
Según los expertos, el año 2024 fue el más caluroso en miles de años. ¡El récord anterior lo ostentaba el año 2023! La doctora Celeste Saulo, exdirectora del Servicio Meteorológico Nacional de Argentina y actual secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial, advierte que los fenómenos meteorológicos extremos nunca han sido tan frecuentes ni tan intensos.
Es más: parece ser que – en su opinión - aumentarán todavía más. ¿La creerán? Desde 1990, cuando comenzaron las preocupaciones por el efecto invernadero, hasta 2019 se han quemado más combustibles fósiles que de 1750 a 1990, o sea, ¡desde el comienzo de la revolución industrial!2/ Desde 1990, ¿acaso toda la política de calentamiento climático no ha sido más que una farsa hipócrita? ¿Qué parte corresponde a las buenas intenciones impotentes y qué parte a la mala voluntad?
El objetivo de la COP de París, en 2015, era no sobrepasar, en 2100, un aumento de 1,5 ºC a 2 ºC con respecto a 1850. Hoy ya hemos alcanzado un aumento de 1,5 ºC y el mundo sigue quemando cada vez más combustibles fósiles. A este ritmo nos acercamos a un aumento de 3 ºC o incluso 4 ºC en 2100. Será un mundo inhabitable para los miles de millones de seres humanos más vulnerables.
El grupo intergubernamental de expertos, el GIEC, había calculado que era necesario reducir las emisiones de gas de efecto invernadero un 50 % hasta el año 2030, para anularlas completamente en 2050. Y que por tanto el uso de carbón, gas natural y petróleo debía reducirse de aquí a 2050 un 95 %, un 60 % y un 45 %, respectivamente (con respecto a 2019). ¡No vamos por buen camino!
¿Quién iba a esperar que un paladín del neoliberalismo como el exprimer ministro británico Tony Blair declarara recientemente: “La estrategia actual no funciona”? Es lo menos que se puede decir. Tony Blair pronunció estas palabras en la presentación del informe de su Institute for Global Change: La paradoja climática: por qué es preciso relanzar la acción contra el cambio climático.
No obstante, los banqueros más influyentes, por su parte, señalan que el mercado necesitará que pasen todavía muchas generaciones para abandonar los combustibles fósiles, ya que las inversiones en las energías renovables simplemente no son rentables y tan solo los combustibles fósiles generan beneficios de dos dígitos porcentuales.
¿Quién se preocupa todavía?
Las tres últimas conferencias internacionales sobre el clima se han celebrado en sendos países petroleros: en Sharm el-Sheij en 2022, en Dubaï en 2023 y en Bakú en 2024. Donald Trump, quien había retirado a EE UU del Tratado suscrito en París en 2015, ha sido reelegido. Un presidente que está a favor de un mayor consumo de carbón y un aumento de los pozos de petróleo y que prohíbe a los funcionarios federales cualquier alusión al calentamiento climático.
Los partidos de extrema derecha niegan que el calentamiento climático sea un problema real. El movimiento internacional contra el calentamiento climático parece desubicado. El ambiente está lastrado por el exterminio del pueblo palestino en Gaza, la reciente guerra de Israel y EE UU contra Irán y la continuación de la ofensiva rusa contra Ucrania, así como por los avances de la extrema derecha en todas partes, y con ella el negacionismo climático.
La COP 30 se celebrará en noviembre en Belem (Brasil)
Los días 10 a 21 de noviembre próximos tendrá lugar la COP 30 en Belem, Brasil, en plena selva amazónica.
El hambre, la miseria, las guerras, la opresión, la explotación con sus bajos salarios y la precariedad, así como las distracciones de los medios, enmascaran el problema ante la población en general, mientras los gobiernos no se ocupan, por cierto, de ilustrarla y alertarla.
El rotundo fracaso de treinta años de políticas contra el efecto invernadero muestra una realidad terrible: la enorme masa de la industria de los combustibles fósiles sobre el planeta. No solo se trata de la potencia financiera y política de las grandes multinacionales petroleras, sino de la omnipresencia física de esta industria: “En efecto, la extensión física del sistema energético actual, basado en los combustibles fósiles, es enorme. Hay miles de grandes minas de carbón y centrales eléctricas de carbón, unos 50.000 campos petrolíferos, una red mundial de unos 300.000 km por lo menos de oleoductos, 500.000 km de gasoductos y 300.000 km de líneas de transmisión. Globalmente, el coste de sustitución de la infraestructura fósil y nuclear existente asciende por lo menos a unos 15 a 20 trillones de dólares”. Sustitución por energías renovables, se entiende.
El capitalismo se ha construido desde el siglo XVIII sobre los combustibles fósiles, primero el carbón, después el petróleo. Es la prosperidad de millones de empresas, los beneficios de sus accionistas y los escuetos salarios de la clase trabajadora, que depende de ellos todos los días.
Su abandono suscita por tanto enormes resistencias. ¿Qué va a ser de los países petroleros en una economía mundial sin petróleo? Claro que esos países y esas empresas han tenido 30 años para reconvertirse. En su famoso informe de 2006, el execonomista jefe del Banco Mundial, el muy neoliberal Nicholas Stern, calificó el cambio climático de “el fracaso más grave de la economía de mercado”.
Cómo será el mundo con tres grados centígrados de más calor que en 1850
En 2100, este mundo en que haya aumentado la temperatura 3 ºC con respecto a 1850, el Sahara habrá engullido Madrid, Roma y Atenas, el desierto de Nuevo México se habrá extendido hasta San Francisco, el de Namibia llegará hasta Johanesburgo y el de Gobi hasta Pekín.
Los Alpes estarán tan nevados como lo está hoy el Atlas marroquí y los hogares de mil millones de habitantes de los países tropicales y ecuatoriales se habrán vuelto inhabitables, con temperaturas de más de 42 ºC al sol durante 145 días al año, cuando trabajar en el exterior será peligroso y 200 noches al año serán demasiado cálidas para refrescarse del calor del día y para dormir. La mayoría de las ciudades portuarias del mundo se verán inundadas regularmente debido al aumento del nivel del mar.
La retirada de los glaciares del Himalaya, junto con los de los macizos montañosos circundantes, reducirá el caudal de los ríos que riegan India y Pakistán (Indus, Ganges, Brahmaputra), Indochina (Mekong), China (Yang Tse Kiang y Río Amarillo). Con ello estará amenazada la agricultura que alimenta a miles de millones de personas.
El GIEC ha calculado que la subida del nivel de los océanos, debido a la fusión de los hielos y la dilatación del agua a causa del aumento de la temperatura, podría alcanzar entre 0,4 et 1,4 m en promedio. Daniel Tanuro, en su libro de 2010, L’impossible capitalisme vert (El imposible capitalismo verde), señala que entre1990 y 2006 el nivel medio de los océanos aumentó a razón de 3,3 mm al año, mientras que el GIEC habría previsto 2 mm al año. Es decir, un 60 % más.
Una subida de 1 m, o cercana a 1 m, significa que las costas y los estuarios, donde habita la mayoría de la población humana, sufrirán grandes inundaciones más frecuentes y más catastróficas. Los deltas quedarán sumergidos, al igual que las playas, los bosques de ribera, los estuarios, las desembocaduras de los ríos, las ciudades portuarias, y los litorales urbanizados se verán completamente alterados, junto con las líneas de costa.
Un país como Bangladés, que se asienta sobre los deltas del Ganges y del Brahmaputra y se halla en su totalidad en el nivel del mar, desaparecerá junto con muchos pequeños países insulares del Pacífico y del Índico, amplias zonas de Florida y de Luisiana, por no decir nada de los Países Bajos.
El mundo a + 4ºC en 2100
Si la temperatura media en el nivel de los mares aumentara en 4 ºC, el Himalaya ya no tendrá más que la mitad de su cubierta de hielo y los Alpes no más que un 10 %.
El casquete de hielo de la Antártida occidental habrá comenzado a resquebrajarse. El nivel de los mares habrá subido 2 m, desplazando a cientos de millones de habitantes de las regiones costeras.
Cientos de millones de personas refugiadas que no sabrán a dónde ir. Las regiones mediterráneas y subtropicales serán desiertos y la Amazonia, junto con las demás selvas ecuatoriales, invadidas por el mar, se habrá secado y abrasado por terribles incendios.
En las latitudes que hoy calificamos de templadas, con Tokio, Shanghái, Río de Janeiro y Nueva York, la larga temporada con más de 40 ºC imposibilitará trabajar al aire libre y matará a miles de personas por golpes de calor. Entre la subida del nivel de los mares, la desertificación y la calor y humedad extremas, India, Pakistán, Bangladés, Florida y Luisiana, así como el delta del Mekong en Vietnam, habrán dejado de existir tal como los conocemos.
A 40 ºC ya no podrán crecer los cereales alimentarios. La producción de maíz en EE UU se hundirá. Tres cuartas partes de los cultivos de trigo del mundo desaparecerán debido a las sequías. En las décadas previas, los cultivos habrán prosperado sin duda en el Gran Norte, en Canadá, Siberia y Alaska. Pero en un mundo con 4 ºC de más, se verán atrapados por la sequía que ascenderá desde el sur y por la fusión del permafrost en el norte e inundados por los lodos generados por dicha fusión.
La humanidad no se extinguirá, pero si se producirá una reversión catastrófica de la civilización humana. Esta previsión de un mundo a +3 ºC o +4 ºC debe servir de arma política, explicada y recordada a la población por los gobiernos y por los movimientos sociales a fin de justificar y definir las medidas radicales que habrá que adoptar, y de guía para el esfuerzo colectivo.
Los peligros de agravamientos en cascada o retroacciones positivas
El agravamiento de un futuro más cálido no es lineal, sino exponencial, porque una Tierra más caliente incrementa el efecto invernadero. Más calor provoca todavía más calor:
· La fusión del permafrost ártico y antártico desprende metano, que en la atmósfera es un potente gas de efecto invernadero, además del gas carbónico.
· La fusión de los hielos reduce las superficies blancas del planeta, que reflejan los rayos solares. Una Tierra más oscura.
· Los bosques absorben grandes cantidades de CO2, pero la creciente sequía reducirá la cubierta arbórea de las regiones ecuatoriales y tropicales. Una Tierra menos verde se calentará con mayor rapidez.
· En particular, el calor y la sequía incrementan el número y las dimensiones de los incendios forestales, que a su vez liberan grandes cantidades de CO2 y pueden reducir la cubierta arbórea.
A paso de tortuga
Es cierto que de 1990 a 2021, la proporción de la producción mundial de energía primaria a partir de combustibles fósiles ha descendido del 81,36 % al 80,34 % gracias al desarrollo de las energías renovables. Sin embargo, su cantidad absoluta casi se ha duplicado, pasando de 298 millones a 496 millones de terajulios. Incluso la parte del carbón ha pasado de 93 millones de terajulios en 1990 a 168 millones en 2021.
La producción de electricidad en India, nuevo gigante económico, se basa principalmente en carbón, y su representante en la COP26 de Glasgow, en 2021, impidió que la resolución final apuntara a una eliminación rápida del carbón.
El crecimiento económico ha sido fósil desde 1990 y lo sigue siendo. Los capitalistas de los combustibles fósiles no solo defienden sus beneficios, sino sobre todo la rentabilidad de sus enormes capitales fijos, todavía no amortizados, resultantes de las inversiones realizadas en tiempos relativamente recientes en todo el mundo.
La Comisión de la Unión Europea anuncia que la UE se aproxima a una reducción del 55 % de las emisiones de gases de efecto invernadero desde 1990 y a un crecimiento al 42,5 % de la parte de las energías renovables. Son sus objetivos para 2030. Sin embargo, en realidad se trata de los planes nacionales anunciados por los gobiernos y no de una meta alcanzada y verificada.
El gobierno chino ha anunciado que las emisiones de CO2 de China han descendido un 1 % en 2024 y que las energías renovables, entre las que incluye la nuclear, constituyen el 57 % de la producción de energía y el 89 % de las capacidades instaladas durante el último año.
Naomi Klein, quien defiende un New Deal Verde, ha hecho una observación certera sobre la posición de Donald Trump:
“A veces dicen que Donald Trump es un negacionista del cambio climático. No creo que él niegue la existencia del cambio climático. Sabe perfectamente que habrá cambios climáticos, pero cree que todo irá bien. De ahí que se pregunte cómo comprar Groenlandia para aprovechar la fusión de la cubierta de hielo y apoderarse del petróleo y gas del subsuelo. Alguien que niega el cambio climático no estará interesado en Groenlandia. Este territorio solo interesa porque el hielo se funde y con ello se abren rutas comerciales y se liberan reservas de combustibles fósiles. No hay más que indiferencia y la creencia de que los ricos podrán aislarse.” [ The Nation, 10/09/2019. Naomi Klein es autora de numerosas obras, entre ellas Esto lo cambia todo: el capitalismo contra el clima, Paidós, Barcelona, 2014]
Para Donald Trump, el calentamiento y el ascenso del nivel de los mares abren perspectivas de promoción inmobiliaria en torno a las nuevas orillas con sus playas y hoteles de lujo.
Retiró a EE UU del Tratado de París de 2015 porque no acepta ninguna limitación ni restricción de las empresas y la rentabilidad de los capitales. En virtud del egoísmo sagrado de su nacionalismo, no acepta que su gobierno se vea condicionado por acuerdos multilaterales que establecen compromisos que debería respetar. Por eso ha retirado a EE UU de la Organización Mundial de la Salud. Las políticas promovidas contra el calentamiento climático y contra las pandemias son para él manifestaciones del “extremismo socialista europeo”.
Isabel Díaz Ayuso, la presidenta de extrema derecha de la Comunidad de Madrid, declara que detecta, en las soluciones que se proponen contra el calentamiento climático, un comunismo que no dice su nombre.
Hay ahí un grano de verdad, pues las soluciones exigen ir a contracorriente del business as usual. Es probable que muchos gobiernos del mundo se queden tranquilos pensando que el progreso científico aportará, dentro de diez o veinte años, soluciones hoy insospechadas que no perturbarán la marcha de los negocios e incluso permitirán generar pingües beneficios.
Las alternativas a los combustibles fósiles no son rentables
De COP en COP, los gobiernos y quienes mandan en el mundo postulan que el abandono progresivo de los combustibles fósiles deben financiarlo inversores privados. Sin embargo, sus promesas de inversión no se concretan.
Y quieren que la factura la paguen a ser posible la clase trabajadora y la población consumidora por medio de un sistema de precios que protege los beneficios, cosa que no deja de desacreditar la lucha contra el cambio climático a los ojos de los sectores más pobres de la población, un sentimiento que la extrema derecha sabe explotar perversamente.
Michael Roberts lo explicó recientemente sobre la base del libro de Brett Christophers, The Price is Wrong-Why Capitalism won’t save the Planet (El precio no cuadra: porque el capitalismo no salvará el planeta), Verso, 2023: en primer lugar, la rentabilidad es estructuralmente floja en el mercado mundial capitalista desde hace décadas, debilitando la inversión. En segundo lugar, sin embargo, el descenso de los precios de las energías renovables reduce la rentabilidad de los capitales que se invierten en ellas para venderlas. Una vez vendidos e instalados los paneles solares, el sol es gratuito, mientras que los combustibles fósiles han de comprarse todos los días...
Únicamente los combustibles fósiles ofrecen tasas de beneficio de dos dígitos. “Por eso, los economistas del banco JPMorgan concluyen que ‘el mundo necesita un baño de realidad’ en su transición de los combustibles fósiles a la energía renovable, y afirman que tardará ‘generaciones’ hasta alcanzar el objetivo de cero neto. JPMorgan considera que cambiar el sistema energético del mundo ‘es un proceso que debe medirse en décadas, o en generaciones, no en años’. Porque la inversión en la energía renovable ‘no ofrece actualmente más que retornos mediocres’.”
De ahí que Brett Christophers concluya que el freno al calentamiento climático requiere la acción del poder público, es decir, inversiones masivas por parte de los Estados.
Capturar el CO2 emitido en vez de dejar de emitirlo
El nuevo presidente del GIEC, el británico Jim Skea, declaró al asumir el cargo en 2023: “Incluso después de alcanzar la neutralidad del carbono, tendremos que extraer CO2 de la atmósfera”. Con ello reconoció el fracaso de las políticas de reducción del efecto invernadero hasta ahora.
La COP 29 del año pasado en Bakú consagró técnicas experimentales para extraer el CO2 ya emitido y enfriar la atmósfera y la Tierra. Se trata de promesas futuristas azarosas para no tener que renunciar a los combustibles fósiles.
Esta decisión se introdujo en la resolución final de la conferencia con el término de nuevo cuño de combustibles fósiles no atenuados (unabated fossil fuels), es decir, aquellos cuyo CO2 emitido no se recaptura. Los combustibles fósiles buenos, por tanto, serán aquellos cuyo CO2 emitido sí serán objeto de recaptura. Todo un ejército de investigadores trabaja con esta idea en experimentaciones financiadas por Bill Gates y otros oligarcas superricos.
Es cierto que existe la tecnología para retirar el CO2 de los gases emitidos, por ejemplo, en una fábrica de acero o de cemento, que emite mucho CO2, pero aplicar esto al aire ambiente, a la atmósfera en general, parece más bien ficción científica.
Existen medios para integrar el CO2 en un material, por ejemplo, una roca carbonática, o para transformarlo en un carburante, lo que aplaza el problema para más adelante. Sin embargo, lo que se plantea actualmente y ya se practica a pequeña escala, es encerrar el CO2 en un depósito, en una cavidad subterránea, o en una roca permeable, pero estanca, en minas de sal subterráneas, lagos subterráneos…
Esto es posible, pero sumamente peligroso, porque si hay una fuga en el depósito y el CO2 vuelve a salir a la atmósfera, todo se habrá perdido.
Son las NET, las tecnologías de emisiones negativas.
Las NET, tecnologías de emisiones negativas
· La NET técnicamente disponible que recibe los favores de la industria de combustibles fósiles es la BECCS, bioenergía con captura y secuestro del carbono: consiste en cultivar en inmensas extensiones hierbas o árboles de crecimiento rápido, por ejemplo, eucaliptos, para quemarlos en vez de los combustibles fósiles. Mientras crecen, absorben CO2 del aire. Como combustibles, permiten emplear tecnologías que domina la industria petrolera. El CO2 emitido al quemarlos se conserva, confina, comprime y conduce a través de redes de conductos hasta los pozos donde se pretende mantenerlo encerrado durante miles de años. Aparte de la apuesta azarosa de este confinamiento, esta BECSS, debido a las enormes extensiones que ocuparían sus plantaciones, competiría con la agricultura por la producción de alimentos. Recordemos que el presidente de Nestlé denunció públicamente, en 2009, los cultivos de cereales para la producción de alcohol como combustible, puesto que agravaban la crisis alimentaria.
· Captura del CO2 del aire mediante una resina adsorbente. El principio es conocido por esas pequeñas perlas de resina amarilla que sirven para des-ionizar el agua descalcificándola. Se cubrirían enormes extensiones con esa resina, que adsorbería el CO2. Periódicamente habría que lavar esa resina para después extraer el CO2 del agua de aclarado, confinarlo, comprimirlo y conducirlo mediante tuberías a un depósito subterráneo.
· Fijación mediante sosa cáustica. Es sabido que el CO2 reacciona con la sosa cáustica para formar carbonato sódico. Se fijaría el CO2 del aire mediante sosa cáustica en torres de lavado. El carbonato sódico podría verterse en el mar o calcinarse para recuperar la sosa cáustica a reutilizar y confinar el CO2. La sosa cáustica se genera mediante electrólisis del agua salada en un proceso que consume electricidad.
· Aumentar la absorción del CO2 atmosférico en los océanos esparciendo cal en el agua. Esto produce carbonato cálcico, caliza, que precipita en el fondo marino. Para esparcir la cal se precisa una inmensa flota de embarcaciones que hay que propulsar. La cal se obtiene mediante la calcinación de la caliza, un proceso que consume energía y emite el CO2 que se piensa confinar.
Todo esto se halla en fase experimental o de prueba en pequeñas plantas piloto. De allí a tratar todo el CO2 de la atmósfera para reducir su cantidad hay un salto como mínimo incierto. Todo esto es absurdo, pero se plantea para poder seguir quemando petróleo, gas natural y carbón.
La catástrofe inminente
Lo que se ha hecho en este terreno desde 1992 es, en el mejor de los casos, una serie de avances dispersos, como por ejemplo la generación de electricidad aprovechando el sol y el viento en Europa y los progresos del automóvil eléctrico.
Red Eléctrica, que gestiona la red eléctrica española, informa de que la producción de electricidad a base de energías renovables ‒hidroeléctrica, fotovoltáica y eólica‒ ha alcanzado un máximo histórico y sigue aumentando: en 2024, el 56,8 % de la demanda total, un 10 % más que el año anterior, y que en 2024 se alcanzó un mínimo de emisiones de CO2 en España. El GIEC calcula que en el mundo entero la energía solar y la eólica representan hoy el 10 % de la generación de electricidad.
No obstante, los pequeños avances se ven anulados continuamente por el crecimiento económico y el aumento del consumo de combustibles fósiles en otra parte del mundo. Esto se produce en orden disperso, país por país, a veces ciudad por ciudad, unos más avanzados, otros más atrasados. Se ha calculado que a este ritmo hará falta un siglo y medio para alcanzar el objetivo de reducción de las emisiones de CO2 que la COP de París fijó en 2015 para 2050.
La pavorosa perspectiva y la terrible inacción de los poderes establecidos suscitan en la gente joven, consciente de lo que está en juego, un gran desespero e incluso provoca suicidios, y sobre todo la negativa a tener hijos, un fenómeno cada vez más frecuente y que en el ámbito de la demografía se comenta cada vez más a menudo.
Pero lo peor no es inevitable y todavía estamos a tiempo si se adoptan medidas eficaces sin más demora para invertir esta curva de Keeling. Tengo una nieta de cinco años y escribo esto por ella. Tendrá 40 años en 2060. ¿Qué futuro voy a dejarle? ¿Hasta cuándo estaremos todavía a tiempo?
Sin presión social de la sociedad civil no harán nada
Es evidente, por desgracia, que hoy en día no existe una correlación de fuerzas sociales que empuje a los gobiernos a actuar de manera efectiva. Sin movimientos populares politizados, sin una sociedad civil consciente, formada y solidaria, que exijan medidas eficaces, los gobiernos y los capitalistas no harán nada.
Pueden servirnos de modelo las manifestaciones masivas contra las centrales nucleares de la década de 1970 en varios países. Fue un movimiento multitudinario, insistente, imaginativo, con comités de base que organizaban a mucha gente y acumulaban conocimientos para vigilar a la industria nuclear y las agencias estatales competentes y polemizar con ellas con conocimiento de causa.
Desde las tradiciones religiosas se está activando también la cultura de la solidaridad y de la paz que puede canalizar de forma ordenada los esfuerzos de la humanidad por crear una humanidad plena de esperanza en la posibilidad de otro mundo posible. Una humanidad sin desigualdad impuesta. Una humanidad sin ley de la selva. Una humanidad en la que la rapiña de los recursos naturales por parte de las corporaciones poderosas para sacar el máximo beneficio económico al precio que sea, aplastando los derechos humanos y en especial los derechos de los más vulnerables no sea como ahora lo que parece natural.
Leandro Sequeiros. Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)
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