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viernes, 16 de febrero de 2018

Las religiones monoteistas: de guerras de religiones a espacios públicos de diálogo y hospitalidad

Juan José Tamayo

Tamayo3Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio Ellacuría”, de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, Madrid, 2017) 
Las religiones monoteístas, judaísmo, cristianismo e islam, han conformado las culturas y las sociedades del Mediterráneo. Unas veces han contribuido al diálogo inter-cultural, al encuentro inter-civilizatorio y a la convivencia pacífica. Otras han atizado las guerras, los choques y enfrentamientos entre civilizaciones, culturas y creencias religiosas. Hoy deben transitar:
. Por el camino de la ética liberadora, más allá de los dogmatismos, que alejan dividen.
. Por la senda de la hospitalidad con las personas migrantes, refugiadas, desplazadas, más allá de las endogamias, que achican la solidaridad.
. Por las veredas de la justicia y la equidad; más allá de la caridad, que no va a la raíz de los problemas, suele quedarse en el asistencialismo y la beneficencia, y no contribuye a las transformaciones estructurales.
. Por la vía del reconocimiento y del respeto al pluralismo y del diálogo intercultural, interétnico e interreligioso, más allá de los discursos uniformes y de las prácticas xenófobas.
. Por el camino del reconocimiento de las otras, de los otros, de las culturas, las etnias y las religiones diferentes, en defensa del derecho a la diferencia y de la diferencia como derecho, sin que desemboque en desigualdad, más allá de los fundamentalismos.
. Por la senda de la igualdad de género, más allá del sexismo y del patriarcado, tan arraigados en las religiones.
1. Pensamiento crítico, lenguaje simbólico y actitud de duda
Las religiones todas, las monoteístas y las politeístas, las cósmicas y las metacósmicas, las místicas y las sapienciales, las originarias y las modernas, pueden contribuir a cambiar la orientación del Mediterráneo en la dirección indicada. La condición para ello es que asuman el pensamiento crítico y el lenguaje simbólico y activen el imperativo de la hospitalidad. “El símbolo da que pensar”, decía Paul Ricoeur; el dogma, añado yo, cierra toda posibilidad de pensar. Asimismo han de renunciar al literalismo en la lectura de los textos sagrados, atender al espíritu de los mismos y ejercer la interpretación.
Creo que las religiones tienen que cambiar de paradigma y optar por la duda, por la inter-identidad, en vez de las identidades religiosas e ideológicas frentistas. Es lo que recomendaba el escritor español Juan Goytisolo en el discurso de recepción del Premio Cervantes en 2015: “Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayudará a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnocracia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas e ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias”.
2. Respeto a la heterodoxia
Las religiones monoteístas han de respetar la heterodoxia y el librepensamiento en su seno y en la sociedad. Los periodos más brillantes de la historia de estas religiones han sido aquellos en los que se ha reconocido, respetado y practicado la libertad religiosa, de conciencia, de expresión, de investigación, de culto, etc. “No haya coacción en la religión… Que crea quien quiera y que no crea el que no quiera… Dios no se irrita con los que no creen, sino con los que no piensan”, afirma el Corán. “Si quieres, puedes seguirme”, decía Jesús a quienes se interesaban por su mensaje. La fe nunca puede imponerse, solo ofrecerse y dejar a la gente en libertad para que decida.
Cuando las religiones monoteístas no han respetado las libertades y los derechos humanos, cuando han perseguido a los disidentes, han sometidos a juicios inquisitoriales a quienes expresaban sus desacuerdos doctrinales y han condenado a muerte a los llamados “herejes”, han perdido toda credibilidad. Y con razón. ¿Cómo pueden hablar del Dios de la vida y luchar contras los ídolos de muerte, cómo pueden defender el derecho a la vida como derecho inalienable y fuente de los demás derechos, cuando matan en nombre de Dios? ¿Cómo pueden defender los derechos de Dios, mientras niegan los derechos de los seres humanos?
3. Renuncia a las actuaciones coloniales
Estas religiones han de renunciar a actuaciones colonizadoras encubiertas bajo el nombre de “misioneras”, que con frecuencia son hoy neocoloniales, activar sus mejores tradiciones emancipatorias, igualitarias, utópicas, y fomentar el diálogo, y no el proselitismo, ya que como acostumbraba a decir Raimon Panikkar y hemos recordado en otro artículo de este blog, “sin diálogo el ser humano se atrofia y el ser humano se anquilosa”. No pocas de las actividades “misioneras” tienen claras connotaciones de conquista, de proselitismo, de imposición cultural y de apropiación de las riquezas de los pueblos a los que dicen “misionar”.
“Quien dialoga –escribe Antonio Machado en Juan de Mairena-, ciertamente afirma a su vecino, al otro yo; todo manejo de razones –verdades o supuestos- implica convención entre sujetos, o visión común de un objeto ideal”. Pero no basta la razón, sigue diciendo Machado, para crear la convivencia humana; ésta precisa también “la comunión cordial, una convergencia de corazones en un mismo objeto de amor”1.
4. Ética y denuncia de la injusticia estructural
Otra condición necesaria es que las religiones monoteístas pongan en el primer plano de su identidad y de su actividad no los ritos religiosos alejados de la vida, ni los dogmas desvinculados de la justicia, ni las normas disciplinares ajenas al grito de los oprimidos y al gemido de la naturaleza que sufre, sino la ética. “La ética –afirma el filósofo Emmanuel Lévinas- es la filosofía primera”. Nosotros podemos decir: la ética es la teología primera en todas las religiones
Pero no la ética neoliberal del mercado, que es excluyente, ni la ética de la violencia de los movimientos terroristas, que siembran la muerte por doquier, sino la ética de la justicia y de la solidaridad, de la paz y de la defensa de la naturaleza, la ética liberadora e inclusiva de las religiones y de los movimientos sociales, que luchan por la utopía de otro mundo posible donde quepan todos los mundo, donde quepamos todas y todos.
Y junto a la ética, la denuncia de la injusticia estructural, de las desigualdades de todo tipo entre las dos orillas, de los crímenes de lesa humanidad, de las agresiones contra el medio ambiente, de la contaminación de las aguas por los cadáveres, cuyos causantes somos los bárbaros del Norte.
“No se puede tolerar que el mar Mediterráneo se convierta en un gran cementerio -afirmó el papa Francisco en un discurso pronunciado en el Parlamento Europeo- y negar acogida a los hombres, mujeres, niños y niñas que llegan a diario, muchas veces muriendo en el intento en las barcazas. Actuar de otra forma, es negar la dignidad humana de los inmigrantes, favorecer el trabajo esclavo y alimentar las continuas tensiones sociales”.
Es necesario, siguió diciendo Francisco a los parlamentarios europeos, “poner en práctica legislaciones adecuadas que sean capaces de tutelar los derechos de los ciudadanos europeos y de garantizar al mismo tiempo la acogida a los inmigrantes” y “adoptar políticas correctas, valientes y concretas que ayuden a los países de origen en su desarrollo sociopolítico y a la superación de sus conflictos internos – causa principal de este fenómeno –, en lugar de políticas de interés, que aumentan y alimentan estos conflictos. Es necesario actuar sobre las causas y no solamente sobre los efectos”.
5. No caer en el derrotismo
Los pueblos del sur del Mediterráneo, los inmigrantes subsaharianos y los refugiados que cruzan sus aguas no pueden caer en el derrotismo ni pueden sentirse derrotados. Han de empoderarse y decir con Fernando Pessoa “llevo en mí la conciencia de la derrota como un pendón de victoria”. Las religiones pueden contribuir a evitar que la conciencia de derrota se instale en las mentes y en la vida de los inmigrantes, infundi esperanza y ayudar a levantar su pendón de victoria. Y eso sólo pueden hacerlo si siguen el camino de la acogida y la hospitalidad.
De lo contrario, habrán renunciado a la orientación liberadora que las inspiró en sus orígenes, habrán perdido el norte y vagarán sin rumbo. Más aún: se habrán hecho el harakiri y no podrán responsabilizar a supuestos enemigos externos de la crisis profunda que sufren hoy. Ellas son las principales responsables de su fracaso.

La religión y el dinero

José M. Castillo, teólogo

Castillo2Fuente: Teología sin censura
El conocido historiador de la cultura religiosa de la Antigüedad, el profesor Peter Brown, en su reciente y conocido estudio sobre la riqueza y la construcción del cristianismo en Occidente (Por el ojo de una aguja, Barcelona, Acantilado, 2016), ha estudiado detenidamente y a fondo cómo se produjo el asombroso enriquecimiento de la Iglesia primitiva en los años en los que se vivió más intensamente la transición de la Antigüedad a la Alta Edad Media. Concretando más – a juicio del citado Peter Brown – estamos hablando de los años que transcurrieron desde finales del siglo IV hasta comienzos del siglo VI.
En aquel tiempo se produjo un fenómeno de unas consecuencias inimaginables. Por supuesto, la Iglesia dejó de ser “un ejército de desheredados”, como lo había sido en los siglos II y III (E. R. Dodds). Pero el paso decisivo consistió en que aquella Iglesia, que se enriquecía con notable rapidez, supo armonizar la riqueza económica con la espiritualidad. Es decir, desplazó el cristianismo desde el Evangelio hasta convertirlo en “mera religión” (cf. Max Horkheimer). Como indica el profesor Brown, quizá se pueda decir que así “los budistas y los cristianos tal vez hayan encontrado el modo de llegar a una solución común”.
¿Qué tipo de solución? Tanto los budistas como los cristianos sabían que quienes comían con el diablo de la riqueza necesitaban una cuchara larga. Sin embargo, quizá era precisamente la longitud de la cuchara lo que les daba una ventaja. El ideal de despego de las cosas mundanas dejó a la riqueza sin glamour, pero no la hizo desaparecer; de hecho, reforzó sutilmente la idea de que la riqueza tenía una razón de ser: estaba allí para usarla, para administrarla con eficacia y sensatez en beneficio de la Iglesia.
Así, el “giro decisivo” – en la historia de la Iglesia – no se produjo en el s. XI, en los pontificados de León IX (1049-1054) y Gregorio VII (1073-1081) (Y. Congar), sino mucho antes. Ya, en el s. V, se produjo el “giro determinante”. Porque el cambio, que lo modificó todo, no tuvo su clave en el ejercicio del poder para el gobierno de la Iglesia. Ese cambio estuvo en el desplazamiento del Evangelio a la Religión. Es decir, cuando lo que define a un cristiano no es ya el “seguimiento” de Jesús, sino la “observancia” de lo sagrado (templo, sacerdotes, rituales…). Todo esto, como es lógico, representa tener un personal “profesionalizado”, unos edificios, centros de estudio bien cualificados. Todo esto, además, dotado de un “poder sagrado”, que conlleva y se traduce en una serie de poderes jurídicos, sociopolíticos, económicos, doctrinales, etc., que necesitan mucho dinero, mueven abundante riqueza y justifican manejar importantes capitales.
Las consecuencias, que todo esto ha motivado, legitima y justifica son bien conocidas. La más importante, de esas consecuencias, es que, si se aceptan estos cambios y se consideran intocables, la Iglesia no tiene más remedio que vivir, en cosas muy fundamentales, en contradicción con el Evangelio. Por supuesto, la Iglesia se esfuerza y trabaja incesantemente por estudiar, comprender y explicar el Evangelio. Pero no puede vivir en coherencia con él. Ni puede ser consecuente con lo que el Evangelio enseña.
Concretamente, Jesús prohíbe a los apóstoles llevar dinero para anunciar el Evangelio (Mt 10, 9-10 par). Jesús estaba persuadido de que el dinero, no sólo no es necesario para hacer presente el Evangelio. Además de eso, si Jesús prohibió a los apóstoles llevar dinero, eso nos viene a decir que – a su juicio – el dinero es un impedimento para anunciar su mensaje.
Por lo demás, en la sociedad de todos los tiempos y más aún en la cultura en que vivimos, tener y manejar dinero es un condicionante que lleva consigo estar de acuerdo con los poderosos y adinerados, con el gran capital y con los medios, instituciones y procedimientos que utilizan los ricos y acaudalados para mantener y acrecentar su riqueza. Si la Iglesia es una institución rica y prepotente, ¿cómo va a tener libertad para decir a los ricos y prepotentes lo que les tendría que decir?
Y quede claro que aquí no vale el argumento de la caridad y la limosna, que la Iglesia practica en abundancia y con notable generosidad. Pero no olvidemos nunca que las desigualdades e injusticias, que tanto abundan, no se resuelven con limosnas, sino con la justicia y el derecho. Vivir “de limosna” es una de las cosas más humillantes que hay en la vida. Lo que necesitamos es un mundo más justo e igualitario.
Por todo esto, por lo que estoy diciendo, ¿cómo nos va a sorprender o escandalizar el hecho de que la Iglesia se calle ante tantos escándalos de corrupción como los que estamos viendo y soportando? ¿Quién puede exigir a los demás lo que él mismo no practica? ¿Por qué el actual obispo de Roma, el papa Francisco, está teniendo las más fuertes resistencias, no de parte de las masas populares, de los pobres, de las gentes marginales, sino de los prepotentes de este mundo y, sobre todo, de una notable parte del clero y de la Curia Romana?
Aceptemos, de una vez para siempre, que mientras la Iglesia no se ponga a vivir el Evangelio, de forma que todo el mundo lo vea y lo palpe, esta Iglesia nuestra tendrá buenas relaciones con los poderes públicos y con los más poderosos de este mundo, pero por eso mismo vivirá como una institución religiosa, que difícilmente podrá estar, en este mundo, como lo que realmente tiene que ser, el “recuero peligroso” de Jesús

Mensaje de Pedro Casaldáliga a sus 90 años. No se puede ser libre, ni revolucionario ni profeta sin ser pobre


Benjamín Forcano

CASALDALIGAMi conocimiento de Pedro Casaldáliga no ha sido casual ni ha surgido por un tiempo a causa de algunos escritos o gestos heroicos suyos. No. Pedro, misionero claretiano, era casi de nuestra generación, unos 7 años por delante.
Se ordenó de sacerdote a los 24 años, en 1952. Y fue entonces por espacio de 16 años, antes de que partiera para el Brasil, cuando Pedro fue dando a conocer su personalidad.

Pienso que Casaldáliga no fue uno antes de partir para el Brasil y otro después de aterrizar allí, como si las circunstancias lo hubieran cambiado. Los cambios no surgen de la nada ni vienen de fuera, sino que se hacen por elección propia, impulsados ciertamente en una u otra dirección por circunstancias que te afianzan en una u otra dirección.

La vida de Pedro aparece como un rio secreto que avanza en una u otra dirección, más bravo o más sosegado, dependiendo de la orografía del cauce, según este coadyuve a frenarlo, desviarlo o hacerlo llegar a su puerto.

Nos lo cuenta el propio Casaldáliga: “Yo siempre quise ir a Misiones… Mi decisión última fue en 1967 en el Capítulo de Renovación Claretiano. Había llegado mi hora. El testimonio laico del Che, muerto por entonces, era una nueva llamada desde América. Había logrado, por fin, lo que tanto había soñado y buscado: un clima heroico para vivir heroicamente. Un viaje sin retorno”.

Pedro, ya en el Mato Grosso, se encarga de recalcar lo persistente de su sueño: “A mí siempre me ha quebrado el corazón el ver la pobreza de cerca. Me he llevado bien con la gente excluida, quizás porque siempre he tenido una cierta afinidad con el margen, con los marginales. Quizás por una vena poética. Quizás sea una cuestión de sensibilidad, porque soy incapaz de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Por otra parte, nunca me he olvidado de que nacía en una familia pobre. Me siento mal en un ambiente burgués. Siempre me pregunté, si puedo vivir con tres camisas, por qué voy a necesitar tener diez en el armario. Los pobres de mi Prelatura viven con dos, de quita y pon.”

Ya en ese momento abriga una profunda convicción: “Estoy doblemente convencido de que no se puede tener una sensibilidad revolucionaria y profética ni se puede ser libre sin ser pobre. La libertad está muy unidas a la pobreza. No se es verdaderamente libre con mucha riqueza. Siendo pobre me siento más libre de todo y para todo. Mi lema fue: ser libre para ser pobre y ser pobre para poder ser libre. Lo exprese muy claramente en aquellos versos míos,

Pobreza evangélica:

No tener nada.
No llevar nada.
No poder nada.
No pedir nada,
Y, de pasada,

No matar nada; no callar nada.
Solamente el Evangelio, como una faca afilada,
Y el llanto y la risa en la mirada,
y la mano extendida y apretada,
y la vida, a caballo, dada. .:

Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,
para testigos de la Revolución ya estallada.

¡Y mais nada!

Algunas facetas clave de la vida de Pedro Casaldáliga

Cuando uno analiza la vida de Pedro, quedan bien al descubierto algunas facetas suyas fundamentales: libertad, pobreza, profecía, religación a Dios.

Pedro nos lo aclara.

Primera: “Si me bautizas otra vez un día,…dí a Dios y al mundo que me has puesto el nombre de Pedro-Libertad”.

Pedro es un hombre libre ante las instituciones, sean políticas o religiosas; libre ante las personas, grupos e ideologías; es la palabra libre, el gesto en rebeldía, la osadía que bebe en las fuentes del Espíritu, que es viento y fuego y revienta estructuras y cadenas.

Segunda: “La actitud ante los pobres, define la actitud ante Dios. Encontrarse con el pobre es encontrarse con Dios. Quien no toma en serio al pobre, no puede encontrarse con Dios”.

Y, por eso seguramente, haya tanto no creyente que, al encontrarse con Pedro, no le niega el respeto, la admiración y la credibilidad.

Tercera: “No podíamos ver todo esto con los brazos caídos. Quien cree en Dios, debe creer en La dignidad del hombre. Quien ama al Padre, debe amar a los hermanos.

El Evangelio es un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano y soportar la injusticia con la boca callada”. “Lo que pretendemos, dice en su discurso cuando la concesión del Premi Internacional de Cataluña, es humanizar practicando la projimidad.

La ciencia, la técnica, el progreso solamente son dignos de nuestros pensamientos y de nuestras manos, si nos humanizan más. Y esto nos compromete a transformar el mundo juntos”.

Cuarta: “Dios es para Pedro, escribe el teólogo Pedro Trillo, la razón mayor o mejor su pasión. Dios es para él una realidad ineludible, una presencia cierta, aunque libre y soberana. Una presencia nunca desvelada, remitida cada vez más al futuro total de la esperanza mayor, pero siempre operante y repentinamente aparecida e invocada”.

En una ocasión, periodistas de la televisión europea la preguntan a Pedro:
-¿Haría Vd. lo mismo que está haciendo si no existiera Dios?

–”Pero como existe, contestó enseguida Pedro.

Eso sería como preguntarme qué haría yo si no existiera o si yo no fuera persona y cristiano. Sé que otros sin Dios a las claras, hacen más y lo dan todo, y se dan. Yo creo que Dios está siempre con ellos”.

“He tenido, confiesa Pedro, un explícito encuentro con Dios, en Jesucristo, dentro de la comunidad de fe, que es su Iglesia. Y ese es un misterio que me abruma, y que me obliga a creer que Dios es mayor que nuestro corazón y nuestros dogmas y nuestra comunidad”.

Pedro se muestra libre porque es pobre y pobre porque es libre. Y, por ambas cosas, profeta. Una vez, vistas las sospechas y anatemas que caían sobre la TdL, le hice esta pregunta:

– ¿Qué queda de la teología de la liberación?

Y sagradamente indignado me contestó:

“Estoy harto de oír la pregunta. Me la han preguntado por activa y pasiva, compañeros, obispos, periodistas…Que no me sigan nombrando, por vergüenza al menos, las barbaridades -verdaderas calumnias- que colgaron de la teología de la liberación y sus teólogos. Nosotros: teólogos de la liberación, obispos que los acompañamos y las iglesias que se benefician de sus doctrinas no hemos optado por Marx sino por el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su Reino y sus pobres.

Nuestro Dios quiere la liberación de toda esclavitud, de todo pecado y de la muerte. Analizar la trágica situación de los dos tercios de la humanidad, señalarla como contraria a la voluntad de Dios y asumir compromisos prácticos para transformar esa situación son pasos obligados de la Teología de la liberación. A los enemigos del pueblo es a los que no gusta la teología de la Liberación. ¡Celebrarían tanto que los cristianos pensasen sólo en el Cielo… despreciando la Tierra!

Cuando nosotros queremos ganar el Cielo, conquistando la Tierra. ¡Hijos libres de Dios Padre y hermanos verdaderos!

Mensaje de Pedro para nosotros y la sociedad de hoy

¿Qué mensaje nos deja Pedro a nosotros y a la sociedad en que vivimos? ¿Pero acaso Pedro, alejado de esta civilización, hundido en la inmensidad del Amazonas, desconectado del primer Mundo, puede mostrar pautas de pensamiento y de acción para nosotros?

En primer lugar, lo de la lejanía y desconexión es un decir, que se cae por sí mismo. Bien poco sabe de él, quien afirme eso. Estoy convencido de que su información es más profunda y certera que la que manejamos nosotros.

Se trasluce en todos sus escritos, con rigor, con veracidad y, sobre todo, porque mana directamente de su identificación con los pobres y de su oposición radical a la realidad imperante que los oprime.

Siempre me asombró su capacidad de hacer mística, teología y profecía, al hilo de los acontecimientos, de conflictos y progresos tecnocientificos de esta nuestra sociedad dual y pluriforme. Como si en su casita de Sao Félix do Araguaia, hubiese levantada una potente estación emisora que alcanzara a todos los rincones de la tierra.

Recuerdo muy bien cómo describía la contradicción entre el Primer y Tercer Mundo, en una entrevista que le hice:

-“Mira, Benjamín, nadie libera a nadie, incluso nadie concientiza a nadie, si uno mismo no se libera y autoconcientiza. Se puede ayudar, no sustituir.

En ese sentido, el Primer Mundo sólo podrá liberarnos en la medida en que él se libere. Sólo en la medida en que el Primer Mundo deje de ser Primer Mundo podrá ayudar al Tercer Mundo. Para mí esto es dogma de fe. Si el Primer Mundo no se suicida como Primer Mundo, no puede existir humanamente el Tercer Mundo.

Mientras haya un Primer Mundo, habrá privilegio, exclusión, dominación, explotación, lujo y marginación. Si vosotros, en el Primer Mundo no resolvéis ser un mundo humano, nosotros no podemos serlo”.

¿Mensaje de Pedro Casaldáliga?

1. Se trata de implantar un proyecto humano, ético-religioso, liberador, planetario, que rompa el proyecto homicida del neoliberalismo. El neoliberalismo hoy se ha globalizado
Y pasa olímpicamente de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la Carta de las Naciones Unidas y de la Carta de la Tierra.

Pedro Casaldáliga sabe de qué habla, sabe de las causas de tanta invasión, explotación, dominación y guerra. Lo ha afrontado él en su propia sociedad que es eco y espejo de la sociedad universal; el aquí y el allí están relacionados, hay allí tanto retraso y miseria, tanta deuda, porque aquí, -en Europa, en el Mundo occidental-, es interminable el robo, la incautación y la dominación.

Los colonialismos e imperialismos, viejos y modernos, se atienen siempre a su lógica: ignorar y despreciar la alteridad, humillar, destruir, imponer la ley del más fuerte.

2. Se trata de contar con personas que se salgan de ese proyecto homicida, que le hagan frente desde la dignidad de la persona y sus derechos inalienables. Sobre ese quicio podemos reconstruir una convivencia fraterna, que erradique el egoísmo y la avaricia, la soberbia y la prepotencia, la desigualdad, la injusticia, la rivalidad, las guerras, que matan la libertad y la paz.

Nadie es menos que nadie, ni como persona ni como pueblo. Todo ser humano está obligado a hacer el bien y evitar el mal, a hacer efectiva la regla universal de: “Trata a los demás como tú deseas que te traten a ti”. El hombre es para el hombre cosa sagrada, hermano, no lobo.

Llegar a eso, no es posible sin personas libres, que detesten la idolatría del dinero, del hedonismo, del consumismo, del racismo, del patriarcalismo, de todas las cadenas que aprisionan y oprimen al ser humano.

El ser persona significa ser libre; ser libre significa ser pobre; y sólo es profeta quien vive con libertad y pobreza.

En esta nuestra sociedad hoy en tantos aspectos manipulada y esclavizada, el ejemplo de Pedro Casaldáliga es señal, luz y camino para vivir con dignidad y autonomía, con libertad, con pobreza, con profecía y esperanza.

ME LLAMARÁN SUBVERSIVO

Con un callo por anillo,
monseñor cortaba arroz.
Monseñor ¿”matillo
y hoz”?

Me llamarán subversivo.
Y yo les diré: lo soy.
Por mi pueblo en lucha, vivo.
Con mi pueblo en marcha, voy.

Tengo fe de guerrillero
y amor de revolución.
Y entre Evangelio y canción
sufro y digo lo que quiero.
Si escandalizo, primero
quemé el propio corazón
al fuego de esta Pasión,
cruz de Su mismo Madero.

Incito a la subversión
contra el Poder y el Dinero.
Quiero subvertir la Ley
que pervierte al Pueblo en grey
y al Gobierno en carnicero.
(Mi pastor se hizo Cordero.
Servidor se hizo mi Rey).
Creo en la Internacional
de las frentes levantadas,
de la voz de igual a igual
y las manos enlazadas…

Y llamo al Orden de mal,
y al Progreso de mentira.
Tengo menos Paz que ira.
Tengo más amor que paz.

…¡ Creo en la hoz y el haz
de estas espigas caídas:
una Muerte y tantas vidas!
¡ Creo en esta hoz que avanza
– bajo este sol sin disfraz
y en la común Esperanza –
tan encurvada y tenaz

Conferencia ONU Waris Dirie - Flor del Desierto

Desiertos - 1º Domingo de Cuaresma, Ciclo B

jueves, 15 de febrero de 2018

CUARESMA 2018: Trocitos de luz para el camino


Hoy Miércoles de Ceniza, comienza la Cuaresma, un tiempo favorable para nuestra vida de creyentes. Nos enfrentamos a un tiempo que no tiene que ser triste ni antipático. Es el tiempo del “Amor con Dios”, y eso es de por sí agradable.





 
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El tiempo de Cuaresma es el tiempo para volver a nuestras grandes convicciones: “ser hijos amados de Dios”, “sabernos salvados por la Gracia”, “vivir como hombres y mujeres nuevos”. Estos son los grandes argumentos para crecer en el Amor.

Muchas veces hemos focalizado la cuaresma en nuestros malos hábitos, y en el propio esfuerzo por ser mejores. Eso está bien, y es necesario. Pero está claro que nadie se convierte por un esfuerzo espartano. Necesitamos algo previo, y es sabernos queridos de Dios. Por eso la experiencia principal que te invito a hacer en este tiempo es la de “SENTIRTE HIJO”.

Ya sabes lo que eso significa, si has vivido una experiencia de amor entrañable en tu familia. El hijo siempre ocupa el lugar principal en el corazón del padre y de la madre. Así, también tú ocupas el lugar preferencial en el querer de Dios. Esta es la convicción que debes adquirir, y solo lo conseguirás entrando en el corazón de Dios a través del silencio y la oración; a través de la solicitud con los demás y a través de la vida sacramental, que son las fuentes de donde mana en abundancia la Gracia de Dios, que nos hace buenos y nos santifica. Sobre todo, la Eucaristía y la Reconciliación. Date tiempo para ello.
Como tenemos seis semanas de camino, vamos pasito a pasito, y según el ritmo que te venga mejor. No corras: tú tienes tu propio ritmo, tu necesidad y debes andar según el paso que Dios te vaya indicando. Lo reconocerás por el deseo de tu corazón.
  • En este itinerario de cuaresma, partimos siempre de una motivación que viene introducida por un #hashtag.
  • Después encontrarás unas pistas @en clave de fe para cada semana. Son las palabras clave de la semana: conviene centrarte en ellas y rezar con ellas.
  • De manera más práctica, encontrarás pistas en @pon tu la música, con algunas pautas para tu oración diaria, y @Todo habla de ti, con textos y canciones complementarios. Úsalo en la medida que veas oportuno.
Parto siempre del evangelio del domingo precedente e ilumino la semana desde este evangelio. Puedes volver a leerlo en días sucesivos de esa semana, y también leer el evangelio de cada día, para apoyar tu oración diaria.
DESCARGA LA PROPUESTA PARA LA PRIMERA SEMANA DESDE ESTE ENLACE

MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO PARA LA CUARESMA 2018

¿QUÉ EXPERIENCIAS DE DESIERTO SOSTIENEN MI VIDA?


col marife

Mc 1, 12-15
El texto del evangelio de este domingo empieza diciéndonos que el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Parece que el texto contradice lo que nos enseña el apóstol Santiago: "Nadie diga en la tentación que es tentado por Dios. Porque Dios ni puede ser tentado al mal, ni tienta a nadie; sino que cada uno es tentado por su concupiscencia, que lo atrae y seduce” (1, 13-14)
A muchas generaciones nos han educado diciéndonos que las tentaciones eran pruebas que teníamos que pasar, luchas en las que muchas veces perderíamos, porque vencería la fuerza del mal. Nos enseñaron a temerlas, como algo negativo. Hoy vamos a ver su dimensión positiva, tanto si proceden de estímulos de fuera de nosotros, como si son nuestros deseos y miedos las que desencadenan el proceso.
A Israel se le hizo muy laaaargo el tiempo de prueba en el desierto, de lucha contra sus propias debilidades y miedos. Lo expresó diciendo que habían estado 40 años de prueba, porque cuarenta años era el tiempo que tardaba toda una generación infiel en desaparecer y dejar paso a otra generación que fuera capaz de empezar algo nuevo.
Una generación tuvo que aprender de los errores cometidos por la anterior y reflexionaron de este modo:
"Acuérdate del camino que el Señor te ha hecho andar durante cuarenta años a través del desierto con el fin de humillarte, probarte y conocer los sentimientos de tu corazón y ver si guardabas o no sus mandamientos. Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre para alimentarte luego con el maná, desconocido de tus mayores; para que aprendieras que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del Señor. No se gastaron tus vestidos ni se hincharon tus pies durante esos cuarenta años. Reconoce en tu corazón que el Señor, tu Dios, te corrige como un padre hace con su hijo. Guarda los mandamientos del Señor, tu Dios; sigue sus caminos y respétale". (Deuteronomio 8, 26)
Han pasado más de tres mil años y los errores de entonces son sabiduría para nosotros.
Moisés necesitó 40 días, para ser transformado en lo alto del Sinaí. Necesitó mucho tiempo para captar el sueño de Dios sobre su pueblo, para comprender que era imprescindible un comportamiento moral para que pudieran respetarse unos a otros. La raíz de ese comportamiento tenía que ser una profunda experiencia de Dios: podrían amar a Yahvé con todo su corazón, su mente y sus fuerzas si antes caían en la cuenta que, de ese modo, eran amados por Dios.
Pero, al bajar del monte para compartir esta revelación, el pueblo se había hecho su becerro de oro. Se les hizo larga la estancia de Moisés en la cima del monte, y organizaron una fiesta para distraerse y gozar de lo tangible.
También este error se ha convertido en sabiduría para todo el pueblo judío y para la Iglesia.
Jesús, en una profunda soledad, tuvo una experiencia fundante, que marcó su vida y le dio un giro. Se enfrentó a lo que todos los seres humanos nos tenemos que enfrentar una y otra vez:
· Que nacemos con un germen de poder. Esa semilla intenta crecer y expandirse por todos los medios posibles. Fijémonos en los poderosos de la tierra, para ver los efectos devastadores del crecimiento de este germen. Para conseguir ese poder, para tener parte en el banquete de los poderosos, podemos llegar a arrodillarnos ante los demás y “adorarlos”.
Jesús nos dice: el amor y el servicio son dos formas de poder que dan vida.
· Queremos quitar los obstáculos de nuestro camino para tener la vida más fácil. Intentamos convertir “las piedras en panes” con lo tenemos a mano: amenazas, extorsión, enchufes, mentiras…
Jesús nos dice: que la Palabra sostenga tu vida.
· Nos sentimos tentados a poner a Dios a nuestro servicio, a comprarle con nuestros ritos y cumplimiento, a negociar, creyendo que está en deuda con nosotros.
Jesús nos invita a vivir como hijos e hijas, sin tentar a Dios.
¿Cuál es nuestro desierto hoy? El espacio interior, vacío, en el que no cabe nada, ni nadie, de lo que nos sostiene a diario. Allí no pueden entrar ni nuestros seres queridos ni ningún objeto, por preciado que sea. Es un enfrentamiento, cuerpo a cuerpo con el mal… ¡incluso con Dios!
¿Cuántas veces hemos experimentado este desierto? ¿Cuánto tiempo hemos pasado en él, sin huir? Igual que Israel, cuando nuestras experiencias de desierto se nos hacen largas, tenemos la tentación de construirnos un “becerro de oro” que dé por finalizada la experiencia. Eso nos permite “bajar inmediatamente de la cima del monte” donde el encuentro con Dios puede llegar a ser casi insoportable, por su densidad y hondura.
Es bueno luchar “cuerpo a cuerpo con Dios”. Es bueno dialogar, preguntar, protestar… ante Dios, porque también crecemos en esta confrontación. Recordemos las palabras de Job: “Voy a quejarme en la amargura de mi alma…” (7, 11) “¿Qué es el hombre para que lo visites todas las mañanas y a cada instante lo sometas a prueba?” (7, 17-18) “Quiero hablar con el Omnipotente, quiero discutir con Dios” (13,3) “Siempre mi queja es una rebelión” (23,2).
Es bueno luchar en el desierto, en nuestro propio desierto, y es imprescindible que la lucha acabe en rendición, para poder experimentar lo mismo que Dios le dijo a Job: “Atiende, escúchame, calla hasta que yo haya terminado de hablar. Si tienes algo que decir, habla, pues yo deseo darte la razón. Si no tienes nada, escúchame; calla y yo te enseñaré la sabiduría” (33, 31-33)
Que en esta cuaresma podamos acoger esta sabiduría, personalmente y en los grupos o comunidades de los que formamos parte.
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.
Imaginemos el impacto que pudo suponer para Jesús y su entorno el brutal asesinato de Juan Bautista en medio de un espectáculo, con danza incluida, para entretener a los poderosos. Era un hombre que había anunciado la conversión y reavivado la esperanza del pueblo.
Para Marcos, la muerte de Juan marcó un antes y un después en la vida de Jesús. Cuando los poderosos consiguieron acallar la voz del precursor, era el momento apropiado –el Kairós- para salir a predicar la Buena Noticia y mostrar los signos del Reino.
Pero empezar predicando en Galilea era como perder el tiempo, en la mentalidad de entonces. Era como “echar perlas a los cerdos”, porque una buena parte de la población estaba contaminada por lo que entonces se consideraba pecado: no subir a Jerusalén a celebrar la Pascua, no respetar el sábado, vivir en estado de impureza, etc. Muchos hombres y mujeres galileos tenían pocas esperanzas de salvación.
Precisamente allí, donde apenas quedaba esperanza humana, llegó Jesús con un mensaje sorprendente y unos signos que hicieron que muchos marginados pudieran ponerse en pie, se liberaran del mal que les aprisionaba y comenzaran un nuevo tipo de vida.
¿Podemos imaginar el impacto que supondrían las palabras y curaciones de Jesús en la gente marginal y desesperanzada? ¿No se nos reaviva nuestra pasión evangelizadora, para ofrecer hoy caminos de liberación hoy?
El gesto de recibir la ceniza ha sido como calzarnos las botas de montaña, ponernos la ropa adecuada, colocarnos la mochila al hombro y empezar “a caminar hacia el centro de nuestro ser”, conscientes de que este camino nos humaniza y diviniza al mismo tiempo. Desde ahí podemos salir al encuentro de los demás con otra hondura, con un amor más limpio y la fuerza del Espíritu; más libres de enredos emocionales y con más gratuidad.

SIN LUCHA NO PUEDE HABER VICTORIA


col fraymarcos

Mc 1, 12-15
Durante siglos, hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Él. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. Jesús nos dice que el perdón es el punto de partida. Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos datos para intentar otras explicaciones. Somos fruto de la evolución y seguimos avanzando.  
El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente. El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por unos cientos de miles de años de trayectoria humana.
El primer objetivo de todo ser vivo fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a él, la vida no solo se conservó, sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens”. Su relativa perfección permite al hombre unas relaciones completamente distintas; ahora fundadas en la armonía. Pero permanece el instinto de conservación que le lleva al individualismo. La visión miope tiene que ser superada por un nuevo conocimiento.
Fijaos bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás. La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.
El hecho de que Mc sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que en Mt y Lc, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles por parte de Mc. También pudiera ser que Mt y Lc encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Mc. En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Mc está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.
El objetivo del relato es muy distinto en Mt y Lc, y en Mc. Este último no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En Mc no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal. En el evangelio de Mc, no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora. La tentación está siempre a nuestro alrededor.
Inmediatamente. Comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”. Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. Este Espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que nosotros tenemos; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.
El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es “ekballo” = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El Espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto. Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.
Al desierto. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible comprender todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.
Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días fueron necesarios para que se conviertan los ninivitas. 40 días camina Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.
Tentado por Satanás. “Peireo” indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber un aprobado si no hay examen. ‘Satán’ significa el que acusa en el juicio, exactamente lo contrario que ‘paráclito’, el que defiende en un juicio. En Mt y Lc, las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Mc no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Mc no nos habla de penitencia, sino de lucha.
Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas” condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras). Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera era total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.
Y los ángeles le servían. El verbo que emplea es “diakoneô”, que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. En el NT “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio, de los seguidores de Jesús. Su primer significado era, “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien, o expresar que Dios estaba de su parte.       
Nada ni nadie puede malearnos sustancialmente; ni el pecado de Adán, ni nuestros propios pecados. Nuestra tarea consiste en ir descubriendo lo que nos deteriora como seres humanos y lo que nos va construyendo como personas.

Meditación
La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,
dejándome llevar por una cómoda idolatría.
El antídoto es el Dios de Jesús,
el Abba que me hace vivir su misma Vida.
Si descubro mi verdadero ser,
surgirán dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

TENTACIÓN SIN TENTACIONES Y PRIMERA ACTIVIDAD


col sicre

Volver a empezar
El primer domingo de Cuaresma, en cualquiera de los tres ciclos, se dedica siempre a recordar las tentaciones de Jesús. Eso supone que debemos dar marcha atrás, olvidarnos de que ya estaba recorriendo Galilea con sus discípulos y volver a empezar. Jesús acaba de ser bautizado, ha recibido una misión de Dios. Pero antes de lanzarse a una actividad pública, el espíritu lo impulsa al desierto. Con este relato, muy simbólico y que no se presta a conclusiones piadosas, Marcos quiere plantearnos desde el comienzo el misterio de la persona de Jesús.
Un relato sin tentaciones
Si se hiciera una encuesta a los cristianos sobre las tentaciones de Jesús (suponiendo que hayan oído hablar de Jesús y de las tentaciones) algunos mencionarían la de convertir una piedra en pan; otros, que Satanás le ofreció toda la gloria y riqueza si lo adoraba; los más listos incluso recordarían lo de tirarse desde el pináculo del templo. Con eso, demostrarían conocer los relatos de las tentaciones que cuentan Mateo y Lucas. Pero Marcos no dice nada de eso. Con una brevedad pasmosa sólo dice que Jesús es impulsado por el Espíritu al desierto, es tentado por Satanás, vive con las fieras, y los ángeles le sirven. Más que un relato parece un guion con seis datos que el catequista deberá desarrollar.
El Espíritu. En la tradición bíblica, el Espíritu es el que impulsa a los Jueces y a los profetas a realizar la misión que Dios les encomienda: salvar al pueblo de sus enemigos o transmitir su palabra. En este caso, con notable diferencia, el Espíritu impulsa a Jesús al desierto.
El desierto es el lugar de la prueba, como lo fue para el pueblo de Israel cuando salió de Egipto, camino de la Tierra Prometida. Allí fue tentado para ver si eran fieles. La inmensa mayoría sucumbió en la prueba, mostrándose un pueblo de corazón duro y obstinado. Jesús, en cambio, superará en el desierto la tentación.
Los cuarenta días equivalen a los cuarenta años que, según la tradición bíblica, pasó Israel en el desierto. Es número de plenitud, de tiempo redondo (recuérdense los cuarenta días del diluvio, los cuarenta días entre la resurrección de Jesús y la Ascensión, etc.).
Satanás. Nosotros hemos adornado este personaje con tantos elementos (incluidos cuernos y rabo) que conviene dejar claro cómo lo concibe Mc. El evangelista usa el nombre de Satanás en cinco ocasiones (1,13; 3,23.26; 4,15; 8,33), y desaparece en la segunda parte del evangelio (cc.9-16); curiosamente, la última vez que se menciona a Satanás no se refiere al demonio sino el apóstol Pedro, que quiere apartar a Jesús de la pasión y la cruz. Por consiguiente, Satanás es el símbolo de la oposición al plan de Dios. Satanás quiere apartar a Jesús del camino que Dios le ha trazado en el bautismo: hacer que se olvide de pobres y afligidos, dejar de consolar a los tristes, no anunciar la buena noticia. O, como hará Pedro más adelante, pedirle que cumpla su misión, pero sin pensar en cruz ni sufrimientos.
Fieras y ángeles. Esta curiosa mención está cargada de simbolismo. Los animales del desierto no son los que ve cualquier campesino galileo a su alrededor: mulos, vacas, ovejas... Son escorpiones, alacranes, etc. Y esto nos recuerda el Salmo 91,11-13, donde aparecen mencionados junto con los ángeles:
«A sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en todos tus caminos;
te llevarán en sus palmas
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre chacales y víboras,
pisotearás leones y dragones».
Jesús, en el desierto, sufre la tentación de Satanás. Pero Dios está a su lado, lo protege mediante sus ángeles, y hace que triunfe de todos los peligros.
Estos elementos (tentación, vivir con los animales, servicio de los ángeles) recuerdan al relato de Adán en el paraíso, tal como se contaba en las tradiciones rabínicas. De este modo, Mc presenta a Jesús como el nuevo Adán, que, a diferencia del primero, no sucumbe a la tentación, sino que la supera.
Primera actividad de Jesús y síntesis de su predicación
El relato de las tentaciones en Mc es tan breve que la liturgia ha añadido las frases siguientes. Aunque tratan un tema muy distinto (el comienzo de la actividad de Jesús) y ya las leímos en el Domingo 3º, la invitación a la conversión encaja muy bien al comienzo de la Cuaresma. Recuerdo lo que comenté entonces.
Marcos ofrece tres datos: 1) momento en que comienza a actuar; 2) lugar de su actividad; 3) contenido de su predicación.
Momento. Cuando encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase igual que a nosotros, a través de los acontecimientos. En este caso, la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.
Lugar de actividad. A diferencia de Juan, Jesús no se instala en un sitio concreto, esperando que la gente venga a su encuentro. Como el pastor que busca la oveja perdida, se dedica a recorrer los pueblecillos y aldeas de Galilea, 204 según Flavio Josefo. Galilea era una región de 70 km de largo por 40 de ancho, con desniveles que van de los 300 a los 1200 ms. En tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma el libro tercero de la Guerra Judía de Flavio Josefo (BJ III, 41-43), aunque su riqueza estaba muy mal repartida, igual que en todo el Imperio romano.
Los judíos de Judá y Jerusalén no estimaban mucho a los galileos: “Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur”, comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: “Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta” (Jn 7,52).
Mensaje. ¿Qué dice Jesús a esa pobre gente, campesinos de las montañas y pescadores del lago? Su mensaje lo resume Marcos en un anuncio (“Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca”) y una invitación (“convertíos y creed en la buena noticia”).
El anuncio encaja en la mentalidad apocalíptica, bastante difundida por entonces en algunos grupos religiosos judíos. Ante las desgracias que ocurren en el mundo, y a las que no encuentran solución, esperan un mundo nuevo, maravilloso: el reino de Dios. Para estos autores era fundamental calcular el momento en el que irrumpiría ese reinado de Dios y qué señales lo anunciarían. Jesús no cae en esa trampa: no habla del momento concreto ni de las señales. Se limita a decir que “está cerca”.
Pero lo más importante es que vincula ese anuncio con una invitación a convertirse y a creer en la buena noticia.
Convertirse implica dos cosas: volver a Dios y mejorar la conducta. La imagen que mejor lo explica es la del hijo pródigo: abandonó la casa paterna y terminó dilapidando su fortuna; debe volver a su padre y cambiar de vida. Esta llamada a la conversión es típica de los profetas y no extrañaría a ninguno de los oyentes de Jesús.
Pero Jesús invita también a “creer en la buena noticia” del reinado de Dios, aunque los romanos les cobren toda clase de tributos, aunque la situación económica y política sea muy dura, aunque se sientan marginados y despreciados. Esa buena noticia se concretará pronto en la curación de enfermos, que devuelve la salud física, y el perdón de los pecados, que devuelve la paz y la alegría interior.
El recuerdo del bautismo (dos primeras lecturas)
Desde antiguo, la celebración de la Pascua quedó vinculada con el bautismo de los catecúmenos el Sábado Santo, y eso ha influido en la selección de las lecturas de la Cuaresma, que pretenden recordar episodios que jugaron un gran papel simbólico en la preparación para el bautismo. La carta de Pedro (llamada así, aunque no la escribió san Pedro) ve en el diluvio un simbolismo del bautismo: Noé y sus hijos se salvaron cruzando las aguas del diluvio, el cristiano se salva sumergiéndose en el agua bautismal. Menos clara es la relación de la lectura del Génesis con el bautismo; aunque también ella habla de Noé, todo se centra en la promesa de Dios de no volver a destruir la tierra. Es posible que se haya elegido el texto por la convivencia de hombre y animales, que recuerda a lo que dice el evangelio sobre Jesús viviendo con las fieras.
Jesús y nuestro bautismo
La presentación de Jesús como nuevo Adán está estrechamente relacionada con la nueva vida que comienza en el cristiano con el bautismo. La Cuaresma es el mejor momento para profundizar en este sacramento que, en la mayoría de los casos, recibimos sin ser conscientes de lo que recibíamos.