratan de entrar en Europa y en Estados Unidos. Muchos mueren ahogados, la mayoría es rechazada, como en la catoliquísima Polonia, y son discriminados; se llega a arrancar a los niños de sus padres, y se los encierra en jaulas, como pequeños animales. ¿Quién les enjugará las lágrimas? ¿Quién les quitará la saudade de sus padres queridos? Nuestra cultura se muestra cruel con los inocentes y con los inmigrantes forzados.

Después que murió el genocida Herodes, José tomó a María y al Niño y fueron a esconderse en un pueblecito, Nazaret, tan insignificante que ni siquiera consta en la Biblia. Allí el Niño “crecía y se fortalecía lleno de sabiduría” (Lc 2,40). Aprendió la profesión del padre, José, un fac-totum constructor de tejados y cosas de la casa, un carpintero. Era también un campesino que trabajaba el campo y aprendía a observar la naturaleza. Allí estuvo escondido hasta cumplir treinta años, cuando sintió el impulso de salir de casa y empezar la predicación de una revolución absoluta: “El tiempo de espera acabó. El gran cambio (Reino) está llegando. Cambien de vida y crean en la buena noticia” (cf.Mc 1,14): una transformación total de todas las relaciones entre los humanos y con la propia naturaleza.

Conocemos su fin trágico. Pasó por el mundo haciendo el bien (Mc 7,37; Hechos 10,39), curando a unos, devolviendo la vista a los ciegos, dando de comer a las multitudes y compadeciéndose siempre del pueblo pobre y sin rumbo en la vida. Los religiosos, confabulados con los políticos, lo prendieron, lo torturaron y lo asesinaron, crucificándolo.

Salgamos de estas “densas sombras” como dice el Papa Francisco en la Fratelli tutti. Volvamos la mirada clara al nacimiento de Jesús. Él nos muestra la forma como Dios quiso entrar en nuestra historia: anónimo y escondido. La presencia de Jesús no apareció en la crónica de Jerusalén ni mucho menos en la de Roma. Debemos aceptar esta forma escogida por Dios. Se realizó la lógica inversa a la nuestra: “todo niño quiere ser hombre; todo hombre quiere ser grande; todo grande quiere ser rey. Solo Dios quiso ser niño”. Y así sucedió.

Aquí resuenan los bellos versos del poeta portugués Fernando Pessoa:

Él es el Eterno Niño, el Dios que faltaba.
Él es tan humano que es natural,
Él es lo divino que ríe y juega.
Es un niño tan humano que es divino

Tales pensamientos traen a mi memoria a una persona de excepcional calidad espiritual. Fue ateo, marxista, de la Legión Extranjera. De repente sintió una conmoción profunda y se convirtió. Escogió el camino de Jesús, en medio de los pobres. Se hizo Hermanito de Jesús. Llegó a una profunda intimidad con Dios y lo llamaba siempre “el Amigo”. Vivía la fe según el código de la encarnación y decía: “Si Dios se hizo gente en Jesús, gente como nosotros, entonces hacía pipí... lloriqueaba pidiendo el pecho, hacía pucheros si tenía el pañal mojado”... Al principio le habría gustado más María, y después, crecidito, más José, cosa que los psicólogos explican en el proceso de la realización humana.

Fue creciendo como nuestros niños, observaba a las hormigas, tiraba piedras a los burros y, travieso, levantaba el vestidito a las niñas para molestarles, como imaginó irreverentemente Fernando Pessoa en su bello poema sobre Jesús Niño.

Ese hombre, amigo del Amigo, “imaginaba a María acunando a Jesús para que durmiera porque de tanto jugar fuera se excitaba mucho y le costaba cerrar los ojos; lavaba los pañales en el balde; cocinaba la papa para el Niño y comidas más fuertes para el trabajador, el buen José”.

Ese hombre espiritual italiano que vivió, muchas veces amenazado de muerte, en tantos países de América Latina y varios años en Brasil, Arturo Paoli, se alegraba interiormente con tales cavilaciones, porque las sentía y vivía como conmoción del corazón, de pura espiritualidad. Y lloraba con frecuencia de alegría interior. Era amigo del Papa que lo mandó a buscar con un coche a su pequeña ciudad a unos 70 km de Roma para pasar la tarde juntos y hablar de la liberación de los pobres y de la misericordia divina. Murió a los 103 años como un sabio y un santo.

No olvidemos el mensaje principal de Navidad: Dios está entre nosotros, asumiendo nuestra condition humaine, alegre y triste. Es un niño quien nos va a juzgar, no un juez severo. Y este niño sólo quiere jugar con nosotros y no rechazarnos nunca. Finalmente, el sentido más profundo de la Navidad es éste: nuestra humanidad, un día asumida por el Verbo de la vida, pertenece a Dios. Y Dios, por malos que seamos, sabe que venimos del polvo, y tiene con nosotros una misericordia infinita. Él nunca puede perder, ni va a permitir, que un hijo o una hija suya se pierdan. Así que a pesar de la Covid-19 podemos vivir una discreta alegría en la celebración familiar. Que la Navidad nos dé un poco de felicidad y mantenga en nosotros la esperanza del triunfo de la vida sobre la Covid-19.

 

JESÚS NO QUISO TEMPLOS, NI DESPACHOS, NI CASAS DE RETIRO, JESÚS IBA POR LAS CALLES A ENCONTRARSE CON LA GENTE

RELIGIÓN DIGITAL

col bastante

Es uno de los mejores teólogos de España y, sin duda, el padre de la 'Teología Popular'. Un adelantado a su tiempo y, en cierto modo, uno de los maestros de Jorge Mario Bergoglio, que lee, y 'copia' más de una vez sus reflexiones. Cercanas, profundas, comprensibles, con entrañas de Evangelio. José María Castillo publica, un año más -y van...- sus reflexiones al Evangelio diario en 'La religión de Jesús 2021', que publica Desclée.

A diferencia de otros, Castillo no sigue el año litúrgico, sino el calendario civil, "que es el que tiene la gente normalmente. El año comienza el uno de enero", nos cuenta, con toda la energía del mundo, desde su amada Granada. Hablamos con él.

-De nuevo, nos presentas tus reflexiones sencillas para el año. Que no arrancan en Adviento, sino el 1 de enero. ¿Por qué?

El Adviento es una cuestión puramente organizativa, de la que se puede prescindir. Por las ediciones de Evangelios que voy viendo en las librerías lo que va predominando lo civil sobre tradiciones religiosas o litúrgicas que se han introducido con el paso el tiempo.

¿Qué nos cuentas en el libro?

Este es el año 14 ó 15 en que lo hago. En mi opinión, el Evangelio no es una recopilación de relatos tomados de aquí o de allí, sino que hay más de fondo. Es teología narrativa, lo que significa que en estos relatos lo determinante no es la historicidad del mismo, sino lo que significa el relato. Porque la historicidad, en los cuatro evangelios, cambia. Por ejemplo, la expulsión de los mercaderes del templo, que en los Evangelios sinópticos está al final de la vida de Jesús, mientras que Juan lo coloca al comienzo del suyo. ¿Quién tiene la razón? Da igual, el hecho ocurrió. Lo que pasa es que los sinópticos lo presentan como el enfrentamiento directo que precede a la condena, mientras que Juan lo muestra al principio, para indicar que la vida de Jesús iba a ser un enfrentamiento con el templo, y una condena del templo. No del templo en sí, sino de los abusos que se cometían en el templo.

De la misma manera en que ahora estamos escandalizados de que se hayan comprado catedrales, como la de Córdoba, las inmatriculaciones, o en León, o en Burgos... es que eso es una cosa muy seria. Y claro, utilizar los templos para ese tipo de cosas, pues no. En muchas catedrales cobra por entrar a visitar la casa de Dios.

-En tu libro abordas una problemática que llevas tocando en RD hace meses, sobre la tensión entre el seguimiento a Jesús y el seguimiento de una religión, que son conceptos antitético, no?

No solamente no es lo mismo, sino que son antitéticos. Se pretende meter a Dios en el templo, en lo sagrado, y ahí está Dios, y así yo voy por la mañana a misa, y cumplo con Dios, y ya durante el día en la calle, en casa o en la oficina, cumplo con otras cosas que tienen poco que ver con Dios.

-Es como si con eso bastase...

¡Claro! Jesús replantea eso de otra manera. Jesús no quiso templos. No es que cuando expulsó a los comerciantes... los templos se utilizan con mucha frecuencia como negocio. Ademas, el templo delimita a Dios en un lugar determinado, mientras que Jesús es la presencia de Dios en la vida, en toda la vida. Estés donde estés, hagas lo que hagas.

-Para creer en Jesús, ¿se puede seguir estando en esta iglesia? ¿O no? ¿Se puede ser ese Jesús y de esta iglesia?

Si somos rigurosos y coherentes, yo digo que no. Y por eso me alegra tanto la gestión que lleva adelante el Papa Francisco. Porque esto no se puede cambiar de la noche a la mañana con un decreto, tiene que ser la vida. Y el Papa Francisco, donde se palpa que está a gusto es en la vida. En el templo, cumple lo indispensable, pero a él lo que le gusta es ir por la calle, entrar en una tienda, visitar a un enfermo, hablar con la gente... ¿Por qué? Porque en última instancia Jesús es la humanización de Dios, y la presencia de Dios en la vida.

-¿Pero cómo construimos ese grupo de seguidores de Jesús, que tiene que ser en comunidad? Entiendo que la Iglesia o eso fue, aquellos que se juntaban en su nombre. ¿Cómo ser Iglesia siguiendo a Jesús sin salirnos del templo y sin expulsar del templo a los sacerdotes...? ¿Es posible?

Es una utopía. Pero la mayor utopía es un mundo sin utopía. La utopía es necesaria, y la que tenemos que perseguir y realizar es la de que cada grupo o comunidad de cristianos vea de qué modo reunirse para celebrar la memoria de Jesús y compartirla. Es lo que hicieron los cristianos durante todo el siglo II. Los templos empezaron a construirse en los siglos III y IV. Jesús no fundó ningún templo, ni quiso ningún templo, ni hizo casas de retiro, ni alquiló un despacho para recibir a la gente, no. Nada de eso. Jesús iba por los pueblos, se encontraba a la gente. Lo importante: lo más fuerte en la vida es la bondad. La bondad tienen tal fuerza que puede con todo. Y la gran equivocación es pensar que con saber mucho o tener mucho, o mandar mucho, basta. Con eso no arreglamos nada, al contrario, nos peleamos, nos dividimos. Lo que tiene más fuerza en la vida es la bondad, que es lo que más necesitamos.

¿Por qué?

Hay algo que está ocurriendo, un fenómeno muy profundo. Se está desplazando el poder despótico y de dominación, por el poder de seducción. Lo que nos seduce, eso es lo que se impone, y lo que más nos seduce es la bondad. La bondad, que es respeto, tolerancia, cercanía, que es cariño, simpatía, hacer feliz al que lo pasa mal. Estamos tocando no sólo un problema de ética, sino un problema teológico profundo. ¿Dónde está Dios? En todo eso. Dios está en la bondad, en la convivencia... y por eso Jesús, según los relatos evangélicos, está preocupado por tres temas fundamentales: la salud, por eso curaba enfermos; la economía, y por eso Jesús le da tan fuerte a los que acaparaban dinero, a los que tenían bienes y desatendían a los desgraciados...; y la convivencia: sobre todo de forma que sea la bondad porque en la bondad es donde está la fuerza y el poder de Dios. Esto es lo que me parece que la Iglesia ha descuidado. Y la iglesia lo que ha hecho muchas veces en su historia ha sido imitar el poder, la riqueza, la importancia de los poderes públicos y terrenos, y por ahí no vamos a ninguna parte... solo al enfrentamiento, la división, el sufrimiento, que el poderoso domina al débil, etc...

Para ir acabando, ¿qué reacción te gustaría que tuvieran los lectores de tu libro? En estos tiempos de coronavirus, sufrimiento, soledad... ¿qué puede aportar?

Lo primero que puede aportar es caer en la cuenta y tomar conciencia de que a Dios lo encuentras en la vida, en la convivencia. Eso lo primero y ante todo, y lo encuentras en la convivencia más que delante de una imagen. Una convivencia en la que manda y se impone la bondad. Una bondad que en las condiciones en que estamos ahora mismo se preocupa ante todo por respetar la salud. Ahora, en Navidad, lo que tenemos que hacer es respetar la convivencia, pero respetando la salud, y no haciendo tonterías ni fiestas a escondidas, que lo que nos hace es salir todos contagiados. Yo creo que lo que nos enseña el Evangelio es que Dios está presente en la bondad, en la convivencia, en la preocupación por la salud, en la preocupación por los que se han quedado sin trabajo, que no llegan a fin de mes o a la cena de cada día... y por último tener muy claro que todo deseo, todo lo que deseamos intensamente, eso es la oración. La oración es lo que deseamos, porque Dios es trascendente y no tenemos posibilidad de relacionarnos con él. Se hace presente en Jesús, que fue un campesino de Galilea, un trabajador, gente pobre y humilde, pero un trabajador que no quería ni templos ni sacerdotes ni ritos ni ceremonias.

 

Y SE ARMÓ... EL BELÉN

RELIGIÓN DIGITAL

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No ha dejado a nadie indiferente el nacimiento que el Vaticano ha colocado en la plaza de San Pedro. Son grandes figuras, mayores que el cuerpo humano, hechas de cerámica en una escuela de arte en Castelli (Italia), zona de los Abruzo, entre los años 1965-1975, muy distintas de los pesebres tradicionales. Los cuerpos son cilíndricos, como si estuvieran hechos de columnas, y sus cabezas están coronadas con esferas. Para que se pueda apreciar la originalidad de este conjunto el pastor es sustituido por un astronauta y su ofrenda no es un cordero, sino la luna. Una luz de neón sustituye a la estrella y de las costillas de un gran ángel salen destellos luminosos.

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Ni que decir tiene que los calificativos descalificando este pesebre han sido mayores que las alabanzas, pero también debemos pensar que la Natividad debe tener lugar en nuestras vidas donde ya no abundan los pastores y los corderos. Este pesebre nos abre a la creatividad y hay que reconocer que toda persona que se asoma a la plaza de San Pedro se asombra por lo original. Indudablemente a los que sientan un atractivo por el arte moderno les gustará más que a los que se inclinan por el clásico, pero en gustos no hay nada escrito. Tampoco, muchas iglesias modernas se parecen a las iglesias tradicionales, a las catedrales góticas o romanas, pero.… son templos

¿Ha querido el Papa abrirse a los nuevos tiempos? ¿A los aires del mundo en el que vivimos? Si fuera así, demostraría que, como quiso el Vaticano, el evangelio está llamado a abrirse a las nuevas generaciones, a su cultura y a sus artistas ya que la Iglesia está llamada a vivir dentro del mundo del siglo XXI

En el sitio oficial que exhibe el pesebre aparece una frase “un Pesepre per (ri) nascere” una natividad para ser renacida pues el Belén original es el pasado y hemos de tener presentes sus claves para la aventura de la Iglesia que sigue avanzando a la espera de la llegada anunciada del Reino

La verdad es que a mí me ha parecido horroroso, pero soy persona de edad menos abierta a los aires más jóvenes. Eso sí, debo de reconocer que me ha dado en que pensar pues si seguimos con nuestra evangelización y liturgia que huele a naftalina las nuevas generaciones no entenderán nada.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Domingo 3 de Enero Epifanía del Señor. (En algunos países es el 6 de Enero)

KOINONIA

 La época en que se escribe esta parte del libro del profeta Isaías (Tercer Isaías) corresponde a la restauración, es decir, al regreso a Jerusalén de los exiliados en Babilonia, regreso a la gran ciudad de Dios. Cuando este grupo de exiliados llegó a Israel encontró sus ciudades destruidas, sus campos abandonados o apropiados por otras familias, las murallas derruidas y el templo, el lugar donde Yahvé habitaba, incendiado. Esta dramática realidad los desanimó completamente, centrando sus esperanzas y sus motivaciones únicamente en la reconstrucción de sus viviendas y sus campos, dejando de lado la restauración del templo y, con ello, la confianza en la venida gloriosa de Yahvé, quien traería para Israel la salvación plena en la misma historia. Isaías anima la fe de su pueblo, los invita a poner nuevamente su fe y su corazón en la fuerza salvífica de Yahvé, quien traerá la paz y la justicia a su pueblo, por ello Jerusalén será una ciudad radiante, llena de luz, en donde la presencia de Dios como rey hará de ella una nación grande, ante cuya presencia se postrarán todos los pueblos de la tierra. El profeta manifiesta con esta gran revelación que Dios es quien dará inicio a una nueva época para Israel, una época donde reinará la luz de Dios y serán destruidas todas las fuerzas del mal, pues Dios se hace presente en Israel y ya más nadie podrá hacerle daño.IR A LA PÁGINA

DOMINGO 2 Domingo de Navidad – B (Juan 1,1-18)

 JOSÉ ANTONIO PAGOLA

VIVIR SIN ACOGER LA LUZ

Todos vamos cometiendo a lo largo de la vida errores y desaciertos. Calculamos mal las cosas. No medimos bien las consecuencias de nuestros actos. Nos dejamos llevar por el apasionamiento o la insensatez. Somos así. Sin embargo, no son esos los errores más graves. Lo peor es tener planteada la vida de manera errónea. Pongamos un ejemplo.

Todos sabemos que la vida es un regalo. No soy yo quien he decidido nacer. No me he escogido a mí mismo. No he elegido a mis padres ni mi pueblo. Todo me ha sido dado. Vivir es ya, desde su origen, recibir. La única manera de vivir sensatamente es acoger de manera responsable lo que se me da.

Sin embargo, no siempre pensamos así. Nos creemos que la vida es algo que se nos debe. Nos sentimos propietarios de nosotros mismos. Pensamos que la manera más acertada de vivir es organizarlo todo en función de nosotros mismos. Yo soy lo único importante. ¿Qué importan los demás?

Algunos no saben vivir sino exigiendo. Exigen y exigen siempre más. Tienen la impresión de no recibir nunca lo que se les debe. Son como niños insaciables, que nunca están contentos con lo que tienen. No hacen sino pedir, reivindicar, lamentarse. Sin apenas darse cuenta se convierten poco a poco en el centro de todo. Ellos son la fuente y la norma. Todo lo han de subordinar a su ego. Todo ha de quedar instrumentalizado para su provecho.

La vida de la persona se cierra entonces sobre sí misma. Ya no se acoge el regalo de cada día. Desaparece el reconocimiento y la gratitud. No es posible vivir con el corazón dilatado. Se sigue hablando de amor, pero «amar» significa ahora poseer, desear al otro, ponerlo a mi servicio.

Esta manera de enfocar la vida conduce a vivir cerrados a Dios. La persona se incapacita para acoger. No cree en la gracia, no se abre a nada nuevo, no escucha ninguna voz, no sospecha en su vida presencia alguna. Es el individuo quien lo llena todo. Por eso es tan grave la advertencia del evangelio de Juan: «La Palabra era luz verdadera que alumbra a todo hombre. Vino al mundo… y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron». Nuestro gran pecado es vivir sin acoger la luz.


ANTES DEL TIEMPO EXISTÍAS, ERAS PALABRA DE DIOS

 FRAY MARCOS

FE ADULTA


Jn 1, 1-18

El misterio de la encarnación no es cosa de niños sino algo muy serio. Tan serio que en él nos va la Vida. Retomamos la idea central de la Navidad: La palabra se hizo carne, se hizo vida, se hizo luz. La encarnación es la verdad fundamental del cristianismo, pero no siempre la hemos entendido bien. Estamos sin duda ante la página más sublime de toda la literatura universal que yo conozco. Se trata de himno cristológico anterior a la redacción del evangelio, fruto de la experiencia de una comunidad eminentemente mística. Es una condensación de todo el evangelio. Es prólogo pero podía ser epílogo.

Me parece una osadía atreverme a comentar este texto. Ni tengo la preparación filosófica y teológica suficiente ni la experiencia mística requerida para hincarle el diente. El único consuelo es saber que lo que yo digo no es palabra de Dios, sino solamente un apunte provisional que pueda ayudar a alguno a encontrar la dirección de su propia búsqueda. Querer expresar una experiencia mística con palabras es sencillamente imposible, por eso se recurre a un lenguaje simbólico, poético que violenta el sentido normal de las palabras.

El primer versículo nos dice ya tres cosas sobre Dios y el Logos: Que el Logos está en el origen (en el principio ya existía la Palabra). Que los dos estaban volcados el uno sobre el otro (la Palabra estaba junto a Dios). Que aunque distintos uno y otro eran lo mismo (la Palabra era Dios). No se trata de conceptos trinitarios posniceanos. Al comenzar con la misma palabra que el Génesis, nos está diciendo que la encarnación no es el comienzo de algo nuevo, sino la culminación de la creación. El Logos no comenzó, porque es el origen de todo. Luego se hace carne (comienza a ser en el tiempo) para terminar la creación del hombre. Arch no significa principio de tiempo sino origen, fundamento.

La traducción de Logos por Palabra no creo que sea la más adecuada, porque se pierde la originalidad del concepto que quiere trasmitir el texto. La palabra Logos ya existía, pero el concepto al que quiere aludir es nuevo. Esta palabra se encuentra por primera vez en Heráclito. s. VI a C, (precisamente en Éfeso, donde parece que se escribió este evangelio) y significaba la realidad permanente dentro del devenir de la realidad material (panta rei). La utilizan los estoicos, Platón, y Filón de Alejandría que la emplea 1.200 veces en sus escritos. En el NT tiene un amplísimo significado; desde palabra engañosa hasta el sentido cristológico único del prólogo que estamos comentando.

Repito que aquí el concepto es original; no deducible de las distintas tradiciones. Ese concepto no se vuelve a repetir ni siquiera en Juan. El concepto es incomprensible sin la experiencia pascual. Sin una experiencia mística no se puede acceder al significado que se quiere expresar. Podíamos decir que es el Proyecto eterno que en un momento dado se ejecuta. Dios crea por medio de su Palabra. También nos puede ayudar a comprender lo que quiere decir la idea de Sabiduría preexistente de los libros sapienciales.

Es muy interesante la expresión: "junto a Dios" (pros ton qeon)= vuelto hacia, volcado sobre. Expresa proximidad pero también distinción. Está en íntima unión por relación pero que no se confunda con Dios. Se deja un margen para el misterio. Este dato no siempre lo hemos tenido en cuenta... En griego (Kai qeos en o Logos) y en latín (et Deus erat Verbum), no se dice sólo que la Palabra era Dios, sino también que Dios era la palabra. qeos está aquí sin artículo. Podíamos traducir: lo que era Dios, lo era la Palabra. Para los judíos, Dios era el totalmente trascendente; no podía haber otro. Para los helenistas, el peligro era el politeísmo. Por eso nos dice que ni es una “mónada” ni son dos seres.

“Por medio de la Palabra se hizo todo”. En el AT Dios crea siempre por su Palabra. No se trata de un sonido que emite Dios. Otra vez tenemos que ir más allá del concepto primero. Nos está diciendo que el Logos es origen de todo. Con una redundancia, intenta llevarnos más allá de la misma palabra. Al margen de Dios y del Logos, no existe nada. No se trata solo de lo que existe en el tiempo, sino de todo lo que existe en absoluto.

En la Palabra había Vida, y la Vida era la luz de los hombres”. No llegamos a la Vida a través de la luz, sino al revés. Aquí Jesús no es un Maestro que nos trae salvación con su enseñanza (como se da a entender en otras cristologías) sino Vida que nos lleva a la comprensión total viviéndola. Para nuestra Vida espiritual, este concepto es clave. Vivir es anterior a comprender. Sin vivencia no se puede comprender nada de Dios.

Y la tiniebla no la recibió. El mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Esta insistencia tiene que hacernos reflexionar. En Jn se percibe esa lucha incesante entre la luz y la tiniebla. Era una idea que flotaba en el ambiente de la época. En un escrito de Qumrán se dice: Que la luz no sea vencida por las tinieblas. Ni siquiera los suyos fueron capaces de descubrirla. Tenemos aquí el primer reproche al pueblo judío que no fue capaz de ver en Jesús la Vida que podía llevarle a la comprensión de la ley.

Pero a cuantos la recibieron… Vemos que lo anterior era una exageración. Unos no la recibieron pero otros sí la recibieron. Se habla aquí de creer en sentido bíblico. No se trata de la aceptación de verdades sino de la aceptación de su persona. Sería: A los que confían en lo que significa Jesús, les da poder para ser hijos de Dios. Tenemos aquí la buena noticia. El que cree es engendrado como hijo de Dios. En Juan, se advierte una diferencia clara en el concepto de hijo cuando se dice de Jesús y cuando se dice de otros. Para designar a Jesús dice uios y tekna para designar a otros, se emplea aquí y en Jn 11,52.

Es muy importante aclarar, en lo posible, este concepto. En AT se usa la expresión “hijo de Dios” para referirse a los ángeles, al rey y al pueblo. Estos conceptos no sirven ni para aplicarlos a Jesús ni a los demás hombres. Nos dan una pista para poder comprender lo que quiere decir Juan. En el AT, el término hijo, se empleaba con sentido mesiánico. Se decía del enviado a cumplir una tarea de salvación en nombre de Dios. Esta idea, unida a la de la Sabiduría, pudo dar origen al concepto de “Hijo”, ser preexistente vuelto al Padre.

Para los semitas "ser hijo" es, sobre todo, reproducir lo que es el padre, imitar, salir al padre, obedecer. En Jn 5,19 se dice: “Un hijo no puede hacer nada que no vea hacer al padre”. Se descubre que Jesús es Hijo porque actúa como Dios, no porque conozcamos su naturaleza. De ahí que todo el que se adhiere a Jesús y actúa como él, se hace hijo. En contra de lo que se ha intentado tantas veces, no podemos llegar por razonamiento al conocimiento de Jesús como hijo de Dios. Jesús no es hijo de Dios como yo soy hijo de mi padre. Lo importante no es nacer de la carne y de la sangre, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne. Meta de todo lo anterior. Se trata de una nueva presencia de Dios. Dios no está ya en el templo, ni en la tienda del encuentro. Ahora está en Jesús. No se identifica Palabra y Jesús. Se deja un margen para el misterio. Para la antropología semita hombre-carne, hombre-cuerpo, hombre-alma, hombre-espíritu, son aspectos de una solo realidad, el hombre. Se hizo hombre-carne; limitado pero susceptible de Espíritu. Se hizo carne, sin dejar de ser Logos, sin dejar de estar volcado sobre Dios.

“Y habitó entre nosotros". “eskenosen" significa plantar una tienda para vivir en ella. Hace referencia a la presencia de Dios entre pueblo (tienda del encuen­tro). También de la Sabiduría se dice: “Habita en Jacob, pon tu tienda en Israel”. Siendo uno de nosotros, levantando su tienda en nuestro propio campamento, hizo presente y visible a Dios.

1 DE ENERO. SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

FE ADULTA

col sicre

 

Seis peticiones para el nuevo año (Números 6.22-27)

El Señor habló a Moisés:

Di a Aarón y a sus hijos: Esta es la fórmula con que bendeciréis a los hijos de Israel: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz». Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré.

Muchas personas piensan que esta bendición es de san Francisco de Asís. La escribió muchos siglos antes un autor bíblico para que la pronunciaran los sacerdotes sobre los israelitas. Aunque es muy breve, pide al Señor seis cosas.

«El Señor te bendiga». Es lo que hace Dios después de crear a la primera pareja humana, asegurándoles la fecundidad, el dominio de la tierra y el sustento (Gn 1,28-30) y lo que hace un padre antes de morir. La bendición de Isaac implica riqueza material y dominio sobre sus hermanos y otros pueblos (Gn 27,27-29).

«Te proteja». El mejor comentario se encuentra en el salmo 121, que repite a menudo este verbo, presentando a Dios como protector o guardián de Israel. « No duerme ni reposa, está a tu derecha, te guarda de todo mal, guarda tus entradas y salidas».

«Ilumine su rostro» no es una metáfora usual entre nosotros; pero sí hablamos de lo contrario: un rostro sombrío. Un rostro radiante inspira alegría y confianza; Sal 67,2 relaciona el rostro radiante de Dios con su bendición. El salmo 80 lo relaciona con la liberación de los enemigos (Sal 80,4.8.20), igual que Sal 31,16.

«Te conceda su favor». Se puede referir al don de los hijos (Gn 33,5), a dones materiales, la liberación de los enemigos y del pecado.

«Te muestre su rostro» es una petición extraña, porque nadie puede ver el rostro de Dios. En realidad, el texto hebreo dice: «levante su rostro hacia ti», se muestre benévolo, «se fije en ti».

«Te conceda la paz», que no es solo la ausencia de guerra, sino el conjunto de todos los bienes.

En el contexto de la Navidad, recordemos que todo esto que pedimos nos lo ha concedido Dios en Cristo, en quien nos ha proporcionado toda clase de bendiciones espirituales y celestiales.

La única referencia paulina a María (Gálatas 4,4-7)

En la fiesta de Santa María, la liturgia ha querido incluir esta única referencia de Pablo a la madre de Jesús, de suma importancia cuando la celebramos como madre del Hijo de Dios.

El texto habla de dos envíos del Padre: en el primero nos envía a su Hijo, para rescatarnos y recibir la adopción filial; en el segundo, nos envía al Espíritu de su Hijo, que completa la obra impulsándonos a llamar a Dios «Padre» y nos convierte en herederos. Nos ha tocado la lotería de Navidad. Pero este regalo ha necesitado de la colaboración imprescindible de una mujer.

Hermanos: Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial. Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama: «¡Abba, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.

Tres actitudes para el nuevo año y un nombre para toda la vida (Lucas 2,16-21)

El texto relaciona dos acontecimientos muy distintos, separados por ocho días de distancia: la visita de los pastores y la circuncisión de Jesús.

En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores.

María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

La visita de los pastores la leímos el 25 de diciembre, en la misa de la aurora. De ese relato podemos deducir tres actitudes fundamentales para el nuevo año: los pastores nos enseñan a responder al anuncio del ángel y a alabar y dar gloria a Dios; los presentes, a admirarnos de lo que nos cuentan; María, a guardar y meditar todo lo ocurrido. En el comentario a la misa de la aurora desarrollé estas ideas.

La circuncisión tiene lugar ocho días más tarde. Aunque la práctica es anterior a los israelitas, el libro del Génesis la relaciona con una orden expresa de Dios a Abrahán: «Circuncidad a todos vuestros varones, y será una señal de mi pacto con vosotros» (Gn 17,10-11). De ese modo, el varón israelita lleva en su carne un signo de su unión con el pueblo de Dios (en Israel no existe la circuncisión femenina, lo cual no significa que la mujer no esté en relación con el pueblo de Dios). Al principio, la imposición de un nombre al recién nacido no estaba vinculada con la circuncisión. El nombre se ponía en el momento de nacer, como lo demuestra el ejemplo de Moisés con su hijo Guersón (Éx 2,22) o el de Obed, nieto de Rut (Rut 4,17). Más tarde se introdujo la costumbre de unir ambos hechos, como recoge Lucas en los casos de Juan Bautista (Lc 1,59) y Jesús.

Lucas y Mateo, que ofrecen dos relatos muy distintos de la infancia, coinciden sin embargo en que el nombre de Jesús («Salvador») fue impuesto por un ángel, cuando se apareció a José (Mt 1,21) o a María (Lc 1,31). Solo Mateo explica su sentido: «porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Pero esta salvación a través de la muerte hará que el nombre de Jesús sea interpretado, más tarde, como título de gloria. La carta a los Filipenses, después de recordar su humillación, añade: «Por eso Dios lo exaltó y le concedió un nombre superior a todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, la tierra y el abismo» (Fil 2,9-10).

A las ideas de salvación y gloria se añadió más tarde un aspecto íntimo, cordial, que refleja muy bien el himno «Iesu dulcis memoria»:

Es dulce el recuerdo de Jesús,
que da verdadero gozo al corazón
cuya presencia es más dulce que la miel
y que todas las cosas.
Nada se canta más suave,
nada se oye más alegre,
nada se piensa más dulce
que Jesús el Hijo de Dios.

En vez de propósitos y buenos deseos, una buena compañía

El comienzo de año es un momento ideal para hacer promesas que casi nunca se cumplen. También se formulan deseos de felicidad, generalmente centrados en la clásica fórmula: salud, dinero y amor. La liturgia nos traslada a un mundo muy distinto. Abre el año ofreciéndonos la compañía de Dios Padre, que nos bendice y protege; de Jesús, que nos salva y concede ser hijos de Dios; del Espíritu, que nos convierte en herederos; de María, que medita en todo lo ocurrido.

JESÚS NO ES UN APÁTRIDA

FE ADULTA

comentario editorial

 

Quien a mí me hace Dios,
la santa voluntad de Dios traiciona (Goethe)

Domingo II después de Navidad

Jn 1, 1-18.

La Palabra se hizo hombre y acampó entre nosotros.

La Liturgia acaba de inaugurar el añonuevo con la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios. En Gálatas 4, 4, Pablo nos recuerda que "Dios envió a su hijo, nacido de mujer". Theotokos –la Deípara- es el título que el Concilio de Éfeso (431) dio María en referenia a su maternidad divina. Un grave error teológico, que habría que corregir borrándola del calendario.

Casaldáliga nos dice de ella que el Verbo se hace carne en el vientre de su fe, y entonces sí podemos considerar que en su seno se engendra algo divino. Su mejor título, como el de toda mujer madre sin duda, el de haber dado a luz un ser humano. Todo lo demás, tinieblas de misterio.

Si Juan Evangelista hubiera conocido al toledano Rafael Morales (1918-2005), posiblemente nos hubiera puntualizado su "se hizo hombre" apostillándolo con esta estrofa de un Soneto al Jesús consustanciado por elementos terrenales en el vientre de su madre. De los mismos que hemos sido hechos el resto de los mortales:

El alba tomó cuerpo en tu figura,
el aire se hizo carne, los rosales
para crear tu piel silente y pura.

Y entonces, como dioses que somos, habremos nacido en nuestra paria, no en el exilio, como reza la novela del rumano Vintila Horia. Una tierra de esperanza que se abre a un horizonte de perspectivas infinitas. Aquí ninguna criatura es apátrida. Todas son terrenales. Sólo las celestiales, si existieran, pudieran considerarse como extrañas.

Quiero ser como él, hombre y sólo hombre, sin ribetes divinos. Pues considero con Goethe que

Quien a mí me hace Dios,
la santa voluntad de Dios traiciona.

De todas las nominaciones de Dios, la más notable y sustanciosa es la de Palabra. Sólo ella se hizo encarnación en las entrañas de María. Siento la mía Dios por endiosarse en carne. Por hacerse hijo de él e hijo de María.

Permite Madre que repose mi cabeza en tu seno, y sienta dentro de él lo que con tanta claridad perennemente siento fuera. A Jesús, con el que siempre me encuentro en todas partes cuando recorro todos los caminos de la vida. Déjame que escuche el amor expresado en sus latidos. Quiero sintonizar con ellos y luego hacer que suenen en el bosque del Universo entero los suyos, los tuyos –y por qué no-, los míos.

En su primera intervención navideña, el rey Felipe VI pronuncia un discurso cuyas constreñidas fronteras peninsulares me permito transpasar y elevar algunos de sus contenidos a tono universal. Cualquier religión podría hacerlos suyos y reconocer como propia la resonancia espiritual que los impregna: "Es evidente –ha dicho- que todos nos necesitamos. Formamos parte de un tronco común del que somos complementarios los unos de los otros pero imprescindibles para el progreso de cada uno en particular y de todos en conjunto.

¿No es ésta, acaso, ecuménica música de Evangelio dirigida a todos los que quieren escucharla? ¿O quizás a ninguno?

 

QUIEN ME HACE DIOS, A DIOS TRAICIONA

¿Un Dios aquí en la Tierra?
Lo dijeron los hombres
y huyeron las montañas y los bosques.
Las aves emprendieron fugaz vuelo
y este Globo quedó yermo de vida
poblado de desiertos.

La propia raza humana en desvarío,
lo reencarnó en uno de los suyos,
y todos menos él se lo creyeron.

Un Dios aquí en la Tierra: ¡qué locura!

La vida andaba triste en aquel tiempo
buscando por el mundo cementerios.

-"¡Un Dios humano!" lamentaba.

..................................

Regresaron las aves.
Los bosques y montañas repoblaron
de vida los desiertos
cuando Jesús pensando en el silencio,
como de él cantó Goethe,
alzó la voz y dijo:

-"Quien a mí me hace Dios,
la santa voluntad de Dios traiciona".

(SOLILOQUIOS, Edicciones Feadulta)

sábado, 26 de diciembre de 2020

Si esto no es prevaricación…

 

Javier Pérez Royo

Sin Permiso

El miércoles publiqué un artículo (Vicio insubsanable) al tener conocimiento de la sentencia del Tribunal Supremo (TS) por la que se ordenaba la repetición del juicio de Arnaldo Otegi por el caso Bateragune. Únicamente conocía el comunicado del TS, pero no la fundamentación jurídica de la sentencia, que ha sido hecha pública este jueves.
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Joaquín Sánchez: “Seamos un torrente de buenas noticias en un mundo que gime de dolor”

 Religión Digital

“Seamos malas noticias para todas esas élites que consideran que la vida humana y el planeta les pertenecen”
“La época que nació Jesús fue una época llena de crueldad y pobreza, donde Dios era utilizado como legitimación del poder y del expolio del pueblo”
“El rey Herodes representa a las élites sociales, religiosas, militares y económicas que quieren seguir manteniendo un mundo basado en el acaparamiento de las riquezas, utilizando la violencia y el control y dominio de pensamientos y sentimientos”
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El rescate del mensaje y del ideal cristianos

Antoni Ferret

 Redes Cristianas

El título se refiere a volver el mensaje y el ideal a su pureza original, perdida a muy poco tiempo de su formulación completa, eso es: formulación profética + formulación evangélica.
Confieso que los quisiera rescatar de varias hipotecas, pero en este escrito, y a fuer de brevedad, me referiré a un solo aspecto, aunque fundamental.

Entiendo, en mi fuero interno, pero apoyándome en opiniones parciales de otras personas, que:
1)Somos obra mediata de un Creador, el cual, además, nos acoge como hijos (igual podríamos decir amigos, hermanos u otra palabra que signifique un fuerte lazo amoroso). En un momento dado, la persona divina de Jesús se hizo presente entre los humanos para enseñar un ideal de vida de amor, completando los principios ya dados por sus predecesores: los profetas y legisladores de Israel.

2)Los hombres y las mujeres pecamos, a veces o a menudo o muchas veces, según los casos. Esos pecados, el Creador o Padre los perdona gratuitamente, siempre que haya buena voluntad por parte de la persona. (Aquí hay que decir, porque es importantísimo, que la inmensa mayor parte de los actos que se han considerado pecado por las autoridades eclesiásticas durante siglos, no lo eran, sobre todo la casi totalidad de los referidos al cuerpo humano.) Y hay que afirmar, especialmente, que ese perdón es siempre gratuito. (Podemos recordar especialmente los textos de Miqueas 7: 18-19, y de Lucas 15: 11-32.)

3)El apóstol Pablo, al parecer, quedó fuertemente impresionado por algunas frases del Segundo Isaías en relación con la figura simbólica del Sirviente de Yahvé, tales como: «De hecho, él llevaba / nuestras dolencias / y había tomado encima suyo / nuestros dolores. / Nosotros lo teníamos / por un hombre castigado / que Dios azota y humilla. / Pero él era malherido / por nuestras faltas, / triturado por nuestras culpas: / recibía la corrección que nos salva, / sus heridas nos curaban.»

4)Y Pablo tuvo la intuición de transponer la relación entre: pecados del pueblo israelita – sufrimientos del Sirviente – expiación de los pecados del pueblo; a la posible relación paralela entre: pecados de toda la humanidad – muerte de Jesús – perdón de todos los pecados del mundo. Y con ello afirmó la horrible frase de «Cristo murió por nuestros pecados, como decían ya las escrituras». Éramos «comprados» o «rescatados» por la sangre de Jesús. En definitiva: redimidos.

5)Ello ha dado un sentido a la fe cristiana, o ideal cristiano, de culpabilidad, de conciencia fuertemente pecadora, de dependencia, de tristeza.
6)Entiendo (y se va entendiendo) que el texto del Segundo Isaías era referente únicamente al pueblo de Israel en un momento de su historia, que los pecados se perdonan gratuitamente, que no era necesario que nadie muriera, ni sufriera, para alcanzar ese perdón, que un Creador i Padre eminentemente bueno jamás habría exigido, ni necesitado, la muerte ni la sangre de nadie para perdonar.
7)Finalmente, Jesucristo es nuestro Maestro, nuestro guía, nuestro lazo con el Padre, pero no nuestro Redentor.
Antoni

España no acaba de ser europea

 

Jaime Richart, Antropólogo y jurista

Redes Cristianas

Estas cosas son así. Unas cuantas familias de patricios que arrastran a centenares y estas a miles con el refuerzo de la jerarquía religiosa, se imponen en España desde tiempo inmemorial a todos los demás… Vestigios, estos, de tiempos primitivos que no se aprecian en ningún otro país europeo, y menos en los que proceden de la disolución del socialismo real.

Sospecho que España nunca llegará a entenderse ni a desenvolverse con soltura con Europa. Desde una perspectiva antropológica, hay una gran distancia entre la idiosincrasia de la población europea aunque naturalmente sea heterogénea, y los rasgos de carácter de las clases sociales que dominan de hecho y desde hace quizá tres siglos en España. Esa distancia empieza con la religión y la moral.

Por un lado, está aquí ese típico catolicismo exacerbado, entrometido y siempre amenazante, y por otro en Europa están el catolicismo atemperado y más cercano al mensaje evangélico y un cristianismo no católico; ambos mucho más proclives a predicar y practicar la tolerancia. Lo que tiene una importancia suma. Diferencias que se acusan demasiado en el carácter de los dirigentes políticos, económicos, empresariales pero sobre todo judiciales españoles, respecto a los rasgos de sus homónimos de la Europa Unida.

España ha soportado siempre muy mal el hundimiento de aquel imperio donde no se ponía el sol y luego la pérdida de las Colonias. De entonces datan muchísimas de esas familias. Y esa frustración siempre han tratado de compensarla con el infantil orgullo de ser y declararse diferente. Desde luego lo es.

Pues ese complejo, el haber hecho del catolicismo ideología con sus consecuencias psicológicas y morales, una guerra civil en la que la derrota hizo de la paz un sufrimiento incurable para millones de españoles por muchos años, una dictadura de 40 años, y la no implicación en dos grandes guerras que ha originado una inevitable ósmosis entre los dos bandos esforzados desde entonces a entenderse, problematiza considerablemente la relación política y judicial entre España y Europa. Y más precisamente entre España y la Unión Europea. Pues a la Unión no le interesa la apariencia. Lo que intenta es un proceso de integración en un espíritu común, con independencia de la idiosincrasia de cada nación. Por lo que ya no basta el compromiso económico contraído con la Comunidad Económica Europea cuya adhesión solicitó el franquismo en 1962. La entrada efectiva en la Unión Europea en 1985 supone también un acentuado compromiso político.

Y también un esfuerzo para aproximar la epiqueia (interpretación de la ley según su espíritu y no según la literalidad) al entendimiento de la justicia española en las materias espinosas de derechos humanos y territoriales. La falta de adecuación y de empatía entre ambos estamentos es lo que explica, pero no justifica, el sistemático incumplimiento por parte de España de las directivas del Consejo Europeo; así como explica y justifica las resoluciones del Tribunal de los Derechos Humanos aunque no sea una institución de la UE, y de la Corte Internacional de Justicia de la Haya, que corrigen a menudo a los magistrados españoles aferrados a criterios más propios de la ideología franquista que de la lógica jurídica y formal. Lo que da lugar a toda clase de esperpentos, aunque los medios españoles los solapen como tales con alevosía y nocturnidad.

Lo que no puede entenderse ya es el interés de pertenecer a Europa exclusivamente por razones económicas. Lo que es una prueba de necedad es no facilitar la aglutinación posible con los miembros que la integran, sin ayudar a la superación de las diferencias conceptuales entre España y la UE.

Por todo ello cuando, aparte lo dicho, pienso -y es a menudo, vista la deriva permanente de mi sociedad- en el espíritu y la mente de aquellas generaciones de las demás naciones europeas cuyas vivencias intensas a lo largo de tres décadas, cuyos pensamientos y sentimientos impregnados de drama y de tragedias desgarradoras -legados luego a sus descendientes- son efecto y consecuencia de su enfrentamiento en dos guerras mundiales en el corto espacio de treinta años, casi consecutivas…

Cuando pienso, digo, todo eso y comparo ese universo comprimido en las almas de los europeos de uno y otro bando, con las vivencias, pensamientos y sentimientos de otras tantas generaciones de españoles a lo largo de cuatro décadas, y una espantosa guerra fratricida cuyas secuelas llegan hasta hoy mismo, comprendo que España, aunque medie un pacto técnico y orgánico, será muy difícil que conecte con Europa. Por lo menos no conectará mientras el espíritu de la España no protagonista en siglos (salvo la breve experiencia republicana) pero ciertamente esa sí europea, se haga con el timón de una manera prolongada. En otro caso, lo que nos queda por ver es cuánto tiempo va a tardar España en dejar de ser un palo entre las ruedas para el engranaje de la Unión Europea y un mero apéndice sin interés político y social para el Continente, sólo apto como sucedáneo cercano de lejanos paraísos caribeños…

El problema no es que sean ricos, sino riquísimos, ineficientes y a costa de los demás

 


Juan Torres López

Alainet

Juan Torres

Hace unos días mi compañera y amiga Carmen Lizárraga, profesora Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Granada, publicó un comentario en Twitter señalando la abismal diferencia de ingresos entre los dueños de Inditex y Mercadona y sus trabajadores. Era una manera rápida, como no puede ser de otra forma en esa red social, de llamar la atención sobre las enormes diferencias de ingresos que se dan en el seno de las empresas, algo que muchos economistas bastante ortodoxos han reconocido siempre como una fuente de ineficiencias y pérdida de productividad, tal y como ella misma se encargó de señalar en un artículo posterior (aquí).
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Las dos Navidades 2/2

 


Óscar Fortin

Humanismo en Jesús

La Humanidad de nuestros tiempos esta, mas que nunca, sometida a fuerzas cuyos objetivos son la toma de control tanto de las personas que del conjunto de los pueblos.
El corona virus, producto del hombre, se impone a la Humanidad entera. En muchos de sus exigencias nos lleva al sentido contrario de nuestra naturaleza: como la fraternidad, el encuentro de los unos con los otros, el compartir etc…
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Juan José Tamayo: “Los obispos españoles no se sienten suficientemente cómodos en democracia”

 

Jesús Bastante

el diario

Tamayo4

El teólogo publica ‘La internacional del odio’ (Icaria), donde denuncia el discurso de Trump, Bolsonaro, Salvini… y también de Vox y HazteOir
“Los obispos españoles no se sienten suficientemente cómodos en democracia”. Juan José Tamayo no esquiva las afirmaciones contundentes. El teólogo publica La internacional del odio (Icaria), un libro en el que analiza los “cristoneofascismos”, un término que utiliza para explicar “la alianza entre la extrema derecha política y los movimientos integristas cristianos, fundamentalistas, ultraconservadores, en alianza con el modelo liberal, con el apoyo de importantes sectores de la Iglesia católica y protestantes en América Latina”. Y que han saltado el charco y se visibilizan en Europa con personajes como Matteo Salvini o los presidentes de Hungría y Polonia y, en España, con instituciones como HazteOír y partidos como VOX. Que, afirma Tamayo, cuentan con el respaldo silencioso de muchos obispos españoles.
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