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viernes, 22 de febrero de 2013

Al Señor Presidente del Gobierno de España Alberto Revuelta Lucerga, jurista

Señor Presidente, recibo dos tardes a la semana a pobres de solemnidad que necesitan asesoramiento legal en sus penas negras. Pertenezco a un comité de juristas de Sevilla que junto con otras cuarenta personas voluntarias realizamos un trabajo de atención directa, de actuaciones jurisdiccionales y de defensa de los derechos civiles. Solo recibimos – por supuesto sin cobrar ni recibir subvenciones públicas- gentes abatidas, despreciadas, machacadas.
El mismo día en que se publicaba por orden suya el total de sus ingresos recibí a Matilde A.M., de 26 años, madre de tres niñas la mayor de 6 años, sin ingreso alguno, a la que su marido había abandonado para “irse con otra” y quien la entidad sucesora de Cajasol echaba de su casa al haberse quedado en subasta judicial con su piso.
No puedo menos de alegrarme al saber que usted cobró el año 2011 la cantidad de 240.000 euros y que desde que es presidente del gobierno cobra 75.000 euros aunque los ciudadanos españoles corremos, además, con todos sus gastos. Cobra usted, señor presidente, 75 mil veces más que una de sus ciudadanas, Matilde. Cobró usted 240.000 veces más en 2011 que esa misma ciudadana. El líder del primer partido de la oposición cobro 67.000 veces más que Matilde. Es de izquierdas.
Acaba usted de decirle a un periodista inglés, pues siempre es mejor vestirse en Londres, que ciertamente no ha cumplido sus promesas electorales en virtud de las cuales fue elegido y preside el gobierno del Reino de España. Añadió como aclaración que ha cumplido su deber. Tampoco su antecesor, de izquierdas, Como soy viejo esa letra, con otra música, la del NODO, se la oí al Generalísimo Franco que también cumplió con su deber aunque no sus promesas electorales, porque solo lo había elegido la gracia de Dios.
Tampoco su antecesor, de izquierdas él, cumplió sus promesas electorales (me refiero claro el Sr. Rodríguez Zapatero). Cumplir el deber en una democracia debe estar conectado a las promesas en virtud de las cuales se ostenta el poder. Matilde también cumple su deber de resistir, de cuidar sus niñas, de ir a “Entre amigos” y a Caritas y al comité que presido para que le paguen la luz, la comida y que la tratemos de defender de esas entidades a la cuales usted y sus ministros sanean.
Las sanean tanto que a Matilde acaban de inscribir su piso como propiedad de una de ellas en el Registro de la Propiedad. Pero la entidad, construye por cientos de millones, en Sevilla la Torre Pelli, una especie de Giralda atea, por si no le ha informado el señor Zoido, que como el juez Garzón, transita de estrados a corporaciones con gran elegancia, por supuesto que en garantía de la independencia judicial.
En Matilde y en las entidades bancarias, señor presidente, pensaba Isaías, también elegido directamente por Dios, cuando afirmó “¡Ay, los que juntáis casa con casa y campo con campo anexionáis hasta ocupar todo el sitio y quedaros solos en medio del país¡” sin duda tras haber leído la Ley del Suelo del inolvidable don José María, Aznar por supuesto, que embarazó la adarga y el escudo hasta que el Banco Malo se quedó con todo. Cual si Isaias fuera editorialista del Financial Times escibió “¡Han de quedar desiertas muchas casas; grandes y hermosas, pero sin moradores¡”. Como la de Matilde, señor presidente.
A los pobres a quienes atiendo no les queda nada, no les quedará nada. Tengo muchos años y sé, porque soy cristiano, que si nosotros no nos alzamos, quedaran aplastados por los constructores de la Torre Pelli, por los Bárcenas, los Antonios Fernández, los Sepúlvedas , los ERES del gobierno andaluz, las comisiones catalanas y los pokemones gallegos. Lo sé. Pero no nos destruyen, nos alzamos y resistimos. Hoy está de moda hablar de que Dios es amor y la religión, la católica y otras de identica raíz, parecen supermercados de una estúpida deidad que no oye el clamor de los pobres y que es feliz escuchando canciones memas sobre lo que nadie ha visto ni puede ver.
Pero el Dios que está en la historia hizo cantar sin vacilar a los poetas que escribieron el salmo 137: “Princesa Babilonia, condenada a la ruina, a quien te pague el mal trato que nos diste, ¡¡felicidad¡¡. Felicidad a quien agarre a tus niños para estrellarlos contra los peñascos,¡¡felicidad¡¡. Babilonia era el imperio, el poder, los mercados. Los niños que gritan hoy ese salmo son los de Matilde, señor presidente.

Escándalos económicos y sexuales enturbian la salida de Benedicto XVI Pablo Ordaz

Los escándalos ensombrecen el cónclave
La protección de los sacerdotes acusados de pederastia y la corrupción en el Vaticano vuelven a aflorar en el momento de la despedida de Benedicto XVI
Los dos grandes escándalos que la Iglesia sigue intentando cerrar en falso, la protección durante décadas a los curas pederastas y la corrupción moral y económica de algunos miembros de la curia romana, se acaban de presentar en el zaguán del Vaticano justo en el momento más delicado, la renuncia de Benedicto XVI y la elección del nuevo papa.
A las dudas sobre si los cardenales investigados por encubrir a pederastas deben participar en el cónclave se unen ahora las revelaciones, cada vez más explícitas, sobre el contenido del informe secreto sobre el caso Vatileaks —la filtración masiva de documentos papales— encargado por Joseph Ratzinger a tres cardenales octogenarios. El documento, que fue conociendo el Papa a lo largo de 2012, supone —según el diario La Repubblica— la confirmación de que destacados miembros de la jerarquía vaticana están implicados en luchas intestinas por el poder, el dinero e incluso el sexo.
“Todo gira en torno al sexto y al séptimo mandamiento”. La frase, que el periódico italiano pone en boca de una fuente conocedora del informe, viene a resumir que la comisión de actos impuros y el robo son los pecados, cuando no los delitos, que minan los cimientos del Vaticano. El diario abunda en el conocimiento por parte de Benedicto XVI del contenido del informe —elaborado por los cardenales Jozef Tomko, Salvatore De Giorgi y Julián Herranz— determinó en gran medida su renuncia. Desde principios de abril, justo después de su viaje a Cuba y México, hasta el pasado mes de diciembre, los cardenales fueron contando al Papa, y solo al Papa, el resultado de sus pesquisas.
Según La Repubblica, la comisión cardenalicia entrevistó a decenas de obispos, cardenales y laicos que fueron dibujando la situación actual del Vaticano. Esto es, una confluencia de grupos de poder articulados en función de las distintas congregaciones religiosas o de su lugar de procedencia, pero también de sus apetencias sexuales.Según la investigación, altos jerarcas de la Iglesia podrían estar siendo víctimas de “influencias externas” —una forma suave de decir chantaje— por culpa de “sus vínculos de naturaleza mundana”, o sea, por su relación con los bajos fondos.
Y, a partir de aquí, el informe que el Papa tendría guardado en la caja fuerte del apartamento pontificio para entregárselo a su sucesor sube sensiblemente de tono. El diario hace referencia a un escándalo que explotó en 2010 y cuyo protagonista fue Angelo Balducci, de 65 años, gentilhombre del Papa —un club laico relacionado con la curia romana— y por entonces presidente del Consejo Nacional de Obras Públicas con el Gobierno de Silvio Berlusconi. Balducci estaba siendo objeto de una investigación judicial cuando los agentes que le tenían pinchado el teléfono constataron que utilizaba habitualmente los servicios de un nigeriano, Chinedu Thomas Ehiem, de 42 años, cantor de la capilla Giulia de la basílica de San Pedro, para contratar los servicios sexuales de hombres jóvenes.
Por su parte, Marco Simeon, es un joven protegido del secretario de Estado, Tarcisio Bertone, y a quien el arzobispo Carlo Maria Viganò —enviado a EE UU tras denunciar la corrupción del Vaticano—- ya relacionó en el pasado con la corrupción económica dentro de los muros de la Iglesia. Pasado el tiempo, el joven protegido de Bertone también fue señalado como uno de los responsables de la caída en desgracia de Ettore Gotti Tedeschi, el anterior presidente del Instituto para las Obras de Religión (IOR), el banco del Vaticano. Gotti Tedeschi fue violentamente despedido en mayo de 2011 después de que, durante dos años y medio, intentara sin éxito limpiar las finanzas de la Iglesia.
Tras su destitución, y ante el temor de ser asesinado, Gotti Tedeschi, viejo amigo del Papa, escribió un informe —ahora en poder de la justicia— dejando constancia de su lucha infructuosa contra los vicios contables de la Iglesia. La presidencia del IOR quedó vacante nueve meses y no se cubrió hasta la pasada semana. No deja de ser significativo que la última decisión de Benedicto XVI como Papa haya sido la de poner al frente del banco a un alemán, el barón Ernst Von Freyberg. Unas horas después se supo que el joven Marco Simeon había sido destituido al frente de Rai Vaticano. También en el ajedrez vaticano, los peones son los primeros en caer.
A los escándalos por el poder, el sexo o el dinero se une el más triste de todos. El que supone la negación de la justicia y el consuelo a las víctimas de la pederastia. La polémica sobre si los cardenales sospechosos de haber ocultado los actos de pederastia deberían abstenerse de participar en el cónclave no hace más que crecer. El asunto, que fue puesto sobre la mesa por la revista católica Famiglia Cristiana y la organización estadounidense Catholics United, solo tenía como objetivo en un primer momento al cardenal Roger Mahony, acusado de encubrir durante sus 26 años al frente de la diócesis de Los Ángeles a 129 sacerdotes acusados de abusos a menores. Pero enseguida el foco se posó también sobre el cardenal primado de Irlanda, Sean Brady, y el cardenal belga Godfried Danneels.
Pero no serían los únicos manchados por un escándalo tan grave. En algún momento de sus vidas, el estadounidense Justin Francis Rigali, el australiano George Pell, el mexicano Norberto Rivera Carrera, el polaco Stanislaw Dziwisz y el argentino Leonardo Sandri también desoyeron el sufrimiento de las víctimas. De hecho, uno de los candidatos a suceder a Benedicto XVI, el cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, acaba de declarar en la investigación de abusos sexuales atribuidos a sacerdotes de Milwaukee, donde él fue arzobispo entre 2002 y 2009.
Los grandes escándalos que Benedicto XVI no supo atajar durante su pontificado se presentan ahora, con su rostro más crudo, en el momento de la despedida.

JOSÉ ANTONIO PAGOLA 24 FEBRERO 2013



Entre todos los métodos posibles de leer la Palabra de Dios se está revalorizando cada vez más en algunos sectores cristianos el método llamado lectio divina, muy apreciado en otros tiempos, sobre todo en los monasterios. Consiste en una lectura meditada de la Biblia, orientada directamente a suscitar el encuentro con Dios y la escucha de su Palabra en el fondo del corazón. Esta forma de leer el texto bíblico exige dar diversos pasos.(LEER EVANGELIO)
Lo primero es leer el texto tratando de captar su sentido original, para evitar cualquier interpretación arbitraria o subjetiva. No es legítimo hacerle decir a la Biblia cualquier cosa, tergiversando su sentido real. Hemos de comprender el texto empleando todas las ayudas que tengamos a mano: una buena traducción, las notas de la Biblia, algún comentario sencillo.
La meditación supone un paso más. Ahora se trata de acoger la Palabra de Dios meditándola en el fondo del corazón. Para ello se comienza por repetir despacio las palabras fundamentales del texto, tratando de asimilar su mensaje y hacerlo nuestro. Los antiguos decían que es necesario «masticar» o «rumiar» el texto bíblico para «hacerlo descender de la cabeza al corazón». Este momento pide recogimiento y silencio interior, fe en Dios, que me habla, apertura dócil a su voz.
El tercer momento es la oración. El lector pasa ahora de una actitud de escucha a una postura de respuesta. Esta oración es necesaria para que se establezca el diálogo entre el creyente y Dios. No hace falta hacer grandes esfuerzos de imaginación ni inventar hermosos discursos. Basta preguntarnos con sinceridad: «Señor, ¿qué me quieres decir a través de este texto?, ¿a qué me llamas en concreto?, ¿qué confianza quieres sembrar en mi corazón?».
Se puede pasar a un cuarto momento, que suele ser designado como contemplación o silencio ante Dios. El creyente descansa en Dios acallando otras voces. Es el momento de estar ante él escuchando solo su amor y su misericordia, sin ninguna otra preocupación o interés.
Por último, es necesario recordar que la verdadera lectura de la Biblia termina en la vida concreta, y que el criterio para verificar si hemos escuchado a Dios es nuestra conversión. Por eso es necesario pasar de la «Palabra escrita» a la «Palabra vivida». San Nilo, venerable Padre del desierto, decía: «Yo interpreto la Escritura con mi vida».
Según el relato de la escena del Tabor, los discípulos escuchan esta invitación: «Este es mi Hijo, el escogido; escuchadlo». Una forma de hacerlo es aprender a leer los evangelios de Jesús con este método. Descubriremos un estilo de vida que puede transformar para siempre nuestra existencia.
 


Según los expertos, uno de los datos más preocupantes de la sociedad moderna es la «pérdida de referentes». Todos lo podemos comprobar: la religión va perdiendo fuerza en las conciencias; se va diluyendo la moral tradicional; ya no se sabe a ciencia cierta quién puede poseer las claves que orienten la existencia.
Bastantes educadores no saben qué decir ni en nombre de quién hablar a sus alumnos acerca de la vida. Los padres no saben qué «herencia espiritual» dejar a sus hijos. La cultura se va transformando en modas sucesivas. Los valores del pasado interesan menos que la información de lo inmediato.
Son muchos los que no saben muy bien dónde fundamentar su vida ni a quién acudir para orientarla. No se sabe dónde encontrar los criterios que puedan regir la manera de vivir, pensar, trabajar, amar o morir. Todo queda sometido al cambio constante de las modas o los gustos del momento.
Es fácil constatar ya algunas consecuencias. Si no hay a quién acudir, cada cual ha de defenderse como pueda. Algunos viven con una «personalidad prestada», alimentándose de la cultura de la información. Hay quienes buscan algún sucedáneo en las sectas o adentrándose en el mundo seductor de lo «virtual». Por otra parte, son cada vez más los que viven perdidos. No tienen meta ni proyecto. Pronto se convierten en presa fácil de cualquiera que pueda satisfacer sus deseos inmediatos.
Necesitamos reaccionar. Vivir con un corazón más atento a la verdad última de la vida; detenernos para escuchar las necesidades más hondas de nuestro ser; sintonizar con nuestro verdadero yo. Es fácil que se despierte en nosotros la necesidad de escuchar un mensaje diferente. Tal vez entonces hagamos un espacio mayor a Dios.
La escena evangélica de Lucas recobra un hondo sentido en nuestros tiempos. Según el relato, los discípulos «se asustan» al quedar cubiertos por una nube. Se sienten solos y perdidos. En medio de la nube escuchan una voz que les dice: «Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadlo». Es difícil vivir sin escuchar una voz que ponga luz y esperanza en nuestro corazón.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Josu Urrutia recibe a Salesianos Deusto en su 75 aniversario

El pasado 14 de febrero el Presidente del Athletic  Club, Josu Urrutia,  recibió a una representación de Salesianos Deusto, en el Palacio Ibaigane, encabezada por el Director Isaac Díez.
Texto: Iñaki García
Fotos: Paco Martín
Josu Urrutia nos felicitó por nuestro 75 aniversario y por la importante labor educativa que hacemos en la villa de Bilbao.
El Director, Isaac Díez, le hizo entrega al Presidente de un recuerdo conmemorativo de los 75 años,  con la silueta de Don Bosco, y Josu Urrutia nos regaló una réplica de San Mamés.
Josu Urrutia nos comentó que nuestro regalo formaría parte del museo del Athletic del nuevo San Mamés, y nos deseó otros tantos años de trabajo entre los jóvenes y profesionalidad en nuestra labor educativa.
Y que al igual que en su día, varios alumnos de Salesianos Deusto formaron  parte del Athletic,  como Txirri y Patxi Ferreira, desea que alguno de nuestros chavales del C.D Salesianos pueda llegar a ser un “León del Athletic”.
Hay que destacar entre los presentes a uno de los mayores forofos del Athletic,  Sabino, salesiano de la Comunidad de Deusto.
Que en los próximos años sigamos cosechando “triunfos”, de momento Don Bosco ya está en las vitrinas del Athletic.”
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La elección de un nuevo papa y el Espíritu Santo Ivone Gebara, Escritora, filósofa y teóloga

Después de la encomiable actitud del anciano Benedicto XVI renunciando al gobierno de la Iglesia Católica Romana se sucedieron entrevistas con algunos obispos y sacerdotes en estaciones de radio y televisión en todo el país. Sin duda un evento de tanta importancia para la Iglesia Católica Romana es noticia y conduce a predicciones, elucubraciones de variados tipos, sobre todo de sospechas, intrigas y conflictos entre los muros del Vaticano que habrían acelerado la decisión del Papa.
En el contexto de las primeras noticias, lo que me llamó la atención fue algo a primera vista pequeño e insignificante para los analistas que tratan asuntos del Vaticano. Se trata de la forma cómo algunos padres entrevistados o sacerdotes conductores de programas de televisión respondieron cuando se les preguntó sobre quién sería el nuevo Papa, saliendo por la tangente.
Se referían a la inspiración del Espíritu Santo, o a su voluntad, como siendo el elemento del que dependía la elección del nuevo romano pontífice. Nada de pensar en personas específicas para responder a las situaciones mundiales desafiantes, nada para despertar una reflexión en la comunidad, nada de hablar de los problemas actuales de la iglesia que la han llevado a un significativo marasmo, nada que escuchar los clamores de la comunidad católica por la democratización de las estructuras anacrónicas que sostienen a la iglesia institucional.
La formación teológica de estos padres comunicadores no les permite salir de un discurso trivial y abstracto ya bien conocido, discurso que continúa recurriendo, como explicación, a fuerzas ocultas, y así, de cierta forma, confirmar su propio poder.
La continua referencia al Espíritu Santo a partir de un misterioso modelo jerárquico es una forma de camuflar los verdaderos problemas de la Iglesia y una forma de retórica religiosa para no revelar conflictos internos que ha vivido la institución.
La teología del Espíritu Santo continúa siendo para ellos mágica y expresando explicaciones que ya no pueden hablar a los corazones y a las conciencias de muchas personas que tienen aprecio por el legado del Movimiento de Jesús de Nazaret. Es una teología que sigue provocando la pasividad del pueblo creyente ante las múltiples dominaciones, inclusive la religiosa. Continúan repitiendo fórmulas como si éstas satisficiesen a la mayoría de la gente.
Me entristece el hecho de verificar una vez más que los religiosos y algunos laicos trabajando en los medios de comunicación no perciban que estamos en un mundo donde los discursos tienen que ser más asertivos y caracterizados por referencias filosóficas consistentes, además de la tradicional escolástica.
Un referencial humanista les haría mucho más comprensibles para el común de las personas, incluidos los no católicos y no religiosos. La responsabilidad de los medios de comunicación religiosos es enorme e incluye la importancia de mostrar cómo la historia de la iglesia depende de las relaciones e interferencias de todas las historias de los países y de las personas individuales. Ya es tiempo de abandonar ese lenguaje metafísico y abstracto, como si un Dios fuese a ocuparse especialmente de elegir al nuevo Papa, independientemente de los conflictos, desafíos, iniquidades y cualidades humanas.
Ya es hora de enfrentar un cristianismo que admita el conflicto de las voluntades humanas y reconocer que al final de un proceso electivo, no siempre la elección realizada puede ser considerada la mejor para el conjunto. De enfrentar la historia de la iglesia como una historia construida por nosotros todos y todas y de testimoniar respeto para nosotros mismos/as mostrando la responsabilidad que tenemos todas/os los que nos consideramos miembros de la comunidad católica romana.
La elección de un nuevo Papa es algo que tiene que ver con el conjunto de las comunidades católicas esparcidas alrededor del mundo y no sólo con una élite de edad avanzada, minoritaria y masculina. Por lo tanto, es necesario ir más allá de un discurso justificativo del poder papal y enfrentarse a los problemas y desafíos reales que estamos viviendo.
Sin duda, para esto las dificultades son muchas y abordarlas requiere de nuevas convicciones y del deseo real de promover cambios que favorezcan la convivencia humana.
Me preocupa una vez más, que no se discuta más abiertamente el hecho que el gobierno Iglesia institucional sea entregado a personas ancianas que a pesar de sus cualidades y sabiduría, ya no son capaces de hacer frente con vigor y desenvoltura los desafíos que estas funciones demandan. ¿Hasta cuando la gerontocracia masculina papal será como un doble de la imagen de un Dios, blanco, anciano y de barbas blancas?
¿Habría alguna posibilidad de salir de este esquema o al menos de iniciar una discusión de cara a una futura organización diferente? ¿Habría alguna posibilidad de abrir esta discusión en las comunidades cristianas populares que tienen derecho a la información y a una formación cristiana más ajustada a nuestros tiempos?
Sabemos en qué medida la fuerza de la religión depende de desafíos y comportamientos fruto de convicciones capaces de sostener la vida de muchos grupos. Sin embargo, las convicciones religiosas no pueden reducirse a una visión estática de las tradiciones y tampoco a una visión deliberadamente ingenua de las relaciones humanas. Las convicciones religiosas igualmente no pueden reducirse a la ola de las más variadas devociones que se propagan a través de los medios de comunicación. Es más, no podemos seguir tratando al pueblo como ignorante e incapaz de formular preguntas inteligentes y astutas en relación con la iglesia. Sin embargo, los padres comunicadores creen estar tratando con personas pasivas y entre ellas muchos los jóvenes que desarrollan un culto romántico alrededor de la figura del papa.
Los religiosos mantienen esta situación a menudo cómoda por ignorancia o avidez de poder. Probar la interferencia divina en decisiones que la Iglesia Católica Jerárquica, prescindiendo de la voluntad de las comunidades cristianas esparcidas por todo el mundo es un ejemplo flagrante de esta situación. Es como si quisieran reafirmar erróneamente que la Iglesia es en primer lugar el clero y las autoridades cardenalicias a las cuales es conferido el poder de elegir un nuevo papa y que ésta es la voluntad de Dios. A los miles de fieles corresponde solo orar para que el Espíritu Santo escoja al mejor y esperar a que el humo blanco anuncie una vez más el “habemus papam”.
De manera hábil siempre están tratando de hacer a los fieles, escapar de la verdadera historia, de su responsabilidad colectiva por el recurso a fuerzas superiores que dirijan la historia y a la Iglesia.
Es una lástima que estos formadores de opinión pública estén viviendo todavía en un mundo que es teológicamente y tal vez incluso históricamente, pre-moderno, donde lo sagrado parece separarse del mundo real y situarse en una esfera superior de poderes a la que sólo unos pocos tienen acceso directo. Es desolador ver cómo la conciencia crítica en relación a sus propias creencias infantiles no haya sido despertada, para su bien personal y en beneficio de la comunidad cristiana. Parece que hasta destacamos los muchos obscurantismos religiosos presentes en todas las épocas, mientras el Evangelio de Jesús continuamente convoca a la responsabilidad común de unos con los otros.
Conociendo las muchas dificultades enfrentadas por el Papa Benedicto XVI durante su corto ministerio papal, las empresas de comunicación católica sólo destacan sus cualidades, su entrega a la iglesia, su inteligencia teológica, su pensamiento vigoroso como si quisieran una vez más ocultar los límites de su personalidad y de su postura política no sólo como Pontífice, sino también, como presidente, por muchos años, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio.
No permiten que las contradicciones humanas del hombre Joseph Ratzinger aparezcan y que su intransigencia legalista o el trato punitivo que caracterizaron parcialmente su persona sean recordadas. Hablan desde su elección, principalmente como un papado de transición. No hay duda que es así. Pero ¿transición hacia dónde?
Me gustaría que la encomiable actitud de renuncia de Benedicto XVI pudiese ser vivida como un momento privilegiado para convidar a las comunidades católicas a repensar sus estructuras de gobierno y los privilegios medievales que esta estructura conlleva.
Estos privilegios tanto del punto de vista económico, como político y socio-cultural, mantiene al papado y al Vaticano como un Estado masculino aparte. Pero un Estado masculino con representación diplomática influyente y servido por miles de mujeres en todo el mundo, en las diferentes instancias de su organización. Este hecho nos invita también a reflexionar sobre el tipo de relaciones sociales de género que este Estado continua manteniendo en la historia social y política actual.
Las estructuras pre-modernas que todavía conserva este poder religioso necesitan ser confrontadas con los anhelos democráticos de nuestros pueblos en la búsqueda de nuevas formas de organización que se correspondan mejor con los tiempos y grupos plurales de hoy. Deben ser confrontadas con las luchas de las mujeres, de las minorías y mayorías raciales, de personas de diversas orientaciones sexuales y opciones, de pensadores, científicos y trabajadores de las más variadas profesiones.
Necesitan ser reelaboradas en la perspectiva de un mayor y más fructífero diálogo con otros credos religiosos y con las sabidurías esparcidas por todo el mundo.
Y para terminar, quiero volver al Espíritu Santo, a este viento que sopla en cada una/o de nosotros, este aliento en nosotros es más grande que nosotros, que nos aproxima y nos hace interdependientes con todos los vivientes.
Un soplo de muchas formas, colores, sabores e intensidades. Soplo de compasión y de ternura, soplo de igualdad y de diferencia. Este aliento o soplo no puede ser utilizado para justificar y mantener estructuras privilegiadas de poder y tradiciones antiguas o medievales, como si se tratara de una ley o una norma indiscutible e inmutable.
El viento, el aire, el espíritu sopla donde quiere y nadie debe atreverse a querer ser ni por una sola vez su dueño. El espíritu es la fuerza que nos acerca a unos con otros, es la atracción que permite nos reconozcamos cómo semejantes y diferentes, como amigas y amigos, y que juntos/as busquemos caminos de convivencia, la paz y la justicia.
Estos caminos del espíritu son los que nos permiten reaccionar ante las fuerzas opresivas que nacen de nuestra propia humanidad, los que nos llevan a denunciar a las fuerzas que impiden la circulación de la savia de la vida, quienes nos llevan a des-cubrir los secretos ocultos de los poderosos. Por lo tanto, el espíritu se muestra en las acciones de misericordia, en el pan compartido, en el poder compartido, en la cura de las heridas, en la reforma agraria, en el comercio justo, en las armas transformadas en arados, en fin, en la vida en abundancia para todas/os. Este parece ser el poder del espíritu en nosotros, poder que necesita ser despertado en cada nuevo momento de nuestra historia y ser despertado en nosotros/as, entre nosotros/as y para nosotros/as.
Febrero de 2013.
[Traducción para ADITAL: Ricardo Zúniga García – ricardozunigagarcia@gmail.com

Dimisión papal y laicismo Coral Bravo, Doctora en Filología

Soy laicista. Y eso quiere decir que defiendo la libertad de pensamiento y de conciencia, y que me gustaría vivir en un país en el que el Estado fuera independiente de cualquier creencia religiosa. Y significa que considero las creencias personales como eso mismo, como personales, y que nada deberían tener que ver con lo público, porque lo público es de todos, y no todos creemos ni pensamos lo mismo. Esa es la clave de toda democracia, el respeto a la diversidad y al pluralismo.
A día de hoy en España la Iglesia católica sigue infiltrada en los asuntos de Estado. Interviene en las decisiones políticas, mediatiza la conciencia ciudadana con tendencias de pensamiento que frenan la evolución ética y el progreso de la sociedad, y mantiene buena parte de los anacrónicos y abusivos privilegios que están vigentes desde el Concordato que firmó Franco con el Vaticano, en 1953, y que se renovaron en los mismos términos en 1979. La religión, en España, no está en las iglesias, sino que está muy presente en todos los ámbitos de la vida ciudadana; en la política, en la educación, en la sanidad, en la asistencia social; manteniendo una presencia caduca y obsoleta que no le corresponde a ninguna confesión en ningún sistema democrático.
Y no hablamos de ideas, ni de espiritualidad ni trascendencia, sino de todo lo contrario, de poder y de dinero. La financiación pública de esta organización religiosa es absolutamente desmedida, y más en unos tiempos de precariedad para millones de ciudadanos. Y no hablamos, repito, de subjetividades, sino de datos muy concretos. Pocos día después de que el Partido Popular ganara las elecciones el 20-N, publicó en el B.O.E. del 31 de diciembre de 2011, Secc. I, pág.146615, la cantidad que el Estado iba a entregar mensualmente a la Iglesia , exactamente 13.266.216,12 euros, literalmente “a cuenta de la cantidad que deba asignar en aplicación de lo dispuesto en los apartados Uno y Dos de la disposición adicional decimoctava de la Ley 42/2006, de 28 de diciembre…”. Y este importe es el referido únicamente a los P.G.E, sin tener en cuenta cientos de otros conceptos por los que recibe otro tipo de prebendas e ingentes financiaciones.
Por tanto, los laicistas no discriminamos ningún ideario ni creencia personal (lo cual no se puede decir de todo el mundo), a lo que aspiramos es a la independencia de las iglesias y el Estado. De hecho, muchos laicistas son cristianos o católicos, pero con la suficiente objetividad como para entender que los asuntos de creencias pertenecen al ámbito íntimo y personal de cada quién. Y no hablo, repito, de nada extraño ni esotérico, sino de democracia. Los países de mayor tradición democrática lo saben muy bien y tienen, incluso, leyes específicas de separación Iglesias-Estado, como la Ley francesa de 1.905, en base a la cual se estipula la autofinanciación de las religiones y se las mantiene alejadas de los asuntos públicos.
El asunto de las creencias es muy otro, y cada quién tiene el derecho explícito e implícito a creer en lo que le venga en gana. Lógicamente un fanático adoctrinado y desinformado no creerá en lo mismo que un científico racionalista o una persona muy leída y cultivada. La cultura y la información, como en todo, tienen mucho que ver con la idea de moral y con el sentido de trascendencia de las personas. Aunque también la opresión y la coacción; no olvidemos que nadie se convierte en adepto a ninguna creencia religosa por iniciativa propia, y que las religiones han perseguido y siguen persiguiendo, coaccionando, e incluso asesinando aún en muchos lugares del mundo, a los librepensadores que no se adhieren a sus fanatismos, sus mitos o sus sinrazones.
Sea como fuere, el hecho concreto de la dimisión, supuestamente voluntaria, del actual jerarca de la Iglesia católica, aparte de su significado simbólico para los millones de católicos, carece de trascendencia para los laicistas. Porque después de este jerarca vendrá otro. Personalmente le deseo lo mejor en su retiro. Pero quizás de lo que se trate no sea de valorar a la persona concreta que ocupa ese cargo pío, sino de que ese relevo tenga algún tipo de repercusión en la paz del mundo, en la decencia política y social, y en la vida de las personas. Y ello sería posible si la Iglesia se moderara, admitiera los cambios humanistas y de conciencia que se han producido en el último siglo en las sociedades, respetara a los seres humanos, independientemente de sus creencias, y actuara en consecuencia, con tolerancia, con respeto y con humildad.
Tarea harto difícil. Porque ninguna religión se caracteriza, precisamente, por expandir ni la tolerancia, ni el respeto, ni la solidaridad, ni la paz, precisamente, en muchos períodos de la historia, por todo lo contrario. Y porque, parafraseando a la filósofa y escritora Ayn Rand, “Si quisiera hablar con vuestro vocabulario, diría que el único mandamiento moral es: Pensarás. Aunque las palabras mandamiento y moral son incompatibles. Lo moral es lo elegido, no lo forzado; lo comprendido y lo meditado, no lo obedecido. Lo moral es lo racional, y la razón es incompatible con mitos, coacciones, o dogmas.”

Sin preguntas Pedro Serrano Martínez / Valladolid

Enviado a la página web de Redes Cristianas
El discurso del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, de fecha 2 de febrero para desmentir la autenticidad de la supuesta contabilidad interna del ex tesorero Luis Bárcenas, y que los periodistas tuvieron que seguir a través de un monitor de televisión sin posibilidad de preguntas, nos da la medida del distanciamiento del Gobierno actual con los ciudadanos.
El Gobierno de Mariano Rajoy, con sus gestos y medidas antidemocráticas, sigue haciendo cada día más profunda e insalvable la trinchera que separa al pueblo de un Ejecutivo prepotente que todo lo justifica por la mayoría absoluta un día conseguida. Una democracia no goza de buena salud cuando los periodistas no tienen la oportunidad de plantear preguntas incomodas a sus dirigentes. Una democracia no es tal cuando un presidente utiliza como escudo contra los periodistas una pantalla de televisión.
Pero si el comportamiento del presidente del Gobierno con la prensa es condenable, también lo es que los periodistas no hagan frente común de denuncia y plante ante esta conducta intolerable que a veces acatan sin rechistar. He visto ruedas de prensa vergonzosas en las que, el presidente, con su sorna y desprecio habitual, se ha reído de las preguntas incomodas de algún periodista genuino y, en lugar de abandonar la sala de prensa en señal de protesta, todos los periodistas allí reunidos, la mayoría se han puesto a reír como si les acabaran de contar el chiste más gracioso del mundo.

El rescate de la categoría “espíritu” Leonardo Boff, teólogo

Koinonía
En la cultura de hoy, la palabra “espíritu” está desvalorizada en dos frentes: en la cultura letrada y en la cultura popular.
En la cultura letrada dominante “espíritu” es lo que se opone a la materia. La materia sabemos más o menos lo que es, ya que puede ser medida, pesada, manipulada y transformada, mientras que el “espíritu” cae en el campo de lo intangible, indefinido, y hasta nebuloso.
La materia es la palabra-fuente de los valores axiales de la experiencia humana de los últimos siglos. La ciencia moderna se ha construido sobre la investigación y el dominio de la materia. Ha penetrado hasta sus últimas dimensiones, las partículas elementales, hasta el campo de Higgs en el que se habría dado la primera condensación de la energía originaria en materia: los tan buscados bosones y hadrones y la llamada “partícula de Dios”. Einstein demostró que la materia y la energía son equivalentes. La materia no existe. Es energía altamente condensada y un campo riquísimo de interacciones.
Los valores espirituales en el sentido moderno convencional, se sitúan en la superestructura y no caben en los esquemas científicos. Su lugar es el mundo de la subjetividad, entregado a la discreción de cada uno o de los grupos religiosos. Expresándolo de una manera un tanto grotesca, pero no demasiado, podemos decir con José Comblin, gran especialista en el tema: «Cuando se habla de “valores espirituales “, todo el mundo piensa que está hablando un burgués en una reunión de los Rotarios o del Club de Leones después de una copiosa cena regada con buenos vinos y a base de comida fina. Para el pueblo en general, “valores espirituales” equivale a “palabras bonitas pero vacías”. O pertenece al repertorio del discurso eclesiástico moralizante, espiritualizante y en relación hostil con el mundo moderno.
Como resultado de ello, la expresión “valores espirituales” aparece con más frecuencia en los labios de los sacerdotes y obispos de tendencia conservadora. De ellos es común escuchar que la crisis del mundo contemporáneo se encuentra fundamentalmente en el abandono del mundo espiritual: la no asistencia a misa o cualquier otra referencia explícita a la Iglesia jerárquica.
Pero con los escándalos de los últimos tiempos, con los sacerdotes pedófilos y con los escándalos financieros vinculados al Banco Vaticano, el discurso oficial de los “valores espirituales” se ha devaluado. No ha perdido su valor, pero la entidad oficial que los anuncia tiene muy poca audiencia.
En la cultura popular, la palabra “espíritu” tiene gran validez. Traduce cierta concepción mágica del mundo en contra de la racionalidad aprendida en la escuela. Para gran parte del pueblo, especialmente los influidos por la cultura afrobrasileña e indígena, el mundo está habitado por espíritus buenos y malos que afectan a las diferentes situaciones de la vida, como la salud y la enfermedad, la vida afectiva, los éxitos y los fracasos, la buena o la mala suerte. El espiritismo ha codificado esta visión del mundo por la vía de la reencarnación. Cuenta con más seguidores de los que se piensa.
Sin embargo, en las últimas décadas nos hemos dado cuenta de que la racionalidad excesiva en todos los ámbitos y el consumismo exacerbado generan saturación existencial y también mucha decepción. La felicidad no está en la materialidad de las cosas, sino en las dimensiones relacionadas con el corazón, el afecto, las relaciones de amor, de solidaridad y de compasión.
Por todas partes se buscan experiencias espirituales nuevas, es decir, sentidos de vida que van más allá de los intereses inmediatos y de la lucha diaria por la vida. Ellos abren una perspectiva de esperanza y luz en medio del mercado de ideas y propuestas convencionales, difundidas por los medios de comunicación y también por las llamadas “instituciones de sentido” que son las religiones, las iglesias y las filosofías de vida. Han adquirido fuerza a través de los programas de televisión y de los grandes shows religiosos que obedecen a la lógica del espectáculo masivo y que, por eso mismo, se desvían del carácter reverente y sagrado de toda religiosidad. En una sociedad de mercado, la religión y la espiritualidad se han convertido en mercancías disponibles para el consumo general. Y producen un montón de dinero.
No obstante esta mercantilización de lo religioso, el mundo espiritual ha empezado a incrementar su fascinación aunque, la mayoría de las veces, en forma de esoterismo y de literatura de autoayuda. Aún así, ha abierto una brecha en el mundo profano y en el carácter gris de la sociedad de masa. En los medios cristianos han surgido las Iglesias pentecostales, los movimientos carismáticos y la centralidad de la figura del Espíritu Santo.
Estos fenómenos suponen un rescate de la categoría “espíritu” en un sentido positivo e incluso anti-sistémico. El “espíritu” es una referencia consistente y ya no está colocado bajo sospecha por la crítica de la modernidad que sólo aceptaba lo que pasaba por el tamiz de la razón. Pero la razón no lo es todo, ni lo explica todo. Hay lo arracional y lo irracional. En los seres humanos hay el universo de la pasión, del afecto y del sentimiento que se expresa mediante la inteligencia emocional y cordial. El espíritu no rechaza la razón, antes bien, la necesita. Pero va más allá, englobándola en un nivel superior que tiene que ver con la inteligencia, la contemplación y el sentido superior de la vida y de la historia. En términos de la nueva cosmología él sería tan ancestral como el universo, éste también portador de espíritu. ¿La era del espíritu?
Del autor: Fuego del cielo: el Espíritu Santo en el universo, en la humanidad, en las Iglesias y religiones, que será publicado próximamente por la Editorial Vozes, Petrópolis, RJ, Brasil.

martes, 19 de febrero de 2013

“¿A dónde vas, Pedro?” José Ignacio González Faus, teólogo

Honesto, íntegro y encantador en el trato personal; tímido, huidizo y con dificultades para dirigir. Capaz también de una encantadora ironía sutil, que debió reprimir cuando comenzó a ponerse capisayos. La timidez le hizo actuar demasiado duramente cuando tuvo que hacer de “inquisidor”; su sensibilidad le volvió más afable cuando pasó a ser pastor. De su historia personal habría que indagar más sobre su evolución hacia posturas conservadoras. De su pontificado temo que el punto más ambiguo no sea el “Vatikileaks” ni la pederastia, sino la sombra de Marcial Maciel que ha resultado ser más alargada que la del ciprés.
He contado en otra ocasión lo que le escuché en una clase en Tübingen hacia fines de 1966: hablando de dos grandes escuelas teológicas antiguas (Alejandría más espiritualista y más conservadora, Antioquía más humanista y más abierta), continúa preguntando: ”¿y en Roma?”. Se detiene un momento, se abotona la chaqueta y se queda mirándonos: “en Roma, ya saben Uds, no se hace buena teología”. La sonora ovación del alumnado todavía retumba en mis oídos. Dicen que Wojtila lo nombró para la congregación de la fe, tras leer su “Introducción al cristianismo”, porque vio en él un teólogo “abierto y seguro”.
¿Por qué posteriormente fue sacrificando la apertura a la seguridad? Se habla de susto ante los excesos del 68 (que en Alemania fue peor que en Francia y evocó a muchos intelectuales los momentos previos a Hitler). También de la prepotencia de Hans Küng su compañero de cátedra en Tübingen; y del influjo de su hermano mayor. No sé. Es tarea para los historiadores.
En Roma quizá comenzó una evolución inversa, como si, tras la decepción del progresismo, tropezara ahora con la decepción del conservadurismo; pero ya era demasiado tarde para acabarla. Cuando el viernes santo del 2005, siendo aún cardenal, pronunció aquellas palabras: “cuánta suciedad en la iglesia… la traición de los discípulos hiere más a Jesús”, muchos creyeron que se refería a los casos de pederastia. Sin excluir esto, creen otros que aludía indirectamente a cosas que estaban pasando en la Curia.
Las intrigas, empujones y afanes de hacer carrera; los sobres con dinero que repartía Maciel y que él se negó siempre a aceptar; la obsesión del Vaticano por encubrir los escándalos de pederastia… le fueron abriendo los ojos. Por eso, al ser elegido papa, pudo parecer que, por su honestidad y porque conocía el paño, quizás conseguiría reformar la Curia (conviene recordar cómo había exigido esa reforma el Vaticano II, y cómo la Curia se negó siempre a ella).
Quizás ésta ha sido la desilusión de su pontificado y una de las razones que han debilitado sus fuerzas. Dio pasos significativos: ordenó a Maciel que desapareciera de la vida pública. Hizo sonoras y sentidas peticiones de perdón por los casos de pederastia: que aún parecen insuficientes a algunos, pero que resultaban de una valentía inaudita ante el modo de proceder encubridor, típico del Vaticano. Desaparecieron otros nombres que prefiero no citar y que parecen ser los que están detrás de los famosos papeles del mayordomo (pues en todos aquellos correos no hay nada sensacional ni de interés, fuera de críticas constantes a Bertone: como si fuesen una venganza o maniobra de aquellos a quienes Bertone había sustituido).
Cuando su viaje a Valencia decepcionó al episcopado español que anhelaba una condena sonora del gobierno socialista. En su primera encíclica quiso decirnos que Dios es Amor antes que cualquier otra cosa. Tuvo el episodio desafortunado de Regensburg pero luego lo arregló relativamente bien.
De todo este panorama saldría un balance de empate. Pero hay otra espina que puede no haberle dejado en paz: y se llama Marcial Maciel. La historia de este pequeño monstruo o enfermo es de las más increíbles y escandalosas de los veinte siglos de cristianismo. Y el problema es que Ratzinger sabía: cuando estaba en la congregación de la fe le hicieron llegar, por procedimientos complicados, pruebas irrebatibles. Y cuando luego los remitentes acudieron a él, cuentan que les dijo: “lo siento mucho pero no puedo hacer nada porque Juan Pablo II tiene gran aprecio a este hombre”.
Así lo narran los autores en un libro titulado “La voluntad de no saber”, editado por Mondadori con la condición de que sólo circulara en México. ¿Le faltó valor a Ratzinger para encararse con Wojtila, o tuvo miedo de escandalizar al mundo? Déjeseme decir que son cosas que tocan sólo al juicio de Dios. Pero esto explica la rápida decisión con que apartó de en medio a Maciel nada más llegar a la sede de Pedro. Aunque haga más difícil entender la tibia política que parece estar llevando el Vaticano con los legionarios.
Por mi parte, prefiero quedarme con la recomendación hecha por Benedicto XVI de que todos los papas deberían leer y meditar la célebre carta que escribió san Bernardo al papa Eugenio III, donde está aquella frase: “no pareces sucesor de Pedro, sino de Constantino”. Agradezco este consejo al dimitido papa y me permito recomendar efusivamente esa carta a su sucesor. Aunque debo reconocer que, por lo que hace a un futuro inmediato de la Iglesia, no soy precisamente optimista.