FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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sábado, 27 de abril de 2013

Permítanos tres reflexiones, monseñor Amelia Sánchez

En el preciso momento en que el pasado lunes 15 de abril, el Presidente del Gobierno, obsequiaba al Obispo de Roma con la entrega de la camiseta de la “Roja”, por cierto, será por lo de la “Marca España”; en Madrid, Monseñor Rouco Varela abría la asamblea plenaria de los obispos españoles, mostrando su descontento con el Gobierno, por su supuesta indolencia para resolver las cuestiones del aborto. “No es fácil entender que todavía no se cuente ni siquiera con un anteproyecto de Ley que permita una protección eficaz del derecho a la vida de aquellos seres humanos inocentes… sangrante problema social que está teniendo efectos palpables en la demografía. España envejece y se debilita”.
Del matrimonio entre parejas del mismo sexo, que atañe, dijo: “a la estructuración básica de la vida social. Se trata de proteger adecuadamente un derecho tan básico de los niños como es el de tener una clara relación de filiación con un padre y una madre, o el de ser educados con seguridad jurídica como futuros esposos o esposas. “
De la formación ética y religiosa,” demasiado permeable al relativismo y la ideología de género “.
Permítanos solo tres reflexiones a sus palabras, Monseñor.
En primer lugar, que consideramos que está en su perfecto derecho de hacer tales manifestaciones, a título personal, o en representación de la Conferencia Episcopal si es el caso, y no solo eso, sino que también lo está en pedir al Gobierno, con todos los medios que le otorga el estado de derecho, la plasmación de lo que pide en el papel del B.O.E. ¡Faltaría más! Puede hacerlo al igual que cualquier ciudadano o cualquier otro grupo, puede pedir lo contrario.
Ahora bien, Monseñor, lo que no debe olvidar, es que la modulación de la estructura jurídica del estado de derecho, corresponde en exclusiva al poder civil, mediante las leyes que elabora o convalida el parlamento como expresión de la voluntad general de la ciudadanía, nunca al poder religioso, expresión de una parte de esa ciudadanía. Ya sabe, aquello de “A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”.
Por último Monseñor, nos gustaría oírle a Vd., y en general a la jerarquía de la Iglesia Católica (alguna excepción sí que hay), un discurso claro y alto y una denuncia profética ante determinadas actuaciones del poder civil, que entendemos dañan brutalmente, a esos niños, a esas familias y en general a los más desprotegidos de la sociedad.
Pongamos unos ejemplos:
¿Por qué no dijo nada, cuando se les retiró el pasado año “la tarjeta sanitaria”, a los 150.000 sin papeles, o inmigrantes “irregulares”, que quedaron fuera del sistema sanitario común, salvo en determinadas situaciones o urgencia?
¿Por qué no se oye su rotunda voz, ni en general la de la jerarquía, cuando según la última E.P.A., el número de los desempleados bordea los seis millones de personas, de las que más de 2.600.000 no perciben ninguna prestación, y mas de 1.800.000, perciben un subsidio de 426 € mensuales o los 400 € del Plan Prepara?
¿Por qué no hemos oído una sola palabra cuando la reforma laboral de febrero de 2.012, posibilita el despido de trabajadores a través de un E.R.E., sin necesidad de autorización administrativa, conlleva el riesgo de desaparición del convenio colectivo, establece contratos indefinidos con un período de prueba de un año, y su resultado es que ha generado una subida en el número de parados, de 380.000 en un solo año?
¿Dónde está la defensa de los jóvenes, cuando el desempleo entre dicho colectivo supera el 55% de su población y muchos de ellos ya han tenido que emprender el camino de la emigración, a Inglaterra, Alemania, Países Nórdicos, Arabia Saudita, Emiratos árabes…?
¿Y cuando ya, esos hogares, que tienen a todos sus miembros activos en desempleo, son más de 1.750.000? ¿Por qué este sangrante silencio?
¿Y cuando tenemos el 27% de los ciudadanos del estado viviendo por debajo del umbral de la pobreza (menos de 7.300 € año) y también hay silencio…?
Qué poco se dice, por parte de de esa jerarquía eclesiástica, de todos los que han perdido su única vivienda como consecuencia de los desahucios.
Cuando a causa de la crisis el 25% de los niños españoles menores de de 16 años sufre malnutrición y sin embargo se quitan las becas comedor sabiendo que la dieta diaria en la escuela es la única garantía para muchas familias de alimentar de forma equilibrada a sus hijos ¿Tampoco esto merece una palabra de denuncia?
Cuando sabemos que el 30% de de los hijos de familias que subsisten con menos de 640€ al mes no consigue el graduado escolar. ¿Acaso no es tampoco momento adecuado para defender a los niños?
¿Acaso, todas las situaciones relatadas no son un atentado a la familia? ¿O el atentado a la familia, sigue pensando, Monseñor, que está en el matrimonio de personas del mismo sexo?
Ante estas situaciones y tantas otras que se están dando, también, queremos Monseñor, que alce su grave voz y diga de una vez por todas que un sistema económico que pone el beneficio de unos pocos por encima de la dignidad de las personas es inmoral, intrínsicamente malo, e incompatible con la moral cristiana, y que otra economía es posible y hay que emprender ya su búsqueda.
tonomeli@hotmail.com
VITORIA-GASTEIZ.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Fraude en el pensamiento económico dominante Vicenç Navarro, catedrático de ciencias políticas y sociales

Este artículo señala el fraude en el trabajo de investigación económica que ha tenido mayor influencia en los establishments financieros de la Unión Europea y de Estados Unidos en la configuración de sus políticas de austeridad y recortes de gasto.
La enorme y excesiva influencia de la industria farmacéutica en la cultura médica es un hecho ampliamente conocido que explica las medidas tomadas por la sociedad, a través de sus Estados, para proteger al ciudadano del impacto que tiene tal influencia en las prácticas prescriptivas de los médicos.
Así, los médicos deben indicar explícitamente si reciben dinero o no de las empresas farmacéuticas, exigencia que adquiere especial importancia cuando tales médicos y/o investigadores sanitarios publican artículos en revistas científicas, señalando el posible conflicto de intereses entre la objetividad científica que se espera de cualquier científico y los intereses económicos de la empresa farmacéutica que financia al investigador y que intenta beneficiarse del sesgo de trabajo científico de su investigación. El programa de la Sexta, Salvados, de Jordi Évole, detalló recientemente el peligro que tal influencia tiene para el ciudadano.
Pues bien, una situación casi idéntica ocurre en el conocimiento económico. La banca tiene una enorme y excesiva influencia en la comunidad académica y/o investigadora económica, pues es, de mucho, la entidad que financia más estudios, conferencias, revistas y encuentros económicos. En realidad, la cultura hegemónica económica está configurada en gran manera por la banca en España. La evidencia de ello es abrumadora.
Como resultado de ello, las creencias existentes en los mayores fórums económicos reflejan los intereses de la banca, aún cuando nunca se presente en estos términos. Se ha desarrollado en el conocimiento económico una narrativa que habla de la santidad de la estabilidad financiera, de la rectitud de la disciplina fiscal, de la urgencia e importancia de reducir el déficit y la deuda pública, y así un largo etcétera de creencias y ortodoxias basadas en fe y no en evidencia científica. Ni que decir tiene que la realización de tales principios favorece claramente los intereses de lo que se llama el capital financiero.
Esta influencia, por cierto, no requiere que sea directa. Es decir, no hace falta que el investigador esté financiado directamente por la banca o por las compañías de seguro o por los distintos componentes del capital financiero. Es suficiente para merecer la promoción de su investigación si ésta encaja dentro de la ideología generada y promovida por tales intereses, es decir, la ideología neoliberal. La creencia neoliberal, es distribuida por las enormes cajas de resonancia –las revistas y diarios supuestamente “serios” y “respetados”- que configuran la sabiduría convencional y que dependen en gran medida para su solvencia de los préstamos de la banca.
Un caso claro es el libro This time is different, de los economistas Reinhart y Rogoff, de Harvard University (cuando los autores escribieron el libro) y próximos al capital financiero. El libro y los artículos derivados de él han sido la Biblia del pensamiento neoliberal. Desconocidos por la gran mayoría de la población, sí que se conocen entre los economistas que tienen mayor visibilidad mediática (los “gurús” económicos que aparecen en la prensa y en la televisión), apareciendo los trabajos y el nombre de sus autores incluso en la prensa diaria en sus páginas económicas. Su influencia sobre la Troika europea, el BCE, el Consejo Europeo y el FMI, ha sido enorme. Y han sido explícitamente citados por el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, el neoliberal Olli Rehn.
La tesis de tales economistas, Reinhart y Rogoff, es que la deuda pública es una rémora para el crecimiento económico. Si un país se endeuda puede perjudicar su eficiencia económica. Naturalmente que endeudarse, como tal, es permisible. Pero es mejor –según tales autores- que no sea mucho. Dicen y escriben que si la deuda pública de un país es superior al 90% de su PIB tendrá problemas graves de crecimiento. En realidad, tales señores afirman que la crisis tan profunda que tenemos en los países de la Unión Europea y en EEUU es que todos ellos están sobre endeudados. Es decir, su deuda pública es mayor que el 90% de su PIB.
Y para probarlo, muestran un estudio econométrico que, según ellos, muestra, sin lugar a dudas, que el endeudamiento es la causa del bajo crecimiento y la recesión en los que están inmersos los países desarrollados. De ahí se derivan todas las políticas de austeridad que se están imponiendo por la Troika y por los gobiernos de los países de la Unión Europea.

El fraude en tal creencia
En un artículo reciente (“Las falsedades y los errores de la sabiduría económica convencional (SEC)”, Sistema. 12.04.13) he subrayado los enormes errores, cuando no falsedades, que tiene la tesis de que la deuda pública en estos países ha alcanzado un nivel insostenible. Pero valga expandir esta crítica, a raíz del libro citado anteriormente. Supongamos, por un momento, que hay una correlación estadística negativa entre el tamaño de la deuda (como porcentaje del PIB) por un dado, y el crecimiento económico por el otro. Es decir, que a mayor deuda pública menor crecimiento económico. Una correlación, sin embargo, no indica el sentido en tal correlación. Es decir, puede ser que la deuda pública alta sea la responsable del escaso crecimiento económico (como los autores del libro y el dogma neoliberal creen) o, al revés, podría ser que sea el escaso crecimiento económico el que determine el elevado nivel de deuda. En realidad, la evidencia científica a favor de lo último es robusta (estudios del Economic Policy Institute lo han mostrado claramente, www.epi.org).
Otro grave problema de la tesis neoliberal es que pone en la misma página a todo tipo de deuda pública, sean bonos públicos a corto plazo, sean a largo plazo. Y también ignora la propiedad de tal deuda, es decir, quien la posee. No es lo mismo que la deuda pública sea propiedad de instituciones públicas (como puede ser la Seguridad Social) o sea de un hedge fund.
Pero, además de estos fallos, acaba de verse en una crítica reciente que incluso los cálculos econométricos que tales economistas publican en su libro son erróneos, cuando no manipulados. El lenguaje matemático siempre impresiona al no economista como un lenguaje serio y creíble. De ahí el abuso de tal lenguaje en la literatura científica económica. Branko Milanovich, el economista que mejor conoce las desigualdades sociales en el mundo, ha mostrado los errores ideológicos que algunos gurús mediáticos neoliberales han hecho en sus estudios neoliberales mostrando sus sesgos ideológicos (ver http://econ.worldbank.org/external/default/main?authorMDK=91636&theSitePK=469372&pagePK=64214821&menuPK=64214916&piPK=64214942).
Este tipo de error (mejor definirlo como fraude) ha sido descubierto y denunciado por tres economistas de la Universidad de Massachussets, Tomás Hernández, Michael Asta y Robert Pollin, que han desmontado el aparato estadístico matemático sobre el cual se sostenían las conclusiones de Reinhart y Rogoff (“Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A critique of Reinhart and Rogoff”. Un resumen de tal artículo aparece en el Financial Times, Why Reinhart and Rogoff are wrong about austerity, 18.04.13). Reinhart and Rogoff habían analizado por muchos años la evolución del crecimiento económico en un gran número de países, de distinto nivel de deuda pública. Y de los países de elevada deuda (siete) no habían incluido el periodo de crecimiento de Nueva Zelanda, que al incluirlo, como han hecho los profesores de la Universidad de Massachussets, cambia significativamente la relación. Tales autores denuncian el sesgo sistemático del trabajo de Reinhart y Rogoff, que incluye errores de gran calado, incluso en los cálculos de su modelo matemático.
Dean Baker, Director del Center for Economic and Policy Research de Washington muestra las consecuencias que tal creencia, basada en este libro, ha tenido también en EEUU (“How Much Unemployment Did Reinhart and Rogoff’s Arithmetic Mistake Cause?”). El Partido Republicano, controlado por el Tea Party, utilizó tales autores como su guía intelectual para reducir la Seguridad Social, con el argumento de que tenía que reducirse la deuda pública, deuda pública que muchos autores hemos mostrado que no tiene ningún problema en EEUU.
Sin lugar a duda tales tipos de trabajo continuarán citándose en los medios donde se reproduce la sabiduría económica convencional. Ésta siempre ignora la crítica, sintiéndose inmune como consecuencia de la falta de diversidad de los medios que el capital financiero controla o domina ideológicamente.

Artículo publicado por Vicenç Navarro, 19 de abril de 2013

Giro en la causa del arzobispo de San Salvador, tras la de Pino Puglisi que será beatificado el 25 de mayo Nieves San Martín

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Según monseñor Paglia, podrían ser llevados a los altares juntos dos prelados, Tonino Bello y Óscar Romero
MADRID, 25 de abril de 2013 (Zenit.org) – El papa Francisco espera una rápida conclusión de la causa de beatificación de Óscar Arnulfo Romero, el arzobispo de San Salvador asesinado a tiros, mientras celebraba la misa en vísperas de la festividad de la Encarnación, el 24 de marzo de 1980, en un hospital de la capital del país centroamericano.
Eran años difíciles para el pequeño país, que ya había visto caer a otros misioneros y sacerdotes, sencillamente por decir la verdad: el jesuita Rutilio Grande, por ejemplo; y luego caerían, qué casualidad, también jesuitas como Ignacio Ellacuría, entre otros que permanecen en el olvido.
El arzobispo de San Salvador resume en su vida la de esos otros, demasiados, con vidas tronchadas por mandato de militares, cuya última voz en la cadena de mando muchas veces no se ha podido comprobar. En el vecino país de Guatemala, que sufrió un verdadero genocidio, se juzga ahora a un antiguo jefe de Estado, Ríos Montt, por crímenes contra la humanidad. Allí cayeron también humildes jesuitas no tan renombrados.
Muchos de estos casos, por los sentimientos políticos encontrados, se pudren en las gavetas de la investigación, y guardan polvo en cajones eclesiales. Pero, si la noticia es cierta, parece que al menos la causa del arzobispo ya beatificado por el pueblo, al que llaman “san Romero de América”, experimentará un giro.
El peligro es la mistificación que se da en algunos países entre cultos indígenas, manipulación política de algunos personajes, y uso indebido por parte de ideologías que está comprobado no compartieron figuras intachables como el arzobispo Romero. Esto ha hecho que esta causa, tan clara por otra parte, para quien haya leído las documentadas biografías sobre Óscar Romero, se atascara y lleve 33 años esperando. Ya fue un giro también que Juan Pablo II rezara ante su tumba, en su visita a El Salvador en 1996, gesto muy discutido que evidenciaba un cierto pentimento de la actitud vaticana hacia el arzobispo americano.
Ahora, el diario católico italiano Avvenire se hace eco de una noticia difundida por la agencia italiana ANSA. “La causa de beatificación –hizo saber el postulador, el arzobispo Vincenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo para la Familia- se ha desbloqueado”.
El anuncio lo hizo el prelado en Molfetta, Italia, a donde se trasladó con motivo de la celebración de los veinte años de la muerte de otro “santo del pueblo”, don Tonino Bello, el obispo presidente di Pax Christi, cuyo proceso de beatificación avanza, al parecer sin los obstáculos ideológicos del de Romero.
Monseñor Paglia dio la noticia de la reanudación de la causa al día siguiente de su encuentro con el papa Francisco, y auspició que los dos siervos de Dios puedan ser elevados conjuntamente al honor de los altares (Tonino Bello como confesor y Óscar Romero como mártir) porque “Jesús a los apóstoles los manda siempre de dos en dos”.
Monseñor Romero fue asesinado a los pocos días de decir, en su homilía dominical en la catedral, a los soldados de tropa, sobre todo, que ellos pertenecía al pueblo y que no debían disparar indicriminadamente contra sus hermanos inocentes, que esas eran órdenes injustas contra los mandamientos de Dios y no debían ser obedecidas.
La respuesta no se hizo esperar y unos cuantos sicarios, enviados por poderes militares, políticos y económicos, a medias identificados en las investigaciones, acabaron con la vida del arzobispo que ya sabía que se la jugaba. Como tantos otros agentes de pastoral, misioneros y misioneras, religiosos y religiosas, laicos y laicas que dieron su vida por la fe en los años terribles de la represión.
El diario italiano hace partir el giro en la causa de Romero de la coronada con éxito de Pino Puglisi, el parroco de Brancaccio, en la ciudad siciliana de Palermo, asesinado por orden de la mafia, que será proclamado beato el próximo 25 de mayo en la capital del sur italiano.
Afirma Avvenire que en el desbloqueo de la causa de Romero podría haber sido decisivo el testimonio, hecho en 2010 por el capitán Álvaro Rafael Saravia, el único condenado por la muerte del arzobispo Romero, cuyas palabras demuestran que el prelado fue “asesinado en odio a la fe”.
En el caso del padre Puglisi, un apóstol de la no violencia como Romero, que educaba y catequizaba a los niños para sustraerlos a las mafias de su barrio, el postulador ha sido el arzobispo de Catanzaro, monseñor Vincenzo Bertolone, que –concluye Avvenire–, con su intuición relativa al uso de las declaraciones del proceso penal de los asesinos, inspiró y abrió también una autopista para la causa del que tantos llaman popularmente “san Romero de América”.

Los que no se fían de Francisco José M. Castillo, teólogo

Lo que hace y lo que dice este papa está desconcertando tanto a tanta gente en la Iglesia, que cada día aumentan los que, por un motivo o por otro, no se fían de lo que están viendo y oyendo. Es lógico que haya quienes opinan que es pronto para dar un juicio, en el sentido de que estamos viviendo un cambio definitivo o, por el contrario, es pronto para opinar que no tardaremos en ver cómo todo sigue igual que antes.
Sea lo que sea y pase lo que pase, lo que no me parece razonable es ponerse ya a sentenciar que no tardaremos en ver que el fracaso de este papa – a primera vista tan innovador – está a la vuelta de la esquina. Y el hecho es que así piensan – y así lo dan a entender – más de dos y más de cuatro, por mucho que intenten disimularlo los que, no sólo no se fían del papa Francisco, sino que en realidad lo que desean intensamente es que se estrelle cuanto antes.
Lo notable es que quienes piensan y sienten estas cosas son los mismos que, hace cuatro días, no soportaban que alguien pusiera en cuestión lo que alguno de los papas anteriores había dicho desde la ventana del palacio apostólico ante la gente congregada en la plaza de San Pedro en Roma. Por lo menos, a partir del día que eligieron como papa a Pablo VI. Porque con Juan XXIII pasaba algo de lo que está pasando ahora con Francisco. Yo estaba entonces en Roma. Y no quiero acordarme de los disparates, y hasta los insultos, que los papistas más papistas del mundo le dedicaban al papa Roncallí. ¿Por qué semejantes insultos, entonces a Juan XXIII y ahora a Francisco, precisamente de parte de quienes se autoproclaman más papistas que el papa?
La respuesta es muy sencilla. Porque el amor al papa es una de las cosas más ambiguas que hay en el mundo. Como es ambigua la obediencia de los que se someten a todo el que les manda que digan y hagan lo que a ellos les gusta, lo que ellos piensan y lo que a ellos les conviene. Esto es antiguo en la Iglesia. Tan antiguo como la Iglesia misma.
Y es que el problema no está en el papa. El problema está en el Evangelio. Concretamente en los valores que presenta y exige Jesús en el Evangelio. Eso es lo que nos tiene que preocupar. Y en eso es en lo que todos los creyentes tenemos que coincidir. Sobre todo, en lo que es central en el Evangelio. Leyendo y releyendo los relatos, que nos dejaron los evangelistas, lo que está fuera de duda es que lo central para Jesús no fue la sumisión al templo y sus dirigentes.
Lo que más preocupó a Jesús fue el sufrimiento de los enfermos, el hambre de los pobres, el desamparo de los marginados y excluidos. Todo eso, vivido en la sencillez y simplicidad de un hombre bueno que acogió a todos, lo mismo a un revoltoso como Judas que a un entusiasta como Pedro. En la mesa de Jesús cabían todos. Y, que sepamos, a nadie excluyó, ya fueran justos o pecadores, hombres o mujeres, judíos, galileos o samaritanos.
¿No es esto lo que más necesitamos en la Iglesia ahora mismo? Y si el papa Francisco nos habla de Jesús y nos impulsa a vivir como vivió Jesús, ¿no es esto lo que más necesitamos todos y lo que más necesita la Iglesia? Los que no se fían de Francisco, por favor, que se pregunten por qué se preocupan tanto por lo que hace y dice este papa. ¿Por lo que hizo en tiempos ya pasados? ¿por lo que está haciendo ahora? ¿porque no les da seguridad? ¿en qué? ¿no tienen bastante con el Evangelio? Pues bien, si el papa Francisco nos enseña a vivir la sencillez y la bondad del Evangelio, ¿qué más queremos? ¿qué temores ocultos nos inquietan? ¿no estará el secreto de todo en que nos da miedo afrontar estas preguntas?
En cualquier caso, y sea el papa como sea, piense como piense, sea conservador o progresista, tenga la ideología que tenga, si el papa nos habla de los pobres, del sufrimiento de quienes peor lo están pasando, si nos exhorta a tener entrañas de bondad y de misericordia, si nos anima y nos ayuda unirnos en la defensa de la justicia y la igualdad, lo demás, todo lo demás, pasa a un segundo término. Porque, si es que el evangelio dice la verdad, a Dios lo encontramos en el que sufre (Mt 25, 31-46), no en el que coincide con mis preferencias políticas, ideológicas o quizás económicas. Por ahí, ciertamente el papa es libre para escoger lo que prefiera. En todo caso, que nos enseñe a vivir el Evangelio. Lo demás, que cada cual vea lo que más y mejor nos lleva a hacer este mundo más habitable y más humano

JOSÉ ANTONIO PAGOLA 28 ABRIL 2013


Hace algunos años, el prestigioso teólogo francés Joseph Moingt, en una de sus obras más conocidas, hacía esta afirmación central:«La gran revolución religiosa llevada a cabo por Jesús consiste en haber abierto a los hombres otra vía de acceso a Dios distinta de la de lo sagrado, la vía profana de la relación con el prójimo, la relación vivida como servicio al prójimo».
Este mensaje sustancial del cristianismo queda explícitamente confirmado en la revolucionaria parábola del juicio final. El relato evangélico es asombroso. Son declarados «benditos del Padre»los que han hecho el bien a los necesitados: hambrientos, extranjeros, desnudos, encarcelados, enfermos; no han actuado así por razones religiosas, sino por compasión y solidaridad con los que sufren. Los otros son declarados «malditos», no por su incredulidad o falta de religión, sino por su falta de corazón ante el sufrimiento del otro.(LEER EVAGELIO)
Por lo general no solemos captar el cambio sustancial que esto introduce en la historia de la religión. Se puede formular así: la salvación no consiste ya en buscar a través de la religión un Dios salvador, sino en preocuparnos de quienes padecen necesidad. Lo que salva es el amor al que sufre. La religión no es requerida como algo indispensable, y no podrá nunca suplir la falta de este amor.
Seguimos pensando que el camino obligatorio que conduce a Dios y lleva a la salvación pasa necesariamente por el templo y la religión. No es así. El cristianismo afirma que el único camino dispensable y decisivo hacia la salvación es el que lleva a ayudar necesitado. Esta es la gran revolución que introduce Jesús: Dios amor gratuito, y solo se encuentra con él quien, de hecho, se abre a la necesidad del hermano.
En estos tiempos de crisis religiosa en que bastantes viven una fe vacilante y sin caminos claros hacia Dios, esta es la Buena Noticia que nos llega de Cristo. Se puede dudar de muchas cosas, pero no de esta: hay un camino que siempre conduce hasta Dios, y es el amor al necesitado. Las religiones no tienen ya el monopolio de la salvación. Solo salva el amor. Este es el camino universal, la «vía profana» accesible a todos. Por él peregrinamos hacia el Dios verdadero, creyentes y no creyentes.
Desde ahí hemos de entender el mandato de Jesús: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que os conocerán que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros».

DIOS AMA AL MUNDO 
Hay en el Evangelio frases que deberíamos gravar con fuego en nuestro interior, pues podrían transformar de raíz nuestra visión de Dios. Una es ésta que leemos en el evangelio de Juan: «Tanto amó Dios al mundo, que entregó su Hijo único... Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él» (Jn 3,16-17).
Nunca ha sido fácil la relación de los cristianos con el mundo. A veces ha predominado la actitud pesimista, se ha predicado el «desprecio del mundo», la condenación de lo mundano y la huida de lo terreno para encontrarse con Dios. Otras veces, un frívolo optimismo ha llevado a la Iglesia a vivir un neopaganismo mundano muy alejado del Evangelio. ¿Cuál es la actitud de Dios?
Dios ama al mundo. Es lo primero que hemos de recordar. Dios no condena, no excluye a nadie, no discrimina. No abandona a nadie en ninguna circunstancia. Ama a la humanidad, ama la historia que van construyendo los humanos, ama las culturas y las religiones, ama a los pueblos. A todos. Su amor no depende de nuestras clasificaciones y fronteras.
Dios quiere salvar al mundo. Dios ama al mundo no porque el mundo es bueno, sino para que llegue a serlo. En el mundo hay mucho de injusticia, mentira e indignidad. Dios ama para salvar, para que el mundo llegue a ser más humano, más digno, más habitable. Orientar la vida hacia la verdadera voluntad de Dios siempre lleva a hacerla más sana, más responsable, más plenamente humana.
Dos rasgos deberían caracterizar la actitud del cristiano ante el mundo. Antes que nada, el cristiano ama el mundo y ama la vida. Quiere a las gentes, disfruta con los avances de la humanidad, goza con todo lo bueno y admirable que hay en la creación, le gusta vivir intensamente. Lo ve todo desde el amor de Dios, y esto le lleva a vivir en una actitud de simpatía universal, de misericordia y de perdón.
Al mismo tiempo, sabe que el mundo necesita ser transformado y «salvado». Por ello, su modo de estar en el mundo está marcado por el empeño de hacer la vida más humana y el mundo más habitable. No se desentiende de ningún problema grave, sufre con los pueblos que sufren, le duelen las guerras y la violencia criminal, lucha contra la xenofobia y los racismos, se preocupa de quienes no tienen un sitio digno en la sociedad, hace lo que puede para que la vida sea más llevadera y más humana para todos. Su corazón es el de un «hijo de Dios».
Por eso, la única señal decisiva por la que se le conoce al discípulo de Cristo es siempre la misma: sabe amar como él nos ha amado. Esto es lo esencial. Sin esto no hay cristianismo.

jueves, 25 de abril de 2013

El sueño de una civilización realmente planetaria

El sueño de una civilización realmente planetaria

BoffEl desamparo actual que se ha adueñado de un gran sector de la humanidad  se deriva en parte de nuestra incapacidad de soñar y de proyectar utopías. No cualquier utopía, sino aquellas necesarias que pueden transformarse en topías, es decir, en algo que se realiza, aunque imperfectamente, en las condiciones de nuestra historia. En caso contrario, nuestro futuro común, de la vida y de la civilización, corren graves peligros.
Tenemos, por lo tanto, que intentar todo para no llegar demasiado tarde al verdadero camino que podrá salvarnos. Ese camino pasa por el cuidado, por la sostenibilidad, por la responsabilidad colectiva y por un sentido espiritual de la vida.
Me valgo de las palabras inspiradoras de Oscar Wilde, el conocido escritor irlandés, que dijo acerca de la utopía: «Un mapa del mundo que no incluya la utopía no es digno de ser mirado, pues ignora el único territorio en el que la humanidad siempre atraca, partiendo enseguida hacia una tierra todavía mejor… El progreso es la realización de utopías».
Pertenece al campo de la utopía proyectar escenarios esperanzadores. Vamos a presentar uno, de Robert Müller, alto funcionario de la ONU durante 40 años, que fue llamado también «ciudadano del mundo» y «padre de la educación global». Era un hombre de sueños, uno de ellos realizado al crear y ser el primer rector de la Universidad de la Paz, creada en 1980 por la ONU en Costa Rica, único país del mundo que no tiene ejército.
Él imaginó un nuevo relato del Génesis bíblico: el nacimiento de una civilización realmente planetaria en la cual la especie humana se asume como especie, junto con otras especies, con la misión de garantizar la sostenibilidad de la Tierra y cuidar bien de ella así como de todos los seres que en ella existen. He aquí lo que él llamó el «Nuevo Génesis»:
«Y vio Dios que todas las naciones de la Tierra, negras y blancas, pobres y ricas, del Norte y del Sur, del Oriente y del Occidente, de todos los credos, enviaban sus emisarios a un gran edificio de cristal a orillas del río del Sol Naciente, en la isla de Manhattan, para estudiar juntos, pensar juntos y juntos cuidar del mundo y de todos sus pueblos.
Y dijo Dios: “Eso es bueno”. Y ése fue el primer día de la Nueva Era de la Tierra.
Y vio Dios que los soldados de la paz separaban a los combatientes de las naciones en guerra, que las diferencias se resolvían mediante la negociación y el raciocinio y no por las armas, y que los líderes de las naciones se encontraban, intercambiaban ideas y unían sus corazones, sus mentes, sus almas y sus fuerzas para el beneficio de toda la humanidad.
Y dijo Dios: “Eso es bueno”. Y ése fue el segundo día del Planeta de la Paz.
Y vio Dios que los seres humanos amaban a la totalidad de la Creación, las estrellas y el sol, el día y la noche, el aire y los océanos, la tierra y las aguas, los peces y las aves, las flores y las plantas y a todos sus hermanos y hermanas humanos.
Y dijo Dios: “Eso es bueno”. Y ése fue el tercer día del Planeta de la Felicidad.
Y vio Dios que los seres humanos eliminaban el hambre, la enfermedad, la ignorancia y el sufrimiento en toda la Tierra, proporcionando a cada persona humana una vida decente, consciente y feliz, controlando la avidez, la fuerza y la riqueza de unos pocos.
Y dijo Dios: “Eso es bueno”. Y ése fue el cuarto día del Planeta de la Justicia.
Y vio Dios que los seres humanos vivían en armonía con su planeta y en paz con los demás: gestionando sus recursos con sabiduría, evitando el despilfarro, frenando los excesos, sustituyendo el odio por el amor, la avaricia por el darse por satisfecho, la arrogancia por la humildad, la división por la cooperación y la suspicacia por la comprensión.
Y dijo Dios: “Eso es bueno”. Y ése fue el quinto día del Planeta de Oro.
Y vio Dios que las naciones destruían sus armas, sus bombas, sus misiles, sus barcos y aviones de guerra, desactivando sus bases y desmovilizando sus ejércitos, manteniendo sólo una policía de la paz para proteger a los buenos de los malos y a los normales de los enfermos mentales.
Y dijo Dios: “Eso es bueno”. Y ése fue el sexto día del Planeta de la Razón.
Y vio Dios que los seres humanos recuperaban a Dios y a la persona humana como su Alfa y Omega, reduciendo a las instituciones, creencias, políticas, gobiernos y demás entidades humanas a su papel de simples servidores de Dios y de los pueblos. Y Dios los vio adoptar como ley suprema aquélla que dice: «Amarás al Dios del Universo con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Amarás a tu bello y maravilloso planeta y lo tratarás con infinito cuidado. Amarás a tus hermanos y hermanas humanos como te amas a ti mismo. No hay mandamientos mayores que éstos».
Y dijo Dios: “Eso es bueno”. Y ése fue el séptimo día del Planeta de Dios».
Si en la puerta del infierno de Dante Alighieri estaba escrito: «Abandonad toda esperanza, vosotros que entráis», en la puerta de la nueva civilización en la era de la Tierra y del mundo planetizado estará escrito en todas las lenguas que existen en la faz de la Tierra:
  • «No abandonéis nunca la esperanza, vosotros que entráis».
El futuro pasa por esta utopía. Sus albores se anuncian ya.
Leonardo Boff es autor de La opción-Tierra. La salvación par la Tierra no cae del cielo, Sal Terrae, 2008.
Traducción de Mª José Gavito Milano

A vueltas con la laicidad

ArregiA la misma hora en que el presidente español Mariano Rajoy era recibido en el Vaticano por el papa Francisco, el presidente de la Conferencia Episcopal Española Monseñor Rouco Varela, con su habitual aspereza, reprendía al Gobierno del Estado por su falta de iniciativas destinadas a reformar las leyes del aborto y del matrimonio homosexual.
La recepción de Rajoy por el papa Francisco y las declaraciones de Rouco destinadas a Rajoy ponen al descubierto que aún estamos lejos de asumir el principio de la laicidad, es decir, la necesaria separación de poderes políticos y religiosos a la hora de regular la vida pública en una sociedad plural y democrática. Las interferencias y la confusión persisten todavía. Persisten los enfrentamientos de poderes y el conflicto de intereses.
No digo que el enfrentamiento de poderes y el conflicto de intereses sean malos de por sí. Desde las plantas más simples a los animales más complejos, la vida es siempre tensión de múltiples polos, en un equilibrio inestable y delicado. Así es todo lo que es y vive. Y cuanto más complejo, todo se vuelve más frágil y vulnerable, y más necesitado de atención y miramiento. Cuanto más inseguro y herido, todo se vuelve más sagrado, y tanto más urgente se hacen la modestia y la amplitud de miras, la flexibilidad y el respeto muto. Y también la claridad. Claridad para llamar a cada cosa por su nombre: Evangelio a lo que es evangelio y poder a lo que es poder. O, como diría Jesús, para “dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Eso es claridad.
¿Qué hace, por ejemplo, un papa recibiendo en su palacio como jefe de estado a otro jefe de estado? Es la mecánica del poder lo que ha traído a la institución eclesiástica hasta esa situación: el obispo de Roma, elegido por un restringido colegio de “principales” o “cardenales” de la ciudad, se convirtió en sucesor del emperador, y luego en soberano absoluto de toda la Iglesia y además en jefe de estado. Toda esa deriva que viene de lejos pero no de los orígenes constituye un grave desorden para la Iglesia de Jesús, que dijo: “No ha de ser así entre vosotros”.
¿Y qué hace el presidente del estado español siendo recibido en Roma, mientras en casa no se digna escuchar los gritos de la calle llena de parados y desahuciados, y ni siquiera admite que los periodistas le pregunten, y va dejando que la política y la democracia se degraden hasta límites intolerables? El hecho –anacrónico desde el punto de vista político, indigno desde el punto de vista religioso– de que el Vaticano sea todavía un estado ya no justifica que nadie sea recibido allí como jefe de estado.
A no ser que Rajoy viajara a Roma –cosa más que dudosa– para acordar con el papa la derogación del Acuerdo firmado en 1979 –en la época de la transición democrática española– entre el estado español y el vaticano, un acuerdo hoy sin sentido, pues concede a la iglesia católica importantes privilegios respecto de otras confesiones o religiones: en dicho acuerdo, en efecto, el estado español se compromete a ofrecer en la escuela pública la enseñanza de la religión católica, a eximir de impuestos los bienes inmuebles de la iglesia y a financiar con fondos públicos el funcionamiento ordinario de la Iglesia católica. Eran privilegios injustos y ahora son además inconstitucionales. Pero no creo que Rajoy viajara al Vaticano para poner término a esa situación irregular. Mucho sería que no hubiera viajado para reforzarla más bien. Confusiones.
¿Y qué hace, mientras tanto, el presidente de la Conferencia Episcopal Española dictando al Gobierno las reformas legales que ha de promover? Tiene, por supuesto, el derecho y el deber de expresar su opinión sobre todos los asuntos de la vida, pública o privada. Como cualquier ciudadano de a pie. Como tú, como yo. La vida es con frecuencia demasiado costosa y difícil, y todo apoyo será poco, y será poca toda palabra. Que digan, pues, los obispos la suya con plena libertad. Que la digan, eso sí, con la afabilidad y la cortesía que debieran caracterizar a los discípulos de Jesús. Y sin querer imponer como ley general lo que ellos consideran bueno ni penalizar como crimen lo que ellos consideran malo.
Como era de esperar, en su intervención Rouco se refirió a sus temas preferidos, urgiendo al Gobierno a emprender en ellos reformas legales profundas: el aborto, el matrimonio homosexual, la enseñanza de la religión. He ahí tres cuestiones a las que nunca jamás se refirió Jesús y que, no obstante, se han constituido en la causa suprema de nuestros obispos, como si el corazón del Evangelio se jugara ahí. Una gran confusión.
Es importante defender siempre la vida de todos. Pero hacen mal los obispos en considerar la ley del aborto como “una conspiración mundial” contra la vida (Monseñor Reig Plá, obispo de Alcalá) o como “holocausto silencioso” (Monseñor Munilla, obispo de San Sebastián), y hacen mal en presentar sus opiniones extremistas como doctrina de la Iglesia católica, por dos motivos fundamentales: porque la doctrina católica nunca identificó el aborto con un asesinato, y porque la mayoría de los católicos de hoy tienen una postura mucho más ponderada, y no pienso que sea porque posean menos fe y sensibilidad humana que los obispos. Por lo demás, éstos no debieran olvidar que la ley actual del aborto no hace que aumenten los abortos, sino que los regula dentro de unas garantías de mayor seguridad e igualdad.
Es importante defender a la familia y el “oficio de madre” y padre (matris munus). Pero no hacen bien los obispos en pretender que solo ellos conocen y protegen el verdadero amor humano o que solo ellos saben lo que quiere Dios o la naturaleza para las relaciones de pareja. Tampoco hacen bien en sostener que el reconocimiento legal del matrimonio homosexual lesiona algún derecho de los matrimonios heterosexuales, como no sea el derecho a que solo ellos sean llamados “matrimonios”, pero no acabo de entender qué clase de derecho es éste. ¿Las parejas heterosexuales posen acaso, por naturaleza o por revelación divina, la exclusiva de la denominación de origen “matrimonio”? Miren, por favor, a la sabia y maravillosa naturaleza, sacramento primero del misterio que llamamos Dios y revelación primera de su querer. Observen de cuántas maneras se realiza en la madre tierra el dulce oficio de padre y madre. Por lo demás, ¿acaso el Derecho Canónico no reconoce como auténtico matrimonio la unión en el amor de dos abuelitos que nunca serán padre y madre?
Es importante y urgente que nuestros niños y jóvenes sean instruidos a fondo en la historia del hecho religioso con sus luces y sombras. Pero se equivocan al reivindicar la enseñanza confesional de una religión en la escuela pública, o al reivindicar para la religión católica unos privilegios negados a las demás religiones. Por lo demás, miren los frutos: ¿no ven los obispos que los hombres y las mujeres de hoy en masa han roto con la iglesia y la religión católica, no tanto a pesar de haber estudiado la religión católica obligatoria, sino justamente porhaberla estudiado?
Todos tenemos el sagrado deber de aportar nuestro granito de arena, en forma de palabra o de acción, para el bienestar de las personas y de los pueblos, el bienestar de todos los seres. Pero otra cosa son las leyes por las que se rige una sociedad. Para eso están los parlamentos, que deberían ser templos de respeto y de tolerancia mutua, santuarios de la palabra y de todos los derechos. A ningún parlamento le compete decidir sobre el bien y el mal, sobre la verdad y la mentira. Le compete más bien tejer las leyes más justas posibles, sobre la base de los consensos lo más amplios posibles, en orden a una convivencia lo más armoniosa posible de todos, sin excluir a nadie. La democracia renuncia a todos los absolutos, y aspira modestamente al máximo bien posible a través del máximo consenso posible. Eso es laicidad.
También las instituciones religiosas deberían reconciliarse profundamente con el límite y la finitud de todo lo humano, sin dejar de aspirar al absoluto que las mueve. Lo absoluto solo se da en lo finito, tan cambiante sin cesar. Las instituciones religiosas harían bien en abrazar el registro de lo parcial, lo provisorio y lo posible, sin dejar de aspirar a lo eterno. Lo eterno solo se da en el tiempo, tan efímero siempre. Una institución religiosa que pretendiera poseer la llave de la verdad o las claves del bien se desacreditaría como religión, al menos como espiritualidad. La gente lo ve.
El Espíritu divino habita en el corazón de la gente, más allá de sus creencias e increencias, de sus adhesiones o rechazos religiosos. Reconocerlo es el fundamento de la sana, de la santa laicidad.

El papel de los periódicos Jaime Richart

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Desde que la democracia se instaló en este país -en la medida que esto sea democracia-, enseguida empecé a desconfiar de los medios de comunicación.
E incluso a detestarlos. En primer lugar, porque al posicionarse a favor de uno de los dos partidos únicos exclusivamente y en contra del adversario, ignoran otras ideas y opciones en función de la razón mayoritaria y no de la razón a secas.
Y quienes amamos por encima de todo el logos, la equidad y la justicia distributiva no podemos aceptar fácilmente que no sean estos sino la razón práctica (siempre por norma de parte del poder fáctico y establecido), quienes reinen y gobiernen; razón por la cual la democracia burguesa nos parece no el menos malo de los sistemas posibles, sino el peor por la injusticia estructural en que se funda: concentración del poder constituido en la concentración del dinero en pocas manos, sostenido a su vez por policías y ejércitos a su servicio, por un lado, subsistiendo a sus expensas el resto con mayor o menor docilidad… Y como los capitalistas son los principales enemigos del sistema sin saberlo, lo que a nosotros nos incumbe es, no ya contradecirles -que eso nunca ha dado resultado- sino, como en las artes marciales, ayudarles a caer…
Por otro lado, lo que llaman usualmente “corrientes de opinión”, no son más que la opinión que generan los medios según su poderío o influencia. “La opinión” predominante no es si no el efecto buscado por el medio predominante y el impacto conseguido. Y el resultado de cada sondeo sólo depende de la penetración de “la opinión” del medio. En segundo lugar, porque aparte de su inclinación al sensacionalismo, es muy difícil no seguir la treta de resaltar lo irrelevante y silenciar lo grave aunque sólo sea por interés de llevarse bien con el poder, el establecido o por establecer.
Por ambos motivos hago a los medios responsables y culpables de la suerte de la política, de las malandanzas de los políticos y del descalabro del país… (Mis carpetas están plagadas de escritos críticos hacia los medios por lo expuesto).
Pero he de vivir y convivir con lo que toca a mi biografía. Y he de abandonar la lucha contra los molinos de viento en espera de mejores tiempos, pues la principal virtud del revolucionario, como dice Mao Ze Dong, es la paciencia. Por consiguiente y mientras tanto, debo analizar la realidad política y social desde la lógica, las formulaciones y las contradicciones típicas decididas por el propio sistema. Por eso, de un tiempo a esta parte y quizá por una serie de concausas que van desde la pérdida de crédito de los círculos mediáticos desplazados por los medios alternativos de Internet, hasta una severa merma de la venta de ejemplares por la misma razón, los medios oficialistas principales se han propuesto redimirse a nuestros ojos, a los ojos del pueblo.
El periodismo es un instituto que, efectivamente, se debe a la investigación como nominal cuarto poder. Y los rotativos de tirada nacional que vienen dedicándose a ella, es lo mejor de toda esta última parte de la historia de un país tan necesitado de vengar la podredumbre que lo asfixia; podredumbre de los políticos de los dos partidos principales, podredumbre de banqueros y directivos bancarios, y podredumbre de los trapaceros de la monarquía.
En todo caso resulta mucho más convincente ahora la actitud del periodismo respecto a la marea del expolio mantenido durante al menos dos décadas, que lo que podamos esperar de la justicia constituida por los órganos colegiados que habrán de juzgar (o no) a estos monipodios y a esta canalla, y que a buen seguro resolveràn con arreglo a derecho pero con toda la contaminación política que cabe imaginar pese al riesgo creciente de estallido social…
Yo creo que en este país nunca se va a situar la volonté general que configura la democracia de Montesquieu al nivel de otros países de la Europa Vieja. Pero las posibilidades de acercarse a ellos pasan por exponer a la vergüenza pública las lacras, engaños, estafas y rapiñas de quienes, fingiéndose administradores sociales, son politicastros o simples ladrones de guante blanco. Y la eficacia de esa misión depende mucho más de la valentía de los medios que de la justicia y de las policías a su vez controladas por el poder político y la plutocracia.
Sigan los medios por este camino, pues la única esperanza de regeneración en este país ya sólo puede venir de que sean ellos quienes pongan bajo los focos de la verg?enza a los ladrones públicos y en su sitio el deseable equilibrio de la sociedad en todos los aspectos.
Nota.- Sólo un reproche a propósito de la formulación judicial acerca de Nóos como ente asociativo ajeno a una ONG que sitúa a los imputados como posibles culpables de pertenecer a una asociación ilícita para delinquir… Prescindiendo de los demás indicios o pruebas indiciarias acerca de los fraudes, engaños y evasión fiscal relacionados con la trama Nóos y Aizoón, ¿cómo es posible que hasta el momento ningún medio ni periodista se haya rasgado las vestiduras ante el anuncio de que el yerno del rey y su familia puedan trasladar su residencia a Catar (máxime cuando país no tiene suscrito tratado de extradición con España) cuando sobre la cabeza del exbalonmanista se ciernen penas de cárcel?

El Papa advierte que en la Iglesia hay muchos trepas y bandidos que usan la religión como un negocio

El Papa Francisco denunció hoy que en la comunidad cristiana hay gentes que no tienen fe, «ladrones y bandidos que usan la religión como un negocio», y advirtió que para entrar en el Reino de Dios «la única puerta es Jesús». Así lo aseguró el Santo Padre en la Misa que celebró en la capilla de la residencia de Santa Marta, en cuya homilía afirmó que «la única puerta para entrar en el Reino de Dios, para entrar en la Iglesia» es Jesús.
(Agencias/InfoCatólica) «También en la comunidad cristiana hay arribistas. Fingen que forman parte pero son ladrones o bandidos, ya que roban la gloria a Jesús, buscan su propia gloria. Para ellos, como los fariseos, la religión es un negocio», afirmó.
Francisco aseguró que esa no es la puerta auténtica para entrar en el Reino de los Cielos, que la puerta es Jesús y que los que de verdad quieren entrar deben ser «humildes, pobres, justos, mansos, es decir, seguir las bienaventuranzas».
«Jesús es el camino, la vía»
El Obispo de Roma agregó que Jesús no es sólo la puerta, «es el camino, la vía». «Hay muchos caminos, tal vez más ventajosos, para llegar, pero son engañosos, no son verdaderos, son falsos. El único camino es Jesús», subrayó el Papa, en la línea marcada por el documento del año 2000 «Dominus Iesus», encargado por el papa Juan Pablo II al entonces cardenal Joseph Ratzinger, luego Benedicto XVI, que presenta a Cristo como único Salvador del mundo.
«Pero algunos dirán, ¡Padre, usted es integrista! No, sencillamente esto lo ha dicho Jesús: ‘yo soy la puerta, yo soy el camino que da la vida’. Sólo eso», afirmó Francisco, quien insistió en que Jesús dice siempre la verdad, con ternura y amor.
El Papa Bergoglio denunció que muchas veces los hombres tienen la tentación de ser «demasiado dueños de ellos mismos y no de ser humildes hijos y siervos del Señor», y que intentan entrar «por otras puertas u otras ventanas».
«Él jamás desilusiona, jamás engaña»
«No buscad otras puertas que parecen más fáciles, confortables, a la mano. Llamad siempre a la de Jesús. Él jamás desilusiona, jamás engaña. Jesús no es un ladrón, no es un bandolero. Ha dado su vida por nosotros y cada uno de nosotros debemos pedirle por favor que nos abra, que nos deje entrar», manifestó.
Desde su elección, el papa Francisco oficia todos días misa en la capilla de la residencia de Santa Marta, a la que asisten, entre otros, cardenales, obispos, miembros de la Curia Romana, funcionarios del Governatorato (ente que gobierna el Estado de la Ciudad del Vaticano) e invitados.
A la misa de hoy asistieron empleados de la Sala de Prensa, encabezados por el director, el jesuita Federico Lombardi, y el subdirector, Ciro Benedettini, y técnicos de Radio Vaticano del centro de Santa María di Galeria, en las afueras de Roma.