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jueves, 14 de mayo de 2020

Hacia una mística de ojos abiertos, corazón solidario y amor políticamente eficaz (I)

Redes Cristianas

Juan José Tamayo

Tamayo4

Nuestras maestras y maestros
Estamos celebrando este año el décimo aniversario del fallecimiento de Raimon
Panikkar, místico itinerante, que supo aunar en su vida y su pensamiento ambas
dimensiones –mística e itinerancia- con una extraordinaria coherencia y fue capaz de
conciliar en su persona experiencias místicas de diferentes religiones: judía, cristiana,
hinduista, budista, y la mística secular.

2020 es también un año de para recordar a teólogas y teólogos nonagenarios que
brillan con luz propia y viven –o vivieron- la mística no como evasión y huida del
mundo, sino en el corazón de la realidad con todas sus contradicciones, al ritmo de la
historia, en el horizonte de la liberación, en busca de nuevos valores humanistas y
ecológicos y desde el compromiso por la transformación personal, comunitaria y
estructural.

Me refiero a Gustavo Gutiérrez, para quien el método de la teología de la
liberación es la espiritualidad; a Johan Baptist Metz, fallecido el año pasado, que
propone una “mística de ojos abiertos”, que lleva a con-sufrir, a sufrir con el dolor de
los demás; a Pedro Casaldàliga, que vive la mística en el bien decir estético de su
poesía, en el compromiso con los pobres de la tierra y en defensa de los derechos de las
comunidades indígenas y afrodescendientes; a Hans Küng, ejemplo de mística
interreligiosa que conduce al diálogo simétrico de religiones, espiritualidades y saberes;
a Dorothee Sölle, fallecida en 2003, que supo compaginar en su vida y su teología
armónicamente mística y feminismo desde la resistencia.

Celebramos el ochenta y dos aniversario del nacimiento Leonardo Boff, que
definió a los cristianos y cristianas como “contemplativos en la liberación” y de Jon
Sobrino, testigo de la mística vivida en torno al martirio y de la “liberación con
espíritu”, convencido como está de que “sin práctica, el espíritu permanece vago,
indiferenciado, muchas veces alienante”; el ochenta y cinco aniversario de Juan Martín
Velasco, fallecido en abril pasado, místico en tiempos de ausencia de Dios, y el ochenta
aniversario del nacimiento de la carmelita Cristina Kauffmann, fallecida en 2006,
cuya vida fue, en palabras suyas “un correr hacia Dios”.
Ellas y ellos han hecho realidad la conocida afirmación de Karl Rahner: “El
piadoso de mañana o bien será un ‘místico’, una persona que ha ‘experimentado’ algo, o
no será nada” 1 .

Preguntas
Pero llegados aquí me surgen no pocas preguntas. Hace cerca de 40 años,
Gustavo Gutiérrez se preguntaba en su libro La fuerza histórica de los pobres si tenía
sentido seguir haciendo teología en un mundo de miseria y opresión, si la tarea más
urgente no era más de orden social y político que teológica, si se justificaba dedicarle
tiempo y energía a la teología en las condiciones de urgencia que vivía América Latina
y si los teólogos no estarían dejándose llevar más por la inercia de una formación
teológica que por las necesidades reales de un pueblo que lucha por su liberación 2 .
Yo me planteo y os planteo similares preguntas, en este caso en relación con la
mística. ¿Tiene sentido hablar de mística en tiempos de secularización, de crisis de Dios
y de fundamentalismos religiosos? ¿Se trata de la búsqueda de una “nueva
espiritualidad” o, más bien, de una especie de “tapa-agujeros” en una época post-
religiosa y de una manera de evadirse de la realidad? ¿No puede parecer una distracción
ociosa hablar de mística en medio de la pandemia provocada por el coronavirus con
cerca de cuatro millones de personas contagiadas en el mundo y doscientas setenta mil
fallecidas y con una postpandemia de incalculables consecuencias para el futuro de la
humanidad?
—————-
11 Tomo la cita de Johann Baptist Metz, Por una mística de ojos abiertos. Cuando
irrumpe la espiritualidad, Herder, Barcelona, 2013, p. 182.
2 Gustavo Gutiérrez, La fuerza histórica de los pobres, CEP, Lima, 1979 (Sígueme,
Salamanca, 1982).
——————-
A la vista de las grandes brechas abiertas en el mundo entre ricos y pobres,
hombres y mujeres, personas “nativas” y “extranjeras”, pueblos colonizados y potencias
colonizadoras, de tamañas situaciones de injusticia estructural, del crecimiento de la
desigualdad, de las agresiones contra la tierra, contra los pueblos originarios, contra las
mujeres, contra la memoria histórica y a favor del olvido: feminicidios, ecocidios,
epistemicidios, genocidios, biocidios, memoricidios, ¿se puede seguir hablando de
mística con un discurso que no sea alienante y unas prácticas religiosas que no sean
estériles?

Las preguntas se tornan más urgentes y radicales todavía tras las dramáticas
imágenes que vemos a diario en televisión de personas migrantes, refugiadas y
desplazadas que quieren llegan a nuestras costas surcando el Mediterráneo o saltar las
vallas con concertinas y mueren en el intento por la insolidaridad de la “bárbara”
Europa llamada “cristiana” o que, procedentes de los países centroamericanos
empobrecidos por el voraz y salvaje capitalismo, son detenidas en la frontera de Estados
Unidos y separados los niños y niñas de sus padres y madres. O en los campos de
refugiados donde viven hacinadas decenas de miles personas en condiciones
infrzhumanas, las mujeres son abusadas, muchos niños y niñas deambulan solos y
desnutridos y a todos se les ha robado la esperanza y el futuro, muy difíciles de
recuperar.

Son preguntas que me golpearon durante la visita que hice hace un par de años a
la Casa Museo de la Memoria de Medellín (Colombia), donde vi las estremecedoras
imágenes que representaban a las 8.731.000 víctimas oficiales (las reales son muchas
más) del conflicto colombiano. Fueron víctimas de masacres, desapariciones forzosas,
violencia sexual, amenazas múltiples, homicidios, reclutamientos forzosos,
desplazamientos forzosos, torturas, despojo de bienes, separaciones familiares, etc.

¿Es posible hablar de mística y ser místicos y místicas en un mundo construido
sobre el sistema de dominación patriarcal que inferioza a las mujeres, naturaliza dicha
inferioridad, ejerce la violencia machista de manera sistemática e incluso la justifica a
partir de la masculinidad hegemónica y, en el caso de las religiones, de las
masculinidades sagradas, que dicen representar a Dios? En medio de la dictadura del
patriarcado que convierte a las mujeres en ¿No se corre el peligro de convertir la
experiencia mística en evasión de la realidad y el discurso sobre la mística en música
celestial?

¿Cómo pueden pensar y vivir la mística las mujeres en las instituciones
religiosas donde con frecuencia imperan las estructuras patriarcales, se elaboran
discursos androcéntricos, se impone a las mujeres una moral de esclavas, se niega su
corporalidad y no se las reconoce como sujetos morales, religiosos y teológicos
autónomos, cuando la mística constituye una afirmación de la subjetividad y de la
autonomía, como veremos en el artículo siguiente?

Tras la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y el Mal Absoluto que fue el
nazismo, el filósofo de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno, afirmó en su libro
Notas sobre literatura: “No querría yo quitar fuerza a la frase de que es de bárbaros
seguir escribiendo poesía lírica después de Auschwitz” 3 . ¿Podemos hacer la misma
afirmación hoy en relación con la mística?

Aquí dejo planteados los interrogantes. Dejo tiempo suficiente para que los
lectores y lectoras puedan responder a partir de las preguntas que vayan plantándose.
Mi respuesta, en el siguiente artículo.
——–
Juan José Tamayo, Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones “Ignacio
Ellacuría”, de la Universidad Carlos III de Madrid. Autor de Hermano Islam
(Trotta, 2019). Acaba de aparecer la 4ª edición de ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan
las distopías? (Biblioteca Nueva, Madrid)Redes Cristianas

 

María Mazzarello, ‘Maín’


Nuestra historia dice que en el transcurso de un viaje, el Padre Pestarino se encontró con Don Bosco, quien en ese momento se encontraba meditando acerca de la posibilidad de ampliar sus enseñanzas también a las niñas pobres. Pestarino, le contó la obra que realizaba junto con la joven María Mazzarello y lo invitó a conocerla personalmente. Así, el 7 de octubre de 1864, San Juan Bosco fue por primera vez a Mornese. Don Bosco constató que aquellas muchachas que dirigía el Padre Pestarino eran excelentes candidatas para ser religiosas, y con ellas fundó la Primera Comunidad de Hijas de María Auxiliadora, o salesianas, que hoy en día son más de 11.000 religiosas en 96 países.

El Papa Pío Nono aprobó la nueva congregación, el 5 de agosto de 1872. María Mazzarello fue superiora general hasta el día de su muerte, el 14 de mayo de 1881. Sus tres grandes amores fueron la Eucaristía, María Auxiliadora y la juventud pobre, a la que educó y salvó.

Una imagen de la Santa María Mazzarello se encuentra en la capilla de la Casa salesiana de formación Salesianos Coadjutores “ARTEMIDE ZATTI” dentro de la Residencia Salesiana “Martí-Codolar” un espacio donde se acogen personas refugiadas y migrantes. La tradición salesiana asegura que en este espacio, dedicado actualmente a capilla, fue donde Don Bosco descanso un momento después de la comida y antes de realizar la famosa fotografía del grupo con Don Bosco en Barcelona, el 3 de mayo de 1886. La mejor fotografía de Don Bosco.

La imagen de María Mazzarello de la “Casa Zatti” es una escultura en altorrelieve, talla en madera de cedro (árbol de Don Bosco), con decoración policromada teñida. La figura, a tamaño inferior real, representa un grupo de la santa acompañada de dos jóvenes. El autor de esta obra es el famoso escultor Joan PUIGDOLLERS(1927-2005)

La trayectoria del escultor catalán Joan PUIGDOLLERS está estrechamente vinculada a la familia Salesiana, especialmente de Barcelona. Fue alumno de la sección de escultura de las escuelas profesionales Salesianas de Sarriá, en la que creció personal y profesionalmente (se sentía orgulloso de que le llamarán “’escultor salesiano»). De alumno pasaría a operario, luego, a maestro de taller y de ahí a director de la sección de escultura, donde durante 50 años formaría y educaría a diversas generaciones de carpinteros y ebanistas en los Salesianos de Sarriá. Paralelamente, desarrollaría una destacada vocación artística como escultor, acunando un estilo propio, caracterizado por su figuración a través de planos, como podemos observar en esta presente escultura (altorrelieve), labrada en madera policromada . Como decía el propio Joan Puigdollers, «lo atribuyo al intento de tomar lo esencial de lo que quiero transmitir en la siempre difícil sencillez».

A lo largo de su vida realizó una extensa obra, de la que se contabilizan unas 300 imágenes, 160 relieves, 40 bustos y 30 grupos escultóricos. Trabajó asiduamente para los salesianos, de tal forma que entre su producción se encuentran unas sesenta imágenes de María Auxiliadora y cincuenta de san Juan Bosco. Una de las más relevantes es la estatua de San Juan Bosco en el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia de Barcelona.

Joan Puigdollers i Olm (Vich, 2 de septiembre de 1927-Barcelona, 7 de diciembre de 2004) fue un escultor español, especializado en escultura religiosa, un artista cristiano, un escultor salesiano, un magnífico maestro y un buen padre de familia. Sin embargo, entre todos los calificativos que podrían añadirse a su nombre es significativo el que él mismo elegía: “un antiguo alumno salesiano”.

MISA CON NIÑOS DOMINGO VI PASCUA “Jesús nos dice algo nuevo” 17 de mayo de 2020


(La palabra de Dios que hoy se nos presenta en la liturgia puede resultar un poco difícil para ser explicada. Si se mantienen las lecturas haremos el esfuerzo de hacerlas asequibles a la mente de los más pequeños. El esquema que seguimos mantiene las lecturas del domingo sexto ordinario. Un signo para la celebración, un cartel en el que está escrita la frase: “Pero yo os digo…”, puede ir acompañada de un dibujo con el rostro de Jesús. También se puede proyectar la misma idea. Canto: se puede escuchar o cantar: “Gracias, Señor” (de Iturralde, “Pasó haciendo el bien”).

Nombramientos de Directores


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11/5/2020 - 5738 Visitas

El Director salesiano tiene una responsabilidad especial como guía espiritual de la comunidad religiosa y animador de la comunidad educativo-pastoral de cada obra.
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El Inspector de Salesianos Santiago el Mayor, Fernando García, ha comunicado el nombramiento de nuevos directores de las casas salesianas, y la renovación de aquellos que han cumplido un trienio.
 
La propuesta de nombres se había enviado al Consejo General y, tras la aprobación por parte del Rector Mayor con su consejo, los nuevos directores serán:


1. Basilio Díaz, Alcalá de Henares
2. Gonzalo Vicente, Arévalo
3. Manuel Cid, Cambados
4. Antonio Esgueva,  Ciudad Real
5. Ernesto Rodríguez-Arias, Guadalajara
6. Mauricio Paniagua,  León – Centro Don Bosco
7. Rafael Castro, León- Santiago el Mayor
8. José Rodríguez Pacheco, Lugo
9. Luis Onrubia, Madrid – Casa Inspectorial
10. Mariano Sáez, Madrid – Carabanchel Miguel Rúa
11. Antonio Caño, Madrid – La Pagoda 
12. Sergio Oter, Puertollano 
13. José Luis Villota, Santander – María Auxiliadora
14. Luis Fernando Gutiérrez, Madrid – Teologado
15. Eusebio Muñoz, Madrid – La Procura
16. José Miguel Núñez, Madrid – Casa Don Bosco

Junto a ellos, los siguientes hermanos, renovarán en su cargo para un segundo trienio:

17. Félix Urra, A Coruña 
18. Ángel Corcero, Burgos – Padre Aramburu
19. José Antonio Prol, Bilbao – San Juan Bosco
20. Sebastián Muñoz, Bilbao – Beato M. Rúa
21. Joaquín Torres, Carabanchel Sagrado Corazón
22. Isaac Díez, Logroño – Domingo Savio
23. Alfonso Valcárcel, Santander – Nueva Montaña
24. Alfredo González, Vigo – San Roque


En el comunicado a la Inspectoría, Fernando García destaca el papel de “animación y gobierno de la comunidad” que tienen los directores y señala que “la Congregación, en esta reflexión de ordenar las tareas, establecer prioridades y ejercer la capacidad de delegar, nos señala cómo lo más importante en el servicio de autoridad del director salesiano de hoy es ser animador tanto de la comunidad religiosa como de la comunidad educativo-pastoral (CEP)”. 

DOMINGO 14 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,1-12.17-20)

J.A PAGOLA

    PORTADORES DEL EVANGELIO
    Lucas recoge en su evangelio un importante discurso de Jesús, dirigido no a los Doce sino a otro grupo numeroso de discípulos a los que envía para que colaboren con él en su proyecto del reino de Dios. Las palabras de Jesús constituyen una especie de carta fundacional donde sus seguidores han de alimentar su tarea evangelizadora. Subrayo algunas líneas maestras.
    «Poneos en camino»
    Aunque lo olvidamos una y otra vez, la Iglesia está marcada por el envío de Jesús. Por eso es peligroso concebirla como una institución fundada para cuidar y desarrollar su propia religión. Responde mejor al deseo original de Jesús la imagen de un movimiento profético que camina por la historia según la lógica del envío: saliendo de sí misma, pensando en los demás, sirviendo al mundo la Buena Noticia de Dios. «La Iglesia no está ahí para ella misma, sino para la humanidad» (Benedicto XVI).
    Por eso es hoy tan peligrosa la tentación de replegarnos sobre nuestros propios intereses, nuestro pasado, nuestras adquisiciones doctrinales, nuestras prácticas y costumbres. Más todavía, si lo hacemos endureciendo nuestra relación con el mundo. ¿Qué es una Iglesia rígida, anquilosada, encerrada en sí misma, sin profetas de Jesús ni portadores del Evangelio?
    «Cuando entréis en un pueblo… curad a los enfermos y decid: está cerca de vosotros el reino de Dios»
    Esta es la gran noticia: Dios está cerca de nosotros animándonos a hacer más humana la vida. Pero no basta afirmar una verdad para que sea atractiva y deseable. Es necesario revisar nuestra actuación: ¿qué es lo que puede llevar hoy a las personas hacia el Evangelio?, ¿cómo pueden captar a Dios como algo nuevo y bueno?
    Seguramente, nos falta amor al mundo actual y no sabemos llegar al corazón del hombre y la mujer de hoy. No basta predicar sermones desde el altar. Hemos de aprender a escuchar más, acoger, curar la vida de los que sufren… solo así encontraremos palabras humildes y buenas que acerquen a ese Jesús cuya ternura insondable nos pone en contacto con Dios, el Padre Bueno de todos.
    «Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa»
    La Buena Noticia de Jesús se comunica con respeto total, desde una actitud amistosa y fraterna, contagiando paz. Es un error pretender imponerla desde la superioridad, la amenaza o el resentimiento. Es antievangélico tratar sin amor a las personas solo porque no aceptan nuestro mensaje. Pero ¿cómo lo aceptarán si no se sienten comprendidos por quienes nos presentamos en nombre de Jesús?

    YO ESTOY CON MI PADRE, VOSOTROS CONMIGO Y YO CON VOSOTROS

    col fraymarcos

    Jn 14,15-21

    Se habla de la presencia de Dios, de Jesús y del Espíritu en la primera comunidad. Se trata de hacer ver a los cristianos de finales del s. I, que no estaban en inferioridad de condiciones con relación a los que habían conocido a Jesús; por eso es tan importante este tema, también para nosotros hoy. Nos pone ante la realidad de Jesús vivo que nos hace vivir a nosotros con la misma Vida que él tenía antes y después de su muerte; y que ahora se manifiesta de una manera nueva. Se trata de la misma Vida de Dios (Zoe). Esto explica que entre en juego un nuevo protagonista: el Espíritu.

    No debemos dejarnos confundir por la manera de formular estas ideas sobre la relación de Jesús, Dios y el Espíritu por aquellos cristianos de finales del s. I. No se trata de una relación con alguna entidad exterior al ser humano. Tampoco se está hablando de tres realidades separadas, Dios, Jesús, Espíritu. Si uno se fija bien en el lenguaje, descubrirá que se habla de la misma realidad con nombres distintos. Una y otra vez insisten los textos en la identidad de los tres. Después de morir, el Jesús que vivió en Galilea, se identificó absolutamente con Dios que es Espíritu. Ahora los tres son indistinguibles.

    Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Mandamientos que en el capítulo anterior quedaron reducidos a uno solo: amar. Quien no ama a los demás no puede amar a Jesús, ni a Dios. Los mandamientos son exigencia del amor. Las “exigencias” no son obligaciones impuestas desde fuera sino la exigencia que viene del interior y que se debe manifestar en cada circunstancia concreta. Para Jn, “el pecado del mundo” era la opresión, que se manifiesta en toda clase de injusticias. El “amor” es también único, que se despliega en toda clase de solidaridad y entrega a los demás.

    Yo pediré al Padre que os mande otro defensor que esté con vosotros siempre. Cuando Jesús dice que el Padre mandará otro defensor, no está hablando de una realidad distinta de lo que él es o de lo que es Dios. Está hablando de una nueva manera de experimentar el amor, que será mucho más cercana y efectiva que su presencia física durante la vida terrena. Primero dice que mandará al Espíritu, después que él volverá para estar con ellos, y por fin que el Padre y él vendrán y se quedarán. Esto significa que se trata de una realidad múltiple y a la vez única: Dios.

    “Defensor” (paraklêtos)=el que ayuda en cualquier circunstancia; abogado, defensor cuando se trata de un juicio. Se trata de una expresión metafórica. La defensa a la que se refiere, no va a venir de otra entidad, sino que será la fuerza de Dios-Espíritu que actuará desde dentro de cada uno. Tiene un doble papel: interpretar el mensaje de Jesús y dar seguridad y guiar a los discípulos. El Espíritu será otro valedor. Mientras estaba con ellos, era el mismo Jesús quien les defendía. Cuando él se vaya, será el Espíritu el único defensor, pero será mucho más eficaz, porque defenderá desde dentro.

    “El Espíritu de la verdad”. La ambivalencia del término griego (alêtheia) = verdad y lealtad, pone la verdad en conexión con la fidelidad, es decir con el amor. “De la verdad” es genitivo epexegético; quiere decir, El Espíritu que es la verdad. Jesús acaba de decir que él era la verdad. “El mundo” es aquí el orden injusto que profesa la mentira, la falsedad. El mundo propone como valor lo que merma o suprime la Vida del hombre. Lo contrario de Dios. Los discípulos tienen ya experiencia del Espíritu, pero será mucho mayor cuando esté en ellos como único principio dinámico interno.

    No os voy a dejar desamparados. En griego órfanoús=huérfanos se usa muchas veces en sentido figurado. En 13,33 había dicho Jesús: hijitos míos. En el AT el huérfano era prototipo de aquel con quien se pueden cometer impunemente toda clase de injusticias. Jesús no va a dejar a los suyos indefensos ante el poder del mal. Pero esa fuerza no se manifestará eliminando al enemigo sino fortaleciendo al que sufre la agresión, de tal forma que la supere sin que le afecte lo más mínimo.

    El mundo dejará de verme; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo tengo vida y también vosotros la tendréis. La profundidad del mensaje puede dejarnos en lo superficial de la letra. “Dejará de verme” y “me veréis”, no hace referencia a la visión física. No se trata de verlo resucitado, sino de descubrir que sigue dándoles Vida. Esta idea es clave para entender bien la resurrección. El mundo dejará de verlo, porque solo es capaz de verlo corporalmente. Ellos, que durante la vida terrena lo habían visto como el mundo, externamente, ahora serán capaces de verlo de una manera nueva.

    Aquel día experimentaréis que yo estoy identificado con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros. Al participar de la misma Vida de Dios, de la que él mismo Jesús participa, experimentarán la unidad con Jesús y con Dios. Es el sentido más profundo del amor (ágape). Ya no hay sujeto que ama ni objeto amado. Es una experiencia de unidad e identificación tan viva, que nadie podrá arrancársela. Es una comunión de ser absoluta entre Dios y el hombre. Por eso, al amar ellos, es el mismo Dios quien ama. El amor-Dios se manifiesta en ellos como se manifestó en Jesús.

    “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; a quien me ama le amará mi Padre y le amaré yo y yo mismo me manifestaré a él”. Su mensaje es el del amor al hombre y no el del sometimiento. La presencia de Jesús y Dios se experimenta como una cercanía interior, no externa. En (14,2) Jesús iba a preparar sitio a los suyos en el “hogar”, familia del Padre. Aquí son el Padre y Jesús los que vienen a vivir con el discípulo. En el AT la presencia de Dios se localizaba en un lugar, la tienda del encuentro o el templo, ahora cada miembro de la comunidad será morada de Dios. No será solo una experiencia interior; el amor manifestado hará visible esa presencia.

    Un versículo después de lo que hemos leído dice: el que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y permaneceremos con él. Los discípulos tienen garantizada la presencia del Padre y la de Jesus. Esa presencia no será puntual, sino continuada. Dios no tiene que venir de ninguna parte porque está en nosotros antes de empezar a ser. Una vez más se utiliza el verbo “permanecer” que expresa una actitud decidida de Dios. También queda una vez más confirmada la identidad del Jesús con Dios, una vez que ha terminado su trayectoria terrena.

    Jesús vivió una identificación con Dios que no podemos expresar con palabras. “Yo y el Padre somos uno.” A esa misma identificación estamos llamados nosotros. Hacernos una cosa con Dios, que es espíritu y que no está en nosotros como parte alícuota de un todo que soy yo, sino como fundamento de mi ser, sin el cual nada puede haber de mí. Se deja de ser dos, pero no se pierde la identidad de cada uno. Esa presencia de Dios en mí no altera para nada mi individualidad. Yo soy totalmente humano y totalmente divino. El vivir esta realidad es lo que constituye la plenitud del hombre.

     

    ALEGRÍA, ESPERANZA, AMOR

    col sicre

    Domingo 6º de Pascua
    Las lecturas continúan las tres situaciones de la iglesia que comenté el domingo pasado.
    Iglesia naciente: modelo de una nueva comunidad
    Tras la institución de los diáconos, Lucas nos cuenta la actividad de uno de ellos, Felipe, en la fundación de la comunidad de Samaria. Esto le sirve para indicar las características que debería tener cualquier nueva comunidad.
    1) No debe excluir a nadie. Felipe se dirige a Samaria, la región más despreciada y odiada por un judío.
    2) Felipe predica a Cristo. Los misioneros no proponen una filosofía moral ni una ética; su intención primordial no es reformar las costumbres sino dar a conocer a Jesús.
    3) La palabra va acompañada de la acción. Lucas la concreta en signos y prodigios semejantes a los que realizaron Jesús y los apóstoles: curación de todo tipo de enfermos.
    4) El fruto de esta actividad es que «la ciudad se llenó de alegría». El evangelio no es un mensaje triste.
    5) Sólo falta algo que el diácono Felipe no puede dar: el Espíritu Santo. Eso lo concede la oración de los apóstoles Pedro y Juan, que simbolizan al mismo tiempo con su presencia la unión entre la nueva comunidad y la iglesia madre de Jerusalén.
    Iglesia sufriente: calumnias y esperanza
    La carta de Pedro menciona el tema de las calumnias que sufrían los primeros cristianos. Recuerdo dos de ellas, tomadas de textos de Tertuliano y Minucio Félix.
    Se decía que cuando uno iba a incorporarse a la comunidad e iniciarse en los misterios, se tomaba a un niño muy pequeño, se lo recubría por completo de harina y se lo colocaba sobre una mesa. Cuando el neófito entraba en la sala, le ordenaban golpear con fuerza aquella masa. Él lo hacía, pensando que no se trataba de nada grave. Y golpeaba una y otra vez hasta matar al niño. Entonces, todos se lanzaban sobre el niño muerto para lamer su sangre y repartirse sus miembros, sellando de ese modo la alianza con Dios.
    Otra acusación era la del incesto. Según ella, los cristianos se reúnen en sus días de fiesta para celebrar un gran banquete. Acuden con sus hijos, hermanas, madres, personas de todo sexo y edad. La sala está iluminada sólo por un candelabro, al que se encuentra atado un perro. Cuando han comido y bebido abundantemente, ya medio borrachos, excitan al perro tirándole trozos de carne a un sitio al que no puede llegar, hasta que el perro tira el candelabro, se apaga la luz, y todos se abrazan al azar y se entregan a la mayor orgía entre hermanos y hermanas.
    En este contexto, la carta de Pedro recomienda:
    1) Saber dar razón de nuestra esperanza con mansedumbre y respeto. Es decir, saber explicar qué creemos y esperamos, pero sin usar condenas y descalificaciones.
    2) Es mejor padecer haciendo el bien que padecer haciendo el mal.
    Esta conducta, humanamente tan difícil, sólo se puede conseguir recordando el ejemplo de Jesús que, siendo inocente, murió por los culpables. E igual que él resucitó, también nosotros recibiremos el premio de nuestra paciencia. 
    Iglesia creyente: «obras son amores»
    El evangelio, en pocas palabras, reúne temas tan distintos que resulta difícil encontrar un elemento común. No se puede pedir un discurso lógico y ordenado a una persona que se despide de sus seres más queridos poco antes de morir. Destaco tres temas.
    1) Este breve fragmento comienza y termina con palabras muy parecidas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.» «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama». Como dice el refrán: «Obras son amores, y no buenas razones».
    La relación entre el amor y la observancia de los mandamientos es muy antigua en Israel: se remonta al Deuteronomio, donde amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, se concreta en la observancia de sus leyes, mandatos y decretos. En el caso de Jesús hay una gran diferencia, sus mandamientos se resumen en uno solo: «Esto os mando: que os améis los unos a los otros como yo os he amado».
    2) Teniendo en cuenta la proximidad de la fiesta de Pentecostés, son importantes las palabras: «Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.» Parece una contradicción manifiesta pedir al Padre que nos dé algo que ya vive en nosotros. Son los dos tiempos en los que se mueven a menudo estos discursos: el de Jesús, que mira al futuro y pide al Padre que nos dé un defensor; y el nuestro, que ya hemos recibido el Espíritu y vive en nosotros.
    3) La unión plena del cristiano con el Padre y con Jesús. «No os dejaré huérfanos, volveré.» «Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros.»

    EL MUNDO NO LE RECONOCE

    comentario editorial
    La forma de desarrollar la confianza en ti mismo es hacer lo que temes y llevar un registro de tus experiencias exitosas (William Jennings Bryan)
    17 de mayo. DOMINGO VI DE PASCUA
    Jn 14, 15, 21
    El Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, puesto que no lo ve ni lo conoce; vosotros lo conocéis, pues permanece y está con vosotros y en vosotros
    Entonces su descendencia será conocida entre las naciones, y sus vástagos en medio de los pueblos; todos los que los vean los reconocerán, porque son la simiente que el Señor ha bendecido (Isaías 16, 9).
    Natanael le dijo: ¿Cómo es que me conoces? Jesús le respondió y le dijo: Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi (Juan 1, 48)
    Al llegar a cada nueva ciudad el viajero encuentra un pasado suyo que ya no sabía que tenía: la extrañeza de lo que no eres o no posees más te espera al paso de los lugares extraños y no poseídos, escribió Italo Calvino en Las ciudades invisibles.
    Y viajar a las ciudades, que todos llevamos dentro de nuestra personal geografía, nos enriquece y divierte, por lo mucho que en sus museos, plazas, calles y personas aprendemos, pues como decía Martin Buber, filósofo y escritor judío conocido por su filosofía de diálogo, por sus obras de carácter existencialista, y partidario de “una tierra para dos pueblos” buscando el diálogo entre judíos y árabes en Palestina: “Todos los viajes tienen destinos secretos sobre los que el viajero nada sabe”.
    Viajamos para aprender que el amor divino, el tuyo y el nuestro, es un sentimiento que da la vida, y que nos lleva a entregarnos a él sin condiciones: un corazón es su meta, una diana, cuyo amor es la flecha que se dirige a ella orientada por la mano imantada de los sueños.
    En el libro de Italo Calvino, Las ciudades invisibles, y una de ellas, Andria, -una ciudad colgada del cielo- con arquitectos, ingenieros, urbanistas, bancos y politicastros, para construir ciudades más humanas, vivibles y sostenibles, menos ciudades de la cultura y más cultura, menos ciudades de la justicia y más justicia y menos ciudades de la imagen y más imaginación.
    Nuestro débil e imperfecto yo, recarga sus baterías con solo reconocerte y aproximarse a ti, Jesús, fuente, camino y verdad de cuanto vivimos.
    hidroelectrica
    Y por esa y otras muchas más razones nos negamos a vivir aislados, desenchufados de la corriente, que alimentada por la fuerza de tu Hidroeléctrica tanto divina como humana, nos mantiene iluminando la casa de nuestra y la de los demás, avivándonos el deseo de pasar a la vía iluminativa y unitiva, como sucedía en la vida real de los místicos.
    Para William Jennings Bryan, la forma de desarrollar la confianza en ti mismo es hacer lo que temes y llevar un registro de tus experiencias exitosas.
    Yo las llevo, y os las envío a todos por correo para que estéis al corriente de todo cuanto hago, para que lo que el evangelista dice en 14, 17.
    “La verdad, que el mundo no puede recibir, puesto que no lo ve ni lo conoce; vosotros lo conocéis, pues permanece y está con vosotros y en vosotros”.
    Hubo redoble de tambores en la calle y tú, Blas de Otero, respondiste con tu redoble de conciencia, y con tu poesía social, intimista y profundamente religiosa, nos acercaste a la Iglesia y a reconocer a Jesús en ella.

    REDOBLE DE CONCIENCIA
    Imaginé mi horror por un momento
    que Dios, el solo vivo, no existiera,
    o que, existiendo, sólo consistiera
    en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento.
    Y que la muerte, oh estremecimiento,
    fuese el hueco sin luz de una escalera,
    un colosal vacío que se hundiera
    en un silencio desolado, lento.
    Entonces ¿para qué vivir, oh hijos
    de madre, a qué vidrieras, crucifijos
    y todo lo demás? Basta la muerte.
    Basta. Termina, oh Dios, de maltratarnos.
    O si no, déjanos precipitarnos
    sobre Ti, ronco río que revierte

    sábado, 9 de mayo de 2020

    Sobre coronavirus, apartheid y Ramadán


    María Landi

    Este informativo artículo de Jonathan Cook describe los desafíos y peligros que el coronavirus plantea a la población palestina a ambos lados de la Línea Verde debido a las políticas de apartheid, la ausencia de atención sanitaria y la dependencia económica y laboral que sufre la población ocupada ante un poder ocupante cruel e indiferente. Acompaño el texto con breves fragmentos del webinar realizado por Palestine Deep Dive: Coronavirus in Palestine.
    La población palestina se prepara para el Ramadán, enfrentando un virus que no discrimina pero un ocupante que sí lo hace.
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    Omella y Osoro claman por “un pacto entre todos los partidos políticos, estamentos sociales y económicos para salir juntos” de la crisis


    cardenal omella
    “Aquí no se trata de ver quién gana, sino quién sirve. Si estamos a ver quién gana, pierden los más pobres”, claman
    “El ingreso mínimo vital hay que asegurarlo”, asegura el presidente de la Conferencia Episcopal en un desayuno ‘virtual’ con el Nueva Economía Fórum
    “Claro que hay contacto permanente con el Papa. El Papa está muy preocupado por todo lo que sucede en el mundo, y lo que quiere es que todos trabajemos en esa línea, en comunión, y pensando en los pobres”
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    Sueñen, confíen y en marcha - 5º Domingo de Pascua, Ciclo A

    OBSERVAR, CALLAR, FLUIR(I Y II)

    1. Prioridad del “ser” sobre el “hacer”
    Hace ya un par de años escribí el artículo “Del ver, juzgar, actuar al observar, callar y fluir” proponiendo un nuevo método teológico-pastoral. El artículo fue publicado en mi blog “El agujero en la flauta” el 2 de marzo de 2018, en Eclesalia el 28 de marzo y en Fe adulta el 2 de abril del mismo año.
    A lo largo de estos dos años me llegaron varios comentarios, sugerencias e invitaciones a profundizar el tema. También comenzaron, con mi gran sorpresa y alegría, las primeras aplicaciones concretas del método.
    Tal vez el tiempo es maduro para seguir profundizando y poder ofrecer otras pistas y otros aportes. Empiezo por presentar los cimientos sobre los cuales se construye mi propuesta pastoral del “observar, callar, fluir”.
    Un método teológico-pastoral tiene siempre –consciente o inconscientemente– una visión teológica que lo sostiene y alimenta. La visión teológica de fondo es siempre fundamental porque es como el sostén racional de la propuesta y su misma posibilidad de ser comunicada y compartida. Y más en profundidad, una visión teológica es el sostén de una manera de “ver” a Dios y de vivir la fe.
    En el fondo siempre vivimos y actuamos a partir de lo que pensamos, por lo menos en un nivel más superficial y pragmático. Por eso es esencial tomar en cuenta el “desde dónde” pensamos. Nuestra manera de rezar, de hacer pastoral, de organizar una comunidad, refleja siempre una visión teológica.
    Lo característico, y también paradójico, de mi propuesta es que esta visión teológica hunde sus raíces en la experiencia y se retroalimenta de la experiencia. Es como un circulo virtuoso: de la experiencia a la reflexión y de la reflexión a la experiencia. La prioridad ontológica la tiene la experiencia sin duda, y lo veremos. Decir “experiencia” es decir “vida”: la vida siempre precede a las opiniones, ideas y conceptos sobre la vida. “La vida siempre tiene razón”, decía el gran poeta Rilke.
    La obvia consecuencia de todo eso es que también las verificaciones de lo correcto y fructífero del método “observar, callar, fluir” siempre la ofrecerá la vida; y esa misma vida sugerirá los ajustes necesarios. Un método, por ende, sumamente abierto y transparente.
    En el fondo es un volver a un sano ejercicio del pensar, donde la vida concreta y real siempre tiene la primera y última palabra. Este sano ejercicio que la teología católica, el magisterio y la pastoral en muchos casos han perdido a lo largo de los siglos. Son testigos la proliferación de tratados especulativos y propuestas pastorales totalmente ajenas y alejadas de la vida real.
    Si es verdad –acá reside lo paradójico– que el pensar funda el actuar (actúo como pienso) es también verdad que el actuar funda el pensar (pienso según actúo).
    Pensar y actuar (hacer) se retroalimentan. Por eso reitero que es fundamental establecer desde donde pensamos.
    En mi propuesta este “actuar/hacer” no es otra cosa que ser. Simple y maravillosamente ser. Es el primer cimiento teológico de la propuesta. Los demás serán:
    • Prioridad de la experiencia sobre el concepto y la idea (ortopraxis/ortodoxia).
    • Síntesis fecunda entre occidente y oriente.
    • Vivencia del silencio.
    • Empezamos analizando el primero.
    Prioridad del “ser” sobre el “hacer”
    El primer cimiento – la primera pata de nuestra mesa metodológica – es la prioridad del ser sobre el hacer. Esto que parece bastante obvio y aceptado, en la práctica es sumamente olvidado. Prueba es la centralidad casi absoluta del “hacer” en la pastoral de la iglesia. Los documentos del magisterio y las propuestas de Diócesis y parroquias siempre están centradas en el “hacer” y más aún en este tiempo donde se subraya – también por el impulso dado por el Papa Francisco – una iglesia “en salida”, una iglesia misionera. Los únicos que nos recuerdan la prioridad del “ser” sobre el “hacer” son las grandes ordenes de vida monástica y contemplativa que, no es casualidad, parecen tener algo más de vocaciones que los institutos de vida activa.
    Dar prioridad al “ser” sobre el “hacer” no significa en absoluto caer en una pasividad sin entusiasmo y creatividad. Significa simplemente reconocer las cosas por como son. El ser se nos regaló y se nos regala a cada momento, independientemente del “hacer”. No tuvimos que “hacer” nada por “ser”. Es el regalo primordial y asombroso. Somos. Pura gratuidad. Más allá de lo que podamos o no hacer, somos. En esta experiencia mística “del Ser” y “de ser” vislumbramos el Misterio y oímos el eco de la voz de Dios. (aclaración: cuando hablo del “Ser” con mayúscula me refiero al Misterio trascendente que llamamos también Dios y cuando hablo del “ser” con minúscula me refiero a nuestra participación humana al Ser o al reflejo del Ser en nosotros).
    Esta asombrosa experiencia primordial de ser es, en sentido estricto y en terminología cristiana, la experiencia de la salvación. No hay belleza comparable y experiencia cumbre comparable con este misterioso sentido de ser.
    A partir de esta experiencia fundante, el “hacer” fluirá sereno, entusiasta y libre. Se caerán por sí solas las tentaciones de apegos, egoísmos, y los delirios de omnipotencia que a menudo nos invaden. Nuestra brújula será la gratuidad y la pura alegría del Ser que se expresa y manifiesta a sí mismo en nuestro “hacer”.
    También el pensar que surgirá de esta experiencia primordial será libre y creativo. La experiencia del Ser y de ser funda también el pensar y lo sostiene. El pensar y el pensamiento son intrínsecamente variables e inestables, mientras el Ser y la conciencia de ser es el fondo estable y seguro donde todo acontece. El pensar que surge del Ser es un pensar siempre fresco, nuevo, dinámico, actual. El problema se da cuando el pensar no hunde sus raíces en el Ser y es simplemente un esfuerzo mental/racional. Desde ahí solo puede surgir un pensamiento repetitivo y conflictivo y, cosa más grave aún, separado de la vida. Es el pensar que gira sobre sí mismo, aislado en su cárcel. Y la vida queda afuera y sigue por otro lado. El “problema” no es el pensar, sino la desconexión del pensamiento de la experiencia del Ser y de ser.
    La visión teológica que prioriza el Ser/ser por sobre el “hacer” permitirá un brotar de un pensar abrazado a la vida, fiel a la vida y expresión de la vida. Esto es: un pensar teofánico y epifánico (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
    1. Prioridad de la experiencia sobre el concepto y la idea (ortopraxis/ortodoxia)
    La segunda pata que sostiene nuestra mesa del “observar, callar, fluir” es la absoluta prioridad de la experiencia sobre el concepto. Cuando hablamos de experiencia, lo hemos visto, hablamos de vida, de la vida concreta y real de todos los días.
    La vida, aunque incluye el pensar, lo precede, lo sostiene, lo trasciende. La vida es siempre mucho más que el pensar.
    La visión teológica que sostiene mi propuesta hunde sus raíces en la vida. La vida es el substrato común donde todos nos encontramos, más allá de culturas, religiones, opciones políticas, económicas o nivel social. Todos estamos bebiendo a la Fuente de la Vida. Este también es el gran mensaje cristiano, especialmente expresado por el evangelio de Juan: Jesús es vida, vino a compartir su vida y a regalarnos la Vida plena (Jn 10, 10).
    Desde esta percepción podemos comprender con cierta facilidad que toda experiencia real de Dios tiene que estar arraigada en la vida. Más aún: no hay un Dios “afuera” de la vida. Y la vida es lo que está ocurriendo aquí y ahora. Siempre la vida acontece en el momento presente y este momento es revelación del Misterio. Dios se esconde y revela en el momento presente, independientemente de si este momento presente nos gusta o no, responde a nuestras expectativas o no responde, haya dolor o alegría. A partir de esta fidelidad a la vida podemos comprender la dialéctica ortopraxis/ortodoxia.
    En la historia de la iglesia y del cristianismo –por razones teológicas e históricas que no vienen al caso en este momento dilucidar– se dio una contundente primacía de la ortodoxia sobre la ortopraxis, sobre todo a partir del siglo IV. En muchos casos el pensamiento se fue por su cuenta, desgajándose de la vida. La doctrina se volvió central y perdimos la primacía de la vida. Hoy en día, más allá de unos avances y cierto crecimiento en conciencia, la primacía del pensar y la doctrina por sobre la vida real, sigue vigente más que nunca.
    En línea general, al magisterio, a los obispos, a muchos sacerdotes y laicos también les interesa más que nada “conservar” el depósito de la fe, esto es, la ortodoxia. Poco se preocupan si esta ortodoxia se convierta en ortopraxis o si la vida real queda relegada en segundo plano. Hay que reconocer que, gracias también al pontificado de Francisco, se está dando más importancia a la vida y a la ortopraxis que a muchas formalidades que tienen que ver con la ortodoxia y cierto protocolo eclesiástico.
    Intento simplificar para ser más concreto y más claro, consciente también del riesgo que simplificar demasiado puede hacernos perder en profundidad y en una visión más integral de la vida.
    Cuando hablamos de ortopraxis estamos hablando de la vivencia del amor, el mensaje central del evangelio.
    “Ortopraxis”: descubro que la raíz última de lo real –la vida como se manifiesta aquí y ahora– es el amor. A partir de ahí me vivo y vivo desde ese mismo amor. Este amor que se manifiesta en las actitudes que bien conocemos y nos hacen tanto bien: escucha, amabilidad, entrega, solidaridad, tolerancia, paciencia, ternura. Todo esto no quita obviamente que seguimos haciendo experiencia de nuestra humana fragilidad y de equivocarnos. Pero queda claro y contundente el eje central.
    Cuando hablamos de ortodoxia estamos hablando de la correcta interpretación (según la visión cristiana) y aplicación de este amor. En sentido estricto, la ortodoxia es reflexión sobre el amor y reflexión sobre la vida.
    “Ortodoxia”: se utiliza la herramienta del pensamiento para establecer definiciones, reglas, dogmas, catecismos que reflejen el Misterio y ayuden a comprenderlo y a vivirlo. Todo esto obviamente no es negativo. Lo que ocurre es que a menudo, por la misma inercia del pensar, ese mismo pensamiento se vuelve independiente y se convierte en dueño de la vida, en lugar de estar a su servicio. Desde ahí al fanatismo y al dogmatismo el paso es terriblemente breve.
    Espero que estas simples aclaraciones nos puedan hacer comprender el alcance e importancia de la cuestión.
    ¿Qué nos sirve una correcta interpretación del amor si no nos lleva a amar más y mejor?
    ¿De qué nos sirve ser fieles a catecismos, rubricas, reglas, documentos, credos varios si no somos amables con nosotros mismos y con los demás?
    ¿De qué me sirve una doctrina si mi corazón no arde de amor?
    Una fidelidad teórica que no sea reflejo de la vida y que no nos lleve a ser personas más pacíficas y amables, se convierte fácilmente en hipocresía. Hipocresía que justamente fue una de las actitudes más condenadas por el maestro Jesús.
    La tendencia racionalista occidental se manifiesta también en eso y seguimos dando más importancia al “correcto” pensar y sus formulaciones que al amor real y concreto.
    Los ejemplos de estas desviaciones son innumerables y en el fondo se resumen en esta actitud: cuando damos más importancia a una supuesta fidelidad a la forma y al pensar por sobre la atención amorosa a uno mismo y a los demás.
    Cuando está en juego el amor concreto hacia uno mismo y hacia los demás hay que pasar por encima de cualquier formulación, dogma, regla o rito que sea. La vida de Jesús es manifestación extraordinaria de este principio. ¿Cómo es posible haberlo olvidado?
    La visión teológica que sostiene el método teológico-pastoral del “observar, callar, fluir” otorga una absoluta prioridad a la ortopraxis por sobre la ortodoxia.
    Sin duda la ortopraxis incluye también el pensar sobre todo en cuanto al discernimiento: somos una unidad psicosomática-espiritual y nunca debemos olvidarlo. Pero este pensar no precede a la vida y al amor concreto, sino que los acompaña y se pone a su servicio.
    Solo desde la vivencia concreta del amor puede surgir una reflexión y una formulación de la fe que ayude a crecer en este mismo amor y en su autocomprensión.
    Resumiendo en estilo zen: el camino es la meta. La plenitud del Amor que es nuestra meta, la encontramos desde ya en el momento que estamos amando.