FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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miércoles, 15 de agosto de 2018

Las tres coordenadas de mi posición cristiana

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Al jubilarme me planteé mi posición cristiana, y la fui expresando en artículos ocasionales que luego recogí en el librito “Lo que creo que creo. Revisión honesta de un exteólogo”. En la imagen de la portada simbolicé mi situación como el vértigo al cruzar un abismo de dudas, caminando por un frágil puente de tablas y barandillas de cuerda; las tablas eran mi conciencia, y las barandillas eran las explicaciones, la teología.
Esta idea se fue desarrollando y fraguó en unas conferencias, años después, que titulé “La hoja de ruta de un cristiano del siglo XXI”. Para determinar esta ruta acudí a tres coordenadas: Jesús de los evangelios – Los signos de los tiempos – Mi Conciencia.
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Las flechas de este diagrama expresan que las tres coordenadas se complementan y corrigen mutuamente, como la superposición de tres imágenes perfilan la reproducción del original.
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Alguno se extrañará de que no mencione a la Iglesia como clave para determinar mi posición cristiana.
Si se refiere a la Iglesia como Pueblo de Dios, está incluida en las tres coordenadas: en el Jesús de los evangelios, que transmiten la imagen de Jesús en las primeras comunidades cristiana; en los signos de los tiempos, que reelaboran la interpretación de los evangelios; y en mi conciencia, que acoge lo que le impacta de Jesús y olvida lo que le disuena (Jesús en la sinagoga de Nazaret olvidó el final de la cita de Isaías: “y la venganza de nuestro Dios”).
Si se refiere a la Iglesia jerárquica y a sus dicasterios, lamento decir que no me merece confianza, no porque se haya equivocado muchas veces sino porque impuso sus interpretaciones bajo amenaza de condenación eterna, y porque se ha mostrado como rémora de la evolución humana. Jesús criticó a la jerarquía de su tiempo porque “olvidaban el mandato de Dios por seguir esas tradiciones vuestras”.
Veamos los valores y las carencias de cada una de estas tres coordenadas.

El Jesús de los evangelios
Un cristiano no tiene la menor duda de la importancia fundamental que el ejemplo y las palabras de Jesús tienen en su propia vida. Me refiero al Jesús de los evangelios porque es el único que nos ha llegado. Personalmente en mis dudas su ejemplo y su mensaje tienen un valor fundamental. En una reunión reciente he tenido la satisfacción de comprobar que también para mis compañeros Jesús seguía siendo el gran referente por encima de un mar de dudas; incluso he comprobado una gran admiración por Jesús de un amigo musulmán y de otro que se reconoce como “ateo cristiano”.
¿Tiene carencias el ejemplo de Jesús? Hasta la más estricta ortodoxia reconoce que Jesús fue plenamente humano, y todo lo humano es incompleto, circunscrito en su espacio-tiempo, dependiente de su cultura.
El Jesús que conocemos es el Jesús de los evangelios, interpretado por las primeras comunidades y elaborado por Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Esta reelaboración ya entonces, pero mucho más ahora, supuso el paso de la cultura simbólica hebrea de Jesús a la cultura conceptual griega.
Todavía nosotros interpretamos los evangelios como crónicas de la vida y enseñanzas de Jesús; sin embargo no fueron escritos para notificar acontecimientos sino para comprender el sentido profundo -el plan de Dios- en el escandaloso suceso de que el esperado Mesías Rey había sido ejecutado por sus autoridades religiosas y políticas. Y en esta interpretación de la Historia podemos apreciar notables divergencias, incluso contradicciones concretas, entre los cuatro evangelios, como he mostrado en “Volved a Galilea. Comentario y exégesis del evangelio de Marcos”.
Los Signos de los Tiempos
Juan XXIII puso de relieve en el concilio Vaticano II la importancia de los Signos de los Tiempos para discernir el proyecto de Dios en el momento actual. Ya Jesús había aludido a los signos de la naturaleza como ejemplo de los signos de Dios que confirmaban su misión como Mesías. El significado y la importancia de estos Signos se muestran también en el término bíblico kairós y términos culturales cono zeitgeist paradigmas.
Signos de los Tiempos indiscutibles de nuestro tiempo son la ecología, el sentido de igualdad, y los derechos de la mujer. Signos de los Tiempos en la Historia son los estudios en cosmología, arqueología, antropología (la evolución, el subconsciente), hermenéutica…
En la exégesis bíblica estos estudios han tenido una influencia determinante. Desde la antigüedad existió una interpretación simbólica y otra literalista, pero en la actualidad la interpretación literalista ha tenido que replegarse ante la evidencia de los estudios arqueológicos, filológicos, y sociológicos. Ulrich Luz, en su comentario al evangelio de Mateo, en los epígrafes “Historia de la influencia” expone cómo se ha interpretado cada pasaje según las tendencias de cada época (patrística, medieval, renacentista, Ilustración, romanticismo, modernidad).
Esta influencia es sin duda una riqueza cultural y espiritual que va desvelando niveles distintos o más profundos, como puede apreciarse especialmente en la evolución de la conciencia ética. Sin embargo es también una evidencia de las limitaciones de cada interpretación, que muestran un inevitable sesgo cultural de cualquier interpretación y, en el mejor de los casos, sólo destaca un aspecto parcial de ese pasaje.
Nuestra conciencia
La conciencia comprende porque tiene una percepción inmediata del objeto, mientras que el conocimiento racional tiene que traducirlo a conceptos, que no pueden captar la realidad en sí, sino sólo a través de sus manifestaciones. La conciencia percibe la realidad de cada instante, mientras que el conocimiento racional la tipifica en conceptos estáticos.
La conciencia sintetiza las experiencias y los conocimientos que yacen olvidados en el subconsciente, y permite dar una respuesta sencilla en problemas complejos que requerirían comparar muchos datos.
Los moralistas están de acuerdo en que la conciencia tiene la última decisión responsable sobre nuestros actos. Santo Tomás de Aquino defendió en su Summa Theologica lo que él denominó “El fuero interno de la persona”. Y el cardenal Ratzinger afirmó que “Por encima del Papa… está la propia conciencia de cada uno, que debe ser obedecida antes que cualquier otra cosa, incluso, si fuera necesario, en contra de la propia autoridad eclesiástica” (Iglesia viva nº 250).
En algún artículo yo presentaba la conciencia como “el cordón umbilical que nos une a Dios”, y como “el templo laico de Dios”; incluso me atreví a identificarla con la presencia de Dios en todo ser humano.
A pesar de lo dicho, la conciencia también tiene que ser completada y corregida por el ejemplo de Jesús y los Signos de los Tiempos. La conciencia tiene una experiencia parcial y subjetiva; pero luego nosotros tendemos a generalizar -o a imponer- esta experiencia hacia otras situaciones o personas, cayendo en exclusivismos, dogmatismos, o fanatismos. Todos sabemos de dictadores sanguinarios que se sentían cristianos, y de Inquisidores que no percibían la contradicción entre el evangelio y la tortura y la quema de los que consideraban herejes.
Una situación real
Esta presentación de las tres coordenadas ha ido surgiendo al plantearme personalmente si la evolución que estaba experimentando me permitía seguir considerándome cristiano. Y ahora veo que este proceso se ha desarrollado por estas tres coordenadas.
Se inició con el concilio Vaticano II, la asamblea de Medellín, mi estancia en el Chile de Allende y la participación en los comienzos de Cristianos por el socialismo. La secularización me permitió mayor libertad de acción y de pensamiento, como luego me han corroborado otros compañeros. (“Sin pretender comparar los acontecimientos importantes con los pequeños”, no puedo olvidar que Pablo rompió con la Ley de Moisés cuando encontró resistencias para aceptar a los gentiles convertidos a la fe en Jesús). Al jubilarme comencé a leer a Dupuis, Moingt, Lenaers, Vigil, y a consultar a mis antiguos profesores de Filosofía y Teología. Todo esto lo considero ahora como los Signos de los Tiempos que me han impulsado a mi actual situación cristiana.
En cuanto al ejemplo de Jesús, he estudiado detenidamente los evangelios, y he comprobado que Jesús ponderó la fe-confianza de paganos como la mujer cananea, el endemoniado geraseno, o el centurión romano, por encima de la fe de sus conciudadanos judíos. Sobre todo, como ya he dicho, veo el contraste entre el Jesús de los evangelios y la evolución histórica de la Iglesia como institución, especialmente en cuanto al ejercicio del poder y del dinero.
Finalmente mi conciencia me dice que:
Soy cristiano dentro de la pluralidad de Nuevo Testamento.
Y quiero ser fiel al proyecto de Jesús

METZ ME ENSEÑÓ QUE LOS CRISTIANOS ESPERAN UNA REVOLUCIÓN QUE INCLUYA A LAS VÍCTIMAS

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Hay encuentros de los cuales una no se escapa sin ser afectada, dejan marcada por siempre tu existencia y determinan el rumbo de todo lo venidero de la vida. Que Johann Baptist Metz en 1994, después de su jubilación por la Universidad de Münster, aceptara la invitación como catedrático visitante a Viena, dio un vuelco radical a mi vida. En él encontré mi maestro más importante que me catapultó fuera de mi innocuidad piadosa y me lanzó hacia una apasionante aventura con un Dios que antes no conocía.
En aquel entonces estaba trabajando en mi tesis de habilitación sobre la teología de Erich Przywara. Estaba casi tirando la toalla cuando Baptist se ocupó de mí en diálogos crítico-mayéuticos. Me ayudó a encontrar el hilo conductor en la obra monolítica de Przywara: el tema de la no-identidad que dinamita cualquier intento de encajar la realidad en un sistema; el tema de la alteridad del otro que denuncia cualquier dominación, explotación o usurpación no sólo como escándalo, sino como negación de Dios; y en todo siempre el misterio de Dios que no destella primordialmente allá donde todo cuadra y se resuelve en harmonía, sino más bien se hace perceptible en el grito: en el grito desde el abismo, desde la catástrofe, desde las tinieblas que parecen la negación feroz de Dios.
Estos diálogos rescataron mi incorporación en el cuerpo docente de la Universidad de Viena y me abrieron un mundo intelectual que no conocía antes, o solamente conocía muy superficialmente: Benjamin, Adorno, Levinas, para mencionar lo más importante. Pero más que nada me regalaron un amigo que me ayudó a encontrar el hilo conductor, no solamente de un trabajo académico, sino de mi propia biografía.
En ese momento ya había gastado mis ilusiones juveniles como religiosa y estaba en peligro de escabullirme en modo frustrado y amargado.
Pero Baptist me sedujo a aventurarme una vez más con las grandes palabras que determinaron en su día mi "primer amor" y que en este momento quería descartar como palabrería piadosa, sin sentido y sabor: la palabra que habla de la radicalidad del seguimiento de Cristo y de los consejos evangélicos, de pobreza, castidad y obediencia. Más allá de la introversión piadosa y acomodada me ayudó a descubrir la mística de Jesús, su pasión por Dios, rebelde y resistente.
Que "Cristo debe ser siempre pensado de tal modo que nunca sea sólo pensado", que no tengo ninguna idea de Dios y de su Cristo, si antes no me pongo en marcha para seguir a ese camino cual él mismo es; y -puede sonar muy ingenuo- antes que no me arriesgo a hacer lo mismo que Jesús ha hecho. Todo eso me espantó y en el sentido literal me ha arrojado al otro lado del mundo. Aterricé en El Salvador, en la tierra de Oscar Romero, y en la universidad en que 1989 asesinaron seis jesuitas y dos mujeres que trabajaban con ellos.
Para mí "el pulgarcito de América" resultará Tierra Santa, en donde me topé en una manera inesperada y real con el drama de Jesús: hombres y mujeres, quienes cómo el hombre de Nazaret se pusieron en una manera incondicional al lado de los más vulnerables; quienes como él desenmascararon y desafiaron "los poderes de la muerte"; y por eso, por fin, sufrieron la misma suerte. Como Jesús fueron liquidados brutalmente. Me topé en una manera directa y concreta con las "historias peligrosas de seguimiento", con ese "conocimiento práctico" que según Metz es la verdadera fuente de cualquier teología seria.
Entretanto, han pasado veinte años, me inculturé en la teología latinoamericana, aprendí a apreciar los textos de Oscar Romero y la teología de Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino. No obstante todavía me sostiene el cantus firmus de los temas esenciales de Metz y mientras más mayor me hago, más agradecida estoy por eso. Descubro siempre nuevas variantes de la obra de Metz, acordes con los grandes pensadores de América Latina, pero todavía más en las experiencias que me impone este país.
El Salvador me confronta con situaciones que revuelven las entrañas y duelen hasta el tuétano de los huesos: con el dolor de las víctimas de una escalada de violencia y represión, que parece el "eterno retorno de lo mismo", sin salida. Parece que hay una línea directa de las multitudinarias víctimas de las masacres de la guerra civil, en el rio Sumpul, en el pueblo El Mozote y en muchos otros lugares, a las no menos numerables víctimas de hoy, de las pandillas juveniles y de las "políticas de seguridad" del Estado, tan represivo como inefectivo.
Si uno se encariña con El Salvador, si hace amigos entre su gente, se va a revelar en este encuentro toda la miseria de un mundo destrozado por una desigualdad escandalosa. Sin embargo justamente en medio de estas situaciones mortales también se topa con el florecer de una dimensión de humanidad - un amor desinteresado y luchador, bondad y generosidad, una "santidad primordial" y pureza del corazón - que las "zonas de confort" de este mundo no conocen.
"No existe ningún Dios que se puede adorar a las espaldas de la historia del sufrimiento del mundo". Comencé a entender este axioma de Metz en todo su rigor en El Salvador. Y también que cualquier teología comienza con un acto de contemplación. Al menos cualquier teología que merece ser reconocido como un hablar serio del Dios de Jesús, inicia con la "mística de los ojos abiertos", con el valor de mirar atentamente, también en estos lugares y estos momentos cuando el impulso natural es hacerse de la vista gorda, cerrar los ojos lo más rápido posible.
En un país con una de las tasas de homicidios más altas del mundo eso es un verdadero desafío. Metz me enseño que el discurso teológico se pervierte en una palabrería piadosa si no nace siempre de nuevo del sentir con las víctimas, del dejarse afectar y herir por el dolor de los crucificados. "Quien dice Dios en el sentido de Jesús acepta la herida de las propias certezas por la desdicha de los otros."
Como mujer joven sentí una enorme liberación cuando capté, en el diálogo con Baptist, que la obediencia según el evangélico no significa subordinarme al sistema, ni al sistema eclesial, o mostrarme como hija dócil frente a las autoridades; poco a poco entendí que mucho más la obediencia evangélica exige realizar arriesgadamente con terquedad y tenacidad la "voluntad de Dios" que se revela en el encuentro con el sufrimiento ajeno.
En El Salvador comienza a hondear poco a poco toda la trascendencia de esa intuición de Metz que culmina en la palabra de la "autoridad de los que sufren". No se trata en este contexto de la autodeterminación emancipada, sino mucho más de someterse sin rechistar a la instancia que representa toda la autoridad de Dios; "la voluntad de Dios" tiene cuerpo y visibilidad en los vulnerables, en los impotentes, en las víctimas. Ellos son la instancia que determina el imperativo de lo que hay que hacer.
La contemplación, "ver a Dios", empuja hacia la praxis, una praxis que incluye la dimensión política. Y a pesar de que es tan propensa al error, estoy convencida, tal "theo-praxis" en su contingencia es indispensable para este tipo de teología que Metz exige: una teología que no se contenta de elucidar y pontificar, sino una teología que tiene el valor de arriesgarse en la historia. En cualquier caso tal praxis es más cerca a Jesús que una ortodoxia ahistórica; él se preocupó, en el "fin del mundo", por algunos física- y psíquicamente enfermos y celebró fiestecitas humildes con los que no tienen ni perspectiva ni esperanza.
La praxis jesuánica lucha para que los marginalizados y descartados se conviertan en sujetos de su propio destino y dejen ser objetos de las "autoridades y potestades" que dominan este mundo. Esta praxis muchas veces no parece ser más que un gesto frágil, no obstante en ella se decide la divinidad del Dios de Jesús, del Dios de la misericordia y del amor compasivo.
"¿Cuánto tiempo más tenemos que soportar todo eso?", gime una mujer que vive en los márgenes de la capital San Salvador, en un barrio flagelado tanto de la violencia de las pandillas como de los abusos arbitrarios de los policías y militares represivos. Surge un grito desgarrador de estas situaciones, un grito para que la locura termine, que por fin se pare el círculo vicioso que incesablemente siempre de nuevo atierra y enroda a las víctimas indefensas. Con el tiempo avanzado de mi vida siempre más se me pone de manifiesto que no hay otro modo de hablar de Dios sino esperarlo y reclamarlo como "irrupción", como "final redentor del tiempo".
El 14 de mayo de 1980 en el rio Sumpul en la frontera a Honduras 500 campesinos indefensos fueron ametrallados entre los militares salvadoreños y hondureños. Los testigos percibieron el horror cuando desde lejos notaron una nube negra, una acumulación inexplicable de zopilotes arriba del rio. Es esta imagen la que me inculca dolorosamente que frívolo e inhumano es una esperanza que promete a la generación de hoy y de mañana un futuro más humano y no se preocupa por estos para quienes cualquier promesa ya viene tarde.
Metz me enseño que los cristianos esperan una revolución más radical, más allá de todos los experimentos históricos que fracasaron o de los que solo quedaron fragmentos; una revolución que incluye a las víctimas, que murieron una muerte prematura, sin sentido e injusta. Solamente quien no niega la solidaridad a los muertos, a las víctimas y los vencidos, puede luchar por un futuro de verdad más humano y más justo, sin caer siempre de nuevo en los viejos círculos viciosos.
Muchas veces un pudor raro nos impide expresar las cosas esenciales de la vida. En esta ocasión quiero agradecer y decir a un amigo, que sin él nunca sería la mujer que soy hoy, que fueron sus impulsos los que me dejaron encontrar el "tesoro en el campo" y la "perla preciosa".

Yemen: Decenas de miles de personas claman contra Arabia y EE.UU tras el asesinato de 51 niños


La dictadura de Arabia, esa misma que es agasajada por el gobierno español de turno y los Borbones porque compra armas y hace contratos de trenes, aliada con EE.UU y las potencias occidentales, ha cometido otra barbarie de la que, por supuesto, saldrá impune. La monarquía amiga de esta otra monarquía más cercana, no ha conseguido del gobierno español y la Casa Real una sola palabra de condena del asesinato de decenas de niños en un nuevo bombardeo contra el pueblo yemení. Los aliados del gobierno consideran un tema menor y se limitan a pedir explicaciones de las armas vendidas, de romper relaciones (y acuerdos) con el gobierno Sánchez, ni rastro.··· Ver noticia ·

Trump deja a Gaza sin escuelas ni clínicas


Juan Carlos Sanz

TrumpLa agencia de la ONU para los refugiados palestinos no puede garantizar el inicio del curso a finales de mes ante el recorte de fondos impuesto por EE UU
El inicio del curso escolar se acerca para medio millón de alumnos de la diáspora palestina, pero la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas especializada que atiende a los refugiados descendientes de las familias desterradas tras el nacimiento de Israel hace 70 años, aún no sabe si podrán acudir a las aulas. “En el momento presente, no estamos en condiciones de garantizar en nuestras 700 escuelas el comienzo de las clases a finales de mes, y no solo para los 270.00 estudiantes de Gaza, sino para los más de 500.000 que acuden a nuestros centros en toda la región”, reconoce Chris Gunnes, portavoz en Jerusalén del organismo de la ONU.··· Ver noticia

La sociedad tranquila

Jaime Richart, antropólogo y jurista 
En ese informe que periódicamente Naciones Unidas pu­blica acerca del índice de felicidad de los países del mundo, España ocupa el puesto 36. El primer país, Finlandia.
¿Y cuáles son las características y por tanto lo motivos por los que Finlandia figura el primero en el podio? Cada cual puede hacer sus deducciones, pero lo cierto es que sociedad finlandesa es una de las más igualitarias.
Hay otros factores a tener en cuenta, como es la esperanza de vida. En Finlandia 81 y en España actualmente de 82 años. Pero este dato y el famoso sol son engañosos a la hora de hacer una valoración global del nivel de satisfacción de la sociedad española. Pues la tasa de longevidad todavía es alta gracias a los millones de personas de la “sociedad tran­quila”, y el sol, que empieza a ser excesivo, los abundantes in­cendios y la falta de humedad pueden ser factores peligro­sos no muy a largo plazo. El caso es que el futuro que se per­fila para las siguientes, una vez desaparecidas las generacio­nes entre 65 y 90 años, no es precisamente muy halagüeño si no cambian las condiciones generales de vida…
La sociedad tranquila es la sociedad de los jubilados y la del funcionariado. El resto vive desesperado. Pero la “desespera­ción” en este caso tiene dos caras. Una injustifi­cada y otra demoledora. La primera es la de los que teniendo mucho o suficiente no viven tranquilos y duermen mal por­que no les basta y quieren ganar más, a toda costa y a costa de lo que sea y de quien sea. La segunda es la de los que care­ciendo de todo se pasan la vida buscando trabajo, se do­micilian en casa de sus padres o abuelos y, pese a estar ayuda­dos por ellos, viven angustiados. Viven angustiados, porque no consiguen estabilidad, y temen no conseguirla nunca, porque saben que no van a poder formar una familia con dignidad, porque saben que no van a poder comprar nunca una vivienda… porque su triste y única esperanza está en la herencia del piso de sus padres. Así es como vive la ma­yoría de la población en España que no es rica y tampoco pertenece a la “sociedad tranquila”…
Me sospecho que es el signo de los tiempos, al menos en occi­dente. Pero aparte la pensión de los mayores y la retribu­ción regular del funcionariado, ya no hay más seguridad que la que puedan dar las policías frente a los terroristas. El día a día es incierto para grandes partes de la población trabaja­dora, lo que le acarrea un estado mental y psicológico inesta­ble. Son demasiados los que, instalados entre la interinidad y el desempleo crónico viven acosados por la ansiedad o por la depresión.
España, tras ese sol del que presume y tras esa tan a me­nudo alegría ficticia, respira una decadencia palpable, una im­posible creatividad que en el español sólo aflora fuera de España. Las tres configuran una sociedad triste por dentro, cuya íntima tristreza y frustraciones las compensa con mu­cho ruido, con mucho bullicio, con mucho fútbol, con mu­chos toros, con muchas copas y con muchas noticias, la ma­yoría lamentables y moviendo a indignación.
Es cierto que como contrapartida, ahora cualquiera puede te­ner un coche aunque sea de tercera mano, que cualquiera puede tener cualquier capricho convertido en “necesidad” por poquísimo dinero. Pero aun así la masa poblacional prin­cipalmente joven, vive una vida absurda, sin esperanza y sin ilusión. Quien no comprenda y actúe en consecuencia que la mejor manera de hacer frente a las carencias es no cre­arse necesidades, vivirá más angustiado. Y en tales condicio­nes no puede conocerse qué es el sosiego y la serenidad im­prescindibles para la sana imaginación y la creatividad que parecen haberse agotado…
Pues la mayoría de los trabajos son penosos pese a la robó­tica o por culpa de la robótica, y las iniciativas relacionadas con posibles nuevas actividades fracasan en la mayoría de las ocasiones porque, estando todo relacionado con la robó­tica, en ese campo ya no caben más emprendedores.
Ya sé que esos españoles de tronío y de bandera en el balcón o de banderita en la muñeca y magras cuentas corrientes, están pensando que todo lo dicho aquí es derrotista o se co­rresponde con la leyenda negra que tanto exasperaba al fran­quismo que decía había sido cocinada por los enemigos de Es­paña. Me da igual. Si España, como se hace o se está ensa­yando en otros países del mismo sistema, asegurase a la po­blación juvenil y en edad laboral que vive sin soporte alguno que no sea circunstancial o familiar, su manutención y una mínima vida digna sin estresarse, se recuperaría un estado sa­tisfactorio en la vida general, pues entre la abundancia de alimentos, la abundancia de viviendas vacías y las tecnolog­ías haría superflua y detestable esa ideología miserable, esa filosofía del mantra: “el que no trabaja es porque no quiere”. Pues toda persona de normal constitución orgánica y con una salud normal quiere estar activa. Lo que no significa que haya que confundir el deseo de ser activo con el hecho de afrontar un trabajo obligatoriamente para un tercero, casi siempre penoso y a cambio de un pago inseguro, incierto y miserable…
Sabiendo que un país como Finlandia es “feliz”, si la lógica y la racionalidad colectiva al servicio del ser humano fuesen los primeros bienes a abrazar, España, sus empresarios, sus ricos y sus dirigentes ya saben lo que tienen que hacer: esfor­zarse con sus intereses y sus políticas en seguir las directrices que conducen a crear las condiciones necesarias para el igua­litarismo generado pacíficamente en Finlandia por vías de una inteligencia colectiva superior. Pues en aquel país, indu­dablemente todo el mundo ha de vivir tranquilo. Al menos, sin otra intranquilidad que la que acaso proviene de las rela­ciones interpersonales, de la soledad o del azar…

La crispación en que vivimos

José María Castillo 
Fuente: Teología sin censura
Castillo1No es fácil analizar y explicar, al detalle y hasta el fondo, lo que nos está pasando, desde no hace mucho, en España, en Europa, por todo el mundo. No me refiero, ni sólo ni principalmente, a la crisis económica. Aunque, por supuesto, los problemas relacionados con la gestión de la economía tienen mucho que ver con lo que estamos viviendo. Pero el problema más preocupante, ahora mismo, está en otra cosa.
Me refiero a la experiencia de “crispación colectiva” que estamos viviendo. Ya he dicho que esto tiene mucho que ver con la economía. También con la política. Y mucho, tal como están las cosas en este momento. Por otra parte, el cambio de cultura y de costumbres, que estamos viviendo, es tan rápido y tan profundo, que no acertamos a entender lo que nos está ocurriendo. Todo esto, como es lógico, produce malestar, inseguridad, crispación…
Pero me da la impresión de que hay otros factores, en este momento, que son determinantes para ponernos más nerviosos o quizá más crispados. Ahora mismo tenemos el problema de los inmigrantes. Europa supo formular la declaración universal de los “Derechos Humanos”. Y ahora mismo Europa, por mantener a toda costa su alto nivel de bienestar, no duda en quebrantar, en cosas muy fundamentales, esos “derechos”, que ella misma declaró y difundió por todo el mundo.
El hecho es que las cosas han venido rodadas de manera, que, ahora mismo nos vemos metidos de lleno – quizá sin darnos cuenta – en un “fundamentalismo”, que no sabemos definir, ni tenemos conciencia de lo que nos está pasando, ni por tanto acertamos a salir de este callejón sin salida.
Hablo de “fundamentalismo”, que no es ni fanatismo, ni autoritarismo. El fundamentalismo es vuelta a las fuentes, a los orígenes, a lo más auténtico. Recuperar nuestra verdadera y única autenticidad. Por eso, cuando en este asunto tan básico, nos vemos amenazados, entonces es cuando se encienden todas las alarmas. Y el fundamentalismo se pone en marcha. De ahí que, con toda la razón del mundo, el conocido sociólogo Anthony Giddens ha definido el “fundamentalismo” como “tradición acorralada”. Lo estamos sintiendo en nuestras carnes. Cuando cada día nos enteramos de que Asia y África se nos vienen encima – lanchas, pateras, barcos sobrecargados de cientos de personas…, como les pasa a los norteamericanos con las gentes de la América hispanoparlante – quisiéramos levantar murallas para protegernos de los invasores. Los que nos invaden porque vienen huyendo de las guerras que nosotros hacemos posibles con nuestro gran negocio de la venta de armamentos, la compra del coltán para que sigan funcionando nuestros móviles, el gas, el petróleo, la madera, los metales preciosos… ¿qué sé yo?
Así las cosas, ¡por lo que más quieran!, que no nos engañen los políticos, ni sus técnicos, ni sus medios de comunicación. El problema está en que nos hemos “deshumanizado”. Y la “humanización”, a fondo y para todos, nos da miedo. ¿No tendría que ser un “proyecto global”, en este sentido, lo que más nos debería preocupar y lo primero que tendríamos que hacer?
¿Qué esto es una utopía? Ya lo sé. Pero también estoy seguro de que la más peligrosa y la más inútil de todas las utopías es la que consiste en un mundo sin utopía. Un mundo así, se convertiría inmediatamente en una momia.
A fin de cuentas, por lo que ha sido mi profesión y mi vida, según mis creencias religiosas, los cristianos decimos que Dios, para salvar al mundo, se humanizó. Pues eso digo yo. De la “tradición acorralada” no nos saca nada más que lo que nos sacó de las manadas de chimpancés: nuestra “condición humana”. Esto es lo que más nos urge a todos: ser profundamente humanos.

martes, 14 de agosto de 2018

Pongo mi vida en tus manos

Silencio de amor

VICTORINO PÉREZ: "DIOS ES DE TODOS. NINGUNO TENEMOS LA POSESIÓN DE ESA VERDAD"

col bastante

Victorino Pérez Prieto es un hombre con muchos talentos. Teólogo, filósofo y cura casado, es experto en el diálogo interreligioso, y, específicamente, en las visiones de la religión del pensador catalán Raimon Panikkar y del Padre de la Iglesia del siglo IV, Prisciliano.
Teologías que le han llevado a la convicción de que "desde la búsqueda común de la armonía, desde el caminar juntos, somos iguales en dignidad pero diferentes, y esas diferencias son las que más nos enriquecen como seres humanos".
Nos alegra decirles que hoy contamos con la presencia de Victorino Pérez Prieto, por fin, porque hace ya años que lo queríamos entrevistar.
Victorino, bienvenido.
Bien hallado. Gracias.
Victorino es teólogo, doctor en Teología y en Filosofía. Y, espero no decirlo mal, cura casado.
Exactamente.
Ni cura exclaustrado, ni ex-cura, ni nada por el estilo.
Es uno de los mayores expertos en Prisciliano y, para los que no conocíamos esta faceta tuya, también en uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo: Raimon Panikkar.
Sí, de hecho, sobre Raimon Panikkar hice la tesis en Filosofía, y en Teología. Por lo tanto, sé mucho de Prisciliano, pero más aún de Panikkar.
Y también de diálogo interreligioso e intercultural que, en este mundo en el que nos movemos, hoy parece fundamental. Más allá de que las religiones están destinadas a tener un papel u otro en la sociedad occidental, lo que es ineludible es que si no nos entendemos entre nosotros, difícil va a ser que nos entendamos con el esto del mundo.
Sí, ciertamente. Es uno de los temas que más he trabajado en mi teología. Y ha sido porque me interesa particularmente. Es decir, es un tema que hasta hace poco era secundario en teología, y hoy es fundamental.
Hoy las religiones están muy vivas. Los grandes maestros de la sospecha: Marx, Nietzsche, Freud, dijeron que iban a desaparecer en el siglo XX con el ser humano adulto, racional, que supera la alienación religiosa, que supera la neurosis, que diría Freud, o que está llamado a ser el superhombre, que diría Nietzsche.
La muerte de Dios.
Eso es. Pero, en este sentido, estos genios fueron unos pésimos profetas. Las religiones no solo no desaparecieron en el siglo XX, ni en el siglo XXI, sino que están muy vivas. Lo que ocurre es que las religiones cambian históricamente. La gente de hoy es tan religiosa como siempre, y el ateísmo sigue siendo minoritario, pero las religiones han tenido que cambiar porque las sociedades cambian.
También el ateísmo es una forma de plantear esa existencia de Dios.
Justamente.
Muy distinto es que seas un agnóstico, que no te importe que exista o que deje de existir. Pero un ateo sí se preocupa.
Sí, y un agnóstico, cuando es muy consciente, también se preocupa, porque no se atreve a tomar una postura totalmente opuesta. Además, el diálogo entre las personas que nos llamamos religiosas y las que no lo son es muy importante.
En primer lugar quiero hacer una precisión: hay un lenguaje que debemos de superar y que se perpetúa: el mundo se divide en creyentes y no creyentes. Y a mí eso me parece una barbaridad.
Todos creemos en algo.
Todas las personas somos creyentes. Como decía mi maestro Raimon Panikkar: "la fe es un elemento constitutivo antropológico del ser humano". Sin fe no podemos vivir; unos creen en A y otros creen en B. Yo creo que sin creer en algo no merece la pena ni levantarme por la mañana, porque la vida es dura incluso para los que le va bien.
Tanto los que tenemos creencias religiosas como los que no, si somos conscientes de lo que es el ser humano, estamos llamados a cumplir un papel en nuestra vida, en nuestra historia. A construir un mundo más humano y más justo. A construir esa armonía con la naturaleza y con el cosmos, porque si nuestro esfuerzo en la vida no es formar parte de esa armonía, te digo lo que diría un hindú: si mi karma no está acorde con el darma, con el orden del universo, yo soy destructivo.
O, con la óptica del cristiano: si solo tengo mi fe para mí mismo, no vale de nada. En relación con el mundo que tienes que transformar, en el que tienes que vivir.
Lo dice la "Gaudium et spes": todos los seres humanos formamos la gran familia humana y tenemos que trabajar juntos. En ese sentido, el diálogo interreligioso es fundamental. Lo ha sido siempre, pero ahora mucho más porque nuestras sociedades son plurales; pluriculturales y plurireligiosas. Y, o nos entendemos también en esta dimensión o, si no, Samuel Huntington va a tener razón y sería tremendo porque afirma que el conflicto en el planeta tierra en el siglo XXI no va a ser por ideología, sino por choque de civilizaciones y de religiones y, sobre todo, -y aún más terrible- el gran enfrentamiento y la violencia va a ser entre musulmanes y cristianos. Y yo creo que esto no es así.
Y quiero decir también que, en este momento, cuando tanta gente piensa que el Islam es una religión naturalmente violenta, yo estoy convencido de que no es así.
Como tampoco el cristianismo lo era en la época de las Cruzadas.
Exactamente.
Y si el Islam es una religión naturalmente violenta, no llegamos a la mitad del siglo XXI, porque el Islam está creciendo exponencialmente: hoy superan los mil millones de musulmanes. Si sigue este crecimiento, dentro de poco habrá más musulmanes que cristianos.
Dicen que para 2050 estaremos equiparados.
Y, o nos llevamos bien, o esto no tiene futuro.
Por otra parte, lo que yo veo es que la inmensa mayoría de los musulmanes es gente buena; gente pacífica. Seguramente harás visto la película "El señor Ibrahim y las flores del Corán", pues esta es la realidad del musulmán medio: es buena gente.
Probablemente le falte llegar a un proceso semejante al que propició Lutero. También es verdad que ellos están en el siglo XIV o XV, si lo medimos desde la era cristiana, porque la hégira de Mahoma es en el siglo VII, creo recordar.
Sí, en el 622.
Ellos están acabando su Edad Media.
Sin embargo hay un Islam moderno, reformista; ese Lutero ya ha existido y, curiosamente, en Egipto. Al final, la raíz de los conflictos no es religiosa. Como diría Marx, esa es una superestructura que se utiliza para unos intereses. El conflicto es económico, de poder; es un conflicto político.
Y por qué se mantiene ese Islam rígido, fundamentalista: por Arabia Saudí. Y ¿por qué EE.UU. ataca a estos fundamentalistas "equis"?, ¿por qué no vas a la raíz, que es que están apoyados?, ¿De dónde vino Bin Laden?... Amigo, con los petrodólares, cualquiera se mueve. Es fácil ver que el conflicto es de tipo político y económico.
Entre instituciones -aunque es cierto que el Islam no tiene una institución equiparable al Vaticano- el problema que, creo, hemos podido tener en la Iglesia católica, en la institución, es que siempre hemos mantenido cualquier tipo de diálogo con religiones distintas, desde una posición de superioridad. Y pienso que el futuro tiene que ser el de un diálogo entre iguales, porque de otra manera será imposible.
Precisamente, esa razón que das la comentaba en estos días en el máster de La Salle, que estoy en Madrid un poco por eso. Y aunque era sobre diálogo interreligioso, yo empezaba hablando de si realmente desaparecerán las religiones. Y en la cuestión religión y violencia, el problema fundamental de las religiones monoteístas y mayoritarias, como el Islam, el cristianismo, el hinduismo y el budismo -el judaísmo ha tenido mucho peso porque está en la raíz, pero son muy pocos- ha sido el concepto de la verdad absoluta: si yo tengo la verdad absoluta: soy mejor que tú y tengo derecho a imponerte, porque casi estás en la obligación. Tú estás en el error. Esta actitud crea necesariamente violencia. El diálogo solo nace del convencimiento contrario: yo tengo verdad y no tengo que renunciar a ella, pero tú también la tienes. Y: yo no tengo toda la verdad, como tú tampoco la tienes.
Raimon Panikkar hablaba del "pars pro toto y totum in parte", es decir: yo tengo una parte de la verdad, y desde esa parte soy capaz de concebir el todo legítimo.
Mi abuela, que era una cristiana excelente, una mujer profundamente religiosa, vivía el mundo desde su experiencia de fe y se acercaba al totum desde esa parte, pero no despreciaba a nadie. Sabía que sus nietos tenían una perspectiva distinta. O sea: desde mi parte yo veo el todo, pero tengo que ser consciente de que el todo es más grande que mi parte. Desde mi ventana yo me acerco a la realidad, pero el que tiene la ventana por el otro lado, ve otra parte de la realidad y es tan legítima como la mía.
Lo de que el todo siempre es mejor que la parte y demás, lo adscribe mucho el Papa Francisco, que yo no sé cómo lo estás viendo, en concreto en esta búsqueda de diálogo ecuménico e interreligiosso a través de gestos, y yendo un poco más allá de los mismos: ahora va a Ginebra, a la patria de Calvino. Se está reuniendo con los responsables de Al-Azhar, ese Islam moderado del que hablabas.
Como decía, es necesario ese acuerdo entre iguales y también desterrando esa idea que en occidente está muy extendida, lamentablemente, de que el Islam es una religión intrínsecamente violenta, lo cual casi justifica que después se pueda actuar contra los violentos disfrazados de religión.
Hay colegas que así lo creen, y yo les digo: mira, tú tienes derecho a pensar lo que quieras, pero yo creo que en ese sentido no tienes razón y, sobre todo, voto por que no la tengas. Porque como sea así, no tenemos futuro: mil millones de violentos son muchos violentos de Dios, que diríamos.
Si todos son el Estado Islámico, no les va a importar inmolarse.
Y lo que decías ahora del papa Francisco: ciertamente, este papa con tantas vertientes muy positivas, tiene sus oscuridades y faltas de decisiones, pero estoy completamente de acuerdo en que ha sido una primavera para la Iglesia.
Una de las cosas que más me llamó del papa Francisco nada más ser elegido fue precisamente su postura claramente interreligiosa. Es más, en este libro mío que tienes delante, "La búsqueda de la armonía en la diversidad"...
Que lo publicas con Verbo Divino, y subtitulado: "El diálogo ecuménico e interreligioso desde el Concilio Vaticano II".
Se publicó en el año 2014 y me ocurrió una anécdota, que te cuento: el libro ya estaba en la imprenta cuando eligieron al papa Francisco. Oí sus primeras declaraciones en el aula. Llamé inmediatamente a la editorial y dije:
-Oye, que tengo que cambiar el libro-
-Pero, cómo: Que ya está en imprenta-
-¡Por favor!-
Y es que había un capítulo que se titulaba "De la primavera de Juan XXIII al invierno de Juan Pablo II". Un invierno que no había superado tampoco Benedicto XVI. Y a mí me parecía triste, porque yo quiero tener una postura esperanzada. Cambié el capítulo, que llevó el título "De la primavera de Juan XXIII a la primavera de Francisco". Porque, un papa que dice a este director de La República que se define no religioso: "Dios no es católico"... Que un papa diga eso es totalmente revolucionario. Es decir "Dios es católico, pero no exclusivamente; mi Dios es tu Dios..." Es genial. Es la ruptura radical con todo tipo de exclusivismo. Dios es de todos. Ninguno tenemos la posesión de esa verdad; la verdad es Dios, Dios es la verdad...
Estamos en un mundo complejo y, por tanto, las respuestas tienen que estar a esa altura. No pueden ser simplistas. Porque una cosa es simple y otra es simplista.
Creo que estamos en un momento especialmente privilegiado para ese diálogo, y que hay deseo de ese diálogo. Es como el tema de la ecología; todo está íntimamente vinculado: el atentado ecológico hoy es tremendo y, sin embargo, nunca ha habido, desde la modernidad, esta sensibilidad ecológica. Todos nos damos cuenta de que si seguimos este ritmo de consumo, terminamos con el mundo.
En esta complejidad, ese diálogo ya se está realizando y por eso yo soy optimista. Por ejemplo: más sencillo que el diálogo interreligioso es el dialogo ecuménico. La perspectiva actual de la Iglesia del diálogo con otras confesiones (porque una es la Iglesia, y distintas son las confesiones) era impensable hace cincuenta años, antes del Concilio Vaticano II. Y esto ya es normal; ya se ha conseguido.
Cuando Ratzinger sacó aquel desafortunado texto de la "Dominus Iesus" todo el mundo reaccionó en contra. Ni Juan Pablo II la quiso firmar, porque no podemos dar pasos hacia atrás; las otras Iglesias son tan Iglesias como la nuestra. ¿Cómo se te ocurre decir que la Iglesia luterana, la Iglesia de tu patria, es menos Iglesia?
Algunos amigos nuestros, sabes que lo siguen diciendo.
Pero el ecumenismo ha dado pasos de gigante y hoy cada vez más. Yo no necesito que mis hermanos de las otras Iglesias sean como yo. Yo lo que quiero es que sean ellos, y que juntos seamos capaces de construir algo. Y lo mismo que aplico para el ecumenismo lo aplico para el diálogo interreligioso: las otras religiones me aportan una riqueza, es la manera como la gente de otros países vive la experiencia religiosa. Es una riqueza de siglos y lo hemos comprendido.
Por tanto, el diálogo ecuménico e interreligioso es más posible que nunca. Y, de hecho, son minoría los fundamentalismos de cualquier tipo en el Islam y en el cristianismo, -porque el fundamentalismo nació en el cristianismo, en el fundamentalismo bíblico norteamericano-.
Cada vez son más minoritarios aunque se nos impongan en los medios. La inmensa mayoría de la gente quiere convivir en paz.
Por eso soy optimista frente a esto pero, al mismo tiempo, soy consciente de las dificultades. Uno de mis libros, hace años, se titulaba "Contra el síndrome NNA" que, por cierto, va a salir en español este año. Es el síndrome de "no hay ninguna alternativa". De alguna manera es el síndrome del pensamiento único. Y yo creo que frente a ese síndrome sí hay alternativa. La esperanza está construyendo realidades cada día: en relaciones, con la convivencia, con la realidad política, el pacifismo... El eco pacifismo es una realidad hoy, igual que el ecumenismo y el diálogo interreligioso.
Raimon Panikkar
Me gustaría que habláramos un rato de Raimon Panikkar. Ha sido tu maestro: como has dicho, tu tesis doctoral iba por ahí. Habéis lanzado, con Herder Editorial, un diccionario panikkariano, porque hay lenguaje suficiente para que exista.
Ahora estamos celebrando el centenario de su nacimiento, y es un personaje al que tendríamos que redescubrir constantemente. ¿Quién es para ti Raimon Panikkar?
Este es mi tercer libro sobre Panikkar. Panikkar da para esto y mucho más. Este año de su centenario, tristemente, también lo es de la Primera Guerra Mundial. Pero del final, así que es un centenario positivo.
Raimon Panikkar fue uno de los pensadores más geniales del siglo XX. Y, de hecho, así lo han reconocido con los títulos que le han dado: en Italia, por ejemplo, le dieron el Premio Nonino de Maestro del siglo XX.
La genialidad de Panikkar es importante porque ha constituido un puente entre Oriente y Occidente. Es una persona que ha reunido algo difícil de reunir porque era una persona absolutamente embebida del pensamiento occidental: en mis conversaciones con él citaba a Platón en griego, a Agustín en latín y a santo Tomás ya no digamos. Y al mismo tiempo te citaba a los Vedas en sánscrito, y a Heidegger en alemán.
Un diálogo religioso con patas.
Eso es. Este puente, entre Oriente y Occidente, era un puente intercultural e interreligioso por dos razones: a nivel intercultural porque Panikkar era el hombre de la palabra; la valoraba como ventana del ser. Fue amigo personal de Heidegger, tuvieron grandes diálogos. Es más, un detalle, que he contado en mis libros, es que las últimas palabras de Heidegger están dedicadas a Panikkar, y eso la gente no lo sabe: el poema "sprache" (palabra) está dedicado en el original -yo lo he visto en su casa- a Raimon Panikkar y sus discípulos.
Pues bien, Panikkar era el hombre de la palabra, sabiendo que la palabra -como decía Heidegger- es la puerta del ser. Para él era muy importante el vehículo de esa palabra: dominaba más de diez lenguas, y las dominaba bien. Era capaz de expresarse perfectamente en ellas. Tuvo la suerte de nacer en una familia intercultural: su madre pertenecía a la burguesía catalana, y era cristiana. Su padre era de la India y era hindú. Había venido de la India a Inglaterra y cuando empezó la Primera Guerra Mundial se vino a Barcelona. Cuando estaban instalados en Barcelona, y ya había nacido Panikkar, empieza la guerra civil española. Se van a Alemania para instalarse allí, y cuando lo hacen empieza la Segunda Guerra Mundial.
A nivel lingüístico se había criado en una perspectiva. Y precisamente por ser su padre hindú y su madre cristiana, él ya respiró un diálogo interreligioso desde su infancia que lo convirtió en el objetivo de su vida, hasta tal punto que llegó a declararse cristiano, hindú, budista y secular: cristiano de nacimiento, hindú también de familia, budista porque descubrió el budismo y era muy amigo del Dalai Lama. Y secular, él insistía en este aspecto, porque la dimensión secular de occidente también le parecía una manera muy honesta de ver esa realidad del misterio que, a veces, la religiones deforman precisamente por perspectivas demasiado chatas. Valoraba el monoteísmo, pero decía: "el monoteísmo no define toda la realidad divina; Dios es personal, pero es más que personal".
Era doctor en Filosofía, y teólogo doctor en Teología. Además era científico, doctor en Ciencias Químicas aunque nunca se dedicó, más que los primeros años, a este aspecto.
Uno de estos genios que vienen de vez en cuando y convierten en oro todo lo que tocan.
Y, sin embargo, en muchos otros aspectos él era un hombre humilde e inseguro. Pensaba en qué había hecho con su vida, le parecía que no había acertado mucho...
Estaba siempre en camino.
Justo: a él le encantaba la perspectiva de Machado de "se hace camino al andar".
Fue profesor en la Universidad de Santa Bárbara (California). Se jubiló a los setenta años, y la mitad de sus libros los escribió después aunque se había retirado a Tavertet para vivir como un monje...
Prisciliano
Eso es lo maravilloso, también, de la vida, que te recoloca y te cambia los planes. Otro día seguro que hablamos de Prisciliano, otro tema que da para muchísimo.
Te lo digo en dos palabras, si quieres, porque es mi tercer libro sobre Prisciliano: ese otro genio del siglo IV. Un laico que, de manera fulgurante, pasó de laico a obispo. Un genio del siglo IV que por envidias de otros colegas, -ya en este siglo la Iglesia había llegado a un nivel de decadencia tremendo, cuando entró en la dinámica del poder con Constantino- acabó siendo condenado como hereje y decapitado.
Sin embargo, era un hombre que tenía un proyecto de Iglesia absolutamente actual. En dos palabras, su perspectiva de Iglesia y lo que se vivía en sus comunidades era de un total igualitarismo. Hombres y mujeres son iguales hasta tal punto que las mujeres pueden ejercer los mismos papeles que los hombres: ser doctora, predicar, celebrar. Y hay una jerarquía, pero es absolutamente secundario porque lo fundamental es la vivencia de las comunidades. Con esas afirmaciones ya te puedes imaginar cómo le pareció el proyecto a los obispos que perdían sus privilegios.
Y encima era un hombre que pertenecía a la clase senatorial, que venía de familia muy rica, supo vivir intensamente la experiencia evangélica y fue entre los pobres, entre los que consiguió tanto eco como entre otros colegas de la clase alta, porque se sentían, igual que las mujeres, perfectamente acogidos, con toda su dignidad, en sus comunidades.
Otro día tenemos que hablar de Prisciliano y de Santiago.
¡Esa es otra! Es unas de las polémicas que se crean siempre con mis libros: ¿Quién está en Compostela: los restos de Santiago o los restos de Prisciliano?
O qué restos.
Sí. (ríe)
Victorino, ha sido un placer. Muchas gracias por la charla y por dejarnos esa sensación de que podemos seguir caminando y encontrándonos con gente -a Dios gracias- diferente, crean en una cosa o crean en otra.
Gracias a vosotros. Realmente el mundo tiene futuro. Y yo estoy convencido de que desde la búsqueda común de la armonía, desde el caminar juntos, somos iguales en dignidad pero diferentes, y esas diferencias son las que más nos enriquecen como seres humanos.
Ahí nos encontraremos siempre. Muchas gracias

CARTA AL PAPA SIN RESPUESTA NI ACUSE DE RECIBO

col segui

Queridísima Mara: De nuevo contigo, hoy para hacerte llegar la carta que escribí al Papa el año 2014. Tras la que escribí a la Sagrada Congregación, dirigida al cardenal Joao Braz, no habiendo obteniendo respuesta alguna, y habiendo dejado pasar un tiempo considerable, decidí escribir al Papa Francisco. 
Ahí te mando su contenido, y decirte que tampoco no recibí ni acuse de recibo. Sigo atenta sobre este proceso de la Instrucción que, por injusta, hay que seguir insistiendo a tiempo y a destiempo, para que este yugo sea quebrado de encima de nuestras espaldas. Las mujeres no podemos ser tratadas así en la Iglesia, no lo merecemos, ni Dios lo sufre ya.
Que sigas bien, te iré manteniendo informada de todo lo que vayamos moviendo sobre este asunto tan desagradable. Con amor y comunión. Nura

CARTA AL PAPA
Puçol, 2 – enero – 2014
Queridísimo padre y hermano, Papa Francisco: Tras leer con agrado su mensaje por la paz, me ha conmovido favorablemente la insistencia en la fraternidad como dimensión esencial del ser humano en las relaciones personales, necesaria para la justicia y la paz verdadera. La fraternidad como preocupación por el bien del otro, desde la comunión y el respeto. Como hijos de Dios, la fraternidad nos dignifica e iguala, nos pone en actitud de servicio y no de dominio sobre los demás.
Todo el mensaje me ha causado el asombro de lo puramente evangélico, y en mí asoma una alegre esperanza y una segura confianza de que, el ejercicio vocacional de la fraternidad, tenga su comienzo en el seno mismo de las instituciones eclesiales y en su mismo sistema de gobierno, como testimonio de verdad y justicia evangélica.
Digo esto porque, las comunidades de vida monástica-contemplativa, hemos sido avasalladas por un Decreto de la Sagrada Congregación para la Vida Religiosa. Que, sin mediar palabra, sin consultarnos y sin tener en cuenta nuestro parecer y necesidades, sin previo diálogo ni consenso, se nos ha impuesto tajantemente la figura de un “asistente”, obligatorio que sea varón y sacerdote, que dé razón ante la Santa Sede de nuestro hacer y proceder en todos los asuntos que atañen a nuestras federaciones.
Dicho Decreto fue firmado por el presidente de la Congregación para la Vida Religiosa, el cardenal Joao Braz de Aviz, y sigue vigente, obligando a las federaciones a elaborar nuevos estatutos para que, aquellas federaciones que no tenemos “asistente”, lo introduzcamos en dichos estatutos obligatoriamente.
Proceder de esta manera dictatorial, imponiéndose sin miramiento por encima de los Decretos fundantes como la Sponsa Christi, que nos invita a federarnos y aconseja tener algún asesor, pero sin imponerlo, como en el actual Decreto, es faltar al más elemental derecho humano de la libertad, es herirnos en nuestra dignidad de hijas de Dios y no esclavas de voluntades humanas absolutistas.
Padre y hermano, Papa Francisco, apelo a usted con la esperanza de que salga valedor por nosotras, mujeres religiosas, que no tenemos posibilidad humana de ser escuchadas para expresar nuestros deseos y necesidades, sino siempre a través de los varones, a veces de escasa fiabilidad. Pido ser consideradas como personas adultas y maduras, capaces de exponer nuestros propios asuntos sin mediadores eclesiásticos, porque nuestras presidentas están ampliamente capacitadas para ello. Necesitamos ser tratadas con más respeto humano y fraternal confianza, tal como lo hizo Jesús con las mujeres de su tiempo, tal como lo está haciendo usted mismo, ¡esta es mi esperanza!
Al fin, nosotras no traemos otro empeño que ser y hacer Iglesia desde nuestros puestos de orantes, y vivir una vida para el evangelio en la más absoluta sencillez en nuestros monasterios. Sinceramente, no merecemos ser tratadas así, porque en la Iglesia todo deber ser servicio fraterno y no imposición dictatorial. Quien así obra, no hace sino un uso abusivo de la autoridad y un fraude al evangelio.
Lo que pido es libertad de elección y no imposición, y sugiero diálogo, derecho a ser escuchadas, a hacer las cosas desde el consenso razonado. Solo así haremos una Iglesia más fraterna, donde las relaciones sean de igualdad entre hermanos.
Si el Decreto rezumara evangelio, ¡correría!, cual gamo, tras el olor de sus perfumes. Pero, si somos regidas por Decretos sin base evangélica ¡pobres monjas y pobre Iglesia!
Quiero ponerle en conocimiento de una carta que, hace casi un año dirigí al cardenal Joao Braz, con motivo de dicho Decreto. No obtuve respuesta, ni tan siquiera acuse de recibo. El silencio y la indiferencia ha sido el gran vacío que me ha llegado. Le adjunto la carta para su conocimiento.
Y me quedo con la esperanza en el alma de ser acogida y leída por usted, confiando también en que la verdad y la justicia del Reino avalen a las mujeres en la Iglesia y, todos juntos, seamos capaces de ser cada vez más fieles al evangelio.
Esta carta es totalmente personal, y en ella no quiero implicar ni a mi comunidad ni a nuestra federación. Siento en mí el apremio de una justicia y un derecho hacia la mujer, porque me he sentido profundamente herida con tan inconveniente Decreto, que ha provocado profundo malestar en las comunidades.
Que Dios le bendiga y conceda larga vida, cuente siempre con la oración de esta carmelita descalza que es muy su hermana y amiga. También yo me encomiendo a su oración y comunión en la fraternidad.

Anna de Jesús María, ocd (Seguí Martí)
Anna Seguí. Publicado en el Blog de Anna Seguí (ocd, orden carmelita descalza): https://aventurarlavida.wordpress.com

LA VIRGEN MARÍA, "NUESTRA SEÑORA DE LAS ECOLOGÍAS"

col aradillas
En su expresión ecológica tan sublime, como espectacular y religiosa, la Santísima Virgen María, con sus advocaciones piadosas, se hace popularmente presente sobre todo en el calendario festivo propio del verano.
De ahí nuestras prisas en destacar tal realidad y reconocimiento, con lo que poder contribuir de alguna manera a la conservación del planeta "mundo", en cuya destrucción egoísta se da la triste y estadística impresión de estar tantos empeñados, hasta impiadosa y sacrílegamente.
Desde el pináculo de cualquier calendario mariano festivo, me asomo aquí y ahora, con el deseo de adscribirnos de alguna manera a ritos, ceremonias, tradiciones y comportamientos del pueblo- pueblo, en la relación establecida religiosamente con la Divinidad, por la mediación de la Virgen, en el rosario de sus advocaciones "naturales", tanto o más teológicas que las misteriosamente "sobrenaturales" , antes y después de dejar constancia brillante de que son tantos, tan bellos y tan reparadores los nombres y los sobrenombres, que no todos pueden caber en el resplandeciente listado de sus letanías.
El Camino -Nuestra Señora del Camino- lo inicia en las tozudas y empobrecidas tierras turolenses de una de sus comarcas -quince son los pueblos que componen su Cofradía-, patroneados por la "Santísima Virgen de la Langosta", con inexcusables referencias no a los crustáceos marinos tan preciados en la gastronomía, sino "a los insectos salteadores que se alimentan de vegetales y se multiplican con tal rapidez, que forman plagas con efectos devastadores para la agricultura", con flagrante ruina de quienes pueblan y viven de sus tierras. Gracias a la protección de la Virgen, y a la fe de sus gentes, estas pudieron pervivir y superar dificultades tan graves, en unos tiempos o edades en las que el campo y sus cosechas solo estaban en manos de Dios y no en las de la química.
Madrid, capital de las Españas, lo es también de advocaciones marianas tan representativas ecológicamente como la Almudena, Atocha -"atochar"- y Paloma. Los accidentes geográficos relacionados con el terreno en los que "aparecieron" sus imágenes, le confieren en multitud de versiones nombres tan sagrados como el Mar, Collado. Montaña, Navahonda, Prado, Monte, Castellar, Castillo, Valle, Sierra, Dehesa, Cabeza, Finisterre. Muela o Cerro, Peñalosa, Piélago, Puerto, Fuente -en singular o en plural-, Fuensanta, Fuencisla, Aguasantas, Fuensalida, del Río, del Arroyo, Guadalupe, Covadonga, Monserrat....Árboles y frutos les salen al paso a los peregrinos por los caminos y santuarios ecológicos marianos, que demandan protección y ayuda a favor de la salvación del mundo, con denominaciones tales como Guía, Manzano, Castañar, del Castaño, Encina, Olmos, de la Oliva, Peral, Navalazarza, de las Flores, Rosario, Poveda, Paular, Alameda, Espinar, del Espino, Huertas y Huerto, Madroño...
La Estrella es referencia de seguridad, de Esperanza y de Luz. Las Nieves lo son de pureza y blanco -Blanca-, aún en pleno verano. Con sobrenombres de aves y pájaros, las advocaciones de la Virgen tachonan los cielos, y multitud de pueblos, regiones y Comunidades Autónomas, con mención reiterada, verbenera y popular, para la Paloma Palomares, el Águila y la Divina Pastora.
Por su abundancia y matices en sus nombres oficiales o populares, es de difícil catalogación exacta, entre otras, la Candelaria, Begoña, Aránzazu, del Refugio, Aurora, del Pazo, Altamira, Sonsoles, Los Llanos, Trabajo, Destierro, de la Leche, del Buen Parto, del Santo Celo, Azucena, Alarilla, Butarque, -"lugar de légamos"-, Chavela -"lugar de robles"-, Buena Vista, Somosierra ,-"la Sierra por antonomasia"-, el Rocío.. Piedra Escrita,- o del Enigma-, Roncesvalles, del Yugo, del Puy, Riánsares, Piedras Albas, Fuentes Claras...
No hay una necesidad que atender por esos mundos de Dios, y más si estos son hispanos y además, rurales, en cuya presurosa atención no se haga presente la Virgen en cualquiera de sus piadosas y exactas advocaciones, con ritos, preces, letanías, sermones, procesiones, cánticos e himnos, peregrinaciones, y hasta dulces o platos típicos en el listado de su rica y variada gastronomía, por supuesto, que todos ellos, con nombres muy santos, y algunos, aún indulgenciado, previas las gestiones canónicas de sus cofrades. En esta tarea intervienen con idéntica piedad, las advocaciones, cuyas identidades hayan respondido, y respondan, a las lenguas llamadas vernáculas, sin exclusión de las de procedencia latina, griega, celta, ibérica o pre-ibérica, sin faltar a la cita las provenientes de "allende los mares", y más cuando patrióticamente se alardea de que "en cuyos dominios jamás se ponía el sol..."
Es posible "que no sea oro todo cuanto reluce". Pero hay mucho oro en todo, reluzca o no reluzca. La devoción popular tiene nombres y atributos de Virgen. Si la ecología, y parte de lo que todavía queda de "mundo" -limpio y reluciente- al mundo, se cuidara, por creyentes y no tanto, es de confiar en la efectividad de la protección de la Virgen, una de cuyas advocaciones más socorridas es precisamente la de la Esperanza.
Todo el mundo es templo de Dios y santuario de la Virgen. También lo es de cuantas personas lo habitan y viven, aunque posiblemente, y con más activas responsabilidades, de quienes dicen profesar la fe cristiana como acto de adoración a Dios, mediante el servicio a los más necesitados.
En unos tiempos de tantas y tan graves profanaciones del mundo universo, "Nuestra Señora de las Ecologías - ciencia que estudia las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medio ambiente-, ¡rogad por nosotros¡", es -será- oración, y programa de vida, prevalentes. Y es que "el hombre no es ya simplemente un servidor de los dioses, sino un ser que piensa", gracias sean dadas a Dios, AMÉN.

Salvini no es un caso aislado: así ha resucitado el fantasma del fascismo en Europa


Alejandro Tena

Italia, Hungría, Polonia, Holanda y Alemania, entre otros países, han visto como formaciones de extrema derecha llegaban a las instituciones y, en algunos casos, alcanzaban carteras ministeriales. Todo ello mediante un discurso ultra nacionalista que, con matices, señala a los migrantes que piden asilo a Europa.
La escalada del fascismo europeo no es una realidad política espontánea. Salvini y sus homólogos ideológicos son fruto de un periodo de odio paulatino y progresivo hacia el extranjero. Dicho de otro modo, son el resultado de años de racismo encubierto. En ese sentido, las barreras temporales de la historia del tiempo presente nos hacen retrotraernos hasta Sarkozy, el presidente galo que desalojó el campamento de Calais y llevó a cabo deportaciones raciales a parte de la comunidad gitana que residía en Francia.
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Osoro: “La emigración es un derecho de todos”


Carlos Osoro“YO NO NECESITO QUE ME DEN PERMISO PARA REZAR (…) LO DEMÁS ES CAER EN UNA DICTADURA”
“Hay que salir a buscar a los hombres, sin condiciones de ningún tipo”, sostiene el cardenal de Madrid
Otra cosa es como se regulan esas situaciones, que hay que regularlas ciertamente pero no cerremos ojos ni cerremos puertas, ni cerremos derechos ni eliminemos derechos que son fundamentales de las persona humanas
El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha defendido que la emigración “es un derecho de todos” los seres humanos y, por tanto, “no podemos” quitárselo a nadie, aunque sí debe ser regulado.··· Ver noticia

Papa Francisco: “El clericalismo es la perversión de la Iglesia”


Juan Cejudo, miembro de MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares

Papa Francisco39Lo ha dicho muy claramente Francisco a 70.000 jóvenes reunidos con él en Roma.
Por desgracia, el clericalismo está muy instalado en las estructuras eclesiásticas: curia romana, obispados, parroquias…
Clericalismo existe cuando no se da participación a los laicos en las decisiones que se adoptan, cuando se margina a la mujer en la iglesia
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