FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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jueves, 16 de enero de 2020

El discurso medieval de la ultraderecha española arrastra también a la Iglesia católica


José Antequera

Ricardo BlazquezUna vez más, como ya ocurrió durante los 40 años de franquismo, los obispos asumen los planteamientos de la extrema derecha
La Iglesia católica española también está virando a la derecha. Son los signos de los tiempos que corren. Atrás quedan aquellos años del Concilio Vaticano II, cuando la jerarquía eclesiástica se bajó de los altares para humanizarse, adaptarse a los nuevos tiempos y abrirse al mundo. Fue una auténtica revolución que sacó el oscuro latín medieval de los púlpitos y trató de acercar a Dios al ser humano.··· Ver noticia ···

HAY UNA FORMA DE NO AMAR AL PRÓJIMO UN POCO ESCONDIDA. ES LA INDIFERENCIA


col masotti

(Vatican News).- La lectura, tomada de la Primera Carta de San Juan Apóstol, gira enteramente en torno al tema del amor y es sobre este tema que el Papa Francisco invita a la reflexión en su homilía de la misa matutina en la Casa Santa Marta. El apóstol, dice, comprendió lo que es el amor, lo experimentó, y entrando en el corazón de Jesús, comprendió cómo se manifestaba. En su Carta, entonces, nos dice cómo amamos y cómo hemos sido amados.
Dios nos amó primero
Hay dos afirmaciones que el Papa define como "claras". La primera es el fundamento del amor: "Amamos a Dios porque Él nos ha amado primero". El principio del amor viene de Él. "Yo empiezo a amar, o puedo empezar a amar - dice el Papa - porque sé que Él me ha amado primero". Y continúa: "Si no nos hubiera amado, ciertamente no podríamos amar". Francisco da entonces un ejemplo:
Si un recién nacido, de pocos días, pudiera hablar, seguramente explicaría esta realidad: "Me siento amado por los padres". Y lo que los padres hacen con el niño es lo que Dios hizo con nosotros: nos amó primero. Y esto hace nacer y hace crecer nuestra capacidad de amar. Esta es una clara definición de amor: podemos amar a Dios porque Él nos amó primero.
Quien dice que ama a Dios pero odia al hermano, miente
La segunda cosa que el Apóstol dice "sin medias palabras" es ésta: "Si alguno dice: 'Yo amo a Dios' y odia a su hermano, es un mentiroso". El Papa señala que Juan no dice que es un "mal educado", o "uno que se equivoca", dice "mentiroso" y también nosotros debemos aprender esto:
Yo amo a Dios, rezo, entro en éxtasis... y luego descarto a los demás, los odio o no los amo, simplemente, o soy indiferente a los demás... No dice: "te equivocaste", dice "eres un mentiroso". Y esta palabra de la Biblia es clara, porque ser un mentiroso es la forma de ser del diablo: es el Gran Mentiroso, nos dice el Nuevo Testamento, es el padre de la mentira. Esta es la definición de Satanás que nos da la Biblia. Y si dices que amas a Dios y odias a tu hermano, estás del otro lado: eres un mentiroso. No hay concesiones en esto.
Descartados
Muchos pueden encontrar justificaciones para no amar, algunos pueden decir " Yo no odio, Padre, pero hay muchas personas que me hieren o que no puedo aceptar porque son maleducadas o groseras". Y el Papa comenta subrayando la concreción del amor indicada por Juan cuando escribe: "Porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto”. Y afirma: "Si no eres capaz de amar a las personas, desde las más cercanas hasta las más lejanas, no puedes decirnos que amas a Dios: eres un mentiroso".
El amor es concreto y cotidiano
Pero no sólo existe el sentimiento de odio, sino que también puede existir la voluntad de no "entrometerse" en las cosas de los demás. Pero esto no es bueno, porque el amor "se expresa haciendo el bien":
Si una persona dice: "Yo, para estar bien limpio, sólo bebo agua destilada": ¡morirás!, porque eso no sirve para la vida. El verdadero amor no es agua destilada: es el agua de todos los días, con los problemas, con los afectos, con los amores y con los odios, pero es esto. Amar la concreción, el amor concreto: no es un amor de laboratorio. Esto nos enseña, el Apóstol, con estas definiciones tan claras. Pero hay una forma de no amar a Dios y de no amar al prójimo un poco escondida, que es la indiferencia. "No, no quiero eso: quiero agua destilada. No me meto en los problemas de los demás". Tú debes, para ayudar, para rezar.
El Papa Francisco cita a continuación una expresión de San Alberto Hurtado que decía: "No hacer el mal es bueno; pero no hacer el bien, es malo". El verdadero amor "debe llevar a hacer el bien (...), a ensuciarte las manos en las obras de amor".
A través del camino de la fe conquistamos el mundo
No es fácil, pero a través del camino de la fe existe la posibilidad de superar el mundo, la mentalidad del mundo "que nos impide amar". Este es el camino, dice de nuevo el Papa, "aquí no entran los indiferentes, los que se lavan las manos de los problemas, los que no quieren inmiscuirse en los problemas para ayudar, para hacer el bien; no entran los falsos místicos, los de corazón destilado como el agua, que dicen que aman a Dios pero prescinden de amar al prójimo", y concluye: "Que el Señor nos enseñe estas verdades: la certeza de haber sido amados primero y la valentía de amar a los hermanos".

JORGE COSTADOAT: "A MI JUICIO, LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN LA IGLESIA ES UN PECADO"


col costa

Reputado teólogo jesuita, el chileno Jorge Costadoat ha participado en el Seminario organizado en Caracas para visibilizar lo que el Papa impulsa a nivel teológico. Le entrevistamos para saber su opinión sobre el pontificado de Francisco, en el que ve más urgente y fundamental "colocar a los pobres en el centro" y cuidar a la comunidad que reformar la curia. La aprobación de los viri probati, por otra parte, confiesa que le parece "más que razonable", como la ordenación sacerdotal de la mujer. Por último va a darnos su punto de vista sobre el estallido social en Chile, consecuencia del "neoliberalismo salvaje", que ha pillado a la Iglesia "sin autoridad moral" para intervenir en el problema.

¿Esta convocatoria de teólogos es, al final, un acto de apoyo al Papa?
Sí, nosotros estamos en sintonía con lo que el Papa está impulsando. Una reforma en distintos niveles. Una reforma del corazón, de lo que Dios hoy día quiere decir a su Iglesia. En ese sentido, nosotros estamos colaborando humildemente con este movimiento. A mí concretamente me ha tocado la ponencia sobre La conversión pastoral a los signos de los tiempos. Esto quiere decir que, cuando se habla de conversión pastoral, lo fundamental no es entender que es una renovación de los métodos para transmitir el mensaje más fácilmente, sino que es más profundo: Dios quiere una conversión que tiene que ver con todo ser humano, no solo con el desarrollo de una pastoral de parroquia o iglesia local... Esto es lo que Dios le está diciendo al ser humano, y requiere una atención mucho mayor, contando con que todos los seres humanos, en principio, están condicionados para oír la Palabra de Dios.
¿Para plasmar después esa conversión en las estructuras pastorales?
Exactamente. Si uno tiene en cuenta, por ejemplo, que hoy el signo de los tiempos tiene que ver con la conciencia planetaria, el peligro ecológico de devastación de la tierra... Si uno tiene en cuenta que Dios le está diciendo a todo ser humano que hay que poner atención, eso en la pastoral tendría que tener un lugar muy importante.
"La Iglesia, institucionalmente considerada, ha perdido su capacidad de reforma"
¿Cómo se inserta eso en la pastoral?
Por lo pronto, en la catequesis, que tendría que integrar transversalmente ese tema. Desde un punto de vista teórico y práctico, enseñar a los niños a descubrir que Dios, el Creador del Universo, es el que cuida a toda la humanidad y a todos los seres vivos de este planeta, pero que las personas pueden involucrarse en ese cuidado.
¿Porque eso hasta ahora no está en los planes de catequesis?
No sé, puede que en algunos. Lo importante es que esté, tiene que estar para que hablemos hoy pastoralmente de cuidar este planeta. Esto hace quinientos años no era tema, pero hoy sí es un tema muy importante. La mujer, las migraciones... Son otros grandes signos de los tiempos, que tendrían que estar incorporados en la pastoral de la Iglesia.
¿No estamos llegando ya tarde a la implantación de esos temas? El feminismo, por ejemplo, en la sociedad está mucho más asentado que en la Iglesia, que desconfía desde su jerarquía.
Claro, estamos tarde.
Esa actitud, ese discurso que lo reduce a "ideología de género"...
Ya... Pero nunca es tarde, y este Papa está impulsando cambios en esa dirección. Creo que, en lugar de dejarlo solo, es importante sumarse.
¿Está cuajando este Primavera del Papa, sus reformas?
Hablando desde América Latina, mi impresión es que en amplios sectores de la Iglesia los gestos del Papa son energía para ir más allá de lo establecido, del establishment eclesiástico. Todo eso que está cambiando ha sido bien recibido por el pueblo católico en general y no solamente por los católicos. Se recibe como necesario. Ahora, a veces uno entiende que el Papa no puede ir más rápido, como uno quisiera, pero por lo mismo no se le puede dejar solo.
Eso tiene que ser difícil para él: el equilibrio. No dejarse retrasar por la facción de la Iglesia que no quiere avances ni por una izquierda radical que lo que quiere es que vaya a toda prisa. ¿Cómo encontrar el justo medio?
Es complicado para una Iglesia que tiene una tradición de dos mil años y que tiene que avanzar a pesar de ella.
Y que es muy diferente dependiendo del contexto.
Está en continentes muy distintos, en situaciones muy diferentes. No es lo mismo en África que en Asia, en Europa, en América Latina... Pero un Papa tiene que avanzar con todo. Con una tradición de dos mil años no puedes sino avanzar con cuidado. Pero avanzar, aunque sea lentamente. Si no avanza, estamos mal. Este Papa está siendo bastante audaz, llevando la cuestión a lo principal: anunciar el Evangelio a los pobres, acompañar a los últimos.
¿Eso se está consiguiendo? ¿Colocar a los pobres en el discurso teórico, pero además en la praxis de la institución? Porque me da muchas veces la sensación de que hablamos mucho de pobres, pero solo en la teoría.
Sí. La palabra se gasta. La opción preferencial por los pobres no hay que gastarla en la palabra. En América Latina, todo el mundo la invoca. Pero en la práctica no todos la establecen. Pero muchas veces eso se traduce en acciones concretas de un modo muy discreto, como tiene que serlo según el mandato evangélico. Hay mucha acción de cristianos que no están preocupados por aparecer en nada, pero que están en situación de solidaridad, de compromiso, en comunidades pequeñas o parroquias. Son opciones personales de ayudar a la gente.
¿Y a nivel de estructura clerical? ¿Los curas os estáis convirtiendo de verdad?
No sé... A mí, si me coge el Padre Eterno al final de mi historia... No sabría sacar la cuenta. Luego no sabría decir qué es lo que hacen los demás...
Pero cuando el Papa habla de clericalismo, por ejemplo, ¿el clericalismo se va revirtiendo?
Un poco. Pero creo que eso viene de la formación de los sacerdotes, profundamente clerical. Hay que cambiar radicalmente porque venimos de la Cristología que se enseñaba antes del Concilio. Los manuales que estudiábamos, los tratados... desembocan en que la figura de Cristo es sumo y eterno sacerdote, que se cumple en la Eucaristía, donde hay un sacerdote. Esa es, con lo cual, la máxima expresión del cristianismo: alguien que representa a Cristo y celebra la misa. Ese es el fundamento de todo clericalismo. Lo dicen los informes de Australia, de los alemanes, de todas partes. Se concluye que gran parte de los abusos sexuales que se han cometido tienen que ver con este fenómeno del clericalismo. Un personaje que es un "semidios", que tiene una trascendencia... es una persona en peligro de establecer relaciones asimétricas, captando la libertad personal de los fieles, dejándolos en una mala situación, de sumisión y no libertad.
Esa mentalidad del clero se filtra en la estructura a través del carrerismo.
Claro, y en todas direcciones. Lo que el sacerdote supuestamente sabe se ha interiorizado tanto que vivimos clericalizados: el sacerdote enseña. Nosotros pensamos que el sacerdote es el que camino con el pueblo en una relación de enseñanza-aprendizaje recíprocos. Queremos romper con la idea de que el sacerdote es el referente de la cristiandad. Todos lo somos. Todos podemos caminar, ayudarnos, enseñarnos.
Eso nos lleva al Sínodo y a los nuevos ministerios.
Exactamente. Se ha empezado a hablar en el Sínodo pero el problema es que no conozco el documento final. La cuestión es que los seminarios siguen formando en este registro: forman a sacerdotes que sentencian. Entonces, no vamos a terminar con este modo de relacionarse, de ministro sobre resto del pueblo.
¿Habría que romper la forma en que se está formateando al clero desde el seminario?
Sí, es lo principal. De lo contrario, puede ser que un sacerdote caiga en la cuenta de que su modo de relación con los demás es totalmente unilateral, vertical. Uno como sacerdote debe tomar cada vez más conciencia de que eso es así, una realidad que puede ser tremendamente problemática.
¿Los obispos podrían urgirlo, ya que el Papa se lo está exigiendo a ellos?
El Papa ha urgido a los obispos de todos lados. En Santiago, cuando el Papa les habla a los obispos en privado, sabemos que les dice esto: basta de clericalismo. Entonces, es un trabajo que todos, obispos y sacerdotes, tenemos que hacer. Caer en la cuenta de que nosotros tenemos un impacto enorme en la vida de la gente. Sin caer en la cuenta de que eso es así, nosotros vamos a actuar inconscientemente, como si nada pasara, y podemos atropellar a la persona que nos escucha. La toma de conciencia es fundamental. Debemos hablar de una conversión en esta dirección: entender que uno tiene que dar el paso de retirarse para que las otras personas empiecen a actuar con libertad, probando, equivocándose. Poder, entonces, ser sujetos reales de su Iglesia.
Eso sería una revolución.
Eso ha empezado a construirse en América Latina y creo que también en Europa. Ha empezado en distintas partes. En las comunidades de base, por supuesto. No siempre, pero a veces sí. Mi experiencia es esa: un sacerdote tiene que cuidar la comunidad, cuidar de que la comunidad crezca y las personas desarrollen su capacidad de ser responsables de sí mismas, de los otros y de la comunidad. Evitar que se produzcan conflictos...
¿Las parroquias están cambiando en ese sentido?
No, pero es lo que creo, lo digo con ignorancia porque no lo sé... Lo desearía, pero... No tengo muchas señales.
¿Y las curias diocesanas?
No tengo idea.
¿Y la curia romana?
No creo.
¿Se puede cambiar la curia? ¿Por qué parece imposible cambiar la curia romana?
Uno de los problemas que tenemos es que la Iglesia, institucionalmente considerada, ha perdido su capacidad de reforma.
¿Por?
Porque se ha institucionalizado tanto que es muy difícil de reformar. Todos los papas han tenido dificultades para hacer la reforma de la curia. Además de que me parece, por otro lado, que esa no es la reforma fundamental. Hacer una curia mejor puede ser todavía más complicado cuando un cristianismo reaccionario se dirige a Asia, África y América Latina. Nosotros no necesitamos una mejor curia: necesitamos que nos dejen tranquilos. Que nos permitan desarrollarnos como Iglesias continentales que somos. Y, para eso, no necesitamos Roma. Para eso Roma es un estorbo. Déjennos desarrollarnos, tener nuestras propias organizaciones. Que la curia romana esté al servicio de potenciar los cristianismos regionales en vez de al servicio de mejorar el mecanismo que lo sigue centralizando todo. A este respecto, asumo el planteamiento de Rahner. Él abunda en que la Iglesia, en un futuro, se desarrolle como en la antigüedad: mediante cristianismos diversos, comunidades que tenían sus modos de ser particulares.
"En América Latina queremos que la curia romana esté al servicio de potenciar los cristianismos regionales en vez de al servicio de mejorar el mecanismo que lo sigue centralizando todo"
¿Ese es el poliedro del que habla Francisco? De unidad en la diversidad...
Esa sería la idea, en el fondo. La idea no es perfeccionar la Iglesia romana. A mí cuando se habla de reforma de la curia, no me entusiasma mucho. A ver si nos van a hacer más romanos todavía... No, basta.
¿Satisfecho con los resultados del Sínodo?
Esta vez no lo he seguido tanto como la anterior. Amoris laetitia lo seguí al pie de la letra. Pero las cosas que he leído me han gustado. Un sínodo en relación a Laudato Si. Con esto el Papa está atinando: es el signo de los tiempos número uno, es la toma de conciencia mundial porque, por primera vez, la humanidad está en peligro de desaparecer. Y de destruir, también, otras formas de vida.
Y además da la sensación de que ese mensaje del Papa está calando a nivel global.
Claro, en los gobiernos. A mí me llamó la atención que muchas de las peticiones en estas conferencias venían de sectores no eclesiales, porque partidos políticos, organismos públicos... se han sorprendido de que la Iglesia se haga cargo de esto. El Sínodo de la Amazonía ha estado en la misma dirección, y su importancia, en este caso, me parece que ha sido el cuidado de los pueblos originarios. Porque realmente da mucha pena pensar que esta devastación forestal implica el genocidio de esos pueblos.
Una deuda histórica, además, que se tenía como institución, desde la colonización. La opresión de esos pueblos se hizo en nombre de la cruz.
Claro. Y lo interesante es que han despuntado en América Latina otro tipo de mártires, que son los mártires ecológicos. En Brasil tenemos el caso de la religiosa Dorothy Stang. Pero habría que buscar los datos de los múltiples mártires ecológicos, cristianos o no cristianos... Te puedo asegurar que en América Latina son muchos. Y donde hay martirio, hay cristianismo.
¿Por qué le cuesta tanto al establishment eclesiástico asumir esa parte indigenista? Montaron un cirio por una imagen de la Pachamama... No sé si estás al corriente de ese rito que tuvo el Papa en los jardines vaticanos en el que hubo una figura de la Pachamama que tildaron de ídolo.
A veces la Teología se pasa de apologética y provinciana, no asumiendo los últimos desarrollos teológicos. Por ejemplo, hay que entender que Cristo no es lo mismo que el cristianismo. Cristo está en muchas culturas y religiones, media en espiritualidades que no son solo la católica... La paradoja es que, en esa relación de evangelización de otros pueblos, Cristo ha estado del lado del evangelizado y no del evangelizador. Cristo crucificado ha padecido al evangelizador. Esa separación entre Cristo y cristianismo me parece fundamental, y eso mucha parte del clero y los obispos no lo tenemos claro. Hemos sido formados para evangelizar como quien lleva la verdad a los demás y no como alguien que está dispuesto a encontrar la verdad de Cristo en los otros.
Sigue muy vigente eso de que fuera de la Iglesia no hay salvación.
Sí. Muchos se la creen. A lo mejor no lo andan anunciando, pero actúan como si eso fuera verdad.
Lo de los viri probati. ¿Llegamos tarde, es una escapatoria...?
A mí sí me parece muy importante esta cuestión, porque es una experimentación que, para empezar, responde a una necesidad real. El 70% de las comunidades en Brasil no tienen Eucaristía, porque hoy solo la celebran los sacerdotes. Esas comunidades tienen sus coordinadores, a veces una religiosa, un laico, un diácono... y tienen sus actividades. Entonces, me parece muy razonable que haya un cristiano que tenga una vida ordenada, que sea una persona seria, que aporte a la comunidad... que pueda recibir el sacramento del orden y pueda celebrar la Eucaristía en su comunidad. Me parece muy bien e, incluso, mejor que un chiquillo que entra en un seminario aculturado y lo meten de nuevo a otras comunidades, como si nada...
El tema aquí pendiente es el de la mujer. Ordenamos varones para solucionar un problema, ¿y qué pasa con la mujer? Sigue siendo postergada, aunque es interesante que en el sínodo haya habido una indicación razonable y consistente de que se siga estudiando el diaconado femenino.
Dentro se tiene miedo y, desde fuera, no se entiende. Se está llegando tarde y, encima, todavía se duda.
Sí, porque hay presiones gigantescas de algunos sectores.
¿Más que sobre el celibato?
Sí. Hay prejuicios machistas muy asentados en el clero. Hay partes de la Iglesia que no quieren cambios. A veces no podemos avanzar mucho en cuestiones doctrinales porque nos dejan de financiar este u otro proyecto... Esto es así: hay resistencias de los sectores más conservadores de la Iglesia a abrirnos a los signos de los tiempos a través de estas cuestiones de actualidad. Hoy se nos está diciendo que la situación de la mujer en la Iglesia no da para más, debe renovarse... hay que alcanzar esa dirección. A mi juicio, la situación de la mujer en la Iglesia es un pecado. No puede ser que la mujer no participe en ninguna decisión importante de la Iglesia Católica. Se dice que, claro, la mujer es la coordinadora en las comunidades de base... Eso es pura demagogia, como lo son las alabanzas a la mujer, a la mamá que transmite la fe... Todas esas alabanzas no las cree nadie. Es una vergüenza que la mujer en la Iglesia no pueda elegir un Papa.
"Las alabanzas a la mujer, a la mamá que transmite la fe... Todas esas alabanzas no las cree nadie, mientras la mujer no puede participar en la toma de decisiones de la Iglesia"
Cuando, además, no afectaría a la doctrina.
La Iglesia tiene una tradición a partir de la que, con el Espíritu Santo, puede sentir qué es lo que Dios quiere en cada época, y formular y reformular la doctrina. Así lo ha hecho en dos mil años. No veo problema en que se siga haciendo, y hay bastantes argumentos teológicos para que se piense que, hoy por hoy, la mujer tiene que ser ordenada sacerdote.
Cuando amenazan de cisma las partes más resistentes, ¿es creíble esa amenaza?
Sí. Pero no por miedo al cisma uno va a dejar de avanzar. La historia dirá. Uno tiene que hacer lo que cree que le corresponde hacer. Si hay gente que se va, lamentable. Es muy lamentable porque la unidad católica siempre ha sido un bien que los católicos tenemos en alta estima, pero no a cualquier precio.
Pasando a Chile, a lo que está pasando, ¿cuál es la síntesis?
En primer lugar, hay que tener la cautela de decir que no sabemos exactamente qué es lo que ha pasado, porque es un fenómeno muy especial.
Pero allí se ha vivido en primera persona.
Incluso entre los que estamos en Chile, los mejores comentaristas son los cautos. Los que no se apuran a decir "Esto es lo que ha pasado". Va a requerir algún tiempo hasta que las aguas se aquieten y podamos discernir. Con todo, hay algunos datos que son irrebatibles: Chile tiene un problema de desigualdad muy importante.
¿Más que otros países?
Más que otros países. Chile ha logrado superar la pobreza en treinta años, de un modo increíble. Ha bajado en treinta años de 48 a 10% los índices de pobreza. Otras países de América Latina también lo han hecho. Pero la desigualdad es espectacular, ha disminuido poco. Y además la percepción es que la conciencia de desigualdad ha permanecido o crecido, al margen de lo que digan las cifras. La media de la población vive con sueldos muy discretos (no se puede decir que porque hayan superado la pobreza están bien) y condicionada por dos fenómenos: estar en una sociedad de consumo, en la que la gente consume permanentemente, y estar endeudados, porque para consumir adquieren deudas que enredan y que hacen que terminen pagando cifras mucho más altas. Entonces, ahí se ha producido un malestar muy grande, que tiene que ver con el modo neoliberal de organizar la sociedad chilena, mediante el que las personas han quedado expuestas a las empresas.
Llega el Niño del pesebre y ¿qué dice a nuestra convulsionada América latina?
¿Eso se pensó estratégicamente, la aplicación de un capitalismo duro, con la receta neoliberal?
Sí, fue un acto de fe de los economistas de Pinochet. Creyeron que el neoliberalismo de la Escuela de Chicago iba a producir un crecimiento que se traduciría en una abundancia económica que bendeciría a todo el mundo. Pero fue un acto de fe muy simplón y peligroso porque en Chile la salud, en gran parte, está entregada a la empresa privada. Los servicios de agua, electricidad... Las pensiones no son públicas, son en el fondo un sistema de ahorro individual. No hay un pilar de solidaridad. ¿Qué pasa con las personas que, durante años, no han podido ahorrar?
¿La educación también es privada?
La educación lo mismo. Al final todo es pagado, de alguna manera. Algo de progreso ha habido... En Chile años atrás todo era pagado. Después se hicieron reformas para que, por ejemplo, la gente sin dinero pudiera estudiar, quedando endeudada para el futuro. Los intereses eran muy altos, luego se bajaron, hace poco se amplió la educación gratuita a a algunas personas, las más pobres. Ha habido progresos, pero al final siguen siendo muchas cosas las que los chilenos tienen que pagar. Que en otros países las paga el Estado.
¿Había rabia acumulada, y de ahí la violencia que se ha desatado?
Se ha notado una violencia impresionante por ambos lados. Por eso digo que es muy difícil saber las dimensiones que ha tenido esta explosión. Los datos son duros. El sistema neoliberal afecta a la educación y a todo. Pero hay cosas todavía más profundas, incluso, que tienen que ver con malestares significativos, con enojos que no se desahogan. Hubo una marcha de las mujeres y llamó la atención que los temas eran muy diversos, no solo el de la mujer. Estaba el tema indígena, el ecológico, el de los mayores (su salud y las pensiones). El estallido ha recogido todos estos temas. Han estallado todos los temas que implican sensación de injusticia y sufrimiento.
La violencia institucionalizada nos ha dejado imágenes que hacen pensar en la época de Pinochet.
Sí. Es claro que eso está ahí: hay actos de mucha violencia, incluso de tortura. De violación de Derechos Humanos. Pero es algo difícil de discernir porque, si tú expones a la policía a una confrontación de semanas, la policía va a atacar. Porque va a estar soportando insultos, piedras, bombas molotov y todo lo demás. Y muchas personas no tienen la cabeza fría para distinguir que hay cosas que no se pueden hacer, sobre todo cuando el ser humano está puesto al límite de sus posibilidades. La violencia ha sido mucha, pero podía haber sido más, por la masividad del fenómeno. Ha sido tremendo, como ha señalado un gran historiador, muy de izquierda, que ha dicho que esta explosión social no ha terminado en matanza, pero podría haberlo hecho. No han sido marchas episódicas, han sido semanas y semanas y no para. Mucha gente, actos de destrucción por todos lados... Con ese nivel de violencia, uno piensa que la represión podría haber sido todavía peor. Porque la policía tiene la misión de poner orden y eso le permite ejercer la violencia de un modo legal y conduce a la impunidad.
Encima, ha pillado a la Iglesia en horas bajísimas, con la autoridad moral por los suelos, como para poder mediar...
Es interesante la comparación con el año 1986, cuando la Iglesia, en plena dictadura, fue capaz de convocar, encabezada por el cardenal, a los principales partidos de la oposición para decidir la manera de llegar a un acuerdo nacional. Esos partidos se prestaron a aceptar las reglas de Pinochet para poder ganar a Pinochet. La autoridad eclesiástica, en ese caso, tenía una enorme carga. Era, efectivamente, una autoridad moral. Eso ahora no está, porque el catolicismo se ha reducido a lo sexual y no a lo social: el tema del aborto, de la píldora, de los preservativos... y se ha ganado la malquerencia de la sociedad. Porque, encima, predica moral sexual mientras abusa sexualmente...
No es que se haya despreocupado, los obispos han sacado tres declaraciones... pero no han tenido relevancia. Un recuadro pequeño en los periódicos. Un documento de la Iglesia, en otros años, habría ocupado portadas. Ahora da lo mismo. A las cuestiones eclesiásticas, los medios no les dan importancia. Muchas otras iniciativas en las parroquias, de diálogo sobre lo que está pasando en Chile hoy día, iniciativas ecuménicas... tampoco aparecen en los periódicos, pero no por eso se puede decir que la Iglesia se haya desentendido del todo.
¿Hay esperanza de una solución pacífica?
El paso que han dado los políticos creo que hay que celebrarlo. Acordar un cambio de Constitución y generar un mecanismo para generar un plebiscito en abril del próximo año es decisivo. Eso no soluciona todo, pero sí lo destraba. El gobierno va a tener que avanzar por los dos carriles, el político y el económico. Pero de momento lo que está ocurriendo es muy positivo y un motivo de esperanza.
¿Las sacudidas sociales en Latinoamérica, cada una en su contexto, tienen rasgos en común?
No lo sé, es complejo. Lo que puede estar facilitando la simultaneidad son los medios que tenemos para saber los unos de los otros. Por las redes sociales se contagia la movilización. Eso puede ser un factor que haga que en principio se parezcan unos estallidos a los otros. Y eso tendríamos que cruzarlo con la situación de la economía internacional, de capitalismo desatado. Un sistema mundial que pone a todas las personas, en última instancia, en una situación de competencia. Y esa competencia es el primer factor de conflicto.
Lo que el Papa llama el "capitalismo que mata".
Exactamente. El capitalismo, nos guste o no, nos pone en situaciones conflictivas: hay que ganarle a alguien. En todos los contextos. La universidad, por ejemplo, te pone en situación de tener que ganar un puesto en un ranking. Todo es ganar, competir. Eso está en todos los órdenes de las personas, el capitalismo nos hace enemigos más que personas. El cristianismo, más que nunca, tiene algo que decir, porque el cristianismo cuida del prójimo. Estos dos asuntos, éste y la facilidad para comunicarnos, pueden estar influyendo en América Latina. Dentro de ella, la desinformación: hay por ahí mucha mentira en curso. Nos rodean las fake news y, ¿a quién creer?

CELEBRANDO UNA EUCARISTIA EN COMUNIDAD


col gerardo
Poner los bancos en corro o círculo de forma que seamos y nos sintamos comunidad. Saludamos al Señor y nos saludamos unos a otros. Intentamos llenar los bancos de manera que sintamos que somos pueblo de Dios.
En alguna parroquia, la presidencia del presbítero no está fija, sino que ocupa distinto lugar.
Empecemos cantando todos a una y con entusiasmo. Si es preciso, unos avisos relativos a la celebración.
Unos apuntes para celebrar de una forma más viva y comunitaria la eucaristía.
Empezamos por el principio. Sería bueno el juntarnos antes de la Eucaristía, Para eso está el pórtico y charlar: saludos, noticias, necesidades, experiencias relacionadas con la comunidad
Y cantamos con entusiasmo. Puede ser con unas hojas delante o con un PowerPoint en la pantalla. Un canto, como todas, que esté elegido para ese día por el tema de la celebración,
Acogemos la bienvenida del presbítero y hacemos silencio para celebrar el perdón que Dios nos da. Gloria recitado o cantado por todos. Y un silencio para orar antes de que el cura lo haga colectivamente.
Buenos altavoces, lectores preparados, lectura lenta, sosegada, viva, con entonación. Y un poco de silencio. Canto del salmo y evangelio. Sin prisas, remarcando, con viveza y creatividad. Silencio. Y comentario de la Palabra. Será estupendo el que los fieles manifiesten la evocación de ese Mensaje, no para discutirlo, sino para hacernos eco de su contenido. Homilía corta, fresca y que recoja el sentido de las lecturas. Que se noten las horas de preparación. Silencio.
Podemos manifestar nuestra fe. Sería ideal responder cada uno a esta pregunta “en quién creo”. O por lo menos hacer preguntas colectivas y que todos respondamos.
La oración de los fieles, que sea eso, de los fieles. Y que todos nos impliquemos. No rezar por la paz en el mundo, sino para que seamos constructores de paz. Y así con las necesidades sentidas pero sabiendo que Dios ya las conoce y necesita nuestras manos.
Unas ofrendas vivas: de los dones que ofrecemos a la comunidad para los pobres. Que sean dones premeditados y que reflejen nuestra entrega generosa.
Ofrecemos al Padre los dones de la vida, las realidades de este momento con el pan y el vino, como ofrendas y compromisos. Bonito momento para expresar lo que podemos ofrecer a la comunidad y lo que necesitamos de ella: horas de visita, favores, servicios, acompañamientos.
Toda la celebración la hacemos en positivo: Señor, tú nos das, tú nos salvas, tú nos concedes como algo ya dado. No se trata de recordarle a Dios nuestras necesidades que ya las conoce sino tomar conciencia de las posibilidades de nuestra colaboración…
Y un canto que manifiesta nuestra actitud de entrega.
Caemos en la cuenta de que estamos reunidos con Jesús para vivir su entrega, sus comidas, sus mensajes, sus sanaciones. Y su entrega de muerte y resurrección.
Vamos a levantar, no tanto nuestro cuerpo, sino nuestro espíritu, entrega para vivir con Él, su actitud de servicio. Alabanza a Jesús y aclamación como en la entrada de Jerusalén,
Damos gracias por muchos motivos, por nuestra experiencia de vida y salvación y nos disponemos a celebrar con Él su Presencia Salvadora que se entrega por todos los hombres.
Nos sentimos unidos a toda la humanidad a todos los creyentes, presididos por el Papa y nuestro Obispo.
Y anunciamos que Jesús nos recuerda a todos los difuntos y confesamos nuestra fe en su plenitud y resurrección .Ya están con Dios. Por supuesto sin que el recuerdo cueste ningún dinero y sin que nosotros se lo recordemos a Dios, sino que confesamos que Él los tiene presentes consigo.
Todos a una brindamos por Cristo, toda alabanza al Padre con el Espíritu.
Un Padre nuestro –como si fuese el primero de nuestra vida–, escuchando las peticiones y las exigencias que vamos a vivir para hacer realidad esos deseos.
Constatamos que Jesús nos libera de todo mal, de todo pecado y de toda perturbación. Y acogemos la paz para nosotros y la distribuimos con todos los cristianos.
Y compartimos el Cuerpo y la Sangre de Jesús, de los que somos dignos porque la Palabra de Cristo nos ha dado esa dignidad. Comulgamos en las dos especies.
Y silencio, acogida, contemplación, compromiso. En acción de gracias. Pero no necesitamos estar un rato después de misa para dar gracias, porque eso ha sido toda la eucaristía. No comemos chucherías después del banquete.
Unos avisos que concreticen nuestro compromiso comunitario y un canto de acción de gracias. Comentarios y sería estupendo tomar un vino o alguna cosilla toda la comunidad unida. Y realizar la misión que Jesús nos ha pedido.

HACIA UNA ÉTICA ECOLÓGICA INTEGRAL


col capote
La cumbre mundial sobre el clima que tuvo lugar en Madrid en la primera mitad de diciembre de 2019 (COP25), que bien pudiera llamarse cumbre de la irresponsabilidad, terminó con decepcionantes desacuerdos entre las partes, ausencia casi total de compromisos concretos y evasión de responsabilidades por parte de los grandes países contaminantes.
En mi opinión, la causa profunda del fracaso de la cumbre de Madrid y de otros eventos similares, es que no se acaba de entender que la crisis ambiental y la crisis social no existen por separado sino que ambas afectan a la naturaleza y al hombre como ser social al mismo tiempo, que la humanidad se enfrenta a una crisis socioambiental en la que la preservación del medioambiente se entrelaza en forma compleja y cada vez con mayor amplitud en el transcurso del tiempo, con la necesidad de combatir la pobreza, de reducir las enormes desigualdades, tanto entre individuos y sectores sociales como entre naciones, y de reconocer y respetar la dignidad de los excluidos, entre otros candentes problemas sociales.
Sólo a título de ejemplo, mencionaré como se articula en esta problemática uno de los factores más importantes, el crecimiento demográfico. La población humana aumentó de 3 mil millones en 1960 a 7.7 mil millones en la actualidad (más del doble) y, según estimados de la ONU, alcanzará un pico de 10.9 mil millones alrededor del año 2100. Asociado a este crecimiento tenemos que considerar su impacto sobre los ecosistemas, el cual depende a su vez de múltiples factores, como los hábitos exagerados de consumo, la desigual distribución de la riqueza, las políticas que ignoran los derechos de la mujer a la educación, salud, independencia económica y planificación familiar, y el agotamiento de los recursos naturales debido al desmedido afán de lucro de los poseedores de capital que se inicia con la Revolución Industrial y se acentúa en esta era de la globalización, entre otros muchos.
Resulta imprescindible un enfoque integral de la crisis que tenga en cuenta, simultáneamente, sus aspectos medioambientales y sociales. Entre estos últimos, en nuestro tiempo, es de la mayor importancia todo lo relacionado con la diversidad cultural. Cualquier intento de rectificación de políticas ecológicas requiere, por tanto, de una aproximación integral, holística, que vincule la ecología con los fenómenos sociales. El camino a seguir es construir una ética ecológica que, inevitablemente, condenaría el orden económico que prevalece en el mundo actual, con su caos productivo, despilfarro, guerras de rapiña y las enormes desigualdades que genera. El enfoque axiológico debe presidir los programas de protección de la naturaleza. Preservar, por ejemplo, especies animales o vegetales en peligro de extinción mientras se olvida que millones de seres humanos sufren en el mundo una degradante miseria, o bloquear económica, comercial y financieramente poblaciones enteras para obligar a la aceptación de un poder hegemónico, como se ha impuesto a Cuba durante las últimas seis décadas es, por decir lo menos, una conducta hipócrita.
Sabemos que el avance hacia una ecología integral tropieza con dificultades que pudieran parecer insuperables. Entre ellas, el egoísmo de los que ostentan el poder y la riqueza. ¿Qué misteriosa fuerza telúrica podría convencer a los que ni siquiera saben qué hacer con lo que poseen de la urgencia de limitar el derroche, de pasar a un modo de vida más simple y austero, de alcanzar la sostenibilidad? Esta idea, por cierto, no es nueva. El escritor norteamericano Henry David Thoreau (1817-1862), desde su cabaña a orillas del lago Walden, en su obra “Life in the Woods” (1854) abogó por una vida más simple y austera (“¡Simplify, simplifo...”) y tuvo una gran influencia póstuma en los medioambientalistas radicales de la década de 1960 y posteriores.
No puede haber solución a los problemas ecológicos si se niega la existencia de una crisis socioambiental, se ignoran consideraciones éticas y se fragmenta la realidad. El camino de la rectificación pasa por el desarrollo de una ética ecológica integral que abarque no sólo a nuestra especie sino a todos los seres vivos y al mundo inanimado que nos rodea. Por otra parte, para que tenga éxito, todo programa para combatir la pobreza a gran escala tiene que ir acompañado de programas paralelos de protección de la naturaleza, como bien explica el Papa Francisco en “Laudato si”, primera encíclica de un papa en el tema ecológico. Un primer paso de avance en esta rectificación sería el reconocimiento universal de que todo ser humano, sin exclusión alguna, tiene derecho a que se respete su dignidad como persona y a disfrutar racionalmente y en paz de los bienes que ofrece la madre naturaleza.
Lamentablemente, el tiempo que tenemos para rectificar se agota rápidamente y ésta no es posible sin cambios radicales en las estructuras de poder que existen en el mundo. La biodiversidad global declina aceleradamente; más de un millón de especies animales y vegetales desaparecerán del planeta en las próximas décadas. En octubre de 2018 el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU advirtió que sólo nos quedaban aproximadamente once años (diez ahora) para realizar los grandes cambios sistémicos necesarios para salvarnos de la destrucción ecológica. La advertencia podría percibirse como demasiado apocalíptica, pero lo cierto es que estamos corriendo el riesgo de dejar a nuestros hijos y a nuestros nietos un mundo además de injusto y violento, degradado, contaminado y empobrecido.

EL ÚNICO PECADO QUE EXISTE ES LA OPRESIÓN


col fraymarcos

Jn 1,29-34
Es muy significativo que el segundo domingo del tiempo ordinario nos siga hablando de Juan Bautista. Todo lo que nos dice Jn del Bautista es sorprendente. Indica una relación especial de esa comunidad con él. Seguramente había en aquella comunidad seguidores del Bautista. Este evangelio tiene muy en cuenta a Juan Bautista aunque se ven obligados a rebajarle. Jn pone en labios del Bautista la cristología de su comunidad como base y fundamento de la comprensión de Jesús que va a desplegar en su evangelio. Esto no quiere decir que el Bautista tuviera una idea clara sobre quién era Jesús. Ni siquiera sus discípulos más íntimos supieron quién era, después de vivir con él tres años; menos podía saberlo el Bautista antes de comenzar Jesús su predicación.
Jn quiere aclarar que no hay rivalidad entre Jesús y el Bautista. Para ello nos presenta un Bautista totalmente integrado en el plan de salvación de Dios. Su tarea es la de precursor, es decir, preparar el camino al verdadero Mesías. Fijaos que Jn no narra el bautismo en sí; va directamente al grano y nos habla del Espíritu, que es lo importante en todos los relatos del bautismo de Jesús. Naturalmente esto es un montaje de la segunda o tercera generación de las comunidades cristianas y quiere resaltar la figura de Jesús que había adquirido categoría divina, frente a Juan Bautista.
"El cordero de Dios". Jn propone a Jesús como cordero de Dios, preexistente, portador del Espíritu e Hijo de Dios. No se puede decir más. Está claro que se está reflejando aquí setenta años de evolución cristológica en la comunidad. Es una pena que después, hayamos interpretado tan mal el intento de comunicarnos esa experiencia. Lo que eran títulos simbólicos, que trataban de ponderar la personalidad de Jesús, se convirtieron en absolutos atributos divinos. Lo que tenía de proceso dinámico y humano, se convirtió en sobrenaturalismo preexistente.
Es muy difícil precisar lo que el título “cordero” significaba para aquella comunidad. Podían entenderlo en sentido apocalíptico: un cordero victorioso que aniquilará definitivamente el mal (la bestia). Este concepto encajaría con las ideas del Bautista; pero no con las de Jesús. Podían entenderlo como el Siervo doliente. No hay pruebas de que se hubiera identificado al Mesías con el siervo doliente de Isaías, antes del cristianis­mo. Jn sí interpretó la figura del Siervo, aplicada al Jesús, pero nunca con el sentido expiatorio de pagar un rescate por nosotros. Probablemente haría referencia al cordero pascual, que era para el judaísmo el signo de la liberación de Egipto, pero sin connotación sacrificial. Jn quiere decir que por Cristo somos liberados de la esclavitud.
que quita el pecado del mundo”. Es una frase que manifiesta una cristología muy elaborada. En ningún caso la pudo pronunciar Juan bautista. Esta teología no tiene nada que ver con la idea de rescate en la que después se deformó. El concepto de pecado en el AT debe ser el punto de partida para entender su significado en el NT, pero ha sufrido un cambio sustancial. En el evangelio, pecado no es la ofensa a Dios o a su Ley sino la opresión de un hombre sobre otro. Solo así se entiende la actitud de Jesús con los pecadores. Las prostitutas y pecadores os llevan la delantera en el Reino porque en ningún caso oprimen a nadie. Lo mismo cuando Jesús dice: tus pecados están perdonados, está diciendo que no hay nada que perdonar. Lo que se consideraba ofensa a Dios no era más que un artificio para oprimir al débil. Jesús quita el pecado del mundo no muriendo en la cruz sino viviendo el servicio a todos y en el amor incondicionado.
En el AT y en el Nuevo, la palabra más usada para indicar “pecado”, tanto en griego como en latín, significa errar el blanco. No se trata de mala voluntad como lo entendemos hoy. En el evangelio de Jn, “pecado del mundo” tiene un significado muy preciso. Se trata de la opresión que un ser humano ejerce sobre otro y que impide al hombre desarrollarse como persona. Este pecado es siempre colectivo. Se necesitan dos. Siempre que hay pecado, hay opresor y víctima.
El modo de “quitar” este pecado no es una muerte vicaria expiatoria externa. Esta idea nos ha despistado durante siglos y nos ha impedido entrar en la verdadera dinámica de la salvación que Jesús ofrece. Esta manera de entender la salvación de Jesús es consecuencia de una idea arcaica de Dios. En ella hemos recuperado el mito ancestral del dios ofendido que exige la muerte del Hijo para satisfacer sus ansias de justicia. Estamos ante la idea de un dios externo, soberano y justiciero que se porta como un tirano. Nada que ver con la experiencia del Abba que Jesús vivió. El “pecado del mundo” no tiene que ser expiado, sino eliminado. Jesús lo sustituyó por el amor.
Jesús quitó el pecado del mundo escogiendo el camino del servicio, de la humildad, de la pobreza, de la entrega hasta la muerte. Esa actitud anula toda forma de dominio, por eso consigue la salvación total. Es el único camino para llegar a ser hombre auténtico. Jesús salvó al ser humano, suprimiendo de su propia vida toda opresión que impida el proyecto de creación definitiva del hombre. Jesús nos abrió el camino de la salvación, ayudando a todos los oprimidos a salir de su opresión, cogiéndoles por la solapa y diciéndoles: Eres libre, sé tú mismo, no dejes que nadie te destroce como ser humano. En tu verdadero ser, nadie podrá someterte si tú no te dejas. En aquel tiempo, esta opresión era ejercida no solo por Roma sino por sacerdotes y letrados.
Jesús vivió esta libertad durante toda su vida. Fue siempre libre. No se dejó avasallar ni por su familia, ni por las autoridades religiosas, ni por las autoridades civiles, ni por los guardianes de las Escrituras (letrados), ni por los guardianes de la Ley (fariseos). Tampoco se dejó manipular por sus amigos y seguidores, que tenían objetivos muy distintos a los suyos (los Zebedeo, Pedro). Esta perspectiva no nos interesa porque nos obliga a estar en el mundo con la misma actitud que él estuvo; a vivir con la misma tensión que él vivió, a liberarnos y liberar a otros de toda opresión.
No tenemos que oprimir a nadie de ningún modo. No tengo que dejarme oprimir. Tengo que ayudar a todos a salir de cualquier clase de opresión. Jesús quitó el pecado del mundo. Si de verdad quiero seguir a Jesús, tengo que seguir suprimiendo el pecado del mundo. Hoy Jesús no puede quitar la injusticia, somos nosotros los que tenemos que eliminarla. La religiosidad intimista, la perfección individualista, que se nos han propuesto como meta del camino espiritual, es una tergiversación del evangelio. Si no hacemos todo lo posible, no solo por no oprimir a nadie sino para que nadie sea oprimido, es que no me he enterado del mensaje.
El presentarse como cordero no vende en nuestros días. En el mundo en que vivimos, si no explotas te explotan; si no estás por encima de los demás, los demás te pisotearán. Este sentimiento es instintivo y mueve a la mayoría de las personas a defenderse con violencia, incluso antes de que el atraco se cometa. Pero hay que tener en cuenta que esta postura obedece al puro instinto de conservación y no te lleva a la plenitud humana. Descubrir que “sufrir la injusticia es mucho más humano que cometerla” exige una enorme maduración cristiana.
La actitud individual es un sentimiento que está al servicio del ego. Tenemos que superar ese egoísmo si queremos entrar en la dinámica del amor, es decir, de la verdadera realización humana. Es el oprimir al otro, no que intenten oprimirme, lo que me destroza como ser humano. Jesús prefirió que le mataran antes de imponerse a los demás. Esta es la clave que no queremos descubrir, porque nos obligaría a cambiar nuestras actitudes para con los demás. En contra de lo que nos dice el instinto, cuando me impongo a los demás no soy más sino menos humano.

Meditación
El cordero que eliminó, del mundo, la opresión.
Es el mejor resumen de toda la vida de Jesús.
Solo actuando como cordero, se puede conseguir ese objetivo.
Arremetiendo contra los demás se aumenta la violencia.
Ser cristiano significa repetir la manera de actuar de Jesús.
Por más que nos empeñemos no existe otro camino.


EL TESTIMONIO DE JUAN BAUTISTA


col sicre

Segundo domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A
El domingo pasado recordamos el Bautismo de Jesús. En la versión de Marcos y de Lucas, Juan Bautista no dice nada. En la de Mateo, entabla un breve diálogo con Jesús, porque no comprende que venga a bautizarse. El cuarto evangelio sigue un camino muy distinto: Jesús va al Jordán, pero no cuenta el bautismo; en cambio, introduce un breve discurso de Juan Bautista. Es el texto que se lee este domingo (Jn 1,29-34).
Triple esfuerzo de imaginación
Para entender este texto conviene realizar un triple esfuerzo de imaginación: 1) imaginar que somos jóvenes; 2) imaginar que vivimos hace veinte siglos en Palestina; 3) imaginar que somos discípulos de Juan Bautista, y no hemos oído hablar nunca de Jesús. Hemos hecho quizá un largo y molesto viaje para escuchar a Juan y hacernos bautizar por él, hemos renunciado a todo para convertirnos en discípulos suyos. Juan es el personaje más grande en nuestra vida. De repente, aparece Jesús, un desconocido, y lo que Juan dice nos desconcierta por completo.
Al desconocido lo presenta, en primer lugar, como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Fórmula extraña, que ninguno entiende muy bien, pero que sugiere una estrecha relación con Dios y con el perdón de los pecados. Hemos ido buscando un bautismo para el perdón de los pecados, y ahora encontramos a un personaje que los quita.
Sigue Juan diciendo que ese desconocido está por delante de mí, porque existía antes que yo. Y lo miramos extrañados, intentando convencernos de que Jesús es más viejo, aunque Juan lo parece mucho más, quizá por culpa de tantas penitencias y por alimentarse solo de saltamontes y miel silvestre. Pero tenemos la sensación de que Juan no se refiere sólo a la edad: está sugiriendo que ese desconocido es mucho más importante que él.
Y esto queda claro cuando añade: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Entre nosotros hay algunos conocedores de la teología judía, y se asombran de esto porque muchos rabinos afirman que el Espíritu de Dios lleva siglos sin manifestarse. Muy grande tiene que ser ese desconocido, sobre todo teniendo en cuenta que no solo recibe el Espíritu, sino que también lo transmite en un nuevo bautismo, distinto del de Juan.
Finalmente, termina dando testimonio de que éste es el Hijo de Dios, una forma de referirse al rey de Israel, al que Dios adopta como hijo. (Lo dejan claro las palabras que pronunciará poco más tarde Natanael, dirigiéndose a Jesús: «Tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel»: Jn 1,49).
Los oyentes de Juan se preguntarían asombrados: ¿quién es este que quita el pecado del mundo, que es más importante que Juan, sobre el que se ha posado el espíritu, que da el espíritu en un nuevo bautismo, que es el rey de Israel? Sin duda, debe tratarse del Mesías, aunque no lo parezca.
Leyendo el evangelio (Juan 1,29-34).
Contemplar la escena es un recurso magnífico para profundizar en el evangelio y entenderlo, pero la lectura «científica» ayuda también a descubrir nuevos aspectos.
El más importante es que Juan Bautista no pronunció este discurso: sus palabras son un recurso del evangelista para suscitar en nosotros, desde el primer momento, la curiosidad y el interés por el protagonista de su historia. Y no sólo esto, sino también una respuesta personal, idéntica a la que refleja el episodio inmediatamente posterior (Jn 1,35-37, que no se lee este domingo). Al día siguiente estaba Juan con dos de sus discípulos. Viendo pasar a Jesús, dijo: Ahí está el Cordero de Dios. Los discípulos, al oírlo hablar así siguieron a Jesús. Esta vez no pronuncia Juan un largo y complicado discurso. Basta una simple referencia, enigmática, al cordero de Dios. Lo importante es que la curiosidad y el interés dan paso al seguimiento.
Cuando se relee el texto diez o quince veces (algo imprescindible para entender el cuarto evangelio) se advierten dos bloques de afirmaciones:
El primero se refiere a Jesús, del que Juan dice: 1) Es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo; 2) está por delante de  mí porque existía antes que yo; 3) el Espíritu su posó sobre él y bautizará con Espíritu Santo; 5) es el Hijo de Dios.
Son afirmaciones que se complementan, componiendo un mosaico de la figura de Jesús: empieza hablando de su relación con el mundo, del que borra sus pecados; luego de su relación con Juan; finalmente de su relación con Dios y con su Espíritu. Un personaje del que solo se puede esperar lo mejor y que provoca asombro y deseo de conocerlo.
El segundo bloque de afirmaciones se refiere a Juan: 1) he anunciado la venida de uno más importante; 2) dos veces repite «yo no lo conocía»; 3) pero «he salido a bautizar para que sea manifestado a Israel»; 4) he contemplado al Espíritu bajar sobre él; 4) lo he visto y doy testimonio.
También estas afirmaciones se complementan, esbozando la misión del Bautista y su descubrimiento de Jesús, desde que Dios lo envía a bautizar hasta que se encuentra con el personaje anunciado. En la visión que ofrece el cuarto evangelio, la vida de Juan Bautista solo tiene sentido al servicio de Jesús, dándolo a conocer a los demás. Algo que podría desilusionar o desconcertar a sus discípulos, pero que debe moverlos a aceptar a Jesús, igual que hizo su maestro.
Dos notas:
‒ La imagen del «cordero de Dios», que no coincide exactamente ni con la del cordero pascual, ni con la del chivo expiatorio del Yom Kippur, recuerda bastante al personaje misterioso de Isaías 53 que se ofrece a morir por el pueblo y marcha a la muerte «como un cordero llevado al matadero», sin protestar ni abrir la boca. Teniendo en cuenta que en ámbito cananeo el símbolo de la divinidad era el toro, por su fuerza y bravura, elegir al cordero significa un cambio radical, una opción por lo débil y suave.
‒ «El pecado del mundo» es una fórmula que solo se encuentra aquí, y resulta difícil saber en qué consiste el pecado del mundo. Una pista la ofrece la primera carta de Juan: «Cuanto hay en el mundo, la codicia sensual, la codicia de lo que se ve, el jactarse de la buena vida, no procede del Padre, sino del mundo» (1 Jn 2,16). Todo eso sería lo que elimina Jesús. Pero la cuestión es discutida.
La doble misión del Siervo de Dios y de Jesús (Is 49,3.5-6)
El protagonista de esta lectura es un personaje misterioso que aparece al final del libro de Isaías. Uniendo diversos poemas de los capítulos 42, 49, 50 y 53 se esboza la figura de un “Siervo de Yahvé”, al que Dios encomienda la misión de convertir a los judíos desterrados en Babilonia (de la salvación política se encargará el rey persa Ciro). El Siervo, después de una etapa inicial de entusiasmo, atraviesa una profunda crisis, pensando que todo su esfuerzo ha sido inútil. Entonces, el Señor le renueva la misión con respecto a Israel e incluso se la amplía, extendiéndola a todo el mundo.
Este poema de Isaías ayuda a entender la misión de Jesús de “quitar los pecados del mundo”. Una misión que implica dos aspectos. El primero, relativo al pueblo de Israel, consiste en convertirlo al Señor; de hecho, su mensaje inicial será “convertíos y creed en la buena noticia”. El segundo se refiere al mundo entero: iluminar a todas las naciones para que la salvación de Dios alcance hasta el fin del mundo; sus rápidas visitas a Fenicia y la Decápolis, su buena relación con los despreciados samaritanos, simbolizan y anticipan la misión universal de la Iglesia, sin fronteras ni muros.
Nota sobre la segunda lectura (1 Corintios 1,1-3)
Desde este domingo hasta el séptimo del Tiempo Ordinario (este año 2020 la Cuaresma comienza el 25 de febrero), la segunda lectura se dedica a diversos fragmentos de la Primera Carta a los Corintios (solo de los capítulos 1-3). El deseo de la liturgia de conocer a san Pablo leyendo breves pasajes de sus cartas cada domingo se basa en un desconocimiento absoluto de san Pablo. No es esa la forma de conocerlo. Pero puede animarnos a leer en privado esta carta, una de las más interesantes del apóstol, en la que trata problema de enorme actualidad.

miércoles, 15 de enero de 2020

VER A JESÚS


comentario editorial
Quien me ha visto al Padre (Juan 14, 9)
19 de enero. SEGUNDO DOMINGO DEL TO
Jn 1, 29-34
Yo le he visto
Todos en Nazaret preguntaban quién era aquel hombre que tan sabiamente hablaba, y todos querían verle.
Es un profeta, respondían, y querían saber qué era lo que profetizaba: unos dijeron que todo, otros dijeron que nada.
Y contestó el evangelio un tanto molesto por la falta de conocimiento de la gente: Muchas cosas ¡y todas ellas se cumplieron! La mayoría de ellas en su vida y las restantes luego”.
La gente dijo: ¿Cuáles?
Y el evangelio respondió airado, citando Juan 21,18-19:
Te aseguro que cuando eras joven tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras.
Y dándose por aludidos huyeron asustados, como en cierta ocasión hizo también Pedro. 
Los fariseos estaban entre ellos y se atrevieron a decir a Jesús y al evangelio: 
Di a tus discípulos que se callen
Y otro y uno respondieron:
Si estos se callan, hablarán las piedras. 
Y un grupo de griegos, ajenos al pueblo judío, le piden a Felipe: 
Queremos ver a Jesús.
Y fueron con él a verle
Queremos ver a Jesus
Y, vieron que aquel Jesús de Nazaret era, como apunta José Antonio Pagola en uno de sus libros:
Un galileo fascinante, que ha marcado decisivamente la religión, la cultura, y el arte de Occidente hasta imponer incluso calendario
¿Y qué se necesita para ver a Jesús? En primer lugar, mirarle a los ojos fija y confiadamente, después seguirle, para colaborar en su tarea, para estar en lo que él estaba, para ocuparse de lo que él se ocupaba, para tener las metas que él tenía.
Un hombre como nosotros, partícipe de nuestras flaquezas. Un regalo del amor que no se compra, ni se vende, y que basta con recibirlo con el corazón abierto
Y como le buscaron, le encontraron y le vieron, como le ocurrió a Santa Teresa.

ALMA, BUSCARTE HAS EN MÍ
Alma, buscarte has en Mí,
y a Mí buscarme has en ti.
De tal suerte pudo amor,
alma, en mí te retratar,
que ningún sabio pintor
supiera con tal primor
tal imagen estampar.
Fuiste por amor criada
hermosa, bella, y así
en mis entrañas pintada,
si te perdieres, mi amada,
Alma, buscarte has en mí.
Que yo sé que te hallarás
en mi pecho retratada,
y tan al vivo sacada,
que si te ves te holgarás,
viéndote tan bien pintada.