FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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viernes, 10 de abril de 2020

Los crucificados de hoy

Benjamín Forcano
Redes Cristianas
Crucificado2
Doy por supuesto que hay religiones y religiones, unas más sumisas y aliadas con el poder; y otra más independientes y proféticas. El cristianismo tiene de lo uno y de lo otro. Pero, mirado en su origen y contenido primordial, es netamente revolucionario.
Ciertamente, la religión católica en nuestra España, y en otros países de Europa y del Tercer Mundo, ha experimentado un cambio de 90 grados, con incidencia de mayor o menor grado en unas u otras partes.

Me basta con apuntar a un espacio de tiempo reducido, de unos 50-60 años, desde el concilio Vaticano II (1962-65) hasta nuestros días. Sería inmenso, e improcendente, que yo entrara ahora a detallar lo que ese cambio supuso para los diversos campos de la vida privada y pública: en relación con la persona, el interior mismo de la Iglesia católica, la sociedad y la política, la autonomía de la ciencias humanas, etc.

En los pasados días de Semana Santa, días muy señalados en tierras de la cristiandad, resulta apropiado destacar el contraste de una visión tradicional idealista y otra real e intrahistórica posconciliar. Y con ello ayudar a entender y situarse ante una misma realidad valorada de muy distinta manera. Lo cual es bueno para despejar prejuicios y dogmatismos innecesarios.
Los Viernes Santos alzamos la vista en muchas ciudades de
España para contemplar en las procesiones las imágenes de nuestros Cristos Crucificados . Lo venimos haciendo desde siglos, con gran regularidad, expectación y respeto . Incluso lo no muy adictos a la religión católica, habrán escuchado alguna vez estas palabras de Jesús: “Cuanto hicisteis con uno de estos hermanos míos más pequeños conmigo lo hicisteis”.

Jesús se considera presente ahora en cuantos pasan por una vida dura, marginada, despreciada, llámense parados sin prestaciones, desahuciados, obreros sin trabajo, mujeres
maltratadas, miles de niños muriendo de hambre, gentes expulsadas de sus tierras, ciudadanos engañados por la bancos y los gobernantes, enfermos desatendidos, encarcelados, niños esclavizados, etc.
O sea, que esta gente son para Jesús lo más sagrado, tan
sagrado que son una imagen viva de su vida, hacen sus veces, son sus vicarios, nunca él dijo que los Papas eran su vicarios, sino los pobres. Los pobres son los vicarios de Cristo.

Entonces, ¿Qué pasaría si, junto al Cristo Crucificado, desfilasen por nuestras calles personas o imágenes vivas de estos otros crucificados? ¿Qué pasaría si, junto a él, desfilasen los miles y miles de hermanos matados en estas últimas décadas en Centroamérica, en Africa, en Irak, Livia, Siria, en esas muertes masivas de las hambrunas…? Alarguemos la vista y veremos pueblos masacrados, movimientos reprimidos, líderes desaparecidos, gente de pueblo perseguida, torturada, eliminada. Veremos las argollas que los poderes del FMI, del BM y de la OMC siguen poniendo para que esos pueblos no levanten cabeza y puedan disponer impunemente de sus materias primas. 

Estos pueblos, en un mundo donde la riqueza nunca ha sido
tanta, ven cómo los poderosos les roban, les ponen condiciones
comerciales inicuas, acumulan cada vez más riqueza, sin importarles el hecho de que la distancia de ingresos entre unos y otros crece sin cesar, de modo que si en el año 1820, la diferencia era de 1 a 3, hoy es de 1 a 70.
La mitad de África, unos 400 millones, vive con menos de 1
dólar diario y está desnutrida. EE.UU. tiene una deuda externa de
más de 6 billones de dólares, doble que la de todos los países pobres, pero a él nadie le exige que la devuelva, en tanto que a los pobres se les obliga con un cuchillo en la garganta. 

Con razón, el Cristo y estos pueblos crucificados son la explicación el uno de los otros. Son el Siervo de Yahvé, del que nos habla la Biblia, “sin figura, sin belleza, sin rostro atrayente”. Son pobres y, además, aplastados y torturados. Y así son como el Siervo “que no parecía hombre ni tenía aspecto humano y producía espanto”. Y mientras sufren en paciencia y resignación, se los alaba; pero si se deciden invocar al Dios que los defiende y libera, entonces son subversivos, terroristas, comunistas.
 
Y no tienen quien los defienda, “son llevados a la muerte, sin justicia”. Con razón escribía el obispo Pedro Casaldáliga: “Es hora de martirio en nuestra América Latina”. ¡Cuántos campesinos, sindicalistas, maestros, catequistas, religiosas y religiosos, líderes
populares, obispos engrosan esa procesión de crucificados! Ellos son también el siervo sufriente de Yahvé. “Les han dejado,escribía
Ellacuría, como a un Cristo”. Y Monseñor Romero alentaba a los
campesinos: “Ustedes son la imagen del divino traspasado”. 
Estos pueblos crucificados son víctimas, no caídas del cielo, sino
producidas por los sucesivos imperios, por el sistema económico
dominante y por las multinacionales. Son estos verdugos los que
imponen la injusticia, los que la mantienen violentamente si hace
falta y hasta con terror.

Al Jesús histórico, sabemos lo que le pasó. Si Jesús no hubiera vivido como vivió, si no hubiera defendido los valores que defendió, si no hubiera sido coherente, si se hubiera dejado comprar por la fama, el dinero o el poder no hubiera tenido que afrontar la pasión ni la crucifixión, seguramente hubiera llegado a viejo, hubiera muerto pacíficamente en la cama y no violentamente colgado de una cruz. La causa de Jesús fue, pues, simple : crear con todos una familia nueva, sin exclusión ni discriminación de nadie, en igualdad, viviendo y tratándonos como hermanos y, en todo caso, sabiendo que la grandeza de sus seguidores está en el servir y en ser los últimos en el beneficio.

El nos enseñó una nueva imagen de Dios, una nueva manera de relacionarnos con EL, de entender que el culto sin justicia y amor es falso, que la religión nunca puede servir para manipular, engañar, oprimir, discriminar. Jesús nos dice que Dios llega hasta el interior, a lo más íntimo, no le engañan las apariencias. El lo resume todo en el amor: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo. La utopía máxima de Jesús es ser buenos como Dios, amar como Dios, dar la vida por las personas que amamos.

Se entiende entonces que a los que quieran seguir al Nazareno, no va a faltarles la cruz. Pero no la cruz material elegida por uno mismo para macerarse y agradar a Dios, sino la cruz que los otros le van a poner encima por querer vivir como Jesús. El que quiera vivir como el hijo del hombre, que se prepare: lo impugnarán, no lo comprenderán, lo calumniaran, lo perseguirán y hasta puede que lo maten y “crean que hacen un obsequio a Dios”. Por ahí, le llegará la cruz.

Esa cruz abarca y se ha hecho visible hoy en la procesión inmensa de los crucificados que han desfilado por las calles de nuestras ciudades y de nuestras mentes y corazones, condenados a muerte a sabiendas de ser inocentes, como Jesús.
Y entre los expectadores no habrán faltado seguramente , quienes se inclinen reverentemente, pero que han hecho de verdugos, y piensen que esa es una muerte si no merecida, irremediable ya que, en última instancia, ha sido querida por Dios. Un Dios, se nos ha repetido, enojado por los pecados de los hombres, que exigía reparación, la cual nadie sino una víctima de valor infinito podía satisfacer, y esa víctima era su propio hijo, su sangre, él único que podía desagraviarle y pagar el precio correspondiente. Una muerte sacrificial, querida por Dios, por la que quedaríamos redimidos de nuestros pecados.

¡Horrible,absolutamente intolerable! Esta imagen es la de un ídolo deificado, cruel, vengativo, sádico que necesitaría de esta muerte como espiación, rescate y salvación!
No, Jesús no fue a la muerte por voluntad de Dios, su Padre, para recabar ante EL perdón, el rescate y la salvación nuestra. Esa imagen de Dios, -la alimentada por una teología del sacrificio- es indigna y reprobable. Dios no está sediento de sangre ni necesita de
sacrificios, ofrenda y devociones de nadie.

Y suena a sacrilegio atribuirle la muerte de su propio hijo. La flecha histórica y sapiencial apuntan a los verdaderos asesinos del Justo y del Profeta por excelencia: el sanedrín y el imperio romano.
Ambos, ante un hombre libre y cabal, de enseñanza original, pactaron quitarle la vida, pues de seguir con su proyecto ellos quedaban deslegitimados y anulados. ¿Cómo se pudo imputar a Dios la muerte de su propio hijo? ¿ Y cómo se puede seguir actuando como si este sacrificio se siguiera reproduciendo cuantas veces se celebra la Misa?

Jesús anunció “haber sido enviado para anunciar la Buena Noticia a los pobres, para proclamar la liberación a los cautivos, y para poner en libertad a los oprimidos”. Y eso, ante los poderes dominantes de su sociedad, tenía un precio: la muerte. Y es el precio de todos los crucificados de la historia, cobrado por los que sirven al dios del dinero, adoradores ciegos de su egoísmo, de su avaricia y de su soberbia.

Pero Dios les demostró que la última palabra la tiene El y no ellos, pues Jesús de Nazaret, dado por ellos como fracasado y exterminado, resucitó, se apareció y siguió vivo e hizo patente la
nihilidad de sus enemigos. Acabaron, cayeron en el olvido, nadie los honra y El sigue perenne en la fe y en la vida de millones y millones de toda la tierra.

Al Jesús histórico, se le reconoció no sólo por su libertad y coherencia sino por su proyecto, en el cual declaraba cosas como estas:
. Hay que amar, incluso al enemigo.
. Hay que perdonar y ser misericordioso.
. Hay que ser limpios de corazón.
. Hay que ser sinceros, ecuánimes, veraces.
. No se debe tolerar la exclusión o discriminación o humillación
de nadie. . Hay que aborrecer la hipocresía, el orgullo y la dureza de corazón.
. No hay que apetecer el poder de mandar sino el servicio.
. Hay que trocar la avaricia por la generosidad y el compartir.
. Hay que detestar el dinero conseguido a base de oprimir y explotar a los demás.

– No se pueden establecer líneas divisorias entre el amor a los hombres y el amor a Dios pues ambos son una misma cosa.
– No se puede oponer el bien de Dios al bien de los hombres, pues para Dios la gran pasión es la felicidad de los hombres.
– No se puede contraponer el acá al allá, la muerte a la resurrección,
pues si Dios es el principio de todo lo creado, es también su fín.
Entendámoslo bien: una cosa es el sistema de vida de los escribas y fariseos (de entonces y de ahora), del sistema religioso oficial del Templo (de entonces y de ahora) y otra el estilo de vida de Jesús.

Volvamos de nuevo la vista a los templos cristianos con sus ritos, inciensos, cantos, plegarias y procesiones, ¿a quién están recordando? ¿Qué están celebrando? ¿La muerte de Jesús? ¿Su muerte física? ¿Nada más? ¿ Y eso una y otra vez, un año y otro año, un siglo y otro siglo?
¿No será que hemos convertido en momia sagrada la liturgia católica? La pasión y muerte de Jesús son referencia paradigmática.
Pero su muerte no ha acabado, sigue reviviéndose en el Cuerpo de la Iglesia y de la Humanidad. Y sigue produciéndose en el altar del
poder económico y del poder religioso. Hoy son otros los Faraones,
los Pilatos y los Sumos Sacerdotes…


¿Dónde están los profetas y liberadores que, como él, tratan de rescatar el significado de su Pascua, hoy pascua cristiana? ¿Cuántas son las desviaciones y corrupciones que hay que destapar y corregir?
¿Quiénes son los tiranos y verdugos? ¿Quiénes los que sufren pasión y quiénes los crucificados? ¿Cuánto de esto está presente y se celebra en las liturgias de nuestros templos?.

Viernes 10 de abril: Viernes Santo

Viernes 10 de abril: Viernes Santo

Viernes santoIs 52,13-53,12: Cuarto canto del Siervo de Yavé.
El cuarto poema del siervo muestra un personaje paciente y glorificado. Se trata de la narración que se hace de la pasión, muerte y triunfo del personaje, enmarcada por una introducción y epílogo que el autor pone en boca de Dios.
El contenido es claro: un inocente que sufre, dejando de lado la doctrina de la retribución que considera el sufrimiento como consecuencia del pecado; mientras que los culpables son respetados. Más sorprendente es aún, que el humillado triunfe y que un muerto siga viviendo. El mismo texto proclama que se trata de algo inaudito.··· Ver noticia ··

Querido diario - Viernes Santo, Ciclo A

DEBEMOS SUPERAR EL MITO DE QUE JESÚS MURIÓ POR NOSOTROS


col fraymarcos

FE ADULTA
Jn 18,1-19,42
La celebración ayer de la última cena, la celebración hoy de la muerte y la celebración mañana de la resurrección, son tres aspectos de una misma realidad: La plenitud de un ser humano que llegó a identificarse con Dios que es Amor. Este es el punto de partida para que cualquier ser humano pueda desarrollar su verdadera humanidad. Pero el amor es la meta a la que llegó Jesús y a la que tenemos que llegar nosotros. Ese amor es lo más dinámico que podemos imaginar, porque es el motor de toda acción humana.
El recuerdo puramente litúrgico de la muerte de Jesús, sin un compromiso de mantener en nuestra vida las mismas actitudes que le llevaron a la muerte, es un folclore vacío de contenido. Otro peligro, que nos acecha en esta celebración, es caer en la sensiblería. Tal vez no podamos sustraernos a los sentimientos ante la descripción de una muerte tan brutal. El peligro estaría en quedarnos ahí y no tratar de vivir lo que estamos celebrando. Nos importan los datos históricos, pero solo como medio de descubrir la cristología que en ellos se encierra: Jesús es para nosotros el modelo de lo humano y de lo divino.
No podemos presentar la muerte de Jesús como el colmo del sufri­miento. La vida de Jesús se desarrolló con relativa normalidad y con una cierta comodidad. Los sufrimientos duraron solo unas horas. Millones de personas, antes y después de Jesús, han sufrido mucho más en cantidad y en intensidad. No podemos seguir hablando de sus sufrimientos como si fueran los únicos. Fue una muerte cruel, sin duda, pero no podemos presen­tarla como el paradigma del dolor humano. El valor de la muerte de Jesús no está en el dolor, sino en la motivación de esa muerte, en la actitud de Jesús y de los que lo mataron.
Tenemos que superar la idea de que “murió por nuestros pecados”. El autor de la carta a los hebreos, (que seguramente no es de Pablo) lo que intenta es hacer ver a los judíos, que ya no tenía sentido el repetir los sacrificios que habían sido la base de su culto, porque ya estaba cumplida en Jesús toda la labor de mediación. Esta idea es posible, solo desde la perspectiva del Dios del AT que exige el pago por nuestros pecados. Este Dios no tiene nada que ver con el Dios de Jesús, que nos ama a todos siempre e infinita­mente y que, si pudiera tener alguna preferencia, sería para con los débiles o los pecadores.
¿Por qué le mataron? ¿Por qué murió? Si no hacemos esta distinción, entraremos en un callejón sin salida. Le mataron porque el Dios que él predicó no coincidía con la idea que los judíos tenían de su Dios. El Dios de Jesús no es el soberano que quiere ser servido, sino Amor absoluto que se pone al servicio del hombre. Esta idea de Dios es demoledora para todos aquellos que pretenden utilizarlo como instrumento de dominio. Ningún poder establecido puede aceptar ese Dios, porque no es manipulable ni se puede utilizar en provecho propio. Esta idea de Dios es la que no pudieron aceptar los jefes religiosos judíos. Este Dios nunca será aceptado por los jefes religiosos de ninguna época.
Jesús murió por ser fiel a sí mismo y a Dios. No se puede separar las respuestas a las dos preguntas. Jesús, como todo ser humano, tenía que morir, pero resulta que no murió, sino que le mataron. Esto último, tampoco hace de su muerte un hecho singular. La singularidad de esa muerte hay que buscarla en otra parte. La muerte de Jesús no fue un accidente, sino consecuencia de su manera de ser y de actuar. Creo que en la aceptación de las consecuen­cias de su actuación está la clave de toda la vida de Jesús.
El hecho de que no dejara de decir lo que tenía que decir, ni de hacer lo que tenía que hacer, aunque sabía que eso le costaría la vida, es la clave para compren­der que la muerte no fue un accidente, sino un hecho fundamental en su vida. El hecho de que le mataran, podía no tener mayor importancia, pero el hecho de que le importara más la defensa de sus convicciones que la vida, nos da la verdadera profundi­dad de su opción vital. Jesús fue mártir (testigo) en el sentido estricto de la palabra.
Las palabras y los gestos de Jesús en la última cena, sobre el servicio total a los demás, pueden significar la más elevada toma de conciencia de Jesús sobre el sentido de su vida. Tal vez en ese momento, cuando ya era inevitable su muerte, descubrió el verdadero sentido de una vida humana. Cuando un ser humano es capaz de consumirse por los demás, está alcanzando su plena consumación. En ese instante manifiesta un amor semejante al amor de Dios y puede decir: "Yo y el Padre somos uno". Dios está allí donde hay verdadero amor, aunque sea con sufrimiento y muerte. Si seguimos pensando en un dios de “gloria”, será muy difícil comprender el sentido de la muerte de Jesús.
¿Qué tuvo que ver Dios en la muerte de Jesús? El gran interrogante que se plantea sobre esa muerte recae sobre Dios. No podemos pensar que planeó su muerte, ni que la exigió como pago de un recate por los pecados, ni que la permitió o la esperó. La paradoja está en que podemos decir que Dios no tuvo nada que ver en la muerte de Jesús, y podemos decir que fue precisamente Dios la causa de su muerte. Si pensamos en un Dios que actúa desde fuera, nada de lo que digamos en relación con esa muerte tiene sentido. Si pensamos que Dios era el motor de toda la vida de Jesús, de sus actitudes y de sus decisiones, entonces Él fue la causa de que Jesús fuera a la muerte.
Según todas las apariencias, Dios abandonó a Jesús a su suerte cuando le pedía a gritos que le ayudara. ¿Cómo podemos armonizar su silencio con la cercanía en el momento de morir? Aquí está la clave de comprensión del misterio Pascual. Dios no abandonó por un momento a Jesús para después revindicarlo. Dios estuvo con Jesús en su muerte. Porque fue capaz de morir antes que fallarle, demuestra esa presencia de Dios como en ningún otro momento de su vida. En la entrega total se identificó con Dios y lo hizo presente. Cualquier otro intento de demostrar la presencia de Dios en Jesús es ilusorio.
Intentemos comprender el significado que tuvo su muerte para él y para nosotros. Su muerte es el reflejo de su actitud vital. En ella podemos encontrar el verdadero sentido de su vida. Se trata de una muerte que manifiesta la verdadera Vida. No se trata de la muerte física, sino de la muerte del “ego”, que hizo posible una entrega total a los demás. Este es el mensaje que no queremos aceptar, por eso preferimos salir por peteneras y buscar soluciones que no nos exijan entrar en esa dinámica. Si nuestro “yo” sigue siendo el centro, no tiene sentido celebrar la muerte de Jesús y tampoco su resurrección.

Nosotros tenemos que separar la vida, la muerte y la resurrección de Jesús para intentar entenderlas, pero solamente las podremos entender si descubrimos la unidad de las tres. La muerte fue consecuencia inevitable de su vida, pero en esa muerte estaba ya la gloria. La trayectoria humana de Jesús terminó alcanzando la más alta meta: desplegar al máximo su humanidad, alcanzando y manifestando la plenitud de divinidad. Si no tenemos presente esto, nunca descubriremos lo que tiene de acicate para nosotros el darnos cuenta que un ser humano, en todo semejante a nosotros, pudo llegar a esa meta.

jueves, 9 de abril de 2020

Entre el dolor y la esperanza

alidad, EspañaPublicado el Etiquetas , , , Con esta sencilla imagen de duelo, queremos tener presente a todas las personas que están falleciendo por la pandemia que estamos sufriendo. Recordamos a los salesianos, miembros de la familia salesiana, familiares, y a todas las víctimas. Cada día, en nuestras comunidades y hogares, rezamos por todos ellos. LEER MÁS

Historias de Amor - Jueves Santo, Ciclo A

EE.UU.: Trump proyecta que 240.000 muertes por coronavirus será el mejor de los escenarios

Redes Cristianas
El mandatario había dicho en los últimos meses que los muertos por coronavirus en su país iban a ser “casi cero” y que estaban “preparados” para la pandemia.
TRAGEDIA 02 de abril de 2020, 09:18hs – LR21
“Yo sé que se trata de una pandemia. Yo supe que iba a ser una pandemia mucho antes de que se le llamara así”, decía Donald Trump en una conferencia de prensa el 17 de marzo.
Dos meses antes, el 22 de enero, había dicho que todo estaba bien y que el COVID-19 no iba a impactar a los Estados Unidos como lo hizo en otros lados. “Lo tenemos todo bajo control. Solo es una persona que vino de China. Va a estar todo bien”, dijo en entrevista con CNBC entonces.
El 30 de enero seguía insistiendo en que tenían la sartén por el mango: “Creemos que lo tenemos muy bien bajo control. En este momento tenemos muy pocos casos en este país, solo cinco, y todas esas personas se están recuperando con éxito”, aseveraba. Días después se supo que no se estaban realizando suficientes tests de detección del COVID-19.
También se atrevió a decir en febrero que el virus “va a desaparecer en abril con la llegada del calor”, algo que no resiste escrutinio y que no tiene asidero científico. “Existe la teoría de que, en abril, cuando haga calor, este va a matar al virus. Aún no lo sabemos, no estamos seguros todavía, pero abril está a la vuelta de la esquina”, dijo en una reunión con miembros del Consejo Nacional de la Patrulla Fronteriza.
Y siguió relativizando la pandemia que, para finales de febrero, ya había matado a decenas de miles de personas. El día 26 se atrevió a comentar ante periodistas en la Casa Blanca: “De nuevo les digo, cuando tienes solo 15 personas y esas 15 se reducirán a cero dentro de un par de días, ese es el resultado del buen trabajo que hemos hecho”.
Viene días oscuros
A medida que crece violentamente el número de contagios en Estados Unidos, el país se convierte en el epicentro mundial de la pandemia del coronavirus. Cada hora el dato cambia, pero hasta la mañana de este jueves, 215.400 estaban contagiados y habían muerto 5.115 personas.
El presidente Trump se ha visto obligado a cambiar su posición y dejar de negar lo imposible de ocultar: se viene una catástrofe humanitaria en Estados Unidos.
“Quiero que todos los estadounidenses estén preparados para los días difíciles que se avecinan. Vamos a pasar por dos semanas muy difíciles”, dijo Trump, estableciendo expectativas para una quincena extrema donde las tasas de mortalidad aumentarán.
En su aparición el 30 de marzo en el programa oficialista “Fox & Friends”, el magnate neoyorquino sugirió una estimación de que el nuevo coronavirus podría matar a un gran número de estadounidenses. Según el más optimista escenario proyectado por la Casa Blanca, el coronavirus se cobrará más vidas que las guerras de Vietnam (58.000) y Corea (34.000) juntas y hasta 14 veces la cantidad de decesos de estadounidenses perdidos en las guerras de Irak y de Afganistán.
La proyección es que el coronavirus provoque entre 100.000 y 240.000 muertes en Estados Unidos, según explicó la doctora Deborah Birx, coordinadora de respuesta a la pandemia, en el mejor de los casos: siempre que se mantengan las directrices de distanciamiento social.

Respetarlas, señaló Donald Trump, “es una cuestión de vida o muerte”. “Vamos a pasar dos semanas muy duras”, advirtió el presidente. “Va a ser doloroso, muy doloroso durante dos semanas”.

Fallece Juan de Dios Martín Velasco, uno de los mejores fenomenólogos mundiales


“Un auténtico sabio, un maestro, y una persona bondadosa y creyente como pocas”
Fernando Vidal: «Maestro de una generación y arquitecto de una Iglesia más pobre, culta y compasiva, que necesitamos cada día más»
«Uno de los grandes teólogos españoles de la segunda mitad del siglo XX»
Silvia Martínez Cano: «Maestro y amigo. El mejor fenomenólogo de la religión que ha existido. Sin duda ya está sonriendo junto al Padre. Nos quedan muchos días de duelo…» ··· Ver noticia ··

Coronavirus o Hambre, la alternativa que tendrán muchos en África y América

Vicente Luis García Corres (Txenti)

REDES CRISTIANAS

hambre1Aunque somos conscientes de que el confinamiento que estamos viviendo, si bien hay personas que por circunstancias particulares está siendo duro, no deja de ser una opción llevadera y pasajera que traerá beneficios a la comunidad. En la comparación con la situación en otros lugares del planeta quizá sea difícil alcanzar el abismo que nos separa. Mientras para nosotros la alternativa puede ser entre quedarse en casa o una multa, para otros es morir de coronavirus o de hambre. ··· Ver noticia ··

Jueves 9 de Abril: Jueves Santo


Eucaristía2Jesús pasó la última tarde de su vida en Jerusalén en el círculo de sus discípulos, probablemente también en compañía de las mujeres que habían ascendido a la ciudad santa con él. ¿Fue esa tarde, la tarde de una fiesta pascual? Podría parecer superflua la pregunta. Sin embargo hay razones para hacerla, pues de la relación que se establezca entre el ambiente pascual y la cena de Jesús depende en gran parte la interpretación que se deba hacer del acontecimiento histórico de la muerte y resurrección del Señor.··· Ver noticia ··

JUEVES SANTO SOY PAN QUE ME PARTO Y ME REPARTO. SOY VIDA QUE ME DERRAMO PARA TODOS


col fraymarcos

Jn 13,1-15
La liturgia de este día se centra en el recuerdo de la cena: el lavatorio de los pies y las palabras y gestos que dieron lugar a la eucaristía. Ni los evangelistas, ni los exégetas se ponen de acuerdo si fue o no fue una cena pascual. No tiene mayor importancia, porque para nosotros lo esencial está en lo que va más allá del rito judío de la cena pascual. Esta Pascua no es ya la pascua de los judíos. Es curioso que los tres evangelistas, que narran la institución de la eucaristía, no hablen del lavatorio de los pies, y Juan, que narra el lavatorio de los pies, no dice nada de la institución de la eucaristía.
Tampoco sabemos el sentido exacto que quiso dar Jesús a aquellos gestos y palabras. La protesta de Pedro deja claro que, en aquel momento, los discípulos no entendieron nada. Sin embargo, el recuerdo de lo que Jesús hizo en la última cena se convirtió muy pronto en el sacramento de nuestra fe. Y no sin razón, porque en esos gestos, en esas palabras, está encerrado lo que fue Jesús durante su vida y todo lo que tenemos que llegar a ser nosotros como cristianos. Por eso, la liturgia de hoy es de las más densas de todo el año.
Debemos tomar conciencia de la importancia de los que celebramos, como la toma el evangelista Jn cuando hace esa grandiosa obertura: “Consciente Jesús de que había llegado su “hora”, la de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, les demostró su amor en el más alto grado. Pero no es menos sorprendente el final del relato: “¿Entendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el “Maestro” y el “Señor”; y decís bien, porque lo soy. Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, sabed que también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”.
Comenzamos por el lavatorio de los pies. No porque sea más importante que la eucaristía, sino porque espero que esta reflexión nos ayude a comprenderla mejor. En ese gesto, Cristo está tan presente como en la celebración de la eucaristía. Lavar los pies era un servicio que solo hacían los esclavos. Jesús quiere manifestar que él está entre ellos como el que sirve, no como señor. Lo importante no es el hecho físico, sino el simbolismo que encierra. La plenitud de Jesús como ser humano está en el servir a los demás. Fijaos que ese profundo simbolismo es lo que se quiere manifestar en el evangelio de Juan.
El más espiritual y místico de los evangelistas, el que más profundiza en el mensaje de Jesús, ni siquiera menciona la institución de la eucaristía. Sospecho que la eucaristía se había convertido ya en un rito mágico y formal, vacío de contenido, y Juan quiso recuperar para la última cena el carácter de recuerdo de Jesús como don, como entrega. Jesús denuncia la falsedad de la grandeza humana que se apoya en el poder o en el dominio de los demás, pero proclama que la verdadera plenitud humana está en parecerse a Dios, que se da siempre y a todos sin condiciones ni reservas.
Poco después del texto que hemos leído, dice Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”. Esta es la explicación definitiva que da Jesús a lo que acaba de hacer. Para el que quiere seguir a Jesús, todo queda reducido a esto: ¡Amaos! No dijo que debíamos amar a Dios, ni siquiera que debíamos amarle a él. Tenemos que amar a los demás, eso sí, como Dios ama, como Jesús amó. Una eucaristía celebrada como una devoción más, que comienza y termina en la iglesia, no es la eucaristía que celebró Jesús. Debemos hacer un verdadero esfuerzo por superar la tentación de seguir oyendo misa y comprometernos en la celebración de la eucaristía.
En este relato del lavatorio de los pies, no se dice nada que no se diga en el relato del pan partido y del vino derramado; pero en la eucaristía corremos el riesgo de quedarnos en una visión espiritualista y abstracta que no afecta a mi vida concreta. La presencia real de Cristo en el pan y en el vino, entendida de una manera estática y física, nos ha impedido durante siglos descubrir el aspecto vivencial del sacramento y dejarnos al margen de la verdadera intención de Jesús al compartir esos gestos con sus discípulos.
Tenemos que hacer un esfuerzo por descubrir el verdadero signifi­cado de la eucaristía a la luz del lavatorio de los pies. Jesús toma un pan y mientras lo parte y lo reparte les dice: esto soy yo. Recordemos que “cuerpo” en la antropología judía del tiempo de Jesús, quería decir persona, no carne. Como si dijera: meteos bien en la cabeza que yo estoy aquí para partirme, para dejarme comer, para dejarme masticar, para dejarme asimilar, para desaparecer dando mi propio ser a los demás. Yo soy sangre (vida) que se derrama por todos, es decir, que da Vida a todos, que saca de la tristeza y de la muerte a todo el que me bebe. Eso soy yo. Eso tenéis que ser vosotros.
Por haber insistido exclusivamente en la presencia real de Cristo en la eucaristía, nos acercamos al sacramento como a una realidad misteriosa, pero que no tiene valor de persuasión, no me lleva a ningún compromiso con los demás. La presencia real, por el contrario, debía potenciar el verdadero significado del gesto. Nos debía de recordar en todo momento lo que Jesús fue y lo que nosotros, como cristianos, debemos ser. El haber cambiado este sentido dinámico, por una adoración, ha empobrecido el sacramento hasta convertirlo en algo aséptico, que nada me exige y nada me motiva.
Lo que Jesús quiso decirnos en estos gestos es que él era un ser para los demás, que el objetivo de su existencia era darse; que había venido no para que le sirvieran, sino para servir, manifestando de esta manera que su meta, su fin, su plenitud humana, solo la alcanzaría cuando llegara a la donación total en la muerte asumida y aceptada. Solo un Jesús des-trozado puede ser asimilado e integrado en nuestro propio ser. Descubrir que destrozarnos, para que nos puedan comer, es también la meta para nosotros, es el primer objetivo de un seguidor de Jesús. Pero de esto hablaremos mañana, Viernes Santo.
Juan no menciona la eucaristía en el relato de la última cena, pero en el c. 6 encontramos la explicación de lo que es la eucaristía. “Yo soy el pan de Vida”. “Quien viene a mí, nunca pasará hambre; el que cree, nunca pasará sed”. Queda claro que comer el pan y beber literalmente la sangre, no es más que un signo (sacramento) de la adhesión a Jesús, que es lo importante. Se trata de identificarse con su manera de ser hombre al servicio de los demás hasta deshacerse por ellos. El mayor peligro que tenemos hoy los cristianos es acercarnos al sacramento como medio de unirnos a Dios, olvidándonos de los hombres.

Dice más adelante: “El Padre que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me “come” vivirá por mí”. No hay una explicación más profunda de lo que significa este sacramento. Jesús tiene la misma Vida de Dios, y todo el que le siga tendrá también esa misma Vida definitiva, que no se verá alterada por la muerte biológica. Para hacer nuestra esa Vida, tenemos que aceptar la “muerte” a todo lo que hay en nosotros de caduco, de terreno, de transitorio, de individualismo, de egoísmo. Sin esa muerte, nunca podrá haber Vida. No se trata de renunciar a nada, sino de conseguirlo todo.

miércoles, 8 de abril de 2020

Carta de Nicolas Maduro al Pueblo de Estados-Unidos


RELIGIÓN DIGITAL *HUMANISMO DE JESÚS

Las amenazas y acciones agresivas de Estados Unidos contra Venezuela pueden degenerar en une verdadera Guerra, cuyas consecuencias pueden recordarnos lo que sucedió con la guerra de Vietnam. Me parece importante que la comunidad internacional este a lo tanto de lo que se esta tramitando tras el humo del coronavirus. Mientras todo el mundo se encuentra frente a un virus que ocupa todos los espacios, incluyendo los de las noticias, Trump y sus consejeros pueden ver, en la conjuntara actual,  una buena oportunidad para invadir al Pueblo de Venezuela. En tal contexto, la carta del presidente Maduro tiene toda su importancia.   SEGUIR LEYENDO 

En el misterio pascual


Gabriel Mª Otalora

La semana litúrgica cristiana más importante del año condensa todo el misterio que entraña la Revelación. Casi resuena como un oxímoron pronunciar a la vez “misterio” y “revelación”, pero esto es precisamente lo que sigue siendo de permanente actualidad, siglo tras siglo, gracias a la experiencia de la fe que lo actualiza en cada tiempo. ··· Ver noticia ···

Jesús o Barrabas


Óscar Fortin

La semana santa nos recuerda momentos importantes de lo que sucedió al momento del arresto, del juicio y de la condenación de Jesus. Apostoles, sacerdotes, ancianos y pueblos tuvieron distintos comportamientos todo a lo largo de su pasión. Pedro, lo niega, otros se quedan aparte y unos, lo siguieron de lejos. Juan, por su parte se quedo junto a las dos Marcas acompañadas de un grupo de mujeres.··· Ver noticia ··

NI DIOS, NI CRISTO, NI RESURRECCIÓN


col sicre

Domingo de resurrección. Ciclo A
Una elección extraña
Las dos frases más repetidas por la iglesia en este domingo son: “Cristo ha resucitado” y “Dios ha resucitado a Jesús”. Resumen las afirmaciones más frecuentes del Nuevo Testamento sobre este tema.
Sin embargo, como evangelio para este domingo se ha elegido uno que no tiene como protagonistas ni a Dios, ni a Cristo, ni confiesa su resurrección. Los tres protagonistas que menciona son puramente humanos: María Magdalena, Simón Pedro y el discípulo amado. Ni siquiera hay un ángel. El relato del evangelio de Juan se centra en las reacciones de estos personajes, muy distintas.
María reacciona de forma precipitada: le basta ver que han quitado la losa del sepulcro para concluir que alguien se ha llevado el cadáver; la resurrección ni siquiera se le pasa por la cabeza.
Simón Pedro actúa como un inspector de policía diligente: corre al sepulcro y no se limita, como María, a ver la losa corrida; entra, advierte que las vendas están en el suelo y que el sudario, en cambio, está enrollado en sitio aparte. Algo muy extraño. Pero no saca ninguna conclusión.
El discípulo amado también corre, más incluso que Simón Pedro, pero luego lo espera pacientemente. Y ve lo mismo que Pedro, pero concluye que Jesús ha resucitado.
El evangelio de san Juan, que tanto nos hace sufrir a lo largo del año con sus enrevesados discursos, ofrece hoy un mensaje espléndido: ante la resurrección de Jesús podemos pensar que es un fraude (María), no saber qué pensar (Pedro) o dar el salto misterioso de la fe (discípulo amado).
Los relatos de los próximos días de Pascua nos ayudarán a alcanzar la tercera postura.
Las dos primeras lecturas
En ella se mueven las otras dos lecturas de este domingo (Hechos y Colosenses) que afirman rotundamente la resurrección de Jesús. Hay algo que une estas dos lecturas tan dispares:
a) las dos mencionan los beneficios de la resurrección de Jesús para nosotros: el perdón de los pecados (Hechos) y la gloria futura (Colosenses);
b) las dos afirman que la resurrección de Jesús implica un compromiso para los cristianos: predicar y dar testimonio, como los Apóstoles (Hechos), y aspirar a los bienes de arriba, donde está Cristo, no a los de la tierra (Colosenses).
¿Por qué espera el discípulo amado a Pedro?
 Es frecuente interpretar este hecho de la siguiente manera. El discípulo amado (sea Juan o quien fuere) fundó una comunidad cristiana bastante peculiar, que corría el peligro de considerarse superior a las demás iglesias y terminar separada de ellas. De hecho, el cuarto evangelio deja clara la enorme intuición religiosa del fundador, superior a la de Pedro: le basta ver para creer, igual que más adelante, cuando Jesús se aparezca en el lago de Galilea, inmediatamente sabe que “es el Señor”. Sin embargo, su intuición especial no lo sitúa por encima de Pedro, al que espera a la entrada de la tumba en señal de respeto. La comunidad del discípulo amado, imitando a su fundador, debe sentirse unida a la iglesia total, de la que Pedro es responsable.

PEREGRINOS EN TINIEBLAS


comentario editorial
“El único verdadero viaje de descubrimiento cosiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con ojos nuevos” (Jon Kabat-Zinn)
12 de abril. PASCUA DE RESURRECCIÓN
Jn 20, 1-9
El primer día de la semana, muy temprano, todavía a oscuras, va María Magdalena al sepulcro y observa que la piedra está retirada
Antes de despedirnos de esa casa en La Cumbre y de aquella imagen, dice Marisa Velasco en su libro Sola entre ellos. Un viaje de descubrimiento espiritual al corazón de María Magdalena, creí haber entendido el significado de esa presencia, diciéndome: “No me abandones estoy en tu camino y tú en el mío”.
Es posible, estimada Marisa que, en el espacio siempre abierto y receptivo de tu mente, hayan retumbado las campanadas de Jon Kabat-Zinn hasta perderse en el viento:
“The real journey of discovery is not so much about looking for landscapes as looking at old ones with new eyes”.
Caminante, no hay camino, se hace camino al andar, moduló Antonio Machado, en Cantares y Proverbios.
Y el papa Francisco dijo:
“Un alma que no camina en la vida haciendo el bien, haciendo tantas cosas que se deben hacer por la sociedad, por ayudar a los otros es un alma que termina en la mediocridad y en la miseria espiritual”.
peregrinos tinieblas
No tiene demasiado sentido caminar sin objetivos: peregrinar únicamente por llegar a Santiago y besar al Santo, no es suficiente, es más importante, como insinuaba el papa, ayudar a la gente despejando las tinieblas que les dificultan ver con claridad su camino.
Tarea ardua que normalmente lleva consigo exigencias de ruptura de esquemas mentales que nos aprisionan en cárceles antievangélicas:
“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos” (Lc 4,18)
Cárceles que desmantelan nuestras mentes de ideas, obligándonos a peregrinar en tinieblas y a extraviarnos.
“A los judíos que habían creído en él, Jesús les dijo: Si os mantenéis fieles a mi palabra, seréis realmente discípulos míos, entenderéis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jn 8, 31-32).
Aparentemente, simples proclamaciones que invitan a seguir un camino inusitado hacia la plenitud humana encendiendo las luces largas de nuestros brazos para despejar la niebla que nos impide ver con claridad nuestro camino.
A seguirlo, pero además, como dice el creador del Mindfulness, “El único verdadero viaje de descubrimiento consiste, no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con ojos nuevos”.
En NATURALIA. Los sueños de las criaturas, un Poema donde el camaleón nos dice con su eterna lentitud, cómo recorrer los caminos de la vida.

EL CAMALEÓN
En la eterna quietud de tu silencio;
en un vagar apenas perceptible,
recorres los caminos que no sigues,
que te vas y te quedas: no sabemos.
Por esta vida andas tan despacio
que dudo llegues a la otra a tiempo
Tu reloj se ha parado en tu puerto.
Tienes un vestuario principesco:
puedes cambiar de atuendo cuanto quieras;
pero tan len…ta…, len…ta es tu manera
que nunca alcanzarás el tren del tiempo
……………………
¿No tendrás tú razón? ¿Quién garantiza,
sagaz camaleón, con cuyos ojos
bipolares lo tienes visto todo,
que aparte de esta Vida hay otra vida?