FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 19 de febrero de 2025

EL SECRETO DEL REINO


fe adultacol labrador

 

Comentario al Evangelio del 23 de Febrero

Ahora bien, a vosotrxs lxs que me escucháis os digo…

Así inicia Lucas nuestro texto de hoy: Lc 6, 27-38. Es el comienzo de la segunda parte del sermón del llano, dirigido al pueblo.

La primera parte va dirigida a los discípulos; en ella propone Lucas dos horizontes, uno de felicidad y otro de desdicha, invirtiendo los valores de la sociedad. Los pobres sufren, pero en el reino de Dios, la nueva sociedad, saldrán de esa situación.

La segunda parte, tema de este domingo, trata el amor generoso y universal, es decir el amor sin distinciones, incluso a los enemigos.

Ahora bien, a vosotrxs lxs que me escucháis os digo:

“Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen… al que te pide, dale…es decir, tratad a los demás como queréis que ellos os traten…”

Te invito a una reflexión orante de estas palabras. No tienen ninguna lógica, sin embargo contienen el secreto del reino, la clave de nuestro seguimiento, sin la cual el cristianismo sería una ideología más. Sin embargo, gracias a ese estilo de sociedad y actuación tan alternativa que Jesús nos propone, tenemos el tesoro escondido.

“Hay que nacer de nuevo” le dirá Jesús a Nicodemo que anda en su noche más oscura intentando acoplar el mensaje de Jesús con sus conocimientos y práctica exhaustiva y fiel de la Tora, de la Ley mosaica.

Y Jesús le dice “hay que nacer de nuevo”. Hay que dejarse nacer por el Espíritu Ruah, que con su sabiduría nos conduzca a la luz para comprender el nuevo modo de pensar y actuar que propone Jesús.

Para nacer tenemos que cruzar la estrechez y la oscuridad de la madre que nos saca, nos empuja a un mundo nuevo, desconocido y en cierto modo aterrador.

De un lugar recogido, pequeño y nutrido, se nos saca a un mundo al que necesitamos entrar despacio. Ahí está el papel de la madre, sigue ofreciéndonos su regazo, su alimento, su calor, su atención…es el gran papel, medio olvidado, de la oración. Oración como diálogo de amor, apaciguador y capacitador para vivir esa escucha, de la que habla Jesús: “A vosotrxs, lxs que me escucháis, os digo”

Me atrevo a afirmar que sólo desde ese calor de presencia que la fe nos garantiza, y a diario, como alimento insustituible por libros, audios…así en el silencio de ese abrazo que nos nutre, sí podemos aprender a ser hijas e hijos.  Esa filiación la otorga esa manera de amar, sentir y actuar alternativa, más bien opuesta a la normalizada por una sociedad, incluso iglesia que se ha mezclado demasiado con el poder olvidando la desnudez y vulnerabilidad de los métodos del Nazareno; él cambió la historia con sus manera tan diferente de vivir.

A vosotrxs, lxs que me escucháis os digo:

Potentes y entrañables esas palabras. Si te las tomas en serio te transportan a lugares desconocidos de alegría honda, de pasión encauzada a sacar de la noche a tantxs que hoy están amenazadxs por dictadores enloquecidos de poder.

No, ellos no son la ley, la ley la tenemos inscrita en nuestro corazón y conciencia y sólo si la vivimos desde el calor del amor comprenderemos la necesidad que tiene el mundo de hoy de vidas menos teóricas y más arriesgadas en sus actuaciones en defensa de los más perseguidos.

He vivido y estudiado muchos años en USA. Hoy mis amigxs, las personas con las que compartí vida y fe del Salvador, de Guatemala, de México, de Argentina…gente joven que a fuerza de un trabajo agotador se han hecho su rinconcito en un país que no les quiere oficialmente, pero que se aprovecha de su mano de obra barata…hoy están amenazados de ser deportados. Las madres les dicen a sus hijos al dejarles en el colegio, “si no vengo a recogerte cariño, no llores, vendrá tu tía y te enviará a nuestro país…”

Conozco a muchísima gente que les apoya y acompaña. A muchísimas religiosas que dedican su vida y propiedades a apoyar y acompañar. A muchos  laicos que dedican parte de su sueldo para aliviarles.  Muchos, en lugar de hacer turismo de tercera edad se dedican a luchar por ellos de mil maneras: utilizando sus profesiones para ayudarles, utilizando sus recursos, utilizando su tiempo creando espacios seguros, para, como dice Jesús, darles de lo que nos  piden porque es suyo, al fin y al cabo.

A vosotrxs, lxs que me escucháis, os digo:

Actuad hoy ya, sin demora, como las hijas e hijos de Dios que sois. Sabemos que hijx en la Biblia se refiere al que actúa como su padre, no se refiere tanto al hijo biológico, como al que y a la que adquiere la profesión y modo de actuar del padre.

Mensaje aclarado, somos esxs hijxs predilectas cuando actuamos como el Abba.

Hay mucha tarea, y en efecto, debemos dejarnos nacer de nuevo.

SED MISERICORDIOSOS

 


El evangelio es insistente. Sabe de nuestro modo de ser olvidadizo y por ello remacha continuamente los valores más básicos y necesarios para seguir a Jesús, para poder llamarse uno cristiano.

De entre el torrente de sugerencias que nos ofrece el evangelio de hoy tomamos una: SED MISERICORDIOSOS. Y da como argumento principal: así es Dios.

Para muchos, la misericordia es un desvalor, algo propio de débiles. Están muy equivocados: hay que ser muy fuerte para ser misericordioso, hay que ser muy humano. La humanidad sin misericordia sería una jungla. Las relaciones sin misericordia habrían helado hace tiempo nuestro corazón.

Pero todos lo sabemos: la misericordia es costosa. A veces decimos ante los agravios: lo que busco es justicia, no caridad. Creemos que la justicia excluye a la misericordia. Pero el gran éxito de las relaciones humanas es ser justos y misericordiosos a la vez.  Por eso podemos decir que la misericordia, entiéndase como se entienda, hace parte del cimiento de lo humano. Lo dicho: sin misericordia no hay humanidad.

¿Cómo seguir insistiendo hoy en una vida misericordiosa para poder llamarnos y ser humanos, para poder ser seguidores de Jesús?

· Sé permeable: déjate afectar por las situaciones de los demás. No seas roca dura sobre la que resbala el agua, sino tierra y casa donde caben también las situaciones de los otros.

· Dulcifica tu mirada: no seas duro cuando miras al que lo pasa mal. Mírale a los ojos y descubre en ellos la mirada del mismo Jesús. Mírale como quisieras que te miraran a ti.

· Haz caso a tu corazón: porque todos tenemos un corazón bueno en el fondo. Hazle caso a su lado más misericordioso, más humano. Controla tus reacciones duras.

Hemos de hacer un esfuerzo por mantenernos en línea de misericordia. Todos sabemos que Jesús de Nazaret nos exhorta a amar no solo a aquellos con los que nos entendemos bien; nos llama a ser misericordiosos con todos como nuestro Dios es misericordioso, a perdonar a los demás como Dios nos perdona a nosotros. Jesús se desvivió por acoger a quienes su sociedad consideraba parias. No podemos llamarnos cristianos si vamos en otra dirección.

Habría de animarnos saber que hay personas misericordiosas que en el silencio han sido y son ejemplo de misericordia. Como el jesuita riojano José Mª Heredero: toda su vida dedicada a los dalits, la casta más baja de la India, los olvidados. O el obispo brasileño Erwin Kräutler: toda la vida dedicada a los derechos de los indígenas sufriendo atentados y disgustos pero sin que haya disminuido su determinación y su dedicación a la causa. Personas misericordiosas que nos animan a la misericordia para que se mantenga con vida el alma del mundo.

 

AMOR AL ENEMIGO José Antonio Pagola


 «A los que me escucháis os digo: amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian». ¿Qué podemos hacer los creyentes ante estas palabras de Jesús? ¿Suprimirlas del Evangelio? ¿Borrarlas del fondo de nuestra conciencia? ¿Dejarlas para tiempos mejores?

No cambia mucho en las diferentes culturas la postura básica de los hombres ante el «enemigo», es decir, ante alguien de quien solo podemos esperar algún daño. El ateniense Lisias (siglo V a. C.) expresa la concepción vigente en la antigua Grecia con una fórmula que sería bien acogida también hoy por bastantes: «Considero como norma establecida que uno tiene que procurar hacer daño a sus enemigos y ponerse al servicio de sus amigos».

Por eso hemos de destacar todavía más la importancia revolucionaria que se encierra en el mandato evangélico del amor al enemigo, considerado por los exegetas como el exponente más diáfano del mensaje cristiano.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pensando en un sentimiento de afecto y cariño hacia él, pero sí en una actitud humana de interés positivo por su bien.

Jesús piensa que la persona es humana cuando el amor está en la base de toda su actuación. Y ni siquiera la relación con los enemigos ha de ser una excepción. Quien es humano hasta el final respeta la dignidad del enemigo, por muy desfigurada que se nos pueda presentar. No adopta ante él una postura excluyente de maldición, sino una actitud de bendición.

Y es precisamente este amor, que alcanza a todos y busca realmente el bien de todos sin excepción, la aportación más humana que puede introducir en la sociedad el que se inspira en el Evangelio de Jesús.

Hay situaciones en las que este amor al enemigo parece imposible. Estamos demasiado heridos para poder perdonar. Necesitamos tiempo para recuperar la paz. Es el momento de recordar que también nosotros vivimos de la paciencia y el perdón de Dios.

 

TODOS SOMOS UNO, NO HAY OTRO A QUIEN AMAR U ODIAR DOMINGO 7º (C) Lc 6,27-38

fe adulta

 


Seguimos con el sermón del llano de Lucas. Después de las bienaventuranzas, nos propone otro de los hitos del mensaje evangélico: “Amad a vuestros enemigos”. Es el único dato que puede asegurarnos que cumplimos sus propuestas. Tampoco es fácil entenderlo, mejor dicho, es imposible entenderlo, si no se tiene la vivencia de unidad con Dios. Como programación o como obligación venida de fuera, nunca tendrá éxito, aunque el que lo proponga sea el mismo Dios. Para entrar en la dinámica que los evangelios nos proponen es indispensable comprender que no hay ningún enemigo.

Si sigo pensando que estas exigencias son demasiado radicales, es que no he entendido nada del mensaje evangélico; aún estás pensándote como individualidad separada y egótica, no te has enterado de lo que realmente eres. Jesús propone un planteamiento existencial, que va más allá de toda comprensión racional. Compromete el ser entero, porque se trata de dar sentido a toda mi existencia. Es verdad que desbarata el concepto de justicia de todo el AT y también el del Derecho Romano, que nosotros manejamos. Pagar a cada uno según sus obras o la ley del talión, ojo por ojo… quedan superadas.

Quiero sacaros de la sensación de angustia al descubrir que no somos capaces de amar al enemigo. Esa incapacidad es consecuencia inevitable de un mal planteamiento. Si creo que el evangelio me obliga a amar al enemigo con amor humano, que es un sentimiento, cerceno la posibilidad de cumplir el evangelio, porque los sentimientos son anteriores a nuestros deseos, no están sujetos a la voluntad. En griego hay dos verbos que nosotros traducimos por amar: “agapao” y “phileo”. Pero los primeros cristianos aplicaron al agapao un significado muy concreto que va más allá del que aplicamos al amor humano.

Agape significó para ellos el amor de Dios o el de un ser humano que imita el amor de Dios. Y ya sabemos que el amor en Dios no es una relación sino una total identificación con todo. Phileo siguió significando un amor de amistad, de cariño, de empatía con otra persona. En el texto que comentamos dice agapete, es decir, amaos como Dios ama o mejor, amaos con el mismo amor de Dios. Esta pequeña aclaración nos puede dar una pista de cómo debemos entender el amor a los enemigos. No se nos exige simpatía o amistad con el enemigo sino el amor de Dios al que tenemos que imitar.

Cuando interpreto la propuesta de amar al enemigo como una obligación de tener sentimientos positivos hacia él, entramos en una esquizofrenia porque no está a mi alcance. Lo que pide Jesús es otra cosa que sí está al alcance de nuestra voluntad. Se nos pide que amemos con el mismo amor con que Dios nos ama. Yo no puedo tener simpatía hacia el que me está haciendo daño, pero puedo considerar que hay algo en ese sujeto por lo que Dios le ama; y yo estoy obligado a tener en cuenta ese aspecto que me permita considerarlo parte de mi e identificarme con él a pesar de su actitud.

Esto quiere decir que el amor que nos pide Jesús no está provocado por las cualida­des del otro, sino que es consecuencia exclusiva de una maduración personal. En la vida normal damos por supuesto que tenemos que amar a la persona amable; que debemos acercar­nos a las personas que nos pueden aportar algo positivo. El evangelio nos pide algo muy distinto. Dios ama a todos los seres, no porque son buenos, sino porque Él es bueno. Pero en vez de entrar en la dinámica del amor de Dios, le hemos metido a Él en la dinámica de nuestro instinto. Hemos hecho un dios que premia a los buenos y castiga a los malos. Si pensamos que Dios ama solo a los buenos, ¿qué podemos hacer nosotros?

Ningún amor puede ser consecuencia de un mandamiento. Cualquier forma de programación es lo más contrario al amor. Ésta es la causa de tanto fracaso espiritual. El amor de que habla el evangelio, como todo amor, tiene que ser consecuencia de un conocimiento. La voluntad es una potencia ciega, no tiene capacidad ninguna de elección. Solo puede ser movida por un objeto que la inteligencia le presente como bueno. Lo que le es presentado como malo, lo rechaza sin paliativos, no puede hacer otra cosa. Cuando en la vida real, repetimos una y otra vez una acción que consideramos mala, es que, en el fondo, no hemos descubierto la razón de mal en esa acción, y solamente la hemos considerado mala como fruto de una programación externa o una obligación impuesta.

Pero ese conocimiento que nos lleve a descubrir como algo bueno el amor al enemigo, no puede ser el que nos dan los sentidos ni la razón, que ha surgido exclusivamente para apoyar a los sentidos y garantizar la vida individual y biológica. El conocimiento que me lleve a amar al enemigo tiene que ser una toma de conciencia de lo que realmente soy, y por ese camino, descubrir lo que son los demás. Este amor es lo contrario del egoísmo. Llamamos egoísmo a una búsqueda del interés individual del falso yo. Cuando descubro que mi verdadero ser y el ser del otro se identifican, no necesitaré más razones para amarle. De la misma manera que no tengo que hacer ningún esfuerzo para amar todos los miembros de mi cuerpo, aunque estén enfermos y me duelan.

No podemos esperar que este Amor que se nos pide en el evangelio, sea algo espontáneo. Todo lo contrario, va contra la esencia del ADN que nos empuja a hacer todo aquello que puede afianzar nuestro ser biológico y a evitar todo lo que pueda dañarlo. Para dar el paso de lo biológico a lo espiritual, tenemos que recorrer un proceso de aprendizaje inteligente, pero más allá de la razón. Solo la intuición puede llevarme al verdadero conocimiento, del que saldrá el verdadero Amor-agape.

Los motivos que propone el evangelio para ese amor, también apuntan al “agape”. “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”. Mateo es más radical y habla de “sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto”. Se nos pide que nos comportemos como Dios. Se nos pide salir al padre, comportarse como el padre. Solo alcanzando una conciencia clara de ser hijos, podremos considerarnos hermanos. Para los judíos, el concepto de hijo estaba más ligado a la relación humana que a la biológica. Alcanzar la plenitud humana, es imitar a Dios como Padre. Por eso Jesús consideró a Dios su Padre.

Otro problema muy complicado es compaginar este amor con la lucha por la justicia, por los derechos humanos. Jesús habla de no oprimir, pero también, de no dejarse oprimir. Tenemos la obligación de enfrentarnos a todo el que oprime a otro o trata de oprimirme a mí. Tolerar la violencia es hacerse cómplice de esa violencia. Si no ayudamos a los demás a conseguir los derechos mínimos que no se le pueden negar a un ser humano, se nos calificará, con razón, de inhumanos. Pero la defensa de la justicia, nunca se debe hacer con odio, venganza y violencia. Sin la experiencia interior, será imposible armonizar la lucha por la justicia y el verdadero amor. Sin renunciar a la lucha por la justicia, debemos tener claro que esa lucha, tenemos que llevarla a cabo con amor.

AMAD A VUESTROS ENEMIGOS Domingo 7º. CICLO C

 

fe adulta

El domingo pasado, en la primera parte del “Discurso en la llanura”, Jesús distinguía dos grupos antagónicos: pobres-odiados y ricos-estimados. Los primeros recibirán en el cielo su recompensa; los segundos lo perderán todo. Pero aquí, en la tierra, ¿cómo deben relacionarse ambos grupos? ¿Deben comenzar los pobres una guerra contra los ricos? ¿Pueden contentarse, al menos, con maldecirlos y desearles toda clase de desgracias? A favor de esta postura se podrían citar numerosos salmos, textos proféticos, y la práctica contemporánea de la comunidad de Qumrán. Pero Lucas quiere inculcar una actitud muy distinta, basándose en la enseñanza de Jesús.

Comportamiento con los enemigos (6,27-36)

Al comienzo del evangelio de Lucas, Zacarías, padre de Juan Bautista, profetiza que el descendiente de David vendrá “para que arrancados de las manos de los enemigos, le sirvamos [a Dios] con santidad y justicia”. Es una falsa esperanza. La venida de Jesús no nos arranca de las manos de los enemigos. ¿Qué hacer con ellos?

Ante los sentimientos y palabras adversos

Jesús comienza dirigiéndose a “vosotros que escucháis”, sus discípulos. No puede ser más duro y exigente: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian”. Ya no se trata de dos grupos separados (pobres – ricos), cada uno viviendo su propia vida. Hay un grupo enemigo que odia, maldice e injuria a las comunidades cristianas. Igual que hoy día se odia, insulta y critica a la Iglesia. ¿Cómo reaccionar ante ello? Es frecuente la autodefensa, negar las acusaciones o relativizarlas. No es eso lo que quiere Jesús. Incluso en el caso de que el odio, la crítica o la maldición sean injustificados, la postura del cristiano debe ser positiva. De las cuatro cosas que indica Lucas, dos al menos son posibles en cualquier circunstancia: hacer el bien y rezar. El “amor” no hay que entenderlo en sentido afectivo (como el amor entre los esposos, o entre padres e hijos), sino en el sentido práctico de “hacer el bien”. En el evangelio de Lucas, el ejemplo concreto sería el de Jesús curando la oreja del soldado que viene a detenerlo.

Ante las acciones

De repente, del “vosotros” se cambia al “”. Lo que hay que afrontar ahora no son sentimientos adversos (odio) o palabras hirientes (maldiciones, injurias), sino acciones concretas: “Al que te golpee en la mejilla… al que te quite el manto… al que te pide… al que te quite”. Estas frases le gustarían mucho a Gandhi. Pero a la mayoría le pueden resultar absurdas y prestarse al chiste: “Al que te robe el móvil, dale también el reloj”; “al empresario que intenta robarte, no se lo reclames”.

¿Hay que tomar estas exhortaciones al pie de la letra? En el NT se escuchan dos bofetadas: una a Jesús y otra a Pablo. Ninguno de los dos pone la otra mejilla. Jesús reacciona: “Si he hablado mal, dime en qué. Y si no, ¿por qué me pegas?” (Jn 18,23). Pablo, que se dirige al sumo sacerdote, es más duro: “Dios te va a golpear a ti, pared encalada. Tú estas sentado para juzgarme según la Ley y me mandas golpear contra la Ley” (Hch 23,3).

En cambio, con respecto al no reclamar en caso de injusticia, hay una reflexión de Pablo muy parecida. Un miembro de la comunidad de Corinto tuvo un pleito con otro y acudió a los tribunales paganos. Pablo les escribe que eso debería resolverlo un experto dentro de la comunidad. Y añade algo en la línea del evangelio que comentamos: “Ya es bastante desgracia que tengáis pleitos entre vosotros. ¿Por qué no os dejáis más bien perjudicar? ¿Por qué no os dejáis despojar?” (1 Cor 6,1-11).

La regla de oro

El discurso vuelve al “vosotros”: “Como queréis que os traten los hombres tratadlos vosotros a ellos”. La formulación negativa de esta famosa norma aconseja: “No hagas a otro lo que no quieres que te hagan”. Aquí se pide algo más que no hacer daño; se pide tratar bien a cualquier persona. ¿Cómo te gusta que te trate la gente, hable de ti (por delante y por detrás), se comporte contigo? Ponte en la piel de la otra persona y actúa como te gustaría que ella se comportase contigo.

Motivos para actuar así

Lucas es consciente de que Jesús pide algo muy difícil. Por eso añade tres motivos que pueden ayudarnos a actuar de ese modo.

1) El cristiano debe superar a los pecadores. Lo repite tres veces, recogiendo dos verbos iniciales (amar, hacer el bien) y añadiendo uno nuevo (prestar). Si el cristiano se limita a imitar al pecador, no tiene mérito alguno. Se queda sin premio.

2) El premio. Ya al principio del discurso prometió Jesús “una recompensa abundante en el cielo” (6,23). Ahora vuelve a mencionar esa “recompensa abundante” (6,35). Pero no habrá que esperar a la otra vida para recibirla porque, actuando de ese modo, “seréis hijos de Dios, que es generoso con ingratos y malvados”. Algunas personas han pagado grandes sumas por un título nobiliario. La realidad de “hijo de Dios” no se compra, se consigue actuando de forma benévola con los enemigos.

3) El cristiano debe imitar a su Padre, que es compasivo (v.36), como confirmará más adelante la parábola de los dos hermanos, en la que el padre abraza y festeja al hijo sinvergüenza que ha gastado su fortuna con malas mujeres. Jesús pide mucho, pero también Dios se exige mucho a sí mismo.

Jesús y sus enemigos: ataque, reproche, silencio, disculpa y perdón

Los preceptos anteriores resultan a veces muy tajantes, sin matices. Si Jesús mismo no practicó alguno de ellos, ¿cómo debemos interpretar los otros? La respuesta se encuentra en el resto del evangelio. Leyéndolo se advierte que el tema de los enemigos es mucho más complejo de lo que aquí aparece. Jesús encuentra enemigos muy distintos a lo largo de su vida: los escribas y fariseos, enemigos continuos, que critican y condenan todo lo que hace; las autoridades religiosas y políticas de Jerusalén (sacerdotes y ancianos), que lo condenan a muerte y se burlan de él cuando está en la cruz; Judas, que lo traiciona; los soldados, que se burlan de él, lo golpean y crucifican; el mal ladrón, que lo zahiere.

La reacción de Jesús es muy distinta en cada caso. A los escribas y fariseos no los bendice; los ataca de forma durísima, sin desaprovechar ocasión alguna de condenarlos, insultarlos y dejarlos en ridículo. A las autoridades les reprocha en el huerto que vengan a apresarlo como si fuera un ladrón, luego guarda silencio. Con un reproche reacciona también ante Judas: “¿Con un beso entregas al hijo del hombre?”. Ante los soldados, por mucho que se burlen de él y lo hieran, no protesta ni maldice. Pero su actitud global la representan sus palabras en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, que abarcan a todos los grupos. No solo perdona, también disculpa. Al morir por todos nosotros, estaba cumpliendo su mandato de hacer el bien a los que nos odian.

La medida que uséis con los demás la usará Dios con vosotros (37-38)

El discurso cambia de tema. Deja de referirse a los enemigos para centrarse en la conducta con los otros miembros de la comunidad. La primera parte comenzó con cuatro órdenes (amad, haced bien, bendecid, rezad). Ahora encontramos dos prohibiciones (no juzguéis, no condenéis) y dos mandatos (perdonad, dad).

Lo novedoso es que de nuestra conducta depende la que adopte Dios con nosotros. Si juzgamos, nos juzgará; si condenamos, nos condenará; si perdonamos, nos perdonará; si damos, nos dará. Y aquí llega al colmo el tema de la “recompensa abundante” que ha salido ya dos veces en el discurso; ahora se dice que será “una medida generosa, apretada, remecida, rebosante”.

Estas cuatro normas parecen una receta excelente para corromper a Dios y forzarle a tratarnos bien y perdonarnos. Por desgracia, muchas veces preferimos arriesgar su condena por el breve placer de criticar o condenar a alguien.

El tema de no juzgar y no condenar se desarrolla a continuación, pero la liturgia ha reservado el resto del discurso para el domingo 8º.

La 1ª lectura (1 Samuel 26,2.7-9.12-13)

Ofrece un ejemplo concreto de perdón al enemigo, pero por debajo de lo que pide el evangelio. David, perseguido continuamente por Saúl, tiene la posibilidad de matarlo. A eso lo anima su compañero Abisai. David se niega a hacerlo “porque no se puede atentar impunemente contra el Ungido del Señor”. ¿Y si no se tratara del rey? Cuando estaba al servicio de los filisteos devastaba los pueblos vecinos “sin dejar vivo hombre ni mujer”. David no es el modelo ideal para el modo de tratar al enemigo. Pero podemos aplicarnos el mensaje de esta escena: si David perdonó a Saúl por ser el rey de Israel, yo debo perdonar a cualquiera por ser hijo de Dios.

Cuando los enemigos nos hacen un gran favor

En esta época en que se critica tanto a la Iglesia, conviene recordar que las críticas y persecuciones le hacen gran bien. Tertuliano escribía en el siglo III: “La sangre de los mártires es semilla de cristianos”.

En 1870, el estado italiano se apoderó de Roma y arrebató al Papa la mayor parte de los Estados Pontificios. Lo que muchos católicos de finales del siglo XIX vivieron como una terrible ofensa a la Iglesia, hoy lo vemos como una bendición de Dios. Algunos incluso piensan que Italia debería haberse quedado con todo. San Pedro no tenía nada.

Un propósito muy evangélico

No enviar por las redes sociales ninguna noticia, chiste o comentario que fomente el odio o el desprecio, que insulte o se burle de cualquier persona de cualquier ideología.

 

AMAR A LOS ENEMIGOS VII Domingo del TO 23 de febrero

 fe adulta



Lc 6, 27-38Parece innegable que nuestra especie no está programada para amar a los enemigos. De hecho, en nuestra evolución moral, la llamada “ley del talión” supuso un progreso notable. “Ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”, se lee en el Libro del Éxodo (21,24-25), cuya versión definitiva puede datarse en el siglo VI a.C. Con esa norma, presente también en el Código de Hammurabi -en torno al siglo XVIII antes de nuestra era-, se trataba de preservar el principio de reciprocidad, que suponía un paso adelante en el comportamiento ético de los humanos, en cuanto buscaba evitar una venganza desmedida y sin control.

Afirmar que, como especie, no estamos programados para amar al enemigo no significa conceder que la energía que ha movido nuestro desarrollo haya sido básicamente la agresión, el enfrentamiento y la competitividad. Estudios recientes vienen a demostrar, por el contrario, que el principio de cooperación ha sido, a lo largo de la historia, tanto o más frecuente y más poderoso que el de competitividad. Pero, en cualquier caso, al “enemigo” -a todo el que era percibido como tal para el propio grupo- se le privaba incluso de su condición de “humano”, lo cual establecía las bases para eliminarlo.

Han sido las tradiciones sapienciales las que nos invitan a mirar la realidad desde otro ángulo, un ángulo que ahora vienen a confirmar las ciencias como el más ajustado.

Aunque es indudable que podemos hacer daño a otros, de la misma manera que podemos recibirlo de ellos, no lo es menos que cada cual, en cada momento, hace lo mejor que sabe y puede. Entender el daño que se hace no significa justificarlo. Pero no entenderlo revela solo narcisismo por parte de quien no puede ver más allá de sus propios “mapas” mentales. Dado que, si pudiéramos ponernos en la piel del otro, seríamos capaces de entender -aunque no justificar- todo lo que hace.

Las tradiciones sapienciales han insistido siempre en que el ser humano se halla constitutivamente orientado hacia el bien. Y la ciencia actual -biología, neurociencias- nos van mostrando que la culpa no existe. Y que, hablando con rigor, llamamos “libre albedrío” a lo que todavía desconocemos de la biología

Eso explica que, en línea con la propuesta de Jesús, si supiéramos o pudiéramos mirar en profundidad, veríamos que no existen “enemigos”; existen personas que hacen daño, desde su propio sufrimiento no resuelto y desde una ignorancia radical de la que tampoco son culpables.

Esa mirada en profundidad es la que nos permite situarnos en la consciencia de unidad donde, más allá del comportamiento de cada cual, nos percibimos Uno con todos.

 

JESÚS EN ESTADO PURO Lc 6, 29-38

 


«Amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os odien, bendecid a los que os maldigan…»

Estamos en el núcleo más íntimo del evangelio; en lo que más genuinamente expresa el sueño de Jesús; el Reino: una humanidad de hijos que solo queriéndose como hermanos encontrará su camino.

Pero estas expresiones que hoy leemos pueden ser interpretadas de muy diversas maneras. De hecho, unos la interpretan como una norma moral sumamente exigente que nos abre las puertas del cielo, otros, como un tratado de sabiduría que nos señala el camino de la felicidad, y otros, como una propuesta genial de convivencia capaz de llevar la humanidad a la plenitud a la que está destinada.

Pero conociendo a Jesús como creemos conocerle, resulta muy difícil imaginar que solo buscase la raquítica salvación de una docena de perfectos, sino que nos estaba proponiendo un proyecto de una gran envergadura. Y así debieron creerlo también los poderosos de Israel, pues solo necesitaron unos meses de predicación para saber que tenían que matarlo porque su doctrina hacía peligrar su estatus y comprometía su forma de vida.

Una lectura superficial del evangelio nos puede llevar a concluir que Jesús no abordó los problemas sociales y políticos de su época –y por tanto de ninguna época–; que sus consideraciones están centradas en la persona particular y no son válidas para dar solución a las dificultades reales de la sociedad. Pero si profundizamos en él, veremos que es justo al contrario, porque Jesús construye el Reino desde dentro, desde abajo, desde el servicio, no desde fuera, desde el poder. Jesús se centra en las personas para que esas personas construyan una sociedad humana mucho más justa y fraterna.

El objetivo último de cualquier sociedad es la convivencia, pero la convivencia se puede tratar de imponer a través de las leyes –cosa que nunca se logra– o se puede sembrar. Como decía Ruiz de Galarreta: «La ley deja a la persona a sus fuerzas, le pone preceptos que debe cumplir, le amenaza, le castiga, pero no le cambia el corazón. El Evangelio le coloca ante el don de Dios, le hace conocer a su Padre, le convierte en Hijo, lo cambia por dentro… y ya no tiene que mandarle nada».

Cuando la convivencia se siembra, tarda un tiempo en dar fruto, pero cuando lo da, da el ciento por uno. La razón es que las actitudes evangélicas –aunque parezca lo contrario– son contagiosas, y cada acción de generosidad, de perdón, de fraternidad, es una siembra que acaba dando fruto. Y es por eso por lo que estamos invitados a actuar como hijos; a estar en el mundo como estuvo Jesús, porque su semilla es poderosa y capaz de cambiarlo definitivamente a mejor. 

miércoles, 12 de febrero de 2025

Trump y la manifestación del mal en su forma más evidente -- Yolanda Chávez

 


todos-uno

Lo que Donald Trump está haciendo con la comunidad inmigrante en Estados Unidos es una manifestación del mal en su expresión más tangible. Su política de criminalización de comunidades enteras por las acciones de unos pocos es una injusticia deliberada, impulsada por el oportunismo político y la falta de ética y reflexión. Ver noticia

¿Para dónde va el Mundo? -- Marcelo Colussi

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Estas no son predicciones (no soy Nostradamus, y mucho menos Elon Musk ni Bill Gates, los actuales “profetas” que nos dicen cómo será el mundo del futuro…, según su sesgado criterio, claro). Son modestas apreciaciones, hechas con los elementos de análisis disponibles -que nunca son muchos, porque los proyectos estratégicos de largo alcance de las potencias nunca se conocen en detalle- que intentan mostrar dónde estamos parados, y hacia dónde pueden ir las cosas.Ver noticia 


Trump quiere que EEUU “se haga cargo” de Gaza y desplace a sus habitantes, pero ¿esto es legal? -- Tamer Morris

 


BAF

Fuente: Noticias Obreras
En una sorprendente conferencia de prensa en Washington, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, propuso que Estados Unidos “se hiciera cargo” de la Franja de Gaza y reubicara de forma permanente a los casi dos millones de palestinos que viven allí en países vecinos. Ver noticia 

¿Poder y opresión en el nombre de Dios? -- Severino Dianich, teólogo – Diócesis de Pisa

 


Reflexión y Liberación

Cuando Donald Trump al tomar posesión del cargo, declaró: ‘Dios me salvó para que Estados Unidos pueda volver a ser grande…La edad de oro comienza ahora’ ¿qué dicen las iglesias crstianas?
Además, promete: ‘Nunca olvidaremos nuestro país, la carta constitucional y sobre todo nuestro Dios’ y en nombre de su Dios inaugura la edad de oro, enviando tropas a la frontera con México contra los migrantes, proponiendo la deportación de la población de Gaza a Egipto y prometiendo a los estadounidenses un futuro de nuevas conquistas: Ver noticia

El derecho a vivir en su propia tierra -- Daniel Rocchi – Jerusalén

 


Reflexión y LIberación

Despues de los bombardeos, la muerte y la destrucción de Gaza, ahora amenazan con una ‘Riviera de Oriente Medio’, pero sin más palestinos obligados a encontrar un hogar en Egipto y Jordania. Ésta es la inhumana idea de Trump sobre la ‘Gaza que viene’. Ante esta anunciada barbarie un comentario del obispo auxiliar de Jerusalén y vicario para Palestina, Monseñor William Shomali. Ver noticia

Llamamiento a la Comunidad Internacional ante la escalada de violencia en la RDCongo -- Plataforma de Mujeres Congoleñas en España PMCOE

 


change.org

Por qué es importante esta petición
Iniciada por Plataforma de Mujeres Congoleñas en España PMCOE
Título de la petición: Llamamiento a la Comunidad Internacional ante la escalada de violencia en la República Democrática del Congo desde La Plataforma de Mujeres Congoleñas en España (PMCOE)
Exigimos Acción
Descripción:
La situación que se está viviendo en la República Democrática del Congo. Ver noticia

EEUU responde al Papa: «Cíñase a la Iglesia católica, déjenos a nosotros el control de las fronteras»

 


Religión Digital

Organizaciones religiosas demandan a Trump por permitir redadas en las escuelas, iglesias u hopsitales
El zar fronterizo de la Administración ha reprochado que el Papa pretenda criticarles por querer mantener el control de su política migratoria, mientras «él tiene un muro alrededor del Vaticano» Ver noticia

Francisco arremete contra el plan de deportaciones de Trump e insta a los fieles a «no ceder» ante el ataque a los migrantes -- Jesús Bastante

 Religión Digital

Llama a «no ceder ante las narrativas que discriminan y hacen sufrir innecesariamente a nuestros hermanos migrantes»
«El acto de deportar personas que en muchos casos han dejado su propia tierra por motivos de pobreza extrema, de inseguridad, de explotación, de persecución o por el grave deterioro del medio ambiente, lastima la dignidad de muchos hombres y mujeres, de familias enteras, y los coloca en un estado de especial vulnerabilidad e indefensa» Ver noticia

El Papa en una carta a obispos de EEUU: Deportar migrantes hiere la dignidad humana

 


Vatican News

Francisco escribe a la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, que afronta una «crisis» con el programa lanzado por el recién elegido presidente Trump de deportaciones masivas de inmigrantes y refugiados clandestinos: «Un auténtico Estado de derecho se verifica en el trato digno que merecen todas las personas, especialmente las más pobres y marginadas». Ver noticia

MOCEOP ANTE LA SITUACIÓN GEOPOLÍTICA MUNDIAL

 MOCEOP

Logo del MOCEOP

Como ciudadanos y creyentes nos preocupa muchísimo la actual situación de inseguridad e incertidumbre que se está viviendo en el Mundo : guerras, desigualdades, genocidios, colapsos financieros, hambre, actos terroristas, machismo, pederastia, grandes desastres naturales a causa del cambio climático, obra de los humanos y el poco respeto a la dignidad de las personas más vulnerables como son los pobres, migrantes, mujeres, niños personas lgtbiq+; todo ello magnificado por el avance de la ultraderecha en muchos países de la U. E y en distintos gobiernos y últimamente con la llegada de Trump a la presidencia de EEUU, donde ya ha empezado a actuar de forma violenta de acuerdo a sus ideas, deportando a Méjico y Guatemala los primeros aviones cargados de inmigrantes, llevando a la práctica uno de sus programas-estrella: las deportaciones masivas de inmigrantes.

 

Éstas y otras muchas medidas indignas, firmadas en público a golpe de decreto por el Sr. Trump, fueron valientemente contestadas en el acto religioso, celebrado el día de la toma de posesión del presidente, por la obispa episcopaliana de Washington Mariann Edgar Budde, quien solicitó“piedad” hacia los migrantes para que no sean deportados, pues la inmensa mayoría de los migrantes no son criminales, sino buenos vecinos, que pagan sus impuestos, aunque no todos tengan los papeles en regla. También le dijo que se apiadara de muchos ciudadanos que son gays, lesbianas, transexuales y que tienen miedo y temen por sus vidas. La obispa pidió “unidad”, basada en la honra de la dignidad de los demás, la honestidad pública y privada y la humildad, porque todos somos seres humanos falibles. Su intervención completa se puede leer aquí: https://elpais.com/us/2025-01-22/el-discurso-integro-de-la-obispa-mariann-edgar-budde-que-molesto-a-trump-por-pedir-piedad-para-los-migrantes.html

 

Estas palabras han sido duramente contestadas por Trump y sus partidarios y ella ha tenido que sufrir serias amenazas, aunque han sido muchisimos más los apoyos recibidos desde todas las partes del Mundo.

 

Apoyamos totalmente la intervención de la obispa que estuvo marcada por su fidelidad al Evangelio y valoramos su entereza y valentía para decirlo delante del recién elegido presidente Trump.

Y es que es notorio el rechazo que él siente por todo el colectivo lgtbiq+ y por los migrantes; y además utiliza el desprecio por el otro, las descalificaciones e insultos hacia el adversario, utilizando todos los métodos posibles.

 

Hoy se difunden por todas partes informaciones, bulos y mentiras que se extienden y dificultan tener una información veraz.

 

Estas posiciones se están extendiendo preocupantemente por todo el Mundo, también en nuestro país, a través de colectivos ultraderechistas e igualmente en otros muchos países de Europa. Es muy significativo que en la toma de posesión de Trump estuvieran todos los líderes de la ultraderecha mundial.

 

Estar a la vez rodeado de un nutrido grupo de los mayores multimillonarios del Mundo evidencia la implicación de las mas grandes fortunas con esta cruzada contra las personas más necesitadas y expoliadas. Estas opciones son pura ideología neoliberal llevada al extremo: hay que denunciar la maldad que implica engañar a las masas atribuyendo esas medidas a decisiones contra “izquierdistas”, comunistas y progresistas de toda índole. Son tácticas encaminadas a una mayor pobreza general y a un engorde sin límites de las fortunas multimillonarias.

Carta a la monseñora Marian Budde


 Santiago de Compostela, 26 de enero de 2025

Querida y apreciada monseñora Mariann Budde
Somos mujeres feministas católicas, que trabajamos en nuestra Iglesia por la igualdad entre hombres y mujeres.

Son tiempos difíciles los que nos está tocando vivir, tiempos en los que la supremacía (blanca, cisheteropatriarcal o de cualquier otro tipo) y la polarización avanzan y se extienden por todos los países que sedicen democráticos, tanto en América como en  Europa.

Nos parece revelador y nos alienta el hecho de que en su país existan plataformas como Faithful America que aúnan a las diferentes confesiones religiosas para argumentar y desmontar, desde nuestra vivencia de la fe,esos nacionalismos mal llamados cristianos que, por todo el mundo, desvirtúan y tergiversan las palabras de Jesús y nuestra fe para  defender posiciones políticas extremistas y fomentadoras del odio.

El motivo de esta carta es agradecerle sus valientes palabras en la homilía del pasado 21 de enero en la catedral de Washington. Apreciamos y agradecemos su voz profética, que reconocemos habitada por la Ruah, su tono pausado, capaz de alzarse sin estridencias para defender la verdad y sostenerla desde el Evangelio.

Como mujeres somos conscientes de la dificultad que entraña llegar a obispa en la capital de Estados Unidos y la valentía que es necesaria para dirigirse al nuevo presidente de su nación en los términos en los que usted se ha expresado.

Coincidimos con usted en la importancia de la unidad como base firme sobre la que se ha de sostener un estado, la importancia de neutralizar y superar la polarización que en estos momentos se vive a nivel global, la necesidad de abrir espacios de diálogo y dejar de considerar como enemigo/a a quien piensa distinto. Las comunidades humanas hemos de saber incluír a todas las personas que piensan o se viven de formas diferentes, sin excepciones de ningún tipo, por encima de toda diferencia económica, cultural, social,
religiosa, sexual,…

La misericordia de Dios se derrama sobre toda persona sin distinción. Como mujeres creyentes nos vivimos testigos y portavoces de esa misericordia. Desde ese amor derramado en nosotras y desde la pedagogía de Jesús de Nazaret, no podemos consentir que las diferencias se constituyan en motivo de exclusión, provocando sufrimiento y angustia en los colectivos más vulnerables. Apostamos firmemente por la ternura
como motor de las relaciones humanas. Por eso apoyamos sin fisuras sus palabras, que agradecemos profundamente.

Seguimos caminando buscando una Iglesia y un mundo que cada vez más sean comunidades de iguales, Ekklesia que avanza en la construcción del Reino de Dios
Gracias, hermana!!

Asoc. Mulleres Cristiás Galegas Exeria
Red Miriam de Espiritualidad Ignaciana Femenina
Apoyan este escrito
Tras las huellas de Sophia (México)
Revuelta de las Mujeres en la Iglesia de Vigo, Lugo, Zaragoza, Cantabria, Navarra,
Granada, Tenerife, Alicante, Madrid, Cabra, Huesca, Gran Canaria, Vitoria – Gasteiz, La
Rioja, Salamanca, Bilbao, Murcia, Badajoz, Valladolid, Almería, Córdoba, Cádiz,
Alcem la Veu Barcelona, Menorca, Valencia.
Mujeres en la Iglesia de Burgos por la igualdad,
Mujeres y Teología de Zaragoza, Cantabria, Sevilla, Cabra,
Emakumeen Aldarria Guipuzkoa
Elizandrea
Donnes Creients Valencia
Mujeres en Diálogo CVX España
Mujeres Católicas Presbíteras, ARCWP Europa

LA VIDA CONSAGRADA Y LA ESPERANZA


col martell

 

Siempre me ha sorprendido aquello de que “la vida consagrada no pertenece a la estructura de la Iglesia sino a su santidad” (LG 44). La estructura es aquello por lo que algo se mantiene estable en el tiempo. Si pensamos así, creo que no se puede concebir la Iglesia sin la vida consagrada. Por lo tanto, algo de estructura sí que dará a la Iglesia misma. De hecho, el Papa Francisco ha dicho más de una vez que la Iglesia no se entiende sin la vida consagrada y no puede vivir sin ella.

En general, a los consagrados no nos importa mucho todo esto. Nuestra vida se rige por la vocación y la misión en la Iglesia, pero de una buena teoría suele surgir una buena práctica.

Creo que el tiempo actual es un tiempo hermoso para la vida consagrada. Vamos oteando el horizonte, intentando leer los signos de los tiempos en esta época tan nueva que vivimos, para discernir la voz de Dios en ellos.

No se trata de poner al mal tiempo buena cara o encerrarnos en espiritualismos que huelen a escapismo. Creo que los consagrados somos los más conscientes de nuestras propias debilidades e incoherencias. ¡Cada día nos confrontamos con la palabra exigente del evangelio!

Pero aun así la pluriforme acción del Espíritu Santo en la vida consagrada se puede constatar de manera palpable, hoy y siempre. 

El Señor nos salió al encuentro un día, de mil maneras, y vimos que era la perla preciosa por la que se debía vender todo. Y le seguimos. O mejor, él nos empujó a seguirle. Y día tras día, durante todos nuestros días, volvimos a decir “sí”. Nuestro pequeño “sí”, vacilante e inconstante, clavado en el “Sí” de Cristo por la humanidad.  “Por medio de él decimos nuestro Amén a Dios, para gloria suya” (2Co 1,20). 

Y fuimos embarcados a vivir en misión, en tantas realidades como necesidades encontramos. 

Siendo nuestra primera misión, para muchos consagrados, la vida juntos, en comunidad. La vida en comunión, es uno de los mayores dones de la vida religiosa y también uno de los mayores desafíos. El hermano es espejo que te devuelve tu verdadera imagen, por eso nos cuestiona en muchas ocasiones. Y no nos gusta ser cuestionados continuamente. La vida en comunión es una de las mayores profecías que la vida consagrada puede lanzar al mundo occidental, transido de individualismo atroz. Por eso el Maligno pone tanto empeño en sembrar discordia, es su ADN, la desunión. 

Las comunidades de vida consagrada muchas veces reúnen a varias generaciones: desde consagrados muy jóvenes aún en formación a ancianos venerables. Cuando esto se da, se puede ver cómo se une la energía y los cuestionamientos propios de la juventud, con el trabajo y el compromiso de los de edad media, y la sabiduría y el dejarse hacer de los mayores. ¡Qué dichosos quienes podemos verlo! 

La vida consagrada no entiende género. En su esencia, mujeres y hombres consagrados somos iguales, vivimos los mismos valores, nos sentimos interpelados por los mismos retos. Esto también es profecía en un mundo que habla de igualdad pero mantiene diferencias flagrantes.

En este hoy de la vida consagrada en occidente, vivimos de la Esperanza que es el Espíritu del Resucitado, para ser, a nuestra vez, sembradores de esperanza. No somos para nosotros mismos, para  contar los que somos, para gloriarnos de nuestras fuerzas. Estamos en función de Otro y de todos.

 

Fray Roberto de la Iglesia, Abad de Cardeña

Religión Digital

LA VIDA CONSAGRADA Y LA ESPERANZA


col martell

 

Siempre me ha sorprendido aquello de que “la vida consagrada no pertenece a la estructura de la Iglesia sino a su santidad” (LG 44). La estructura es aquello por lo que algo se mantiene estable en el tiempo. Si pensamos así, creo que no se puede concebir la Iglesia sin la vida consagrada. Por lo tanto, algo de estructura sí que dará a la Iglesia misma. De hecho, el Papa Francisco ha dicho más de una vez que la Iglesia no se entiende sin la vida consagrada y no puede vivir sin ella.

En general, a los consagrados no nos importa mucho todo esto. Nuestra vida se rige por la vocación y la misión en la Iglesia, pero de una buena teoría suele surgir una buena práctica.

Creo que el tiempo actual es un tiempo hermoso para la vida consagrada. Vamos oteando el horizonte, intentando leer los signos de los tiempos en esta época tan nueva que vivimos, para discernir la voz de Dios en ellos.

No se trata de poner al mal tiempo buena cara o encerrarnos en espiritualismos que huelen a escapismo. Creo que los consagrados somos los más conscientes de nuestras propias debilidades e incoherencias. ¡Cada día nos confrontamos con la palabra exigente del evangelio!

Pero aun así la pluriforme acción del Espíritu Santo en la vida consagrada se puede constatar de manera palpable, hoy y siempre. 

El Señor nos salió al encuentro un día, de mil maneras, y vimos que era la perla preciosa por la que se debía vender todo. Y le seguimos. O mejor, él nos empujó a seguirle. Y día tras día, durante todos nuestros días, volvimos a decir “sí”. Nuestro pequeño “sí”, vacilante e inconstante, clavado en el “Sí” de Cristo por la humanidad.  “Por medio de él decimos nuestro Amén a Dios, para gloria suya” (2Co 1,20). 

Y fuimos embarcados a vivir en misión, en tantas realidades como necesidades encontramos. 

Siendo nuestra primera misión, para muchos consagrados, la vida juntos, en comunidad. La vida en comunión, es uno de los mayores dones de la vida religiosa y también uno de los mayores desafíos. El hermano es espejo que te devuelve tu verdadera imagen, por eso nos cuestiona en muchas ocasiones. Y no nos gusta ser cuestionados continuamente. La vida en comunión es una de las mayores profecías que la vida consagrada puede lanzar al mundo occidental, transido de individualismo atroz. Por eso el Maligno pone tanto empeño en sembrar discordia, es su ADN, la desunión. 

Las comunidades de vida consagrada muchas veces reúnen a varias generaciones: desde consagrados muy jóvenes aún en formación a ancianos venerables. Cuando esto se da, se puede ver cómo se une la energía y los cuestionamientos propios de la juventud, con el trabajo y el compromiso de los de edad media, y la sabiduría y el dejarse hacer de los mayores. ¡Qué dichosos quienes podemos verlo! 

La vida consagrada no entiende género. En su esencia, mujeres y hombres consagrados somos iguales, vivimos los mismos valores, nos sentimos interpelados por los mismos retos. Esto también es profecía en un mundo que habla de igualdad pero mantiene diferencias flagrantes.

En este hoy de la vida consagrada en occidente, vivimos de la Esperanza que es el Espíritu del Resucitado, para ser, a nuestra vez, sembradores de esperanza. No somos para nosotros mismos, para  contar los que somos, para gloriarnos de nuestras fuerzas. Estamos en función de Otro y de todos.

 

Fray Roberto de la Iglesia, Abad de Cardeña

Religión Digital