FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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lunes, 10 de septiembre de 2012

¿Desobedecer al sistema eclesiástico para soñar y construir el proyecto y la utopía de Jesús de Nazaret?

Héctor Alfonso Torres Rojas

“Hoy ya no tengo más esos sueños”
Cardenal Carlos María Martini

El testamento espiritual, expresado varios años antes, por el recién fallecido cardenal Carlo Maria Martini, conlleva propuestas nuevas, novedosas, inauditas y atrevidas, para la renovación de la Iglesia. Son propuestas de total actualidad, a 50 años de la apertura del Concilio Vaticano II, para la Iglesia que renace con múltiples dificultades, en nuestros tiempos.
Sus escritos y palabras fueron siempre bien recibidas por sectores progresistas, creyentes, indiferentes y ateos. Además, cifraron muchas esperanzas en él, al punto de ser “papabile”, en medio de críticas y de temores de los monseñores del Vaticano y de otros monseñores, allende los muros de la ciudadela vaticana, que lo mal calificaron, inclusive, como “antipapista”. Sus propuestas NO fueron acogidas en esos espacios sino criticadas y temidas.
“”Antes tenía sueños sobre la Iglesia. Soñaba con una Iglesia que recorre su camino en la pobreza y en la humildad, que no depende de los poderes de este mundo; en la cual se extirpara de raíz la desconfianza; que diera espacio a la gente que piensa con más amplitud; que diera ánimos, en especial, a aquellos que se sienten pequeños o pecadores. Soñaba con una Iglesia joven. Hoy ya no tengo más esos sueños”. (Carlo María Martini. “Coloquios Nocturnos en Jerusalén).
Esta frase “”Hoy ya no tengo más esos sueños”,nos lleva a reflexionar con mucha profundidad y angustia. Frase escrita en los años finales de su vida, seguramente en un total desgarramiento interior.
¿Reconoció la imposibilidad de cambios en la Iglesia, él, hombre que conocía muy bien el sistema, la institución, la eclesiástica por dentro y desde adentro. ¿Comprendió que tuvo espacio para hacer sus propuestas y entendió que toda la maquinaria se le vendría encima si promovía una corriente de personas, para su praxis? ¿Tenía muy claro que “El Papa reina pero no gobierna?
El Vaticano, afortunadamente, no tomó medidas negativas contra el cardenal Martini. Pero otra fue la suerte del obispo francés Jacques Gaillot, en la década de los años ochenta, cuando Juan Pablo II lo expulsó de la Eclesiástica por sus escritos, sus palabras y sus acciones. Contra viento y marea, siguió su praxis, en pobreza, en sencillez, en compromiso. Su diócesis se amplió, se creció, se globalizó. . Desde el “exilio eclesiástico”, siguió y sigue su ministerio.
Con relación al cardenal Martini cabe una pregunta: ¿no aceptó ser papa para evitar una confrontación con el sistema vaticano? No se “rebeló” por fidelidad al voto jesuita de obedecer y servir al Papa, a la usanza de los juramentos señoriales, hecho en sus años de joven sacerdote? ¿O por el juramento que hace todo obispo el día de su consagración? O por el juramento que recita todo nuevo cardenal de dar la vida por el Papa, si fuere necesario?
Ante tales situaciones, no le quedó sino el valor de afirmar: “Hoy ya no tengo más esos sueños”. Esa frase, conocida o desconocida en su letra, la han vivido millones de católicos que se han alejado de la Iglesia, con ruido o silenciosamente. Cada cual obra según su conciencia, y es respetable.
Pero, obviamente, por fidelidad a Jesús de Nazaret, se nos plantea un gran interrogante: ¿Qué es mejor hoy: salir o quedarse? Para unos, será conveniente salir silenciosamente. Para otros y otras, como la Iglesia es de todas y de todos, mejor permanecer críticamente y trabajar, desde adentro, a pesar de los sufrimientos en la construcción del Reino de Dios. La razón: la iglesia es de las mayorías creyentes y no de las minorías que son aquellos cardenales, monseñores y otros creyentes que se oponen a la conversión y renovación de la Iglesia, en el espíritu, la letra y la lógica del Evangelio.
Conociendo el autoritarismo y verticalismo de los monseñores del Vaticano y su rotunda oposición a todo cambio, con motivo del quinto aniversario de la elección de Benedicto XVI, Hans Kung, en su carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo, los invitaba a tener el valor evangélico de desobedecer al sistema eclesiástico por fidelidad a Jesús de Nazaret. Ninguno se atrevió. ¿Son mejores las prebendas del sistema eclesiástico que el seguimiento de Jesús de Nazaret?
En esa misma lógica del Evangelio, hace dos años, cerca de 400 sacerdotes de Austria se atrevieron a escribir un manifiesto para afirmar que desobedecerían el sistema eclesiástico en varias cuestiones. Y lo han hecho.
¿Seremos testigos de continuos actos de “rebelión” y desobediencia, en la Iglesia? ¿La institución obligará a miles o millones de creyentes a tan extrema praxis? Aquella afirmación teológica según la cual, la rebelión política es necesaria, justa y legítima, cuando se imponen métodos que violentan a las personas en sus conciencias y en sus vidas, ¿se debe aplicar al interior de la Iglesia?
No me refiero, obvio, a la rebelión con métodos violentos, de ningún tipo, sino a la rebelión de las conciencias, en tiempos eclesiásticos en que hay miedo de escribir, hablar y accionar con la libertad de los hijos de Dios.
La acción de los 400 sacerdotes de Austria es una “rebelión” de la conciencia creyente. No sólo han desobedecido, están desobedeciendo y seguirán desobedeciendo, sino que llaman e invitan a desobedecer. Lo mismo el llamado de Hans Küng a los obispos del mundo católico. La ordenación sacerdotal de mujeres católicas es otro acto de desobediencia. Estos son casos ampliamente publicitados, pero se conocen muchos casos, muchísimos casos de desobediencia silenciosa. Tanto en el pasado como en el presente.
Colombiano. Lic. en Teología y en Sociología. Dirigió las revistas Solidaridad, Aportes Cristianos para la Liberación y Utopías, Presencia Cristiana por la Vida. Co-fundador de la red de ONGs de Derechos Humanos

El congreso de teólogos afea con severidad el silencio cómplice de la Conferencia Episcopal y aclama a Pagola frente a la Inquisición

JUAN G. BEDOYA
Consulta la portada en pdf de la edición nacional del 10 de septiembre »
“No podéis servir a Dios y al dinero”
“Si son para Jesús…”. Con este ánimo recibió José Antonio Pagola los aplausos constantes del congreso de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, reunido desde el jueves en la sede de Comisiones Obreras en Madrid. El último, al final, se prolongó varios minutos, mientras el conferenciante era requerido como una estrella de cine.
Pagola fue vicario general de la diócesis de San Sebastián durante 22 años (entre 1979 a 2001), pero destaca ahora porque su penúltimo libro, ‘Jesús. Una aproximación histórica’ (editorial PPC. 2007) está siendo investigado por la Inquisición romana a petición de la Conferencia Episcopal Española. Pese a ser ya clandestino (el editor en España lo ha retirado del mercado por orden episcopal sin agotarse la novena edición), lleva vendidos 140.000 ejemplares, sobre todo en Brasil, Italia, Estado Unidos, Gran Bretaña y toda Hispanoamérica. Pronto se editará en Francia, Rusia, Japón y Croacia. ‘No podéis servir a Dios y al dinero. Una lectura profética de la crisis’, tituló Pagola su conferencia de ayer.
Con capacidad para 900 personas sentadas, el paraninfo de CCOO rebosó esta vez con oyentes por los pasillos y algunos en el exterior. La matrícula costaba 25 euros y la colecta tras la misa aportó otros 12.640, a repartir entre varias ONG. Ha sido un congreso de multitudes, pese a la crisis Pero el efecto Pagola supera las previsiones por la tradicional atracción del hereje. El teólogo vasco no ha sido condenado y publicó el libro con el preceptivo ‘Nihil obstat et imprimatur’ (Nada impide que se imprima) del prelado de su diócesis, entonces Juan María Uriarte, pero varios obispos llevan años execrándolo sin piedad. Pagola respondió ayer con palabras que del fundador cristiano que hace algo dos mil años recorrió Galilea rodeado de pobres pescadores, de marginados sociales y de mujeres de toda condición, incluso de mala reputación.
“Ahora, la jerarquía católica no lidera, nunca lo ha hecho, los movimientos de conversión al Evangelio”, reprocha Pagola. Añadió: “El Gobierno está cambiando el país con medidas que arrojan a cientos de miles de personas a la exclusión, y la Iglesia no ve ninguna revolución. Desde Jesús no podemos quedarnos ni mudos ni conformes. Desde la Iglesia hemos de denunciar esa falta de compasión. Los que sufren no esperan doctrinas sociales ni justificaciones económicas, tan mentirosas e inmorales. Piden que les defendamos. La jerarquía ha de hablar en nombre de los que sufren, pero para ello los tiene que llevar en el corazón. Ahora se nota dónde están nuestros corazones. El Gobierno es despótico, antisocial y anticristiano, y la jerarquía de la Iglesia no dice nada, o habla sin audacia evangélica. La voz de los sin voz no se está oyendo. Adoramos al Crucificado, pero olvidamos a los crucificados de hoy. Jesús se atrevió a insultar a los ricos de su tiempo. Los llamó necios y ridículos, y denunció su iniquidad e injusticia”.
El congreso aprobó más tarde un manifiesto expresando “malestar e indignación” ante el silencio episcopal. “Valoramos positivamente los gestos de solidaridad de algunos miembros del clero y de la jerarquía eclesiástica, pero expresamos nuestro malestar e indignación ante el silencio de la Conferencia Episcopal, tan locuaz en otras ocasiones y ante otras cuestiones. La sociedad percibe dicho silencio como escándalo y complicidad con quienes han provocado la crisis. Nosotros lo consideramos insensibilidad ante la injusticia, alejamiento del mensaje liberador del Evangelio y falta de compasión con las víctimas. Tal actitud se debe a la cómoda instalación de la Iglesia institucional en sus privilegios”.
Los teólogos también entonan un mea culpa. “Nosotros mismos, los participantes en este Congreso, no estamos exentos de contradicciones e incoherencias entre nuestro modo de pensar alternativo y nuestra forma de vivir acomodaticia, nuestra actitud crítica y nuestra práctica conformista; la crítica del consumo y nuestro consumismo; la opción por los pobres y nuestra falta de testimonio de pobreza”.

Mensaje final del XXXII Congreso de Teología de Madrid

Irene López Alonso

“Nos indigna el silencio ante la crisis de la CEE, tan locuaz otras veces”
Misa de la Tierra Sin Males y homenaje al cardenal Martini
Recuperar la herencia de Jesús, que se caracteriza por la opción por los excluidos y marginados, la compasión como principio de actuación y la afirmación de la autoridad de los que sufren
“Dios tiene un sueño guaraní”, dijo Pedro Casaldáliga en 1979, cuando escribió la Misa de la Tierra-Sin-Males, una eucaristía en la que los conquistadores de América recuerdan la sangre derramada de la población originaria del continente.
90 millones de muertes, un dolor que debemos hacer “dolor nuestro, y arrepentimiento nuestro”. Un dolor de tambores de guerra y cantos infantiles, que lloran el olvido de los millones de mártires que se han hecho, desde aquel mal llamado descubrimiento, en nombre de la civilización occidental cristiana.
En 2011 se inauguró en España la Misa de la Tierra-Sin-Males convertida en cantata. Una desgarradora obra musical que recuerda a la música de Morricone en La Misión, y que, acompañada de toda la iconografía de la Teología de la Liberación, del dialecto aymoré y otras lenguas indígenas, revive a toda la “América amerindia, vestida de mil selvas”.
Esta mañana, el XXXII Congreso de Teología sobre Cristianismo, Mercado y Movimientos Sociales ha sido clausurado con un mensaje de Casaldáliga y con la melodía de la Tierra-Sin-Males: “Clamor indígena contra los mercados prepotentes; camino, y garantía de llegada”.
Además, y saliéndose del programa, la Asociación Juan XXIII ha querido dedicar un pequeño homenaje al recientemente fallecido cardenal Martini, recordando sus sueños, sus “Coloquios nocturnos en Jerusalén”, y sus últimas declaraciones en entrevista, en las que se quejaba del crecimiento del “equipo burocrático de la Iglesia” y de sus “rituales y vestimentas pomposas”.
Por último, el mensaje del XXXII Congreso de Teología, dice así:
MENSAJE COMPLETO DEL XXXII CONGRESO DE TEOLOGÍA
Del 6 al 9 de septiembre de 2012 nos hemos reunidos en Madrid cristianos y cristianas de las diferentes tradiciones eclesiales y de todos los continentes para reflexionar sobre Cristianismo, mercado y movimientos sociales, intercambiar experiencias y buscar alternativas. Queremos compartir el siguiente mensaje
1 El mercado-centrismo es la institución suprema del neoliberalismo que convierte a los seres humanos en mercancía y en piezas subalternas del sistema, identifica la justicia con el cumplimiento de la legalidad, dictada por el mercado, y reduce los derechos humanos al derecho de propiedad. El mercado genera situaciones de muerte para millones de seres humanos y para la naturaleza.
2. Vemos con especial preocupación y nos provocan indignación las consecuencias de la crisis, provocada por los poderes financieros, que castiga injustamente a los sectores más vulnerables de la sociedad en todo el mundo, y de manera especial en algunos países de Europa como Grecia, Portugal y España, donde se está produciendo un espectacular incremento de la pobreza en una sociedad con recursos suficientes para satisfacer las necesidades de la población.
3. En medio de esta situación valoramos positivamente los gestos de solidaridad de algunos miembros del clero y de la jerarquía eclesiástica, pero expresamos nuestro malestar e indignación ante el silencio de la Conferencia Episcopal Española, tan locuaz en otras ocasiones y ante otras cuestiones. La sociedad percibe dicho silencio como escándalo y complicidad con quienes han provocado la crisis. Nosotros lo consideramos insensibilidad ante la injusticia, alejamiento del mensaje liberador del Evangelio y falta de compasión con las víctimas. Creemos que tal actitud se debe a la cómoda instalación de la Iglesia institucional en una situación de privilegio. Lo que contrasta con los recortes en todos los terrenos.
4. Nosotros mismos, los participantes en este Congreso, no estamos exentos de contradicciones e incoherencias entre nuestro modo de pensar alternativo y nuestra forma de vivir acomodaticia, nuestra actitud crítica y nuestra práctica conformista; la crítica al consumo y nuestro consumismo; la opción por los pobres y nuestra falta de testimonio de pobreza.
5. La respuesta a la crisis requiere un nuevo paradigma que se traduzca en transformaciones estructurales, revolución de la subjetividad y de las conciencias, de los hábitos de vida y de las relaciones personales, bajo la guía y la prioridad de los valores éticos, presentes en todas las tradiciones religiosas, morales y espirituales, si bien con frecuencia incumplidos. Entre ellos cabe destacar: la dignidad humana frente al trato inhumano que reciben millones de seres humanos; el respeto a la vida, contra la violencia en sus diversas formas; la justicia global; la verdad, la honradez y la igualdad de género.
6. Reconocemos la importancia de los movimientos sociales, que constituyen mediaciones necesarias para transformar la realidad; son alternativa al pensamiento único y a la globalización neoliberal; recuperan valores que parecían en vías de extinción y se rebelan contra una realidad caracterizada por la explotación, la dominación y la tendencia a reducir la razón a mero cálculo.
Especial significación ha reconocido el Congreso al feminismo como teoría de la emancipación y de la igualdad no clónica entre hombres y mujeres; práctica de la sororidad internacional y defensa de las reivindicaciones de las mujeres, que, con frecuencia, se ven relegadas en nombre de “intereses generales superiores”, incluso en los propios movimientos sociales.
8. No podemos instalarnos en el pesimismo y el fatalismo históricos. Existen alternativas. Por eso apoyamos y hacemos nuestras las iniciativas siguientes para salir de la crisis: creación de una asamblea constituyente, desobediencia civil, banca ética, tasa Tobin, reparto del trabajo, universalización de los servicios sociales, reconocimiento de la ciudadanía a todos los residentes en nuestro territorio, pactos de ayuda mutua sin subordinación, soberanía alimentaria, cambio en los modelos de producción, etc.
9. Como cristianas y cristianos nos comprometemos a:
. Recuperar la herencia de Jesús, que se caracteriza por la opción por los excluidos y marginados, la compasión como principio de actuación y la afirmación de la autoridad de los que sufren.
. Seguir el espíritu y la práctica de Jesús, que consiste en humanizar el mundo comenzando por los últimos, luchar contra el olvido de las víctimas y ponernos de su lado.
. Afirmar la incompatibilidad entre Dios y el Dinero y luchar contra el Imperio del Dinero.
. Practicar la resistencia al sistema desde la no violencia activa
. Participar activamente en los movimientos sociales, los antiguos y los nuevos, y de manera especial en los diferentes Foros Sociales, que trabajan por “Otro Mundo Posible”, y en el movimiento de los Indignados, en cuyo horizonte se sitúa Jesús de Nazaret, Indignado con las autoridades religiosas, el patriarcado y los poderes políticos y económicos de su tiempo.
Madrid, 9 de septiembre de 2012

sábado, 8 de septiembre de 2012

Comienza un nuevo curso y la Conferencia episcopal sigue muda


Religión Digital
José Manuel Vidal


Comienza un nuevo curso. Triste y negro para todos, pero especialmente para los desheredados y los inmigrantes que hasta se quedan sin atención sanitaria. Proliferan los recortes de los derechos sociales y el país se sume en el desencanto, en el desaliento y en la desesperanza rayana en al desesperación. Y así llevamos ya 5 años. Y la Conferencia episcopal sigue muda. Como si no le doliese el llanto del pueblo. Como si no lo escuchase. Como si no fuese con ella.

Muda ante los gritos del pueblo, una institución siempre presta y dispuesta a publicar notas, mensajes y documentos sobre cualquier cosa. Siempre dispuesta a desenfundar, cuando se trata de defender la moral saexual. Renuente y ‘rouca’ a la hora de defender, con el mismo vigor y rapidez, la moral social.

Pero no tendrá más remedio que hacerlo. No tendrá más remedio que publicar una nota sobre la crisis a lo largo de este año que se espera crucial. Y tremendamente duro. Lo hará, obligada por los acontecimientos y por la presión del pueblo de Dios. Pero, cuando lo haga, ya será tarde, demasiado tarde. “A buenas horas…”, dirá la opinión pública y la opinión publicada. “¿Dónde estaban ustedes hasta ahora?”, le preguntarán a la CEE.

Y la CEE tendrá que callar. O no. Porque seguramente Martínez Camino, su secretario general, se sacará de la manga uno de sus argumentos “apodícticos”, una de sus rebuscadas justificaciones, para justificar lo injustificable y, de esa forma, provocar un descrédito mayor de la institución.

Si la CEE no ha tenido nada que decir hasta ahora sobre la crisis, mejor que la supriman, dicen algunos. O no, porque eso es lo que están buscando los máximos estrategas de Añastro: desactivar uno de los pocos organismos de corresponsabilidad puestos en marcha por el Concilio. Para que no acaben con ella, lo que deberían hacer los obispos (si quieren conservarla libre y potente) es cambiar a su cúpula dirigente.

Mientras tanto, la actitud de silencio de la CEE contamina y deprecia la ingente labor que las iglesias diocesanas, las parroquias, las órdenes religiosas y tantos católicos de a pié vienen haciendo. Como auténticos samaritanos.

Es verdad que, a estas alturas, ya son muchos lo prelados españoles que han dicho una palabra sobre la crisis. De denuncia y de anuncio. Desde el cardenal Sistach, a monseñor Iceta, pasando por los obispos vascos, los catalanes, monseñor Barrio, monseñor Osoro…Y tantos otros.

Es verdad (gracias a Dios) que han hablado alto y claro y contundente y profético sobre la crisis muchas entidades y organizaciones de Iglesia. Desde Cáritas a la Hoac, la Joc o los secretariados de pastoral social de algunas diócesis…O la propia CONFER.

Pero, por eso mismo, la CEE queda en evidencia todavía más. Es la única instancia que queda por hacerlo. Y, mientras ella no lo haga (como ya hemos dicho desde aquí en varias ocasiones), la opinión pública pensará que la Iglesia católica española sigue muda. Por la sencilla razón de que la voz de cada obispo suele resonar en su diocesis o, como mucho, en los periódicos de su autonomía. Sólo la voz de la CEE alcanza difusión nacional. Cuando habla la CEE habla la Iglesia católica española.

Sólo cuando hable la CEE, se pondrá fin a la idea, cada vez más asentada, de una Iglesia muda ante la crisis, de una Iglesia connivente con la derecha, de una Iglesia siempre dispuesta a atacar a ZP y quieta-parada contra Rajoy. De una Iglesia incapaz de caminar al lado de su pueblo y de ser mensajera de esperanza en el momento en que la gente más lo necesita.

Y da rabia que la callada labor samaritana del pueblo de Dios quede en la sombra y oscurecida, porque alguien ha decidido que la CEE, el organismo colegiado del episcopado, guarde silencio. Y ese alguien es su presidente, el cardenal Antonio María Rouco Varela. Y sus compañeros de comité ejecutivo, de comisión permanente y de plenaria deberían pedirle cuentas. Y explicaciones convincentes. Quizás tenga razones de peso para justificar este silencio que tanto daño está haciendo a la institución. ¿Se atreverán? Creo que sí. Está mucho en juego para el honor y la buena imagen de la Iglesia.

José Manuel Vidal



viernes, 7 de septiembre de 2012

EL JUICIO FINAL


Teología sin censura

José M. Castillo,teólogo

Estamos viviendo y soportando dos hechos que están a la vista de todo el mundo: la crisis económica y la corrupción ética. Por otra parte, ya nadie duda que estos dos hechos están profundamente relacionados el uno con el otro. La crisis económica, que estamos sufriendo, ha sido causada por la codicia desmedida y la desvergüenza de los grandes gestores de la economía y de la política, con la colaboración activa o la permisividad de quienes hemos vivido y disfrutado de un nivel de vida que nos ha sido posible sobre la base de hundir a millones de seres humanos en la miseria y la muerte.

Esta situación caótica da mucho que pensar. Entre otras cosas, yo no puedo dejar de darle vueltas en mi cabeza al hecho patente de que una notable cantidad de los responsables (de una manera o de otra) de la crisis decimos que somos creyentes, cristianos, personas, por tanto, que profesamos nuestra fe (la que sea) en Jesús y su Evangelio. Y esto es lo que más me da que pensar. ¿Por qué?

Porque el Evangelio afirma, con toda claridad, que nadie se va a escapar del juicio definitivo y último de Dios (Mt 25, 31-46). Por supuesto, cada cual es libre para creer o no creer en este asunto. Yo no pretendo aquí convencer a nadie. Ni atemorizar. Y menos aún amenazar. ¿Quién soy yo para eso? No quiero ser, ni parecer, un predicador a la antigua usanza.

Todo lo contrario. Lo que quiero dejar bien claro es que el juicio final, tal como lo presenta Jesús, es lo más liberador y lo más desconcertante que seguramente imaginamos. Porque la sentencia definitiva y última, que Dios va a dictar, sobre las naciones y sobre las personas, no va a estar motivada por la fe que cada cual tuvo o no tuvo, ni por las prácticas religiosas que observó o dejó de observar, ni siquiera se va a tener en cuenta la relación con Dios que cada cual aceptó o rechazó. Por lo visto, según el Evangelio, nada de eso le interesa (en última instancia) al Dios de Jesús.
¿Qué es, entonces, lo único que va a quedar en pie? Muy sencillo: la relación que cada cual tuvo o dejó de tener con los demás. A esto se refiere aquello de “tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era extranjero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt 25, 35-36). Y Jesús explica por qué semejante juicio sobre semejante conducta: “lo que hicisteis a cualquiera de estos… a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40). Dios no es como nosotros nos lo imaginamos. Ni como lo explican muchos curas. Dios no está en el cielo. Dios está aquí, en los enfermos, los sin papeles, los parados, los que se quedan sin vivienda, los que no llegan a fin de mes, los que se ven privados de sus derechos, los presos, los desesperados….

Y que nadie me venga diciendo que es hijo fiel de la Iglesia o cosas así. Todo eso, a la hora de la verdad, servirá en la medida – y sólo en la medida – en que nos haya hecho más humanos y más sensibles al dolor de los que sufren. Ésta es mi religión. Y ésta es mi política. Por eso yo me pregunto si ya no tenemos ni religión ni política. Y lo único que ha quedado en pie es la desvergüenza.


•El catedrático y presidente de Justicia y Paz abre el Congreso de la Juan XXIII. Arcadi Oliveres: “La Iglesia jerárquica es responsable, por acción y omisión, de esta crisis”


 

JESÚS BASTANTE
Religión Digital


“Los defraudadores y Rajoy son los mismos

“La jerarquía está más preocupada por el aborto o los matrimonios gay que por responder a la crisis”. Arcadi Oliveres, catedrático de economía y presidente de Justicia y Paz, fue el encargado de abrir el 32 Congreso de la Asociación de Teólogos y Teólogas “Juan XXIII” con una conferencia sobre “la dictadura de los mercados y su alternativa”. Antes, repasa con RD causas, responsables y posibles soluciones de esta crisis.

¿Hasta qué punto los mercados son responsables de los que está pasando?
Del todo. Lo que sucede es que la economía que debía estar al servicio de los ciudadanos, parece que se ha puesto en manos de los mercados financieros. La economía se ha hecho especulativa, y esto ha hecho que muchas construcciones no se hayan podido vender, y las instituciones públicas han ido al rescate aportando dinero público. Al final, el ciudadano es el que paga.
¿Existen soluciones?
Siempre las hay. A nivel teórico, frente a la explotación se habla de la tasa Tobin (contra los especuladores). También, denunciar las amnistías fiscales del Estado, que propicia el fraude fiscal. En julio, hubo manifestaciones contra los recortes sociales. Dicen que van a recortar 65.000 millones de la sanidad, y sin embargo el fraude fiscal en España es de 91.000 millones al año, y llevamos sin recaudar tres años. Los defraudadores y Rajoy son los mismos.
Además hay otras medidas frente al desempleo, como el recorte de la jornada, algo que ya están haciendo Merkel y Hollande en Alemania y Francia. Pero no hay voluntad política.
En el congreso, se hablará de los movimientos sociales. En España, esto se traduce en las acciones del 15-M. ¿Ha servido para algo esta movilización o quedará en un sueño?
A la larga, saldrán algunas propuestas concretas. Tras esas propuesta, siempre surgen ideas de acción (desahucios, proyecto de cambio de ley electoral…) De este movimiento de indignados está surgiendo una nueva pedagogía política, que si funciona cambiará la mentalidad de los electores. La acción va a cuajar.
Que la gente no vote por ignorancia, como ha sucedido en las pasadas elecciones. Los que estuvimos 40 años sin poder votar apreciamos lo que significa este derecho. En Francia, además, no es lo mismo que gobierno Hollande que Sarkozy. Para algo debe servir ese cambio de gobierno.
¿Cuál es el papel de la Iglesia? ¿Está entre los responsables o entre las víctimas de la crisis?
Hay que diferenciar la militancia cristiana. Por un lado, los militantes de base, curas de parroquias, que hacen una gran labor, junto a la de organizaciones como Cáritas. Eso sí, dejando claro que la primera obligación es del Estado.
Otra cosa es la labor de la Iglesia jerárquica, que tiene muy poco que ver con el mensaje evangélico del Sermón de la Montaña. La jerarquía está más preocupada por el aborto o los matrimonios gay que por responder a la crisis. Van de la bragueta a la cartera, se alejan del corazón.
¿La jeraraquía es, entonces, responsable?
La Iglesia jerárquica es responsable, por acción y omisión, de esta crisis. Si no, recuerden temas como el de Cajasur. La protección eclesial ante determinadas actuaciones es corrosiva. La Iglesia debería criticar más, y eso sin entrar en las finanzas vaticanas. Habría que saber dónde pone la Iglesia sus dineros. Y en ocasiones lo hace en instituciones escandalosas desde el punto de vista financiero. Si a eso le sumas el IBI y otros privilegios, pues podemos argumentar esa responsabilidad.
¿Qué podemos hacer los cristianos?
En primer lugar, intentar saber lo que sucede. Buscar fuentes de información, crear grupos de católicos que den forma a un pensamiento.
En segundo término, adquirir responsabilidades públicas y privadas, en el orden de generar la igualdad, y militar entre los indignados.
Finalmente, y ya como acciones de carácter privado, reflexionar si en el trabajo actuamos dignamente; cómo es nuestro consumo; qué condiciones están vinculadas a donde ponemos nuestro dinero. En este sentido, es importante el impulso a la banca ética.
Fomentar la Justicia y la Paz, con acciones civiles, como por ejemplo la objeción fiscal al gasto militar.


JOSE ANTONIO PAGOLA DOMINGO 9 SEPTIEMBRE 2012

CONTRA LA SORDERA


La escena es conocida. Le presentan a Jesús un sordo que, a consecuencia de su sordera, apenas puede hablar. Su vida es una desgracia. Sólo se oye a sí mismo. No puede escuchar a sus familiares y vecinos. No puede conversar con sus amigos. Tampoco puede escuchar las parábolas de Jesús ni entender su mensaje. Vive encerrado en su propia soledad.
Jesús lo toma consigo y se concentra en esa enfermedad que le impide vivir de manera sana. Introduce los dedos en sus oídos y trata de vencer esa resistencia que no le deja escuchar a nadie. Con su saliva humedece aquella lengua paralizada para dar fluidez a su palabra. No es fácil. El sordomudo no colabora y Jesús hace un último esfuerzo. Respira profundamente, lanza un fuerte suspiro mirando al cielo en busca de la fuerza de Dios y, luego, grita al enfermo: «¡Ábrete!».
Aquel hombre sale de su aislamiento y, por vez primera, descubre lo que es vivir escuchando a los demás y conversando abiertamente con todos. La gente queda admirada. Jesús lo hace todo bien, como el Creador: «hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
No es casual que los evangelios narren tantas curaciones de ciegos y sordos. Estos relatos son una invitación a dejarse trabajar por Jesús para abrir bien los ojos y los oídos a su persona y su palabra. Unos discípulos «sordos» a su mensaje, serán como «tartamudos» al anunciar el evangelio.
Vivir dentro de la Iglesia con mentalidad «abierta» o «cerrada» puede ser una cuestión de actitud mental o de posición práctica, fruto casi siempre de la propia estructura sicológica o de la formación recibida. Pero cuando se trata de «abrirse» o «cerrarse» al evangelio, el asunto es de vida o muerte.
Si vivimos sordos al mensaje de Jesús, si no entendemos su proyecto, ni captamos su amor a los que sufren, nos encerraremos en nuestros problemas y no escucharemos los de la gente. Pero, entonces, no sabremos anunciar ninguna noticia buena. Deformaremos el mensaje de Jesús. A muchos se les hará difícil entender nuestro «evangelio». Es urgente que todos escuchemos a Jesús: «Ábrete».

COMUNICARSE

Hay muchas clases de soledad. Algunos viven forzosamente solos. Otros buscan la soledad porque desean «independencia», no quieren estar «atados» por nada ni por nadie. Otros se sienten marginados, no tienen a quien confiar su vida, nadie espera nada de ellos. Algunos viven en compañía de muchas personas, pero se sienten solos e incomprendidos. Otros viven metidos en mil actividades, sin tiempo para experimentar la soledad en que se encuentran.
Pero la soledad más profunda se da cuando falta la comunicación. Cuando la persona no acierta ya a comunicarse, cuando a una familia no une casi nada, cuando las personas solo se hablan superficialmente, cuando el individuo se aísla y rehúye todo encuentro verdadero con los demás.
La falta de comunicación puede deberse a muchas causas. Pero hay, sobre todo, una actitud que impide de raíz toda comunicación porque hunde a la persona en el aislamiento. Es el temor a confiar en los demás, el retraimiento, la huida, el irse distanciando poco a poco de los demás para encerrarse dentro de uno mismo.
Este retraimiento impide crecer. La persona «se aparta» de la vida. Vive como «encogida». No toma parte en la vida porque se niega a la comunicación. Su ser queda como congelado, sin expansionarse, sin desarrollar sus verdaderas posibilidades.
La persona retraída no puede profundizar en la vida, no puede tampoco saborearla. No conoce el gozo del encuentro, de la comunicación, del disfrute compartido. Intenta «hacer su vida», una vida que ni es suya ni es vida.
Cuanto más fomenta la soledad, la persona «se aísla» a niveles cada vez más profundos y se va incapacitando interiormente para todo encuentro. Llega un momento en que no acierta a comunicarse consigo misma ni con Dios. No tiene acceso a su mundo interior, no busca su verdadera identidad personal ni sabe abrirse confiadamente al amor de Dios. Su vida se puebla de fantasmas y problemas irreales.
La fe es siempre llamada a la comunicación y la apertura. El retraimiento y la incomunicación impiden su crecimiento. Es significativa la insistencia de los evangelios en destacar la actividad sanadora de Jesús que hacía «oír a los sordos y hablar a los mudos», abriendo a las personas a la comunicación, la confianza en Dios y el amor fraterno.
El primer paso que necesitan dar algunas personas para reanimar su vida y despertar su fe es abrirse con más confianza a Dios y a los demás. Escuchar interiormente las palabras de Jesús al sordomudo: «Effeta», es decir, «Ábrete».

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Crisis del sacerdote

Jorge Costadoat, S.J.
 
La actual crisis de la Iglesia afecta al sacerdote. Que la Iglesia esté en crisis, lo ha dicho Benedicto XVI. Que esta crisis afecte al sacerdote, sería lo más normal. El sacerdote está en crisis, podría llegar a estarlo y puede incluso ser conveniente que lo esté. Hay casos y casos. La crisis tiene que ver con la ruptura entre fe y cultura detectada por Pablo VI, con la crisis institucional institucional que afecta a las instituciones de esta época y con la desconfianza que despierta el sacerdote (por los escándalos de abuso espirituales, psicológicos y sexuales).

Todo esto, sin embargo, es ocasión de un crecimiento espiritual significativo para los mismos sacerdotes. Tengo las siguientes razones para pensarlo:
1) La investidura sobrenatural del sacerdote ha podido cubrirlo de un orgullo sacro que no corresponde a la humildad evangélica. En la medida que ya no cuente con este tipo de orgullo, podrá trasparentar mejor el Evangelio.
2) La investidura sobrenatural del sacerdote encandila a muchas personas, privándolas de la autonomía que caracteriza especialmente a los adultos. En tanto el sacerdote no enceguezca a nadie con su prestancia podrá cumplir mejor su misión de hacer crecer a las personas en conciencia y libertad.
3) El nuevo planteamiento crítico/adulto de los católicos ante la Iglesia recordará al sacerdote que su sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común de los fieles.
4) La exposición a la mirada cauta de las personas sobre él le obligará a reconocer límites entre ambos. Esto facilitará establecer entre ellos relaciones formales que encaucen debidamente la expresión ideas y la manifestación de afectos. El amor entre el sacerdote y las personas podrá ser más intenso y honesto, libre de confusiones y dependencias malsanas.
5) Las sospechas y aprensiones que despiertan en la gente su condición sacerdotal le harán participar de la suerte de tantas personas a las que se las desprecia siendo inocentes. El tiene culpas personales, por cierto; pero la manera como se da hoy el sacerdocio y los graves abusos cometidos por otros sacerdotes no son responsabilidad suya. Por tanto, él debe tomar el maltrato como una injusticia, con lo cual se verá forzado a conectarse con la injusticia del mundo. Sin este contacto nadie está capacitado para ser sacerdote.
6) El sacerdote, al verse obligado a poner entre paréntesis su “rol oficial”, podrá asomarse a su propia humanidad y conectarse con la vida del común de las personas, siempre vulnerable y frágil, siempre necesitada de cura y de perdón. Así podrá aprender mejor de la vida y podrá predicar también más desde la vida que desde sus conocimientos estudiantiles.
7) La crisis obligará al sacerdote a recordar, reconocer o descubrir que su vocación al sacerdocio es cosa de Dios antes que suya propia. Tendrá que entender por fin que su vocación sacerdotal no es natural ni merecida.
8) El sacerdote, no pudiendo aferrarse a su sacralidad o a su prestigio social estará más obligado a depender de Dios. A Dios, por otra parte, le será más fácil hacerle comprender qué es realmente la vida, especialmente la de quienes son humillados en su dignidad y difamados; y podrá, en definitiva, ejercer con pertinencia su labor de conductor, de liturgo y de educador.
9) El sacerdote tendrá que ser culto. Habrá de estar al día en teología y atender de cerca los signos de los tiempos, lo cual se consigue estudiando y leyendo. El sacerdote ignorante desorienta. Puede ser incluso un peligro. Los laicos son hoy más cultos y más críticos que antes. No aceptarán de él cualquier respuesta o prédica. Ellos le preguntarán por lo que significa hoy el Evangelio para sus vidas. El, por su parte, tendrá que explicar cómo ha de entenderse la doctrina de la Iglesia de modo que traduzca el Evangelio en Buena noticia, en vez de ser ella una enseñanza rara o un factor de culpa.
10) En la medida que el sacerdote crezca en conciencia de que es Dios quien sostiene su vocación sacerdotal, tendrá que darse cuenta de que no es omnipotente y, por tanto, que no debe tratar de serlo ni de parecerlo. Liberado de ambos males, con su debilidad y su ignorancia estará en mejores condiciones de ser sacramento de la pasión de Cristo; como verdadero ser humano compartirá la impotencia de los crucificados de la vida, los entenderá con toda el alma y los representará valientemente delante del Creador.
11) En la medida que el sacerdote pueda comprobar exactamente en qué estriba su vocación y en qué no; si vuelve a responder al llamado primero del Señor y termina con la rutina en que ha se ha convertido su vida; si pierde las falsas seguridades en que se había asentado su vida, triunfará sobre el miedo y ganará libertad para jugarse por entero por los pobres (cualquiera sea la pobreza que les afecte). Adquirirá libertad como para cumplir una función profética incluso ante las autoridades de su Iglesia.
12) Todo lo anterior debiera convertir al sacerdote un ser humano auténtico, lo cual no significa otra cosa que vivir el bautismo a un grado radical. La gente no está para fingimientos de santidad. Esto significa que ha de ser un hombre como lo fue Jesús, digno como cualquier hijo de Dios y hermano de cualquier persona que nace en este mundo. El sacerdote que actualice su bautismo en la muerte y resurrección de Cristo, no tendrá que pedir reconocimientos de autoridad ante nadie. Al ver su autenticidad, los demás reconocerán espontáneamente su autoridad.
13) Un sacerdote auténtico podrá amar a rienda suelta. Su autoridad, en definitiva, no le vendrá más que de amar. Podrá establecer relaciones de amistad con mujeres sin “cartas tapadas”. Ellas le harán más humano, más hombre. Podrá, en general, establecer relaciones cariñosas simétricas y asimétricas según las distintas edades, las que le llenaran el corazón de ese amor del que nadie puede prescindir sin renunciar a Dios mismo.
Jorge Costadoat, S.J.

El Gobierno amenaza con ilegalizar FACUA como asociación de consumidores

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Francisco Sánchez Legrán, presidente de FACUA

Estimado/a socio/a:
Hemos considerado necesario dirigirnos a todos los asociados/as de FACUA, con el fin de informaros de manera personal, sobre la amenaza que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, nos ha hecho llegar a través de un Oficio de la Presidenta del Instituto Nacional del Consumo (lee aquí el texto del Oficio: http://facua.org/amenazadelGobiernoaFACUA.pdf ), en el que nos comunica que si no cesamos de intervenir en la defensa de los consumidores y usuarios en materias relacionadas con la sanidad o educación públicas, y no retiramos de nuestra Web toda alusión a nuestras críticas contra los recortes del Gobierno y especialmente los relacionados con las materias indicadas, así como las informaciones relacionadas con la Huelga de Consumo convocada meses atrás y de nuestra posición en defensa de las prestaciones sanitarias a todos los inmigrantes, procederán a excluirnos del Registro Estatal de Asociaciones de Consumidores y nos ilegalizarán como Asociación de Consumidores.
Entendemos que se podrá compartir o no, las posiciones de FACUA en relación a los recortes que el Gobierno de España está imponiendo con el argumento de hacer frente a la crisis económica que sufre nuestro país, pero lo que no debe ser cuestionable por ningún demócrata es el derecho de cualquier asociación de consumidores a expresar libremente sus opiniones y críticas, sobre cualquier materia que afecte a los ciudadanos, o a defender los derechos y los intereses de los consumidores y usuarios en relación a los servicios de la sanidad o educación pública.
FACUA ha procedido ya a enviar su escrito de alegaciones al Instituto Nacional del Consumo, con suficientes argumentaciones jurídicas que demuestran nuestro derecho legal a hacer lo que estamos haciendo en las materias indicadas, y además estamos realizando otras actuaciones legales y gestiones ante los Grupos Parlamentarios en el ámbito español y europeo para tratar de que el Gobierno retire la mencionada amenaza.
No obstante, es posible que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, mantenga su equivocada e injusta actitud y proceda a no aceptar nuestras alegaciones y cumpla su amenaza de expulsarnos del Registro y nos ilegalice como asociación de consumidores, lo cual nos llevará a recurrir ante los tribunales por la vía contencioso administrativa hasta llegar hasta donde sea necesario en defensa de nuestro derecho a la libre expresión y asociación.
Queremos que todos nuestros asociados/as sepan que a pesar de este proceso inquisitorial que se ha puesto en marcha contra nosotros, FACUA seguirá funcionando como asociación y seguirá desarrollando las mismas actividades en la defensa de sus asociados y de los consumidores en general, y seguirá tramitando las consultas y reclamaciones como hasta ahora a través de nuestro Departamento de Reclamaciones, de la misma forma que seguiremos editando nuestra revista periódica Consumerismo y nuestros boletines digitales, a la vez que seguiremos realizando el resto de nuestras actividades. Los asociados de pleno derecho y los adheridos seguirán recibiendo los mismos servicios que hasta ahora.
Por ello y junto con la solidaridad que esperamos de todos nuestros asociados frente a este recorte en la libertad de expresión que se intenta imponer a FACUA, queremos trasladaros tranquilidad en relación al funcionamiento actual y futuro de la organización, pues aunque tendremos que hacer reducciones en nuestros gastos, las cuotas de nuestros socios y socias nos permiten garantizar dicho funcionamiento, aunque el Gobierno se niegue a concedernos las subvenciones a las que constitucionalmente tenemos derecho para desarrollar programas o campañas que mejoren los derechos de los consumidores. FACUA no se arrodillará por un puñado de euros en subvenciones a cambio del silencio frente a los abusos.
Para afrontar esta nueva situación se hace necesario vuestro valioso apoyo, especialmente en el fomento de la afiliación y es por ello por lo que pedimos a los socios de pleno derecho que asuman el compromiso de lograr al menos un nuevo socio de pleno derecho de FACUA entre sus familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo, a la vez que pedimos a los socios adheridos que se hagan socios de pleno derecho y aporten la cuota anual. Con vuestra ayuda podremos resistir mejor y mantener nuestro funcionamiento pleno.
Sin más por el momento y esperando vuestra colaboración y apoyo, recibid un cordial saludo.

Caso Gordillo: ¿Robo o hipocresía?

José María Castillo, teólogo

Lo del alcalde de Marinaleda, que con otros trabajadores del Sindicado de Obreros del Campo (SOC) robó en un supermercado con el argumento de que se apropiaba de lo que estaban necesitando personas que pasan hambre, es un asunto que sigue coleando. El domingo pasado, sin ir más lejos, un sacerdote (jesuita, para más señas), Esteban Velázquez, que trabaja en la diócesis de Sevilla, fue interrumpido en su homilía por un feligrés que mostró públicamente su desacuerdo con lo que el cura estaba diciendo sobre el caso Gordillo y el supermercado.
Este incidente eclesiástico, que por cierto terminó pacíficamente y en un distendido diálogo al acabar la misa, no habría tenido más resonancia si se hubiera difundido como realmente ocurrió. La cosa se ha complicado por causa de un periodista del diario El Mundo (edición digital de Andalucía), que ha difundido la idea según la cual el jesuita Esteban Velázquez pretendía justificar el “robo” de Gordillo y los trabajadores del SOC amparado por una indebida interpretación de la enseñanza de santo Tomás de Aquino y por ideas tomadas de la teología de la liberación.
Lo que realmente dijo el sacerdote Esteban Velázquez fue muy distinto. Porque ni pretendió hacer política, ni atacar o defender el comportamiento del alcalde de Marinaleda. Lo único que Velázquez destacó es la hipocresía que representa el hecho de que haya tanta gente que se ha rasgado las vestiduras por un hurto relativamente reducido ( el de Gordillo y los trabajadores del SOC), al tiempo que se nos ocultan o disimulan increíbles cantidades de millones que se han defraudado a la administración pública.
La crisis que sufrimos no ha sido causada por el comportamiento del parlamentario andaluz Gordillo. Los responsables de lo que estamos sufriendo siguen siendo gente respetable, que sigue ocupando los altos cargos que ocupaba o incluso ha sido promocionada para ostentar más altas responsabilidades. ¿Es esto soportable?
Pues esto, ni más ni menos, es lo que dijo el sacerdote Esteban Velázquez, al que los “inquisidores espontáneos”, que se han puesto de moda últimamente y los periodistas metidos a teólogos de pacotilla, quisieran llevar a la hoguera cuanto antes. Y la cosa resulta tanto más grave cuanto que el jesuita Velázquez dictó al periodista, por escrito, lo que realmente había dicho en su homilía. Pero el hecho es que el diario El Mundo presentó el incidente, no como realmente ocurrió, sino como, por lo visto, le convenía.
Y aprovecho la ocasión para decir que, si abundaran los obispos y sacerdotes que, en sus predicaciones, tuvieran la libertad y la coherencia de explicar el Evangelio con la claridad con que lo ha hecho Velázquez, la Iglesia tendría una credibilidad y transmitiría un mensaje que, cuando se presenta como realmente es, resulta ser una noticia. Y una noticia que da mucho que hablar.

Sin papeles

Siempre supimos que los enemigos más acérrimos del nacionalismo periférico eran acérrimos nacionalistas españoles, pero solían encubrirlo con pomposas apelaciones a la ciudadanía universal. “No somos un pueblo, sino ciudadanos”, enfatizaban con aire superior. Sospechábamos lo que querían decir, pero el otro día lo entendimos mucho mejor, cuando Antonio Basagoiti dijo aquello de “primero a los de casa, luego a los de fuera sin papeles”. Lo dijo sin complejo ni disfraz, apuntando con el dedo a los 17.000 inmigrantes ilegales de Euskadi, por unos míseros miles de euros. Se refería a la atención sanitaria, pero pronto se aplicará a todo lo demás.
Primero a los vascos, a los vascos-vascos, luego a los otros: los de fuera, los emigrantes, los sin papeles. Esos no son ciudadanos. De pronto se ha olvidado la “ciudadanía universal”, si alguna vez interesó. No quiero ni imaginarme la rechifla y la tormenta que hubieran sacudido a España entera si, en lugar de Antonio Basagoiti, presidente del PP vasco, hubiera hablado así Juan José Ibarretxe cuando fue lehendakari nacionalista.
Cuando Basagoiti dice que la salud –o el pan y la casa, la cultura y el cuidado– “primero para los vascos”, no es que se haya vuelto de pronto nacionalista vasco. ¡Qué va! Es que para él son vascos aquellos que tienen papeles del Estado español. Y punto. Los demás no son vascos, ni son legales, ni son ciudadanos. La ciudadanía, la dignidad humana y el derecho lo da el Estado con un papel. Lo demás –ha dicho también Basagoiti con desdén–, es “buenismo” ilusorio, es irreal. Está bien que sepamos dónde está cada uno y a qué llama realidad.
Se acabó, pues, la ciudadanía universal. Lo de los derechos humanos universales era para quedar bien. Lo que cuenta es la ciudadanía del Estado, impuesta a muchos contra su voluntad y negada a otros muchos también contra su voluntad. Y ahí están las fronteras y las aduanas; ahí está el ejército para que nadie pueda salirse del Estado aunque quiera salirse, y la policía de las aduanas para que nadie pueda entrar aunque quiera entrar. ¿Esa es la realidad? Dura y triste realidad para los “otros”. Es la versión inicua del nacionalismo, por mucho que lo llamen “patriotismo constitucional”, citando a Jürgen Habermas los más cultos.
Nos denominamos especie Sapiens Sapiens, dos veces sabia. Creíamos que lo más humano era cuidar del “otro”, no solamente del propio. ¿Acaso no cuidan todas las especies animales a los propios miembros? ¿Acaso no cuidan todas las madres a sus criaturas: la leona a sus cachorros y el pájaro a sus polluelos? ¿Acaso no cuidamos instintivamente la pupila de nuestros ojos? Creíamos que lo más humano era cuidar del otro, hacerse prójimo del herido del camino, como nos enseñó Jesús, y que eso es lo divino.
¿Estábamos equivocados? ¿Tendremos que seguir a bendiciendo Estados y ejércitos, con la fuerza como último argumento? ¿Tendremos que aplicar en política el darwinismo más duro, con la lucha por la supervivencia propia como última razón? ¿Tendremos que suscribir ciegamente la moderna hipótesis biológica del “gen egoísta”?
No. Nos resistimos. En nombre del aire puro –tibio aire del sur– de esta mañana de mayo, y de las primeras golondrinas que sobrevuelan Arroa, sin pasar por aduanas. En nombre de la palabra bíblica: “Cuidarás del inmigrante sin papeles, pues tú también fuiste inmigrante sin papeles”. En nombre de Jesús que dice en el evangelio de Tomás: “Ama a tu hermano como a tu alma; cuídalo como la pupila de tu ojo”. En nombre de Dios.
José Arregi