FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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miércoles, 25 de diciembre de 2024

NAVIDAD IN ITINERE


col arregi

 

Toño Martínez, un amigo poeta que trabaja en Zurich como limpiador, me escribe hoy un mail titulado Navidad in itinere (en camino):

“En mi trabajo de limpieza me suelo desplazar de distintas maneras: coche, andando, tranvía,  tren.... Suelo preferir el transporte público si la prisa no impone su ritmo. Y si el día nos sonríe, a pie se descubren un montón de matices.

¿Y esta Navidad, qué? Desde hace tiempo la mayoría de las luces me sobran y prefiero los matices tintineantes de una vela. El amasijo de luces simulando un gran paquete de regalo en un centro comercial de Zürich NO ES NAVIDAD”.

El amigo Toño acompaña sus observaciones citando poemas:

"Es Navidad desde finales de octubre. Las luces se encienden siempre antes, mientras que las personas son cada vez más intermitentes. Yo quiero un diciembre con las luces apagadas y con las personas encendidas" (Charles Bukowski)

“La vida está hecha de días que no significan nada  y de momentos que significan todo” (Cristina Peri Rossi)

Intento fijarme cuando viajo por motivos laborales en otros currantes como yo que van llevando sus esperanzas y cansancios consigo a la carrera. Y recuerdo un poema de P. Aguirre al cruzar nuestras miradas:

[…] ellos poseerán la tierra
Los fieles, los constantes,
los condenados a lo eterno,
los asombrados de una sola vez,
los que solo confían en el miedo,
los que edifican sobre el desengaño,
los cuidadosos que cosechan pasos,
los fareros de la rutina,
los cómplices tenaces del trabajo,
los que se mueren razonablemente,
esos que en tantas ocasiones
desearían con urgencia
que hubiese un dios al que pedir socorro” (Paca Aguirre)

Toño Martínez
Zurich, 20 de diciembre 2024

José Arregi

www.josearregi.com

piedras camino

FRANCISCO: "ME GUSTA PENSAR EN LA CURIA ROMANA COMO UNA GRAN OFICINA CON UN ÚNICO FIN: BIENDECIR"


col anso

 

"Bendigan y no maldigan". El simple título del discurso que esta mañana les leyó el papa Francisco a los miembros de la Curia vaticana era, en sí mismo, suficientemente elocuente. No necesitaría más desarrollo. Sin embargo, lo hubo, por espacio de unos quince minutos, salpicado de sus típicas improvisaciones y anécdotas, aunque con un carácter más positivo y conciliador que en anteriores ocasiones, donde más que una felicitación navideña, estos discursos suponían una verdadera sacudida para los curiales.

Antes de comenzar su alocución, el Papa agradeció las palabras que le brindó el cardenal Re, decano del Colegio Cardenalicio en nombre de toda la Curia romana. "No envejece el cardenal Re [tiene 90 años], y esto es lindo, gracias por su ejemplo de disponibilidad y amor a la Iglesia".

"He pensando que en el hablar bien de los demás y no hablar mal de ellos, es una cosa que nos concierne a todos, también al Papa", comenzó diciendo Francisco, una actitud que "es una expresión de la humildad, que es el rasgo esencial de la encarnación".

"Una comunidad eclesial vive en gozosa y fraterna armonía en la medida en que sus miembros transitan por el camino de la humildad, renunciando a pensar mal y a hablar mal de los demás", prosiguió, invitando en este punto a hacer el ejercicio de transitar por esa senda.

"¿Cuál es el camino de la humildad?", se preguntó a continuación. "Comienza por acusarse uno a sí mismo. Como hice hace unos 20 años, en una asamblea diocesana en Buenos Aires, así lo propongo hoy a todos nosotros para ejercitarnos en el acusarse a sí mismos, según las enseñanzas de los antiguos maestros espirituales, particularmente san Doroteo de Gaza. Sí, precisamente de Gaza, ese lugar que ahora es sinónimo de muerte y destrucción, pero donde en los primeros siglos del cristianos florecieron figuras luminosas".

"En el hablar cotidiano, cuando alguno critica, el otro piensa, '¿y por casa, cómo andamos?'", ironizó el Papa, recordando una anécdota vivida. "Nos ayuda a abajarnos el acudir al sacramento de la reconciliación", les recomendó Francisco, en una de las numerosas improvisaciones que efectuó levantando los ojos del discurso estampado en el papel.

"En la Iglesia, signo e instrumento de la bendición de Dios para la humildad, todos estamos llamados a convertirnos en artesanos de bendición, no solo en bendecir, sino a enseñar a bendecir". "Podemos imaginarnos a la Iglesia como un gran río que se ramifica en miles y miles de arroyos, torrentes y riachuelos, algo así como la cuenca amazónica, para irrigar a todo el mundo con el amor de Dios".

"Me gusta pensar en la Curia romana como en una gran oficina, en la que hay muchas tareas diferentes pero todos trabajan con un mismo fin, biendecir, difundir en el mundo la bendición de Dios y de la madre Iglesia", señaló, recordando, para agradecer en este punto, "el trabajo escondido del minutante, que en su oficina prepara una carta para que a un enfermo, a una madre, a un niño... les llegue la bendición del Papa. Gracias por esto, porque yo firmo esas cartas. ¿Y que es eso? ¿No es ser artesanos de bendición? Un minutante es un artesano de bendición".

"Pero debemos ser coherentes. No podemos escribir bendiciones y después hablar mal del hermano o la hermana. Esto arruina la bendición. Este es mi deseo: que el Señor nos ayude en todo momento a ser hombres y mujeres biendicientes", indicó el Papa, para, a continuación saludar uno por uno a los miembros de la Curia vaticana y felicitarles estas fechas navideñas

 

José Lorenzo

Religión Digital

¿MARTA Y MARÍA, O MARÍA Y MARTA?


col kowalski

 

Si tengo que decir solo dos razones para señalar como causas de la pérdida de influencia cristiana, al menos en la sociedad occidental, me decanto por una externa y otra interna. La externa es el consumismo materialista por el efecto pernicioso que está dejando en forma de insolidaridad egoísta y de superficialidad vital que nos envuelve hasta deshumanizar la sociedad. La segunda, interna, es la mediocridad con la que vivimos el Mensaje, seguramente por haber dejado de lado la oración rezando poco y mal.

Jesús destaca la llamada a la oración con su ejemplo, en la sinagoga y madrugando en la montaña a solas con el Padre, en una relación de “yo-tu” de comunicación amorosa que hoy hemos arrinconado por el frenesí de la acción o por la indiferencia. Los evangelios sinópticos recalcan esta actividad de Jesús como prioritaria, por aquello de que “sin mí, no podéis hacer nada”. Y el evangelio de Juan podríamos llamarlo el de la contemplación espiritual. Por tanto, orar y profetizar la Buena Noticia (Palabra y ejemplo) se complementan y refuerzan mutuamente. Pero lo primero tiene cierta prioridad, va por delante:

Jesús se revela a su amiga María como pura gratuidad, “y a ella no se le quitará la mejor parte”, porque es en la escucha donde se manifiestan la actitud y conducta ejemplares desde las que cada cual debemos ser profeta. La oración a la escucha o pidiendo luz y fuerza para construir el Reino. Ser María primero para ser la mejor Marta.

Hoy vemos que algunos pueden interpretar el texto de Lucas (Lc 10, 38) como una contraposición entre dos actitudes (ser Marta o María), en lugar de verlo como una invitación a lo que significa realmente ser cristiano. Lo cierto es que son dos aspectos esenciales en el seguidor de Jesús; orar y trabajar, que nunca se han de separar, sino conjugarse para vivir nuestra fe en profunda unidad y armonía con nuestros semejantes. Marta recibe la crítica cariñosa de su amigo Jesús, porque estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas que había que hacer sin importar demasiado desde dónde (Cristo) y cómo (actitud) hay que hacerlas.

Jesús afirma también que “la mejor parte” de María “no le será arrebatada, lo que nos lleva a deducir que el frenesí de Marta puede perderse en su hiperactividad. Que sin escucha orante, es posible abandonar la fe y hasta la acción. Dios nos encomienda cada día una tarea como la de los sarmientos respecto a la vid. Que el servicio a la obra del Señor no nos haga olvidarnos del Señor de la obra. Escuchar a Dios es para servir. En caso contrario, el resultado puede ser escándalo para tantas personas de bien que buscan a Cristo y no lo encuentran en medio de tanta norma rígida clericalista, tanta falta de caridad, tanta vanagloria y liturgia formalista. Por eso mismo, las eucaristías no son celebrativas ni alegres. Vengo de un retiro sobre la vulnerabilidad como fortaleza donde he palpado ese espíritu gozoso comunitario, tan cristiano y a la vez lejano a tantas liturgias más importantes que lo que representan. 

Sin la humildad a la escucha, como sigue proponiendo el Papa en la sinodalidad que ha sido ninguneada por tantos, lo lógico es quedarnos embarrados en las preocupaciones de la vida sin atender las prioridades esenciales de conducta que nos marca Jesús para dar el mejor fruto. 

La elección incorrecta que hizo Marta no fue que estuviera sirviendo bien, sino que se centrara en sí misma criticando a María en lugar de hacer lo que Jesús le estaba enseñando en ese momento. Le faltó darse cuenta de que la inactividad de María es sólo aparente. Y que su queja contra María le alcanza también al mismo Jesús. La gran lección resumida es que Marta debe trabajar, sí, pero con una actitud distinta: la que tiene su hermana María ante Jesús como el único Centro. No menos importante es la continuación de este bello relato evangélico, cuando muere Lázaro, el hermano de ambas, y se aprecia la transformación de Marta (Jn, 11).

Creo que estamos desperdiciando los talentos de la fe, la esperanza y la experiencia del amor extremo de Cristo, mientras otras personas ansían tener la mitad de fe y de esperanza, y experimentar al menos un pelín del amor que Dios les tiene. Escandaloso, ciertamente escandaloso; y es así como menguamos, porque nadie compra consejos ni vivencias de “unos motores gripados”. Tiempo de Adviento…

NO VA A VENIR


col kowalski

 

Me choca mucho. En los rezos, en la predicación, en los comentarios hablamos de que Jesús va a nacer. La mayoría de las personas comentan qué vamos a cenar este día.

Ya nació hace aproximadamente 2.000 años. Y ya está siempre con nosotros. Lo que vamos a celebrar es el aniversario de su nacimiento, cuya fecha exacta no sabemos y la hemos colocado el 25 de diciembre, en sustitución del dios Sol. Dios, hecho hombre en Jesús, está siempre en nosotros y con nosotros. Los adornos literarios, musicales, expositivos nos pueden ayudar a descubrir a ese Jesús que vive en cada realidad y en cada persona. Lo que son luces, adornos, cantos, belenes son desarrollo de lo que pudo ser y expresión de nuestra sensibilidad. Y en muchas ocasiones fruto de nuestro consumismo y negocio.

Cada vez veo más necesario el descubrir, sentir, vivir a Dios presente y ya actuante en cada cosa y en cada persona.

Hoy estamos en condiciones de dar un paso más y descubrir que la salvación ha llegado ya porque Dios no tiene que venir de ninguna parte y con su presencia en cada uno de nosotros, nos ha comunicado lo que Él mismo es. No tenemos que estar contentos ‘porque Dios está cerca’, sino porque Dios está ya en nosotros. La alegría es como el agua de una fuente, la vemos solo cuando aparece.

Si descubro que Dios forma parte de mí, encontraré la absoluta felicidad. Imitarle en la actitud de entrega a los demás. El evangelio nos dice una y otra vez, que la aceptación por parte de Dios es el punto de partida, no la meta. Seguir esperando la salvación de Dios es la mejor prueba de que no la hemos descubierto dentro. La pena es que seguimos esperando que venga a nosotros lo que ya tenemos. Lo que nos dice la encarnación es que no hay nada que cambiar. Dios está ya en mí y esa realidad es lo más grande que podría esperar. Ésta tendría que ser la causa de nuestra alegría.

Lo tengo ya todo. No tengo que alcanzar nada. No tengo que cambiar nada de mi verdadero ser. Tengo que descubrirlo y vivirlo. Mi falso ser se iría desvaneciendo y mi manera de actuar cambiaría. La respuesta que debo dar a la pregunta: ¿qué debemos hacer?, es simple: Compartir. ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde? Tengo que adivinarlo yo. Ni siquiera la respuesta de Juan nos puede tranquilizar, pues la realización de las obras puede ser programación. No se trata de hacer o dejar de hacer sino de fortalecer una actitud que me lleve en cada momento a responder a la necesidad concreta del otro.

 

LUIGI


col kowalski

 

Las redes sociales proporcionan sobradas pistas sobre su itinerario vital. Luigi Mangione era igualito que cualquiera de nosotros, de los que ahora leemos este artículo. Soñaba, pero también rabiaba…

Viajó a Japón, quería "ser zen", tal como confesaba a un amigo. Seguía a Krishnamurti, mantenía hábitos saludables de alimentación, apostaba por la salud holística, creía en la superación personal…. y sin embargo el pasado 4 de diciembre disparó a un hombre por la espalda. Ni siquiera se enfrentó a su mirada. Con una pistola de plástico mató en Nueva York a Brian Thompson, consejero delegado de United Healthcare, la principal aseguradora de salud de EE UU. 

Norteamérica de todo hace dinero, incluso de la enfermedad y el sufrimiento. La salud ajena nunca debiera convertirse en negocio, engordar el patrimonio propio, pero los grandes CEOs también deberían tener su lugar bajo el sol. Se puede denunciar sus abusos, pero nunca amputarles su aliento.

En el discurso de fin de carrera Luigi deslumbró a la audiencia y sin embargo ahora le espera la sombra por el resto de sus días. Siempre el corazón por encima de nuestras opiniones, porque de lo contrario nos podemos ver de repente con una pistola hecha con una impresora 3D apuntando a otro ser humano, creyéndonos los salvadores del mundo. El odio no podrá jamás redimir a ese mundo y sí acabar con la vida siempre sagrada, sí abocar nuestra existencia a los barrotes. Sin llegar a ese extremo siempre será contraproducente. 

Luigi tenía una enfermedad en la columna y no había recibido los cuidados que demandaba, pero el rencor que ganó su corazón resultó ser a la postre mucho más peligroso y fatal. El joven, ahora preso y que ha hundido su prometedor futuro, ha encontrado mucho apoyo en las redes sociales. Le califican de moderno Robin Hood, sin embargo este errado "salvatore mundi" sólo nos deberá inspirar lástima. 

El joven rebelde nos muestra que la personalidad inferior no vigilada puede descontrolarse e incluso conducirnos al crimen irreversible. La emocionalidad negativa puede llegar a cegar una mente preclara. Veo reflejada algo de nuestra desatada juventud donostiarra en Luigi. Su apuesta por otra sanidad, por otra sociedad era bien intencionada y sin embargo en un momento bajo la animadversión le ganó la partida.

Nunca me acerqué a una moderna impresora y le pedí una pistola de plástico, sin embargo sí que he constatado que en el pasado ideas nobles que brotaban dentro de nosotros hallaban alguna dosis de gasolina en cierto rencor adolescente. Lamentablemente éste también nos habitaba.  Albergamos nuestro particular Luigi por un tiempo y sin embargo ahora sólo me produce tanta distancia como compasión. Me invita a una actitud de constante alerta. Hemos de permanecer en permanente observación de forma que, de ninguna forma, los sentimientos negativos ganen terreno en nuestro interior. Las consecuencias pueden ser nefastas. Podemos encontrarnos frente a un charco de sangre y tener que ver con la bala, con la responsabilidad del desatino.

El mundo sólo será salvo por la solidaridad, el amor y la compasión. Las causas justas sólo necesitan de su infinito carburante sin ningún tipo de arriesgada adulteración, ni mezcla. Nunca se agota. El dolor en la espalda, en cualquier esquina del siempre sensible cuerpo, no reste ni brillo, ni pureza al ideal. El rencor y su plomo siempre fallido jamás se interfieran cuando vamos con ilusión en pos de superiores metas.

 

GISÈLE PELICOT: EL VERDADERO PROBLEMA NO ES LA BANALIDAD DEL MAL, SINO SU TRIVIALIZACIÓN


col koldo

 

Es verdad. El mal es noticia, pero el bien cuenta más. No quiero trivializar nada, al contrario, pero llevo tiempo pensando, tengo tiempo para ello, y ganas, no sé si capacidad. No es bueno tomar el crimen y las acciones cada vez más sangrientas sólo con preocupación y miedo, porque lo que leemos o lo que emerge está lejos de representar toda la realidad, compuesta de ciertos males, pero afortunadamente también de bienes, que se ven menos pero, con seguridad, son más numerosos.

Sin embargo, comparto esta reflexión en medio de la baja, media, alta intensidad de la violencia. Violencia al fin y al cabo. Hoy he enviado a algunos medios locales un artículo escrito. Lo he titulado: “A propósito de la Sra. Gisèle Pelicot, una vergonzosa masculinidad”. Si lo publican o no, yo no soy responsable. Y a estas alturas de mi reflexión, ni me interesa lo más mínimo su publicación o no.

Cuando Hannah Arendt publicó «La banalidad del mal - Eichmann en Jerusalén» en 1963, muchos se sintieron incómodos. La obra relataba cómo el atroz planificador de la Shoah, Adolf Eichmann, había optado por ocultarse tras la máscara del funcionario celoso para buscar la absolución de sus crímenes. En el juicio en el que fue acusado, el mencionado Adolf Eichmann invocó la estricta burocracia con la que planificó los convoyes a Auschwitz, como si sus banales acciones de empleado diligente debieran distinguirse de la brutalidad que le rodeaba.

Una postura que planteaba una pregunta inquietante: si la cara más fea del mal se mostraba a través de la conducta «ordinaria» de la gente corriente, ¿quién debería ser considerado realmente culpable y quién inocente? El recordatorio de su propia «mediocridad» no salvó al jerarca nazi de la condena; al contrario, quedó claro que incluso los funcionarios burócratas, intermedios y grises tienen el deber de elegir.

Más de sesenta años después, el ensayo de Hannah Arendt sigue planteando incómodas reflexiones: tal vez la era de la «banalidad del mal» haya terminado y haya sido sustituida por la de su «banalización». Un fenómeno desencadenado esta vez por el proceso inverso: el deseo de agregar, equiparar e igualar las faltas de los demás. Por ejemplo, atronando sobre la «responsabilidad colectiva» y el «mal absoluto», sin admitir distinciones. Una simplificación audaz, a partir de la elección de las palabras con las que contamos la maldad humana, creando similitudes, evocaciones y conexiones entre las palabras, incluso donde no existen.

Es así como el significado de términos como limpieza étnica, genocidio, racismo, autoritarismo, terrorismo... violaciones… han acabado plegándose a la vaguedad del sentido común, a pesar del mérito de los contextos individuales y de aquellas definiciones jurídicas construidas con estudio y precisión.

La incapacidad de discernir sus rasgos distintivos entraña otro riesgo inevitable: al trivializar el mal, acabamos trivializando también la bondad, oponiendo ingenuamente a la pesadilla de los demonios nuestro pretendido panteón de santos. Una polarización absoluta, sin matices, que no contempla dudas ni vacilaciones y que no concede derogaciones ni deserciones.

Todo lo útil parece bueno y urgente; todo lo que amenaza nuestras convicciones o intereses, execrable y a aniquilar al instante. Una polaridad que no nos permite captar la maraña de la realidad, hecha de gradaciones intermedias entre la paz perpetua y la guerra total,…, entre la inocencia y la culpabilidad,…, entre la bondad y la maldad.

Frente a esta parálisis, resulta tan importante como urgente restablecer en nuestro pensamiento alguna forma de correspondencia entre nosotros y el mal que percibimos. Corresponder, significa «dar una respuesta adecuada» al desafío planteado. Pero si el único reflejo es imprimir la marca de Caín a cualquiera que no se ajuste a nosotros, nunca sabremos si de esa respuesta puede surgir algo inesperado.

Un compromiso que es cualquier cosa menos trivial. Y es precisamente en nombre de la superación de esta banalidad que deberíamos volver a escuchar las razones del Mal. No para encontrar atenuantes, sino porque considerarlas justamente es la única manera de comprender lo que realmente entendemos por Bien.

¿Qué puede a unos hombres ponerse al servicio de una propuesta loca y ruin de violar a una mujer drogada, inconsciente…? ¿Son «monstruos» u «hombres corrientes»? Trivializar el mal sólo contribuiría a «absolver» de la culpa de una violación de libro de tomo y lomo.

Pero ¿de qué banalidad estoy hablando? No, no es cuestión de absolver a nadie. No pretendo dar ninguna explicación de una violación. Durante el juicio, se han oído proclamaciones de exculpaciones, de inocencias…, explicando y razonando incluso lo inverosímil. Las acciones eran monstruosas, pero quienes las llevaron a cabo eran personas normales, ni demoníacas ni monstruosas.

Y esto no explica lo inexplicable. Existe una «banalidad del mal» que no puede ignorarse si se quiere evitar volver a caer en la espiral infernal del mal. Ciertamente, no porque el mal, en sí mismo, sea trivial. Ni porque quienes lo cometen puedan considerarse triviales. Sino porque todos podemos hacer el mal, a veces sin darnos cuenta, aunque no seamos sádicos ni monstruosos. No se trata de negar que la perversión existe y que algunas personas sienten un goce particular al hacer sufrir a los demás. Se trata más bien de explicar que el bien y el mal no están separados por una barrera infranqueable. Aunque la barrera siempre existe, superarla es mucho más fácil de lo que uno se imagina.

Ninguno de nosotros está a salvo de la barbarie. Nadie puede saber cómo se habría comportado o cómo se comportaría en determinadas circunstancias. Al contrario, todos podemos «trivialmente» hacer el mal, porque la barbarie y la civilización coexisten en cada ser humano. La satisfacción del instinto, como la obediencia ciega al deber, pueden llevar a cualquiera a actuar sin pensar. Y cuando uno deja de pensar, ya no es capaz de distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. El concepto de banalidad del mal no es, pues, un mero eslogan.

Al contrario. Es quizá la única manera de explicar la radicalidad del mal humano: radical precisamente porque es trivial; radical porque todo el mundo puede hacerlo, a veces trivialmente, aunque algunos decidan no hacerlo. No es difícil entender por qué se hace el mal. La verdadera dificultad está en otra parte: ¿cómo hacer el bien, cuando es tan fácil deslizarse hacia la barbarie, cuando basta dejarse llevar por la corriente de las pulsiones para olvidar nuestra humanidad común?

 

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Religión Digital

MENSAJE A LOS JÓVENES


col martell

 

Para ti, joven, que amas la vida.  Acoge estas palabras de un hombre que ha caminado por el mundo soñando y luchando por una nueva humanidad de paz y fraternidad.

mundo jovenes1

Os comparto cómo visualizo el mundo que vivimos. El 10 de diciembre de 1948, después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, que dejó 60 millones de muertos, la Asamblea de Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Esta Declaración significó un avance para la humanidad en orden a la construcción de una sociedad libre de conflictos bélicos. Este acontecimiento fue un paso trascendental en la toma de conciencia de la fraternidad universal y de la dignidad de la persona sin importar raza, cultura, lengua, nacionalidad, credo religioso, género o condición social.

Sin embargo, hoy vivimos en un mundo caracterizado por las guerras, el genocidio de Israel en Gaza y el riesgo de una catástrofe nuclear global, que pondría en peligro la existencia de la vida en el Planeta.

Los países poderosos tienen el poder de las armas y el dinero, pero les falta la verdad, que la tiene la gente sencilla y noble. Los pequeños tienen la fuerza de la razón frente a la razón de la fuerza de los grandes.

Yo soy testigo del inmenso e hiriente sufrimiento de las guerras en Centroamérica y en Oriente Medio. Hoy existen 56 conflictos bélicos en el mundo. En todas las guerras los grandes ganadores son los fabricantes y comerciantes de armas. Pero los muertos los pone el pueblo. Todas las guerras tienen una causa común: la ambición geopolítica y económica de controlar la riqueza del planeta. No es bueno para la humanidad la existencia de un bloque unipolar. Estado Unidos tiene alrededor de 800 bases militares en 73 países y con ello pretende dominar el mundo. Nuestros enemigos no son los norteamericanos, ni los rusos, ni los chinos, ni los israelíes, ni los árabes, ni los palestinos… Nuestros enemigos son la codicia económica, la injusticia, la venganza, el racismo, la indiferencia ante el sufrimiento humano… Estos son nuestros enemigos.

Os hago una llamada para que os informéis de la realidad que vivimos a través de fuentes serias. En las redes sociales hay información seria y profunda, pero también hay muchas falsedades y bulos, muchas fake news. Sed críticos en vuestros análisis.

Soñamos con un mundo en Paz. Lo contrario a la Paz es la guerra, la injusticia, el odio, el rencor, la xenofobia, la aporofobia, la intolerancia y el armamentismo.  La Paz no es solo ausencia de guerra. La Paz es ante todo una sociedad justa, fraterna, respetuosa de la diversidad, dialogante y cuidadora de la Naturaleza. La Paz es fruto de la justicia, de la solidaridad con la humanidad sufriente y con todas aquellas personas que salen huyendo de sus países a causa del hambre y las guerras, migrantes y refugiados.   

La paz es el respeto a todo ser humano, sea hombre o mujer, rico o pobre, nacional o extranjero, no creyente o creyente, sea de la religión que fuera, cristiano, musulmán o de cualquier otra religión.  Es tomar conciencia de que todos los humanos somos hermanos.

La Paz es vivir en armonía con la Naturaleza, con las montañas, los valles, los ríos, los mares, las aves, los animales del campo… La Tierra y la Humanidad son inseparables, forman una única entidad indivisible. Los seres humanos somos parte de la Tierra. Somos Tierra que siente, Tierra que piensa, Tierra que ama, Tierra viviente.

mundo jovenes1
Llora la naturaleza y llora la paz

Vosotros, jóvenes, chicos y chicas, soñáis con un mundo nuevo más humano, justo, libre, equitativo, en donde se respeten los derechos humanos y se desarrolle la Cultura de Paz. Si mueren los sueños muere la esperanza.

Soñáis con un Planeta limpio. Pero lamentablemente, vivimos una situación de crisis climática -el cambio climático-. Se está contaminando el medio ambiente.  Se contamina los aires, los suelos, los ríos, los mares. Este año 2024 ha superado el récord de la temperatura más alta en las aguas del mar, fenómeno que ocasiona huracanes, DANAS como la de Valencia y en otros muchos lugares del planeta. Si no hay cambios profundos a nivel mundial, vosotros y vosotras, jóvenes, lo vais a pasar muy mal. El cambio climático va acelerándose y os plantea un desafío.

El planeta Tierra solo tiene remedio con una civilización de la sobriedad compartida. Que todos los seres humanos tengan cubiertas sus necesidades básicas de alimentación, vivienda, trabajo, salario digno, salud, educación…, pero no con derroches. Para acabar con la pobreza y salvar el planeta, hay que acabar con las grandes diferencias sociales que hay en el mundo, con ese 1% que posee casi tanta riqueza como el 99% de los habitantes de la tierra (Oxfam).

Sé que vosotros, jóvenes, sois conscientes de esta realidad. En vosotros está la capacidad de forjar una nueva humanidad. Para ello es necesario una recia personalidad. Ahí está el sentido de vuestra vida. El amor, la solidaridad, la ternura, la compasión son una fuerza transformadora personal y social. En vosotros está la esperanza de un mundo mejor del que os hemos dejado los adultos.

Levantad vuestra mirada más allá de las fronteras. Sed valientes y decididos porque os jugáis vuestro futuro y el de las generaciones venideras. Necesitamos construir una nueva civilización capaz de asegurar una vida digna y feliz para todos los seres humanos en un planeta y en un país con recursos limitados.

En vosotros está la esperanza. Ha llegado el momento. A lo largo y ancho de la Tierra emerge movimientos de jóvenes que buscan un estilo de vida más participativo, justo, equitativo, sencillo, abierto al diálogo, solidario y compasivo tanto con el ser humano como con la naturaleza. Es hora de soñar en una nueva civilización, en la utopía de otro mundo posible, porque amamos la vida y amamos a la humanidad.  Es hora de romper fronteras, abrir puertas y ventanas a los pueblos del mundo, con una actitud de respeto y diálogo, sin complejos de superioridad ni de inferioridad, libres de prejuicios y dependencias alienantes, apostando por la creación de hombres y mujeres nuevos con profundidad ética y espiritual, para incidir en el cambio estructural que el mundo necesita.

A lo largo de la historia han sobresalido grandes hombres y mujeres, defensores de los Derechos Humanos y de la Paz, que son hitos en el camino para un mundo de fraternidad universal. Señalo solo algunos entre muchos otros: Buda, Jesús de Nazaret, Francisco de Asís, Bartolomé de las Casas, Bahaúllah, Mahatma Gandhi, Luther King, Teresa de Calcuta, Oscar Romero, Raquel Corrie, Nelson Mandela, Pedro Casaldáliga, Ignacio Ellacuría, Rigoberta Menchú, Berta Cáceres, José Mújica, Dalai Lama, Papa Francisco…

Cada uno de vosotros tenéis la misión de dejar una huella para la construcción de otro mundo alternativo. Un cordial y fuerte abrazo a cada uno de vosotros y vosotras.

 

Fernando Bermúdez,

Miembro de Amnistía Internacional, Comités de Solidaridad Óscar Romero, Comunidades Cristianas de Base y Justicia y Paz.

Alguazas (Murcia), España

NAVIDAD ES AMAR CUAL SAL DE MAR…


col martell

 

El mar es el don permanente para la tierra con sus infinitas riquezas y bondades. Es saludable, salud viene de sal… Su sal la tenemos en todo lo que nos nutre y además nos agrega sabor. ¡Por algo nos saludamos! No saludar sería una ofensa.

El Imperio romano pagaba sus “salarios” en paquetes de sal a sus soldados, era lo más preciado y valioso. Se usaba para sazonar, conservar alimentos, detener hemorragias, antiséptico para las heridas.

La invocatoria majestuosa que Jesús hace a sus acompañantes, y se identifican con Él, les dice: ¡“Vosotros sois la sal de la tierra”! Un cristiano si no es como la sal es insípido. Inspirar vida, insuflar vida, la pedagogía de Jesús era eminentemente vital. “Tener hambre y sed de justicia”. Jesús irrumpía las “lógicas” humanas… Dios infinito se entraña en el vientre de María y reposó en el pesebre de un establo… Blas Pascal versaba: “el corazón tiene razones que la razón no comprende”! más aún será el Corazón de Dios…!

Jesús como fuente de vida se dijo “Yo soy la vida”, así como la sal es invisible en el agua, así Dios es invisible fluyendo sin cesar en las infinitas vidas reinantes. La vida no la vemos, pero la sentimos palpitar inmensamente por doquier…. No vemos al artista, pero su obra lo presencia. “lo esencial es invisible a los ojos” nos decía un Principito.

Hablar de amor necesita la boca, actuar con amor se necesita alma, espíritu: Navidad es el Amor Divino que se difunde con su prístino Don de Sí mismo, asume nuestra corporalidad para salar y salvar la historia humana, da hasta su última gota de sangre en su cruz, crucificado por el poder que se arrogan los humanos para dominar y, o matar a sus adversarios. Los humanos sólo somos huéspedes de esta casa común, no dueños.

Jesús permanece en nuestra historia indeleblemente: “Ante y después de Cristo”. Por ello Navidad es todos los días germinando vidas. Es tan universal como los océanos, tan universal como el corazón humano, no hay corazón que no difunda su sangre por todas nuestras venas. Lo maravilloso de este magno misterio: vibra en los más profundos silencios, como las raíces… En los silencios susurra la vida.

“He venido a liberar los corazones oprimidos, a dar vida y vida en abundancia”. ¿Puede haber algo más superior que el amor, la paz, sustentable para la existencia humana?

Gustavo Gutérrez Secretario General de las Naciones Unidas ha señalado con cierta frecuencia que nuestra humanidad bordea entre precipicios. Sin embargo, tenemos la candorosa Navidad, el Niño Dios balbuceando en un pesebre: el Orbe la celebra como el día de la fraternidad, los hogares y las calles se engalanan, nos abrazamos, la tierra reconciliada con los cielos. Todos somos Uno, olas del mismo mar, flores de un mismo jardín. Pese a los Caínes del mundo con sus armas, la Estrella de Belén nos preside: “Paz a los humanos de buena voluntad”, Paz a los humanos con el sabor de amar y el sabor de servir…

 

Pedro Aranda Astudillo

Fundador de la Corporación Gen

Diciembre 2024

Sagrada Familia ¿QUÉ O A QUIEN BUSCAMOS? ¿POR QUÉ SEGUIMOS BUSCANDO A JESÚS? Lc. 2, 41-52

col labrador

 fe adulta


En pleno ambiente navideño nos encontramos este domingo, dedicado a la Sagrada Familia, con un texto evangélico nada fácil. Nada fácil por el texto en sí mismo y por ese ambiente que tiñe o sesga nuestra lectura.

Son los últimos versículos de estos dos primeros capítulos de Lucas que conocemos como los evangelios de la infancia de Jesús. En el versículo siguiente ya se nos presenta otro escenario y a Juan Bautista y Jesús en plena vida pública.

Intentemos dejar a un lado el “evangelio del niño perdido” y acerquémonos al texto, elaborado como una parábola que quiere mostrar o dar testimonio de Jesús, el Hijo de Dios, propósito que vertebra todo el evangelio de Lucas. Y desde esta perspectiva os invito a pararnos en tres aspectos:

- Jesús, Hijo de Dios, un adulto que toma la Palabra en el Templo

Recordamos que en Israel, en tiempos de Jesús, un niño pasaba a ser considerado adulto a los doce años, con una serie de ritos y obligaciones, entre ellas la subida al Templo de Jerusalén en la Pascua. Por lo tanto el relato no trata de un niño, sino de un hijo adulto, que va descubriendo, y esta es la intención del evangelista, que su vida tiene su razón de ser en cumplir la voluntad de Dios, su Padre. Y nos lo presenta en un ambiente concreto, el Templo, rodeado de maestros de Israel, a los que trata como a iguales, les hace preguntas y les responde. Es decir, el evangelio nos presenta a Jesús como “maestro”, y maestro que asombra y deslumbra.

Y correlativa a la imagen de Jesús maestro, está la de discípulo. En este caso una imagen rompedora de discípula, porque es una mujer, María, su madre, la que conservará todo esto en su corazón. Verdadera actitud de discípulo, llevar en el corazón las palabras y gestos de su Señor.  

- Jesús que nos pregunta a nosotros como a María y José ¿Por qué me buscabais?

No es cualquier pregunta al paso, en el texto de hoy aparece cuatro veces la idea de “buscar” (vv. 44, 45, 48 y 49). Es más, el evangelio está lleno de expresiones sobre los que “buscan a Jesús” sin encontrarle unas veces (Lc 2, 44-45 y 24, 3, 23-24) y encontrándole otras (Lc 2, 46; cf. Lc 24, 7, 21, 46).

Porque esta búsqueda, nos dice Lucas, requiere unas actitudes, o responde a unos “por qués”. Lo vemos en los pastores, pobres y marginados, y los Magos, estudiosos y extranjeros, (Mt 2,11) que fiándose de las señales, escuchando atentamente lo que saben interpretar como voz de Dios, expresada en ángeles o en la estrella, le reconocen y le encuentran en ese niño pobre pequeño, recostado en un pesebre, tan distinto a lo que esperaban. Actitud tan distinta a la búsqueda de los maestros de la Ley que, a pesar de leer las escrituras o precisamente por ello, no lo encuentran. No lo encuentran porque solo buscan lo que confirme sus teorías, sus planes, sus leyes…  ¿Por qué buscamos nosotros a Jesús? ¿Cómo le buscamos? ¿Estamos abiertos/as a las pobrezas, a los pesebres, a los llantos de un niño como expresión de la cercanía y la ternura de nuestro Dios? ¿O intentamos marcarle los caminos, los nuestros, que nunca son los suyos?

- Jesús que interpela a María y José y a cada uno de nosotros: “¿No sabíais que yo…?”

Otra expresión que recorre el evangelio de Lucas, de estos primeros capítulos al último. Hoy escuchamos cómo reprocha a sus padres, inquietos y preocupados, lo mismo que a los discípulos de Emaús, decepcionados y tristes: “¿Es que no sabíais…?  Y en ambos el texto añade: “Pero ellos no comprendieron” no comprendieron los hechos ni las palabras de Jesús.

¿Cuántas veces no nos pasa a nosotros lo mismo? No comprendemos los silencios de Dios, no entendemos lo que hace o sus planes entre nosotros…  En esos momentos el evangelio nos invita a dar el salto de la fe, a “guardar en nuestro corazón” eso que no entendemos y, a pesar de ello, como María la discípula fiel, abandonarnos a su voluntad para seguirle, para ser también sus discípulos.

Que este domingo, al acoger el evangelio nos dejemos interpelar por Jesús. Que después de escuchar de sus labios de tantas formas ese ¿Por qué me buscáis? ¿No sabéis que yo?...  comprendamos que Él sigue bajando con nosotros al Nazaret de nuestra vida, allí donde cada uno estamos, donde se va desarrollando lo ordinario y lo excepcional, donde nos encontramos con los demás y vamos creciendo, donde las relaciones de familia y amistad se afianzan, donde gratuitamente recibimos las gracias que nos hacen mejores, más felices…  Porque al final de nuestras búsquedas descubrimos que es Él el que ha decidido estar para siempre a nuestro lado y animar desde dentro nuestras vidas, si le dejamos. Que esta sea la continua Navidad que vivamos día tras día.

Sagrada Familia YO DEBÍA ESTAR EN LAS COSAS DE MI PADRE


Leer la Palabra con una cierta profundidad demanda leerla con detención, no como una mera historieta. Esto es lo que pasa este domingo: la escena del niño perdido y hallado en el templo nos resulta simpática porque termina bien y el niño es reintegrado a la familia. Esto le sirve a la catequesis para hablar de los valores de la familia, aunque aquí no se presenta particularmente diligente. Quizá las cosas van por otro lado.

Pone el autor en boca de Jesús una frase que parece un tanto hiriente: YO DEBÍA ESTAR EN LAS COSAS DE MI PADRE. ¿Qué son “las cosas de mi Padre”? Leyendo el conjunto del evangelio el asunto queda meridianamente claro: que el pobre sea dichoso, que las lágrimas sean atendidas, que la justicia dé un paso al frente y la muerte uno atrás, que el perdón venza a la venganza y que la compasión sea lo primero, etc. Que los valores evangélicos, en suma, vayan adelante. De eso se ocupa Jesús porque esas son “las cosas del Padre”.

Diríamos nosotros que hoy se ocupan de esas cosas del Padre:

· Los jóvenes que van en riadas a Valencia a echar una mano y todo aquel de nosotros que echa una mano desde aquí.

· Los hermanos maristas que se quedan en el Líbano a riesgo de sus vidas.

· Los jóvenes que cualquier domingo por la tarde trabajan con adolescentes en tiempo libre.

No lo dudemos. Esos están las cosas del Padre, las cosas por las que Jesús se ha entregado. ¿Cómo podríamos nosotros sumarnos a esa corriente de las cosas del Padre?

· Sensibilicémonos: que nos importen las situaciones de quien está mal, que no nos sean indiferentes las guerras y las desgracias ajenas, que las suframos de alguna manera. ¿Podemos poner remedio sin sufrirlas?

· Informémonos: leamos algún artículo sobre Gaza, el Líbano, Siria, Ucrania, etc. Saber más nos acerca más.

· Impliquémonos: no nos refugiemos en nuestro bienestar, salgamos un poco de la zona de confort, tomemos pequeñas decisiones a favor del otro.

Dice el Papa Francisco una frase luminosa en su última encíclica: «Si nos alejamos de la comunidad humana, también nos iremos alejando de Jesús. Si la olvidamos y no nos preocupamos por ella, nuestra amistad con Jesús se irá enfriando. Nunca se debería olvidar este secreto. El amor a los hermanos de la propia comunidad humana es como un combustible que alimenta nuestra relación de amigos con Jesús. Los actos de amor a los hermanos pueden ser el mejor o, a veces, el único modo posible de expresar ante los demás el amor de Jesucristo» DN 212).

Estamos en Navidad. Que sea fiesta de alegría, pero que hagamos en ella un sitio, siquiera pequeño, a las situaciones de quienes anda mal. ¿No es la encarnación una noticia buena para los más frágiles? ¿No son esas “las cosas del Padre”?

Sagrada Familia FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

 fe adulta

Suele decirse que la familia está en crisis. Los matrimonios por la Iglesia, y también los civiles, disminuyen de forma notable; los divorcios y las separaciones crecen. En la fiesta de la Sagrada Familia esperamos que las lecturas nos animen a vivir nuestra vida familiar. Y así ocurre con las dos primeras, mientras que el evangelio nos depara una sorpresa.

Hijos adultos y padres ancianos (Eclesiástico 3,3-7.14-17a)

Curiosamente, la primera lectura no se dirige a los padres, sino a los hijos. Pero no se trata de hijos pequeños, sino de personas adultas, casadas, que conviven con sus padres ancianos (cosa frecuente en el siglo II a.C.). El texto de Jesús ben Sira (autor del libro del Eclesiástico) da por supuesto que esos hijos tienen suficientes recursos económicos y, al mismo tiempo, vivencia religiosa. Son personas que rezan y piden perdón a Dios por sus pecados. Pero, según ben Sira, el éxito a todos los niveles, humano y religioso, dependerá de cómo trate a sus padres ancianos. En una época en la que no existía la Seguridad Social, «honrar padre y madre» implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata solo de eso. La actitud de respeto y cariño hacia el padre y la madre es lo único que garantiza que la oración sea escuchada y que los pecados «se deshagan como la escarcha bajo el calor».

Maridos, mujeres, hijos y padres (Colosenses 3,12-21)

El texto de la carta a los Colosenses comienza con una serie de consejos válidos para toda la comunidad cristiana, entre los que destacan el amor mutuo y el agradecimiento a Dios. Pero ha sido elegido para esta fiesta por los breves consejos finales a las mujeres, los maridos, los hijos y los padres.

El que resulta más problemático en la cultura actual es el que se dirige a las mujeres: «vivid bajo la autoridad de vuestros maridos». Pero en la situación del imperio romano durante el siglo I, cuando sobre todo las mujeres de clase alta presumían de independencia y organizaban su vida al margen del marido, no es raro que el autor de la carta pida a la esposa cristiana un comportamiento distinto. El consejo a los maridos, amar a sus mujeres y no ser ásperos con ellas sigue siendo válido en una época donde abunda la violencia de género. Los consejos finales a padres e hijos sugieren el ideal de las relaciones entre ambos: un hijo que obedece con gusto, un padre que no se impone a gritos e insultos.

¿Un evangelio impropio? (Lucas 2, 41-52)

Después de los consejos anteriores, que animan a obedecer y respetar a los padres, lo que menos podíamos esperar es un evangelio en el que Jesús parece ofrecer un pésimo ejemplo de falta de respeto. ¿Qué quiere decirnos Lucas con este extraño episodio que solo cuenta él?

Lo que quiere decir a María y de María

En el relato inmediatamente anterior se ha contado que Simeón, al tener a Jesús niño en sus brazos, además de hablar de su futuro anunció a María que una espada le atravesaría el alma. Jesús no iba a ser para ella puro motivo de alegría, sino también de angustia y preocupación. Saltando por alto doce años, la visita al templo le sirve a Lucas para ejemplificar esa espada que atravesaría a María durante toda su vida: sufrimiento y desconcierto (porque, aunque Jesús se explique, “ellos no comprendieron lo que quería decir”). Cuando hablamos de los sufrimientos de María, de sus “dolores”, pensamos casi siempre en la pasión y muerte de Jesús. Sin embargo, Jesús hizo sufrir a María toda su vida, no solo al final. La hizo sufrir con su actividad y sus palabras, que suscitaban la oposición y el rechazo de mucha gente y que terminarían provocando su muerte.

Lo que quiere decir de Jesús

¿Qué pensaba Jesús de sí mismo? ¿Era simplemente un buen israelita que, un día, acudió a que Juan lo bautizara y después tuvo la experiencia de que Dios le hablaba y le encomendaba una misión, como parece sugerir el comienzo del evangelio de Marcos? Lucas quiere corregir esta imagen. La estrechísima relación de Jesús con Dios no empieza en el bautismo, se da desde siempre.

Este episodio se comprende mucho mejor si se recuerda la historia del profeta Samuel. Consagrado por su madre al templo, ha pasado toda su vida junto al sacerdote Elí. Hasta que, a los doce años (según Flavio Josefo), una noche Dios lo llama: “Samuel, Samuel”. Naturalmente, no puede imaginar que Dios lo llame y va corriendo junto al sacerdote Elí. Este le dice que no lo ha llamado, que vuelva a acostarse. Pero la escena se repite al pie de la letra, y el narrador se siente obligado a comentar: “Samuel no conocía todavía a Yahvé”. Lleva doce años en el templo, viviendo con el sumo sacerdote, asistiendo al culto, pero “no conocía todavía a Yahvé”. Jesús, en cambio, a los doce años, sabe perfectamente cuál es su relación con él: “¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?” Dios es su Padre, y ese conocimiento se lo ha comunicado ya a José y María con anterioridad. Estas palabras contrastan no solo con la ignorancia de Samuel sino también con lo que le ha dicho María: “Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.” Para Jesús, su único Padre es Dios. Y su misión la ha recibido mucho antes del bautismo.

Lucas, tan buen conocedor de la Escrituras, cuando dice que Jesús asombraba a todos los maestros con su sabiduría, es posible que esté aludiendo al Salmo 119: “Soy más docto que todos mis maestros porque medito tus preceptos. Soy más sagaz que los ancianos porque observo tus decretos” (vv.99-100). Aunque Jesús no pondrá nunca el acento en la letra de los preceptos y decretos, sino en la entrega plena a la voluntad de su Padre.

María y nosotros

Lucas tiene especial interés en presentar a María como modelo del cristiano. Con pocas palabras (“He aquí la esclava del Señor”), con el silencio (como en el caso de los pastores y de Simeón) y, sobre todo, con su actitud de reflexionar y meditar todo lo que se relaciona con Jesús. María no es tan lista como los teólogos, y mucho menos que los obispos y papas. Ella no entiende muchas cosas. Jesús la desconcierta. Pero conoce el gran remedio para el desconcierto: la oración. Cuando estamos a punto de recomenzar el contacto con la actividad de Jesús, es muy bueno acordarnos de ella e intentar imitarla.

Sagrada Familia LA CASA DEL PADRE I Domingo después de Navidad 29 de diciembre Lc 2, 41-52

 


Sin duda, Lucas elaboró este relato con el fin de presentar a Jesús como hijo fiel que vive desde y para el Padre. No puede ser casual que, en este evangelio, el término “Padre” sea el primero que aparezca en boca de Jesús y sea igualmente el último: “Padre, a tus manos confío mi espíritu” (Lc 23,46).

¿Qué significa “estar en la casa del Padre”? Desde un nivel mítico de consciencia, el Padre es alguien separado que marca el destino del mundo y del ser humano. El acierto consiste, por tanto, en vivir cumpliendo su voluntad, entendida de manera heterónoma, y anhelando el encuentro con él, acabando con la separación sentida como fractura.

Desde la comprensión no-dual, la “casa del Padre” es la única y misma “casa” de todo. No se trata, por tanto, de un lugar ni de un ser separado, sino que se refiere a ese Fondo último que constituye el núcleo y la identidad última de todo lo que es: el Fondo que constituye y sostiene a todas las formas.

Vivir en la casa del Padre es vivir en conexión con eso que somos, ese no-lugar -dado que no puede ser pensado-, que es Plenitud. Se halla siempre disponible, si bien, para acceder al mismo, se requiere entrenarse en acallar la mente. Es justamente el silencio de la mente (silencio del yo) el que nos permite ver más allá de las formas y conectar, descansar, permanecer, vivir y actuar desde el Fondo. De hecho, a poco que agudicemos el oído interno, si no lo tenemos muy desacostumbrado o incluso atrofiado, no tardaremos en oír la voz interior del Anhelo que clama: “Ven a casa”.

 

miércoles, 18 de diciembre de 2024

La ‘mujer-bomba’ que quiso atentar contra el Papa: Francisco revela dos intentos de ataque en su viaje a Irak

 Religión Digital

La Gendarmería vaticana recibió un aviso de los servicios secretos británicos
El papa Francisco ha revelado que en su viaje a Irak en marzo de 2021, el primero de un pontífice a ese país, se evitaron dos intentos de atentado, en un extracto d
e su autobiografía adelantado este martes antes de su publicación en enero Ver noticia

Sin refugio, sin comida y sin combustible: la pesadilla del invierno se cierne sobre los desplazados en Gaza -- Malak A Tantesh


 Rebelión

Fuentes: El Diario
Los palestinos que viven en la Franja, martirizada por más de un año de bombardeos y ataques israelíes, se enfrentan a graves penurias, que se ahondan con la caída en picado de las temperaturas y el aumento de las enfermedades. Ver noticia 

Argentina. A un año del gobierno de Milei: resumen de la represión a la protesta social -- Jesús Cabral

 


Resumen Latinoamericano

Represión policial contra los jubilados. Foto: Prensa Obrera
En diecisiete de las sesenta movilizaciones que monitorearon los organismos de control, se produjeron episodios represivos por parte de las fuerzas de seguridad, esto indica que una de cada tres manifestaciones sufrió la represión estatal. Ver noticia

Francisco: “Los sacerdotes, a veces, parecen amargados y tristes, más solterones que casados por la Iglesia”

 


Religión Digital

El pontífice escribe una columna de opinión para ‘The New York Times’ Francisco: “Los sacerdotes, a veces, parecen amargados y tristes, más solterones que casados por la Iglesia”
“La vida tiene inevitablemente sus tristezas, que forman parte de todo camino de esperanza y de todo camino hacia la conversión. Pero es importante evitar a toda costa regodearse en la melancolía y no dejar que (esta) amargue el corazón” Ver noticia

VIQUI MOLINS, A QUIQUE: "ESTOY SEGURA DE QUE A JESÚS LE HAN HECHO REÍR TUS INTERPRETACIONES"


col martell

 

El día que recibí tu petición, querido Enric Arenós, –Quique, para todos los que te admiramos– me hizo una gran ilusión. Sigo desde hace muchos años tus publicaciones y tus dibujos me han hecho reír y pensar, me han animado e, incluso, en algún momento, han acompañado mi oración personal diaria.

Tan pronto como me llegó el texto con los dibujos correspondientes a cada frase de los cuatro evangelios, y sin imprimirlos –para no gastar demasiado papel–, desde el ordenador mismo, los leí y contemplé con una sonrisa de placer, porque me sentía como pez en el agua con este sentido del humor, incluso contemplando la Palabra de Dios.

Y empezaré mi comentario con este trasfondo que hay en todos tus dibujos, esos mismos que durante tantos años nos han acercado a grandes verdades desde la riqueza de esta virtud –para mí lo es– que llamamos sentido del humor. Recuerdo lo que me decía una de las mejores formadoras que jamás he tenido en mi vida religiosa: «Hay tantas cosas difíciles de tragar que lo mejor es tamizarlas mediante el humor».

Hace unos años, cuando empezaron a bajar el número de vocaciones y, por tanto, la mayoría de las hermanas éramos las que habíamos vivido el Concilio Vaticano II, hice un libro recogiendo con humor todas esas anécdotas de la vida religiosa de antes del Concilio, que ya resultaban irrisorias por lo caducas e, incluso, ridículas, cuando no injustas, con la mirada actual. A veces, sentía mucha pena cuando veía a algunas hermanas resentidas por cosas que habíamos vivido en otros tiempos. Yo siempre decía y experimentaba que el sentido de humor curaba muchas de estas heridas.

Es por eso por lo que siempre he reído mucho con tus dibujos y tus expresiones, tan típicas de Quique. Tus verdades son considerables y, a menudo, bastante punzantes, pero el sentido de humor las hace más entendibles, por un lado, y menos hirientes, por otro.

Sea el evangelio que sea, hay unos temas que se repiten desde distintas perspectivas y que recoges en tus viñetas, evidenciando la riqueza de la Palabra de estos cuatro códices de conducta que nos harían felices de verdad si nuestra vida se ajustara a ellos.

Un tema que me ha encandilado –es uno de mis favoritos de la Palabra– ha sido el de las bienaventuranzas, este salvoconducto de felicidad que nos brinda Jesús y que tanto nos cuesta vivir y, por tanto, ser felices.

Me he preguntado muchas veces por qué, cuando estudiábamos catecismo, le dábamos tanta importancia a los mandamientos –sobre todo el de la santa madre Iglesia, que nos llevaba al infierno si faltabas a la misa del domingo y «fiestas de guardar»–, pero siempre por encima de las bienaventuranzas, que eran una verdadera fórmula para ser felices. El hecho de que dediques tantas viñetas a las bienaventuranzas me hace pensar que coincidimos en la importancia que ambos les damos por encima de los mandamientos –y no tanto del «único» que nos dejó Jesús como una valiosa herencia: «Como yo os he amado, amaos también unos a otros» (Jn 13,34)–.

Enric, he aquí los temas más frecuentes y que más me han impresionado en tus viñetas: una Iglesia «en salida», a la que dedicas un humor que hace pensar y que debería avergonzar a todos los que la amamos y que escuchamos con alegría aquel grito inicial del papa Francisco: «Quiero una Iglesia pobre y de los pobres». Este tema lo tienes muy asumido, Quique, tanto como el de las mujeres, ya se ve. Y te lo agradezco mucho. Te has puesto las botas reivindicándonos, ¡eh!

Pero quizá, donde más fuerte atizas es con unas de las cuestiones que más disgustaban a Jesús: la hipocresía, el orgullo, la vanagloria, que a veces ha sido nuestra postura en la Iglesia. Un orgullo que, a menudo, va de la mano de las riquezas, el dinero, el poder… Vaya, todo aquello que es tan contrario al Evangelio, es decir, a la Buena Nueva.

Y es aquí donde tanto te agradezco, Quique, todo lo que dices a favor de los últimos como verdaderos primeros en el Reino, el único reino ante el cual no soy antimonárquica… Son tantas las viñetas en que tratas el tema de los excluidos, los marginados, los emigrantes de las pateras, a los sintecho... que me siento muy compenetrada contigo cuando hablas de los que yo llamo «los nuestros» –legado que me dejó sor Genoveva, mi maestra de calle, poco antes de morir: «Viqui, ¿tú seguirás con los nuestros?»–. Creo que no exagero si digo que más de tres cuartas partes del libro tratan de ello. ¡Y me siento tan identificada!

Creo que el evangelio más difícil para tus viñetas, querido Quique, ha sido el de Juan, ¡pero lo has logrado! Me ha gustado mucho cómo lo has hecho para entender este versículo, con una viñeta a favor de las mujeres: «Se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer» (Jn 4,27). Has dibujado un capellán diciendo que las mujeres deben transmitir lo que los teólogos explican, y las mujeres responden: «¿Y no podría ser que fuesen las propias mujeres teólogas?».

Quizá este evangelio más teológico te ha dado tema para chistes bastante punzantes de algunas verdades que dan que pensar al respecto de la Iglesia y de ciertas conductas que podemos tener que no están de acuerdo con la Palabra.

Por otro lado, en este último evangelio hay expresiones que se prestan a la interpretación de algunas de tus viñetas, por ejemplo: «Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo» (Jn 11,57), acompañado de uno de los dibujos en el cual el sentido del humor dulcifica la crítica bastante atrevida hacia un tipo de creyente. El que tenga oídos…

Resumiendo, querido Quique, me has hecho pasar unos ratos maravillosos leyendo y contemplando tu libro. Y estoy segura de que a Jesús le han hecho reír tus interpretaciones, porque conoce tu amor a la Palabra y a la Iglesia como congregación de creyentes que, a pesar de nuestras incongruencias, nos reúne para que seamos uno, como Jesús y el Padre lo son. Gracias por tu sentido del humor.

 

Viqui Molins stj

Religión Digital

Viqui Molins Religiosa de la Compañía de Santa Teresa de Jesús

Quique--- LOS EVANGELIOS VISTOS CON AMOR

evangelios amor

AMO, LUEGO CONOZCO

 

Ya tengo en mis manos el último libro de Enrique y Mercedes Montalt

A modo de introducción

No todos los días te dicen que se han inspirado en tus escritos para ponerle un título a un libro. Cuando Enrique Montalt Alcayde me llamó no podía dar crédito: desde Valencia, después de haber intentado localizarme en varias ocasiones y, sin desfallecer en el intento, conseguir dar conmigo fue, por su parte, poco menos que meritorio. Tengo que reconocer que cuando cogí el teléfono pensé que sería alguno de esos comerciales que ese día no cesaban de fastidiar con sus insistentes y perseverantes llamadas. Pero no, quien lo hacía era Dios a través del bueno de Enrique para hacerme la presente invitación. Y es que uno no sabe hasta qué punto puede llegar un escrito, una palabra dirigida a un auditorio ni el alcance de aquello que un día expresamos... En el desierto de la comunicación, de las redes y los libros, también existen personas abiertas a la novedad y orientadas, como girasoles, hacia todo lo que huele a Evangelio. No son súper apóstoles, más bien meros depositarios de un tesoro que protegen en vasijas de barro.

Pese a sentirme indigno, agradezco sinceramente la invitación que me brindan Enrique y Mercedes para hablar de su precioso libro… Me ayudan a sentirme un poco menos inútil de lo habitual. Que un aprendiz de filosofía y teología como yo pueda suscitar alguna idea en alguien con la trayectoria y sabiduría de Enrique Montalt o de su hermana Mercedes me parece, además de increíble, esperanzador. Ya sé que Dios habló por una burra en Balaam. Pero hoy, confundidos con tantos canales e interferencias, se agradece contar con personas tan humanas como los hermanos Montalt, que mantienen el espíritu atento, lo más joven posible, dando razones de esperanza. Comprender el Evangelio en red supone tener un corazón humilde dispuesto a no dejar de aprender. Únicamente así se puede rematar un libro con tan profundo y bello título: Amo, luego conozco.

En un siglo donde la información inunda los escaparates y el conocimiento es la premisa para conseguir prestigio y escalar peldaños (la divisa del poderoso) sigue siendo revolucionario partir del amor como fuente de la verdadera sabiduría; sabiduría que se forja lentamente, en el silencio, en la interioridad y en el misterio de nuestras profundidades.  Porque, reconozcámoslo, hay gente que posee mucho conocimiento, pero muy poca sabiduría… Y es que "no el mucho saber harta y satisface el ánima, sino el sentir y gustar de las cosas internamente", como decía sabiamente Ignacio de Loyola, aquel que reconocía que las vanas glorias lo dejaban vacío y, sin embargo, el amor de Dios ensanchaba su corazón como una onda expansiva hasta entregar su vida gratuita y felizmente a los demás.

Precisamente, Francisco está intentando guiar a la Iglesia por este único camino posible hacia la buena noticia del Evangelio: el servicio, la pobreza y la fraternidad. La caridad es su único límite, puesto que el amor es quien distingue y separa la barbarie y la sinrazón del verdadero sentido religioso, el mismo límite que une fraternalmente todo lo que toca con el sello de la cáritas, el brillo de lo divino. Tan solo el amor está a salvo de los años y la interpretación porque es débil, porque no impone, porque su verdad es respetuosa y edificante, porque hace de los otros su imperativo categórico. Como afirma el maestro Gianni Vattimo en Después de la cristiandad, la clave está en debilitar las estructuras en los diversos ámbitos metafísicos de poder, disminuyendo todo tipo de violencia, rebajando los poderes y desenmascarando los abusos en el mundo. Y es que «si Dios existe, es amor; y si no, –como tantas veces repito– merece que lo matemos, que lo olvidemos, que lo saquemos de nuestras vidas e Historia». Porque díganme ustedes: ¿qué sentido tiene un Dios que no sea capaz de amar y unir, ofrecer, integrar, ayudar e igualar? Los cristianos tenemos una «buena noticia»: ¡qué tenemos alternativas para luchar de forma no violenta contra el mal de la violencia…! Porque todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios, pero el que no ama no conoce a Dios porque Dios es amor (1 Jn 4, 7-8).

Ser cristiano no es un mandato o una imposición sino un regalo. Vivir como Jesús es muy difícil pero no conozco mejor opción. Dios no es nuestro juez sino nuestro amigo. Como dice magníficamente Vattimo al final de Creer que se cree, «Si esto es un exceso de ternura, ese Dios mismo nos ha dado ejemplo de ello». Habrá que preguntarle a Él por qué es así de débil, por qué no se puede negar a sí mismo, ya que parece que lo que rige a Dios (y, por ende, al cristiano) es, como decía Jon Sobrino, «el principio misericordia». El amor es tan débil que no puede obligar, y tan grande que no deja de amar. El mensaje cristiano es un mensaje de encarnación y kénosis, un mensaje amable y amistoso, nada violento y distante, un mensaje encarnado, humanizado. Jesús vino a la historia de los hombres para mostrarnos el único camino posible para no destruirnos, para romper con la violencia y la distancia de Dios con los hombres y la de los que se erigen como sus representantes.

Si nos fijamos, el fracaso palpable de nuestra historia más reciente se ha dado cuando hemos justificado nuestros actos, a veces atroces, con nuestras ideologías y no hemos levantado el pie del acelerador. Hemos aplastado en nombre de Dios, del nacionalsocialismo, del fascismo, del comunismo, del capitalismo... justificando nuestros medios y métodos por «razón de Estado» o en aras a un «justo destino». Y no hay ideología que pueda poner a salvo al hombre, por más que su lucha en un momento de la historia pudiera quedar justificada. No podemos acabar convirtiéndonos en «dioses» para los demás. Nuestra única tarea es acompañarnos, convivir respetándonos en la pluralidad y mirarnos a los ojos como iguales, como hermanos, también en la Iglesia. Si entendemos la religión desde las claves de la caridad y el amor, «Hoy ya no hay razones filosóficas fuertes para ser ateo o, en todo caso, para rechazar la religión» como afirmaba Vattimo. Sigue siendo una pretensión casposa y trasnochada la lucha de un racionalismo cientificista o historicista que abogue por dejar fuera de juego socialmente a la religión. Me atrevo a afirmar que se trata de otro totalitarismo disfrazado de modernidad y cultura. Es curioso que nuestra sociedad actual, heredera de la Revolución francesa y la razón ilustrada de los siglos XVIII, XIX y XX esté empeñada en coger solamente una de sus proclamas, la primera: la libertad, olvidando el principio de solidaridad y el de fraternidad. Y más curioso todavía es que el capitalismo neoliberal también se haya apropiado de esta palabra. Como lograremos entender, ese uso de la libertad no garantiza la justicia, ni el respeto ni el orden: razones tenemos para matar, razones tenemos para invadir, para saquear, condenar, justificar y abandonar... ¿Será por razones? Solamente hay que poner los noticieros... Así, hoy la cuestión prioritaria está en reducir la violencia y no solo reconocerla, en procurar no separar medios de fines. El medio y el modo son también hoy el mensaje, y los cristianos deberíamos de saberlo porque la gente está harta de palabras vacías.

El cristianismo es la religión del amor, la religión más simple (y si me apura, la «no religión»), cuyo contenido se resume con los dedos de una mano, en tan solo cinco palabras: «a-mí-me-lo-hicisteis» (Mt 25, 40). El relato del Juicio final, que yo traduciría como «mensaje final de Jesús al mundo», viene a decirnos que no es necesario sentirse cristiano para serlo. Recordad la escena: ¿pero cuándo Señor te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber…? (Mt 25, 35-40). Ni lo sabían ni importaba, porque lo que verdaderamente importa es el amor. Y cuando con nuestras palabras y obras traducimos «Dios» por «Amor», los universos de comprensión de los interlocutores se conectan. Este lenguaje, bien comprendido, es todavía hoy (en la posmodernidad) universal y bien aceptado. Precisamente el Papa Francisco invita a creyentes y a no creyentes a trabajar en esta corresponsabilidad. Es la nueva koiné porque el amor lo interpreta todo. Por lo que, quizá, en lugar de presentarse como un defensor de la sacralidad de los valores, el cristiano –si quiere ser fiel seguidor de Jesús– debería actuar, sobre todo, como una especie de anarquista no violento, como un deconstructor irónico, guiado por el amor hacia los más débiles, e interpretando los signos de los tiempos bajo la única clave interpretativa comunitaria del amor.

¿Se puede no creer en Dios? Sí, por supuesto. Mucho más si ese “Dios” que transmitimos los creyentes es un Dios distante, incomprensible, difuso, perverso y lejano respecto al hombre. Sí, si Dios es un Dios muerto. A ese ya dijo Nietzsche que, entre todos, lo habíamos matado… En ese Dios extra-terrestre tampoco yo creo. Pero si conmutamos Dios por Amor, ¡ay!, si interpretamos en gerundio, amando, entonces quizá tengamos menos problemas para entender lo divino como seres racionales que somos. “Amo, luego conozco”; “conozco, luego amo”. Hay que dar razones de nuestra esperanza: el amor a la sabiduría y la sabiduría del amor se abrazan y conjugan en gerundio. Ahondando en Jesús de Nazaret encontramos razones para seguir creyendo que el amor es la única religión capaz de superar la prueba y el fuego. Vivir, comunicar, testimoniar con el ejemplo, dar palabras, no cualesquiera sino las que permanecen escritas en el corazón y en la mente del hombre, aquellas capaces de tocar con la yema de los dedos la eternidad. Qué se lo pregunten al enamorado, al poeta, al místico y al cooperante, al misionero y al niño… a los que su intuición humanitaria les desvela algo “sagrado” pero tangible, que no puede transgredirse, olvidarse, violarse.

¿Por qué no entender que Dios existe y es amor, y el amor es Dios? No, no serán las razones las que salven este mundo. ¡Solo el amor podrá salvarnos!