FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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jueves, 21 de julio de 2022

EL PLACER ES UNA EXPERIENCIA ANTROPOLÓGICA QUE JESÚS, EN SU HUMANIDAD VERDADERA, TAMBIÉN HA VIVIDO

col jose lorenzo

 religión digital

“La mujer del perfume” (Editorial San Pablo), de Margarita Saldaña, es una sugerente lectura llena de delicadeza que, como en un trabajo de arqueología, recupera una escena maravillosa del Evangelio (Mc 14,3-9) que, sin embargo, ha llevado mal el paso de los días, y no precisamente por culpa del significado del relato, hoy necesario, sino por el miedo que inspiró, y que está tan a la vista que solo hace falta volver a leerlo, pero con otros ojos, casi nada.

La autora, periodista y teóloga, nos limpia la mirada para ayudarnos a percibirla como intuye que la percibió el propio Jesús, a la luz del relato de Marcos, donde la sensualidad tiene su lugar, y destacado, pero invitándonos a “recuperar el punto de vista genesíaco (“y vio Dios que era bueno”) para afrontar la escena en su bondad y en su belleza original, como lo hace Jesús”. Puro aroma a autenticidad.

¿Qué significaba una escena como esa, la de una mujer derramando perfume de nardos sobre la cabeza de Jesús, en una estancia llena de otros hombres, en aquellos tiempos?

En los tiempos de Jesús, como en los nuestros, una escena como esta provoca necesariamente sorpresa, incluso escándalo. La llamada "unción de Jesús en Betania" debió de impresionar de tal manera a quienes la vivieron que los cuatro evangelistas se hacen eco de ella, aunque siguen versiones y tradiciones diferentes. Los significados de este relato, según Marcos, albergan matices muy particulares por el hecho de que él sitúa este acontecimiento justo antes de la última cena. En este contexto, aparecen contrastes muy marcados que el lector está invitado a descubrir y a disfrutar.

¿Por qué ha decidido dedicarle esta obra?

Esta obra o, mejor dicho, “obrita" (porque se trata de un libro de pocas páginas), forma parte de una colección sobre mujeres bíblicas que la editorial San Pablo ha comenzado a publicar. El equipo de coordinación distribuyó distintas figuras a otras tantas teólogas, y yo tuve la suerte de que me tocase “la mujer del perfume”. El encuentro con ella me ha resultado mucho más revelador de lo que hubiese podido imaginar cuando me situé ante el texto por primera vez.

Usted habla de una “presencia profética” y de “denuncia” en la actitud de esa mujer. ¿Qué quería demostrar, dar a conocer o reivindicar?

Con su actitud y con su gesto, esta mujer se inserta en la tradición profética de la Biblia, que incluye una dimensión de denuncia y otra de anuncio. Sin nombre conocido, e incluso sin pronunciar una sola palabra, el nardo puro y sobreabundante que ofrece viene a desenmascarar las tretas de los líderes de Israel y los cálculos mezquinos de los discípulos. Al mismo tiempo, ese perfume puro que se derrama sobre la cabeza de Jesús le reconoce como Ungido, precisamente a las puertas de la pasión.

¿Entiende Jesús este gesto?

Antes de "entenderlo", yo creo que Jesús lo disfruta, y este es una de los aspectos más sorprendentes de esta escena penetrada de sensualidad. Mientras que los comensales murmuran, precisamente porque su lógica no alcanza a “entender”, Jesús abre bien todos sus sentidos y recibe a partir de ellos no solo el perfume, sino a la mujer que lo ofrece.

¿Cómo ha sido interpretada esta escena a lo largo de los siglos y cómo ha influido en la manera de mirar la Iglesia estas cuestiones?

Esta escena ha calado menos en el imaginario cristiano que esa otra unción en Betania que tuvo lugar en casa de Lázaro. La gente suele confundir ambos relatos, así como a sus protagonistas y los gestos que realizaron, y se queda con la idea de que fue María Magdalena, una mujer pecadora, la que derramó perfume sobre los pies de Jesús y luego los enjugó con sus cabellos. El gesto, con su carga de escándalo, queda así justificado en el marco del perdón y de la misericordia. Sin embargo, si leemos atentamente este relato concreto nos daremos cuenta de que en él no hay trazas de pecado ni de perdón; los temas que están en juego son otros. 

¿Por qué Jesús, a diferencia de los discípulos presentes, no se escandaliza?

Ocurre en esta escena como en tantas otras de los evangelios: la mirada de Jesús percibe la realidad en un nivel mucho más profundo que la mirada de sus interlocutores. Allí donde los discípulos no ven más que gasto, derroche y transgresión de las normas establecidas, Jesús descubre y acoge a una mujer libre y todo lo que ella le regala: belleza, placer, aliento para vivir su misión hasta el final.

Una mujer anónima que se atreve a franquear todas las barreras sociales, cuestiona demasiado unas estructuras que siguen marcadas por el patriarcado y el clericalismo

¿Por qué el mensaje subyacente está poco presente en la Iglesia de hoy?

Quizá porque la figura de su protagonista, una mujer anónima que se atreve a franquear todas las barreras sociales, cuestiona demasiado unas estructuras que siguen marcadas por el patriarcado y el clericalismo.

¿Entiende hoy la Iglesia el gesto de esa mujer, un gesto de servicio, sin decir tampoco, como en tantas ocasiones, ni una sola palabra, simplemente siendo y estando?

Francisco anima continuamente a la Iglesia a caminar en la línea de la salida y del don, hasta el exceso. Es una lógica en la que la ineficacia aparente encuentra todo su sentido, porque lo que se buscan no son cifras ni resultados que engorden el cristianismo sociológico, sino algo mucho más humilde: la luz que emana suavemente y sin deslumbrar, el sentido del grano de mostaza o del puñado de levadura. En la Iglesia estamos siempre necesitados de conversión para caminar en esa dirección, la dirección del Evangelio.

La sensualidad que preside la escena, el indudable placer que debió de aparecer también en aquel acto, ¿le ha jugado una mala pasada a la escena y al papel de la mujer en aquella comunidad y en la Iglesia?

La sensualidad y el placer son temas que tradicionalmente han sido mirados con malos ojos en la Iglesia, y de los que se ha hablado y se habla poco de manera abierta y en sentido positivo. La mujer, particularmente, aparece como fuente de provocación y amenaza para la castidad de los varones, sobre todo de los clérigos. En ese contexto de interpretación, resulta difícil captar el sentido y la relevancia de este relato. Es necesario recuperar el punto de vista genesíaco ("y vio Dios que era bueno") para afrontar la escena en su bondad y en su belleza original, como lo hace Jesús.

Parece peligroso, incluso blasfemo, contemplar a Jesús en relación con el placer

¿Cómo acoge Jesús el gesto? ¿Es consciente de la sensualidad inherente? ¿Nota el placer? ¿Lo acoge?

Parece peligroso, incluso blasfemo, contemplar a Jesús en relación con el placer. Y, sin embargo, el placer es una experiencia antropológica que Jesús, en su humanidad verdadera, también ha vivido. Marcos deja entender que Jesús acoge el placer que esta mujer le regala con su perfume, y que su mirada reconoce en este gesto una obra, no solo “buena” sino también "bella" y digna de ser recordada.

¿Viven los cristianos de hoy más reprimidos de lo que el mensaje de belleza, amor, entrega, afecto, cariño, respeto, sensualidad… nos muestra en esa escena del Evangelio?

Aunque el tema del placer se halla omnipresente en nuestra cultura, no está tan claro que los cristianos lo vivamos conscientemente a partir de las claves de Jesús. Liberar al placer de las etiquetas negativas que se le han ido adhiriendo con el paso de los siglos y redescubrirlo como una dimensión querida por Dios en su plan creador, podría ayudarnos a vivirlo con mayor libertad, profundidad y respeto.

 

SER “UNA PERSONA NORMAL”

col molins

 religión digital

Me encantó el artículo de Religión Digital en el que el Papa hablaba de ser “una persona normal” y añadía que era una de las causas por las que no quiso vivir en la residencia del palacio del Vaticano: era una cuestión psiquiátrica, porque el vivir comunitariamente le libraba de ese peso que acompaña a una vida en palacio y en la soledad del rango. ¡Fenomenal!

En otra escala mucho menor, las religiosas –llamadas vulgarmente, monjas en general, lo sean canónicamente o simplemente sean eso, religiosas– durante mucho tiempo no han sido “normales”.

"Déjale sitio a la monjita"

Por eso las que nos dedicábamos a la vida apostólica fuera de los conventos “cantábamos” mucho en la calle, en el metro y en todos los lugares públicos con nuestras vestimentas de otro siglo. Es verdad que eso llevaba –por lo menos en otros tiempos de nacionalcatolicismo–a ser más respetadas, a tener privilegios, a dejarles pasar en las colas, sentar en el metro o simplemente a que las madres les dijeran a su hijo pequeño: “Déjale el sitio a la monjita”, con ese diminutivo que a mí me reventaba.

El día que me pude quitar el hábito, pasé a ser una “mujer normal” o hasta diría que “cualquiera” en el mejor sentido de la palabra. Pasamos desapercibidas en los lugares públicos y –dedicadas a lo mismo que antes– procuramos no ser como el levita o el sacerdote que pasaron junto al herido, aquel que no fue auxiliado hasta que no pasó una personal “normal”, y encima emigrante, el samaritano.

Atraídos por los signos externos

Y aquí viene un fenómeno que no me atrevo a comentarlo en según qué lugares o medios de comunicación: ¿ser “normales” deja de ser atractivo para un tipo de jóvenes que se sienten atraídos por una visión más espectacular de la entrega con sus signos externos evidentes? Tal vez es una pregunta tonta, o no lo es tanto si se atiende a las estadísticas.

Hay dos cosas que me hacen pensar a la hora de la escasez de “vocaciones” para nuestra vida apostólica como consagradas en la vida religiosa: una es que en los países más desarrollados escasean mucho más. ¿Va por ahí la respuesta del joven rico que se marchó triste porque tenía demasiadas cosas…?

Triunfa lo lejano a la "normalidad"

Y la otra es que si hoy hay vocaciones, éstas se dan mucho más en congregaciones que –dejando a un lado su valor y santidad en la que no me meto– siguen con signos externos lejanos a esa “normalidad” de la que hablo al principio de este artículo.

De momento, –sin angustiarme demasiado por el relevo, pero sin negar la evidencia–  procuro, con mis hermanas, atenerme al Evangelio e intentar vivir como Jesús que pasó por la vida haciendo el bien y… “como un hombre cualquiera”. Texto de San Pablo a Filipenses que siempre me ha impresionado y que os lo recuerdo aquí, como complemento a mi sencilla tesis: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. (Fil. 2, 6-2-8).

 

LA TELE Y LA PANCETA

 

 fe adulta

El reportero de la televisión vasca va de almuerzo en almuerzo sanferminero. La panceta está sabrosa y el kalimotxo escanciado a raudales, atenúa los rigores del calor. El rojo y blanco se come buena parte de los teleberris durante todas esas populares fiestas a un mismo tiempo pamplonicas y planetarias. Alrededor de la misma hora en que las cámaras enfocan a la panceta, el día 8 de Julio una peregrinación interreligiosa avanza bajo un sol inclemente desde Villatuerta hasta Estella. La componen más de cien personas de diferentes credos y tradiciones espirituales. Ya en los jardines del Complejo cultural de los Llanos levantan el “árbol de la paz”, que reza en ocho idiomas “La paz prevalezca en la Tierra”. Pero ahí no hay quien recoja esa buena nueva y la dé a conocer, no hay ninguna cámara de EITB. Están todas con la panceta, el kalimotxo y el rojiblanco. 

Cada dos años celebramos el Foro Espiritual de Estella (www.foroespiritual.org) al que invitamos a representantes de las  tradiciones espirituales a abordar temas de actualidad y vivir unos días de comunión espiritual entre los diferentes. Este año abordamos en unos ricos diálogos, la cuestión de “El futuro de las religiones”. Trajimos a figuras muy significativas y de primer orden en el ámbito interreligioso como Javier Melloni, Enrique Martínez de Lozano, Joxe Arregi…, pero ahí no estaban los reporteros de nuestra televisión.

Cada dos años repetimos el ritual de invitar a esas cámaras, cada dos años brillan por su ausencia. Ninguna cámara le dio al "play" cuando los budistas, los cristianos, los judíos, los hindúes, los del Islam, los de las tradiciones indígenas... encendían, en el marco de una sentida ceremonia, la llama de la fraternidad. No cabe duda de que hay más demanda de panceta, kalimotxo y fiesta sanferminera para los teleberris, pero siquiera cada dos años coger la autovía de Logroño y acercarse a la ciudad del Ega; cada dos años conceder algunos segundos a esas gentes que tratan de construir un mundo nuevo sobre la base del diálogo y la cooperación; siquiera cada dos años enfocar las cámaras hacia ese Foro que reúne centenares de almas de todo el Estado, con el anhelo de levantar juntos y juntas una civilización más fraterna.

La necesidad de audiencia no nos ahogue en el “kalimotxo”. No sólo con lo que contamos, sino también a lo que aspiramos. No sólo fiesta y esparcimiento sino también mirar hacia adelante, cuando pasen los toros, cuando no les hinquemos espadas, ni banderillas, cuando vuelvan a ser hermanos y campen felices y libres en la dehesa. Nos sólo captar aquello con lo que vibra la mayoría, sino avizorar las tendencias que están cargadas de futuro. El teleberri no puede correr en pos de todos nuestros antojos, se debe a la demanda de la generalidad, a los imperativos “ratings”, pero sí de vez en cuando presentarse allí donde los diferentes se toman de la mano y levantan un altar universal, un centro integrador que acoge, que reúne, silencios, preces y anhelos; que sienta las bases de un mañana de perenne concordia y paz. 

Pienso a menudo en las anteriores generaciones que lo dieron todo para que ahora podamos disfrutar de cuanto tenemos, que se entregaron por entero para que gocemos de importantes autonomías con grandes medios y presupuestos en casi todos los ámbitos. Estas gentes altruistas, generosas y nobles como nuestro lehendakari Agirre, eran también de una profunda espiritualidad. Aquella hora no daba más que para el credo monocolor, pero quiero visualizarlos hoy abiertos a la policromía y la heterodoxia. Me gustaría saber qué pensaría nuestro insigne presidente si le diéramos el mando de nuestra tele; si pudiera constatar que los valores y principios por los que se donaron, encuentran hoy tan reducido espacio en la parrilla de nuestras propias pantallas.

 

¡BASTA YA!


col faus

 Atrio

De las 17 puñaladas que le dio en Parla a una chavala de 19 años, la bestia de su pareja sexual, una al menos se me ha clavado a mí y duele mucho. Podría ser mi nieta, ¡con toda la vida por delante! Es como para que se te salten las lágrimas. Y encima se fue acompañada por otra mujer de 50 años en Dos Hermanas…

Al ritmo aproximado de un crimen de estos por semana, estoy pensando en otra chavala que en estos momentos quizá se pregunta si el chico que a ella le atrae la encontrará guapa, y no sabe que dentro de unas semanas o meses será una nueva víctima de violencia machista.

Estoy pensando en la mujer que ahora quizás va a la compra mientras evoca su difícil situación de pareja, y no sabe que dentro de unos días o semanas, ella será noticia como nueva víctima de violencia sexual. Pensando en el señor que ahora quizá juega una partida de dominó en el bar, mientras despotrica contra su mujer y, dentro de un tiempito, será noticia como nuevo asesino machista… Estoy pensando en todos esos adolescentes que ahora consumen pornografía a diario por internet y no saben que eso los prepara para ser asesinos sexuales dentro de unos años: porque creerán que las mujeres reales son como las que aparecen en esos videos-porno. Pensando en esos y otros parecidos que ahora quizás no lo saben, pero pronto serán nuevos casos. Pensando en lo que me han dicho dos mujeres que fueron maltratadas: “no sabes lo que significa que las mismas manos que te habían acariciado, te abofeteen un día” (te apuñalen, habría que decir hoy).

No lo sé, desde luego. Pero me lleva a pensar que hay que hacer algo más que ese recurso tranquilo al 016 que muchas mujeres no se atreven a utilizar porque es como reconocerse fracasadas como mujeres en su tarea de conquistar a un hombre. Como si los gobiernos quisieran quitarse de encima el problema en vez de intentar resolverlo. Estas líneas solo intentan pedir que afrontemos más seriamente el problema.

1. Llamar a las cosas por su nombre. – Para empezar, hay que hablar de violencia sexual: dije otra vez que si fuera violencia “de género” el asesino mataría a todas las mujeres posibles y no solo a la suya propia. Hay que reconocer después que tenemos un problema no resuelto en nuestra concepción de la sexualidad. Hay que reconocer que la sexualidad tiene, a la vez, algo de divino y algo de diabólico: puede ser la sexualidad del Cantar de los cantares, y puede ser la sexualidad del marqués de Sade (con mala pluma) o de Henry Miller (con magnífica pluma, pero que no llama a sus parejas Mary o Jane sino “el coño Mary” y “el coño Jane”).

2. Nuestro mundo.- Ampliando un poco el ámbito de reflexión, creo que estamos en el fin de un proceso cultural que comenzó negando a Dios y sus leyes (con una aparente sensación de gran libertad), pero seguía sometido a la naturaleza y sus leyes. El siguiente paso fue negar la existencia, no de Dios, sino de la naturaleza y sus leyes: todo es solo cultura y, como decía el primer Sartre, “la existencia precede a la esencia”. Que luego Sartre modificara eso descubriendo la ética, mejor dejarlo estar ahora.

Y sin Dios ni naturaleza, el resultado ha sido una egolatría no ya tácita sino explícita: un robustecimiento de nuestra tendencia egolátrica (más vieja que Buda) que antes intentábamos camuflar hablando de todos los otros; pero ya nos dijo Sartre también que los otros son “el infierno”. El resultado de ese proceso pseudoliberador ha sido que, donde antes se decía que la naturaleza nos da un placer para que actuemos (alimentándonos o reproduciéndonos o fortaleciéndonos), ahora hablamos simplemente de que tenemos un “derecho al placer” sin otra finalidad. No comemos para vivir sino que vivimos para comer (y, paradójicamente, eso nos mata antes).

3. Abordaje religioso.- Volviendo a nuestro tema, las religiones han tendido a abordar el problema sexual desde el reconocimiento de una evidente fragilidad humana ante el sexo. Ese reconocimiento pudo llevar a soluciones muy discutibles (desde el infierno hasta el burka), olvidando que el miedo puede aquí muy poco: san Agustín ya decía que si alguien guarda castidad por miedo al infierno, ese no es casto sino cobarde. Y aquella espléndida Fortunata de Pérez Galdós “se conformaba con ir al infierno” con tal de no perder a su delfín[1]. Galdós conocía mejor al ser humano que muchos eclesiásticos mal formados y que muchos políticos de hoy: ni el infierno, ni la sífilis, ni el SIDA sirven en algunos casos para frenarnos. A lo más actúan como un freno de mano con el que bien o mal seguimos circulando hasta quemarlo. ¿Cómo es posible, mi querido Manuel, hijo mío, que después de dos años de cárcel, cuando habías logrado una satisfactoria situación laboral, en la que te encontrabas tan bien, con buen sueldo y apreciado, mandes todo eso al carajo y te expongas a varios años más de cárcel por volver a cometer abusos con una niña? ¡Y encima sabiendo que tu pobre madre no tiene más ingresos que los tuyos!

Pero así somos de frágiles[2]. Algunos machos violentos prefieren ir a la cárcel (o matarse) antes que no saciar su posesividad ególatra y patológica. En este contexto egolátrico, no cabe olvidar ese detalle de que, en la violencia sexual, el asesino acaba muchas veces suicidándose o entregándose él a la policía. Eso revela un grado de dependencia inaudito y patológico: “la maté porque era mía”, que cantaban antaño.…

4. Abordaje laico. – Si las religiones reconocen la fragilidad humana (aunque no la resuelvan bien), nuestra querida modernidad laica optó por negar esa fragilidad: somos muy normales y la única condición para el sexo es que el otro acepte. No se dieron cuenta de que nuestra fragilidad puede llevarnos hasta a prescindir de esa condición. Después intentamos arreglar eso con aquello de que “sí es sí”: una solución digna de aquellos doctores de “El rey que rabió”[3]. Porque el problema no está en distinguir el sí del no, sino en distinguir el verdadero sí de otros muchos síes inauténticos. Y eso es muy difícil, precisamente por nuestra fragilidad.

5. Tratar la propia fragilidad. – Comencemos pues por reconocer la seriedad del problema y nuestra fragilidad. Fragilidad más bien física en el varón y afectiva en la mujer, por lo general; pero fragilidad que crea dependencia. Recordemos que Pablo de Tarso afirma que cuando alguien reconoce su fragilidad (hasta clamar aquello de: “desgraciado de mí ¿quién me librará…?”), la respuesta es que “no hay ninguna condena”[4]. Recordemos la observación de muchos sabios antiguos: una victoria desde nuestra fragilidad (incluso aunque pueda ir acompañada de algún tropezón), vale más que muchas “buenas conductas” de quienes viven una temporada sin problemas. Sepamos que hay gente que ha conseguido lidiar con ese toro que todos llevamos dentro, y que los modelos son hoy mucho más eficaces que las ideas.

6.Dos peticiones.- Reconocido todo eso, me atrevo también a pedir dos cosas: a las feministas que, dado que los políticos no van a resolver esta peste, se pongan ellas a tratar al menos de aliviarla, no limitándose a lanzar excomuniones contra los machos (que, por merecidas que sean, solo sirven para engrandecerse), sino poniéndose a estudiar el problema, detectar sus causas últimas, analizar casos y personas concretas…, que es como la ciencia humana resuelve los problemas humanos[5].

Me atrevo también a remitir a una autora “neutral”: hace tiempo que pensé en la oportunidad de una buena tesis doctoral (que podría servir tanto para psicología como para moral) sobre la sexualidad en el diario completo de Etty Hillesum[6]. Además de su gran capacidad de introspección y de formulación, aquella muchacha tenía la extraña virtud de decirse a sí misma claramente lo que nosotros preferimos pasar de largo y mirando a otro lado[7].

7. El problema humano.- Pero conviene que sepamos también que el problema último está más allá de la religión y más allá de la naturaleza. Está en nosotros mismos los humanos, que hemos de recibir gratuitamente aquello que más necesitamos para ser humanos. Y eso, o nos lleva a Dios, o a la buena suerte, o a una de estas dos variantes de una frase clásica: “dime que me quieres aunque sea mentira” (Montserrat Roig). O: “finge que te importo; es cuanto necesito” dicho además a una prostituta por Jeremy Irons (en La casa de los espíritus).

El problema está pues en que, ante esa dura realidad de nuestra situación, preferimos optar por la mentira. Si luego esa mentira social, trae algunos crímenes particulares, ¿qué le vamos a hacer?

Pues no: ¡Basta ya! Hagamos algo más.

 

José Ignacio González Faus

Atrio

 

NOTAS:

[1] La comenté hace ya casi 30 años en un viejo folleto titulado: Sexo, verdades y discurso eclesiástico, (parodia del título de otra vieja película: Sexo, mentiras y cintas de video).

[2] Y al menos, todos los moralistas del miedo, deberían recordar que hace ya casi un siglo un tal cardenal Billot (quizás equivoco su nombre) solía decir que si tomamos en serio la noción de “pecado mortal” y la fragilidad humana, “en París cada noche solo se cometen uno o dos pecados mortales”. Dejemos el sentido del humor y pensemos que las metas y los ideales dan muchas más fuerza que las meras amenazas.

[3] En aquel dictamen final de doctores sapientísimos: “el perro está rabioso, o no lo está”.

[4] Cf. Romanos 7,24- 8,1.

[5] Acabado este artículo salgo a caminar un poco por mi querido Sant Cugat y, buscando la sombra, me encuentro en un rincón un letrero que dice en catalán: “deposita aquí tu machismo”. Dudo de que ese gesto disminuya ni un uno por mil de machismo, aunque supongo que sirvió para que sus autoras se sintieran superiores. Y dada la importancia que tiene el feminismo como signo de los tiempos y promesa de futuro, me atrevo a añadir que la división que se constató con dolor el pasado 8M entre las feministas, se debe en buena parte a esto: unas buscan que las mujeres que más sufren dejen de sufrir. Otras parecen buscar que las mujeres que de hecho y de derecho sufren menos, tengan más poder. Atención pues.

[6] Acaba de aparecer en castellano: Etty Hillesum Obras completas (ed. Fonte, 2020, preparada por el director de la Fundación: “Etty Hillesum en España”) y que contiene el diario completo y no la edición recortada que con tanto éxito había circulado entre nosotros. Me permito recomendarlo mucho por varias razones. Pero mi consejo desanimará porque es un volumen de casi 1500 páginas. Pero aviso: el diario solo ocupa las dos terceras partes del volumen: las otras son cartas y textos menos importantes. Son además páginas de tamaño menor al habitual (17 x 12 cms.). Y además el diario está plagado de largas notas al pie que pueden saltarse todas porque son informaciones de tipo más académico que personal. A pesar de todo, intuyo que la tesis doctoral (o el estudio) que recomiendo, no será una tarea fácil.

[7] Un único ejemplo entre cientos: “Por un lado me gustaría hacer de mi vida un todo fuerte, puro y pleno; por otro lado podría irme a la cama con el primer hombre que se cruzara en mi camino… Sé que mañana me maquillaré y me vestiré lo más seductora posible y luego le diré que solo quiero una amistad pura y decente. Y mientras se lo digo, con pleno convencimiento además, anhelaré que me estreche con fuerza entre sus brazos. Así es como me siento ahora” (25, marzo 1941; p, 113)

MARÍA MAGDALENA: LA SEGUIDORA, LA SERVIDORA Y LA TESTIGO DE JESÚS

col edgar perez

  teólogo

Religión Digital

Hace unos años cuando leí por primera vez el libro de Umberto Eco “El Nombre de la Rosa” me llamó poderosamente la atención el hecho de que en sus primeras páginas se hablará de la mujer como la que por naturaleza es perversa, y que unos párrafos más delante se dijera que mandaron a una monja a la hoguera por decir que Jesús amaba más a Magdalena que a Santa Inés.

Desafortunadamente esta es la penitencia o el estigma que ha cargado por tantos siglos la figura de María Magdalena, por eso es tan interesante los nuevos descubrimientos hermenéuticos que se están haciendo en rededor de esta gran mujer.

Los nuevos estudios nos han revelado el gran impacto que tuvo esta apóstol en el cristianismo de la primera hora tal como lo atestiguan los evangelios canónicos, los evangelios apócrifos, los escritos gnósticos, y otros muchos documentos de los padres y teólogos de los primeros siglos. Sin embargo, a través de la historia su figura se ha deformado demasiado.

Fue San Agustín y luego San Gregorio Magno en el siglo VI que dieron lugar a lo que el pensamiento artístico, litúrgico y popular tiene por entendido, que María Magdalena es la mujer pecadora que lavó los pies de Jesús y que es la misma a la que el Señor perdonó después de que la encontraron en fragrante adulterio, haciendo de ella una prostituta de la cual salieron siete demonios y que su vida terminó en una cueva haciendo penitencia por sus pecados. Pero ¿será esto cierto?

Magdalena es la mujer más citada en los Evangelios después de María la madre del Señor, y no es para menos ya que ella tiene un lugar especial en el círculo de los seguidores cercanos a Jesús, esta situación en la Palestina del siglo I es insostenible gracias al patriarcado tan arraigado y sobre todo por el hecho de que a ninguna mujer se le permitía leer las Escrituras y mucho menos enseñar a los hombres. Seguramente la relación de Jesús, el Rabbí, con esta discípula provocó muchas reacciones de parte de los conservadores, si queremos buscar al primer feminista tenemos que voltear a ver a Jesús, pues él puso en el lugar que le corresponde a la mujer, y Magdalena es el prototipo y paradigma de esta praxis.

Magdalena, según los evangelios, no es ninguna prostituta, por el contrario es una discípula amada del Señor, cuya presencia se resalta con tres verbos en griego: Apokoloutheo, diakoneo, y Etheoroun que tienen que ver con el seguimiento, el servicio y la visión del testimonio, respectivamente. Haciendo de esta gran mujer la que sigue a Jesús, la que le sirve y la que al final es la testigo de la Resurrección. Su nombre está incluido en todas las listas de los que estuvieron con Jesús desde Galilea hasta la Resurrección (Mc. 8,34; 9,33; 10,41. Mt. 23,61; 28,1. Lc. 8,1-3; 23,49; 23,55; 24,24. Jn. 19, 30.34; 20 ss.).

Analizando las Escrituras y la propia tradición de la Iglesia nos damos cuenta del papel decisivo de Magdalena en la configuración de la Iglesia Primitiva, su persona tiene un alcance teológico, simbólico e histórico que hasta el día de hoy se está redescubriendo, no podemos hacernos ciegos a la predilección que le tenía el Señor Jesús, pero tampoco podemos ser tendenciosos como el autor del Codigo da Vinci, y decir que entre Jesús y Magdalena hubo una relación carnal, por el contrario, si pensamos en término teológicos e incluso netamente humanos podemos notar que entre Jesús y su discípula se daba eso que hemos llamado un amor perfecto de donación, un amor que es trascendente y pleno, un amor de entrega total y totalizante. Esto es precisamente lo que quieren decir ciertos textos gnósticos del siglo IV que dicen que a María Magdalena Jesús le besaba en la boca, porque para los gnósticos el beso en la boca es un signo de conocimiento de compenetración, que nada tiene que ver con los besos carnales y menos con la situación sexual.

Les invito a que como verdaderos creyentes, busquemos en Magdalena el modelo de discípulo del Señor, aquel que le sigue desde Galilea, donde todo comenzó, hasta Jerusalén en la muerte y la Resurrección para poder anunciar gozosamente que el Señor está vivo y que le hemos visto.

 

TENDRÁS UN HIJO

col bennasar

 fe adulta

En los orígenes de nuestra religión judeo-cristiana están mujeres estériles. Esa realidad cobra tono cuando descubrimos que para el pueblo de Israel, estéril era una palabra terrible, igual a muerta viviente, ciega, leprosa... Nos dicen los comentaristas que la vida en la Biblia no tiene sentido más que en referencia a la promesa de Dios a Abrahán de llegar a ser una gran nación, por eso la esterilidad significa muerte y desolación. La estéril, por lógica, no puede ser digna compañera de su marido. Israel estimaba y respetaba a la mujer por su maternidad, no por su feminidad, sino por su vientre.

Esta concepción patriarcal no, lo siguiente, está en la base de la dificultad de la institución católica de aceptar, incluso hoy, cualquier otro tipo de relación de pareja, con la maravillosa variedad que va saliendo de los armarios, que no sea varón y mujer-fértil, porque la no fertilidad de la mujer puede ser motivo de anulación del matrimonio por la iglesia...no es el sitio de entrar en detalles ahora, habrá excepciones. En la cultura del tiempo del libro del Génesis, la esterilidad tenía como causa el pecado de la mujer, como la lepra, la pobreza...eran el castigo de Dios por sus pecados.

Es interesantísimo que tres de las grandes matriarcas que engendran en sus orígenes al pueblo de Israel son estériles. Sus nombres son Sara, Raquel, Rebeca y muchos otros también a las puertas e inicio del NT: Isabel, María para complicarlo más es virgen...parece que Dios intenta decir algo, a su manera. No escribe un tocho, pero deja que todas estas chicas estériles sean madres de generaciones...de nuevo abundancia, exageración, rompimiento de leyes naturales y religiosas...es que Dios no puede contener su Amor, y como ve que no lo pillamos por la belleza y riqueza de la vida creada, sigue haciendo maravillas, y las hace siempre liberando, deshaciendo, abriendo, en este caso ya, sacando a las mujeres de las casillas dominadoras patriarcales, que ahí siguen.

Pero, ¿qué dice el Dios de Abrahán, no la institución, sino Dios en persona? En todas ellas, es Dios quien se encarga de transformar su maldición en bendición, y dirán: Dios me ha hecho justicia, me ha hecho un buen regalo. La acción de Dios se presenta como bendecir, escuchar, recordar, abrir el seno, visitar, cuidar... Dice una autora que "las mujeres llamadas a gestar un pueblo para Dios fueron estériles, y ello no supone una coincidencia casual ni un detalle superfluo. Ellas dieron inicio al pueblo de Dios, no a pesar de ser estériles, sino a causa de ello." Queda así claro que cuando Dios interviene para cambiar la suerte de su pueblo, no cuentan sus méritos, su fecundidad, sino su absoluta gratuidad.

Y aquí introduzco Gn 18,1-10. Léelo por favor, despacio, visualízalo, huele la cuajada, el pan y el cordero...capta las incongruencias para la lógica:

Tres hombres, y Abrahán se dirige a ellos como Señor. Explicado el misterio de la Trinidad. Dios es siempre comunidad porque es Amor.

Y la hospitalidad de los pueblos del desierto, ellos viven como un regalo, un honor que se les visite, para que puedan ejercer su generosidad, su obligación de atender, agasajar, salvar la vida de los que andan por el desierto. Igualito que nosotros que preferimos invitar a tomar algo en la calle que invitar a casa, se nos hace difícil, y los orígenes de nuestra religión se basan en gente itinerante, que se mueve según intuyen la voz de Dios en su vida, y que es acompañada y atendida por los que están en su tienda, un poco más estables o descansando del largo desierto.

Y ello hace que sean interesantes, hasta el guiso viene explicado, el pan hecho en el momento...primero el agua para lavarles los pies, tan familiar y tan poco practicado: cuidar, mimar, ofrecer lo básico, lo necesario al que transita por el desierto y se cruza con nosotrxs, y posiblemente no tengamos tiempo porque el calendario está a tope, porque me esperan, porque ya ayudo y resulta que era Dios mismo quien se paró a nuestra puerta, a pedirnos un poco de pan, y a ofrecernos algo...que nos perdemos si no estamos ahí, presentes, un hijo.

Abrahán corre, mueve a su gente a preparar esa comida que ha pasado a la historia, porque está en el origen de nuestra religión, de nuestra manera de convivir, luego se convertirá en un ritual estirado y amenizado... ¡sólo era una comida con amigxs, un gesto de hospitalidad, y si queremos que retome sentido, tendrá que ser así!

¿Cuándo fue la última vez que invitaste a algo a alguien en tu casa? cuando lo obviamos, dejamos de recibir bendiciones, regalos, presencia, risas, promesas... un vaso de agua fresca al jardinero me valió una sonrisa después del trago con el que engulló de una vez aquel agua, a las 14hs de la tarde con un sol tórrido. Una sonrisa del jardinero, una palabra del vecino alemán que no entiende palabra de español y que nos trata de ángeles porque le hacemos contactos y traducciones... cuesta tan poco, y significa tanto para el que está en camino, fuera de sus seguridades habituales, y la alegría en el corazón, si nos dejamos sentir, nos hace reír. Ya nos hemos prometido cafés y comida cuando al fin lleguen y nos encontremos. De momento su pequeña nos manda corazones... es tan sencillo...

Cuantas de vosotras celebráis el banquete cada vez que preparáis esas comidas nunca agradecidas en casa, que os obvian, porque nos ven ya un poco estériles... y ahí estamos, acogiendo, multiplicando, también en forma de comunicación de alimento reflexionado, compartido, para la comunidad que me espera, me añora, desea saber de mi riqueza interior, que es fecunda, libre, posibilidad al vivo.

Y nos reímos con Sara, que estéril y posiblemente largamente humillada por lo que suponía en su cultura y aldea, recibe un anuncio. Los patriarcales interpretan que se ríe con sorna porque lo que le prometen es imposible. Las ecofeministas decimos que se ríe de alegría indescriptible porque se lo cree. Porque intuye en su cuerpo que es cierto, que es posible, porque nada hay imposible para el Dios de su corazón y de sus entrañas vivas. Este no abandona, este visita por la calle, llama a la puerta, se invita a cordero y cuajada, y te suelta que tendrás un hijo, en tu vejez. ¡Vaya!

Vejez que no significa edad avanzada, sino falta de aliento, falta de oxígeno, falta de ilusión, de visión de futuro. Vejez significa cerrazón, crítica, ausencia de empatía, y hay tanta, incluso en los conventos... Vejez opuesta a posibilidad: Tener un hijo la estéril y anciana. Uff, es que nuestro Dios es guay como dicen los jóvenes. Es que se pasa. Yo, nosotras sabemos que es verdad, es fecundx quien conecta con la vida, así de sencillo, preparando comida, cocinada, escrita, hablada... presencial, online, diálogo, perdón, oportunidad, acogida, una llamada, una visita.

Y es que Dios tiene una energía subversiva capaz de movilizar, las vidas que se dejan, a la categoría máxima que el patriarcado nunca tolerará. Por eso, mientras ellos analizan, consideran, estudian cómo mantenerse en el control, nosotras estamos dando vida, dando a luz a hijos, bendiciendo comidas, acogiendo comunidades y gente que quiere comprometerse, y tantxs que nos miran de reojo...que también son estériles, a ver si se animan, y tienen un hijo, su tristeza se convertiría en danza.

EL EVANGELIO VA DE ACTITUDES

col otalora

fe adulta

En no pocas entrevistas de selección empresarial sigue siendo lo más relevante la capacitación académica y las habilidades para acceder a un puesto de trabajo, mientras se dedica bastante menos atención a las actitudes y al perfil de la persona candidata, a si será capaz de adaptarse a su nuevo equipo, a su manera de ser y hacer lo que sabe…

¿De qué sirve que alguien sepa mucho de algo si luego no lo traduce en una buena operativa o genera fricciones en el día a día? En definitiva, una persona competente es alguien que sabe, que tiene experiencia y además muestra un comportamiento adecuado en su entorno laboral: una mezcla, pues, de conocimientos, habilidades y actitudes a modo de triángulo equilátero, con igual importancia en los tres vectores.

El Evangelio va sobre todo de actitudes más que de grandes saberes teológicos. La experiencia nos lleva de manera sinuosa y sorprendente por la vida para que vayamos descubriendo lo esencial en el día a día, en las realidades concretas. En esta ocasión, quiero compartir lo que para mí resume la apertura al amor que nos propone Jesús, da igual la situación vital en la que nos encontremos. Son dos actitudes, alegría y confianza, que además hacen de llave a otras muchas. Ambas son referentes en el Mensaje de la Biblia, especialmente en tiempos de Jesús así como en Hechos y las Cartas apostólicas. Me atrevería a decir que si lográsemos vivir en estas dos claves, alegres y confiados, habremos captado el meollo de la Buena Noticia que, no lo olvidemos, empieza en este mundo.

Enfangados en la cultura materialista, resulta especialmente difícil trabajar la dimensión espiritual del ser humano, que es donde se activa la alegría más profunda y la confianza verdadera. Trabajar adecuadamente la alegría es mucho más que lograr un buen talante: es una fuente directa de salud. Está demostrado que la alegría es un antídoto contra el estrés, la ansiedad y el desánimo aun en medio de la tristeza existencial y la cultura narcisista.

Todo empieza con estar a gusto con uno mismo. Y para un cristiano, pasa también por sentirse amado por Dios. Como afirma José Antonio Pagola, la gente vive secretamente insatisfecha, sin alegría de vivir, porque no saben amar gratis a alguien. Dios es todo amor activo con todos, pura alegría que nos asegura su escucha, perdón y ayuda. Lo decía Georges Bernanos: “Lo contrario de un pueblo cristiano es un pueblo triste”.

Teresa de Calcuta rezaba así:

Señor, renueva mi espíritu
Que mi corazón sonría diariamente
Por las alegrías y dolores que compartimos.
Que mi boca sonría diariamente.
Que mi rostro dé testimonio
Diariamente de la alegría que tú me brindas.
Gracias por este regalo de mi sonrisa, Señor.

La confianza es un factor clave en todos los aspectos de la vida. De hecho, el ejemplo es la actitud que más confianza genera. Lo estupendo es que todos somos capaces de generar confianza en los demás. Pero es una expectativa que implica un riesgo: fiarse. Lo normal es que la confianza se asiente tras un proceso de experiencias y vivencias que es fácil de perder y más cara todavía de recuperar. Y con ella, la credibilidad. Pero nadie nace con ella, es un proceso de aprendizaje más.

Por el contrario, la falta de confianza produce temor a ser defraudado lo que genera, a su vez,  falta de compromiso, por tanto la elusión de compromisos y responsabilidades. Nos volvemos individualistas, y con mentalidad conflictiva dificultando la comunicación honesta que suele derivar en una falta de respeto mutuo. Como vemos, la Buena Noticia tiene mucho que ver con la vida humana plena.  Así expresaba su confianza el rey David:

El Señor es mi pastor,
nada me falta.

En verdes pastos me hace descansar;
me conduce a aguas tranquilas.
Él me guía por senderos de justicia
por amor de su nombre.

Aunque pase por valles oscuros
no temeré, porque tú estás conmigo;
tu vara y tu cayado me sostienen e infunden tu Aliento.

Con los avances en el campo de la psicología, sabemos que las emociones son de corta duración, pero muy intensas. Cuando a las emociones les añadimos pensamientos se convierten en sentimientos. Si el pensamiento es positivo se vuelve un sentimiento positivo y viceversa. Y a diferencia de las emociones, los sentimientos que nacen de las emociones pueden durar mucho tiempo, para bien y para mal.

La alegría y la confianza han llegado considerarse parte de las emociones primarias, y desde luego que a los efectos de la Buena Noticia lo son. Si aprendemos a manejar esas emociones y convertirlas en pensamientos positivos, el cerebro comienza a producir hormonas de bienestar que son las que hacen que nos sintamos bien a la vez que maduramos en la verdadera fe cristiana. Por ejemplo cuando nos empapamos de la alegría de sabernos amados por Dios y nos abandonamos a diario en el salmo 23… ¡estamos haciendo una estupenda oración!

 

INSISTENCIAS, DESCAROS E INOPORTUNIDADES

col aleixandre art

 fe adulta

La vida está llena de esos fastidios y todos tratamos de sacudírnoslos de encima como podemos. Nadie pondrá nunca en su curriculum: “Soy inoportuno, insistente y descarado”, pero son precisamente esas cualidades las que aparecen como valiosas en el texto evangélico de este domingo. Y no solamente en esta parábola de Lucas, sino en otros personajes del Evangelio: la mujer cananea que tenía un hija con problemas, también lo era y Jesús se comporta al principio con ella exactamente igual que el amigo que se resistía a abrir en la parábola: “No me molestes, soy judío y tú pagana, así que déjame en paz” (Mc 7,24-30). Otro padre, esta vez con un hijo epiléptico, escucha como quien oye llover las evasivas quejosas de Jesús y sigue dando la brasa: “Vale, de acuerdo, tienes razón, somos una generación incrédula y perversa pero ¿qué hay de lo de mi niño?” (Mc 9, 14-29). Y los amigos del paralítico, en un alarde de obstinación, hacen un agujero en el tejado para descolgar por allí la camilla de su amigo (Mc 2,1-12) sin importarles el ruido, el polvo, los cascotes o los desperfectos.

Todos esos personajes se salen con la suya gracias a su terca tenacidad, consiguen que sus recomendados obtengan curación y su inoportunidad es alabada como ejemplar y digna de admiración.

A este reconocimiento sorprendente de la insistencia rayana en el descaro (así traduce el diccionario la anaideia del amigo demandante), no le veo más explicación que el que debe formar parte de las cualidades, rasgos y atributos del Altísimo, junto a la infinitud, la inmensidad, la omnipotencia o la inmutabilidad que describe el catecismo. Y todos sabemos con cuánta indulgencia valoramos los rasgos de nuestro propio perfil y la secreta complicidad que experimentamos cuando los vemos reflejados en otros.

El perfil con que se presenta el propio Jesús es el de un pastor que no se cansa de buscar su oveja perdida -quizá la más vieja y cojitranca- , el de un padre que sigue asomado a la ventana cada día por si vuelve el hijo tarambana, el de una mujer que pone su casa patas arriba con tal de encontrar su monedilla, el de un Maestro que ha elegido a un grupo de discípulos torpes pero que se mantiene en su terca convicción de que llegará a hacer de ellos pescadores de hombres de alta cualificación.

Cada uno de nosotros está en ese estado de “busca y captura” por parte del Insistente, del Incansable, del Persistente y del Tenaz y en el lote del discipulado que recibimos en el bautismo va incluida la llamada a permitirle “que se salga con la suya”.

Allá cada cual con su consentimiento.

 

NOUS AVONS BESOIN DE PRIER tenemos necesidad de rezar 17 Tiempo ordinario – C (Lucas 11,1-13)

 
José Antonio Pagola

Quizá la tragedia más grave del hombre de hoy sea su incapacidad creciente para la oración. Se nos está olvidando lo que es orar. Las nuevas generaciones abandonan las prácticas de piedad y las fórmulas de oración que han alimentado la fe de sus padres. Hemos reducido el tiempo dedicado a la oración y a la reflexión interior. A veces la excluimos prácticamente de nuestra vida.

Pero no es esto lo más grave. Parece que las personas están perdiendo capacidad de silencio interior. Ya no son capaces de encontrarse con el fondo de su ser. Distraídas por mil sensaciones, embotadas interiormente, encadenadas a un ritmo de vida agobiante, están abandonando la actitud orante ante Dios.

Por otra parte, en una sociedad en la que se acepta como criterio primero y casi único la eficacia, el rendimiento o la utilidad inmediata, la oración queda devaluada como algo inútil. Fácilmente se afirma que lo importante es «la vida», como si la oración perteneciera al mundo de «la muerte».

Sin embargo necesitamos orar. No es posible vivir con vigor la fe cristiana ni la vocación humana infra alimentados interiormente. Tarde o temprano la persona experimenta la insatisfacción que produce en el corazón humano el vacío interior, la trivialidad de lo cotidiano, el aburrimiento de la vida o la incomunicación con el Misterio.

Necesitamos orar para encontrar silencio, serenidad y descanso que nos permitan sostener el ritmo de nuestro quehacer diario. Necesitamos orar para vivir en actitud lúcida y vigilante en medio de una sociedad superficial y deshumanizadora.

Necesitamos orar para enfrentarnos a nuestra propia verdad y ser capaces de una autocrítica personal sincera. Necesitamos orar para irnos liberando de lo que nos impide ser más humanos. Necesitamos orar para vivir ante Dios en actitud más festiva, agradecida y creadora.

Felices los que también en nuestros días son capaces de experimentar en lo profundo de su ser la verdad de las palabras de Jesús: «Quien pide está recibiendo, quien busca está hallando y al que llama se le está abriendo».


La plus grande tragédie de l'homme d'aujourd'hui est peut-être son incapacité croissante à prier. Nous oublions ce que c'est que de prier. Les nouvelles générations abandonnent les pratiques de piété et les formules de prière qui ont nourri la foi de leurs parents. Nous avons réduit le temps consacré à la prière et à la réflexion intérieure. Parfois, elle est pratiquement exclue de nos vies.

Mais ce n'est pas là le plus grave. Il semble que les personnes perdent leur capacité de silence intérieur. Elles ne sont plus capables de rejoindre le fond de leur être. Distraites par mille sensations, engourdies intérieurement, enchaînées à un rythme de vie accablant, elles abandonnent une attitude de prière devant Dieu.

Par ailleurs, dans une société où l'efficacité, la performance ou l'utilité immédiate sont acceptées comme premiers et presque seuls critères, la prière reste dévaluée comme quelque chose d'inutile. On affirme facilement que ce qui est important, c'est la «vie», comme si la prière appartenait au monde de la «mort».

Pourtant, nous avons besoin de prier. Il n'est pas possible de vivre avec vigueur la foi chrétienne et la vocation humaine si nous restons sous-alimentés intérieurement. Tôt ou tard, chaque personne fait l'expérience de l'insatisfaction que produit dans le coeur humain le vide intérieur, la banalité de la vie quotidienne, l'ennui de la vie ou le manque de communion avec le Mystère.

Nous avons besoin de prier pour retrouver le silence, la sérénité et le repos qui nous permettent de soutenir le rythme de nos tâches quotidiennes. Nous devons prier pour vivre dans une attitude lucide et vigilante au milieu d'une société superficielle et déshumanisante.

Nous avons besoin de prier pour faire face à notre propre vérité et être capables de faire une autocritique personnelle sincère. Nous devons prier pour nous libérer de ce qui nous empêche d'être plus humains. Nous avons besoin de prier pour vivre devant Dieu dans une attitude plus festive, reconnaissante et créative.

Heureux ceux qui de nos jours sont capables d'expérimenter au plus profond de leur être la vérité des paroles de Jésus: «Celui qui demande reçoit, celui qui cherche trouve, et à celui qui frappe on ouvre».

DIOS ES INFINITAMENTE MÁS QUE PADRE Y MADRE DOMINGO 17 (C) Lc 11,1-13

col fraymarcos

 fe adulta


El Padrenuestro es mucho más que una oración de petición. Es un resumen de las relaciones de un ser humano con el absoluto, consigo mismo y con los demás. Es muy probable que el núcleo de esta oración se remonte al mismo Jesús, lo cual nos pone en contacto directo con su manera de entender a Dios. El Padrenuestro nos trasmite, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús. La base de ese mensaje fue una vivencia única de Dios, que no tuvo más remedio que expresar en el paradigma de su cultura.

Esto no quiere decir que Jesús se sacó el Padrenuestro de la manga. Todas y cada una de las expresiones que encontramos en él se encuentran también en el AT. No es probable que lo haya redactado Jesús tal como nos ha llegado, pero está claro que tiene una profunda inspiración judía. Tanto Jesús como los primeros cristianos eran judíos sin fisuras. No nos debe extrañar que la experiencia de Jesús se exprese o se interprete desde la milenaria religión judía. Esto no anula la originalidad de la nueva visión de Dios y de la religión.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todos y en todo; Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque no tiene voluntad alguna. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, porque eso depende solo de nosotros.

Es imposible abarcar todo el padrenuestro en una homilía. Cuentan de Sta. Teresa, que al ponerse a rezar el padrenuestro, era incapaz de pasar de la primera palabra. En cuanto decía “Padre” caía en éxtasis... ¡Qué maravilla! Efectivamente, esa palabra es la clave para adentrarnos en lo que Jesús vivió de Dios. Comentar esa sola palabra nos podía llevar varias horas de meditación. De todas formas, vamos a repasar brevemente el de Lucas.

Padre. En el AT se llama a Dios padre. Sin embargo, el “Abba” es la clave del evangelio. Se pone una sola vez en labios de Jesús, pero con tal rotundidad, que se ha convertido en señal de su mensaje. El llamar a Dios Papá supone sentirse niño pequeño, que no sabe lo que debe pedir. Esta actitud es muy distinta de la nuestra que nos comportamos como personas mayores que podemos decir a Dios lo que tiene que hacer. La petición debe convertirse en confianza absoluta en aquel que sabe mejor que yo lo que necesito y está dándomelo.

Dios es Padre en el sentido de origen y fundamento de nuestro ser, no en el sentido de dependencia biológica. Queremos decir mucho más de lo que esas palabras significan, pero no tenemos el concepto adecuado; por eso tenemos que intentar ir más allá de las palabras. Procedemos de Él sin perder nunca esa dependencia, que no limita mis posibilidades de ser, sino que las fundamenta absolutamente. El padre natural da en un momento determinado la vida biológica. Dios nos está dando constantemente todo lo que somos y tenemos.

Por aplicar a Dios solo la idea de padre, le hemos aplicado también la idea de dominador y represor. Esto nos ha llevado a proyectar sobre Él los complejos que con frecuencia sufrimos con relación al padre natural. Por eso es liberador atrevernos a llamarle Madre. No se trata de un superficial progresismo. Se trata de tomar conciencia de que Dios es más de lo que podemos decir de Él. Uniendo el concepto de padre y el de madre, superamos la trampa del paternalismo y nos obligamos a ampliar el abanico de atributos que le podemos aplicar.

No hay padre ni madre si no hay hijo; y no puede haber hijo si no hay padre y madre. Para la cultura semita, Padre era, sobre todo, el modelo a imitar por el hijo. Este es el verdadero sentido que da Jesús a su advocación de Dios como Padre. “Mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre”. Cuando Jesús dice que no llaméis a nadie padre, quiere decir que el único modelo a imitar por el seguidor de Jesús es únicamente el mismo Dios. Si todos somos hijos, todos somos hermanos y debemos comportarnos como tales. Ser hermano supone el sentimiento de pertenencia a una familia y de compartir todo lo que se tiene y lo que se es.

Santificado sea tu nombre. Aquí “nombre” significa persona, ser. En el AT se manifiesta en numerosas ocasiones que la tarea fundamental del buen judío era dar gloria a dios. Nada ni nadie puede añadir algo a Dios. Está siempre colmado su ser y no se puede añadir ni una gota más. Lo que quiere decir es que nosotros debemos descubrir esa plenitud en nosotros y en los demás. Debemos vivir esa realidad y debemos darla a conocer a los demás tal como es a través de nuestra propia existencia. Santificamos su nombre cuando somos lo que tenemos que ser, respondiendo a las exigencias más profundas de nuestra naturaleza.

Venga tu reino. El Reino es la idea central del mensaje evangélico. Pero el mismo Jesús nos dijo que no tiene que venir de ninguna parte ni está aquí ni está allí, “está dentro de vosotros”. Nuestra tarea consiste en descubrirlo y manifestarlo en la vida con nuestras obras. Debemos contribuir a que ese proyecto de Dios, que es el Reino, se lleve a cabo en nuestro mundo de hoy. Todo lo que tiene que hacer Dios para que su Reino llegue, ya está hecho. Al expresar este deseo, nos comprometemos a luchar para que se haga realidad. Se trata de un ámbito en el que todos los seres humanos puedan desplegar su humanidad.

Danos cada día nuestro pan de mañana. Encontramos aquí una clara alusión al maná, que había que recogerlo cada mañana. Dios no puede dejar de darnos todo lo que necesitamos para ser nosotros mismos. Sería ridículo un dios que se preocupara de dar solo al que le pide y se olvidara del que no le pide nada. No se trata solo del pan o del alimento en general, sino de todo lo que el ser humano necesita, tanto lo necesario material como lo espiritual. Jesús dijo: “Yo soy el pan de Vida”. Al pedir que nos dé el pan de mañana, estamos manifestando la confianza en un futuro que se puede adelantar.

Perdónanos, porque también nosotros perdonamos. En la biblia descubrimos muchas referencias a que Dios solo perdona cuando nosotros hemos perdonado. Sería ridículo que nosotros pudiéramos ser ejemplo de perdón para Dios. Más bien deberíamos aprender de Él a perdonar. Dios no perdona, en Él los verbos no se conjugan, porque no tiene tiempos ni modos. Si en Él no hay tiempo, no puede hacer o dejar de actuar.

No nos dejes ceder en tentación. Encontramos en el AT muchos pasajes en los que se pide a Dios que no tiente a los que rezan. Se creía efectivamente, que Dios podía empujar a un hombre a pecar. De ahí que tanto el griego como el latín apuntan a que “no nos induzca a pecar” el mismo Dios, lo cual no tiene para nosotros ni pies ni cabeza. Los intentos que se hacen al traducirlo no terminan de aclarar los conceptos. Pensar que Dios puede dejarnos caer o puede hacer que no caigamos es ridículo.

 

APRENDIENDO A REZAR Domingo 17 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

 col sicre art

fe adulta 

El domingo pasado, el evangelio nos animaba a escuchar a Jesús, como María. Hoy nos anima a hablarle a Dios. Ante una persona importante es fácil quedarse sin palabras, no saber qué decir. Mucho más ante Dios. Quizá por eso, los discípulos no rezan. Pero les suscita curiosidad ver a Jesús rezando. ¿Qué dice? ¿Por qué no les enseña a hablarle a Dios? Este será el tema del evangelio. La primera lectura ofrece un tipo de oración muy curioso: la intercesión a través del regateo.

Primera lectura: Un regateo inútil (Génesis 18, 20-32)

Titulo este episodio “Un regateo inútil” porque, en definitiva, no sirve de nada. Sodoma y Gomorra desaparecen irremisiblemente porque no se encuentran en ella ni siquiera diez personas inocentes.

En realidad, el mensaje fundamental de este episodio no es la oración de intercesión sino la dificultad de compaginar las desgracias que ocurren en la historia con la justicia y la bondad de Dios. Este tema preocupó enormemente a los teólogos de Israel, sobre todo después de la dura experiencia de la destrucción de Jerusalén y del destierro a Babilonia en el siglo VI a.C.

En una religión monoteísta, como la de Israel, el problema del mal y de la justicia divina se vuelve especialmente agudo. No se le puede echar la culpa a ningún dios malo, o a un dios secundario. Todo, la vida y la muerte, la bendición y la maldición, dependen directamente del Señor. Cuando ocurre una desgracia tan terrible como la conquista de Jerusalén y la deportación, ¿dónde queda la justicia divina?

El autor de este pasaje del Génesis lo tiene claro: la culpa no es de Dios, que está dispuesto a perdonar a todos si encuentra un número mínimo de inocentes. La culpa es de la ausencia total de inocentes.

El lector moderno no está de acuerdo con esta mentalidad. Tiene otros recursos para evitar el problema. El más frecuente, no pensar en él. Si piensa, decide que Dios no es el responsable de invasiones, destrucciones y deportaciones. De eso nos encargamos los hombres, que sabemos hacerlo muy bien. Con este planteamiento salvamos la bondad y la justicia divina. Los antiguos teólogos judíos veían la acción de Dios de forma más misteriosa y profunda. No eran tan tontos como a veces pensamos.

Evangelio: la oración modelo y la importancia de insistir (Lucas 11,1-13)

El evangelio recoge dos cuestiones muy distintas: la oración típica del cristiano, la que distingue a sus discípulos, y la importancia de ser insistentes y pesados en nuestra oración, hasta conseguir que Dios se harte y nos conceda… ¿Qué nos concederá Dios?

Demasiada materia para un solo domingo. Comentaré los dos temas por separado.

Aprendiendo a rezar (Lucas 11, 1-4)

Nota previa: En Lucas faltan dos peticiones que conocemos por Mateo: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, y “líbranos del mal”. La liturgia traduce “nuestro pan del mañana”; debería traducir, como en la misa, “nuestro pan de cada día”, ya que la fórmula griega es la misma en Mateo y Lucas (to.n a;rton h`mw/n to.n evpiou,sion). Pero existe una discusión muy antigua sobre si epiousion se debe interpretar del alimento cotidiano o como referencia a la eucaristía. Parece que la liturgia se ha inclinado en este caso por la interpretación eucarística.

El “Padre nuestro” es la síntesis de todo lo que Jesús vivió y sintió a propósito de Dios, del mundo y de sus discípulos. En torno a estos temas giran las peticiones (sean siete como en Mateo o cinco como en Lucas).

Frente a un mundo que prescinde de Dios, lo ignora o incluso lo ofende, Jesús propone como primera petición, como ideal supremo del discípulo, el deseo de la gloria de Dios: “santificado sea tu Nombre”; dicho con palabras más claras: “proclámese que Tú eres santo”. Es la vuelta a la experiencia originaria de Isaías en el momento de su vocación, cuando escucha a los serafines proclamar: “Santo, santo, santo, el Señor, Dios del universo” (Is 6). La primera petición se orienta en esa línea profética que sitúa a Dios por encima de todo, exalta su majestad y desea que se proclame su gloria.

Ante un mundo donde con frecuencia predominan el odio, la violencia, la crueldad, que a menudo nos desencanta con sus injusticias, Jesús pide que se instaure el Reinado de Dios, el Reino de la justicia, el amor y la paz. Recoge en esta petición el tema clave de su mensaje (“está cerca el Reinado de Dios”), en el que tantos contemporáneos concentraban la suma felicidad y todas sus esperanzas.

Como tercer centro de interés aparece la comunidad. Ese pequeño grupo de seguidores de Jesús, que necesita día tras día el pan, el perdón, la ayuda de Dios para mantenerse firme. Peticiones que podemos hacer con sentido individual, pero que están concebidas por Jesús de forma comunitaria, y así es como adquieren toda su riqueza.

Cuando uno imagina a ese pequeño grupo en torno a Jesús recorriendo zonas poco pobladas y pobres, comprende sin dificultad esa petición al Padre de que le dé “el pan nuestro de cada día”.

Cuando se recuerdan los fallos de los discípulos, su incapacidad de comprender a Jesús, sus envidias y recelos, adquiere todo sentido la petición: “perdona nuestras ofensas”.

Y pensando en ese grupo que debió soportar el gran escándalo de la muerte y el rechazo del Mesías, la oposición de las autoridades religiosas, se entiende que pida “no caer en la tentación”.

El Padre nuestro nos enseña que la oración cristiana debe ser:

Amplia, porque no podemos limitarnos a nuestros proble­mas; el primer centro de interés debe ser el triunfo de Dios;

Profunda, porque al presentar nuestros problemas no podemos quedarnos en lo superficial y urgente: el pan es importante, pero también el perdón, la fuerza para vivir cristianamente, el vernos libres de toda esclavitud.

Íntima, en un ambiente confiado y filial, ya que nos dirigimos a Dios como “Padre”.

Comunitaria. “Padre nuestro", danos, perdónanos, etc.

En disposición de perdón.

Necesidad de ser insistentes en la oración (Lucas 11,5-13)

El ejemplo del amigo importuno

En las casas del tiempo de Jesús los niños no duermen en su habitación. De la entrada de la casa a la cocina no se va por un pasillo. No existe luz eléctrica ni linterna. Un solo espacio sirve de todo: cocina y comedor durante el día, dormitorio por la noche. Moverse en la oscuridad supone correr el riesgo de pisar a más de uno y tener que soportar sus quejas y maldiciones.

El “amigo” trae a la memoria un simpático proverbio bíblico: “El que saluda al vecino a voces y de madrugada es como si lo maldijera”. Este amigo no saluda, pide. Y consigue lo que quiere.

Este individuo merecería que le dirigiesen toda la rica gama de improperios que reserva la lengua castellana para personas como él. Sin embargo, Jesús lo pone como modelo. Igual que más tarde, también en el evangelio de Lucas, pondrá como modelo a una viuda que insiste para que un juez inicuo le haga justicia.

La bondad paternal de Dios y un regalo inesperado

En realidad, no haría falta ser tan insistentes, porque Dios, como padre, está siempre dispuesto a dar cosas buenas a sus hijos.

Aquí es donde Lucas introduce un detalle esencial. Las palabras tan conocidas “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá…” se prestan a ser mal entendidas. Como si Dios estuviera dispuesto a dar cualquier cosa que se le pida, desde un puesto de trabajo hasta la salud, pasando por aprobar un examen. Esta interpretación ha provocada muchas crisis de fe y la conciencia diluida de que la oración no sirve para nada.

El evangelio de Mateo, que recoge las mismas palabras, termina diciendo que Dios “dará cosas buenas a los que se las pidan”. La oración de Jesús en el huerto de los olivos demuestra que Dios tiene una idea muy distinta de nosotros, incluso de Jesús, de lo que es bueno y lo que más nos conviene.

Pero las palabras del evangelio de Mateo a Lucas le resultan poco claras y ofrece una versión distinta: “vuestro Padre celestial dará Espíritu Santo a los que se lo piden”. Para Lucas, tanto en el evangelio como en el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es el gran motor de la vida de la iglesia. En medio de las dificultades, incluso en los momentos más duros de la vida, la oración insistente conseguirá que Dios nos dé la fuerza, la luz y la alegría de su Espíritu.

 

EL YO Y LA ORACIÓN DE PETICIÓN Domingo XVII del T.O. 24 de julio Lc 11, 1-13

col lozano art

 fe adulta


Una vez que nos hemos identificado con el yo, no podemos perseguir otra cosa que no sea sobrevivir y perpetuarnos: así se explica el miedo a la muerte.

Consciente de su propia vulnerabilidad, por más que se esfuerce en disfrazarla, el yo vive “atrapando” y suplicando y, cuando es religioso, hace de la oración de petición su último asidero al que amarrar su confianza, con un único objetivo: sostenerse y perpetuarse.

La trampa se halla en el mismo inicio, al no ser conscientes de que nos estamos identificando con algo que no somos y proyectando en ese yo nada menos que nuestra identidad.

Lo que llamamos “yo” es solo un objeto -nuestra “personalidad”-, pero en ningún caso lo que realmente somos. Todos tenemos una consciencia inmediata y autoevidente de ser “sujetos”. Por tanto, identificarnos con algo que es “objeto” hace que nos encerremos en un laberinto de confusión que es un callejón sin salida.

Si queremos avanzar en la indagación rigurosa, sin dar por supuesto lo que hemos aprendido desde niños y hemos asumido de una manera crédula y acrítica, hay una pregunta que puede orientar nuestra búsqueda: ¿cómo distinguir lo que es objeto de lo que es sujeto?

Objeto es todo aquello que podemos observar, delimitar, pensar y nombrar adecuadamente: puede ser material o mental, externo o interno. Por el contrario, sujeto es Eso que es consciente de los objetos, y que no puede ser observado, pensado ni nombrado con propiedad. Porque carece de límites, trasciende por completo la mente.

Como “práctica” de indagación, puedes probar lo siguiente: habitualmente vivimos depositando nuestra atención en los objetos (externos o internos). Pues bien, prueba a poner la atención, no en los objetos, sino en Eso que es consciente de ellos. ¿Qué descubres?

Al comprender, dejamos de identificarnos con el yo -que solo es un objeto observable- y nos reconocemos en Eso que es consciente. Esta comprensión nos permite percibir también nuestra paradoja: somos consciencia -identidad- que se expresa en una forma concreta -personalidad-. En cuanto yo, nos percibimos limitados, frágiles, vulnerables, impermanente: de aquí nace nuestra necesidad de ayuda. Sin embargo, en nuestra verdadera identidad, somos plenitud ilimitada.

Al comprenderlo, dejamos de ligar nuestra suerte y nuestro destino al yo. Y caemos en la cuenta de que el objetivo de la existencia no es perpetuar el yo, sino liberarnos de la identificación con él. El yo, en cuanto forma impermanente, está destinado a desaparecer; la consciencia permanece. Cae la oración de petición; vive la aceptación y alineación con la vida.

¿Hasta dónde vivo identificado con el yo?