jueves, 9 de julio de 2020
75 y 50 años de Profesión Religiosa en Oviedo
El pasado sábado 4 de Julio la comunidad salesiana de Oviedo-Masaveu estaba de fiesta, y no era para menos. La comunidad celebró los 75 años de profesión religiosa de Emilio Mata y los 50 de Melchor Lobato. VER NOTICIA
Mujer e Iglesia: “una ayuda adecuada” (Gn 2,18)
Clara Temporelli
“No hay ningún amor que no se convierta en ayuda”. Paul Tillich
“Una Iglesia sin mujeres es como un Colegio apostólico sin María. El papel de la mujer en la Iglesia no es solamente la maternidad […], sino que es más fuerte; es precisamente el icono de la Virgen, de María, la que ayuda a crecer a la Iglesia. Pero dense cuenta de que la Virgen es más importante que los Apóstoles”[1]. El 12 de diciembre de 2019 Francisco resaltaba en la Iglesia su calidad de mujer y madre al igual que María, de la misma manera que ha reivindicado los legítimos derechos de la mujer pues “varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y que no se pueden eludir fácilmente”[2].
··· Ver noticia ··Argentina ante el chantaje sionista
María Landi
Mientras en el mundo crece la indignación, las manifestaciones y movilizaciones en rechazo a los planes israelíes de anexar formalmente un tercio del territorio de Cisjordania, en Argentina se ha librado una batalla política y semántica. En mis artículos de febrero en este blog advertí sobre las embestidas del lobby sionista en el continente, al igual que en todo el mundo, presionando a los gobiernos para que adopten la controvertida definición de ‘antisemitismo’ elaborada por la IHRA. Cabe mencionar que la OEA al mando del infame Luis Almagro adoptó la definición en septiembre de 2019, marcando así el rumbo para los países del bloque americano.
··· Ver noticia El relator de la ONU advierte de que uno de cada cuatro españoles está en riesgo de pobreza o exclusión
Olivier De Schutter añadió que medidas como el Ingreso Mínimo Vital ayudarán a paliar estos problemas “beneficiando a alrededor de 1,6 millones de personas que viven en la extrema pobreza”.
La cuarta parte de la población española vive en la pobreza o está en riesgo de exclusión social, advirtió hoy el relator especial de Naciones Unidas para la Extrema Pobreza y los Derechos Humanos, Olivier de Schutter.
En la presentación ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU de su informe sobre la situación en este país, elaborado por su predecesor, Philip Alston, el relator indicó que pese a que España es una nación rica, afronta problemas graves, como “una enorme crisis de vivienda y paro estructural entre sus jóvenes”.
··· Ver noticia ···Mujeres y Eucaristía
Gabriel María Otalora
Redes Cristianas
Leo en Religión Digital que diez religiosas alemanas reivindican celebrar la Eucaristía como consecuencia de su reflexión sobre la desigualdad entre mujeres y hombres consagrados en el acceso a la celebración eucarística. Y lo argumentan recordando que una superiora puede ser directora espiritual de una comunidad religiosa, pero no presidir la celebración de la Eucaristía “¿Qué imagen de la congregación, del sacerdote y de la mujer está detrás de todo esto?” La de una extrema dependencia de las mujeres religiosas de un hombre consagrado, se responden.
Su propuesta concreta es que se reabra el debate del sacerdocio femenino, buscando respuestas más allá de un papel de oyente que sólo puede participar con respuestas estandarizadas. “No hay vuelta atrás para nosotras”, han asegurado. Las monjas de Estados Unidos llevan años en el ojo del huracán de la Curia romana pidiendo una Iglesia que no discrimine a la mujer y le permita el acceso al sacerdocio.
Con el Código de Derecho Canónico en la mano, la discriminación de las monjas y religiosas es más grave que la de las laicas. Sin embargo, excepciones ha existido. El 22 de julio de 2017, el Vaticano dio licencia a la hermana Thiffault para celebrar una boda en una diócesis de Quebec, debido a la escasez de sacerdotes retorciendo el capítulo V del Código Canónico que afirma lo siguiente: “Donde no haya sacerdotes, ni diáconos, el obispo diocesano, previo voto favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios”. Pero en ninguno canon se menciona a las religiosas ni a las monjas; tampoco a las seglares, claro.
Jesús dio un cambio radical al sacerdocio tradicional de Israel y así debe entenderse cuando Pablo llame a Jesús sumo o gran sacerdote, sin perder de vista el mensaje de la Última Cena en la que instaura un nuevo tipo de sacerdocio que nada tiene que ver con las categorías judías del Templo. En el concepto paulino de sacerdocio, todos los fieles somos sacerdotes sagrados en la misión de evangelizar, profetas y reyes por el bautismo. En el Antiguo Testamento los tres tipos de mediadores entre Dios y su pueblo eran el sacerdote, el profeta y el rey. A partir de Cristo, Él es el gran mediador y maestro que reúne en su persona a los tres. Y quienes recibimos el bautismo somos proclamados como tales ante el obispo cuando nos confirma los tres derechos y deberes evangélicos adquiridos por el bautismo: testimonio, misión y servicio.
Jesús aparece claramente distante de la realidad sacerdotal entendida como la entendían los judíos y a veces nosotros, en el sentido de una labor estamental concreta desde el poder y la superioridad clerical con el que se sigue actuando gracias al Código Canónico.
Las mujeres han seguido a Jesús desde el principio en Galilea como atestigua con profusión el evangelio. Le acompañaron en su predicación del Reino aceptando su misma vida desinstalada y aceptaron su enseñanza. Tampoco le abandonaron cuando estuvo en la cruz y solo ellas fueron las testigos de la Resurrección, no los apóstoles, como lo cuentan los cuatro evangelios.
No se puede encontrar en boca de Jesús un dicho o palabra que minusvalore o justifique la subordinación de la mujer. El comportamiento patriarcal de la Iglesia posterior con las mujeres no pudo basarse ni en Jesús ni en su actitud sino en razones más humanas.
Pablo encuentra a cristianas en sus lugares de misión y él las respeta, reconoce y admira su labor. En Filipenses, Pablo llama colaboradores (synergós) indistintamente a hombres y mujeres; a Febe le llama “diaconisa” o “presidente” de la iglesia de Cencreas (Rom 16). Los prejuicios androcéntricos han intentado rebajar la importancia paulina de la mujer, pero “Ya no hay hombre ni mujer porque todos vosotros sois uno en Cristo.” (Gal 3, 28).
A pesar de todo, la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis de Juan Pablo II afirma que “este tema atañe a la misma constitución divina de la Iglesia”, que “la Iglesia no tiene la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres y que este dictamen debe ser considerado como definitivo”. Pero no es dogma de fe.
Los jesuitas denuncian “el sufrimiento constante que generan los CIE”, mientras las Administraciones “miran hacia otro lado”
SJM publica su décimo informe anual: Diez años de derechos vulnerados en CIE
En 2019 fueron internadas un total de 6.473 personas, un 18% menos que en 2018. El porcentaje de repatriación desde CIE se mantuvo, en torno al 60%; y uno de cada tres internos solicitaron asilo
Los equipos de SJM visitaron el pasado año a 793 personas y detectaron, además de a 59 posibles menores de edad internados, una larga lista de derechos vulnerados, reiterados durante los diez años de presencia en CIE
··· Ver noticia ··Santiago Agrelo: “Para los que observan el mundo a través de su angosta mirilla moral”
Santiago Agrelo arzobispo emérito de Tánger
“Observadores del mundo a través de su ojo inmoral y sucio” S
“Ni entonces ni ahora interesa ‘la pecadora’. Sólo interesa desautorizar a Jesús: O traiciona su misericordia, o queda a la vista de todos que es un traidor a la ley”
“Para los de la mirilla angosta, el mundo evocado es sólo un infierno frío, gélido, oscuro, ajeno a la vida… sólo un infierno”
··· Ver noticiaEl coronavirus: un ataque de la Tierra contra nosotros
LEONARDO BOFF
Hasta el día de hoy la preocupación sobre la Covid-19 se centra en la medicina, la técnica y todos los insumos que eviten la contaminación de los trabajadores de la salud. Se busca urgentemente una vacuna eficaz. En la sociedad, el aislamiento social y evitar la aglomeración de personas. Todo esto es fundamental. Sin embargo, no podemos considerar el coronavirus como un dato aislado. Debe ser visto dentro del contexto que permitió su irrupción.
El virus vino de la naturaleza. Pues bien, como dice el Papa Francisco en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común”: «Nunca hemos maltratado y herido a nuestra Casa Común como en los dos últimos siglos» (n. 53). Quien la hirió fue el proceso industrial: el socialismo real (mientras existió) y sobre todo el sistema capitalista hoy globalizado. Este es el Satán de la Tierra que la está devastando y la está llevando a todo tipo de desequilibrios.
Es el principal (no el único) responsable de las diversas amenazas que se ciernen sobre el sistema-vida y el sistema-Tierra: desde el posible holocausto nuclear, el calentamiento global, la escasez de agua potable hasta la erosión de la biodiversidad. Me hago eco de las palabras del conocido geógrafo estadounidense David Harley: «COVID-19 es la venganza de la naturaleza por más de cuarenta años de maltrato y abuso a manos de un extractivismo neoliberal violento y no regulado».
Isabelle Stengers, química y filósofa de la ciencia que ha trabajado mucho en asociación con el Premio Nobel Ilya Prigogine, sostiene la tesis que yo también subscribo: «el coronavirus sería una intrusión de la Tierra-Gaia en nuestras sociedades, una respuesta al antropoceno».
Sabíamos de otras intrusiones: la peste negra (la peste bubónica) que venida de Eurasia diezmó a un total estimado en 75-200 millones de personas. En Europa, entre 1346 y 1353, causó la muerte de gran parte de su población, que pasó de 475 a 350 millones de habitantes. Necesitó 200 años para recuperarse. Fue la más devastadora que se haya conocido en la historia. También fue notable la gripe española. Oriunda posiblemente de Estados Unidos, entre 1918-1920 infectó a 500 millones de personas y causó 50 millones de muertes, incluyendo al presidente electo Rodrigues Alves en 1919.
Ahora, por primera vez, un virus ha atacado a todo el planeta, causando miles de muertes sin poder detenerlo debido a su rápida propagación, ya que vivimos en una cultura globalizada con un gran desplazamiento de personas que viajan a través de todos los continentes y pueden ser portadores de la epidemia.
La Tierra ya ha perdido su equilibrio y está buscando uno nuevo. Y este nuevo podría significar la devastación de importantes porciones de la biosfera y de una parte significativa de la especie humana.
Esto sucederá, aunque no sabemos ni cuándo ni cómo, dicen biólogos notables. Si llegase el temido NBO (The Next Big One), el próximo gran virus devastador, podría, según el investigador de la USP Prof. Eduardo Massad, llevar a la muerte a alrededor de 2.000 millones de personas, reduciendo la esperanza de vida general de 72 a 58 años. Otros temen incluso el fin de la especie humana.
El hecho es que ya estamos dentro de la sexta extinción en masa. Según algunos científicos, hemos inaugurado una nueva era geológica, la del antropoceno y su más dañina expresión, el necroceno. La actividad humana (antropoceno) es responsable de la producción masiva de muerte (necroceno) de seres vivos.
Los diferentes centros científicos que vigilan sistemáticamente el estado de la Tierra confirman que, año tras año, los principales elementos que perpetúan la vida (agua, suelos, aire limpio, semillas, fertilidad, climas y otros) se están deteriorando cada día más. ¿Cuándo va a parar esto?
El día de la Sobrecarga de la Tierra (The Earth Overshoot day) ocurrió el día 29 de julio de 2019. Esto significa que en esa fecha se habían consumido todos los recursos naturales disponibles y renovables para ese año. La Tierra entró en números rojos, tenía un cheque sin fondos.
¿Cómo detener este agotamiento? Si insistimos en mantener el consumo actual, especialmente el consumo suntuoso, tenemos que aplicar más violencia contra la Tierra obligándola a darnos lo que ya no tiene o ya no puede reemplazar. Su reacción se expresa por eventos extremos, como el vendaval bomba de Santa Catarina a fines de junio y por los ataques de varios tipos de virus conocidos: zika, chicungunya, ébola, Sars, el coronavirus actual y otros. Hay que incluir el crecimiento de la violencia social, ya que la Tierra y la Humanidad constituyen una sola entidad relacional.
O cambiamos nuestra relación con la Tierra viva y con la naturaleza o tendremos que contar con virus nuevos y más potentes que podrían aniquilar millones de vidas humanas. Nuestro amor a la vida, la sabiduría humana de los pueblos y la necesidad del cuidado nunca han sido tan urgentes.
*Leonardo Boff es ecoteólogo y escritor. Acaba de escribir este libro O Covid-19: A Mãe Terra contra-ataca a Humanidade, que saldrá publicado por la Editora Vozes este año.
Traducción de Mª José Gavito Milano
MÍSTICA DE LA COMPASIÓN
FE ADULTA

La mística de la compasión impregna a la persona cuando se deja afectar por el rostro sufriente del otro, cuando las miradas doloridas se le clavan en la piel del alma y siente su tristeza como propia, en sus propias entrañas.
La mística de la compasión es todo lo contrario a la impasibilidad, la apatía, la indiferencia y la tibieza.
La mística de la compasión nos impulsa a estar vigilantes y dispuestos, con los ojos y los oídos siempre bien abiertos, para descubrir dónde se encuentran los empobrecidos, rechazados y marginados por el sistema, para salir a su encuentro.
La mística de la compasión se enfrenta y denuncia a los distintos poderes económicos y políticos que excluyen y discriminan; y cuida de las víctimas, las consuela y reincorpora a la vida social, ofreciéndoles una nueva perspectiva a su vida, después de haber recuperado su dignidad.
La mística de la compasión no vive de certezas dogmáticas, sino de búsquedas a tientas, pero conjuntas, desde el desconcierto de sentirnos frágiles, vulnerables, pero, a la vez, con el humilde convencimiento de tener un Espíritu, un aliento interior, que nos da fuerzas para enfrentar y sobreponernos a cualquier dificultad.
La mística de la compasión sabe que una persona tiene una capacidad limitada para aliviar tanto dolor, pero si muchas se unen, si se animan y abrazan, si se comprometen a liberar de la miseria, el odio, el racismo… tienen muchas más posibilidades de solucionar los problemas.
La mística de la compasión se deja acompañar muchos días por la tristeza, al no ver ningún resultado, ni vislumbrar caminos ni soluciones para solventar las dificultades. Entonces las tardes se vuelven grises y hay que aceptarla como compañera, permanecer en silencio y respirar profundamente hasta que vaya pasando.
La mística de la compasión, a pesar de todo, no se deja vencer y saca del hondón interior resistencia y fortaleza para seguir caminando, compartiendo, abriendo la mente, el corazón y las manos, y tendiéndolas hacia el otro que camina a nuestro lado.
La mística de la compasión es la compañera fiel de la esperanza. Pero una esperanza activa que ofrece ánimos y entusiasmo: construyendo alternativas para quien se encuentra sin empleo, dando alimentos a quien hoy carecen de ellos, acogiendo e integrando al inmigrante, sanando las heridas del odio y la violencia, ofreciendo casas para la gente sin hogar, luchando por la igualdad de la mujer y respeto para las personas LGTBI…
La mística de la compasión también sabe celebrar el gozo de la amistad y la fraternidad, organizando encuentros y fiestas para dialogar, recargar las pilas y sentirnos unidos. Así, comiendo y brindando, bailando y riendo, apreciamos la íntima satisfacción de sentirnos hermanados con quienes nos regalan el don gratuito de la confianza y la alegría compartida.
LA RELIGIÓN NO SE HUNDE. SE DESPLAZA
Se viene diciendo, desde hace décadas, que la religión está en crisis. Y ahora, con la pandemia del coronavirus, la crisis religiosa se ha puesto en evidencia de forma más patente y descarada. Las ceremonias, costumbres y prácticas religiosas (misas, bautizos, bodas, procesiones…), se abandonan; los seminarios y los conventos se van quedando vacíos, etc., etc. El hecho es evidente y no admite discusión. Ni siquiera me interesa darle vueltas en mi cabeza a los motivos que pueden explicar por qué se está produciendo este desplome religioso.
¿Es que no me importa, ni me interesa, esta crisis creciente del “hecho religioso”? Nada de eso. Me interesa. Y mucho. Lo que pasa es que yo veo todo este asunto desde otro punto de vista. La religión no está desapareciendo. Se está desplazando. Se está saliendo de los templos. Se les está escapando de las manos a los sacerdotes. Se desvincula de “lo sagrado”. Y cada día que pasa, la vemos y la palpamos más y más en “lo profano”. El centro de la religión ya no está “en el templo”, está “en la vida”. Y en la defensa, protección y dignificación de la vida. Además, la religiosidad está en el proyecto de vida y en la forma de vivir que cada cual asume, hace suya y pone en práctica.
Escribo esto el día 24 de junio, el día de San Juan Bautista. El padre de Juan era una sacerdote (Zacarías) y su madre (Isabel) era de la familia de Aaròn (Lc 1, 5), la familia sacerdotal en sentido pleno. Lo lógico habría sido que Juan hubiera ejercido de sacerdote en el templo. Pero no. Juan se fue al desierto (Lc 1, 80). Juan vio que el futuro no estaba en el templo y en sus ceremonias religiosas. Juan pensó que el problema capital era la conversión de los pecadores. Y eso es lo que predicó en sus sermones a la gente (Lc 3, 1-14).
Pero Jesús vio que el desplazamiento de la religión tenía que ser más radical. Por eso, cuando Juan se enteró (estando ya preso en la cárcel de Herodes) de las “obras” que hacía Jesús, le mandó dos discípulos a preguntarle: “¿Eres tú el que tenía que venir o esperamos a otros?” (Mt 11, 2-3; Lc 7, 18). El proyecto del Evangelio de Jesús desconcertó incluso a Juan Bautista. ¿No nos va a desconcertar a nosotros también?
La respuesta de Jesús a los discípulos de Juan es la clave: “Id a contarle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan… (Mt 11, 4-5 par). Y conste que lo más elocuente, de lo que dijo Jesús, es el final: “Y ¡dichoso el que no se escandalice de mí!” (Mt 11, 6). Cuando la preocupación central de la religión no es el pecado, sino que es la salud de los que sufren, hay gente que se escandaliza. Justamente lo que estamos viviendo, desde hace varias semanas. Ya no se aplaude a los curas y sus ceremonias. Se aplaude a los médicos y a quienes les ayudan para superar y vencer la pandemia, el sufrimiento, el abandono de tantos enfermos.
¿Qué hacía Jesús? ¿Qué nos dice el Evangelio? Jesús no habló de templos, ni de conventos, ni organizó una religión como la que tenemos. Si el Evangelio tiene razón, recordemos lo que Jesús le dijo a una mujer samaritana: “Créeme, mujer: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre ni en este monte ni en Jerusalén….. Se acerca la hora…, ya ha llegado, en que los que dan culto verdadero, adorarán al Padre espíritu y en verdad” (Jn 4, 21-24). Discuten los entendidos el sentido exacto de este texto. Lo que no admite dudas es que Jesús afirma que la adoración a Dios no está asociada a un lugar determinado. Tengas templo o no lo tengas, lo importante de verdad es la honradez, la honestidad, la bondad, la lucha contra el sufrimiento y el empeño por humanizar este mundo y esta vida.
¿Es esto lo que estamos viviendo? ¿Es esto lo que aplaude la gente? ¿Es éste el nuevo giro que (empezando por la forma de ser y de vivir del papa Francisco) está tomando la Iglesia? Lo más lógico es pensar que la religión no se hunde. Se está desplazando. Y a mí, lo que me parece es que está abandonando el templo. Y está recuperando el Evangelio. No como creencia religiosa (que eso lo teníamos muy claro), sino como forma de vida. Una forma de vivir de la que estamos muy lejos. Y que urge recuperar cuanto antes.
LA SEMILLA YA ESTÁ EN MÍ
FE ADULTA

Mt 13,1-23
Mateo agrupa siete parábolas en un solo capítulo, el 13, que hoy comenzamos a leer. No es probable que Jesús haya dicho todas estas parábolas de una sentada. Marcos y Lucas las colocan en distintas circunstancias. La parábola es un género literario muy apropiado para hablar de realidades trascendentes. Al partir de conceptos simples, tomados de la vida cotidiana y que todo el mundo conoce, trata de proyectarnos hacia una realidad que va más allá de lo material. La parábola, por estar pegada a la vida misma, mantiene el frescor de lo genuino y auténtico a través del tiempo y las culturas.
El relato en sí no es significativo. A mí poco me importa cómo nace y da fruto la semilla. Pero ese relato, en sí anodino, da que pensar, cuestiona mi manera de ser, me dice que otro mundo es posible y espera de mí una respuesta vital. Esta propuesta solo se puede hacer con metáforas. En toda parábola existe un punto de inflexión que rompe la lógica del relato. En esa quiebra se encuentra el verdadero mensaje. En esta parábola, la ruptura se produce al final. En la Palestina de entonces, el diez por uno, se consideraba una excelente cosecha. Tu tierra puede llegar a producir el ciento por uno. ¡Una locura!
El objetivo de las parábolas es sustituir una manera de ver el mundo miope, por otra abierta a una nueva realidad llena de sentido. Obliga a mirar a lo más profundo de sí mismo y descubrir posibilidades insospechadas. La parábola es un método de enseñanza que permite no decir nada al que no está dispuesto a cambiar, y a decir más de lo que se puede decir con palabras al que está dispuesto a escuchar. Quien la oye, debe hacer realidad la utopía del relato y empezar a vivir de acuerdo con lo sugerido.
La explicación que los tres evangelistas ponen a continuación, no aporta nada al relato. Las parábolas ni necesitan ni admiten explicación. Jesús no pudo caer en la trampa de intentar explicarlas. La alegorización de la parábola es fruto de la primera comunidad, que intenta extraer consecuencias morales. Para descubrir el sentido hay que dejarse empapar por las imágenes. La parábola exige una respuesta personal no retórica sino vital; obliga a tomar postura ante la alternativa de vida que propone. Si no se toma una decisión, ya se ha definido la postura: continuar con la propia manera de vivir la realidad.
Los exégetas apuntan a que, en un principio, los protagonistas de la parábola fueron el sembrador y la semilla. El sembrador como ejemplo de generosidad y la semilla como ejemplo de potencial ilimitado. El objetivo habría sido animar a predicar sin calcular la respuesta de antemano. Hay que sembrar a voleo, sin preocuparse de donde cae. La semilla debe llegar a todos. En línea con la primera lectura, pretende que se descubra la fuerza de la semilla en sí, aunque necesite unas mínimas condiciones para desarrollarse.
No debemos dar importancia a la cantidad de respuestas. La intensidad de una sola respuesta puede dar sentido a toda la siembra. La sinuosa y larga trayectoria de la existencia humana queda justificada con la aparición de un solo Francisco de Asís o de una Teresa de Calcuta. Por eso Jesús pudo decir: El Reino ya está aquí, yo lo hago presente. Debemos comprender que el Reino puede estar creciendo, cuando el número de los cristianos está disminuyendo. Su plena manifestación depende de uno solo.
Más tarde, se dio a la parábola un cariz distinto, insistiendo en la disposición de los receptores, y dando toda la importancia a las condiciones de la tierra. Esta alegorización no sería original de Jesús sino un intento de acomodarla a la nueva situación de los cristianos, cambiando el sentido original y haciéndola más moralizante. Aún en un sentido alegórico, no debemos pensar en unas personas como tierra buena y otras, mala. Más bien debemos descubrir en cada uno de nosotros la tierra dura, las zarzas, las piedras que impiden a la semilla fructificar. En mi propia parcela hay tierra buena, piedras y zarzas.
No debemos identificar la “semilla” con la Escritura. Lo que llamamos “Palabra de Dios”, es ya un fruto de la semilla. Es la manifestación de una presencia que ha fructificado en experiencia personal. La verdadera “semilla” es lo que hay de Dios en nosotros. Lo importante no es la palabra, sino lo que la palabra expresa. Esa semilla lleva miles de años dando fruto, y seguirá cumpliendo su encargo. El Reino de Dios está ya aquí, pero su manera de actuar es paciente. La evolución ha sido posible gracias a infinitos fracasos.
Podemos recordar el prólogo de Jn. “En el principio ya existía La Palabra”; “y la palabra era Dios”; “En la Palabra había Vida”. La semilla es el mismo Dios-Vida germinando en cada uno de nosotros. Dios está en sus criaturas y se manifiesta en todas ellas como algo tan íntimo que constituye la semilla de todo lo que es. No debemos dar a entender que nosotros los cristianos somos los privilegiados que hemos recibido la semilla (Escritura). Dios se derrama en todos y por todos de la misma manera (a boleo). Dios no se nos da como producto elaborado, sino como semilla, que cada uno tiene que dejar fructificar.
Generalmente caemos en la trampa de creer que dar fruto es hacer obras grandes. La tarea fundamental del ser humano no es hacer cosas, sino hacerse. “Dar fruto” sería dar sentido a mi existencia de modo que al final de ella, la creación entera estuviera un poco más cerca de la meta. La meta de la creación es la UNIDAD. Yo no tengo que dar sentido a la creación sino impedir que por mi culpa pierda el sentido que ya tiene. Mi tarea sería no entorpecer la marcha de la creación entera hacia la consecución de su objetivo final.
Porque se trata de alcanzar la unidad en el Espíritu, esa plenitud de ser no la puedo encontrar encerrándome en mí mismo sino descubriendo al otro y potenciando esa relación con el otro como persona. Y digo como persona, porque generalmente nos relacionamos con los demás como cosas, de las que nos podemos aprovechar. Cuando hago esto me hago menos humano. Descubriendo al otro y volcándome en él, despliego mis mejores posibilidades de ser. Hemos llegado a lo que es la esencia de lo humano.
“El que tenga oídos que oiga”. Esa advertencia vale para nosotros hoy igual que para los que la oyeron de labios de Jesús. En aquel tiempo, era la doctrina oficial la que impedía comprender el mensaje de Jesús. Hoy siguen siendo los prejuicios religiosos los que nos mantienen atados a falsas seguridades, que nos sigue ofreciendo una religión muy alejada de los orígenes del cristianismo. El aferrarnos a esas seguridades es lo que sigue impidiendo una respuesta al mensaje, adecuada a nuestra situación actual. El evangelio es fácil de oír, más difícil de escuchar y cada vez más complicado de vivir.
Descubrir cuál sería el fruto al que se refiere la parábola sería la clave de su comprensión. El fruto no es el éxito externo, sino el cambio de mentalidad del que escucha. Se trata de situarse en la vida con un sentido nuevo de pertenencia, una vez superada la tentación del individualismo egocéntrico. El fruto sería una nueva manera de relacionarse con Dios, consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. Nadie puede crecer en humanidad sin relaciones externas. Toda meditación profunda tiene como fin afinar mis relaciones.
Meditación
Dios se da totalmente, absolutamente, siempre y a todos.
Experimenta esta verdad y cambiará tu vida.
Descubrir a Dios como amor dinámico
es la base de toda experiencia religiosa.
Todo lo que Dios es, lo tienes a tu alcance.
Todo lo que tú eres y puedes ser, depende de ese don.
Experimenta esta verdad y cambiará tu vida.
Descubrir a Dios como amor dinámico
es la base de toda experiencia religiosa.
Todo lo que Dios es, lo tienes a tu alcance.
Todo lo que tú eres y puedes ser, depende de ese don.
RESPUESTAS PARA UNA CRISIS
FE ADULTA

DOMINGO 15 TO. CICLO A
Una crisis con cinco interrogantes y siete parábolas (Mt 13)
Al llegar a este momento del evangelio de Mateo (capítulo 13), el horizonte ha comenzado a oscurecerse. Lo que comenzó tan bien, con el seguimiento de cuatro discípulos, el entusiasmo de la gente ante el Sermón del Monte, los diez milagros posteriores, ha cambiado poco a poco de signo. Es cierto que en torno a Jesús se ha formado un pequeño grupo de gente sencilla, agobiada por el peso de la ley, que busca descanso en la persona y el mensaje de Jesús y se convierten en “mis hermanos, mis hermanas y mi madre”. Pero esto no impide que surjan dudas sobre él, incluso por parte de Juan Bautista; que gran parte de la gente no muestre el menor interés, como los habitantes de Corozaín y Betsaida; y, sobre todo, que el grupo religioso de más prestigio, los fariseos, se oponga radicalmente a él y a su doctrina, hasta el punto de pensar en matarlo.
Mateo está reflejando en su evangelio las circunstancias de su época, hacia el año 80, cuando los seguidores de Jesús viven en un ambiente hostil. Los rechazan, parece que no tienen futuro, se sienten desconcertados ante sus oponentes, no comprenden por qué muchos judíos no aceptan el mensaje de Jesús, al que ellos reconocen como Mesías. Las cosas no son tan maravillosas como pensaban al principio. ¿Cómo actuar ante todo esto? ¿Qué pensar? Mateo, basándose en el discurso en parábolas de Marcos, pone en boca de Jesús, a través de siete parábolas, las respuestas a cinco preguntas que siguen siendo válidas para nosotros:
¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús? ― Parábola del sembrador.
¿Qué actitud debemos adoptar con los que rechazan ese mensaje? ― El trigo y la cizaña.
¿Tiene algún futuro este mensaje aceptado por tan pocas personas? ― El grano de mostaza y la levadura.
¿Vale la pena comprometerse con él? ― El tesoro y la piedra preciosa.
¿Qué ocurrirá a los que aceptan el mensaje, pero no viven de acuerdo con los ideales del Reino? ― La pesca.
Este domingo se lee la primera; el 16, las tres siguientes; el 17, las otras tres.
¿Por qué no aceptan todos el mensaje de Jesús?
La primera parábola, la del sembrador, responde al problema de por qué la palabra de Jesús no produce fruto en algunas personas. Parte de una experiencia conocida por un público campesino. Para nosotros, basta recordar dos detalles elementales: Galilea es una región muy montañosa, y en tiempos de Jesús no había tractores. El sembrador se veía enfrentado a una difícil tarea, y sabía de antemano que toda la simiente no daría fruto.
El ideal sería contar o leer esta parábola a personas que no la hayan escuchado nunca. Al final se mirarían extrañados y dirían: ¿y qué? A lo sumo, las últimas palabras de Jesús "¡Quien tenga oídos, que oiga!", les indicarían que la historieta tiene un sentido más profundo, pero no saben cuál. Estamos ante un caso de parábola enigmática, que pretende provocar la curiosidad del lector.
Por eso, inmediatamente después, surge la pregunta de los discípulos: ¿Por qué les hablas en parábolas? Y esto sirve para introducir el pasaje más difícil de todo el capítulo. La liturgia permite suprimir la lectura de esta parte y aconsejo seguir su sugerencia, pasando directamente a la explicación de la parábola.
¿Por qué la palabra de Jesús no da fruto en todos sus oyentes?
Cuatro posibilidades
1) En unos, porque esa palabra no les dice nada, no va de acuerdo con sus necesidades o sus deseos. Para ellos no significa nada la formación de una comunidad de hombres libres, iguales, hermanos, hijos de un mismo Padre.
2) Otros lo aceptan con alegría, pero les falta coraje y capacidad de aguante para soportar las persecuciones.
3) Otros dan más importancia a las necesidades primarias (la comida, el vestido) que al objetivo a largo plazo (el Reino de Dios). Dos situaciones extremas y opuestas, el agobio de la vida y la seducción de la riqueza, producen el mismo efecto, ahogar la palabra de Dios.
4) Finalmente, en otros la semilla da fruto. La parábola es optimista y realista. Optimista, porque gran parte de la semilla se supone que cae en campo bueno. Realista, porque admite diversos grados de producción y de respuesta en la tierra buena: 100, 60, 30. En esto, como en tantas cosas, Jesús es mucho más comprensivo que nosotros, que sólo admitimos como válida la tierra que da el ciento por uno. Incluso el que da treinta es tierra buena (idea que podría aplicarse a todos los niveles: morales, dogmáticos, de compromiso cristiano...).
Toque de atención y acción de gracias
La parábola podría leerse también como una llamada a la responsabilidad y a la vigilancia: incluso la tierra buena que está dando fruto debe recordar qué cosas dejan estéril la palabra de Dios: el pasotismo, la inconstancia cuando vienen las dificultades, el agobio de la vida, la seducción de la riqueza.
Pero es más importante dar gracias porque el Señor ha sembrado en nosotros su palabra, la hemos acogido y, aunque solo sea un treinta por ciento, ha dado su fruto.
Llamada a la fe y al optimismo: Isaías 55,10-11 y Salmo 64
La crisis ante la situación actual puede venir en muchos casos de que centramos todo en la acción humana. Cuando nosotros fallamos, especialmente cuando fallan los demás, creemos que todo va mal. Sólo advertimos aspectos negativos. En cambio, la primera lectura de hoy, que usa también la metáfora de la semilla y el sembrador, nos anima a tener fe en la acción misteriosa de la palabra de Dios, fecunda como la lluvia, que no dejará de producir fruto.
Este breve pasaje parece muy sencillo y teológico, casi al margen de la vida diaria. Sin embargo, es el punto final de los capítulos 40-55 del libro de Isaías, donde se anuncia la liberación de Babilonia y la vuelta a la patria. ¿Cómo será posible? A través de un rey humano, Ciro de Persia, y de la Palabra de Dios, que mueve la historia.
También nosotros debemos estar convencidos de que la semilla plantada no dejará de dar fruto. Será como la palabra del Señor, que «no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad».
La acción de Dios la subraya el salmo, usando también imágenes campesinas. El Señor no solo planta la semilla, también riega la tierra, iguala los terrones, envía la llovizna, bendice los brotes. Al final, «los valles se visten de mieses que aclaman y cantan». El futuro es más esperanzador de lo que a veces pensamos.
DIOS CON NOSOTROS
FE ADULTA

No tengas miedo; yo soy el primero y el último. Soy el que vive; pues morí, pero ahora estoy vivo para siempre. (Apocalipsis 1:17)
MT 13, 1-23
Les explicó muchas cosas con parábolas
A través de las parábolas, podemos aproximarnos a cuanto Jesús pensaba y decía sobre el otro el reino de los cielos que bastante lejos andaba.
La experiencia propia que tenía el Maestro de Nazaret, sobre el modo de actuar de Dios, era cosa bien distinta del resto de los judíos: para los fariseos -los limpios del corazón- no necesitaban a nadie que les perdonara de nada, pues no eran ni jamás serían pecadores, y se sentaban en los primeros bancos del Templo de Salomón, el Sabio, que como tal, no siguió los consejos de su padre David.
Los publicanos en cambio, que recaudaban monedas para el fisco de los romanos, se sentían muy culpables de hacerlo, y por eso, en lugar de sentarse en los bancos, se quedaban de pie en la entrada, dándose golpes de pecho, pues se creían pecadores.
Parábolas hay bastantes en todos los evangelios, menos en el de Juan, matizando las diversas actitudes frente a la vida, que Jesús les presentaba.
Unas eran para enseñar lo bueno, otras para evitar lo malo: de las primeras, el Sembrador y el óbolo de la Viuda, de las segundas, el hijo Pródigo y la Cizaña.
En el Antiguo Testamento se narran bastantes. En Jueces 9, 8 se dice:
Una vez fueron los árboles a elegirse rey, dijeron al olivo: Sé nuestro rey, mas el olivo dijo: ¿Y voy dejar mi aceite con el que se honra a los dioses y a los hombres para ir a mecerme sobre los árboles?
Y en Samuel 12, 1:
Ya veis que os he hecho caso en cuanto me habéis pedido, os he dado un nuevo rey, y ya le tenéis aquí, yo estoy ya viejo y canoso, mientas que a mis hijos los tenéis entre vosotros.
En Isaías 5, 1, Canto a la viña.
Voy a cantar en nombre de mi amigo, un canto de amor a su viña en fértil collado. La entrecavó, descantó y buenas cepa plantó; construyó en medio una atalaya, y cavó un lagar, esperando que uvas diera, pero agrazones dio, Y ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, sed jueces entre mi viña y yo.

Y en ese mismo Libro de los Jueces, se da cuenta de que otro tanto hicieron con la higuera de dulce fruto, la vid que da suave mosto, la zara de moras negras y los cedros del Líbano.
¡No tengáis miedo! dijo Jesús, cuando en aquellos tiempos, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros.
Les explicó muchas cosas con parábolas, dice Mateo 1, 3.
Y si Dios estaba en él, también estaba con todos, pues el Padre está en mí y yo estoy en el Padre, como un día dijo Jesús a sus discípulos y a todos nosotros con ellos, porque mucho nos interesa.
sábado, 27 de junio de 2020
NOSOTROS,LOS ESCRITORES
JAIME RICHART
Redes Cristianas
La música, la poética y la matemática son lenguajes superiores. El lenguaje hablado es el instrumento natural, pero no el único, de comunicarnos. Sin embargo, a algunos, que no podemos expresarnos en ninguno de los tres primeros, éste nos resulta insuficiente para todo cuanto no sea materia ordinaria y coloquial. Insuficiente y particularmente incómodo. Sobre todo en materia política y jurídico: las preponderantes en un país que ha estado 40 años sin política y por eso a lo largo de ellos ni se hacía ni se hablaba de política.
Falta costumbre y entrenamiento, por un lado, y por otro, el comportamiento de los políticos a lo largo de las cuatro décadas posteriores ha dejado mucho que desear. Ninguno de los dos partidos principales, ni la justicia en lo concerniente a la política, han roto con los tics y autoritarismo propios del franquismo. El lastre, pues, es considerable. Esas carencias y los vicios de la dictadura se han notado desde el principio. Y se notan demasiado.
Pues bien, aunque partimos mal, muy mal después del régimen dictatorial, y aunque ni la Política ni el Derecho son ciencia ni matemática, yo he esperando paciente pero inútilmente otros 40 años que la política y el Derecho empezasen a jugarse alguna vez a algo parecido a una interesante partida de ajedrez. Pero me rindo. Tal como se hace, se escribe y se habla de política en España, hace mucho que he desistido de tomarla en serio. No me interesa. No hay hombres ni mujeres de Estado, ni de altura. Por eso suelo dar a mis escritos un sesgo sociológico.
Sólo veo hombres y mujeres del montón, arribistas vulgares que no me inspiran ninguna confianza. Entre otros motivos porque, después de promulgada una Constitución diseñada por reaccionarios en cuya redacción no estuvo presente ningún hombre o mujer del pueblo, no se ha hecho amago alguno para corregir lo que falta: un referéndum monarquía/república, igualar en lo posible a las clases sociales suprimiendo privilegios y aforamientos, y atender la demanda ancestral de al menos dos territorios para saberse cuánta población está a favor de seguir unida a España y cuánta desea independizarse. Estos tres asuntos siguen pendientes. Por ello, en lugar de apaciguarse la población, cada vez se enconan más…
Por eso trato la política española como fenómeno de sociología aparte de los demás países. Sólo así siento superar la pésima estética parlamentaria, la maledicencia de comadres, la politiquería subterránea y bajuna, el disparate continuado, el resentimiento justificado de los que no han sido resarcidos en aspecto alguno de su condición de perdedores de una guerra, y la nauseabunda y permanente ofensiva de los que, bien situados desde el comienzo del nuevo orden hasta hoy, son el caldo de cultivo de una política infame que se hace imposible camino de la involución.
Y como fenómeno sociológico constato que por todo eso, todo también carece del mínimo rigor. Desde luego cualquier análisis ha de ser necesariamente asimétrico, pues la confrontación política áspera y agresiva por parte de la oposición invita a tomar las armas. No hay correspondencia alguno entre lo que proponen unos y lo que replican los otros.
Pero es que si a los políticos les falta rigor, los jueces hacen lo que quieren con el Derecho aplicado a la política. Todo cuanto se habla en las tribunas y lo que se escribe de política y de juridicidad política, salvo excepciones, adolece de una elección caprichosa de las normas de la Constitución y de una más caprichosa todavía interpretación de las mismas. Los jueces y los juristas del establishment eligen la norma más acorde al espíritu conservador o la interpretan conforme a él. El caso reciente de la investigación del abuso de poder en su provecho, del Emérito, propuesta por la Fiscalía General del Estado, es a este respecto muy relevante. ¿Cómo es posible que la promueva el Fiscal General, tan versado en leyes como los que integran el Cuerpo de Letrados del Congreso, y estos sostengan que la inviolabilidad del rey sigue protegiéndole aunque no sea rey? Otro caso es “el catalán”.
¡Qué decir de tan aparatoso, prolijo y extensísimo proceso! Un proceso que antes de iniciarse se sabía que ya se tenían preparadas más o menos las sentencias: lo mismo que en tiempos de guerra los juicios sumarísimos, aunque en este caso extendiendo el tiempo de sustanciación hasta la náusea para encubrir mejor la felonía. Siete políticos catalanes, que venían hacía mucho tiempo solicitando de los gobiernos un referéndum previsto en el artículo 149 de la Constitución, cuya celebración, aunque sólo hubiese sido consultivo, sólo dependía de la voluntad política, fueron a prisión condenados a graves penas! Y otros ejemplos relacionados con la lectura dolosamente reaccionaria de la Constitución vigente todavía, y con la aplicación implacable de su articulado conforme al espíritu del dictador…
Por eso, sólo quienes escribimos en claves sociológicas, podemos esmeramos en la equidistancia, en la objetividad y en la neutralidad. Equidistancia, objetividad y neutralidad difíciles pues pensando que todo viene urdido desde 1978, malamente podemos justificarlo. Sólo se justificaba entonces aquel texto como puente legislativo, como articulado de carácter transitorio en espera de la redacción definitiva. Pero dar por liquidada la Transición con el mismo texto sin propósitos ni de abolición ni de enmiendas irrenunciables, fue una auténtica traición a la ciudadanía. De aquellos polvos vienen estos lodos…
Por eso a veces puede parecer que los escritores heterodoxos profesamos una ideología porque hay ideas que tienen que ver con alguna de ellas, y otras con la opuesta. Pero nuestro esfuerzo por la objetividad y la equidistancia reside en la convicción de que nadie acapara absolutamente la razón, que nadie tiene derecho a monopolizarla (hace mucho que dejaron de regir el dogma católico y el absolutismo; desde hace mucho reina la teoría de la relatividad, y hace mucho, 1921, que el matemático Gödel demuestra en 1921, por la aritmetización de la sintaxis, que si un sistema es consistente es incompleto y si es completo es inconsistente).
Pero lo cierto es que no profesamos ideología alguna. Hablar en términos de sociológicos implica no tomar partido. Mejor dicho, implica tomar partido sólo por la “ideología” de la ética kantiana y de los “Derechos Humanos”. Por eso, ni el Derecho ni la Política me sirven. Están llenos de fisuras y de costurones. Fabricadas ambas superestructuras por las clases dominantes, ellas los manufacturan y los aplican, los manejan e interpretan a su antojo y conveniencia. Se avanza muy poco respecto a lo que se hacía en tiempos de la dictadura. Lo único tranquilizante es que ahora no hay tortura y la “libertad” de sexo está consolidada. Pero todo ello es, mucho más fruto del cambio inexorable de los tiempos, de la necesidad de evitar el aislamiento de Europa y de no ser excluidos de los Fondos Comunitarios, que de la voluntad de transformar la sociedad española para ponerla política y sociológicamente a la altura de los demás países europeos y del siglo que vivimos…
SI EL AMAR A DIOS SE OPONE A OTRO AMOR, UNO DE LOS DOS ES FALSO
Fe Adulta

Mt 10,37-42
La manera de hablar semita, por contrastes mientras más excluyentes mejor, nos puede jugar una mala pasada si entendemos las frases literalmente. Lo que es bueno para el cuerpo, es bueno también para el espíritu. La lucha maniquea que nos han inculcado no tiene nada que ver con la experiencia de Jesús. El evangelio de hoy propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen mucho más alcance del que podemos sospechar a primera vista. No podemos tratarlos todos. Vamos a detenernos en el primero y diremos algo sobre otros.
El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. Sería interminable recordar la cantidad de tonterías que se han dicho sobre al amor a la familia y el amor a Dios. El amor a Dios no puede entrar nunca en conflicto con el amor a las criaturas, mucho menos con el amor a una madre, a un padre o a un hijo. Jesús nunca pudo decir esas palabras con el significado que tienen para nosotros hoy. Como siempre, el error parte de la idea de un Dios separado, Señor y Dueño, que plantea sus propias exigencias frente a otras instancias que requieren las suyas.
Ese Dios es un ídolo, y todos los ídolos llevan al hombre a la esclavitud, no a la libertad de ser él mismo. Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Cristo. En el evangelio de Juan está muy claro: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros como yo os he amado”. Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Solo puedo amar a Dios, amando a los demás, amándome a mí mismo como Dios manda. Jesús no pudo decir: tienes que amarme a mí más que a tu Hijo. Recordad: porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve ser y me disteis de beber...
El evangelio nos habla siempre del amor al “próximo”. Lo cual quiere decir que el amor en abstracto es otra quimera. No existe más amor que el que llega a un ser concreto. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. La advertencia del evangelio está encaminada a hacernos ver que, desplegar a tope esos impulsos instintivos no garantiza el más mínimo grado de calidad humana. Pero sería un error aún mayor el creer que pueden estar en contra de mi humanidad. Aquí está la clave para descubrir por qué se ha tergiversado el evangelio, haciéndole decir lo que no dice.
El evangelio no quiere decir que el amor a los hijos o a los padres sea malo y que debemos olvidarlo para amar a Jesús o a Dios. Pero nos advierte de que ese amor puede ser un egoísmo camuflado que busca la seguridad material del ego, sin tener en cuenta a los demás. El “amor” familiar se convierte entonces en un obstáculo para un crecimiento verdaderamente humano. Ese “amor” no es verdadero amor, sino egoísmo amplificado. No es bueno para el que ama con ese amor, pero tampoco es bueno para el que es amado de esa manera. El amor surge cuando el instinto es elevado a categoría humana.
Lo instintivo no va contra la persona, más que cuando el hombre utiliza su mente para potenciar su ser biológico a costa de lo humano. El hombre puede poner como objetivo de su existencia el despliegue exclusivo de su animalidad, cercenando así sus posibilidades humanas. Esto es degradarse en su ser especifico humano. Cuando estamos en esa dinámica y, además, queremos meter a los demás en ella, estamos “amando” mal, y ese “amor” se convierte en veneno. Esto es lo que quiere evitar el evangelio. Nada que no sea humano puede ser evangélico. No amar a los hijos o a los padres no sería humano.
Un verdadero amor nunca puede oponerse a otro amor auténtico. Cuando un marido se encuentra atrapado entre el amor a su madre y el amor a su esposa, algo no está funcionando bien. Habrá que analizar bien la situación, porque uno de esos amores (o los dos) está viciado. Si el “amor a Dios” está en contradicción con el amor al padre o a la madre, o no tiene idea de los que es amar a Dios o no tiene idea de lo que es amar al hombre. Sería la hora de ir a psiquiatra. ¡A cuántos hemos metido por el camino de la esquizofrenia, haciéndoles creer que, lo que Dios les pedía era que odiara a sus padres!
El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará. Hemos dicho muchas veces que en griego hay tres palabras que nosotros traducimos por vida, “Zoe”, “bios” y “psiques”. El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata, pues, de la vida biológica, sino de la vida psicológica, es decir, del hombre capaz de relaciones interpersonales. En ningún caso se trataría de dejarse matar, sino de poner tu humanidad al servicio de los demás. Esto no sería “perder”, sino “ganar” humanidad. Quien pretenda reservar para sí mismo su persona (ego) está malogrando su propia existencia, porque pasará por ella sin desplegar su verdadera humanidad.
El que dé a beber un vaso de agua fresca… El ofrecer “Un vaso de agua fresca” a un desconocido que tiene sed, puede ser la manifestación de una profunda humanidad. El dar, sin esperar nada a cambio, es el fundamento de una relación verdaderamente humana. En nuestra sociedad de consumo nos estamos alejando cada vez más de esta postura. No hay absolutamente nada que no tenga un precio, todo se compra y se vende. Nuestra sociedad está montada de tal manera sobre el “toma y da acá”, que dejaría de funcionar si de repente la sacáramos de esa dinámica y nos decidiésemos a vivir el evangelio.
La misma institución religiosa está montada como un gran negocio económico, en contra de lo que decía uno de estos domingos el evangelio: “Gratis habéis recibido, dad gratis”. Hoy todos estamos de acuerdo con Lutero, en su protesta contra toda compraventa de bienes espirituales (bulas, indulgencias, etc.). Pero seguimos cobrando un precio por decir una misa de difuntos. Es verdad que debemos insistir en la colaboración de todos para la buena marcha de la comunidad, pero no podemos convertir las celebraciones litúrgicas en instrumentos de recaudación de impuestos.
El objetivo primero de todo ser vivo es mantenerse en el ser. Tres mil ochocientos millones de años de evolución han sido posibles gracias a esta norma absoluta. Pero la misma evolución ha permitido al ser humano ir más allá de los instintos biológicos y alcanzar conscientemente una meta más alta que no está en contradicción con la biología. Todo lo que le acerca a ese objetivo último le puede causar más satisfacción y felicidad que satisfacer sus instintos. La raíz última de todo acto bueno está en la misma biología, no es contrario a ella. Nada más falso que una lucha entre lo biológico y lo espiritual.
Resumiendo mucho. La trampa en la que caemos y que quiere evitarnos el evangelio, es quedarnos en el placer inmediato que nos proporciona satisfacer las necesidades de nuestra biología y perder de vista el bien total del ser humano más allá de lo biológico y lo instintivo. Ahí está la causa de tanto desajuste en la conducta humana. Debemos tomar conciencia de que lo que es malo para nuestro verdadero ser, no puede ser bueno bajo ningún aspecto del ser humano. Todo egoísmo personal o amplificado, que solo busca el bien material del individuo o la familia, nos lleva a la deshumanización.
Meditación
El amor puramente teórico no tiene consistencia.
Un vaso de agua puede ser la manifestación más auténtica de amor.
No tiene importancia ninguna lo que hagas.
Lo que vale de veras es la actitud de entrega en lo que hagas.
El amor es anterior a cualquier manifestación del mismo.
Pero si no se manifiesta no es amor
Un vaso de agua puede ser la manifestación más auténtica de amor.
No tiene importancia ninguna lo que hagas.
Lo que vale de veras es la actitud de entrega en lo que hagas.
El amor es anterior a cualquier manifestación del mismo.
Pero si no se manifiesta no es amor
EXIGENCIAS Y RECOMPENSA
Fe Adulta

Domingo 13 TO. Ciclo A
El largo discurso dirigido a los apóstoles (resumido en los domingos 11-13) termina con una serie de frases de Jesús que son, al mismo tiempo, severas y consoladoras. Las severas se dirigen a los apóstoles; las consoladoras, a quienes los acogen.
¿Quién no es digno de Jesús?
La sección comienza con tres frases que terminan de la misma manera: “no es digno de mí”. Las dos primeras están muy relacionadas: no es digno de Jesús el que ama a su padre o a su madre más que a él, o el que ama a sus hijos o a su hija más que a él. Estas frases recuerdan lo que se dice en Deuteronomio 33,9 a propósito de los levitas. En un caso de grave conflicto entre los vínculos familiares y la fidelidad a Dios, optaron por lo segundo. Leví, representación de todos los levitas, «dijo a sus padres: ‘No os hago caso’; a sus hermanos: ‘No os reconozco’; a sus hijos: ‘No os conozco’. Cumplieron tus mandatos y guardaron tu alianza.»
Una opción en tiempos de conflicto
Para comprender estas palabras tan exigentes de Jesús hay que tener en cuenta lo que dice inmediatamente antes (suprimido por la liturgia). El aviso de que pueden perder la vida (tema del domingo pasado) puede provocar en los discípulos el desconcierto. ¿A qué ha venido Jesús? A esto responde que no ha venido a traer paz sino espada. Que su persona y su mensaje crearán problemas incluso entre los miembros de la familia. Llegarán momentos en que los apóstoles, y todos los cristianos, tendrán que optar.
La opción por Dios de los levitas
En el libro del Éxodo se cuenta que, mientras Moisés estaba en el monte Sinaí recibiendo del Señor las tablas de la Ley, los diez mandamientos, el pueblo, cansado de esperar, decidió fabricar un becerro de oro y adorarlo. Cuando Moisés baja del monte y contempla el espectáculo, rompe las tablas, se planta a la puerta del campamento y grita: «¡A mí los del Señor! Y se le juntaron todos los levitas.» Moisés les ordena: «Ciña cada uno la espada; pasad y repasad el campamento de puerta en puerta, matando, aunque sea al hermano, al compañero, al pariente». Los levitas cumplieron las órdenes de Moisés y este, al final, les dice: «¡Hoy os habéis consagrado al Señor a costa del hijo o del hermano, ganándoos hoy su bendición» (Éxodo 32,25-29).
El historiador moderno duda que los levitas tuvieran espadas en el desierto y que llevaran a cabo esta matanza. Pero los antiguos no eran tan críticos. Aceptaban las cosas que se contaban, e incluso alaban a los levitas, ya que en un caso de grave conflicto entre los vínculos familiares y la fidelidad a Dios, optaron por lo segundo: «Dijeron a sus padres: ‘No os hago caso’; a sus hermanos: ‘No os reconozco’; a sus hijos: ‘No os conozco’. Cumplieron tus mandatos y guardaron tu alianza» (Deuteronomio 33,9).
La opción por Jesús de los discípulos
Se podría decir que Jesús exige a sus discípulos la misma actitud de los levitas. Pero hay dos diferencias importantísimas: 1) Jesús no ordena matar a los padres o a los hermanos en caso de conflicto. 2) Los levitas se comportaron así por fidelidad a los mandatos de Dios y a su alianza; los discípulos deben hacerlo por amor a Jesús. Al exigir este amor superior al de los seres más queridos, Jesús se está poniendo al nivel de Dios, al que hay que amar sobre todas las cosas.
Los primeros cristianos, en momentos de persecución, se vieron a veces en la necesidad de optar entre el amor y la fidelidad a Jesús y el amor a la familia. La elección era dura, pero muchos la hicieron, convencidos de que recuperarían a sus padres e hijos en la vida futura.
La frase siguiente («el que no coge su cruz…») también se entiende mejor a la luz del texto del Deuteronomio. En él se dice que los levitas, por haber mostrado esa fidelidad a Dios, recibieron un gran premio y dignidad: «Enseñarán tus preceptos a Jacob y tu ley a Israel; ofrecerán incienso en tu presencia y holocaustos en tu altar.» Jesús no promete nada de esto a sus discípulos, solo exige.
Amar a Jesús más que a la familia ya lo hicieron Pedro y Andrés, Santiago y Juan. Lo que ahora exige Jesús es infinitamente más duro: cargar con la cruz. ¿Hay que interpretarlo al pie de la letra o simbólicamente? Simbólicamente, pero con posibles repercusiones prácticas: hay que estar dispuestos a cargar con ella y marchar camino de la muerte. No una muerte cualquiera, sino la más infamante, típica de rebeldes contra Roma y esclavos. Cuando Jesús exige cargar con la cruz está pidiendo algo terrible desde el punto de vista físico, moral y social. Además, la exigencia no carece de macabra ironía cuando la comparamos con los vv.9-10: los que deben predicar el reino sin llevar nada, ahora tienen que seguir a Jesús cargando con la cruz.
Conviene advertir que el amor a la familia y el amor a Jesús no se excluyen ni se oponen. Son compatibles, con tal de mantener el orden adecuado. Los hijos de Zebedeo abandonan a su padre, pero la madre los acompaña e incluso le pide a Jesús un favor especial para ellos. María, al menos según la versión del cuarto evangelio, está al pie de la cruz. Pablo recuerda que «los demás apóstoles, los hermanos del Señor y Cefas» se hacen acompañar de su esposa cristiana (avdelfh.n gunai/ka 1 Cor 9,5).
Acogida y recompensa
La última parte se dirige a las personas que acojan a los discípulos. Dos cosas les dice:
1) Recibirlos a ellos equivale a recibir a Jesús y recibir al Padre. Lo que hacen es mucho más de lo que pueden imaginar. No es solo un acto de caridad, sino un inmenso honor, mucho mayor que el de la persona que pudiese acoger en su casa a un artista, un deportista o un personaje mundialmente famoso.
2) Esa acogida tendrá su recompensa, igual que ocurrió en el Antiguo Testamento con quienes acogieron a profetas y justos. La primera lectura cuenta como un matrimonio de Sunám decidió acoger en su casa al profeta Eliseo cuando pasaba por el pueblo; le construyeron una habitación en el piso de arriba y le proporcionaron una cama, una silla, una mesa y un candil. Una gran inversión para aquel tiempo. Pero recibieron su recompensa con el nacimiento de un hijo.
En comparación con Eliseo, los discípulos pueden parecer unos pobrecillos sin importancia. A nadie se le ocurrirá darles alojamiento permanente. Pero basta un vaso de agua fresca (algo muy de agradecer cuando no existen bares ni agua corriente en las casas) para que esas personas reciban su recompensa.
Resumen
Si en la primera parte entreveíamos los grandes conflictos familiares provocados por las persecuciones, en este final intuimos lo que experimentaron muchas veces los misioneros cristianos: la acogida amable y sencilla de personas que no los conocían. De estos últimos versículos, solo uno tiene paralelo en el evangelio de Marcos. El resto es original de Mateo, que ha querido dejarnos al final de este duro discurso un buen sabor de boca.
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