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viernes, 22 de mayo de 2020

Castillo, sobre Nicolás: “Hoy he perdido, para siempre, un amigo que nunca podré olvidar


Castillo1
Emotivo adiós del teólogo a su amigo y compañero, el ex general de los jesuitas
“Mantuvimos aquella conversación pocos días antes de saberse la renuncia al papado de Benedicto XVI. La claridad y el cariño con que Adolfo me habló de la fidelidad a la Iglesia no la he palpado en nadie más en este mundo”
“Cuando nos estábamos despidiendo, Adolfo Nicolás me dijo algo que me ha marcado con fuerza: ‘Reza, reza mucho por la Iglesia. Que peor de lo que está, ahora mismo, no creo que pueda caer’. En entrevistas posteriores le vi más animado.”
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jueves, 21 de mayo de 2020

UNA NUEVA COMUNIDAD

col otalora

Todo lo que tiene vida se renueva. Lo que permanece estático mucho tiempo es lo propio de las charcas y los estanques cerrados llenos de hojas muertas. La vida nos demuestra su capacidad de reinventarse y crecer allí donde parece imposible hacerlo. Atacama, Chile, es un buen ejemplo. Su clima desértico es tan extremo que se han llegado a registrar hasta 400 años sin lluvias. Expertos de la NASA estudian el desierto chileno confiados en que les ayude a aprender más sobre la posibilidad de vida en Marte. Sin embargo, se han descubierto microorganismos vivos. Y cada cierto número de años se produce un espectacular aumento de las precipitaciones que transforma kilómetros de paisaje árido y desolado en un paraíso lleno de especies vegetales que logran aflorar tras haber sobrevivido años en estado de latencia.
La vida se renueva siempre. Heráclito filosofó sobre la existencia como algo no estático que va en compás con el resto de la movilidad natural del Universo: todo fluye. También lo hace el amor continuamente, cuando se renueva día a díaCada caricia de una persona enamorada, cada beso de amor y cada manifestación amorosa no es igual a la anterior; siempre es algo bienvenido por ser "nuevo", aunque se den todos los días. Todo lo contrario al desamor que resulta rutinario y estático como una ciénaga. El amor de verdad por serlo siempre es novedoso y hay que alimentarlo frente a la tentación de las rutinas que pervierten el verdadero amor.
Nuestras comunidades cristianas son signo de amor, no lo olvidemos. La Iglesia es una gran comunidad de amor seguidora de Cristo resucitado. Tan es así de verdadero y de importante, que Lucas nos regala el apéndice del “quinto evangelio” con su exhortación de las primeras comunidades cristianas. No es un relato al pie de la letra, entre otras cosas porque se escribió entre los años 80-90 d.C. Lo esencial es el espíritu y la sustancia en las relaciones que alimentaban aquellas comunidades de la primitiva Iglesia.  
Comunidades vivas que fueron actualizando su fe con signos que representaban el contenido de su apuesta de amor cristiano. Los signos de la presencia de Dios en el mundo, los valores que deben distinguir a nuestras comunidades: el cuidado de los demás, la cooperación, la solidaridad, la compasión y el amor incondicional; ellos son los signos de la nueva civilización planetaria. La liturgia es un conjunto de signos necesarios, pero signos formales al fin y al cabo. Lo esencial es lo que celebramos en ella, la actualización de aquellas comunidades que vivieron con pasión el amor que Cristo les dejó para que lo vivieran y lo difundieran.
Y el amor solo es posible difundirlo con más amor. Según la carta de Pablo -amigo de Lucas-a los Efesios, Dios tiene un plan y quiere una humanidad a su medida de amor sin límites para nadie; ni para los enemigos. Sólo el que ama es capaz de permanecer vivo y sentir de una manera diferente. El que ama acoge su realidad y es capaz de transformarla.
Amar no es fácil, supone abrirse a lo inesperado con confianza y entrega. Hay dolor en el amor, pero es un dolor que purifica, que hace crecer siempre; en esto no hay topes. Quien no tiene amor ha muerto a lo mejor de la vida. Qué realidad más grande cuando uno ama a alguien, de modo especial: todo cobra sentido. La propia existencia revela plenitud y alegría, aún en medio de las dificultades, porque la persona que ama se llena de sentido.
La razón de ser de la comunidad cristiana es convertirse toda ella un signo del Amor. Habrá épocas en las que viviremos como en el desierto de Atacama, silentes como fermento que espera florecer con fuerza a la primera oportunidad. Otras veces nos pasaremos de frenada y nuestro ejemplo será más bien el de un Estado político lleno de signos externos que sobran y repelen la esencia evangélica. Pero el Espíritu sopla sin cesar para que vivamos en una comunidad de Amor por la participación de todos, cada uno según sus posibilidades, en la construcción del Reino de Dios transparentando al mismo Dios ¿No es esta nuestra fe?

EL EVANGELIO ES, ANTE TODO, UNA FORMA DE VIVIR

JOSÉ MARÍA CASTILLO

RELIGIÓN DIGITAL

Una de las cosas más extrañas y elocuentes, que estoy viviendo con motivo de la pandemia, es que, cuando se habla de este asunto (en la tele, en la prensa, en las tertulias, donde sea…), salen a relucir, como es lógico, la medicina, la economía, la política, la ciencia, las leyes, las costumbres… O sea, se habla de todo. Menos de una cosa: la religión. A veces (raras veces) se hace mención de la generosidad del Papa, de algún obispo que ha hecho algo llamativo o quizá de algunas monjas que hacen lo que pueden en barrios o países pobres. Pero, de la religión como factor que puede ser importante en la solución de este enorme problema, a nadie se le ocurre ni mencionar tal cosa, por lo menos como posible ayuda para la solución de esta enorme amenaza que tanto nos preocupa y hasta nos abruma.       

¿Qué le ha pasado a la religión? Me lo pregunto porque estoy seguro de que hay personas, quizá bastantes personas, que le rezan a Dios para que nos ayude a superar esta enorme desgracia. Pero de estos sentimientos religiosos, la mayoría de la gente ni se atreve a mencionar en público si reza o deja de rezar. Por eso, yo insisto en mi pregunta: ¿qué le está pasando a la religión?

El problema, que se nos plantea con esta pregunta, es –me parece a mí– algo más complicado de lo que algunos se imaginan. Porque es un hecho que, en las sociedades más industrializadas y más ricas, a medida que la tecnología y la economía se desarrollan, ocurre que las normas culturales y religiosas tradicionales se deterioran y hasta se debilitan, llegando a perder en gran medida la presencia púbica que tuvieron en tiempos pasados y cualquiera sabe si volverán (cf. Ronald Inglehart).   

Por lo general, el hecho que acabo de apuntar se suele interpretar como un progreso. Por supuesto, un progreso que tiene un precio: a más ciencia, más tecnología y una economía más poderosa, la moral y las costumbres tradicionales se deterioran; y con semejante deterioro, la religión se va quedando también marginada. Esto, por lo menos a primera vista, parece un hecho incuestionable.

Sin embargo, tenemos que insistir en una pregunta elemental: ¿es todo esto realmente así? Quiero decir: ¿podemos asegurar tranquilamente que, a más ciencia y más tecnología, con el consiguiente deterioro de la religión, por eso mismo la sociedad se va desarrollando, la humanidad se está perfeccionando y las futuras generaciones alcanzarán metas y logros que no imaginamos?

Sinceramente, yo creo que ya tenemos argumentos abundantes, por lo menos, para sospechar (con fundamento) que los entusiastas defensores de los indiscutibles logros de la ciencia y del progreso, de las técnicas y de la economía, en realidad son unos desorientados, que no se han dado cuenta de la espantosa hecatombe en la que nos hemos metido, con nuestros prodigiosos avances en la más refinada tecnología y nuestra religión confinada en el desván de los recuerdos.

¿Por qué digo esto? Porque, si todo este problema se piensa a fondo, pronto se da uno cuenta de que ni todo, en la ciencia y la tecnología, es tan positivo como muchos se imaginan; ni todo, en la religión, está que hace agua. Baste pensar que la ciencia y la tecnología dependen de la economía. Y no de cualquier economía. Porque dependen del sistema económico establecido, que es el sistema que rige y manda en el mundo. Un sistema que, “de facto”, y sea cual sea la teoría que cada uno tenga, el hecho es que se trata de un sistema que produce el insaciable incremento del beneficio económico de unos pocos a costa de la dependencia y el empobrecimiento de todos los demás.

Por supuesto, yo no soy economista. Pero tampoco me chupo el dedo. Y de sobra sabemos que la economía mundial funciona de tal manera, que, a una velocidad creciente y alarmante, el capital mundial se va concentrado más y más, cada año, en menos y menos personas, que son las que rigen nuestras vidas, por más que ni se nos pase por la cabeza semejante atrocidad. Sobre todo, sabiendo, como bien sabemos, que más de la mitad de la población mundial no puede disponer de la atención médica indispensable, ni se puede alimentar para seguir viviendo.

Pero hay algo más, que nunca habíamos imaginado. Nuestro incontenible y flamante desarrollo científico y tecnológico produce tal y tanta contaminación atmosférica, que, como a nuestro flamante desarrollo no lo contengamos o le demos otra orientación, a nuestros nietos les dejaremos seguramente la espantosa herencia de tener que asistir a la destrucción total del planeta tierra.

Pero nos queda la segunda parte: la marginación y el deterioro de la religión. Me refiero, puesto que soy cristiano, a la religión que vivo, desde mi infancia. La religión que ha dado y da sentido a mi vida. Además, he dedicado mi trabajo, mis estudios y mi profesión al estudio y la enseñanza de esta religión, que intento vivir y transmitirla a los demás.

Dicho esto, lo primero que, a mi manera de ver, se debe tener en cuenta es que el cristianismo (como les ocurre a otras religiones), por una presunta fidelidad a sus orígenes, se ha quedado muy atrasado con respecto a la cultura y a los acontecimientos que estamos viviendo. Baste pensar, por poner un ejemplo, en lo que ocurre con la liturgia y en la celebración de los sacramentos. Mucha gente no sabe que esas ceremonias, tal como han llegado hasta nosotros, en su lenguaje, sus vestimentas, sus rituales y la justificación ideológica de su contenido, en muchos de los aspectos que los fieles perciben, son costumbres y tradiciones medievales. Por no hablar de los templos, catedrales, palacios y otras solemnidades, que le hicieron decir a san Bernardo, en un escrito dirigido al papa Eugenio III (s. XII), que, revestido de seda y oro, en su caballo blanco, parecía más el sucesor de Constantino que el de san Pedro. Y sabemos que la religión, que hoy tenemos, es el residuo anacrónico de aquellas vanidades.

Y lo peor del caso es la mentalidad – o sea, la teología – que justifica esas cosas. Una teología que, en no pocos tratados y cuestiones, ni afronta, ni responde, a los grandes temas que ahora interesan a la mayor parte de la sociedad. Por eso insisto, una vez más, en la necesidad apremiante, que tenemos, de recuperar la centralidad del Evangelio en la organización de la Iglesia y en la vida de los cristianos.

Por supuesto la Iglesia afirma y defiende que el Evangelio es eje y centro de la Iglesia. Pero nunca deberíamos olvidar lo que tantas veces ha dicho el papa Francisco: el Evangelio es, ante todo, una forma de vivir. Una vida en la que se destacan dos grandes problemas, que son las dos grandes preocupaciones que tuvo Jesús: la salud y la economía. Justamente, los dos grandes problemas que hoy tenemos que afrontar los humanos, sean cuales sean nuestras creencias y dada la mundialización de la pandemia que sufrimos.

Por esto se comprende la insistencia de los evangelios en los relatos de las curaciones de enfermos. Hasta 67 relatos sobre este asunto, que dejan patente hasta qué extremo a Jesús le interesaba y la preocupaba el tema de la salud y la vida. Y junto a la salud, la economía. Que es el tema de fondo, que plantea el Evangelio cuando Jesús llamaba a los discípulos y a la gente a “seguirle”. En efecto, según los evangelios, cuando Jesús llamaba a que alguien le “siguiera”, no ponía nada más que una condición: “dejarlo todo”. Llama la atención que esto justamente es el tema capital en el que los evangelios insisten hasta tales extremos, que no siempre es fácil explicar lo que Jesús pedía (incluso abandonar el entierro del propio padre: Mt 8, 18-22 par).

Sin duda alguna, da pena pensar cómo la teología cristiana ha desplazado el tema del “seguimiento de Jesús”. De forma que el tema-clave de la “cristología” (Joahn B. Metz) lo ha deformado interpretándolo como un tema de “espiritualidad”. Los discípulos de Jesús conocieron al Maestro, “siguiéndole”, viviendo con él y como él.

Si cuando hablamos de la pandemia del corona-virus, la religión no interesa, es evidente que a los hombres de la religión les resulta más cómodo y lucrativo celebrar ceremonias, ritos y liturgias, que enfrentarse a una política y una economía que se interesa más por el poder que por la salud para todos por igual y una economía que no tiene como proyecto el beneficio, sino la salud y el bienestar para todos.

Es evidente que, si planteamos la religión como la planteó y la vivió Jesús (según el Evangelio), no cabe duda que cuando hablemos de la pandemia del virus, si es que tratamos el tema en serio y hasta el fondo, antes o después, tendremos que hablar también de religión.

ANTES DE ORGANIZAR ACTOS OFICIALES CIVILES O RELIGIOSOS HAY QUE SENTIRSE CONMOVIDOS POR LO SUCEDIDO

JESÚS SASTRE

RELIGIÓN DIGITAL

En estos días se oye que pronto se decretará luto oficial, se harán homenajes y funerales a tantos miles de víctimas del Covid-19. La mitad de estas víctimas, personas fallecidas en residencias de mayores en circunstancias penosas, horribles en algunos casos, sin ayuda médica y de profesionales sanitarios, en la más absoluta soledad y sin la compañía y el abrazo de sus seres queridos. Antes de actos oficiales civiles o religiosos hay que sentirse conmovidos por lo sucedido, pedir perdón a los muertos por múltiples motivos y empeñarse en transformar la realidad de las residencias de mayores.

PERDÓN, porque habéis tenido una infancia y juventud nada fácil en los duros años de la postguerra, porque con mucho esfuerzo y trabajo sacasteis vuestras familias adelante, porque habéis levantado este país e hicisteis la “transición” de manera ejemplar y generosa. Por todo esto no merecíais el final duro, lleno de sufrimiento y olvido que habéis tenido.

PERDÓN, porque los familiares os hemos llevado, sin saberlo, a residencias con carencias graves, mala gestión y negligencia que os han costado la vida en unos casos y, en otros, una muerte con muy poca atención y dignidad. Cargamos con la culpa de haberos llevado al peor sitio que se pueda imaginar.

PERDÓN, porque las Administraciones Públicas no os han prestado las ayudas médicas y de profesionales para superar la enfermedad o, al menos, para haber muerto sin tanto sufrimiento cuando os faltaba el aliento y nada ni nadie os prestaba cuidados paliativos. "En esta crisis las personas mayores han sido discriminadas en su capacidad de acceso real a servicios sanitarios especializados" (Informe de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Informe del 2 de mayo de 2020).

"Sin la privatización salvaje de los servicios sociosanitarios quizás hubierais tenido más posibilidades de sobrevivir"

PERDÓN, porque ante la escasez de las camas de UCI que ibais a ocupar, por vuestra edad y otras patologías, han sido dadas a personas más jóvenes y con más posibilidades de sobrevivir. Estas os deben un recuerdo y agradecimiento merecidos.

PERDÓN, porque los médicos geriatras e intensivistas han tenido que tomar decisiones muy difíciles y dolorosas. Sin los recortes en sanidad de los años anteriores, y sin la privatización salvaje de los servicios sociosanitarios quizás hubierais tenido más posibilidades de sobrevivir. Lo que hemos vivido no sucede al azar ni por mala suerte; siempre hay causas subyacentes que influyen para bien o para mal en el desarrollo de los acontecimientos. Las carencias vienen de lejos y ahora hemos padecido sus nefastas consecuencias.

PERDÓN, porque con los días de luto oficial, funerales y homenajes podemos perder la memoria de todo lo que ha pasado y que vosotros habéis padecido. Que vuestro silencio sea un grito que haga la “soledad sonora” y la “música callada”. Sólo si se “conmueven las entrañas” podemos hacer examen de conciencia y vislumbrar un futuro nuevo y mejor.

PERDÓN, porque estamos tentados de diluir responsabilidades diciendo que los estragos de la pandemia han afectado a las residencias de mayores de todos los países, que la pandemia nos ha sorprendido, que no había medios, etc., etc. Hay un número de residencias donde no ha entrado el virus o donde ha sido controlado pronto y eficazmente. Dentro de esta situación general hay responsabilidades personales en las Administraciones Públicas, en los presidentes de patronatos de fundaciones, y en los directores y gerentes de las residencias. No se puede diluir la responsabilidad. La pandemia ha sido la ocasión para que las deficiencias acumuladas durante años en la gestión de las Residencias estallaran entre las manos a los responsables de las mismas.

"Dentro de esta situación general hay responsabilidades personales en las Administraciones Públicas, en los presidentes de patronatos de fundaciones, y en los directores y gerentes de las residencias"

PERDÓN, porque nos hemos creído las grandes palabras de los idearios de las residencias, cuando la realidad cotidiana poco tenía que ver con los valores proclamados a modo de identidad o de reclamo. ¡Cuánto nos cuesta ver lo grande en lo pequeño y cómo nos conformamos con bonitos deseos! La ejemplaridad, la ética de la excelencia no nos ha acompañado. Quizás han faltado más controles de inspección de la Administración, sanciones más fuertes por faltas graves y cierre de residencias con reincidencia en faltas graves.

PERDÓN, porque las residencias con más número de muertos, algunas dependientes de entidades religiosas católicas, se resisten a hacer ellas mismas revisión de lo ocurrido. La Fiscalía y alguna Plataforma de defensa de la dignidad de los mayores en residencias son las que están promoviendo las investigaciones para aclarar lo sucedido y dirimir responsabilidades.

Que el recuerdo de los que se han ido en soledad, acompañado de culpa y dolor, nos estimule a replantear la sanidad pública y los servicios sociales en residencias de mayores para que no se repita lo que vosotros habéis padecido y que desde hace dos meses hemos oído y visto entre la impotencia y la indignación. Por eso queremos mirar al futuro con verdad, realismo y empeño transformador.

Propuestas de acción

En estos meses, desde el día 8 de marzo, los residentes están sin recibir visitas de sus familiares. Apenas se han visto alguna vez por alguna videollamada. Según los síntomas y los resultados de los test, que se han hecho muy tarde, los residentes han sido clasificados en grupos específicos, y trasladados por tres semanas de pabellón con lo puesto y poco más, mezclados residentes con distinta funcionalidad, sin posibilidad de utilizar los armarios de la nueva habitación, los contagiados y los que están en observación, que son bastantes, sin poder salir de la habitación, sin televisión en muchos casos y sin ninguna actividad de apoyo psicológico.

Esta situación no se puede prolongar más. Es necesario poner medios materiales y humanos para hacer que este durísimo confinamiento a las personas más vulnerables sea un poco más humano, llevadero y con mayor atención personal ya que los familiares no lo podemos hacer.

Las Administraciones Públicas deben ejercitar sus competencias y no delegar fácilmente en grandes grupos, cuya finalidad es el mayor beneficio, la dirección o prestación de servicios en residencias públicas o concertadas. Y en las privadas deben hacer mayor control de calidad y con más frecuencia. Cuando se defiende la iniciativa privada en estos campos hay que tener muy presente qué tipos de grupos son los que están ahora llevando la gestión de las Residencias y qué resultados ofrecen en el manejo de la pandemia.

Las plantillas están sobrecargadas de trabajo, mal pagadas y con escasa formación. Para que haya un servicio de calidad a nuestros mayores la “ratio” de personal que atiende a los residentes tiene que ser la adecuada. Los profesionales apenas tienen tiempo para hacer un acompañamiento personal de los residentes; todo está muy burocratizado y en función de servicios, no de relaciones personalizadas que tanto influyen en el bienestar de los residentes.

En todas las residencias, incluidas las privadas, tendría que haber una Asociación o Plataforma de Familiares de Residentes con participación real en la residencia y para vigilar el cumplimiento de los servicios acordados en el contrato de ingreso y por los que se paga.

La información facilitada por la Dirección de la Residencia tendría que ser más abundante y la gestión más transparente. Al ser centros donde los residentes están internos las 24 horas el conocimiento de lo que allí sucede es muy importante para las familias. En consecuencia, habrá que habilitar cauces eficaces de información y de participación, tanto de los residentes como de los familiares. Llama la atención que en las Residencias privadas no hay obligación de articular ningún cauce participativo de los familiares de residentes.

Es urgente una "redefinición" del modelo de residencias. La meta es el "modelo hogar" plasmado en los países nórdicos. Todos los residentes desean vivir “como en casa”. Siendo importante, no es suficiente con asegurar una buena atención médica en las residencias, pues la propuesta de renovación pasa por diseñar un nuevo modelo residencial más familiar y centrado en el cuidado a la persona concreta, el reconocimiento y valoración del trabajo de las auxiliares, incrementar las ratios de personal y mejorar su formación y retribuciones, que actualmente son inferiores a mil euros. El modelo institucional actual no tiene futuro.

En este debate de examen de conciencia y propuestas de futuro son los grupos de izquierda los que están más activos. Se echa en falta la aportación de algunos grupos e instituciones que, por su propia identidad, deberían ser pioneras en lo referente a la atención a los más vulnerables y necesitados. Aunque en sus idearios ponen que sus valores son: “hospitalidad, calidad, responsabilidad, honestidad, espiritualidad y respeto”, da la impresión de que estas instituciones están ausentes y esperando a que pase el temporal. Desearía que la Iglesia estuviera abriendo caminos de renovación y los pusiera en práctica ejemplarmente en las residencias que ella, de una u otra manera, gestiona. A la espera de datos oficiales que permitan comparar los diferentes tipos de residencias, los resultados de la gestión de la pandemia en las Residencias de la Iglesia parecen arrojar datos preocupantes que contradicen los principios inspiradores, los valores evangélicos y su Doctrina Social.

YO ESTOY CON VOSOTROS Y VOSOTRAS HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS

col pepa torres com
Mt 28, 16-20
Jesús nos asegura su cercanía incondicional en toda circunstancia y coyuntura. Sin embargo, nos cuesta reconocerla. Las experiencias límites, la injusticia, el sufrimiento, la violencia, pueden velarnos su presencia. Por eso en tiempos como en los que vivimos, nuestra fe siempre está amenazada por dos desenfoques que terminan haciendo de ella una perversión que atenta contra lo más radical de la experiencia cristiana: Dios es amor y vida donada en gratuidad y abundancia.
El primer desenfoque es atribuir al misterio que llamamos Dios, la capacidad de intervenir directamente en la historia, tanto para causar el mal como para evitarlo. Muchas de las conversaciones que escuchamos estos días en torno a la crisis del covid 19 van en esta línea. Un ejemplo paradigmático pueden ser las oraciones o rituales virtuales convocados por las redes sociales para que Dios ponga fin a la pandemia. La imagen de Dios que hay detrás de este desenfoque nada tiene que ver con el Dios cristiano, que en Jesús se encarna como solidaridad amorosa hasta el extremo, asumiendo desde ahí las consecuencias de la dejación o de la responsabilidad humana. Este Dios que nunca se impone al ser humano, que se expone a su libertad, a su acogida o a su rechazo. El segundo desenfoque es de tipo moralizante y es una consecuencia del anterior: creer que el mal, en este caso la pandemia y la crisis económica que conlleva, son un castigo ejemplarizante a la humanidad por sobrepasar los límites naturales y expoliar la tierra y a las criaturas. Como si Dios fuera un pedagogo cruel y sádico y no el Dios todo-misericordia, el Abba (Dios-papaito) de Jesús.
Por eso en medio de la incertidumbre y el sufrimiento que nos atraviesa, los tiempos que vivimos son una oportunidad para desnudar nuestra fe de desenfoques idolátricos. El Dios de Jesús no es un Dios mágico, soluciona-problemas, ni tampoco castigador ni sádico. No es un Dios que actúa saltándose las mediaciones humanas, sino un Dios compañero. Un Dios que se hace condición humana y desde lo hondo nos sostiene y nos ayuda a encarar preguntas para las que no tenemos respuestas. Un Dios que no nos arregla nada, pero que nos sostiene en todo y cuya experiencia amorosa de cuidado y sustento, en medio de la densidad de los acontecimientos, nos lleva a no querer ni poder apropiárnosla. Un Dios que se queda mudo, pero no ausente, ante los cadáveres de las calles en Quito o en el sufrimiento de los ancianos, sanitarios o cuidadoras muertas no solo por el covid 19, sino por la irresponsabilidad y los intereses económicos que han desmantelado los sistemas públicos de salud en nuestro país. Un Dios que en Jesús nos recuerda que su decir es hacer, que, en ocasiones como éstas, predicar es actuar y lo que toca es ponerse codo a codo, con otros y otras, para acompañar duelos, silencios, preguntas aun sin respuestas. Lo que toca no son discursos sino hacer posible la multiplicación de los panes y los peces en las colas del hambre en nuestros barrios, como tantas iniciativas vecinales, grupos de cuidados y comunidades cristianas están haciendo. Si estamos atentos, entre ellos y ellas podemos reconocer hoy el Espíritu del Viviente que nos urge a anunciarlo con la fuerza de las obras y el poder y la resiliencia de las iniciativas comunitarias.

Domingo 24 de Mayo Ascensión del Señor Ntra. Sra. María Auxiliadora


La primera lectura de la liturgia de hoy nos ofrece el relato de la Ascensión del Señor cuyo objetivo fundamental es trazar los rasgos específicos de la esperanza cristiana. Jesús, nuevo Elías, asciende a los cielos y este hecho no significa el fin de la historia deseado por los discípulos, según se refleja en su pregunta: «¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino para Israel?» (v. 6). Se trata por el contrario, del tiempo del testimonio que prepara ese final. En el salmo interleccional se proclama la entronización de Dios como «emperador» y «rey» de toda la tierra, y la carta a los cristianos de Éfeso conecta el señorío del Mesías Jesús a la comprensión que deben tener los miembros de la comunidad eclesial sobre la esperanza a la que «abre su llamamiento» (1,18) . 

HACER DISCÍPULOS DE JESÚS Ascensión del Señor – A (Mateo 28,16-20)

JOSÉ ANTONIO PAGOLA 

Mateo describe la despedida de Jesús trazando las líneas de fuerza que han de orientar para siempre a sus discípulos, los rasgos que han de marcar a su Iglesia para cumplir fielmente su misión.

El punto de arranque es Galilea. Ahí los convoca Jesús. La resurrección no los ha de llevar a olvidar lo vivido con él en Galilea. Allí le han escuchado hablar de Dios con parábolas conmovedoras. Allí lo han visto aliviando el sufrimiento, ofreciendo el perdón de Dios y acogiendo a los más olvidados. Es esto precisamente lo que han de seguir transmitiendo.

Entre los discípulos que rodean a Jesús resucitado hay «creyentes» y hay quienes «vacilan». El narrador es realista. Los discípulos «se postran». Sin duda quieren creer, pero en algunos se despierta la duda y la indecisión. Tal vez están asustados, no pueden captar todo lo que aquello significa. Mateo conoce la fe frágil de las comunidades cristianas. Si no contaran con Jesús, pronto se apagaría.

Jesús «se acerca» y entra en contacto con ellos. Él tiene la fuerza y el poder que a ellos les falta. El Resucitado ha recibido del Padre la autoridad del Hijo de Dios con «pleno poder en el cielo y en la tierra». Si se apoyan en él no vacilarán.

Jesús les indica con toda precisión cuál ha de ser su misión. No es propiamente «enseñar doctrina», no es solo «anunciar al Resucitado». Sin duda, los discípulos de Jesús habrán de cuidar diversos aspectos: «dar testimonio del Resucitado», «proclamar el evangelio», «implantar comunidades»… pero todo estará finalmente orientado a un objetivo: «hacer discípulos» de Jesús.

Esta es nuestra misión: hacer «seguidores» de Jesús que conozcan su mensaje, sintonicen con su proyecto, aprendan a vivir como él y reproduzcan hoy su presencia en el mundo. Actividades tan fundamentales como el bautismo, compromiso de adhesión a Jesús, y la enseñanza de «todo lo mandado» por él son vías para aprender a ser sus discípulos. Jesús les promete su presencia y ayuda constante. No estarán solos ni desamparados. Ni aunque sean pocos. Ni aunque sean solo dos o tres.

Así es la comunidad cristiana. La fuerza del Resucitado la sostiene con su Espíritu. Todo está orientado a aprender y enseñar a vivir como Jesús y desde Jesús. Él sigue vivo en sus comunidades. Sigue con nosotros y entre nosotros curando, perdonando, acogiendo… salvando.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Victorino Pérez Prieto, teólogo: “El diálogo es el verdadero espíritu del Vaticano II”


Victorino Prieto
“Con Juan Pablo II llegó el invierno post-conciliar”
“Nuestro tiempo ha comprendido que frente a los enfrentamientos y violencias entre culturas y religiones solo hay un antídoto: el diálogo”
“A pesar de las alabanzas que recibió, el largo pontificado de Juan Pablo II inició una praxis involucionista nefasta, continuada por Benedicto XVI, que quiso echar atrás algunos de los logros conciliares más importantes”
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“Dejar a Dios para atender a Dios”


Jesus Martinez Gordo

Nunca me ha gustado el gnosticismo, sobre todo, por su desprecio o, al menos, descuido del espesor de la historia. Y ahora, en pleno “boom” de misas telemáticas, tengo la sensación de que puede irrumpir con una fuerza inusitada, si acabamos trasladando lo que es propio de tiempos excepcionales (dichas eucaristías telemáticas) a lo habitual (a las presenciales). Y como, contrapunto reactivo, tampoco me ha gustado nunca la profusión desmedida de celebraciones eucarísticas para llegar a cuantos más, mejor; no importando hacer del cura un funcionario (cuando no, un autómata) eucarístico.
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Julio Anguita: “El régimen de Franco se vistió un poco de lagarterana y pasó a la orilla democrática en la transición”


Benjamín Forcano

Anguita
Entrevista al ex líder de Izquierda Unida recientemente fallecido, por Benjamín Forcano
Ha pasado más de un año, desde que logramos que Julio Anguita pudiera expresar para la revista EXODO, la que fue probablemente una de sus más amplias e importantes entrevistas
“Es curioso que a los más de 50 años desde que desaparecieron Hitler y Mussolini un dictador de ideología fascista siga estando en un lugar público. La transición sirvió para claudicar en ese aspecto”
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Omella, a los ‘Cayetaners': “Hemos de respetar las normas preventivas, no celebrar concentraciones para evitar que se vuelvan a colapsar los hospitales”


Jesús Bastante

Religión Digital

cardenal omella

El presidente de la CEE no cree que Cañizares se saltara las normas al sacar a la Virgen
El cardenal de Barcelona pide un “pacto escolar” y anuncia que “no avanzaremos mientras una ley educativa sustituya a otra”
“La comprensión entre unos y otros solo se logra con buena voluntad y diálogo, nunca mirando al otro como a un enemigo (…). Hay muchas cosas que los catalanes reclaman antes que la independencia”   ··· Ver noticia ···

JESÚS ESTÁ FUERA DE TIEMPO Y ESPACIO

col fraymarcos
Mt 28,16-20
Si hemos vislumbrado en alguna medida lo que nos decía Juan los dos domingos pasados, se nos hará muy cuesta arriba entender la fiesta de hoy y la de los tres domingos siguientes. La subida de Jesús al cielo, la venida del Espíritu, la Trinidad, la Eucaristía están presentadas por los textos litúrgicos como realidades externas que se dieron en un determinado tiempo y lugar. Entendiendo literalmente los textos, desenfocamos su verdadero sentido. Estamos hablando de realidades que están fuera del tiempo y del espacio, de las que no podemos hablar en sentido estricto.
Además, el lenguaje que utilizan los textos es simbólico y no podemos entenderlo como si fuera científico y realista. No podemos seguir utilizando un lenguaje que responde a una visión mítica de la realidad. Cuando se creía que Dios estaba en lo más alto (cielo), que el hombre estaba en el medio (tierra) y que el demonio estaba en lo más bajo (infierno). El lenguaje utilizado se entendía perfectamente en aquella época. De Jesús se dice expresamente: Bajó del cielo, se hizo hombre, descendió a los infiernos y volvió a subir. Nuestra manera de entender la realidad ha cambiado. Hoy no nos dice nada un cielo o un infierno como lugares de referencia.
Debemos entender la ascensión como parte del misterio pascual que es una única realidad. Ni la resurrección, ni la ascensión, ni el sentarse a la derecha del Padre, ni la glorificación, ni la venida del Espíritu, son hechos reales separados. Se trata de una realidad única que está sucediendo en este mismo instante, porque está fuera del tiempo y del espacio. Decir de Jesús después de muerto: a los tres días, a los ocho días, a los cuarenta días, a los cincuenta días, no tiene sentido ninguno. Hablar de Galilea o de Jerusalén, o decir que está sentado a la derecha de Dios, es absurdo literalmente.
Esto no quiere decir que sea una realidad inventada. Todo lo contrario, esa es la ÚNICA REALIDAD. Es lo que está sujeto al tiempo y al espacio lo que no tiene consistencia. Esa realidad intangible ha tenido una repercusión real en la vida de los cristianos, y eso sí se puede descubrir a través de los sentidos. Esa realidad no temporal es la que hay que descubrir para que tenga también en nosotros la misma eficacia transformadora. Si seguimos creyendo que es un acontecimiento que sucedió hace veinte siglos en un lugar y un tiempo determi­nado, ¿qué puede significar para nosotros hoy?
Las realidades espirituales, por ser atemporales, pertenecen al hoy como al ayer, son tan nuestras como de Pedro o Juan. No han sucedido en el pasado, sino que están sucediendo en este instante. Son realidades que están afectando a nuestra propia vida aquí y ahora. Puedo vivirlas yo como las vivieron los apóstoles. Es más, el único objetivo del mensaje evangélico, es que todos lleguemos a vivirlas como las vivieron ellos.
La ascensión empezó en el pesebre y terminó en la cruz: ¡Todo está cumplido! Ahí terminó la trayectoria humana de Jesús y sus posibilidades de crecer como criatura. Después de ese paso no existe el tiempo para él, por lo tanto, no puede suceder nada en él. Es como un chispazo que dura toda la eternidad. Él había llegado a la plenitud total en Dios. Por haberse despegado de todo lo que en él era transitorio y terreno, solo permaneció de él lo que había de Dios, y con Él se identificó absolutamente, totalmente, definitivamente. Este es el sentido profundo de la Ascensión.
¿De verdad queremos ser cristianos? ¿Tenemos la intención de recorrer la misma senda, de alcanzar la misma plenitud, la misma meta? ¿Estamos dispuestos a dejarnos aniquilar en esa empresa, a aceptar que no quedará nada de lo que creo ser? Es duro, pero no puede haber otro camino. Si renuncio al don total de mí mismo, renuncio a alcanzar la meta. Como en Jesús, ese don total solo será posible cuando descubra que Dios Espíritu se me ha dado totalmente, y está en mí para llevar a cabo esa obra de amor.
Tal vez nos conformemos con quedarnos pasmados mirando al cielo y esperando que él vuelva. Esa es la mejor manera de hacer polvo todo el quehacer de Jesús en esta tierra. La idea de que Dios, o Jesús, o el Espíritu pueden hacer algo por mí, en un momento determinado, ha desvirtuado la religiosidad cristiana. Dios, Jesús y el Espíritu lo están haciendo todo por mí y lo siguen haciendo en todo instante. Yo soy el que tengo que hacer algo en un momento determinado para descubrir esa realidad y vivirla.
El relato de Mt, que acabamos de leer, es un prodigio de síntesis teológica. No hay en él ninguna alusión a la subida al cielo, ni a dejar de verlo. Consta simplemente, de una localización dada, una proclamación de poder y tres ideas básicas. Situar la escena en un monte es una indicación suficiente de que lo que le interesa no es el lugar, sino el simbolismo. El monte significa el ámbito de lo divino, donde está Dios y donde quiere situar también a Jesús. Que lo sitúe en Galilea, tiene un significado muy importante. Judea había rechazado a Jesús y no era ya el lugar donde encontrarse con Dios.
Jesús no pudo decir que se le ha dado todo poder, porque después del bautismo rechazó el poder como una tentación. Este doble lenguaje nos ha despistado. No hay un poder bueno y otro malo. Todos son perversos. Se trata de expresar que ha alcanzado la plenitud absoluta por haberse identificado con Dios en el don total de sí mismo. Debemos tener en cuenta que la primera interpretación del misterio pascual está formulada en términos de glorificación; antes incluso de hablar de resurrección.
El envío a predicar. También tiene un carácter absoluto “todos los pueblos”. El tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. La primera comunidad intenta justificar lo que era ya práctica generalizada de los cristianos. Predicar el “Reino de Dios” no es un capricho de unos iluminados sino mandato expreso de Jesús. Todo cristiano tiene, como primera obligación, llevar a los demás el mensaje de su Maestro.
Esto es muy importante, es la particularidad de la enseñanza. No se trata de enseñar doctrinas ni ritos ni normas morales sino de instar a una manera de proceder. Esto está muy de acuerdo con la insistencia de los evangelios en las obras como manifestación de la presencia de Dios en Jesús, y como consecuencia de la adhesión a Jesús. Si tenemos en cuenta que el núcleo del evangelio es el amor, comprenderemos que en la práctica, el amor es lo primero que tiene que manifestarse en un cristiano.
Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Fue el tema del evangelio de los dos domingos pasados. Ya habían dejado claro que todo lo que hizo Jesús era obra del Padre o que era el Espíritu el que actuaba en él. Ahora sigue siendo Dios, en sus tres dimensiones, el que va a continuar la obra de salvación a través de sus seguidores. Recordar que Jesús habla de enviar al Espíritu, de quedarse él con nosotros, de que el Padre vendrá a cada uno. Esta manera de hablar puede hundirnos. Los tres “vendrán” a mi conciencia cuando me dé cuenta de que están ahí ya.

Meditación
No puede haber Vida si no trascendemos el tiempo y el espacio.
Nuestra Vida “divina” es la misma ahora y siempre.
Si está en nosotros, pero no la vivimos, no significa nada.
Contemplar, es salir del tiempo y del espacio,
es identificarse con Dios que es eternidad.

TRIUNFO Y MISIÓN

col sicre

ASCENSIÓN DEL SEÑOR. CICLO A
Subir al cielo como imagen del triunfo
Jesús subiendo al cielo es una imagen bastante representada por los artistas, y la tenemos incorporada desde niños, además de formar parte de nuestra profesión de fe. Alguno podría imaginar que esta escena se encuentra en los cuatro evangelios. Sin embargo, el único que la cuenta es Lucas, y por dos veces: al final de su evangelio y al comienzo del libro de los Hechos. Pero lo hace con notables diferencias.
  • En el Evangelio, Jesús bendice antes de subir al cielo (en Hch, no).
  • En Hechos, una nube oculta a Jesús (en el evangelio no se menciona la nube).
  • En el evangelio, los discípulos se postran (en Hch se quedan mirando al cielo).
  • En el evangelio vuelven a Jerusalén; en Hch se les aparecen dos personajes vestidos de blanco.
Si el mismo autor, Lucas, cuenta el mismo hecho de formas tan distintas, significa que no podemos quedarnos en lo externo, en el detalle, sino que debemos buscar el mensaje profundo.
Desde las primeras páginas de la Biblia encontramos la idea de que una persona de vida intachable no muere, es arrebatada al cielo, donde se supone que Dios habita. Así ocurre en el Génesis con el patriarca Henoc, y lo mismo se cuenta más tarde a propósito del profeta Elías, que es arrebatado al cielo en un carro de fuego. Interpretar esto en sentido histórico (como si un platillo volante hubiese recogido al profeta) significa no conocer la capacidad simbólica de los antiguos.
Sin embargo, existe una diferencia radical entre estos relatos del Antiguo Testamento y el de la ascensión de Jesús. Henoc y Elías no mueren. Jesús sí ha muerto. Por eso, no puede equipararse sin más el relato de la ascensión con el del rapto al cielo.
Es preferible buscar la explicación en la línea de la cultura clásica greco-romana. Aquí sí tenemos casos de personajes que son glorificados de forma parecida tras su muerte. Los ejemplos que suelen citarse son los de Hércules, Augusto, Drusila, Claudio, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Los incluyo al final para los interesados.
Estos ejemplos confirman que el relato tan escueto de Lucas no debemos interpretarlo al pie de la letra, como han hecho tantos pintores, sino como una forma de expresar la glorificación de Jesús.
La segunda lectura de hoy, tomada de la carta a los Efesios, es muy interesante en este sentido. No habla de la ascensión de Jesús al cielo, pero se explaya hablando de su triunfo con una imagen distinta: está sentado a la derecha de Dios, por encima todo y de todos.
Misión
La primera lectura (Hechos) y el evangelio (Mateo) coinciden en ofrecernos unas palabras de despedida de Jesús a sus discípulos. También aquí encontramos notables diferencias:
― Lucas sitúa la despedida en Jerusalén, los discípulos muestran una vez más su preocupación política por la restauración del reino de Israel, y Jesús desvía la atención hacia la próxima venida del Espíritu Santo.
― Mateo la sitúa en Galilea, los discípulos no dicen nada, Jesús los envía de inmediato al mundo entero y lo que promete no es la venida del Espíritu sino su compañía continua: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”.
A pesar de estas grandes diferencias, los dos textos coinciden en la importancia de la misión.
Hechos: Recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.
Mateo: Id y haced discípulos de todos los pueblos.
Por eso, la Ascensión o triunfo de Jesús no es motivo para quedarse mirando al cielo. Hay que mirar a la tierra, al mundo entero, en el que los discípulos de Jesús debemos continuar su misma obra, contando con la fuerza del Espíritu y la compañía continua del Señor.
Los cuarenta días
El evangelio no dice nada de este período de 40 días entre la resurrección y la ascensión. ¿Qué significa, y por qué lo introduce Lucas? El número 40 se usa en la Biblia para indicar plenitud, sobre todo cuando se refiere a un período de tiempo. El diluvio dura 40 días y 40 noches; la marcha de los israelitas por el desierto, 40 años; el ayuno de Jesús, 40 días… Se podrían citar otros muchos ejemplos. En este caso, lo que pretende decir Lucas es que los discípulos necesitaron más de un día para convencerse de la resurrección de Jesús, y que Jesús se les hizo especialmente presente durante el tiempo que consideró necesario.
Textos clásicos sobre la subida al cielo de un gran personaje
A propósito de Hércules escribe Apolodoro en su Biblioteca Mitológica: “Hércules... se fue al monte Eta, que pertenece a los traquinios, y allí, luego de hacer una pira, subió y ordenó que la encendiesen (...) Mientras se consumía la pira cuenta que una nube se puso debajo, y tronando lo llevó al cielo. Desde entonces alcanzó la inmortalidad...” (II, 159-160).
Suetonio cuenta sobre Augusto: “No faltó tampoco en esta ocasión un antiguo pretor que declaró bajo juramento que había visto que la sombra de Augusto, después de la incineración, subía a los cielos” (Vida de los Doce Césares, Augusto, 100).
Drusila, hermana de Calígula, pero tomada por éste como esposa, murió hacia el año 40. Entonces Calígula consagró a su memoria una estatua de oro en el Foro; mandó que la adorasen con el nombre de Pantea y le tributasen los mismos honores que a Venus. El senador Livio Geminio, que afirmó haber presenciado la subida de Drusila al cielo, recibió en premio un millón de sestercios.
De Alejandro Magno escribe el Pseudo Calístenes: “Mientras decía estas y otras muchas cosas Alejandro, se extendió por el aire la tiniebla y apareció una gran estrella descendente del cielo hasta el mar, acompañada por un águila, y la estatua de Babilonia, que llaman de Zeus, se movió. La estrella ascendió de nuevo al cielo y la acompañó el águila. Y al ocultarse la estrella en el cielo, en ese momento se durmió Alejandro en un sueño eterno" (Libro III, 33).
Con respecto a Apolonio de Tiana, cuenta Filóstrato que, según una tradición, fue encadenado en un templo por los guardianes. “Pero él, a medianoche se desató y, tras llamar a quienes lo habían atado, para que no quedara sin testigos su acción, echó a correr hacia las puertas del templo y éstas se abrieron y, al entrar él, las puertas volvieron a su sitio, como si las hubiesen cerrado, y que se oyó un griterío de muchachas que cantaban, y su canto era: Marcha de la tierra, marcha al cielo, marcha” (Vida de Apolonio de Tiana VIII, 30).
Sobre la nube véase también Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma I,77,2: “Y después de decirle esto, [el dios] se envolvió en una nube y, elevándose de la tierra, fue transportado hacia arriba por el aire”.

ESTAR BIEN ACOMPAÑADOS

comentario editorial
Una mente lúcida y un buen corazón acompañados por sentimientos cálidos son las cosas más importantes (Dalai Lama)
24 de mayo. ASCENSIÓN DEL SEÑOR
Mt 28, 16-20
Enseñadles a cumplir cuanto os he mandado, estaré siempre con vosotros (v 20)
A veces nos encontramos con personas desconocidas y, a partir de ese momento compartimos camino, conversación, pasos y comida y momentos que parecen no ser nada, pero que al final lo son todo, para ellos y para nosotros.
bien acompanados
​Y normalmente ocurre lo que sucedió en aquel camino y, entonces nos viene a la memoria aquel pasaje​ de Lucas 24, 27-33:
“Se acercaban a la aldea a donde se dirigían, y él fingió seguir adelante, pero ellos le insistieron: Quédate con nosotros, que se hace tarde y el día va de caída. Entró para quedarse con ellos a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio (…) Se dijeron uno al otro: ¿No se abrasaba nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino”? 
Y entonces nos percatamos las personas desconocidas, que se estaba repitiendo la historia acaecida en Judea hace ya más de veinte siglos.
​¿Haríamos nosotros otro tanto? 
Pienso que nos encantaría sentarnos con todos ellos y compartir el pan partido y repartido entre todos nosotros; luego continuaríamos en silencio, escuchando atentamente cuanto Jesús nos contara, no ya de las escrituras sino de su misma vida: de su padre José y de la carpintería y de María, que le enseñó las Escrituras que explicó a los de Emaús por el camino.
“Una mente lúcida y un buen corazón acompañados por sentimientos cálidos son las cosas más importantes, ha dicho el Dalai Lama.
Nos contó, como si fueran cuentos, aunque él las llamaría posteriormente parábolas:
​La del sembrador, que sembró en una tierra fértil, la del trigo y la cizaña, que hubo que dejar crecer ambos hasta la siega, la de la semilla de mostaza, que se hizo un árbol grande donde anidaron las aves, la de la viuda que perdió una moneda de plata y se pasó el día barriendo hasta encontrarla.
​Otro capítulo fue el de las bienaventuranzas, las tres negaciones de Pedro mientras se calentaba en una hoguera, la historia de la mujer sorprendida en adulterio, y su ternura -y aquí levantó la voz emocionado- con María Magdalena a la que dijo ¡Nollime tangere!, porque tenía que subir antes al cielo.

TANGO DE AMOR
En el tango, como en la vida,
si no escucho, presupongo
lo que me van a decir
y no contestaré
a lo que el otro me dijo.
Responderé, si acaso, a mis suposiciones,
pero jamás al otro.
Así el diálogo real muere de infarto,
esculpido en monólogo de piedra.
Pero esto no es bailar el tango, que es de dos,
una danza en la que cada cual inventa
e improvisa,
de acuerdo al movimiento que el otro le sugiere.
Bailar y conversar, dos situaciones
donde los cuerpos de los protagonistas
tienen que armar
un circuito de tensiones encontradas.
Con un brazo se rodean la cintura,
mientras que con el otro se mantienen
suficientemente alejados,
al compás del calor y del deseo.
En este baile el equilibrio
no está en cada uno, sino en el centro de los dos.
No entenderse conduce a la desestabilización.
-“No está bien que el hombre esté solo”,
dijo Yahveh besando el barro.
Adán y Eva se escucharon,
y el tango terminó en entendimiento

jueves, 14 de mayo de 2020

Hacia una mística de ojos abiertos, corazón solidario y amor políticamente eficaz (I)

Redes Cristianas

Juan José Tamayo

Tamayo4

Nuestras maestras y maestros
Estamos celebrando este año el décimo aniversario del fallecimiento de Raimon
Panikkar, místico itinerante, que supo aunar en su vida y su pensamiento ambas
dimensiones –mística e itinerancia- con una extraordinaria coherencia y fue capaz de
conciliar en su persona experiencias místicas de diferentes religiones: judía, cristiana,
hinduista, budista, y la mística secular.

2020 es también un año de para recordar a teólogas y teólogos nonagenarios que
brillan con luz propia y viven –o vivieron- la mística no como evasión y huida del
mundo, sino en el corazón de la realidad con todas sus contradicciones, al ritmo de la
historia, en el horizonte de la liberación, en busca de nuevos valores humanistas y
ecológicos y desde el compromiso por la transformación personal, comunitaria y
estructural.

Me refiero a Gustavo Gutiérrez, para quien el método de la teología de la
liberación es la espiritualidad; a Johan Baptist Metz, fallecido el año pasado, que
propone una “mística de ojos abiertos”, que lleva a con-sufrir, a sufrir con el dolor de
los demás; a Pedro Casaldàliga, que vive la mística en el bien decir estético de su
poesía, en el compromiso con los pobres de la tierra y en defensa de los derechos de las
comunidades indígenas y afrodescendientes; a Hans Küng, ejemplo de mística
interreligiosa que conduce al diálogo simétrico de religiones, espiritualidades y saberes;
a Dorothee Sölle, fallecida en 2003, que supo compaginar en su vida y su teología
armónicamente mística y feminismo desde la resistencia.

Celebramos el ochenta y dos aniversario del nacimiento Leonardo Boff, que
definió a los cristianos y cristianas como “contemplativos en la liberación” y de Jon
Sobrino, testigo de la mística vivida en torno al martirio y de la “liberación con
espíritu”, convencido como está de que “sin práctica, el espíritu permanece vago,
indiferenciado, muchas veces alienante”; el ochenta y cinco aniversario de Juan Martín
Velasco, fallecido en abril pasado, místico en tiempos de ausencia de Dios, y el ochenta
aniversario del nacimiento de la carmelita Cristina Kauffmann, fallecida en 2006,
cuya vida fue, en palabras suyas “un correr hacia Dios”.
Ellas y ellos han hecho realidad la conocida afirmación de Karl Rahner: “El
piadoso de mañana o bien será un ‘místico’, una persona que ha ‘experimentado’ algo, o
no será nada” 1 .

Preguntas
Pero llegados aquí me surgen no pocas preguntas. Hace cerca de 40 años,
Gustavo Gutiérrez se preguntaba en su libro La fuerza histórica de los pobres si tenía
sentido seguir haciendo teología en un mundo de miseria y opresión, si la tarea más
urgente no era más de orden social y político que teológica, si se justificaba dedicarle
tiempo y energía a la teología en las condiciones de urgencia que vivía América Latina
y si los teólogos no estarían dejándose llevar más por la inercia de una formación
teológica que por las necesidades reales de un pueblo que lucha por su liberación 2 .
Yo me planteo y os planteo similares preguntas, en este caso en relación con la
mística. ¿Tiene sentido hablar de mística en tiempos de secularización, de crisis de Dios
y de fundamentalismos religiosos? ¿Se trata de la búsqueda de una “nueva
espiritualidad” o, más bien, de una especie de “tapa-agujeros” en una época post-
religiosa y de una manera de evadirse de la realidad? ¿No puede parecer una distracción
ociosa hablar de mística en medio de la pandemia provocada por el coronavirus con
cerca de cuatro millones de personas contagiadas en el mundo y doscientas setenta mil
fallecidas y con una postpandemia de incalculables consecuencias para el futuro de la
humanidad?
—————-
11 Tomo la cita de Johann Baptist Metz, Por una mística de ojos abiertos. Cuando
irrumpe la espiritualidad, Herder, Barcelona, 2013, p. 182.
2 Gustavo Gutiérrez, La fuerza histórica de los pobres, CEP, Lima, 1979 (Sígueme,
Salamanca, 1982).
——————-
A la vista de las grandes brechas abiertas en el mundo entre ricos y pobres,
hombres y mujeres, personas “nativas” y “extranjeras”, pueblos colonizados y potencias
colonizadoras, de tamañas situaciones de injusticia estructural, del crecimiento de la
desigualdad, de las agresiones contra la tierra, contra los pueblos originarios, contra las
mujeres, contra la memoria histórica y a favor del olvido: feminicidios, ecocidios,
epistemicidios, genocidios, biocidios, memoricidios, ¿se puede seguir hablando de
mística con un discurso que no sea alienante y unas prácticas religiosas que no sean
estériles?

Las preguntas se tornan más urgentes y radicales todavía tras las dramáticas
imágenes que vemos a diario en televisión de personas migrantes, refugiadas y
desplazadas que quieren llegan a nuestras costas surcando el Mediterráneo o saltar las
vallas con concertinas y mueren en el intento por la insolidaridad de la “bárbara”
Europa llamada “cristiana” o que, procedentes de los países centroamericanos
empobrecidos por el voraz y salvaje capitalismo, son detenidas en la frontera de Estados
Unidos y separados los niños y niñas de sus padres y madres. O en los campos de
refugiados donde viven hacinadas decenas de miles personas en condiciones
infrzhumanas, las mujeres son abusadas, muchos niños y niñas deambulan solos y
desnutridos y a todos se les ha robado la esperanza y el futuro, muy difíciles de
recuperar.

Son preguntas que me golpearon durante la visita que hice hace un par de años a
la Casa Museo de la Memoria de Medellín (Colombia), donde vi las estremecedoras
imágenes que representaban a las 8.731.000 víctimas oficiales (las reales son muchas
más) del conflicto colombiano. Fueron víctimas de masacres, desapariciones forzosas,
violencia sexual, amenazas múltiples, homicidios, reclutamientos forzosos,
desplazamientos forzosos, torturas, despojo de bienes, separaciones familiares, etc.

¿Es posible hablar de mística y ser místicos y místicas en un mundo construido
sobre el sistema de dominación patriarcal que inferioza a las mujeres, naturaliza dicha
inferioridad, ejerce la violencia machista de manera sistemática e incluso la justifica a
partir de la masculinidad hegemónica y, en el caso de las religiones, de las
masculinidades sagradas, que dicen representar a Dios? En medio de la dictadura del
patriarcado que convierte a las mujeres en ¿No se corre el peligro de convertir la
experiencia mística en evasión de la realidad y el discurso sobre la mística en música
celestial?

¿Cómo pueden pensar y vivir la mística las mujeres en las instituciones
religiosas donde con frecuencia imperan las estructuras patriarcales, se elaboran
discursos androcéntricos, se impone a las mujeres una moral de esclavas, se niega su
corporalidad y no se las reconoce como sujetos morales, religiosos y teológicos
autónomos, cuando la mística constituye una afirmación de la subjetividad y de la
autonomía, como veremos en el artículo siguiente?

Tras la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y el Mal Absoluto que fue el
nazismo, el filósofo de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno, afirmó en su libro
Notas sobre literatura: “No querría yo quitar fuerza a la frase de que es de bárbaros
seguir escribiendo poesía lírica después de Auschwitz” 3 . ¿Podemos hacer la misma
afirmación hoy en relación con la mística?

Aquí dejo planteados los interrogantes. Dejo tiempo suficiente para que los
lectores y lectoras puedan responder a partir de las preguntas que vayan plantándose.
Mi respuesta, en el siguiente artículo.
——–
Juan José Tamayo, Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio
Ellacuría”, de la Universidad Carlos III de Madrid. Autor de Hermano Islam
(Trotta, 2019). Acaba de aparecer la 4ª edición de ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan
las distopías? (Biblioteca Nueva, Madrid)Redes Cristianas