FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 19 de febrero de 2025

LA SOPA NO SE PUEDE COMER CON TENEDOR


col martell

 

Hacen falta nuevas herramientas para tender puentes en una cultura líquida.

Nos ha tocado asistir a la emergencia de una nueva civilización humana. Nace una sociedad diferente. El mundo, gracias a las nuevas tecnologías de la información, cambia muy aprisa. Y los últimos acontecimientos geoestratégicos mundiales nos empujan a resetear nuestras mentes para poder ser resilientes en un mundo social, político, ecológico, emocional, cultural y religioso muy diferente al que vivíamos hace muy pocos años.

Muchas personas están viviendo esta situación con zozobra y con angustia ante un futuro plagado de incertidumbres, de preguntas sin respuesta, de situaciones nuevas que no son fáciles de controlar. Estas personas se sienten incómodas porque se sienten en un mundo que ya no es el suyo. Bajo sus pies, la realidad se ha movido muy aprisa y se sienten inseguras, amedrentadas, añorando un pasado empedrado de seguridades que ya no existe.

En los años 90 del siglo pasado, el sociólogo Zygmunt Baumann habló con mucha fuerza sobre el tsunami de la “cultura líquida”, el “amor líquido”, la “ética líquida”. Por influjo de las filosofías del fragmento y del rechazo de los grandes relatos de los postmodernos franceses (como Jacques Derrida) se habría derrumbado todo el edificio de la modernidad y el relativismo individualista, el “carpe diem” serían el modo de vida del futuro.

Para Baumann, esta cultura de la banalidad, del individualismo consumista, de la ausencia de valores permanentes racionales asumidos por los humanos, corroe no solo la sociedad sino también los fundamentos de la democracia, aunque sea liberal y burguesa. En esto estaría acompañado por Jürgen Habermas quien en 2001 proclama que entramos en la era de la post-secularidad, y los demócratas deben contar con el gran potencial simbólico de las religiones para trabajar juntos por las libertades de todos.

Por otra parte, desde las diversas comunidades científicas del mundo se teje la conciencia del valor de las Ciencias y de las Tecnologías en la era emergente de la nueva biología y del procesamiento de la información, la mal llamada IA. Pero los científicos y tecnólogos son cada día más conscientes de que vivimos en un “universo enigmático”. El 80 % del universo es “materia oscura”. Y de lo que puede ser captado por las sondas espaciales, cada vez es más difuso y complejo poder hacer afirmaciones fiables sobre lo que todavía se llama la “realidad” (en filosofía cada vez se discute más sobre lo que significa la realidad, del mismo modo que se discute la naturaleza del “conocimiento humano”, de “la verdad”, de la capacidad del ser humano para poder conocer)

Esta actitud no debe llevarnos al escepticismo, sino a una postura de humildad ante el valor de lo que se ha dado en llamar “el progreso humano”. No se trata de lanzarse al mar proceloso del “no saber”, sino aceptar que lo que llamamos “la realidad” es algo que se nos escapa del poder de las neuronas para construir una imagen adecuada de lo que existe fuera de nosotros.

A esto se añade que muchas personas que, no son malas sino que “han aprendido” a odiar y a enriquecerse y que forman “la humanidad”, en un intento de supervivencia individual se construyen sus propios mundos explotadores de los demás. Son los “supremacismos” (blancos, hombres, ricos, occidentales.. y yankis)

Hoy se habla mucho de las “fake news”, las noticias falsas, los bulos. En Andalucía se usa mucho la palabra “embustero”. Esta expresión es más fuerte que “mentiroso” porque incluye connotaciones morales: el “embustero” no solo miente con la intención de mentir, sino que además lo hace para arrebatar a los demás parte de sus vidas y de sus libertades. Creando confusión, “a río revuelto ganancia de pescadores”.

Todos somos conscientes de que cada vez es más necesaria una racionalidad crítica que contribuya a construir entre todos unos sistemas de creencias, unas representaciones racionales del mundo, en las que el individuo humano no se constituya en señor y tirano de los demás de la casa común (la Tierra).

Entre toda la sociedad civil mundial urge asumir la conciencia de “mente colectiva” que no solo busca sobrevivir, sino sobre todo tejer entre todos un universo en el que la solidaridad, la tolerancia, la comprensión mutua, el respeto a la diversidad (y sobre todo a las minorías) sean valores determinantes.

En definitiva, el triunfo del amor sobre la cultura del despilfarro, el acaparar, la rivalidad y el odio. Probablemente esta sea también la razón por la que Teilhard escribió una vez en 1934:

 “Algún día, después de dominar los vientos, las olas, las mareas y la gravedad, aprovecharemos para Dios las energías del amor, y luego, por segunda vez en la historia del mundo, el hombre habrá descubierto el fuego”

(Pierre Teilhard de Chardin, Toward the Future , pág 86;

y “La evolución de la castidad” [1934 (febrero), en: Las direcciones del porvenir. Taurus, Madrid, 1974, volumen XI, pp. 55-78, y  en: Sobre el amor y la felicidad . PPC, Madrid, 1997, pp 19-22].

Ahora, más que nunca, es necesario que la sociedad civil, formada en una racionalidad crítica, “resetee” su mente y busque nuevas herramientas para comprender, amar y vivir en el este mundo. La sopa antigua no se puede comer con tenedor.

 

Leandro Sequeiros. Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

FLORES EN LOS FUNERALES


col martell

 

Soy demasiado atrevido con lo que estoy escribiendo. Se trata de reducir los ramos de flores en los tanatorios y funerales. Con la mejor intención y cariño, llevamos ramos de flores los familiares, los amigos, los vecinos, las personas relacionadas con el difunto.

No cabe duda que se hace desde el cariño y la relación de amistad o parentesco.

Me crea varios interrogantes. ¿Qué sentido tienen esas flores? ¿Las llevamos como signo de que los difuntos viven en Dios?

En cuanto acaban los oficios, esas flores molestan y en muy poco tiempo hay que arrojarlas a la basura. Suponen un gasto considerable.

¿Hay otra alternativa a los ramos de flores?

1. Disminuir los ramos. Y por lo tanto, los gastos. Sobre todo cuando se llega a medir la categoría del difunto-a por el número y la calidad de las flores.

2. Hacer algo simbólico: un ramo solo entre varias personas

3. Repartirlas entre los asistentes como símbolo de seguir el testimonio del difunto-a y llevarse a casa una flor como signo de que nuestro fallecido vive y de que deseamos seguir su obra y sus cualidades

4. Repartirlas en centros benéficos

5. Repartirlas en los colectivos a los que pertenecía: Contra el Cáncer, Ela, Parkinson, ancianos…

6. Dedicar el coste para evitar muertes en los barcos de inmigrantes, en las guerras entre pueblos, víctimas en el mar. Ahí sí que son signos de vida y de que Jesús da vida y salvación a muchas personas.

Yo quiero que en mi funeral solamente haya tres rosas, que es lo que aprendí en las HIJAS de la Caridad en Anguiano. Y con esa flor una acción de gracias a Dios.

EUROPA EN LA ENCRUCIJADA. UN PROYECTO AUTÓNOMO NO SE IMPROVISA


col koldo

 

Va a hacer 3 años que comenzó el conflicto bélico en Ucrania, desde entonces muchos venimos reclamando la necesidad acuciante de que Europa jugara un papel propio, sin determinismos de la OTAN y de los EEUU, y que ello no impidiera apostar por la paz con Rusia y cooperar con Ucrania en una salida justa de la situación.

Pero no, la UE se entregó dócilmente al belicismo de Washington y a dopar a Ucrania para que sostuviera una guerra imposible de ganar frente a una potencia nuclear como Rusia.

Nadie niega que Putin tuvo la responsabilidad de apretar el botón de una intervención militar impropia, pero también es evidente que la política norteamericana, haciendo uso exclusivo de la OTAN, acorraló a Rusia y provocó un desenlace fatal. Igualmente Ucrania, con su pretensión inadecuada de entrar en la OTAN, facilitó una reacción defensiva del kremlin, cuyos resultados han sido catastróficos.

Más aún, mientras en Ucrania hubo gobiernos neutrales o próximos a Moscú, la situación de Ucrania desde su independencia de la antigua URSS en 1991 fue bastante armónica, contando siempre con que era un país claramente dividido entre una zona algo mayoritaria más vinculada a occidente y otra totalmente rusófila, incluida Crimea, cuya población es completamente rusa, como quedó patente en el Referéndum de anexión de 2014, con un 97 por ciento de apoyo popular. Cuando se produce el golpe de dicho año y Rusia recupera Crimea, los territorios pro rusos sufren un acoso permanente desde Kiev y son castigados por su inclinación por Rusia.

Ese injusto proceder del gobierno pro yanki del país constituyó un agravio muy difícil de soportar por el sentimiento de una Rusia neoimperial y sonaron las alarmas para liberar a esos territorios del Donbás de la opresión occidental. El resultado ha sido un país destruido, una pérdida de vidas indescifrable todavía y un exilio descomunal, que aunque haya contado con una hospitalidad selectiva por la UE y otros países, ha supuesto un trauma colectivo impagable.

Ahora con la llegada de Trump ha volado por los aires esa pretensión de defensa occidental hacia Ucrania. La negociación directa entre Trump y Putin deja a Europa en una posición completamente insignificante y coloca a Ucrania en un rol utilitario para los intereses norteamericanos industriales y comerciales. Es de suponer que la solución no es tan simple y sencilla, pero todo indica que Trump quiere arrastrar a Rusia, tras la paz convenida y sin concesiones, a una alianza a medio plazo, que la aleje de China y formar así un frente común contra el único enemigo real para los EEUU, pues es el proyecto verdaderamente alternativo, en lo económico, en lo social y en lo político.

Por ello, por más que Zelenski clame pidiendo más ayuda a la UE, las cartas ya están marcadas y esa guerra, afortunadamente, tiene los días contados. Ahora bien, cuál ha de ser el rol de la UE a partir de ahora. Naturalmente hay que apuntalar esa autonomía perdida, con una reacción equilibrada pero firme ante la presión americana, esto se conseguiría intensificando sin falsos temores la relación comercial y diplomática con China para contener la frontalidad de Trump, hay que abrir un proceso de paz con Rusia sin servilismos, pero con voluntad cooperativa clara. Eso ayudará a cerrar el conflicto de Ucrania con el menor daño humanitario y económico posible, pactando una reconstrucción, donde no quede solo el “amigo yanki”. Y finalmente, hay que negociar con los EEUU con valentía y cordura para equilibrar el escenario internacional, con un concepto de paz amplio y profundo, que incida en todos los conflictos actuales, así sí podría alcanzar Europa esa autonomía efectiva y constructiva para la convivencia internacional.

 

REZO POR LA EUROPA DEL TRUMPISMO


col kowalski

 

El viento helado de la incertidumbre sopla sobre Europa. Con el retorno de Donald Trump a la Casa Blanca, las relaciones entre Estados Unidos y el viejo continente se han tensado como nunca. El eco de su retórica dura resuena en los parlamentos europeos, avivando la llama de un cierto nacionalismo exacerbado y endureciendo aún más las políticas migratorias. Pero en medio de estos juegos de poder, hay miles de vidas atrapadas en el filo de una navaja: los migrantes.

Trump ha dejado claro que su visión de la política exterior se basará en un pragmatismo implacable, sin concesiones ni diplomacia blanda. Su distanciamiento de Europa no solo significa una reconfiguración de las alianzas geopolíticas, sino también un refuerzo de las posturas antimigratorias en la región.

El Mediterráneo, antaño una promesa de esperanza para quienes huyen de la guerra y la miseria, se ha convertido en un foso cada vez más difícil de cruzar. Las políticas de externalización de fronteras, apoyadas en acuerdos con países del norte de África, refuerzan la imagen de una Europa que ya no recibe, sino que rechaza.

En los campos de refugiados de Europa, las condiciones empeoran sin el apoyo de una Unión Europea debilitada por sus propias fracturas internas. Los discursos de odio se normalizan en las plazas y parlamentos, mientras los migrantes, convertidos en chivos expiatorios de crisis económicas y sociales, ven sus oportunidades diluirse como arena entre los dedos.

El enfrentamiento entre Washington y Bruselas también pone en jaque los programas de cooperación humanitaria. La falta de consenso y liderazgo debilita los mecanismos de respuesta, dejando a los más vulnerables a merced de un sistema que los considera una carga antes que personas con derechos.

Pero Europa no solo se repliega bajo el influjo de Trump. Dentro de sus propias fronteras, se desdibujan los principios humanitarios que una vez sustentaron su unidad. Los ministros del Interior de los 27 se han reunido recientemente en Varsovia en busca de respuestas, pero su única solución ha sido el blindaje: más controles en las fronteras interiores, más centros de deportación, más pactos con regímenes de dudosa ética.

La Unión Europea avanza, paso a paso, en el derribo de su propio legado: el derecho de asilo, nacido de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial, ahora languidece bajo el peso de la política del miedo. Parece abrirse un camino de endurecimiento, donde la prioridad no es el bienestar de quienes huyen, sino la construcción de muros invisibles que los condenan a la intemperie.

Europa parece secundar, a su manera, la estela de mano dura migratoria que ahora impone Trump en Estados Unidos y que habrá que ver hasta qué punto vaya afectando a los migrantes de cualquier posibilidad de arraigo en Europa. Y así, en este tablero de poder, los desplazados se convierten en piezas descartables, sacrificadas en nombre de la seguridad y la política.

El regreso de Trump no solo significa un nuevo enfrentamiento geopolítico; es también el síntoma de una Europa en crisis de identidad, que ni siquiera es capaz de defender a sus propios países -por ejemplo a Ucrania de la invasión Rusa-. Y donde la humanidad retrocede y el miedo traza las nuevas fronteras de un continente que, antaño, prometió ser refugio y ahora se erige como fortaleza.

Y en medio, o al lado, la voz de un Papa entrando de nuevo en la antesala de la enfermedad hospitalizada supone la firmeza de su permanente visión defensora de la dignidad de los migrantes como ha hecho en su reciente carta –defensora de los mismos- a los obispos de Estados Unidos. Como si desde un clínica hospitalaria por un lado –con un hombre mayor y enfermo- y por otro lado desde el despacho oval de la mayor potencia mundial con un hombre desafiante y poderoso, se diseñaran dos visiones del mundo: una basada en la compasión y los valores cristianos de acogida y protección del vulnerable, y otra que prioriza la seguridad nacional y el control migratorio estricto. “American first” donde se incluye Groenlandia, Panamá el Golfo de Mejico y….

El papa en su carta animando a los obispos estadounidenses y que no tiene desperdicio(https://www.vatican.va/content/francesco/es/letters/2025/documents/20250210-lettera-vescovi-usa.html) establece un tono dramático que trasciende la mera discusión política, sugiriendo una confrontación entre dos visiones morales del mundo. El Papa apela a la sensibilidad humanitaria en su carta, escrita en inglés y español, un detalle simbólico que refuerza su cercanía con los migrantes hispanohablantes. Su mensaje es directo y ético, denunciando la deportación como un atentado contra la dignidad humana. Y enfatiza que la pobreza, la inseguridad y la persecución son causas legítimas de migración, desmitificando la idea de que los inmigrantes ilegales son inherentemente criminales.

El uso de términos como “conciencia rectamente formada”, “dignidad infinita y trascendente” y la imagen de un “Dios encarnado, migrante y refugiado” refuerzan la dimensión moral y religiosa del argumento del Papa. Es un lenguaje teológico para recordar que, desde una perspectiva cristiana, Jesús mismo fue un desplazado, lo que convierte la acogida del migrante en una cuestión no solo política, sino también espiritual.

Así se dibuja el escenario donde dos visiones del mundo chocan con la fuerza de un huracán que azota los cimientos de la humanidad. De un lado, Donald Trump, el hombre de la torre dorada, el guardián de una nación replegada sobre sí misma, (donde Europa “solo”es un bello museo) protegiendo con celo sus fronteras de aquellos que buscan refugio. Del otro, el Papa Francisco, el peregrino de la ternura, el pastor de los sin hogar, el que predica un Evangelio donde no hay extranjeros, sino hermanos.

Las primeras medidas del presidente estadounidense fueron observadas por Francisco desde la antesala de Clínica Gemelli. Su mirada es la de quien ha visto demasiado sufrimiento, demasiado exilio, demasiado abandono. Y no puede callar. Quizás los efectos de la “infección polimicrobiana”, nombre último que le dan a su enfermedad, lo consiga.

Pero pido, -como me pide la Iglesia que haga rezando por él- para que ni siquiera esta infección aborte los valores y la visión que nos deja.

Como si hubiera una lucha entre la misericordia y la rigidez legal, apelando a la emoción y a la ética quiero inclinar la balanza  -desde  mi humilde visión-  hacia la postura del Papa Francisco. Por eso, y por lo que ahora sufre el Papa, rezo por él… y por Europa.

 

José Luis Pinilla, sj

Religión Digital

BRINDAR AL MUNDO “EXCESO” DE AMOR MISERICORDIOSO COMO LO HACE NUESTRO DIOS


col kowalski

 

A ustedes que me escuchan yo les digo: Amen a sus enemigos, traten bien a los que los odian; bendigan a los que los maldicen, recen por los que los injurian.   Al que te golpee en una mejilla, ofrécele la otra, al que te quite el manto no le niegues la túnica. Da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames. Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. Si aman a los que los aman, ¿qué mérito tienen? También los pecadores aman a sus amigos.  Si hacen el bien a los que les hacen el bien, ¿qué mérito tienen? También los pecadores lo hacen. Si prestan algo a los que les pueden retribuir, ¿qué mérito tienen? También los pecadores prestan para recobrar otro tanto. Por el contrario, amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Así será grande su recompensa y serán hijos del Altísimo, que es generoso con ingratos y malvados. Sean compasivos como es compasivo el Padre de ustedes. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados. Perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida generosa, apretada, sacudida y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos (Lucas 6, 27-38)

El domingo pasado reflexionábamos sobre el pasaje de las bienaventuranzas. El evangelio de hoy continúa esa presentación de los valores del reino mostrando tres actitudes concretas en las que se presenta la diferencia entre una sociedad donde cada uno ve por su propio interés y lo que ha de ser el actuar cristiano. La primera se refiere a los enemigos, a los que tratan mal o injurian. Sobre ellos se dice que se han de amar, tratar bien, bendecir, rezar por ellos. La segunda se refiere a los que usan la violencia o roban las pertenencias. La respuesta es no poner resistencia y darle todo lo que se tiene. La tercera es dar todo lo que pidan y si alguien quita algo, no reclamarle. Vistas estas actitudes en sociedades como las nuestras tan llenas de violencia y de aprovechamiento de unos sobre otros, resulta muy difícil ponerlo en práctica. Pero la cuestión no es tomar al pie de la letra los ejemplos señalados sino entender el espíritu de lo que significa la vida cristiana. En realidad, se resume en la llamada “regla de oro”: hacer a los otros lo que queremos que ellos nos hagan. Y la fundamentación de tal actuar también radica en que la gente se porta bien con los que se portan bien, con las personas que ama. Pero no lo hace con los que no ama. Y aquí viene la pregunta para el cristiano: ¿Qué mérito se tiene si solo se hace el bien a los que se ama? Eso lo hacen todas las personas. La vida cristiana tiene algo más que ofrecer al mundo. Allí donde impera la violencia puede ponerse la paz. Allí donde impera el egoísmo, puede implementarse el compartir. Allí donde prima la indiferencia, puede ponerse la atención a los otros, buscando también lo mejor para ellos.

Ahora bien, la razón para este comportamiento lo explicita la segunda parte del evangelio: “Ser compasivos o misericordiosos como Dios es misericordioso”. En este mismo texto, pero en la versión de Mateo, se dice “sean perfectos como el Padre celestial es perfecto”. Y ambos textos remiten al texto del Levítico (19,2): “sean santos como Dios es santo”. Ahora bien, la santidad en Israel implicaba la “separación” para participar de lo sagrado y se hablaba de ello en el ámbito ritual. Conocemos que Jesús cuestiona esa pureza ritual que excluye a muchos. Por tanto, hablar de Dios como misericordioso puede ser mucho más significativo que los otros términos. De hecho, el Antiguo Testamento también habla de Dios como misericordioso y el evangelio de Lucas lo presenta en este texto muy diciente para sus destinatarios que son los pobres y excluidos.

La vida cristiana, por tanto, está llamada a testimoniar el amor misericordioso de Dios y esa misericordia siempre es “generosa, apretada, sacudida, rebosante”. Si hay algo que los cristianos pueden ofrecer al mundo de hoy es ese “exceso” de misericordia porque, efectivamente, todos necesitan de ese amor gratuito en muchos momentos de la vida y para algunos es la única posibilidad de levantarse de las situaciones de injusticia a las que las estructuras de pecado los someten. El evangelio termina con el refrán de oro expresado de otra manera: “de la forma que midan, así serán medidos”. Ojalá que estos valores del reino sean vividos con mayor radicalidad, con total generosidad como Dios mismo lo hace con absolutamente todos sus hijos, aunque sean ingratos y malvados.

 

Consuelo Vélez

Religión Digital

CARTA A JOSÉ LORENZO


col kowalski

 

Querido José Lorenzo y responsables de la página Fe Adulta:

Soy Montserrat Escribano-Cárcel y os escribo en nombre de la junta de la Asociación de Teólogas Españolas. El motivo es la publicación de José Lorenzo del artículo: “La teología en España hoy: ¿divulgadores del magisterio o investigadores de la presencia de Dios?” publicado estos días en Religión Digital y recogido por Fe Adulta. Algunas compañeras nos han escrito para alertarnos de la ausencia de las mujeres que han producido y se han nutrido de la teología en España desde hace más de cuarenta años. Como bien sabéis, las teólogas españolas han hecho una tarea encomiable y enormemente creativa de elaboración, resignificación y trasferencia del conocimiento teológico tanto en el Estado como fuera de él. Además, son muchas las mujeres que se han matriculado para estudiar teología y seguir profundizando en esta disciplina aportando perspectivas y experiencias que, hasta el momento, no habían sido consideradas o en las que se había insistido en su invisibilización.

Gracias a todas ellas, la labor teológica a partir del concilio ecuménico Vaticano II, ha vivido un impulso sin precedentes y ha supuesto la renovación en todas las disciplinas y que, de otro modo, consideramos que hubiera sido bien distinta.

Por todo ello, sería bueno que cuestionáramos las razones por las cuales las teólogas no ocupan puestos de responsabilidad en nuestras Facultades de Teología, en obispados o en la Conferencia episcopal. También nos preocupa la necesaria revisión de los contenidos, bibliografías y planes de estudio teológico en Facultades, en centros de estudios adscritos y en Seminarios diocesanos.

Información que permanece, como se señala en el artículo, opaca y sin datos publicados. Mientras esto sucede, las metodologías, perspectivas y lenguajes de las teólogas está transformando hondamente, junto con otras muchas creyentes que forman los grupos de base, como son Mujeres y Teología o la Revuelta de las Mujeres en la Iglesia, por nombrar solo algunas, los modos eclesiales de elaborar teología y de percibir nuestras relaciones sinodales.

De modo que, os pedimos que consideréis una ampliación de este artículo que es sesgado y que invisibiliza la realidad y la actividad académica teológica actual. Al mismo tiempo, nos parece que continúa alentando las dinámicas que desde vuestros medios tratáis de prevenir. Me refiero al clericalismo en connivencia con el patriarcado. Dinámicas ambas que generan profundas desigualdades y que nos alejan del ser eclesial evangélico.

Me despido de vosotros, agradeciendo y reconociendo vuestra labor informativa, con las palabras de las hermanas de la Revuelta de las Mujeres en la Iglesia: «Hasta que la igualdad sea costumbre».

 

Montserrat Escribano-Cárcel

Presidenta de la Asociación de Teólogas Españolas

València, 17 de febrero 2025

MÁS CLARO, IMPOSIBLE


col anso

 

Ni con la bronquitis aguda que le ha obligado a permanecer en el hospital, Francisco deja de generar esperanza para los más vulnerables con su denuncia profética. Ambas de la mano, esperanza y llamada contra la injusticia, como tiene que ser para colocarse de parte del Evangelio. Esta vez, el Papa se dirige por carta a los 439 obispos de Estados Unidos, en la que amplía sus recomendaciones a los católicos y a todas las personas de buena voluntad en torno al drama de las expulsiones que Trump ha ordenado sin atisbo de humanidad.

En los textos bíblicos el Papa fundamenta su mensaje para referirse al desplazamiento forzoso de millones de personas por un personaje que se dice cristiano. ¿Qué pensarán los que no son cristianos de esta medida brutal ordenada por un pretendidamente seguidor de Jesús de Nazaret, al que mataron precisamente por un comportamiento radicalmente contrario? Francisco recuerda en su misiva la esclavitud en Egipto o la huida de la Sagrada Familia como refugiados en Egipto. Y hace estas referencias para mostrar la revelación de Dios que se hace emigrante y refugiado, vinculando para siempre el amor de Dios con el amor al prójimo que sufre fuera de su tierra. Esta carta es una llamada a que la ley no sea retorcida contra la dignidad de millones de personas, porque no está siendo legítima en su aplicación.

El Papa recuerda a los obispos su responsabilidad de que son llamados a actuar ante las deportaciones masivas haciendo referencia clara a oponerse a la criminalización y deportación de inmigrantes y de familias enteras angustiadas ante la inminente expulsión, personas vulnerables y sin ninguna protección. Una vez más, el Papa vincula el verdadero Estado de Derecho con la protección de la dignidad humana para que aquél sea verdadero y creíble.

En otro lugar del texto, anima a los prelados recordándoles que Dios estará presente en todo lo que hagan para proteger y defender a las personas y comunidades consideradas ¡menos valiosos, menos importantes o menos humanos! (n.8). Se puede decir que se dirige a ellos como profetas, dejando claro que espera la defensa de este atropello en marcha, al tiempo que abre el foco profético a todos los fieles de la Iglesia católica, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, exhortándoles a no ceder ante las narrativas que discriminan y hacen sufrir innecesariamente a nuestros hermanos migrantes y refugiados.

Con caridad y claridad todos estamos llamados a vivir en solidaridad y fraternidad, a construir puentes que nos acerquen cada vez más, a evitar muros de ignominia, y a aprender a defender a los más débiles de la gran cadena humana para que esta no se rompa. Para ello es necesario una política que regule una migración ordenada y legal, lo cual exige una movilización general contra la injusticia de este nuevo tiempo trumpista para no ceder ante las narrativas falsarias y discriminatorias

La pregunta que queda para cada obispo y para cada cristiano ante el atropello de la administración estadounidense, es si cada cual está dispuesto a seguir a Jesús, a soportar la persecución, y en última instancia sufrir formas modernas de crucifixión defendiendo el Mensaje. Las últimas palabras del Papa recuerdan que “Si alguno quiere venir tras de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará (Mat. 16, 24-26).

La profética Carta del Papa es un recordatorio de que la credibilidad de la fe cristiana se sostiene en las acciones personales y comunitarias, en ambas, dando testimonio de Jesús de amar a todos, y hacerlo preferencialmente a los más pobres y excluidos. Este es el verdadero ordo amoris tan ligado a la parábola del buen samaritano, es decir, “el amor que construye una fraternidad abierta a todos, sin excepción”, afirma el Papa Francisco. El mensaje concluye dejando claro que, preocuparse por la identidad personal, comunitaria o nacional, al margen de estas consideraciones, acaba por imponer la voluntad del más fuerte como criterio de verdad. Más claro, imposible.

EUCARISTÍA ENTRE INMIGRANTES


col arregi

 

No fue una celebración religiosa. Fue un encuentro de solidaridad en memoria de los 10.450 migrantes ahogados en el mar en el año 2024, tratando de llegar a España. Actividad realizada el domingo 9 de febrero de 2025, junto al mar, en el puerto de Cartagena.

Escuchamos testimonios de varios inmigrantes africanos sobrevivientes de naufragios de los cayucos en que viajaban. Unos procedían de Sudán, otros de Mali y otros de Senegal, Gambia, Guinea, Nigeria… Buscando la vida encontraron la muerte, unos en la travesía del desierto y otros en el mar. Un hombre senegalés viajaba con sus cuatro hijos en un cayuco repleto de gente, con unas 40 personas aproximadamente. El mar estaba muy agitado, grandes olas balanceaban el rústico cayuco como queriendo tragárselo. Flotaba sin rumbo. Después de doce días ya no les quedaban alimentos ni agua para beber. Hambrientos y sedientos, con frio en la noche y sol abrasador de día, algunos fueron muriendo. Los cadáveres fueron arrojados al océano. Este hombre vio morir a sus cuatro hijos, uno tras otro. Cuando murió el último, un niño, lo abrazó y se arrojó con él al mar. Ya no le encontró sentido a ese viaje incierto. Solo cinco personas lograron llegar a la isla de Tenerife. Quien dio testimonio fue uno de ellos.

Sentado en las gradas del puerto, escuchaba en silencio los testimonios de los inmigrantes africanos. La mayoría huyen de la extrema pobreza, del hambre, de la explotación o de la violencia. El planeta está dividido en dos mitades, con un Norte global rico y un Sur global pobre.

Mientras los inmigrantes compartían, yo reflexionaba que no vienen de países pobres sino que las grandes empresas multinacionales del Norte explotan sus recursos y materias primas. Se llevan la riqueza y dejan la pobreza. Es por eso que las migraciones discurren del sur al norte y no la inversa

Las palabras de Jesús “fui forastero, migrante, y me acogisteis” me golpeaban el corazón. No podía asimilar los testimonios de estos hermanos y hermanas después de escuchar la cantaleta de políticos hipócritas: “¡Vienen a invadirnos, vienen a quitarnos el trabajo, son delincuentes, que se vayan a su tierra, no los queremos!”.

Cerré los ojos y me adentré en mi interior. “Tomad y comed porque este es mi cuerpo”, dijo Jesús. Cuerpo de Cristo Jesús sepultado en el océano, cuerpos de hambrientos y sedientos, cuerpos tendidos en la arena del desierto, cuerpos que sufren luchando contras las olas del mar hasta morir ahogados, cuerpos de víctimas de la injusticia de este mundo cruel e hipócrita.

“Tomad y bebed, porque esta es mi sangre”, sangre de los que buscando la vida, la pierden en la travesía de los desiertos. Sangre derramada a causa de la desigualdad existente en esta sociedad  capitalista, un “sistema que mata”. Sangre derramada de gente inocente víctima de las guerras y genocidios. Hombres, mujeres, niños y niñas despedazados por las armas de los poderosos que se enriquecen con la industria y el comercio armamentista. Y los “buenos” callan, y muchos obispos, curas, pastores protestantes, imanes y rabinos guardan silencio. Y las distintas religiones siguen con sus ritos y cultos, incapaces de unirse para ser una voz y fuerza profética para construir un mundo más humano, un mundo de hermanos.

Comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre es ser como él fue: una persona al servicio de una nueva humanidad.  “¡Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor Jesús!”. En medio de este drama, proclamamos que la última palabra sobre la historia no la tienen los señores de la muerte que hoy dominan el mundo sino el Dios de la vida que resucitó a Jesús, el Dios de los pobres. Es aquí donde encontramos sentido a tanto sufrimiento provocado por la codicia del sistema dominante, el “pecado social” de este mundo”, del cual, muchos, sin darnos cuenta, formamos parte por nuestra falta de compromiso en la construcción de otro mundo de justicia, paz y fraternidad universal.

EL SECRETO DEL REINO


fe adultacol labrador

 

Comentario al Evangelio del 23 de Febrero

Ahora bien, a vosotrxs lxs que me escucháis os digo…

Así inicia Lucas nuestro texto de hoy: Lc 6, 27-38. Es el comienzo de la segunda parte del sermón del llano, dirigido al pueblo.

La primera parte va dirigida a los discípulos; en ella propone Lucas dos horizontes, uno de felicidad y otro de desdicha, invirtiendo los valores de la sociedad. Los pobres sufren, pero en el reino de Dios, la nueva sociedad, saldrán de esa situación.

La segunda parte, tema de este domingo, trata el amor generoso y universal, es decir el amor sin distinciones, incluso a los enemigos.

Ahora bien, a vosotrxs lxs que me escucháis os digo:

“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen… al que te pide, dale…es decir, tratad a los demás como queréis que ellos os traten…”

Te invito a una reflexión orante de estas palabras. No tienen ninguna lógica, sin embargo contienen el secreto del reino, la clave de nuestro seguimiento, sin la cual el cristianismo sería una ideología más. Sin embargo, gracias a ese estilo de sociedad y actuación tan alternativa que Jesús nos propone, tenemos el tesoro escondido.

“Hay que nacer de nuevo” le dirá Jesús a Nicodemo que anda en su noche más oscura intentando acoplar el mensaje de Jesús con sus conocimientos y práctica exhaustiva y fiel de la Tora, de la Ley mosaica.

Y Jesús le dice “hay que nacer de nuevo”. Hay que dejarse nacer por el Espíritu Ruah, que con su sabiduría nos conduzca a la luz para comprender el nuevo modo de pensar y actuar que propone Jesús.

Para nacer tenemos que cruzar la estrechez y la oscuridad de la madre que nos saca, nos empuja a un mundo nuevo, desconocido y en cierto modo aterrador.

De un lugar recogido, pequeño y nutrido, se nos saca a un mundo al que necesitamos entrar despacio. Ahí está el papel de la madre, sigue ofreciéndonos su regazo, su alimento, su calor, su atención…es el gran papel, medio olvidado, de la oración. Oración como diálogo de amor, apaciguador y capacitador para vivir esa escucha, de la que habla Jesús: “A vosotrxs, lxs que me escucháis, os digo”

Me atrevo a afirmar que sólo desde ese calor de presencia que la fe nos garantiza, y a diario, como alimento insustituible por libros, audios…así en el silencio de ese abrazo que nos nutre, sí podemos aprender a ser hijas e hijos.  Esa filiación la otorga esa manera de amar, sentir y actuar alternativa, más bien opuesta a la normalizada por una sociedad, incluso iglesia que se ha mezclado demasiado con el poder olvidando la desnudez y vulnerabilidad de los métodos del Nazareno; él cambió la historia con sus manera tan diferente de vivir.

A vosotrxs, lxs que me escucháis os digo:

Potentes y entrañables esas palabras. Si te las tomas en serio te transportan a lugares desconocidos de alegría honda, de pasión encauzada a sacar de la noche a tantxs que hoy están amenazadxs por dictadores enloquecidos de poder.

No, ellos no son la ley, la ley la tenemos inscrita en nuestro corazón y conciencia y sólo si la vivimos desde el calor del amor comprenderemos la necesidad que tiene el mundo de hoy de vidas menos teóricas y más arriesgadas en sus actuaciones en defensa de los más perseguidos.

He vivido y estudiado muchos años en USA. Hoy mis amigxs, las personas con las que compartí vida y fe del Salvador, de Guatemala, de México, de Argentina…gente joven que a fuerza de un trabajo agotador se han hecho su rinconcito en un país que no les quiere oficialmente, pero que se aprovecha de su mano de obra barata…hoy están amenazados de ser deportados. Las madres les dicen a sus hijos al dejarles en el colegio, “si no vengo a recogerte cariño, no llores, vendrá tu tía y te enviará a nuestro país…”

Conozco a muchísima gente que les apoya y acompaña. A muchísimas religiosas que dedican su vida y propiedades a apoyar y acompañar. A muchos  laicos que dedican parte de su sueldo para aliviarles.  Muchos, en lugar de hacer turismo de tercera edad se dedican a luchar por ellos de mil maneras: utilizando sus profesiones para ayudarles, utilizando sus recursos, utilizando su tiempo creando espacios seguros, para, como dice Jesús, darles de lo que nos  piden porque es suyo, al fin y al cabo.

A vosotrxs, lxs que me escucháis, os digo:

Actuad hoy ya, sin demora, como las hijas e hijos de Dios que sois. Sabemos que hijx en la Biblia se refiere al que actúa como su padre, no se refiere tanto al hijo biológico, como al que y a la que adquiere la profesión y modo de actuar del padre.

Mensaje aclarado, somos esxs hijxs predilectas cuando actuamos como el Abba.

Hay mucha tarea, y en efecto, debemos dejarnos nacer de nuevo.

SED MISERICORDIOSOS

 


El evangelio es insistente. Sabe de nuestro modo de ser olvidadizo y por ello remacha continuamente los valores más básicos y necesarios para seguir a Jesús, para poder llamarse uno cristiano.

De entre el torrente de sugerencias que nos ofrece el evangelio de hoy tomamos una: SED MISERICORDIOSOS. Y da como argumento principal: así es Dios.

Para muchos, la misericordia es un desvalor, algo propio de débiles. Están muy equivocados: hay que ser muy fuerte para ser misericordioso, hay que ser muy humano. La humanidad sin misericordia sería una jungla. Las relaciones sin misericordia habrían helado hace tiempo nuestro corazón.

Pero todos lo sabemos: la misericordia es costosa. A veces decimos ante los agravios: lo que busco es justicia, no caridad. Creemos que la justicia excluye a la misericordia. Pero el gran éxito de las relaciones humanas es ser justos y misericordiosos a la vez.  Por eso podemos decir que la misericordia, entiéndase como se entienda, hace parte del cimiento de lo humano. Lo dicho: sin misericordia no hay humanidad.

¿Cómo seguir insistiendo hoy en una vida misericordiosa para poder llamarnos y ser humanos, para poder ser seguidores de Jesús?

· Sé permeable: déjate afectar por las situaciones de los demás. No seas roca dura sobre la que resbala el agua, sino tierra y casa donde caben también las situaciones de los otros.

· Dulcifica tu mirada: no seas duro cuando miras al que lo pasa mal. Mírale a los ojos y descubre en ellos la mirada del mismo Jesús. Mírale como quisieras que te miraran a ti.

· Haz caso a tu corazón: porque todos tenemos un corazón bueno en el fondo. Hazle caso a su lado más misericordioso, más humano. Controla tus reacciones duras.

Hemos de hacer un esfuerzo por mantenernos en línea de misericordia. Todos sabemos que Jesús de Nazaret nos exhorta a amar no solo a aquellos con los que nos entendemos bien; nos llama a ser misericordiosos con todos como nuestro Dios es misericordioso, a perdonar a los demás como Dios nos perdona a nosotros. Jesús se desvivió por acoger a quienes su sociedad consideraba parias. No podemos llamarnos cristianos si vamos en otra dirección.

Habría de animarnos saber que hay personas misericordiosas que en el silencio han sido y son ejemplo de misericordia. Como el jesuita riojano José Mª Heredero: toda su vida dedicada a los dalits, la casta más baja de la India, los olvidados. O el obispo brasileño Erwin Kräutler: toda la vida dedicada a los derechos de los indígenas sufriendo atentados y disgustos pero sin que haya disminuido su determinación y su dedicación a la causa. Personas misericordiosas que nos animan a la misericordia para que se mantenga con vida el alma del mundo.

 

AMOR AL ENEMIGO José Antonio Pagola


 «A los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian». ¿Qué podemos hacer los creyentes ante estas palabras de Jesús? ¿Suprimirlas del Evangelio? ¿Borrarlas del fondo de nuestra conciencia? ¿Dejarlas para tiempos mejores?

No cambia mucho en las diferentes culturas la postura básica de los hombres ante el «enemigo», es decir, ante alguien de quien solo podemos esperar algún daño. El ateniense Lisias (siglo V a. C.) expresa la concepción vigente en la antigua Grecia con una fórmula que sería bien acogida también hoy por bastantes: «Considero como norma establecida que uno tiene que procurar hacer daño a sus enemigos y ponerse al servicio de sus amigos».

Por eso hemos de destacar todavía más la importancia revolucionaria que se encierra en el mandato evangélico del amor al enemigo, considerado por los exegetas como el exponente más diáfano del mensaje cristiano.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pensando en un sentimiento de afecto y cariño hacia él, pero sí en una actitud humana de interés positivo por su bien.

Jesús piensa que la persona es humana cuando el amor está en la base de toda su actuación. Y ni siquiera la relación con los enemigos ha de ser una excepción. Quien es humano hasta el final respeta la dignidad del enemigo, por muy desfigurada que se nos pueda presentar. No adopta ante él una postura excluyente de maldición, sino una actitud de bendición.

Y es precisamente este amor, que alcanza a todos y busca realmente el bien de todos sin excepción, la aportación más humana que puede introducir en la sociedad el que se inspira en el Evangelio de Jesús.

Hay situaciones en las que este amor al enemigo parece imposible. Estamos demasiado heridos para poder perdonar. Necesitamos tiempo para recuperar la paz. Es el momento de recordar que también nosotros vivimos de la paciencia y el perdón de Dios.

 

TODOS SOMOS UNO, NO HAY OTRO A QUIEN AMAR U ODIAR DOMINGO 7º (C) Lc 6,27-38

fe adulta

 


Seguimos con el sermón del llano de Lucas. Después de las bienaventuranzas, nos propone otro de los hitos del mensaje evangélico: “Amad a vuestros enemigos”. Es el único dato que puede asegurarnos que cumplimos sus propuestas. Tampoco es fácil entenderlo, mejor dicho, es imposible entenderlo, si no se tiene la vivencia de unidad con Dios. Como programación o como obligación venida de fuera, nunca tendrá éxito, aunque el que lo proponga sea el mismo Dios. Para entrar en la dinámica que los evangelios nos proponen es indispensable comprender que no hay ningún enemigo.

Si sigo pensando que estas exigencias son demasiado radicales, es que no he entendido nada del mensaje evangélico; aún estás pensándote como individualidad separada y egótica, no te has enterado de lo que realmente eres. Jesús propone un planteamiento existencial, que va más allá de toda comprensión racional. Compromete el ser entero, porque se trata de dar sentido a toda mi existencia. Es verdad que desbarata el concepto de justicia de todo el AT y también el del Derecho Romano, que nosotros manejamos. Pagar a cada uno según sus obras o la ley del talión, ojo por ojo… quedan superadas.

Quiero sacaros de la sensación de angustia al descubrir que no somos capaces de amar al enemigo. Esa incapacidad es consecuencia inevitable de un mal planteamiento. Si creo que el evangelio me obliga a amar al enemigo con amor humano, que es un sentimiento, cerceno la posibilidad de cumplir el evangelio, porque los sentimientos son anteriores a nuestros deseos, no están sujetos a la voluntad. En griego hay dos verbos que nosotros traducimos por amar: “agapao” y “phileo”. Pero los primeros cristianos aplicaron al agapao un significado muy concreto que va más allá del que aplicamos al amor humano.

Agape significó para ellos el amor de Dios o el de un ser humano que imita el amor de Dios. Y ya sabemos que el amor en Dios no es una relación sino una total identificación con todo. Phileo siguió significando un amor de amistad, de cariño, de empatía con otra persona. En el texto que comentamos dice agapete, es decir, amaos como Dios ama o mejor, amaos con el mismo amor de Dios. Esta pequeña aclaración nos puede dar una pista de cómo debemos entender el amor a los enemigos. No se nos exige simpatía o amistad con el enemigo sino el amor de Dios al que tenemos que imitar.

Cuando interpreto la propuesta de amar al enemigo como una obligación de tener sentimientos positivos hacia él, entramos en una esquizofrenia porque no está a mi alcance. Lo que pide Jesús es otra cosa que sí está al alcance de nuestra voluntad. Se nos pide que amemos con el mismo amor con que Dios nos ama. Yo no puedo tener simpatía hacia el que me está haciendo daño, pero puedo considerar que hay algo en ese sujeto por lo que Dios le ama; y yo estoy obligado a tener en cuenta ese aspecto que me permita considerarlo parte de mi e identificarme con él a pesar de su actitud.

Esto quiere decir que el amor que nos pide Jesús no está provocado por las cualida­des del otro, sino que es consecuencia exclusiva de una maduración personal. En la vida normal damos por supuesto que tenemos que amar a la persona amable; que debemos acercar­nos a las personas que nos pueden aportar algo positivo. El evangelio nos pide algo muy distinto. Dios ama a todos los seres, no porque son buenos, sino porque Él es bueno. Pero en vez de entrar en la dinámica del amor de Dios, le hemos metido a Él en la dinámica de nuestro instinto. Hemos hecho un dios que premia a los buenos y castiga a los malos. Si pensamos que Dios ama solo a los buenos, ¿qué podemos hacer nosotros?

Ningún amor puede ser consecuencia de un mandamiento. Cualquier forma de programación es lo más contrario al amor. Ésta es la causa de tanto fracaso espiritual. El amor de que habla el evangelio, como todo amor, tiene que ser consecuencia de un conocimiento. La voluntad es una potencia ciega, no tiene capacidad ninguna de elección. Solo puede ser movida por un objeto que la inteligencia le presente como bueno. Lo que le es presentado como malo, lo rechaza sin paliativos, no puede hacer otra cosa. Cuando en la vida real, repetimos una y otra vez una acción que consideramos mala, es que, en el fondo, no hemos descubierto la razón de mal en esa acción, y solamente la hemos considerado mala como fruto de una programación externa o una obligación impuesta.

Pero ese conocimiento que nos lleve a descubrir como algo bueno el amor al enemigo, no puede ser el que nos dan los sentidos ni la razón, que ha surgido exclusivamente para apoyar a los sentidos y garantizar la vida individual y biológica. El conocimiento que me lleve a amar al enemigo tiene que ser una toma de conciencia de lo que realmente soy, y por ese camino, descubrir lo que son los demás. Este amor es lo contrario del egoísmo. Llamamos egoísmo a una búsqueda del interés individual del falso yo. Cuando descubro que mi verdadero ser y el ser del otro se identifican, no necesitaré más razones para amarle. De la misma manera que no tengo que hacer ningún esfuerzo para amar todos los miembros de mi cuerpo, aunque estén enfermos y me duelan.

No podemos esperar que este Amor que se nos pide en el evangelio, sea algo espontáneo. Todo lo contrario, va contra la esencia del ADN que nos empuja a hacer todo aquello que puede afianzar nuestro ser biológico y a evitar todo lo que pueda dañarlo. Para dar el paso de lo biológico a lo espiritual, tenemos que recorrer un proceso de aprendizaje inteligente, pero más allá de la razón. Solo la intuición puede llevarme al verdadero conocimiento, del que saldrá el verdadero Amor-agape.

Los motivos que propone el evangelio para ese amor, también apuntan al “agape”. “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Mateo es más radical y habla de “sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto”. Se nos pide que nos comportemos como Dios. Se nos pide salir al padre, comportarse como el padre. Solo alcanzando una conciencia clara de ser hijos, podremos considerarnos hermanos. Para los judíos, el concepto de hijo estaba más ligado a la relación humana que a la biológica. Alcanzar la plenitud humana, es imitar a Dios como Padre. Por eso Jesús consideró a Dios su Padre.

Otro problema muy complicado es compaginar este amor con la lucha por la justicia, por los derechos humanos. Jesús habla de no oprimir, pero también, de no dejarse oprimir. Tenemos la obligación de enfrentarnos a todo el que oprime a otro o trata de oprimirme a mí. Tolerar la violencia es hacerse cómplice de esa violencia. Si no ayudamos a los demás a conseguir los derechos mínimos que no se le pueden negar a un ser humano, se nos calificará, con razón, de inhumanos. Pero la defensa de la justicia, nunca se debe hacer con odio, venganza y violencia. Sin la experiencia interior, será imposible armonizar la lucha por la justicia y el verdadero amor. Sin renunciar a la lucha por la justicia, debemos tener claro que esa lucha, tenemos que llevarla a cabo con amor.

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS Domingo 7º. CICLO C

 

fe adulta

El domingo pasado, en la primera parte del “Discurso en la llanura”, Jesús distinguía dos grupos antagónicos: pobres-odiados y ricos-estimados. Los primeros recibirán en el cielo su recompensa; los segundos lo perderán todo. Pero aquí, en la tierra, ¿cómo deben relacionarse ambos grupos? ¿Deben comenzar los pobres una guerra contra los ricos? ¿Pueden contentarse, al menos, con maldecirlos y desearles toda clase de desgracias? A favor de esta postura se podrían citar numerosos salmos, textos proféticos, y la práctica contemporánea de la comunidad de Qumrán. Pero Lucas quiere inculcar una actitud muy distinta, basándose en la enseñanza de Jesús.

Comportamiento con los enemigos (6,27-36)

Al comienzo del evangelio de Lucas, Zacarías, padre de Juan Bautista, profetiza que el descendiente de David vendrá “para que arrancados de las manos de los enemigos, le sirvamos [a Dios] con santidad y justicia”. Es una falsa esperanza. La venida de Jesús no nos arranca de las manos de los enemigos. ¿Qué hacer con ellos?

Ante los sentimientos y palabras adversos

Jesús comienza dirigiéndose a “vosotros que escucháis”, sus discípulos. No puede ser más duro y exigente: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian”. Ya no se trata de dos grupos separados (pobres – ricos), cada uno viviendo su propia vida. Hay un grupo enemigo que odia, maldice e injuria a las comunidades cristianas. Igual que hoy día se odia, insulta y critica a la Iglesia. ¿Cómo reaccionar ante ello? Es frecuente la autodefensa, negar las acusaciones o relativizarlas. No es eso lo que quiere Jesús. Incluso en el caso de que el odio, la crítica o la maldición sean injustificados, la postura del cristiano debe ser positiva. De las cuatro cosas que indica Lucas, dos al menos son posibles en cualquier circunstancia: hacer el bien y rezar. El “amor” no hay que entenderlo en sentido afectivo (como el amor entre los esposos, o entre padres e hijos), sino en el sentido práctico de “hacer el bien”. En el evangelio de Lucas, el ejemplo concreto sería el de Jesús curando la oreja del soldado que viene a detenerlo.

Ante las acciones

De repente, del “vosotros” se cambia al “”. Lo que hay que afrontar ahora no son sentimientos adversos (odio) o palabras hirientes (maldiciones, injurias), sino acciones concretas: “Al que te golpee en la mejilla… al que te quite el manto… al que te pide… al que te quite”. Estas frases le gustarían mucho a Gandhi. Pero a la mayoría le pueden resultar absurdas y prestarse al chiste: “Al que te robe el móvil, dale también el reloj”; “al empresario que intenta robarte, no se lo reclames”.

¿Hay que tomar estas exhortaciones al pie de la letra? En el NT se escuchan dos bofetadas: una a Jesús y otra a Pablo. Ninguno de los dos pone la otra mejilla. Jesús reacciona: “Si he hablado mal, dime en qué. Y si no, ¿por qué me pegas?” (Jn 18,23). Pablo, que se dirige al sumo sacerdote, es más duro: “Dios te va a golpear a ti, pared encalada. Tú estas sentado para juzgarme según la Ley y me mandas golpear contra la Ley” (Hch 23,3).

En cambio, con respecto al no reclamar en caso de injusticia, hay una reflexión de Pablo muy parecida. Un miembro de la comunidad de Corinto tuvo un pleito con otro y acudió a los tribunales paganos. Pablo les escribe que eso debería resolverlo un experto dentro de la comunidad. Y añade algo en la línea del evangelio que comentamos: “Ya es bastante desgracia que tengáis pleitos entre vosotros. ¿Por qué no os dejáis más bien perjudicar? ¿Por qué no os dejáis despojar?” (1 Cor 6,1-11).

La regla de oro

El discurso vuelve al “vosotros”: “Como queréis que os traten los hombres tratadlos vosotros a ellos”. La formulación negativa de esta famosa norma aconseja: “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan”. Aquí se pide algo más que no hacer daño; se pide tratar bien a cualquier persona. ¿Cómo te gusta que te trate la gente, hable de ti (por delante y por detrás), se comporte contigo? Ponte en la piel de la otra persona y actúa como te gustaría que ella se comportase contigo.

Motivos para actuar así

Lucas es consciente de que Jesús pide algo muy difícil. Por eso añade tres motivos que pueden ayudarnos a actuar de ese modo.

1) El cristiano debe superar a los pecadores. Lo repite tres veces, recogiendo dos verbos iniciales (amar, hacer el bien) y añadiendo uno nuevo (prestar). Si el cristiano se limita a imitar al pecador, no tiene mérito alguno. Se queda sin premio.

2) El premio. Ya al principio del discurso prometió Jesús “una recompensa abundante en el cielo” (6,23). Ahora vuelve a mencionar esa “recompensa abundante” (6,35). Pero no habrá que esperar a la otra vida para recibirla porque, actuando de ese modo, “seréis hijos de Dios, que es generoso con ingratos y malvados”. Algunas personas han pagado grandes sumas por un título nobiliario. La realidad de “hijo de Dios” no se compra, se consigue actuando de forma benévola con los enemigos.

3) El cristiano debe imitar a su Padre, que es compasivo (v.36), como confirmará más adelante la parábola de los dos hermanos, en la que el padre abraza y festeja al hijo sinvergüenza que ha gastado su fortuna con malas mujeres. Jesús pide mucho, pero también Dios se exige mucho a sí mismo.

Jesús y sus enemigos: ataque, reproche, silencio, disculpa y perdón

Los preceptos anteriores resultan a veces muy tajantes, sin matices. Si Jesús mismo no practicó alguno de ellos, ¿cómo debemos interpretar los otros? La respuesta se encuentra en el resto del evangelio. Leyéndolo se advierte que el tema de los enemigos es mucho más complejo de lo que aquí aparece. Jesús encuentra enemigos muy distintos a lo largo de su vida: los escribas y fariseos, enemigos continuos, que critican y condenan todo lo que hace; las autoridades religiosas y políticas de Jerusalén (sacerdotes y ancianos), que lo condenan a muerte y se burlan de él cuando está en la cruz; Judas, que lo traiciona; los soldados, que se burlan de él, lo golpean y crucifican; el mal ladrón, que lo zahiere.

La reacción de Jesús es muy distinta en cada caso. A los escribas y fariseos no los bendice; los ataca de forma durísima, sin desaprovechar ocasión alguna de condenarlos, insultarlos y dejarlos en ridículo. A las autoridades les reprocha en el huerto que vengan a apresarlo como si fuera un ladrón, luego guarda silencio. Con un reproche reacciona también ante Judas: “¿Con un beso entregas al hijo del hombre?”. Ante los soldados, por mucho que se burlen de él y lo hieran, no protesta ni maldice. Pero su actitud global la representan sus palabras en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, que abarcan a todos los grupos. No solo perdona, también disculpa. Al morir por todos nosotros, estaba cumpliendo su mandato de hacer el bien a los que nos odian.

La medida que uséis con los demás la usará Dios con vosotros (37-38)

El discurso cambia de tema. Deja de referirse a los enemigos para centrarse en la conducta con los otros miembros de la comunidad. La primera parte comenzó con cuatro órdenes (amad, haced bien, bendecid, rezad). Ahora encontramos dos prohibiciones (no juzguéis, no condenéis) y dos mandatos (perdonad, dad).

Lo novedoso es que de nuestra conducta depende la que adopte Dios con nosotros. Si juzgamos, nos juzgará; si condenamos, nos condenará; si perdonamos, nos perdonará; si damos, nos dará. Y aquí llega al colmo el tema de la “recompensa abundante” que ha salido ya dos veces en el discurso; ahora se dice que será “una medida generosa, apretada, remecida, rebosante”.

Estas cuatro normas parecen una receta excelente para corromper a Dios y forzarle a tratarnos bien y perdonarnos. Por desgracia, muchas veces preferimos arriesgar su condena por el breve placer de criticar o condenar a alguien.

El tema de no juzgar y no condenar se desarrolla a continuación, pero la liturgia ha reservado el resto del discurso para el domingo 8º.

La 1ª lectura (1 Samuel 26,2.7-9.12-13)

Ofrece un ejemplo concreto de perdón al enemigo, pero por debajo de lo que pide el evangelio. David, perseguido continuamente por Saúl, tiene la posibilidad de matarlo. A eso lo anima su compañero Abisai. David se niega a hacerlo “porque no se puede atentar impunemente contra el Ungido del Señor”. ¿Y si no se tratara del rey? Cuando estaba al servicio de los filisteos devastaba los pueblos vecinos “sin dejar vivo hombre ni mujer”. David no es el modelo ideal para el modo de tratar al enemigo. Pero podemos aplicarnos el mensaje de esta escena: si David perdonó a Saúl por ser el rey de Israel, yo debo perdonar a cualquiera por ser hijo de Dios.

Cuando los enemigos nos hacen un gran favor

En esta época en que se critica tanto a la Iglesia, conviene recordar que las críticas y persecuciones le hacen gran bien. Tertuliano escribía en el siglo III: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

En 1870, el estado italiano se apoderó de Roma y arrebató al Papa la mayor parte de los Estados Pontificios. Lo que muchos católicos de finales del siglo XIX vivieron como una terrible ofensa a la Iglesia, hoy lo vemos como una bendición de Dios. Algunos incluso piensan que Italia debería haberse quedado con todo. San Pedro no tenía nada.

Un propósito muy evangélico

No enviar por las redes sociales ninguna noticia, chiste o comentario que fomente el odio o el desprecio, que insulte o se burle de cualquier persona de cualquier ideología.

 

AMAR A LOS ENEMIGOS VII Domingo del TO 23 de febrero

 fe adulta



Lc 6, 27-38Parece innegable que nuestra especie no está programada para amar a los enemigos. De hecho, en nuestra evolución moral, la llamada “ley del talión” supuso un progreso notable. “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”, se lee en el Libro del Éxodo (21,24-25), cuya versión definitiva puede datarse en el siglo VI a.C. Con esa norma, presente también en el Código de Hammurabi -en torno al siglo XVIII antes de nuestra era-, se trataba de preservar el principio de reciprocidad, que suponía un paso adelante en el comportamiento ético de los humanos, en cuanto buscaba evitar una venganza desmedida y sin control.

Afirmar que, como especie, no estamos programados para amar al enemigo no significa conceder que la energía que ha movido nuestro desarrollo haya sido básicamente la agresión, el enfrentamiento y la competitividad. Estudios recientes vienen a demostrar, por el contrario, que el principio de cooperación ha sido, a lo largo de la historia, tanto o más frecuente y más poderoso que el de competitividad. Pero, en cualquier caso, al “enemigo” -a todo el que era percibido como tal para el propio grupo- se le privaba incluso de su condición de “humano”, lo cual establecía las bases para eliminarlo.

Han sido las tradiciones sapienciales las que nos invitan a mirar la realidad desde otro ángulo, un ángulo que ahora vienen a confirmar las ciencias como el más ajustado.

Aunque es indudable que podemos hacer daño a otros, de la misma manera que podemos recibirlo de ellos, no lo es menos que cada cual, en cada momento, hace lo mejor que sabe y puede. Entender el daño que se hace no significa justificarlo. Pero no entenderlo revela solo narcisismo por parte de quien no puede ver más allá de sus propios “mapas” mentales. Dado que, si pudiéramos ponernos en la piel del otro, seríamos capaces de entender -aunque no justificar- todo lo que hace.

Las tradiciones sapienciales han insistido siempre en que el ser humano se halla constitutivamente orientado hacia el bien. Y la ciencia actual -biología, neurociencias- nos van mostrando que la culpa no existe. Y que, hablando con rigor, llamamos “libre albedrío” a lo que todavía desconocemos de la biología

Eso explica que, en línea con la propuesta de Jesús, si supiéramos o pudiéramos mirar en profundidad, veríamos que no existen “enemigos”; existen personas que hacen daño, desde su propio sufrimiento no resuelto y desde una ignorancia radical de la que tampoco son culpables.

Esa mirada en profundidad es la que nos permite situarnos en la consciencia de unidad donde, más allá del comportamiento de cada cual, nos percibimos Uno con todos.

 

JESÚS EN ESTADO PURO Lc 6, 29-38

 


«Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan…»

Estamos en el núcleo más íntimo del evangelio; en lo que más genuinamente expresa el sueño de Jesús; el Reino: una humanidad de hijos que solo queriéndose como hermanos encontrará su camino.

Pero estas expresiones que hoy leemos pueden ser interpretadas de muy diversas maneras. De hecho, unos la interpretan como una norma moral sumamente exigente que nos abre las puertas del cielo, otros, como un tratado de sabiduría que nos señala el camino de la felicidad, y otros, como una propuesta genial de convivencia capaz de llevar la humanidad a la plenitud a la que está destinada.

Pero conociendo a Jesús como creemos conocerle, resulta muy difícil imaginar que solo buscase la raquítica salvación de una docena de perfectos, sino que nos estaba proponiendo un proyecto de una gran envergadura. Y así debieron creerlo también los poderosos de Israel, pues solo necesitaron unos meses de predicación para saber que tenían que matarlo porque su doctrina hacía peligrar su estatus y comprometía su forma de vida.

Una lectura superficial del evangelio nos puede llevar a concluir que Jesús no abordó los problemas sociales y políticos de su época –y por tanto de ninguna época–; que sus consideraciones están centradas en la persona particular y no son válidas para dar solución a las dificultades reales de la sociedad. Pero si profundizamos en él, veremos que es justo al contrario, porque Jesús construye el Reino desde dentro, desde abajo, desde el servicio, no desde fuera, desde el poder. Jesús se centra en las personas para que esas personas construyan una sociedad humana mucho más justa y fraterna.

El objetivo último de cualquier sociedad es la convivencia, pero la convivencia se puede tratar de imponer a través de las leyes –cosa que nunca se logra– o se puede sembrar. Como decía Ruiz de Galarreta: «La ley deja a la persona a sus fuerzas, le pone preceptos que debe cumplir, le amenaza, le castiga, pero no le cambia el corazón. El Evangelio le coloca ante el don de Dios, le hace conocer a su Padre, le convierte en Hijo, lo cambia por dentro… y ya no tiene que mandarle nada».

Cuando la convivencia se siembra, tarda un tiempo en dar fruto, pero cuando lo da, da el ciento por uno. La razón es que las actitudes evangélicas –aunque parezca lo contrario– son contagiosas, y cada acción de generosidad, de perdón, de fraternidad, es una siembra que acaba dando fruto. Y es por eso por lo que estamos invitados a actuar como hijos; a estar en el mundo como estuvo Jesús, porque su semilla es poderosa y capaz de cambiarlo definitivamente a mejor.