FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 4 de junio de 2025

LEÓN XIV REIVINDICA EL LEGADO DE LA ENCÍCLICA LAUDATO SI': "NOS ENSEÑÓ A ESCUCHAR EL DOBLE GRITO DE LA TIERRA Y DE LOS POBRES"


col kowalski

 Dejarse guiar por el Espíritu Santo. Quien hace poco más de dos semanas acogió con un "sí" su elección como papa, León XIV ha invitado en las palabras previas al rezo del Regina Coeli a no fijarse en las fuerzas de cada uno, sino "en la misericordia del Señor que nos ha elegido, seguros de que el Espíritu Santo nos guía y nos enseña todo", señaló por primera vez desde el balcón del Palacio Apostólico, desde donde también agradeció "el afectos" que está recibiendo en estos primeros compases y pidió que "me sostengan con su oración y cercanía."

En un soleada mañana, y con una nutrida presencia de fieles en la plaza de San Pedro, el papa Prevost invita a dejar que Duios "haga morada" en nosotros, de tal manera que "nuestra vida se convierte en templo de Dios y ese amor nos ilumina, va entrando en nuestra forma de pensar y en nuestras decisiones, hasta alcanzar también a los demás e iluminar todos los ámbitos de nuestra existencia".

"Es hermoso que, al mirar nuestro llamado, las realidades y personas que nos han sido confiadas, los compromisos que llevamos adelante y nuestro servicio en la Iglesia, cada uno de nosotros pueda decir con confianza: aunque soy frágil, el Señor no se avergüenza de mi humanidad, al contrario, viene a habitar dentro de mí", añadió el Papa.

De esta manera, prosiguió, "Él me acompaña con su Espíritu, me ilumina y me convierte en instrumento de su amor para los demás, para la sociedad y para el mundo". En este sentido, instó León XIV a los fieles a comprometerse cada uno "a llevar su amor a todas partes, recordando que cada hermana y cada hermano es morada de Dios, y que su presencia se revela especialmente en los pequeños, en los pobres y en quienes sufren, pidiéndonos ser cristianos atentos y compasivos".

A la hora de los saludos, el papa Prevost recordó que ayer se cumplieron los diez años desde que el "papa Francisco firmaba la encíclica Laudato si', dedicada a cuidar la Casa Común y que ha tenido una extraordinaria difusión, impulsando muchas iniciativas y enseñándonos a escuchar el doble grito de la Tierra y de los pobres. Saludo y animo al Movimiento Laudato si' y a todos los que llevan adelante este compromiso".

Igualmente, recordó la celebración, la víspera, de una jornada de oración por la Iglesia en China. "En las iglesias y santuarios de China y el mundo se rezó, como signo de afecto a los católicos chinos y su comunión con la Iglesia universal", señaló. Finalmente, acabó pidiendo oraciones en favor de "todos los pueblos que sufren por las guerra", así como "coraje y perseverancia a todos los que está comprometidos con la búsqueda de la paz".

Las palabras de León XIV

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen domingo!

Desde hace pocos días he comenzado mi ministerio entre ustedes y deseo ante todo agradecerles el afecto que me están manifestando, al mismo tiempo les pido que me sostengan con su oración y cercanía.

En todo aquello a lo que el Señor nos llama, tanto en el camino de la vida como en el de la fe, a veces nos sentimos insuficientes. Sin embargo, justamente el Evangelio de este domingo (cf. Jn 14,23-29) nos dice que no debemos fijarnos en nuestras fuerzas, sino en la misericordia del Señor que nos ha elegido, seguros de que el Espíritu Santo nos guía y nos enseña todo.

A los Apóstoles que, en la víspera de la muerte del Maestro, se encontraban turbados y angustiados, preguntándose cómo podrían ser continuadores y testigos del Reino de Dios, Jesús les anuncia el don del Espíritu Santo, con esta promesa maravillosa: «El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él» (v. 23).

De este modo, Jesús libera a los discípulos de toda angustia y preocupación y puede decirles: «¡No se inquieten ni teman!» (v. 27). Si permanecemos en su amor, en efecto, Él mismo hace morada en nosotros, nuestra vida se convierte en templo de Dios y ese amor nos ilumina, va entrando en nuestra forma de pensar y en nuestras decisiones, hasta alcanzar también a los demás e iluminar todos los ámbitos de nuestra existencia.

Sí, hermanos y hermanas, este morar de Dios en nosotros es precisamente el don del Espíritu Santo, que nos toma de la mano y nos hace experimentar, incluso en la vida cotidiana, la presencia y la cercanía de Dios, haciéndonos morada suya.

Es hermoso que, al mirar nuestro llamado, las realidades y personas que nos han sido confiadas, los compromisos que llevamos adelante y nuestro servicio en la Iglesia, cada uno de nosotros pueda decir con confianza: aunque soy frágil, el Señor no se avergüenza de mi humanidad, al contrario, viene a habitar dentro de mí. Él me acompaña con su Espíritu, me ilumina y me convierte en instrumento de su amor para los demás, para la sociedad y para el mundo.

Queridos amigos, sobre el fundamento de esta promesa, caminemos en la alegría de la fe, para ser templo santo del Señor. Comprometámonos a llevar su amor a todas partes, recordando que cada hermana y cada hermano es morada de Dios, y que su presencia se revela especialmente en los pequeños, en los pobres y en quienes sufren, pidiéndonos ser cristianos atentos y compasivos.

Encomendémonos todos a la intercesión de María Santísima. Por obra del Espíritu, ella se convirtió en la “Morada consagrada a Dios”. Junto con ella, también nosotros podemos experimentar la alegría de acoger al Señor y ser signo e instrumento de su amor.

 

LA MUERTE DESDE LA VIDA


col anso

 

La muerte y la vida son dos partes de la misma realidad. El problema de la finitud es que la negamos para evitar el dolor de su presencia. Esto dificulta la aceptación de nuestra realidad y asumir lo positivo de la vida, en donde se entremezclan muchas situaciones que no dependen de nosotros. Aun así, queda un amplio margen para tomar decisiones que influyen poderosamente en cada ser humano. A. Schopenhauer lo expresó muy bien cuando dijo que el azar reparte las cartas, pero nosotros las jugamos. Vivir es algo más que cumplir calendarios. Es un proceso que nos enfrenta a la vulnerabilidad, pero con herramientas para aceptarla y encararla de la manera más humana y humanizadora.

Desde luego que esto no es fácil en una sociedad que transmite la sensación de seguridad impostada para no pensar demasiado, refugiados en el materialismo que impide conectar con el fondo de cada persona y con el sentido que tiene su vida. La sociedad consumista es capaz de hacer negocio de todo, incluida la muerte, pero sin aceptarla como una parte de la existencia, algo que provoca no pocas neurosis.

Ya lo dijo el poeta mexicano Octavio Paz: una sociedad que niega la muerte, niega también la vida. En ello estamos, preocupados por las expectativas del posthumanismo cientifista que se mueve a sus anchas con los avances de la Inteligencia Artificial buscando la amortalidad sin pasar por la ética. 

Sin embargo, no hay manera de que semejante dormidera aplaste el anhelo infinito de pasar por este mundo sin objetivos más profundos. Quizá por eso, durante milenios, la humanidad ha elaborado múltiples formas de mantener la memoria desde el culto a los muertos y el recuerdo para perpetuar la memoria todo lo posible. El reconocimiento póstumo acredita nuestro deseo de alargar la vida más allá de lo terrenal. Y el ansia de perdurar es una señal universal del anhelo de plenitud eterna.

Ese punto de rebelión que anhela la plenitud ha dejado muchísimas páginas escritas desde todos los ángulos posibles, especialmente desde la filosofía y la religión. Si turbación genera la muerte, al menos podemos crecer como personas hasta el final. Los humanos lo demostramos en múltiples ocasiones cuando la vida nos pone al límite, y nadie puede decidir por nosotros.

Los humanos buscamos significados a la existencia que la ciencia no puede proporcionar. Pero el hecho de que no existan respuestas en el plano científico, no significa que no haya respuestas inteligentes con plenitud de sentido, más allá del plano racional. Todos anhelamos respuestas a las preguntas más existenciales, a pesar de que vamos a morir algún día: ¿quién soy?, ¿qué hacemos aquí?, ¿qué sentido profundo tiene la vida?

Llama la atención lo capaces que somos de dialogar con la muerte a nivel colectivo a través de los medios de comunicación, cuando muestran obsesivamente guerras y accidentes mortales todos los días, pero sin que exista diálogo sobre la muerte entre familiares o amigos, si acaso de una manera superficial. Sin embargo, cuidándonos unos a otros aprendemos a vivir en verdadera humanidad, sobre todo en la fragilidad. La sanación es algo más que curación; es facilitar la paz, el consuelo y el significado en medio del sufrimiento. Los médicos no siempre pueden curar, pero sí pueden y deben cuidar. De hecho, cuidar es anterior a curar. Y los profesionales de los cuidados paliativos más que expertos en el bien morir, lo son en el bien vivir hasta el final.

Nuestra inteligencia espiritual o existencial permite acceder a los significados profundos, plantearse los fines de la existencia para acceder a los significados últimos. Frente a esto, la radical autonomía personal que enarboló la Ilustración al sustituir a Dios por el Hombre como fin último de todas las acciones humanas, llevó a vivir peligrosamente en la medida que se instaló la soberbia desde la Razón convertida ésta en el supremo bien. Libertad, Igualdad… pero sin espacio para la Fraternidad.

Es decir, quedó aparcada la verdadera compasión en forma de actitud de empatía que busca aliviar a un semejante que posee la misma dignidad que yo, pero cuya vulnerabilidad la esconde. La ética exigible y la experiencia religiosa ofertable, aportan madurez humana dando sentido pleno a la existencia. Es lo que se llama liderar desde el servicio, algo revolucionario por lo que tiene de transformador, especialmente para quienes doloridos, sienten de cerca la muerte: Sócrates, Cecily Saunders y Jesús de Nazaret, sobre todo, son modelos de referencia para los sufridores por la precariedad de la muerte en sus múltiples formas.

Pedro Casaldáliga decía que los cristianos somos soldados derrotados… de una causa invencible. Esta es la gran noticia, que no estamos hechos para morir, sino para colmar nuestra ansia de plenitud para siempre. No fuimos creados para morir, sino para crecer hasta vivir en plenitud. Solo desde esta experiencia, el apóstol Pablo hablaba de alegría a los cristianos de Filipo mientras se encontraba encadenado, preso, y los destinatarios de su carta eran igualmente perseguidos.

Esta profundidad vital es parte de la inteligencia innata universal, llamada Inteligencia Espiritual o Existencial. Creo que el binomio miedo-esperanza resume todo lo que concita el fenómeno de la muerte como una parte de la vida. Ambas están entrelazadas entre la turbamulta de acontecimientos, pensamientos, sentimientos, dudas y creencias que apuntan a que la vida humana tiene un sentido, y a que la trascendencia es anhelo universal que se repite siglo a siglo, incluso más fuerte que la realidad mortal. Cuando apostamos por la esperanza, es cuando brota la verdadera alegría de vivir.

De todo esto reflexiona este libro que cierra con testimonios de personas en contacto cercano con la muerte.

 

Gabriel Mª Otalora

Autor del libro La muerte desde la vida.

Una visión compasiva y esperanzada.

Ediciones Fe adulta. 2025

PORQUE CALLAR SERÍA TRAICIÓN


col arregi

 

Me preguntan por qué sigo hablando del tema migratorio si nada parece resolverse.

¿Por qué volver una y otra vez sobre las mismas heridas, si los muros siguen levantándose, si las fronteras y sus sistemas siguen devorando cuerpos, si las leyes siguen endureciéndose?

La respuesta es simple y desnuda: porque callar sería traición.

Callar sería decirle a la madre deportada que su historia no importa.
Sería mirar a la niña con las manos esposadas y decirle que su llanto ya no conmueve.
Sería aceptar que la fe puede convivir cómodamente con la injusticia.

Callar sería renunciar al Evangelio, ese que comenzó en un pesebre prestado y fue sostenido por manos migrantes.
Sería olvidar que Jesús mismo fue refugiado, y que la Sagrada Familia huyó para salvar la vida.

Yo no sigo hablando porque crea que tengo la solución.
Sigo hablando porque mientras haya alguien que cruce un mar, un desierto, una selva con el corazón agitado por el terror y con la fe temblando entre los dientes,
el silencio se vuelve cómplice.
Y yo elegí ser testigo, no cómplice.

Sigo hablando porque en cada relato de migración hay también un relato de Dios en camino.
Y mientras el mundo siga negando esa dignidad,
seguiré alzando la voz
aunque parezca inútil,
aunque a algunos les moleste,
aunque parezca pequeña…

Seguiré hablando.
Porque la fidelidad no se justifica por los resultados,
sino por la verdad que no puede callarse.
Seguiré hablando sencillamente,
porque callar sería traición.

 

Yolanda Chávez

PAZ A VOSOTROS/AS. COMO EL PADRE ME HA ENVIADO, ASÍ TAMBIÉN OS ENVÍO YO

fe adulta

col labrador

 

Al anochecer de aquel día

Juan nos presenta una escena en la que los discípulos y discípulas de Jesús se encuentran escondidos/as y llenos/as de miedo. Las palabras de María Magdalena anunciándoles que el Señor y Maestro estaba vivo (Jn 20, 18) no parecían suficientes para fortalecer su fe y su esperanza. 

La noche seguía rodeándoles y el desaliento les hacía vulnerables a las amenazas de quienes seguían cerrados a la oferta salvadora de Jesús. No querían dejar la seguridad de la casa, se sentían abandonados/as y quizá tentados/as a abandonar la causa que había movilizado sus vidas.

Comenzaba el domingo y reunidos/os entorno a la mesa en la que tantas veces se habían encontrado con Jesús, en la que junto al pan y el vino sus mentes se llenaban de recuerdos, de experiencias compartidas, de palabras que habían cambiado sus vidas. Pero el miedo seguía siendo más fuerte que la memoria de lo vivido junto a Jesús y se agarraban a las pocas seguridades que les quedaban.

Cuantas veces, como ellos y ellas, sentimos que el miedo nos paraliza, nos encierra en nosotros/as mismos/as y nos ofrece argumentos para la impotencia, razones para renunciar a la esperanza, oscuridades que nos abrazan y justifican nuestra cobardía.

Les enseñó las manos y el costado.

En la noche de sus vidas casi sin deseos de que amaneciera, Jesús, se hace presente y los invita a abandonar el temor, a abrirse a la osadía de confiar en él a pesar del fracaso de la cruz. 

No les reprocha su conducta, ni les pide actitudes heroicas. Sencillamente les ofrece la paz. Una paz que les ayude a mirar de frente, acogiendo su propia fragilidad e impotencia. Una paz que los libere de sus temores y recelos y los capacite para el perdón y la reconciliación con los enemigos de dentro y de fuera. Una paz que serene su corazón y les ayude a ponerse de nuevo en pie, con valentía y decisión. Una paz que los haga de nuevo discípulos y discípulas.

Ahora son de nuevo enviados/as a anunciar la Buena Noticia de un Dios siempre amor y perdón. A construir comunidades liberadas y liberadoras, acompañadas y acompañantes, pacificas y pacificadoras.

Hoy también cada una de nosotras y de nosotros estamos invitadas/os a acoger esa paz sabiendo que no nos ayudará a tranquilizar nuestras conciencias ni a conformarnos con aquietar nuestro espíritu, sino que nos hará más conscientes de la misión a la que somos enviadas/os.

Una paz que, en la misión, nos posibilitará caminos de encuentros, de discernimiento y consenso, y nos facilitará mantener viva la memoria de la esperanza.   Una paz que no silencia el conflicto, sino que lo atraviesa y lo reconcilia. Una paz que no necesita tratados que la aseguren porque ella misma es el verdadero antídoto a la violencia, al odio y a todo lo que quiebra el futuro.

Recibid el Espíritu Santo

No es fácil acoger esa paz, pero la santa Ruah de Dios permanece con nosotras y nosotros. Ella será nuestra brújula para seguir siempre los senderos de la bondad y el perdón. Ella será la brisa que serenará nuestros miedos y nos invitará a confiar siempre en las posibilidades de todo ser humano. Ella nos ayudará a sanar nuestras heridas, a tender puentes con lo distinto y enfrentado porque no es el pecado lo que importa sino reconstruir toda vida rota, hacer florecer lo posible e incluir todo lo que permanecía disperso.

Esa es la promesa de Jesús resucitado y esa es nuestra tarea.

 

LOS DISCÍPULOS SE LLENARON DE ALEGRÍA AL VER AL SEÑOR

 fe adulta


Hay textos bíblicos que son luminosos y fácilmente aplicables a la vida cristiana. Es bueno aferrarse a ellos.

Hemos escuchado en el texto proclamado que LOS DISCÍPULOS SE LLENARON DE ALEGRÍA AL VER AL SEÑOR en su resurrección. No es rentable quedarse en la formas (¿cómo ocurrió eso, qué eran las apariciones?). Mejor ir al contenido.

La fe es una variante del amor porque es una adhesión del corazón. De modo que una fe con escasos niveles de amor (aunque tenga alto el nivel ideológico) no deja de ser una fe fría y, en definitiva, una fe débil. Por eso la fe anhela “ver” al Señor. Ya lo decía poéticamente san Juan de la Cruz que «la dolencia de amor se cura solo con la presencia y la figura». Es difícil amar sin ver. Es lógico que los discípulos se alegren viendo a Jesús.

Nosotros vemos a Jesús en el ámbito de lo religioso: en la hostia consagrada, en la custodia, en los crucifijos, en las imágenes y cuadros, en las plegarias, etc. Pero los discípulos ven a Jesús en uno que se sienta a la mesa, en uno que les acompaña, en uno que les bendice. En definitiva, ven a Jesús en la vida.

¿Dónde podemos ver hoy al Señor si quisiéramos verlo más allá del marco religioso?

· En la mucha gente que hace el bien: porque, no lo dudemos, somos muchos más los que queremos y hacemos el bien que los que hacen daño a los demás, por más que nos machaquen con noticias adversas los medios de comunicación.

· En quienes no se lucran cuando hacen el bien: porque esa es la prueba del algodón: si haces el bien sin pretender beneficios. Hay muchos que viven así (el mismo papa Francisco, tan recordado, fue uno de ellos: vino pobre a Roma y se marchó igual de pobre).

· En quienes siguen siendo personas espirituales en esta sociedad consumista: porque quizá creamos que no hay personas que busquen anhelantes el rostro de Dios, pero las hay. Son personas normales en su vida y su trabajo, pero buscan a Dios con tesón y le aman de maneras vivas.

Decía el poeta alemán Rilke que  «la casa de los pobres es un sagrario». Ante el sagrario nos arrodillamos o nos inclinamos porque desvelamos en ese sacramento la presencia de Jesús. Y así es. Pero quizá esa presencia sea más clara en la casa de los pobres, en el sufrimiento de los enfermos, en la soledad de los ancianos, en el temor horrible de quien vive bajo las bombas. Esos son los “sagrarios” donde se ve a Jesús con más claridad. Gaza es hoy para nosotros el gran “sagrario” que tenemos delante. ¿Lo vemos nosotros así?

A veces los periódicos nos desvelan cosas que damos por supuestas pero que ignoramos: ¿quiénes son los cogen el 112 cuando les llamamos en nuestra necesidad? ¿Quién está detrás del teléfono de la esperanza? ¿Quiénes son los que hacen la comida en los comedores sociales? ¿Quiénes son los que atienden a los emigrantes tratando de regularizar su situación? A través de ellos, a veces, los humildes recobran la alegría. Ahí seguimos viendo al Jesús resucitado que nos acompaña.

 

EL ARTE DE VIVIR DESDE EL ESPÍRITU DE DIOS José Antonio Pagola

 


Nunca los cristianos se han sentido huérfanos. El vacío dejado por la muerte de Jesús ha sido llenado por la presencia viva del Espíritu del Resucitado. Este Espíritu del Señor llena la vida del creyente. El Espíritu de la verdad que vive con nosotros está en nosotros y nos enseña el arte de vivir en la verdad.

Lo que configura la vida de un verdadero creyente no es el ansia de bienestar ni la lucha por el éxito, ni siquiera la obediencia a un ideal, sino la búsqueda gozosa de la verdad de Dios bajo el impulso del Espíritu.

El verdadero creyente no cae ni en el legalismo ni en la anarquía, sino que busca con el corazón limpio la verdad. Su vida no está programada por prohibiciones, sino que viene animada e impulsada positivamente por el Espíritu.

Cuando vive esta experiencia del Espíritu, el creyente descubre que ser cristiano no es un peso que oprime y atormenta la conciencia, sino que es dejarnos guiar por el amor creador del Espíritu que vive en nosotros y nos hace vivir con una espontaneidad que nace, no de nuestro egoísmo, sino del amor. Una espontaneidad en la que uno renuncia a sus intereses egoístas y se confía al gozo del Espíritu. Una espontaneidad que es regeneración, renacimiento y reorientación continua hacia la verdad de Dios.

Esta vida nueva en el Espíritu no significa únicamente vida interior de piedad y oración. La verdad de Dios genera en nosotros un estilo de vida nuevo, enfrentado al estilo de vida que brota de la mentira y el egoísmo. Vivimos en una sociedad donde a la mentira se le llama diplomacia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; al sexo; amor; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad.

Difícilmente puede esta sociedad entender o aceptar una vida acuñada por el Espíritu. Pero es este Espíritu el que defiende al creyente y le hace caminar hacia la verdad, liberándolo de la mentira social, la farsa y la intolerancia de nuestros egoísmos.

EL ESPÍRITU NO TIENE QUE VENIR DE NINGUNA PARTE PENTECOSTÉS (C) Jn 20,19-23

fe adulta

 Pentecostés es una fiesta eminentemente pascual. Sin la presencia de Dios como Espíritu, la experiencia pascual no hubiera sido posible. La totalidad de nuestro ser está empapada de Dios-Espíritu. Siempre es el Espíritu el que nos lleva a la unidad y por lo tanto el que nos invita a superar la diversidad que es fruto de nuestro falso yo.

No tiene sentido pensar en un espectáculo de luz y sonido. Lucas nos está hablando de la experiencia de la primera comunidad, no está haciendo una crónica periodística. En el relato utiliza los símbolos que había utilizado ya el AT: Fuego, ruido, viento. Los efectos no se reducen al círculo de Jesús, salen a la calle, donde hay hombres de todo país.

El Espíritu está; no tiene que venir de ninguna parte. Lucas narra cinco venidas del Espíritu. Las lecturas que hemos leído nos dan suficientes pistas para no despistarnos. En la primera (viento, ruido, fuego), hace referencia a la teofanía del Sinaí. La fiesta de Pentecostés conmemoraba la alianza. La Ley ha sido sustituida por el Espíritu.

Hemos dicho tantas cosas sobre el Espíritu que nuestra tarea es “desdecir”, descubrir las cosas sin sentido que hemos repetido hasta la saciedad. El Espíritu no es una entidad separada. Dios Espíritu no es un personaje distinto del Padre y del Hijo, que anda por ahí haciendo de las suyas. Se trata del Dios UNO más allá de toda imagen. No es un don que nos regala el Padre o el Hijo sino Dios como DON absoluto. No es una realidad que tenemos que obtener, sino el fundamento más profundo de mi ser del que surge todo lo que soy.

Todo lo que fue Jesús, se debió al Espíritu: “Concebido por el Espíritu”; "Nacido del Espíritu"; "Desciende sobre él el Espíritu"; "Ungido con el Espíritu". Está claro que la figura de Jesús no podría entenderse sin el Espíritu. Pero no es menos cierto que no podríamos descubrir lo que es el Espíritu si no fuera por lo que Jesús nos ha revelado.

No se trata de entrar en un mundo diferente, acotado para un reducido número de personas, a las que se premia con el don del Espíritu. Es una realidad que se ofrece a todos como la más alta posibilidad de alcanzar una plenitud humana que todos debíamos tener como meta, si no, quedamos en la exclusiva valoración de la materia.

La experiencia del Espíritu es individual, pero empuja siempre a la construcción de la comunidad. El Espíritu se otorga siempre “para el bien común”. En contra de lo que nos cuentan, no se da el Espíritu a los apóstoles, sino a todos los seguidores de Jesús.

El Espíritu no produce personas uniformes como si fuesen fruto de una clonación. Es esta otra trampa para justificar toda clase de sometimientos. El Espíritu es una fuerza vital que potencia en cada uno las diferentes cualidades y aptitudes. La pretendida uniformidad es la consecuencia de nuestros miedos y falta de confianza en el Espíritu.

En la celebración de la eucaristía debíamos poner más atención a esa presencia del Espíritu. Durante siglos el momento más importante de la celebración fue la epíclesis (la invocación del Espíritu sobre el pan y el vino. Solo mucho más tarde se confirió un poder especial (que ha llegado a ser mágico) a las palabras que hoy llamamos “consagración”.

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

 fe adulta


Cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles que Pablo encontró cierta vez en Éfeso un grupo de cristianos desconocidos. Algo debió de resultarle raro porque les preguntó: “¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando comenzasteis a creer?” La respuesta fue rotunda: “Ni siquiera hemos oído que hay un Espíritu Santo”. Si Pablo nos hiciera hoy la misma pregunta, muchos cristianos deberían responder: “Sé desde niño que existe el Espíritu Santo. Pero no sé para qué sirve, no influye nada en mi vida. A mí me basta con Dios y con Jesús”. Esta respuesta sería sincera, pero equivocada. Las palabras que acaba de pronunciar las ha dicho impulsado por el Espíritu Santo. Tiene más influjo en su vida de lo que él imagina. Y esto lo sabemos gracias a las discusiones y peleas entre los cristianos de Corinto.

La importancia del Espíritu (1 Corintios 12,3b-7.12-13)

Los corintios eran especialistas en crear conflictos. Una suerte para nosotros, porque gracias a sus discusiones tenemos las dos cartas que Pablo les escribió. La que originó la lectura de hoy no queda clara, porque la liturgia, para no perder la costumbre, ha mutilado el texto. Quien se toma la pequeña molestia de leer el capítulo 12 de la Primera carta a los Corintios, advierte cuál es el problema: algunos se consideran superiores a los demás y no valoran lo que hacen los otros. Con una imagen moderna, es como si un arquitecto despreciase, y considerase inútiles, al delineante que elabora los planos, al informático que trabaja en el ordenador, al capataz que dirige la obra y, sobre todo, a los obreros que se juegan a veces la vida en lo alto del andamio.

La sección suprimida en la lectura (versículos 8-11) describe la situación en Corinto. Unos se precian de hablar muy bien en las asambleas; otros, de saber todo lo importante; algunos destacan por su fe; otros consiguen realizar curaciones, y hay quien incluso hace milagros; los más conflictivos son los que presumen de hablar con Dios en lenguas extrañas, que nadie entiende, y los que se consideran capaces de interpretar lo que dicen.

Pablo comienza por la base. Hay algo que los une a todos ellos: la fe en Jesús, confesarlo como Señor, aunque el César romano reivindique para sí este título. Y eso lo hacen gracias al Espíritu Santo. Esta unidad no excluye diversidad de dones espirituales, actividades y funciones. Pero en la diversidad deben ver la acción del Espíritu, de Jesús y de Dios Padre. A continuación de esta fórmula casi trinitaria, insiste en que es el Espíritu quien se manifiesta en esos dones, actividades y funciones, que concede a cada uno con vistas al bien común.

Además, el Espíritu no solo entrega sus dones, también une a los cristianos. Gracias al él, en la comunidad no hay diferencias motivadas por el origen (judíos - griegos) ni por las clases sociales (esclavos - libres). En la carta a los Gálatas dirá Pablo que también elimina las diferencias basadas en el género (varones - mujeres). Hoy día somos especialmente sensibles a la diferencia de género. No podemos imaginar lo que suponía en el siglo I las diferencias entre un esclavo (por más cultura que tuviese) y un ciudadano libre, ni entre un cristiano de origen judío (algunos se consideraban lo mejor de lo mejor) y un cristiano de origen pagano, recién bautizado (para algunos, un advenedizo). [Solo hay un tema en el que ha fracasado el Espíritu: en unir a independentistas y nacionalistas].

En definitiva, todo lo que somos y tenemos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue presente entre nosotros.

¿Cómo comenzó la historia? Dos versiones muy distintas.

 

Si a un cristiano con mediana formación religiosa le preguntan cómo y cuándo vino por vez primera el Espíritu Santo, lo más probable es que haga referencia al día de Pentecostés. Y si tiene cierta cultura artística, recordará el cuadro de El Greco, aunque quizá no haya advertido que, junto a la Virgen, está María Magdalena, representando al resto de la comunidad cristiana (ciento veinte personas según Lucas). Pero hay otra versión muy distinta: la del evangelio de Juan.

La versión de Lucas (Hechos de los apóstoles 2,1-11)

Lucas es un entusiasta del Espíritu Santo. Ha estudiado la difusión del cristianismo desde Jerusalén hasta Roma, pasando por Siria, la actual Turquía y Grecia. Conoce los sacrificios y esfuerzos de los misioneros, que se han expuesto a bandidos, animales feroces, viajes interminables, naufragios, enemistades de los judíos y de los paganos, para propagar el evangelio. ¿De dónde han sacado fuerza y luz?  ¿Quién les ha enseñado a expresarse en lenguas tan diversas? Para Lucas, la respuesta es clara: todo eso es don del Espíritu.

Por eso, cuando escribe el libro de los Hechos, desea inculcar que su venida no es solo una experiencia personal y privada, sino de toda la comunidad. Algo que se prepara con un largo período (¡cincuenta días!) de oración, y que acontecerá en un momento solemne, en la segunda de las tres grandes fiestas judías: Pentecostés. Lo curioso es que esta fiesta se celebra para dar gracias a Dios por la cosecha del trigo, inculcando al mismo tiempo la obligación de compartir los frutos de la tierra con los más débiles (esclavos, esclavas, levitas, emigrantes, huérfanos y viudas).

En este caso, quien empieza a compartir es Dios, que envía el mayor regalo posible: su Espíritu. El relato de Lucas contiene dos escenas (dentro y fuera de la casa), relacionadas por el ruido de una especie de viento impetuoso.

Dentro de la casa, el ruido va acompañado de la aparición de unas lenguas de fuego que se sitúan sobre cada uno de los presentes. Sigue la venida del Espíritu y el don de hablar en distintas lenguas. ¿Qué dicen? Lo sabremos al final.

Fuera de la casa, el ruido (o la voz de la comunidad) hace que se congregue una multitud de judíos de todas partes del mundo. Aunque Lucas no lo dice expresamente, se supone que la comunidad ha salido de la casa y todos los oyen hablar en su propia lengua. Desde un punto de vista histórico, la escena es irreal. ¿Cómo puede saber un elamita que un parto o un medo está escuchando cada uno su idioma? Pero la escena simboliza una realidad histórica: el evangelio se ha extendido por regiones tan distintas como Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, Libia y Cirene, y sus habitantes han escuchado su proclamación en su propia lengua. Este “milagro” lo han repetido miles de misioneros a lo largo de siglos, también con la ayuda del Espíritu. Porque él no viene solo a cohesionar a la comunidad internamente, también la lanza hacia fuera para que proclame «las maravillas de Dios».

La versión de Juan 20, 19-23

Muy distinta es la versión que ofrece el cuarto evangelio. En este breve pasaje podemos distinguir cuatro momentos: el saludo, la confirmación de que es Jesús quien se aparece, el envío y el don del Espíritu.

El saludo es el habitual entre los judíos: “La paz esté con vosotros”. Pero en este caso no se trata de pura fórmula, porque los discípulos, muertos de miedo a los judíos, están muy necesitados de paz.

Esa paz se la concede la presencia de Jesús, algo que parece imposible, porque las puertas están cerradas. Al mostrarles las manos y los pies, confirma que es realmente él. Los signos del sufrimiento y la muerte, los pies y manos atravesados por los clavos, se convierten en signo de salvación, y los discípulos se llenan de alegría.

Todo podría haber terminado aquí, con la paz y la alegría que sustituyen al miedo. Sin embargo, en los relatos de apariciones nunca falta un elemento esencial: la misión. Una misión que culmina el plan de Dios: el Padre envió a Jesús, Jesús envía a los apóstoles.

El final lo constituye una acción sorprendente: Jesús sopla sobre los discípulos. No dice el evangelistas si lo hace sobre todos en conjunto o lo hace uno a uno. Ese detalle carece de importancia. Lo importante es el simbolismo. En hebreo, la palabra ruaj puede significar “viento” y “espíritu”. Jesús, al soplar (que recuerda al viento) infunde el Espíritu Santo. Este don está estrechamente vinculado con la misión que acaban de encomendarles. A lo largo de su actividad, los apóstoles entrarán en contacto con numerosas personas; entre las que deseen hacerse cristianas habrá que distinguir entre quiénes pueden ser aceptadas en la comunidad (perdonándoles los pecados) y quiénes no, al menos temporalmente (reteniéndoles los pecados).

Resumen

Estas breves ideas dejan clara la importancia esencial del Espíritu en la vida de cada cristiano y de la Iglesia. El lenguaje posterior de la teología, con el deseo de profundizar en el misterio, ha contribuido a alejar al pueblo cristiano de esta experiencia fundamental. En cambio, la preciosa Secuencia de la misa ayuda a rescatarla. Hoy es buen momento para pensar en lo que hemos recibido del Espíritu y lo que podemos pedirle que más necesitemos.

El don de lenguas

«Y empezaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse». El primer problema consiste en saber si se trata de lenguas habladas en otras partes del mundo, o de lenguas extrañas, misteriosas, que nadie conoce. En este relato es claro que se trata de lenguas habladas en otros sitios. Los judíos presentes dicen que «cada uno los oye hablar en su lengua nativa». Pero esta interpretación no es válida para los casos posteriores del centurión Cornelio y de los discípulos de Éfeso. Aunque algunos autores se niegan a distinguir dos fenómenos, parece que nos encontramos ante dos hechos distintos: hablar idiomas extranjeros y hablar «lenguas extrañas» (lo que Pablo llamará «las lenguas de los ángeles»).

El primero es fácil de racionalizar. Los primeros misioneros cristianos debieron enfrentarse al mismo problema que tantos otros misioneros a lo largo de la historia: aprender lenguas desconocidas para transmitir el mensaje de Jesús. Este hecho, siempre difícil, sobre todo cuando no existen gramáticas ni escuelas de idiomas, es algo que parece impresionar a Lucas y que desea recoger como un don especial del Espíritu, presentando como un milagro inicial lo que sería fruto de mucho esfuerzo.

El segundo fenómeno es más complejo. Lo conocemos a través de la primera carta de Pablo a los Corintios. En aquella comunidad, que era la más exótica de las fundadas por él, algunos tenían este don, que consideraban superior a cualquier otro. En la base de este fenómeno podría estar la conciencia de que cualquier idioma es pobrísimo a la hora de hablar de Dios y de alabarlo. Faltan las palabras. Y se recurre a sonidos extraños, incomprensibles para los demás, que intentan expresar los sentimientos más hondos, en una línea de experiencia mística. Por eso hace falta alguien que traduzca el contenido, como ocurría en Corinto. (Creo que este fenómeno, curiosamente atestiguado en Grecia, podría ponerse en relación con la tradición del oráculo de Delfos, donde la Pitia habla un lenguaje ininteligible que es interpretado por el “profeta”).

Sin embargo, no es claro que esta interpretación tan teológica y profunda sea la única posible. En ciertos grupos carismáticos actuales hay personas que siguen «hablando en lenguas»; un observador imparcial me comunica que lo interpretan como pura emisión de sonidos extraños, sin ningún contenido. Esto se presta a convertirse en un auténtico galimatías, como indica Pablo a los Corintios. No sirve de nada a los presentes, y si viene algún no creyente, pensará que todos están locos.

 

VIVIR EN EL GOZO Fiesta de Pentecostés 8 de junio Jn 20, 19-23

 fe adulta


La tradición cristiana afirma que el gozo es el gran don del Espíritu. De hecho, algunos de los primeros escritores cristianos nombraban al Espíritu como “El gozo de Dios”. Lo que no queda tan claro es el modo como llegar a vivirlo o las condiciones que se requieren para estar disponibles al mismo.

De entrada, me parece que la condición básica para acceder al gozo es el silencio de la mente. Sin estar acallada, la mente nos sitúa de manera automática en el modo hacer. Pero el gozo no se halla en lo que hacemos, sino en lo que somos. Y únicamente vivimos en modo ser en la medida en que nuestra mente permanece silenciada.

No es difícil comprobar que la mente se halla habitualmente en conflicto con la realidad, porque nunca termina de estar satisfecha. Desearía más bien que las cosas fueran de otro modo. Siempre gira con la idea de que tendría que añadir o quitar algo a cualquier circunstancia que le toca vivir. Por ese motivo, no puede nunca parar: el no-gusto con lo real la lleva a estar todo el tiempo deseando modificarlo. Lo que consigue con ello no es sino aumentar la ansiedad, la insatisfacción y, finalmente, el estrés, que la aleja de la paz y del gozo.

Sin embargo, todos podemos también experimentar que, en nosotros, por debajo de toda esa hiperactividad mental, hay un “lugar” al que le basta con, simplemente, ser. No necesita estar haciendo constantemente, porque no está en conflicto con nada. Sencillamente, es.

Y se descubre entonces una paradoja admirable. Cuando vivimos en modo ser, no se cae en la inactividad. Desde ahí, constatas que aumenta el dinamismo y la creatividad. Pero constatas también que no nacen ya de la ansiedad y del conflicto con la realidad, sino desde la fuente misma de la vida que se despliega armoniosamente.

EL VIENTO DE DIOS Jn 20, 19-31 «Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo”»

fe adulta

 El espíritu de Dios se cernió sobre la Tierra poniendo orden en el caos primitivo, se coló por las narices del muñeco de barro para que en el mundo pudiese haber amor, tolerancia, libertad, felicidad… suscitó profetas que guiaron a los hombres y mujeres por el camino de la vida y sopló como un huracán en Jesús de Nazaret.

El texto de hoy nos presenta al Espíritu empapando a los discípulos encerrados en Jerusalén tras la muerte de Jesús. Aquellos hombres y mujeres habían creído en él y lo habían dejado todo por seguirle, pero durante todo el tiempo que permanecieron a su lado estuvieron creyendo mal. Estuvieron creyendo que era el mesías esperado por Israel, el que iba a expulsar a los romanos e instaurar un reino de paz y justicia como nunca se había visto otro en el mundo… Y hasta discutían por ver cómo se iban a repartir los escaños de ese reino.

Pero subieron a Jerusalén y todo se desbarató.

La muerte de Jesús en la cruz supuso un golpe demoledor para su fe, porque los hechos demostraban que Dios no estaba con él, sino con los sacerdotes que lo habían vencido. Quizás en un primer momento esperaron que bajase de la cruz, o que resucitase tal como ellos le habían entendido, pero pasaron las horas, pasaron los días, y fueron perdiendo la esperanza.

Dicen los especialistas que permanecieron encerrados en Jerusalén hasta que finalizó la Pascua, y que salieron de allí mezclados con los peregrinos que volvían a sus lugares de origen tras celebrarla. Esta interpretación parece corroborada por el propio Juan, quien afirma en su evangelio que regresaron a Galilea y retomaron sus ocupaciones. Pedro, Andrés y los Zebedeos volvieron a la mar.

Su fe había muerto y el mensaje de Jesús parecía irremisiblemente perdido, pero Dios estaba con él, y su Espíritu actuó con tal fuerza sobre ellos, que sus ojos se abrieron definitivamente y al fin creyeron bien. Y recuperaron la esperanza, y con ella recuperaron también el coraje necesario para abrazar con ímpetu arrollador la misión –aparentemente imposible– de proclamar la fe en un profeta crucificado. Dice Lucas en Hechos que en su primera aparición pública se convirtieron tres mil personas.

Sin duda ha sido también el espíritu de Dios el que ha mantenido el mensaje de Jesús hasta nuestros días a pesar de las innumerables barbaridades que sus seguidores hemos cometido en el seno de “su” Iglesia, y ello nos hace albergar la esperanza de que seguirá soplando hasta llevar a la humanidad a plenitud.

Como decía Ruiz de Galarreta «Creer en el viento de Dios es una hermosa profesión de fe en que Dios no está ausente, sino presente y activo de una manera muy concreta: alentando, empujando».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

jueves, 29 de mayo de 2025

Entretenerse votando Genocidio en Gaza


afrofeminas

Israel no ganó Eurovisión 2025, pero para muchísimas personas racializadas, feministas y anticolonialistas, su segundo puesto fue la derrota más amarga de la noche. No porque la canción fuera buena o mala. Tampoco porque el certamen tenga alguna relevancia musical real. Ver noticia

Sánchez urge a Israel a detener el genocidio en Gaza y a levantar el bloqueo de ayuda humanitaria


Público

Durante su intervención en Estambul en la apertura del Consejo de la Internacional Socialista, ha destacado la «firme» postura de España ante la «dramática» e «inaceptable» situación que se vive en Gaza.
El presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ha instado este sábado a Israel a detener urgentemente la operación militar de ocupación de Gaza y a levantar el bloqueo para que entre la ayuda humanitaria en la zona. Ver noticia

«A Trump parece impresionarle el cargo de papa» -- Christoph Strack


BAF

Fuente: DW
La religión siempre juega un papel importante en la política estadounidense. Una entrevista con el teólogo alemán Benjamin Dahlke sobre Donald Trump y J. D. Vance, la fe en EE. UU. y el papa estadounidense.
El teólogo alemán Benjamin Dahlke (43), de Eichstätt (Baviera), es considerado en Estados Unidos un destacado experto en la Iglesia católica. En entrevista con Deutsche Welle, analiza, entre otros temas, la religiosidad de Donald Trump y J. D. Vance. Ver noticia

La casta capitalista nos lleva al abismo -- 15M Ronda

 


Redes Cristianas

Actualmente somos testigos de cómo todo un planeta que tardó cuatro mil millones de años en evolucionar se está destruyendo por la intervención de un sistema económico global que produce la destrucción del medio ambiente, una riqueza exorbitante para unos pocos y un masivo empobrecimiento, unas tecnologías de alto riesgo, …

Para que el mercado siga ganando nosotros tenemos que seguir hundiéndonos. Hoy en día 26 superricos poseen tanto como la mitad más pobre de la población mundial. Aumentar absurdamente las fortunas de esta pequeña y poderosa casta parece ser el único objetivo que le queda a la economía capitalista. Se está devastando la Tierra por tales cifras de riqueza que crecen sin cesar.

Casi todo el mundo sabe del poder destructivo que tiene este sistema, que está enfermo y que nos hace enfermar. Aunque, cada día que pasa, aumenta más el conocimiento sobre las desastrosas consecuencias de ‘seguir como hasta ahora’, la élite mundial mantiene a todo vapor su rumbo hacia la inevitable colisión.

La expansión de los últimos 500 años, partiendo de Europa, se revela como una historia que, para la mayor parte de la humanidad, ha estado asociada desde el principio con el desplazamiento, el empobrecimiento, la violencia masiva —hasta el genocidio— y la destrucción del medio ambiente.

Desde hace unas cuatro décadas, la economía mundial se dirige hacia una crisis que solo queda disimulada por el endeudamiento cada vez mayor de todos los actores, por unas burbujas financieras que estallan en cracs económicos cada vez más
profundos.

Al mismo tiempo, el sistema ofrece a cada vez menos personas un sustento de vida asegurado. Las 200 mayores empresas del mundo suman el 25 por ciento del producto social mundial, pero sólo emplean al 0,75 por ciento de la población mundial.
Una parte cada vez mayor de la humanidad está quedando fuera del sistema económico, y no solo en la periferia, sino también en los centros de acumulación.

La civilización industrial ya ha desencadenado la mayor extinción de especies desde la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años. Ha creado un arsenal de armas con un poder
destructivo desconocido hasta ahora, y ya está dañando los grandes sistemas que sustentan la vida de la Tierra, es decir, el sistema climático, la vida vegetal y animal, los suelos, los bosques, los océanos, los ríos y los acuíferos, de una forma que amenaza su propia existencia.

Las compañías multinacionales han pasado a
controlar la mayoría de los sectores estratégicos de la economía mundial: la energía, las finanzas, las telecomunicaciones, la salud, la agricultura, las infraestructuras, el agua, los medios de
comunicación, las industrias del armamento y de la alimentación

Según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (año 2012), existen más de 100.000 corporaciones transnacionales en el mundo, de las cuales a su vez dependen unas 900.000 empresas filiales.

El gigante tecnológico estadounidense, Apple, se ha convertido en la primera empresa en alcanzar una valoración bursátil de 3 billones de US$. La cifra supera el PIB conjunto de las mayores economías de América Latina.

Greenpeace señala a ACS, de Florentino Pérez, como una de las 20 empresas que han protagonizado casos de violaciones al medio ambiente y los derechos humanos. Las grandes corporaciones no pagan a los Estados los impuestos que deberían, lo que lleva a la desigualdad económica y a la merma de los servicios públicos
.
Por otro lado, el rápido ascenso de los movimientos fundamentalistas y de extrema derecha, así como el aumento de las tendencias hacia el estado policíaco, demuestran que también es posible que sean las fuerzas totalitarias las que se apoderen de las estructuras económicas y políticas en proceso de desmoronamiento
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EN POCAS PALABRAS
¿EN MANOS DE QUIÉNES ESTAMOS?
15-M RONDA MAYO-2025 Nº 57

Israel y la máscara de Occidente -- Editorial de «La Jornada»


Rebelión

Fuentes: La Jornada
El ejército de ocupación de Israel realizó disparos directos con munición real contra una misión diplomática conformada por representantes de México, Francia, Reino Unido, Canadá, España, Rusia, la Unión Europea, Egipto, Jordania, Marruecos, Portugal, China, Austria, Brasil, Bulgaria, Turquía, Lituania, Polonia, Japón, Rumania, Sri Lanka, Canadá, India, Chile y otros países en Jenin, ciudad de la Cisjordania ocupada ilegalmente. Ver noticia

Josep Borrell: «El papa Francisco dijo cosas por las que seguro que la señora Ayuso lo llamaría antisemita»


BAF

Fuente: laSexta Xplica
El ex Alto Representante de la UE para Asuntos Exteriores ha enfatizado que es necesario que León XIV siga los pasos de Francisco porque «la Iglesia Católica es una gran autoridad moral».
El papa Francisco ha sido un pontífice que ha tenido un ojo siempre puesto en los conflictos, especialmente en Ucrania y Gaza, y Josep Borrell espera que León XIV, recién nombrado nuevo papa, siga el mismo camino que el argentino. Ver noticia

El futuro presente: niñas y niños soldado entre la violencia y la esperanza -- Lorena Cobas González


Cristianismo y Justicia

[Nota previa: La serie de artículos que presentamos bajo el epígrafe «Fe por los Derechos Humanos» se enmarca en el curso «Fe por los Derechos Humanos. La dignidad de las víctimas» (enero 2025), que tuvimos que suspender. Hemos pedido a cada una de las ponentes un artículo para el blog que condense el contenido de su sesión. El artículo que presentamos aquí se corresponde con la quinta sesión del curso.] Ver noticia

Rearme europeo: una huida hacia adelante que pone en riesgo la paz -- Albert Caramés Boada


Alandar

La Unión Europea ha puesto en marcha el programa ReArm para incrementar de manera acelerada el gasto militar y reforzar su industria de armamento. El plan prevé movilizar hasta 800.000 millones de euros a través de la flexibilización de las reglas fiscales, la emisión de préstamos y el apoyo del Banco Europeo de Inversiones. El objetivo declarado es reforzar la autonomía estratégica de la UE en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y el aumento de las tensiones internacionales. Ver noticia 

Sobre gatas y monjas obreras -- Pepa Torres


Alandar

La reivindicación que hace León XIV con su nombre me recuerda un asunto que tengo pendiente: la memoria y el legado de las monjas obreras. No es mi única deuda con la historia, tengo muchas otras, tantas que necesitaría tener siete vidas como las gatas para repararlas. Ver noticia