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martes, 9 de abril de 2013

La troika: licencia para fracasar


Iñaki Gabilondo

Juan Rubio: “España necesita en su jerarquía un giro de talante, de estilo y de formas” José Manuel Vidal

Presenta ‘La viña devastada. De Benedicto XVI al Papa Francisco” (RBA)
“Estamos hartos de que tres movimientos tengan hipotecada a la Iglesia española”
“Es urgente que el cardenal Sodano salga del Vaticano”. Claro, directo y sin pelos en la lengua. Así se mostró Juan Rubio, director de Vida Nueva, en la presentación de su libro ‘La viña devastada. De Benedicto XVI al Papa Francisco’ (RBA). Amén de limpiar la Curia, el sacerdote jiennense señaló otras asignaturas pendientes del nuevo Papa: “Citar más el Concilio” y propiciar que la Iglesia española “deje de estar hipotecada por ciertos movimientos”.
En el ‘Hotel de las letras’ de Madrid, rodeado de compañeros, Juan Rubio tuvo la deferencia de citar y alabar el libro de José Manuel Vidal y Jesús Bastante ‘Francisco, el nuevo Juan XXIII’ (Desclée-RD), para asegurar que el suyo “no es ni mejor ni peor”. Pero sí diferente, en cuanto que se centra en el pontificado de Benedicto XVI, como “clave del actual pontificado”.
Y es que, a su juicio, con el Papa Francisco se cierra un ciclo largo, que comenzó con Juan Pablo II y concluyó con Benedicto XVI: “El mismo pontificado con dos caras”. Y tras ese largo pontificado, “la Iglesia, que es muy sabia” busca “un estilo nuevo de Papa, que devuelva la credibilidad perdida a la Iglesia”.
Este cambio de ciclo lo posibilita la renuncia del Papa Ratzinger. “El Papa de la palabra se convierte en el papa del gran gesto”. ¿Cuál es la razón fundamental de esa renuncia? Para Juan Rubio, se trata de “un renuncia por convicción del mayor intelectual que ha tenido la Iglesia como papa en los últimos tiempos”.
Una renuncia “por falta de fuerzas espirituales, más que físicas. Hay en el Papa Ratzinger un agotamiento espiritual, como el de tantos intelectuales actuales que no saben qué hacer”. De todas formas, para el autor del libro, “el gran vencedor del cónclave ha sido Benedicto XVI”, porque, con su renuncia, propició la llegada de un Papa renovador.

La viña devastada
El Papa Francisco se encontró, como dice el libro de Juan Rubio en su mismo título, “con una viña devastada por los jabalíes”, porque “los problemas de la Iglesia no están tanto fuera como dentro”. A esos problemas les irá hincando el diente el nuevo Papa que “va a conducir con luz larga, pero sin olvidar la luz corta del gobierno de la Curia”. Tal y como ha demostrado ya en su primer nombramiento, el del ourensano Fray José R. Carballo como secretario del dicasterio de la Vida Religiosa.
Según Rubio, el nuevo Papa no es de los jesuitas de Iñaki (Teología de la Liberación) ni de los de Don Ignacio (los más conservadores), sino de los de San Ignacio (los moderados de la Compañía, cuya clave es el discernimiento). De ahí que el nuevo Papa se vaya a dedicar, según el director de Vida Nueva, a llevar a la práctica el Concilio. Por eso, le extraña que cite poco el Vaticano II, “la gran asignatura todavía pendiente de la Iglesia”, a pesar de que su espíritu se trasluce en todas y cada una de las intervenciones papales. Tampoco cree Juan que el Papa Francisco vaya a convocar un nuevo Concilio.
A preguntas del corresponsal de La Nación sobre el título de nuestro libro ‘Francisco, el nuevo Juan XXIII’, Rubio reconoció que ambos Papas se parecen “en el aire de propiciar el camino para los cambios”.
¿Qué tipo de cambios? Rubio señaló algunos: “Un colegio cardenalicio y una Curia más abierta” o incluso podría suprimir el IOR, “lo mismo que hizo cuando llegó al arzobispado de Buenos Aires”, con el banco que administraba los dineros de la archidiócesis porteña.
U otras cuestiones más de fondo, como la infalibilidad o el papel del ministerio petrino. “La renuncia del Papa Ratzinger va a ser el punto de partida para replantearse la infalibilidad papal o la importancia de las Iglesias locales”, explica Rubio. Es decir, que los teólogos y los eclesiólogos “tendrán que redimensionar la figura del Romano Pontífice, como ya está haciendo en la práctica el Papa francisco”

La renovación, en España
Rubio está convencido de que la renovación promovida por Francisco llegará a España, donde el Papa tiene que hacer “dos cambios en breve, Madrid y Barcelona, que tienen sus dos cardenales con fecha de caducidad cumplida”.
Juan Rubio asegura que el Papa conoce perfectamente la situación española y le pide que, “no se precipite, aunque España necesita un giro en su jerarquía de talante, de estilo y de formas”.
Un giro que, a su juicio, se escenifica ya con la visita que Rajoy le va a hacer en breve al Papa, porque ” a pesar de ser una visita que el gobierno español ya tenía solicitada, no deja de ser una bofetada a la Conferencia episcopal española”. Y es que el Papa se va a ver antes con Rajoy que con Rouco, el presidente.
Para Rubio, el Papa sabe perfectamente que “tres nuevos movimientos tienen un poder absoluto y han copado distintos ámbitos, como la comunicación o la universidad”. Y añade el director de Vida nueva: “En España estamos hartos de que la Iglesia la hayan hipotecado ciertos movimientos que se creen los mejores y consideran al resto de la Iglesia como ‘clase de tropa’”. Y “eso es algo que no pasa en Italia, ni en Francia, ni siquiera en la propia Cataluña”.
De ahí que, a su juicio, “en España va a tomar fuerza a vida religiosa o los curas normales de parroquia”. Y, por supuesto, “en Barcelona y Madrid puede haber supresas, amén de una visita que el Papa hará a España”.

La Iglesia no se arregla sólo cambiando de zapatos José M. Castillo, teólogo

En todo el mundo han sido noticia las nuevas costumbres que el papa Francisco ha introducido en la imagen pública que el sucesor de Pedro ofrece ante el mundo.
Nadie duda ya que el papa se parece cada día más a un hombre normal, sin los zapatos rojos de Prada y cada vez con menos indumentarias de ésas, tan llamativas como trasnochadas. Por supuesto, esto es de elogiar, Y expresa que este papa tiene una personalidad fuerte, original, ejemplar.
Un papa es importante, no por su imagen pública, sino por su ejemplaridad. Es evidente que el papa Francisco tiene esto muy claro. Por eso lo admiramos, lo aplaudimos, lo sentimos más cerca. Y esperamos mucho de él.
Por supuesto, yo no soy quién para decirle al papa lo que tiene que hacer. ¿Quién soy yo para eso? De todas maneras, y con toda la modestia y humildad que me es posible, me atrevo a sugerir que solamente con simplificar la vestimenta y modificar algunas costumbres, se puede pensar que la Iglesia no se arregla. Será noticia, eso sí. Sobre todo entre personas y grupos más tradicionales. Algunos ya han puesto el grito en el cielo porque, el pasado jueves santo, el papa Francisco se atrevió a lavar los pies de dos mujeres. Da pena pensar que haya gente que, por semejante cosa, se alarmen tanto. ¿No sería más razonable pensar a fondo dónde está la raíz de los verdaderos problemas que sufre la Iglesia? Y, sobre todo, los problemas que sufre tanta gente desamparada, marginada y sin esperanzas de futuro?
Pues bien, planteada así la cuestión, lo que yo me atrevo a sugerir es que el la raíz de los problemas, que arrastra la Iglesia, no está en la imagen pública que ofrece el papa. La raíz está en la teología que enseña la Iglesia. Porque la teología es el conjunto de saberes que nos dicen lo que tenemos que pensar y creer sobre Dios, sobre Jesucristo, sobre el pecado y la salvación, etc, etc. Ahora bien, como sabe cualquier persona medianamente cultivada, la teología sigue siendo un conjunto de saberes que se han quedado demasiado trasnochados. Porque son ideas y convicciones que se elaboraron y se estructuraron hace más de ochocientos años.
Y, como es lógico, en una cultura como la actual, cuando la mentalidad de la casi totalidad de la gente tiene otros problemas y busca otras soluciones, ¿nos vamos a extrañar de que las enseñanzas del clero interesan poco y cada día a menos personas? Yo estoy de acuerdo en que Dios es siempre el mismo. Y no se trata de que la gente de cada tiempo se invente el “dios” que le conviene a la gente de ese tiempo. Nada de eso. Se trata precisamente de todo lo contrario. Se trata de que nos preguntemos en serio si lo que enseñamos, con nuestras teologías y nuestros catecismos, es lo que Dios nos ha dicho. O más bien lo que enseñamos es lo que se les ha ido ocurriendo a una larga serie de teólogos, más o menos originales, que, en tiempos pasados, dijeron cosas que hoy ya sirven para poco.
Termino poniendo un ejemplo, que ilustra lo que intento explicar. En el “Credo” (nuestra confesión oficial de la fe), empezamos diciendo: “Creemos en un solo Dios, Padre todopoderoso”. Eso es lo que enseñó el primer Concilio ecuménico, el de Nicea (año 325). De otros calificativos, que se le podían haber puesto al Dios de nuestra fe, se escogió el de “todopoderoso”, Es decir, si optó por el “poder”, no por la bondad o el amor, que es como el Nuevo Testamento define a Dios (1 Jn 4, 8. 16). Pero no es esto lo que ocasiona más dificultades. El problema principal está en que, si se lee el texto original del concilio, el griego, lo que allí se dice es que los cristianos creemos en el “Pantokrátor”, que era el título que se atribuyeron a sí mismos los emperadores romanos de la dinastía de los “antoninos” (del 96 al 192), que dominaron la edad de oro del Imperio, y se igualaron a los dioses.
Ahora bien, el “Pantokrátor” era el amo del universo, el dominador absoluto del cosmos. Una manera de hablar de Dios que poco (o nada) tiene que ver con el Padre que nos presentó Jesús. Y conste que este ejemplo, siendo importante, es relativamente secundario. Sin duda alguna, la teología necesita una puesta al día, que implica problemas mucho más graves que los zapatos del papa. Vamos a intensificar nuestra fe y nuestra esperanza en que el papa Francisco va a dar pasos decisivos en este sentido. En ello, los creyentes nos jugamos más de lo que seguramente imaginamos.

lunes, 8 de abril de 2013

“No somos el enemigo” (Vídeo) Plataforma de afectados por la hipoteca


“No somos el enemigo” (Vídeo) Plataforma de afectados por la hipoteca

Enviado a la página web de Redes Cristianas
“No somos el enemigo”. Este es el mensaje que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha mandado a todos los votantes del PP a través de un vídeo tras las críticas recibidas a estas plataformas por los escraches que han vivido y denunciado algunos políticos ‘populares’. “Somos los desahuciados, los desposeídos, los estafados, tu conciudadano, tu vecino, tus familiares…”, añaden en el inicio del vídeo. “No somos el enemigo, sino las víctimas de la crisis y de la gran estafa hipotecaria que se ha dado en este país a raíz de la burbuja inmobiliaria.
Las víctimas que nos hemos tenido que organizar desde abajo para hacer frente a esta injusticia. No somos violentos y mucho menos terroristas”. La Plataforma recuerda que en la PAH “llevamos más de cuatro años luchando por los derechos fundamentales, superando bandos y diferencias ideológicas, e invitamos a que todos hagamos visible el apoyo a las medidas de la ILP sumándonos a la campaña PrimaveraVerde”.
Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) a votantes del PP
http://www.youtube.com/watch?v=RTsP7R_4hJ8

Isabel Martín Hernández escribe un libro


Foto de perfil de Isabel martin hernandez

Isabel Martín, concursante del concurso Portell ha escrito un libro y envía estas letras.
Animamos a todos a adquirir el libro y que de los participantes del concurso Portell salgan muchos escritores como Isabel.
Txema:

Zer moduz? ¡Qué sorpresa! Me ha alegrado mucho recibir tu mensaje. Ya me he estado acordando del concurso, pero últimamente no he escrito nada como para poderlo presentar. Bueno, no es del todo cierto: en noviembre me publicaron un libro. Y ahora tengo en mente preparar un cuenta cuentos para dos colegios de la provincia de Salamanca, ya que el libro trata de la tradición oral de la zona de Las Arribes del Duero. Por esa razón ando un poco “pillada” con el tiempo.

 Aquí te mando información. 
(PINCHAR EN EL ENLACE PARA VER MÁS INFORMACIÓN)


sábado, 6 de abril de 2013

Hacia una teología islamo-cristiana de la liberación - Intervención en el debate sobre Diálogo de Religiones y Civilizaciones en el Foro Social Mundial, Túnez, 26-30 de marzo de 2013 Juan José Tamayo, Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid España

Enviado a la página web de Redes Cristianas
Una teología contrahegemónica
A medida que se conocen mejor las religiones y las culturas, se reconocen y valoran también sus dimensiones liberadoras y sus esfuerzos por elaborar nuevos discursos en clave de liberación. Una de las iniciativas más plausibles en el actual pluriverso religioso y en el horizonte del diálogo entre religiones es la elaboración de una teología intercultural e interreligiosa de la liberación 1 .
Es dentro de este proyecto de teología intercultural e interreligiosa de la liberación donde se inscribe la propuesta de una teología islamo-cristiana de la liberación 2 , cuya intención es mostrar que en el islam, en sus textos sagrados, en su legislación y en su historia hay tradiciones liberadoras, como existen también en el cristianismo, y que es posible construir un discurso teológico liberador islamo-cristiano, ya que ambas religiones se caracterizan por el monoteísmo ético, que remite a la práctica de la justicia y a la solidaridad con los excluidos. Se trata de una teología que contribuya a la transformación de las estructuras sociales, políticas y económicas, al cambio de mentalidad, de actitudes y de prácticas de los creyentes de ambas religiones, y a la paz en el mundo, una paz basada en la justicia. Un dato importante a tener en cuenta es que en torno a tres mil trescientos millones de seres humanos, es decir, la mitad de la población mundial, están vinculados al cristianismo y al islam.
A la hora de repensar la teología de la liberación desde otros saberes religiosos y concepciones del mundo olvidados o preteridos, más allá del colonialismo cultural y del cristianocentrismo, es necesario contar con el concurso de las reflexiones creativas de científicos sociales como Boaventura de Sousa Santos en torno a la “sociología de las ausencias y sociología de las emergencias” y sus reflexiones “más allá del pensamiento abismal” 3 , y con las aportaciones de Edward Said en torno al orientalismo.
La teología de la teología de la liberación debe re-pensarse desde otras concepciones del mundo, otras culturas y otros saberes religiosos olvidados o preteridos –la mayoría de las veces conscientemente-, más allá del colonialismo cultural, al que sigue viéndose sometido el mundo árabe-musulmán -incluso después de la independencia- más allá de la ideología orientalista 4 y más allá del cristianocentrismo, imperante en Occidente.
Este nuevo planteamiento debe traducirse en una teología islamo-cristiana de la liberación contrahegemónica en un cuádruple horizonte:
. la ética, que, tras las huellas de Lévinas, entiendo como teología primera y que debe ser liberada del asedio del mercado al que hoy se ve sometida;
. la rehabilitación crítica de la utopía: las utopías, dice Bloch, constituyen la conciencia emancipatoria de la humanidad y tienen su itinerario y su temporalidad 5;
. la laicidad, inclusiva del hecho religioso, pero no asumido apologéticamente, sino analizado críticamente;
. la emergencia de una política cosmopolita emancipatoria en el marco de una democracia participativa
Propongo, a continuación, algunos de los temas en torno a los cuales puede desarrollarse la nueva teología islamo-cristiana de la liberación: Dios, la mística, la ética, la economía y el diálogo intercultural e interreligioso y el feminismo.

Del Dios de la guerra al Dios de la paz
Musulmanes y cristianos no creen en dos dioses distintos, sino en el mismo Dios. Por ello, no tienen motivo alguno para polemizar. Así lo ponen de manifiesto los textos sagrados de ambas religiones. Leemos en el Corán: “No discutáis sino con buenos modales con la gente de la Escritura, excepto con los que hayan obrado impíamente. Y decid: ‘Creemos en lo que se nos ha revelado a nosotros y en lo que se os ha revelado a vosotros. ¡Nuestro Dios y vuestro Dios es Uno. Y nos sometemos a él” (29,46). La fe de los musulmanes y de los cristianos en el mismo Dios aparece igualmente en una carta que el papa Gregorio VIII (m. 1085) dirigió al emir de Mauritania, aun cuando reconoce que el modo de confesarlo y de adorarlo es distinto. Casi diez siglos después volvía a ratificar esta idea el concilio Vaticano II (1962-1965) al aseverar que musulmanes y cristianos profesan la fe de Abraham y adoran a un solo Dios, misericordioso 6.
La imagen que ha predominado en el cristianismo y en el islam ha sido la de un Dios violento, vengativo, al que ambas religiones han apelado con frecuencia para justificar los choques y los enfrentamientos, las agresiones y las guerras entre sí y contra otros pueblos y religiones considerados enemigos.
Ahora bien, si en las tres religiones monoteístas existen numerosas e importantes tradiciones que apelan al “Dios de los Ejércitos” para declarar la guerra a los descreídos y a los idólatras, también las hay que presentan a Dios con un lenguaje pacifista y le atribuyen actitudes pacificadoras y tolerantes.
La Biblia describe a Dios como “lento a la ira y rico en clemencia”, al Mesías futuro como “príncipe de paz” y árbitro de pueblos numerosos”. En las Bienaventuranzas Jesús declara felices a los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mt 5,9). La paz es el principal legado que deja a sus seguidores. Pablo identifica a Jesús con la paz.
Dios es invocado en el Corán como el Muy Misericordioso, el Más Generoso, Compasivo, Clemente, Perdonador, Prudente, Indulgente, Comprensivo, Sabio, Protector de los Pobres, Magnánimo, Agradecido, Guardián, Vigilante, Complaciente, Amoroso, Abogado, Valedor, Amigo protector, Auxiliador. Bueno, Bienhechor, Defensor, etc.7 A Dios se le define como “la Paz, Quien da Seguridad, el Custodio” (Corán, 69,22). Todas las azoras del Corán, excepto una, comienzan con la invocación “En el nombre de Dios, el Clemente, el Compasivo…”.
Mística y sufismo
Filósofos, teólogos, fenomenólogos e historiadores de las religiones y científicos coinciden en que la mística constituye la esencia de la religión (Henri Bergson, William James, Albert Einstein) Esto es aplicable de manera especial al cristianismo y al islam, hasta el punto de poder afirmar que la mística constituye uno de los lugares de diálogo y de encuentro entre ambas religiones. Las dos surgen no de un programa político, ni de un credo dogmático, sino de la experiencia mística de Jesús de Nazaret y de Muhammad, profetas de Dios.
Jesús vive la experiencia del desierto, tema bíblico por excelencia: el desierto como momento idílico de las relaciones de pueblo hebreo con Dios, como lugar de alejamiento del mundanal ruido, de recogimiento y como espacio de encuentro con uno mismo. Durante su actividad pública se retira con frecuencia a orar. Se dirige a Dios con la expresión afectiva y confiada de abbá (papá). Muhammad vive su experiencia religiosa de manera intensa en una cuevz del Monte Hira (Montaña de la Luz). Ambas tradiciones religiosas cuenta con místicos y místicas que vivieron la experiencia religiosa con toda profundidad y radical, al tiempo y que contribuyeron a liberar al islam y al cristianismo de sus perversiones y desviaciones: Rabia de Bagdag, Rumi, Ib Arabi, Maestro Eckhart, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz….
Ética liberadora
El cristianismo y el islam son dos religiones monoteístas, pero no de un monoteísmo dogmático, sino ético y, por tanto, con un claro horizonte moral. Así lo entendieron, vivieron y formularon los propios fundadores y profetas de ambas religiones, y así lo viven numerosos movimientos de liberación en ambas religiones hoy, donde existen importantes corrientes teológicas de la liberación: teología islámica de liberación, teología cristiana de la liberación. .
Economía
La ética liberadora del cristianismo y del islam se concreta en un régimen de incompatibilidades entre fe religiosa y acumulación de bienes y en prácticas solidarias que han de traducirse en el plano económico.
Jesús critica severamente la acumulación de bienes y la califica de “riqueza de injusticia” (Lc 16,9), es decir, riqueza que procede de prácticas económicas injustas. La crítica se dirige especialmente al Dinero convertido en fin, en ídolo, en Dios, a quien se rinde culto y se sacrifica todo, incluso la vida de los pobres. Jesús formula de manera radical y sin excepciones la incompatibilidad entre Dios y el Dinero: “Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero” (Mt 6,24). El imperativo ético del cristianismo es: ¡Comparte los bienes, la vida! Ahora bien, la incompatibilidad no se queda en el terreno de los principios, sino que se concreta en el estilo de vida pobre, desprendido, itinerante, desinstalado, sin residencia fija y sin posesiones, de Jesús y del grupo de seguidores y seguidoras.
Las cuestiones sociales y económicas juegan un papel fundamental en el islam y están muy presentes en el Corán. Aun cuando no puede hablarse de una teoría económica y social islámica propiamente dicha, sí pueden extraerse del Corán algunos principios que orientan la actividad económica. El islam no tiene una idea negativa de los bienes materiales; los valora positivamente e invita a su disfrute. Ahora bien, la economía ha de regirse por la ética. En el terreno económico no todo es válido y lícito; no todo está permitido; el islam distingue entre lo lícito y lo ilícito. La economía debe estar al servicio del ser humano, no viceversa; al servicio de la vida, también de la vida material.
El islam condena la usura (riba), considerada una de las faltas más graves que alguien puede cometer contra otra persona. El Corán distingue entre usura y comercio y califica a éste de lícito y a aquella de ilícita (2,275). Contrapone usura y caridad: Dios desprovee de toda bendición las ganancias de la usura, mientras que bendice los actos de caridad (2,276). Igualmente contrapone la usura a la limosna legal, que es obligatoria: mientras que la usura se basa en la expectativa de tener ganancias sin esfuerzo alguno, la limosna consiste en dar sin esperar ganancia material alguna. Lo que se da con usura para incrementar la propia riqueza a costa de los bienes ajenos no genera incremento delante de Dios. Lo que se da en limosna sin esperar beneficios, cuenta con el reconocimiento de Dios (30,39). Lo que en definitiva condena el Corán es “la explotación de los económicamente débiles por parte de aquellos que poseen mayor fuerza y recursos”8 .
La solidaridad con las personas necesitadas constituye un imperativo ético en el islam. “No es creyente quien duerme mientras su vecino está hambriento y él lo sabe”, afirma un hadiz. El compartir es una de sus principales exigencias. En la base de la concepción solidaria de la economía está la idea de que la propiedad de los bienes pertenece sólo a Dios. El ser humano no es propietario, sólo administra y hace uso de los bienes. Con todo, el islam reconoce el derecho a la propiedad privada pero para su disfrute y su venta, no para su abuso y destrucción.
Diálogo entre culturas y creencias religiosas
Biblia hebrea, Biblia cristiana y Corán constituyen un buen ejemplo de diálogo entre culturas y creencias religiosas. La Biblia hebrea no es una creación exclusiva del mundo semítico, sino que recibió la influencia del pensamiento griego y del espíritu helénico. La Biblia cristiana y los orígenes del cristianismo no son una mera continuación del judaísmo, sino que deben entenderse como un producto mestizo del cruce entre el entorno religioso hebreo y la cultura helenista9.
La Biblia representa uno de los ejemplos más luminosos de diálogo intercultural e interreligioso entre Atenas y Jerusalén, entre cristianismo, judaísmo y helenismo, aunque no exento de conflictos e incluso de guerras. Un diálogo que debe proseguir hoy en su estudio e interpretación y del que es buen testimonio este trabajo de investigación interdisciplinar. También el Corán es un ejemplo de diálogo crítico y respetuoso con la Torá y el Evangelio, en el que se reconocen las afinidades sin por ello ocultar las diferencias.
Un testimonio ejemplo emblemático de diálogo entre culturas y religiones en del islam es la vida itinerante de Ibn al-Arabi, un ejemplo de intercomunicación religiosa y cultural es su extensa obra, que acusa influencias filosóficas múltiples y su experiencia de interespiritualidad como se pone de manifiesto en su poema “La religión del amor”:
“Capaz de acoger cualquiera
de entre las diversas formas
mi corazón se ha tornado:
es prado para gacelas
y convento para el monje,
para los ídolos templo,
Kaaba para el peregrino,
Es las Tablas de la Torá
Y es el libro del Corán.
La religión del amor
Sigo adonde se encamine
Su caravana, que amor
Es mi doctrina y mi fe”10 .
Teología feminista
El feminismo es otro de ámbitos en el que cristianismo e islam pueden encontrarse para construir una teología interreligiosa de la liberación. En ambas religiones se están desarrollando desde hace varias décadas importantes corrientes feministas, que cuestionan la organización patriarcal de sus respectivas instituciones, se oponen a la apropiación del espacio sagrado por parte de los sacerdotes e imames, critican el lenguaje androcéntrico de las teologías cristiana e islámica, denuncian el monopolio de los “clérigos” en la lectura e interpretación de los textos fundantes, la Biblia y el Corán, reclaman el derecho de las mujeres a acceder directamente y sin mediación de los varones a dichos textos, los consideran cauces de emancipación de las mujeres y los interpretan desde la perspectiva de género.
Para superar el fundamentalismo, el patriarcalismo y el androcentrismo, instalados en las cúpulas de las religiones y practicados con frecuencia en la lectura de los textos sagrados por los intérpretes oficiales, las corrientes feministas cristianas y musulmanas se guían por unos criterios o principios comunes que resumo en los siguientes. 1. Hermenéutica de la sospecha. 2. Relativización de la autoridad de los textos sagrados. 3. Hermenéutica de la proclamación 4. Hermenéutica de la memoria. 5. Hermenéutica de la actualización creativa. 6. Hermenéutica crítica de las imágenes patriarcales de Dios. 7. Articulación entre hermenéutica feminista y movimientos de emancipación. 8. Articulación de la categoría de género con otras categorías hermenéuticas.
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viernes, 5 de abril de 2013

JOSE ANTONIO PAGOLA 7 DE ABRIL 2013


Todos hemos conocido alguna vez momentos de alegría intensa y clara. Tal vez, sólo ha sido una experiencia breve y frágil, pero suficiente para vivir una sensación de plenitud y cumplimiento. Nadie nos lo tiene que decir desde fuera. Cada uno sabemos que en el fondo de nuestro ser está latente la necesidad de la alegría. Su presencia no es algo secundario y de poca importancia. La necesitamos para vivir. La alegría ilumina nuestro misterio interior y nos devuelve la vida. La tristeza lo apaga todo. Con la alegría todo recobra un color nuevo; la vida tiene sentido; todo se puede vivir de otra manera.
No es fácil decir en qué consiste la alegría, pero ciertamente hay que buscarla por dentro. La sentimos en nuestro interior, no en lo externo de nuestra persona. Puede iluminar nuestro rostro y hacer brillar nuestra mirada, pero nace en lo más íntimo de nuestro ser. Nadie puede poner alegría en nosotros si nosotros no la dejamos nacer en nuestro corazón.
Hay algo paradójico en la alegría. No está a nuestro alcance, no la podemos «fabricar» cuando queremos, no la recuperamos a base de esfuerzo, es una especie de «regalo» misterioso. Sin embargo, en buena parte, somos responsables de nuestra alegría, pues nosotros mismos la podemos impedir o ahogar.
Desde una perspectiva cristiana, la raíz última del gozo está en Dios. La alegría no es simplemente un estado de ánimo. Es la presencia viva de Cristo en nosotros, la experiencia de la cercanía y de la amistad de Dios, el fruto primero de la acción del Espíritu en nuestro corazón. El relato evangélico dice que «los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor».(LEER EL AVANGELIO)
Es fácil estropear esta alegría interior. Basta con encerrarse en uno mismo, endurecer el corazón, no ser fiel a la propia conciencia, alimentar nostalgias y deseos imposibles, pretender acapararlo todo. Por el contrario, la mejor manera de alimentar la alegría es vivir amando. Quien no conoce el amor cae fácilmente en la tristeza. Por eso, el culmen de la alegría se alcanza cuando dos personas se miran desde un amor recíproco desinteresado. Es fácil que entonces presientan la alegría que nace de ese Dios que es sólo Amor.
      
             

RESUCITAR LO MUERTO 
La muerte no es sólo el final biológico del hombre. Antes de que llegue el término de nuestros días, la muerte puede invadir diversas zonas de nuestra vida.
No es difícil constatar cómo, por diversos factores y circunstancias, se nos van muriendo a veces, la confianza en las personas, la fe en el valor mismo de la vida, la capacidad para todo aquello que exija esfuerzo generoso, el valor para correr riesgos...
Quizá, casi inconscientemente, se va apoderando de nosotros la pasividad, la inercia y la inhibición. Poco a poco vamos cayendo en el escepticismo, el desencanto y la pereza total.
Quizás ya no esperamos gran cosa de la vida. No creemos ya demasiado ni en nosotros mismos ni en los demás. El pesimismo, la amargura y el malhumor se adueñan cada vez más fácilmente de nosotros.
Acaso descubrimos que en el fondo de nuestro ser la vida se nos encoge y se nos va empequeñeciendo. Quizás el pecado se ha ido convirtiendo en costumbre que somos incapaces de arrancar, y se nos ha muerto ya hace tiempo la fe en nuestra propia conversión.
Tal vez sabemos, aunque no lo queramos confesar abiertamente, que nuestra fe es demasiado convencional y vacía, costumbre religiosa sin vida, inercia tradicional, formalismo externo sin compromiso alguno, «letra muerta» sin espíritu vivificador.
El encuentro con Jesús Resucitado fue para los primeros creyentes una llamada a «resucitar» su fe y reanimar toda su vida.
El relato evangélico nos describe con tonos muy oscuros la situación de la primera comunidad sin Jesús. Son un grupo humano replegado sobre sí mismo, sin horizontes, «con las puertas cerradas», sin objetivos ni misión alguna, sin luz, llenos de miedo y a la defensiva.
Es el encuentro con Jesús Resucitado el que transforma a estos hombres, los reanima, los llena de alegría y paz verdadera, los libera del miedo y la cobardía, les abre horizontes nuevos y los impulsa a una misión.
¿No deben ser nuestras comunidades cristianas un lugar en el que podamos encontrarnos con este Jesús Resucitado y recibir su impulso resucitador? ¿No necesitamos escuchar con más fidelidad su palabra y alimentarnos con más fe en su Eucaristía, para sentir sobre nosotros su aliento recreador?

¿Corre peligro la vida del Papa Francisco?

Leonardo Boff, teólogo brasileño.
* Inquietantes declaraciones del teólogo Leonardo Boff, quien advierte que donde hay poder no hay amor y que los grupos fundamentalistas del Vaticano deben estar muy disconformes; además recordó la “súbita muerte” de Albino Luciani, el Papa Juan Pablo I
¿Está diciendo que el papa Francisco correría peligro? Es la última pregunta de una entrevista que el periodista de La Nación, de Costa Rica, Álvaro Murillo, realizó al ex sacerdote y teólogo brasileño, Leonardo Boff, quien está de visita en el país vecino.
Boff, de 74 años, aparte de ser además filósofo, escritor, profesor y ecologista, es archirreconocido por ser cofundador de la Teología de la Liberación, una opción por los pobres de la que abjuraron muchos que decían abrazarla en los años 80 y 90.
La pregunta de Murillo estuvo precedida por otra donde le preguntaba si la gestión de Francisco, signada por la humildad, le impulsaría a irse a vivir afuera del Vaticano.
Boff ofreció una respuesta demoledora: “Como Juan Pablo I, que, dos días antes de morir, reunió a los cardenales y les anunció eso; dos días después, apareció muerto”.
Y respondió de manera contundente la última interrogante sobre el peligro que correría la vida del Papa Francisco.
“Es un peligro, porque hay una historia en el Vaticano de muchos asesinatos, hace mucho tiempo. Él debe tener cuidado porque donde hay disputa del poder no hay amor, y el poder siempre busca más poder.
“Debe manejar eso para hacer una reforma sin provocar un cisma. Las bases de los dos papas anteriores eran fundamentalistas, como Opus Dei o Comunión y Liberación, o los Caballeros de Cristo. Esos grupos deben de estar muy disconformes con el nuevo Papa, que es más de base social”.
No es la primera vez que Boff hace declaraciones explosivas. Sus andanzas a favor de los pobres le costaron en 1985, la condena de un año de silencio o suspensión a divinis, por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida entonces por el anterior Papa, Joseph Ratzinger. Siete años después, ante otra conjura en su contra, abandonó los hábitos.
Desde entonces confirmó su anti vaticanismo, que actualmente parece revertida por su entusiasmo ante la elección de Jorge Mario Bergoglio, “tan jesuita como él”, señala el periodista costarricense.
¿Por qué el cambio? “Su nombre, Francisco, es más que un nombre, es un proyecto de Iglesia. Reconstruye una Iglesia que está en ruinas, por los escándalos sexuales, del banco del Vaticano, peleas internas. Es providencial que sea un jesuita, muy bien formado y con las virtudes de San Francisco, con la sencillez y la opción por los pobres.
“Viene del tercer mundo, donde vive el 60% de los católicos, mientras Europa es una región agonizante. Él puede traer un vigor nuevo a la Iglesia, una esperanza nueva y ya ha dado señales muy claras de que será diferente. Ya dijo que los pastores deben tener olor de ovejas, no de palacios, de altares y sacristías. Es una Iglesia de siempre. Él será más pastor que doctor.
Murillo le consulta si Francisco podrá hacer los cambios que desea, con las mismas autoridades del papado anterior.
“Él tiene que intervenir, usar ese poder de la monarquía absolutista. Tiene la capacidad de intervención en el cuerpo enfermo de la Iglesia, en su cáncer. Si no lo hace, no tendría sentido su nombre.
“El problema es que la Iglesia perdió totalmente la credibilidad y está universalmente desmoralizada. Él fue elegido para rescatar esa credibilidad en esta crisis interna. Él se siente obligado a una reforma profunda ante los errores de la Curia”.
“Tal vez esa sea la única ventaja de ser una monarquía absolutista. Tiene poder absoluto e inmediato. Puede quitar a un cardenal, transferir a un arzobispo, y puede excomulgar a personas del más alto nivel. Quizá sea la única ventaja de ser una dictadura.
Boff señala que el Papa Francisco siempre ha preferido a los pobres no por filantropía, sino por justicia. Indica además que la mayoría de cardenales y obispos son muy devotos del Papa y lo ensalzan y tal, por lo que es momento de que lo imiten y se despojen de los títulos de palacio.
“Ya él dijo que ‘el carnaval se terminó’, cuando quisieron ponerle los ropajes. Esto es un escándalo. Con toda esa solemnidad y hábitos, más bien parece el carnaval de Río. Yo soy uno que voy a recordar que imiten al Papa. Si no lo hace, es señal de que rompen con él y su papado.
Consultado si el actuar del Papa Francisco está inscrito en el eje central de la Teología de la Liberación, indicó que sí y agregó que “estamos muy felices y no importa que utilice, o no, las palabras “Teología de la Liberación”. Nos importa su solidaridad y su autoridad moral por lo humano y por la Tierra.
¿Sabía el Consejo Cardenalicio a quién elegía? “Sospecho que los cardenales europeos estaban avergonzados. Sabían que no podía ser uno de ellos”, señala.

Pascua cristiana José Arregui, teólogo

Pascua significa “paso”, el paso de la vida a la Vida. Como otras sociedades de agricultores y pastores, los antiguos hebreos celebraban la primera luna llena de primavera: los agricultores comían pan nuevo sin levadura; los pastores, carne de los primeros corderos. La vida revivía, y había que agradecerla. La vida es inmortal, sí, pero frágil, y hay que cuidarla. Eso es la Pascua.
Muchos siglos después, los hebreos añadieron a su fiesta un sentido histórico: el recuerdo de sus antepasados que, guiados por Moisés, se libraron del yugo del faraón. Un Ángel Liberador pasó por las puertas de sus míseros hogares, marcándolas con el signo de la vida y de la libertad. Atravesaron el Mar Rojo y caminaron por el desierto en la esperanza de una tierra que mana leche y miel. Eso es la Pascua: la memoria de la liberación y la esperanza en camino hacia una nueva tierra todavía por alcanzar.
Vino Jesús de Nazaret y su vida fue toda entera pascual, pues pasó la vida haciendo el bien. Liberó a los oprimidos, curó a los heridos, compartió la mesa con justos y pecadores, fue hermano de todos. Encarnó a Dios, pues Dios es el nombre de la Compasión rebelde, solidaria y sanadora en el corazón de la vida. Por eso le mataron. No murió por decreto divino, ni para “expiar” ante Dios las culpas de la humanidad, sino porque pasó la vida liberando la vida y curándola.
Muchos habían visto en él al profeta de los últimos tiempos, el amanecer de un mundo transfigurado, y le habían seguido por los caminos de Galilea, atestados de mendigos y de enfermos. La muerte en cruz de Jesús golpeó la fe de sus seguidores, pero no la destruyó. María de Magdala, Pedro y muchos más proclamaron que Jesús estaba vivo, pues la vida que se da no puede morir en la tumba. La bondad feliz resucita en Dios, es Dios mismo: el Corazón glorioso de la Vida. Y eso es la Pascua: la victoria del bien, aunque solo sea una semilla o un trocito de levadura.
Luego la teología complicó inútilmente lo que es tan simple y real, tan universal como el bien y la vida. Pusieron el acento en cosas que no habían tenido importancia alguna ni para Jesús ni para sus primeras discípulas y discípulos. Entendieron la resurrección como un hecho histórico y físico sucedido en Jesús por primera y única vez: la súbita desaparición del cuerpo, el sepulcro vacío, la reanimación del cadáver en el más allá, las apariciones físicas solo a unos cuantos… La Pascua pasó a ser un hecho singular del pasado. La fe pascual consistió en “creer que” Jesús resucitó físicamente de la tumba y que sus discípulos lo vieron y comieron con él pan y pescado.
Pero la Pascua no es eso. No es ése el corazón del mensaje ni de la fe pascual. No fueron un sepulcro vacío o unas apariciones físicas las que llevaron a María de Magdala y a Juan, a Pedro y Pablo y tantas y tantos otros a confesar que Jesús vive. Fue la memoria sanada la que trocó las lágrimas en amor más despojado y más fuerte, el desengaño en esperanza contra toda esperanza. Fueron los ojos del corazón los que lo reconocieron presente en el caminante, en el huésped, en el pan compartido.
Así nació la fe pascual, y sigue naciendo en nosotros cada primavera y cada día. “Santo y feliz Jesucristo” cantaron los primeros cristianos, y aún seguimos cantando, pues en él reconocemos la vida que merece la pena, la vida buena y feliz, la vida humana y divina. Y humildemente seguimos diciendo, a pesar de todo: “El Crucificado vive. Su bondad samaritana vive. Su profecía valiente y arriesgada sigue vigente a pesar de la cruz sangrienta y de la tumba cerrada. Dios vive. Dios es la Bondad poderosa y creadora, como un permanente Big Bang, como un infinito corazón palpitante. Dios es el nombre del poder de la ternura. En él vive el Crucificado, y todas las criaturas crucificadas. La Vida no muere, todos los sepulcros están vacíos, la Compasión es más fuerte que todas las cruces”.
Feliz Pascua, pues, amiga, amigo. Que tu vida sea buena y feliz.
José Arregi
Para orar.
BIENAVENTURANZAS DE LA RESURRECCIÓN
“Felices quienes mueren cada día al egoísmo y renacen a una vida nueva. Quienes estén persuadidos de que el odio, la guerra, la maldad y la sinrazón jamás podrán vencer a las fuerzas de la vida.
Felices quienes saben descubrir entre las realidades de la muerte del mundo de hoy signos de vida y esperanza.
Felices quienes alcanzan la convicción, desde su compromiso vital, de que tras las derrotas cotidianas está latiendo la victoria de la vida.
Felices quienes riegan gotas de vida, quienes siembran semillas de vida, quienes alientan deseos de una vida en plenitud.
Felices quienes han logrado percibir, detrás de la muerte de millones de inocentes, el dolor, la rebeldía, la audacia, la llamada a una entrega absoluta por la vida.
Felices quienes han transformado su existencia por los testimonios de los que han derramado su sangre por la vida de otros seres humanos.
Felices quienes creen en el Dios de la vida. Y quienes creen en una nueva humanidad que pueda ser feliz y disfrutar de la vida. Unos y otros, juntos, lograrán que triunfe la pasión por la vida, otra tierra más llena de vida.
Felices quienes descubren paso a paso en su vida que la última palabra no la tiene la muerte, sino la resurrección”+
(Miguel Ángel Mesa).