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sábado, 23 de mayo de 2020

Aumentan los peligros para las personas migrantes durante la pandemia


María F. Sánchez

Inmigrantes3
Si en el Estrecho y el Mar de Alborán ha habido un descenso de pateras notable en 2020, las llegadas por las Canarias se han multiplicado por ocho
En Marruecos las restricciones empeoran la situación de los migrantes en tránsito. No pueden “salir a hacer pequeños trabajos” o “mendigar”, explica Helena Maleno
En estos días de pandemia, en el Meditérraneo central no hay ninguna ONG . Los barcos Aita Mari y Alan Kurdi han sido inmovilizados por Italia
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La Santa Sede pide a Israel “respeto del derecho internacional” y una solución de dos estados para Palestina


Jesús Bastante

Palestina
Gallagher se reúne con el secretario general de la OLP
El Vaticano apuntó que “sigue con atención la situación” y expresa su “preocupación” por los eventuales actos que podrían comprometer aún más el diálogo, esperando que los israelíes y los palestinos vuelvan a encontrar, y pronto, la posibilidad de negociar un acuerdo directamente
Roma ansía “que la paz pueda finalmente reinar en Tierra Santa, tan amada por judíos, cristianos y musulmanes”
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“No podemos dejar morir a la generación que luchó contra las dictaduras, que trabajó por la reconstrucción después de la guerra y que edificó Europa”


Dependencia
Religión Digital se suma al manifiesto, promovido por Sant’Egidio
“Es el momento de dedicar todos los recursos que sean necesarios para proteger el mayor número de vidas posible y para humanizar el acceso a la atención sanitaria para todos”
“Quien rebaja el valor de la vida frágil y débil de los más ancianos, se prepara para desvalorar todas las vidas”
“Todo esto no habría ocurrido si no se estuviera abriendo paso la idea de que se pueden sacrificar sus vidas en beneficio de otras”
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El teólogo Garhammer acusa a Müller de “hacer un daño inmenso” a la Iglesia con su apoyo a Viganò


Jesús Bastante

Cardenal Muller
El pastoralista cree que el ex prefecto “ha traspasado la línea de la razón”
En su opinión, el documento auspiciado por Viganò “no sólo fue moldeado por un lenguaje apocalíptico, sino también por un alarmismo infundado y sospechas irracionales”
Es uno de los teólogos pastoralistas más reconocidos de Europa, y un férreo defensor de la participación en la Iglesia. Fiel a este espíritu, Erich Garhammer ha criticado duramente al cardenal Müller por su participación en el libelo ‘anticonfinamiento’ promovido por el ex nuncio Viganò. Para Garhammer, Müller “está haciendo un daño inmenso” a la Iglesia sumándose a las tesis de rigoristas y cismáticos.
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Frei Betto: “El Covid-19 desalienta el Estado mínimo”


Frei Beto“Quien gana más, tendría que pagar más impuestos”
“Más Estado y menos palabrerío engañoso sobre Estado mínimo y privatizaciones”
“Las naciones metropolitanas imponen a las periféricas, como ser el Brasil, ajustes fiscales, límites de gastos, desregulación financiera, flexibilización de las relaciones laborales, y otras medidas genocidas que hacen a los ricos más ricos aún y a los pobres más pobres”
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Estoy con vosotros - Ascensión del Señor, Ciclo A

OBSERVAR, CALLAR, FLUIR (III Y IV)

Stefano Cartabia, Oblato
ECLESALIA

III. Síntesis fecunda entre Occidente y Oriente
La tercera pata de nuestra mesa metodológica consiste en la síntesis entre occidente y oriente y especialmente sus cosmologías, su espiritualidad, su experiencia religiosa. Cuando hablo de “occidente” y “oriente” no me refiero simple y solamente a su dimensión geográfica. También porque hoy en día, con el fenómeno de la globalización y los movimientos masivos de personas, la distinción no es tan neta como antes. Hay mucho de “occidente” en “oriente” y mucho de “oriente” en “occidente”. Cuando me refiero a “occidente” y “oriente” me refiero esencialmente a dos posturas distintas de ver la vida y el fenómeno religioso, o sea, la relación con lo Trascendente y lo Absoluto.
También en este aspecto hay que reconocer que en la actualidad hay muchos más contactos e intercambios entre las dos posturas. Hay elementos occidentales en la visión oriental y hay elementos orientales en la visión occidental. Pero, sin duda, quedan los rasgos centrales y característicos de cada cosmovisión.
Nombramos brevemente estos rasgos esenciales.
Occidente: más racional, centralidad de la historia como proceso, concepción del tiempo lineal, religiones de la palabra y teístas: cristianismo, judaísmo, islamismo. Predomina la dimensión personal. Predomina el lenguaje y la palabra. Predomina lo masculino. Predomina el lado izquierdo del cerebro (análisis, control, orden, literatura, disciplina, numérico). Desde la visión taoísta: yang.
Oriente: más intuitivo, historia sujeta al momento presente, concepción del tiempo cíclica, religiones místicas y oceánicas: budismo, hinduismo, taoísmo. Predomina la dimensión oceánica (lo particular es expresión del Todo). Predomina la contemplación y el silencio. Predomina lo femenino. Predomina el lado derecho del cerebro (arte, emociones, holístico, intuitivo, creativo, música). Desde la visión taoísta yin.
Estamos llamados a una profunda y fecunda síntesis entre occidente y oriente. Ambas dimensiones expresan algo del misterio de la vida y del ser humano. Una experiencia integral y plena no puede prescindir de esta fecunda síntesis. Algunos teólogos ven en esta comunión un aspecto esencial en el futuro de la humanidad y yo comparto plenamente esta apreciación.
En este sentido, el funcionamiento del cerebro humano tiene una fuerza simbólica impresionante. Según parece los dos hemisferios desarrollan funciones particulares pero están unidos por el cuerpo calloso que da una profunda unidad al cerebro. Cuanto más los dos hemisferios interactúan más desarrollo y plenitud alcanza la persona.
La visión teológica que está como fundamento de mi propuesta ofrece una cierta síntesis de la experiencia, espiritualidad y cosmovisión de Oriente y Occidente. Se nutre de esta comunión e interrelación que es siempre nueva, en proceso y nunca algo alcanzado o definitivo. La síntesis es un fenómeno y un proceso siempre “in fieri” (haciéndose).
Esta comunión dinámica entre Oriente y Occidente alimenta y nutre la visión teológica y por ende el método pastoral.
Sobre el tema se escribió y se está escribiendo mucho. Es un tema interesantísimo y de una riqueza infinita. No puedo en esta instancia entrar detalladamente en un tema tan profundo, rico de vetas y aspectos a considerar.
Una última observación: las actitudes previas y necesarias para esta comunión y síntesis entre Occidente y Oriente son sin duda una gran apertura, disponibilidad y transparencia.
Sin estas actitudes no escaparemos del peligro de encerrarnos en nuestras creencias, apegos y fanatismo.
Es muy aconsejable que aquellos que quieran implementar este método pastoral dediquen un tiempo al estudio y a la práctica de una o más tradiciones orientales.

IV. Vivencia del silencio
La cuarta y necesaria pata de nuestra mesa es la vivencia y la experiencia del silencio. Este mismo silencio que será también central en el segundo momento del método teológico-pastoral: “callar”.
¿De qué silencio hablamos?
¿Por qué es tan importante?
La necesidad del silencio en teología es subrayada especialmente por las ramas místicas de las religiones. En el cristianismo por las corrientes teológicas apofáticas, las cuales insisten en afirmar que sobre el Misterio que llamamos “Dios” no podemos decir nada… o casi nada. Es un Misterio indecible, inefable y toda palabra humana corre el riesgo de estropearlo y manipularlo. Por eso lo mejor es el silencio del asombro, del amor, de la entrega.
El silencio del cual hablamos y que constituye parte esencial de mi visión teológica que sustenta el método pastoral, es el silencio radical que nos conecta al ser, a nuestra verdadera esencia. Esencia que precede al pensamientos y a las palabras y sigue cuando estos desvanecen.
No es un silencio como rechazo de la Palabra y las palabras. Este Silencio es el “Principio” del libro del Génesis y del prólogo del evangelio de Juan, “Principio” que precede a la Palabra y la hace ser.
Lenguaje y palabras también nos constituyen en la aventura humana y nos sirven para comunicar, crear, compartir. Es el silencio desde el cual y en el cual la Palabra y las palabras cobran su sentido auténtico, su belleza, su valor.
Sin esta vivencia radical del silencio quedaremos atrapados en nuestras opiniones y fanatismos. Sobre todo quedaremos atrapados en las ideologías que tanto daño hicieron y siguen haciendo a la convivencia humana. Y no hay peores ideologías que las religiosas. Cuando el cristianismo se transformó en ideología vivió su momento más oscuro y de más alejamiento del mensaje evangélico.
El peligro de caer y recaer en la ideología es siempre presente. El silencio, tal vez, es el mejor antídoto y vacuna.
El silencio nos enseña a dejar el deseo de control que tanto nos gusta y la tentación de creer que poseemos la verdad. El silencio nos hace más abiertos, humildes, tolerantes, disponibles. El silencio es pura apertura y pura posibilidad. Donde se vive el silencio todo puede ser, porque permitimos al Misterio manifestarse sin obstáculos.
El silencio, como afirma Javier Melloni, no es ausencia de ruido, sino ausencia de ego. Y donde no hay ego, solo queda el amor que somos y que podemos llegar a ser. Por eso el silencio es una dimensión esencial de mi visión teológica y parte esencial del método: “observar, callar, fluir”.
El silencio se aprende y se practica. No hay atajos. Requiere entrega, perseverancia, disciplina.
Después de haber puesto los cimientos de la visión teológica que sostiene el método “observar, callar, fluir” podemos entrar a profundizar el método mismo y a ofrecer unas pistas y pautas para su posterior desarrollo y puesta en práctica.

CUANDO PASE LA PANDEMIA, VOLVER A LA 'NORMALIDAD' ES AUTOCONDENARSE

col boff
Cuando pase la pandemia del coronavirus no nos estará permitido volver a la “normalidad” anterior. Sería, en primer lugar, un desprecio a los miles de personas que han muerto asfixiadas por el virus y una falta de solidaridad con sus familiares y amigos. En segundo lugar, sería la demostración de que no hemos aprendido nada de lo que, más que una crisis, es una llamada urgente a cambiar nuestra forma de vivir en nuestra única Casa Común. Se trata de un llamamiento de la propia Tierra viva, ese superorganismo autorregulado del que somos su parte inteligente y consciente.
El sistema actual pone en peligro las bases de la vida
Volver a la anterior configuración del mundo, hegemonizado por el capitalismo neoliberal, incapaz de resolver sus contradicciones internas y cuyo ADN es su voracidad por un crecimiento ilimitado a costa de la sobreexplotación de la naturaleza y la indiferencia ante la pobreza y la miseria de la gran mayoría de la humanidad producida por ella, es olvidar que dicha configuración está sacudiendo los cimientos ecológicos que sostienen toda la vida en el planeta. Volver a la “normalidad” anterior (business as usual) es prolongar una situación que podría significar nuestra propia autodestrucción.
Si no hacemos una “conversión ecológica radical”, en palabras del Papa Francisco, la Tierra viva podrá reaccionar y contraatacar con virus aún más violentos capaces de hacer desaparecer a la especie humana. Esta no es una opinión meramente personal, sino la opinión de muchos biólogos, cosmólogos y ecologistas que están siguiendo sistemáticamente la creciente degradación de los sistemas-vida y del sistema-Tierra. Hace diez años (2010), como resultado de mis investigaciones en cosmología y en el nuevo paradigma ecológico, escribí el libro Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo evitar el fin del mundo (Record). Los pronósticos que adelantaba han sido confirmados plenamente por la situación actual.
El proyecto capitalista y neoliberal ha sido rechazado
Una de las lecciones que hemos aprendido de la pandemia es la siguiente: si se hubieran seguido los ideales del capitalismo neoliberal –competencia, acumulación privada, individualismo, primacía del mercado sobre la vida y minimización del Estado– la mayoría de la humanidad estaría perdida. Lo que nos ha salvado ha sido la cooperación, la interdependencia de todos con todos, la solidaridad y un Estado suficientemente equipado para ofrecer la posibilidad universal de tratamiento del coronavirus, en el caso del Brasil, el Sistema Único de Salud (SUS).
Hemos hecho algunos descubrimientos: necesitamos un contrato social mundial, porque seguimos siendo rehenes del obsoleto soberanismo de cada país. Los problemas mundiales requieren una solución mundial, acordada entre todos los países. Hemos visto el desastre en la Comunidad Europea, en la que cada país tenía su plan sin considerar la necesaria cooperación con otros países. Fue una devastación generalizada en Italia, en España y últimamente en Estados Unidos, donde la medicina está totalmente privatizada.
Otro descubrimiento ha sido la urgencia de un centro plural de gobierno mundial para asegurar a toda la comunidad de vida (no sólo la humana sino la de todos los seres vivos) lo suficiente y decente para vivir. Los bienes y servicios naturales son escasos y muchos de ellos no son renovables. Con ellos debemos satisfacer las demandas básicas del sistema-vida, pensando también en las generaciones futuras. Es el momento oportuno para crear una renta mínima universal para todos, la persistente prédica del valiente y digno político Eduardo Suplicy.
Una comunidad de destino compartido
Los chinos han visto claramente esta exigencia al promover “una comunidad de destino compartido para toda la humanidad”, texto incorporado en el renovado artículo 35 de la Constitución china. Esta vez, o nos salvamos todos, o engrosaremos la procesión de los que se dirigen a la tumba colectiva. Por eso debemos cambiar urgentemente nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza y con la Tierra, no como señores, montados sobre ella, dilapidándola, sino como partes conscientes y responsables, poniéndonos junto a ella y a sus pies, cuidadores de toda la vida.
A la famosa TINA (There Is No Alternative), “no hay (otra) alternativa” de la cultura del capital, debemos confrontar otra TINA (There Is a New Alternative), “hay una nueva alternativa”. Si en la primera alternativa la centralidad estaba ocupada por el beneficio, el mercado y la dominación de la naturaleza y de los otros (imperialismo), en esta segunda será la vida en su gran diversidad, también la humana con sus muchas culturas y tradiciones la que organizará la nueva forma de habitar la Casa Común. Eso es imperativo y está dentro de las posibilidades humanas: tenemos la ciencia y la tecnología, tenemos una acumulación fantástica de riqueza monetaria, pero falta a la gran mayoría de la humanidad y, lo que es peor, a los Jefes de Estado la conciencia de esta necesidad y la voluntad política de implementarla. Tal vez, ante el riesgo real de nuestra desaparición como especie, por haber llegado a los límites insoportables para la Tierra, el instinto de supervivencia nos haga sociables, fraternos y todos colaboradores y solidarios unos con otros. El tiempo de la competencia ha pasado. Ahora es el tiempo de la cooperación.
La inauguración de una civilización biocentrada
Creo que inauguraremos una civilización biocentrada, cuidadosa y amiga de la vida, como algunos dicen, “la tierra de la buena esperanza”. Se podrá realizar el “bien vivir y convivir” de los pueblos andinos: la armonía de todos con todos, en la familia, en la sociedad, con los demás seres de la naturaleza, con las aguas, con las montañas y hasta con las estrellas del firmamento.
Como el premio Nobel de economía Joseph Stiglitz ha dicho con razón: “tendremos una ciencia no al servicio del mercado, sino el mercado al servicio de la ciencia”, y yo añadiría, y la ciencia al servicio de la vida.
No saldremos de la pandemia de coronavirus como entramos. Seguramente habrá cambios significativos, tal vez incluso estructurales. El conocido líder indígena, Ailton Krenak, del valle del Río Doce, ha dicho acertadamente: “No sé si saldremos de esta experiencia de la misma manera que entramos. Es como una sacudida para ver lo que realmente importa; el futuro es aquí y ahora, puede que mañana no estemos vivos; ojalá que no volvamos a la normalidad” (O Globo, 01/05/2020, B 6).
Lógicamente, no podemos imaginar que las transformaciones se produzcan de un día a otro. Es comprensible que las fábricas y las cadenas de producción quieran volver a la lógica anterior. Pero ya no serán aceptables. Deberán someterse a un proceso de reconversión en el que todo el aparato de producción industrial y agroindustrial deberá incorporar el factor ecológico como elemento esencial. La responsabilidad social de las empresas no es suficiente. Se impondrá la responsabilidad socio-ecológica.
Se buscarán energías alternativas a las fósiles, menos impactantes para los ecosistemas. Se tendrá más cuidado con la atmósfera, las aguas y los bosques. La protección de la biodiversidad será fundamental para el futuro de la vida y de la alimentación, humana y de toda la comunidad de la vida.
¿Qué tipo de Tierra queremos para el futuro?
Seguramente habrá una gran discusión de ideas sobre qué futuro queremos y qué tipo de Tierra queremos habitar. Cuál será la configuración más adecuada a la fase actual de la Tierra y de la propia humanidad, la fase de planetización y de la percepción cada vez más clara de que no tenemos otra casa común para habitar que ésta. Y que tenemos un destino común, feliz o trágico. Para que sea feliz, debemos cuidarla para que todos podamos caber dentro, incluida la naturaleza.
Existe el riesgo real de polarización de modelos binarios: por un lado los movimientos de integración, de cooperación general y, por otro, la reafirmación de las soberanías nacionales con su proteccionismo. Por un lado el capitalismo “natural” y verde y por otro lado el comunismo reinventado de tercera generación como pronostican Alain Badiou y Slavoy Zizek.
Otros temen un proceso de brutalización radical por parte de los “dueños del poder económico y militar” para asegurar sus privilegios y sus capitales. Sería un despotismo de forma diferente porque se basaría en los medios cibernéticos y en la inteligencia artificial con sus complejos algoritmos, un sistema de vigilancia sobre todas las personas del planeta. La vida social y las libertades estarían permanentemente amenazadas. Pero a todo poder le surgirá siempre un contrapoder. Habría grandes enfrentamientos y conflictos a causa de la exclusión y la miseria de millones de personas que, a pesar de la vigilancia, no se conformarán con las migajas que caen de las mesas de los ricos epulones.
No pocos proponen una glocalización, es decir que el acento se ponga en lo local, en la región con su especificidad geológica, física, ecológica y cultural pero abierta a lo global que involucra a todos. En este biorregionalismo se podría lograr un verdadero desarrollo sostenible, aprovechando los bienes y servicios locales. Prácticamente todo se realizará en la región, con empresas más pequeñas, con una producción agroecológica, sin necesidad de largos transportes que consumen energía y contaminan. La cultura, las artes y las tradiciones serán revividas como una parte importante de la vida social. La gobernanza será participativa, reduciendo las desigualdades y haciendo que la pobreza sea menor, siempre posible, en las sociedades complejas. Es la tesis que el cosmólogo Mark Hathaway y yo defendemos en nuestro libro común El Tao de la Liberación (2010) que fue bien acogida en el ambiente científico y entre los ecologistas hasta el punto de que Fritjof Capra se ofreció a hacer un interesante prefacio.
Otros ven la posibilidad de un ecosocialismo planetario, capaz de lograr lo que el capitalismo, por su esencia competitiva y excluyente, es incapaz de hacer: un contrato social mundial, igualitario e inclusivo, respetuoso de la naturaleza en el que el nosotros (lo comunitario y societario) y no el yo (individualismo) será el eje estructurador de las sociedades y de la comunidad mundial. El ecosocialismo planetario encontró en el franco-brasileño Michael Löwy su más brillante formulador. Tendremos, como reafirma la Carta de la Tierra así como la encíclica del Papa Francisco “sobre el cuidado de la Casa Común”, un modo de vida verdaderamente sostenible y no sólo un desarrollo sostenible.
Al final, pasaremos de una sociedad industrial/consumista a una sociedad de sustentación de toda la vida con un consumo sobrio y solidario; de una cultura de acumulación de bienes materiales a una cultura humanístico-espiritual en la que los bienes intangibles como la solidaridad, la justicia social, la cooperación, los lazos afectivos y no en última instancia la amorosidad y la logique du coeur estarán en sus cimientos.
No sabemos qué tendencia predominará. El ser humano es complejo e indescifrable, se mueve por la benevolencia pero también por la brutalidad. Está completo pero aún no está totalmente (terminado). Aprenderá, a través de errores y aciertos, que la mejor configuración para la coexistencia humana con todos los demás seres de la Madre Tierra debe estar guiada por la lógica del propio universo: este está estructurado, como nos dicen notables cosmólogos y físicos cuánticos, según complejas redes de inter-retro-relaciones. Todo es relación. No existe nada fuera de la relación. Todos se ayudan mutuamente para seguir existiendo y poder co-evolucionar. El propio ser humano es un rizoma (bulbo de raíces) de relaciones en todas las direcciones.
Si se me permite decirlo en términos teológicos: es la imagen y semejanza de la Divinidad que surge como la relación íntima de tres Infinitos, cada uno singular (las singularidades no se suman), Padre, Hijo y Espíritu Santo, que existen eternamente el uno para el otro, con el otro, en el otro y a través del otro, constituyendo un Dios-comunión de amor, de bondad y de belleza infinita.
Tiempos de crisis como el nuestro, de paso de un tipo de mundo a otro, son también tiempos de grandes sueños y utopías. Ellas son las que nos mueven hacia el futuro, incorporando el pasado pero dejando nuestra propia huella en el suelo de la vida. Es fácil pisar la huella dejada por otros, pero ella no nos lleva a ningún camino esperanzador. Debemos hacer nuestra propia huella, marcada por la inagotable esperanza de la victoria de la vida, porque el camino se hace caminando y soñando.  Así pues, caminemos.

viernes, 22 de mayo de 2020

Castillo, sobre Nicolás: “Hoy he perdido, para siempre, un amigo que nunca podré olvidar


Castillo1
Emotivo adiós del teólogo a su amigo y compañero, el ex general de los jesuitas
“Mantuvimos aquella conversación pocos días antes de saberse la renuncia al papado de Benedicto XVI. La claridad y el cariño con que Adolfo me habló de la fidelidad a la Iglesia no la he palpado en nadie más en este mundo”
“Cuando nos estábamos despidiendo, Adolfo Nicolás me dijo algo que me ha marcado con fuerza: ‘Reza, reza mucho por la Iglesia. Que peor de lo que está, ahora mismo, no creo que pueda caer’. En entrevistas posteriores le vi más animado.”
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jueves, 21 de mayo de 2020

UNA NUEVA COMUNIDAD

col otalora

Todo lo que tiene vida se renueva. Lo que permanece estático mucho tiempo es lo propio de las charcas y los estanques cerrados llenos de hojas muertas. La vida nos demuestra su capacidad de reinventarse y crecer allí donde parece imposible hacerlo. Atacama, Chile, es un buen ejemplo. Su clima desértico es tan extremo que se han llegado a registrar hasta 400 años sin lluvias. Expertos de la NASA estudian el desierto chileno confiados en que les ayude a aprender más sobre la posibilidad de vida en Marte. Sin embargo, se han descubierto microorganismos vivos. Y cada cierto número de años se produce un espectacular aumento de las precipitaciones que transforma kilómetros de paisaje árido y desolado en un paraíso lleno de especies vegetales que logran aflorar tras haber sobrevivido años en estado de latencia.
La vida se renueva siempre. Heráclito filosofó sobre la existencia como algo no estático que va en compás con el resto de la movilidad natural del Universo: todo fluye. También lo hace el amor continuamente, cuando se renueva día a díaCada caricia de una persona enamorada, cada beso de amor y cada manifestación amorosa no es igual a la anterior; siempre es algo bienvenido por ser "nuevo", aunque se den todos los días. Todo lo contrario al desamor que resulta rutinario y estático como una ciénaga. El amor de verdad por serlo siempre es novedoso y hay que alimentarlo frente a la tentación de las rutinas que pervierten el verdadero amor.
Nuestras comunidades cristianas son signo de amor, no lo olvidemos. La Iglesia es una gran comunidad de amor seguidora de Cristo resucitado. Tan es así de verdadero y de importante, que Lucas nos regala el apéndice del “quinto evangelio” con su exhortación de las primeras comunidades cristianas. No es un relato al pie de la letra, entre otras cosas porque se escribió entre los años 80-90 d.C. Lo esencial es el espíritu y la sustancia en las relaciones que alimentaban aquellas comunidades de la primitiva Iglesia.  
Comunidades vivas que fueron actualizando su fe con signos que representaban el contenido de su apuesta de amor cristiano. Los signos de la presencia de Dios en el mundo, los valores que deben distinguir a nuestras comunidades: el cuidado de los demás, la cooperación, la solidaridad, la compasión y el amor incondicional; ellos son los signos de la nueva civilización planetaria. La liturgia es un conjunto de signos necesarios, pero signos formales al fin y al cabo. Lo esencial es lo que celebramos en ella, la actualización de aquellas comunidades que vivieron con pasión el amor que Cristo les dejó para que lo vivieran y lo difundieran.
Y el amor solo es posible difundirlo con más amor. Según la carta de Pablo -amigo de Lucas-a los Efesios, Dios tiene un plan y quiere una humanidad a su medida de amor sin límites para nadie; ni para los enemigos. Sólo el que ama es capaz de permanecer vivo y sentir de una manera diferente. El que ama acoge su realidad y es capaz de transformarla.
Amar no es fácil, supone abrirse a lo inesperado con confianza y entrega. Hay dolor en el amor, pero es un dolor que purifica, que hace crecer siempre; en esto no hay topes. Quien no tiene amor ha muerto a lo mejor de la vida. Qué realidad más grande cuando uno ama a alguien, de modo especial: todo cobra sentido. La propia existencia revela plenitud y alegría, aún en medio de las dificultades, porque la persona que ama se llena de sentido.
La razón de ser de la comunidad cristiana es convertirse toda ella un signo del Amor. Habrá épocas en las que viviremos como en el desierto de Atacama, silentes como fermento que espera florecer con fuerza a la primera oportunidad. Otras veces nos pasaremos de frenada y nuestro ejemplo será más bien el de un Estado político lleno de signos externos que sobran y repelen la esencia evangélica. Pero el Espíritu sopla sin cesar para que vivamos en una comunidad de Amor por la participación de todos, cada uno según sus posibilidades, en la construcción del Reino de Dios transparentando al mismo Dios ¿No es esta nuestra fe?

EL EVANGELIO ES, ANTE TODO, UNA FORMA DE VIVIR

JOSÉ MARÍA CASTILLO

RELIGIÓN DIGITAL

Una de las cosas más extrañas y elocuentes, que estoy viviendo con motivo de la pandemia, es que, cuando se habla de este asunto (en la tele, en la prensa, en las tertulias, donde sea…), salen a relucir, como es lógico, la medicina, la economía, la política, la ciencia, las leyes, las costumbres… O sea, se habla de todo. Menos de una cosa: la religión. A veces (raras veces) se hace mención de la generosidad del Papa, de algún obispo que ha hecho algo llamativo o quizá de algunas monjas que hacen lo que pueden en barrios o países pobres. Pero, de la religión como factor que puede ser importante en la solución de este enorme problema, a nadie se le ocurre ni mencionar tal cosa, por lo menos como posible ayuda para la solución de esta enorme amenaza que tanto nos preocupa y hasta nos abruma.       

¿Qué le ha pasado a la religión? Me lo pregunto porque estoy seguro de que hay personas, quizá bastantes personas, que le rezan a Dios para que nos ayude a superar esta enorme desgracia. Pero de estos sentimientos religiosos, la mayoría de la gente ni se atreve a mencionar en público si reza o deja de rezar. Por eso, yo insisto en mi pregunta: ¿qué le está pasando a la religión?

El problema, que se nos plantea con esta pregunta, es –me parece a mí– algo más complicado de lo que algunos se imaginan. Porque es un hecho que, en las sociedades más industrializadas y más ricas, a medida que la tecnología y la economía se desarrollan, ocurre que las normas culturales y religiosas tradicionales se deterioran y hasta se debilitan, llegando a perder en gran medida la presencia púbica que tuvieron en tiempos pasados y cualquiera sabe si volverán (cf. Ronald Inglehart).   

Por lo general, el hecho que acabo de apuntar se suele interpretar como un progreso. Por supuesto, un progreso que tiene un precio: a más ciencia, más tecnología y una economía más poderosa, la moral y las costumbres tradicionales se deterioran; y con semejante deterioro, la religión se va quedando también marginada. Esto, por lo menos a primera vista, parece un hecho incuestionable.

Sin embargo, tenemos que insistir en una pregunta elemental: ¿es todo esto realmente así? Quiero decir: ¿podemos asegurar tranquilamente que, a más ciencia y más tecnología, con el consiguiente deterioro de la religión, por eso mismo la sociedad se va desarrollando, la humanidad se está perfeccionando y las futuras generaciones alcanzarán metas y logros que no imaginamos?

Sinceramente, yo creo que ya tenemos argumentos abundantes, por lo menos, para sospechar (con fundamento) que los entusiastas defensores de los indiscutibles logros de la ciencia y del progreso, de las técnicas y de la economía, en realidad son unos desorientados, que no se han dado cuenta de la espantosa hecatombe en la que nos hemos metido, con nuestros prodigiosos avances en la más refinada tecnología y nuestra religión confinada en el desván de los recuerdos.

¿Por qué digo esto? Porque, si todo este problema se piensa a fondo, pronto se da uno cuenta de que ni todo, en la ciencia y la tecnología, es tan positivo como muchos se imaginan; ni todo, en la religión, está que hace agua. Baste pensar que la ciencia y la tecnología dependen de la economía. Y no de cualquier economía. Porque dependen del sistema económico establecido, que es el sistema que rige y manda en el mundo. Un sistema que, “de facto”, y sea cual sea la teoría que cada uno tenga, el hecho es que se trata de un sistema que produce el insaciable incremento del beneficio económico de unos pocos a costa de la dependencia y el empobrecimiento de todos los demás.

Por supuesto, yo no soy economista. Pero tampoco me chupo el dedo. Y de sobra sabemos que la economía mundial funciona de tal manera, que, a una velocidad creciente y alarmante, el capital mundial se va concentrado más y más, cada año, en menos y menos personas, que son las que rigen nuestras vidas, por más que ni se nos pase por la cabeza semejante atrocidad. Sobre todo, sabiendo, como bien sabemos, que más de la mitad de la población mundial no puede disponer de la atención médica indispensable, ni se puede alimentar para seguir viviendo.

Pero hay algo más, que nunca habíamos imaginado. Nuestro incontenible y flamante desarrollo científico y tecnológico produce tal y tanta contaminación atmosférica, que, como a nuestro flamante desarrollo no lo contengamos o le demos otra orientación, a nuestros nietos les dejaremos seguramente la espantosa herencia de tener que asistir a la destrucción total del planeta tierra.

Pero nos queda la segunda parte: la marginación y el deterioro de la religión. Me refiero, puesto que soy cristiano, a la religión que vivo, desde mi infancia. La religión que ha dado y da sentido a mi vida. Además, he dedicado mi trabajo, mis estudios y mi profesión al estudio y la enseñanza de esta religión, que intento vivir y transmitirla a los demás.

Dicho esto, lo primero que, a mi manera de ver, se debe tener en cuenta es que el cristianismo (como les ocurre a otras religiones), por una presunta fidelidad a sus orígenes, se ha quedado muy atrasado con respecto a la cultura y a los acontecimientos que estamos viviendo. Baste pensar, por poner un ejemplo, en lo que ocurre con la liturgia y en la celebración de los sacramentos. Mucha gente no sabe que esas ceremonias, tal como han llegado hasta nosotros, en su lenguaje, sus vestimentas, sus rituales y la justificación ideológica de su contenido, en muchos de los aspectos que los fieles perciben, son costumbres y tradiciones medievales. Por no hablar de los templos, catedrales, palacios y otras solemnidades, que le hicieron decir a san Bernardo, en un escrito dirigido al papa Eugenio III (s. XII), que, revestido de seda y oro, en su caballo blanco, parecía más el sucesor de Constantino que el de san Pedro. Y sabemos que la religión, que hoy tenemos, es el residuo anacrónico de aquellas vanidades.

Y lo peor del caso es la mentalidad – o sea, la teología – que justifica esas cosas. Una teología que, en no pocos tratados y cuestiones, ni afronta, ni responde, a los grandes temas que ahora interesan a la mayor parte de la sociedad. Por eso insisto, una vez más, en la necesidad apremiante, que tenemos, de recuperar la centralidad del Evangelio en la organización de la Iglesia y en la vida de los cristianos.

Por supuesto la Iglesia afirma y defiende que el Evangelio es eje y centro de la Iglesia. Pero nunca deberíamos olvidar lo que tantas veces ha dicho el papa Francisco: el Evangelio es, ante todo, una forma de vivir. Una vida en la que se destacan dos grandes problemas, que son las dos grandes preocupaciones que tuvo Jesús: la salud y la economía. Justamente, los dos grandes problemas que hoy tenemos que afrontar los humanos, sean cuales sean nuestras creencias y dada la mundialización de la pandemia que sufrimos.

Por esto se comprende la insistencia de los evangelios en los relatos de las curaciones de enfermos. Hasta 67 relatos sobre este asunto, que dejan patente hasta qué extremo a Jesús le interesaba y la preocupaba el tema de la salud y la vida. Y junto a la salud, la economía. Que es el tema de fondo, que plantea el Evangelio cuando Jesús llamaba a los discípulos y a la gente a “seguirle”. En efecto, según los evangelios, cuando Jesús llamaba a que alguien le “siguiera”, no ponía nada más que una condición: “dejarlo todo”. Llama la atención que esto justamente es el tema capital en el que los evangelios insisten hasta tales extremos, que no siempre es fácil explicar lo que Jesús pedía (incluso abandonar el entierro del propio padre: Mt 8, 18-22 par).

Sin duda alguna, da pena pensar cómo la teología cristiana ha desplazado el tema del “seguimiento de Jesús”. De forma que el tema-clave de la “cristología” (Joahn B. Metz) lo ha deformado interpretándolo como un tema de “espiritualidad”. Los discípulos de Jesús conocieron al Maestro, “siguiéndole”, viviendo con él y como él.

Si cuando hablamos de la pandemia del corona-virus, la religión no interesa, es evidente que a los hombres de la religión les resulta más cómodo y lucrativo celebrar ceremonias, ritos y liturgias, que enfrentarse a una política y una economía que se interesa más por el poder que por la salud para todos por igual y una economía que no tiene como proyecto el beneficio, sino la salud y el bienestar para todos.

Es evidente que, si planteamos la religión como la planteó y la vivió Jesús (según el Evangelio), no cabe duda que cuando hablemos de la pandemia del virus, si es que tratamos el tema en serio y hasta el fondo, antes o después, tendremos que hablar también de religión.

ANTES DE ORGANIZAR ACTOS OFICIALES CIVILES O RELIGIOSOS HAY QUE SENTIRSE CONMOVIDOS POR LO SUCEDIDO

JESÚS SASTRE

RELIGIÓN DIGITAL

En estos días se oye que pronto se decretará luto oficial, se harán homenajes y funerales a tantos miles de víctimas del Covid-19. La mitad de estas víctimas, personas fallecidas en residencias de mayores en circunstancias penosas, horribles en algunos casos, sin ayuda médica y de profesionales sanitarios, en la más absoluta soledad y sin la compañía y el abrazo de sus seres queridos. Antes de actos oficiales civiles o religiosos hay que sentirse conmovidos por lo sucedido, pedir perdón a los muertos por múltiples motivos y empeñarse en transformar la realidad de las residencias de mayores.

PERDÓN, porque habéis tenido una infancia y juventud nada fácil en los duros años de la postguerra, porque con mucho esfuerzo y trabajo sacasteis vuestras familias adelante, porque habéis levantado este país e hicisteis la “transición” de manera ejemplar y generosa. Por todo esto no merecíais el final duro, lleno de sufrimiento y olvido que habéis tenido.

PERDÓN, porque los familiares os hemos llevado, sin saberlo, a residencias con carencias graves, mala gestión y negligencia que os han costado la vida en unos casos y, en otros, una muerte con muy poca atención y dignidad. Cargamos con la culpa de haberos llevado al peor sitio que se pueda imaginar.

PERDÓN, porque las Administraciones Públicas no os han prestado las ayudas médicas y de profesionales para superar la enfermedad o, al menos, para haber muerto sin tanto sufrimiento cuando os faltaba el aliento y nada ni nadie os prestaba cuidados paliativos. "En esta crisis las personas mayores han sido discriminadas en su capacidad de acceso real a servicios sanitarios especializados" (Informe de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Informe del 2 de mayo de 2020).

"Sin la privatización salvaje de los servicios sociosanitarios quizás hubierais tenido más posibilidades de sobrevivir"

PERDÓN, porque ante la escasez de las camas de UCI que ibais a ocupar, por vuestra edad y otras patologías, han sido dadas a personas más jóvenes y con más posibilidades de sobrevivir. Estas os deben un recuerdo y agradecimiento merecidos.

PERDÓN, porque los médicos geriatras e intensivistas han tenido que tomar decisiones muy difíciles y dolorosas. Sin los recortes en sanidad de los años anteriores, y sin la privatización salvaje de los servicios sociosanitarios quizás hubierais tenido más posibilidades de sobrevivir. Lo que hemos vivido no sucede al azar ni por mala suerte; siempre hay causas subyacentes que influyen para bien o para mal en el desarrollo de los acontecimientos. Las carencias vienen de lejos y ahora hemos padecido sus nefastas consecuencias.

PERDÓN, porque con los días de luto oficial, funerales y homenajes podemos perder la memoria de todo lo que ha pasado y que vosotros habéis padecido. Que vuestro silencio sea un grito que haga la “soledad sonora” y la “música callada”. Sólo si se “conmueven las entrañas” podemos hacer examen de conciencia y vislumbrar un futuro nuevo y mejor.

PERDÓN, porque estamos tentados de diluir responsabilidades diciendo que los estragos de la pandemia han afectado a las residencias de mayores de todos los países, que la pandemia nos ha sorprendido, que no había medios, etc., etc. Hay un número de residencias donde no ha entrado el virus o donde ha sido controlado pronto y eficazmente. Dentro de esta situación general hay responsabilidades personales en las Administraciones Públicas, en los presidentes de patronatos de fundaciones, y en los directores y gerentes de las residencias. No se puede diluir la responsabilidad. La pandemia ha sido la ocasión para que las deficiencias acumuladas durante años en la gestión de las Residencias estallaran entre las manos a los responsables de las mismas.

"Dentro de esta situación general hay responsabilidades personales en las Administraciones Públicas, en los presidentes de patronatos de fundaciones, y en los directores y gerentes de las residencias"

PERDÓN, porque nos hemos creído las grandes palabras de los idearios de las residencias, cuando la realidad cotidiana poco tenía que ver con los valores proclamados a modo de identidad o de reclamo. ¡Cuánto nos cuesta ver lo grande en lo pequeño y cómo nos conformamos con bonitos deseos! La ejemplaridad, la ética de la excelencia no nos ha acompañado. Quizás han faltado más controles de inspección de la Administración, sanciones más fuertes por faltas graves y cierre de residencias con reincidencia en faltas graves.

PERDÓN, porque las residencias con más número de muertos, algunas dependientes de entidades religiosas católicas, se resisten a hacer ellas mismas revisión de lo ocurrido. La Fiscalía y alguna Plataforma de defensa de la dignidad de los mayores en residencias son las que están promoviendo las investigaciones para aclarar lo sucedido y dirimir responsabilidades.

Que el recuerdo de los que se han ido en soledad, acompañado de culpa y dolor, nos estimule a replantear la sanidad pública y los servicios sociales en residencias de mayores para que no se repita lo que vosotros habéis padecido y que desde hace dos meses hemos oído y visto entre la impotencia y la indignación. Por eso queremos mirar al futuro con verdad, realismo y empeño transformador.

Propuestas de acción

En estos meses, desde el día 8 de marzo, los residentes están sin recibir visitas de sus familiares. Apenas se han visto alguna vez por alguna videollamada. Según los síntomas y los resultados de los test, que se han hecho muy tarde, los residentes han sido clasificados en grupos específicos, y trasladados por tres semanas de pabellón con lo puesto y poco más, mezclados residentes con distinta funcionalidad, sin posibilidad de utilizar los armarios de la nueva habitación, los contagiados y los que están en observación, que son bastantes, sin poder salir de la habitación, sin televisión en muchos casos y sin ninguna actividad de apoyo psicológico.

Esta situación no se puede prolongar más. Es necesario poner medios materiales y humanos para hacer que este durísimo confinamiento a las personas más vulnerables sea un poco más humano, llevadero y con mayor atención personal ya que los familiares no lo podemos hacer.

Las Administraciones Públicas deben ejercitar sus competencias y no delegar fácilmente en grandes grupos, cuya finalidad es el mayor beneficio, la dirección o prestación de servicios en residencias públicas o concertadas. Y en las privadas deben hacer mayor control de calidad y con más frecuencia. Cuando se defiende la iniciativa privada en estos campos hay que tener muy presente qué tipos de grupos son los que están ahora llevando la gestión de las Residencias y qué resultados ofrecen en el manejo de la pandemia.

Las plantillas están sobrecargadas de trabajo, mal pagadas y con escasa formación. Para que haya un servicio de calidad a nuestros mayores la “ratio” de personal que atiende a los residentes tiene que ser la adecuada. Los profesionales apenas tienen tiempo para hacer un acompañamiento personal de los residentes; todo está muy burocratizado y en función de servicios, no de relaciones personalizadas que tanto influyen en el bienestar de los residentes.

En todas las residencias, incluidas las privadas, tendría que haber una Asociación o Plataforma de Familiares de Residentes con participación real en la residencia y para vigilar el cumplimiento de los servicios acordados en el contrato de ingreso y por los que se paga.

La información facilitada por la Dirección de la Residencia tendría que ser más abundante y la gestión más transparente. Al ser centros donde los residentes están internos las 24 horas el conocimiento de lo que allí sucede es muy importante para las familias. En consecuencia, habrá que habilitar cauces eficaces de información y de participación, tanto de los residentes como de los familiares. Llama la atención que en las Residencias privadas no hay obligación de articular ningún cauce participativo de los familiares de residentes.

Es urgente una "redefinición" del modelo de residencias. La meta es el "modelo hogar" plasmado en los países nórdicos. Todos los residentes desean vivir “como en casa”. Siendo importante, no es suficiente con asegurar una buena atención médica en las residencias, pues la propuesta de renovación pasa por diseñar un nuevo modelo residencial más familiar y centrado en el cuidado a la persona concreta, el reconocimiento y valoración del trabajo de las auxiliares, incrementar las ratios de personal y mejorar su formación y retribuciones, que actualmente son inferiores a mil euros. El modelo institucional actual no tiene futuro.

En este debate de examen de conciencia y propuestas de futuro son los grupos de izquierda los que están más activos. Se echa en falta la aportación de algunos grupos e instituciones que, por su propia identidad, deberían ser pioneras en lo referente a la atención a los más vulnerables y necesitados. Aunque en sus idearios ponen que sus valores son: “hospitalidad, calidad, responsabilidad, honestidad, espiritualidad y respeto”, da la impresión de que estas instituciones están ausentes y esperando a que pase el temporal. Desearía que la Iglesia estuviera abriendo caminos de renovación y los pusiera en práctica ejemplarmente en las residencias que ella, de una u otra manera, gestiona. A la espera de datos oficiales que permitan comparar los diferentes tipos de residencias, los resultados de la gestión de la pandemia en las Residencias de la Iglesia parecen arrojar datos preocupantes que contradicen los principios inspiradores, los valores evangélicos y su Doctrina Social.

YO ESTOY CON VOSOTROS Y VOSOTRAS HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS

col pepa torres com
Mt 28, 16-20
Jesús nos asegura su cercanía incondicional en toda circunstancia y coyuntura. Sin embargo, nos cuesta reconocerla. Las experiencias límites, la injusticia, el sufrimiento, la violencia, pueden velarnos su presencia. Por eso en tiempos como en los que vivimos, nuestra fe siempre está amenazada por dos desenfoques que terminan haciendo de ella una perversión que atenta contra lo más radical de la experiencia cristiana: Dios es amor y vida donada en gratuidad y abundancia.
El primer desenfoque es atribuir al misterio que llamamos Dios, la capacidad de intervenir directamente en la historia, tanto para causar el mal como para evitarlo. Muchas de las conversaciones que escuchamos estos días en torno a la crisis del covid 19 van en esta línea. Un ejemplo paradigmático pueden ser las oraciones o rituales virtuales convocados por las redes sociales para que Dios ponga fin a la pandemia. La imagen de Dios que hay detrás de este desenfoque nada tiene que ver con el Dios cristiano, que en Jesús se encarna como solidaridad amorosa hasta el extremo, asumiendo desde ahí las consecuencias de la dejación o de la responsabilidad humana. Este Dios que nunca se impone al ser humano, que se expone a su libertad, a su acogida o a su rechazo. El segundo desenfoque es de tipo moralizante y es una consecuencia del anterior: creer que el mal, en este caso la pandemia y la crisis económica que conlleva, son un castigo ejemplarizante a la humanidad por sobrepasar los límites naturales y expoliar la tierra y a las criaturas. Como si Dios fuera un pedagogo cruel y sádico y no el Dios todo-misericordia, el Abba (Dios-papaito) de Jesús.
Por eso en medio de la incertidumbre y el sufrimiento que nos atraviesa, los tiempos que vivimos son una oportunidad para desnudar nuestra fe de desenfoques idolátricos. El Dios de Jesús no es un Dios mágico, soluciona-problemas, ni tampoco castigador ni sádico. No es un Dios que actúa saltándose las mediaciones humanas, sino un Dios compañero. Un Dios que se hace condición humana y desde lo hondo nos sostiene y nos ayuda a encarar preguntas para las que no tenemos respuestas. Un Dios que no nos arregla nada, pero que nos sostiene en todo y cuya experiencia amorosa de cuidado y sustento, en medio de la densidad de los acontecimientos, nos lleva a no querer ni poder apropiárnosla. Un Dios que se queda mudo, pero no ausente, ante los cadáveres de las calles en Quito o en el sufrimiento de los ancianos, sanitarios o cuidadoras muertas no solo por el covid 19, sino por la irresponsabilidad y los intereses económicos que han desmantelado los sistemas públicos de salud en nuestro país. Un Dios que en Jesús nos recuerda que su decir es hacer, que, en ocasiones como éstas, predicar es actuar y lo que toca es ponerse codo a codo, con otros y otras, para acompañar duelos, silencios, preguntas aun sin respuestas. Lo que toca no son discursos sino hacer posible la multiplicación de los panes y los peces en las colas del hambre en nuestros barrios, como tantas iniciativas vecinales, grupos de cuidados y comunidades cristianas están haciendo. Si estamos atentos, entre ellos y ellas podemos reconocer hoy el Espíritu del Viviente que nos urge a anunciarlo con la fuerza de las obras y el poder y la resiliencia de las iniciativas comunitarias.

Domingo 24 de Mayo Ascensión del Señor Ntra. Sra. María Auxiliadora


La primera lectura de la liturgia de hoy nos ofrece el relato de la Ascensión del Señor cuyo objetivo fundamental es trazar los rasgos específicos de la esperanza cristiana. Jesús, nuevo Elías, asciende a los cielos y este hecho no significa el fin de la historia deseado por los discípulos, según se refleja en su pregunta: «¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino para Israel?» (v. 6). Se trata por el contrario, del tiempo del testimonio que prepara ese final. En el salmo interleccional se proclama la entronización de Dios como «emperador» y «rey» de toda la tierra, y la carta a los cristianos de Éfeso conecta el señorío del Mesías Jesús a la comprensión que deben tener los miembros de la comunidad eclesial sobre la esperanza a la que «abre su llamamiento» (1,18) . 

HACER DISCÍPULOS DE JESÚS Ascensión del Señor – A (Mateo 28,16-20)

JOSÉ ANTONIO PAGOLA 

Mateo describe la despedida de Jesús trazando las líneas de fuerza que han de orientar para siempre a sus discípulos, los rasgos que han de marcar a su Iglesia para cumplir fielmente su misión.

El punto de arranque es Galilea. Ahí los convoca Jesús. La resurrección no los ha de llevar a olvidar lo vivido con él en Galilea. Allí le han escuchado hablar de Dios con parábolas conmovedoras. Allí lo han visto aliviando el sufrimiento, ofreciendo el perdón de Dios y acogiendo a los más olvidados. Es esto precisamente lo que han de seguir transmitiendo.

Entre los discípulos que rodean a Jesús resucitado hay «creyentes» y hay quienes «vacilan». El narrador es realista. Los discípulos «se postran». Sin duda quieren creer, pero en algunos se despierta la duda y la indecisión. Tal vez están asustados, no pueden captar todo lo que aquello significa. Mateo conoce la fe frágil de las comunidades cristianas. Si no contaran con Jesús, pronto se apagaría.

Jesús «se acerca» y entra en contacto con ellos. Él tiene la fuerza y el poder que a ellos les falta. El Resucitado ha recibido del Padre la autoridad del Hijo de Dios con «pleno poder en el cielo y en la tierra». Si se apoyan en él no vacilarán.

Jesús les indica con toda precisión cuál ha de ser su misión. No es propiamente «enseñar doctrina», no es solo «anunciar al Resucitado». Sin duda, los discípulos de Jesús habrán de cuidar diversos aspectos: «dar testimonio del Resucitado», «proclamar el evangelio», «implantar comunidades»… pero todo estará finalmente orientado a un objetivo: «hacer discípulos» de Jesús.

Esta es nuestra misión: hacer «seguidores» de Jesús que conozcan su mensaje, sintonicen con su proyecto, aprendan a vivir como él y reproduzcan hoy su presencia en el mundo. Actividades tan fundamentales como el bautismo, compromiso de adhesión a Jesús, y la enseñanza de «todo lo mandado» por él son vías para aprender a ser sus discípulos. Jesús les promete su presencia y ayuda constante. No estarán solos ni desamparados. Ni aunque sean pocos. Ni aunque sean solo dos o tres.

Así es la comunidad cristiana. La fuerza del Resucitado la sostiene con su Espíritu. Todo está orientado a aprender y enseñar a vivir como Jesús y desde Jesús. Él sigue vivo en sus comunidades. Sigue con nosotros y entre nosotros curando, perdonando, acogiendo… salvando.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Victorino Pérez Prieto, teólogo: “El diálogo es el verdadero espíritu del Vaticano II”


Victorino Prieto
“Con Juan Pablo II llegó el invierno post-conciliar”
“Nuestro tiempo ha comprendido que frente a los enfrentamientos y violencias entre culturas y religiones solo hay un antídoto: el diálogo”
“A pesar de las alabanzas que recibió, el largo pontificado de Juan Pablo II inició una praxis involucionista nefasta, continuada por Benedicto XVI, que quiso echar atrás algunos de los logros conciliares más importantes”
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“Dejar a Dios para atender a Dios”


Jesus Martinez Gordo

Nunca me ha gustado el gnosticismo, sobre todo, por su desprecio o, al menos, descuido del espesor de la historia. Y ahora, en pleno “boom” de misas telemáticas, tengo la sensación de que puede irrumpir con una fuerza inusitada, si acabamos trasladando lo que es propio de tiempos excepcionales (dichas eucaristías telemáticas) a lo habitual (a las presenciales). Y como, contrapunto reactivo, tampoco me ha gustado nunca la profusión desmedida de celebraciones eucarísticas para llegar a cuantos más, mejor; no importando hacer del cura un funcionario (cuando no, un autómata) eucarístico.
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Julio Anguita: “El régimen de Franco se vistió un poco de lagarterana y pasó a la orilla democrática en la transición”


Benjamín Forcano

Anguita
Entrevista al ex líder de Izquierda Unida recientemente fallecido, por Benjamín Forcano
Ha pasado más de un año, desde que logramos que Julio Anguita pudiera expresar para la revista EXODO, la que fue probablemente una de sus más amplias e importantes entrevistas
“Es curioso que a los más de 50 años desde que desaparecieron Hitler y Mussolini un dictador de ideología fascista siga estando en un lugar público. La transición sirvió para claudicar en ese aspecto”
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Omella, a los ‘Cayetaners': “Hemos de respetar las normas preventivas, no celebrar concentraciones para evitar que se vuelvan a colapsar los hospitales”


Jesús Bastante

Religión Digital

cardenal omella

El presidente de la CEE no cree que Cañizares se saltara las normas al sacar a la Virgen
El cardenal de Barcelona pide un “pacto escolar” y anuncia que “no avanzaremos mientras una ley educativa sustituya a otra”
“La comprensión entre unos y otros solo se logra con buena voluntad y diálogo, nunca mirando al otro como a un enemigo (…). Hay muchas cosas que los catalanes reclaman antes que la independencia”   ··· Ver noticia ···