FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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lunes, 27 de mayo de 2013

Y la iglesia se topó conmigo: El empate José Miguel Izquierdo

El día 10 de noviembre de 2012, o sea, hace unos seis meses aproximadamente, escribí ESTE ARTÍCULO en mi blog a raíz de la decisión tomada por el Tribunal Constitucional en ese mismo mes, concretamente, el 6 de noviembre del mismo año.
Cayó aquel gol como un jarro de agua en el machista, intolerante y cerrado grupo solo de hombres de la Conferencia Episcopal española. Rouco y Rajoy, los dos gallegos presidentes de los equipos más poderosos que tiene en estos momentos este país, en lo religioso (Iglesia) y en lo político (el PP) enfrentados en una guerra fría. Como el Barsa y el Madrid, tal cual.
Una lucha de poderes a cara de perro pues aunque coinciden y hacen el paripé de cara al público en muchas cosas, cierto es que se llevan fatal. Y no solo entre las cúpulas sino entre las bases. Monstruosas entidades que no se sacian. Cuanto más poder tienen, más poder quieren. Y no terminan de saciarse.
Dos hombrecitos jugando como niños a ver quien se lleva el gato al agua. Decía yo en aquel artículo que el TC les había marcado un gol por toda la escuadra al episcopado y a las huestes integristas españolas. Al mismo tiempo que me alegraba inmensamente por la noticia, mi subconsciente me decía que el partido iba a durar mucho tiempo. Lejos de resignarse, como ellos predican, ante las adversidades y como espoleados por aquella supuesta humillación tenían que conseguir como fuera el empate y, de paso, darle la vuelta al marcador. Y así ocurrió y así está ocurriendo. Y de qué manera. Veamos.
El político, zorro como él solo, en una maniobra brusca pero muy sutil se adelanta el mitrado y acude a Roma (15/04/2013) a ver a Francisco, el nuevo papa argentino que, por cierto, de momento solo está cumpliendo con la labor de enjalbegar (blanquear las paredes con cal, yeso o tierra blanca) una iglesia corrupta y en una visita que dura 24 minutos le comunica que no se preocupe. Que lo de los matrimonios gays es algo que solo afecta a un gran sector y al mismo tiempo extendido en muchos países del mundo y había que asumirlo. No me extraña, el muy ladino, que le contestara ante una supuesta observación pontificia al respecto, algo así como: Ustedes tienen un grave problema con la pederastia en el mundo y aquí no pasa nada ni han hecho nada. O sea que… calladito por si acaso.
Eso sería “pecata minuta” o una insignificancia con lo que estaba proyectando el gobierno. Posteriormente se reúne con Tarsicio Bertone, el gran cóndor cardenalicio que todavía sigue llevando las riendas, de forma subrepticia, del pequeño gran estado católico. El verdadero papa en la sombra, vamos.
A todas estas, Rouco, callado como una p… y a la espera aunque por dentro imagino el cabreo sordo y de rabia contenida porque el gol que le iban a meter en fuera de juego por milímetros a la ciudadanía y en perfecta combinación con un juez de línea del partido gobernante, quería marcarlo el purpurado pero no. Lo marcó un tal Wert y aunque era consciente de que estaba haciendo algo que encendería los ánimos de muchos y variados sectores de la sociedad, éste se creció como un león, según su verborrea, para cantar el gol. Aquellos sectores variados y mayoritarios asistían, atónitos, a un retraso en el tiempo. Una vez más habían conseguido indignar.
La religión católica, de nuevo, contaría para nota media y para acceso a becas. Nada más y nada menos. No una asignatura que abarcara a todas las religiones del mundo y como acontecimiento social fuera estudiada o conocida para enriquecimiento cultural.
No. El objetivo es claro: adoctrinar a los alumnos con la disculpa de que es optativa para decir: no al aborto, no a las relaciones sexuales fuera del matrimonio, no a los preservativos, no a la vestimenta provocativa, no a las uniones o matrimonios gays y menos la adopción de niños, no a la pluralidad de pensamiento, no a la libertad de conciencia, no a los divorciados y sus nuevas parejas y sí al rosario diario, al rezo como solución de todos los problemas, sí al matrimonio indisoluble, sí a la doctrina de la iglesia católica, sí al catecismo, etc, etc.
Y todo en virtud de un tratado obsoleto, partidista e interesado entre el Vaticano y los distintos gobiernos que lleguen al poder, sean del signo que sean.
Y ¡ojo¡ el partido no está ni mucho menos acabado.
Esto no se va a quedar en empate. En el banquillo, esperando su oportunidad y calentando en la banda para también marcar gol, está “monseñor Gallardón” con su contrarreforma de ley del aborto. Al tiempo. Aquí de lo que se trata es de jugar con los ciudadanos y ciudadanas.
Y aquí, en España, mientras no haya una efectiva separación entre iglesia y estado y mientras no se anule y se rompa ese acuerdo, por respeto a muchísima gente que no es de esta religión o que es agnóstica o que es no creyente y por respeto a una constitución, cada día más denostada, que dice claramente que este estado es aconfesional. Mientras esto no llegue a su fin, la educación pública y laica, columna vertebral de un país en progreso, y demás derechos que se han conseguido como señal inequívoca de libertad de pensamiento y, sobre todo, de conciencia… esto seguirá siendo un cachondeo y una tomadura de pelo.

Juan José Tamayo, teólogo y filósofo: «Lo que dificulta la movilización es el miedo a perder» A. G. Encinas

Enviado a la página web de Redes Cristianas
elnortedecastilla.es
«Lo que dificulta la movilización es el miedo a perder»
La palabra es crisis. Palabreja infiltrada en las conversaciones cotidianas, cargada con todas sus connotaciones negativas. Juan José Tamayo (Amusco, Palencia, 1946) invita a rebelarse contra la resignación que inoculan esa dichosa crisis y sus consecuencias en los ciudadanos.
-Ha cambiado un poco el título de su conferencia, ‘Utopía en tiempo de crisis’, respecto al título de su libro, ‘Invitación a la utopía’. Aunque no va desencaminado porque, al fin, es un tema que trata.
–En realidad, el subtítulo del libro, que es ‘ensayo histórico para tiempos de crisis’, es el que refleja en buena medida la necesidad y la urgencia de la utopía para no desembocar en el desencanto y en la desesperanza. Porque en tiempo de crisis es cuando más peligro existe de que la gente se hunda y se desanime. Decía Gramsci, el gran filósofo y politólogo italiano, que el pesimismo de la razón debe ir acompañado del optimismo de la voluntad, y eso es lo que pretende este libro. Hacer un análisis crítico, severo, de la situación de la crisis que sobre todo afecta a los sectores populares, más desprotegidos, con menos defensas. Y claro, el pesimismo de la razón, de los análisis y las reflexiones que se puedan hacer sobre economía, política, etcétera, no puede desembocar en una actitud de hundimiento de la persona. Ahí está la voluntad precisamente para elevar el ánimo y levantar el vuelo. De lo contrario, es como si a un volador se le cortan las alas.
En este caso, el sistema busca eso. Eliminar la esperanza de las personas, matar los sueños. Y eso supone una depresión que, si es individual, se va uno al psiquiatra. El problema es si es colectiva, como la que están viviendo España y Europa ahora. Pero no podemos permitirnos conceder esa victoria y ese triunfo al mundo financiero, político, mediático, militar. Hay que invitar a la esperanza, y ese es el objetivo del libro.
–Se están produciendo dos reacciones contrapuestas, según parece. Una, de resignación, de ‘es lo que hay, nos han dicho que hay que recortar y ser austeros, viene impuesto y no se puede hacer nada’. Y otra, de indignación, quizá plasmada en el 15-M como parte más visible.
–Claro. El sistema impone el realismo. Dice ‘las cosas son como son y no pueden ser de otra manera’. El sistema lo que quiere es racionalizar lo irracionalizado. Y decir que todo lo irracional es absolutamente necesario para superar la crisis. Y claro, racionales son los recortes, las restricciones en Educación, en Sanidad, en servicios sociales, limitar la inversión para la investigación… Eso es terrible. Y genera la actitud de resignación en estos sectores, que se sienten impotentes y que se encierran sobre sí mismos, pero al mismo tiempo provoca la indignación.
Y el origen de la utopía está precisamente en la indignación.

–¿Es ahí donde nace?
–La utopía tiene distintos pasos y momentos. Primero el indignarse, dar el golpe en la mesa, protesto y no estoy de acuerdo. Pero claro, después esa indignación individual debe colectivizarse, y eso es lo que está generando todos estos movimientos sociales, los foros sociales mundiales, los movimientos alterglobalizadores, Democracia Real Ya…Es decir, toda esa indignación que se traduce en protesta y que hace propuestas al mismo tiempo y propone alternativas. Alternativas que ya se van realizando, porque el hecho de actuar, militar, salir a la calle y movilizarse, ya da buenos resultados. Esa idea de que no se consigue nada es muy peligrosa, porque el hecho de movilizarse ya es empezar a conseguir. Ese movimiento ciudadano que toma conciencia, que crea una comunidad de propuestas, de alternativas y de proyectos afines, me parece que es una conquista extraordinaria.
No caer en la violencia
–¿Y cómo se evita el riesgo de que el paso siguiente a esa indignación derive hacia la violencia?
–La madurez y la sensatez de estos movimientos evita esa deriva en la violencia. Si eso derivara en violencia, se produciría una espiral que no habría quien la detuviera. Porque el sistema diría ‘ellos son los violentos’, y los violentos dirían ‘la violencia está en el sistema’. La primera violencia que se da en este mundo controlado por los poderes financieros y el neoliberalismo es la del sistema. Es una violencia que está instalada en las cúpulas del poder. Y a esa violencia hay que responder organizadamente, pero no con una violencia activa. Yo, por tradición religiosa cristiana evangélica, creo que los métodos no violentos son mejores que los violentos. Pero es que además hay ejemplos en la historia que ponen de manifiesto que esa forma de no-violencia activa también es eficaz y consigue los resultados sin derramamiento de sangre y sin destruir vidas humanas.
–¿Por ejemplo?
–Ahí está la no-violencia del fundador del cristianismo; de Sócrates, enseñando a la juventud otros valores; de Francisco de Asís, que consigue reformar o renovar la Iglesia; de Lutero, de Gandhi, de Martin Luther King, de las madres y las abuelas de mayo frente a esa terrible violencia de la dictadura… Pero no-violencia activa. Y no-violencia, o paz, que tiene que vincularse con la justicia. No podemos hablar de no-violencia de brazos cruzados. No, no. Tiene que traducirse en un grito de protesta que pare y frene esta deshumanización.

–¿Qué ocurre si se responde con violencia?
–Lo que quiere el sistema es que se responda con una violencia armada, pero esa es una provocación en la que no debemos caer.Porque además, cuando se produce una respuesta violenta a la violencia del sistema, la vida más amenazada es la de los que se rebelan contra ese sistema.Porque el sistema se protege a través de sus medios, que son las fuerzas represivas.
–Algo que se achaca a estos movimientos es que no se materializan en algo, como si se dijera que si no luchas desde dentro del sistema, configurándose como partido político, por ejemplo, no cuenta. ¿Se puede conseguir algo con movimientos tan segmentados?
–Se está removiendo ya. Ahora mismo existen cuatro o cinco luchas que creo que están transformando totalmente la mentalidad de la gente y ayudando a superar esa mentalidad pasiva. El caso, por ejemplo, de los desahucios. ¿Quién iba a pensar que personas tan indefensas como gente mayor que no puede pagar el alquiler, o inmigrantes que no pueden pagar la casa que compraron, se iban a empoderar? Eran gente humilde, sin defensas, sometida a las arbitrariedades de los bancos. Y mira por dónde el movimiento contra los desahucios da poder a la gente, la dignifica. Y la hace sentirse defensora de unos derechos que han sido pisoteados. Esa es una lucha. Otra es la que está teniendo lugar a través de la marea blanca en el mundo sanitario. ¿El éxito consiste en que eliminen todos los procesos de privatización? No, porque eso no va a ser fácil. Pero sí genera una conciencia colectiva de que se está privatizando lo público, y eso es un atentado contra la ciudadanía.
Nada que perder
–Comentaba lo de las plataformas, que han cogido mucha fuerza. Quizá es el efecto rebote de la gente que ya no tiene nada que perder. Ahora no tengo miedo y doy el salto. ¿Estamos en ese momento?
–Efectivamente. Lo que dificulta o frena la movilización es el miedo. El miedo a perder. Todos tenemos miedo a perder. A perder nuestro puesto de trabajo, nuestro renombre, unos niveles de ingresos… Pero, ¿por qué tenemos miedo a perder? Porque somos personas posesivas. Nos agarramos a lo que tenemos y renunciamos al ser. El hecho de tener miedo a perder es porque no somos. ¿Por qué tenemos miedo a perder? Porque no tenemos una riqueza personal, interior, que brota del propio ser humano y de todas sus capacidades. En el fondo, el miedo es la manifestación más clara de la debilidad de la persona, mientras que la valentía, el compromiso, la decisión, es el signo de la autoestima. La persona que tiene miedo no se estima, porque pone todo el peso en algo externo a sí mismo. Y eso es lo más deshumanizador posible. Estamos rodeados de un tener, y empobrecidos en el ser. En el momento en que valoremos más el ser que el tener, habremos perdido el miedo a perder lo que tenemos.

Reformar la economía mundial Papa Francisco

Enviado a la página web de Redes Cristianas
16 de mayo 2013
Texto completo del discurso papal:

Señores Embajadores
Me alegra acogerlos con ocasión de la presentación de las Cartas que los acreditan como Embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de sus respectivos países ante la Santa Sede: Kirguistán, Antigua y Barbuda, el Gran Ducado de Luxemburgo y Botswana. Las amables palabras que me han dirigido y que agradezco profundamente, testimonian que los Jefes de Estado de sus países tienen el anhelo de desarrollar las relaciones de estima y de cooperación con la Santa Sede. Les agradezco que ustedes quieran transmitirles mis sentimientos de gratitud y respeto, asegurando mis oraciones por ellos y por sus conciudadanos.
Señores Embajadores, nuestra humanidad está viviendo en la actualidad como un momento álgido de su propia historia, teniendo en cuenta los avances registrados en diversos campos. Debemos alabar los logros positivos que contribuyen al auténtico bienestar de la humanidad, como por ejemplo en los ámbitos de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, también hay que reconocer que la mayoría de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo siguen viviendo en precariedad cotidiana, con consecuencias funestas.
Algunas patologías aumentan, con sus consecuencias psicológicas, el miedo y la desesperación se apoderan de los corazones de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos; la alegría de vivir va disminuyendo; la indecencia y la violencia aumentan; la pobreza se vuelve cada vez más impactante. Se tiene que luchar para vivir, y, a menudo, para vivir sin dignidad. Una de las causas de esta situación, en mi opinión, se encuentra en nuestra relación con el dinero y en nuestra aceptación de su imperio y dominio en nuestro ser y en nuestras sociedades. De este modo, la crisis financiera que estamos viviendo, nos hace olvidar que su primer origen se encuentra en una profunda crisis antropológica ¡en la negación de la primacía del hombre! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32, 15-34) ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano.
La crisis mundial que afecta las finanzas y la economía parece poner de relieve sus deformidades, y, sobre todo, la grave falta de su orientación antropológica, que reduce al hombre a una sola de sus necesidades: el consumo. Y peor aún, el ser humano es considerado hoy como un bien en sí que se puede utilizar y luego desechar. Esta deriva se verifica a nivel individual y social. Y además ¡es promovida! En este contexto, la solidaridad, que es el tesoro de los pobres, se considera a menudo contraproducente, contraria a la racionalidad financiera y económica. Al tiempo que los ingresos de una minoría van creciendo de manera exponencial, los de la mayoría van disminuyendo. Este desequilibrio proviene de ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando de este modo el derecho de control de los Estados, aun estando encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone de forma unilateral y sin remedio posible, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y el crédito alejan a los Países de su economía real y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade, una corrupción tentacular y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de poseer se ha vuelto sin límites.
Detrás de esta actitud se encuentra el rechazo de la ética, el rechazo de Dios. ¡Igual como la solidaridad, la ética molesta! Se considera contraproducente; demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder; se ve como una amenaza, porque rechaza la manipulación y el sometimiento de la persona. Porque la ética lleva hacia Dios, que está fuera de las categorías del mercado. Dios es considerado por estos financieros, economistas y políticos, como no manejable, incluso peligroso, ya que llama al hombre a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética -una ética no ideológica, naturalmente – permite, en mi opinión, crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los líderes gubernamentales de sus países a considerar las palabras de San Juan Crisóstomo: “No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles sus vidas. No son nuestros los bienes que poseemos, sino suyos” (Homélie sur Lazare, 1, 6: PG 48, 992D).
Queridos Embajadores, sería conveniente realizar una reforma financiera que fuera ética y, a su vez que comportara una reforma económica saludable para todos. Sin embargo, esto requeriría un cambio audaz de actitud de los dirigentes políticos. Les exhorto a que afronten este reto, con determinación y visión de futuro, por supuesto, teniendo en cuenta la naturaleza específica de sus contextos. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres; pero el Papa tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promoverlos. El Papa insta a la solidaridad desinteresada y a un retorno de la ética en favor del hombre en la realidad económica y financiera.
La Iglesia, por su parte, siempre trabaja para el desarrollo integral de cada persona. En este sentido, ella recuerda que el bien común no debe ser una simple suma, un simple esquema conceptual, de calidad inferior, añadido a la agenda política. La Iglesia anima a los gobernantes a estar verdaderamente al servicio del bien común de sus pueblos. Exhorta a los dirigentes de las realidades financieras a tomar en consideración la ética y la solidaridad. ¿Y por qué no acudir a Dios para inspirar los propios diseños? Se formará una nueva mentalidad política y económica que ayudará a transformar la dicotomía absoluta entre lo económico y lo social en una sana convivencia.
Por último, saludo con afecto, a través de ustedes, a los Pastores y los fieles de las comunidades católicas en sus países. Les insto a continuar su testimonio valiente y gozoso de la fe y del amor fraternal enseñados por Cristo. ¡No tengan miedo de ofrecer su contribución al desarrollo de sus países a través de iniciativas y actitudes inspiradas en las Sagradas Escrituras!
Y en el momento en que comienzan su misión, les ofrezco, señores Embajadores, mis mejores deseos, asegurando la cooperación de la Curia Romana para el cumplimiento de su función. Con este fin, de buen grado, invoco sobre ustedes y sus familias y sus colaboradores, la abundancia de las bendiciones divinas.

Ética a partir del calentamiento global Leonardo Boff, teólogo

En algunos lugares de la Tierra se rompió hace días la barrera de las 400 ppm (partes por millón) de CO2, lo que puede conducir a desastres socio-ambientales de gran magnitud. Si no hacemos nada consistente, podremos conocer días tenebrosos. No es que no se pueda hacer nada más. Si no podemos detener la rueda, podemos sin embargo reducir su velocidad. Podemos y debemos adaptarnos a los cambios y organizarnos para mitigar los efectos perjudiciales. Ahora se trata de vivir con radicalidad las cuatro erres: reducir, reutilizar, reciclar y reabastecer.
Necesitamos una orientación ética que nos ayude a alinear nuestras prácticas para superar la crisis actual. En este cuadro dramático, ¿cómo fundar un discurso ético mínimamente coherente que valga para todos?
Hasta ahora, las éticas y las morales se basaban en las culturas regionales. Hoy, en la fase planetaria de la especie humana, debemos restablecer la ética a partir de algo que sea común a todos y que todos podamos entender y realizar.
Mirando hacia atrás, hemos identificado dos fuentes que guiaron, y aún guían, ética y moralmente las sociedades hasta hoy: la religión y la razón.
Las religiones siguen siendo los nichos de valor privilegiados para la mayoría de la humanidad. Nacen de un encuentro con el Supremo Valor, con el Supremo bien. De esta experiencia nacen los valores de veneración, respeto, amor, solidaridad, compasión y perdón. Muchos pensadores reconocen que la religión, más que la economía y la política, es la fuerza central que mueve a las personas y las lleva hasta a entregar su propia vida (Huntington). Otros llegan a proponer a las religiones como la base más realista y eficaz para construir una ética global para la política y la economía mundiales (Küng). Para eso las religiones deben dialogar entre sí y, en el diálogo, acentuar más los puntos en común que los puntos de disparidad. Con esto se puede marcar el comienzo de la paz entre las religiones. Esta paz no se basta a si misma, sino que debe animar la paz entre todos los pueblos.
La razón crítica, desde que estalló casi al mismo tiempo en todas las culturas mundiales en el siglo sexto A.C., el llamado «tiempo-eje» trató de establecer códigos éticos universalmente válidos, basados principalmente en las virtudes, cuya centralidad la ocupaba la justicia. Pero también afirma la libertad, la verdad, el amor y el respeto al otro.
El fundamento racional de la ética y la moral -ética autónoma- fue un admirable esfuerzo del pensamiento humano, desde los maestros griegos Sócrates, Platón y Aristóteles, pasando por Immanuel Kant hasta los modernos Jürgen, Habermas y Enrique Dussel, y entre nosotros Henrique de Lima Vaz y Manfredo Oliveira entre otros de nuestra cultura.
Sin embargo, el nivel de convencimiento de esta ética racional fue escaso y restringido a los ambientes ilustrados. Por lo tanto, con un impacto limitado en la vida cotidiana de la gente.
Estos dos paradigmas no han sido invalidados por la crisis actual, sino que deben ser enriquecidos si queremos estar a la altura de los retos que nos vienen de la realidad, hoy profundamente modificada.
Para este enriquecimiento necesitamos bajar a aquella instancia en la cual se forman continuamente los valores, contenido principal de la ética. La ética, para ganar un mínimo de consenso, debe brotar de la base común y última de la existencia humana. Esta base no reside en la razón, como siempre ha pretendido Occidente.
La razón -y esto la misma filosofía lo reconoce- no es ni el primero ni el último momento de la existencia. Por eso no explica todo ni abarca todo. Se abre hacia abajo, de donde surge algo más elemental y ancestral: la afectividad y el sentimiento profundo. Irrumpe hacia arriba, hacia el espíritu, que es el momento en que la conciencia se siente parte de un todo y que culmina en la contemplación y en la espiritualidad. Por lo tanto, la experiencia de base no es «pienso, luego existo», sino «siento, luego existo». En la raíz de todo no está la razón («logos»), sino la pasión («pathos»), que se expresa por la sensibilidad y por el afecto. De ahí el esfuerzo actual para rescatar la razón sensible y cordial (Meffesoli, Cortina). Para este tipo de razón captamos el carácter precioso de los seres humanos, lo que los hace dignos de ser deseables. Desde el corazón y no desde la cabeza, vivenciamos los valores. Por los valores nos movemos y somos. En último término, está el amor que es la fuerza más grande del universo y el nombre propio de Dios. Esta ética nos puede comprometer en acciones prácticas para abordar el calentamiento global.
Pero tenemos que ser realistas: la pasión está habitada por un demonio que puede ser destructivo. Es un caudal fantástico de energía que, como las aguas de un río, necesita márgenes, límites y justa medida. Si no, irrumpe avasalladora.
Y es aquí donde entra la función insustituible de la razón. Es propio de la razón ver claro y ordenar, disciplinar y definir la dirección de la pasión.
Aquí surge una dialéctica dramática entre la pasión y la razón. Si la razón reprime la pasión, triunfa la rigidez y la tiranía del orden. Si la pasión dispensa a la razón, prevalece el delirio de las pulsiones del puro disfrute de las cosas. Pero si prevalece la justa medida y la pasión se sirve de la razón para un desarrollo auto-gobernado, entonces puede haber una conciencia ética que nos haga responsables ante el caos ecológico y el calentamiento global. Por aquí va el camino que tenemos que recorrer. Para un nuevo tiempo, una nueva ética.

viernes, 24 de mayo de 2013

Zara produce en condiciones de esclavitud

Periódico Diagonal
La marca de ropa Zara, de capital español, subcontrata en Argentina su producción a talleres textiles clandestinos donde se esclaviza a costureros inmigrantes. Zara sostiene la misma metodología de explotación ilegal e inhumana en Sao Paulo, Brasil, hasta el punto de que tuvo que pagar una multa millonaria por estos mismos delitos que se le imputan también en otros once países.
En Argentina, los talleres ilegales están ubicados en locales a las afueras de la ciudad de Buenos Aires o en barrios turísticos y con mucha población de inmigrantes atraídos desde la República de Bolivia con engaños, ya que se les promete vivienda, comida, trabajo, una jornada laboral de ocho horas y cobrar en dólares.
La ONG Alameda ha dado a conocer que existen, al menos, cuatro talleres ilegales que fabrican ropa para Zara. La denuncia se ha hecho conjuntamente con la Secretaría de Derechos Humanos de la Confederación General de Trabajo (CGT) de Argentina, la mayor central obrera del país, y demostró que las jornadas de trabajo son inhumanas. Las denuncias penales presentadas el 26 de marzo y el 11 de abril de este año, que además fueron ratificadas tiempo después por los inspectores del Gobierno de Buenos Aires, evidencian mediante grabaciones con cámaras ocultas que los costureros duermen en literas pegados a las máquinas donde son explotados. De momento, se ha impuesto la clausura administrativa sobre dos talleres, de los cuatro que fueron denunciados por la ONG Alameda.
Una jornada de trece horas
Además, las jornadas de los trabajadores que elaboran la ropa para Zara alcanzan las 13 horas, de lunes a viernes de siete de la mañana y hasta las diez u once de la noche. Además, el sistema eléctrico de estos lugares es precario, lo que genera peligro de incendio como ya ocurrió en 2006, cuando fallecieron seis personas de nacionalidad boliviana, cinco menores de edad, encerrados en la entreplanta de un taller clandestino.
Este sistema no es la excepción de la industria textil en Argentina y el resto del mundo. La ONG Alameda ha denunciado también que 110 primeras marcas de ropa, entre ellas algunas firmas internacionales como Puma y Topper, llevan a cabo las mismas prácticas que Zara. Incluso los propios empresarios admiten que la ilegalidad alcanza al 78% de la confección de ropa. Este sistema de trata y esclavitud ha sido denunciado en México por las maquilas, en Italia por los talleres de la Camorra y ahora por la fábrica que se ha derrumbado en Bangladesh recientemente.
En la actualidad, la causa judicial contra Zara que se tramita en el juzgado federal 7 de Buenos Aires con el número de expediente 3161/2013 y es el magistrado Sebastián Casanello quien está a cargo de la misma. La investigación sobre los talleres de Zara está a cargo del fiscal Guillermo Marijuan. Aunque ya han visitado estos centros de trabajo clandestinos, los tribunales argentinos retrasan la investigación, lo que beneficia a la empresa. El fiscal que investiga a Zara aún no ha llamado al fabricante a declarar. La trasnacional Inditex, propietaria de Zara es la segunda empresa textil en importancia del mundo y su dueño, Amancio Ortega, la quinta fortuna del planeta y la primera de Europa.

Ilegalidad de Zara
En Argentina, Zara está acusada de violar la Ley de Trabajo a domicilio. Al fabricante se le responsabiliza laboral y penalmente, también a los dueños de los talleres donde se subcontrata su producción, por incumplir la Ley de Migrantes, que prohíbe beneficiarse de un indocumentado. Aunque Zara puede registrar su cadena de producción a través del Instituto Nacional de Tecnología Industrial, que depende del Estado, nunca lo ha hecho. Este programa es casi gratuito aunque no es obligatorio. En su defensa, desde el Estado español, Zara respondió a los medios de comunicación que se han realizado auditorías internas, sin embargo, no se han comprobado las denuncias existentes. Las grabaciones sobre las condiciones laborales de los trabajadores han sido entregadas como prueba en la denuncia penal. La ONG Alameda ha llevado a cabo varios escraches en las tiendas argentinas de Zara y ya ha popularizado un lema sobre Inditex: “EsclaviZará”.

Trabajadores que pagan con su vida
El edificio Rana Plaza, que se vino abajo el pasado 24 de abril en Bangladesh y en el que hasta la fecha han muerto 1.126 personas, pone al descubierto de nuevo cómo se fabrica la ropa. Las multinacionales, entre ellas las españolas Mango, El Corte Inglés, Benetton y Primark, han tenido que reconocer que sus prendas eran fabricadas en ese centro y han admitido las condiciones de esclavitud que sufren las trabajadoras y trabajadores de esos talleres. El propietario del inmueble ha sido detenido, pero no se han abierto diligencias contra las transnacionales.

La Brigada de Información de la Policía de Madrid traspasa una nueva línea roja Miguel Arróniz

Última hora. Los periodistas Raúl Capín y Adolfo Luján serán puestos en libertad esta tarde tras mas de 24 horas detenidos
Los periodistas Raúl Capín y Adolfo Luján serán puestos en libertad esta tarde tras prestar declaración en los Juzgados de la Plaza de Castilla, según indicaba a Rebelión su abogado Rafael Mayoral, ya que todavía no está admitido el auto de procesamiento.
En conversación con Rebelión, y a las puertas del Juzgado, Rafael Mayoral nos aclaró que ambos compañeros periodistas se encuentran bien tras llevar mas de 24 horas detenidos porque, según ellos, no han hecho nada, tan solo han realizado su trabajo como fotorreporteros. De hecho, en las declaraciones en su contra se hace una continua referencia a la ‘parcialidad’ y a la habitualidad de su trabajo y a que están vinculados a los movimientos sociales.
Según Mayoral, los hechos que se les imputa no se sostienen de ninguna manera ya que se les acusa de desórdenes públicos en la manifestación del 25 de abril diferenciando su trabajo del de otros periodistas que también cubrían los hechos para medios de comunicación convencionales. Aún mas, se trata de un procedimiento iniciado a partir de la publicación en medios de comunicación de investigaciones a periodistas que habitualmente estaban cubriendo las movilizaciones en Madrid.
Hay circunstancias que, según el abogado de Raúl y Adolfo, son totalmente excepcionales como el de que no fueran citados a declarar en una Comisaría o los hechos se hubieran puesto en conocimiento de la autoridad judicial. Ambos fueron detenidos en su domicilio por policías encapuchados que los trasladaron a la Comisaría de Policía del distrito de Moratalaz. Según Mayoral también se tiene que tener en cuenta que el 21 de mayo el Partido Popular votó en contra una ley sobre la libertad de prensa en el Parlamento Europeo y al día siguiente se produjera este atentado contra la libertad de prensa.
La Delegación del gobierno de Madrid lleva utilizando métodos represivos contra los movimientos sociales indiscriminadamente en los últimos meses por medio de detenciones arbitrarias, identificaciones a manifestantes y multas por participar en movilizaciones. Preguntado el abogado por si es la Delegación del gobierno quien está tras estas detenciones contestó que no podía asegurarlo, que lo único que sabía era que la Brigada de Información de la Policía presentaba los cargos y, mas concretamente, que tanto a Raúl como a Adolfo, les acusaban de entorpecer la labor policial en la detención de una joven por parte de policías de paisano. Pero que de lo que estaba seguro era de que se trataba de una verdadera persecución y caza de brujas contra profesionales de la información que publicaban fotos incómodas para las fuerzas de seguridad.

Políticamente huérfanos Pedro Serrano Martínez

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Los ciudadanos de este decadente y afligido país nos hemos quedado huérfanos. En términos políticos, es como si nuestros representantes democráticos ya no existieran, como si hubieran desaparecido, como si hubieran muerto.
Cuando los políticos son el tercer problema nacional por detrás del paro y de los problemas económicos; cuando casi nueve de cada diez ciudadanos no confían en el presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, ni en el líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba; cuando la oposición al Gobierno la tenemos que hacer los ciudadanos a golpe de manifestación; cuando las instituciones se tambalean y el país está abocado a una crisis social imprevisible; cuando todo esto ocurre, tenemos sobradas razones para vestirnos de luto.
Pero, a pesar de los pesares, no todo está perdido. Los incipientes y cada vez más numerosos movimientos sociales presagian un cambio esperanzador de la realidad. Unos movimientos sociales que ponen en tela de juicio a nuestros políticos e instituciones y que entienden que la política debe estar al servicio de los ciudadanos y no al de intereses espurios.
Como ciudadanos, este desamparo democrático y político debe servirnos de acicate para implicarnos y comprometernos de verdad, para entender que la política degenera cuando la confiamos solo a los políticos. En definitiva, esta orfandad debe servir para hacernos mayores democráticamente y buscar entre todos alternativas a la ofuscación política actual.

Arcadi Oliveres: “Nuestra obligación moral es perder el miedo y rebelarnos contra el sistema” Eduardo Azumendi

“Se ha deteriorado tanto la situación que no hay otra alternativa que la desobediencia civil”.
“No se puede decir que hay que cambiar las cosas y no intentarlo”.
“Si el capitalismo no ayuda a las personas a cubrir sus necesidades tendremos que hacerlo desaparecer porque está en juego la supervivencia de la humanidad”.
Arcadi Oliveres (Barcelona, 1945) no puede reprimir la indignación cuando habla del actual sistema político y económico, de cómo se “dilapida” el dinero en ayudar a salvar bancos mientras se permite que miles de familias se hundan. Este profesor de Economía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona y presidente de la ONG Justicia y Pau ha participado en las jornadas sobre energía organizadas por la Plataforma Fracking Ez, en Vitoria. Además de hablar sobre la situación y las desigualdades energéticas Norte-Sur, Oliveres concedió una entrevista a El Diario Norte en la que aboga por “perder el miedo y rebelarse” contra el sistema político actual, al que considera enfermo y caldo de cultivo para la corrupción.
Pregunta: Parece que eliminar las disfunciones de la crisis pasa por basar la economía en una menor rentabilidad y en un reparto más justo de la pobreza. ¿Estos preceptos son compatibles con el capitalismo?
Respuesta: No sé si son compatibles, pero sí sé que es absolutamente necesario para la humanidad. Si no es compatible, será el capitalismo el que tenga que desaparecer porque está en juego la supervivencia de la humanidad. Si el capitalismo no permite esta supervivencia, hagámosle desaparecer y dotémonos de un sistema que facilite la cobertura de necesidades básicas de la ciudadanía y el sostenimiento del planeta.

P. ¿Y cuál es la alternativa al sistema capitalista?
R. Nunca en la historia ha habido alternativas preparadas. Cuando desapareció el feudalismo y llegó el capitalismo no avisaron que a las doce terminaba uno y a las doce y un minuto comenzaba el otro. Se fueron cambiando las estructuras económicas, los señores feudales fueron perdiendo su poder, los burgueses de las ciudades lo fueron ganando. Nació el capitalismo comercial, después otro financiero e industrial. Y estamos en ese proceso hacia un capitalismo más humano que permita que la gente pueda cubrir sus necesidades.
P. Con más de seis millones de parados, ¿cómo es posible que no se produzca un estallido social?
R. Los medios de comunicación han metido el miedo a los ciudadanos y la gente todavía tiene el temor a perder las pequeñas cosas que le quedan. Si la historia de la humanidad hubiera funcionado así, nunca se hubiera progresado. Si los primeros objetores de conciencia al servicio militar no hubieran asumido la voluntad de ir tres años a la cárcel, el servicio militar seguiría vigente en la actualidad. Si las personas de color en Estados Unidos no se hubieran rebelado contra la discriminación racial, los negros todavía irían de pie en los autobuses. Nuestra obligación moral es perder el miedo y rebelarnos contra este sistema enfermo, caldo de cultivo para la corrupción y con políticos y bancos que tanto daño están haciendo.
P. ¿La desobediencia civil puede ser una forma de rebelión?
R. Sí, siempre que sea pacífica y no violenta.
Hemos montado una plataforma con movimientos sociales y de izquierda para participar en las elecciones catalanas. Así, nos habremos quitado la mala conciencia de decir que hay que cambiar las cosas y no intentarlo
P. ¿Está preparada la sociedad para ese movimiento?
R. Sí. Creo que ahora las circunstancias son muy favorables para que esto se emprenda. Se ha deteriorado tanto la situación que no hay otra alternativa. Le voy a contar un caso que ocurrió en Barcelona hace unos años. Cuando concluyó la guerra de Irak se formó un consorcio de 24 bancos a nivel mundial para captar fondos para su reconstrucción. ¿Curioso no? Que los que más han ayudado a destruir Irak ahora también se quieren lucrar con su reconstrucción. La Caixa formaba parte del consorcio y en Barcelona no gustó nada esa idea. Así que organizamos una campaña en tres fases. En la primera, repartimos pegatinas con el lema ‘La Caixa gana dinero con la sangre de los iraquíes’.
En un segundo momento, un grupo de 80 voluntarios visitaron oficinas de la Caixa para entrevistarse con sus directores y preguntarles por Irak. Y la tercera fase consistió en que un grupo de 25 personas se acercaban en horas punta a las oficinas de la Caixa y se ponían a gritar que rompían sus cuentas con la entidad por su actitud en Irak. Al cabo de unas semanas, nos llamaron los responsables y nos pidieron que dejáramos la campaña. ¿A cambio de qué?, les preguntamos. Unos días más tarde abandonaron el consorcio. Siempre se puede conseguir que la sociedad secunde iniciativas organizadas de desobediencia civil, de respuesta al poder establecido.
P. Usted ya ha buscado una fórmula para Cataluña, una plataforma que reúne a ciudadanos indignados y movimientos de izquierda con el que pretende participar en las próximas elecciones al Parlamento catalán.
R. Yo he creído en eso, pero puedo equivocarme. Hay tanta gente que protesta que sería positivo que se uniese. A la crítica le falta dimensión política para tirar hacia adelante. La izquierda debería aprender y preparar más este tipo de actuaciones, porque con la derecha es imposible ya que solo mira la cartera. Yo no pertenezco a ningún partido, por eso en Cataluña he planteado una fórmula de coalición electoral: movimientos sociales, personas individuales y corrientes de izquierda. Todos se han subsumido en una candidatura de protesta con vistas a las elecciones en Cataluña. Ya se han adherido más de 30.000 personas y hemos empezado por reuniones en pequeños grupos locales. Dentro de dos años celebraremos unas primarias para formalizar una candidatura. Así, nos habremos quitado la mala conciencia de decir que hay que cambiar las cosas y no intentarlo.

Sólo un Dios puede salvarnos Leonardo Boff, teólogo

nviado a la página web de Redes Cristianas
La crisis de nuestra civilización científico-técnica exige más que explicaciones históricas y sociológicas. Reclama una reflexión filosófica que desemboca en una pregunta teológica. Quién lo vio claramente fue Martín Heidegger (1889-1976), incluso antes de que hubiese surgido la alarma ecológica. En una famosa conferencia en Munich en 1955 “Sobre la cuestión de la técnica” en la que estuvieron presentes Werner Heisenberg y Ortega y Gasset, dejó claro el riesgo que corren el mundo natural y la humanidad cuando se dejan absorber totalmente por la lógica intrínseca de este modo de pensar y actuar que interviene y manipula el mundo natural hasta sus últimas capas, para sacar beneficios individuales o sociales.
La cultura científico-técnica ha penetrado tan profundamente en la comprensión de nosotros mismos que ya no podemos entendernos ni vivir sin esta muleta introyectada en nuestro propio ser y estar en el mundo.
Representa la convergencia de dos tradiciones de la filosofía occidental: la platónica de cariz idealista transfigurada por la orientación cristiana, y la aristotélica, más empírica, que es la base de la ciencia. Se fusionaron en el siglo XVII desde Descartes y fundaron la tecno-ciencia moderna, el paradigma dominante. Este modo de ser pone su interés en cómo son las cosas, cómo funcionan y cómo nos pueden ser útiles, no el milagro de que las cosas sean, confrontadas con la nada. Nos separamos del mundo natural para entrar profundamente en el mundo artificial. Hemos perdido la relación orgánica con las cosas, las plantas, los animales, las montañas y los propios seres humanos.
Todo se convierte en instrumento para una finalidad. No vemos al ser como una persona portadora de un propósito, sino su fuerza de trabajo, ya sea física o intelectual, que puede ser explotada. Si se puede hacer algo se hará sin ninguna justificación ética. Si podemos desintegrar el átomo no hay por qué no hacerlo y construir la bomba atómica. Si podemos tirarla sobre Hiroshima y Nagasaki, ¿quién lo impedirá? Si puedo manipular el código genético, no hay límite moral o ético que lo pueda restringir. Y hacemos las experiencias que nos parecen interesantes y útiles para el mercado y para una cierta calidad de vida.
Heidegger nos advierte que la tecnociencia ha creado en nosotros un dispositivo (Gestell), una forma de ver que considera todo como cosa a nuestra disposición. Ha colonizado todos los espacios y sometido todos los saberes. Se ha convertido en un motor que se acelera de tal manera que ya no sabemos cómo detenerlo. Nos hemos convertido en sus rehenes. Nos dicta qué hacer o dejar de hacer. En este punto, Heidegger señala el altísimo riesgo que corremos como naturaleza y como especie. La tecnociencia afecta a los fundamentos que sustentan la vida y ha generado tal fuerza destructiva que puede exterminarnos a todos. Los medios ya están construidos y están ahí a nuestra disposición. ¿Quién sujetará la mano para no desencadenar el Armagedón natural y humano? Esa es la gran pregunta que nos debería ocupar como personas y como humanidad, y menos el crecimiento y las tasas de interés.
La respuesta intentada por Heidegger es una Kehre, una “vuelta” que significa una transformación. Este es el propósito final de todo su pensamiento, tal como se revela en una carta a Karl Jaspers: ser el celador de un museo que quita el polvo de los objetos de manera que se puedan ver. Como filósofo se proponía (es una pena que use un lenguaje tan terriblemente complicado) remover lo que cubre lo habitual y lo cotidiano de la vida. Al hacer eso ¿qué revela? Nada, sino lo que nos rodea y que constituye nuestro ser-en-el-mundo-con los demás y con el paisaje, con el cielo azul, con la lluvia y con el sol. Y dejar que las cosas se vean tal como son; no nos oprimen, sino que están, tranquilas, con nosotros en casa.
Fue a buscar inspiración para este modo de ser en los presocráticos, especialmente en Heráclito, que vivían el pensamiento originario antes de que se transformase con Platón y Aristóteles en metafísica, base de la tecnociencia. Pero teme que sea demasiado tarde. Estamos tan cerca del abismo que no podemos volver atrás. En su última entrevista a Der Spiegel en 1976 publicada post-mortem dice: “Sólo un Dios puede salvarnos.” La pregunta filosófica por el destino de nuestra cultura se ha convertido en una cuestión teológica. ¿Va Dios a intervenir? ¿Permitirá la autodestrucción de la especie?
Como teólogo cristiano diré con San Pablo: “la esperanza no defrauda” (Rm 5,5), porque “Dios es el soberano amante de la vida” (Sb 11,26). No sé cómo. Sólo espero.
Leonardo Boff es autor: Proteger la Tierra, cuidar la vida: cómo escapar del fin del mundo, Sal Terrae 2011.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA 26 MAYO 2013



Son bastantes los que, llamándose cristianos, tienen una idea absolutamente triste y aburrida de Dios. Para ellos, Dios sería un ser nebuloso, gris, «sin rostro». Algo impersonal, frío e indiferente.
Y si se les dice que Dios es Trinidad, esto, lejos de dar un color nuevo a su fe, lo complica todo aún más, situando a Dios en el terreno de lo enrevesado, embrollado e ininteligible.
No pueden sospechar todo lo que la teología cristiana ha querido sugerir acerca de Dios, al balbucir desde Jesús una imagen trinitaria de la divinidad.
Según la fe cristiana, Dios no es un ser solitario, condenado a estar cerrado sobre sí mismo, sin alguien con quien comunicarse. Un ser inerte, que se pertenece sólo a sí mismo, autosatisfaciéndose aburridamente por toda la eternidad.(leer evagelio)
Dios es comunión interpersonal, comunicación gozosa de vida. Dinamismo de amor que circula entre un Padre y un Hijo que se entregan sin agotarse, en plenitud de infinita ternura.
Pero este amor no es la relación que existe entre dos que se exprimen y absorben estérilmente el uno al otro, perdiendo su vida y su gozo en una posesión exclusiva y un egoísmo compartido.
Es un amor que requiere la presencia del Tercero. Amor fecundo que tiene su fruto gozoso en el Espíritu en quien el Padre y el Hijo se encuentran, se reconocen y gozan el uno para el otro.
Es fácil que más de un cristiano se «escandalice» un poco ante la descripción de la vida trinitaria que hace el Maestro Eckart: «Hablando en hipérbole, cuando el Padre le ríe al Hijo, y el Hijo le responde riendo al Padre, esa risa causa placer, ese placer causa gozo, ese gozo engendra amor, y ese amor da origen a las personas de la Trinidad, una de las cuales es el Espíritu Santo».
Y sin embargo, este lenguaje «hiperbólico» apunta, sin duda, a la realidad más profunda de Dios, único ser capaz de gozar y reír en plenitud, pues la risa y el gozo verdadero brotan de la plenitud del amor y de la comunicación.
Este Dios no es alguien lejano de nosotros. Está en las raíces mismas de la vida y de nuestro ser. «En él vivimos, nos movemos y existimos» (Hechos 17, 28).
En el corazón mismo de la creación entera está el amor, el gozo, la sonrisa acogedora de Dios. En medio de nuestro vivir diario, a veces tan apagado y aburrido, otras tan agitado e inquieto, tenemos que aprender a escuchar con más fe el latido profundo de la vida y de nuestro corazón.
Quizás descubramos que en lo más hondo de las tristezas puede haber un gozo sereno, en lo más profundo de nuestros miedos una paz desconocida, en lo más oculto de nuestra soledad, la acogida de Alguien que nos acompaña con sonrisa silenciosa.