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miércoles, 10 de enero de 2024

2.024 (=8)


col martell

 

Los números árabes, también conocidos como cifras arábigas, se introdujeron en la cultura occidental alrededor del siglo X. Fueron introducidos en Europa principalmente a través de los contactos con los matemáticos árabes durante la Edad Media, y se difundieron rápidamente por su eficacia y versatilidad en comparación con otros sistemas numéricos utilizados en ese momento en Occidente. Este sistema numérico, que incluye el cero, transformó completamente la forma en que se hacían los cálculos y las operaciones matemáticas, y es la base del sistema que utilizamos hoy en día. Y la numerología siempre ha visto y ha considerado los números en algunas culturas como significativos.

Por tanto, los números son creación humana e intuimos que pueden indicar una realidad para saber situarnos en la Historia. Siempre una interpretación o lectura subjetiva para humanizarse más.

No olvidemos que fuera de la mente no existe nada que sea sagrado o profano o impuro. Todo depende de qué relación nos construyamos. Y esta construcción la hacemos desde el mundo emocional, y básicamente desde el inconsciente y no sólo el subconsciente, teniendo en cuenta además las necesidades para sobrevivir y como también para vivir, que es imprescindible. Recordemos lo que nos dice un buen filósofo, Baruq Spinoza (1632-1677): “He comprendido los afectos humanos, como son el amor, el odio, la ira, la envidia, la gloria, la misericordia y las demás afecciones del alma, no como vicios de la naturaleza sino como propiedades que le pertenecen como el calor, el frío, la tormenta, el trueno y otras cosas por el estilo a la naturaleza del aire”.

Y la numerología a pesar de no ser científicamente estricta puede despertar en el mundo emocional muchas ondas u oleajes que pueden ayudar a comprender otras reacciones que sobrepasan la lógica aristotélica o los cálculos científicos. Mi pregunta es: ¿Qué diría la inteligencia artificial? Lo dejo de momento a un lado aunque se habla mucho, y con mucha razón. Un gran desafío.

El número 2024 da como suma un 8. El 8 es ya un dibujo de dos ceros: plenitud vacía. Y unidos hacen más fuerte esta plenitud interior, que todo ser humano vive y constata, pero no sabe cómo mirarla. Y ahí está el problema. ¿Cuántos caminos bien acertados y otros, letales? ¿Cuál será el camino de la plenitud interior de 2024=8?

También se le puede contemplar, incluso el dibujo arábigo acompaña, una equilibración. Un constante equilibrio dinámico en marcha. ¿Cómo se piensa ir o llevar este llamado año nuevo?

Además, el 8 puesto horizontalmente nos reenvía el símbolo del infinito. No hay fin, pero todo Ser Humano es finito, temporal y espacial en su ego. Pero cuando el ego toma conciencia de sí mismo, se siente sensitivamente infinito. Un estado de ánimo o conciencia fuera de lo normal o común, pero dentro de la realidad profunda o transego. Es decir, el timonel que lleva el timón aprende que aunque puede ser el capitán del barco, no es su propietario. Y entonces tiene todo un vuelco de conciencia que le permite ver el Horizonte con otra mirada, de infinidad. El Horizonte es un espejo de su profunda interioridad. Y timonea de una forma totalmente nueva y diferente.

Es cierto que todo lo que acabo de explicar es totalmente relativo, pero indica, apunta... como el dedo de Colón en su monumento de Barcelona: Indica un lugar que el dedo no es ni tiene ni sabe. Hay que coger el barco e ir mar adentro, exponerse... emprender un camino.

Y un aspecto básico e imprescindible para emprender cualquier camino es la confianza en uno/a mismo/a. La palabra confianza está montada por cum y fidare, dos palabras latinas. Cum significa junto a... y fidare: poner el pie en un lugar seguro, que no nos fallará: Un buen soporte. Es decir, fiarse de alguien que estoy seguro de que no me va a fallar. Éste es un gran trabajo de toda “educación, no de la enseñanza”. Educar es sacar la gran riqueza que hay en el interior de todo ser humano... Enseñar puede ser un adoctrinamiento y, por tanto, manipulación y modelación. Y cómo esta base está ahí: Hay que educarla, sacarla, pero también es necesario un ambiente, un clima, un entorno, un lugar que se viva, se sienta. No es un asunto de palabras o números.

O existe una base de confianza en el número 8 (y en todo otro), o no hay realización o proceso de madurez. La confianza cuesta hacerse, pero se puede perder en un segundo.

Antes las religiones eran las que aportaban esa confianza. Recuerdo una cita bíblica del Antiguo Testamento, en el libro de los Proverbios, un gran libro lleno de sabiduría: “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu prudencia”. Era hacer fe en Jehová. Pero cuando sabemos hoy en día, por la psicología profunda, que es una proyección de una necesidad humana en una imagen, es necesario reconocer esta profundidad en uno mismo.

De ahí conviene tomar conciencia de los distintos niveles del propio conocimiento. Y nos encontramos con "el conocimiento silencioso", la imagen de la Realidad puesta fuera es un aspecto interior de todo ser humano, que es esa grandeza o inmensidad mistérica de los mundos. Esto es fruto del conocimiento silencioso.

Pues que 2024, que suma un 8, sea un año profundo, de confianza en uno/a mismo/a para vivir con profundidad. Por eso hay que huir de la gran epidemia que es la pandemia de la superficialidad, carencia de capacidad crítica y sobre todo, tal vez, de una escala de valores, que Maslow (1908-1970), psicólogo transpersonal, ya indicó.

 EL SER HUMANO SE HACE A SÍ MISMO o LO HACEN

 ES SABER ESCOGER.

 

Jaume PATUEL, pedapsicogogo.

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