FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA
SAN JUAN BOSCO (Pinchar imagen)

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA
ESTAMOS EN LARREA,4 - 48901 BARAKALDO

BIENVENIDO AL BLOG DE LOS ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DE SALESIANOS BARAKALDO

ESTE ES EL BLOG OFICIAL DE LA ASOCIACIÓN DE ANTIGUOS ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO SAN PAULINO DE NOLA
ESTE BLOG TE INVITA A LEER TEMAS DE ACTUALIDAD Y DE DIFERENTES PUNTOS DE VISTA Y OPINIONES.




ATALAYA

ATALAYA
ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 31 de enero de 2024

MONSEÑOR PRIETO RECONOCE QUE LA IGLESIA TIENE "UN DESAFÍO" DESDE EL PUNTO DE VISTA DE LA COMUNICACIÓN


col zapatero

 

La comunicación desde un punto de vista general, cómo comunica la Iglesia o cómo debería hacerlo, fueron algunos de los temas que se trataron en el coloquio que protagonizó el Arzobispo de Santiago de Compostela, Mons. Francisco José Prieto, en el Salón Obispo Mazarrasa del Palacio Episcopal. Este acto se organizó en el marco del 25º aniversario de la hoja diocesana Iglesia en Ciudad Rodrigo, en el que también se programó un acto con periodistas.

Mons. Prieto habló de transparencia o de la falta de ella, algo de lo que se acusa de manera recurrente a muchas instituciones o entidades, entre ellas la Iglesia. “Transparencia es comunidad la verdad, no se trata de la cantidad de cosas que decimos, sino de verdad”.

En varias ocasiones se refirió al ‘sacramento del encuentro’, para hablar así, de la “presencialidad” en la comunicación.

Por otra parte, “la Iglesia lleva en sí misma esa vocación de comunicar”, resaltó, “los lenguajes son los propios de cada tiempo, pero sigue teniendo fuerza evocadora porque habla desde la verdad, tiene vocación de permanencia”.

Tal y como recordó, cada 25 de enero, la Iglesia celebra el milagro de la conversión de San Pablo, “un comunicador nato”, apuntó, “con los recursos de su tiempo y de su momento” por eso hay que tratar de llegar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo “con los oídos puestos en el corazón de la sociedad para saber qué les preocupa”.

El prelado también explicó que la misión de la Iglesia es “evangelizar, existe para anunciar la buena noticia, no para hablar de sí misma”. Además de misión, comunicar es una oportunidad “bajo la mirada creyente” y desde ese punto de vista “todos los bautizados estamos convocados a la misión de comunicar, todos comunicamos y deberíamos ser conscientes”.

Se comunica con “el modo de estar, decir y ser, comunicamos como testigos desde la fe, por eso necesitamos comunicar desde la verdad, con transparencia y sin impostaciones”.

Mons. Prieto reconoció que la Iglesia tienen “un desafío” desde el punto de vista de la comunicación, “es importante que comunique para decir lo que hace, desde su rica realidad, y eso deberíamos hacerlo con naturalidad”.

También asume que en ocasiones, ha faltado “una comunicación pro activa, salir al frente” aunque no se trata de que se publiquen muchas informaciones sobre la Iglesia sino que se haga de manera “significativa” o lo que es lo mismo, “que la de la Iglesia sea una voz escuchada”.

Concluyó haciendo especial hincapié en la escucha, pues de otro modo “podemos estar respondiendo a preguntas que nadie nos hace”.

 

Archicompostela

Religión Digital

BENDICIONES


col martell

 

En un artículo anterior os preguntaba ¿qué pensáis sobre las bendiciones? No me refiero a las discusiones que están surgiendo a propósito de las bendiciones sobre las parejas homosexuales o divorciados. No, mi pregunta es más amplia. Me refiero en general a todas las bendiciones: sobre la comida, un edificio, una sucursal, una persona…

Y enseguida me viene el recuerdo de mi gran amigo Jesús Santamaría que murió hace 14 años. Cuando nos reuníamos para comer en los encuentros de curas, bien sea en retiros de arciprestazgo o de cualquier otro tipo, cuando llegaba el momento de la comida y el obispo Omella decía al empezar a comer “bendice, Señor, estor alimentos”. En seguida le cortaba Jesús y le decía: ¿por qué bendice unos alimentos que por ser criatura de Dios ya están llenos de bendición?

Normalmente pedimos que con ese gesto, ese signo de bendición, Dios derrame su gracia sobre esos objetos. ¿Puede recibir más presencia de Dios cuando ya está impregnado de ella? ¿Qué queremos decir cuándo alguien manda bendiciones?

Bendecir significa bien decir, decir bien. Decir esa palabra exacta a las personas para hacerles sentir bien y desearles todo bien.

Una bendición es la expresión de un deseo benigno dirigido hacia una persona o un grupo de ellas. Gramaticalmente, se trata de oraciones con modalidad desiderativa (lo mismo que su contrario, las maldiciones). Así, son bendiciones típicas ‘Que Dios te guarde’ o ‘Que te vaya bonito’.

Teniendo esto en cuenta, veo imposible encajar la bendición en ciertas ocasiones, como por ejemplo a un armamento, a un banco…

Prefiero decir antes de comer: “Gracias Padre Dios por tu presencia salvadora en estos alimentos”. O bien: “Gracias por las personas que han preparado esos alimentos”…

Aterrizando en la bendición de los homosexuales o parejas en situación supuestamente irregular, lo entiendo como una manera de descubrir y reconocer que ahí está Dios como amor. Dios nos bendice.

APOYEMOS LAS CUATRO CONVERSIONES DE FRANCISCO


col acebo

 

A lo largo de diez años de pontificado, las afirmaciones del Papa Francisco, en situaciones informales de respuesta espontánea a preguntas sobre exclusión y discriminación, se han ido multiplicando exponencialmente.

Pueden reunirse esas decenas de afirmaciones en cuatro grupos. Como cabeza de cada grupo destacan las cuatro declaraciones siguientes:

1 ¿Quién soy yo para juzgar a esa persona?

2 Nadie puede ni debe ser excluido, en la iglesia cabe todo el mundo

3 La vida eclesial discurre por cauces diversos, no solo por el de las normativas canónicas.

4 Las doctrinas de la iglesia no son un cuerpo monolítico, sino un poliedro de muchas caras.

Estas cuatro interpelaciones constituyen una llamada a discernir la prudencia pastoral ( 1 y 2) y una llamada a discernir la evolución y cambio en las doctrinas (3 y 4).

Son, en resumen, una cuádruple llamada a la conversión:

1) Conversión de los agentes de pastoral, para pasar de la condenación a la bendición.

2) Conversión de las comunidades (locales, parroquiales, diocesanas...) para pasar de la exclusión a la inclusión a todos los niveles de la vida eclesial.

3) Conversión del magisterio (comenzada ya por el mismo magisterio pontificio), para que haya cambio y evolución en todas las estructuras eclesiásticas (canónicas, administrativas, litúrgicas, doctrinales) y pueda darse el giro de la exclusión a la inclusión.

4) Conversión de las teologías para que no se anquilosen estancadas en los paradigmas de pensamiento medievales, precríticos y preconciliares (pre-Vaticano II) y puedan apoyar así el cambio de paradigma en la práctica de las tres conversiones mencionadas.

Leamos despacio el documento Ad theologiam promovendam (2023.11.01) para comprender bien la apuesta de Francisco por la prudencia pastoral y la evolución de las doctrinas.

Y oremos por las cuatro conversiones propuestas por el Papa Francisco y puestas en práctica por él mismo en su vida y enseñanza.

 

Juan Masiá, teólogo

Religión Digital - 28.01.2024

UNA VÍA DE RECONOCIMIENTO PARA LOS SUPERVIVIENTES DE ABUSOS


col zapatero

 

El 5 de mayo de 1949 mediante el Tratado de Londres, se pusieron los cimientos del Consejo de Europa, con la finalidad inicial, expresada en el capítulo uno del documento de “realizar una unión más estrecha entre sus miembros para salvaguardar y promover los ideales y los principios que constituyen su patrimonio común y favorecer su progreso económico y social, así como la defensa de los derechos humanos, de la democracia pluralista y la preeminencia del Derecho, así como potenciar la identidad europea entre todos los ciudadanos del continente”.

El viernes pasado un grupo de víctimas y supervivientes de maltrato infantil y violencia sexual en la infancia y la adolescencia, encabezados por el cuadro directivo de Fundación Guido Fluri, fuimos testigos in situ de cómo la asamblea plenaria del Consejo de Europa debatía y aprobaba mediante votación un informe y una resolución, en moción presentada por el miembro socialista del Consejo Nacional suizo, Pierre-Alain Fridez.

Este avance supone una vía de reconocimiento a quienes de un modo u otro y en diversos ámbitos, sufrieron en su infancia, en pleno proceso de formación de sus personalidades, con lo que ello supone de gravedad, duros ataques a su integridad física, psicológica, emocional, por parte de adultos indolentes. Se implementa la recomendación a todos los estados de la UE, de que reconozcan a sus víctimas, las reparen y procedan también a dedicar más fondos presupuestarios en el estudio académico y científico, de las gravísimas secuelas que acarrean estos delitos.

Será el Comité de Ministros de esta alta institución quien a partir de ahora se ocupe de seguir gestionando esta propuesta aprobada por la práctica totalidad de los presentes, abriendo la puerta para que los estados de derecho de Europa recojan las medidas planteadas y las incorporen a sus marcos jurídicos.

Desde ANIR Asociación Nacional Infancia Robada, varios de cuyos miembros estuvimos presentes en Estrasburgo, queremos mostrar nuestra satisfacción por esta decisión del Consejo de Europa y una vez más nuestro compromiso ineludible con los derechos humanos, con el inexcusable reconocimiento de la condición de víctima de todas las niñas y niños que sufrieron y sufren estos terribles delitos, y con la obligada reparación que merecen.

Puede que para algunas personas estos movimientos hacia delante, lleguen tarde. Es posible que no entiendan que este paquete de medidas no hayan gozado históricamente de mayor inmediatez. Pero los avances ahí están y seguirán escalando por la escalera de la justicia y la verdad. Para muchos y muchas de nosotros y nosotras, los avances están llegando desde hace ya más de diez años, con normativas como la Ley Suiza de Reparación o la LOPIVI en España, con avances parlamentarios como los acontecidos en Euskadi y Navarra, o como la investigación y el informe sobre pederastia eclesiástica realizado por el Defensor del Pueblo en España.

Se están reforzando protocolos de actuación y denuncia, se está ampliando la concienciación social, la visibilidad. Y la aprobación del informe y la resolución el pasado viernes en Estrasburgo, supone mucho más en lo ya avanzado. Un instrumento más para lograr los objetivos buscados. El 26 de Enero de 2024 pasará a la historia como fecha clave para las víctimas y supervivientes.

Las asociaciones y colectivos seguiremos manteniendo alta la guardia, trabajando día a día, motivados como hemos estado todos estos últimos años para que nadie tenga que volver a ser considerado heroína o valiente por denunciar un delito, para que los niños y las niñas que denuncian sean tratados como realmente merecen, sin negacionismo, con respeto, sin doble victimización, con empatía. Para prevenir y también para provenir, dotando a cada país de un marco jurídico adecuado en el tratamiento integral de víctimas y supervivientes de maltrato infantil y pederastia. Porque como afirmó con rotundidad el psiquiatra y académico estadounidense Karl Menninger “Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad.” Cumplamos pues con sus derechos. No como opción. Si como ferviente obligación.

 

Juan Cuatrecasas Asua, Miembro fundador de ANIR- Asociación Nacional Infancia Robada

Religión Digital - 30.01.2024

CELEBRAR HOY A TOMÁS DE AQUINO: "EL CENTRO NO ES EL COSMOS, SINO LA PERSONA"

 

col koldo

 fe adulta

Cuando fui alumno y después profesor en Salamanca, el 7 de marzo, fiesta de Santo Tomás traía un respiro en tiempo de Cuaresma. La intelectualidad civil y eclesiástica, después de la solemne misa polifónica, en el paraninfo de la Universidad escuchaban una conferencia y la sesión terminaba con el “Gaudeamus igitur”.

Eran tiempos de Pío XII, había ya dentro de la Iglesia movimientos que buscaban cambios, pero la mano fuerte de la autoridad intervenía cortando drásticamente cualquier amenaza de la ortodoxia. Santo Tomás de Aquino se celebraba como referencia indiscutible de seguridad en la doctrina, quizás dejando un poco en la sombra que, ya en el s. XIII, aquel maestro, no sin dificultades en la universidad de París, abrió las puertas a la modernidad.

En efecto, el gran maestro medieval valoró la consistencia e incorporó a su reflexión sobre la fe cristiana la racionalidad cultivada en el mundo griego y árabe. Pero desde su fe o experiencia, dio un viraje a la filosofía griega: el centro no es el cosmos a cuyas leyes está sometida la persona humana como un ser más; el centro es la persona que de algún modo mide y ordena todas las realidades creadas. Con una precisión decisiva: la persona es centro no absoluto sino relativo pues ella misma está siendo fundamentada e impulsada por esa Presencia de amor que es el misterio de Dios revelado en Jesucristo.

Abrirse a lo nuevo que va emergiendo en el mundo, desde la fe o experiencia cristiana son dos imperativos unidos en la Iglesia edificada con personas que caminan en el tiempo. Ya en el s. XII San Bernardo decía que la Iglesia tiene dos ojos: con uno mira hacia atrás y con otro hacia delante. Se está haciendo en un mundo que cambia, pero desde la única fe o experiencia.

Es normal en el caminar de la Iglesia que, por su sensibilidad, su formación e historia, unos cristianos estén celosos por mantener la fidelidad a la tradición viva, mientras en otros prevalece la preocupación por el diálogo con el mundo tratando de discernir las llamadas del Espíritu en los signos de tiempo. Según Tomás de Aquino, fe cristiana como experiencia de Dios revelado en Jesucristo conlleva escuchar y discernir lo nuevo que va surgiendo en el mundo: la verdad venga de donde venga procede del Espíritu Santo.

Las dos tendencias asomaron en los debates del Vaticano II y han dejado su marca en los documentos conciliares. Ya en el tercer periodo postconciliar la confrontación entre las mismas hoy es más notorias ¿Dónde está la clave para que esa confrontación ineludible no perjudique sino que sirva para el crecimiento evangélico de la comunidad cristiana?

En 1255 un profesor de la universidad de París publicó “Introducción al evangelio eterno”: el tiempo de la iglesia visible ha pasado, ahora queda sólo el Espíritu. Por esas fechas Tomás de Aquino confiesa su fe o experiencia cristiana: la Iglesia visible es cuerpo espiritual de Jesucristo en camino de construcción. Solo desde la fe se conoce el verdadero rostro de la Iglesia. Creer como entrega libre y total de la persona solo se puede creer en Dios. Pero, según nuestra profesión de fe, creemos en el Espíritu Santo que está en la Iglesia.

En esta fe o experiencia cristiana caben distintas posiciones necesarias e ineludibles dada la singularidad de cada bautizado. Pueden surgir conflictos que deberíamos ver como algo normal hasta que la Iglesia sea totalmente Iglesia. Pero esos conflictos sirven para madurar en la experiencia de fe y en la comunión cuando miramos a la Iglesia no como si fuera una organización política más: uno es del partido de Apolo y otro de partido de Pablo; de un papa o de otro. Sino cuando la miramos con los ojos de la fe y gracias como cuerpo espiritual de creyentes que, como Pedro, “todavía de lejos” sigue a Jesucristo.

En la situación actual no faltan recomendaciones de respeto mutuo, comprensión ante el que piensa de modo diferente, paciencia, diálogo etc. Pero la clave decisiva y la llamada del Espíritu a los cristianos hoy es avivar la fe o experiencia en la entraña de la Iglesia como cuerpo espiritual de Jesucristo caminando y ansiando ser lo que todavía no es.

 

EL “PAPA PACO”, UN PAPA POSMODERNO. EN DEFENSA DE UN CONCEPTO POSITIVO DE POSMODERNIDAD


col kowalski

fe adulta 

¡Cuántas veces nos ha advertido Francisco que vivimos no tanto una época de cambios como un verdadero cambio de época! Para creyentes y no creyentes estos son los nuevos tiempos en los que estamos todos inmersos, y esta interpretación y análisis de la realidad debemos también trasladarlos a la Iglesia. Las matrices donde se fragua el sentido social y personal deben ser también discernidas espiritual y pastoralmente, ya que la fe – como afirma J. María Mardones– es siempre una opción existencial situada. La ruptura entre evangelio y cultura es el drama de nuestro tiempo, decía Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi. ¿Y cómo se llama este cambio de época en el que los cristianos también estamos inmersos? Se lo conoce como “Posmodernidad”.

Ya san Juan nos dejó escrito de forma indeleble que «Dios es amor» (Jn 4, 8), y san Pablo clarificó y esclareció qué connotaciones conlleva hablar de amor, hablar de Dios (1 Cor 13, 1–13). Hemos de percatarnos de que cuando con nuestras palabras y obras traducimos “Dios” por “Amor”, los universos de comprensión de los interlocutores se conectan. Este lenguaje, bien comprendido, es todavía hoy (en la posmodernidad) universal y bien aceptado. Es la nueva koiné que brilla de un modo especial y con luz propia en nuestra era porque el amor tiene la capacidad de interpretarlo todo. Por ello, lo que en principio pudiera parecer debilidad (en su sentido más negativo), se convierte, potencialmente para los creyentes, en una preciosa oportunidad. ¿Por qué renegar de la posmodernidad, de esta época en la que nos ha tocado vivir y dar respuesta como fieles creyentes? ¿Por qué querer encontrarnos con tiempos pasados, si tampoco fueron ejemplares? Es una obligación de toda la Iglesia saber leer los signos de los tiempos y, sin traicionar la esencia del mensaje de Jesús, traducirlo adecuadamente a los oídos, las mentes y los corazones de las personas que habitan nuestro mundo. ¿O es que acaso el mensaje de Dios ya hoy no tiene la misma validez?

Me gustaría explicar por qué Francisco es en este primer (y no único sentido) un Papa posmoderno, ya que no pastorea a la comunidad eclesial trillando los mismos e idénticos caminos (muchos de ellos caducos) sino que abre nuevos senderos para responder al cambio de mentalidad, al cambio de etapa que supone la posmodernidad. Y como toda etapa histórica (y también como toda persona) posee aspectos positivos indudables pero también negativos y deshumanizantes a los que hay que responder dando razones de nuestra fe: con el evangelio en la mano pero de un modo actualizado y comprensivo. El evangelio de siempre pero no como siempre porque Jesús y la Buena Noticia de su mensaje se incultura y encarna en un contexto determinado e histórico. Estoy de acuerdo en que el mensaje no se debe licuar, rebajar ni tergiversar. El texto, el relato, en su contexto y debidamente interpretado. Este primer aspecto, el de la inculturación, por ejemplo, es típicamente posmoderno, pero el segundo (licuar y descafeinar el mensaje) también. ¿Cómo actuar pues evangélicamente en una época ambivalente como la posmoderna sin querer huir de la realidad? Aquí es donde aparece Francisco reconociendo el estatus de este cambio de época y discerniendo con toda la comunidad eclesial los nuevos aires que soplan en esta etapa de la historia.

Pocos nacidos de mujer han conseguido aguantar –como lo ha hecho Francisco– las incesantes y brutales embestidas recibidas dentro y fuera de la Iglesia. Y, aunque la procesión se lleva por dentro, lo ha hecho, hasta ahora, sin perder la compostura ni el espíritu evangélico, con valentía y generosidad. Rezo, pues, para que ante tantísimas presiones no acabe cediendo y, en consecuencia, aflojando los tornillos de la nueva edificación eclesial que aún está construyendo.

Como dijo Gianfranco Ravasi, quien fuera hasta hace no mucho presidente del Consejo Pontificio de Cultura del papa Francisco, “La posmodernidad ha invitado a eliminar o a poner en crisis los grandes sistemas ideológicos: el marxismo, el liberalismo, la teoría capitalista... También ha puesto en crisis a las religiones, pero lo ha hecho poniendo por encima de los sistemas ideológicos la cuestión de la persona. Y eso es claramente positivo porque retornar a la persona, a la dignidad de la persona, a los valores de la libertad, la vida, la justicia es muy bueno”. El mensaje de cercanía, sencillez y austeridad del papa Francisco –continúa Ravasi– ha ayudado a mantener un diálogo  transparente y sincero con la cultura actual. Francisco ha sabido llegar no sólo a los creyentes, sino a todas las personas, porque ha sabido retornar a la raíz de las preguntas del género humano. Esta actitud no es la de siempre, es posmoderna, como lo fue también el Concilio Vaticano II cuando el Espíritu Santo anunció a través de Juan XXIII “Abramos las ventanas de la Iglesia. Quiero abrir ampliamente las ventanas de la Iglesia, con la finalidad de que podamos ver lo que pasa al exterior, y que el mundo pueda ver lo que pasa al interior de la Iglesia”. La Iglesia de Dios y el mundo no acaba siendo una disyunción excluyente; el mundo y la cultura no son nuestros enemigos, más bien el terreno de pre comprensión, realización y evangelización.

Es, en este sentido, afirma Francisco Serrano,  donde hay que plantearse la cuestión de si el Papa Francisco necesita intérpretes, más allá de sí mismo, de lo que dice y de lo que hace. El Pontificado del Papa Francisco está representando una novedad permanente. Lo que hace y dice el Papa, en estricta coherencia, no tiene desperdicio. Y así, la coherencia se convierte en uno de los criterios preferentes. “Volvamos pues, siguiendo el grito de Husserl, a los hechos mismos. Vayamos al Papa mismo”. Este es el camino de la fenomenología también teológica y eclesial. La novedad y la trasparencia de Evangelio, la autenticidad del Papa Francisco, en su contenido y en sus formas, son de por sí mismas interpretativas del Evangelio y de la Iglesia.

Hace tan solo unos días nuestro Papa hizo una declaración en contra del mal espíritu que también corre y atraviesa la posmodernidad. Me gustaría contextualizar sus palabras porque ni todo lo que se cuece en la posmodernidad es, por supuesto, constructivo ni tampoco destructivo. No me sorprende para nada sus palabras porque está claro que hace referencia a los aspectos más negativos del término. ¿Y quién siendo consciente de la realidad no va a estar de acuerdo con lo que dice Francisco? Lo más curioso de este asunto es que a Francisco lo critican, precisamente, de posmoderno, por el hecho de haber abierto las puertas a una nueva etapa más comprensiva, concreta y cercana en la Iglesia del Dios de Jesús, que no vino a condenarnos sino a ofrecernos la salvación comunitaria a través de la revolución del Amor y la praxis de la justicia, el cuidado del otro y de la Tierra como únicas doctrinas merecedoras de seguimiento y fe. Los grupos ultras de la Iglesia católica lo tachan de herético, de ser nada dogmático y tradicionalista, de romper con el Magisterio, con el relato y el orden establecido, de ser demasiado blando y débil –diríamos– para ser “el capitán del barco”…, un barco que muchos anuncian que va día a día yéndose a pique, hundiéndose porque no mantiene la gloria de tiempos pasados sino que se ha hecho, en un corto tiempo de vida, más pequeño y vulnerable, menos fuerte, una comunidad más humana y sincera. Pues bien, si ser posmoderno es todo esto que dicen de Francisco, entonces Jesús de Nazaret era –o es– posmoderno. ¡Qué se lo pregunten a los fariseos y a los maestros de la ley que llegaron a acusarlo de blasfemo, incluso de endemoniado. Aquel que destruiría el templo y lo reconstruiría en tres días… mientras a los propios judíos les había costado 46 años recomponerlo! Y si esto han dicho de Jesús, ¿qué no dirán y harán con Francisco…? No quiero hacer spoiler pero ya conocéis el final de la historia: el resucitado es primero el crucificado.

El viernes pasado Francisco, en el encuentro promovido por la Asociación de Jóvenes Profesionales Toniolo (que desde el 2016 reúne a jóvenes becados en las representaciones del Vaticano ante organismos internacionales), afirmó que hay que salir de los aspectos menos edificantes de la posmodernidad, como el drama que existe al presenciar la mirada tan corta que hoy día muchos jóvenes tienen, ya que se ciegan ante la presión de la inmediatez y el excesivo culto al individualismo. Todo ello acarrea un ensimismamiento y egoísmo que atrofia toda donación gratuita y compromiso social hacia los demás. Pero estas actitudes no representan el espíritu posmoderno en su totalidad, solo una parte. En otros momentos Francisco ha puesto en valor las grandes oportunidades que nos brinda dicha pre comprensión del mundo en esta nueva etapa de la historia. No obligar, respetar, incluir, sumar, perdonar, la cooperación, la lucha ecológica y el cuidado de nuestra madre tierra, entre otros muchos... son también rasgos posmodernos y creo que en su más genuino sentido, cristianos. Pero en la posmodernidad también se dan los fake news, la superficialidad, el culto al cuerpo, el vivir para la imagen, el individualismo, la debilidad espiritual y social, la depresión y pérdida de sentido, el consumismo,  y la esclavitud virtual. Contra todo esto se dirige Francisco pero el término en su globalidad ciertamente nos alcanza y, lo peor, con-funde.

En concreto, el Papa Francisco exhortó a los jóvenes a “escapar de la adicción a lo virtual, del mundo hipnótico de las redes sociales que anestesia el alma”. No se trata de no usar las redes, ni dejar de comunicarnos por internet. Somos hijos de nuestra época… El mismo Papa, a través de sus ayudantes, usa las redes sociales porque sabe que los cristianos no podemos vivir a espaldas de los medios de comunicación humana. ¿Esto tiene también su contrapartida? Por supuesto que sí, podemos acabar, nunca mejor dicho, enredados, atrapados y esclavizados en las redes. Entonces Jesús nos acabará diciendo: “Deja tus redes…”, pero la Iglesia ha vivido demasiado tiempo de forma contracultural y esto es inaceptable. Por esta razón no ha llegado ni llega a muchos ambientes y espacios sociales y culturales. Si algo le preocupa a Francisco es “oír hablar de jóvenes atrincherados detrás de una pantalla, cuyos ojos reflejan luces artificiales en lugar de dejar brillar su creatividad”. ¡Ciertamente cuánto ha ayudado la tecnología y, al mismo tiempo, cuánto daño produce cuando nos dejamos aprisionar, absorber por ella! Como algunos han llegado a afirmar, hoy día, en la nueva caverna de Platón los prisioneros ven series y escriben en Instagram…

Para Francisco “ser joven no es pensar en tener el mundo en las manos, sino ensuciarse las manos por el mundo; es tener una vida por delante para gastar, no para preservar o archivar”. Así, alertó que hoy se difunde en el mundo el pensamiento breve “formado por unos pocos caracteres, que arde inmediatamente; un pensamiento que no mira hacia arriba y hacia adelante, sino sólo aquí y ahora, fruto de las necesidades del momento”.

Este es  “un pensamiento que se mueve por instinto y se mide en instantes”. No hay más que ver a los chavales jóvenes cómo consumen audiovisuales, vídeos y leen la información en internet a una velocidad vertiginosa para hacer un buen análisis de la realidad y un correcto aprendizaje. Picoteamos de todo pero no conocemos en profundidad casi nada. El concepto que se tiene es el de un “Carpe Diem” que pretende rellenar los huecos de nuestra vida con ocupaciones, confundiendo así las llamadas con los deseos más inmediatos y,  muchas veces, más oscuros…

Como dice José Francisco Serrano, “La cuestión del relato es clave en la posmodernidad”. El Papa Francisco ha recuperado el relato con una personal narración y con la forma de lo micro. Con su forma de micromagisterio, y con el hecho mismo de la continuidad de su palabra –las homilías diarias en Santa Marta– está convirtiendo el relato en vida y está consiguiendo que lo que hace remita a lo que dice y viceversa. El Papa Francisco es, en sí, hoy, relato de Evangelio y narrativa para toda la Iglesia. Cuando hablamos de relato estamos hablando de sentido. Sin relato no hay comprensión ni esperanza. La novedad que representa esta forma coherente y personal, de absoluta cercanía del Papa Francisco, está generando una corriente positiva de expectativas, que son claves para crear una atmósfera adecuada para la recepción del relato.

Igual que el sueño de la razón produce monstruos, la posmodernidad, si no se comprende, conlleva la indiferencia y la superficialidad y borra los horizontes utópicos para vivir la continua provisionalidad de lo inmediato. Francisco utiliza en este encuentro con los jóvenes de la asociación Toniolo una de las significaciones del término posmoderno, concretamente la que analiza Zygmunt Bauman cuando habla de “sociedad líquida”: una sociedad y una juventud que meramente se adapta a los tiempos que corren y que poco más puede hacer, ya que no pueden construir buenos cimientos puesto que en los líquidos con mucha dificultad se pueden forjar estructuras sólidas. Ante los continuos cambios que surgen en nuestra vida no hay posible adaptación. Son tan rápidos que, ante un problema, cuando ya hemos reflexionado y pensado la solución, ésta ya no vale. Así, la provisionalidad es el mecanismo de defensa, el visado que muchos jóvenes tienen para sobrevivir en un mundo inhóspito y cambiante. De ahí que J. María Rguez. Olaizola haya titulado uno de sus libros Hoy es ahora: gente sólida para tiempos líquidos.

Cuando trato estos temas con mis alumnos hago alusión también a Richard Sennett. Este, en cierto modo,  coincide también en su análisis con Bauman y observa que en los tiempos que corren, con nuestra vida trepidante y en continuo cambio (de pareja, de trabajo, de ciudad, de afición, de estudios…) no nos da tiempo a forjar un carácter, una personalidad. El carácter  es nuestro sello personal, el modo que tenemos de relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo y este es un valor a largo plazo que requiere tiempo. Esto, entre otras consecuencias, afecta a la fuerza con la que nos enfrentamos a nuestros retos. ¿Por qué ha aumentado la depresión y el suicidio especialmente en los jóvenes? Por el estrés y la pérdida de sentido. Esto, lógicamente,  también le preocupa mucho a Francisco. Es el pan nuestro de cada día, aquello con lo que tienen que contar los profesionales o voluntarios que trabajan en el sector de la educación, de lo social y lo emocional.

También Lipovetsky ofrece una visión, en cierto modo, complementaria a lo presentado por estos autores, y Francisco de modo indirecto lo tiene presente. Vivimos –afirma el francés– bajo el imperio de las modas, de las olas, de lo que toca (esto es lo que cambia dentro de lo mismo de cada día). Buscamos tener una vida sin sobresaltos pero ello genera en nosotros una especie de vacío, una vida sin inquietudes. Incluso estamos aprendiendo a quitarle importancia a los problemas y a reírnos de todo pero hay cosas muy graves por las que hay que luchar seriamente. Quizá, como advierte Pascal Bruckner, también los adultos vivamos hoy tentados continuamente por el infantilismo, por una falsa inocencia. Ante todos los problemas, las responsabilidades que conlleva nuestra libertad (el ser adulto), quizá prefiramos vivir como niños, mimados por la sociedad (de consumo) sin asumir nuestra responsabilidad social. El infantilismo es para este, en nuestra sociedad, una auténtica epidemia entre los adultos. Francisco, en todos sus planteamientos, discursos, escritos y homilías intenta despertarnos del sueño de vivir ensimismados, adormecidos o drogados, sin fuerza para responder a los muchos retos que como personas y como creyentes nos propone la sociedad del siglo XXI.

Pero sería muy injusto quedarnos exclusivamente con esta idea negativa de los tiempos que corren. No podemos obviar que en la posmodernidad también cobra un sentido diferente (un nuevo horizonte de significación) la utopía. No se trata, como en otros tiempos se entendía, de hacer algo muy bello pero imposible de realizar porque si es imposible  –diríamos hoy–, ¿para qué ponerse a ello, para qué esforzarse? Hoy, a pesar de las diferentes crisis sociales y económicas que manchan el horizonte de los jóvenes y su futuro, pervive la utopía. Esta consiste en hacer realidad lo posible. Por ello, para diferenciar a esta de las “utopías fuertes” (aquellas que han dejado en la cuneta de la historia tantísimos cadáveres) me gusta adjetivarla como “utopía débil”. La lucha continúa; se ha desplazado de lo macro a lo micro, de las grandes ideologías y un pensamiento colonialista-imperialista (que todavía impera en la globalización económica) a lo pequeño, al desarrollo comunitario sostenible; de una Iglesia piramidal a una más pequeña y circular,  pues ya no se cree en los grandes relatos absolutistas, aquellos que en nombre de la razón y de Dios han eliminado, desintegrado, abusado, rebajado y supeditado al individuo en favor del colectivo, por razón de Estado, para preservar la institución o mantener la ideología al coste que sea.

Vivimos un cambio de época que pasa por lo virtual y la fugacidad pero para nosotros, (para los herederos de Gianni Vattimo) el “pensamiento débil” no es un débil pensamiento, sino más bien un pensamiento crítico  a favor de los débiles, un pensamiento comprometido con el mundo, con sus problemas, un pensamiento creativo, hermenéutico. No es un pensamiento dogmático pero tampoco relativista; es una filosofía de militancia no agresiva a favor de los más pequeños, aquellos por los que Francisco, Jesús de Nazaret y una larga cola de cristianos comprometidos han dado su vida a lo largo de la historia. No da igual lo que cada uno haga con su vida porque nuestras actitudes conllevan unas consecuencias para los demás, ni busca anestesiar el alma porque, como decía Pablo,  “cuando soy débil, entonces soy fuerte”. Es más bien una actitud que busca aminorar el dolor, debilitar las injusticias, rebajar los poderes de este mundo, ya sean religiosos, políticos o económicos, para que verdaderamente sirvan al hombre y no se sirvan de él. ¿O es que Gandhi, Jesús de Nazaret, Luther King… no fueron  – perdonen el oxímoron–  “fuertemente débiles”? ¿Virtud o defecto? Por sus frutos los conoceréis…

Creo que hoy día se sigue pensando “posmodernidad” desde unas claves exclusivamente negativas y ello supone contaminar y pre comprender el término, como poco, de forma errónea e injusta, o, al menos, confusa  e incompleta. De manera similar ocurre con el concepto  “pensamiento débil”. Hay dos entendimientos al respecto, dos sentidos e interpretaciones: una, la que la comprende de una forma negativa porque lo asume como un pensamiento light, relativista, inconcluso, voluble, anémico y heredero de la falta de horizontes bajo la ausencia de relatos que marquen y den sentido personal e histórico, que es la que –con la mejor voluntad del mundo– ha seguido Francisco en sus matizaciones y consejos en el encuentro con la Asociación de Jóvenes Profesionales Toniolo, y la otra, la que los seguidores de Gianni Vattimo (maestro y padre del pensamiento débil), a partir de un conocimiento y estudio profundo de su obra hemos logrado comprender.  Hay que leer mucho, adentrarse en Vattimo sin prejuicios y tener cierta capacidad crítica para descubrir la verdadera diferencia entre pensamiento débil y debilidad de pensamiento.

Vivimos en un mundo poliédrico bastante más complicado de lo que nos venden... Mientras tanto, una sociedad y un tiempo complejo nos reta; una juventud multicultural y multiétnica aguarda una respuesta –humanamente cristiana– basada en la el debilitamiento de toda forma de violencia, la inclusión y la justicia.

Mientras tanto el mundo espera una respuesta adecuada para su tiempo.

Nota: Si en su momento llamó Bergoglio por teléfono a Vattimo y habló de la necesidad  de la teología se sumerja en el pensamiento heideggeriano no fue por casualidad ni para regañarle…

NO SOY UN GRAN "FRANCISQUISTA"


col anso

 

No soy un gran “francisquista”, pero como “hijo de la Iglesia”, tengo claro quiénes son los que nada, poco, algo o mucho han contribuido para que la Iglesia sea comunidad viva, “experta en humanidad”, simplemente pueblo que se deja conducir por el Espíritu Santo, “alma de la Iglesia”, y quienes no lo son.

No termino de entender que se hable del “papa de la primavera” cuando no veo que hayamos salido del invierno. No por responsabilidad del papa, por cierto… pero no creo que la Iglesia sea “el papa”. Por más primaveral que él sea, la Iglesia no logra salir de su estado invernal… laicos, curas, obispos invernales abundan en nuestras comunidades.

Seré poco objetivo… creo que los papas Juan Pablo II y Benito XVI sumieron la Iglesia no solamente en un invierno prolongado, sino en un estado casi catatónico. Y, para peor, haciendo creer a los zombis que los seguían, que esa era la “verdadera Iglesia”. Por tanto, cualquier eclesiástico, con simples ganas de respirar ya sería acusado de herejía o cosas semejantes. Ni hablar de los intentos de recuperar el Concilio Vaticano II, y otras “subversiones” atroces del estilo. Si eso es “primavera”, pues ¡celebrémosla! Pero, lamentablemente, por ser “honrados con lo real”, no podemos negar que en nombre de esa tal “verdadera Iglesia”, somos testigos de una avalancha de sujetos que cuestionan y condenan, señalan y abominan de cualquier intento de simplemente aire, para no hablar de primavera.

Hace ya tiempo aparecen decenas de adversarios y enemigos del actual Papa. Para algunos, los “enemigos” es lo mejor que tiene el actual pontífice; es una expresión explícita de que este es el lugar donde debe / debemos estar. ¡Y queremos!

Las recientes actitudes de rechazo por la posibilidad de bendiciones a “parejas irregulares” revelaron a las claras el patetismo de los dinosaurios… Sabemos que se pueden bendecir armas, se pueden bendecir mascotas, pero no se pueden bendecir dos personas que se aman si son del mismo sexo… El amor no parece el tema importante, lo que importa es la estructura mental esclerosada de algunos.

Eso del espíritu que hace nuevas todas las cosas, que nadie sabe de dónde viene ni a donde va, eso de la misericordia pareciera una exageración “papal” … Pero, por otra parte, hay otros que creemos que la cosa no es defender a tal o cual papa, sino de defender el Evangelio, la fidelidad a aquel que comió con “cobradores de impuestos y con pecadores”, que celebra que Dios bendice, con lluvias, a buenos y malos. En suma, no pretendo en estos renglones “defender al Papa” … sólo quiero repetir que el rechazo del Espíritu Santo es, curiosamente, el único pecado que Dios no perdona. Y, creo que, defendiendo el Espíritu Santo, dejándolo obrar con libertad, podremos sencillamente parecernos un poco más a la Iglesia soñada por Jesús, y no a una estructura, o una planicie llena de huesos secos.

Que no sea francisquista no me impide creer que con este papa estamos bastante más cerca de la Iglesia que Dios y el pueblo quieren en estos tiempos. A lo mejor por eso los dinosaurios se resisten a extinguirse.

 

Eduardo de la Serna

Religión digital

FRENOS A LA SINODALIDAD DE FRANCISCO


col arregi

 

El camino sinodal tiene mucho de conversión personal. Desde la escucha de la Palabra de Dios, la oración y los sacramentos, hasta vivir la centralidad de la Eucaristía: ¡Ahí comienza todo! La asignatura pendiente es sentirnos comunidad que celebra “algo”, y solo entonces la sinodalidad tendrá el camino despejado para lograr ser Iglesia que resulte atractiva, como lo fue Jesús. Por eso Francisco apela al cambio de nuestras actitudes para que la vivencia del Evangelio sea veraz y dé fruto. Lo cierto es que se siguen manifestando actitudes de escepticismo e incluso rechazo por la novedad que significa en sí misma la experiencia de escuchar, dialogar y caminar juntos en una nueva manera de vivir el Evangelio más auténtica.

Los principales impedimentos para crecer en participación, comunión y responsabilidad se deben a las resistencias del clero (por su clericalismo) y la pasividad de los laicos (por su comodidad nada corresponsable). Tampoco se acaba de reconocer el papel de la mujer en la Iglesia y su derecho a la participación plena y en condiciones de igualdad. Es de destacar también la pobre participación de los jóvenes en el proceso sinodal. 

En cuanto al papel de los obispos en la operativa de la sinodalidad está siendo muy pasivo, a la espera de las conclusiones finales para actuar, como si este proceso sinodal arrancase en octubre de 2024. O peor aún, frenando todo lo posible dicho proceso. La Secretaría General del Sínodo emitió un comunicado a comienzos de 2023 donde confiaban que en las Asambleas continentales resonase con mayor fuerza la voz de las Iglesias particulares, llamando a crecer, desde ya, en un estilo sinodal de Iglesia más evangélico y evangelizador.

Evidentemente, esto no ha ocurrido hasta ahora, como si la sinodalidad fuera un mero método, en lugar de “la forma de la Iglesia y el estilo de llevar a cabo la misión común de evangelización”. Las directrices  de dicha Secretaría General apelando a crecer en un estilo sinodal de Iglesia donde todos vayamos aprendiendo  -fieles y jerarcas- a sentirnos Iglesia, no ha tenido el eco pretendido. Es un tiempo hasta octubre que tenemos por delante como oportunidad para proseguir el camino sinodal, en el que podamos  escucharnos, dialogar y hacer un prolongado discernimiento. Se nos invita a las Iglesias particulares y a los grupos eclesiales a mantener vivo el dinamismo sinodal que tanto rechazo e indiferencia concita.

Para conseguir este objetivo es necesario la implicación de los órganos de participación diocesanos (Consejo Presbiteral y Consejo Diocesano de Pastoral), de los sacerdotes, los miembros de vida consagrada, los movimientos y asociaciones laicales, haciendo especial hincapié en el reto de involucrar también a los jóvenes y a otros grupos de personas, con los que hasta ahora nos ha resultado difícil entrar en diálogo y escucha activa. Y no de manera puntual contestando unas preguntas importantes, sino ejerciendo el liderazgo de servicio que ayude a cambiar la mentalidad eclesial y las actitudes entre nosotros. Llama la atención que buena parte de los obispos afectos al Papa, hayan preferido esperar hasta octubre en lugar de actuar con liderazgo de servicio para ir aprendiendo ese caminar juntos corresponsablemente a la escucha.

El Papa nos recuerda que estamos haciendo un camino de escucha mutua y de escucha del Espíritu Santo, de discusión y también de discusión con el Espíritu Santo, que es una forma de orar. Tened confianza en el Espíritu, nos dice: “No tengáis miedo de entrar en diálogo y dejaros impactar por el diálogo. Las soluciones deben buscarse dando la palabra a Dios y a sus voces en medio de nosotros; rezando y abriendo los ojos a todo lo que nos rodea; viviendo una vida fiel al Evangelio (18 de septiembre de 2021). Tenemos que rezar y escuchar mejor.

Hay mucha resistencia a superar la imagen de una Iglesia rígidamente dividida entre dirigentes y subalternos, entre los que enseñan y los que tienen que aprender, olvidando que a Dios le gusta cambiar posiciones como hizo Jesús en el lavatorio de los pies. Incluso no pocos están convencidos que la Iglesia no tiene futuro por sus propios deméritos, y que desaparecerá antes que tarde. A ellos les recuerdo la anécdota del secretario de Estado de Vaticano de Pío VII, Ercole Consalvi, prisionero de Napoleón. El emperador acudió a su celda y le amenazó: “¡Voy a destruir a la Iglesia!” A lo que Consalvi respondió: “Imposible, excelencia, ni nosotros mismos lo hemos conseguido”.

LA SUEGRA DE SIMÓN, MODELO DE DISCIPULADO Y ANFITRIONA DE LA COMUNIDAD


col labrador

 

Hay una figura muy importante en el evangelio que leemos hoy en Marcos 1,29-39. Se trata de la suegra de Simón. No se ha prestado suficiente atención a esta mujer en los estudios de exégesis ni se han hecho las habituales aplicaciones teológicas de su figura como debería ser el caso de un personaje que está presente en los tres evangelios sinópticos. Incluso en algunos casos se ha hablado de ella en contraste con Simón Pedro o como la causante de sus dudas de fe.

Esta mujer, sin embargo, aparece en el texto de Marcos con los verbos que definen a un verdadero discípulo de Jesús y a un modelo de discipulado. Jesús se acerca a ella, la toma de la mano, la levanta, la cura… y ella se pone a servirles, es decir ejerce la diaconía. Y prestará sus servicios de acogida y diaconía no solo a Jesús sino a todos quienes se acerquen a su casa. Más aún, pone su casa al servicio de la comunidad y la convierte en espacio de hospitalidad para quienes buscan a Jesús.

Esta situación de casas que se abren a los nuevos conversos está muy presente en los relatos evangélicos y reflejan la realidad de comunidades nacientes, que se reunirían en casas de aquellos que habían comenzado a seguir a Jesús. Así este relato bien cuenta la presencia y la acción diaconal de esta mujer que se convierte en discípula y organizadora de comunidades y seguramente la presenta como modelo para otros que quieran seguir a Jesús. Podríamos llegar a suponer que el espacio de casas, regido muchas veces por mujeres, aparece como el espacio de encuentro más habitual de las comunidades originarias, tal como también las describe san Pablo en sus cartas.

El texto sigue a continuación indicando que Jesús se irá con “Simón y sus compañeros” a “otra parte, a las aleas cercanas, para predicar también allí”. Es decir, el texto muestra cómo se consolidan grupos de discípulos itinerantes y misioneros junto a espacios más estables que se reúnen en las casas. Es habitual prestar más atención al movimiento de Jesús como un grupo itinerante pero los relatos parecen también hacer referencia a comunidades que se van consolidando en torno a espacios que son acogedores y que dan cierta estabilidad al grupo misionero. Recordar a esta mujer y su acción de diaconía nos presenta grupos y comunidades nacientes muy acogedora y capaces de generar espacios habitables concretos para reunir a grupos de creyentes.

Resulta cuanto menos llamativo que la presencia de una mujer que consolida una incipiente organización creyente según los textos de los tres sinópticos no resulte relevante para a eclesiología actual y que se focalicen unilateralmente las formas institucionales en la figura de Pedro. Este relato, junto a muchos otros, señala a Pedro como discípulo itinerante y a la mujer como un contrapunto de modelo de discipulado cuyas funciones son más orgánica e institucionales que las de su yerno. Habrá que seguir profundizando en este texto que puede dar mucha luz a los desafíos ministeriales que se presentan en la vida eclesial actual.

 

PASIÓN POR LA VIDA José Antonio Pagola

 

Donde está Jesús crece la vida. Esto es lo que descubre con gozo quien recorre las páginas entrañables del evangelista Marcos y se encuentra con ese Jesús que cura a los enfermos, acoge a los desvalidos, sana a los enajenados y perdona a los pecadores.

Donde está Jesús hay amor a la vida, interés por los que sufren, pasión por la liberación de todo mal. No deberíamos olvidar nunca que la imagen
primera que nos ofrecen los relatos evangélicos es la de un Jesús curador. Un hombre que difunde vida y restaura lo que está enfermo.

Por eso encontramos siempre a su alrededor la miseria de la humanidad: poseídos, enfermos, paralíticos, leprosos, ciegos, sordos. Hombres a los que falta vida; «los que están a oscuras», como diría Bertolt Brecht.

Las curaciones de Jesús no han solucionado prácticamente nada en la historia dolorosa de los hombres. Su presencia salvadora no ha resuelto los problemas. Hay que seguir luchando contra el mal. Pero nos han descubierto algo decisivo y esperanzador. Dios es amigo de la vida, y ama apasionadamente la felicidad, la salud, el gozo y la plenitud de sus hijos e hijas.

Inquieta ver con qué facilidad nos hemos acostumbrado a la muerte: la muerte de la naturaleza, destruida por la polución industrial, la muerte en las carreteras, la muerte por la violencia, la muerte de los que no llegan a nacer, la muerte de las almas.

Es insoportable observar con qué indiferencia escuchamos cifras aterradoras que nos hablan de la muerte de millones de hambrientos en el mundo, y con qué pasividad contemplamos la violencia callada, pero eficaz y constante, de estructuras injustas que hunden a los débiles en la marginación.

Los dolores y sufrimientos ajenos nos preocupan poco. Cada uno parece interesarse solo por sus problemas, su bienestar o su seguridad personal. La apatía se va apoderando de muchos. Corremos el riesgo de hacernos cada vez más incapaces de amar la vida y de vibrar con el que no puede vivir feliz.

 

JESÚS NOS QUIERE LLEVAR A LA VERDADERA VIDA DOMINGO 5 º (B) Mc 1,29-39

 

 

Recuerda que los evangelios no son crónicas de sucesos sino teología narrativa. No tiene importancia que las palabras atribuidas a Jesús sean exactamente las que él pronunció; ni que los hechos narrados hayan sucedido así. Lo importante es el mensaje que quieren trasmitirnos. Lo difícil será traducirlo adecuadamente a nuestro lenguaje, siempre relativo, de manera que lo podamos entender hoy. Para ello es imprescindible que nos coloquemos en el ambiente de aquella época y conozcamos las características de aquella cultura.

Seguimos en el primer día de la actuación de Jesús. Marcos intenta perfilar a grandes rasgos y con firmes trazos, la figura de Jesús. Se trata de un montaje programático para dejar muy clara la manera que tenía Jesús de desarrollar su ministerio. No podemos desligar la perícopa que hemos leído hoy de la del domingo pasado. Ambas forman un todo teológico progresivo, que empieza en la sinagoga y termina orando solo en descampado. Allí consigue reavivar la experiencia de Dios, que le permite hablar y actuar con autoridad.

El paso de la sinagoga a la casa, y después a la calle, nos dice que Jesús lleva la salvación a todos los lugares en donde se desarrolla la vida y a todas las personas que tienen necesidad de liberación. Con toda naturalidad se nos habla de la suegra de Pedro, aunque nunca se hable de la esposa. En aquella sociedad era impensable el estado de soltero y Jesús nunca cuestionó las normas existentes con relación a la sexualidad, al matrimonio o a la familia. Los cambios que después se produjeron no se pueden vender como mensaje evangélico.

La cogió de la mano y la levantó. La palabra katekeito para decir “estaba postrada”, puede significar enfermedad o muerta, en cualquier caso, falta de vida. También para decir que la levantó, Mc emplea hgeiren, que puede significar levantar o resucitar. Está claro que Mc quiere dar un doble sentido a todo el relato, más allá del sentido literal.

Se le pasó la fiebre y se puso a servirles”. Jesús cura para que la mujer pueda servir. En el mundo griego, el servicio (diakonía) se consideraba una deshumanización. En las primeras comunidades cristianas, era el signo de seguimiento de Jesús. El verbo que se utiliza en griego es dihkonei = servía a la mesa. Los cristianos eligieron precisamente la palabra “diakonía” para expresar el nuevo fundamento de las relaciones humanas en la comunidad. El mismo Jesús dirá que no ha venido a ser servido sino a servir.

Al anochecer... Nos está indicando que los que se admiraban de las palabras y obras de Jesús eran judíos y no habían superado la dependencia de la Ley, que era la causa de la opresión. Al ponerse el sol terminaba el sábado y la obligación de descanso. Por lo tanto, ya podían ellos llevar a los enfermos y Jesús curarlos, sin faltar al primer precepto de la Ley.

Curó a muchos y expulsó muchos demonios. Todos buscan a Jesús para ser curados. Todos los evangelios comienzan con un éxito espectacular de la predicación de Jesús. Más tarde se verá que no les interesa nada más que ser atendidos en sus necesidades. Cuando queda claro que ese no es el objetivo de Jesús, le abandonan sin ninguna consideración.

Se marcha a descampado y allí se puso a orar. En muchos lugares de los evangelios se dice lo mismo: "Se levantó de madrugada, se fue a un descampado y allí se puso a orar". "Pasó la noche en oración". "Por la mañana estaba allí sólo". Es la clave de la vida de Jesús. Realmente necesitaba orar como verdadero ser humano que era. Descubrir lo que era su Abba para él y lo que era él para su Abba fue la clave de su espiritualidad. Esto solo se puede hacer apartándose de bullicio de la gente en soledad y silencio.

El domingo pasado decía el evangelio que hablaba con autoridad, no como los letrados. La clave está en este descubrimiento continuado de la presencia de Dios en él. A pesar de la absorben­te actividad, encontraba tiempo para estar a solas consigo mismo y cargar las pilas. Los evangelios nos dicen que también iba a la sinagoga y al templo, pero el verdadero encuentro con Dios lo realizaba a solas y en medio de la naturaleza.

¡Todo el mundo te busca! En el relato encontramos tres exageraciones intencionadas: ‘todo el mundo te busca’; ‘la población entera’; ‘todos los enfermos’. Los discípulos están en la misma dinámica que la gente. No quieren que su Maestro pierda la ocasión de afianzar su prestigio (poder). Jesús sabía muy bien lo que tenía que hacer: “Vámonos a otra parte”. En el principio del relato se habló por dos veces de su enseñanza (didach). Ahora dice predicar (khruxw), de donde viene kerigma, concepto clave de la primera comunidad.

Todos los evangelios empiezan constatando la euforia con que la gente sigue a Jesús. Pero pronto, se va apoderando de ellos, primero la decepción, después el abandono, y finalmente la oposición total. En Juan este proceso se escenifica de manera genial en el c. 6, después de la multiplicación de los panes, cuando quieren hacerle rey y terminan abandonándole todos diciendo: “¿quién puede hacerle caso?” El porqué de esta actitud es claro: buscan ser curados, liberados, queridos, no les interesa curar, servir y amar.

Si tomásemos conciencia de este cambio en la gente, comprenderemos donde falla nuestro cristianismo. La respuesta está en el relato de la curación de la suegra de Pedro. Jesús cura para que seamos capaces de servir. Esto es precisamente lo que no nos gusta. Cuando Jesús va dejando claro que Dios no es un tapagujeros, que su predicación lo que persigue es cambiar las actitudes fundamentales del ser humano y convertirle en libre servidor en vez de opresor, la gente empieza a sentirse incómoda y le abandona sin contemplaciones.

El evangelio no habla de resignación ante cualquier clase de dolor, sea físico, sea psíquico, sea moral. Tampoco identifica la salvación con la supresión del dolor. Todo lo contrario, afirma expresamente que la verdadera salvación puede alcanzarla todo ser humano a pesar del mal que nos rodea. Siempre que se pueda, se debe suprimir el dolor. La victoria contra el mal no está en suprimirlo, sino en evitar que te aniquile.

La solución al problema vital del hombre no puede venir de fuera, la tenemos que encontrar dentro. Solo un conocimiento de lo hondo del ser nos descubrirá lo que somos. El hombre tiene que superar sus limitaciones. Pero solo lo conseguirá descubriendo que esas limitaciones no le impiden alcanzar su plenitud. Conocerme a mí mismo es conocer a Dios como fundamento de mi ser. Ser fiel a sí mismo es la única manera de ser fiel a Dios.

El fallo del cristianismo fue convertir la buena noticia del evangelio en una religión. Jesús quiso liberar al ser humano de todo lo que le impide ser él mismo, incluida la religión. Hay problemas que no tienen solución, pero una vida más humana siempre es posible. El esperar que cambien las circunstancias para sentirme bien es señal de hedonismo.

 

LA ANTICIPACIÓN DEL REINO EN LA VICTORIA SOBRE LA ENFERMEDAD Domingo 5 Ciclo B

 col sicre art


El evangelio del domingo pasado contaba el asombro causado por la predicación de Jesús y por su poder sobre los espíritus inmundos. Todo eso ocurrió un sábado en la sinagoga de Cafarnaúm. El evangelio de este domingo nos cuenta cómo terminó ese sábado y qué ocurrió en los días siguientes.     

Curación de la suegra de Pedro (Mc 1,29-31)

Quien lee este relato de Marcos no presta atención al hecho de que la curación tenga lugar en sábado. Pero cuando se recuerda que una de las acusaciones más fuertes contra Jesús fue la de curar en sábado, el detalle adquiere mucha importancia. Para Jesús, como él mismo dirá más tarde, la persona está por encima de la ley, aunque sea la ley más santa.

Curaciones al atardecer (Mc 1,32-34)

Al ponerse el sol termina el descanso sabático. La gente puede caminar, comprar, etc., y aprovecha la ocasión para llevar ante Jesús a todos los enfermos y endemoniados. No se dice cuánto tiempo dedicó a curar a muchos de ellos. Se supone que hasta tarde. En Israel, como en todo el Mediterráneo, la noche no cae de repente.

El relato supone que Jesús realiza las curaciones sin ningún esfuerzo ni uso de la magia. Es interesante compararlo con lo que cuenta Plutarco a propósito del rey Pirro, rey de Epiro (+ 272 a.C.): “Se creía que Pirro curaba las enfermedades del bazo sacri­ficando un gallo blanco, haciendo dormir a los enfermos de espaldas y apretándoles suave­mente esa víscera con el pie derecho. (…) Se dice que el dedo gordo de su pie tenía una virtud divina, hasta el punto de que, después de su muerte, una vez quemado enteramente su cuerpo, se observó que aquel dedo no había sufrido las llamas y que estaba intacto” (Plutarco, Vida de Pirro)

En este contexto dice Marcos, casi de pasada, que Jesús «expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar». Esta idea, que ya apareció en el relato del endemoniado del domingo pasado y que se repetirá en otros momentos, la presentó Wilhelm Wrede en 1901 como «el secreto mesiánico». Jesús no quiere que la gente sepa desde el principio su verdadera identidad, tienen que irla descubriendo poco a poco, escuchándolo y viéndolo actuar.

Jesús y sus colaboradores siguen proclamando el Reino (1,35-39)

La conducta de Jesús trae a la mente las palabras del Salmo 63: «¡Oh, Dios, tu eres mi Dios, por ti madrugo!». Estamos al comienzo del evangelio, y Marcos indica algo que será una constante en la vida de Jesús: su oración, el contacto diario e intenso con el Padre, del que saca fuerzas para llevar adelante su misión.

Esta misión no se caracteriza por elegir lo cómodo y fácil. En Cafarnaúm toda la gente pregunta por él, quiere verlo y escucharlo. Sin embargo, él decide recorrer de nuevo toda Galilea. Ya lo había hecho solo, cuando metieron a Juan en la cárcel. Ahora lo hace acompañado de los cuatro discípulos. Y no solo predica, también expulsa demonios.

El demonio de la depresión (Job 7,1-4.6-7)

La primera lectura, tomada del libro de Job, ha sido elegida pensando en los enfermos a los que cura Jesús. Job pertenece al grupo de los endemoniados, pero en sentido moderno. No se trata de que esté poseído por un espíritu inmundo, sino de que se halla sumido en una profunda depresión. No le encuentra sentido a la vida, la ve como una carga insoportable, una noche que no se acaba, un futuro sin esperanza. La solución le vendrá por un duro enfrentamiento con Dios, que le obligará a salir de sí mismo, a abrir la ventana y contemplar las maravillas que lo rodean, hasta terminar reconociendo humildemente que no puede discutir con Dios ni culparlo de lo que le ocurre.

Relacionando esta lectura con el evangelio, parece sugerir al deprimido: acude a Jesús, o que alguien te lleve a él. No te hablará duramente, como Dios a Job, pero quizá te ayude a salir de ti mismo y a superar tu depresión. Porque, como dice el Salmo de hoy: «Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas» (Sal 146,3).

«Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados (Sal 146,1)

En las diversas y numerosas curaciones que ha contado el evangelio, resulta extraño que nadie dé las gracias a Jesús. Ni la suegra de Simón, ni su familia, ni los que acuden al ponerse el sol, ni los enfermos de toda Galilea. Pasa haciendo el bien sin esperar recompensa.

Por eso es bueno que el Salmo nos invite a alabar al Señor, reconociendo todo el bien que nos ha hecho. Este himno recoge motivos muy diversos para alabar a Dios: empieza por la reconstrucción de Jerusalén y la vuelta de los deportados, pero no pierde de vista a cada individuo, vendando las heridas de los que tienen el corazón destrozado y sosteniendo a los humildes.

 

BUSCAR EL SILENCIO Domingo V del Tiempo Ordinario 4 de febrero Mc 1, 29-39

col lozano art

 


No hay profundidad humana sin cultivo del silencio. Porque solo el silencio mental -que no es mutismo no está reñido con la actividad ni con el encuentro con los otros- posibilita el autoconocimiento en profundidad y el saboreo, consciente y detenido, de aquello que somos. Y solo de ese saboreo puede nacer la sabiduría o comprensión.

La experiencia nos dice que el ruido mental y emocional fácilmente nos perturba y descoloca, introduciéndonos en los vericuetos oscuros, interminables y ansiosos del hacer y del acaparar, situando al ego como protagonista de la acción y eje alrededor del cual se hace girar todo lo demás.

La resistencia o incluso el miedo al silencio tienen siempre un porqué, posiblemente conectado con uno de estos dos elementos (o con los dos a la vez): el miedo al propio mundo interior y la hiperactividad mental.

Decía que con frecuencia se dan unidos porque, cuando se ha sufrido en soledad desde niños, se ha tendido a alejarse de los propios sentimientos -ya que sentir era sinónimo de sufrir- y se ha refugiado en la cabeza, haciendo del pensamiento un mecanismo de defensa. No es raro que la hiperactividad mental -una manifestación de la ansiedad- sea síntoma de sufrimiento interno, muchas veces olvidado. Cuando estamos bien, notamos que la mente se relaja y rumiamos menos.

Siendo conscientes de las dificultades, es bueno saber que siempre es posible entrenarse en el silencio mental: encontrando la propia motivación, ajustando los tiempos a nuestro momento, apoyándonos en textos o en audios que faciliten entrar en el silencio, practicándolo en grupo…

En la medida en que se va viviendo, el silencio pacifica, unifica, armoniza, relativiza los dramas, libera del sufrimiento mental, desinfla el ego y sus pretensiones, nos hace comprender nuestra verdadera identidad y, en consecuencia, aporta alegría y nos hace más humanos.

 

PLANTEAMIENTO DE MARCOS


comentario editorial fa7

col munarriz

 

Mc 1, 27-39

«Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios»

Estamos acostumbrados a leer el evangelio a pequeñas dosis, y esto tiene el riesgo de hacernos perder su visión de conjunto. Por ejemplo, el comienzo del evangelio de Marcos es una unidad que debe leerse de un tirón, pues muestra el ambiente de confrontación que vivió Jesús desde el primer momento y nos da las claves para entender mejor el resto. Vamos pues a tratar de hacer una síntesis de sus primeros capítulos.

Jesús, carpintero de Nazaret, siente la llamada de Dios, deja oficio y familia y va al Jordán al encuentro de Juan el Bautista. Se bautiza con él y se dirige al desierto para confirmar o afianzar su vocación antes de dedicar la vida a la misión a la que se siente llamado.

A su regreso del desierto, conoce e Simón, Andrés, Juan y Natanael y vuelve con ellos a Galilea. Se hospeda en Cafarnaúm, en casa de Simón, e invita a los tres primeros y a Santiago (hermano de Juan) a unirse a él en la aventura de predicar el Reino de Dios por los caminos de Galilea. Ellos aceptan y se emplazan el sábado en la sinagoga de Cafarnaúm.

Ante el asombro de todos, el carpintero toma la palabra y expone con autoridad una doctrina nueva y sorprendente. Al finalizar, un demente le increpa, y Jesús lo devuelve a su ser con la simple autoridad de sus palabras. A la salida, cura a la mujer de Simón que estaba enferma, y al atardecer le llevan a su puerta multitud de enfermos para que los cure. Pronto su fama se extiende por toda la comarca.

Marcos hace hincapié en el enfrentamiento que desde el principio mantiene Jesús con escribas y fariseos… y lo curioso es que parece ser él quien lo provoca. Su primera sanación la hace en sábado, quebrantando el precepto más sagrado para todo israelita. Sale a los caminos, encuentra un leproso, se acerca a él y le toca incurriendo en impureza. Vuelve a Cafarnaúm, perdona los pecados de un paralítico que le presentan para que lo sane, y los fariseos le acusan de blasfemo.

Invita a Leví, el publicano, a unirse al grupo y cena en su casa, con escándalo de los justos. Cuando le acusan de no ayunar, les habla del vino nuevo que va a romper sus odres viejos, y cuando les increpan por comer espigas en sábado, se arroga una vez más la potestad de interpretar la Ley en contra del criterio de los doctores: «El Sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el Sábado». Esta serie constante de enfrentamientos culmina en la sinagoga de Cafarnaúm, donde cura en sábado (sin necesidad alguna) a un hombre que tiene la mano paralizada. Los fariseos se conjuran con los herodianos para matarle…

Y ésta es la base del planteamiento posterior: Jesús, hombre poderoso en palabras y avalado por Dios con hechos asombrosos, es seguido por la gente sencilla a quien sana y devuelve la esperanza, y es rechazado de plano por la ortodoxia y el poder que acaban llevándolo a la muerte.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí