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miércoles, 2 de febrero de 2022

EL SÍNODO Y EL CONCILIO DE JERUSALÉN

FE ADULTA

col haya

 

El amigo Santiago Villamayor encabeza su artículo sobre los falsos supuestos (los errores subyacentes) en el Documento Preparatorio del Sínodo con una cita sobre el llamado concilio de Jerusalén tomada del nº 23 de este documento (Atrio 28.01.22).

Creo que es un acierto de este documento, y de Santiago, el comparar la situación actual de la Iglesia con la situación planteada por Pablo y la comunidad de Jerusalén, que consideraba una infidelidad el incumplimiento de la Ley dada por Dios a Moisés.

Recomiendo a los interesados que lean los capítulos 10 y 15 del Libro de los Hechos de los Apóstoles y que se centren en el mensaje que Lucas quiere transmitirnos, aunque lo haya fabulado al estilo de la época como fabuló la venida del Espíritu en Pentecostés (que el evangelio de Juan narra con toda sencillez en Jn 20,22). Lo que Lucas presenta como visiones de ángeles que hablan podemos interpretarlo como ideas o imágenes que surgen en nuestra conciencia. Me arriesgaré a explicar este episodio en términos más actuales.

Pablo había experimentado que el peso de la Ley era el mayor inconveniente para que los paganos acogieran el mensaje salvador de Jesús, porque comprendió que este mensaje no se basaba en el esfuerzo humano de cumplir unas normas sino en la oferta gratuita del amor de Dios (que él formuló teológicamente como la fe en Jesús).

La Iglesia de Jerusalén, fiel al judaísmo, sentía que prescindir de la Ley de Moisés significaba romper la Alianza a la que Yahvé había condicionado la salvación. Hay que reconocer que no constaba claramente, ni a unos ni a otros, que Jesús hubiera renunciado a la Ley.

Sí constaba lo que había dicho que “El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado” (Mc 2,27). Esto puede resultar demasiado abstracto, pero Jesús lo concretó curando en sábado (aunque podría haber retrasado la curación para el día siguiente) y declarando  que no hay alimentos impuros sino que la impureza sale del corazón del hombre (Mc 7,14-23; Mt 15,10-20).

Sin embargo parece que Pedro no había entendido esta enseñanza tan explícita hasta que le ocurrió la visión citada en Hechos c.10, que le decía que comiera de aquellos animales (entonces recordó y reelaboró esta idea en su conciencia).

Marcos, el evangelio más radical, simboliza el rechazo del Templo y de la Ley en la parábola de la maldición de la higuera, que sería totalmente absurda si se toma al pie de la letra que Jesús maldijo a una higuera porque no le daba higos fuera de su tiempo (es muy ilustrativo comparar las versiones de Mc 11,12-5; 18,19; con Mt 21,18-21; y Lc 13,6-9). Sin embargo tanto Pedro como el apóstol Juan seguían subiendo al Templo “para la oración de media tarde” (Hechos 3,1).

En este conflicto entre Pablo y Santiago, entre las comunidades paganocristianas y judeocristianas, Lucas sitúa a Pedro como mediador. Pedro se siente impulsado por el Espíritu (por su conciencia iluminada por el Espíritu) a aceptar la llamada del centurión Cornelio, superando la prohibición de entrar en casa de una pagano; y al escucharlo reconoce “Ahora comprendo verdaderamente que Dios no es parcial, sino que acepta a quien lo respeta y procede honradamente, de cualquier nación que sea” (Hechos 10,34) y repite este testimonio en la asamblea de Jerusalén añadiendo “Pues ahora ¿por qué tentáis a Dios imponiendo al cuello de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos sido capaces de soportar?” (Hechos 15,10).

Creo que estos textos, y otros que se podrían citar, nos muestran el difícil equilibrio en que se movió Jesús, y en el que se mueve hoy la Iglesia, entre la importancia del cumplimiento de unas normas tradicionales y la confianza en el amor gratuito e incondicional que Dios nos muestra, y que nos pide ejerzamos con nuestros hermanos.

Jesús no rechazó explícitamente la Ley de Moisés pero, prescindió de ella cuando le impedía actuar en beneficio de judíos o paganos y, según Marcos, murió repitiendo el salmo 22 (21) “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”.

Para terminar esta comparación entre el Sínodo convocado por el Papa y el llamado concilio de Jerusalén, digamos que Santiago Villamayor se siente proféticamente movido como Pablo a reclamar una libertad ante las creencias y las leyes establecidas en la Iglesia; la curia clerical que acosa al Papa, interesadamente o de buena fe, ejerce el papel de Santiago que preside la comunidad de Jerusalén; y Francisco, como Pedro, trata de dar testimonio en favor de esta libertad proclamando una “Iglesia en salida” hacia toda la humanidad.

¿Cuál es nuestro papel? El Papa aconseja el discernimiento que cada uno debe ejercer para escuchar en su conciencia lo que el Espíritu le inspira a su comunidad y a él mismo, ya sea el mantenimiento de unas normas tradicionales o la superación de esas normas para acoger a otros hermanos, que buscan otros modos de comprender y vivir la Trascendencia.

Para Dios no hay acepción de personas, y Jesús puso como ejemplo al buen samaritano; y en la fe (confianza) de la mujer cananea (Mc 7,25-30) comprendió que la salvación (fraternidad) del Reino de Dios se extendía también a los paganos.     

La Iglesia no es el Reino, es un camino para extender el Proyecto de Jesús, el plan de Dios desde la creación, el Reino de la fraternidad universal.

 

REACCIONAR CRISTIANAMENTE ANTE LA PEDERASTIA: "A LA IGLESIA HAY QUE EXIGIRLE MÁS QUE A NADIE"

RELIGIÓN DIGITAL

col faus

 

Por desgracia es casi seguro que el tema de la pederastia continuará, y ojalá pudiera añadir que “solo durante un tiempo”. La historia se ha cansado de mostrarnos que no es la amenaza de fuerza lo que evita los crímenes (aunque sea el recurso del que más echamos mano), sino más bien la configuración humana auténtica de las personas. Eso me hace temer que muchas veces reaccionamos con dureza no para cambiar al otro sino para sentirnos inconscientemente superiores a él. Creo por eso que algunas de las reacciones que presenciamos ante este drama no son del todo incompletas, aunque puedan ser muy comprensibles. Y es posible que una mirada a Jesús nos ayude a completarlas.

Jesús se suma a todas nuestras condenas, pero no comparte del todo nuestro modo de reaccionar: por un lado proclama que, a quien escandalice le valdría más que “le colgasen al cuello una rueda de molino y lo echaran al mar”. Bien duro y de acuerdo con nosotros. Pero inmediatamente añade que si tu hermano peca contra ti y se arrepiente, le perdones; y si peca siete veces al día, perdónale siete veces (cf. Lc 17, 1-4). ¿Hemos reaccionado así hasta ahora?

1.- Una primera dificultad para eso es que nuestra necesidad de conocer (y hablar) en abstracto y por universales, nos impide acercarnos a los casos concretos y particulares. Veámosla:

No es lo mismo una caída ocasional que, a lo mejor, ha amargado mucho a su autor, que una doble vida hipócrita y prolongada. Ni que la lucha de quien tiene alguna tara en su psiquismo (quizás consecuencia de otro abuso sufrido de niño). Ni que la mentalidad de quien fue falsamente educado y no cree obrar mal: ya comenté en otro sitio la declaración de más de 50 intelectuales franceses en defensa de la pederastia en 1977; y mi estupor ante un señor que me decía que los pederastas son hoy unas víctimas como fueron antaño los homosexuales y que, en el futuro, se hablaría de la “pederofobia”. Debo confesar que no sé si fue mi reacción la que le hizo desaparecer y ya no he vuelto a saber de él.

Todas estas variantes (y otras) se dan en los casos particulares. Y nosotros no podemos encarar el problema con una simple calificación abstracta (abuso, pederastia…): porque lo que existe son casos concretos, no universales abstractos. Si la medicina suele decir hoy que no hay enfermedades sino enfermos; la ética debería añadir que no hay pecados sino pecadores.

Todo esto complica mucho las cosas, pero es la única manera de resolverlas bien. Y de hecho, así es como intenta actuar la justicia humana ante todo tipo de crímenes.

2.- En segundo lugar, hay que repetir una vez más que la pederastia clerical no es la única que existe sino solo una pequeña parte, aunque sea la más grave y más escandalosa: porque a la Iglesia hay que exigirle más que a nadie y ella misma debe exigirse más que nadie. Esto se ha dicho tantas veces que basta con volverlo a evocar, aun temiendo que seguiremos sin hacerle caso.

3.- Pero eso obliga a concluir que, tal como está hoy el escándalo, la Iglesia es la que está más obligada a informar y ser transparente ante la sociedad. Cuando el daño es grande y la víctima lo hace público, ya no vale aquello de que “la ropa sucia se lava en casa”, que es el criterio que estuvo en vigor hasta hace muy poco. Hoy podemos decir que ocultar el pecado es casi tan grave como cometerlo.

Por eso no comparto la afirmación del secretario de la Conferencia Episcopal Española, cuando declaró que en España no vale la pena investigar porque “son solo unos pocos casos”. ¡Precisamente esa sería la mejor razón para hacer una investigación e informar bien! Ni comparto la actitud todavía reticente de algunos obispos, que puede causar escándalo. Deberían comprender que Juan Pablo II, tratando de ocultar las atrocidades de Maciel, hizo a la Iglesia casi tanto daño como aquel degenerado.

Pero también me duele que se haya acusado al secretario de la CEE de que sus palabras “son ya mala fe” (cita literal). Por favor, no seamos simplistas: esa es reacción de ira ciega más que de justicia humana, de ganas de azotar más que de comprender. Porque parece mucho más claro que la afirmación de Msr. Argüello es una reacción de miedo, casi diría de pavor, más que de mala fe. Y ese miedo también deberíamos analizarlo para buscar si es pura cobardía o tiene otras causas que lo harán comprensible, aunque no lo justifiquen; por ejemplo: aquella “cristianofobia sutil” que una no creyente como Pilar Rahola detectaba en muchos medios de comunicación.

Y para ser completos añadamos que, además de una cristianofobia en la sociedad, hay también una especie de “episcopalgia” en la Iglesia española.  Quiero decir que un fruto de esta crisis de los abusos podría ser que la Iglesia revise seriamente su modo de designar a los obispos, volviendo a su tradición más primitiva. Últimamente se han conocido desavenencias de Juan Pablo II con figuras como Tarancón y Díaz Merchán, por temas como citar el nombre de Dios en la Constitución, existencia de un partido cristiano y beatificación de mártires de la guerra civil, donde ellos eran partidarios del no, y Wojtila del sí.

No sé si se ha estudiado el influjo de los nombrados por el binomio Wojtila-Tagliaferri (nuncio) en la posición de muchos obispos españoles en temas como el de la pederastia. Pero puede que no venga mal recordar las palabras de dos concilios ecuménicos (V de Letrán y Trento) avisando que los papas, en el juicio final, darán cuenta a Dios de aquellos a quienes promovieron al episcopado, si miran más su propio interés u otras ambiciones humanas, que el bien de las iglesias a las que han de servir.

Me entendería mal quien viera en esto una crítica al papa Wojtyla: incluso escribí un librito en defensa suya. Solo quiero decir, citando a Ortega (“yo soy yo y mi circunstancia”), que por papa que fuera Wojtyla, también era “él y su circunstancia” como somos todos. En el juicio y el trato con las personas, debemos saber que no tratamos solo con otro yo, sino también con otra circunstancia. Desconocer esto hace imposible la convivencia.

4.- Por estas razones me parece admirable la conducta de la conferencia episcopal francesa. Pero quisiera declarar también que no es lo mismo la información y la petición de perdón, que el compromiso de indemnizar económicamente, que podrá ser aplaudido como expresión de un dolor impotente, pero no puede ser exigido. No tendría sentido, por ejemplo, pretender que el ministerio de educación de un país está obligado a indemnizar económicamente a cada persona abusada por un profesor; o el ministerio de deportes a cada persona abusada por algún entrenador (como supimos que había ocurrido con todas las integrantes del equipo de gimnasia de EEUU, gracias al caso de Simone Biles en las pasadas olimpíadas de Japón). He conocido ya chantajes cometidos ante alguna institución religiosa, reclamando dinero para no llevar el caso a juicio.

¡Cuidado, por favor! Que no entre el dinero en este problema porque lo corromperá todo. La sabiduría popular dice que “lo que se arregla con dinero no es tan grave”; y esto contradiría la insistencia en el gran daño psicológico que producen los abusos. Incluso pretender que esto se arregla con dinero ofende la dignidad de las víctimas de los abusos, como si fueran solo casos de prostitución. En todo caso, sería mucho más fecundo dedicar ese dinero indemnizador a crear algún tipo de institución que ayude a las víctimas a reconstruirse, o a pagar tratamientos psicológicos etc.

5.- Finalmente, mirando la segunda parte del texto antes citado de Lucas hay que pensar también en la reconstrucción del abusador: pues, aunque a veces no lo parezca, el autor del mal se hace más daño a sí mismo que a la víctima.

Hay otra escena en los evangelios en la que Jesús escandaliza a los que hoy llamaríamos progres o de izquierdas, y es el pasaje de Zaqueo: de la inmensa riqueza de aquel hombre da idea la oferta que hace de dar a los pobres la mitad de su fortuna y devolver el cuádruple a los que había estafado (que serían bastantes). Pero Jesús, que tan duramente hablaba contra los ricos, recuerda a las gentes: “también este es hijo de Abrahán” (Lc 19,9).

También el abusador es hijo de Dios y hay que desear que rehaga su filiación. Ello exige, otra vez, conocer los casos concretos: si es una pobre víctima de su poca fuerza de voluntad, si es un perdido, o un caso patológico de doble personalidad, o si resulta que él también fue una víctima de niño, o si hay en su vida otras páginas de bondad a las que recurrir para que pueda rehacerse… O incluso conocer también las denuncias falsas que, como las meigas: “haberlas haylas”.

Por esta razón (y respetando lo que se ha hecho en otras partes) no pienso dejar de seguir cantando aquello de “Tú has venido a la orilla”…, que tan hondo ha llegado a muchos, pese a la indignación que me produce el que su autor fuera también autor de abusos: porque (con los datos que tengo hoy) pienso que sus canciones fueron sinceras, a pesar de la otra cara de su moneda. Los hombres no somos solo buenos o malos, sino una mezcla de posibilidades de bien y posibilidades de mal, que cuajan en uno u otro lado por una mezcla de mi libertad y lo que Ortega llamaba “mi circunstancia”.

La iglesia primera no rechazó como líder a un Pedro arrepentido porque hubiera negado públicamente tres veces al Señor. Ojalá esto ayudara a otros pederastas a sentir vergüenza de sí mismos, a pedir un perdón tan anhelado como el del salmo 51, y a buscar (como decía el canto citado) “mi cansancio que a otros descansa”.

6- Creo además que, si conseguimos que se den estos procesos de conversión, pueden ayudar también a lo más importante de este drama, que es la reconstrucción de las víctimas, si les ayudamos a comprender que más que víctimas de un tirano fueron víctimas de una piltrafa humana: sobre todo si la vergüenza y la petición de perdón del abusador les restituye su dignidad, maltratada y herida, pero superior a la de su maltratador.

7.- Me permitiré ahora aplicar lo anterior a las acusaciones recientes contra Benedicto XVI por haber mentido cuando era arzobispo de Munich.

Quienes me conocen o han leído saben que estoy bastante lejos de la teología última de Ratzinger. No creo pues hablar en defensa de un amigo, sino en defensa de la justicia. Y me parece importante señalar estos dos rasgos.

a.- Ratzinger fue arzobispo de 1977 a 1981: era la época en que estaba vigente la Declaración antes citada de los intelectuales franceses sobre la legitimidad de la pederastia y, para quienes no admitieran eso por ser cristianos, la mentalidad de que la ropa sucia se lava en casa. Juzgar, y culpabilizar aquellas conductas de hace cuarenta años con la mentalidad de hoy, me parece sencillamente injusto: sería como acusar de asesino a un juez por haber dictado una pena de muerte en los años cincuenta, cuando esa pena pasaba como legítima.

b.- Cuando presidía la congregación de la fe, Ratzinger fue el primero en expulsar del ministerio a curas y religiosos abusadores. Casi lo primero que hizo al ser nombrado papa fue obligar a retirarse al nefasto Marcial Maciel, protegido de Juan Pablo II. En 2019 Benedicto XVI denunció en un artículo que la Iglesia había protegido demasiado a los curas inculpados de pederastia, tachando esa protección de “garantismo”…

Al evocar estos datos solo quiero indicar que cuando alguien tiene cosas buenas y malas, no se pueden absolutizar y exclusivizar estas prescindiendo de aquellas. Y más si las fechas muestran que ha habido una evolución coherente con la evolución de la sociedad desde 1977 hasta hoy. Por poner un ejemplo ajeno a estos temas: no me gusta que se condene globalmente a Arnaldo Otegui (y me he ganado algún bofetón por eso). Pues, aunque rechazo el que Otegui no sea capaz de condenar como criminales muchas acciones de ETA, creo que ha tenido mucho que ver en el paso de los independentistas vascos de las parabellum al parlamento. Y ese es un mérito muy de agradecer.

La última ironía de todo esto es que Ratzinger no será canonizado por esa mentira, y Wojtyla, mucho más culpable por garantista, está ya en los altares. Y lo está por haberse saltado los plazos canónicos exigidos para una canonización. Aquel nefasto y astuto grito de “santo súbito” ha hecho más daño a la iglesia que todos los silencios de Ratzinger. A parte de eso, aspiro a que un día un nuevo derecho canónico declare que los papas no pueden ser canonizados (por santos que hayan sido), exactamente como hacen por humildad los cartujos. Porque, además, los santos son para darnos ejemplo e interpelarnos. Y quien está en una situación distinta a la del común de los mortales poco podrá interpelarnos. (Los pocos cartujos canonizados pudieron serlo porque habían pasado  a ser obispos).

8.- Para acabar, otras dos cosas.

Los que he comentado no sé si serán todos los casos. Ni siquiera sé si serán la mayoría. Pero creo que estos no hay que dejarlos escapar porque tienen una gran fuerza reconstructora. Y porque, para juzgar un hecho, hay que considerar todos los factores que intervienen y no solo algunos. Eso significa la expresión griega kat-holon (de donde viene la palabra católico), la cual no significa “total” (cuantitativamente), sino “completo” (cualitativamente).

Y, por supuesto, estas líneas no pretenden acusar a nadie, sino ser solo una aportación para el diálogo sobre una tragedia que habríamos de intentar resolver entre todos.

 

HABITAR LA TIERRA: ¿CUÁL ES EL CAMINO PARA LA FRATERNIDAD UNIVERSAL?

 col boff

 

Estamos ante una triste constatación: el tipo de mundo en el que vivimos es todo menos fraternal. Lo que predomina es el poder, que desde el inicio establece una división entre quien tiene poder y quien no tiene poder. Se trata del poder-dominación, político, económico, ideológico, mediático, también familiar, y otros. De esta división nacen toda suerte de desigualdades: unos imponiéndose a los demás, la mayoría situada en el piso de abajo y unos pocos en el piso de arriba.

La desigualdad significa injusticia social, que éticamente es inaceptable. Para las personas de fe, la injusticia social es un pecado contra el Creador porque le ofende a Él y a sus hijos e hijas. Por lo tanto, estamos en una situación que no nos agrada a nosotros y tampoco agrada a Dios.

Es intensa la búsqueda humana de una sociedad libre, igualitaria, justa y fraterna. En nombre de ella se hicieron las grandes revoluciones, siempre derrotadas, pero nunca vencidas definitivamente, pues el anhelo humano de libertad, igualdad y fraternidad es imperecedero. Siempre habrá personas y movimientos sociales que mantendrán vivo ese sueño y tratarán de concretarlo en la historia.

Son muchos los motivos que fundan la fraternidad. En primer lugar, todos somos portadores de la misma humanidad, poco importa el origen, el color de la piel, la religión y la visión de mundo que tengamos. Todos tenemos el mismo código genético de base, presente en todos los seres vivos: los veinte aminoácidos y las cuatro bases nitrogenadas. Dicho en lenguaje pedestre: estamos construidos de 20 ladrillos diferentes y cuatro tipos de cemento. Los ladrillos combinados y amalgamados con los varios tipos de cemento producen la biodiversidad. Lo cual quiere decir que existe un lazo de fraternidad real entre todos los seres vivos y especialmente entre los humanos. La fraternidad es universal, incluida la naturaleza.

Otra razón de la fraternidad es el hecho de que todos los seres, también los humanos, tenemos algo en común: venimos del barro de la Tierra. Homo, ser humano, procede de humus, tierra buena y fértil. De la misma forma, nuestro antepasado bíblico Adán, se deriva de adamah, que quiere decir: tierra arable y fecunda. De ese barro el Creador nos sacó y moldeó como sus criaturas, todos hermanados entre sí.

Estas raíces comunes nos invitan a vivir en fraternidad universal e ilimitada. Este fue el sueño de Jesús, que advirtió que nadie sea llamado maestro porque todos somos hermanos y hermanas. La fraternidad sin fronteras fue la búsqueda ardiente de San Francisco de Asís, que llamaba a todos los seres de la naturaleza con el dulce nombre de hermanos y hermanas. Fue a conversar con el sultán musulmán en Egipto porque quería una fraternidad universal que implicaba incluir a cristianos y no cristianos. Es el gran sueño de Francisco de Roma, el Papa actual, que ha escrito una valiente encíclica Fratelli tutti, “todos hermanos y hermanas”, como respuesta a un mundo globalizado que crea socios, pero no hermanos y hermanas, que nos hace virtualmente próximos, pero realmente distantes por causa de la riqueza de algunos a costa de la pobreza de muchos.

Dentro del mundo actual, fundado en el poder-dominación sobre personas, sobre pueblos y sobre la naturaleza, la fraternidad  universal no tiene condiciones para realizarse. Sin embargo, si bien no parece viable, ella puede ser una actitud permanente, un modo de ser, un espíritu que impregne todas las relaciones entre las personas, y también las institucionales, de participación igualitaria y cooperativa. Todo eso a condición de renunciar al poder-dominación y de tener humildad, no como una virtud ascética, sino como un mojar nuestras raíces en el mismo humus de donde la naturaleza y nosotros aseguramos nuestra existencia, viendo en cada ser y en cada persona, un hermano y una hermana, con el mismo origen y el mismo destino. Entre hermanos y hermanas hay amor, cuidado y un sentimiento profundo de pertenencia.

Ante las graves amenazas que pesan sobre la Madre Tierra superexplotada y la ruptura del tejido social de las naciones, la fraternidad sin fronteras, como un nuevo tipo de presencia en el mundo, nos podrá salvar. Este libro 'Habitar la Tierra: cuál es el camino para la fraternidad universal' quiere traer a debate la urgencia del amor social y de la fraternidad universal, por lo menos como un modo de ser tierno y despojado de la voluntad de poder-dominación, creando un lazo de afecto y de cuidado entre todos los seres del mundo natural y del mundo humano.

Traducción de Mª José Gavito Milano

UN CRISTIANISMO POST-INSTITUCIONAL


col bennasar

FE ADULTA

«Vuestras noticias confirman lo que hace tiempo observo y experimento, algo que está ocurriendo en gran parte de Europa: una transición cultural y espiritual hacia una forma emergente de Cristianismo post-institucional. Creo que estáis experimentando el futuro y es inspirador asomarse a él a través de vuestra experiencia. Además de experimentarlo, le estáis dando forma y sustancia.»

Esta madrugada nos llegaba esta nota, desde California, de una compañera de comunidad: Fran es Historiadora y Analista y convivió mucho tiempo con la mujer que fundó en 1970 la comunidad a la que pertenecemos: Hermanas Para la Comunidad Cristiana. Fran tiene varios doctorados y es una mujer de pocas palabras, va al grano, casi siempre se olvida de saludar y despedirse… está en lo que está. Digo esto porque si hay alguien que apoya nuestro trabajo, esa es Fran. Casi sin palabras.

Por esto recibir esa nota, ha sido revelador. Que te digan desde fuera lo que ven es una riqueza y una responsabilidad. Somos muchas las personas que Escuchamos al Espíritu para ir dando forma a esa nueva manera de vivir según el siglo XXI, dando cuerpo a un Cristianismo post-institucional.

Ella se refiere a la Comunidad de Magdala. Ese regalo de María de Magdala que nos hizo de una forma concreta dándonos la fuerza para iniciarla en Julio de 2021.

Esa comunidad compuesta de laicos, religiosxs, y ex-religiosas, está emergiendo con sencillez y fuerza. Vemos como las personas, somos 20 ahora y algunas en proceso de pertenencia, vamos adquiriendo autonomía y gozo en un proceso que se basa en una experiencia fundante de sabernos hijxs de Dios, con todas las características que esta identidad aporta: independencia, autodeterminación, asertividad, humildad evangélica para compartir y valorar lo recibido: lo propio y lo de las demás personas.

Un Cristianismo post-institucional requiere de personas que sean conscientes de su llamada desde un Bautismo compartido con el de Jesús, que también sobre nosotrxs pronuncia «Tú eres mi hijx amada, en ti me complazco».

Combinación de encuentros online y presenciales, cuando se puede. Diferentes países y continentes. Respeto, cariño, escucha y transparencia en un compartir la fe, los bienes cuando ha habido necesidad por ejemplo con una Misión empobrecida que asiste un Salesiano en Argentina, miembro de la comunidad de Magdala, y últimamente con nuestras hermanas víctimas del Tifón Ray en Filipinas, en su Granja ecológica destruida totalmente, junto con las dependencias donde viven las hermanas y 85 becarios universitarios que ellas alimentan con el fruto de la granja.

Un Cristianismo post-institucional requiere de personxs que nutren su interioridad y escuchan la palabra creadora de vida para hoy. Personas que conscientes de nuestra limitación y potencial, nos abramos a un acompañamiento en comunidad y personal cuando es necesario, que nos conduce a caminar como discípulxs, y sin tapujos, ofrecer la Palabra pasada por el corazón y hecha carne, donde vivimos.

Un Cristianismo post-institucional clama por una madurez y respeto como adultxs en un mundo donde somos artífices, y donde respetando el pasado y la tradición, bregamos contra corriente por un futuro más ecológico, más igualitario y más digno para todxs.

Un Cristianismo post-institucional fomenta la consulta en la toma de decisiones en un discipulado de iguales donde lo que se acentúa no es la uniformidad sino la riqueza en la variedad que constituimos ese cuerpo-comunidad.

¿Dudas de fe? ¿De qué fe estamos hablando? Fe en una institución que cuando la mayoría de mujeres nos hemos ido nos proponen ¿¿¿el ministerio de la catequesis??? o una sinodalidad que posiblemente si se llevara a término provocaría un cisma, como se vislumbra en Alemania versus Roma?

Queremos que nos traten como adultxs, y si esto no ocurre, y efectivamente no ocurre, el Espíritu abre espacios oxigenados, sin máscaras, ventilados y presenciales, donde cada persona es respetada y escuchada y acompañada por las demás.

Claro, estas cosas no son noticia. Pero para lxs anawim, lxs sin recursos, esto es vida, porque los recursos del Espíritu ofrecen la luz que el evangelio de Marcos nos indica, no la escondáis, la luz tiene como objetivo alumbrar.

Para nosotrxs, la cuadrilla de Magdala, la luz es el regalo que tenemos entre manos. Leer las reflexiones de personas que nunca antes se habían atrevido a expresar lo que sienten, piensan, disfrutan cuando se comunican con el Dios que las habita, es de tal magnitud que «deslumbra». Incluso lxs religiosxs expresan la ausencia de espacio en sus comunidades, donde compartir desde dentro, compartir la Vida que bulle en ellxs. Estas palabras salidas del corazón, expresadas con seriedad y sobriedad, reflejan lo que el Jesús histórico realizaba: pasaba haciendo el bien, curando de soledad y complejos, abriendo ojos cerrados por el sopor de una institución cansina, no-transparente en sus bienes, en su moral…en sus ritos del pasado, en sus deseos de dominar, controlar, trepar. ¡Ay el ansia de poder! ¡Como intoxica las relaciones! Por experiencia no es una infección de los consagrados lo de ansia de poder, es una realidad humana, de la que los laicos también somos víctimas.

La eucaristía de Jesús, el compartir el pan y la Palabra de vida, se realiza de nuevo en las casas, cuando se puede, u online con personas de diferentes continentes y edades, y como decía una mujer de 25 años que se acercó a nuestra pantalla el domingo: «me ha encantado la naturalidad y la autenticidad».

Nosotras no luchamos tanto por la ordenación de la mujer, como por el respeto a la dignidad de bautizados de todxs, para que juntxs, en su nombre, formemos una comunidad de iguales, sin presidencias, sin rituales del pasado, donde cada comunidad pueda, con madurez, elegir a sus representantes y teólogxs para que formen a los más jóvenes, si es que queda alguien interesado, después de la que sigue cayendo.

El cristianismo post-institucional podemos-debemos formatearlo nosotrxs, con docilidad evangélica y tesón, para que todo recupere su equilibrio.

Me emociona pensar que somos herederxs de un legado de mujeres y hombres valientes y llenos del Espíritu. Desde las beguinas a una cadena de personas que han ido deshaciendo, nudo a nudo, las interminables trabas para mantener, sobre todo, a la mujer relegada. Entre ellas me saco el sombrero ante Lillana Kopp, que al implementar las directrices del Concilio Vaticano II se dio cuenta que el vino nuevo pertenecía a odres nuevos, dando forma así, a la comunidad ecuménica que no tiene propiedades, ni superioras, ni ningún tipo de dominio. El empoderamiento es total, y depende de la persona que quiera acogerlo o no. Hoy vemos mujeres que lo de la iglesia ya no les afecta, pero todavía tienen llagas de maridos, jefes, padres…mientras no soltemos ese bagaje no nacerá lo nuevo en nuestra vida.

El peligro es que es más fácil lamerse las heridas, que apostar por la intemperie.

El cristianismo post-institucional lo determinan nuestros procesos y la apertura que tengamos con todo lo que sepa a vino nuevo en odres nuevos.

Bienvenidxs a la comunidad en proceso post-institucional.

DESTACADO CARDENAL EUROPEO DICE QUE “LA IGLESIA DEBE CAMBIAR”


col loup

 

Redacción de Atrio

Acabo de leer esta entrevista que comparto para todos en ATRIO. Es como si a Masiá, tras sus años en Japón, le hubieran hecho arzobispo y cardenal y hablara con la misma sinceridad con que le hemos oído tantes veces. Pues Jean-Claude tiene especial revelancia en la Iglesia de hoy, con Francisco. No sé si se conocen de antes, pero he traducido “you” por “tú” en esta conversación con el redactor de La Croix. AD.

EXCLUSIVO: En una amplia entrevista con “La Croix”, el cardenal Jean-Claude Hollerich SJ habla con franqueza sobre temas candentes en la Iglesia católica

Por Loup Besmond de Senneville

La Croix International

La disminución del número de creyentes en Europa, la lucha de la Iglesia por seguir desempeñando un papel en la sociedad occidental, el debate sobre el celibato sacerdotal y las nuevas visiones sobre la sexualidad.

El cardenal Jean-Claude Hollerich, el jesuita de 63 años que dirige la Arquidiócesis de Luxemburgo y es presidente de COMECE (la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea), habla con franqueza sobre estos y otros temas candentes en esta entrevista exclusiva con Loup Besmond de Senneville de La Croix.

La Croix: Has sido misionero en Japón, eres jesuita, arzobispo de Luxemburgo, cardenal. ¿Siempre has buscado a Dios de la misma manera?

Cardenal Jean-Claude Hollerich: Cuando llegué a Japón siendo un joven sacerdote, fue un gran impacto. En ese momento yo era un joven empapado del catolicismo popular de Luxemburgo.

Con otros jesuitas, cada uno con un origen católico diferente, llegamos a un modelo de catolicismo que todos vimos muy rápidamente que no correspondía a las expectativas de Japón. Para mí, esto representó una crisis. Tuve que dejar de lado toda la piedad que había sido la riqueza de mi fe hasta entonces y abandonar los caminos que amaba.

Me enfrenté a una elección: renunciar a mi fe porque no podía encontrar los caminos que conocía, o emprender un viaje interior. Elegí la segunda opción. Antes de poder proclamar a Dios, tenía que convertirme en un buscador de Dios. Dije con insistencia: “Dios, ¿dónde estás? ¿Dónde estás, tanto en la cultura tradicional como en el Japón posmoderno?” Cuando regresé a Europa hace diez años, tuve que empezar de nuevo.

Para ser honesto, pensé que encontraría el catolicismo que había dejado en mi juventud. Pero ese mundo ya no existía. Hoy, en esta Europa secularizada, tengo que hacer lo mismo: buscar a Dios.

¿Ha vuelto Europa hoy a ser tierra de misión?

Sí, lo ha sido durante mucho tiempo.

El Luxemburgo de mi juventud era un poco como Irlanda, con grandes procesiones, mucha piedad popular, etc. Cuando yo era niño, todos los niños iban a la iglesia. Mis padres no fueron, pero me enviaron, porque era normal hacerlo. Recuerdo que en la escuela, una niña de mi clase no hizo su primera comunión y eso armó un escándalo. Ahora, lo que causa el escándalo es cuando un niño realmente la toma.

Pero al reflexionar, puedo ver que este pasado no fue tan glorioso. Obviamente no lo vi de niño, pero ahora me doy cuenta de que ya había muchas grietas e hipocresías en esa sociedad en ese entonces.

Básicamente, la gente no creía más de lo que cree hoy, incluso si iban a la iglesia. Tenían una especie de práctica dominical cultural, pero no estaba inspirada en la muerte y resurrección de Jesús.

¿Crees que este catolicismo cultural está acabado?

Todavía no. Varía en diferentes partes del mundo. Pero estoy convencido de que la Covid acelerará este proceso.

En Luxemburgo, tenemos un tercio menos de feligreses. Estoy seguro de que no volverán. Entre ellos hay personas de cierta edad a las que les resultará doloroso volver a la práctica religiosa, ir a una iglesia. Pero también están aquellos católicos para quienes la misa dominical era un ritual importante que brindaba estabilidad a sus vidas.

Para muchos, llamarse católico sigue siendo una especie de disfraz dotado de una moralidad general. Les ayuda a mantenerse al día con la sociedad, a ser “buenos cristianos”, pero sin definir realmente lo que eso significa.

Pero esta era debe terminar. Ahora debemos construir una Iglesia basada en la fe. Ahora sabemos que somos y seremos una minoría. Esto no debería sorprendernos ni entristecernos.

Tengo la dulce certeza de que mi Señor está presente en Europa hoy.

¿Y no tienes dudas al respecto?

Oh no. No hay dudas en absoluto. Ya no es una pregunta que me persiga.

Cuando era más joven, tenía miedo de no encontrarlo. Era como si estuviera obsesionado por este miedo. Tenía que averiguarlo o me hundiría. Ahora estoy mucho más tranquilo.

¿Es esa la sabiduría de la edad?

No sé si existe tal cosa como la sabiduría de la edad. (Risas). ¡Sería feliz si lo hubiera!

Pero en el fondo siempre hacemos las mismas estupideces y siempre nos topamos con la misma pared. Al menos sabemos que el muro está ahí y que dolerá.

También sé ahora que soy solo un instrumento del Señor. Hay muchos otros. Esta conciencia me hace siempre desconfiar un poco de todos aquellos que dicen tener la fórmula inmejorable para anunciar a Dios.

¿No hay una receta mágica?

No. Sólo existe la humildad del Evangelio.

Y cuando eras más joven, ¿creías en las recetas mágicas?

Sí, por supuesto, creía en ellos. Pero es una hermosa locura de juventud. También muestra el entusiasmo de los jóvenes.

¿Por qué el mensaje del cristianismo sigue siendo relevante hoy?

Porque la gente no ha cambiado en dos mil años. Seguimos buscando la felicidad y no la encontramos. Todavía tenemos sed de infinito y nos encontramos con nuestros propios límites.

Cometemos injusticias que tienen graves consecuencias para otras personas, lo que llamamos pecado. Pero ahora vivimos en una cultura que tiende a reprimir lo humano. Esta cultura de consumo promete satisfacer los deseos humanos, pero no lo hace.

Sin embargo, en momentos de crisis, de conmoción, la gente se da cuenta de que en su corazón hay un montón de preguntas latentes. El mensaje del Evangelio es excepcionalmente fresco al responder a esta búsqueda de sentido y felicidad.

El mensaje sigue siendo relevante, pero los mensajeros a veces aparecen con disfraces de tiempos pasados, lo que no es el mejor servicio hacia el mensaje en sí.

Por eso tenemos que adaptarnos. No para cambiar el mensaje en sí, por supuesto, sino para que se entienda, aunque seamos nosotros quienes lo anunciemos.

El mundo sigue buscando, pero ya no mira en nuestra dirección, y eso duele. Debemos presentar el mensaje del Evangelio de tal manera que las personas puedan orientarse hacia Cristo.

Precisamente por eso, el Papa Francisco inauguró en octubre pasado el Sínodo sobre la sinodalidad, del que eres relator general. ¿Dijiste recientemente que no sabes lo que escribirás en el informe?

Tengo que ser yo quien escuche. Si hago muchas propuestas, desanimaré a las personas que tienen una opinión diferente. Entonces son las personas las que tienen que llenar mi cabeza y las páginas.

Este es un sínodo. Debe estar abierto. Como dice el Papa, es el Espíritu Santo quien es el maestro de obras. Así que también debemos dejar espacio para el Espíritu Santo. Este método es importante hoy porque ya no podemos conformarnos con dar órdenes de arriba hacia abajo. En todas las sociedades, en la política, en los negocios, lo que cuenta ahora es la creación de redes.

Este cambio en la toma de decisiones va de la mano con un verdadero cambio de civilización, al que nos enfrentamos. Y la Iglesia, como siempre lo ha hecho a lo largo de su historia, debe adaptarse a ella. La diferencia es que esta vez el cambio de civilización tiene una fuerza sin precedentes. Tenemos una teología que nadie entenderá en 20 o 30 años. Esta civilización habrá pasado.

Por eso necesitamos un nuevo lenguaje que debe basarse en el Evangelio. Y toda la Iglesia debe participar en el desarrollo de este nuevo lenguaje: este es el sentido del sínodo.

Como presidente de COMECE, participaste en una reunión en Roma a principios de octubre con los partidos europeos de derecha y centro-derecha. A la salida, el cardenal Pietro Parolin les animó a no considerar el cristianismo como un supermercado del que sólo se pueden elegir determinados valores. ¿Existe esta tentación entre los políticos?

Sí, claramente. A la derecha, retoman símbolos cristianos. Les gustan los rosarios y los crucifijos, pero esto no siempre está ligado al misterio de Cristo. Esto está relacionado con nuestra cultura europea pasada. Quieren referirse a una cultura para conservarla. Este es un mal uso de la religión.

En la izquierda también conozco a políticos que se dicen cristianos comprometidos, que luchan contra el cambio climático, pero que votan en el Parlamento Europeo para hacer del aborto un derecho fundamental y para limitar la libertad de conciencia de los médicos. Eso también es tomar la religión como un supermercado.

Uno puede ser demócrata cristiano, socialista, ecologista, etc., y seguir siendo cristiano. Esta diversidad de formaciones políticas es de gran beneficio para la sociedad. Pero los políticos a menudo tienden a mantener en privado sus preferencias religiosas. En este caso, ya no se trata de una religión, sino de una convicción personal. La religión requiere un espacio público para expresarse.

Pero, ¿no es más difícil para los cristianos involucrarse en política?

En primer lugar, es cierto que hay menos cristianos. En segundo lugar, es cierto que cada vez se involucran menos en política. Vemos esto después de cada elección.

Por otro lado, es evidente que el mensaje de los obispos a la sociedad ya no llega. Usted ha experimentado esto en Francia durante varios años. Esta es la consecuencia de que estemos en minoría.

Para ayudar a la gente a entender lo que queremos, debemos entablar un largo diálogo con aquellos que ya no son cristianos, o que son sólo cristianos en la periferia. Si tenemos ciertas posiciones no es porque seamos conservadores, sino porque creemos que la vida y la persona humana deben estar en el centro.

Para poder decir esto, creo que necesitamos tener diálogos y amistades con tomadores de decisiones o políticos que piensan diferente. Aunque no sean cristianos, compartimos con ellos una sincera preocupación por colaborar por el bien de la sociedad. Si no queremos vivir en una sociedad compartimentada, debemos ser capaces de escuchar las historias de los demás.

¿Significa esto que la Iglesia debe renunciar a defender sus ideas?

No, no se trata de eso. Debemos intentar comprender al otro, construir puentes con la sociedad. Para hablar de antropología cristiana, debemos basarnos en la experiencia humana de nuestro interlocutor. Porque aunque la antropología cristiana es maravillosa, pronto dejará de ser comprendida si no cambiamos de método.

¿Y de qué nos sirve hablar si no somos oídos? ¿Hablamos por nosotros mismos, para asegurarnos de que estamos en el lado correcto? ¿Es para tranquilizar a nuestros propios seguidores? ¿O hablamos para ser escuchados? ¿Cuáles son las condiciones para esta escucha?

En primer lugar, la humildad. Pienso que aunque no sea necesariamente consciente, la Iglesia tiene la imagen de una institución que sabe todo mejor que otras. Por lo tanto, necesita mucha humildad, de lo contrario no puede entrar en un diálogo.

Esto también significa que debemos demostrar que queremos aprender de los demás. He aquí un ejemplo: me opongo totalmente al aborto. Y como cristiano, no puedo tener una posición diferente. Pero también entiendo que hay preocupación por la dignidad de la mujer, y hoy ya no se escucha el discurso que teníamos en el pasado para oponernos a las leyes del aborto.

Entonces, ¿qué más podemos hacer para defender la vida?

Cuando un discurso ya no pesa, no hay que obstinarse en utilizarlo, sino buscar otros caminos.

En Francia, muchos creen que la Iglesia ha perdido gran parte de su credibilidad a causa de los delitos sexuales que se cometen en su seno. ¿Cómo te posicionas frente a esta crisis?

Antes que nada, quiero decir que estos abusos son un escándalo. Y cuando vemos los números en el Informe Sauvé, podemos ver que no es el desliz de unos pocos. Hay una falla sistémica en alguna parte, y debe abordarse.

No debemos temer las heridas que esto nos pueda causar, que no son absolutamente nada comparadas con las de las víctimas. Por lo tanto, debemos ser muy honestos y estar preparados para recibir algunos golpes.

Hace unas semanas estuve en Portugal, donde estaba celebrando la Misa. Había allí un niño pequeño que, mientras servía la Misa, me miraba como si yo fuera el buen Dios. Pude ver que me vio como un representante de Dios, lo cual era, de hecho, durante la liturgia.

Abusar de tales niños es un crimen real. Es una falta mucho más grave que si un profesor o un entrenador deportivo cometiera tales actos. El hecho de que esto haya sido tolerado para proteger a la Iglesia duele. ¡Hicimos la vista gorda! Es casi irreparable.

Ahora llego a tu pregunta. Algunas personas han perdido la confianza. Para recuperarla, cuando sea posible, hay que tener una gran humildad. Cuando se acompaña a una comunidad o a una persona, se debe tener siempre presente el principio de absoluto respeto por aquellos a quienes se acompaña. No puedo dejar de lado ni siquiera a una persona.

Me parece obvio que estas preguntas estarán en la mente y en el corazón de todos durante el proceso sinodal. Tenemos que aceptar el cambio.

Si hay un fallo sistémico, ¿crees que se necesitan cambios sistémicos?

Si. Obviamente, en mi diócesis, como en muchas otras, tenemos una carta de buena conducta que todos tienen que firmar, tanto los sacerdotes como los laicos que trabajan para la Iglesia.

Antes de la ordenación, también sometemos a los seminaristas a ocho sesiones psicológicas diseñadas para detectar la pedofilia. Estamos haciendo todo lo que podemos, pero no es suficiente. Necesitamos una Iglesia que esté estructurada de tal manera que estas cosas ya no sean posibles.

¿Qué significa eso?

Si a las mujeres y los jóvenes se les hubiera dado más voz, estas cosas se habrían descubierto mucho antes. Debemos dejar de actuar como si las mujeres fueran un grupo marginal en la Iglesia. No están en la periferia de la Iglesia, están en el centro. Y si no damos voz a los que están en el centro de la Iglesia, tendremos un gran problema.

No quiero ser más específico: esta pregunta se hará inevitablemente en el Sínodo, en varias culturas, en diversos contextos. Pero las mujeres han sido ignoradas demasiado. Debemos escucharlas, como hacemos con el resto del pueblo de Dios.

Los obispos deben ser como pastores que escuchan a su pueblo. No es solo que digan: “Sí, escucho, pero eso no me interesa”. Necesitan estar en medio de su rebaño.

¿Qué otros cambios hay que hacer?

La formación del clero debe cambiar. No debe centrarse sólo en la liturgia, aunque entiendo que los seminaristas le dan gran importancia. Los laicos y las mujeres deben tener voz en la formación de los sacerdotes. Formar sacerdotes es un deber de toda la Iglesia, por lo que toda la Iglesia debe acompañar este paso, con hombres y mujeres casados ​​y solteros.

En segundo lugar, necesitamos cambiar nuestra forma de ver la sexualidad. Hasta ahora hemos tenido una visión bastante reprimida de la sexualidad.

Obviamente, no se trata de decirle a la gente que puede hacer cualquier cosa o de abolir la moralidad, pero creo que debemos decir que la sexualidad es un regalo de Dios.

Lo sabemos, pero ¿lo decimos? No estoy seguro. Algunas personas atribuyen el aumento de los abusos a la revolución sexual. Pienso exactamente lo contrario: en mi opinión, los casos más horribles ocurrieron antes de la década de 1970.

En esta área, los sacerdotes también deben poder hablar sobre su propia sexualidad y ser escuchados si tienen problemas para vivir el celibato. Deben poder hablar de ello libremente, sin temor a ser reprendidos por su obispo.

En cuanto a los sacerdotes homosexuales, que son muchos, sería bueno que lo hablaran con su obispo sin que éste los condene.

En cuanto al celibato y la vida sacerdotal, preguntémonos con franqueza si un sacerdote debe ser necesariamente célibe.

Tengo una opinión muy alta del celibato, pero ¿es indispensable? En mi diócesis tengo diáconos casados que desempeñan su papel diaconal de una manera maravillosa, que dan homilías a través de las cuales tocan a las personas mucho más poderosamente que nosotros que somos célibes.

¿Por qué no tener sacerdotes casados ​​también?

De la misma manera, si un sacerdote ya no puede vivir esta soledad, debemos ser capaces de comprenderlo, no de condenarlo. Soy ya viejo ahora, así que esto no me preocupa tanto.

¿Has sentido la dificultad de vivir esta soledad?

Sí, por supuesto.

En ciertos momentos de mi vida, fue muy claro. Y también es obvio que todo sacerdote se enamora de vez en cuando. La pregunta es cómo comportarse en este caso.

En primer lugar, uno debe tener la honestidad de reconocerlo a sí mismo, y luego actuar de tal manera que pueda continuar viviendo su sacerdocio.

MONSEÑOR LOZANO: "LAS DESIGUALDADES MATAN"

RELIGIÓN DIGITAL

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“Las desigualdades matan”, subrayó monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo de San Juan de Cuyo y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), al señalar en su reflexión semanal que “la pandemia del Covid puso en evidencia inobjetable una situación de inequidad preexistente”.

“Cuando el médico nos encomienda realizarnos estudios, comparó el arzobispo, estamos pendientes de los informes. Incluso, si tienen cierta complejidad, la ansiedad y preocupación son crecientes. Una vez conocidos los resultados viene el tiempo del tratamiento a realizar, que será más prolongado y complejo según la gravedad de la situación”.

Y agregó:

“Hace unos cuantos años que venimos señalando que vivimos en una sociedad enferma, aun antes de la pandemia del Covid 19. Enferma de violencia, de inseguridad, de avaricia, de adicciones”

Monseñor Lozano hizo hincapié en “un estudio que nos muestra la gravedad de la situación social a nivel global” y precisó que la publicación la realizó Oxfam, una organización mundial que está conformada por distintas instancias en varios países. El título del informe es tan elocuente como preocupante: “Las desigualdades matan”.

Un informe que el arzobispo de San Juan de Cuyo aconsejó a sus oyentes buscarlo en internet y leerlo detenidamente.

“Todos reconocemos -explica monseñor Lozano- que la pandemia provocó una crisis económica de grandes proporciones. En América Latina implicó un retroceso cercano al 10% en promedio en la calidad de vida de la población. Este retroceso significó para unos postergar un viaje, una mudanza, un arreglo en la casa”.

“Para muchos -precisó-, implicó caer bajo la línea de la pobreza y necesitar asistencia alimentaria; deterioro de la salud; involución en el proceso educativo. Una desventaja que se agudiza”.

“La pandemia incrementó la pobreza en el 99% de la población mundial. Sin embargo, observó el prelado, no faltaron quienes se enriquecieron cuantiosa y escandalosamente: ¡las 10 personas más ricas del mundo duplicaron su riqueza! Sí, leíste muy bien: la multiplicaron por dos”.

Y añadió: “Para algunos inescrupulosos lo que es un desastre global económico, afectivo, laboral, sanitario, educativo, es oportunidad de hacer negocios y fortalecer la avaricia insaciable. Aparecieron unos “milmillonarios” que acapararon fortunas”.

Monseñor Lozano destacó que “es cierto que crecieron iniciativas solidarias en varios frentes”, pero lamentó que “los poderes económicos no cesan de aumentar su voracidad para crecer sea como sea”.

“La pobreza extrema se explica con su contraparte: la riqueza extrema. No se entiende una sin la otra”

“Los más empobrecidos fueron obligados a migrar en búsqueda de mejores condiciones laborales, exponiéndose a ser secuestrados cayendo en las redes de la Trata de Personas para la prostitución, el trabajo esclavo, el tráfico de órganos”.

Asimismo, el prelado destacó que “la inequidad también se plasmó en la imposibilidad de acceso a las vacunas y el cuidado de la salud en varios lugares del mundo”.

Destacó que "el informe de Oxfam señala que en el planeta muere una (1) persona cada cuatro (4) segundos a causa de la desigualdad y la pobreza"

“La pandemia puso en evidencia inobjetable una situación de inequidad preexistente. Es un proceso que lleva décadas. Desde 1995 el 1% más rico del mundo acaparó 20 veces más riqueza que la mitad más pobre de la humanidad. Con estas cifras asistimos a una fractura en la sociedad de difícil solución”.

“Las desigualdades matan.” Es cierto, concluyó.

Domingo 6 de Febrero 5º Ordinario Alfonso María Fusco (1910) Pablo Miki y compañeros, mártires (1597)

 KOINONIA

El autor de la primera lectura ubica la escena en un tiempo concreto, año 740 a.C. que corresponde a la muerte del rey Osías (740 a.C). El relato se divide en dos partes: la visión (vv. 1-4) y la reacción del profeta (vv. 5-8). Una tercera parte, que ha sido excluida en nuestro texto litúrgico (vv. 9-13), cuenta la misión que recibe el profeta. Realmente todo el capítulo 13 forma una unidad literaria. Por su similitud con los relatos de vocación de Jeremías y Ezequiel, que tienen estas mismas tres partes, algunos consideran este relato como de vocación. Sin embargo, el contenido nos lleva a pensar en un relato de misión. IR A LA PÁGINA

DOMINGO 5 Tiempo ordinario – C (Lucas 5,1-11) ¿UNA MORAL SIN PECADO?

 

José Antonio Pagola


Se dice a menudo que ha desaparecido la conciencia de pecado. No es del todo cierto. Lo que sucede es que la crisis de fe ha traído consigo una manera diferente, no siempre más sana, de enfrentarse a la propia culpabilidad. De hecho, al prescindir de Dios, no pocos viven la culpa de modo más confuso y solitario.

Algunos han quedado estancados en la forma más primitiva y arcaica de vivir el pecado. Se sienten «manchados» por su maldad. Indignos de convivir junto a sus seres queridos. No conocen la experiencia de un Dios perdonador, pero tampoco han encontrado otro camino para liberarse de su malestar interior.

Otros siguen viviendo el pecado como «transgresión». Es cierto que han borrado de su conciencia algunos «mandamientos», pero lo que no ha desaparecido en su interior es la imagen de un Dios legislador ante el que no saben cómo situarse. Sienten la culpa como una transgresión con la que no es fácil convivir.

Bastantes viven el pecado como «autoacusación». Al diluirse su fe en Dios, la culpa se va convirtiendo en una «acusación sin acusador» (Paul Ricoeur). No hace falta que nadie los condene. Ellos mismos lo hacen. Pero ¿cómo liberarse de esta autocondena?, ¿basta olvidar el pasado y tratar de eliminar la propia responsabilidad?

Se ha intentado también reducir el pecado a una «vivencia psicológica» más. Un bloqueo de la persona. El pecador sería una especie de «enfermo», víctima de su propia debilidad. Se ha llegado incluso a hablar de una «moral sin pecado». Pero ¿es posible vivir una vida moral sin vivenciar la culpabilidad?

Para el creyente, el pecado es una realidad. Inútil encubrirlo. Aunque se sabe muy condicionado en su libertad, el cristiano se siente responsable de su vida ante sí mismo y ante Dios. Por eso confiesa su pecado y lo reconoce como una «ofensa contra Dios». Pero contra un Dios que solo busca la felicidad del ser humano. Nunca hemos de olvidar que el pecado ofende a Dios en cuanto que nos daña a nosotros mismos, seres infinitamente queridos por él.

Sobrecogido por la presencia de Jesús, Pedro reacciona reconociendo su pecado: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». Pero Jesús no se aparta de él, sino que le confía una nueva misión: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Reconocer el pecado e invocar el perdón es, para el creyente, la forma sana de renovarse y crecer como persona.


Y DEJÁNDOLO TODO, LO SIGUIERON Lc 5, 1-11

FE ADULTA

col labrador


Sí, se dice Pedro a sí mismo, “dejándolo todo… lo seguimos”. Es la frase que lo explica todo. Recuerda emocionado aquellos días y hechos que le cambiaron el rumbo, que le dieron un nombre y una identidad nueva, otra forma de pensar y de vivir. Y todo empezó con Jesús… con ese Nazareno que le salió al encuentro, que se subió a su barca, que intentó darle lecciones de pesca, a él, que no había hecho otra cosa en su vida... Todo empezó con ese hombre que le hizo conocerse por dentro y sentirse en relación con Dios, cerca de Él. Por él, por Jesús, todo había cambiado… dejó todo: barca, redes, trabajo, amigos, familia…

Sí, habían pasado muchos años y aún lo recordaba vivamente. Él estaba afanado y malhumorado por una noche de trabajo inútil, con ganas de terminar de remendar las redes para irse a casa y entonces Jesús se sube a su barca como si nada, y se pone a hablar a todos. Son tantos los que le escuchan que se ve obligado a separar la barca de la orilla para que no lo aplasten… ¡Como si no tuviera más que hacer! pero recuerda como poco a poco él mismo va dejando las redes y también escucha… ¡Nadie ha hablado como este hombre! Está entusiasmado él también… Y cuando termina se siente más tranquilo, de mejor humor. Y entonces viene lo inesperado, oye que Jesús le dice: “Rema mar adentro y echa las redes para pescar”… Y recuerda que tuvo que hacer un esfuerzo para no gritarle: ¿A estas horas? Que sabrás tú de pesca…

Pero vuelve a sentirse como entonces, y ahora entiende por qué no le discutió. Recuerda que contra toda lógica empezó a hacer lo que le decía y que llevado por una fuerza desconocida en él se oye decir: Lo hago porque tú lo dices, solo porque tú lo dices. Pero, ¿quién eras tú para mí entonces? Un maestro que hablaba de lo que no sabía… aun así obedeció saltándose toda lógica.

Y sucedió el milagro. Sí, el milagro, recuerda Pedro, no fue pescar mucho a mediodía, con ser al menos algo fuera de lo normal. El milagro es lo que le pasó por dentro: cómo se descubrió a él mismo y cómo descubrió a Jesús, fue como verse con el alma y el corazón desnudo frente a Dios, un Dios que te sonríe y te quiere y eso le hacía sentirse más pobre, más pecador, más indigno de estar con Él.

Y entonces vino la frase “pescador de hombres” y Pedro, que seguía sin entender nada, hizo lo mismo que acababa de hacer con la pesca… en tu nombre, porque tú lo dices… “lo dejo todo y te sigo”.

Han pasado muchos años, fue testigo de su muerte. Es testigo de su vida de resucitado y ahora en Roma está a punto de terminar su vida, está condenado a muerte. Y de nuevo “Por Él”. ¿Ha valido la pena?

La pregunta no es para Pedro sino para ti y para mí. Porque el evangelio de este domingo habla de nuestra vida, de la de todo cristiano. ¿Podemos vislumbrar nuestra propia historia, como Pedro, a la luz de este evangelio?

Escuchamos a Ana, una mujer sencilla del grupo de reflexión bíblica. Al terminar de leer este texto, toma la palabra y un tanto emocionada nos dice:

Yo era joven, estudiante. Poco a poco, entre voluntariados, charlas y celebraciones al aire libre la imagen de Jesús se fue perfilando ante mí, tan impresionante como la describe Lucas en la orilla de Tiberíades. Sin que yo lo decidiera, así es como lo recuerdo, Él se metió en mi vida, se subió a mi barca y casi sin darme cuenta sus palabras captaron mi atención; lo que decía era verdad y me llenaba el corazón. Y empecé a escucharle día tras día, a leer los evangelios, a buscar a los que hablaban de Él y a rezar hablando con Él como tantos a mi alrededor.

Y una tarde, recuerdo el sitio y la hora, me dijo algo parecido a ese “rema mar adentro”… me sonó a “Dedícate a cuidar a los que nadie cuida…” Deja todas tus preocupaciones y planes sobre el futuro y sígueme.  Yo, que estaba terminado la carrera y tenía ya ofertas de empleo en una gran multinacional, yo que me prometía un futuro exitoso y brillante… Y como Pedro pensé: “Qué sabrás tú de éxitos y ganancias en esta sociedad del s. XXI tan distinta a la que tú viviste…”

Yo quería seguir con él, pero ¿dejarlo todo? ¿No podíamos llegar a “un arreglo”? Poco a poco, mis mismas preguntas y dudas me ayudaron a conocerme…. A descubrirme tan poca cosa para recibir su invitación… a no entender cómo me invitaba a mí que era… Y, como Pedro, solo le quería decir “apártate de mí que soy así” Pero también yo escuché aquello de “Te haré…” y la alegría me envolvió, me entusiasmó de tal forma que aún sin entender nada, dejé todos mis planes, mis ofertas de trabajo en las que iba a ganar tanto dinero y… aquí estoy cuidando cada día a los que nadie más cuida… ganándome la vida de otra forma, con otros criterios, más cercanos a los suyos. Y me siento tan feliz y agradecida por su invitación y su llamada… Aún me repito: me llamó a mí, a pesar de mi falta de fe, a pesar de mi pobreza y mi pecado… 

Como Pedro, como Ana, ¿podremos descubrir en este evangelio nuestra historia? ¿Cómo narraríamos nuestro encuentro con Jesús, ese encuentro que nos cambió la vida? ¿O aún estamos buscando “arreglos” que nos ayuden a seguir siendo sus discípulos, sus discípulas, sin dejarlo todo?

Abramos nuestro corazón y “en su nombre”, solo porque El lo dice, hagamos que este evangelio sea nuestra historia, recordemos que lo es y demos gracias a Dios por ello.

 

TODOS ESTAMOS LLAMADOS A DESPLEGAR NUESTRO SER SIN LÍMITES DOMINGO 5º (C) Lc 5,1-11

FE ADULTA

col fraymarcos

 


Empezamos hoy el c. 5 del evangelio de Lucas con un episodio múltiple: La multitud que se agolpa en torno a Jesús para escuchar la palabra de Dios; la enseñanza desde la barca; la invitación a remar mar adentro; pesca inesperada; la confesión de la indignidad de Pedro; la llamada de los discípulos y el inmediato seguimiento. No nos dice de qué les habla Jesús, pero lo que sigue nos da la verdadera pista para descubrir de qué se trata. Este relato es muy parecido al que narra Juan en el capítulo 21. Los dos abren un horizonte nuevo. Los dos nos invitan a conocer a Jesús y a conocernos mejor para parecernos a él.

Hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada. El hecho de que la pesca abundante sea precedida de un total fracaso, tiene un significado teológico muy profundo. ¿Quién no ha tenido la sensación de haber trabajado en vano durante décadas? Solo tendremos éxito cuando actuemos en nombre de Jesús. Esto quiere decir que debemos  actuar de acuerdo con su actitud vital, más allá de nuestras posiciones raquíticas y a ras de tierra. Lo que se nos pide es muy distinto a decir: por Jesucristo nuestro Señor.

Rema mar adentro. La multitud se queda en tierra, solo Pedro y los suyos (muy pocos) se adentran en lo profundo. Esta sugerencia de Jesús es también simbólica. En griego “bados” y en latín “altum” significan profundidad (alta mar), y expresa mejor el simbolismo. Solo de las profundidades del hombre se puede sacar lo más auténtico. Todo lo que buscamos en vano en la superficie está ya dentro de nosotros mismos. Pero ir más adentro exige traspasar las falsas seguridades del yo superficial y adentrarse en aguas incontroladas. Adentrarse en lo que no controlamos exige fe-confianza. Decía Teilhard de Chardin: Cuando bajaba a lo hondo de mi ser, dejé de hacer pie y parecía que me deslizaba hacia el vacío.  

Fiado en tu palabra, echaré las redes. El que Pedro se fíe de la palabra de Jesús que le manda, contra toda lógica, echar las redes a una hora impropia, tiene mucha miga. Las tareas importantes las debemos hacer siempre fiándonos de otro. Tenemos que dejarnos conducir por la Vida. Cuando intentamos controlar lo que es más que nosotros, aseguramos nuestro fracaso. El mismo Nietzsche dijo: “El ser humano nunca ha llegado más lejos que cuando no sabía a donde le llevaban sus pasos”. Lo que trasciende a nuestro ser consciente es mucho más importante que el pequeñísimo espacio que abarca nuestra razón. Dejarnos llevar por lo que es más que nosotros es signo de verdadera sabiduría.

No temas. El temor y el progreso son incompatibles. Mientras sigamos instalados en el miedo, la libertad mínima indispensable para crecer será imposible. Más de 130 veces se habla en la Biblia del miedo ante lo divino. Casi siempre, sobre todo en los evangelios, se afirma que no hay motivo para temer nada. El miedo nos paraliza e impide cualquier decisión hacia la Vida. Si el acercamiento a Dios nos da miedo, ese Dios es falso. Cuando la religión sigue apostando por el miedo, está manipulando el evangelio y abusando de Dios.

El mar era el símbolo de las fuerzas del mal. “Pescar hombres” era un dicho popular que significaba sacar a uno de un peligro grave. No quiere decir, como se ha entendido con frecuencia, pescar o cazar a uno para la causa de Jesús. Aquí quiere decir: ayudar a los hombres a salir de todas las opresiones que el impiden crecer. Solo puede ayudar a otro a salir de la influencia del mal, el que ha encontrado lo auténtico de sí mismo. Crecer en mi verdadero ser es lo mejor que puedo hacer por todos los demás. La principal tarea de todo ser humano está dentro de él. Dios quiere que crezcas siendo lo que eres de verdad.

Y, dejándolo todo, lo siguieron. Seguimos en un lenguaje simbólico, teológico. Es imposible que Pedro y sus socios dejaran las barcas, los peces cogidos, la familia… y se fueran físicamente detrás de Jesús desde aquel instante. El tema de la vocación es muy importante en la vida de todo ser humano. La vida es siempre ir más allá de lo que somos, por lo tanto, el mismo hecho de vivir nos plantea las posibilidades que tenemos de ir en una dirección o en otra. Con demasiada frecuencia se reduce el tema de la "vocación" al ámbito religioso. Nada más ridículo que esa postura. Quedaría reducido el tema a una minoría. Todos estamos llamados a la plenitud, a desplegar todas nuestras mejores posibilidades.

La vocación no es nada distinto de mi propio ser. No es un acto puntual y externo de Dios en un momento determinado de mi historia. Dios no tiene otra forma de decirme lo que espera de mí, que a través de mi propio ser. Elige a todos de la misma manera, sin exclusiones ni preferencias. La meta es la misma para todos. Dios no puede tener privilegios con nadie. Soy yo el que tengo de adivinar todas las posibilidades de ser que yo debo desarrollar a lo largo de mi existencia. Ni puede ni tiene que añadir nada a mi ser. Desde el principio están en mí todas esas posibilida­des, no tengo que esperar nada de Dios.

Mi vocación sería encontrar el camino que me llevará más lejos en esa realización personal, aprovechando al máximo todos mis recursos. Los distintos caminos no son, en sí, ni mejores ni peores. Lo importante es acertar con el que mejor se adecue a mis aptitudes personales. La vocación la tenemos que buscar dentro de nosotros mismos, no fuera. No debemos olvidar nunca que toda elección lleva con sigo muchas renuncias que no se tienen que convertir en obsesión, sino en la conciencia clara de nuestra limitación. Si de verdad queremos avanzar hacia una meta, no podemos elegir más que un camino. El riesgo de equivocarnos no debe paralizarnos, porque aunque nos equivoquemos, si hacemos todo lo que está de nuestra parte, llegaremos a la meta, aunque sea con un mayor esfuerzo.

Este relato está resumiendo el proyecto vital de todo ser humano. Jesús estaba desarrollado su proyecto de vida y quiere que los demás desarrollen el suyo. No se trata de una imitación externa sino de un vivir lo que él vivió desde su ser más auténtico y profundo. Pedro lo ve como imposible y hace patente su incapacidad. Está instalado en su individualidad y en su racionalidad y es figura de todos nosotros que no somos capaces de superar el ego psicológico y el ego mental. Todo lo que no son mis sentimientos y mis proyectos racionales lo considero inalcanzable. Todas las posibilidades de ser que están más allá de esta ridícula acotación no me interesan y ni siquiera tengo interés en descubrirlo.

Pero la verdad es que más allá de lo que creo ser, está lo que soy de verdad. Aquí está la clave de nuestro fracaso espiritual. Descubrimos que hay seres humanos que han alcanzado ese nivel superior de ser, pero a mí me parece inalcanzable porque “soy un pecador”. “¿Quién te ha dicho que estabas desnudo?” Dios se lo pregunta a Adán, dando por supuesto que Él no ha sido. Notad el empeño que ha tenido la religión en convencernos de que estábamos empecatados y que no debíamos aspirar más que a reconocer nuestros pecado y hacer penitencia. Ojalá superásemos esa tentación y aspirásemos todos a la plenitud a la que podemos llegar. Ni lo biológico, ni lo psicológico, ni lo racional constituyen la meta del hombre, pero en nuestro mundo es la única aspiración y lo único que cuenta.