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miércoles, 2 de abril de 2025

EL AYUNO QUE DIOS QUIERE


col anso

 Nos encontramos de lleno en el tiempo de Cuaresma. Hace algún tiempo leí una preciosa anécdota que nos puede ayudar a vivir con profundidad estos días que preceden a la Pascua. 

Un joven monje preguntó al abad de su monasterio por qué insistía tanto en que debían vivir la pobreza. Entonces el abad le pidió que le acompañara a una gran sala que estaba llena de libros. El monje quedó maravillado al verla, pues él siempre había aspirado a poseer una gran biblioteca. 

El abad le dijo que podía coger todos los libros que quisiera. El monje cogió tantos que casi no podía con ellos. A continuación, el abad le pidió que le diera un abrazo. El monje, evidentemente, no pudo. En ese momento el joven comprendió la lección: la riqueza no es acaparar cosas que nos gustan. La verdadera riqueza es tener los brazos abiertos y tener espacio para los otros. Abramos nuestro corazón y tengamos siempre un espacio para acoger a Dios y a nuestros hermanos. Esta actitud hacia los demás nos hará muy ricos, ricos de espíritu y de humanidad. 

En este tiempo de Cuaresma pidamos a Dios que nos enseñe a ayunar de todo lo que nos aleja de nuestro prójimo. El verdadero ayuno nos ayuda a amar a nuestros hermanos, sobre todo a los más vulnerables. El profeta Isaías nos lo dice bellamente con estas palabras: el ayuno que Dios quiere es que partamos nuestro pan con el hambriento, que liberemos a los oprimidos, que tendamos la mano a nuestros semejantes. De este modo curaremos nuestras heridas, brillará nuestra luz en las tinieblas y el Señor nos guiará siempre (cf. Is 58, 6-11). 

Si estamos dispuestos a abrazar y a acoger a los demás, estaremos más cerca de Cristo. Él quiere tener una relación personal con cada uno de nosotros. Somos sus amigos. Cuando creamos que nadie nos escucha, que nadie nos valora, pensemos que Él es capaz de reconocer cada pequeño acto de amor que hagamos, tal como hizo con la viuda pobre del Evangelio (cf. Mc 12, 41-44). 

Siempre me ha impresionado una imagen que se encuentra en el interior de las catacumbas de Roma. Representa a un hombre que reza con las manos abiertas. La imagen nos recuerda que todos somos mendigos del amor de Dios. Si nos presentamos ante Dios con las manos vacías, Él las estrechará con ternura y llenará de amor. 

Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que la práctica del ayuno de estos días despierte en nosotros el hambre de Dios. Él es el único que puede saciar nuestros anhelos más profundos.

 

Cardenal Juan José Omella

Religión Digital

¿UNA SOCIEDAD MÁS COMPASIVA?

fe adulta

col arregi

 

La compasión es anterior a cualquier religión
Gonzalo Haya

Esta semana nos llega, para mirar con nuevos ojos, la parábola evangélica que llamamos “El hijo pródigo”. Siempre se ha leído este texto como el de un padre compasivo y el de un hijo mayor egoísta con su hermano menor que regresa arrepentido a la casa. Y sí, es claro que se nos muestra un padre compasivo, un padre que conecta inmediatamente con su hijo rebelde. La compasión a la que estamos llamados todos y todas es una exigencia humana permanente:

La compasión procede del estrato límbico de nuestra evolución; no tiene que pasar por los vericuetos de nuestro cerebro. No pide ni da explicaciones. Es comunicación directa, intuitiva, entre dos corazones, plantea Gonzalo Haya. Como el padre mostrado por Jesús, nuestras respuestas ante situaciones difíciles no deben hacerse esperar (el padre divisa a su hijo a lo lejos y sale a su encuentro), si somos compasivos o compasivas las respuestas brotan espontáneamente.

Pero desde mi punto de vista, esta parábola evangélica va mucho más allá. Siglos antes de la vida de Jesús de Nazaret en el contexto cultural del mundo greco-romano, el derecho materno que era el derecho del hijo más débil, generalmente el hijo menor, fue sustituido por la “ley del padre” que es la ley del hijo mayor. Recordemos en la tradición bíblica la historia de Isaac, Rebeca, Esaú y Jacob… La ley del padre defiende la herencia y para que esta no se disperse o se divida la concentra en el hijo mayor.

Ya el padre de la parábola realiza una ruptura cuando le entrega al hijo menor parte de la herencia y lo deja en libertad de marcharse. Pero lo más fuerte viene cuando éste, después de haberla dilapidado regresa a la casa paterna en busca de un refugio. La crítica fácil surge contra el hijo mayor, sin embargo hay que entender que él está defendiendo sus derechos que el Padre ha ignorado y violado. El hijo menor no sólo ha sido ingrato y ha pasado la vida entre placeres… lo más grave es que ha gastado parte de la herencia familiar y esto va contra la ley del padre. Sin embargo, su padre actúa según normas distintas y lo acoge de nuevo a pesar de los reclamos familiares.

No sólo es un buen corazón, es también una conducta que se ajusta a reglas diferentes. No es la primera vez que Jesús muestra actitudes más cercanas a la sensibilidad de las mujeres que a la de los varones. Su misma forma de dirigirse a Dios: Abba -según las traducciones más modernas- remite a lenguajes infantiles más comunes entre madres y niños y no tanto a lenguajes propios de adultos para dirigirse a los “páter-familia”.

Una vez más el Evangelio estableces rupturas con el medio y nos entrega una imagen de la Divinidad distinta. Un Dios que se salta leyes y dictámenes para hacernos ver un rostro de cercanía, amor, normas más justas y sensibles… y por supuesto una Divinidad de la compasión, no del juicio o condena. Unos brazos y costumbres maternas que acogen y bendicen.

 

Carmiña Navia Velasco

Santiago de Cali, finales del mes de Marzo de 2025

CONDENAR O LIBERAR Jn 8,1-11

fe adulta

col labrador

 Seguramente todos tuvieron que agacharse para comenzar a recoger las piedras del suelo, preparándose para ejercer el castigo al que la Ley les alentaba: “si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo, se castigará con la muerte a los dos” (Lv 20,10). Seguramente, mientras cada uno se inclinaba a coger el arma arrojadiza, pensaría que, de ese modo, colaboraba en hacer desaparecer el mal en medio de su pueblo: “si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos, tanto la mujer como el que se acostó con ella. Así extirparás el mal de Israel” (Dt 22,22).

Quizás alguno de ellos pensó, por un instante, que había sido un poco extraña la petición que los maestros de la ley y los fariseos habían hecho a Jesús: ¿por qué solo habían llevado hasta allí a la mujer? ¿qué había pasado con el hombre encontrado en la misma situación? ¿Y por qué esa premura? Quizás alguno, también, había percibido que la tesitura en la que ponían a Jesús iba cargada de cierta malicia y que había otros intereses ocultos en este asunto que le estaban planteando.

No obstante, ahí seguían, agachándose, buscando las mejores, ni excesivamente pequeñas, ni tan grandes que no se pudieran lanzar con una sola mano. Ahí seguían, mirando de reojo a Jesús, que permanecía sentado y en silencio, en el lugar del Templo desde el que, hacía un momento, estaba dirigiéndose a la gente.

De pronto, Jesús también se agachó y se puso a escribir con el dedo en el suelo. Así permaneció durante un tiempo que se hizo eterno, mientras los entendidos de la ley seguían presionándolo con aquella cuestión. A la altura a la que había bajado, Él parecía estar cómodo. Desde ahí solo podía ver el suelo, quizás los pies y algo de las piernas de todos los que estaban a su alrededor… en su campo visual quizás también podía hallarse la mujer a la que habían colocado en el medio, aunque Él solo parecía seguir el trazo que su propio dedo marcaba en la arena.

Ese modo de estar en el mundo, abajado, inclinado, se repetía en Jesús en muchos momentos. Se inclinó para hablar con el hombre paralítico que yacía cerca de la piscina de Betesda antes de curarle (cf. Jn 5,5-9) o cuando se acercó al lecho de la suegra de Pedro (cf. Mc 1,30-31) o al de la hija del jefe de la sinagoga (cf. 5,40-42). Jesús se inclinaba continuamente para acoger a los niños que corrían hacia Él, a quienes imponía las manos y con quienes oraba (cf. 10,13-16) y se inclinaba o arrodillaba muchas veces, para recogerse en oración junto a su Padre (cf. 1,35; 14,35)… ¡Qué modo tan diferente de agacharse el de Jesús y el de quienes le rodeaban en ese momento! ¡Qué perspectivas tan diferentes de mirar lo humilde, bajo y pobre del mundo!

Por fin Jesús se incorporó −solo un instante− para decir: “Aquel de vosotros que no tenga pecado, puede tirarle la primera piedra”. Y, de nuevo, se agachó y siguió escribiendo sobre la tierra…

Todos los que estaban presentes se miraban las manos, pensativos. En cada piedra veían el peso de algún error propio cometido. Era difícil no haber incumplido alguno de los 613 preceptos de la Torá. Cada uno iba recordando las últimas situaciones vividas: “esa conversación con mi amigo en la que murmuré contra el vecino”, “aquella mentira que dije para conseguir lo que buscaba”, “cuando no atendí a quien me pidió ayuda por propia comodidad”, “ese modo horrible en el que hablé a tal persona esta mañana”…

Al levantar los ojos de las propias piedras, se fueron dando cuenta de que muchos habían ido tirándolas al suelo y marchándose de allí. ¡Nadie había tirado la primera! Y así, empezando desde el mayor hasta el más joven, todos se fueron yendo.

Cuando ya estaban solos la mujer y Él, Jesús volvió a incorporarse y, como si no hubiera sido consciente de nada, le preguntó a la mujer: “¿dónde están? ¿ninguno de ellos se ha atrevido a condenarte?”.

Era la primera vez, en todo ese tiempo que había transcurrido, que alguien le había preguntado algo. La habían arrastrado hasta allí, pero no le habían dado la posibilidad de explicar nada, de defenderse, de contar su versión… ¡ninguno le había escuchado y, mucho menos, dado la palabra!

“Ninguno lo ha hecho”, dijo la mujer. Y al pronunciarse, pudo expresarle su reconocimiento. Le llamó “Señor”, no solo “Maestro”, como habían hecho los jefes de la ley.

“Tampoco yo te condeno. Puedes irte y no vuelvas a pecar”, le contestó Jesús.

La mujer se sintió profundamente liberada. No solo porque la alentaba a ponerse en camino y recomenzar, sino porque Jesús no la condenaba. No le había dicho “tus pecados son perdonados”, como había hecho con otras personas, sino “no te condeno”. En realidad, tampoco había condenado a los que, poco a poco y uno a uno, había reconocido su pecado y se habían ido yendo del lugar.

Ahí estaba la diferencia. Todos habían condenado a la mujer desde el primer momento, sin darle posibilidad al cambio, a comenzar de nuevo, a reconocer y transformar los actos realizados, las equivocaciones... Pero Jesús libera. Libera a la mujer y libera a cada uno de los presentes al ayudarles a reconocer su propia pobreza personal.

Quizás se nos hace necesario aprender a agacharnos más como Jesús y tocar nuestra propia tierra −nuestro propio humus− sintiendo Su mirada sobre ella. Una mirada que libera y no condena. Así, agachados junto a Él, podremos nosotros hacer lo mismo.

¿DÓNDE ESTÁN TUS ACUSADORES?

 


Hay textos evangélicos luminosos que los entiende todo el mundo. Uno de ellos el que nos ofrece este domingo el evangelio de Juan, aunque sea un texto añadido al cuarto evangelio.

Todo el mundo ha comprendido bien este pasaje: Jesús no condena a nadie, tampoco a la adúltera. Para él, la persona es más que sus actos morales y, por ello, siempre hay posibilidad de reorientar la vida. Además, se verifica en este texto aquella actitud de acogida y respeto que Jesús manifiesta en el evangelio por las mujeres. No era difícil comprender que, como dice el mismo evangelio, muchas de ellas le siguieran.

Pero hay una pregunta que queda en el aire y que suena como un trallazo: ¿DÓNDE ESTÁN TUS ACUSADORES? Es verdad que el texto dice que se marcharon “empezando por los más viejos”, quizá más cargados de años y de incoherencias. Pero en este relato parece que los hombres se van de rositas, como se suele decir. Porque todos sabemos que no hay adúlteras sin adúlteros. Más aún, sabemos que son ellos quienes usan, promueven y se lucran del negocio de la prostitución.

Tal vez es demasiado pedir a Jesús que condene a los adúlteros en medio de una sociedad que condena solo a ellas. Pero habría sido un puntazo que el evangelio dijera algo de aquellos que no podían tirar la primera piedra porque estaban implicados en la otra parte del adulterio. Nosotros que leemos hoy esta página, porque vivimos en otro contexto social, sí tendríamos que decir esa palabra que falta en el relato.

¿Qué decir?

· Hemos de llevar la dignidad al centro: así lo repite muchas veces el Papa Francisco. Y en este terreno más que en otros. Lo que quiere decir que las prostitutas son dignas y que cualquier desprecio de palabra o de obra hacia ellas es una ofensa a la dignidad. Y quiere decir también que los usuarios de la prostitución son rechazables. España tiene una legislación muy confusa sobre el tema. Pero parece que el abolicionismo es la mejor respuesta al problema para que España deje de ser el prostíbulo de Europa.

· Hemos de rechazar cualquier tipo de violencia sexual: no solamente aquellas que llevan a la muerte de las mujeres, una lacra inadmisible en una sociedad moderna y en un país que se dice católico. Hay que rechazar cualquier tipo de violencia sexual en el lenguaje, en las actitudes machistas, en la diferencia salarial entre hombres y mujeres, en la postergación de las mujeres en el seno de la misma Iglesia.

Puede que esta reflexión parezca impropia de una homilía dominical. Pero nosotros los cristianos no leemos el evangelio para enterarnos, ya las conocemos, de narraciones simpáticas sobre la vida de Jesús. Leemos el evangelio para intentar reorientar nuestros comportamientos ciudadanos y cristianos. Todos lo sabemos: si el evangelio no toca la vida, queda infecundo. Ojalá no ocurra así con este texto.

Por si nos ilumina algo, digamos que la Conferencia Episcopal Española ha tomado el tema de trata de personas (prostitución, explotación laboral, tráfico de personas, etc.) como concreción del Jubileo de la Esperanza. Hemos de contribuir a visibilizar el tema, orar y ser solidarios cuando se nos solicite. No demos un rodeo y pasemos de largo. Eso está ahí.

 


AMIGO DE LA MUJER José Antonio Pagola

 


Sorprende ver a Jesús rodeado de tantas mujeres: amigas entrañables como María Magdalena o las hermanas Marta y María de Betania. Seguidoras fieles como Salomé, madre de una familia de pescadores. Mujeres enfermas, prostitutas de aldea... De ningún profeta se dice algo parecido.

¿Qué encontraban en él las mujeres?, ¿por qué las atraía tanto? La respuesta que ofrecen los relatos evangélicos es clara. Jesús las mira con ojos diferentes. Las trata con una ternura desconocida, defiende su dignidad, las acoge como discípulas. Nadie las había tratado así.

La gente las veía como fuente de impureza ritual. Rompiendo tabúes y prejuicios, Jesús se acerca a ellas sin temor alguno, las acepta en su mesa y hasta se deja acariciar por una prostituta agradecida.

La sociedad las consideraba como ocasión y fuente de pecado; desde niños se les advertía a los varones para no caer en sus artes de seducción. Jesús, sin embargo, pone el acento en la responsabilidad de los varones: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón».

Se entiende su reacción cuando le presentan a una mujer sorprendida en adulterio, con intención de lapidarla. Nadie habla del varón. Es lo que ocurría siempre en aquella sociedad machista. Se condena a la mujer porque ha deshonrado a la familia y se disculpa con facilidad al varón.

Jesús no soporta esta hipocresía social construida por el dominio de los varones. Con sencillez y valentía admirables, pone verdad, justicia y compasión: «El que esté sin pecado, que arroje la primera piedra». Los acusadores se retiran avergonzados. Saben que ellos son los más responsables de los adulterios que se cometen en aquella sociedad.

Jesús se dirige a aquella mujer humillada con ternura y respeto: «Tampoco yo te condeno». Vete, sigue caminando en tu vida y, «en adelante, no peques más». Jesús confía en ella, le desea lo mejor y le anima a no pecar. Pero de sus labios no saldrá condena alguna.

¿Quién nos enseñará a mirar hoy a la mujer con los ojos de Jesús?, ¿quién introducirá en la Iglesia y en la sociedad la verdad, la justicia y la defensa de la mujer al estilo de Jesús?

DIOS NO JUZGA, JESÚS NO CONDENA DOMINGO 5º DE CUARESMA (C) Jn 8,1-11

fe adulta

 

El texto está en un contexto artificial. No se encuentra en ningún otro evangelista y ha sido añadido al evangelio de Juan. No aparece en los textos griegos más antiguos. Es un relato muy antiguo y su mensaje está de acuerdo con los evangelios, incluido el de Juan.

En el relato, se destaca el “fariseísmo” de los acusadores. El texto dice que le estaban tendiendo una trampa. En efecto, si Jesús consentía en apedrearla, perdería su fama de bondad e iría contra el poder civil, que había retirado al Sanedrín la facultad de ejecutar a nadie. Si decía que no, se declaraba en contra de la Ley, que lo prescribía expresamente.

Si los pescaron “in fraganti”, ¿dónde estaba el hombre? (La Ley mandaba apedrear a ambos). Se consideraba adulterio la relación de un hombre con una mujer casada, no con una soltera. Se trataba de un pecado contra la propiedad, porque la mujer se consideraba propiedad del marido. Llevamos dos milenios tergiversando los textos con naturalidad.

Aparentemente Jesús está dispuesto a que se cumpla la Ley, pero pone una simple condición: que tire la primera piedra el que no tenga pecado. El tirar la primera piedra era obligación o “privilegio” del testigo. Tirar la primera piedra era responsabilizarse de la ejecución. Aquellos hombres acusaban, pero no se hacían responsables de la muerte.

Jesús perdona a la mujer antes de que se lo pida; no exige ninguna condición. No es el arrepentimiento ni la penitencia lo que consigue el perdón. Es el amor incondicional, lo que debe llevar a la adúltera al cambio de vida. El “perdón” de Dios es lo primero. Cambiar de perspectiva será la consecuencia de haber tomado conciencia de que Dios es Amor.

Sigue habiendo “cristianos” que ponen el cumplimiento de la “Ley” por encima de las personas. La base y fundamento del mensaje de Jesús es precisamente que, para el valor primero es la persona de carne y hueso, no la institución ni la “Ley”. El Padre estará siempre con los brazos abiertos para el hermano menor y para el mayor.

La cercanía que manifestó Jesús hacia los pecadores, no podía ser comprendida por los jefes religiosos de su tiempo porque se habían hecho un Dios justiciero y distante. Para ellos el cumplimiento de la Ley era el valor supremo. Jesús nos dice que la persona es el valor supremo y no puede ser utilizada como medio para conseguir nada.

El miedo es la consecuencia de la inseguridad. Cuando buscamos seguridades, tenemos asegurado el miedo. El miedo paraliza nuestra vida espiritual. El descubrimiento del verdadero Dios tiene que ser siempre liberador. La mejor prueba de que nos relacionamos con un ídolo, y no con el verdadero Dios, es que nuestra religiosidad produce miedos.

La “buena noticia” consiste en que el amor de Dios es incondicional, no depende de nada ni de nadie. Dios no es un ser que ama sino el amor. Su esencia es amor y no puede dejar de amar sin destruirse. ¿Quién es el bueno y quién es el malo? ¿Puedo yo dar respuesta a esta pregunta? ¿Quién puede sentirse capacitado para acusar a otro? Solo el fariseísmo.

Jesús está ya identificado con el Padre y unifica los tres. Tanto el hermano menor (adúltera) como el mayor (fariseos) tienen que ser superados. Una vez más descubrimos que el menor está dispuesto a cambiar con más facilidad que el mayor.

 fe adulta


Los domingos anteriores han tratado el tema de la conversión con distintos enfoques: amenazando con un final trágico a los que no se conviertan, pero concediendo un año de plazo para evitar la desgracia (domingo 3º); acogiendo al hijo pródigo, que se convierte por puro egoísmo, pero que da una inmensa alegría al padre con su vuelta (domingo 4º). En este quinto domingo habla del mejor recurso para convertirse: el contacto con Jesús, como lo demuestran una adúltera y un fariseo radical y violento.

¿Qué hacemos con la adúltera?

El evangelio parte de un hecho concreto: una mujer sorprendida en adulterio. Se trata de un pecado condenado en todas las legislaciones antiguas y en el Decálogo. El problema que plantean a Jesús es qué hacer con la adúltera. Del tema ya se habían ocupado los legisladores antiguos. Recojo tres opiniones.

La ahogamos con el adúltero (Código de Hammurabi)

Es la respuesta del famoso Código de Hammurabi, rey de Babilonia muerto hacia 1750 a.C. En el párrafo 129 dictamina: “Si la esposa de un hombre es sorprendida acostada con otro varón, que los aten y los tiren al agua [al río Éufrates]; si el marido perdona a su esposa la vida, el rey perdonará también la vida a su súbdito.” Adviértase que la ley empieza por la mujer, pero los dos merecen la condena a muerte, aunque cabe la posibilidad de que el marido perdone.

La apedreamos (los escribas y fariseos)

Es lo que proponen escribas y fariseos invocando la Ley de Moisés. Es el procedimiento más frecuente en la Biblia para ejecutar a un culpable. Cosa lógica, ya que en Israel no abunda el agua, como en Babilonia, y sí las piedras. Sin embargo, estos escribas y fariseos no habrían aprobado un examen de Biblia por dos motivos.

1) La Ley de Moisés, que usa a menudo el verbo “apedrear” para hablar de un castigo a muerte, nunca lo aplica al adulterio. El texto que podrían invocar sería este del Deuteronomio: “Si uno encuentra en un pueblo a una joven prometida a otro y se acuesta con ella, los sacarán a los dos a las puertas de la ciudad y los apedrearán hasta que mueran: a la muchacha porque dentro del pueblo no pidió socorro y al hombre por haber violado a la mujer de su prójimo” (Deuteronomio 22,23-24). Pero esta ley no habla de adulterio, sino de violación (aparentemente consentida) de una muchacha.

2) Si tienen tanto interés en cumplir la Ley de Moisés, al primero que deberían haber traído ante Jesús es al varón, ya que también a él lo han sorprendido en adulterio y por él comienza la ley (“Si uno encuentra a una joven…y se acuesta con ella”). Hay un caso en el que solo se habla de apedrear a la muchacha, pero tampoco se trata de adulterio, sino de la que ha perdido la virginidad mientras vivía con sus padres. Cuando se casa, su marido lo advierte y lo denuncia, si la denuncia es verdadera “sacarán a la joven a la puerta de la casa paterna y los hombres de la ciudad la apedrearán hasta que muera, por haber cometido en Israel la infamia de prostituir la casa de su padre” (Deuteronomio 22,20-21).

¿Cómo puede un escriba, con tantos años de estudios bíblicos, cometer estos errores elementales? ¿Por ignorancia? ¿Por el deseo de interpretar la ley de la forma más rigurosa posible? ¿Para poner a Jesús en un aprieto y poder acusarlo, como dice Juan?

La perdonamos (Jesús)

Jesús no precipita su respuesta. Le piden una opinión (“¿qué dices tú?”) pero se calla la boca y escribe en el suelo. Ellos insisten. Buscan lana y salen trasquilados. “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. El principal pecado de escribas y fariseos no es la ignorancia, ni el rigorismo, sino la hipocresía. Cuando se retiran, solo quedan Jesús y la mujer, ella de pie en el centro. Un imagen de gran impacto, digna de la mejor película. Por suerte para la mujer, Jesús no es un confesor a la vieja usanza. No le pregunta cuántas veces ha cometido adulterio, con quién, dónde, cuándo. Se limita a dos preguntas breves (“¿dónde están?, ¿nadie te ha condenado?”) y a la absolución final: “Yo tampoco te condeno. Ve y en adelante no peques más”.

A veces se habla de la actitud de Jesús con los pecadores de forma muy ligera, como si los abrazase y aceptase su forma de vida. Pero a la mujer no le dice: “No te preocupes, no tiene importancia; ya sabes a quién tienes que acudir la próxima vez”. Lo que le dice es: “en adelante no peques más”. Se lo dice por su bien, no porque corra peligro de ser apedreada. A este caso, cambiando de género, se puede aplicar el proverbio bíblico: “El adúltero es hombre sin juicio, el violador se arruina a sí mismo” (Proverbios 6,32). Eso es lo que Jesús no quiere, que la mujer se arruine a sí misma.

El buen ejemplo de los escribas y fariseos

A pesar de su hipocresía y mala idea, hay que reconocerles algo bueno: se van retirando poco a poco, empezando por los más viejos. Hoy día, somos muchos los que conocemos la opinión de Jesús pero seguimos considerándonos buenos y no vacilamos en apedrear (más con palabras y juicios condenatorios que con piedras) a quien hemos elegido como víctima.

La conversión del fariseo radical y violento (2ª lectura: Filipenses 3,8-14))

La lectura de Pablo a los Filipenses no cuenta su conversión, pero hace un balance de su vida antes y después de ella. Antes se gloriaba de ser israelita de pura cepa, de la tribu de Benjamín (¡ocho apellidos vascos!), circuncidado a los ocho días, estrictísimo en la observancia de la Ley, perseguidor de los cristianos. De todo estaba enormemente orgulloso hasta que descubrió a Cristo. A partir de ese momento, su vida cambia. Todo lo anterior lo considera basura. Él estaba obsesionado con salvarse, pero la Ley de Moisés no puede salvarlo, solo la fe en Cristo. Por eso, lo único importante es conocerlo cada vez mejor, compartir sus sufrimientos, resucitar con él. Pablo ve su vida como una extraña carrera. Ya le ha concedido el primer premio, pero debe seguir corriendo hacia la meta, sin mirar atrás.

La adúltera y el fariseo

A pesar de las diferencias, hay algo común a la conversión de estas dos personas: el contacto con Jesús. Lo cual supone una gran novedad con respecto al mensaje de los domingos anteriores. Ahora, lo que provoca la conversión no es el miedo, ni el hambre, sino la relación personal con el Señor. Relación a la que se llega por caminos muy diversos: en el caso de la adúltera, son sus enemigos quienes la llevan ante Jesús; en el caso de Pablo, es Jesús quien le sale al encuentro. Este encuentro personal con él es la única garantía de una conversión auténtica y duradera.

El éxodo antiguo y el nuevo (1ª lectura: Isaías 43,16-21)

La primera lectura sigue recordando momentos capitales de la Historia de la salvación: Abrahán, Moisés, Josué. Hoy se contraponen el éxodo de Egipto, con la gran victoria sobre el ejército del faraón, y el nuevo éxodo de Babilonia, en el que Dios protegerá a su pueblo durante la marcha por el desierto. El peligro de los israelitas es seguir soñando con lo antiguo. Y el profeta le dice: “no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo”. Curiosamente, coincide con lo que dice Pablo en la segunda lectura: “olvidándome de lo que queda atrás, me lanzo a lo que está por delante”.

 


LA SOMBRA DEL INQUISIDOR V Domingo de Cuaresma 6 de abril Jn 8, 1-11

 fe adulta


Todo inquisidor -quien acecha, espía, juzga y condena al otro- proyecta en los demás su propia sombra oscura. De manera inconsciente, para crear y sostener su propia imagen de persona “honorable” -buena, honesta, fiel, coherente, comprometida…-, ha debido ocultar, negar, rechazar o reprimir aquellos rasgos suyos que la amenazaban. Por tanto, no solo proyecta y rechaza en el otro lo que vive (reprimido) en él mismo, sino que no se conoce en toda su verdad. Vive tan identificado con la imagen que quiere dar que no tolera en los demás aquello que, de reconocerlo en sí mismo, la tiraría abajo.

Al final, quien condena a los otros, se está condenando, sin saberlo, a sí mismo. Quien “tira la piedra” contra otros, la está lanzando, sin ser consciente, contra sí mismo.

El inquisidor es una persona oscura, que no se conoce y que vive interiormente fracturado entre la imagen que intenta dar y la sombra que se empeña en mantener oculta. La falta de conocimiento y de empatía hacia sí lo hacen incapaz de vivir empatía y compasión hacia los otros. Presume de su rigidez, mientras se arroga un estatus de superioridad moral y se eleva sobre el pedestal que su propia ignorancia ha construido.

La trampa en que se ve atrapado el inquisidor -y en cada uno de nosotros yace ese personaje- solo se puede soltar gracias al autoconocimiento. Cuando, entre otros, los místicos cristianos Bernardo de Claraval o Teresa de Jesús afirmaban que el conocimiento propio constituía la mejor escuela de humildad acertaban de pleno. Solo el conocimiento de sí deshace el engaño y el hecho de al iluminar la propia sombra, nos hace humanos, humildes y compasivos. Solo entonces es posible soltar el papel de “inquisidores” y vivir en la aceptación y el no-juicio.

 


JUSTOS Y PECADORES Jn 8, 1-11 «Tampoco yo te condeno. Anda y, en adelante, no peques más»

fe adulta

 


Contemplemos la escena.

Jesús está sentado en la escalinata del pórtico de Salomón enseñando su doctrina a los judíos. Un grupo numeroso de ellos le escucha fascinado, pues jamás hombre alguno les había hablado como éste. De pronto, aparece en escena un grupo de escribas, fariseos y guardias del templo que no tardan en abrir un claro circular entre el gentío. Acto seguido, arrojan en medio a una mujer aterrada que no osa levantarse y ni siquiera alzar la vista.

Jesús detiene su enseñanza y un silencio sepulcral se apodera del recinto: «Moisés nos manda lapidar a estas mujeres… ¿Tú qué dices?»...

La puesta en escena es soberbia, y la trampa mortal. Ya no se trata de una discusión rabínica para demostrar al pueblo que aquel impostor no es tan listo como parece, sino que le han puesto frente a una situación dramática de la que depende la vida de una persona.

Jesús queda desconcertado y busca en su mente una respuesta que salve a la mujer. Condenarla supone que toda su doctrina del perdón, de Dios Abbá, es simple teoría; que suena muy bien a los oídos de la gente, pero no es posible llevarla a la práctica. Perdonarla supone quebrantar explícitamente la Ley de Moisés, autorizar el pecado y dar carta de naturaleza a la desobediencia. No es fácil salir de ese callejón sin aparente salida, y Jesús se toma su tiempo enredando en el suelo con una rama.

«El que esté libre de pecado que tire la primera piedra»

La gente queda atónita porque nunca antes han visto a nadie jugarse la vida por salvar la de una mujer pecadora. Saben que llamar pecadores en público a los santos de Israel es una temeridad inconcebible que jamás le van a perdonar (y que no le perdonaron), pero sus palabras tienen el efecto de cambiar radicalmente el signo de la situación. Es probable que algunos fariseos sintiesen la tentación de proclamarse justos y perpetrar allí mismo la lapidación, pero la personalidad de Jesús se impuso finalmente a su orgullo.

«Tampoco yo te condeno. Anda y no peques más».

Permítanme unos comentarios en torno a estos hechos.

El primero, que Jesús pudo haber soslayado aquel atolladero aduciendo que él no era juez para juzgar a nadie, pero de haberlo hecho habrían matado a la mujer y su principal preocupación era evitarlo. El segundo, la diferencia radical entre la religiosidad de Jesús y la de escribas y fariseos. Para estos últimos lo importante es el cumplimiento de la Ley, y para Jesús lo importante son las personas. Si la Ley no sirve para salvar, no sirve para nada.

El tercero, que Dios no es el que nos juzga por nuestros pecados, sino el que nos ayuda a salir de la esclavitud del pecado; es nuestro aliado contra el mal. El cuarto lo tomamos de labios de Ruiz de Galarreta: «En este mundo no hay justos y pecadores, sino solo pecadores necesitados de Dios y amados por Él».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

miércoles, 26 de marzo de 2025

El cristinanismo, o es radical o no es cristianismo -- Antonio J. Mialdea

 


Amerindia

El famoso aforismo de Alfred Loisy, “Jesús predicó el Reino de Dios y vino la Iglesia”, es hoy de absoluta actualidad. Y por ello, la pertinencia y necesidad de un libro como el de Juanjo Tamayo es evidente. Cristianismo Radical (Madrid, Trotta, 2025) quiere ser una guía para comprender, de una vez por todas, qué es ser cristiano en un momento en que Evangelio y Religión, como recordaba nuestro querido y añorado Pepe Castillo, están más separados de lo que jamás habían estado. Ver noticia

Continúa el genocidio impune contra los Palestinos -- Sami Nair

 


Redes Cristianas

El artículo es de  Sami Naïr , politólogo, especialista en geopolítica y migraciones, publicado por El País , 19-03-2025.
La violación del alto el fuego por parte de Netanyahu fue alentada por Trump para completar la devastación de Gaza . Y nadie en Europa y Oriente Medio puede oponerse a esto.
Aquí está el artículo.
La masacre perpetrada el martes por Benjamin Netanyahu en Gaza es sólo la primera gota de un programa, reiterado varias veces, de aniquilación del pueblo palestino.

También encaja en el plan de deportación global de Donald Trump para limpiar étnicamente Gaza y apoderarse de su territorio y sus costas, facilitando así el agresivo imperialismo estadounidense .

Este objetivo depredador se extenderá inevitablemente a la colonización total de Cisjordania . Desde el comienzo del conflicto, cada día aparecen nuevos colonos en busca de las tierras de los palestinos asediados: el juego de la especulación sobre la sangre palestina derramada impunemente está servido para quien más da, y no espera. Los proyectos inmobiliarios de “reconstrucción” israelíes ya acechan en la destruida Gaza . Mientras tanto, los ojos del mundo están puestos en Ucrania , que pronto se dividirá para adaptarlo a los intereses de la nueva alianza Trump-Vladimir Putin .

La violación del incómodo alto el fuego que Netanyahu firmó bajo los auspicios del entonces presidente estadounidense
 Joe Biden fue alentada por Trump para poner fin finalmente a la devastación de Gaza . Y no hay nadie, al menos en Europa y Medio Oriente, capaz de oponerse a los designios imperialistas del líder estadounidense. Las tres grandes potencias —Francia , el Reino Unido y Alemania— siguen aletargadas y emplean una retórica de indignación mesurada que apenas oculta su historia de antiarabismo e islamofobia.

La culpa eterna de los europeos por el Holocausto contra los judíos en el siglo XX se paga hoy con los cuerpos desgarrados de los palestinos, que lloran en sus tumbas como los judíos exterminados por los nazis. Europa demuestra, una vez más, su cobardía y complicidad en el genocidio del pueblo palestino . 

Ahora que la única voz honorable y digna que hablaba en nombre de la Unión Europea , Josep Borrell , ya no está presente, los dirigentes de las instituciones comunitarias prefieren susurrar paráfrasis condenatorias para no señalar a los responsables: “La violencia debe cesar… Todos los rehenes deben ser liberados… La ayuda humanitaria debe ser restablecida…”. Ante la masacre de más de 400 personas inocentes en los bombardeos israelíes, Europa sigue demostrando su doble moral.

Por otra parte, no es ningún misterio histórico entender cómo una sociedad supuestamente democrática como Israel , que lleva en sus genes desde su nacimiento el culto a la memoria de la opresión y el genocidio, pusiera en manos de sus dirigentes legítimamente elegidos la planificación y práctica, a gran escala, de la masacre de sus vecinos. Recordemos la leyenda de Kurtz , el héroe filantrópico de El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad , quien, gritando «¡horror, horror!», condenó a los mártires africanos al horror de la dominación más absoluta y cruel.

Hasta 1967, Israel vivió en un estado permanente de miedo y amenaza. Desde su victoria en ese conflicto, se ha convertido en una potencia dominante en Oriente Medio, equipada con armas nucleares y de destrucción masiva, y hoy encarna la arrogancia de la fuerza pura y el odio hacia su entorno. Un ejemplo de ello es la invitación que hizo Isaac Herzog , el jefe de Estado israelí, a Jordan Bardella , líder del partido francés de extrema derecha de Marine Le Pen , para visitar Israel este mes. Bardella despertó entusiasmo cuando empezó a gritar consignas de odio contra árabes y musulmanes.

Sin embargo, no se trata de una evolución natural, sino, como han señalado muchos historiadores y sociólogos israelíes, el resultado de una construcción mental desarrollada por partidos de extrema derecha aliados con fundamentalistas religiosos fanáticos durante los últimos 25 años de gobierno. Por eso ha encontrado un punto de fusión ideológico ideal con Trump , que quiere hacer de la fuerza la única regla de las relaciones internacionales.

La tragedia que sufre el pueblo palestino no se debe únicamente a la indescriptible crueldad del poder israelí. Es también el resultado del fracaso histórico de sus propios movimientos, organizaciones y aparatos de gestión administrativa. La Autoridad Palestina se ha convertido en una organización corrupta en la que pocos confían, a pesar de contar con el apoyo de los regímenes árabes, y el fundamentalismo armado de Hamás tampoco ha logrado ofrecer una alternativa realista. Para contrarrestar el plan de exterminio global ideado por Trump y Netanyahu , los estados árabes presentaron este mes un plan de paz viable que propone reconstruir Gaza con su apoyo y pide la eliminación de Hamás , el control de la Autoridad Palestina y, lo más importante e innovador, la creación de una fuerza internacional de paz de la ONU entre Israel y Gaza . Es la última oportunidad para los palestinos e israelíes que abogan por la paz en la región.

Si fracasa, el caos de una guerra global será inevitable, ya que el pueblo palestino no aceptará su aniquilación sin luchar hasta la última gota de sangre. Porque entre Israel y Palestina , el genocidio no es una opción.

https://www.ihu.unisinos.br/649718-o-genocidio-impune-contra-os-palestinos-continua

Israel ‘responde’ al Papa por su condena de los ataques en Gaza: «Hamás ha violado repetidamente el alto el fuego»

 


Religión Digital

«La operación israelí se está llevando a cabo de plena conformidad con el derecho internacional», asegura la embajada
«La operación israelí se lleva a cabo en pleno cumplimiento del derecho internacional y tiene como objetivo minimizar el daño a los civiles»
La embajada israelí quiso precisar en una nota que «los combates en Gaza se reanudaron el 18 de marzo, diecisiete días después de la finalización de la primera fase del acuerdo de rehenes, debido a la falta de avances en las negociaciones para su liberación Ver noticia 

¡MERECERÍA LA PENA INTENTARLO!


col martell

 Puede ser que los hombres y mujeres de nuestras parroquias estén en un nivel inferior de conocimiento del evangelio. Eso requerirá empezar por comentar el evangelio muy llanamente y muy claramente. Tan importante como que participen en la eucaristía es que tengan una catequesis inicial para que puedan conocer el Mensaje de Jesús.

Muchas personas de nuestras parroquias tienen una formación de sus años de infancia y con ella viven su cristianismo. Desde esa base hemos de partir en el planteamiento de nuestras parroquias: conocer el evangelio.

En una parroquia pedí permiso al obispo y me dejó explicar en tres años –con una hoja que incluía con explicaciones– el evangelio por orden seguido. Y resultó muy interesante. Hubo su llamada de atención desde Roma, pero el obispo personalmente me defendió y justificó ante los cristianos la propuesta. Se hacía en las homilías y luego en grupos.

Tres cursos dan de sí para anunciar consciente y claramente el Evangelio.

Hacíamos una hojas sencillas que reforzaban esa catequesis y así podían anunciar a Jesús e ir descubriendo y viviendo su Mensaje.

¿Sería bueno pretender desde ahora una experiencia así? Aunque quizás haya que reducirla a dos años.

Recuerdo dos materiales que fueron -y creo que pueden ser- elementos interesantes: “Catecismo Alandar” y “Teología Popular” de J.M. Castillo. Ciertamente cambiando, acomodando, a la situación y a la ecología actual.

Repetimos cada año –cada tres años– las mismas lecturas pero no nos dan la síntesis del Evangelio. Porque además hay muchos pasaje buenos que no se leen y no queda el sentido de unidad.

Necesitamos tiempo y espacio. Una lectura de los evangelios, tal como lo hacemos en la liturgia actual, no es oportunidad para explicar y comentar en todos sus detalles y su contenido el texto de cualquiera de los evangelios.

Entiendo que algo parecido haría falta trabajar con los ritos, signos, gestos, ceremonias… para poder dar a conocer e interiorizar la Liturgia. Mucho quehacer hay en un plan pastoral de conversión y seguimiento.

RUPTURA DE LA TREGUA EN GAZA: GENOCIDIO Y VIOLENCIA


col koldo

 Durante el mes sagrado del Ramadán, cuando el sol se oculta y las familias palestinas deberían romper el ayuno con esperanza, el cielo de Gaza se tiñe de fuego y la ciudad, de más escombros. La tregua, apenas un hilo tenue de respiro, ha sido brutalmente rota. En solo unos días, más de 350 muertos, sin contar los centenares de heridos que no alcanzan a llegar a un hospital porque la ayuda humanitaria es bloqueada sistemáticamente. Gaza se desangra mientras el mundo calla.

Esta masacre no es accidental, no es un daño colateral. Tiene nombres y apellidos: Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, condenado por crímenes de lesa humanidad por la Corte Penal Internacional. Un dirigente que, para desviar la atención de sus propios casos de corrupción, sacrifica vidas inocentes, bajo la bandera de un sionismo convertido en maquinaria de muerte. Lo apadrina Donald Trump, verdadero rostro del necropoder, condenado por corrupción en su propio país, que ha invertido más de 14 mil millones de dólares en alimentar la maquinaria bélica en Gaza, perpetuando una limpieza étnica evidente.

El Derecho Humanitario Internacional ha sido pisoteado. Se ha impuesto la ley de la selva: quien tiene más armas y más dinero decide quién vive y quién muere. Y mientras la ONU, atada y silenciada, no logra levantar la voz ni frenar la masacre, algunos gobiernos europeos, como España, que ha tenido la valentía simbólica de reconocer al Estado Palestino, continúan –según denuncias– enviando armas a Israel, contradiciendo sus propios gestos diplomáticos.

La hipocresía internacional es ensordecedora. El Papa Francisco, ante estas masacres,  nos recuerda: "La guerra es siempre una derrota de la humanidad. No hay guerras justas, solo hay paz justa" ¡Siempre!”.

Pero ¿qué podemos hacer nosotros, que no tenemos ejércitos ni gobiernos, sino corazones humanos? Podemos, al menos exigir, pedir que las iglesias cierren sus puertas, que las campanas no suenen mientras la sangre siga corriendo. Que los cristianos y cristianas salgamos a la calle, que nos unamos con nuestros hermanos musulmanes y judíos que también claman por paz. Que ningún creyente permanezca indiferente ante este genocidio.

Podemos, al menos gritar juntos: ¡Ni una bomba más! ¡Ni una vida menos! ¡Que caigan los muros, no los cuerpos! ¡La Paz ahora, la justicia siempre!

 

Evaristo Villar

Redes Cristianas

LOS CRISTIANOS EN GAZA


col kowalski

 La presencia cristiana en Gaza se remonta a los primeros siglos del cristianismo, cuando la franja dejó de ser filistea para convertirse en una próspera ciudad romana y luego bizantina. Sin embargo, con el paso del tiempo, su número ha ido disminuyendo por las guerras, las persecuciones y la migración.

En 2004, alrededor de 3500 cristianos vivían en Gaza. A partir de los ataques de Hamás y la respuesta brutal de Israel, apenas sumaban poco más de mil, en su mayoría de fe ortodoxa, y unos 150 católicos. Las causas de la disminución de la población cristiana árabe de la zona es el resultado de la emigración a zonas del mundo menos conflictivas y de una tasa de natalidad más baja entre los cristianos que entre los musulmanes. A lo que habría que añadir la confiscación de tierras cristianas por mafias musulmanas en un contexto judicial palestino benevolente, por decirlo suavemente.

La muerte del líder Yasser Arafat en 2004 cambió la situación a peor. La llegada al poder de la organización islamista Hamás contó con el apoyo de algunos cristianos exasperados por la inacción, la corrupción de los viejos partidos políticos palestinos y el incumplimiento de las promesas de la creación del Estado palestino. Y bien que lamentaron después dicho apoyo, sobre todo cuando Hamás se perfiló como un movimiento cada vez más excluyente que abrazó las tácticas del marxismo leninismo, lo cual contribuyó el aislamiento de muchos apoyos internacionales a la causa palestina.

En semejante situación de desamparo, la comunidad cristiana se fue convirtiendo en un objetivo prioritario para los grupos salafistas islamistas desde un fundamentalismo cada vez más excluyente. A partir de diciembre de 2020, Hamás ya no oculta su deseo de eliminar a los cristianos tras la medida adoptada por el Ministerio de Asuntos Religiosos en la Franja de Gaza pidiendo a todos los musulmanes que limitaran su interacción con los cristianos, hasta, entonces frecuente.

Tras la matanza y secuestro por parte de Hamás de ciudadanos israelíes y la posterior aniquilación perpetrada por Israel, que no cesa, la coexistencia entre israelíes y palestinos parece imposible; adiós a la solución de paz por territorios que apoyó la Iglesia católica ("dos pueblos, dos Estados") establecida durante los acuerdos de Oslo en 1993, que el Papa Francisco ratificó de manera oficial: "El mundo debe comprender que aquí hay dos pueblos, incluido el pueblo palestino, que esperan una respuesta a sus aspiraciones nacionales". El mismo Papa que, esté donde esté, hace meses que llama por teléfono cada día a Gabriel Romanelli, párroco de la única iglesia católica en pie de Gaza, para darle ánimos.

Parece que se aleja también la otra solución en forma de integración en un solo Estado de palestinos e israelíes. Y en el caso de que Israel lograse la total aniquilación o deportación en masa de los gazatíes, la vida de los cristianos en Palestina sería de genocidio dentro de otro genocidio. Algunos cristianos que huyeron se han aventurado a regresar a sus hogares sólo para descubrir que habían sido apropiados por otras familias.

El único dato positivo es la movilización de buena parte de la sociedad israelí contra su gobierno ante la frustración de que Hamás retenga a decenas de rehenes sin que puedan ser localizados ni liberados por el Estado hebreo. Esta ola de indignación dentro de Israel contra la locura destructora de su gobierno puede ser el resquicio por el que vuelva la cordura antes del holocausto final, ante la pasividad del mundo.

Los cristianos de Gaza son un testimonio vivo de fe y de esperanza en medio del sufrimiento y la injusticia. Son una voz silenciosa pero profética que clama por el derecho a la existencia palestina desde el respeto a los derechos humanos y la vivencia del Evangelio en esta situación de exterminio. Son luz que brilla en las tinieblas y que no se deja apagar por el odio ni por el miedo. Ante nuestra desolación hermanada, pidamos a Dios, además de justicia, fortaleza y consuelo para que su luz ilumine nuestras tinieblas occidentales, descomprometidas, insolidarias y vergonzosamente claudicantes.

 

CUARESMA, DE LA INDIFERENCIA A LA SOLIDARIDAD


col kowalski

 

Ya hemos dicho que estos días nos invitan a reflexión y a cambios profundos… Caminamos hacia La Pascua, el Renacer… pero antes pasaremos por la muerte, la muerte y el dolor. Es buen momento para sentir los dolores del mundo. Dolores múltiples, diversos, dolores que golpean la vista y el corazón. Su lista es tan inmensa que no sé si nos cabe en estas páginas.

Los dolores del mundo y de esta patria herida:

Los migrantes vagando por el mundo, las migrantes marchando con hijos de la mano… buscando alguna tierra para posar sus plantas.

La destrucción masiva de vidas inocentes en las gigantes guerras que enfrentan a países.

Las guerras más pequeñas y parciales que se ocultan a los ojos masivos pero que destrozan cada mañana ilusiones y sueños. Las que reviven cada día en rincones más o menos ocultos de mi patria, Colombia… y de otras patrias… Violencias permanentes, cotidianas… violencias que llamamos domésticas que acaban dignidades; violencias de palabras, de golpes y de gritos… violencias más ocultas que instauran injusticias, violencias más sutiles que matan esperanzas.

Más dolores del mundo:

La destrucción masiva de la tierra y del agua, destrucción que nos deja sin albergue posible.

La enemistad perpetua de tantos que no quieren tender la mano al diálogo de la diversidad humana.

El desprecio de unos ante la vida de otros y de otras, ante su dignidad y sus derechos.

La gran indiferencia de los que diariamente se dicen religiosos y no asumen las causas de los más vulnerables.

Y surge en medio de tantos sinsabores la pregunta precisa: ¿Cómo llegan a mí esos múltiples y variados dolores? ¿Cómo los recibo? ¿Me pasan por el lado indiferentes o realmente los acojo en mi interior: Me llegan, me golpean, me interrogan? Quizás en estos días de Cuaresma puedo enfrentar estas preguntas. Puedo detener mi vista en los dolores y situarme ante ellos. Pero, no es solo la mirada, es también mis cuestionamientos ante ellos. Los días de Cuaresma me invitan a tomar en mi mano mi actitud ante la vida.

Si mi ruta es la de la indiferencia, me llama en estos días el gesto solidario. Si camino en gestos solidarios me llama en estos días un mayor compromiso, me gritan los dolores para que me encamine a gestar con otros y con otras un mundo más humano, un mundo más hermano y sororo. No dejemos pasar estas semanas sin confrontarnos ante el Evangelio, ante Jesús y su palabra… ante la cena de acogidas a las que él nos invita.

He venido para que tengan vida y vida en abundancia…  ¿Las y los amigos de Jesús, cómo encarnamos hoy esas palabras?

 

Carmiña Navia Velasco

Cali, Marzo 23 de Marzo del 2025

'TUCHO' FERNÁNDEZ: "EL PAPA ES UN HOMBRE DE SORPRESAS. (VIENE UN TIEMPO QUE) SERÁ FECUNDO PARA LA IGLESIA Y EL MUNDO"


col kowalski

 El prefecto del dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino, Víctor Manuel Fernández, muy cercano al papa Francisco, aseguró este viernes que el pontífice tras salir del hospital "iniciará una nueva etapa" en la que "habrá sorpresas" y dijo que no cree que vaya a renunciar.

"El papa es un hombre de sorpresas y seguramente habrá aprendido muchas cosas en este mes y le saldrán afuera del sombrero aun sabiendo que esto significa un esfuerzo muy pesado para él, un momento difícil, sé que será fecundo para la Iglesia y el mundo", explicó Fernández hablando con los periodistas al margen de un acto.

Mientras que sobre si podría renunciar, el prefecto fue tajante: "No creo verdaderamente, eso no".

Sobre el estado de salud de Francisco, de 88 años, hospitalizado desde el pasado 14 de febrero por problemas respiratorios, añadió que siempre confió en su recuperación "porque se encuentra verdaderamente muy bien físicamente"

Y precisó que.: "Ahora hace falta una rehabilitación porque mucho tiempo con oxigenación de altos flujos te seca la tos y casi tenés que volver a aprender a hablar".

Explicó que se cansa un poco al hablar pero que "el cuadro general de su organismo es como antes".

El purpurado argentino señaló que el papa querría volver para Semana Santa "pero los médicos quieren estar al cien por cien seguros y prefieren esperar un poco" porque "él tiene su modo de vivir, él quiere darlo todo y el poco tiempo que queda lo quiere usar ‘no para curarse a sí mismo’".

Desveló que el papa "no quería ir al hospital, lo convencieron algunos amigos muy cercanos". "Tiene una fuerza inmensa, una capacidad de sacrificio, de darle un sentido a estos momentos oscuros...", añadió sobre el carácter de Jorge Bergoglio.

El Vaticano decidirá la semana que viene si el Papa participa en los ritos de la Semana Santa

La convalecencia del Papa -que podría y debería durar "dos meses" según afirmaron los médicos Sergio Alfieri y Luigi Carbone en la conferencia en el Gemelli el pasado sábado 22 de marzo- continúa entre terapia farmacológica, fisioterapia motora y respiratoria (esta última en particular para la recuperación de su voz), momentos de oración personal y la misa que ha concelebrado en la capilla de Casa Santa Marta.

En un briefing con los periodistas acreditados, la Oficina de Prensa de la Santa Sede ofreció actualizaciones y detalles sobre la salud del Papa, quien fue dado de alta el pasado domingo 23 tras 38 días hospitalizado en el Policlínico Gemelli a causa de una neumonía bilateral. Francisco, tras asomarse a un pequeño balcón del centro sanitario para saludar a las tres mil personas congregadas en la plaza y una breve parada en Santa María la Mayor, regresó a su casa en el Vaticano y allí comenzó el período de recuperación y reposo. 

Terapias, fisioterapia, oxigenación

"Está cumpliendo la convalecencia en los términos descritos por los médicos el sábado", explicó la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Alfieri y Carbone (director del equipo que ha seguido al Papa durante su estancia y médico de referencia del Santo Padre, respectivamente) puntualizaron que Francisco deberá continuar con terapia farmacológica "durante mucho tiempo todavía y por vía oral" y fisioterapia motora y respiratoria a tiempo completo (la misma a la que se sometió durante su estancia en el Gemelli).

A continuación, se reiteró la solicitud de suspender temporalmente tanto las reuniones individuales como grupales, así como la disponibilidad de atención las 24 horas del día para satisfacer las "necesidades", comenzando por el suministro de oxígeno, y la intervención en caso de urgencia. Este servicio está garantizado por la Dirección de Sanidad e Higiene del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Un equipo médico está siempre presente junto al Papa. La administración de oxígeno continúa del mismo modo que se había anunciado en los últimos días de hospitalización: por tanto, por la noche, utiliza la oxigenación a altos caudales con cánulas nasales, que prosigue durante el día, pero con una reducción progresiva.

Misas y trabajo

Como ya había hecho en Gemelli, cuando concelebró Misa en la capilla del décimo piso, en Santa Marta el Obispo de Roma también se dirigió a la pequeña capilla del segundo piso para concelebrar Misa. Francisco también avanza con su labor en la forma descrita en los últimos días. Hoy mismo el boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede anunciaba los nombramientos del nuncio apostólico en Bielorrusia, monseñor Ignazio Ceffalia y del defensor del vínculo del Tribunal de la Rota Romana, monseñor Francesco Ibba.

Todavía no hay indicaciones precisas sobre el programa de los próximos días, y mucho menos sobre el futuro, con las celebraciones de los diversos jubileos y los ritos de la Semana Santa. Se espera naturalmente evaluar la recuperación y se prevén mejoras clínicas, como dijeron los médicos. "Algunas cuestiones están en proceso de decisión, que se evaluará en función de las mejoras que habrá en la semana que viene", precisa la Oficina de Prensa.

Se difundirá el texto de la catequesis de la audiencia general

Seguramente mañana, miércoles 26 de marzo, no se realizará la audiencia general y el texto preparado de la catequesis se difundirá por escrito, como ha sucedido los últimos cuatro miércoles desde el 14 de febrero. Es probable que el domingo suceda lo mismo con el Ángelus, pero se esperan novedades al respecto. Por el momento, es posible prever modalidades similares a las de los domingos anteriores, de ahí la distribución del texto a través de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Por ahora el Papa Francisco no está recibiendo visitas y en estos dos días sólo ha visto a sus colaboradores más cercanos. En cuanto a las visitas previstas de jefes de Estado y de Gobierno, no hay previsiones.

 

Religión Digital / Efe / Salvatore Cernuzio