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miércoles, 26 de agosto de 2020

“¡Dejen a nuestros indígenas en paz!”, exigen los obispos brasileños de Amazonas y Roraima

 

Luís Miguel Modino

Luís Miguel Modino

En nota de solidaridad exigen el fin de la represión y tortura de la Policía Militar
“Somos defensores de la vida y repudiamos todo y cualquier tipo de violencia contra la vida humana”
“La truculencia del mal ha aislado a nuestro pueblo quitándole el derecho de comunicación, de alimentación y de agua potable. ¡Esto es grave!”
“Pedimos a los órganos competentes que hagan valer la justicia, es decir, que castiguen a quien debe ser castigado y dando seguridad a los inocentes de esta región”
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Leonardo Boff: “Quien no vive para servir, no sirve para vivir”

LEONARDO BOFF 

Cada uno de nosotros tiene la edad del universo que son 13.730 millones de años.

Todos estábamos virtualmente juntos en aquel puntito, más pequeño que la cabeza de un alfiler, pero repleto de energía y de materia. Ocurrió la gran explosión, y generó las enormes estrellas rojas dentro de las cuales se formaron todos los elementos físico-químicos que componen el universo y todos los seres que lo forman. Somos hijos e hijas de las estrellas y del polvo cósmico. Somos también la porción de la Tierra viva que ha llegado a sentir, a pensar, a amar y a venerar. Por nosotros la Tierra y el universo sienten que forman un gran Todo. Y nosotros podemos desarrollar la conciencia de esa pertenencia.

¿Cuál es nuestro lugar dentro de ese Todo? Más inmediatamente, ¿dentro del proceso de la evolución? ¿Dentro de la Madre Tierra? ¿Dentro de la historia humana? No nos es dado saberlo todavía. Tal vez será la gran revelación cuando hagamos el paso alquímico de este lado de la vida hacia el otro. Ahí, espero, todo quedará claro y nos sorprenderemos, porque todos estamos umbilicalmente interrelacionados, formando la inmensa cadena de los seres y el tejido de la Vida. Caeremos, así lo creo, en los brazos de un Dios-Padre–y-Madre, de infinita misericordia para quien la necesita por causa de sus maldades, y en un abrazo amoroso eterno para los que se orientaron por el bien y por el amor. Después de pasar por la clínica de Dios-misericordia, los otros vendrán también.

Yo de niño de pocos meses estaba condenado a morir. Cuenta mi madre, y las tías siempre lo repetían, que yo tenía “el macaquiño”, expresión popular para la anemia profunda. Todo lo que ingería, lo vomitaba. Todos decían en dialecto véneto: “poareto, va morir”: “pobrecito, va a morir”.

Mi madre, desesperada, y a escondidas de mi padre que no creía en esas cosas, fue a la rezandera, a la vieja Campañola. Ella hizo sus rezos y le dijo: “dele un baño con estas hierbas y después de hacer el pan en el horno, espere hasta que esté tibio y meta a su hijito dentro”. Eso fue lo que hizo mi madre Regina. Me puso sobre la pala de sacar el pan horneado y me metió dentro. Y me dejó allí un buen rato.

Y ocurrió una transformación. Al sacarme del horno empecé a llorar, decían, y a buscar el pecho para chupar la leche materna. Después, mi madre, masticaba en su boca algunas comidas más fuertes y me las daba. Empecé a comer y a fortalecerme. Sobreviví. Y aquí estoy, oficialmente viejo, con 80 años cumplidos.

Pasé por varios peligros que podrían haberme costado la vida: un avión DC-10 en llamas rumbo a Nueva York; un accidente de automóvil contra un caballo muerto en la carretera que me rompió todo; un clavo enorme que cayó sobre mi frente cuando estudiaba en Múnich, que podría haberme matado si hubiera caído sobre mi cabeza; en los Alpes caí en un valle profundo cubierto de nieve y unos campesinos bávaros, viéndome con el hábito oscuro y que me hundía cada vez más, me sacaron con una cuerda. .

Norberto Bobbio me concedió el título de doctor honoris causa en política por la Universidad de Turín. Entendió que la teología de la liberación había realizado una contribución importante al afirmar la fuerza histórica de los pobres. El asistencialismo clásico o la mera solidaridad, manteniendo a los pobres siempre dependientes, es insuficiente. Ellos pueden ser sujetos de su liberación, cuando concientizados y organizados. Superamos el para los pobres, insistimos en el caminar con los pobres, siendo ellos los protagonistas, y quien pueda y tenga ese carisma viva como los pobres, como lo hicieron tantos, como Dom Pedro Casaldáliga.

Recuerdo que comencé mi discurso de agradecimiento al título, concedido por esa notable figura que es Norberto Bobbio, diciendo: “vengo de la piedra lascada, del fondo de la historia, cuando a duras penas teníamos medios para sobrevivir. Mis abuelos italianos y mi familia desbravaron una región deshabitada y cubierta de pinares, Concórdia, en los confines de Santa Catarina. Ellos tuvieron que luchar para sobrevivir. Muchos murieron por falta de médicos. Después fui subiendo en la escala de la evolución: los 11 hermanos estudiaron, hicieron la universidad, yo pude terminar mis estudios en Alemania. Ahora estoy aquí en esta famosa universidad”. Y a pedido de Bobbio, hice un resumen de los propósitos de la Teología de la Liberación, que tiene como eje central la opción por los pobres contra su pobreza y a favor de la justicia social. Di muchos cursos por todo el mundo, escribí bastante, enjugué lágrimas y mantuve fuerte la esperanza de militantes que se frustraban con los rumbos de nuestro país.

¿Cuál será mi destino? No lo sé. Tomé como lema el que era de mi padre, que lo vivía: “quien no vive para servir, no sirve para vivir”. A Dios la última palabra.

Diez años sin la presencia cálida y lúcida de Panikkar

 

Victorino Pérez Prieto, teólogo

Armonía en la diversidad

Victorino PrietoHace ahora diez años, el 26 de Agosto de 2010, Raimon Panikkar acababa su periplo histórico en su casa de Can Feló en Tavertet (Catalunya), en cuyo cementerio parroquial están enterradas parte de sus cenizas (las otras fueron echadas al Ganges, por expreso deseo suyo). El agua de su gota pasaba a formar parte de ese mar incomensurable de la Realidad sin fin, donde Dios es todo en todo; entraba ya plenamente en laarmonía cosmoteándricaque siempre buscó.··· Ver noticia ··

SIMÓN PEDRO Y SUS DESCALABROS

 Fe Adulta 

col aleixandre art

En uno de los relatos pascuales aparecen estas palabras de Jesús dirigidas a Pedro: “Cuando eras joven, te ceñías e ibas donde querías; cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieres…” (Jn 21,18). La frase suena a uno de esos lugares comunes en los que solemos coincidir cuando hablamos de lo que es propio de las edades de la vida. Es evidente: cuando eres joven te mueves con autonomía y vas donde te da la gana. De viejo, ya es otra cosa.

Sin embargo, en la escena que nos relata el Evangelio de hoy y tratándose de Jesús, los principios generales se trastocan: Pedro intenta “ceñir” a Jesús, que es joven, para impedirle seguir adelante por un camino que a su parecer es un desvarío. De manera subliminal está queriendo obligarle a “extender las manos” y a dejarse llevar por otro menos alocado (“estos jóvenes…”) y más sensato.

La reacción de Jesús es virulenta: “¡Ponte detrás de mí, Satanás!”. Si ya el apelativo “Satanás” es fuerte, el reproche que sigue, si se traduce libremente es aún peor: “Eres en mi camino una piedra en la que pretendes que me estrelle”. El diagnóstico final es demoledor: “Piensas al modo humano, no según Dios” (Mc 8,33).

El tópico joven-que-hace-lo-que-le-viene-en-gana está saltando por los aires porque el joven Jesús ni va “a su bola”, ni camina “a su aire”, ni alardea de su “indomable libertad”. Es alguien que no solo “extiende sus manos” para dejarse conducir por Otro, sino que se “extiende” todo él como un lienzo en blanco sobre el que pintar, como un tapiz por tejer, como un lacre blando sobre el que imprimir un sello. Si de niño había ido creciendo “en edad, en sabiduría y en gracia” (Lc 2,52), de mayor va ha ido ensanchando su “pensar según Dios”, ha ido sintiendo la vida y escuchándola desde más allá de sí mismo para conformar su sentir con el de su Padre. Un día le llenó de alegría reconocer esa coincidencia: Sí, Padre, así te ha parecido bien” (Lc 10, 22). Lo mismo que su antepasado Abraham, abandonaba la tierra familiar de lo que le habían dicho y enseñado y se adentraba en otra en la que solo importaba el “pensar” del Padre. Se había dado cuenta de que iban a una, como dos que caminan bajo el mismo yugo, unánimes y con-cordes en la inclinación de su corazón hacia los que carecían de saberes, de nombre y de significación. Eso le llenaba de alegría y nada vuelve tan audaz y tan determinado a alguien como el vivir en contacto con la fuente del propio júbilo.

Desconocía lo que era aferrarse a “disponer de sí” porque el deseo y la voluntad de Otro imantaban su querer y de ahí le venía esa despreocupación que, según él, había aprendido de los pájaros y de los lirios del campo que no se inquietan por el día de mañana. Había dejado de ocuparse de su propio camino, confiando en manos de Otro su trazado, su recorrido y su final y no consentía que nadie intentara desviarle de ahí. Lo habían avisado los Profetas: Su voz puede ser tan estremecedora como el rugido de un león (Am 1,3), sus celos, tan peligrosos como una osa si le quitan los cachorros (Os 13,8).

Así que Simón, hijo de Jonás, colega nuestro en la pretensión de querer torcer Sus caminos y traerle a los nuestros: más nos vale desistir en el intento porque saldremos descalabrados.

Con el Hijo hemos topado, amigo Simón.

 

PEDRO TENÍA RAZÓN, EL MESÍAS NO PUEDE FRACASAR

 Fe Adulta 

col fraymarcos

Mt 16,21-27

El texto es continuación del leído el domingo pasado. Lo que Mt pone hoy en boca de Jesús, ni siquiera es aceptable para los seguidores. Jesús acaba de felicitar a Pedro por expresar pensamientos divinos. Ahora le critica muy duramente por pensar como los hombres. La diferencia es abismal. Si leemos el evangelio sin prejuicios, descubriremos que Pedro es coherente con lo que dijo de Jesús: tú eres el ungido, el hijo de Dios vivo. ¿A qué judío se le podía ocurrir que el Mesías iba a morir en la cruz? Ni siquiera Jesús, como buen judío, pudo pensar tal cosa, aunque nuestros prejuicios lo ven como natural.

Los primeros cristianos dispusieron de cincuenta años para armonizar las diversas maneras de concebir a Jesús. A pesar de ello encontramos en los evangelios infinidad de incoherencias que es imposible explicar adecuadamente. Como Pedro, los cristianos en todas las épocas, nos hemos escandalizado de la cruz. Ninguno hubiera elegido para Jesús ese camino. La imagen de un Mesías victorioso es la única que puede tener sentido desde la perspectiva de un Dios todopoderoso. La muerte de Jesús en la cruz es un contrasentido que se trató de integrar con una serie de argumentos contradictorios.

La muerte de Jesús fue para los primeros cristianos el punto más impactante de su vida. Seguramente el primer núcleo de los evangelios lo constituyó un relato de su pasión. No nos debe extrañar que, al redactar el resto de su vida se haga desde esa perspectiva. Hasta cuatro veces anuncia Jesús su muerte en el evangelio de Mt. No hacía falta ser profeta para darse cuenta de que la vida de Jesús corría serio peligro. Lo que decía y lo que hacía estaba en contra de la doctrina oficial y los encargados de su custodia tenían el poder suficiente para eliminar a una persona tan peligrosa para sus intereses.

Pedro responde a Jesús con toda lógica. ¿Podía Pedro dejar de pensar como judío? Incluso el día que vinieron a prenderle, Pedro sacó la espada y atizó un buen golpe a Malco, para evitar que se llevaran al Maestro. Era inconcebible, para un judío, que al Mesías lo mataran los más altos representantes de Dios. El texto quiere transmitirnos la idea de un Jesús acomodado a los acontecimientos inaceptables, como representante de Dios. La radical crítica de Jesús a Pedro tiene como objetivo ordenar los juicios contradictorios que se sucedieron durante los primeros años del cristianismo.

La respuesta de Jesús a Pedro es la misma que dio al diablo en las tentaciones. Ni a los fariseos, ni a los letrados, ni a los sacerdotes dirige Jesús palabra tan duras. Quiere indicar que la propuesta de Pedro era la gran tentación, también para Jesús. La verdadera tentación no viene de fuera, sino de dentro. Lo difícil no es vencerla sino desenmascararla y tomar conciencia de que ella es la que puede arruinar nuestra Vida. Jesús no rechaza a Pedro, pero quiere que descubra su verdadero mesianismo, que no coincide ni con el del judaísmo oficial ni con lo que esperaban los discípulos.

El seguimiento es muy importante en todos los evangelios. Se trata de abandonar cualquier otra manera de relacionarse con Dios y entrar en la dinámica espiritual que Jesús manifiesta en su vida. Es identificarse con Jesús en su entrega a los demás, sin buscar para sí poder o gloria. Negarse a sí mismo supone renunciar a toda ambición personal. El individualismo y el egoísmo quedan descartados de Jesús y del que quiera seguirlo. Cargar con la cruz es aceptar la oposición del mundo. Se trata de la cruz que nos infligen otras personas -sean amigas o enemigas- por ser fieles al evangelio.

En tiempo de Jesús, la cruz era la manera más denigrante de ejecutar a un reo. El carácter simbólico solo llegó para los cristianos después de comprender la muerte de Jesús. Como el relato habla de la cruz en sentido simbólico, es improbable que esas palabras las pronunciara Jesús. El condenado era obligado a cargar con la parte transversal de la cruz (patibulum). No está hablando de la cruz voluntariamente aceptada sino de la impuesta por haber sido fiel a sí mismo y Dios. Lo que debemos buscar es la fidelidad. La cruz será consecuencia inevitable de esa fidelidad.

Jesús nos muestra el camino que nos puede llevar a una mayor humanidad. Esa propuesta es la única manera de ser humano. Todo ser humano debe aspirar a ser más; incluso ser como Dios. Pero debe encontrar el camino que le lleve a su plenitud. Los argumentos finales dejan claro que las exigencias, que parecen tan duras, son las únicas sensatas. Lo que Jesús exige a sus seguidores es que vayan por el camino del amor. Aquí está la esencia del mensaje cristiano. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir en cada momento lo mejor. Verlo como renuncia es no haber entendido ni jota.

Jesús no pretende deshumanizarnos como se ha entendido con frecuencia sino llevarnos a la verdadera plenitud humana. No se trata de sacrificarse, creyendo que eso es lo que quiere Dios. Dios quiere nuestra felicidad en todos los sentidos. Dios no puede “querer” ninguna clase de sufrimiento; Él es amor y solo puede querer para nosotros lo mejor. Nuestra limitación es la causa de que, a veces, el conseguir lo mejor exige elegir entre distintas posibilidades, y el reclamo del gozo inmediato inclina la balanza hacia lo que es menos bueno e incluso malo, entonces mi verdadero ser queda sometido al falso yo.

La mayoría de nuestras oraciones pretenden poner a Dios de nuestra parte en un afán de salvar el ego y la individualidad, exigiéndole que supere con su poder nuestras limitaciones. Lo que Jesús nos propone es alcanzar la plenitud despegándonos de todo apego. Si descubrimos lo que nos hace más humanos, será fácil volcarnos hacia esa escala de valores. En la medida que disminuyo mi necesidad de seguridades materiales, más a gusto, más feliz y más humano me sentiré. Estaré más dispuesto a dar y a darme, aunque me duela, porque eso es lo que me hace crecer en mi verdadero ser.

Una perfecta vida biológica no supone ninguna garantía de mayor humanidad. Todo lo contrario, ganar la Vida es perder la vida, yendo más allá del hedonismo. Lo biológico es necesario, pero no es lo más importante. Sin dejar de dar la importancia que tiene a la parte sensible, debes descubrir tu verdadero ser y empezar a vivir en plenitud. La muerte afecta solo a tu ser biológico, pero se pierde siempre. Si accedes a la verdadera Vida, la muerte pierde su importancia. La plenitud se encuentra más allá de lo caduco: no más allá en tiempo, sino más allá en profundidad, pero aquí y ahora.

Para ser cristiano, hay que transformarse. Hay que nacer de nuevo. Lo natural, lo cómodo, lo que me pide el cuerpo, es acomodarme a este mundo. Lo que pide mi verdadero ser es que vaya más allá de todo lo sensible y descubra lo que de verdad es mejor para la persona entera, no para una parte de ella. Los instintos no son malos; que los sentidos quieran conseguir su objeto, no es malo. Sin embargo la plenitud del ser humano está más allá de los sentidos y de los instintos. La vida humana no se nos da para que la guardemos y preservemos, sino para que la consumamos en beneficio de los demás.

 

Meditación

Nacer de nuevo, nacer del Espíritu, es la propuesta de Jesús.
En lo biológico estamos siempre; es el punto de partida.
Lo espiritual hay que descubrirlo y vivirlo.
Si no entro en la dinámica del Espíritu,
permaneceré en el ámbito de lo sensible
y quedará frustrado lo humano en mí.

PEDRO, PORTAVOZ DE SATANÁS, Y LA PARÁBOLA DEL MALETÍN Y EL JOYERO

 


col sicre

 Fe Adulta 

Domingo 22. Ciclo A

Este último fin de semana de agosto, al menos en España, no parece el momento más adecuado para honduras teológicas. La preocupación de la mayoría de la gente se centrará en el fin de las vacaciones, la vuelta al trabajo, la difusión del coronavirus, los problemas a los que se enfrenta la enseñanza… En este contexto, no parece fácil centrar la atención en el seguimiento de Jesús y lo que nos exige. Sin embargo, recordar su ejemplo puede ayudarnos mucho más que darle infinitas vueltas a las cuestiones anteriores.

Evangelio según Mateo 16,21-27

El domingo pasado, Pedro, inspirado por Dios, confesó a Jesús como Mesías. Inmediatamente después, dejándose llevar por su propia inspiración, intenta apartarlo del plan que Dios le ha encomendado. El relato lo podemos dividir en tres escenas.

1ª escena: Jesús y los discípulos (primer anuncio de la pasión y resurrección)

Pedro acaba de confesar a Jesús como Mesías. Él piensa en un Mesías glorioso, triunfante. Por eso, Jesús considera esencial aclarar las ideas a sus discípulos. Se dirigen a Jerusalén, pero él no será bien recibido. Al contrario, todas las personas importantes, los políticos (“ancianos”), el clero alto (“sumos sacerdotes”) y los teólogos (“escribas”) se pondrán en contra suya, le harán sufrir mucho, y lo matarán. Es difícil poner de acuerdo a estos tres grupos sociales. Sin embargo, tratándose de Jesús, coinciden en el deseo de hacerlo sufrir y eliminarlo.

Esto que parece una simple conjura humana, Jesús lo interpreta como parte del plan de Dios. Por eso, no dice a los discípulos: «Vamos a Jerusalén, y allí una panda de canallas me va a perseguir y matar», sino «tengo que ir» a Jerusalén a cumplir la misión que Dios me encomienda, que implicará el sufrimiento y la muerte, pero que terminará en la resurrección. [La necesidad de cumplir el plan de Dios es el tema de la primera lectura, como veremos luego]

Para la concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto resulta inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. La expresó un profeta anónimo, y su mensaje ha quedado en el c.53 de Isaías sobre el Siervo de Dios.

2ª escena: Pedro, portavoz de Satanás, y Jesús

Jesús termina hablando de resurrección, pero lo que llama la atención a Pedro es el «padecer mucho» y el «ser ejecutado». Según Mc 8,32, Pedro se puso entonces a reprender a Jesús, pero no se recogen las palabras que dijo. Mateo describe su reacción con más crudeza: «Se lo llevó aparte y se puso a increparle: ¡No lo permita Dios, Señor! ¡Eso no puede pasarte!» Ahora no es Dios quien habla a través de Pedro, es Pedro quien se deja llevar por su propio impulso. Está dispuesto a aceptar a Jesús como Mesías victorioso, no como Siervo de Dios sufriente. Y Jesús, que un momento antes lo ha llamado «bienaventurado», le responde con enorme dureza: «¡Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar!»

Estas palabras traen a la memoria el episodio de las tentaciones a las que Satanás sometió a Jesús después del bautismo. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Y Jesús, que no vio especial peligro en las tentaciones de Satanás, ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, como ante el demonio; no aduce tranquilamente argumentos de la Escritura para rechazar al tentador, sino que responde con violencia: «Tú piensas como los hombres, no como Dios.» Los hombres tendemos a rechazar el sufrimiento y la muerte, no los vemos espontáneamente como algo de lo que se pueda sacar algún bien. Dios, en cambio, sabe que eso tan negativo puede producir gran fruto.

Esta función de tentador que desempeña Pedro en el pasaje y la reacción tan enérgica de Jesús nos recuerdan que las mayores tentaciones para nuestra vida cristiana no proceden del demonio, sino de las personas que están a nuestro lado y nos quieren. Frente a una mentalidad que mitifica y exagera el peligro del demonio en nuestra vida, es interesante recordar este episodio evangélico y unas palabras de santa Teresa que van en la misma línea. Después de contar las dudas e incerti­dumbres por las que atravesó en muchos momentos de su vida, causadas a veces por confesores que le hacían ver el demonio en todas partes, resume su experiencia final: «...tengo yo más miedo a los que tan grande le tienen al demonio que a él mismo; porque él no me puede hacer nada, y estotros, en especial si son confe­sores, inquietan mucho, y he pasado algunos años de tan gran trabajo, que ahora me espanto cómo lo he podido sufrir» (Vida, cap. 25, nn.20-22).

3ª escena: Jesús y los discípulos (parábola del maletín y el joyero)

No se conocían de nada, solo les unió compartir dos asientos de primera clase. Ella colocó en el compartimento un elegante estuche con sus joyas. Él, un pesado maletín con su portátil y documentos de sumo interés. El pánico fue común al cabo de unas horas, cuando vieron arder uno de los motores y oyeron el aviso de prepararse para un aterrizaje de emergencia. Tras el terrible impacto contra el suelo, ella renunció a sus joyas y corrió hacia la salida. Él se retrasó intentando salvar sus documentos. El cadáver y el maletín los encontraron al día siguiente, cuando los bomberos consiguieron apagar el incendio. Extrañamente, ella recuperó intacto el estuche de sus joyas.

En tiempos de Jesús no había aviones, y él no pudo contar esta parábola. Pero le habría servido para explicar la enseñanza final de este evangelio. Para entender esta tercera parte conviene comenzar por el final, el momento en el que el Hijo del Hombre vendrá a pagar a cada uno según su conducta. En realidad, sólo hay dos conductas: seguir a Jesús (salvar la vida, renunciando al joyero) o seguirse a uno mismo (salvar el maletín a costa de la vida). Seguir a Jesús supone un gran sacrificio, incluso se puede tener la impresión de que uno pierde lo que más quiere. Seguirse a uno mismo resulta más importante, salvar la vida y el maletín. Pero el avión está ya ardiendo y no caben dilaciones. El que quiera salvar el maletín, perderá la vida. Paradójicamente, el que renuncia al joyero salva la vida y recupera las joyas.

Jeremías y Jesús (Jer 20,7-9)

La vida de Jeremías no fue nada fácil. Él no quería ser profeta, le objetó a Dios que era demasiado joven y que no sabía hablar. Pero el Señor no aceptó su protesta y lo obligó a transmitir un mensaje muy duro en los años más difíciles del reino de Judá: cuando se avecinaba la desaparición de la monarquía, la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia.

Al principio, todo fue bien («me sedujiste, Señor, y me dejé seducir»). Pero el tener que anunciar y justificar la desgracia futura se le convierte en una carga insoportable. Personalmente, tiene la sensación de que todo su mensaje se sintetiza en dos palabras horribles: «violencia y «destrucción». Socialmente, esta predicación le procura críticas, burlas, persecuciones, incluso amenazas de muerte. ¿Solución? Olvidarse de Dios y de su palabra. Pero no puede hacerlo. Esa palabra arde en sus entrañas, es un fuego incontenible. 

Jeremías, igual que Jesús, se siente obligado a cumplir la misión que Dios le encomienda. Es cierto que en Jesús no encontramos la misma rebeldía, pero la reacción tan humana del profeta nos ayuda a comprender que, para el Señor, «tener que ir a Jerusalén» supuso también un gran sacrificio.

Una introducción muy abstracta a un capítulo muy concreto (Rom 12,1-2)

Estos dos versículos plantean al lector, o a quien los escucha durante la celebración de la Eucaristía (suponiendo que preste atención), más interrogantes que respuestas: ¿cómo podemos presentar nuestros cuerpos como «hostia viva»?, ¿por qué es un «culto razonable»?, ¿qué significa «no ajustarse a este mundo» y «transformarse por la renovación de la mente»?, ¿cómo sé lo que es bueno y perfecto, lo que a agrada a Dios?

Estos versículos tan abstractos encuentra una respuesta muy concreta en lo que sigue del capítulo 12 de la carta a los Romanos. Sería bueno encontrar un momento para leerlo. Una frase, al menos, se adapta perfectamente a las circunstancias actuales, cuando miles de personas se están quedando sin trabajo y pasando grandes apuros económicos: «Sed solidarios con los consagrados en sus necesidades». Pablo se refería a los cristianos. Hoy debemos pensar en cualquier persona.

PENSAR COMO LOS HOMBRES

comentario editorial

Cogito, ergo sum (René Descartes)

30 de agosto. DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO

Mt 16, 21-27

Piensas como los hombres, no como Dios (v23)

Existe una censura descriptiva, y un nuevo comienzo: se inicia el camino hasta la pasión y muerte, un primer anuncio que desvanece cualquier duda sobre qué clase de Mesías es Jesús.

Anuncia sin equívocos que puede sufrir y morir: consecuencia de su mesianismo, de acuerdo con el plan del Padre.

Pedro, que poco antes había confesado su fe en Jesús, ahora rechaza la posibilidad del sufrimiento y muerte del Mesías, a lo que Jesús reacciona violentamente llamándole Satanás, porque se comporta como una piedra de tropiezo, ya que no está dispuesto a asumir la voluntad de Dios.

Como la gente que sigue a Jesús, Pedro no espera un siervo sufriente, como dice Isaías, 42. 1: “Mirad a mi siervo, a quien sostengo”, sino un Mesías triunfante, de modo que la respuesta tajante de Jesús echa por tierra todas estas pretensiones que no se ajustan a lo qué había obrado durante su misión.

Al anuncio de la pasión sigue el premio y la recompensa del discipulado. Y así como antes los discípulos habían participado del poder de Jesús, ahora tendrán que correr la misma suerte que el Maestro: las sentencias sobre la necesidad de cargar con la cruz y entregar la vida lo ponen de relieve.

Serle totalmente fiel implica grandes dificultades y hasta persecuciones, así como la circunstancia de aceptar incondicionalmente el discipulado cristiano, con todas las implicaciones que acarrea, pues no podemos olvidar que somos los seguidores de un hombre que ha sido ajusticiado en una cruz.

Durante mucho tiempo, ciertas corrientes ascéticas han entendido la negación de sí mismos como una especie de combate contra los deseos de las personas, lo que incuestionablemente es incierto.

Dicha negación debe leerse en la clave iluminadora de la cruz, de la que cuando Jesús habla de ella, se está refiriendo a una dimensión mucho más solidaria y redentora, pues se trata de la cruz de la injusticia, de la exclusión y la miseria que los sistemas sociales de siempre imponían a los más débiles

Pertenecemos a la familia de Jesús, quien, por boca de Mateo, alude a los sufrimientos y contradicciones por las que estaban pasando sus comunidades, signo de lo que ocurrirá a todo cristiano comprometido con el Evangelio.

rodin

El filósofo francés René Descartes dijo: “Pienso, luego existo”; pensaba demasiado, y quizás precisamente por eso murió a los 53 años de una neumonía.

Y en cambio pensaba casi tanto como el Pensador de Rodin, que estaba siempre pensando, sentado sobre una roca.

“Piensas como los hombres, le dijo Jesús a Pedro. Cosa de la que yo dudo mucho, porque este hijo del trueno tronaba en cuanto caía el rayo.  

Quiero terminar con estos versos de Ramón López Velarde, que nos introducen en un mar de pensamientos:

 

Y PENSAR QUE PUDIMOS

Y pensar que extraviamos
la senda milagrosa
en que se hubiera abierto
nuestra ilusión, como una perenne rosa.

Y pensar que pudimos
enlazar nuestras manos
y apurar en un beso
la comunión de fértiles veranos. 

Y pensar que pudimos
en una onda secreta
de embriaguez, deslizarnos,
valsando un vals sin fin, por el planeta...

Y pensar que pudimos,
al rendir la jornada,
desde la sosegada
sombra de tu portal y en una suave
conjunción de existencias,
ver las cintilaciones del zodíaco
sobre la sombra de nuestras conciencias

martes, 25 de agosto de 2020

De la urbanidad en la escuela

 ATRIO


      La fortuna me ha llevado desde hace muchos años a un excelente trato con los Hermanos de la Salle, que siempre obsequiosos me regalaron su Guía de las escuelas. El anacrónico lector que no tenga en cuenta que esta obra apareció en 1720 se mofará de lo que viene a continuación y hasta pondrá el grito en el cielo (o en el infierno, que le gusta más) pero, sin negar el rigorismo excesivo, dictatorial, y represivo de la pedagogía de aquellos tiempos, yo quiero también resaltar el infinito amor, la suma dedicación y la convicción de los docentes lasallianos. Hoy los tiempos han cambiado, casi no existen hermanos, sino laicos que hacen lo que pueden.

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EL LADO OSCURO DE LA VIDA. MARTIRIO Y SANTIDAD


col ramon hdez

La mañana nos obliga hoy a asomarnos al lado quizá más oscuro de la vida humana, al abismo infernal que, por mor de intereses y pasiones, los humanos se arrojan unos a otros. Dios no ha creado infiernos sencillamente porque no tiene poder para hacerlo, siendo como es él un Dios de ser, de positividad y de amor. Pero el hombre sí que lo tiene debido al error de perspectiva que puede cometer por su cortedad de miras al perseguir intereses a flor de piel y buscar el disfrute precipitado de cosas que le dañan.

Un infierno es, desde luego, el alcoholismo que anega en toxicidad las neuronas hasta hacerles creer que no hay vida fuera del encharcamiento en que se encuentran. Y también lo es la drogadicción por el paraíso alucinógeno que lleva aparejado, paraíso que suplanta todas las dimensiones y expectativas de la vida humana. Pero si estos infiernos, podría decirse, son individuales, incluso cuando uno ha sido arrastrado a ellos por otros, el horror que crean las armas es el más atroz de todos los infiernos porque su objetivo no es ya crear sucedáneos de vida individual, sino arrebatarla de forma indiscriminada, cruel y despiadada, por intereses tan mezquinos y parciales como el poder o la riqueza de unos pocos.

Esta prolija introducción se debe a que, un día como hoy de 1945, la humanidad, concentrada esencialmente toda ella en Hiroshima, recibió el pavoroso impacto de una bomba atómica, la primer arma de destrucción masiva que descargó toda su fuerza sobre la piel de ciudadanos normales, completamente ajenos a los intereses que se estaban jugando a otro nivel. La intensa radiactividad desplegada por esa bomba mató en pocos segundos a más de setenta mil personas y a decenas de miles más en los días y semanas siguientes. Creyendo que el castigo no había sido lo suficientemente duro, tres días después se lanzó otra bomba atómica sobre Nagasaki, con similar devastación. Cierto que se detuvo así una guerra que, de haberse continuado, habría producido quizá el doble o triple de víctimas, pero, además de que nunca se podrá justificar el sacrificio de una víctima inocente, hemos de reconocer que el lanzamiento de esas bombas causó un gran horror dentro de otro mayor, el de la guerra, de cualquier guerra, aunque sus únicos muertos fueran soldados obligados a combatir con quienes, de conocerse, probablemente podrían ser sus amigos.

El hecho nos lleva a la espantosa contemplación de la industria de la muerte que ha desarrollado la tecnología humana. Cierto que la autodefensa ha acelerado el desarrollo de tecnologías válidas para otros muchos usos que no sean el de matar, aunque, armándose de sentido común, valga el oxímoron, uno no entiende por qué la autodefensa agudiza más el ingenio que el hecho de no pasar hambre, hecho que, de suyo, mata a tantos diariamente de otra forma. Los cristianos deberíamos tener claro en este contexto que el “no matarás” incluye la fabricación de instrumentos de muerte. Se puede matar a un ser humano con una piedra o con un cuchillo de cocina, pero esos no son de suyo herramientas de muerte. Los fusiles, las granadas, los tanques y las bombas de toda clase, desde las caseras a las nucleares y bacteriológicas, son fabricados para matar, son instrumentos de muerte. ¡Qué ciega ha estado durante siglos nuestra Iglesia, esa que, habiendo sido creada como instrumento de vida, ha jugado descaradamente con la muerte por intereses que nada tenían que ver con la paz, cuando ella estaba obligada a predicar en todo tiempo y lugar la concordia y el amor!

Cierto que es muy encomiable y que nunca será reconocida del todo la inmensa labor de los cristianos en favor de la vida de los hombres en tantos lugares y tiempos como, por ejemplo, hace patente la actual pandemia, cuando un simple virus está llevando la delantera a una humanidad tan tecnificada y avanzada. Pero se trata de una encomiable labor de voluntariado que también se da en ámbitos muy alejados de la Iglesia, labor que brota del corazón compasivo de tantos seres humanos, aunque ni siquiera sean creyentes. Falta, pues, ver la alineación clara y precisa de nuestra Iglesia en favor de la vida no solo de los no nacidos, sino también de todos los nacidos. La Iglesia, como institución y agrupación humana, debería pasarse los días gritando la sinrazón de los hombres que hacen posible el hambre y, buscando la muerte violenta de muchos, cometen el horrendo pecado de fabricar armas mortíferas en vez de arados, azadones y mangueras de riego, pongamos por caso. Será mejor perder el tiempo debatiendo si las mujeres son “dignas de lo santo”, es decir, de ejercer los ministerios sagrados, o hilando fino sobre cómo, cuándo y con quién el ser humano puede desfogarse sexualmente. ¡Qué empecinamiento y qué cobardía!

El día nos pone en la mesa la presencia de un hombre en cuyo hieratismo parecían reflejarse todas las tristezas humanas. Eso fue lo que me pareció cuando un Miércoles de Ceniza, en Santa Sabina de Roma, tuve la ocasión de saludarlo y desearle “buena será”. Me refiero al santo varón, también santo canónico, que fue y sigue siendo en su magisterio, al papa Pablo VI, que murió un día como hoy de 1978. Mérito suyo sin ninguna duda fue la culminación de la magna obra emprendida por su predecesor, Juan XXIII, el Concilio Vaticano II, un concilio de siembra retardada cuyos principales frutos, es de desear, se verán en los años venideros. Un hombre inteligente y perspicaz, pero lastrado, a mi modesto entender, por una formación espiritual que le obligaba a mirar más a las alturas del cielo que a las cloacas de la tierra y que por ello, seguramente, nunca pudo entender la legítima y auténtica función de la sexualidad en la vida humana. Siendo yo todavía un recién nacido al pensamiento crítico, el mismo día en que fue publicada su “Humanae vitae” la leí de un atracón y me llevé un cabreo teológico monumental. ¡Bendito amigo san Pablo VI, ahora que vives en la claridad total, libra a la Iglesia que te honraste en presidir de la oscuridad que la sigue dominando!

Ahondando en la historia, hoy nos encontramos, además, con otro terrible episodio de muerte en España, en el que tiene mucho que ver la fe de los creyentes, de unos como justicieros diábolos y de otros como mártires devotos. En efecto, un día como hoy del año 953, doscientos monjes benedictinos del monasterio de san Pedro de Cardeña fueron ajusticiados por tropas musulmanas omeyas de Al-Ándalus en plena Reconquista española. Cuenta la leyenda que, en el aniversario de su muerte, el claustro del monasterio en el que fueron enterrados se empapaba de sangre. Parece ser que tan gran prodigio cesó de repente a finales del s. XV, cuando los árabes fueron definitivamente expulsados de la península ibérica. Sea o no cierto, lo terrible es la constatación de que han sido muchas las víctimas humanas cuya ejecución se ha atribuido a mandatos divinos en unos contextos en los que lo divino no era más que un instrumento mortífero en manos de los hombres.

Urge, pues, que los cristianos de nuestro tiempo llamemos al pan, pan, y que pongamos cada cosa en su sitio, discerniendo claramente lo que son sublimes mandatos divinos de los rastreros intereses humanos. No podemos de ningún modo jugar con mandatos tan claros como dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, consolar al triste, albergar al peregrino y hacer, en suma, cuanto favorezca la vida de quienes viven a nuestro alrededor o en cualquier otra parte del mundo. La cosa es tan clara como que los cristianos estamos obligados a propugnar todo lo que favorece la vida humana y a luchar a brazo partido (aquí sí que deberíamos usar todas las armas disponibles) contra todo lo que la deteriora. ¡A buen entendedor, pocas palabras, pues no otra cosa significa que Jesús pasó por la vida haciendo el bien!

Zornoza intentó forzar al actual párroco de Vejer para declarar en su nombre contra el cura Antonio Casado

 


Jesús Bastante

Religión Digital

Zornoza2Así lo denuncia la Plataforma Pro-Justicia Obispado de Cádiz y Ceuta Zornoza intentó forzar al actual párroco de Vejer para declarar en su nombre contra el cura Antonio Casado
“Mostramos nuestro rechazo absoluto a esas formas que tiene el obispo de dirigir la diócesis. No es ni justo, ni equitativo, ni dialogante, ni comunicador. Es más, diría que con esa forma de actuar no es ni siquiera un persona de fe”
El obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza, ha intentado, en numerosas ocasiones, que el actual párroco de Vejer de la Frontera, Antonio Jesús López García-Mohedano, declare en representación del Obispado en la demanda que ha interpuesto contra el anterior párroco, Antonio Casado, por apropiación indebida. Casado, a su vez, también ha denunciado al prelado, en esta ocasión por “revelación de secretos, calumnia, injuria, omisión del deber de impedir delitos y falso testimonio”, tal y como adelantó RD.··· Ver noticia ···

Vuelve la ‘guerra de dosieres': el tándem Ouellet-Rouco trata de bloquear las ternas de obispos para España

 

Jesús Bastante

Religión Digital

Rouco VarelaLos ataques contra Omella y Osoro amenazan con retrasar la reforma del episcopado
Al menos tres nombramientos han sido paralizados (no bloqueados) por la Congregación de Obispos durante este verano
El excardenal de Madrid sigue teniendo ‘predicamento’ (y sobres) para el prefecto Ouellet, que podría ser sustituido en breve
El sector ultraconservador del episcopado español vuelve a la ‘guerra de dosieres’ que ya fueron desestimados por Francisco
El cardenal Omella debe volver a las reuniones de la Congregación, algo abandonadas durante la pandemia
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Santiago Agrelo: “Los muertos somos nosotros, se nos ha ausentado el alma”

 

Religión Digital

Agrelo2‘Protesta’ del prelado ante la muerte “por causas naturales” de un emigrante en la valla de Melilla
Hoy no subiré a mi muro el acostumbrado comentario dominical a las lecturas de la misa. Necesito dejar constancia de mi asombro: por ese emigrante muerto, “presuntamente por causas naturales”
“Me asombra que, a la crueldad de crucificarlos, añadamos el cinismo de burlarnos de su muerte, de escarnecer su sufrimiento, de despojarlos de su cuerpo, después de haberlos despojado de sus bienes, de sus derechos, y haberlos arrojado en brazos de la muerte”
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viernes, 21 de agosto de 2020

Una “arqueología” del clericalismo

 


Miguel Estupiñán

Religión Digital

¿Ordenación de mujeres? Un aporte al debate desde la eclesiología de Vaticano II y la teología feminista latinoamericana’, de Isabel Corpas
La autora, decana de las teólogas católicas de Colombia, le atribuye al clericalismo no solamente la histórica exclusión de las mujeres en la Iglesia, sino también la contradicción entre la actual estructura institucional del catolicismo y el espíritu original del proyecto cristiano
Su propósito es que sea deconstruido un imaginario eclesial que bebe, en el fondo, de imaginarios sociales recodificados en el ámbito religioso
Ciertos debates o controversias quedan en puntos ciegos para el común de los altos jerarcas y de sus colaboradores
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José María Castillo: “En la Iglesia preocupa más el esplendor de la religión que la fidelidad a Jesús”

 


Teología sin censura

Castillo1El teólogo explica los entresijos de su ‘Evangelio marginado’ (Desclée) José María Castillo: “En la Iglesia preocupa más el esplendor de la religión que la fidelidad a Jesús”
“Un ‘Dios falso’ ha llevado al mundo más avanzado al abandono de la religión”
“Jesús no quiso templo. No quiso sacerdotes. No quiso rituales. No quiso ceremonias sagradas. No quiso obediencia y sometimiento de nadie a él”
“Jesús no prescinde de la religión, sino que desplaza la religión: la arranca de ‘lo sagrado’ y la pone en el centro de ‘lo más plenamente humano'”
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El arzobispo de Hamburgo pide a Roma que estudie la ordenación sacerdotal de mujeres

 


Religión Digital

Mujer sacerdote2“La discusión sobre el sacerdocio femenino está viva”, asegura Stefan Hebe
La teóloga Dorothea Sattler, presidenta del foro de mujeres, insistió en que “la puerta aún no está cerrada a nivel magisterial”, y que las mujeres “también podemos representar a Jesucristo”
El debate vuelve a abrirse después de que un colectivo de mujeres presentaran sus candidaturas al episcopado, la nunciatura, el sacerdocio o el diaconado ante el Nuncio en Francia, Celestino Migliore, que las recibirá en septiembre
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Tiempos de posverdad

 

Juan Antonio Mateos Pérez

salamancaaldia

Actúa de modo que los efectos de tus actos sean compatibles con la permanencia de la vida humana
H. Jonas
La verdadera forma de vincularnos con el otro es a través del diálogo genuino “yo-tu”, donde el yo sale de sí y se encuentra con el otro
M. Buber
Todos estamos sorprendidos, no por la teoría negacionista, repetida durante toda la pandemia, sino por la manifestación masiva e incontrolada de este fin de semana
En tiempos en que la verdad no importa, ni en los discursos, ni en política, ni en las redes, entra en juego la posverdad, donde el “todo vale” está campando a sus anchas, llevando a pensar que cualquier amasijo de opiniones y actitudes puede ser considerado ciencia. Se está desligando de cualquier discurso, la ética de la responsabilidad, donde la racionalidad instrumental, impulsada por cierto neoliberalismo, ha contaminado ámbitos del mundo de la vida donde no deberían estar.
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DOMINGO 23 DE AGOSTO, 21 DEL TIEMPO ORDINARIO

 JOSÉ ANTONIO PAGOLA 

ADHESIÓN VIVA
A JESUCRISTO

No es fácil intentar responder con sinceridad a la pregunta de Jesús: «¿Quién decís que soy yo?». En realidad, ¿quién es Jesús para nosotros? Su persona nos llega a través de veinte siglos de imágenes, fórmulas, devociones, experiencias, interpretaciones culturales… que van desvelando y velando al mismo tiempo su riqueza insondable.

Pero, además, cada uno de nosotros vamos revistiendo a Jesús de lo que somos nosotros. Y proyectamos en él nuestros deseos, aspiraciones, intereses y limitaciones. Y casi sin darnos cuenta lo empequeñecemos y desfiguramos, incluso cuando tratamos de exaltarlo.

Pero Jesús sigue vivo. Los cristianos no lo hemos podido disecar con nuestra mediocridad. No permite que lo disfracemos. No se deja etiquetar ni reducir a unos ritos, unas fórmulas o unas costumbres.

Jesús siempre desconcierta a quien se acerca a él con postura abierta y sincera. Siempre es distinto de lo que esperábamos. Siempre abre nuevas brechas en nuestra vida, rompe nuestros esquemas y nos atrae a una vida nueva. Cuanto más se le conoce, más sabe uno que todavía está empezando a descubrirlo.

Jesús es peligroso. Percibimos en él una entrega a los hombres que desenmascara nuestro egoísmo. Una pasión por la justicia que sacude nuestras seguridades, privilegios y egoísmos. Una ternura que deja al descubierto nuestra mezquindad. Una libertad que rasga nuestras mil esclavitudes y servidumbres.k

Y, sobre todo, intuimos en él un misterio de apertura, cercanía y proximidad a Dios que nos atrae y nos invita a abrir nuestra existencia al Padre. A Jesús lo iremos conociendo en la medida en que nos entreguemos a él. Solo hay un camino para ahondar en su misterio: seguirlo.

Seguir humildemente sus pasos, abrirnos con él al Padre, reproducir sus gestos de amor y ternura, mirar la vida con sus ojos, compartir su destino doloroso, esperar su resurrección. Y, sin duda, orar muchas veces desde el fondo de nuestro corazón: «Creo, Señor, ayuda a mi incredulidad».

Domingo 23 de Agosto, 21º del tiempo Ordinario

 


Koinonía

21 del tiempo ordinarioBRosa de Lima (1617)
El texto de Isaías se refiere, con mucha probabilidad, a la época inmediatamente anterior a la primera deportación. Recordemos que como represalia a un intento de rebelión, el imperio babilónico exilió, en el año 597 a.e.c, a los miembros más prestantes de la sociedad y los trasladó a varias ciudades y campos de Mesopotamia. Esto significó un duro golpe para la fe de Israel, quizá como ningún otro en su historia: Dios falló, fue derrotado, no pudo cumplir su promesa solemne de mantener la Casa de David eternamente, por los siglos… Todo el edificio de su fe en el Dios de las promesas, el Dios del privilegiado rey David, se vino abajo.··· Ver noticia

miércoles, 19 de agosto de 2020

HAY QUE PROMOVER ESE ELEFANTE DORMIDO QUE SON LA MAYORÍA DE LOS CRISTIANOS

 RELIGIÓN DIGITAL 

col espeja

Nacido en familia noble, Domingo de Guzmán (1170-1221) recibió formación en la universidad de Palencia y después se incorporó al cabildo de canónigos regulares en Burgo de Osma. Ya en la segunda etapa del feudalismo medieval pujaban los aires del mundo moderno que anunciaban un cambio de época, y en este cambio brotó el carisma de Domingo como fraile predicador. Para una misión diplomática, salió de la clausura canonical y pasó por el sur de Francia, donde encontró una población pobre y confusa de cristianos que se alejaban y se oponían a la Iglesia oficial; declarados herejes –cátaros, valdenses…– caían en muchos errores pero trataban de llevar una vida evangélica. Para combatir a los herejes y traerlos al redil de la Iglesia llegaban delegados pontificios revestidos de poder y con amenazas de excomunión. En ese contexto, Domingo escuchó al Espíritu que sugirió abrir otro camino: una conducta evangélica ofrecida de modo creíble y en diálogo sincero con el otro. Así dentro de la Iglesia brotó el carisma de los frailes predicadores. Una comunidad que intenta vivir el Evangelio y transmitirlo en diálogo con un mundo cambiante. Si bien ese carisma incluye el estudio encarnado en la realidad, lo más fundamental, relevante y decisivo en la conducta de Domingo fue su “celo misionero” inspirado en la compasión.

Hoy las cosas han cambiado. No estamos ya en la situación de cristiandad medieval; el mundo camina emancipado de la tutela eclesial y la sociedad es cada vez más laica. Por otro lado en el Vaticano II la misma Iglesia valoró la libertad de conciencia y la autonomía de la persona humana en la gestión de las realidades seculares. Pero precisamente por este cambio de panorama, se tomó conciencia de que la Iglesia, integrada por todos los bautizados, se constituye en la misión y ser discípulo de Jesucristo significa ser misionero, predicador del Evangelio. Esa vocación es una mística o apasionamiento por un dinamismo vivido, simbolizado en la expresión “reino de Dios”. Si bien este mundo –la entera familia humana con todas las realidades entre las que vive– es originado y sostenido por una Presencia de amor, también es lugar “de las ambiciones de los ojos y del alarde de la opulencia”. En la dialéctica entre la humanidad que se deja alcanzar por esa Presencia de amor y las ambiciones egocentristas que continuamente brotan en mismo corazón humano, va creciendo el reinado de Dios amor o realización de la humanidad. A la pasión por ese crecimiento, como tesoro escondido y de algún modo activo ya en la entraña de la historia humana responde la vocación misionera.

Ya en la primera mitad del siglo XX, era manifiesta “la apostasía de las masas” y Pío XI promovió la Acción Católica. Para infundir en las venas del mundo la savia del Evangelio, a mediados de siglos Juan XXIII convocó un concilio ecuménico. Después, los papas vienen insistiendo en la necesidad urgente de nueva evangelización en que deben comprometerse todos los cristianos. Pero frecuentemente se nota como una acedia individualista, un desinfle desánimo, realismo exagerado, pesimismo estéril, instalación en los cuarteles de invierno. ¿Qué está ocurriendo? ¿Dónde está el resorte para salir de esa inercia?

En esta situación deseo interpretar con fidelidad el impulso renovador del papa Francisco a la misión evangelizadora de la Iglesia. Concreta las pistas sugeridas en el Vaticano II, y añade algo decisivo para avivar esa misión que el concilio no explicitó suficientemente. Trataré de sintetizarlo con frases del papa Francisco que van entre comillas.

Concretando pistas sugeridas en el Vaticano II

Según la visión del Concilio, la Iglesia se constituye en la misión: “Recobremos y acrecentemos el fervor, la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas”. Es la vocación de todos los cristianos, pueblo de Dios a cuyo servicio están los ministerios de obispo, presbítero y diácono. Buen indicativo para las congregaciones religiosas que, con su propio matiz, se dedican a la predicación; ante las inclemencias del tiempo, se pueden quedar en la observancia meticulosa de los medios esenciales como si fueran fines absolutos, olvidando que deben configurados y practicados en orden a la misión. Todos los bautizados son discípulos y misioneros; todos tienen la misma dignidad y por tanto “las funciones no dan lugar a superioridad de unos sobre otros; cuando hablamos de potestad sacerdotal, nos encontramos en el ámbito de la función, no de la dignidad y de la santidad”. Hay que promover ese elefante dormido que son la mayoría de los cristianos, curando así "el excesivo clericalismo” patología nefasta para la salud de la Iglesia.

Porque la misión evangelizdora solo tiene lugar en el mundo, éste mundo pertenece a la constitución de la Iglesia; de ella son también los gozos y las esperanzas, las tristezas y los fracasos de la humanidad. Según la encíclica “Ecclesiam suam”, 1964, que marcó la orientación del Concilio, “la Iglesia se hace diálogo”, sale de sus trincheras y ratifica su alianza con este mundo. Siguiendo esta orientación, el papa Francisco quiere una Iglesia evangelizadora en salida de su “introversión”. No debemos entender la novedad de esta misión “como un desarraigo, como un olvido de la historia viva que nos acoge y nos lanza hacia adelante”. La Iglesia evangelizadora “acompaña a la humanidad en todos sus procesos, por más duros y prolongados que sean!”. ”Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades. No quiero una Iglesia preocupada por ser el centro y que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!".

Y el mundo cambia. Ya el Concilio pidió la reforma para que la organización visible de la Iglesia esté en función de la comunión de vida dentro de un mundo que ha cambiado. Y el papa Francisco, muy sensible a la novedad del mundo, reconoce: “Hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador. Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación”.

Leyendo los signos del tiempo hace cincuenta años, el Vaticano II reconoció como llamada del Espíritu la libertad de conciencia y la autonomía legítima en la gestión de las realidades seculares que ya entonces eran reclamos del mundo moderno. Por eso a las personas de este mundo moderno la verdad no se impone más que por la fuerza de la misma verdad que penetra fuerte y suavemente en las almas. En esa convicción el papa Francisco no solo pide leer los signos de nuestro tiempo. Concreta más: “Los enormes y veloces cambios culturales requieren que prestemos una constante atención para intentar expresar las verdades de siempre en un lenguaje que permita advertir su permanente novedad. A veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los fieles reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo”. No sólo un cambio de lenguaje y una versión actualizada de contenidos sino nueva forma de ofrecer el Evangelio a personas celosas de su libertad y autonomía: “Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia”. Por eso “cabe recordar que todo adoctrinamiento ha de situarse en la actitud evangelizadora que despierte la adhesión del corazón con la cercanía, el amor y el testimonio. Urge a las comunidades cristianas “entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma”.

El papa Francisco es consciente de que el reinado de Dios avanza con dinamismo vivo en un mundo con su lado oscuro, donde las idolatrías de moda pueden contaminar la Iglesia: “Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido”. La salida de la Iglesia y su solidaridad con el mundo debe ser portadora del Evangelio: “Salgamos, salgamos a ofrecer a todos la vida de Jesucristo”. “Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida”.

El Vaticano II avanzó en la reflexión sobre el misterio de la Iglesia y se abrió al diálogo con el mundo. Implícitamente apuntó la necesidad de la experiencia creyente cuando habló de la reforma litúrgica, presentando la fe como apertura libre a la revelación, y cuando sugirió un cambio en la moral. Pero no hizo un documento sobre la espiritualidad y apenas salió de modo explícito la experiencia de Dios. Es la dimensión que tiene prioridad en los documentos del papa Francisco. No sólo en su primera exhortación sino también en la encíclica sobre la ecología y en la Exhortación sobre la santidad. Sin esta dimensión no se puede interpretar bien la necesidad de “una Iglesia en salida”.

Lo deja ya bien sentado el papa Francisco en los inicios de la Exhortación “Evangelii Gaudium”. La clave decisiva para la nueva evangelización es “una secreta pero firme confianza, aun en medio de las peores angustias: que el amor del Señor no se ha acabado, no se ha agotado su ternura. Mañana tras mañana se renuevan”. Por eso “en cualquier forma de evangelización el primado es siempre de Dios, que quiso llamarnos a colaborar con Él e impulsarnos con la fuerza de su Espíritu”. “La verdadera novedad es la que Dios mismo misteriosamente quiere producir, la que Él inspira, la que Él provoca, la que Él orienta y acompaña de mil maneras. En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que Él nos amó primero”. La evangelización debe estar “animada por el fuego del Espíritu, para encender los corazones de los fieles. Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor. Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”.