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ATALAYA ENERO 2025

miércoles, 11 de junio de 2025

LOS DATOS ESTADÍSTICOS RELIGIOSOS Y EL ESPÍRITU


col kowalski

 ¿Una sociedad sin espiritualidad? Mala cosa. Venimos de una sociedad de cristiandad, hace cincuenta años era normal, podríamos decir que casi de ley, vivir en la religiosidad que pasaba de padres a hijos, no sé si con convicción y experiencia personal. Se vivía en ambientes religiosos y parecía que todos crecíamos y nos fortalecíamos en las normas y prácticas cristianas. Sería como el marco que contiene el hecho de la presentación de Jesús en el templo. Sin embargo, hoy mismo leo en los medios que las cosas han cambiado bastante y que ya no es tan de “ley”, tan normalizado la vivencia y la presencia de lo religioso en la sociedad y en la cultura actual.

Los datos y los hechos

Según el informe último del FUNCAS los datos son llamativos - RD nos daba cuenta de ello-, dan para la reflexión. Nos dicen: El número de españoles mayores de edad que se identifica como católico ha bajado en las últimas cinco décadas. Así, si a mediados de los años setenta el 90% de los españoles decía serlo, esta cifra ha bajado en la actualidad al 55%, según se desprende de la última edición de las Notas de Coyuntura Social, de Funcas, que pone en evidencia la secularización de la sociedad española.

 Aunque la disminución en la proporción de católicos es sustantiva en todos los grupos de edad, es especialmente profunda entre los más jóvenes, según los datos de la Encuesta Social Europea analizados por Funcas. En 2002, el 60% de la población de 18 a 29 años se identificaba como católica, mientras que en 2024 solo lo hacía el 32%. En cambio, entre quienes tienen 70 años o más, la identificación como católicos pasó del 89% al 77% en el mismo periodo.

El espacio del catolicismo apenas ha sido ocupado por otras religiones, como podría esperarse, en parte, por la incorporación de población de origen extranjero a la sociedad española, sino que en su mayoría se corresponde con quienes se declaran indiferentes, agnósticos o ateos, es decir, con quienes no tienen una adscripción religiosa. Así, el porcentaje de quienes no se identifican con ninguna religión ha pasado del 22% en 2002 al 42% en 2024, lo que representa un cambio sustancial en el panorama religioso del país.

La pérdida de influencia de la religión en la vida cotidiana se comprueba en dos indicadores que reflejan el menguante papel de la socialización de las generaciones venideras en el catolicismo y sugieren que el proceso de secularización todavía tiene recorrido: el desplome de los matrimonios católicos y la caída paulatina de la matrícula en la asignatura de religión católica. No así en las cofradías y semana santa de interés turístico.

Lectura de los datos e interpelación

Ante los datos de la realidad se pueden hacer muchas lecturas, a mí se me ocurre preguntar en qué estamos creciendo y robusteciéndonos hoy en la sociedad española. Si los datos confirman que hay menos religiosidad explícita y practicada, que hay muchas personas que no se identifican como religiosos, y que lo hacen como agnósticos, indiferentes, ateos. Creo que es fundamental analizar en qué medida estos datos tienen que ver con la interioridad y la espiritualidad de los seres humanos. Sería un desastre que el decrecimiento no fuera solo en prácticas de las religiones, sino que eso fuera un signo de no crecer ni fortalecerse en el interior, en la alteridad, en la trascendencia, en la compasión y el cuidado mutuo. Parece ser que la ola de secularización no es solo cuestión de generaciones, sino que nos afecta a todos. No es lo mismo que descienda la práctica religiosa de una religión en la sociedad a que la sociedad desatienda la dimensión espiritual del ser humano, su interior y el sentimiento de alteridad y trascendencia. No se duda de que estamos ante una crisis de naturaleza, política, de economía, tecnológica, armamentística. Me pregunto si no necesitamos volver al espíritu y a lo que trasciende al individuo y que todo canal que nos ayude a desarrollarlo y fortalecerlo debería hoy ser reconocido y valorado, incluido el religioso.

Ya nos lo auguraba Nietzsche, con el loco que había matado a Dios. Aunque la religión cristiana y la iglesia, de la que formo parte y amo, debe renovarse con agilidad y purificarse para poder servir ante los signos de los tiempos. Traigo a colación el aserto de los que afirman siendo creyentes, que tampoco creen en el Dios que no aceptan muchos ateos.

Esta mañana me decía a mí mismo reflexionando ante los datos, cómo sería una sociedad en la que el 32% de los jóvenes hubieran crecido de verdad y estuvieran fortalecidos en la fe, en la experiencia del Evangelio por haberse encontrado personalmente con Cristo. Imagino que sería de un impacto y de una fuerza de luz y de verdad admirables, de humanismo radical.

Así también con los adultos, incluidos los sacerdotes, si viviéramos nuestra fe más allá del marco de la cristiandad, de lo que parece reglado y de ley, de costumbre y de herencia. Me da la tentación de pensar que hoy no tenemos tanto que luchar por ser más sino por ser auténticos en medio de esta sociedad secularizada. Que la gracia de Dios nos acompañe en esta sociedad tan burguesa. Por ahora puedo deciros que, en mi nueva parroquia en una población de quinientos habitantes, según los datos de la encuesta, debe haber un joven de cada tres, de 18 a 29 años, que se identifique como católico, yo todavía los estoy buscando.

Alguno he conocido en alguna procesión y en algún acto litúrgico festivo, pero lo de crecer y robustecerse con identidad creo que está un poco lejos todavía. Yo por si acaso he comenzado con los pequeños abriéndonos juntos al evangelio y no dejo de sentir la llamada a ser yo más auténtico en mi fe y mi vivencia del evangelio.

Y recibo en canciones la inquietud y la búsqueda de lo humano, tan necesitados de que "recen por mí..."

Reza por mí (Siloé)

 

José Moreno Losada

Religión digital

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