Por todos los medios me llegan noticias de la salud del Papa y me piden que rece por él.
No lo entiendo. ¿Es que es necesario que yo le diga a Dios que su hijo Francisco está enfermo y que queremos su curación? Él lo conoce y le acompaña.
Entiendo que oración no es “levantar el corazón a Dios y pedirle mercedes.” Me quedo con la enseñanza de Santa Teresa: “Es estar a solas tratando de amor con quien sabemos nos ama”. Siento que es necesario que cambie mi concepción y diálogo con el Padre sobre las realidades de la vida.
Entiendo que es un cambio muy fuerte en la mentalidad de la mayor parte de los cristianos que rezan pidiendo a Dios, a través generalmente de un santo, la curación de una enfermedad, el aprobado de una asignatura u oposiciones, la solución de un problema. Parece como si el Padre no conociese esas realidades y le intentamos convencer a través de nuestro ruego.
Hay quien me responde con la cita del evangelio “pedid y se os dará…” Pero hay que fijarnos en el final que nos pone Lucas “Cuánto más dará SU ESPÍRITU a los que se lo pidan”.
Y el mismo Espíritu que está en nosotros, clama con nosotros, sabiendo nuestra realidad.
Hay tantos millones de personas que están viviendo situaciones muy duras y difíciles. Y cuando lo diálogo con el Señor, Él me indica los caminos que he de seguir. Es importante escucharle y seguir sus caminos.
Quiero muy fuertemente al Papa Francisco y su trayectoria de vida, pero no quiero cambiar la historia sino acoger lo que la vida le va dando. Y confiar en Dios. Acoger el proceso y vivirlo en Iglesia con todas las personas de la Iglesia y del mundo. No se trata de rezar "por" el papa, sino de rezar "con" el papa, con fe y esperanza.
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