FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
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ATALAYA ENERO 2025

martes, 10 de abril de 2018

El Papa asegura que el diablo es "un ser personal" y "no un mito, un símbolo o una idea"

RELIGIÓN DIGITAL

(José M. Vidal).
- Ser santo no es de raros, sino de personas "de la puerta de al lado". Tampoco es de personas excepcionales, sino de gente corriente. Lo dice el Papa Francisco en su nueva exhortación apostólica titulada 'Gaudete et exsultate', en la que, además, explica cómo conseguir la santidad: practicando las Bienaventuranzas y luchando contra "el Malo", es decir el diablo que "no es un mito, una representación, un símbolo, figura o idea". LEER NOTICIA

Ya en línea el Boletín Mensual de la Fundación Juan Soñador


Puntual a la cita, llega el enlace al correo de nuestra redacción. Es el número 38, la publicación de abril y recoge actividad y vida de la Fundación Juan Soñador.









 

Ofrece noticias sobre las actividades y programas que se desarrollan en las diferentes sedes de la Fundación:

  • Gritemos al mundo todo el año, del programa Horizonte de Valladolid
  • Voluntariado –Acción Social del programa Teranga de Vigo
  • Momentos para recargar energías en el programa Teranga de Ourense
  • Bruch Solidario de la Escuela Juan Soñador de León
  • Nuevo Centro en Lugo
  • Formación y sensibilización en el programa Teranga de A Coruña.


Adjuntos

Misiones Salesianas presenta el documental LOVE

Corazón De Niño ❤ en VIOLÍN!!..Poema del Soñador (Raúl Di Blasio)

Y AHORA… ¿QUÉ CREO QUE CREO? (III). EL REINADO DE DIOS


col haya

(Ya he reflexionado sobre Dios y nuestras limitaciones, y sobre Jesús. Ahora trato un aspecto más concreto, su mensaje, el Reinado de Dios y, al concretar, las posibilidades de interpretación son más amplias y más circunstanciales; por lo tanto más versátiles y provisionales).
El término griego basileia significa reino o reinado, en el sentido que hoy diríamos gobernanza; un régimen social, un modo de relacionarse, establecido en un pueblo. El proyecto de Jesús era convocar a su pueblo para establecer voluntariamente unas relaciones de compartir en fraternidad como hijos de Dios. La opresión ejercida por los invasores romanos y por los epulones y el alto clero judío le urgía a liberar -redimir- a los marginados y anunciar la buena noticia a los pobres.
Jesús inició este proyecto “para las ovejas descarriadas de Israel” pero, al entrar en contacto con los pueblos vecinos, comprendió que el amor del Padre era universal, y su proyecto era anterior a cualquier religión porque procedía desde la misma creación. Marcos y Mateo escenifican esta universalización de Jesús -esta conversión- en el episodio de la mujer cananea (Mt 15,21-28); pero más ampliamente se muestra este universalismo, como ya he indicado, con los samaritanos, el publicano, el geraseno, y el centurión romano.
Este proyecto fue asumido por sus discípulos como cumplimiento de la promesa mesiánica, y fue denominado cristianismo por el término griego Khristós, ungido, Mesías. Sin embargo este término vuelve a ser reduccionista porque reduce la universalidad de Jesús -y del Dios de la creación- a una determinada religión.
No dudo que todos sus discípulos estuvieron impulsados por el Espíritu, pero este impulso se concreta de manera distinta en Isaías, en Jesús, en Pablo o en Santiago. También la electricidad que entra en mi casa produce efectos diferentes en las bombillas, en el radiador o en el televisor; y este escrito provocará diversas reacciones en cada uno de los que lo lean.
Para comprender ahora su proyecto universal conviene relacionarlo con algunos conceptos de nuestra cultura.
Religiones
Las religiones son elaboraciones humanas para socializar las tendencias espirituales inherentes a nuestra naturaleza. El desarrollo de nuestro cerebro ha roto de alguna manera el cerco espacio-tiempo, trasciende las sensaciones de placer-dolor, y se aventura por sentimientos irrenunciables de belleza, justicia, amor desinteresado, y ansias de infinito (vía intuitiva). Estos sentimientos -promovidos por nuestra naturaleza y fundamentados en Dios inmanente y trascendente- serían inútiles y crueles si no pudieran ser satisfechos de alguna manera. La noosfera nos ha abierto una ventana -”ya sí pero todavía no”- a una esfera espiritual; nuestra conciencia es como una interfaz que conecta con el “fundamento divino”.
Las religiones concretan esos sentimientos con las realidades diarias de una sociedad y establecen unas explicaciones comunes (creencias), unos preceptos, y unas expresiones simbólicas (mitos, ritos, bailes), dirigidos por una jerarquía (más o menos rígida).
Jesús partió de su religión judía, abrazó su creencia fundamental en un Dios amor que desea una convivencia feliz para todos sus hijos y ofrece un futuro trascendente; pero se desligó de “esas tradiciones vuestras” (Mc 7,5-13) porque se habían ido endureciendo en beneficio de la jerarquía dirigente. Él no fundó una nueva religión, solamente impulsó un movimiento para volver al fundamento espiritual -dignidad, justicia, amor- de toda religión. Ese movimiento espiritual y social era, y es, común con otras religiones. Jesús no trató de convertir a los “paganos” que acudieron a él, y hoy acogería lo que denominamos un pluralismo religioso o una laicidad éticamente responsable.
El Reinado de Dios no es exclusivamente para los cristianos, es un proyecto para toda la humanidad. Todas las religiones lo han descubierto en su fondo humano espiritual y lo han socializado -con más o menos acierto- mediante creencias, preceptos y ritos de su propia cultura.
Cristianismo
Las Iglesias cristianas tienen su origen en los seguidores de Jesús. Ellos tuvieron el mérito de creer en su mensaje divino a pesar de su fracaso humano, y trataron de concretar y socializar su movimiento en unas circunstancias desconcertantes.
Los pequeños grupos que acogieron el proyecto de Jesús eran fundamentalmente judíos y esperaban una inminente escatología; a medida que pasaba el tiempo se fueron estableciendo comunidades cristianas de orign pagano y de cultura greco-romana. Las creencias se formularon en conceptos griegos y las normas en términos del derecho romano.
El movimiento de Jesús fue perdiendo flexibilidad y se fueron acumulando tradiciones de creencias, preceptos y ritos, más preocupados por mantener la identidad del grupo que por alentar el compartir en fraternidad. Sería desmesurado el pretender analizar aquí, con los necesarios matices, esas creencias pero no puedo eludir referirme brevemente a lo que creo sobre las más significativas (reconociendo expresamente mis limitaciones culturales y personales).
De una manera general puedo adelantar que la formulación de las creencias, normas y ritos, en una sociedad adulta, deberían ser orientaciones para ayudar a discernir y mantener alguna cohesión entre las distintas comunidades, pero dejando la última palabra a la propia conciencia (y la coacción a las leyes civiles que deben garantizar la convivencia social).
Creo que lo importante no es ser cristiano, sino tratar de seguir el mensaje que recuperó y promovió Jesús; sin embargo me considero cristiano como todos los que reconocemos a Jesús como mensajero de Dios y nos sentimos en el ámbito de creencias expresadas en el Nuevo Testamento.
La iglesia no es la jerarquía sino el pueblo de Dios. La formulación de las creencias y preceptos no compete solamente a la jerarquía, sino también al sensus fidelium que debe recibir esas formulaciones y normas (y debería participar en su elaboración). Tanto las creencias como las normas son interpretaciones culturales -y por tanto evolutivas- de una percepción del amor y la justicia. La fe consiste en una adhesión confiada más que en unas explicaciones conceptuales.
Las creencias sobre el más allá rebasan nuestras limitaciones espacio-temporales, por tanto son un postulado, igual que la idea de Dios, y creo que pueden basarse en dos pilares. Por una parte somos seres abiertos a la trascendencia: justicia, amor, ansias de infinitud; por otra, las experiencias místicas han percibido -con más o menos intensidad en cada época y cultura- un atisbo de ese estado trascendente; en palabras de Raimon Panikkar, han tenido conciencia “de un contacto tangencial con la eternidad”.
La resurrección no se planteó en la religión judía hasta el siglo II a.C, ante la muerte heroica de los hermanos Macabeos, porque pensaban que Dios no podía abandonar definitivamente a los que habían muerto por defender su nombre. El principal argumento para muchos de nosotros se basa igualmente en que la justicia y el amor de Dios no abandona definitivamente a los que han sufrido la marginación y la crueldad de nuestra sociedad. Jesús, por su experiencia de Dios, sabía que Dios no es un Dios de muertos sino un Dios de vivos. En qué consista la resurrección, no lo sabemos; Jesús lo comparaba a lo que entonces se entendía como los ángeles de Dios; Pablo como un cuerpo espiritual. Si creemos en la existencia de Dios y en realidades como la justicia y el amor, podemos pensar que la resurrección puede ser un estado de plenitud en una esfera o ámbito espiritual.
Los ritos religiosos son expresiones simbólicas de nuestros sentimientos, y la mejor pedagogía para interiorizar las creencias; por eso se formularon según las creencias y la cultura de una determinada época, pero al cambiar las costumbres van perdiendo su poder de evocación, o incluso llegan a ser incomprensibles. Y los símbolos que no sugieren nada son como la sal que pierde su sabor; se los mantiene para asegurar la permanencia de esas creencias a pesar de los cambios culturales. Actualmente urge la renovación de nuestros símbolos religiosos,
A lo largo de la Historia se han producido brotes de vuelta al movimiento impulsado por Jesús -semejante al de los profetas de Israel- y felizmente rebrota también en estos momentos. Pero se está produciendo en un radical cambio cultural, que algunos consideran una nueva era axial. Quizás en la cultura occidental estemos pasando a una era posreligional. Estos cambios exigen una nueva socialización del mensaje de Jesús; espero que se desarrollen en una atmósfera de libertad y compromiso fraternal.
Conclusiones
Propongo unos mantras para mantener unos recuerdos útiles en el día a día.
· “Hay un asunto en la tierra / Más importante que Dios / Y es que nadie escupa sangre / Pa' que otro viva mejor “ (Atahualpa yupanqui)
· “Hechos son amores, que no buenas razones”
· Dios es amor, y el verdadero amor nos identifica con él
· Tres parábolas de Jesús: el buen samaritano, la oración del publicano, y la del hijo pródigo
Y quiero terminar asumiendo lo que repetía mi estimado maestro Díez Alegría
Aunque sabemos que Dios no tiene manos,me pongo en manos de Dios”

En Brasil la ignominia tiene nombre


Luis Manuel Arce

La Habana.- El espectáculo en el Supremo Tribunal Federal de Brasil parece concluir para satisfacción del juez Sérgio Moro y el golpista Michel Temer. Aún sin secarse la tinta del acta de condena del Supremo Tribunal Federal, el letrado cursó orden para que el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva fuera encarcelado.
Moro y Temer conjuraban así, según su creencia y ánimo, el peligro de un retorno del presidente metalúrgico al Palacio de Planalto, sede del ejecutivo en Brasilia.
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El movimiento de masas que ‘amenaza’ a Israel


Isabel Pérez

En Palestina un nuevo movimiento pacifista y asambleario trata de abrirse paso en medio de los ataques de Israel y los intentos de Hamas por tomar el control de esta iniciativa.
No es difícil desmantelar en trozos inservibles la narrativa oficialista israelí que muestra a los y las manifestantes de la franja de Gaza como terroristas que merecían morir al protestar en la Línea Verde el pasado 30 de marzo, Día de la Tierra Palestina.
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España entra en guerra en Oriente Medio


Cristóbal Orellana González, de Ecologistas en Acción-Andalucía y de la Red Antimilitarista y Noviolenta de Andalucía (R.A.N.A.)

España va a posicionarse definitivamente respecto a los conflictos armados que mantienen en Oriente Medio distintos países que están enfrentándose por ejemplo en el escenario bélico sirio. Y lo va a hacer implicándose en estas guerras del modo más directo y descarado: fabricando armas para uno de los contendientes, en este caso para Arabia Saudí:
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Las alianzas del Vaticano con Washington son obstáculos a la catolicidad


Óscar Fortin

Vaticano
Lo que esta pasando en América latina confirma, de forma no equivocada, la dependencia de las instituciones episcopales y del estado Vaticano a los intereses de Washington.> En los países, sometidos a la voluntad de Washington, los episcopados se hacen discretos y silenciosos sobre los crímenes y injusticias que se cometen en contra de los derechos humanos.
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Presupuestos 2018: más dinero para Defensa, Policía y Guardia Civil y demagogia sobre las pensiones


Clara Mallo

La Izquierda Diario
El Gobierno ha presentado los presupuestos 2018. El mayor aumento es para Defensa (10,7%) y para la Policía Nacional y Guardia Civil (6,4%) mientras que el aumento de las pensiones es ridículo.
El ministro de Hacienda Cristóbal Montoro ha presentado esta semana en el Congreso los Presupuestos Generales del Estado para 2018 con un gasto total de 327.955 millones de euros, de los cuales las Administraciones Territoriales recibirán un total de 123.250 millones. Los presupuestos de 2018 aumentan un 3% más respecto al año y lo hacen sobretodo en defensa y represión del Estado.
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Francisco condena el ataque químico en Siria en el que murieron 40 personas


Papa Francisco7
“NADA PUEDE JUSTIFICAR TALES INSTRUMENTOS DE EXTERMINIO”
“Recemos para que los responsables políticos y militares elijan el otro camino, el de la negociación”
El Papa condenó este domingo el uso de “instrumentos de exterminio contra la población” en la guerra de Siria, después de que varias ONG en la zona denunciaran que decenas de personas murieron ayer por un ataque químico en Duma, último bastión rebelde a las afueras de Damasco.
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domingo, 8 de abril de 2018

LOS TEXTOS DE LA IGLESIA SON ININTELIGIBLES PARA LA INMENSA MAYORÍA DE CREYENTES


col elzo

Guillaume Cuchet es profesor de historia contemporánea en la universidad de Paris-Est-Creteil. Este libro ("Comment notre monde a cessé d'être chrétien. Anatomie d'un effondrement". Ed du Seuil, Paris, febrero de 2018) impacta por la erudición que muestra el autor, con conocimiento de casi todos, si no todos, los estudios socio-religiosos de Francia hasta el Concilio Vaticano II. Así como por los medios de los que dispuso para redactar su libro. Pura envidia, lo admito.
El libro se centra en Francia, pero muchas de sus realidades son aplicables entre nosotros.
Datos para Francia
Si hacia 1965 el 94 % de la población francesa estaba bautizada y el 25 % iban a misa todos los domingos, en la actualidad solamente el 2% va a misa (y la mayoría de edad avanzada) y no pasa del 30 % los menores de 7 años que están bautizados.
Una iglesia conservadora, de gente mayor, y de derechas. Los católicos de izquierda ("les cathos de gauche", de hace dos o tres décadas) han desaparecido en la iglesia, o son una minoría muy minoritaria en medios urbanos e intelectuales, con casi nula capacidad de influencia social. Están ahora, secularizados, en las ONGs progresistas o en partidos claramente de izquierdas o verdes.
Su tesis de fondo: Más allá de mayo del 68 (fuera de la iglesia) y de Humanae Vitae (dentro de la Iglesia, el mismo año 1968, el 25 de julio), el Concilio Vaticano II, desencadena (más que impulsa o genera) el desplome del cristianismo en Francia. El año 1965 sería el año de inflexión.
Pero el tema viene de lejos. Desde la revolución francesa, dice Cuchet. Desde la Ilustración, digo yo. En mi opinión el tema de fondo es el derrumbe, no tanto del cristianismo, sino del Estado de cristiandad.
Chuchet apunta varias causas, razones o motivos de este derrumbe que yo completo con ideas propias.
En las páginas que siguen, en su mayor parte sigo el trabajo de Cuchet pero me permito, aquí y allá, insertar mis propias ideas o comentarios al texto y reflexiones de Cuchet. Distingo, por mi cuenta, argumentos extra-eclesiales e intra-eclesiales. A veces telegráficamente, a veces con cierta extensión, pero siempre breve. Habrá algunas, pocas, pero centrales, ideas repetidas.
1. Algunos factores socio culturales, más allá de la evolución interna de la Iglesia Católica
Las consecuencias de la Revolución Francesa. Marca la cartografía socio religiosa francesa todavía hoy en día.
La lectura de la ciencia como respuesta valida a determinadas prácticas religiosas (las rogativas) con efecto de arrastre a otras cuestiones.
Una sociedad que está terminando de salir del estado de cristiandad. Una sociedad que se dice secular (pero secular, añado yo, de lo religioso cristiano, pues aceptando otras sacralidades: políticas, deportivas, vestimentarias, alimenticias...).
En Francia al menos, (y creo que en España también) antes del Vaticano II se vivió el boom demográfico lo que hizo que, en los años del Concilio y hasta una década después en España, hubiera más niños y menores que hacía difícil percibir la caída de la práctica religiosa.
La transmisión en general, luego también la familiar en particular ha cambiado: se aplaude la moral autónoma sobre la heterónoma, incluso familiar (en el terreno religioso particularmente).
Transformaciones en las uniones familiares: del matrimonio canónico a las parejas de hecho.
Las relaciones sexuales más allá de la reproducción. Reivindicación del eros, por sí mismo.
Es capital tener en cuenta las diferencias socioculturales en general y socio-religiosas en particular a la hora de abordar la evolución de la religiosidad de la gente. Euskadi no es Andalucía, ni Oyarzun Irún.
Más allá de la infravaloración de la práctica religiosa por parte de determinadas corrientes en alza en la Iglesia católica dominante en los años del Concilio, también cambió la significación social y sociológica de la práctica religiosa. Básicamente, es mi hipótesis de fondo, porque se está dejando atrás el estado de cristiandad y se avanza, resueltamente hacia la era secular que diría Charles Taylor.
En ámbitos sociológicos, en muchos lugares de España y Francia, se hable del catolicismo sociológico, un catolicismo de herencia histórica, correspondiente a un momento en el que se era "naturalmente" católico.
En la sociología francesa, pensando en Europa Occidental en general y en Francia más en particular, suelen distinguir tres momentos en los cambios socioculturales después de la segunda guerra mundial (no quiero repentizar aquí, ahora, algo similar para España o Euskadi):
- 1945-1949, la reconstrucción en la inmediata postguerra
- 1950- 1960, modernización de los países
- De 1960 en adelante el gran cambio cultural con un punto álgido, en Francia, en mayo de 1968
2. Algunos factores socio culturales que contribuyeron, directamente, a la mutación socio-religiosa
El final de las reservas de la ruralidad religiosa por el éxodo hacia las ciudades. La religión católica, a diferencia de la protestante, es una religión de masas, comunitaria.
La caída de la natalidad, también, entre los católicos practicantes. En este aspecto me parece esencial recordar el papel clave, fundamental a mi juicio, que supuso la generalización de la píldora anticonceptiva que hacía, por primera vez en la historia de la humanidad, a la mujer dueña de la procreación. Que coincidiera, en el tiempo, con Humanae Vitae fue devastador para la Iglesia Católica.
Los efectos de la inmigración, aunque no suficientemente estudiados, han tenido consecuencias para los inmigrantes (a menudo con convicciones diferentes en la segunda generación y tercera generación de inmigrantes respecto de la primera) y en los países de acogida que, en principio, los recibían con recelo, pero no podían no preguntarse por el ardor religioso de algunos de los inmigrantes. El pluralismo religioso era más que una teoría: una realidad cotidiana, como insiste Peter Berger.
Estadísticamente se da una concomitancia entre el auge de la televisión en las familias y el desmoronamiento de la practica social de la religión. Algo similar cabe decir también del aumento del parque automovilístico y los desplazamientos de fin de semana y el desplome de la práctica religiosa. Pero de ahí no cabe concluir en una relación de causalidad pura. Veamos.
En el caso de la televisión, en Francia, ya desde los años 60, en un canal mayoritario (A2), las mañanas de los domingos estaban reservadas a las confesiones religiosas: judaísmo, iglesias de la reforma y la Iglesia católica con una misa mayor a las 11.00 que se podía presentar como "la primera parroquia de Francia" que logró "recuperar a una parte del público practicante desestabilizado por las transformaciones post-conciliares" a decir de Cuchet (p. 157), aunque no tengo el recuerdo de que esas celebraciones televisadas fueran pre-conciliares, en absoluto. Pero si es cierto que la misa era seguida, casi exclusivamente, por personas enfermas o de edad avanzada. Ya se había producido el desenganche de los más jóvenes.
La idea del derrumbe de la práctica dominical, en razón del auge del parque automovilístico y de los desplazamientos de fin de semana, fue sostenida durante un tiempo por el inmenso estudioso del fenómeno socio-religioso en Francia, el canónigo Boulard, heredero del pionero en estas lides, Gabriel Le Bras.
La influencia de estos dos estudiosos traspasó los límites de Francia. Recuerdo haberlos estudiado en Lovaina de la mano de Jean Remy, entre otros, que publicó un libro importante junto a Boulard. Pero la tesis de la correlación entre el auge de los desplazamientos de fin de semana con el derrumbe de la práctica religiosa dominical sufre un mentís rotundo al constatar que no son las clases pudientes, las que en mayor proporción pudieron comprarse un coche y utilizarlo para el recreo de los fines de semana, quienes en mayor proporción abandonaron la práctica religiosa dominical. (No continuo aquí en las correlaciones entre clase social y práctica religiosa, que me llevaría demasiado espacio. Baste decir que estas correlaciones varían en razón del lugar considerado y del transcurso del tiempo).
3. Algunos factores internos a la propia Iglesia (de forma telegráfica)
Una iglesia elitista cuando todavía era rural. Minusvaloración de la religiosidad popular. La gente sencilla, sin estudios, no se reconoce en la iglesia post-conciliar.
Un Iglesia marcadamente clerical y masculina, aun diciendo valorar al laico y a la mujer.
Infravaloración, por parte de la Iglesia, de las prácticas religiosas y de la dimensión cultual de lo religioso, tras el Vaticano II: la misa y la confesión, de entrada: no hace falta ir a misa para ser un buen cristiano, ni pasar por el confesonario. Después, de forma sorpresiva, no pensada ni querida, y sin solución de continuidad, caída del matrimonio religioso y del bautismo. Ahora ya los funerales: el último bastión.
Una teología y unos lenguajes de otros tiempos y contextos. Hoy obsoletos. Un Credo del siglo IV. Salmos de hace treinta y más siglos. Textos ininteligibles para la inmensa mayoría de creyentes.
Dificultad de la generación del Concilio Vaticano II en admitir que, al menos cronológicamente, haya coincidido con la caída espectacular de las prácticas religiosas. Además, admitirlo supondría dar la razón a la rama más conservadora y tradicional de la Iglesia que había quedado en minoría en el Vaticano II.
En algunos sectores y en algunos momentos en la Iglesia se vivía, como una necesidad, de ocultación o, al menos, de no excesiva visibilización de la matriz cristiana de determinadas obras, en cuya fuente u origen estaba la Iglesia. Lo viví el año 1986 en el Congreso Mundial Vasco, en la sección de drogodependencias, cuando un periodista nos preguntó por qué ocultábamos que "Proyecto Hombre" había venido a Gipuzkoa de la mano de la Iglesia, "Proyecto Hombre" donde, en su cuna en Italia, estaba la figura de un sacerdote. La argumentación era doble: la Iglesia no buscaba colgarse medallas, y, sobre todo, en las obras de la iglesia no se hacía acepción de personas. Además, visibilizar la marca iglesia en Proyecto Hombre podría retraer a posibles drogodependientes no creyentes.
Este rasgo de ocultación, de retraimiento se ha manifestado también en la dificultad para muchas personas de manifestar públicamente sus convicciones religiosas o, más simplemente, de ser tenido por católico. Todavía hoy en día, para muchos creyentes, es más fácil decirse cristiano que católico. Por muchas razones o motivos. Su connotación de retrogrado, en gran parte. Por considerar que se trata de algo íntimo y personal que no debe por qué tener visibilidad social, aunque habrá menos dificultad, o ninguna dificultad en decirse nacionalista (según donde), de izquierdas, progresista etc., etc. En otras palabras, ser católico no está en el aire del tiempo.
4. Primer avance de elementos para una hipótesis global
Durante los años del Concilio Vaticano II, los años anteriores y los inmediatos posteriores, en el interior de la Iglesia se impuso un modelo, digamos progresista, sobre otro minoritario, tradicional que se reflejó también en los propios documentos conciliares. La Iglesia estaba en ebullición, con planteamientos enfrentados. En pocos años se produce, en la cúspide de la Iglesia, un cambio radical: una serie de teólogos y pensadores católicos que habían tenido dificultades con el Santo Oficio, de pronto, se vieron reconocidos y aparecieron en Roma, durante el Concilio, como grandes asesores y redactores de algunos de los documentos que después refrendarían los obispos en el Aula Conciliar con sus votaciones.
En gran parte del catolicismo pensante de matriz progresista se vivieron aquellos años con auténtica efervescencia. Se miraba el futuro con esperanza. Se esperaba un renacer de la Iglesia y de su presencia en el mundo. Pero muy pronto, coincidiendo con la conclusión del Concilio, en 1965, se produce de forma brusca un cambio importante, una ruptura sobre lo de siempre que, sin embargo, cuesta ver, pues apunta a cambios imprevistos. Más todavía, a cambios en el sentido contrario a los previsto antes del inicio del Concilio. Algunas notas de esa ruptura serían las siguientes:
La caída en picado de las prácticas religiosas, particularmente de la eucaristía y de la confesión individual (aun me veo yendo de la escuela a la iglesia, todos a una, a confesarnos los primeros jueves de mes, de preferencia con D. Pedro, de avanzada edad, algo sordo, breve en sus prédicas y benévolo con la penitencia).
Cambios en la piedad: las novenas, las adoraciones al santísimo, los primeros viernes de mes (no puedo olvidar la iglesia llena de jóvenes en la misa de las 8.30 de la mañana en mi parroquia de Beasain), las imágenes de santos circulando de casa en casa, el rezo del rosario en familia y un largo etcétera, desaparecieron de la noche a la mañana quedando como residuos de tiempos pasados en algunos centros, como excepciones de otro modo de ver la piedad.
Cambios en las creencias religiosas empezando por la idea misma de Dios. Pasar del Jaungoikoa (El Señor de arriba) que todo lo ve, y todo lo juzga, al Dios de Jesus, amigo de los excluidos, azote de los poderosos, es un salto que no se da sin más ni más. Añádase el trastueque total que se ha vivido con el imaginario del más allá.
La reforma de la liturgia. La desaparición del latín en la misa, celebrada de cara al público, sin boato alguno (desaparecen las campanillas, no se eleva la casulla al sacerdote cuando se arrodilla en la consagración, el incensario prácticamente desaparece, la comunión se hace mayoritariamente en la mano, etc., etc.,) modifican la antropología y la psicología religiosa del creyente. Una cierta aura del más allá, de lo radicalmente otro, se difumina, quedando una celebración más pedestre, más terrenal.
La dimensión mistérica de lo religioso queda suplantada por encuentros dominicales en los que lo racional impera sobre lo emocional. Esto último fue particularmente llamativo en la suplantación de cánticos populares, ciertamente de teología del siglo XIX, con modernas composiciones que no llegaban al corazón de los fieles. Cabría también hacer un inciso al intento de misas con guitarras, flautines etc., en un intento de animar a los más jóvenes a participar en las celebraciones dominicales.
Pero, quizá más importante todavía que la reforma litúrgica, sostiene Cuchet, la primera que se aplicó tras el Concilio, es el texto de Dignitatis Humanae, el documento sobre la libertad de la conciencia también en la dimensión religiosa que se promulgó en diciembre de 1965. Fue leído por no pocos cristianos como una autorización oficial a remitirse al juicio de su propia conciencia en materia de creencias, de comportamientos y de prácticas. El teólogo Louis Bouyer resumió esta situación diciendo el año 1968 "cada cual no cree, no practica más que lo que parece" ("...plus que ce qui lui chante").
La insistencia en la primacía de la conciencia personal (nada nuevo en realidad en la teología, pero rara vez mentada, y cuando lo era se le añadía el calificativo de la "recta" conciencia, o de la conciencia "rectamente" formada), conllevaba un aumento o una insistencia en las condiciones requeridas a los fieles para acceder a determinadas prácticas religiosas. Así en el caso de la comunión solemne, antes de reconvertirse en la confirmación, ya en plena adolescencia. Se pretendía que no se limitara a un acto social, sino que hubiera un mínimo interés, o atisbo religioso, del menor y de los padres. Algo similar sucedería, inmediatamente con el bautismo y, cuarenta años después, con las bodas religiosas.
Al exigir más condiciones intrínsecas a la propia fe, y cierta renuencia al carácter festivo o familiar del acto religioso (primero en la comunión solemne, después en el bautismo y en las bodas), potenciando ceremonias más austeras, aceleró el desenganche de la práctica religiosa. No puedo no recordar cómo, en ámbitos y contextos en los que la fe religiosa había desaparecido, al menos formal y exteriormente (pienso en colectivos de refugiados vascos en Lovaina a finales de los años 60) se mantenía la ceremonia religiosa para satisfacer a miembros de la familia que ya padecían la separación, lejanía y más cosas de algunos de sus miembros. Recuerdo conversaciones en este sentido con sacerdotes vascos y no vascos en Lovaina.
En el caso del bautismo, tengo viva en la memoria, la idea dominante en la sociedad y secundada por algunos clérigos, de posponerlo al momento en que la persona (el bebé en realidad) fuera adulto y decidiera con arreglo a su propia conciencia. Este planteamiento se trasladó, al mismo tiempo, a la enseñanza religiosa escolar (y no hemos salido de ahí, con algunos cambios argumentativos, a tener en cuenta) e, incluso, en la transmisión de la fe.
En todo caso, esta línea de pensamiento sigue muy presente en nuestros días y, en determinados ámbitos muy influyentes, ha conducido a una pedagogía que exigía dejar al educando libre de toda transmisión de valores (no solamente los religiosos) por parte de los adultos a los menores. Así la escuela de Summerhill o cierta lectura de la misma, de hecho tuvo y sigue teniendo, gran influencia entre nosotros.
Primacía de la conciencia individual, exigencias ante los sacramentos, minusvaloración de la práctica religiosa en detrimento de una vida más justa y concienciada con un comportamiento en favor de los más desfavorecidos condujeron a estos resultados:
Salida de la cultura de la práctica religiosa: de la misa dominical de entrada
Otra concepción de la autoridad. Ahora esta radica en la propia conciencia individual. Lo que diga la jerarquía o los curas queda relegado a un segundo, muy segundo, plano. Lo mismo sucede con la autoridad de los padres quienes, además, se sienten deslegitimados para trasmitir la fe. (Renglón aparte exigiría la pérdida de la madre como principal agente de socialización religiosa en la familia)
La gente sencilla, sin hábito de pensar demasiado estas cosas, se siente perdida. Obedecer da seguridad. Incluso libertad si se decide bien a quién, y en qué contextos, obedecer, para no caer en la tiranía de la mayoría, (Tocqueville y Arendt).
La insistencia en la ortopraxis (más allá de la ortodoxia) hacia los más necesitados y marginados (prostitutas, ladrones de pequeña monta, presos, obreros, despedidos etc., etc.) ahuyentó también a gran parte de la feligresía habitual, conformada mayoritariamente por feligreses de clase "media", en los sub-colectivos de clase "media alta", "media media" y "media baja", según las parroquias. Feligreses que acabaron no reconociéndose en las prédicas, o más aun, sintiéndose molestos, pues interpelados por las mismas. Pues ese era el objetivo de tales prédicas: sacar a los fieles del "ron ron" adormecedor de una vida cuyo objetivo era vivirla con cierto desahogo y expansión, tras años de trabajo
Estas prédicas no han desaparecido en absoluto. Siguen siendo habituales en nuestros días. La predicación es, frecuentemente, un aguijón moral, una exhortación a mejorar en los comportamientos solidarios con los más necesitados o, descartados en terminología bergogliana, más que una profundización en el kerigma o una muestra de misterio divino. La prédica es moralista. Así, la iglesia ha perdido a gran parte de la clase media. Y a los cristianos tibios. (El documento presinodal del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes que tendrá lugar en octubre de 2018, dado a conocer el 24 de marzo de 2018, lleva este significativo titular "Queremos una Iglesia menos moralista, que admita sus errores").
No se olvide que todo esto sucede en un momento en el que la sociedad deja de ser rural, de forma casi total, para hacerse urbana y de grandes o medias ciudades. Básicamente en torno a la costa. Con lo que supone de desarraigo de hábitos ancestrales y de controles sociales.
La transmisión en la familia era muy grande. Según Cuchet, del 100% cuando, tanto el padre como la madre, eran practicantes en la sociedad anterior a la década de los sesenta del siglo pasado.
En Francia, el desenganche se habría producido en torno al año 1965, luego antes de mayo del 68 y de Humanae Vitae de julio de ese mismo año 1968. Coincide sí, con el Concilio, pero no es causado por el Concilio (finalizó en diciembre de 1965), aunque, lo repetimos, según Cuchet el Concilio fue el desencadenante ("declencher", es el término que utiliza Cuchet) de un movimiento que venía de tiempo atrás.
Cuchet insiste en el aumento de la escolaridad en los menores y adolescentes, en el desenganche de la significación social de la práctica religiosa, tal suerte que, en algún momento, estos menores y adolescentes, tienen unos conocimientos adquiridos e incluso un ejercicio de reflexión que puede superar el nivel de conocimiento de sus padres, que, básicamente, se fundamente en la experiencia.
Es la disputa entre un saber experiencial con una autoridad natural (más cercana a la "potestas" que a la "auctoritas") frente a un saber adquirido en la escuela principalmente, en un contexto en el que ya se apunta a la primacía de la moral autónoma (autoconstruida) sobre la heterónoma (recibida a través de los mayores). Este cambio es tan rápido en los años 60 que, en el seno de una misma familia, todavía con cuatro, cinco o más hijos, el menor se verá menos coaccionado por sus padres para ir misa que los hijos mayores, dirá Cuchet. (No puedo no avalar su apunte pues yo mismo lo he vivido en mi familia con mis hermanos). Este fenómeno es uno de los factores que explican el radical desenganche de los jóvenes.
5. Tres cuestiones que plantea Cuchet en los últimos capítulos del libro
Me limito a señalarlos sin más. Los traigo aquí con mis propias palabras:
Subrayar la evolución no lineal de las practicas religiosas desde la Revolución Francesa hasta nuestros días y con ella la curva de las ordenaciones sacerdotales. (Permítaseme el desahogo de señalar que el año 2004 publiqué un trabajo "Jóvenes Españoles y Vocación" de 250 páginas, del que me pregunto si alguien lo ha leído).
En Francia se produce un leve descenso continuado (hasta el punto de inflexión de 1965), pero con momentos de reflujo y de auge, tanto de la practica religiosa como de las ordenaciones, para sorpresa de algunos como Renan. Vale la pena detenerse también en los comentarios al respecto de Tocqueville, Montalembert, ... En España a finales del siglo pasado, Ignacio Sotelo, entre otros, apuntaba lo mismo.
La caída en picado del sacramento de la penitencia. ¿Causas o motivos?
El elemento desencadenante sería, de nuevo, la caída de la práctica religiosa y de su lectura social
El silencio de la Iglesia sobre el "más allá"
La desconexión entre la confesión y la comunión
La cuestión de la contracepción
El cansancio de los curas jóvenes
La secularización de muchos curas y religiosos vistos por algunos como una desafección en momentos de gran turbulencia religiosa con Vaticano II
¿En que consiste la salvación cuando el cielo y el infierno (ya desaparecidos el limbo y el purgatorio) no son espacios físicos sino estados de espíritu de mayor o menor cercanía de un Dios al que nadie ha visto jamás, Juan 1, 18?

sábado, 7 de abril de 2018

Principios teológicos para un equilibrio entre los géneros

Leonardo Boff 



A pesar de las contradicciones internas de las fuentes judeocristianas acerca del hombre y de la mujer, bien conocidas, queremos recoger algunos principios positivos que refuerzan la lucha histórica de los hombres y de las mujeres hacia un equilibrio de los géneros.
a) Igualdad originaria entre hombre y mujer
Este principio está clarísimo en la primera página de la Biblia, en el libro del Génesis: "Dios creó al ser humano a su imagen, macho y hembra los creó" (1,27). En el segundo Testamento, centrado en la figura de Cristo se dice: "no hay hombre ni mujer, todos son uno en Cristo Jesús" (Gal 3,28).
b) Diferencia y reciprocidad entre hombre y mujer
Dentro de la igualdad de origen, se instaura la diferencia, entendida como apertura del uno al otro, es decir, como reciprocidad. El relato más arcaico del Génesis (2,18-23), de tendencia general fuertemente masculinizante, acentúa esa reciprocidad. Eva, aunque sacada de la costilla (lado) de Adán, es presentada no como la mujer con quien éste va a tener hijos, ni como sierva de la casa, sino como su vis-à-vis e interlocutora. El modismo hebreo para expresar esa mutualidad viene expresado por las palabras de Adán: "he aquí alguien que es hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gn 2,24). El mismo Pablo podía expresar así la reciprocidad: "el marido cumpla el deber conyugal para con la mujer y, igualmente, la mujer para con su marido" (1Cor 7,4).
c) Hombre y mujer, caminos hacia Dios.
Si el hombre y la mujer son imagen y semejanza de Dios significa que Dios puede ser encontrado en ellos. Profundizando el conocimiento de lo humano, masculino y femenino, sorprendemos a Dios cuya naturaleza presenta las cualidades positivas de los principios masculino y femenino.
En términos rigurosos de la teología, cuando decimos Dios-Padre no decimos una cosa diferente a cuando decimos Dios-Madre. Por padre y madre pretendemos expresar teológicamente que la vida y la creación entera tienen su origen en Dios y se encuentran siempre bajo el cuidado y providencia amorosa de Dios. Esto puede ser perfectamente expresado por la categoría padre o madre. Por lo tanto, tenemos siempre un camino abierto hacia Dios, por la vía de lo masculino y por la vía de lo femenino. Disminuyendo el valor de la mujer tenemos una imagen distorsionada de Dios. Si nos limitamos exclusivamente al hombre encontramos no un padre amoroso sino un juez justiciero. Destruyendo lo humano perdemos a Dios. Perdiendo a Dios, perdemos el sentido último de todas las cosas.
d) Hombre y mujer, caminos de Dios.
La imagen (ser humano) remite al modelo (Dios). Si Dios mismo tiene dimensiones masculinas y femeninas, es porque bajo esa forma Él se ha revelado y autocomunicado en la historia. Emerge como una energía creadora primordial, como el padre que acompaña y protege o como la madre que cuida y consuela, madre que no puede olvidar al hijo de sus entrañas (Is 49,15, Sal 25,6, 116), y que, al término de la historia, como la grande y generosa Magna Mater enjugará nuestras lágrimas, cansados de tanto llorar por los absurdos que no entendemos (Ap 21,4). Lo femenino y lo masculino son caminos de Dios hacianosotros.
Hay todavía una manera de nombrar a Dios en el cristianismo que es en forma de Trinidad de divinas Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las Personas significan relaciones de reciprocidad, de comunión, de mutualidad, de inclusión, en una palabra, de amor. Dios emerge como un juego de energías originarias y eternas que sólo existen en la medida en que coexisten, son una para la otra, con la otra, por la otra y jamás sin la otra. Ninguna de ella puede ser tomada en sí sin las otras. Donde está una están simultáneamente las otras. Es lo que la teología llama pericóresis, vale decir, la inter-retro-relación e interpenetración de las Personas divinas entre sí. Ya no es el monoteísmo de los judíos y musulmanes, pre-trinitario. Es el monoteísmo trinitario cristiano. Él funda otro tipo de unidad divina, no dada previamente, sino construyéndose siempremediante el juego de las reciprocidades e inclusiones. Por eso decimos que la esencia íntima de Dios no es la soledad del Uno sino la comunión de tres Únicos (el único no se suma) que mediante su relación recíproca se unifican en un único Dios-amor-relación.
A nivel existencial cuando decimos Trinidad, en el fondo queremos decir: al Dios que está por encima de nosotros lo llamamos Padre, al Dios que está a nuestro lado lo llamamos Hijo y al Dios que está dentro de nosotros lo llamamos Espíritu Santo. No son tres dioses (porque cada Persona es única y por eso no puede ser sumada), es el único y el mismo Dios que, a nivel existencial, se revela así y así es experimentado.
Por haber en Dios diversidad y unidad, su imagen en el mundo, el hombre y la mujer, serán también diversos y unos, siendo imposible pensar lo femenino sin lo masculino y lo masculino sin lo femenino.
e) Hombre y mujer en Dios

Por más que estén firmemente imbricados uno en el otro y se busquen insaciablemente, el hombre y la mujer no encuentran la respuesta a su vacío abisal en esa relación recíproca. En ellos hay un vacío infinito que sólo el Infinito de Dios puede llenar. Ambos, pues, son llamados a auto-trascenderse en dirección al Infinito que los puede realmente saciar. En Él descansan y se pierden hacia el infinito Amor y la radical Ternura. Es la patria y el hogar de la completa identidad y de la total realización. Lo femenino encontrará lo Femenino fontal y lo masculino lo Masculino abismal. Se dará lo que todos los mitos narran y todos los místicos testimonian: los esponsales definitivos, la fiesta eterna, la fusión del amado y de la amada en el Amado y la Amada transformados, según la expresión de San Juan de la Cruz.