FUNDADOR DE LA FAMILIA SALESIANA

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COLEGIO SALESIANO - SALESIAR IKASTETXEA

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ATALAYA

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martes, 4 de diciembre de 2012

Las obispas anglicanas

Ha sido negativa la resolución que ha tomado la iglesia anglicana para que las mujeres pudieran ascender al episcopado. Se conocía de antemano que los grupos más conservadores se mostrarían contrarios, pero ha sorprendido el resultado de la votación que se hace dividiendo el total en tres sectores: obispos, sacerdotes y laicos. En los dos primeros, ha habido una mayoría aplastante pero en el grupo de los laicos, no se han alcanzado los dos tercios, porcentaje exigido para que se aprobara la moción.
Parece que los más versados en la Biblia y la teología, que son los obispos y los sacerdotes, han dado el visto bueno porque no considerarían que en los libros sagrados y su reflexión posterior, se dieran las condiciones necesarias para negar el acceso a las mujeres al orden episcopal. Este hecho nos lleva a afirmar que han sido, en teoría, los más ignorantes los culpables del resultado final ¿Qué motivos les han llevado a su negativa? Creo que el machismo, que todavía impera en nuestras sociedades, aunque hoy se oculte y aparezca más larvado, está en el fondo de la cuestión.
Si sorprendente ha sido este resultado más si cabe está siendo la reacción de los políticos británicos. La mayoría se muestra preocupada, y uno de los motivos que esgrimen es que la iglesia perderá adeptos, porque la sociedad no entenderá unas razones que van contra el sentir del mundo moderno que exige un mayor protagonismo femenino. Como le dan un valor a la religión, ya hablan de que se pueda acelerar una nueva votación, para impedir que pasen varios años hasta que se produzca el cambio deseado y no mermen los fieles anglicanos. Mi suegro siempre decía que las cosas caen del lado que se inclinan, hacía excepción de la torre de Pisa, y me parece que las obispas anglicanas en un futuro próximo, están al caer.
Otra noticia me ha llegado a la vez: la excomunión y la obligación de que abandone el sacerdocio y la congregación de Maryknoll, Roy Bourgeois. No conozco la trayectoria de este señor, que parece lleva 45 años trabajando a favor de los pobres y oprimidos de la sociedad y que está a favor de la ordenación femenina en la Iglesia Católica. Presionado para que cambiara su actitud ha respondido que se lo impide su conciencia. Espero que su congregación no le abandone y que le deje vivir amparado bajo sus muros, aunque en condición laical.
Cerraba este post cuando leo que ha sido arrestado el capellán de la cárcel de Milán por prácticas sexuales a los presos, a los que presionaba a cambio de favores. Ninguno era italiano pues escogía a los más indefensos para que su actitud fuera impune. Tengo la impresión de que, tanto este sacerdote como la mayoría que le precedieron, tras un periodo en la cárcel que le impondrá la sociedad civil, seguirá practicando su sacerdocio. Para nuestra Iglesia ¿es más grave seguir a la conciencia en el caso de la ordenación femenina? ¿o no lo es?

En Solidaridad con el P. Roy Bourgeois, injustamente castigado por El Vaticano

Unimos nuestras voces a la enorme solidaridad que se ha producido en todo el mundo, y testimoniamos nuestra profunda gratitud al Hno. Roy…
Ante la reciente medida del Vaticano de excomulgar a nuestro hermano y presbítero, Roy Bourgeois, a quien tanto debemos por su larga y profética lucha por las causas de defensa de la Vida y denuncia de los atropellos a ésta y a sus responsables, creemos que no merece el castigo recibido, tanto de la curia romana, como de la sociedad de los Padres y Hermanos de Maryknoll, a quienes también, tanta gratitud debemos en Chile y America Latina.
Consideramos que el papel jugado por el P. Roy, tanto en la denuncia de la estadounidense Escuela de las Américas, (escuela de torturadores y asesinos), como su apoyo a la causa de la mujer en la iglesia, – donde sigue siendo una de las ultimas instituciones del mundo, en que sigue sin reconocérsele la igualdad de derechos y deberes, – tiene un contenido profundamente evangélico y profético.
Es una realidad histórica que los y las profetas sufren persecución, es por ello que estimamos que en el P. Roy podemos percibir la materialización de las Bienaventuranzas del Maestro Jesús , y hoy especialmente, la de Bienaventurados cuando les persigan por mi causa …porque así persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes.” Mt. 5, 11-12.
En términos institucionales, se ha hecho mención a desobediencia a la autoridad eclesial. En este aspecto, afirmamos también el derecho al respeto de la diversidad y la urgente necesidad de que las diferencias, al estilo de los apóstoles Pablo y Pedro, se conversen fraternalmente. Deben terminar las medidas autoritarias y represivas.
Por lo anterior, unimos nuestras voces a la enorme solidaridad que se ha producido en todo el mundo, y testimoniamos nuestra profunda gratitud al Padre Roy (quien ya estuvo en Chile abogando por el no envío de nuestros soldados a la siniestra Escuela de las Américas), por todo el amor que ha puesto por tantos años, a las causas indicadas. y seguiremos unidos en las presentes y futuras luchas por el logro de una tierra de hermanos y hermanas.
“Todo aquel que se preocupa del hambriento, desnudo, pobre, desaparecido, torturado, prisionero, tiene cerca a Dios (Mons. Romero).
Comité Obispo Oscar Romero – Chile / Iglesia Entre Todos
Fraternidad Laica Carlos de Foucauld / Amerindia – Chile
Centro Ecuménico Diego de Medellín / Comisión Etica Contra la Tortura
Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas / SERPAJ – Chile
Oficina JPIC de la Sociedad Misionera de San Columbano
Comunidad Ecuménica Martin Luther King / Comunidad José Comblin
Comisión de Justicia y Paz Familia Dominica de Chile / Cristianos en Misión
Centro Cultural y Comunicacional Nuestra Gente de Talca
Comunidad Juan XXIII / Revista Reflexión y Liberación
Santiago de Chile, noviembre de 2012

Mas toques de fe que de historia Juan G. Bedoya

Benedicto XVI sostiene que se saben “pocas cosas” sobre Jesús, pero lo enlaza con el emperador Augusto como “una conexión interplanetaria” y lo emparenta con el rey David
“Cualquiera es libre de contradecirme”. Esta advertencia de Benedicto XVI figura en el prólogo del segundo tomo de su jaleada biografía sobre Jesús. Conviene no olvidarla para entender el tercero y último, que acaba de publicarse con el título La infancia de Jesús. El cardenal Antonio María Rouco lo presenta mañana en la Biblioteca Nacional. “No he intentado escribir una cristología”, confiesa el Papa, como justificándose.
Efectivamente, el libro no es una biografía al uso, ni de lejos, sino una exhibición de elaboraciones teológicas, “una cristología desde arriba”, por citar el precedente famoso de El Señor, de Romano Guardini, tan admirado por el Papa.
El lanzamiento del libro ha contado con una polémica en torno a la presencia, o no, de un buey y un asno en el establo donde nació el fundador cristiano. También se ha discutido la insistencia del Papa en que todo empezó en un pesebre de Belén, adonde el matrimonio José y María habría acudido para cumplir con un censo decretado por Roma. Historiadores antiguos y modernos desmienten esa tesis con toda certeza. En realidad, al Papa le importa poco el debate sobre los hechos. Partiendo de su idea de que se saben pocas cosas sobre Jesús, a Benedicto XVI le motiva más el que los hechos coincidan con profecías de la Biblia. Si no coinciden, peor para los hechos.
Benedicto XVI conoce el terreno que pisa. Por ejemplo, descarta a Nazaret como el lugar del pesebre porque le venía mal a profecías que va a manejar. Si Jesús hubiera nacido en Nazaret, una pequeña ciudad de Galilea antes de él sin ninguna celebridad, ¿cómo casar el que descendiese de la casa de David? También se derrumbaría con estrépito la larga genealogía de José, el padre legal de Jesús, que remonta hasta Adán pasando por David y Salomón. El fundador del cristianismo, qué menos que emparentarse con reyes y compararse con el emperador Augusto. Los Evangelios —del griego, buena noticia— son relatos para endiosar a un fundador, como habían hecho antes —y hacen después— los escribas de otras tradiciones.
El Papa intenta mantenerse “al margen de las controversias”
Ha pensado Ratzinger en esa circunstancia cuando escribe (página 11) que “Nazaret no era un lugar que hubiera recibido promesa alguna”. Recuerda, por eso, la respuesta que un futuro discípulo de Jesús, Felipe, ha dado a su compañero Natanael cuando este le comunica que “aquel de quien escribieron los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret”. La respuesta de Felipe es conocida, y al Papa le gusta subrayarla: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”.
Como si hubieran leído esta frase del libro, dos tuiteros reflexionaban graciosamente estos días, en medio del belén que se ha armado con las dudas sobre si había, o no, bueyes y burros en el dichoso establo. “¿Para qué nacer en Lepe, pudiendo ser de Bilbao?”, decía uno. Contestaba otro: “Seamos universales: ¿para qué ser de Idaho pudiendo nacer en California?”. Un tercero pregunta: “¿Y dónde aparcó su mula José? ¿O es que la virgen María, a punto de parir, tuvo que viajar a patita de Nazaret a Belén?”.
Benedicto XVI, de civil Joseph Ratzinger, de 85 años, empezó a escribir esta obra antes de encumbrarse en el pontificado romano, en 2005. Eso quiere decir que el primer tomo, y probablemente el segundo, son obra del teólogo Ratzinger, a la sazón gran inquisidor romano. Fueron obras sólidas, de peso, incluso físicamente (447 páginas el primer tomo; 396, el segundo). El que ahora se presenta (apenas 137 páginas, editadas por Planeta), lo ha escrito como Papa, en medio de las imponentes parafernalias del cargo. El autor parece reconocerlo en el prólogo: “Espero que, a pesar de sus límites, este pequeño libro pueda ayudar a muchas personas en su camino hacia Jesús y con él”. Lo firma el 15 de agosto pasado, festividad de la Asunción de María al cielo, en su palacio de veraneo, Castel Gandolfo, a orillas del lago Albano.
La advertencia no ha espantado la polémica. Poner en duda la presencia de un burro en la cuadra donde nació el fundador de su religión hubiera sido apenas noticia si saliese de la pluma de un teólogo, por famoso que fuese. Dicho por el Papa ha suscitado mil controversias. Por eso la noticia ha armado el belén. En España existe esta expresión —¡Y se armó el belén!— para definir una escandalera de este tipo, que ha desatado en las redes sociales execraciones o bromas sin cuento.
¿Qué ha escrito, realmente, Benedicto XVI? Parece obligado empezar por la noche en que la Virgen dio a luz y “envolvió al niño en pañales” sobre un pesebre. “Podemos imaginar sin sensiblería con cuánto amor preparaba el nacimiento”, escribe. Apenas dos párrafos después aborda la escena completa. ¿Quién más había en el establo? Este es el texto: “Como se ha dicho, el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio de Lucas no se habla en este caso de animales. Pero la meditación guiada por la fe, leyendo el Antiguo y el Nuevo Testamento relacionados entre sí, ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías 1, 3: ‘El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño; Israel no me conoce, mi pueblo no comprende”.
Sitúa el nacimiento de Jesús en Belén, y no en Nazaret, por una profecía
San Francisco de Asís toma esa profecía para construir en la Navidad de 1223, por primera vez en la historia de la cristiandad, una casita de paja a modo de portal y explicar a sus fieles el misterio del nacimiento de un Jesús pobre entre los pobres. Ahí empezó la tradición del belén, no antes. La imponente autoridad moral del franciscano, patrono de los animales y que da nombre a la gran ciudad de California, extendió pronto el mito por Europa y América. El Vaticano está construyendo el suyo estos días, impresionante, como cada año en la plaza de San Pedro. Por cierto, el Evangelio lucano no habla de animales en el establo, pero tampoco dice nada de la (se supone que indiscutible) presencia de José, el padre legal del recién nacido.
Más metáforas. Dedica el Papa cuatro páginas a subrayar cómo Jesús, “el realmente Poderoso” (la mayúscula es suya) nace “en un pesebre, en un ambiente poco acogedor, incluso indigno”, pero, inmediatamente, hace una pirueta que deja al lector descolocado. “En realidad, el pesebre es una especie de altar y se convierte en una referencia a la mesa de Dios”. Naciendo entre pastores (si aquello era un establo, “habría pastores y animales”, remacha), podrá remontarse a David, pastor de ovejas antes que rey, y a la profecía de Miqueas, según la cual de un pesebre de Belén “había de salir el que un día apacentaría al pueblo de Israel”. Resumen papal: “Jesús es el Gran Pastor de los hombres”.
Después de esa que el Papa llama “pequeña divagación”, el libro vuelve al texto del Evangelio de Lucas, donde se lee: “María dio a luz a su hijo primogénito”, y entra en el debate sobre si la Virgen fue madre de otros hijos (y también hijas), y si san Pablo entró al trapo cuando llama a Jesús “el primogénito de muchos hermanos”. Conclusión del teólogo Ratzinger, esforzado a demostrar la virginidad de la madre: “El primogénito no es necesariamente el primero de una descendencia sucesiva. La palabra “primogénito” no se refiere a una numeración sucesiva, sino que indica una cualidad teológica”. Conclusión: “En el humilde pesebre está ya este esplendor cósmico: ha venido entre nosotros el verdadero Primogénito del Universo”. Vaya por Dios.
Hay cientos de miles de libros sobre Cristo y 10.00o biografías serias
Sobre Jesús hay cientos de miles de libros y en torno a 10.000 biografías consideradas serias. Es lógico si se tiene en cuenta que su nacimiento, pese a tener fecha dudosa, parte en dos la historia de una porción del mundo desde que el monje Dionisio el Exiguo propuso en el siglo VI —y el Papa impuso— reemplazar la cronología romana, que contaba los días a partir de la fundación de Roma, por una cronología cristiana. Desde entonces, se cuentan los años por un antes y después de Cristo. Ratzinger entra en el asunto para anotar lo que está sobradamente constatado: la insólita circunstancia de que Jesús nació antes de la era cristiana. “Evidentemente”, escribe, “Dionysius Exiguus se equivocó algunos años en sus cálculos”.
En este punto, hace afirmaciones que los historiadores niegan. Dice, por ejemplo, que Jesús “nació en Belén” porque sus padres habían viajado hasta allí para cumplir “con un censo ordenado por los romanos”. Frente a la tesis de que para ese censo, de haber existido, no habría sido necesario un viaje de cada cual a su ciudad, el Papa replica, apelando a “diversas fuentes”, que los interesados “debían presentarse allí donde poseyeran tierras”. Según el Papa, José, de la casa de David, disponía de una propiedad en la comarca de Belén. El terrateniente, no hace falta decirlo, es carpintero en Nazaret y marido de María, virgen y la madre de Jesús.
No es verdad que hubiera revisión catastral alguna en ese tiempo. El Papa parece aceptarlo cuando empieza el párrafo siguiente afirmando que “siempre se podrá discutir sobre muchos detalles porque sigue siendo difícil escudriñar en la vida cotidiana de un organismo tan complejo y lejos de nosotros como el del Imperio romano”.
La afirmación es temeraria. La Roma de Augusto ha sido estudiada con detalle por los mejores historiadores romanos, relativamente contemporáneos de Jesús, como Tácito (año 50 a 120), Suetonio (hacia el 120) y Plinio el Joven (61-120), y en la modernidad por todo tipo de especialistas, entre otros el gran Ernest Renan y ahora Jesús Pagola, que vivieron en Israel antes de ponerse a escribir. Está demostrado que no hubo censo ni catastro alguno en aquel tiempo, y que cuando el fundador cristiano nació, el rey Herodes llevaba muerto más o menos dos años, lo que derrota el bulo cristiano de que el monarca judío, cuando se enteró por los Reyes Magos del nacimiento de Cristo, “mandó matar a todos los niños de Belén y su comarca de dos años para abajo”.
¿Por qué el Papa se aferra a la idea de que el conocido como Jesús el nazareno nació en Belén? Lo explica como teólogo, es decir, trazando “un cuadro teológico” (sic). Un supuesto (pero irreal) decreto de Augusto para registrar fiscalmente a todos sus ciudadanos habría cumplido la profecía de Miqueas, según la cual “el Pastor de Israel habría de nacer en aquella ciudad”. Y había que dar cumplimiento a otra promesa: la de que “la historia del Imperio Romano y la historia de la salvación, iniciadas por Dios en Israel, se compenetran recíprocamente”. Así alcanza a emparejar la grandeza de Augusto y la grandeza de Jesús, “una conexión interplanetaria”, dice el Papa. Lo escribe en un espectacular palacio levantado en el corazón de aquel Imperio, hoy centro neurálgico del imperio cristiano, que lo sustituyó.
La mayoría de las biografías de Jesús han sido escritas por historiadores, pero abundan las firmadas por teólogos (en griego, personas que dicen “palabras sobre Dios”), o estudiosos de los incontables textos conocidos como Evangelios. Son decenas, pero la Iglesia romana, cuando se asentó en el poder imperial y pudo podar a placer lo que no convenía a sus intereses, incluso con violencia, los redujo a cuatro verdaderos. Como la gente seguía interpretando, llegó el tiempo en que la autoridad eclesiástica prohibió leer la Biblia, salvo la podada por Roma. Así siguen sus fieles, ahora por mala costumbre.
Benedicto XVI, que antes de ser papa ejerció de inquisidor, advierte ahora, generoso, que su vida de Jesús “no es en modo alguno un acto magisterial, sino únicamente expresión de búsqueda personal del rostro del Señor”. Se le puede contradecir, asume. “No he intentado escribir una cristología”. El teólogo anuncia una vida de Jesús, pero la escribe más desde la fe que desde la razón. Lo llama “toques de fe”. Todo ello pese a escribir también que “no se pueden atribuir a Dios cosas absurdas o insensatas o en contraste con su creación”.
Tampoco san Pablo se cayó del caballo
Escribió Renan que el teólogo tiene como principal interés el dogma. “Un teólogo liberal es un pájaro al que se le han cortado algunas plumas de las alas. Lo creéis dueño de sí mismo, hasta el momento en que trata de emprender el vuelo. Entonces veréis que no es completamente hijo del aire”. Pongan aquí el nombre de Joseph Ratzinger.
Veamos el caso de san Pablo, antiguo fabricante de tiendas en Tarso y Apóstol de los Gentiles (como gustaba llamarse). Fue el auténtico secretario de organización del primer cristianismo. Sin él, que mandó hacer la romería —¡A Roma, a Roma, el corazón del mundo!—, la Iglesia que conocemos, segunda en número de fieles tras el islam, no habría dejado de ser una secta judía y contracultural. El mito dice que Pablo se cayó del caballo, deslumbrado por el mismísimo Jesús resucitado, cuando corría a Damasco a aporrear cristianos. La verdad la cuenta él mismo. Sencillamente, se convirtió por la entereza con que vio morir al primer mártir cristiano, san Esteban.
Preguntaba el otro día Juan José Millás en la cadena SER, a propósito del último libro de Benedicto XVI, cuáles serían las mejores biografías de Jesús. Si hay una clásica es la Vida de Jesús, de Ernest Renan, de 1863. Es una referencia obligada (en España, la última edición es de 1995, de Edaf). Pese a que retrata al fundador cristiano como un ser excepcional (por encima de los Evangelios), su publicación causó escándalo descomunal por la reacción del papa Pío IX, que para entonces ya se comportaba como un psicópata. Después de Lutero y Voltaire, ningún hombre ha desencadenado cóleras más furibundas entre eclesiásticos.
Roma creyó que Renan fue el responsable del deterioro de la fe cristiana en Europa, como si la jerarquía de esa religión no hubiera tenido nada que ver en aquel derrumbe. De la obra incendiaria de Pío IX (Syllabus Errorum, Índice de libros prohibidos, Concilio Vaticano I…), no quedan ni cenizas.
Al Vaticano siempre le ha molestado que la gente de ciencias o de letras, y también los historiadores sin sotana, meta las narices en la vida de su mesías. El cristianismo romano es, en sus raíces, un culto a la personalidad de Jesús, hijo de Dios, el segundo componente de ese ser único que existe simultáneamente como tres personas distintas (la Santísima Trinidad, gran misterio).
Jesús no escribió una línea y sus evangelistas (portadores de buenas noticias) no llegaron a conocerlo. Tampoco escribió Sócrates, pero el ateniense tuvo como biógrafos a Jenofonte y a Platón. Así que lo que se sabe de Jesús cabe en unas líneas. Existió. Era de Nazaret. Fue un predicador incendiario. Suscitó el odio de los jefes judíos, que lograron que el gobernador de Judea, el romano Poncio Pilato, lo condenara a muerte. Fue crucificado a las afueras de Jerusalén. Se dijo después que había resucitado.
Esto es lo que se sabe con certeza, incluso si no existieran los Evangelios. El resto es leyenda, mito, teología. Pongamos los Reyes Magos, de los que se ocupa con simpatía Benedicto XVI en su último libro. Ni siquiera se sabe cuántos fueron. El Evangelio de Mateo dice que tres; en la Iglesia siria tuvieron una docena (reflejo de los 12 apóstoles y las 12 tribus de Israel), y en la copta contaron hasta 60. Según el escritor Jesús Bastante, en los dos primeros siglos solo fueron magos. Cuando la práctica de la magia le pareció pecaminosa a la jerarquía del cristianismo romano —¡la de brujas que mandó quemar!—, pasaron a ser reyes, los Reyes Magos. Tres. Por cierto, no hubo mago negro hasta el siglo XVI, inicio de las veleidades ecuménicas de Roma.

Jesús y los discapacitados José M. Castillo

Uno de los colectivos humanos por los que, según los evangelios, más se preocupó y se interesó Jesús fue el de los discapacitados. Cojos, ciegos, paralíticos, mancos, lisiados, etc, aparecen con sorprendente frecuencia en los relatos evangélicos. Lo que pone en evidencia la atención especial que Jesús dedicó a esta clase de personas.
Los sumarios de los sinópticos, en los que se resume cómo predicaba Jesús el Reino de Dios, repiten el mismo elenco de enfermos crónicos, que, de una forma o de otra, son siempre lo que ahora llamamos “discapacitados”, a los que hoy, 3 de diciembre, la sociedad tiene en cuenta y nos los recuerda: epilépticos, paralíticos, endemoniados, sordos (Mt 4, 24; Lc 6, 17-19), ciegos, cojos, leprosos, lisiados (Mt 11, 4-5; Lc 7, 18; Jn 5, 1-9; 9, 1-41). Como es bien sabido, los evangelios nos recuerdan a estas personas, no sólo porque a ellas dedicó Jesús su atención, sino sobre todo porque la tarea, en la que el mismo Jesús centró su actividad, fue precisamente en remediar los males, desgracias y sufrimientos de estas personas. Hasta el extremo de que, cuando envía a sus apóstoles a evangelizar, les dice que lo tienen que hacer “curando a los enfermos” (Mt 10, 8 par). Se puede, por tanto, resumir la actividad de Jesús diciendo que dedicó su interés y sus preocupaciones a resolver la situación de los discapacitados.
Pero hay algo más, que es lo que me impresiona en este asunto. Se trata de que Jesús realizó esta actividad “desobedeciendo” las normas establecidas, en aquella sociedad y en aquella religión, para la curación de este tipo de enfermedades o limitaciones humanas. Tal como relatan estos hechos los evangelios, Jesús curaba a estos discapacitados, con bastante frecuencia, precisamente cuando estaba prohibido. Cosa que hacía a ciencia y conciencia. Lo que provocó la decisión de los fariseos de “acabar con él”, sencillamente matarlo (Mc 3, 6).
Por decisión del papa, este año celebramos los cristianos “el año de la fe”. Pero, en esta España en que vivimos, tal como está gestionada y gobernada, un país en el que los enfermos, los discapacitados, las personas limitadas, tienen cada día menos ayudas, menos esperanzas de recibir las atenciones que necesitan, ¿en qué creemos? ¿en el Evangelio o en el dinero? Nos dicen los políticos que no hay más remedio que recortar los presupuestos del Estado. De acuerdo. Será verdad, si así lo dicen quienes saben lo que dice. Pero la pregunta, que nos deben contestar es muy sencilla y despiadada. Recortar, sí. Pero, ¿a quién se le recorta? ¿Precisamente a quienes menos tienen y a quienes más lo necesitan? Estamos viendo que, efectivamente, es eso lo que se está haciendo.
Yo invoco, yo reclamo, yo pido a gritos: ¡Tomemos en serio el principio de la desobediencia activa! Y se lo pido, sobre todo, a quienes trabajan en la administración, en los bancos de inversiones financieras, en todos los que directamente se relacionan con la aplicación de unas medidas de gobierno que están dejando sin medios de vida – y de vida digna – a quienes más lo necesitan. Gandhi liberó a la India poniendo en práctica este principio. Martin Luther King hizo otro tanto en Estados Unidos con los negros. ¿Por qué no le echamos valor a este asunto capital y nos ponemos manos a la obra? Tal como se han puesto las cosas, no veo otra solución en este momento.